ferdomi
Usuario (Argentina)
El origen del mal o qué es el mal es un problema que siempre me interesó. Actualmente se hace más difícil enterderlo porque la subjetividad trucha lo invade todo y ante cualquier cuestión te dicen que todo es relativo o que cada uno determina lo bueno y lo malo, etc. Sin embargo cuando vas por la vereda y se te cae una maceta en la cabeza te das cuenta enseguida que eso es algo malo, no es relativo. Te das cuenta que para tu vecino romperse la cabeza así no puede que sea bueno de ninguna manera. También todos saben que el cáncer es una forma mala de morir, mucho peor que un infarto y morir en sí es considerado algo malo. Eso sería algo objetivo. Sin embargo cuando se trata de cuestiones menos generales y que afectan nuestros intereses, esa objetividad y acuerdo general se termina y empieza el subjetivismo trucho o la justificación del mal. Por ejemplo la medianera. ¿Qué va ladrillo de 15 o de 30? A quién corresponde pagarla? Como todo es relativo, yo tengo menos plata que el vecino y además su perro no me deja dormir diría que tiene que poner una medianera de 30 y pagarla toda él solo. Otro ejemplo, soy médico, personas con problemas acuden a consultarme, entre ellas una mujer angustiada y sin recursos. Como puedo ayudarla y es bonita me aprovecho de la situación, porque qué hay de malo si podemos favorecernos mutuamente, si mi mujer y mis hijos no se enterarían nunca, en qué podría dañarlos? Gottfried Leipniz, un filósofo alemán, sostuvo que el nuestro era el mejor de los mundos posibles elegido por Dios, lo que generaba y genera hoy discusiones feroces acerca de cómo puede justificarse al mismo tiempo la bondad de Dios y el mundo plagado de males que eligió. Sin demasiadas vueltas y con nuestra justificación subjetivista trucha en la mano podríamos decir: bueno, lo que es malo para nosotros es bueno para Dios y viceversa y listo, acabamos con el problema. Por supuesto que yo no voy a resolver un problema filosófico semejante pero sí quiero señalar que mi humildad al respecto contrasta con la seguridad axiomática de personajes que rematan sus afirmaciones con un categórico para mí es así y para vos no y vayamos en paz. Protágoras se moriría de verguenza con semejantes seguidores.
En un reality una chica solìa rematar cualquier afirmaciòn con una frase que tiraba abajo lo que acababa de decir. Por ejemplo decìa: -Fulano me dijo que le gusto porque no quiere que lo nomine el sàbado.- Hacìa una pausa y despuès:decìa - O no. Aunque todos sabemos que no puede ser que dos cosas contrarias sean ciertas al mismo tiempo, ella afirmaba una cosa y despuès lo opuesto sin ningùn problema. Todos sabemos que esto no puede ser y eso es por el principio lògico de no contradicciòn que desde Aristòteles hasta nuestros dìas sigue parecièndonos razonable y muy ùtil. Por ejemplo si es cierto que paguè el alquiler no puede ser cierto tambièn que no lo paguè. Puede que si no pedì un recibo cuando paguè, el propietario diga que no lo paguè para cobrar doble, pero eso que dice es falso Aunque este principio fue puesto en duda por varios filòsofos, lo seguimos usando, especialmente por su utilidad en cuestiones pràcticas. Si la policìa te pregunta:- ¿Matò usted a su novia?, no serìa muy oportuno que contestes: - No la matè y sì la matè. Sin embargo, cuando no se ve comprometida nuestra libertad o nuestro alojamiento, tendemos a ser mas livianos con las incoherencias. Somos humanos y està claro que el mundillo televisivo no escapa a las generales de la humanidad, especialmente los panelistas que tienen que tener velocidad mental para contestar. Como desde aquèl legendario programa todo ha cambiado como las aguas de un rìo, resulta importantìsimo hoy no quedar como un lerdo ni en las reuniones ni ante las càmaras. Como la velocidad de la discusiòn en estos programas no permite pensar demasiado, toda frase que alguien dice es refutada por los otros con variantes del famoso "O no." del reality. O no. Esa es la frase para que todos y ninguno tengan razòn quedando al mismo tiempo como unos maestros de retòrica y lucidez mental. Asì que ya sabès, para lucirte en el asado o en un talk show, decì que Gardel y el mate son argentinos y acto seguido tras una breve pausa pensativa decì - O no. Aristòteles, tomà.
