mecreomuerto
Usuario (Argentina)
Este post es una crítica a un artículo de opinión que apareció en el diario Clarin el día 24-6-14 escrito por Alieto Aldo Guadagni. El artículo plantea que en las universidades públicas argentinas, a pesar de ser gratuitas, son pocos los estudiantes que provienen de sectores humildes y al mismo tiempo no se han expandido las carreras científicas y tecnológicas. La solución que propone el autor es implementar un programa de becas y estímulos por lo que cree conveniente “para avanzar por el sendero de la igualdad de oportunidades” tener en cuenta el modelo uruguayo de financiamiento de becas creado en 1994: el Fondo de Solidaridad Universitaria (FSU) mediante el cual “un profesional egresado de la Universidad de la República (UDELAR) o del Consejo de Educación Técnico Profesional (CETP), debe realizar contribuciones al FSU a los efectos de financiar becas para los estudiantes de bajos recursos”. El autor está convencido de que esta medida es una ejemplar política de Estado y que mejoraría sustancialmente el nivel de inclusión social de nuestra Universidad. Considero éste artículo relevante para el análisis de la realidad educacional, ya que trata el tema de los sectores humildes en la universidad argentina y también propone una nueva modalidad de becas para estudiantes. Me parece oportuno abordarlo desde una perspectiva problematizadora. Lo que sostiene el autor del artículo periodístico expresa una cercanía al pensamiento de la Nueva Derecha: “las becas a los estudiantes de origen humilde deben ser pagadas por el aporte de los egresados de las instituciones públicas”. En el terreno educativo, este tipo de propuestas expresan la oposición a la concepción de la principalidad del Estado en la educación y promueven un estado subsidiario o mínimo que delega en grupos o en sujetos particulares la tarea del sostenimiento de la educación. Para Guadagni, la crisis del sistema educativo se debe centralmente a la falta de eficiencia del Estado en el manejo de las políticas sociales en general y de las educativas en particular: “Esperemos que las fuerzas políticas sean capaces de consensuar iniciativas que, como esta, apunten con eficacia no solo a una Universidad más inclusiva sino también orientada al futuro”. Los estudiantes que provienen de hogares humildes son caracterizados como “estudiantes que provienen de hogares que no cuentan con medios suficientes para apoyarlos económicamente en su carrera (…)” y no profundiza más sobre el tema. Ante la dificultad para ocultar las desigualdades que la sociedad capitalista genera, discursos como el del señor Guadagni se esfuerzan por presentarlas como una suerte de castigo divino y sostienen una educación basada en la aceptación de las mismas. La igualdad de oportunidades es planteada desde una posición acrítica, proponer que un profesional egresado de una universidad pública financie las becas para estudiantes de bajos recursos, supone un corrimiento del Estado que el autor defiende, bajo la excusa de que este tipo de medidas mejoraría sustancialmente el nivel de inclusión social de las universidades argentinas. El término inclusión es usado para hacer referencia a los estudiantes de origen humilde, que según el autor, si se los subsidia en sus estudios, de acuerdo a encuestas y mediciones, logrará egresar de la universidad. Interpreta que así se habrá avanzado en la inclusión social. Se entrevé también, que Guadagni se sirve de saberes construidos desde el sentido común, o los transmite, o ayuda a conformarlos: • Da por supuesto que un egresado de universidad va a conseguir trabajo, lo que hará posible la “integración” del sujeto al sistema de producción capitalista, a esto el autor lo interpreta como “integración social”. • “Si se concentraran estas becas en carreras científicas y tecnológicas esto permitiría triplicar la actual graduación anual en Ciencias Aplicadas y Ciencias Básicas.” Es notorio como el autor omite en todo el artículo la situación actual de la educación secundaria, negando por completo una relación entre escuela secundaria y universidad. Del análisis se desprende que el autor del artículo tiene una visión neoconservadora. El rol que le asigna al Estado es el de controlar y evaluar centralmente, sin tomar las responsabilidades concretas sobre los problemas reales que afectan a la educación, ni realizar un diagnóstico profundo sobre la situación. Las carreras científicas y tecnológicas, caracterizadas como “pilares del crecimiento económico en el competitivo mundo globalizado del siglo XXI” son una clara muestra de lo que demanda el mercado global, por lo que interpreto que legitima el orden económico capitalista. Esta propuesta de becas solidarias, me remite a las políticas de transferencias implementadas en la década del 90 en la Argentina, por eso no creo casual que el autor tome como modelo medidas que fueron aprobadas en el año 1994 en Uruguay, un país que cuenta con un territorio mucho menor que el nuestro, donde el Estado acota su participación en becas universitarias, quedando éstas a cargo de los egresados de las universidades nacionales. Por lo dicho anteriormente llego a la conclusión de que el autor no realiza una mirada crítica de la realidad educativa actual, no problematiza sobre la condición humilde de los estudiantes y plantea soluciones desde un punto de vista neoconservador. Desde mi punto de vista, el artículo escrito por el señor Guadagni, carece de visión crítica; el problema de los estudiantes de condición humilde y la poca matriculación en carreras científicas tecnológicas es abordado sin tener en cuenta el contexto actual de reclamos por mejora de salarios de docentes universitarios y sin establecer una relación necesaria entre la preparación que brinda la escuela secundaria y las condiciones en las que llegan los alumnos a la universidad. La comparación que hace con Uruguay me parece inapropiada, se trata de un país con una dimensión territorial diferente al nuestro, por lo que creo que las medidas políticas orientadas a la educación que puedan llegar funcionar en ese territorio, difícilmente puedan ser aplicadas con éxito en la Argentina. La intención que se trata de encubrir es clara: cada universidad debería hacerse cargo de las becas a estudiantes, sin que el Estado Nacional garantice su financiamiento. Para terminar, me gustaría hacer referencia a la ilustración que está ubicada en el centro de la nota. En ella, teniendo en cuenta la temática del artículo, se puede observar a cuatro estudiantes con vasijas en lugar de cabezas, que son llenadas por una mano que sale de una caja construida por libros, ejemplo gráfico de la pedagogía bancaria tan criticada por Pablo Freire: Citar a Freire a modo de cierre me resulta oportuno ya que la frase en este contexto adquiere un sentido paradójico: “(…) la educación se transforma en un acto de depositar en el cual los educandos son los depositarios y el educador quien deposita.”
Yves Chevallard es el principal exponente de esta teoría, dada a conocer en 1992. En la enseñanza usual, rara vez se introducirá un concepto en los mismos problemas en los que funcionó como medio o a partir de los cuales los sabios los inventaron, siempre se toman en cuenta saberes o reorganizaciones de los saberes creados con posterioridad, para hacer menos complejo el concepto. Se produce así, un desfase inevitable entre el objeto de saber y el objeto de enseñanza. El proceso a través del cual se adaptan los saberes a los diferentes medios, es decir, proceso de transformación o adecuación del saber matemático erudito, al saber matemático a enseñar en el aula, es el que se ha llamado transposición didáctica. En palabras de Ives Chevallard, transposición didáctica es “el conjunto de las transformaciones que sufre un saber con el fin de ser enseñado.” Para comprender las fases de este fenómeno, se debe comenzar por analizar las características que posee el objeto de saber. Este objeto de saber corresponde a un conocimiento que pertenece al saber erudito o saber sabio, es decir, aquel que poseen y al cual siguen aportando los matemáticos profesionales e investigadores. Este conocimiento (el del saber erudito), para ser comunicado a la comunidad científica con el rigor y generalización que se exige, ha sido despersonalizado y descontextualizado; lo que quiere decir, que se ha hecho desaparecer en él todo lo que constituye su historia, el camino que se recorrió para su creación o descubrimiento: las reflexiones inútiles y los errores que se hayan cometido en el curso de la investigación, referencias al tiempo en que se hizo la misma, las motivaciones personales del investigador y las estrategias de descubrimento utilizadas. (lo que constituye la epistemología del saber en cuestión) Ahora bien, de todo el saber acumulado en el curso de la historia, no todo se enseñará en la escuela y es responsabilidad del sistema social de enseñanza (noósfera), seleccionar entre los conocimientos del saber sabio aquellos objetos que serán pertinentes en la formación matemática de los alumnos. Una vez designado los objetos de enseñanza, que serán dados a conocer en programas promulgados por el Ministerio de Educación, junto con los fundamentos de su selección, algunas orientaciones metodológicas, un ordenamiento y jerarquización de los saberes y los objetivos que la sociedad espera que se logren a través de ellos, éstos deben ser transformados en conocimientos a adquirir por los alumnos; de una forma lógica y coherente, adecuando su estructuración y presentación a la etapa de desarrollo del alumno y a la forma en que se cree que éstos aprenden (hipótesis de aprendizaje). Para ello, los expertos reescriben las definiciones y propiedades de estos objetos ya seleccionados en textos y manuales, donde se propone una organización y se exponen nociones del Programa en capítulos, aportando ilustraciones y constituyéndose en base de datos para ejercicios y problemas, que servirán de referencia para la comunidad escolar. Toda esta elaboración, que tiene su mejor reflejo en los textos escolares, es lo que se llama saber escolar o saber institucionalizado. Lo descrito hasta ahora es un trabajo anterior al del profesor, es la parte de la transposición en que él no interviene directamente. En la siguiente fase, quien administra y adapta esta transposición didáctica es el profesor, él toma los objetos del saber escolar y los organiza en el tiempo de acuerdo a su conocimiento, a su propia relación al saber y a sus propias hipótesis de aprendizaje. Este saber escolar enseñado a los alumnos por el profesor se llama saber enseñado, pero no es exactamente el que retienen los alumnos, sino que en una última etapa de la transposición, son ellos los que tienen a su cargo transformar este saber en saber suyo: saber del alumno. En síntesis, según la Teoría de la Transposición Didáctica de Yves Chevallard, el trabajo del profesor consiste en realizar para sus alumnos el proceso inverso al que realiza el matemático; su labor será buscar el o los problemas de donde surgió el saber sabio con el fin de recontextualizarlo, adaptar estos problemas a la realidad de sus alumnos, de modo que ellos los acepten como “sus problemas”, es decir repersonalizarlos y luego provocarlos, a través de problemas adecuados, para que los integren al cuerpo teórico conocido, emulando ellos al matemático en su nueva descontextualización y despersonalización.
