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antin0my

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Primer post: 4 jul 2013Último post: 5 dic 2013
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Cuando los elefantes eran condenados a muerte
Cuando los elefantes eran condenados a muerte
InfoporAnónimo7/4/2013

Condenados a muerte por seguir sus instintos Siempre he considerado a los elefantes unos de los animales más nobles e inteligentes que existen sobre la tierra y me indigna ver cómo, a lo largo de la historia, han sido y son asesinados y maltratados por parte de nuestra raza. Hoy en día, los que se encuentran privados de libertad, por suerte tienen un final más noble y menos doloroso que los que os mostramos a continuación pero no hay que olvidar que los pocos que quedan libres, todavía son masacrados por cazadores ilegales para que un puñado de estúpidos luzcan sus cuernos en sus salones o para que otro puñado de ignorantes tomen sus brebajes y pócimas milagrosas que supuestamente curaran sus males. Sobre las ejecuciones públicas, que decir, pasado un siglo desde las de estos elefantes, las plazas de toros continúan llenándose los domingos. Repletas de gente que aplaudirá y gozará con la sangre y el sufrimiento de un animal, llamando arte al asesinato. En fin, podría despotricar durante tres días seguidos sobre todos estos asuntos de nuestra falta de respeto sobre el resto de especies con las que compartimos el planeta, pero no es la intención de este post, que no es otra que la de dar a conocer la triste historia de tres elefantes que en su día fueron condenados a muerte por seguir sus instintos y no comportarse como “buenos humanos”. Chunee Chunee fue un elefante indio, grande y poderoso que durante años arrancó gritos de exclamación a todos aquellos que acudían a verlo a su circo, en Londres. Antes de ser comprado por el circo trabajó para algunas representaciones teatrales en el Teatro real y en el Covent Garden, ya que su carácter tranquilo y apacible permitía tenerlo sobre el escenario, incluso Lord Byron llegó a decir en una ocasión que se había sorprendido de la enorme inteligencia y buen hacer del paquidermo. Todo fue bien hasta que Chunee sufrió una infección en uno de sus colmillos que, debido al dolor, le cambió el carácter, perdiendo el control y matando a uno de sus cuidadores del circo durante un paseo. Como las leyes de la época marcaban, sin distinguir entre humanos y animales, Chunee fue condenado a morir fusilado. Así fue que en 1826, el pelotón ejecutor disparó 152 proyectiles de mosquete contra el elefante. Pese a todo, los disparos no pudieron acabar con él aunque sí que le infringieron graves heridas. Su cuidador principal acabó con su sufrimiento degollándolo con una espada. El esqueleto de Chunee fue expuesto hasta 1941, cuando un bombardeo de la Luftwaffe sobre el Real Colegio de Cirujanos acabó con los últimos restos de su existencia. Topsy A penas 50 años tras la muerte de Chunee, nacía Topsy, que acabaría con un final tan trágico como el primero. Topsy fue domesticada en el cisco Forepaugh, de Coney Island, durante toda su vida recibió muchos maltratos por parte de sus cuidadores que incluso la obligaban a fumar habanos. Las continuas palizas que recibía la convirtieron en un animal inseguro e inestable, hasta que un día atacó a sus cuidadores matando a tres de ellos. Condenada a muerte, la ASPCA -American Society for the Prevention of Cruelty to Animals- se interpuso para que su muerte no fuera demasiado cruel. En este punto apareció en escena Thomas Edison, que vio en esta ejecución pública una buena oportunidad para demostrar cuan peligrosa era la corriente alterna de su contrincante, Nicola Tesla. Y así fue que en 1903, tras comer una última cena de zanahorias, como marcaban las leyes, Topsy fue ejecutada por electrocución. Los 6600 voltios de corriente alterna que se le suministraron acabaron con su vida en menos de un minuto y todo fue presenciado en directo por más de 1500 personas. Edison, que en esos momentos también experimentaba con el celuloide, gravó todo el evento para luego exponerlo por todo el país. video en el que ejecutan a Topsy, grabado por Edison link: http://www.youtube.com/watch?v=Gr6xBz-h99U El 20 de julio de 2003 se inauguró un monumento en su honor en el Coney Island Museum. Mary Trece años después de la ejecución pública de Topsy, se repetía la misma historia con la elefanta Mary, anunciada durante años por sus propietarios como “la mayor criatura viva sobre la tierra”. Curiosamente, las asociaciones de defensa de los animales que se opusieron a que Topsy fuera ahorcada, no aparecieron esta vez en escena para evitar que el 13 de septiembre de 1916, Mary fuera colgada desde una grúa, en la estación de Erwin (Tennessee) ante la presencia de más de 2500 personas. Mary, propiedad del circo Sparks World Famous Shows, había arremetido contra un asistente novato. Al pasar unos días del accidente los periódicos sensacionalistas comenzaron a inventar historias de Mary en las que aseguraban que ésta había asesinado a varios hombres en el pasado. Como es lógico el miedo creció, Mary se volvió famosa, y Charlie Sparks, el dueño del circo y oportunista desalmado, decidió aprovechar la fama de la elefanta realizando un juicio y ejecutándola en un evento pago. La tarde en que ejecutaron a Mary, una multitud se agolpó en los alrededores de la estación, deseosos de ver cómo ahorcaban a la “elefanta asesina”. Las crónicas describen al animal rodeado de cadenas y elevado por una grúa de los ferrocarriles. Por si fuera poco, en un primer intento las cadenas se rompieron y la elefanta cayó desplomada desde varios metros de altura. Algunos testigos describieron el sonido de los huesos y los tendones de Mary al partirse en pedazos. Una vez en el aire, la elefanta murió en pocos minutos.

