Se trata de un resumen de Guillermo O´donnell muy interesante:
I Estado y alianzas en la argentina 1956-1976: Introducción
Se estudiará el intento iniciado en 1966 de implantar y consolidar en la Argentina lo que ha denominado un Estado “burocrático autoritario”. Las modalidades de alianzas entre este Estado con la gran burguesía doméstica y con el capital internacional, sus impactos sociales y, finalmente su colapso a partir de las grandes explosiones sociales de 1969. La diferencia del periodo burocrático autoritario argentino con los restantes en Latinoamérica, permiten entender mejor las razones de por qué han fracasado los intentos de establecer cualquier tipo de dominación política, cualquier tipo de Estado en la Argentina. Se analizaran las tendencias a largo plazo que enmarcan dichos acontecimientos y a la vez permiten ligarlas al proceso histórico en el que han emergido y se han disuelto.
Diferencias del autoritarismo burocrático argentino en relación con los restantes en Latinoamérica:
1- Nivel menor de “amenaza” previo a la implantación del nuevo Estado
2- Controles menos severos aplicados al sector popular y sus aliados políticos
3- Mayor nivel de autonomía del sector popular y de sus sindicatos, frente al Estado y a las clases dominantes
4- Moderada caída de los salarios obreros y perdida bastante más abrupta de ingreso sufrida por buena parte de los sectores medios empleados
5- La rápida alianza que se forjó entre el sector popular y los sindicatos por una parte, y buena parte de la burguesía domestica por la otra, contra el nuevo estado y contra sus políticas eficientistas e internacionalizantes
6- El agudo conflicto al que se vio pronto lanzado el gobierno (y a través de él, la burguesía urbana) contra la burguesía pampeana
7- El decisivo papel que tuvo el peronismo como canal de expresión y movilización de una heterogénea constelación de fuerzas.
Estos elementos son fundamentales para explicar los conflictos comparativamente inusitados (raros) que surgieron al interior del nuevo sistema de dominación y, también, las explosiones sociales y la aguda activación política que desde afuera de ese Estado, provocaron un colapso aun no ocurrido en los otros casos latinoamericanos. Para explicar cada uno de estos puntos hay que remitirse a tramos históricos más largos, lo que hará posible explicar la notable capacidad de resistencia de la sociedad argentina en 1966 a los típicos impactos sociales y económicos del Estado burocrático autoritario.
II Antecedentes históricos
Algunos aspectos relacionados con la incorporación de la Argentina al mercado mundial (que se diferencian del resto de América Latina) nos darán un punto de partida. Estos aspectos repercutieron sobre los recursos de poder y las alianzas políticas posibles en la Argentina:
1- El capitalismo argentino se expandió con la incorporación de sus regiones como exportadoras de productos primarios. Dentro de las regiones que fueron incorporadas al mercado mundial se hallan el sistema de la estancia de la pampa argentina y del Uruguay. El control de la tierra tanto en Argentina como en Uruguay quedo en manos de una temprana burguesía agraria local (no del capital internacional, como el caso del enclave, ni de una oligarquía escasamente capitalista, como el caso de la hacienda). Las ventajas del comercio internacional dieron a la economía pampeana y a la uruguaya una base propia de acumulación del capital, por lo que la acumulación agraria impuso la emergencia de un sector urbano, comercial e incipientemente industrial.
2- La economía exportadora de lanas y cereales (y más tarde de carnes) fue mayor en la Argentina que en el resto de Latinoamérica. Las zonas no directamente incorporadas al mercado mundial no tenían peso económico ni demográfico; esto sumado a la escasa incidencia del campesinado hacen que la Argentina del siglo XIX fuera un caso de homogeneidad intranacional significativamente mayor que el resto de Latinoamérica.
3- No solo la homogeneidad intranacional fue significativamente mayor sino también que “adentro” de la región pampeana directamente incorporada al sistema capitalista mundial, la Argentina fue más diversificada y generó un nivel de ingreso significativamente mayor de su sector popular. Hacia comienzos del siglo XX la existencia de un mercado urbano plenamente capitalista y de ingresos comparativamente altos, indujo un comienzo de industrialización. Al compás de esto emergió una temprana clase obrera que desarrolló patrones organizativos frente al Estado y la incipiente burguesía industrial. Esta economía creció entonces gracias al impulso de su propia sociedad civil y de su engarce con la economía internacional; el impulso dinamizador de esta economía pasaba relativamente poco por el Estado.
Entre 1870 y 1930 el Estado argentino funcionó como una democracia política fraudulenta y en el plano económico proveyó de cruciales pero limitadas condiciones generales de funcionamiento al sistema (el capital internacional también estaba allí, extensamente interiorizado, en su control de la financiación, del transporte y de la comercialización externa de la producción pampeana). Ese estado fue creado por la burguesía pampeana y sus prolongaciones financieras y comerciales en el sector urbano, a través de un proceso que también implicaba la constitución de esa burguesía y del sistema que dominaba, en apéndice directo y altamente internacionalizado del mercado mundial. A la centralidad económica de la burguesía pampeana y sus tentáculos urbanos, se le agregó, a través del Estado con el que se constituyó, su centralidad política en tanto clase internamente dominante mucho menos contrapesada por las de otras regiones. Esta continuada centralidad de la economía pampeana entrañó que esa clase y ese Estado tempranamente nacionales fueran también el ámbito principal de la internacionalización de su sociedad y economía. Fue esta constitutiva internacionalización de una región económicamente muy dinámica y que incluía a “parte” decisiva de una Argentina casi sin campesinado, lo que permitió, que ese Estado tan internacionalizado fuera, hacia las regiones marginadas de ese sistema, temprana y arrasadoramente nacional. La Argentina tenía una burguesía local dotada de una base de acumulación propia que era parte de su propia modalidad de incorporación al mercado mundial. Los Estados regionales pesaban poco, en este sentido hay un alto grado de diferenciación y de autonomía propia (económica y también política) de la sociedad civil que se fue plasmando al compás de todo esto. Estos antecedentes permitieron que la Argentina se recupere antes que otros países latinoamericanos de la crisis del 30, incluso indujo un nuevo impulso de industrialización sustitutiva de importaciones (facilitada por un mercado interno efectivo, comparativamente grande) y de incorporación de gran parte de la fuerza de trabajo “extraíble” de las regiones no pampeanas.
III Dilemas
Deben tomarse en cuenta dos puntos fundamentales:
1- La emergencia en la Argentina de un sector popular, en el que tiene importante peso la clase obrera, dotado de recursos económicos y organizativos significativamente mayores que los del resto de Latinoamérica, esto resulta de la combinación de: los grandes excedentes disponibles y de la mucho menor presión de un campesinado (un ejército de reserva) casi inexistente.