El termino posmoderno se enlaza con el hecho de que la sociedad en la que vivimos sea una sociedad de la comunicación generalizada, la sociedad de los mass media. Hablamos de posmoderno porque consideramos que en algunos de sus aspectos esenciales la modernidad ha concluido. La modernidad es la época en donde ser moderno se convierte en un valor determinante. En la edad de la ilustración se considera a la historia humana como un progresivo proceso de emancipación, como la realización cada vez más perfecta del hombre ideal. Si la historia está dotada de este sentido progresivo es evidente que tendrá más valor lo más ¨avanzado¨ en el camino hacia la conclusión, aquello que esté más cerca del termino del progreso. La condición para concebir la historia como realización progresiva de la humanidad autentica estriba en que pueda ser vista como un proceso unitario. Solo si existe la historia se puede hablar de progreso. La modernidad se acaba cuando debido a múltiples razones deja de ser posible hablar de la historia como de algo unitario. Walter Benjamin sostiene que la historia, como curso unitario, es una representación del pasado construida por los grupos y clases sociales dominantes. Se transmite del pasado solo lo que parece ser relevante. Lo que narra la historia son los avatares de la gente que cuenta, de los nobles, de los monarcas, o de la burguesía cuando se convierte en clase de poder. Aquellos aspectos de la vida que se consideran “bajos” no hacen historia. No hay una historia única, hay imágenes del pasado propuestas desde diversos puntos de vista, y es ilusorio pensar que haya un punto de vista supremo, comprensivo, capaz de unificar todos los restantes. Si no hay un curso unitario de las vicisitudes humanas no podrá sostenerse tampoco que estas avancen hacia un fin. Este fin que regía el curso de los acontecimientos, en la modernidad era representado a partir del punto de vista de un determinado ideal de hombre. En la modernidad se pensaba que el sentido de la historia estaba en la realización de la civilización, su modelo era la figura del hombre europeo moderno. El progreso se concibe solo asumiendo como criterio un determinado ideal de hombre, que en la modernidad coincide siempre con el hombre moderno europeo. La crisis actual de la concepción unitaria de la historia, la consiguiente crisis del progreso y el fin de la modernidad, no son solo eventos determinados por transformaciones teóricas: los llamados pueblos primitivos colonizados por los europeos se han revelado, volviendo problemática una historia unitaria, centralizada. El ideal europeo de humanidad se vuelve un ideal más entre otros. Hay otro factor determinante para la disolución de la idea de historia y para el fin de la modernidad: se trata del advenimiento de la sociedad de la comunicación. En el nacimiento de una sociedad posmoderna, los mass media desempeñan un papel determinante, éstos, caracterizan la sociedad no como una sociedad más transparente, mas consiente de sí misma, mas iluminada, sino como una sociedad más compleja, caótica incluso, y justamente en este caos residen nuestras esperanzas de emancipación. La imposibilidad de pensar la historia como un curso unitario da lugar al final de la modernidad. No surge solo de la crisis del colonialismo y del imperialismo europeo; sino que es también y quizá en mayor medida resultado del nacimiento de los medios de comunicación de masas. Los medios de comunicación han sido determinantes para la disolución de los grandes relatos de los que hablaba Lyotard. Theodor Adorno preveía que la radio (y más tarde la televisión) tendría el efecto de producir una homologación general de la sociedad a través de slogans y visiones estereotipadas del mundo. Sin embargo, lo que ha sucedido es que los medios de comunicación se han convertido en componentes de una explosión y multiplicación generalizada de visiones del mundo. Las minorías han tomado la palabra, han salido a la palestra de la opinión pública culturas y sub-culturas de toda clase. A esta toma de la palabra no ha correspondido una autentica emancipación política: el poder económico está un en manos del capital. La misma lógica del “mercado” de la información exige que todo se convierta, de alguna manera, en objeto de comunicación. Este “tomar la palabra” por parte de un creciente número de subculturas, constituye el efecto más evidente de los mass media, siendo a la vez el hecho que determina el tránsito de nuestra sociedad a la posmodernidad. Esta situación explosiva, esta pluralización que parece irrefrenable, torna imposible concebir el mundo y la historia según puntos de vista unitarios. Debido a estas razones, la sociedad de los mass medias es todo lo contrario de una sociedad más ilustrada. Los mass media, que teóricamente harían posible una información auténticamente a tiempo sobre todo lo que sucede en el mundo, podrían parecer una especie de espíritu absoluto hegeliano, la perfecta autoconciencia de toda la humanidad por simultaneidad de lo que acontece, la historia y la conciencia del hombre. Adorno basa su pesimismo en el hecho de que éste modelo no se realiza como podría (en el fondo por culpa del mercado) o se realiza de un modo perverso y caricaturesco a través de la manipulación de los deseos. Pero la liberación de las muchas culturas y de las muchas visiones del mundo ha desmentido el ideal de una sociedad más transparente. La intensificación de las posibilidades de información sobre la realidad en sus más diversos aspectos vuelve cada vez menos concebible la idea misma de una realidad. "El mundo verdadero, al final, se convierte en fabula" (Nietzsche). La realidad no es el dato objetivo que está por debajo o más allá de las imágenes que los mass media nos proporcionan. La realidad es el resultado del entrecruzarse, del contaminarse de las múltiples imágenes, interpretaciones y reconstrucciones que compiten entre sí, o que de cualquier manera, sin coordinación central alguna, distribuyen los media. En la sociedad de los media, en lugar de un ideal emancipador modelado sobre la autoconciencia sin resto, se abre camino un ideal de emancipación a cuya base misma están la oscilación, la pluralidad, y, en definitiva, la erosión del propio principio de realidad. Por el multiplicarse de las imágenes del mundo perdemos el sentido de la realidad. Aunque quizá no se trate de una gran pérdida. El mundo de los objetos medidos y manipulados por la ciencia técnica se ha convertido en el mundo de las mercancías, de las imágenes, en el mundo fantasmático de los mass media. El posible alcance emancipador y liberador de la pérdida del sentido de la realidad, de la auténtica erosión del principio de realidad en el mundo de los mass media consiste en un extrañamiento, que es a la vez un liberarse por parte de las diferencias, de los elementos locales, de todo lo que podríamos llamar, globalmente, el dialecto. En cuanto cae la idea de una racionalidad central de la historia, el mundo de la comunicación generalizada estalla en una multiplicidad de racionalidades “locales”. La liberación de las diversidades es un acto por el que éstas “toman la palabra”, hacen acto de presencia y por lo tanto “se ponen en forma” a fin de poder ser reconocidas. El sentido emancipador de la liberación de las diferencias está más bien en el efecto añadido de extrañamiento que acompaña al primer efecto de identificación. Si hablo mi dialecto en un mundo de dialectos seré consciente de que la mía no es la única “lengua” sino un dialecto más entre otros. Vivir en este mundo múltiple significa experimentar la libertad como oscilación continua entre pertenencia y extrañamiento. Pero nos fatiga concebir esa oscilación como libertad: la nostalgia de los horizontes cerrados, intimidantes y sosegantes a la vez sigue aún afincada en nosotros como individuos y como sociedad. El ser no coincide con lo que es estable, fijo y permanente, sino que tiene que ver más bien con el evento, el consenso, el dialogo y la interpretación. Esta experiencia de oscilación es una chance de un nuevo modo de ser (quizá, al fin) mas humano. Para entender mejor a Vattimo: La condición necesaria para creer en el progreso de la historia es pensar una historia que involucra a toda la humanidad. (Como por ejemplo, la que pensaba Hegel, o Marx) No es posible aceptar la idea de una historia unitaria, no podemos pensar que haya progreso en la historia. Si tuviese un curso necesario, no deberíamos hacer más que esperar. El texto de Vattimo da argumentos para dinamitar la idea de una historia unitaria. Al no poder pensar la historia de manera unitaria cae la idea iluminista de progreso, los ideales de la modernidad han caducado. El pensamiento moderno es totalitario, con verdades universales y razones universales, la razón moderna es universalista. Para los posmodernos el ideal moderno es un ideal totalitario, violento. Toda la metafísica de occidente busca reducir lo múltiple a lo uno. El pensamiento moderno es un pensamiento con fundamentos seguros, sistemático. Pensamiento fuerte. El pensamiento débil tiene un sujeto débil, sin certezas, sin verdades universales, se pierde la idea de un sujeto fuerte. Heidegger sostiene que el hombre fue arrojado al mundo para la muerte, el hombre es un ser posible pero esa posibilidad depende de la muerte. Vivimos una existencia inauténtica para velar la conciencia de que somos mortales. Nos hundimos en la impersonalidad. El que se muere es el se. Ser en el mundo sin haberlo pedido. La filosofía existencialista más angustiante sostiene que el hombre es finito, arrojado al mundo, destinado a la muerte. Freud afirma que debajo de la razón está el inconsciente, Heidegger nos muestra la angustia ante la muerte, Nietzsche sostiene que la razón está al servicio de la voluntad de poder… Estas ideas descentran al sujeto. El sujeto débil no es sistemático, no tiene fundamentos seguros, no tiene verdades universales, y justamente por esto la verdadera libertad va a estar dada en un pensamiento débil. La posmodernidad es una clara herida narcisista: “hombre, no estás en una historia que garantice el progreso.” La posmodernidad es el fin de las utopías. Es una época de distopías. La sociedad posmoderna está configurada por los medios masivos de comunicación. No hace a la sociedad más transparente, más consiente de sí misma, sino más caótica. En este caos esta la esperanza de emancipación, es éste caos el que libera a la sociedad del pensamiento moderno que concibe una historia universal. La realidad del hombre posmoderno es caótica, fantasmática. La realidad misma es el resultado del entremezclado de mensajes que se entrechocan. Hoy tenemos que pensar al hombre como un sujeto débil, sin certezas, ya que no está sometido a una verdad universal.