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El “Gran Smog” de 1952
EcologiaporAnónimo7/9/2013

Historia de la niebla asesina Situémonos en Londres, a finales del año 1952, en un día gris y tremendamente frío. Muchos de ustedes han visualizado la escena con la típica niebla densa y opaca que ha quedado grabada en nuestros subconscientes gracias al cine y a la literatura; esa niebla por la que Jack el destripador se movía como pez en el agua o esa niebla que se entremezclaba volátil con las volutas de humo de la pipa de Sherlock Holmes. Ciertamente, la típica niebla londinense, pese a que hoy en día es apenas inexistente, fue algo bastante habitual en la capital británica durante buena parte del siglo pasado. Se podría decir que los londinenses estaban bien adaptados a ella o que, por lo menos, la soportaban sin mayores problemas. Pero la niebla que cubrió la ciudad desde el 4 al 9 de diciembre de 1952 no fue una niebla normal, el “Great Smog” o “Big Smog”, como se la bautizó, mató nada más y nada menos que a 12000 personas. Transcurrían tiempos duros tras la guerra en el valle del Tamesis y hasta los inviernos parecían más crudos de lo normal, cuando un gran anticiclón se posó sobre la ciudad atrapando las capas de aire frío en la zona inferior con otras de aire más cálido en las zonas más altas. A las chimeneas de las fábricas que quemaban carbón a espuertas para mover sus maquinarias, se unieron las de miles de hogares que prendieron sus chimeneas para combatir el terrible frío y, ya de paso, la de miles de vehículos que circulaban por las calles con sus motores diesel. El cocktail ambiental fue letal creando una niebla contaminante tan espesa y opaca que apenas se podía ver a un par de metros de distancia. La ciudad quedó completamente paralizada ya que la circulación era prácticamente imposible y los transeúntes tan solo podían moverse en metro o caminando. Los hospitales comenzaron a llenarse de gente que acudía allí con todo un abanico de problemas respiratorios como hipoxia, cianosis, bronquitis y bronconeumonías causados por los agentes contaminantes que quedaron atrapados en la niebla a causa de la quema desmesurada de un carbón de muy baja calidad con elevados niveles de azufre. El dióxido de azufre, junto con el hollín y el dióxido de carbono unidos al ambiente frío y húmedo se llevó por delante durante los primeros días a 4000 personas, mayormente niños, ancianos y gente que ya acarreaba problemas respiratorios. Al caos hospitalario también habría que sumar el policial, ya que la densa niebla fue el escenario perfecto para que vándalos y demás aprovechados se dedicaran al saqueo y al pillaje con total impunidad. Entre la niebla, los únicos vehículos que podían circular eran las ambulancias y los vehículos policiales que se iban guiando por las luces de los agentes de a pie que se situaban en puntos estratégicos a modo de faros humanos. Cuando la niebla se esfumó, se comenzó a tomar conciencia de lo terrible que había sido y se recapacitó sobre su problemático origen. Durante los meses y años siguientes, otras 8000 personas fallecieron por los problemas respiratorios que tuvieron durante esos aciagos días de diciembre. El “Gran Smog” del 52 dio pie la firma del Acta de aire limpio, que se formalizó en 1956 para eliminar las combustiones de carbón en las industrias y hogares y evitar un nuevo suceso de tal magnitud, pese a ello, ese mismo año de 1956 fue testigo de nuevo de otra niebla asesina con 1000 víctimas, en 1962 murieron de nuevo 700 personas por el mismo motivo, siendo este el último reporte de este tipo de nieblas en la capital londinense. Por otro lado, la del 52 no fue la primera, ya que en 1880 se tiene constancia de que una niebla tóxica ya había matado a 2200 londinenses.

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Infectados Entrada 13
ParanormalporAnónimo7/18/2013