Creemos en general que con lo que aprendemos a los 20 en una carrera o profesiòn o lo que sea que hagamos podremos vivir el resto de nuestra vida. Ese pensamiento es falso y se hace evidente cuando a los cuarenta nuestra mamà docente nos pide que le enseñemos a usar la netbook que la obligan a incluir en sus clases de primaria. Màs evidente todavìa es cuando al mismìsimo ministro de educaciòn, que ya va por los sesenta, se le ocurre esa idea de poner netbooks en las aulas para modernizar la educaciòn. A los veinte deberìamos entonces elegir algo que nos sirva hasta la muerte o bien cambiar cada veinte años mas o menos de ocupaciòn. He aquì el problema porque todo lo que nos gustarìa hacer o estudiar no nos sirve hasta el final de la vida y la idea de estar empezando de cero cada quince o veinte años no le gusta a casi nadie. Las mentes calculadoras que gustan del ocio piensan siempre en invertir su juventud en acumular dinero suficiente para construir dùplex o locales comerciales y asì vivir de rentas el resto de su existencia, sea manejando un helicòptero, viajando por el mundo o lista interminable de entretenimientos que no pueden luego disfrutarse a causa del fin inevitable de la juventud y sus desagradables consecuencias. Las mentes bohemias que gustan del ocio piensan en vivir la juventud aprendiendo de lo que la misma experiencia de vida pueda aportarles. Viven estas experiencias gracias a familiares o amigos que gustan de la compañìa de estos atractivos espìritus libres tanto mas agradables cuanto mas dinero necesitan. Asì mientras dure el preciado bien de la juventud, diez años mas o menos. Como resultado la experiencia de vida de tìtulo de grado y ni un solo humano que les hable. Por otro lado hay mentes bohemias o calculadoras a quienes el ocio no les atrae particularmente sino que piensan en esos diez años como en cualquier otro decenio de la vida y los usan estudiando violoncello, odontologìa o ciencias econòmicas, formando familias, robando a mano armada, etc de acuerdo a las posibilidades e inclinaciones de cada quien y envejecen tocando como los dioses, extrayendo dientes o asistiendo a casamientos bautismos y funerales, incluyendo el propio. Todo esto ùltimo con la insatisfacciòn que hablàbamos al principio porque al odontòlogo le ponen el dental total con diez consultorios las 24 hs., al mùsico se le arruina el instrumento con el que toca su instrumento y al economista se le queman los papeles con el boom de la soja. Es decir que para una vida larga y feliz deberìas pensàrtelo bien antes de hacer cualquier cosa, especialmente tener un buen plan o mejor tantos planes como puedas imaginarte.
