En el artículo de Thomas Nagel ¿Qué se siente ser un murciélago? se habla acerca de la imposibilidad del conocimiento objetivo desconociendo el aspecto subjetivo de la experiencia consciente.
Haciendo un resumen, lo que allí se dice es que existe en todos los seres vivos el conocimiento de cómo es ser ese organismo y ese conocimiento solamente puede ser experimentado por cada individuo, por cada sujeto. Ese sería el aspecto subjetivo de la experiencia consciente.
Para explicarlo mejor Nagel dice que, si queremos saber qué es ser un murciélago, no es suficiente el conocimiento objetivo que podamos reunir sobre ese ser vivo, siempre nos va a faltar algo, ese aspecto de ser un murciélago que solamente ese individuo puede experimentar.
Podemos describir por ejemplo un sentido como la ecolocalización e imaginarnos cómo sería orientarnos en la oscuridad emitiendo sonidos y captando las ondas que rebotan en los objetos, pero esto es similar a lo que puede imaginar un ciego de nacimiento acerca de los colores.
Nagel demuestra que las ciencias no pueden darnos entonces un conocimiento seguro acerca de la naturaleza de las experiencias mentales ni del murciélago, ni de un perro ni de nosotros.
Es posible con experiencias sofisticadas reunir información acerca del funcionamiento físico del cerebro, por ejemplo ver con tecnologías avanzadas cómo de activan zonas frente a determinados estímulos, pero es imposible describir las sensaciones sin la colaboración del sujeto que las experimenta. La pretensión de objetividad de ese conocimiento cae.
Por lo tanto algunas ciencias que tienen como objeto de estudio a la mente humana están todavía en un camino incierto. Hay que tener en cuenta que lo que entendemos por avances científicos son muchas veces avances tecnológicos, que no es lo mismo.
Una resonancia magnética o el tomógrafo no son avances científicos.
Thomas Nagel, La muerte en cuestión – Ensayos sobre la vida humana. México: FCE, 2ª edición, 2000, p. 351.
Haciendo un resumen, lo que allí se dice es que existe en todos los seres vivos el conocimiento de cómo es ser ese organismo y ese conocimiento solamente puede ser experimentado por cada individuo, por cada sujeto. Ese sería el aspecto subjetivo de la experiencia consciente.
Para explicarlo mejor Nagel dice que, si queremos saber qué es ser un murciélago, no es suficiente el conocimiento objetivo que podamos reunir sobre ese ser vivo, siempre nos va a faltar algo, ese aspecto de ser un murciélago que solamente ese individuo puede experimentar.
Podemos describir por ejemplo un sentido como la ecolocalización e imaginarnos cómo sería orientarnos en la oscuridad emitiendo sonidos y captando las ondas que rebotan en los objetos, pero esto es similar a lo que puede imaginar un ciego de nacimiento acerca de los colores.
Nagel demuestra que las ciencias no pueden darnos entonces un conocimiento seguro acerca de la naturaleza de las experiencias mentales ni del murciélago, ni de un perro ni de nosotros.
Es posible con experiencias sofisticadas reunir información acerca del funcionamiento físico del cerebro, por ejemplo ver con tecnologías avanzadas cómo de activan zonas frente a determinados estímulos, pero es imposible describir las sensaciones sin la colaboración del sujeto que las experimenta. La pretensión de objetividad de ese conocimiento cae.
Por lo tanto algunas ciencias que tienen como objeto de estudio a la mente humana están todavía en un camino incierto. Hay que tener en cuenta que lo que entendemos por avances científicos son muchas veces avances tecnológicos, que no es lo mismo.
Una resonancia magnética o el tomógrafo no son avances científicos.
Thomas Nagel, La muerte en cuestión – Ensayos sobre la vida humana. México: FCE, 2ª edición, 2000, p. 351.