ENTRADA 13: Dos Sorpresas. No puedo dormir más, la sensación de ansiedad que siento no es comparable a nada que haya experimentado hasta ahora, guardando las distancias, me recuerda a una entrevista de trabajo o a la previa a uno de esos exámenes que marcan tu futuro. Sientes que no puedes fallar, no quieres que llegue el momento de enfrentarte a él, pero el reloj avanza y no hay escapatoria posible, sabes que ese momento va a llegar y acabas deseando que así sea y que pase cuanto antes. La diferencia es que ahora en lugar de suspender o no conseguir el trabajo, ahora y ahí fuera nos jugamos la vida. Me levanto, he dormido fatal, intranquilo. Está apunto de amanecer y aunque enseguida tendrán que levantarse los demás me deslizo por el cuarto intentando no despertar a nadie. Me acerco a la bolsa del equipaje y cojo la ropa que preparé para hoy. Unos vaqueros cómodos, una camiseta blanca de manga larga y la ropa interior. Una vez vestido me guardo la pistola en los vaqueros, como ayer…que fría, no estoy acostumbrado a ese bulto metálico en la espalda. Por último me pongo las deportivas blancas y la sudadera, hoy pasaré calor, pero prefiero eso a que me arañe una de esas cosas. La protección es escasa, pero peor es ir en tirantes. Salgo al salón y la sensación de agobio aumenta. El piso es para seis personas, fuimos nueve para intentar abaratar el alquiler, ahora que éramos doce nos habíamos visto obligados a poner los sacos de dormir por el suelo de la sala y las habitaciones. Llovet se gira y me mira desde su colchón hinchable, también está despierto. Comenzamos a hablar entre susurros y confiesa también está algo nervioso. Nuestra conversación se interrumpe con la alarma del reloj de Tony y un bip bip atenuado sale del interior de un cajón. Las 6:30 a.m. Hora de levantarse. Poco a poco todo el mundo se despierta y se viste, algunos con premura y otros más remolones como Coletilla y Capo… incluso en estos momentos son dormilones. La luz matinal comienza a entrar tímida por la ventana mientras repasamos el plan y desayunamos apresuradamente con la tele de fondo. Como era de esperar, informativos 24 horas con respecto a la catástrofe de Benidorm, pero lo que más me ha impactado ha sido la noticia de que en el aeropuerto de Barajas de Madrid y el del Prat de Barcelona se han dado casos sospechosos. También investigan sucesos paralelos en el Internacional de Liverpool y en el de Stutgart, Alemania. Otro avión con destino a Argentina ha tenido que dar la vuelta en pleno vuelo por “situación de caos” entre el pasaje. Todos los aviones conflictivos provenían en origen del aeropuerto del Altet, al lado de Benidorm. Si hay gente que tarda tanto en mostrar los síntomas como el soldado de ayer, esto puede extenderse mucho y muy rápido. Algo me dice que dentro de poco este infierno se trasladará a otras ciudades y países, ojala me equivoque… pero las noticias van en esa línea. Ha llegado el momento, vamos abandonar el apartamento y no puedo evitar una sonrisa nerviosa al pensar que la pobre casera se va a quedar sin cobrar el alquiler, pero supongo que tendrá otras cosas de qué preocuparse. Empieza el baile. Yo voy el primero empuñando la pistola, detrás de mí Francis y Llovet aferran sus cuchillos de cocina, nosotros tres formamos la avanzadilla, vamos a subir hasta el último piso para peinar los pasillos del edificio por si el soldado estuviera arriba. El silencio reina en el 7º piso, y antes de llegar a las escaleras dedico una rápida mirada al cadáver del andaluz… que seguía tal como lo dejamos… maldito cabrón como nos la complicó ayer. Minutos después regresamos al apartamento sin ninguna novedad, los pisos de arriba están silenciosos y desiertos. Damos dos golpes rápidos y dos espaciados y aparece el resto de la comitiva con las mochilas cargadas. Habrá que buscar abajo o prescindir del furgón. Sea como sea nos vamos. Piso la macha de sangre en el lugar donde yació el militar y pienso donde se habrá metido ese tipo. Comenzamos a bajar, me parece que los pies hacen tanto ruido como un desfile, y eso que todos son lo más cuidadosos que pueden. No paro de imaginar a esas cosas sorprendiéndome detrás cada nueva esquina, creo que me estoy dejando llevar por el pánico, la respiración se me acelera, puta pistola… si no la tuviera yo no tendría que ir delante. El camino se me hace largo pero llegamos hasta el último tramo de escaleras en un par de minutos y sin ningún percance, el grupo está taciturno, mudo, entienden perfectamente la situación, creo que no soy el único que tiene miedo. Se oye un ruido abajo. La visión de la planta baja me conmociona hasta tal punto que deseo dar media vuelta y volver al apartamento, pero eso no es posible. Dios… hay una pierna asomando por el ascensor, aferro la pistola con ambas manos preparado para disparar en cuanto se levante, espero unos segundos pero no se mueve, el sonido lo hace la puerta del ascensor, que topa constantemente con la extremidad intentando cerrarse una y otra vez. Me asomo con el corazón a mil por hora…está muerto, esta más que muerto, está despedazado, es imposible que eso se levante a perseguir a nadie. Nos dirigimos hacia el parking y al llegar nos encontramos con la primera sorpresa de la mañana. La puerta está abierta de par en par. No éramos los primeros que decidían largarse. Fuera quién fuera no había tenido el detalle de cerrar de nuevo, tendrían prisa... demonios, ahora el militar puede que se haya escapado por ahí, además había que ir con extremo cuidado, quizá hayan entrado más bichos de esos. Avanzamos por el parking hacia donde estaban nuestros coches y al girar la esquina segunda sorpresa. -¡Me lleva la puta madree! ¡Que hijos de puta, mi coche!- Grita Juanky con furia.

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Infectados Entrada 22
ParanormalporAnónimo8/10/2013

