ANTIGIMNACIA
Fue el dolor sufrido durante cinco años debido a una lesión en la espalda, lo que me hizo descubrir la ANTIGIMNASIA, pues la medicina no me ayudo para nada, ningún tratamiento ni infiltraciones, ni drogas ni masajes, nada sirvió, pero la ANTIGIMNASIA me ayudo a descubrir que los deportes maltratan el cuerpo, lo deforman y dañan la salud contrario a lo que nos quieren vender. El dolor que aparece en el cuerpo lo queremos tratar con medicinas, que solo atacan el síntoma mientras la causa permanece oculta, el cuerpo se deteriora progresivamente y con él la mente, pero nos creemos buenos deportistas, y no vemos las lesiones, y el dolor como síntomas de lo dañino que es para el cuerpo la forma “deportiva” en la que lo tratamos, entrenando y forzando el cuerpo en lugar de liberarlo.
Creemos que es natural que el cuerpo se deteriore y envejezca, pero no vemos como dañamos nuestro cuerpo aun con deportes practicados sin antes tener una adecuada condición que soporte tal exigencia, es muy diferente hacer deporte o gimnasia a cuidar verdaderamente nuestro cuerpo con los movimientos adecuados que lo liberen y nos permita la toma de conciencia clara de lo que somos.
Cuando sentimos dolor lo situamos en algún lugar específico y creemos que algo anda mal en ese lugar pero no imaginamos la realidad oculta del dolor
Las causas ocultas del dolor, y diversas enfermedades proviene de una columna vertebral deforme por la excesiva rigidez de los músculos de la espalda que jalan los demás músculos del cuerpo nos explica la teoría de la antigimnacia, basta ver las personas con patologías mira sus espaldas rígidas y deformes, mira los deportistas con pronunciadas curvas en la base de la columna.
La creadora de la ANTIGIMNASIA dice:
“Nuestro cuerpo es nosotros mismos. Somos lo que parecemos ser. Pero nos negamos a admitirlo, no nos atrevemos amirarnos.Por lo demás, ni siquiera sabemos hacerlo, confundimos lo visible, con lo superficial.”
“Nuestro cuerpo es nosotros mismos. Él es nuestra única realidad aprensible. No se opone a la inteligencia, a los sentimientos, al alma. Los incluye y los alberga. ] Por ello, tomar conciencia del propio cuerpo significa abrirse el acceso a la totalidad del ser.”
“Antes de practicar deportes es necesario empezar por el cuerpo, Es antes de practicar un deporte cuando hay que adquirir una inteligencia muscular, sensorial, respiratoria, y servirse de ella todos los días…”
“La toma de conciencia del cuerpo es el trabajo fundamental.”
Una espalda flexible con una columna vertebral recta es la clave para una salud plena por muchos años.
Les presento un articulo sobre este camino a un cuerpo y mente sanos.
A simple vista, parecería obvio
decir que vivimos dentro de
nuestro cuerpo, ¡al menos en lo
que a la reencarnación presente
se refiere! Y, sin embargo, la co-
sa no es tan sencilla. Desde que
nacemos, nos vemos sumergidos
en un entorno con patrones y le-
yes explícitas e implícitas que
paulatinamente van moldeando
nuestra forma de funcionar y
nuestra capacidad para adaptar-
nos al mundo que nos rodea.
La infancia puede ser, al me-
nos en apariencia, una etapa
más o menos feliz. A medida
que vamos creciendo, parece
que nos las tenemos que ver con
retos de mayor complejidad. Pa-
ra evolucionar en este universo,
nos valemos, en parte, de la imi-
tación (física y psíquica) de las
personas de importante referen-
cia inmediata. Absorbemos la
cultura a la cual pertenecemos,
sin filtrar, buscando la aproba-
ción general o rebelándonos.
Muy pronto el discurso mental
va ganando predominancia so-
bre la información que pertene-
ce al lenguaje de nuestro cuerpo,
al que llegamos a olvidar, cuan-
do no a maltratar.
Paralelamente al progresivo sedentaris-
mo de la población, al alejamiento de los
ritmos naturales y del cuerpo a cuerpo
con la Naturaleza, que de por sí ya daba
una posibilidad natural de estar en for-
ma, –véase si no qué diferentes son los
cuerpos de las personas de culturas que
aún están en contacto directo con la Na-
turaleza–, fueron apareciendo formas de
ejercitar el organismo para mantenerlo
en forma, elástico, ágil.