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A los que son acusados de robar ideas, copiarse de la ropa que usa la cuñada o hacer programas de tele idénticos a los de los ochenta les paso un buen argumento para defenderse: Primero se los explico: La realidad es algo imposible de reproducir. Hay que decir primero qué es la realidad, o en otras palabras, qué es lo que hay y decidir después si se puede reproducir o no. Supongamos que la realidad es solamente la materia que nos rodea y nuestros pensamientos, sensaciones, en fin nuestra conciencia que todavía no sabemos de qué está hecha. Excluyamos por ahora de la realidad a Dios, genios y espíritus e incluyámoslos entre los inventos de nuestra conciencia. También es cierto que hay que aclarar qué es reproducir, aquí reproducir se entiende como volver a crear, no como presentar algo de manera diferente. Por ejemplo, reproducir sería hacer de nuevo la misma cosa y no sería mostrarla otra vez, como es el caso de una foto o un video, eso sería representar. Aclaradas estas dos cuestiones volvamos a la primer afirmación: que es imposible reproducir la realidad. Esto se puede afirmar por un principio filosófico que es el de la indiscernibilidad de los idénticos. Aunque el nombre de este principio es poco familiar o muy técnico, se puede explicar así para que se entienda mejor: si las cosas comparten todas sus propiedades, por ejemplo color, forma, sabor, etc., entonces son idénticas, son una y la misma cosa. Lo podés verificar así: Sabemos que una propiedad que tienen las cosas materiales es el espacio que ocupan en determinado momento. También sabemos que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, el sentido común y el juego de la silla nos dan suficiente prueba de esto. Por lo tanto es imposible que puedan existir cosas que compartan esa propiedad y sean diferentes, son en verdad la misma cosa. Entonces, si la realidad pudiera volver a crearse debería crearse con todas las propiedades de la realidad original. Pero esto como como ya dijimos es imposible, lo que se reproduce es siempre otra cosa, algo diferente del original. Para el caso de las ideas sucede lo mismo, para volver a crear la misma idea sería necesario que esa idea fuera pensada por la misma persona en el mismo momento en que tuvo lugar, la segunda idea es entonces otra idea. Los que son acusados de robar ideas pueden usar entonces este argumento: Una idea para ser idéntica a otra tiene que compartir todas sus propiedades. Las ideas tienen como una de sus propiedades ser pensadas por alguien. Para que se trate de la misma idea debería entonces ser pensada por la misma persona. Tu idea fue pensada por vos, la mía fue pensada por mí, por lo tanto no se trata de la misma idea. Si la cosa se pone seria y se los acusa de plagio pueden usar para el juez el argumento que les dí pero citando a varios filósofos con mucha autoridad que escribieron sobre el tema y salvarse así de pagar mucho dinero.
Las cosas aparentan tener ciertas propiedades y relaciones. Como estas propiedades y relaciones parecen ser idénticas en distintos particulares se impone una explicación. ¿Cómo lo idéntico puede estar o ser en cosas distintas? Por ejemplo la belleza: Las tesis para explicar esto concuerdan en que este es el estado de cosas pero difieren en su explicación. El Realismo sostiene que hay además de los particulares, universales, que son las propiedades y relaciones de las cosas. Esto es, la existencia real, objetiva tanto de las propiedades y relaciones, como de los particulares. Por ejemplo la belleza tiene una existencia real como la burbuja o Alain. El Universalismo va más allá afirmando que sólo existen los universales, como consecuencia aparece el problema de explicar la aparente existencia de particulares. Los particulares como la burbuja sería una suma de propiedades y relaciones. Su contracara es el particularismo que afirma que sólo los particulares existen y que las propiedades y las relaciones, aún siendo objetivas, son particulares, no universales. Es decir que la belleza por ejemplo es algo particular en cada caso no es algo universal. Todos los filósofos que se encuadran en lo que llamamos Nominalismo, concuerdan en que no hay una genuina realidad en la aparente identidad, que en verdad sólo existe lo específico, es decir los particulares. El libro de David Armstrong para quien le interese el tema se llama Los universales y el realismo científico editado por la Universidad autónoma de México.