ENTRADA 22: Día 2, 17:42. Desahogándome. He estado hablando con mi madre más de media hora, hasta que el sonido que anuncia que la batería del móvil está apunto de llegar a las últimas nos ha obligado a cortar la comunicación. Nunca antes he sentido tanto consuelo al escuchar sus palabras. Ella también se ha emocionado, y cuando ha comenzado a llorar al otro lado del aparato, yo no he podido evitar que se me escaparan algunas lágrimas. He tratado de que no se notara que estaba llorando como un crío. He intentado parecer fuerte, transmitirle serenidad, madurez, persuadirla a ella y a mí mismo de que todo va a salir bien, que pronto estaré en casa, pero temo no haber sido del todo convincente. Me ha dicho que ayer se puesto en contacto con los padres de los demás amigos. Que anoche salió un coche con cuatro de ellos para tratar de ir a buscarnos, estaba nerviosa, no ha sabido ni decirme sus nombres. Sólo he sacado en claro que les llamaron desde algún punto fuera del llamado “Perímetro 1” y les dijeron por teléfono que no dejaban entrar a nadie bajo ningún concepto, que no podían seguir avanzando y buscarían otro camino. No han podido volver a contactar con ellos. Espero que estén bien y sólo sea culpa de la cobertura. Le he dicho a mi madre que si todo esto se pusiera aún peor no dude en alejarse de la ciudad, que coja a mi hermana y a los demás y se marchen a la casita que tenemos en un pequeño pueblo del interior. Que yo sabré llegar más adelante. Le preguntado por lo que ocurría en el país, no teníamos noticias recientes desde hacía horas y me ha contestado que el presidente ha pedido ayuda al exterior para gestionar la crisis y que todos los países estaban comenzando a mandar soldados y especialistas de varios tipos, ha intentado decirme que todo saldrá bien pero creo que no me ha dicho todo lo que sabe, parecía haber algo más. Luego me ha pasado a mi hermana al teléfono y ella ha tratado de animarme, le he dicho que me prometa que se irán al pueblo en caso de riesgo, aunque yo no haya llegado. Ella me ha dicho que no hará falta, que todo se arreglará enseguida, aún así he insistido hasta que me lo ha prometido a regañadientes. En ese momento el móvil ha avisado de que no tenía más batería y nos hemos despedido apresuradamente. Les he dicho que me llamen cuando se haya cargado, que estoy en un lugar seguro y que no se alarmen si no contesto, que puede que no haya cobertura. Me han pedido que por favor me cuide, que no haga tonterías y que me quieren… yo nunca les he dicho que les quiero, supongo que lo saben pero nunca lo digo por vergüenza, no va conmigo expresarme de forma tan abierta, pero esta vez me he tragado la timidez y les he dicho que yo también les quiero con un nudo en la garganta. Al colgar el teléfono he corrido hacia la mochila a buscar el cargador del móvil para llamar a mis amigos lo antes posible, sobretodo me preocupaba lo que les hubiera podido pasar a los ocupantes del furgón. He suspirado de alivio al encontrarlo en el fondo, lo he conectado al móvil y cuando finalmente me he girado intentando localizar un enchufe. Debo haberme quedado con cara de idiota, seguro que si hubiera podido verme era hasta gracioso. No hay ni un solo enchufe en esta maldita celda de curas. He mirado en todo el cuartillo, pero no hay nada en sus desnudas paredes. Resignado y pronunciando maldiciones en contra de la iglesia en la que me encerraban, he vuelto a guardar el móvil en la mochila. Al hacerlo se me ha ocurrido que podría escuchar la radio con el ipod, ¡como no había pensado antes en ello! Con hambre de noticias, novedades e información, y deseando con toda mi alma oír algo positivo de una vez por todas me tumbé en la cama buscando una emisora, la primera que encontré hablaba del tema, como seguro que lo hacían la mayoría de emisoras de radio del país. Las noticias no podían ser más desalentadoras. Una mujer narraba afligida y tartamudeante los últimos acontecimientos y el corazón casi se me para al escuchar que el perímetro de seguridad de Benidorm se había ampliado a 20 Km, incluyendo varias localidades más. Pero eso no era todo, en los siguientes minutos un aluvión de malas nuevas cayó sobre mí como un jarro de agua fría. Un hospital del centro de Barcelona se hallaba bajo cuarentena y rodeado por cuerpos especiales militares. El aeropuerto de Alicante había sido clausurado por la aparición de dos brotes. Se rumoreaban casos en una estación de tren de Madrid y también en Murcia. En Alemania, Francia y Holanda habían sido desviados varios vuelos provenientes de Alicante. Parece que todo lo que tiene contacto con esta zona queda irremediablemente contagiado. El programa ha terminado anunciando la llegada de ayuda internacional por parte de Estados Unidos, Japón, México, Argentina… y anunciando otra larga lista de los países que lo harían en breve. Conmocionado, he apagado el aparato para gastar la mínima batería posible. Me he tumbado con la mirada perdida hacia el techo y he comenzado a llorar amargamente, pensando que quizá no vuelva a ver a mi familia, que si todo sale mal es posible que acabe mis días entre estas cuatro paredes, o en la calle de al lado huyendo de esas cosas o de cualquier otra dramática forma que mi mente imaginaba en un torrente de horribles escenas sangrientas y dolorosas. No se el tiempo que estuve tirado en la cama, varios minutos probablemente. Tratando de sacudirme esos pensamientos negativos me he puesto a escribir estas líneas. Menos mal que en la mochila tengo folios y bolígrafo, aparte de los trastos tecnológicos y la botella de… Joder, alguien llama a la puerta.

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Infectados Entrada 27
ParanormalporAnónimo8/25/2013

INFECTADOS 27: 24 agosto 2013, 15:44 horas. Flashback de John Smith. “En algún lugar de Londres, una reunión crucial en una fría mañana de Febrero. John estaba sentado en una de ésas incómodas sillas de plástico típicas de sala de espera, nervioso, jugueteaba con la gomilla de su carpeta mientas veía como otra decena de jóvenes aguardaba su turno. Todos callados, todos ilusionados pero conscientes de que sólo elegirían al mejor. Se miran los unos a los otros, nerviosos, sin entablar conversación con los demás jóvenes, con un ambiente tenso, un ambiente que le recordaba la importancia para su futuro de aquella reunión. - Smith John – Sonó una voz masculina a través del pequeño altavoz encima de la puerta- Puede pasar. Al escuchar su nombre se levantó y comenzó a andar hacia la puerta mientras notaba como una docena de miradas se clavaban en él, percibiendo la envidia en su nuca les dedicó un apenas audible “que se jodan perdedores” a todos sus compañeros, abrió la puerta y entró al oscuro despacho. -Buenos días- Saludó nervioso el chico. -Siéntese John -Dijo amablemente uno de los dos hombres mientras repasaba unos informes.- Ya teníamos ganas de conocerle, hace años que seguimos sus progresos con gran entusiasmo. -¿De veras? -Preguntó el chico haciéndose el sorprendido. -Por supuesto, como no estar atentos a uno de nuestro genios más prometedores, licenciado en medicina y en química con honores y con sólo 22 años. El joven enrojeció un poco desde su silla, pero en el fondo sabía que era el mejor, estaba seguro de que conseguiría plaza en uno de los equipos. -¿Qué significaría una de nuestras becas para ti John?- Preguntó el otro hombre yendo al grano mientras lo miraba atentamente. Era un hombre bajito y delgado, con el pelo repeinado, bien vestido, con un toque de elegancia inglesa. -Pues sería mi sueño señor, trabajar en uno de sus equipos de investigación, con los mejores del mundo y los medios más avanzados. Llevo preparándome para esto toda mi vida.- Contestó John sinceramente. -Entonces bienvenido al barco hijo, estás dentro. Queremos a los mejores y sin duda tú tienes una gran proyección… Al oír aquellas palabras apretó fuerte su puño derecho, lo había logrado, estaba donde quería y ahora iba a comerse el mundo.” Londres 2006 …………………………………………………………………………………………………………………………………………………… Masticando, subo los escalones despacio, de uno en uno, no tengo prisa, sólo quiero comer tranquilo y escapar un poco del ambiente enclaustrado de ahí abajo. Ya está, he llegado al campanario. Desde la estrecha puerta veo cuatro campanas de diferente tamaño, colgando de gruesas cuerdas y orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, tras ellas kilómetros de paisaje y vistas privilegiadas de toda la zona. Corro hacia la barandilla más próxima para asomarme, algo me sorprende y me incomoda. La ausencia de vida normal. Paso por debajo de la campana más pequeña y contemplo la macabra panorámica. Todo Finestrat estaría en silencio de no ser por las sirenas y el ir y venir de vehículos militares. No se ve ni a un alma caminando por la calle, los comercios están cerrados a cal y canto y muchas casas y pisos tienen las persianas bajadas, como si sus habitantes quisieran blindarse contra el exterior. Atónito por las vistas, decido asomarme por el lado opuesto. Benidorm se encuentra a poco más de una decena de kilómetros, y sobre los altos edificios de la costa, se alza una enorme columna de humo negro. -Debe estar ardiendo media ciudad para que se levante tan colosal humareda. Me siento mareado, tengo vértigo, así que agarro fuerte la barandilla oxidada, quiero alejarme pero no puedo dejar de mirar, durante un par de minutos me pregunto cómo ha podido pasar todo esto, durante un par de minutos vuelvo a recordar que hace tres días yo estaba allí tomando el sol, de vacaciones, viviendo una vida normal y feliz. Una lágrima me recorre despacio la mejilla, pasa por la comisura de la boca y se precipita campanario abajo camino a estrellarse contra el asfalto del suelo, veinticinco metros más abajo. Un ruido de helicópteros me saca de mi ensoñación y al aguzar la vista los veo volar al norte, por encima de la autopista A7. Cuento media docena de aparatos y veo como en cuestión de segundos se agrupan en fila y vuelan a ras del suelo, con una maniobra perfecta, ensayada, equidistantes los unos de los otros. Como una bandada de halcones sobrevolando conejos. El ruido de aquellos helicópteros de combate disparando como locos mientras sobrevuelan la carretera es indescriptible. Me quedo boquiabierto, parece una escena salida de la 2ª Guerra Mundial o de una película de acción, pero está pasando a pocos kilómetros de aquí. Escucho los disparos perfectamente, además con intensidad, por lo que creo que las armas deben ser de gran calibre. Las aeronaves realizan varias pasadas por la misma zona, maniobrando y cruzándose entre ellas, volviendo atrás y adelante en una macabra danza de muerte, como si buscaran algo con gran insistencia, o como si tuvieran que abatir a cientos y cientos de objetivos. Cuando lo asimilo se me hiela la sangre. Dios…están disparando contra cientos de infectados. Tengo que bajar y decirles a los soldados lo que he visto. Este sitio no es seguro, miles de infectados se nos acercan y el ejército actúa ya a la desesperada. Están muy cerca.