Se trata de un resumen de Guillermo O´donnell muy interesante: I Estado y alianzas en la argentina 1956-1976: Introducción Se estudiará el intento iniciado en 1966 de implantar y consolidar en la Argentina lo que ha denominado un Estado “burocrático autoritario”. Las modalidades de alianzas entre este Estado con la gran burguesía doméstica y con el capital internacional, sus impactos sociales y, finalmente su colapso a partir de las grandes explosiones sociales de 1969. La diferencia del periodo burocrático autoritario argentino con los restantes en Latinoamérica, permiten entender mejor las razones de por qué han fracasado los intentos de establecer cualquier tipo de dominación política, cualquier tipo de Estado en la Argentina. Se analizaran las tendencias a largo plazo que enmarcan dichos acontecimientos y a la vez permiten ligarlas al proceso histórico en el que han emergido y se han disuelto. Diferencias del autoritarismo burocrático argentino en relación con los restantes en Latinoamérica: 1- Nivel menor de “amenaza” previo a la implantación del nuevo Estado 2- Controles menos severos aplicados al sector popular y sus aliados políticos 3- Mayor nivel de autonomía del sector popular y de sus sindicatos, frente al Estado y a las clases dominantes 4- Moderada caída de los salarios obreros y perdida bastante más abrupta de ingreso sufrida por buena parte de los sectores medios empleados 5- La rápida alianza que se forjó entre el sector popular y los sindicatos por una parte, y buena parte de la burguesía domestica por la otra, contra el nuevo estado y contra sus políticas eficientistas e internacionalizantes 6- El agudo conflicto al que se vio pronto lanzado el gobierno (y a través de él, la burguesía urbana) contra la burguesía pampeana 7- El decisivo papel que tuvo el peronismo como canal de expresión y movilización de una heterogénea constelación de fuerzas. Estos elementos son fundamentales para explicar los conflictos comparativamente inusitados (raros) que surgieron al interior del nuevo sistema de dominación y, también, las explosiones sociales y la aguda activación política que desde afuera de ese Estado, provocaron un colapso aun no ocurrido en los otros casos latinoamericanos. Para explicar cada uno de estos puntos hay que remitirse a tramos históricos más largos, lo que hará posible explicar la notable capacidad de resistencia de la sociedad argentina en 1966 a los típicos impactos sociales y económicos del Estado burocrático autoritario. II Antecedentes históricos Algunos aspectos relacionados con la incorporación de la Argentina al mercado mundial (que se diferencian del resto de América Latina) nos darán un punto de partida. Estos aspectos repercutieron sobre los recursos de poder y las alianzas políticas posibles en la Argentina: 1- El capitalismo argentino se expandió con la incorporación de sus regiones como exportadoras de productos primarios. Dentro de las regiones que fueron incorporadas al mercado mundial se hallan el sistema de la estancia de la pampa argentina y del Uruguay. El control de la tierra tanto en Argentina como en Uruguay quedo en manos de una temprana burguesía agraria local (no del capital internacional, como el caso del enclave, ni de una oligarquía escasamente capitalista, como el caso de la hacienda). Las ventajas del comercio internacional dieron a la economía pampeana y a la uruguaya una base propia de acumulación del capital, por lo que la acumulación agraria impuso la emergencia de un sector urbano, comercial e incipientemente industrial. 2- La economía exportadora de lanas y cereales (y más tarde de carnes) fue mayor en la Argentina que en el resto de Latinoamérica. Las zonas no directamente incorporadas al mercado mundial no tenían peso económico ni demográfico; esto sumado a la escasa incidencia del campesinado hacen que la Argentina del siglo XIX fuera un caso de homogeneidad intranacional significativamente mayor que el resto de Latinoamérica. 3- No solo la homogeneidad intranacional fue significativamente mayor sino también que “adentro” de la región pampeana directamente incorporada al sistema capitalista mundial, la Argentina fue más diversificada y generó un nivel de ingreso significativamente mayor de su sector popular. Hacia comienzos del siglo XX la existencia de un mercado urbano plenamente capitalista y de ingresos comparativamente altos, indujo un comienzo de industrialización. Al compás de esto emergió una temprana clase obrera que desarrolló patrones organizativos frente al Estado y la incipiente burguesía industrial. Esta economía creció entonces gracias al impulso de su propia sociedad civil y de su engarce con la economía internacional; el impulso dinamizador de esta economía pasaba relativamente poco por el Estado. Entre 1870 y 1930 el Estado argentino funcionó como una democracia política fraudulenta y en el plano económico proveyó de cruciales pero limitadas condiciones generales de funcionamiento al sistema (el capital internacional también estaba allí, extensamente interiorizado, en su control de la financiación, del transporte y de la comercialización externa de la producción pampeana). Ese estado fue creado por la burguesía pampeana y sus prolongaciones financieras y comerciales en el sector urbano, a través de un proceso que también implicaba la constitución de esa burguesía y del sistema que dominaba, en apéndice directo y altamente internacionalizado del mercado mundial. A la centralidad económica de la burguesía pampeana y sus tentáculos urbanos, se le agregó, a través del Estado con el que se constituyó, su centralidad política en tanto clase internamente dominante mucho menos contrapesada por las de otras regiones. Esta continuada centralidad de la economía pampeana entrañó que esa clase y ese Estado tempranamente nacionales fueran también el ámbito principal de la internacionalización de su sociedad y economía. Fue esta constitutiva internacionalización de una región económicamente muy dinámica y que incluía a “parte” decisiva de una Argentina casi sin campesinado, lo que permitió, que ese Estado tan internacionalizado fuera, hacia las regiones marginadas de ese sistema, temprana y arrasadoramente nacional. La Argentina tenía una burguesía local dotada de una base de acumulación propia que era parte de su propia modalidad de incorporación al mercado mundial. Los Estados regionales pesaban poco, en este sentido hay un alto grado de diferenciación y de autonomía propia (económica y también política) de la sociedad civil que se fue plasmando al compás de todo esto. Estos antecedentes permitieron que la Argentina se recupere antes que otros países latinoamericanos de la crisis del 30, incluso indujo un nuevo impulso de industrialización sustitutiva de importaciones (facilitada por un mercado interno efectivo, comparativamente grande) y de incorporación de gran parte de la fuerza de trabajo “extraíble” de las regiones no pampeanas. III Dilemas Deben tomarse en cuenta dos puntos fundamentales: 1- La emergencia en la Argentina de un sector popular, en el que tiene importante peso la clase obrera, dotado de recursos económicos y organizativos significativamente mayores que los del resto de Latinoamérica, esto resulta de la combinación de: los grandes excedentes disponibles y de la mucho menor presión de un campesinado (un ejército de reserva) casi inexistente. 2- El segundo punto tiene que ver con otra particularidad de la economía: sus principales productos de exportación –cereales y carne- son alimentos que constituyen el principal bien-salario del sector popular. Los restantes productos primarios de exportación latinoamericana inciden menos sobre el consumo del sector popular y también inciden menos los cambios en sus precios relativos internos. Otra consecuencia es que esos cambios sobre el consumo popular inciden de manera indirecta, difíciles de captar; mientras que un cambio de los precios relativos de los principales alimentos tiende a ser inmediatamente percibido. La tercera consecuencia genérica es que esos cambios son percibidos por un sector popular que tiene un nivel de ingresos (y de expectativas) y de autonomía organizacional (y por lo tanto, de capacidad de resistencia) significativamente mayores que los del resto de los otros casos latinoamericanos. La crisis del 30 deprimió los precios de los bienes pampeanos exportables. Durante el gobierno peronista, del 46 al 50, el Estado se apropió de parte sustancial de lo producido de las exportaciones pampeanas, mantuvo deprimidos sus precios internos y con ello aumento el nivel de ingresos del sector popular y amplio la demanda efectiva de otros bienes, sobre todo industriales. Pero esto no tardo en generar problemas de balanza de pagos, debido al desaliento de la producción pampeana y del aumento del consumo interno de exportables; por lo que más tarde, del 52 al 55, se mejoraron los precios agropecuarios para aliviar la situación de la balanza de pagos. Pero esto a su vez genero resistencias por la redistribución negativa del ingreso y la reducción del mercado efectivo de la burguesía urbana. En 1960 se produjo una ola de inversiones extranjeras directas en industrias y servicios, que implicaron la rápida internacionalización (mediante capitales y actividades) de la estructura productiva urbana. Esto llevo a un fuerte aumento de la demanda de importaciones, mayor que la tasa de crecimiento del producto nacional de las exportaciones y de la producción pampeana. Ante esto, la solución evidente era aumentar las exportaciones, que al aumentar el techo de la balanza de pagos, hubiera permitido proveer a esa estructura productiva urbana de las importaciones necesarias para un desarrollo sostenido. Esa solución implicaba encontrar medios para aumentar la producción (y la productividad) pampeana y/o para reducir el ingreso del sector popular en forma de que, por medio de la reducción del consumo interno de alimentos, quedaran liberados mayores excedentes exportables. IV Ciclos 1- Se dieron alianzas entre buena parte de las fracciones débiles de la burguesía urbana y el sector popular que se forjaron en defensa del mercado interno contra los efectos recesivos que traía aparejada toda alza en los precios de los productos de exportación pampeanos (cereales y carne = bien-salario, si aumentan el precio, baja el salario). 2- Las movilizaciones del sector popular realimentaron su capacidad de organización y acción política a través de parciales pero reiteradas victorias. 3- La alianza (entre burguesía urbana “domestica” y el sector popular) provocó y actualizó un profundo corte horizontal, interno a la burguesía urbana, entre sus fracciones oligopólicas y las más débiles. 