2- El segundo punto tiene que ver con otra particularidad de la economía: sus principales productos de exportación –cereales y carne- son alimentos que constituyen el principal bien-salario del sector popular. Los restantes productos primarios de exportación latinoamericana inciden menos sobre el consumo del sector popular y también inciden menos los cambios en sus precios relativos internos. Otra consecuencia es que esos cambios sobre el consumo popular inciden de manera indirecta, difíciles de captar; mientras que un cambio de los precios relativos de los principales alimentos tiende a ser inmediatamente percibido. La tercera consecuencia genérica es que esos cambios son percibidos por un sector popular que tiene un nivel de ingresos (y de expectativas) y de autonomía organizacional (y por lo tanto, de capacidad de resistencia) significativamente mayores que los del resto de los otros casos latinoamericanos.
La crisis del 30 deprimió los precios de los bienes pampeanos exportables. Durante el gobierno peronista, del 46 al 50, el Estado se apropió de parte sustancial de lo producido de las exportaciones pampeanas, mantuvo deprimidos sus precios internos y con ello aumento el nivel de ingresos del sector popular y amplio la demanda efectiva de otros bienes, sobre todo industriales. Pero esto no tardo en generar problemas de balanza de pagos, debido al desaliento de la producción pampeana y del aumento del consumo interno de exportables; por lo que más tarde, del 52 al 55, se mejoraron los precios agropecuarios para aliviar la situación de la balanza de pagos. Pero esto a su vez genero resistencias por la redistribución negativa del ingreso y la reducción del mercado efectivo de la burguesía urbana.
En 1960 se produjo una ola de inversiones extranjeras directas en industrias y servicios, que implicaron la rápida internacionalización (mediante capitales y actividades) de la estructura productiva urbana. Esto llevo a un fuerte aumento de la demanda de importaciones, mayor que la tasa de crecimiento del producto nacional de las exportaciones y de la producción pampeana. Ante esto, la solución evidente era aumentar las exportaciones, que al aumentar el techo de la balanza de pagos, hubiera permitido proveer a esa estructura productiva urbana de las importaciones necesarias para un desarrollo sostenido. Esa solución implicaba encontrar medios para aumentar la producción (y la productividad) pampeana y/o para reducir el ingreso del sector popular en forma de que, por medio de la reducción del consumo interno de alimentos, quedaran liberados mayores excedentes exportables.
IV Ciclos
1- Se dieron alianzas entre buena parte de las fracciones débiles de la burguesía urbana y el sector popular que se forjaron en defensa del mercado interno contra los efectos recesivos que traía aparejada toda alza en los precios de los productos de exportación pampeanos (cereales y carne = bien-salario, si aumentan el precio, baja el salario).
2- Las movilizaciones del sector popular realimentaron su capacidad de organización y acción política a través de parciales pero reiteradas victorias.
3- La alianza (entre burguesía urbana “domestica” y el sector popular) provocó y actualizó un profundo corte horizontal, interno a la burguesía urbana, entre sus fracciones oligopólicas y las más débiles.
4- Los mismos procesos determinaron la recurrente aparición de otro fundamental clivaje interburgues, al separar los intereses económicos y las metas políticas de corto plazo de la burguesía urbana y la burguesía pampeana.
Estas consecuencias de la superposición de exportables-alimentos-bienes-salario, compuso un mapa de cambiantes alianzas, que se halla en el origen de los ciclos económicos y políticos.
La solución de los estrangulamientos de la balanza de pagos argentina requiere un importante aumento de las exportaciones pampeanas; sin embargo, desde 1960, mientras la demanda de importaciones aumentaba velozmente, aquellas exportaciones lo hacían mucho menos. Esto fue consecuencia, en parte, del aumento del consumo interno de los exportables y sobre todo, de los escasos avances en la producción y la productividad de la región pampeana. Esto se debió a causa del intento de asegurarle a la burguesía pampeana precios satisfactorios; esto incluye dos condiciones: una de ellas es que esos precios permitan una acumulación que haga posible la realización de inversiones que vayan aumentando la densidad de capital de la región pampeana y, con ella, su productividad por unidad de explotación y trabajo. El segundo componente es que esos precios sean estables y que sean percibidos como tales a nivel microeconómico. En este sentido, en el periodo que abarca 1956-1976, la rentabilidad de la burguesía pampeana no ha sido inferior a la de la burguesía urbana. Un fuerte aumento de la producción (y de las exportaciones) pampeanas, no puede producirse sin convertir a sus estancias en un agribussines mucho más intensivo en capital y tecnología. Esto entraña decisiones de inversión referidas a un horizonte de tiempo bastante prolongado. Pero la inestabilidad de los precios relativos pampeanos, han impedido la toma de decisiones. Lo cual a su vez a determinado que la burguesía pampeana haya quedado cada vez más lejos de la posición que tenía hasta 1930.
En el corto plazo, el aumento de los precios relativos internos de la producción pampeana entraña una perdida equivalente para el conjunto del sector urbano. La redistribución del ingreso y el efecto recesivo sobre el nivel de actividad que esto entraña, aumenta los excedentes exportables (por vía de su efecto inmediato sobre el consumo interno de exportables) y podría ser el precio a pagar para un aumento en el mediano plazo de la producción pampeana. Por otro lado, para las fracciones oligopólicas de la burguesía urbana, este precio no sería demasiado oneroso. Quieren que se levante el techo de la balanza de pagos porque necesitan importaciones para aumentar sus producciones.
Las recesiones y redistribuciones de ingresos que suelen acompañar el aumento interno del precio de los alimentos castigan menos a estas fracciones oligopólicas que a las más débiles. Tienen recursos económicos y accesos a créditos internacionales para sobrellevar la recesión y además dirigen una gran parte de sus productos y oferta de servicios a los estratos de consumos altos, cuyo nivel de ingreso no es afectado por el alza de los alimentos.
Esto da base para una alianza de largo plazo entre la gran burguesía urbana y la burguesía pampeana, promoviendo la concentración del capital en el sector urbano y la modernización de la estancia. Sin embargo esta alianza se forjo por lapsos cortos, para disolverse en situaciones que ubicaron a estas dos grandes burguesías argentinas en campos políticamente diferentes. Esto se debe a que esa alianza ha sido enfrentada una y otra vez por otra (constituida básicamente por el sector popular y por las fracciones débiles de la burguesía urbana) que a pesar de su subordinación económica ha podido imponer políticamente condiciones suficientes como para que aquella alianza no pudiera sostenerse más allá del corto plazo. Esta es una de las originalidades de la Argentina.