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Infectados Entrada 36
ParanormalporAnónimo9/16/2013

ENTRADA 36: Sangre en la casa de Dios. ¡Han abierto la puerta! ¡Estamos muertos!– Gritaba la gente a mi alrededor histérica perdida. Uno de los soldados ordenó que cerraran inmediatamente, pero varias figuras ensangrentadas se habían colado ya por la abertura de la puerta y se cebaban ahora con la imprudente mujer que les acababa de permitir el paso. Las armas comenzaron a escupir proyectiles y los disparos retronaron en el interior del templo, alzándose por encima de los chillidos y los gritos. En cuestión de segundos todos los infectados que habían puesto un pie en “la casa del señor” habían sido abatidos antes de adentrarse a más de diez metros de la puerta. Pero la puerta seguía abierta y los dos recién llegados habían llamado la atención de muchos infectados. Uno de los soldados corrió a cerrar, pero no pudo ni acercarse, una docena de seres furibundos y rabiosos le miraban fijamente, avanzando hacia él. No esperé a ver el desenlace, cogí a Estela del brazo y Llamé a Capo y a Coletilla de un grito para intentar que me escucharan entre el estrépito y el ruido de las balas, pero no escuché respuesta alguna. Miré hacia los equipajes y allí estaba Coletilla, recogiendo a toda prisa las mochilas. Estella se soltó de mi mano para buscar a su amiga, que corría hacia los curas esperando que abrieran la puerta del pasillo, como hacían multitud de hombres y mujeres aterrorizados. -¡Corran, hacia aquella puerta!- Dije señalando el fondo de la iglesia, por donde me había colado en mi pequeña exploración. -¡Está cerrada! -¡Tengo una llave!, ¡haganme caso! Vi mi equipaje sólo a unos pasos, y a Estela y a su amiga en el pasillo central, con un gesto de dolor, corrí hacia nuestras compañeras de camino y al llegar las arrastré hacia nuestra particular salida, como pensaba, no había tiempo ni de coger la mochila. -¡Abre maldita sea!-Gritaban mis dos amigos mientras yo me toqueteaba los bolsillos. -Mierda, ¡está en la mochila!- Contesté al recordar su paradero. No había tiempo. A pesar de que los soldados habían abatido a un montón de infectados que formaban ya una alfombra de cadáveres extendidos, la munición de que disponían era muy limitada, no estaban listos en absoluto para un enfrentamiento largo. Los infectados no sabían si les quedaban balas o no, simplemente entraban corriendo como posesos y se abalanzaban contra el primero que encontraban. Los disparos acababan de cesar, ya nadie los contenía. -¡¿Qué mierdas hacemos ahora eh?!- Me increpaba Capo perdiendo los estribos. Algo cruzó por mi mente trayéndome un reflejo de esperanza, ¡en el llavero había dos llaves! Con las manos temblorosas localicé la llave y la descolgué con rapidez. Coletilla me dejó paso y a toda prisa tanteé para introducirla, rezando a algún Dios para que se moviera la cerradura. El corazón me dio un vuelco y al lograr abrir cruzamos al otro lado con rapidez. Con un último vistazo vi como un hombre corría hacia mí suplicando que le esperáramos, y a pocos metros de él, varias siluetas aullantes que no tuve tiempo de distinguir con claridad. Nunca olvidaré los alaridos desgarradores y los lamentos que escuchamos cuando cerré de un portazo.