4- Los mismos procesos determinaron la recurrente aparición de otro fundamental clivaje interburgues, al separar los intereses económicos y las metas políticas de corto plazo de la burguesía urbana y la burguesía pampeana. Estas consecuencias de la superposición de exportables-alimentos-bienes-salario, compuso un mapa de cambiantes alianzas, que se halla en el origen de los ciclos económicos y políticos. La solución de los estrangulamientos de la balanza de pagos argentina requiere un importante aumento de las exportaciones pampeanas; sin embargo, desde 1960, mientras la demanda de importaciones aumentaba velozmente, aquellas exportaciones lo hacían mucho menos. Esto fue consecuencia, en parte, del aumento del consumo interno de los exportables y sobre todo, de los escasos avances en la producción y la productividad de la región pampeana. Esto se debió a causa del intento de asegurarle a la burguesía pampeana precios satisfactorios; esto incluye dos condiciones: una de ellas es que esos precios permitan una acumulación que haga posible la realización de inversiones que vayan aumentando la densidad de capital de la región pampeana y, con ella, su productividad por unidad de explotación y trabajo. El segundo componente es que esos precios sean estables y que sean percibidos como tales a nivel microeconómico. En este sentido, en el periodo que abarca 1956-1976, la rentabilidad de la burguesía pampeana no ha sido inferior a la de la burguesía urbana. Un fuerte aumento de la producción (y de las exportaciones) pampeanas, no puede producirse sin convertir a sus estancias en un agribussines mucho más intensivo en capital y tecnología. Esto entraña decisiones de inversión referidas a un horizonte de tiempo bastante prolongado. Pero la inestabilidad de los precios relativos pampeanos, han impedido la toma de decisiones. Lo cual a su vez a determinado que la burguesía pampeana haya quedado cada vez más lejos de la posición que tenía hasta 1930. En el corto plazo, el aumento de los precios relativos internos de la producción pampeana entraña una perdida equivalente para el conjunto del sector urbano. La redistribución del ingreso y el efecto recesivo sobre el nivel de actividad que esto entraña, aumenta los excedentes exportables (por vía de su efecto inmediato sobre el consumo interno de exportables) y podría ser el precio a pagar para un aumento en el mediano plazo de la producción pampeana. Por otro lado, para las fracciones oligopólicas de la burguesía urbana, este precio no sería demasiado oneroso. Quieren que se levante el techo de la balanza de pagos porque necesitan importaciones para aumentar sus producciones. Las recesiones y redistribuciones de ingresos que suelen acompañar el aumento interno del precio de los alimentos castigan menos a estas fracciones oligopólicas que a las más débiles. Tienen recursos económicos y accesos a créditos internacionales para sobrellevar la recesión y además dirigen una gran parte de sus productos y oferta de servicios a los estratos de consumos altos, cuyo nivel de ingreso no es afectado por el alza de los alimentos. Esto da base para una alianza de largo plazo entre la gran burguesía urbana y la burguesía pampeana, promoviendo la concentración del capital en el sector urbano y la modernización de la estancia. Sin embargo esta alianza se forjo por lapsos cortos, para disolverse en situaciones que ubicaron a estas dos grandes burguesías argentinas en campos políticamente diferentes. Esto se debe a que esa alianza ha sido enfrentada una y otra vez por otra (constituida básicamente por el sector popular y por las fracciones débiles de la burguesía urbana) que a pesar de su subordinación económica ha podido imponer políticamente condiciones suficientes como para que aquella alianza no pudiera sostenerse más allá del corto plazo. Esta es una de las originalidades de la Argentina. Los procesos a partir de los cuales se han ido planteando los dilemas y conflictos Los periodos de los bajos precios de los alimentos y de tasa de cambio estable han sido los de mayor tasa de crecimiento del producto nacional, de distribución más igualitaria del ingreso y de menor tasa de crecimiento de la inflación. Pero también han producido una crisis de la balanza de pagos, desencadenada esta crisis, se la trató con una devaluación que aumento el aumento del precio interno de los exportables. Estas devaluaciones, profundizaron los efectos recesivos y redistributivos de la devaluación mediantes otras medidas (fuerte liquidez, reducción del déficit fiscal, congelamiento de salarios y aumento de la tasa real de interés) tendientes a consolidar la transferencia de ingresos al sector exportador y a ajustar el nivel interno de actividad económica a la exigua situación de balanza de pagos. Los impactos fueron inflacionarios. La transferencia de ingresos hacia el sector exportador no indujo un aumento de la producción pampeana; pero los programas de estabilización aliviaron la crisis de la balanza de pagos. Este éxito se dio como consecuencia de la recesión, que disminuía la demanda de importaciones al mismo tiempo que aumentaba los excedentes (sobre todo de alimentos) exportables. Todo esto generaba resistencias entre los muchos castigados por esas políticas, al tiempo que el relativo desahogo de balanza de pagos resultante generaba presiones para una reactivación económica. Consiguientemente, el aumento de la liquidez, los aumentos salariales, etc terminaban la fase descendente del ciclo e inauguraban la ascendente. Pero esta se precipitaba a una nueva crisis en la balanza de pagos, a partir de la cual, otra devaluación y el consiguiente plan de estabilización inauguraban otra fase descendente. V Péndulos: La pendulación de la gran burguesía En cada uno de los ciclos la gran burguesía urbana, como fracción dominante, ha jugado de ganador. Es el sector más interesado en que se alivie la crisis de la balanza de pagos. En el tramo final de la fase ascendente del ciclo, la gran burguesía urbana se convierte en aliada de la burguesía pampeana (y del conjunto del sector exportador) en su reclamo de medidas (exportar más) que originan la fase descendente. Ante la crisis de la balanza de pagos, la gran burguesía pendulaba hacia los intereses objetivos de la burguesía pampeana, propiciando y apoyando los “programas de estabilización” que transferían una gran masa de ingresos hacia la burguesía pampeana y hacia los sectores comerciales y financieros ligados a la exportación de sus productos. Esta situación genero la reacción de los sectores más débiles de la burguesía urbana y del conjunto del sector popular, al tiempo que el alivio en la posición de divisas (la suba del techo de la balanza de pagos) hacia factibles las medidas de reactivación económica reclamadas por estos. La gran burguesía urbana atendió sus intereses económicos de corto plazo, se montó en la cresta de la ola de reactivación económica y “dejó hacer” las políticas de reactivación. Con lo cual, esa fracción se sumaba al conjunto del sector urbano abandonando a la burguesía pampeana a un solitario lamento por el rápido deterioro de sus precios relativos. Estos desplazamientos, además de las consecuencias económicas, tuvieron una consecuencia política importante: quebraron una y otra vez la cohesión interburguesa necesaria para la estabilización de su dominación política. Se quebró la cohesión entre la fracción oligopólica urbana y la pampeana, dotadas de importantes bases de acumulación propias y potencialmente capaces de modernizar el capitalismo argentino. Esas pendulaciones no solo abrían espacio político para, sino también eran en buena medida consecuencia de, una alianza popular y obrera. En el caso argentino, la burguesía pampeana adquirió tempranamente la condición de clase propiamente nacional. Esto significó que las luchas interburguesas no tuvieron su ámbito principal entre un Estado nacional y Estados regionales que perdían relativamente su peso frente al primero, sino en el interior mismo de un Estado nacional que se fracturaba continuamente por imposición de esas luchas. La decisiva importancia de la producción pampeana para el conjunto de la economía y de las exportaciones, determino que su desaliento ante la caída de sus precios y los intentos por reestructurarla por mecanismos impositivos repercutieran de inmediato sobre la balanza de pagos. Con lo cual llegaba la crisis, cuyo alivio por medio de las devaluaciones implicaba también expulsar de la alianza gobernante a los sectores que habían impulsado la reactivación del ciclo. Esto implicaba que mientras duraran los programas de estabilización, pesaban fuertemente en el interior del Estado, los intereses a corto plazo de la burguesía pampeana. En consecuencia, los canales de acumulación de capital en la Argentina entraban en recurrentes corto circuitos y el Estado bailaba al compás de estos vaivenes de la sociedad civil. Esto tiene que ver con el periodo iniciado en 1966, con la política económica seguida hasta 1969, que era una política consonante con la gran burguesía. Esto implico que por primera vez, una gran devaluación no beneficie al sector pampeano-exportador, sino que fue apropiada por el estado y que fue utilizado en un sustancial aumento de las inversiones estatales en infraestructura física. Esa retención permitió deprimir los precios internos de los alimentos y también hizo posible una rápida reducción de la inflación. En contraste con los otros casos de autoritarismo burocrático, produjo una moderada caída de los precios de los salarios. Esta situación no pudo mantenerse, en 1970 los precios pampeanos rebotaron hasta alcanzar un muy alto nivel. Este fue el único intento claro y sostenido de la gran burguesía por reestructurar a la burguesía pampeana, subordinándola a su propia acumulación. Pero el resultado fue que la burguesía pampeana quebrara desde adentro la cohesión del estado burocrático-autoritario y ayudara a un colapso político y económico impulsado desde afuera por otros sujetos sociales. Si esto marco los límites de la supremacía de la gran burguesía sobre la pampeana, la historia de las anteriores devaluaciones, por su parte había señalado (al producirse poco después el péndulo de la gran burguesía hacia el polo urbano) que ya era imposible volver a los “viejos buenos tiempos” de supremacía de la burguesía pampeana. VI La alianza defensiva La expansión de la estructura dominante, oligopólica e internacionalizada de estas economías, no se ha hecho sin castigar diversas franjas del capital nacional ni de aumentar su debilidad frente al capital internacional y al Estado. Esto ha producido quejas pero hasta ahora ninguna reacción política. En la Argentina no fue así. La mayor capacidad política de la burguesía local, no se halla tanto en ella misma como en las características del sector popular y en el mayor grado de homogeneidad nacional del caso argentino. El aumento y la estabilización del precio relativo de los alimentos, dio al sector popular un blanco preciso para su acción política, que ha atascado la esclusa que podría haber conectado los circuitos de acumulación de esas dos fracciones. Si bien estas condiciones son necesarias, no son todavía suficientes. La acción del sector popular se engarzo con los intereses objetivos y la acción política de las fracciones débiles de la burguesía urbana. Estas fracciones suelen ser duramente castigadas por las recesiones subsiguientes de las devaluaciones, supuesto un alivio de la balanza de pagos, su interés inmediato consiste en un nuevo impulso a la reactivación económica que resulta de políticas que vuelven a hacer cumplir un papel expansivo a las actividades del Estado. Ese efecto resulta también directamente de los aumentos de los salarios; no es sorprendente que esta burguesía trabajo-intensiva apoye esos aumentos, más cara le cuesta la recesión (prefiere aumentar salarios que la recesión). La concurrencia con los sindicatos en el reclamo de aumentos de salarios es la prenda que esta burguesía entrega al sector popular para forjar la alianza. Esta burguesía, solo en la Argentina encontró un aliado popular dotado de capacidad propia de acción y de intereses inmediatos altamente compatibles con los de aquella. Los principales sustentos organizacionales de esta alianza han sido: la CGE, la CGT y la conducción nacional de los principales sindicatos. Su primera y última expresión de esta alianza ha sido el peronismo. Su bandera ha sido la defensa del mercado interno, en el doble sentido de impulsar su nivel de actividad y de acotar la expansión del capital internacional. Características y consecuencias principales de la alianza entre la pequeña burguesía y sectores populares: 1- La alianza fue esporádica pero recurrente, solo apareció con nitidez y con alto grado de coordinación táctica, en las fases descendentes del ciclo, cuando el ciclo se reactivaba la alianza se diluía, en parte debido a los intereses de esa fracción y de los sindicatos por negociar (individual y corporativamente) ventajas especificas con el Estado y la gran burguesía, en parte debido a que aquella coincidencia inmediata de intereses daba paso a los efectos de clivajes más “normales” entre estas clases. 