Los procesos a partir de los cuales se han ido planteando los dilemas y conflictos
Los periodos de los bajos precios de los alimentos y de tasa de cambio estable han sido los de mayor tasa de crecimiento del producto nacional, de distribución más igualitaria del ingreso y de menor tasa de crecimiento de la inflación. Pero también han producido una crisis de la balanza de pagos, desencadenada esta crisis, se la trató con una devaluación que aumento el aumento del precio interno de los exportables. Estas devaluaciones, profundizaron los efectos recesivos y redistributivos de la devaluación mediantes otras medidas (fuerte liquidez, reducción del déficit fiscal, congelamiento de salarios y aumento de la tasa real de interés) tendientes a consolidar la transferencia de ingresos al sector exportador y a ajustar el nivel interno de actividad económica a la exigua situación de balanza de pagos. Los impactos fueron inflacionarios. La transferencia de ingresos hacia el sector exportador no indujo un aumento de la producción pampeana; pero los programas de estabilización aliviaron la crisis de la balanza de pagos. Este éxito se dio como consecuencia de la recesión, que disminuía la demanda de importaciones al mismo tiempo que aumentaba los excedentes (sobre todo de alimentos) exportables. Todo esto generaba resistencias entre los muchos castigados por esas políticas, al tiempo que el relativo desahogo de balanza de pagos resultante generaba presiones para una reactivación económica. Consiguientemente, el aumento de la liquidez, los aumentos salariales, etc terminaban la fase descendente del ciclo e inauguraban la ascendente. Pero esta se precipitaba a una nueva crisis en la balanza de pagos, a partir de la cual, otra devaluación y el consiguiente plan de estabilización inauguraban otra fase descendente.
V Péndulos: La pendulación de la gran burguesía
En cada uno de los ciclos la gran burguesía urbana, como fracción dominante, ha jugado de ganador. Es el sector más interesado en que se alivie la crisis de la balanza de pagos. En el tramo final de la fase ascendente del ciclo, la gran burguesía urbana se convierte en aliada de la burguesía pampeana (y del conjunto del sector exportador) en su reclamo de medidas (exportar más) que originan la fase descendente. Ante la crisis de la balanza de pagos, la gran burguesía pendulaba hacia los intereses objetivos de la burguesía pampeana, propiciando y apoyando los “programas de estabilización” que transferían una gran masa de ingresos hacia la burguesía pampeana y hacia los sectores comerciales y financieros ligados a la exportación de sus productos. Esta situación genero la reacción de los sectores más débiles de la burguesía urbana y del conjunto del sector popular, al tiempo que el alivio en la posición de divisas (la suba del techo de la balanza de pagos) hacia factibles las medidas de reactivación económica reclamadas por estos. La gran burguesía urbana atendió sus intereses económicos de corto plazo, se montó en la cresta de la ola de reactivación económica y “dejó hacer” las políticas de reactivación. Con lo cual, esa fracción se sumaba al conjunto del sector urbano abandonando a la burguesía pampeana a un solitario lamento por el rápido deterioro de sus precios relativos.
Estos desplazamientos, además de las consecuencias económicas, tuvieron una consecuencia política importante: quebraron una y otra vez la cohesión interburguesa necesaria para la estabilización de su dominación política. Se quebró la cohesión entre la fracción oligopólica urbana y la pampeana, dotadas de importantes bases de acumulación propias y potencialmente capaces de modernizar el capitalismo argentino. Esas pendulaciones no solo abrían espacio político para, sino también eran en buena medida consecuencia de, una alianza popular y obrera.
En el caso argentino, la burguesía pampeana adquirió tempranamente la condición de clase propiamente nacional. Esto significó que las luchas interburguesas no tuvieron su ámbito principal entre un Estado nacional y Estados regionales que perdían relativamente su peso frente al primero, sino en el interior mismo de un Estado nacional que se fracturaba continuamente por imposición de esas luchas. La decisiva importancia de la producción pampeana para el conjunto de la economía y de las exportaciones, determino que su desaliento ante la caída de sus precios y los intentos por reestructurarla por mecanismos impositivos repercutieran de inmediato sobre la balanza de pagos. Con lo cual llegaba la crisis, cuyo alivio por medio de las devaluaciones implicaba también expulsar de la alianza gobernante a los sectores que habían impulsado la reactivación del ciclo. Esto implicaba que mientras duraran los programas de estabilización, pesaban fuertemente en el interior del Estado, los intereses a corto plazo de la burguesía pampeana. En consecuencia, los canales de acumulación de capital en la Argentina entraban en recurrentes corto circuitos y el Estado bailaba al compás de estos vaivenes de la sociedad civil.
Esto tiene que ver con el periodo iniciado en 1966, con la política económica seguida hasta 1969, que era una política consonante con la gran burguesía. Esto implico que por primera vez, una gran devaluación no beneficie al sector pampeano-exportador, sino que fue apropiada por el estado y que fue utilizado en un sustancial aumento de las inversiones estatales en infraestructura física. Esa retención permitió deprimir los precios internos de los alimentos y también hizo posible una rápida reducción de la inflación. En contraste con los otros casos de autoritarismo burocrático, produjo una moderada caída de los precios de los salarios. Esta situación no pudo mantenerse, en 1970 los precios pampeanos rebotaron hasta alcanzar un muy alto nivel. Este fue el único intento claro y sostenido de la gran burguesía por reestructurar a la burguesía pampeana, subordinándola a su propia acumulación. Pero el resultado fue que la burguesía pampeana quebrara desde adentro la cohesión del estado burocrático-autoritario y ayudara a un colapso político y económico impulsado desde afuera por otros sujetos sociales. Si esto marco los límites de la supremacía de la gran burguesía sobre la pampeana, la historia de las anteriores devaluaciones, por su parte había señalado (al producirse poco después el péndulo de la gran burguesía hacia el polo urbano) que ya era imposible volver a los “viejos buenos tiempos” de supremacía de la burguesía pampeana.
VI La alianza defensiva
La expansión de la estructura dominante, oligopólica e internacionalizada de estas economías, no se ha hecho sin castigar diversas franjas del capital nacional ni de aumentar su debilidad frente al capital internacional y al Estado. Esto ha producido quejas pero hasta ahora ninguna reacción política. En la Argentina no fue así. La mayor capacidad política de la burguesía local, no se halla tanto en ella misma como en las características del sector popular y en el mayor grado de homogeneidad nacional del caso argentino. El aumento y la estabilización del precio relativo de los alimentos, dio al sector popular un blanco preciso para su acción política, que ha atascado la esclusa que podría haber conectado los circuitos de acumulación de esas dos fracciones. Si bien estas condiciones son necesarias, no son todavía suficientes. La acción del sector popular se engarzo con los intereses objetivos y la acción política de las fracciones débiles de la burguesía urbana.
Estas fracciones suelen ser duramente castigadas por las recesiones subsiguientes de las devaluaciones, supuesto un alivio de la balanza de pagos, su interés inmediato consiste en un nuevo impulso a la reactivación económica que resulta de políticas que vuelven a hacer cumplir un papel expansivo a las actividades del Estado. Ese efecto resulta también directamente de los aumentos de los salarios; no es sorprendente que esta burguesía trabajo-intensiva apoye esos aumentos, más cara le cuesta la recesión (prefiere aumentar salarios que la recesión). La concurrencia con los sindicatos en el reclamo de aumentos de salarios es la prenda que esta burguesía entrega al sector popular para forjar la alianza. Esta burguesía, solo en la Argentina encontró un aliado popular dotado de capacidad propia de acción y de intereses inmediatos altamente compatibles con los de aquella.