Pero, imperceptiblemente, el cuerpo
hace su camino más allá de nuestra vo-
luntad, y así, a poco que nos fijemos, ve-
mos aparecer progresivamente un sinfín
de actitudes corporales bien definidas. Es-
paldas contraídas, mentones desafiantes,
nucas encogidas, costillas paralizadas,
mandíbulas apretadas... nos hablan de ac-
titudes frente a quienes nos rodean, frente
a los conflictos, frente a los placeres. Y qué
decir de los pies, que aprenden a regaña-
dientes a ser enfundados en zapatos que
los aprietan, los deforman, los cortan de
un contacto inmediato con el suelo. Gran
parte de nuestro tiempo los llevamos ocul-
tos, vencida la inicial resistencia, bien pa-
tente en el rechazo que vemos en los niños
pequeños a aceptar las primeras botitas.
Hemos olvidado que los pies son básicos
para nuestra forma de avanzar por la vida.
Sutilmente, pero con contundencia, el
cuerpo almacena infinidad de informa-
ciones que van moldeando la globalidad
de la estructura de la persona. El cuerpo
recoge con especial predilección todas
aquellas emociones y reacciones que
nuestra conciencia rechaza o reprime.
De hecho, el cuerpo es el libro en el
que la totalidad de nuesta historia está
marcada con increíble fidelidad. Todos
los esfuerzos de la persona para adaptar-
se a su entorno, a los valores que marcan
la estructura condicionada de su cultura,
todos los elementos a los que se agarra
para construir su personaje, el que nece-
sita de la aprobación de los demás, todos
“Toda perturbación
en la capacidad de sentir
plenamente el propio
cuerpo ataca la confianza
en sí mismo y la unidad
del sentimiento corporal;
crea al mismo tiempo
la necesidad
de compensación”
W. Reich
sus miedos no reconocidos, son los que
forman o deforman nuestro cuerpo.
El cuerpo, sobrecargado por las emo-
ciones negadas, los traumas no resuel-
tos, los aprendizajes condicionados, se
queja. Si estamos con la sensibilidad agu-
zada, captaremos las primeras protestas
cuando las molestias son leves, cuando
son simples de reconducir. Pero, si esta-
mos más atentos a nuestro discurso mental
que a nuestro cuerpo, más va a tener que
protestar hasta que le hagamos caso. Con
frecuencia, cuando nos dignamos a empe-
zar a escucharle de verdad, el desaguisado
ya tiene proporciones de gran magnitud.
Suele ser frecuente que busquemos la
razón de nuestro comportamiento y nues-
tras crisis emocionales, a través de la pala-
bra. Sin embargo, buscar a través de las
sensaciones las razones del cuerpo puede
convertirse en un aprendizaje del regreso
a casa, al cuerpo, al presente. Liberarse de
la programación del pasado para expresar
la propia identidad, la que no quiere vivir
encarcelada, encorsetada ni asfixiada,
puede hacerse a través del cuerpo.
Una propuesta
de trabajo corporal
La anti-gimnasia nació en Francia, en
la década de los setenta, de la mano de la
kinesioterapeuta Thérèse Bertherat.
En un entorno en el que el culto al cuer-
po vivía un gran apogeo, en el que espe-
cialmente las mujeres se entregaban a
unas disciplinas más o menos feroces pa-
ra domesticar el cuerpo, doblegarlo,
moldearlo, Bertherat acuñó esa palabra
Vital.
para definir el contraste que suponía
frente a la moda imperante su propuesta
de trabajo corporal. (Aunque más ade-
lante ella misma reconoció que ese nom-
bre era limitado, éste ya había cogido vi-
da propia, y así se ha quedado.)
Liberarse de la programación
corporal con la anti-gimnasia
La anti-gimnasia Thérèse Bertherat
plantea una aventura íntima y personal,
un recorrido para liberarse de la progra-
mación almacenada en el cuerpo en aras
de un mayor bienestar. Propone un sen-
dero en el que encontraremos las llaves
de acceso al propio cuerpo, llaves que
nos permitirán tomar posesión de él
conscientemente, habitarlo, recuperar
vitalidad, salud y armonía.