2- La alianza fue defensiva, surgió contra las ofensivas de las fracciones superiores de la burguesía, postulando una vía nacionalista y socialmente justa de desarrollo que implicaba pasar por alto la condición ya profundamente oligopólica e internacionalizada del capitalismo del que eran sus componentes más débiles. El triunfo de esta alianza se agotaba en sí mismo sin llegar a un sistema alternativo de acumulación; todo lo que lograba era sacar el ciclo de su fase descendente y lanzarlo a su fase ascendente, en condiciones que provocaban su repetición. 3- A pesar de todo fue una alianza exitosa. Tuvo repetidas victorias de anulación de los programas de estabilización, de acotamiento de la expansión interna del capital internacional, de lanzamiento de nuevas fases de reactivación económica y de nuevos desalientos de la burguesía pampeana ante la caída de sus precios. Los picos salariales son resultado de luchas que concretaron aquellas victorias. (Aunque no tardaban en precipitarse en fuertes caídas). Los periodos de alza de salarios fueron también los de mayor tasa de crecimiento del producto nacional y en general, de mayor tasa de rentabilidad del conjunto de la burguesía industrial. La consecuencia de estos procesos puede apreciarse en la inflación, que es más notable por sus fluctuaciones que por su alto nivel tendencial. En un sentido más profundo, la alianza defensiva fue victoriosa porque impidió que se prolongara la fusión entre las dos fracciones superiores de la burguesía. La alianza defensiva, quebró una y otra vez, desde abajo (políticamente) la cohesión de las clases dominantes y (económicamente) la única alianza ofensiva que este capitalismo pudo haber implantado un sistema de acumulación que implicara la salida de sus ciclos. 4- La alianza fue poli clasista, en el sentido específico de que incluía al sector popular (con un importante peso obrero) y a un fundamental componente burgués. Esto determino que su orientación sea nacionalista y capitalista. Su carácter policlasista tuvo consecuencias fundamentales: dio base popular a las demandas de la burguesía débil, ésta con sus reclamos de aumentos salariales y sus públicos acuerdos con los sindicatos, apareció como una fracción “progresista” que, en contraste con las orientaciones “eficientistas” de la gran burguesía y con el arcaísmo de la oligarquía terrateniente, parecía encarnar la posibilidad de un desarrollo socialmente justo. Al sector popular, la alianza le dio acceso a recursos y a medios de difusión y el componente de respetabilidad burguesa hizo más difícil el control que se ha aplicado a otros sectores populares cuando han actuado aisladamente y/o en función de otras metas. Por eso el impacto de esta alianza resulto del efecto multiplicativo de la concurrencia de sujetos sociales que tienen una base propia de recursos y que pudieron coincidir en metas de corto plazo muy concretas y operacionales. En otros países, la burguesía local no tuvo un aliado popular, y en consecuencia el sector popular estaba desprotegido. En estos casos la burguesía ha avanzado arrasadoramente, encontrando protestas y conflictos pero no, como el caso argentino, los límites y pendulaciones que esta particular alianza le impuso. 5- La alianza defensiva quedo encerrada dentro de parámetros capitalistas, como resultado de su carácter intrínsecamente policlasista. Pero la activación política del sector popular atrás de las metas de la alianza defensiva implicaron un aprendizaje. 6- Este aprendizaje fue en función de la fresca memoria de anteriores movilizaciones que lograron revertir la situación salarial y el nivel general de la actividad de la economía. Esta memoria tuvo repetidas ocasiones de actualizarse cada vez que se producía un nuevo giro descendente del ciclo. Cuando el Estado, indicando un desplazamiento de las clases gobernantes, lanzaba políticas de reactivación, esto realimentaba la capacidad y la disposición de activación política del sector popular pero también llevaba a una no menos repetida experiencia de derrota: los periodos de bajas de salarios etc. Pero el momento de reversión ocurría por problemas y a través de mecanismos mucho más difíciles de captar en su funcionamiento e impactos. El beneficio de la crisis de la balanza de pagos, la devaluación y la restricción de la liquidez de la economía que traía para la burguesía pampeana, sumado al ostensible apoyo inicial que la gran burguesía le prestaba a cada reversión del ciclo hacia su fase descendente, desencadenaba la hostilidad de los sectores populares contra estos y contra lo que implicaban de internacionalizado y de big business. La alianza no salía de parámetros nacionalistas. La necesidad de triunfar una y otra vez para volver a ser derrotados se explicaba con la tendencia a una visión mítica de conspiraciones de grandes intereses que tenían una mágica capacidad para derrotar al pueblo y trabar el desarrollo. El velo que encubría las reales articulaciones del problema era que desde 1955 se había impedido que entre ellos realizaran la versión del desarrollo que puesta del lado del pueblo, y ejerciendo un amplio control del Estado, parecía ofrecer la burguesía local. La esperanza de armonización de lo popular y lo nacional contra la oligarquía terrateniente y los monopolios internacionales, se expresó en la vigencia del peronismo y formo la ola que lo devolvió al gobierno en 1973. Para que esto ocurriera fue necesario que la gran burguesía ignorara los límites de su supremacía y pretendiera imponerla unilateralmente, incluso sobre la burguesía pampeana. Las grandes explosiones sociales de 1969-1970 sellaron la derrota de este intento y forzaron el repliegue político de la gran burguesía que dejo en 1973 de ser parte de la alianza dominante. 7- El sector popular y la clase obrera encontraron en los sindicatos, y políticamente en el peronismo, modalidades de constitución organizativa, ideológica y política que correspondían cercanamente a los vaivenes y a los límites de la situación. La alianza defensiva obtuvo muchas veces un triunfo espectacular. Fue la particular combinación de una impresionante movilización popular con un economicismo de demandas, (que incluso recalcó su rechazo a todo camino que pudiera implicar un salto de afuera del capitalismo) la que al entrar en fusión con las fracciones débiles de la burguesía, permitió las reiteradas victorias defensivas. Por otro lado, los momentos de victoria política y reversión del ciclo económico eran aquellos en que los actores ganadores asaltaban el Estado buscando fortalecer allí posiciones institucionales desde las que se pudieran librar futuras luchas. Los sindicatos no fueron la excepción; extraían del Estado importantes ventajas institucionales y estas reforzaban la posibilidad de volver a movilizar al sector popular. 8- Estas fusiones multiplicativas eran las que impulsaban a la gran burguesía a abandonar a la burguesía pampeana a un solitario lamento por la caída de sus precios. Abrían el impulso hacia la reactivación económica y el abismo político de una movilización “nacional y popular” que de alguna forma tenía que ser reabsorbida. Al pendular en un momento hacia la burguesía pampeana y, momentos después al apoyar el lanzamiento de una nueva fase ascendente del ciclo, la gran burguesía no solo optimizo en cada fase sus intereses económicos de corto plazo, también logro ser el único miembro estable de la clase gobernante; claro que en una fase lo era en conjunción con la burguesía pampeana y en la otra se encaramaba sobre la alianza defensiva. Su dominación se desplazará continuamente en ese movimiento pendular. Por eso, los canales de acumulación entraban en repetidos corto circuitos. En estas condiciones el capitalismo argentino tenía que girar mordiéndose la cola en espirales cada vez más violentas. VII El Estado La gran burguesía fue el miembro estable de las alianzas gobernantes, pero cada fase estaba marcada por la temporaria salida de sus anteriores “socios” y por su enganche en un diferente circuito de acumulación. Por eso las políticas estatales no solo fueron cambiantes; además casi nunca fueron realmente implementadas, porque no tardaban en ser revertidas por la dinámica de una sociedad civil que marcaba el ritmo que el Estado bailaba. Este fue un estado recurrentemente arrasado por cambiantes coaliciones de la sociedad civil. Las luchas de la sociedad civil se internalizaban en el sistema institucional del Estado en un grado que expresaba no solo el peso de las fracciones superiores de la burguesía sino también las particulares circunstancias que daban gran capacidad de resistencia y de victoria parcial a la alianza defensiva. Como consecuencia, ese Estado colonizado fue también un Estado extraordinariamente fraccionado, que reproducía al interior de sus instituciones la democratización por defecto de una sociedad civil que encontraba allí palancas para seguir empujando sus espirales. Ese estado no podía tomar distancia respecto de las demandas y de los intereses inmediatos de cada alianza gobernante, fue por eso un Estado débil. Esto determino que se bloqueara una salida para los ciclos: el capitalismo de Estado. Pero no hubo el aparato burocrático necesario para llevarlo a cabo. Otro gran obstáculo fue que en el periodo de fusión de la gran burguesía con la burguesía pampeana, los programas de estabilización entrañaban un periodo de ofensiva antiestatista y bloqueaban cualquier tendencia hacia un capitalismo de Estado. Las tendencias hacia el capitalismo de Estado que entrañaba la alianza defensiva encontraban su límite interno en las ambivalencias y la oposición del aliado estable de la clase gobernante: la gran burguesía. En sus dos planos, el Estado argentino fue un caso de baja autonomía relativa. No solo se movió al compás de las fracciones superiores de la burguesía sino que también expreso los flujos y reflujos de clases subalternas que pivoteaban en su alianza con las fracciones más débiles de las clases dominantes. El límite de esta alianza fue que debía compartir con la gran burguesía el poder y además solo podía ser defensiva. Pero en 1973 la alianza defensiva logro una extraordinaria victoria. VIII Epilogo provisional En 1966 se hizo el intento de reconstruir mecanismos de acumulación que subordinaran al conjunto de la sociedad a la gran burguesía. E implantar un sistema de dominación política que se impusiera conquistadoramente sobre la sociedad civil. Pero al fallar esto, la alianza defensiva conquisto el sistema institucional de Estado sin compartirlo con la gran burguesía. Esa alianza solo pudo ignorar brevemente la supremacía económica de la gran burguesía y la burguesía pampeana. La vieja crisis se reprodujo con gravedad inusitada y la burguesía local tuvo que abandonar el barco sin poder evitar que sus organizaciones se hundieran con él. El sindicalismo no pudo más que repetir las prácticas de siempre, agresivo economicismo y búsqueda de nuevas ventajas institucionales desde el corazón mismo del sistema institucional del Estado. La muerte de Perón, la irracionalidad y la violencia contribuyeron a sacudir una sociedad que aceleraba las espirales de su crisis. Lo mismo hicieron con un Estado que fracasaba en garantizar la reproducción de ese capitalismo. Cuando la alianza defensiva logro por si sola ser la alianza gobernante, tropezó con sus propios límites; las mismas razones que la habían llevado a ese extraordinario triunfo precipitaron una inmensa catástrofe. El triunfo de la alianza defensiva condujo al momento más agudo de la crisis política y económica, al reflujo de la ideología nacionalista, a la implantación de un nuevo Estado y a la disolución o intervención de las principales organizaciones del sector popular y de la burguesía local. Los sustentos políticos, ideológicos y organizacionales de la alianza defensiva han sido puestos entre paréntesis. Actualmente las fracciones superiores de la burguesía tantean una reacomodación a largo plazo sobre las bases, que presuponen una relación más igualitaria entre ellas. Su requisito es la dispersión de la alianza defensiva.