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Infectados Entrada 30
ParanormalporAnónimo8/31/2013

ENTRADA 30: 24-08-2013, 16:23 horas. Se trata de Estela, estoy alterado y nervioso por lo que acabo de ver ahí arriba, pero claro, ella no sabe nada y me obsequia con una sonrisa amable e incluso con cierto toque de alegría, mientras me pregunta donde me había metido con su marcado acento italiano. Esta chica es increíble, incluso aquí recluidos se muestra amistosa y optimista casi todo el rato, aunque me he dado cuenta de que cuando cree que todos dormimos deja escapar algunas lágrimas de tristeza. Supongo que es lo mínimo que una persona puede hacer mientras pasa por éste infierno, se nota que es una mujer fuerte. La conversación dura poco, y aunque en cualquier otro momento habría charlado con ella durante horas, me cuesta mentir a la gente y me he sentido incómodo cuando me ha preguntado si me pasaba algo. He respondido con un escueto y frío ”NO” y me he marchado indeciso de contárselo o no. “Tienes que contárselo a ella y a los otros tres, pero busca la forma de hacerlo” me decía a mi mismo mientras caminaba despacio hacia el otro extremo de la iglesia y me apoyo en tras una columna fuera de la vista de los demás refugiados. -El helicóptero de provisiones viene hacia aquí, la descarga será como siempre en el patio central, necesitamos cinco voluntarios.- Vocifera Iván, el agente de policía que me sacó de la celda de “observación”. Sin nada mejor que hacer me aproximo a él y me ofrezco voluntario, Capoira me ve y también se une mientras intenta hablar conmigo sobre los últimos mensajes que le llegaron al móvil. Atravesamos la puerta de madera y cruzamos el pasillo en dirección al jardín del centro, por dónde el helicóptero arrojó ayer varias cajas de alimento y otros suministros necesarios para los militares. Paso por al lado de la celda en la que estuve, Capo habla ahora con otro de los voluntarios, cansado de esperar que le contestase con algo más que monosílabos o que cambiara mi actitud distante. Pienso en que puede que la pistola esté aún en esa celdilla y siento el impulso de entrar. Ahora o nunca. Me retraso disimuladamente y vuelvo unos pasos para atrás. Pongo la mano en la manivela y abro despacio. Menos mal, no hay nadie. Corro hacia la cama esperando que esté en el lugar donde la dejé por última vez, pero al deslizar la mano bajo la almohada no hay ni rastro del frío metal de la empuñadura. Maldición, alguien la ha encontrado.

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Infectados Entrada 33
ParanormalporAnónimo9/5/2013

ENTRADA 33: Tormenta III “El proyecto se había estancado de repente y en el peor momento, las ideas de John y su prometedora carrera atrajeron fondos con velocidad, pero la falta de resultados ponía en peligro la subvención del gobierno, y sin subvención perdería la plaza en el laboratorio… y sin medios materiales…todo se iba a la mierda. John dio un golpe en la mesa del laboratorio tras el fallo de la última de las pruebas. Las células habían ralentizado el deterioro de sus estructuras internas de forma extraordinaria, pero pasadas unas horas dejaban de realizar las funciones vitales básicas… ni se alimentaban ni se reproducían, ni se relacionaban con el medio que las rodeaba, simplemente se congelaban en el tiempo. Aquello sólo era un triste reflejo del objetivo real de John. Tal vez detener a la propia muerte era un reto demasiado complicado incluso para él. Pero pese al desánimo y la rabia del fracaso, estaba seguro de que lo lograría, al menos un avance necesario para que le renovaran los fondos y seguir investigando en aquel maravilloso laboratorio, perdido en algún lugar de la inmensidad del desierto de Gobi, China.” China, Agosto 2008. ..................................……………………………………………………………………………………………....................... Un escalofrío recorrió mi espalda al escuchar aquel cañonazo tan terriblemente cerca, miré hacia arriba, los vidrios vibraban audiblemente con la explosión, como si también ellos estuvieran aterrados. Varias personas sollozaban en la penumbra de las hileras de bancos de madera, algunos niños lloraban a moco tendido, rompiendo el sepulcral silencio en el que habíamos quedado inmersos. Al margen de los susurros y llantos ocasionales, todos los allí presentes escuchábamos con el corazón en un puño el rugido de la batalla que se libraba a pocas calles. - ¡Apartense todos de las puertas! –Ordenó un hombre con ropas militares. – Debemos asegurar la entrada y trasladar a los civiles a otra parte más alejada. Al escuchar esas palabras el cura viejo corrió hacia él y comenzaron a discutir en voz baja. Al parecer, no quería que la gente ocupara zonas que hasta ese momento habían sido de uso exclusivo para la comunidad de monjes, como las el piso superior y el jardín central. Durante el intercambio verbal para ver quién se llevaba el gato al agua, varios monjes se acercaron para intentar convencer a su superior de que la seguridad de las personas era el objetivo prioritario. Pero aquel extraño hombre no atendía a razones, quizá por orgullo, quizá por desconocer el grave peligro que corríamos todos, hizo falta una ráfaga de balas en el santo más cercano para amilanar al autoritario e inconsciente religioso. - ¡Esto es sacrilegio! ¡Arderás en el infierno por lo que has hecho! – Amenazó con los ojos muy abiertos. - Llevénselo ahora mismo- Bramó señalando al monje. -Y Levanten una barricada con lo que puedan encontrar, hay que asegurar la puerta principal.- Dijo ahora apuntando hacia la entrada. Dos hombres acompañaron al monje a regañadientes, mientras los otros tres militares y dos policías uniformados y varios civiles comenzaron a llevar bancos, cajas y demás obstáculos hacia la entrada. De entre la multitud surgió otro anónimo que se dirigió al soldado al mando con paso inseguro y voz temblorosa. -Oiga… yo tengo que salir de aquí. No pueden dejarme encerrado. –Dijo un hombre moreno de mediana edad, con la frente sudorosa y las gafas medio empañadas por el calor estival y sus propios vapores y lágrimas. Debía estar pasando verdadero calor, pero aún así no se quitaba el chaleco verde de montañero ni la mochila. -Imposible. -Se limitó a contestar sin apenas mirarle. La respuesta lógica no sorprendió a nadie de los que ahora contemplábamos la escena. Me giré hacia Capoira y me devolvió una mirada de sorpresa ante la irracionalidad de aquella petición descabellada. Coletilla y algunos más también murmuraron algo acerca de lo inseguro que era salir al exterior. El hombre de gafas continuó avanzando hacia la puerta, desoyendo la negativa del soldado, caminando despacio hacia la puerta donde lo contemplaban también los que estaban montando la barricada. Me sonaba haberlo visto llegar poco tiempo después que nosotros, quizá al día siguiente. -¿No me ha oído o también tendré que apartarlo a la fuerza?- Preguntó el militar perdiendo la paciencia. El hombre continuó caminando y cuando se le acercaron dos de los voluntarios se llevó la mano al bolsillo interior de su chaleco y disparó a bocajarro contra los que le cortaban el paso. Los dos disparos sonaron como cañonazos entre los muros del edificio, y de inmediato desencadenaron un torrente de gritos y maldiciones. Todos nos echamos al suelo sorprendidos por la reacción de aquel loco. La reacción fue rápida, fulgurante, en pocos segundos el agresor yacía en un charco de sangre entremezclada de asesino y asesinados. ..................................……………………………………………………………………………………………....................... Tenía tierra en la boca, tierra que se mezclaba con el sabor de la sangre que había corrido por su paladar. Se estaba levantando tras la explosión, con los pantalones rasgados y sucios, la larga melena polvorienta y el torso semidesnudo atravesado por varios impactos de bala. No lo sabía, pero el obús que había matado a varios seres como ella le había reventado los tímpanos y producido daños internos. Un hilillo de sangre negruzca discurría ahora por sus suaves mejillas, manando directamente de sus ojos y oídos. Pero aún podía ver, y el sentido auditivo no lo necesitaba para nada. Su olfato le indicaba ahora donde estaba la comida, y en aquellos momentos vibraba por la abundancia de presas, como si de un radar se tratara. Quizá el azar volvió a intervenir para salvarla, pero justo cuando iba a correr hacia el fuego cruzado de los tanques, vio moverse a alguien a través de los cristales y salió disparada hacia allí, saltando por encima de varios cadáveres, gritando, con la boca muy abierta.