Los principales sustentos organizacionales de esta alianza han sido: la CGE, la CGT y la conducción nacional de los principales sindicatos. Su primera y última expresión de esta alianza ha sido el peronismo. Su bandera ha sido la defensa del mercado interno, en el doble sentido de impulsar su nivel de actividad y de acotar la expansión del capital internacional.
Características y consecuencias principales de la alianza entre la pequeña burguesía y sectores populares:
1- La alianza fue esporádica pero recurrente, solo apareció con nitidez y con alto grado de coordinación táctica, en las fases descendentes del ciclo, cuando el ciclo se reactivaba la alianza se diluía, en parte debido a los intereses de esa fracción y de los sindicatos por negociar (individual y corporativamente) ventajas especificas con el Estado y la gran burguesía, en parte debido a que aquella coincidencia inmediata de intereses daba paso a los efectos de clivajes más “normales” entre estas clases.
2- La alianza fue defensiva, surgió contra las ofensivas de las fracciones superiores de la burguesía, postulando una vía nacionalista y socialmente justa de desarrollo que implicaba pasar por alto la condición ya profundamente oligopólica e internacionalizada del capitalismo del que eran sus componentes más débiles. El triunfo de esta alianza se agotaba en sí mismo sin llegar a un sistema alternativo de acumulación; todo lo que lograba era sacar el ciclo de su fase descendente y lanzarlo a su fase ascendente, en condiciones que provocaban su repetición.
3- A pesar de todo fue una alianza exitosa. Tuvo repetidas victorias de anulación de los programas de estabilización, de acotamiento de la expansión interna del capital internacional, de lanzamiento de nuevas fases de reactivación económica y de nuevos desalientos de la burguesía pampeana ante la caída de sus precios. Los picos salariales son resultado de luchas que concretaron aquellas victorias. (Aunque no tardaban en precipitarse en fuertes caídas). Los periodos de alza de salarios fueron también los de mayor tasa de crecimiento del producto nacional y en general, de mayor tasa de rentabilidad del conjunto de la burguesía industrial. La consecuencia de estos procesos puede apreciarse en la inflación, que es más notable por sus fluctuaciones que por su alto nivel tendencial. En un sentido más profundo, la alianza defensiva fue victoriosa porque impidió que se prolongara la fusión entre las dos fracciones superiores de la burguesía. La alianza defensiva, quebró una y otra vez, desde abajo (políticamente) la cohesión de las clases dominantes y (económicamente) la única alianza ofensiva que este capitalismo pudo haber implantado un sistema de acumulación que implicara la salida de sus ciclos.
4- La alianza fue poli clasista, en el sentido específico de que incluía al sector popular (con un importante peso obrero) y a un fundamental componente burgués. Esto determino que su orientación sea nacionalista y capitalista. Su carácter policlasista tuvo consecuencias fundamentales: dio base popular a las demandas de la burguesía débil, ésta con sus reclamos de aumentos salariales y sus públicos acuerdos con los sindicatos, apareció como una fracción “progresista” que, en contraste con las orientaciones “eficientistas” de la gran burguesía y con el arcaísmo de la oligarquía terrateniente, parecía encarnar la posibilidad de un desarrollo socialmente justo. Al sector popular, la alianza le dio acceso a recursos y a medios de difusión y el componente de respetabilidad burguesa hizo más difícil el control que se ha aplicado a otros sectores populares cuando han actuado aisladamente y/o en función de otras metas. Por eso el impacto de esta alianza resulto del efecto multiplicativo de la concurrencia de sujetos sociales que tienen una base propia de recursos y que pudieron coincidir en metas de corto plazo muy concretas y operacionales. En otros países, la burguesía local no tuvo un aliado popular, y en consecuencia el sector popular estaba desprotegido. En estos casos la burguesía ha avanzado arrasadoramente, encontrando protestas y conflictos pero no, como el caso argentino, los límites y pendulaciones que esta particular alianza le impuso.
5- La alianza defensiva quedo encerrada dentro de parámetros capitalistas, como resultado de su carácter intrínsecamente policlasista. Pero la activación política del sector popular atrás de las metas de la alianza defensiva implicaron un aprendizaje.
6- Este aprendizaje fue en función de la fresca memoria de anteriores movilizaciones que lograron revertir la situación salarial y el nivel general de la actividad de la economía. Esta memoria tuvo repetidas ocasiones de actualizarse cada vez que se producía un nuevo giro descendente del ciclo. Cuando el Estado, indicando un desplazamiento de las clases gobernantes, lanzaba políticas de reactivación, esto realimentaba la capacidad y la disposición de activación política del sector popular pero también llevaba a una no menos repetida experiencia de derrota: los periodos de bajas de salarios etc. Pero el momento de reversión ocurría por problemas y a través de mecanismos mucho más difíciles de captar en su funcionamiento e impactos. El beneficio de la crisis de la balanza de pagos, la devaluación y la restricción de la liquidez de la economía que traía para la burguesía pampeana, sumado al ostensible apoyo inicial que la gran burguesía le prestaba a cada reversión del ciclo hacia su fase descendente, desencadenaba la hostilidad de los sectores populares contra estos y contra lo que implicaban de internacionalizado y de big business. La alianza no salía de parámetros nacionalistas. La necesidad de triunfar una y otra vez para volver a ser derrotados se explicaba con la tendencia a una visión mítica de conspiraciones de grandes intereses que tenían una mágica capacidad para derrotar al pueblo y trabar el desarrollo. El velo que encubría las reales articulaciones del problema era que desde 1955 se había impedido que entre ellos realizaran la versión del desarrollo que puesta del lado del pueblo, y ejerciendo un amplio control del Estado, parecía ofrecer la burguesía local. La esperanza de armonización de lo popular y lo nacional contra la oligarquía terrateniente y los monopolios internacionales, se expresó en la vigencia del peronismo y formo la ola que lo devolvió al gobierno en 1973. Para que esto ocurriera fue necesario que la gran burguesía ignorara los límites de su supremacía y pretendiera imponerla unilateralmente, incluso sobre la burguesía pampeana. Las grandes explosiones sociales de 1969-1970 sellaron la derrota de este intento y forzaron el repliegue político de la gran burguesía que dejo en 1973 de ser parte de la alianza dominante.