64 • Abril 2001 • Vital
La sesión de anti-gimnasia Thérèse Bertherat
La anti-gimnasia Th. B. se practica en grupos
reducidos, en sesiones de una hora y media de
duración. Son tan importantes los movimien-
tos ejecutados como la reflexión, la expresión
de palabras, sensaciones y emociones.
La sesión se inicia con un trabajo que requiere
una situación física bien concreta, que impli-
ca la integridad anatómica y requiere toda la
amplitud de la musculatura. Suele ser una po-
sición que normalmente es evitada. Pero, al
pedirle al cuerpo que la mantenga, éste se
tuerce, se deforma. Y no porque los músculos
carezcan de fuerza, como se suele decir, si no
porque, al contrario, tienen bloqueadas zonas
por exceso de fuerza. Cuando un bloque
muscular potente consigue doblegar a la per-
sona, le corta el aliento, prohibe la obediencia
a las órdenes enviadas por el cerebro, esta
prohibición no se puede ignorar.
La sesión continúa estableciendo contacto
con los nudos musculares responsables del
impedimento experimentado. Lentamente,
paso a paso, fibra a fibra, empieza el proceso
de desenredar la maraña compleja de la pro-
pia musculatura.
Pero no nos engañemos: deshacer los
entuertos, rehacer el camino, no es una
tarea inocente o superficial. Conectar con
nuestras corazas corporales desata a ve-
ces procesos que se viven como conflicto.
Por ejemplo, unos dedos de los pies
retorcidos, contraídos, no soltarán ale-
gremente todo su agarrotamiento sin
más, de un día para otro. Necesitarán pa-
ciencia y dedicación para permitir que se
aflojen, que se desorienten antes de reo-
rientarse, para aceptar que se descristali-
cen dolores anclados.
Lentamente se atreverán a investigar
una expansión, un mayor contacto con
el suelo. Poco a poco, estimulados por
los primeros logros perceptibles de bie-
nestar, se afirmarán progresivamente, y
al cabo de un tiempo serán irreconoci-
bles. Necesitarán zapatos más anchos,
pisarán con mayor firmeza, respirarán
nuevos aires de libertad... que se conta-
giarán al resto del cuerpo, a la globalidad
de la persona, que se ubicará también
con mayor firmeza y confianza.
Una nuca contraída puede tener que
atravesar el pánico antes de aflojar el pa-
quete invisible al que se agarra con fuer-
za. Pero soltar la máscara tras la cual nos
agazapamos nos permite avanzar hacia
algo valioso: la propia autenticidad.
Armonizar nuestro cuerpo
con pequeños movimientos
La anti-gimnasia Thérèse Bertherat no
plantea una serie de ejercicios para ser
repetidos una y otra vez. Propone al
cuerpo unos pequeños movimientos
precisos que lo preparan para vivir y sen-
tir plenamente y movilizar la muscula-
tura sin que las compensaciones habi-
tuales puedan intervenir.
El cuerpo en el cerebro
Nuestro cerebro se hace una representación
de nuestro cuerpo como un pequeño
monstruo provisto de una gran mandíbula,
de una lengua gruesa, de labios, párpados,
glóbulos oculares, un buen cacho de frente,
un tramo de cuello, un pulgar gigante y
cuatro dedos, un pequeño busto.
Así es como nuestro cerebro nos represen-
ta. Estudios fisiológicos han permitido trazar
una cartografía de las zonas del córtex, la
corteza de nuestro cerebro. En nuestro ló-
bulo parietal, se encuentran representadas
todas las partes de nuestro cuerpo que po-
demos percibir conscientemente. Parece
que nuestro córtex
percibe una ima-
gen corporal un
tanto caótica. La
antigimnasia se
plantea mejorar
el mapa para que
las zonas ignora-
das se dibujen en
nuestro cerebro de for-
ma que nuestro cuerpo
recupere su verdadera di-
mensión, su verdadero te-
rritorio.
Trabajar el cuerpo fragmentadamente
nos corta de nuestra unidad. Una activi-
dad mecánica repetitiva ejercita, según
Bertherat, la obstinación y el embruteci-
miento. En cambio, el movimiento glo-
bal nos revela a nosotros mismos si to-
mamos consciencia de la forma en que lo
hacemos. Asimismo, armoniza el con-
junto de nuestro volumen.
