Escribí este trabajo para el curso de metafísica de la cátedra de Pérez en la UBA. Son trabajos de elaboración semanal que fueron aprobados, por eso el contenido puede servir para alguien a quien le interese el tema o necesite una aproximación. Sugiero que para realizar trabajos a presentar complementen con la lectura de los textos originales. Si necesitan el texto completo pueden pedirlo por mail.
Paula Pabessi
¿Saben las máquinas pensar? La máquina de Turing
Para responder a esta pregunta Turing propone un experimento hipotético.
El experimento consiste en cambiar un sujeto humano por una máquina en un juego de preguntas y respuestas.
De acuerdo a los resultados comparados obtenidos en el experimento puede inferirse la respuesta a la pregunta ¿saben las máquinas pensar?
El juego tiene 3 participantes, el interrogador I y dos interrogados de distinto sexo, A y B. El objetivo de I es adivinar el sexo de cada quien, el de A es que I se equivoque y el de B es que I acierte. I no tiene acceso perceptual a A y B quienes responden por escrito.
Luego se reemplazaría a A por una máquina, específicamente por una computadora digital especialmente programada para el juego.
¿Qué sucederá cuando una máquina tome el lugar de A?¿Cambiará la respuesta promedio de I?
Lo que el experimento demostraría es si la máquina es capaz o no de dar respuestas adecuadas bajo las condiciones limitadas por el juego.
Pero eso no puede medirse por las respuestas de I. Lo que intenta determinar I es el sexo de A y B, no si uno es máquina y el otro humano. Toda respuesta equivocada por parte de la máquina no puede influir en su juicio a ese respecto.
Para que el juego pueda usarse para responder a la pregunta original debería cambiarse el sujeto I por la máquina o cambiar el objetivo de I (determinar quién es máquina y quién humano).
En el primer caso es la máquina la que formularía las preguntas y asignaría identidad de acuerdo a las respuestas. Así pueden compararse los resultados con las respuestas de I y determinar si la máquina sabe o no pensar al menos como el interrogador humano en ese juego.
También sería relevante la respuesta de I en el segundo caso sugerido, si se cambia el objetivo de I por la identificación de quién es humano y quién es máquina.
Si I no logra distinguirlas puede seguirse que la máquina logra elaborar respuestas tales como un humano lo haría en idénticas condiciones.
La objeciòn matemática:
Esta objeción está fundada en los resultados de la lógica matemática. Entre estos resultados hay uno que se refiere a un tipo de máquina como el que se usa en el juego de imitación.
Este resultado demuestra que una máquina (una computadora digital de capacidad infinita) programada para dar respuestas dará algunas veces la respuesta equivocada o no dará ninguna respuesta.
Se sigue que la máquina no es infalible al momento de responder por lo que no puede considerarse que sabe pensar.
La respuesta de Turing es que la objeción se sostiene en un supuesto para el que no se presentan pruebas que es que la inteligencia humana es infalible. Argumenta contra este supuesto afirmando que con frecuencia damos respuestas equivocadas por lo que no puede decirse que operamos de manera diferente a la máquina a ese respecto.
Además responde que aunque la máquina se equivoque eso no implica que todas las máquinas se equivoquen de manera simultánea. La objeción podría oponerse solamente en relación a un caso particular.
De estas respuestas la más fuerte es la que ataca el supuesto de infalibilidad del pensamiento implicado en la objeciòn . La falibilidad de la máquina para dar respuestas es una propiedad que comparte con los humanos y ese hecho la hace semejante, por lo que la objeción no puede sostenerse. Después de eso si puede aplicarse relativa o absolutamente no tiene sentido porque ya no hay objeción.
El argumento de la conciencia de sí mismo:
El argumento sostiene que una máquina no es equiparable al cerebro porque aunque pueda realizar operaciones propias de éste no tiene conocimiento de que las realizó.
La máquina nunca es sujeto de sus operaciones. Expresado en nuestros términos no tiene conciencia de sí.
Turing responde a esto diciendo que la expresión más extrema del argumento conduce al solipsismo: ¿Cómo sabemos si la máquina tiene o no conocimiento de sus operaciones? Solamente siendo uno mismo una máquina y sintiendo que pensamos. Suponiendo que podemos y quisiéramos describir esto a los demás las pruebas que podríamos ofrecer serían unas manifestaciones que nadie tomaría en serio.
Este punto de vista también puede aplicarse al hombre.
No se puede saber si otro humano piensa sino siendo ese hombre en particular. Por más que él diga "yo pienso" eso no nos parece prueba suficiente dados los requisitos de la objeción.
En realidad si ponemos como prueba del pensamiento el conocimiento de sí mismo estamos obligados a aceptar que todos piensan de manera meramente convencional a los efectos de poder comunicarnos.