7- El sector popular y la clase obrera encontraron en los sindicatos, y políticamente en el peronismo, modalidades de constitución organizativa, ideológica y política que correspondían cercanamente a los vaivenes y a los límites de la situación. La alianza defensiva obtuvo muchas veces un triunfo espectacular. Fue la particular combinación de una impresionante movilización popular con un economicismo de demandas, (que incluso recalcó su rechazo a todo camino que pudiera implicar un salto de afuera del capitalismo) la que al entrar en fusión con las fracciones débiles de la burguesía, permitió las reiteradas victorias defensivas. Por otro lado, los momentos de victoria política y reversión del ciclo económico eran aquellos en que los actores ganadores asaltaban el Estado buscando fortalecer allí posiciones institucionales desde las que se pudieran librar futuras luchas. Los sindicatos no fueron la excepción; extraían del Estado importantes ventajas institucionales y estas reforzaban la posibilidad de volver a movilizar al sector popular.
8- Estas fusiones multiplicativas eran las que impulsaban a la gran burguesía a abandonar a la burguesía pampeana a un solitario lamento por la caída de sus precios. Abrían el impulso hacia la reactivación económica y el abismo político de una movilización “nacional y popular” que de alguna forma tenía que ser reabsorbida. Al pendular en un momento hacia la burguesía pampeana y, momentos después al apoyar el lanzamiento de una nueva fase ascendente del ciclo, la gran burguesía no solo optimizo en cada fase sus intereses económicos de corto plazo, también logro ser el único miembro estable de la clase gobernante; claro que en una fase lo era en conjunción con la burguesía pampeana y en la otra se encaramaba sobre la alianza defensiva. Su dominación se desplazará continuamente en ese movimiento pendular. Por eso, los canales de acumulación entraban en repetidos corto circuitos.
En estas condiciones el capitalismo argentino tenía que girar mordiéndose la cola en espirales cada vez más violentas.
VII El Estado
La gran burguesía fue el miembro estable de las alianzas gobernantes, pero cada fase estaba marcada por la temporaria salida de sus anteriores “socios” y por su enganche en un diferente circuito de acumulación. Por eso las políticas estatales no solo fueron cambiantes; además casi nunca fueron realmente implementadas, porque no tardaban en ser revertidas por la dinámica de una sociedad civil que marcaba el ritmo que el Estado bailaba. Este fue un estado recurrentemente arrasado por cambiantes coaliciones de la sociedad civil. Las luchas de la sociedad civil se internalizaban en el sistema institucional del Estado en un grado que expresaba no solo el peso de las fracciones superiores de la burguesía sino también las particulares circunstancias que daban gran capacidad de resistencia y de victoria parcial a la alianza defensiva. Como consecuencia, ese Estado colonizado fue también un Estado extraordinariamente fraccionado, que reproducía al interior de sus instituciones la democratización por defecto de una sociedad civil que encontraba allí palancas para seguir empujando sus espirales. Ese estado no podía tomar distancia respecto de las demandas y de los intereses inmediatos de cada alianza gobernante, fue por eso un Estado débil. Esto determino que se bloqueara una salida para los ciclos: el capitalismo de Estado. Pero no hubo el aparato burocrático necesario para llevarlo a cabo. Otro gran obstáculo fue que en el periodo de fusión de la gran burguesía con la burguesía pampeana, los programas de estabilización entrañaban un periodo de ofensiva antiestatista y bloqueaban cualquier tendencia hacia un capitalismo de Estado. Las tendencias hacia el capitalismo de Estado que entrañaba la alianza defensiva encontraban su límite interno en las ambivalencias y la oposición del aliado estable de la clase gobernante: la gran burguesía. En sus dos planos, el Estado argentino fue un caso de baja autonomía relativa. No solo se movió al compás de las fracciones superiores de la burguesía sino que también expreso los flujos y reflujos de clases subalternas que pivoteaban en su alianza con las fracciones más débiles de las clases dominantes. El límite de esta alianza fue que debía compartir con la gran burguesía el poder y además solo podía ser defensiva. Pero en 1973 la alianza defensiva logro una extraordinaria victoria.
VIII Epilogo provisional
En 1966 se hizo el intento de reconstruir mecanismos de acumulación que subordinaran al conjunto de la sociedad a la gran burguesía. E implantar un sistema de dominación política que se impusiera conquistadoramente sobre la sociedad civil. Pero al fallar esto, la alianza defensiva conquisto el sistema institucional de Estado sin compartirlo con la gran burguesía. Esa alianza solo pudo ignorar brevemente la supremacía económica de la gran burguesía y la burguesía pampeana. La vieja crisis se reprodujo con gravedad inusitada y la burguesía local tuvo que abandonar el barco sin poder evitar que sus organizaciones se hundieran con él. El sindicalismo no pudo más que repetir las prácticas de siempre, agresivo economicismo y búsqueda de nuevas ventajas institucionales desde el corazón mismo del sistema institucional del Estado.
La muerte de Perón, la irracionalidad y la violencia contribuyeron a sacudir una sociedad que aceleraba las espirales de su crisis. Lo mismo hicieron con un Estado que fracasaba en garantizar la reproducción de ese capitalismo. Cuando la alianza defensiva logro por si sola ser la alianza gobernante, tropezó con sus propios límites; las mismas razones que la habían llevado a ese extraordinario triunfo precipitaron una inmensa catástrofe. El triunfo de la alianza defensiva condujo al momento más agudo de la crisis política y económica, al reflujo de la ideología nacionalista, a la implantación de un nuevo Estado y a la disolución o intervención de las principales organizaciones del sector popular y de la burguesía local. Los sustentos políticos, ideológicos y organizacionales de la alianza defensiva han sido puestos entre paréntesis. Actualmente las fracciones superiores de la burguesía tantean una reacomodación a largo plazo sobre las bases, que presuponen una relación más igualitaria entre ellas. Su requisito es la dispersión de la alianza defensiva.
I Estado y alianzas en la argentina 1956-1976: Introducción
Se estudiará el intento iniciado en 1966 de implantar y consolidar en la Argentina lo que ha denominado un Estado “burocrático autoritario”. Las modalidades de alianzas entre este Estado con la gran burguesía doméstica y con el capital internacional, sus impactos sociales y, finalmente su colapso a partir de las grandes explosiones sociales de 1969. La diferencia del periodo burocrático autoritario argentino con los restantes en Latinoamérica, permiten entender mejor las razones de por qué han fracasado los intentos de establecer cualquier tipo de dominación política, cualquier tipo de Estado en la Argentina. Se analizaran las tendencias a largo plazo que enmarcan dichos acontecimientos y a la vez permiten ligarlas al proceso histórico en el que han emergido y se han disuelto.
