El origen del mal o qué es el mal es un problema que siempre me interesó.
Actualmente se hace más difícil enterderlo porque la subjetividad trucha lo invade todo y ante cualquier cuestión te dicen que todo es relativo o que cada uno determina lo bueno y lo malo, etc.
Sin embargo cuando vas por la vereda y se te cae una maceta en la cabeza te das cuenta enseguida que eso es algo malo, no es relativo. Te das cuenta que para tu vecino romperse la cabeza así no puede que sea bueno de ninguna manera.
También todos saben que el cáncer es una forma mala de morir, mucho peor que un infarto y morir en sí es considerado algo malo. Eso sería algo objetivo.
Sin embargo cuando se trata de cuestiones menos generales y que afectan nuestros intereses, esa objetividad y acuerdo general se termina y empieza el subjetivismo trucho o la justificación del mal.
Por ejemplo la medianera. ¿Qué va ladrillo de 15 o de 30? A quién corresponde pagarla? Como todo es relativo, yo tengo menos plata que el vecino y además su perro no me deja dormir diría que tiene que poner una medianera de 30 y pagarla toda él solo.
Otro ejemplo, soy médico, personas con problemas acuden a consultarme, entre ellas una mujer angustiada y sin recursos. Como puedo ayudarla y es bonita me aprovecho de la situación, porque qué hay de malo si podemos favorecernos mutuamente, si mi mujer y mis hijos no se enterarían nunca, en qué podría dañarlos?
Gottfried Leipniz, un filósofo alemán, sostuvo que el nuestro era el mejor de los mundos posibles elegido por Dios, lo que generaba y genera hoy discusiones feroces acerca de cómo puede justificarse al mismo tiempo la bondad de Dios y el mundo plagado de males que eligió.
Sin demasiadas vueltas y con nuestra justificación subjetivista trucha en la mano podríamos decir: bueno, lo que es malo para nosotros es bueno para Dios y viceversa y listo, acabamos con el problema.
Por supuesto que yo no voy a resolver un problema filosófico semejante pero sí quiero señalar que mi humildad al respecto contrasta con la seguridad axiomática de personajes que rematan sus afirmaciones con un categórico para mí es así y para vos no y vayamos en paz.
Protágoras se moriría de verguenza con semejantes seguidores.