Se dicta en la Universidad de San Martín, con apoyo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales. Con una duración de 5 años y medio, tendrá dos orientaciones: producción y operación de satélites y diseño de lanzadores y vehículos espaciales. La iniciativa surgió del Ministerio de Planificación de la Nación. La cursada durará cinco años y medio, tendrá modalidad presencial y será pública y gratuita. En una semana ya se anotaron ocho estudiantes, que deberán hacer el curso de ingreso el próximo semestre para en 2016 comenzar la carrera, que tendrá cuatro áreas de desarrollo: diseño y construcción de estructuras; electrónica y comunicaciones para satélites; propulsión; y gestión de programas espaciales. “Se espera además repatriar científicos y tecnólogos que hoy están fuera del país”, planteó el decano de la Escuela de Ciencia y Tecnología de la UNSAM, Francisco Parisi. Prevén instalar laboratorios especialmente equipados, donde los alumnos hagan un trabajo colaborativo para desarrollar, por ejemplo, el armado de pequeños satélites. Actualmente, la UNSAM ya cuenta con un laboratorio creado en conjunto con la CONAE, un MicroLab que funciona en un viejo tanque de combustible para trenes, que iba a rematarse como chatarra hasta que intervino la universidad. Allí está la llamada “Sala Limpia”, que mantiene constantes los valores de temperatura, presión, humedad, y tamaño de partículas en el aire, y permite manipular delicadas piezas electrónicas que, sacadas al ambiente,se dañarían. En ese lugar se hicieron mediciones de componentes para las antenas de los satélites argentinos. “La carrera se entronca directamente en el desarrollo del Plan Espacial que lleva adelante el Estado Nacional. Así como alguna vez el desarrollo del Plan Nuclear Argentino necesitó formar ingenieros nucleares, hoy es indispensable el aporte de la universidad para fortalecer el desarrollo de la industria espacial en el país, cuyo último gran hito fue la puesta en órbita del satélite ARSAT 1″, comenta Parisi. “Hay que apostar a un alto valor agregado y desarrollar los profesionales para eso, en cantidad y calidad, para hacer rentable, sustentable y competitiva una industria con la exigencia de la espacial -completa Yasielski-. La idea es diversificar la matriz, generar ingenieros especialistas en lo espacial, que salgan de acá hacia un proyecto que esté en marcha, ya entrenados.” Los egresados deberán saber gestar, diseñar, implementar y operar un sistema espacial. Yasielski recuerda a Aldo Ferrer, con la idea de que no alcanza con sustituir el presente, sino que “es preciso sustituir el futuro con talento nacional”. Según manifiestan, la mayoría de los profesores serán jóvenes, muchos relacionados con la CONAE, aunque también vendrán especialistas extranjeros a ofrecer cursos. Al ser una carrera nueva, también el material de estudio es novedoso. En ese sentido, la editorial de la UNSAM desarrollará libros de Ingeniería Espacial, material que hoy casi no existe en castellano. Con la Universidad de Cataluña ya concretaron uno sobre compatibilidad electromagnética en el área espacial. INFO DE LA CARRERA: Título obtenido: Ingeniero Espacial Duración: 11 cuatrimestres (5 años y medio) Modalidad: presencial Se trata de una de las carreras más novedosas. Surge de la demanda de profesionales capacitados en pleno apogeo en la Argentina, que requiere de especialistas formados en la excelencia. En este marco, se creó un programa único que aborda conocimientos en mecánica orbital, diseño de sistemas espaciales, diseño de cada uno de los subsistemas de un satélite y sus sensores remotos, de las tecnologías de los lanzadores y de los transportes espaciales, de sistemas y subsistemas, y de sus respectivas instalaciones de tierra para el sostenimiento de las misiones en todo su ciclo de vida. Dictada por la Escuela de Ciencia y Tecnología (ECyT), que también dirige las ingenierías en Telecomunicaciones, Electrónica, Biomédica, Energía, Ambiental (junto con el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental -3iA-) e Industrial (dictada con el INCALIN), hace foco en la creación y gestión de proyectos, así como en tareas de diseño y operación de componentes espaciales en la industria nacional, tanto en el ámbito privado como en el estatal. “Esta ingeniería generará recursos humanos que colaborarán con la concreción de los objetivos que persigue la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), cuya misión es contribuir, a través del conocimiento derivado de las acciones científico-tecnológicas espaciales, al desarrollo de los sectores socio-económicos del país, al mejoramiento de la calidad de vida de la población, a la conservación del medio ambiente global y a la eficacia en la gestión de gobierno del Estado nacional, fortaleciendo así los vínculos entre la comunidad científica y la comunidad educativa”, explica el decano de la ECyT, doctor Francisco Parisi. La carrera apunta a la utilización intensiva de las TICs y, específicamente, al uso de simuladores de diferentes tipos en un ambiente multi-física y herramientas HPC (High Performance Computing), técnicas fundamentales en el área espacial para una eficiente administración de los riesgos y una disminución drástica de tiempos y costos de los proyectos. Perfil académico del egresado: El ingeniero Espacial de la UNSAM tendrá una sólida formación físico-matemática, estará preparado para generar tecnología y resolver problemas inéditos en sus ámbitos de desempeño profesional. Por su preparación, resultará especialmente apto para integrar la información proveniente de distintos campos disciplinarios concurrentes a un proyecto común, lo que le permitirá abordar proyectos de investigación y desarrollo, integrando o liderando equipos interdisciplinarios. Podrá participar en organismos públicos y/o privados dedicados a la regulación y gestión de temáticas espaciales. Condiciones de admisión: Egresados del nivel medio o polimodal con título de instituciones reconocidas oficialmente. Sede de cursada: Campus Miguelete, en el primer tramo, y nueva sede en etapas más avanzadas de la carrera. Informes: 4006-1500 internos 1161/62/63 - [email protected]

Una Comisión del Congreso acaba de derogar el artículo octavo de la ley 1420, el que regula la presencia de la religión en las escuelas públicas. Con un acto legislativo entre bambalinas, el actual gobierno habilita la posibilidad de que vuelva la religión a las escuelas: un retroceso de 130 años La ley 1420 de 1884 de inspiración sarmientina es la marca de la escuela pública moderna: gratuita, universal, obligatoria y organizada de acuerdo a la más avanzada pedagogía de la época. Su artículo octavo consagra su visión laica: la enseñanza de las religiones puede ser brindada fuera del horario de clase y por el ministro del culto respectivo. Este laicismo no es una prohibición (como si ocurre en Estados Unidos, Uruguay o México, entre muchos otros países) sino una neutralidad que admite a todos los cultos (el uso del plural es muy avanzado para la época) y habilita a la escuela pública para que los sacerdotes, no los maestros, enseñen religión antes o después del horario escolar. Ni siquiera las dictaduras de 1966 y 1976 osaron posar sus garras en la ley 1420. Sí lo hizo el gobierno del golpe de estado de 1943 que estableció el decreto 18411 por el cual se introdujo la religión (católica) en las escuelas públicas, lo que se consolidó por ley de 12978 de 1947 aunque por poco tiempo: 8 años después el propio peronismo vuelve al laicismo original con la ley 14401 de 1955. Desde ese momento, el art. 8 de la ley 1420 vuelve a estar vigente. La actual derogación proviene de una supuesta cosmética legal, lejos de los llamados a la participación y la ampliación de derechos a los que nos tienen acostumbrados. La consecuencia es que ya no hay ninguna normativa de nivel nacional que disponga esta neutralidad en materia religiosa, por lo que cada provincia está en condiciones legales para introducir la religión como contenido dentro del horario escolar. De inspirarse en Sarmiento, la Argentina parece estar buscando inspiración en Ned Flanders, el personaje de Los Simpsons que concibe a la religión como eje único de la vida pública privada. Esto es posible porque las dos últimas leyes educacionales, la ley Federal de Educación del menemismo (ya derogada) y la Ley de Educación Nacional del kirchnerismo (aún vigente) coinciden (entre muchas otras cosas) en no regular la religión en la escuela pública: una ambigüedad que en los hechos mantenía -hasta ahora- la vigencia del artículo 8 de la ley 1420. Pero en el nuevo escenario legal, esta ambigüedad se vuelca a favor de la introducción de la religión. El final de la laicidad escolar no es una mera cuestión abstracta o académica. Tres provincias permiten en sus constituciones la enseñanza religiosa (Salta, Catamarca y Tucumán) y en Salta desde 2008 se la implementa en escuelas públicas. En Córdoba, La Pampa, San Luis y Santiago del Estero la legislación permite la enseñanza religiosa no obligatoria. Sólo la Ciudad de Buenos Aires, Chaco y Neuquén se declaran laicas en diferentes aspectos. En resto de las provincias se mantiene la misma ambigüedad que en la ley nacional de educación por lo que ahora se abre la posibilidad de regresar en el tiempo e imponer religión como materia. Durante más de un siglo, todo el espectro ideológico democrático hizo de esta laicidad la bandera política de la escuela pública ¿Estamos de acuerdo con volver a la religión? Después de leyes y más leyes educativas, después de publicitar por años como una gran medida educativa el repartir libros en canchas de fútbol, después de corroborar que países que, como Brasil, se inspiraban en la tradición educacional argentina (incluida la ley 1420) y hoy nos superan en las pruebas internacionales, la política educativa de la década ganada se despide habilitando la posibilidad de incluir a la religión en el currículum de las escuelas públicas. Un paso más en la espiral de declive.