Diferencias del autoritarismo burocrático argentino en relación con los restantes en Latinoamérica:
1- Nivel menor de “amenaza” previo a la implantación del nuevo Estado
2- Controles menos severos aplicados al sector popular y sus aliados políticos
3- Mayor nivel de autonomía del sector popular y de sus sindicatos, frente al Estado y a las clases dominantes
4- Moderada caída de los salarios obreros y perdida bastante más abrupta de ingreso sufrida por buena parte de los sectores medios empleados
5- La rápida alianza que se forjó entre el sector popular y los sindicatos por una parte, y buena parte de la burguesía domestica por la otra, contra el nuevo estado y contra sus políticas eficientistas e internacionalizantes
6- El agudo conflicto al que se vio pronto lanzado el gobierno (y a través de él, la burguesía urbana) contra la burguesía pampeana
7- El decisivo papel que tuvo el peronismo como canal de expresión y movilización de una heterogénea constelación de fuerzas.
Estos elementos son fundamentales para explicar los conflictos comparativamente inusitados (raros) que surgieron al interior del nuevo sistema de dominación y, también, las explosiones sociales y la aguda activación política que desde afuera de ese Estado, provocaron un colapso aun no ocurrido en los otros casos latinoamericanos. Para explicar cada uno de estos puntos hay que remitirse a tramos históricos más largos, lo que hará posible explicar la notable capacidad de resistencia de la sociedad argentina en 1966 a los típicos impactos sociales y económicos del Estado burocrático autoritario.
II Antecedentes históricos
Algunos aspectos relacionados con la incorporación de la Argentina al mercado mundial (que se diferencian del resto de América Latina) nos darán un punto de partida. Estos aspectos repercutieron sobre los recursos de poder y las alianzas políticas posibles en la Argentina:
1- El capitalismo argentino se expandió con la incorporación de sus regiones como exportadoras de productos primarios. Dentro de las regiones que fueron incorporadas al mercado mundial se hallan el sistema de la estancia de la pampa argentina y del Uruguay. El control de la tierra tanto en Argentina como en Uruguay quedo en manos de una temprana burguesía agraria local (no del capital internacional, como el caso del enclave, ni de una oligarquía escasamente capitalista, como el caso de la hacienda). Las ventajas del comercio internacional dieron a la economía pampeana y a la uruguaya una base propia de acumulación del capital, por lo que la acumulación agraria impuso la emergencia de un sector urbano, comercial e incipientemente industrial.
2- La economía exportadora de lanas y cereales (y más tarde de carnes) fue mayor en la Argentina que en el resto de Latinoamérica. Las zonas no directamente incorporadas al mercado mundial no tenían peso económico ni demográfico; esto sumado a la escasa incidencia del campesinado hacen que la Argentina del siglo XIX fuera un caso de homogeneidad intranacional significativamente mayor que el resto de Latinoamérica.
3- No solo la homogeneidad intranacional fue significativamente mayor sino también que “adentro” de la región pampeana directamente incorporada al sistema capitalista mundial, la Argentina fue más diversificada y generó un nivel de ingreso significativamente mayor de su sector popular. Hacia comienzos del siglo XX la existencia de un mercado urbano plenamente capitalista y de ingresos comparativamente altos, indujo un comienzo de industrialización. Al compás de esto emergió una temprana clase obrera que desarrolló patrones organizativos frente al Estado y la incipiente burguesía industrial. Esta economía creció entonces gracias al impulso de su propia sociedad civil y de su engarce con la economía internacional; el impulso dinamizador de esta economía pasaba relativamente poco por el Estado.
Entre 1870 y 1930 el Estado argentino funcionó como una democracia política fraudulenta y en el plano económico proveyó de cruciales pero limitadas condiciones generales de funcionamiento al sistema (el capital internacional también estaba allí, extensamente interiorizado, en su control de la financiación, del transporte y de la comercialización externa de la producción pampeana). Ese estado fue creado por la burguesía pampeana y sus prolongaciones financieras y comerciales en el sector urbano, a través de un proceso que también implicaba la constitución de esa burguesía y del sistema que dominaba, en apéndice directo y altamente internacionalizado del mercado mundial. A la centralidad económica de la burguesía pampeana y sus tentáculos urbanos, se le agregó, a través del Estado con el que se constituyó, su centralidad política en tanto clase internamente dominante mucho menos contrapesada por las de otras regiones. Esta continuada centralidad de la economía pampeana entrañó que esa clase y ese Estado tempranamente nacionales fueran también el ámbito principal de la internacionalización de su sociedad y economía. Fue esta constitutiva internacionalización de una región económicamente muy dinámica y que incluía a “parte” decisiva de una Argentina casi sin campesinado, lo que permitió, que ese Estado tan internacionalizado fuera, hacia las regiones marginadas de ese sistema, temprana y arrasadoramente nacional. La Argentina tenía una burguesía local dotada de una base de acumulación propia que era parte de su propia modalidad de incorporación al mercado mundial. Los Estados regionales pesaban poco, en este sentido hay un alto grado de diferenciación y de autonomía propia (económica y también política) de la sociedad civil que se fue plasmando al compás de todo esto. Estos antecedentes permitieron que la Argentina se recupere antes que otros países latinoamericanos de la crisis del 30, incluso indujo un nuevo impulso de industrialización sustitutiva de importaciones (facilitada por un mercado interno efectivo, comparativamente grande) y de incorporación de gran parte de la fuerza de trabajo “extraíble” de las regiones no pampeanas.
III Dilemas
Deben tomarse en cuenta dos puntos fundamentales:
1- La emergencia en la Argentina de un sector popular, en el que tiene importante peso la clase obrera, dotado de recursos económicos y organizativos significativamente mayores que los del resto de Latinoamérica, esto resulta de la combinación de: los grandes excedentes disponibles y de la mucho menor presión de un campesinado (un ejército de reserva) casi inexistente.
2- El segundo punto tiene que ver con otra particularidad de la economía: sus principales productos de exportación –cereales y carne- son alimentos que constituyen el principal bien-salario del sector popular. Los restantes productos primarios de exportación latinoamericana inciden menos sobre el consumo del sector popular y también inciden menos los cambios en sus precios relativos internos. Otra consecuencia es que esos cambios sobre el consumo popular inciden de manera indirecta, difíciles de captar; mientras que un cambio de los precios relativos de los principales alimentos tiende a ser inmediatamente percibido. La tercera consecuencia genérica es que esos cambios son percibidos por un sector popular que tiene un nivel de ingresos (y de expectativas) y de autonomía organizacional (y por lo tanto, de capacidad de resistencia) significativamente mayores que los del resto de los otros casos latinoamericanos.
La crisis del 30 deprimió los precios de los bienes pampeanos exportables. Durante el gobierno peronista, del 46 al 50, el Estado se apropió de parte sustancial de lo producido de las exportaciones pampeanas, mantuvo deprimidos sus precios internos y con ello aumento el nivel de ingresos del sector popular y amplio la demanda efectiva de otros bienes, sobre todo industriales. Pero esto no tardo en generar problemas de balanza de pagos, debido al desaliento de la producción pampeana y del aumento del consumo interno de exportables; por lo que más tarde, del 52 al 55, se mejoraron los precios agropecuarios para aliviar la situación de la balanza de pagos. Pero esto a su vez genero resistencias por la redistribución negativa del ingreso y la reducción del mercado efectivo de la burguesía urbana.