Por supuesto que esto no es una salida para el argumento de la conciencia de sí, lo que dice es que esta objeción puede aplicarse también a nosotros por lo que no nos hace diferentes de las máquinas a ese respecto.
Si no somos diferentes, entonces también podemos darle a las máquinas la salida elegante de la convención que aceptamos para nosotros mismos: "todos pensamos".
Como el argumento de la conciencia reflexiva involucra el problema filosófico mente-cuerpo, Turing propone dar un salto y pasar a resolver el problema de si las máquinas saben pensar diciendo bueno, no nos metamos en ese pantano si no es imprescindible.
Si se concede eso Turing propone como prueba para su problema original el método de viva voce, que es el juego de imitación con el jugador B omitido.
Se usa en la práctica como un test para saber si alguien entiende algo realmente o lo repite "de memoria". Como el objetivo es justamente determinar si el interrogado contesta mecánicamente, las preguntas tienden a ser críticas. Si las respuestas del test resultan satisfactorias y sostenidas a los efectos de esa demostración puede afirmarse que el sujeto interrogado hace algo más que emitir señales artificiales o responder mecánicamente, sea el sujeto un humano o una máquina.
La objeción de lady Lovelace
Esta objeción dice que las máquinas no pueden originar nada, solamente pueden cumplir órdenes.
La respuesta sería que una cosa no excluye la otra, es decir que el hecho de que las máquinas cumplan nuestras órdenes no impide que puedan darse órdenes a sí mismas. Es como si se dijera que porque un hombre arma una carpa siguiendo las instrucciones de un folleto está incapacitado por eso para construir un castillo de arena sin ninguna instrucción externa. Puede hacer las dos cosas.
De igual forma muchas máquinas pueden, además de ejecutar comandos que les ordenamos , elaborar sus propios programas o modificarlos a partir se la observación de los resultados de su propia conducta.
A esta respuesta la objeción podría reformularse así: la máquina no puede hacer nada realmente nuevo.
Turing usa de nuevo en su respuesta que esto no es algo exclusivo de las máquinas sino que los hombres, estrictamente hablando, tampoco hacen nada nuevo.
Todo lo que parece una acción o producción original, es el resultado del aprendizaje o de la aplicación de principios generales conocidos.
Si esto no impide que aceptemos que los hombres piensan, tampoco puede ser un impedimento para aceptar que las máquinas piensan.
Sin embargo la respuesta no es del todo satisfactoria.
La objeción no parece estar dirigida a acciones de ese tipo, nadie puede reprocharle a una máquina ni a un humano falta de originalidad si responde cuatro cuando se le pregunta cúanto es dos mas dos.
Continúa. Pedir el texto por mail.
Paula Pabessi
¿Saben las máquinas pensar? La máquina de Turing
Para responder a esta pregunta Turing propone un experimento hipotético.
El experimento consiste en cambiar un sujeto humano por una máquina en un juego de preguntas y respuestas.
De acuerdo a los resultados comparados obtenidos en el experimento puede inferirse la respuesta a la pregunta ¿saben las máquinas pensar?
El juego tiene 3 participantes, el interrogador I y dos interrogados de distinto sexo, A y B. El objetivo de I es adivinar el sexo de cada quien, el de A es que I se equivoque y el de B es que I acierte. I no tiene acceso perceptual a A y B quienes responden por escrito.
Luego se reemplazaría a A por una máquina, específicamente por una computadora digital especialmente programada para el juego.
¿Qué sucederá cuando una máquina tome el lugar de A?¿Cambiará la respuesta promedio de I?
Lo que el experimento demostraría es si la máquina es capaz o no de dar respuestas adecuadas bajo las condiciones limitadas por el juego.
Pero eso no puede medirse por las respuestas de I. Lo que intenta determinar I es el sexo de A y B, no si uno es máquina y el otro humano. Toda respuesta equivocada por parte de la máquina no puede influir en su juicio a ese respecto.
Para que el juego pueda usarse para responder a la pregunta original debería cambiarse el sujeto I por la máquina o cambiar el objetivo de I (determinar quién es máquina y quién humano).
En el primer caso es la máquina la que formularía las preguntas y asignaría identidad de acuerdo a las respuestas. Así pueden compararse los resultados con las respuestas de I y determinar si la máquina sabe o no pensar al menos como el interrogador humano en ese juego.
También sería relevante la respuesta de I en el segundo caso sugerido, si se cambia el objetivo de I por la identificación de quién es humano y quién es máquina.
Si I no logra distinguirlas puede seguirse que la máquina logra elaborar respuestas tales como un humano lo haría en idénticas condiciones.
La objeciòn matemática:
Esta objeción está fundada en los resultados de la lógica matemática. Entre estos resultados hay uno que se refiere a un tipo de máquina como el que se usa en el juego de imitación.
Este resultado demuestra que una máquina (una computadora digital de capacidad infinita) programada para dar respuestas dará algunas veces la respuesta equivocada o no dará ninguna respuesta.