Uno de los conceptos que se desmoro-
nan al acercarse a la comprensión del
cuerpo bajo la óptica de la anti-gimnasia
Th. B. es, por ejemplo, el de la utilidad
de los abdominales para tener un cuerpo
“sin barriga”. Thérèse Bertherat ha califi-
cado de tigre el acortamiento muscular
que llevamos en nuestra espalda, debido
a fuertes tensiones ahí incrustadas. No es
el vientre fláccido el que necesita aten-
ción, sino que hay que centrarse en rela-
jar las contracciones de la espalda. Una
vez se hayan soltado, el vientre se apla-
nará de forma natural.
Existe una interdependencia entre
las cadenas musculares. Movilizar los
músculos que hemos dejado de lado de-
bido a la sobreactuación de otros, genera-
da por nuestras vivencias y mecanismos
de protección, repercute globalmente.
La anti-gimnasia Th. B. es, pues, una
pedagogía particular que se incorpora a
través de la experimentación de las pro-
puestas corporales. No es una terapia, pe-
ro su práctica repercute tanto en aliviar
“A través del cuerpo,
el ser en su totalidad
aprende que evolucionar
no significa otra cosa
que ir de comienzo
en comienzo”
Th. Bertherat
molestias físicas como en mejorar emo-
cionalmente: problemas de insomnio,
digestivos o estreñimiento, alivio de dolo-
res musculares, reestructuración corpo-
ral, aumento de la autoestima, afinación
de la percepción, de la sensibilidad... Son
muchos los “efectos secundarios” que la
continuidad de esa actividad conlleva.
En la medida en que las propuestas
que se le hacen al cuerpo le movilizan
ante nuevos retos y nuevas percepciones,
despierta y mejora el sistema de conexio-
nes nerviosas entre cerebro y músculos,
repercutiendo en un aumento de la capa-
cidad intelectual. Se rompen automatis-
mos, se recobra eficacia y espontaneidad.
No hay edad para la anti-gimnasia Th.
B. Sólo hay que tener ganas –o necesi-
dad– de desembarazarse de las coaccio-
nes que han sembrado de trampas la vida
interior y el comportamiento corporal.
Con la anti-gimnasia Th. B., recupera-
rás el hábito natural de respirar, tu rit-
mo natural. Te descubrirás desde el
interior, puesto que los pequeños
movimientos propuestos no te da-
rán un modelo a seguir, sino que só-
lo abrirán un proceso de experi-
mentación individual. No te verás
empujado a hacer repeticiones me-
cánicas, sino a centrarte en tu per-
cepción presente. Aprenderás un
montón de cosas sobre ti mismo a
través de la información que extrae-
rás de tus propias sensaciones.
Sin embargo, la toma de conscien-
cia de las tensiones propias es cierta-
mente un primer paso hacia el bie-
nestar, pero no la conexión
inmediata con el confort que vendrá
a posteriori, a través de un proceso
más o menos largo, o penoso.
Así que nunca es demasiado tarde para
ofrecer al cuerpo un alto en el camino.
Además, el cuerpo es muy agradecido y
cualquier gesto a su favor genera una re-
compensa. Recuperar la precisión de mo-
vimiento, el gesto pleno, renovará la sen-
sación de libertad corporal que permitirá
vivir más libremente. Hacerse cargo del
cuerpo es hacerse cargo de sí mismo.
Existen en la actualidad asociaciones
de anti-gimnasia Thérèse Bertherat en Es-
paña, Francia, Italia y Brasil que garanti-
zan la calidad de los practicantes.
Más información
Asociación española de Anti-gimnasia
Thérèse Bertherat
Catherine Victor
C/ Jorge Juan 50, 5º, 28001 Madrid.
Tel. 91 401 86 47
Información en la red:
www. antigimnasia.com
Bibliografía
Thérèse Bertherat,
-El cuerpo tiene sus razones, Editorial Paidós.
-Las estaciones del cuerpo, Editorial Paidós.
- La guarida del tigre, Editorial Paidós.
-Con el consentimiento del cuerpo, Edito-
rial Paidós.
-El correo del cuerpo, Ediciones Hogar del
Libro.
Vital • Abril 2001 • 65
Espero que comprendan y les sea de utilidad este mensaje sea para tener un cuerpo libre, sano, armonioso y capas de realizar lo que se proponga.