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Infectados Entrada 37
ParanormalporAnónimo9/19/2013

ENTRADA 37: In extremis. ¿A dónde demonios vamos ahora? ¡Tenemos que salir de aquí!- Gritaba Coletilla tomándome de la camiseta. Le contesté que probáramos a subir al primer piso y que tal vez desde allí podríamos salir. No estaban muy seguros pero un golpetazo que hizo temblar la puerta entera nos convenció a los cinco de que lo primero que había que hacer era alejarnos de allí. Comenzamos a correr a través del pasillo, girándonos de vez en cuando para ver si la puerta aún aguantaba. Pasamos ante el cuarto de las pinturas que visité hacía poco tiempo y llegamos a la entrada del campanario. ¿Has estado aquí no?- Me preguntó Coletilla señalando las escaleras de piedra que subían girando sobre sí mismas. -Si, no tuve tiempo de recorrerlo todo, pero eso es el campanario, no creo que… Un estruendo metálico nos hizo mirar hacia atrás, hacia el otro extremo del pasillo, a la puerta de madera que nos separaba de ellos. Golpe tras golpe, la vieja cerradura se había ido debilitando, sucumbiendo a los embates furiosos de las criaturas que nos perseguían incansables. Acababan de reventarla y se había abierto de par en par golpeando la propia pared con fuerza. La angustia de verlos de nuevo correr hacia nosotros es indescriptible, varios de ellos estaban con nosotros refugiados en al iglesia, pero ellos ya no nos conocen. Estamos desarmados, solos y perdidos. El corazón va a estallarme, llegamos a la puerta de la cocina y trato de girar el tirador. Dios… no se abre, Coletilla y Capo gritan desesperados y tratan de abrirla a patadas. No cede ni un centímetro, vamos a morir. Un grito en italiano que no acierto a comprender nos llama la atención. La amiga de Estela señala una trampilla en el suelo a unos pocos metros y nos hace señas. Puede ser nuestra única oportunidad. Miro de reojo y veo girar al primero de ellos. Un chico joven, de nuestra edad más o menos. Él también me ha visto y de su garganta sale algún tipo de aullido triunfal mientras arranca a correr de nuevo. Reacciono y sigo a mis amigos, la trampilla parece pesada, una anilla de metal hace las veces de tirador en cada hoja de la puerta y Capo y las chicas tiran de ellas con fuerza. Las puertas se abren con un quejido y nos revelan unas escaleras que se pierden en el fondo de aquel oscuro lugar. Nada puede ser peor que lo que nos aguarda aquí fuera. Sobran las palabras, nos abalanzamos escaleras abajo y las puertas vuelven a cerrarse con fuerza, dejándonos completamente a oscuras. Justo a tiempo. Cuatro o cinco segundos más y estaríamos luchando por sobrevivir unos contra otros. Pero estos putos bichos son realmente tozudos y enseguida descubran que lo que hay que aporrear ahora es la trampilla de madera. Malditos sean. Miro hacia arriba y me cae polvillo a causa de los palmetazos que dan sobre la madera. Joder, no veo nada y encima me ha entrado algo al ojo. Alguien me toca y suelto un grito. -Soy Capo soy Capo- Salta el responsable de mi respingo para que no cunda el pánico de nuevo. No veo nada, añade justificando el choque. Estamos todos igual, pienso mientras me froto el ojo con insistencia. Al otro lado se siguen escuchando esas cosas, pero suenan como lejanos, se nota que la madera es gruesa y que estamos bajo tierra. Tanteamos a ciegas y descubrimos una barra de metal corredera, es un pestillo a la vieja usanza. Debe estar algo oxidado porque nos cuesta mucho correrlo, pero finalmente cruza las dos hojas de la trampilla y las asegura. Parece que con esta puerta tienen para rato. La oscuridad es total y bajo los escalones con sumo cuidado, con la mano en la pared de piedra para no caerme escaleras abajo. Unos metros más abajo Estela parece haber llegado al fondo. Al llegar abajo la italiana saca su teléfono móvil y la tenue luz de la pantalla ilumina delicadamente la estancia. Por fin alguien tiene una buena idea, pienso mientras me acerco al punto de luz. Parece algún tipo de almacén, la poca luz del aparato apenas sirve para ver las paredes al fondo. La sala es grande, y montones de cajas o trastos indistinguibles se apilan en torno a las paredes. No hay ni un hilo de luz natural, ni una ventana ni respiradero, y me temo que únicamente tiene una puerta. Genial, vamos a morir en un jodido trastero.