En el artículo de Thomas Nagel ¿Qué se siente ser un murciélago? se habla acerca de la imposibilidad del conocimiento objetivo desconociendo el aspecto subjetivo de la experiencia consciente. Haciendo un resumen, lo que allí se dice es que existe en todos los seres vivos el conocimiento de cómo es ser ese organismo y ese conocimiento solamente puede ser experimentado por cada individuo, por cada sujeto. Ese sería el aspecto subjetivo de la experiencia consciente. Para explicarlo mejor Nagel dice que, si queremos saber qué es ser un murciélago, no es suficiente el conocimiento objetivo que podamos reunir sobre ese ser vivo, siempre nos va a faltar algo, ese aspecto de ser un murciélago que solamente ese individuo puede experimentar. Podemos describir por ejemplo un sentido como la ecolocalización e imaginarnos cómo sería orientarnos en la oscuridad emitiendo sonidos y captando las ondas que rebotan en los objetos, pero esto es similar a lo que puede imaginar un ciego de nacimiento acerca de los colores. Nagel demuestra que las ciencias no pueden darnos entonces un conocimiento seguro acerca de la naturaleza de las experiencias mentales ni del murciélago, ni de un perro ni de nosotros. Es posible con experiencias sofisticadas reunir información acerca del funcionamiento físico del cerebro, por ejemplo ver con tecnologías avanzadas cómo de activan zonas frente a determinados estímulos, pero es imposible describir las sensaciones sin la colaboración del sujeto que las experimenta. La pretensión de objetividad de ese conocimiento cae. Por lo tanto algunas ciencias que tienen como objeto de estudio a la mente humana están todavía en un camino incierto. Hay que tener en cuenta que lo que entendemos por avances científicos son muchas veces avances tecnológicos, que no es lo mismo. Una resonancia magnética o el tomógrafo no son avances científicos. Fuente: Thomas Nagel, La muerte en cuestión – Ensayos sobre la vida humana. México: FCE, 2ª edición, 2000, p. 351.
En cierto programa una chica solìa rematar cualquier afirmaciòn con una frase que tiraba abajo lo que acababa de decir. Por ejemplo decìa: -Fulano me dijo que le gusto porque no quiere que lo nomine el sàbado.- Hacìa una pausa y despuès:decìa - O no. Sabemos que no puede ser que dos cosas contrarias sean ciertas al mismo tiempo por el principio de no contradicciòn que desde Aristòteles hasta nuestros dìas sigue parecièndonos razonable y muy ùtil. Aunque este principio fue puesto en duda por varios filòsofos, lo seguimos usando, especialmente por su utilidad en cuestiones pràcticas, por ejemplo, si la policìa te pregunta:- ¿Matò usted a su novia?, no serìa muy oportuno que contestes: - No la matè y sì la matè. Otro ejemplo: Puede que si no pedì un recibo cuando paguè el alquiler, el propietario diga que no lo paguè para cobrar doble, pero eso que dice sigue siendo falso, si es cierto que paguè el alquiler no puede ser cierto tambièn que no lo paguè. Sin embargo, cuando no se ve comprometida nuestra libertad o nuestro alojamiento, tendemos a ser mas livianos con las contradicciones e incoherencias. Resulta importantìsimo hoy no quedar como un lerdo ni en las reuniones ni ante las càmaras en la tele. La velocidad de la discusiòn en los programas no permite pensar demasiado, entonces la estrategia es agregar a toda frase que se dice, variantes del famoso "O no." de aquèl reality. El resultado es un mar de contradicciones lisas y llanas y en el mejor de los casos incoherencias que en semejante contexto pasan por verdades universales. O no. Esa es la frase para que todos y ninguno tengan razòn quedando al mismo tiempo como unos maestros de retòrica y lucidez mental. Asì que ya sabès, para lucirte en el asado o si te invitan a un talk show, decì que Gardel y el mate son argentinos y acto seguido tras una breve pausa pensativa decì - O no. Aristòteles, tomà.