En 1960 se produjo una ola de inversiones extranjeras directas en industrias y servicios, que implicaron la rápida internacionalización (mediante capitales y actividades) de la estructura productiva urbana. Esto llevo a un fuerte aumento de la demanda de importaciones, mayor que la tasa de crecimiento del producto nacional de las exportaciones y de la producción pampeana. Ante esto, la solución evidente era aumentar las exportaciones, que al aumentar el techo de la balanza de pagos, hubiera permitido proveer a esa estructura productiva urbana de las importaciones necesarias para un desarrollo sostenido. Esa solución implicaba encontrar medios para aumentar la producción (y la productividad) pampeana y/o para reducir el ingreso del sector popular en forma de que, por medio de la reducción del consumo interno de alimentos, quedaran liberados mayores excedentes exportables.
IV Ciclos
1- Se dieron alianzas entre buena parte de las fracciones débiles de la burguesía urbana y el sector popular que se forjaron en defensa del mercado interno contra los efectos recesivos que traía aparejada toda alza en los precios de los productos de exportación pampeanos (cereales y carne = bien-salario, si aumentan el precio, baja el salario).
2- Las movilizaciones del sector popular realimentaron su capacidad de organización y acción política a través de parciales pero reiteradas victorias.
3- La alianza (entre burguesía urbana “domestica” y el sector popular) provocó y actualizó un profundo corte horizontal, interno a la burguesía urbana, entre sus fracciones oligopólicas y las más débiles.
4- Los mismos procesos determinaron la recurrente aparición de otro fundamental clivaje interburgues, al separar los intereses económicos y las metas políticas de corto plazo de la burguesía urbana y la burguesía pampeana.
Estas consecuencias de la superposición de exportables-alimentos-bienes-salario, compuso un mapa de cambiantes alianzas, que se halla en el origen de los ciclos económicos y políticos.
La solución de los estrangulamientos de la balanza de pagos argentina requiere un importante aumento de las exportaciones pampeanas; sin embargo, desde 1960, mientras la demanda de importaciones aumentaba velozmente, aquellas exportaciones lo hacían mucho menos. Esto fue consecuencia, en parte, del aumento del consumo interno de los exportables y sobre todo, de los escasos avances en la producción y la productividad de la región pampeana. Esto se debió a causa del intento de asegurarle a la burguesía pampeana precios satisfactorios; esto incluye dos condiciones: una de ellas es que esos precios permitan una acumulación que haga posible la realización de inversiones que vayan aumentando la densidad de capital de la región pampeana y, con ella, su productividad por unidad de explotación y trabajo. El segundo componente es que esos precios sean estables y que sean percibidos como tales a nivel microeconómico. En este sentido, en el periodo que abarca 1956-1976, la rentabilidad de la burguesía pampeana no ha sido inferior a la de la burguesía urbana. Un fuerte aumento de la producción (y de las exportaciones) pampeanas, no puede producirse sin convertir a sus estancias en un agribussines mucho más intensivo en capital y tecnología. Esto entraña decisiones de inversión referidas a un horizonte de tiempo bastante prolongado. Pero la inestabilidad de los precios relativos pampeanos, han impedido la toma de decisiones. Lo cual a su vez a determinado que la burguesía pampeana haya quedado cada vez más lejos de la posición que tenía hasta 1930.
En el corto plazo, el aumento de los precios relativos internos de la producción pampeana entraña una perdida equivalente para el conjunto del sector urbano. La redistribución del ingreso y el efecto recesivo sobre el nivel de actividad que esto entraña, aumenta los excedentes exportables (por vía de su efecto inmediato sobre el consumo interno de exportables) y podría ser el precio a pagar para un aumento en el mediano plazo de la producción pampeana. Por otro lado, para las fracciones oligopólicas de la burguesía urbana, este precio no sería demasiado oneroso. Quieren que se levante el techo de la balanza de pagos porque necesitan importaciones para aumentar sus producciones.
Las recesiones y redistribuciones de ingresos que suelen acompañar el aumento interno del precio de los alimentos castigan menos a estas fracciones oligopólicas que a las más débiles. Tienen recursos económicos y accesos a créditos internacionales para sobrellevar la recesión y además dirigen una gran parte de sus productos y oferta de servicios a los estratos de consumos altos, cuyo nivel de ingreso no es afectado por el alza de los alimentos.
Esto da base para una alianza de largo plazo entre la gran burguesía urbana y la burguesía pampeana, promoviendo la concentración del capital en el sector urbano y la modernización de la estancia. Sin embargo esta alianza se forjo por lapsos cortos, para disolverse en situaciones que ubicaron a estas dos grandes burguesías argentinas en campos políticamente diferentes. Esto se debe a que esa alianza ha sido enfrentada una y otra vez por otra (constituida básicamente por el sector popular y por las fracciones débiles de la burguesía urbana) que a pesar de su subordinación económica ha podido imponer políticamente condiciones suficientes como para que aquella alianza no pudiera sostenerse más allá del corto plazo. Esta es una de las originalidades de la Argentina.
Los procesos a partir de los cuales se han ido planteando los dilemas y conflictos
Los periodos de los bajos precios de los alimentos y de tasa de cambio estable han sido los de mayor tasa de crecimiento del producto nacional, de distribución más igualitaria del ingreso y de menor tasa de crecimiento de la inflación. Pero también han producido una crisis de la balanza de pagos, desencadenada esta crisis, se la trató con una devaluación que aumento el aumento del precio interno de los exportables. Estas devaluaciones, profundizaron los efectos recesivos y redistributivos de la devaluación mediantes otras medidas (fuerte liquidez, reducción del déficit fiscal, congelamiento de salarios y aumento de la tasa real de interés) tendientes a consolidar la transferencia de ingresos al sector exportador y a ajustar el nivel interno de actividad económica a la exigua situación de balanza de pagos. Los impactos fueron inflacionarios. La transferencia de ingresos hacia el sector exportador no indujo un aumento de la producción pampeana; pero los programas de estabilización aliviaron la crisis de la balanza de pagos. Este éxito se dio como consecuencia de la recesión, que disminuía la demanda de importaciones al mismo tiempo que aumentaba los excedentes (sobre todo de alimentos) exportables. Todo esto generaba resistencias entre los muchos castigados por esas políticas, al tiempo que el relativo desahogo de balanza de pagos resultante generaba presiones para una reactivación económica. Consiguientemente, el aumento de la liquidez, los aumentos salariales, etc terminaban la fase descendente del ciclo e inauguraban la ascendente. Pero esta se precipitaba a una nueva crisis en la balanza de pagos, a partir de la cual, otra devaluación y el consiguiente plan de estabilización inauguraban otra fase descendente.