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Infectados Entrada 35
ParanormalporAnónimo9/16/2013

ENTRADA 35: Sin Salida ni Esperanzas. Dicen que cuando estamos apunto de morir, vemos pasar nuestra vida como un torrente de imágenes desordenadas y fugaces, las caras, las voces y los lugares que nos han marcado para siempre se reproducen durante un instante. Cuentan que en los últimos momentos el cerebro o el alma reviven los más intensos sentimientos, las risas, los besos, las lágrimas, el resumen de una vida. Lo cierto es que a Rafa no le ocurrió nada de aquello, ni momentos felices ni rostros familiares, ni túneles oscuros con reconfortante luz al final del trayecto. Lo último que pasó por la mente del joven fue rabia y dolor, dolor físico y mental mientras unos dientes que habían aparecido de la nada le arrebataban la vida prematuramente. Desde el suelo, arrodillado, vio acercarse de reojo a un hombre que se tambaleaba, las alarmas del peligro se le dispararon y se levantó casi de un salto. Lo miró un instante, avanzaba despacio, sujetándose un brazo ensangrentado con el otro, y parecía emitir un murmullo ininteligible. Un infectado, pensó mientras daba un par de pasos atrás. Pero algo no le cuadraba, avanzaba despacio, demasiado despacio comparado con lo violentos que eran las criaturas que él había visto hasta el momento. Aquel hombre ensangrentado levantó su brazo y le señaló con el dedo al tiempo repetía de nuevo aquellas palabras irreconocibles cada vez más nervioso y como si estuviera excitado o alterado, subía el tono de su extraño quejido, era muy extraño, casi hipnótico. El jaleo que se había montado en el campamento fuera del túnel sirvió a Rafa para sacarle de su ensimismamiento, y se giró rápidamente para alejarse de aquel extraño ser y encontrar a sus amigos. Al dar media vuelta chocó de bruces contra una mujer mayor, que con los brazos estirados le había agarrado ya de los hombros. Como si fuera un acto reflejo empujó a la vieja para sacársela de encima, pero ésta era como las demás criaturas, agresiva, rabiosa y voraz. La vieja tenía fuertemente cogido a Rafa por la camiseta y consiguió aguantar el equilibrio sin caerse, sujetando de nuevo al joven, ahora con más fuerza. Rafa vio con pánico como esa mujer abría la boca de par en par, enseñando los cuatro dientes que le faltaban, el colmillo de oro la lengua teñida de sangre fresca. Estaban fundidos en un abrazo mortal, y por sorprendente que parezca el chico era incapaz de quitarse de encima a aquella infectada, que lanzaba mordiscos al aire mientras lo sujetaba con una fuerza impropia de una persona casi anciana. Con los brazos ocupados sujetando a los de su agresora, en igualada y agobiante pugna, trató de sacársela de encima con un rodillazo, de modo que estiró su pierna derecha y subió con velocidad hasta el estómago. Pero aquella cosa parecía no inmutarse tras un rodillazo que dejaría bien amargo hasta al más pintado. Desesperado volvió a intentarlo una y otra vez, mientras le sujetaba los brazos, la partiría en dos a rodillazos si era necesario. En muchas ocasiones la vida o la muerte se deciden por casualidades, fruto de la buena o mala suerte. En su interior sabía que las fuerzas comenzaban a fallarse, los brazos le temblaban y le costaba horrores mantener sujetas las muñecas y apartada la boca, además cada golpe que daba hacía aún menos daño a aquella criatura. Estaba al límite de sus fuerzas cuando al levantar la pierna de nuevo perdió el equilibrio y ambos cayeron sin soltarse. Ya en el suelo, vio como se acercaba el otro hombre tambaleante, y ahora pudo oírle con mayor claridad, ensangrentado y con voz entrecortada y débil le dijo: -“Te estaba avisando”. ..................................……………………………………………………………………………………………....................... No muy lejos de allí, en la iglesia donde también se hallaba un punto de refugiados, una violenta pelea estalló entre los soldados y los familiares de los heridos en el tiroteo. Entre grito y grito tardaron en darse cuenta de que alguien aporreaba la puerta de la entrada pidiendo auxilio. -¿Van a abrirle? ¡No pueden dejar a la gente fuera!– Exclamó Estela con su acento italiano muy preocupada y estresada, cogida de la mano de su amiga. -No creo que sea seguro.- Le respondí sin saber que decirle, asustado aún por el ruido del tiroteo de dentro y fuera de la iglesia. Alguien actuó imprudentemente y abrió sin esperar la decisión de los militares, poniéndonos a todos en grave peligro. Al momento vi a dos personas colarse por el hueco de la puerta y detrás de ellas muchas más que corrían hacia la iglesia, hacia la nueva oportunidad de comida fácil. Antes de que pudieran cerrarla de nuevo, volvieron a sonar los disparos dentro de la iglesia, y después el caos.

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