Se sigue que la máquina no es infalible al momento de responder por lo que no puede considerarse que sabe pensar.
La respuesta de Turing es que la objeción se sostiene en un supuesto para el que no se presentan pruebas que es que la inteligencia humana es infalible. Argumenta contra este supuesto afirmando que con frecuencia damos respuestas equivocadas por lo que no puede decirse que operamos de manera diferente a la máquina a ese respecto.
Además responde que aunque la máquina se equivoque eso no implica que todas las máquinas se equivoquen de manera simultánea. La objeción podría oponerse solamente en relación a un caso particular.
De estas respuestas la más fuerte es la que ataca el supuesto de infalibilidad del pensamiento implicado en la objeciòn . La falibilidad de la máquina para dar respuestas es una propiedad que comparte con los humanos y ese hecho la hace semejante, por lo que la objeción no puede sostenerse. Después de eso si puede aplicarse relativa o absolutamente no tiene sentido porque ya no hay objeción.
El argumento de la conciencia de sí mismo:
El argumento sostiene que una máquina no es equiparable al cerebro porque aunque pueda realizar operaciones propias de éste no tiene conocimiento de que las realizó.
La máquina nunca es sujeto de sus operaciones. Expresado en nuestros términos no tiene conciencia de sí.
Turing responde a esto diciendo que la expresión más extrema del argumento conduce al solipsismo: ¿Cómo sabemos si la máquina tiene o no conocimiento de sus operaciones? Solamente siendo uno mismo una máquina y sintiendo que pensamos. Suponiendo que podemos y quisiéramos describir esto a los demás las pruebas que podríamos ofrecer serían unas manifestaciones que nadie tomaría en serio.
Este punto de vista también puede aplicarse al hombre.
No se puede saber si otro humano piensa sino siendo ese hombre en particular. Por más que él diga "yo pienso" eso no nos parece prueba suficiente dados los requisitos de la objeción.
En realidad si ponemos como prueba del pensamiento el conocimiento de sí mismo estamos obligados a aceptar que todos piensan de manera meramente convencional a los efectos de poder comunicarnos.
Por supuesto que esto no es una salida para el argumento de la conciencia de sí, lo que dice es que esta objeción puede aplicarse también a nosotros por lo que no nos hace diferentes de las máquinas a ese respecto.
Si no somos diferentes, entonces también podemos darle a las máquinas la salida elegante de la convención que aceptamos para nosotros mismos: "todos pensamos".
Como el argumento de la conciencia reflexiva involucra el problema filosófico mente-cuerpo, Turing propone dar un salto y pasar a resolver el problema de si las máquinas saben pensar diciendo bueno, no nos metamos en ese pantano si no es imprescindible.
Si se concede eso Turing propone como prueba para su problema original el método de viva voce, que es el juego de imitación con el jugador B omitido.
Se usa en la práctica como un test para saber si alguien entiende algo realmente o lo repite "de memoria". Como el objetivo es justamente determinar si el interrogado contesta mecánicamente, las preguntas tienden a ser críticas. Si las respuestas del test resultan satisfactorias y sostenidas a los efectos de esa demostración puede afirmarse que el sujeto interrogado hace algo más que emitir señales artificiales o responder mecánicamente, sea el sujeto un humano o una máquina.
La objeción de lady Lovelace
Esta objeción dice que las máquinas no pueden originar nada, solamente pueden cumplir órdenes.
La respuesta sería que una cosa no excluye la otra, es decir que el hecho de que las máquinas cumplan nuestras órdenes no impide que puedan darse órdenes a sí mismas. Es como si se dijera que porque un hombre arma una carpa siguiendo las instrucciones de un folleto está incapacitado por eso para construir un castillo de arena sin ninguna instrucción externa. Puede hacer las dos cosas.
De igual forma muchas máquinas pueden, además de ejecutar comandos que les ordenamos , elaborar sus propios programas o modificarlos a partir se la observación de los resultados de su propia conducta.
A esta respuesta la objeción podría reformularse así: la máquina no puede hacer nada realmente nuevo.
Turing usa de nuevo en su respuesta que esto no es algo exclusivo de las máquinas sino que los hombres, estrictamente hablando, tampoco hacen nada nuevo.
Todo lo que parece una acción o producción original, es el resultado del aprendizaje o de la aplicación de principios generales conocidos.
Si esto no impide que aceptemos que los hombres piensan, tampoco puede ser un impedimento para aceptar que las máquinas piensan.
Sin embargo la respuesta no es del todo satisfactoria.
La objeción no parece estar dirigida a acciones de ese tipo, nadie puede reprocharle a una máquina ni a un humano falta de originalidad si responde cuatro cuando se le pregunta cúanto es dos mas dos.
Continúa. Pedir el texto por mail.