Durante la primera década del siglo XXI, el entusiasmo por la irrupción de gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina llevó a que el análisis sobre estas experiencias de gobierno se centraran en la democratización de los regímenes políticos en los que se asimiló aparato de Estado a poder de Estado, y en los que se atribuyó autonomía a lo político, dejando fuera el análisis estructural de la reproducción y de las clases. Sin embargo, es necesario pensar más allá de lo inmediato y colocarse en los tiempos más largos en los que se dirime la disputa de proyectos. El posneoliberalismo se presenta como crítica al neoliberalismo, pero tiene por objetivo preservar al capitalismo. Es una estrategia de control político, que comienza a implementarse cuando es evidente una crisis de gobernabilidad por el fracaso del modelo político para impedir la expresión de demandas sociales. Busca incidir en el debate de alternativas al neoliberalismo con el propósito de neutralizarlas y como resulta difícil impedir que la izquierda gane elecciones, tiene ahora por objetivo hacer que ella se haga cargo de la ejecución de esa estrategia. La apelación al Estado y la dimensión “social” son los signos distintivos del “posneoliberalismo” para presentarse como progresista y hasta de izquierda. El posneoliberalismo se plantea lograr a más largo plazo una reestructuración social profunda, como sustrato para gestar consensos sociales en torno a la reestructuración capitalista. En América Latina, el posneoliberalismo no es más que una estrategia táctica conservadora que los ideólogos más lúcidos del sistema, encumbrados en el Banco Mundial, vienen gestando desde hace más de una década. Se pueden reconocer tres etapas en la estrategia para reestructurar el capitalismo neoliberal en América Latina: la primera, de ajuste estabilización e inicio, se desarrolló mediante dictaduras militares y tuvo como objetivo demoler el patrón de acumulación anterior y sus relaciones sociales e institucionales; una segunda de profundización de las reformas estructurales y una tercera de consolidación de las reformas y restauración de los niveles de inversión que debían implementarse ya bajo regímenes democráticos representativos a partir de la década de 1990. Desde comienzos de los 90, la estrategia está planteada como el camino hacia un “nuevo desarrollo” de orientación exportadora para “aprovechar las ventajas de la globalización” mediante la exportación de “lo más abundante”. Pero en realidad, tiene como objetivo convertir a América Latina en un espacio de estabilización del capital trasnacional tras las crisis financieras, haciendo que masas de capital especulativo excedente, en riesgo de desvalorización, se reciclen en la acumulación por desposesión con asiento territorial tanto en la explotación y saqueo de riquezas naturales, como en la explotación de la fuerza de trabajo. La estrategia plantea, en el corto plazo, la implementación de un asistencialismo focalizado hacia la extrema pobreza para absorber tensiones sociales, que de paso iría liquidando la cultura de derechos, sustituyéndola por una degradada cultura mendicante. En el largo plazo, se plantea lograr una reestructuración social profunda. De una parte, el desempleo y la pobreza son la “oportunidad” para que la flexibilización laboral, el autoempleo y la tercerización laboral precaria mediante pymes fueran aceptados como medios legítimos para acceder a la “equidad”. Por otro lado, se busca eliminar la pugna distributiva mediante la utilización de “organizaciones intermedias” para la gestión de aspectos puntuales de sobrevivencia o de convivencia, echando a andar el proyecto neoconservador elaborado en los años 70, a nombre de “rescatar al individuo solitario del neoliberalismo e ir al encuentro con la comunidad perdida”. Incluso se reconoce a los sindicatos como útiles organizaciones intermedias en tanto asuman a la empresa capitalista como una “comunidad de trabajo” y de “corresponsabilidad”, en la que a los trabajadores explotados y precarizados se les llama “asociados”. Es tan sofisticada la intervención conservadora en estos ámbitos propios de acciones de izquierda, que hoy vemos que algunas pymes que tercerizan empleo precario (por eso las destacan como generadoras de empleo) se registran como “cooperativas”, como “sociedades de solidaridad social”, y hasta como “sindicatos” y “uniones”, lo que aparentemente estaría reforzando una “economía solidaria”. Bajo el principio de la asociación público-privada, en torno a los contratos y financiamientos estatales, surge una nueva fracción burguesa que provee de servicios al gran capital, técnicos de todo tipo, de mercadeo, de contratación precaria de personal, que por intereses económicos apoya a los gobiernos. Pero no es una nueva burguesía nacional, ya que comparte los objetivos del capital transnacional del cual es satélite. A nombre del interés general del desarrollo, lo privado domina de manera directa, abierta y legitimada a lo público, incluso cuando financia lo social. Por eso, las asociaciones público-privadas no son sinónimo de economía mixta. Se han construido nuevos enemigos, algunos muy difusos, la manipulación de la inseguridad se hace bajo los fundamentos de una nueva doctrina de seguridad nacional garante de los derechos del capital, ahora civil o democrática, que vuelve a dar creciente protagonismo a las fuerzas armadas. Los logros de la estrategia de estabilización capitalista se miden por la elevación de las ganancias y por el aumento del conservadurismo en la sociedad. Avanzó más donde se ha debilitado a la izquierda como fuerza de horizonte anticapitalista y donde se debilitó la independencia de las organizaciones populares. Su ejecución consolida a la derecha que gobierna, o le permite avanzar electoralmente y reconquistar la administración del estado donde no la tenía. El posneoliberalismo asume la crítica al neoliberalismo para corregirlo, al tiempo que rechaza al marxismo y presenta como pensamiento progresista las elaboraciones neoconservadoras. (Resumen de un texto de Beatriz Stolowics- politóloga mexicana)
La seguridad pública es uno de los temas que desvela a la clase dirigente y a la ciudadanía en general. Y hay buenos motivos para esa preocupación. Sin embargo, pasa el tiempo (se nos escurre entre las manos) y no se aprecian respuestas distintas e innovadoras, diferentes de las que no han demostrado resultados concretos: incremento de efectivos y móviles policiales, copamiento territorial de determinados sectores de las ciudades, vigilancia por monitoreo, retenes en sitios estratégicos, etcétera. Quizá haya llegado el momento de levantar la nariz del ombligo y ver qué es lo que ocurre en otras ciudades que, con estrategias diferentes, han logrado mejorar en forma sustancial su calidad de vida desde una concepción diferente de la seguridad pública. Medellín (Colombia), entre otras ciudades de la región, es uno de los mejores ejemplos. A comienzos de los 90 (ayer nomás) Medellín era una de las ciudades más violentas del mundo. Había alcanzado tasas de 400 homicidios cada 100.000 habitantes. Para esos entonces tenía la tasa de homicidios más alta del planeta. 6.809 muertos en 1993. Más muertos que el total de soldados estadounidenses que perdieron la vida en la Guerra de Irak a lo largo de 10 años. Con la confluencia de una serie de factores contextuales favorables y apelando a políticas sociales de integración, urbanización y recuperación de derechos, Medellín logró reducir las tasas de homicidios en forma brusca: 34/100.000 en 2007; 52/100.000 en 2012; 38/100.000 en 2013; 28/100.000 en 2014 y menos de 20/100.000 en 2015. En 25 años la ciudad redujo la tasa de homicidios en un 90%. Entre el 7 de junio de 2014 y el 6 de julio de 2014 no se registró ningún homicidio (recordemos que Medellín tiene unos tres millones de habitantes). En 2013 Medellín fue elegida la ciudad más innovadora del mundo, ganando el concurso “City of the Year” entre más de 200 ciudades, entre las que se encontraba Nueva York, San Pablo y Tel Aviv. Uno de los elementos que permitió el triunfo fue el aumento de la seguridad, traducido en la disminución de la tasa de homicidios. Uno de los factores explicativos de la violencia que reinaba en Medellín era “la ciudad excluyente”. Ana María Jaramillo define a la ciudad excluyente de la siguiente manera: “La violencia urbana sería la resultante de una acumulación histórica de problemas no resueltos de exclusión e inequidad, que dieron lugar a la existencia de una ciudad dividida y heterogénea en todos sus aspectos, en la cual no ha cuajado un proyecto incluyente y colectivo ciudadano. Expresión de ello sería la separación del centro y la periferia: de un lado una Medellín estética y bella a nivel arquitectónico, de grandes inversiones y prósperos negocios (legales e ilegales), contrapuesta a una ciudad con graves problemas de desempleo, hambre, drogadicción, prostitución, violencia delincuencial o política; donde la ausencia del Estado es evidente en vastos sectores poblacionales”. Medellín nos marca un camino. Que es posible lograr sociedades menos violentas, no utópicas ni ideales. Menos violentas, sin necesidad de recurrir al uso indiscriminado de la fuerza, al copamiento territorial, al endurecimiento de la legislación penal. Medellín no es un modelo para exportar de modo acrítico ni para exaltar en forma ingenua. Pero es una experiencia a tener en cuenta a la hora de pensar en la construcción de sociedades más seguras asentadas en bases democráticas.

Por Raúl Gustavo Ferreyra, Profesor titular de Derecho Constitucional, Facultad de Derecho, UBA, doctor por la Universidad de Buenos Aires. Las constituciones son una suerte de máquina del tiempo que hace que determinadas reglas fijadas por una generación sean respetadas por otras (para facilitar u obstaculizar su vida). Cada generación tiene el derecho más extenso de fijar las reglas de la convivencia comunitaria. Una Constitución es igual que un reloj: sirve para dar el tiempo o para caminar, porque es un instrumento de alta tecnología. El 42 por ciento del actual padrón de ciudadanos que integran el cuerpo electoral (nacidos a partir de abril de 1976) no la votó, porque los nacidos a partir de 1976 no participaron del proceso electoral que derivó en la reforma constitucional de 1994. La reforma constitucional no es un hecho patológico; es un hecho fisiológico, que está previsto en el propio artículo 30 constitucional. La Constitución es la carta máxima de la tolerancia. Para reformar la Constitución no es necesaria la unanimidad, es necesaria la tolerancia, de que una mayoría y una minoría van a transitar juntas el proceso de reforma. Pese a la reforma de 1994, la Constitución federal atrasa –lo dice el mismo reloj: han pasado 18 años–, y frente a determinados enunciados, como fue la atenuación del presidencialismo, se potenció ese atraso. Primer tema : El sistema de gobierno actual no tiene remedio, por su marcada concentración de competencias en un órgano en detrimento de los otros. Ejerce el liderazgo del proceso constitucional el presidente, desde 1853. El presidencialismo tiene un alto componente autocrático: es necesario ganar la elección para llevarse todo el escenario político en disputa. Luego, no hay posibilidad de que el ganador debata con el perdedor, porque no hay diálogo posible. La confrontación previa elimina el ajuste racional. No hay ninguna patente de invención que diga que el parlamentarismo es mejor que el presidencialismo. El parlamentarismo, fundado en la colaboración, se reparte, curiosamente, en el Hemisferio Norte. Pero no se puede adoptar un sistema parlamentario del mismo modo que podemos ir a comprar un producto. Confrontar es el verbo del presidencialismo. Y quien ejerza la presidencia administrará, legislará y hasta juzgará por cuatro años. Debemos esperar que una persona no falle nunca en cuatro años, porque se le entrega toda, absolutamente toda la responsabilidad. Constituye un verdadero y exagerado oxímoron. No es una solución racional, porque racional es distribuir y no concentrar. ¿Es mejor la colaboración que la confrontación? Responderé: “Parece que sí”. La base empírica lo demuestra, el parlamentarismo funciona mejor en los países que la tienen arraigada en sus instituciones. Todo trasplante es verdaderamente difícil, y complejizar o problematizar la idea del hiperpresidencialismo no es tarea sencilla. Corresponde repensar el modelo. Segundo tema : No existen políticas tributarias claras, fundadas y concisas en la Constitución. Se debe considerar, abiertamente, si normar o no normar en la Constitución las bases de la regresividad impositiva y los fundamentos de la progresividad en la imposición de tributos. Tercer tema : El agua, el suelo, los árboles, el petróleo, en fin, todos los recursos naturales deben ser dominio inalienable de todos los argentinos, no de las provincias. Cuarto tema : El control de constitucionalidad, la configuración o no de un tribunal constitucional. Quinto tema : Propongo la constitucionalización de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. Sexto tema : La idoneidad de los derechos fundamentales. Fundamentalmente: los derechos políticos, los derechos económicos y los derechos culturales. Debe acentuarse la presencia del Estado en la formación de los dirigentes; debe potenciarse el rol del Estado en la distribución de la riqueza y también ¡debe elevarse a la millonésima la inclusión cultural! Séptimo tema : ¿Qué hacer con el Consejo de la Magistratura? ¿Vamos a seguir así, con un consejo que no es consejo y que tampoco es magistratura? Octavo tema : Constitucionalización de los servicios de comunicación audiovisuales. No creo que sea suficiente la reglamentación de la ley, porque será inmediatamente necesario consagrar en la Constitución federal una regla que dispusiese: “Decláranse de interés público los servicios de comunicación audiovisual”. Noveno tema : Las nuevas instancias, como la Unasur, Mercosur, y qué cotización interna van a tener dentro del derecho constitucional los instrumentos del derecho de la integración. No es suficiente la actual. Décimo tema : La necesidad de reformar el propio proceso de reforma constitucional. Soy agnóstico impenitente y voy a citar un versículo evangélico: “El día de reposo se hizo para el hombre, no el hombre para el día de reposo”. La Constitución federal argentina tiene que ser hecha para los argentinos, no los argentinos para la Constitución federal. Hay que discutir nuevamente. El decálogo es solamente eso: diez puntos para discutir. Quebrar la quietud significa entonces pensar entre todos y todas un nuevo principio de supremacía ciudadana. Alentar y participar de la idea de la reformabilidad, porque es posible la reforma de la Constitución, y si durante 160 años tuvimos un sistema de gobierno presidencialista, ¿por qué ahora no podemos pensar en un nuevo modelo? ¿Cuál es el problema de que exista un jefe de Estado y un jefe de Gobierno? Ha llegado el momento de la apertura al diálogo en esta sociedad abierta de los realizadores de la Constitución: todos hacemos la Constitución. Ergo: somos nosotros mismos, los ciudadanos que integramos el pueblo.