Escribí este trabajo para el curso de metafísica de la cátedra de Pérez en la UBA. Son trabajos de elaboración semanal que fueron aprobados, por eso el contenido puede servir para alguien a quien le interese el tema o necesite una aproximación. Sugiero que para realizar trabajos a presentar complementen con la lectura de los textos originales. Si necesitan el texto completo pueden pedirlo por mail. Paula Pabessi ¿Saben las máquinas pensar? La máquina de Turing Para responder a esta pregunta Turing propone un experimento hipotético. El experimento consiste en cambiar un sujeto humano por una máquina en un juego de preguntas y respuestas. De acuerdo a los resultados comparados obtenidos en el experimento puede inferirse la respuesta a la pregunta ¿saben las máquinas pensar? El juego tiene 3 participantes, el interrogador I y dos interrogados de distinto sexo, A y B. El objetivo de I es adivinar el sexo de cada quien, el de A es que I se equivoque y el de B es que I acierte. I no tiene acceso perceptual a A y B quienes responden por escrito. Luego se reemplazaría a A por una máquina, específicamente por una computadora digital especialmente programada para el juego. ¿Qué sucederá cuando una máquina tome el lugar de A?¿Cambiará la respuesta promedio de I? Lo que el experimento demostraría es si la máquina es capaz o no de dar respuestas adecuadas bajo las condiciones limitadas por el juego. Pero eso no puede medirse por las respuestas de I. Lo que intenta determinar I es el sexo de A y B, no si uno es máquina y el otro humano. Toda respuesta equivocada por parte de la máquina no puede influir en su juicio a ese respecto. Para que el juego pueda usarse para responder a la pregunta original debería cambiarse el sujeto I por la máquina o cambiar el objetivo de I (determinar quién es máquina y quién humano). En el primer caso es la máquina la que formularía las preguntas y asignaría identidad de acuerdo a las respuestas. Así pueden compararse los resultados con las respuestas de I y determinar si la máquina sabe o no pensar al menos como el interrogador humano en ese juego. También sería relevante la respuesta de I en el segundo caso sugerido, si se cambia el objetivo de I por la identificación de quién es humano y quién es máquina. Si I no logra distinguirlas puede seguirse que la máquina logra elaborar respuestas tales como un humano lo haría en idénticas condiciones. La objeciòn matemática: Esta objeción está fundada en los resultados de la lógica matemática. Entre estos resultados hay uno que se refiere a un tipo de máquina como el que se usa en el juego de imitación. Este resultado demuestra que una máquina (una computadora digital de capacidad infinita) programada para dar respuestas dará algunas veces la respuesta equivocada o no dará ninguna respuesta. Se sigue que la máquina no es infalible al momento de responder por lo que no puede considerarse que sabe pensar. La respuesta de Turing es que la objeción se sostiene en un supuesto para el que no se presentan pruebas que es que la inteligencia humana es infalible. Argumenta contra este supuesto afirmando que con frecuencia damos respuestas equivocadas por lo que no puede decirse que operamos de manera diferente a la máquina a ese respecto. Además responde que aunque la máquina se equivoque eso no implica que todas las máquinas se equivoquen de manera simultánea. La objeción podría oponerse solamente en relación a un caso particular. De estas respuestas la más fuerte es la que ataca el supuesto de infalibilidad del pensamiento implicado en la objeciòn . La falibilidad de la máquina para dar respuestas es una propiedad que comparte con los humanos y ese hecho la hace semejante, por lo que la objeción no puede sostenerse. Después de eso si puede aplicarse relativa o absolutamente no tiene sentido porque ya no hay objeción. El argumento de la conciencia de sí mismo: El argumento sostiene que una máquina no es equiparable al cerebro porque aunque pueda realizar operaciones propias de éste no tiene conocimiento de que las realizó. La máquina nunca es sujeto de sus operaciones. Expresado en nuestros términos no tiene conciencia de sí. Turing responde a esto diciendo que la expresión más extrema del argumento conduce al solipsismo: ¿Cómo sabemos si la máquina tiene o no conocimiento de sus operaciones? Solamente siendo uno mismo una máquina y sintiendo que pensamos. Suponiendo que podemos y quisiéramos describir esto a los demás las pruebas que podríamos ofrecer serían unas manifestaciones que nadie tomaría en serio. Este punto de vista también puede aplicarse