Hay una publicidad de Alicante en la que la cocinera se exaspera por la excesiva cantidad de palabras que usa su amiga para describir el sabor de su plato y le tira canchera y medio a lo bestia: Petisa, no sé que querés decir, le puse Alicante para que tenga más sabor.
Los publicistas captan lo que pasa y lo ponen porque eso hace que la gente se identifique y compre, eso no es un misterio. El misterio es porqué se enojaría la cocinera.
Yo propongo que se enoja porque tiene que pensar más, imaginar más. Pero de eso se sigue la pregunta acerca de porqué no quiere pensar.
Una respuesta puede ser que pensar es más dificil que dar una explicación cualquiera para salir del paso. Y casi todos preferimos lo fácil cuando tenemos que hacerlo nosotros, aunque no siempre sea lo mejor. Por ejemplo atar con alambre es más fácil que soldar, sin embargo si estamos en altamar en una tormenta nos gustaría que el barco esté soldado y no atado con alambre.
Si compramos una casa no querríamos falso vitreaux para las ventanas, ni falso mármol para la mesada, al estilo de lo que enseñan a hacer en los programas de Utilísima. ¿O sí?
Entonces, si ya está aclarado que no pensar aunque resulte más fácil no es lo mejor, lo más sensato sería empezar a hacerlo, así para cuando llegue una tormenta y estemos en altamar contemos con una mente bien soldada.
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