¡Estamos aquí, somos maricones y fascistas. Ve acostumbrándote!”. Finales de la década de 1990, Estados Unidos. Se crea American Resistance Corps (ARC), la primera organización que, de forma pública, llama a homosexuales y heterosexuales skinheads (cabezas rapadas) a unir sus fuerzas para crear “un futuro mejor para los blancos sin la interferencia y los estorbos egoístas de otras razas”. Domingo, 10 de junio de 1984. Reino Unido, cuna del movimiento skinhead. El escenario es completamente distinto. Ken Livingstone -quien más tarde fue alcalde de Londres con el Partido Laborista- organiza un concierto al aire libre para protestar contra los recortes del Gobierno. La gente acude en masa. La mayoría atraídos por el sol y la música, más que por la causa en sí. Para Nicky Crane, sin embargo, cualquiera que asista a eventos de este tipo es un mero provocador al que hay que dejar las cosas claras con unas patadas en la boca. Cuando el grupo The Redskins comienza a tocar las primeras notas, un centenar de fascistas arremete contra el público. Estalla la guerra. Crane era el responsable del British Movement en Kent. Se encargaba de reclutar gente y organizaba las palizas más violentas a los grupos minoritarios. Salía y entraba en prisión constantemente. Los jueces le consideraban una bestia, peor que cualquier animal. En aquel momento, Crane ya era todo un mito. Lo que decía se hacía; lo que no le gustaba desaparecía del mapa. Para los neonazis era un héroe. Para los negros, su peor pesadilla. Para los grupos de extrema izquierda, el principal enemigo. Lo que nadie sabía era que, aquel hombre que tenía a Hitler como su dios, era gay. El sida acabó con él a los 35 años. Sus últimos días los pasó en una habitación del Soho, realizando vídeos porno homosexuales amateur. Murió solo. Tras confesar su secreto unos meses antes en un programa de televisión, no encontró sitio en ninguno de los dos mundos en los que había vivido. En uno como leyenda, en otro como fantasma. Los neonazis le dieron la espalda. Los homosexuales quedaron horrorizados al saber que un heredero del Führer -el mismo que quemaba a gays y lesbianas con los judíos en los hornos de los campos de concentración- pudiera considerarse uno de los suyos. Han pasado más de dos décadas de todo aquello, pero: ¿sigue siendo la homosexualidad un tabú en estos grupos? ¿Se puede ser gay y skinhead? Alegatos como los de ARC podrían dar la respuesta. Pero en la calle, la situación es mucho más compleja. La doctora Lisa Waldner de la Universidad de St. Thomas (EUUU), responsable de uno de los estudios más importantes en la materia, aclara a El Confidencial que existen diferentes grupos de los llamados cabezas rapadas. Los hay de izquierdas e incluso aquellos que repudian la ideología fascistas, como el SHARP. “Estos últimos están más abiertos a los homosexuales, pero los que son gais y miembros neonazis no revelan su sexualidad. Todavía es un tema tabú”, recalca. El culto a la masculinidad Sociólogos, politólogos y psicólogos llevan años analizando un escenario plagado de contradicciones. De hecho, las mismas organizaciones que defienden los derechos de gais, lesbianas y transexuales encuentran dificultades para afrontar la cuestión. “No tenemos expertos en este asunto”, es la respuesta que ofrecen desde la fundación de Manchester, ciudad que acoge varios festivales a lo largo de todo el año dedicados a skins gais. Primero, la homosexualidad era asociada con el afeminamiento por la extrema derecha y Crane era todo lo contrario de afeminado. Segundo, nadie daría más crédito a una revista antifascista que a la palabra de uno de los suyos. Tercero, nadie quería recibir una paliza del tipo más violento de Inglaterra. Organizaciones como British Gay Skin informan sin tapujos en su página web de todas sus actividades. Eso sí, se definen como “apolíticos”. Cuando se les pregunta por la vida de Crane, dan la callada por respuesta. Pero, ¿cómo lo afrontan los grupos de extrema derecha? Sheila Jeffrey, autora, entre otros, de Herejía lesbiana, asegura que es posible que “un nacional-socialista sea homosexual o que un skinhead neonazi sea gay”. “De hecho, el culto a la masculinidad, pilar fundamental de esta política, puede ser muy atractivo para algunos hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres. Con todo, se convierte en insostenible, como lo fue en la Alemania nazi, cuando se hace público y desacredita el movimiento”, recalca. Los skinheads nacieron a finales de 1960 en el Reino Unido. Los jóvenes comenzaron a copiar la moda traída por los inmigrantes caribeños. Vestían como ellos y escuchaban su música, una mezcla del ska y reggae. En sus inicios no era un movimiento racista, pero en la década de 1970, sus integrantes empezaron a afiliarse a grupos de extrema derecha, como el British Movement (BM). Líder neonazi de día, homosexual de noche Crane era el responsable del BM en Kent. Se encargaba de reclutar a la gente y organizar las palizas más violentas a los grupos minoritarios. Salía y entraba en prisión constantemente. Los jueces le consideraban una bestia, “peor que cualquier animal”. Cuando no cumplía condena, por el día se reunía con sus camaradas. Por las noches, se convertía en un fantasma y acudía a Heaven, el pub gay por excelencia de la capital británica. Era un veinteañero que pasaba totalmente desapercibido. A mediados de los 80, en Londres comenzaban a salir a escena los cabezas rapadas homosexuales. Murray Healy, autor de Skins gay: Clase, masculinidad y apropiación del queer (maricón, en inglés), asegura que los homosexuales tenían muchas razones para adoptar esta apariencia. “Algunos habían sido skinheads antes de reconocer su sexualidad. Otros encontraron que, en una época en la que todos los hombres homosexuales se suponían que eran afeminados, triunfaban más. También había mucho fetichismo vinculado a la hiper-masculinidad", apunta. En este contexto, incluso las esvásticas y consignas racistas eran cuestión de moda y no de creencias. “Se negaban a interpretar estos tatuajes políticamente. La gente pensaba que era parte del ritual de la autenticidad, que sólo se estaba jugando un papel”, recalca Healy. De hecho, cuando los llamados Sharps -aquellos que luchaban contra los prejuicios raciales- denunciaban estos símbolos de extrema derecha, muchos skinheads heterosexuales apolíticos lucían apología fascista simplemente por estética. El nacimiento de un icono… El caso de Crane era distinto. Él no sólo llevaba en su cuerpo los símbolos del nazismo, él vivía bajo sus pilares. En 1981, sin embargo, cuando el periodista Garry Bushell ilustró con su fotografía un álbum recopilatorio de las bandas del movimiento Oi!, decidió borrar todos sus tatuajes con un programa de tratamiento de imágenes. Tiempo después admitió que había cometido un error. El disco fue finalmente retirado del mercado, pero la imagen de Crane dio la vuelta al mundo y se convirtió en emblema de grupos neonazis. Camisetas, póster, chaquetas… Había nacido un icono. Pero en medio de la fama, Searchlight publica un artículo que no deja indiferente a nadie. La revista era antifascista, pero, pese a sus inclinaciones políticas, también era de lectura obligatoria para los activistas de la extrema derecha. Cada mes, sacaban a la luz todo tipo de chismes sobre la escena neonazi y sus miembros la compraban para ver si habían merecido alguna mención. El titular de abril de 1985 tuvo su impacto: “El jueves por la noche se pudo ver en la discoteca Heaven a Nicky Crane”. La respuesta de sus camaradas fue ignorar el reportaje, hacer como si nada hubiera pasado. Primero, la homosexualidad era asociada con el afeminamiento por la extrema derecha y Crane era todo lo contrario de afeminado. Segundo, nadie daría más crédito a una revista antifascista que a la palabra de uno de los suyos. Tercero, nadie quería recibir una paliza del tipo más violento de Inglaterra. Searchlight volvió a la carga en 1987: “Crane, el mejor ejemplo para la derecha de un psicópata clínico. Está detrás de un movimiento skin gay, que se reúne los viernes por la noche en un pub del este de Londres”. Su doble vida comenzaba a desquebrajarse. Con los neonazis mantenía su reputación: nadie quería ver lo que ya era evidente. Pero los homosexuales le cerraron las puertas de sus locales. …Y su descenso a los infiernos Tras otra monumental pelea durante las conmemoraciones del Bloody Sunday -unos desfiles anuales que aún hoy generan tensión en Irlanda del Norte- Crane desaparece. Pasa una larga temporada en Tailandia. A su vuelta, cuenta toda la verdad en Out, un programa de Channel 4. Las imágenes se emitieron el 27 de julio de 1992. En 1981, el periodista Garry Bushell ilustró con su fotografía un álbum recopilatorio de las bandas del movimiento Oi!. El disco fue finalmente retirado del mercado, pero la imagen de Crane dio la vuelta al mundo y se convirtió en emblema de grupos neonazisCon 34 años, explica abiertamente que le gustan los hombres y reniega de su pasado neonazi. Sus antiguos camaradas le dan la espalda. No saben cuál de las dos afirmaciones es más fuerte. Un año más tarde, muere de una infección pulmonar a la que su cuerpo, enfermo de sida, no puede hacer frente. La doctora Lisa Waldner señala que Crane fue, sin duda, una figura que desafió el tabú de la homosexualidad entre los skinheads de extrema derecha. “Puede servir de ejemplo a otros, pero el tabú sigue ahí. No se ha roto”, remarca. Los neonazis, según la experta, siguen considerando la homosexualidad “antinatural” y factor responsable de llevar “a la raza blanca al suicidio”. “A través de su look, intentan expresar una masculinidad dominante y ven a los homosexuales como una perversión, ya que creen erróneamente que gais y lesbianas blancas no ayudan a crear niños blancos”, apunta. Con todo, a pesar de que parezca contradictorio, todavía hay centenares de gais en todo el mundo que siguen optando por ser miembros de grupos racistas y otras organizaciones anti-homosexuales, ya que consideran que ser skinhead es “una parte importante de su identidad”. “Algunos esperan que con el tiempo, al igual que ha ocurrido con la Iglesia e incluso el Ejército, que han cambiado su percepción, los grupos a los que pertenecen también lo hagan”, concluye.