al hombre. No se puede saber si otro humano piensa sino siendo ese hombre en particular. Por más que él diga "yo pienso" eso no nos parece prueba suficiente dados los requisitos de la objeción. En realidad si ponemos como prueba del pensamiento el conocimiento de sí mismo estamos obligados a aceptar que todos piensan de manera meramente convencional a los efectos de poder comunicarnos. Por supuesto que esto no es una salida para el argumento de la conciencia de sí, lo que dice es que esta objeción puede aplicarse también a nosotros por lo que no nos hace diferentes de las máquinas a ese respecto. Si no somos diferentes, entonces también podemos darle a las máquinas la salida elegante de la convención que aceptamos para nosotros mismos: "todos pensamos". Como el argumento de la conciencia reflexiva involucra el problema filosófico mente-cuerpo, Turing propone dar un salto y pasar a resolver el problema de si las máquinas saben pensar diciendo bueno, no nos metamos en ese pantano si no es imprescindible. Si se concede eso Turing propone como prueba para su problema original el método de viva voce, que es el juego de imitación con el jugador B omitido. Se usa en la práctica como un test para saber si alguien entiende algo realmente o lo repite "de memoria". Como el objetivo es justamente determinar si el interrogado contesta mecánicamente, las preguntas tienden a ser críticas. Si las respuestas del test resultan satisfactorias y sostenidas a los efectos de esa demostración puede afirmarse que el sujeto interrogado hace algo más que emitir señales artificiales o responder mecánicamente, sea el sujeto un humano o una máquina. La objeción de lady Lovelace Esta objeción dice que las máquinas no pueden originar nada, solamente pueden cumplir órdenes. La respuesta sería que una cosa no excluye la otra, es decir que el hecho de que las máquinas cumplan nuestras órdenes no impide que puedan darse órdenes a sí mismas. Es como si se dijera que porque un hombre arma una carpa siguiendo las instrucciones de un folleto está incapacitado por eso para construir un castillo de arena sin ninguna instrucción externa. Puede hacer las dos cosas. De igual forma muchas máquinas pueden, además de ejecutar comandos que les ordenamos , elaborar sus propios programas o modificarlos a partir se la observación de los resultados de su propia conducta. A esta respuesta la objeción podría reformularse así: la máquina no puede hacer nada realmente nuevo. Turing usa de nuevo en su respuesta que esto no es algo exclusivo de las máquinas sino que los hombres, estrictamente hablando, tampoco hacen nada nuevo. Todo lo que parece una acción o producción original, es el resultado del aprendizaje o de la aplicación de principios generales conocidos. Si esto no impide que aceptemos que los hombres piensan, tampoco puede ser un impedimento para aceptar que las máquinas piensan. Sin embargo la respuesta no es del todo satisfactoria. La objeción no parece estar dirigida a acciones de ese tipo, nadie puede reprocharle a una máquina ni a un humano falta de originalidad si responde cuatro cuando se le pregunta cúanto es dos mas dos. Continúa. Pedir el texto por mail.
Un comentarista muy gracioso me recordó en su descripción a Poncio Pilato que desempeñó el cargo de prefecto de la provincia romana de Judea desde el año 26 d.C. hasta el 36 o comienzos del 37 d.C. y a algunos políticos que aplican la estrategia del prefecto. Como todo político Poncio pasó a la historia por sus salidas ocurrentes y sus esquives oportunos a cualquier cuestión que requiera materia gris. La salida de Protágoras que indignaba a Platón y que complacía a todos los demás: "El hombre es medida de todas las cosas" indicaba que finalmente todos tienen razón, por lo que en realidad nadie la tiene, no hay verdad ni nada que discutir. Muy bueno para votar en la Asamblea o el Congreso. Un ejemplo a la mano de todos, los éxitos escolares del mejor amigo, que está de acuerdo con todos y no es amigo de nadie, el futuro conciliador sin una sola idea y muchas lealtades. Es que la polémica no busca la confrontación sino conseguir alguna verdad. Pero eso es más difícil que sonreir a todos, hay que argumentar y producir cadenas de oraciones completas. Así es que Poncio triunfa y se cree la gran cosa, precisamente porque no se ha preocupado de preguntarse siquiera ¿Quién soy yo? A la manera antigua te digo querido lector que te molestas en mirar mis pensamientos, reflexiona si tu precioso tiempo (que puede acabar en cualquier instante) lo usarás para cosechar verdades o puras vanidades.