V Péndulos: La pendulación de la gran burguesía
En cada uno de los ciclos la gran burguesía urbana, como fracción dominante, ha jugado de ganador. Es el sector más interesado en que se alivie la crisis de la balanza de pagos. En el tramo final de la fase ascendente del ciclo, la gran burguesía urbana se convierte en aliada de la burguesía pampeana (y del conjunto del sector exportador) en su reclamo de medidas (exportar más) que originan la fase descendente. Ante la crisis de la balanza de pagos, la gran burguesía pendulaba hacia los intereses objetivos de la burguesía pampeana, propiciando y apoyando los “programas de estabilización” que transferían una gran masa de ingresos hacia la burguesía pampeana y hacia los sectores comerciales y financieros ligados a la exportación de sus productos. Esta situación genero la reacción de los sectores más débiles de la burguesía urbana y del conjunto del sector popular, al tiempo que el alivio en la posición de divisas (la suba del techo de la balanza de pagos) hacia factibles las medidas de reactivación económica reclamadas por estos. La gran burguesía urbana atendió sus intereses económicos de corto plazo, se montó en la cresta de la ola de reactivación económica y “dejó hacer” las políticas de reactivación. Con lo cual, esa fracción se sumaba al conjunto del sector urbano abandonando a la burguesía pampeana a un solitario lamento por el rápido deterioro de sus precios relativos.
Estos desplazamientos, además de las consecuencias económicas, tuvieron una consecuencia política importante: quebraron una y otra vez la cohesión interburguesa necesaria para la estabilización de su dominación política. Se quebró la cohesión entre la fracción oligopólica urbana y la pampeana, dotadas de importantes bases de acumulación propias y potencialmente capaces de modernizar el capitalismo argentino. Esas pendulaciones no solo abrían espacio político para, sino también eran en buena medida consecuencia de, una alianza popular y obrera.
En el caso argentino, la burguesía pampeana adquirió tempranamente la condición de clase propiamente nacional. Esto significó que las luchas interburguesas no tuvieron su ámbito principal entre un Estado nacional y Estados regionales que perdían relativamente su peso frente al primero, sino en el interior mismo de un Estado nacional que se fracturaba continuamente por imposición de esas luchas. La decisiva importancia de la producción pampeana para el conjunto de la economía y de las exportaciones, determino que su desaliento ante la caída de sus precios y los intentos por reestructurarla por mecanismos impositivos repercutieran de inmediato sobre la balanza de pagos. Con lo cual llegaba la crisis, cuyo alivio por medio de las devaluaciones implicaba también expulsar de la alianza gobernante a los sectores que habían impulsado la reactivación del ciclo. Esto implicaba que mientras duraran los programas de estabilización, pesaban fuertemente en el interior del Estado, los intereses a corto plazo de la burguesía pampeana. En consecuencia, los canales de acumulación de capital en la Argentina entraban en recurrentes corto circuitos y el Estado bailaba al compás de estos vaivenes de la sociedad civil.
Esto tiene que ver con el periodo iniciado en 1966, con la política económica seguida hasta 1969, que era una política consonante con la gran burguesía. Esto implico que por primera vez, una gran devaluación no beneficie al sector pampeano-exportador, sino que fue apropiada por el estado y que fue utilizado en un sustancial aumento de las inversiones estatales en infraestructura física. Esa retención permitió deprimir los precios internos de los alimentos y también hizo posible una rápida reducción de la inflación. En contraste con los otros casos de autoritarismo burocrático, produjo una moderada caída de los precios de los salarios. Esta situación no pudo mantenerse, en 1970 los precios pampeanos rebotaron hasta alcanzar un muy alto nivel. Este fue el único intento claro y sostenido de la gran burguesía por reestructurar a la burguesía pampeana, subordinándola a su propia acumulación. Pero el resultado fue que la burguesía pampeana quebrara desde adentro la cohesión del estado burocrático-autoritario y ayudara a un colapso político y económico impulsado desde afuera por otros sujetos sociales. Si esto marco los límites de la supremacía de la gran burguesía sobre la pampeana, la historia de las anteriores devaluaciones, por su parte había señalado (al producirse poco después el péndulo de la gran burguesía hacia el polo urbano) que ya era imposible volver a los “viejos buenos tiempos” de supremacía de la burguesía pampeana.
VI La alianza defensiva
La expansión de la estructura dominante, oligopólica e internacionalizada de estas economías, no se ha hecho sin castigar diversas franjas del capital nacional ni de aumentar su debilidad frente al capital internacional y al Estado. Esto ha producido quejas pero hasta ahora ninguna reacción política. En la Argentina no fue así. La mayor capacidad política de la burguesía local, no se halla tanto en ella misma como en las características del sector popular y en el mayor grado de homogeneidad nacional del caso argentino. El aumento y la estabilización del precio relativo de los alimentos, dio al sector popular un blanco preciso para su acción política, que ha atascado la esclusa que podría haber conectado los circuitos de acumulación de esas dos fracciones. Si bien estas condiciones son necesarias, no son todavía suficientes. La acción del sector popular se engarzo con los intereses objetivos y la acción política de las fracciones débiles de la burguesía urbana.
Estas fracciones suelen ser duramente castigadas por las recesiones subsiguientes de las devaluaciones, supuesto un alivio de la balanza de pagos, su interés inmediato consiste en un nuevo impulso a la reactivación económica que resulta de políticas que vuelven a hacer cumplir un papel expansivo a las actividades del Estado. Ese efecto resulta también directamente de los aumentos de los salarios; no es sorprendente que esta burguesía trabajo-intensiva apoye esos aumentos, más cara le cuesta la recesión (prefiere aumentar salarios que la recesión). La concurrencia con los sindicatos en el reclamo de aumentos de salarios es la prenda que esta burguesía entrega al sector popular para forjar la alianza. Esta burguesía, solo en la Argentina encontró un aliado popular dotado de capacidad propia de acción y de intereses inmediatos altamente compatibles con los de aquella.
Los principales sustentos organizacionales de esta alianza han sido: la CGE, la CGT y la conducción nacional de los principales sindicatos. Su primera y última expresión de esta alianza ha sido el peronismo. Su bandera ha sido la defensa del mercado interno, en el doble sentido de impulsar su nivel de actividad y de acotar la expansión del capital internacional.
Características y consecuencias principales de la alianza entre la pequeña burguesía y sectores populares:
1- La alianza fue esporádica pero recurrente, solo apareció con nitidez y con alto grado de coordinación táctica, en las fases descendentes del ciclo, cuando el ciclo se reactivaba la alianza se diluía, en parte debido a los intereses de esa fracción y de los sindicatos por negociar (individual y corporativamente) ventajas especificas con el Estado y la gran burguesía, en parte debido a que aquella coincidencia inmediata de intereses daba paso a los efectos de clivajes más “normales” entre estas clases.
2- La alianza fue defensiva, surgió contra las ofensivas de las fracciones superiores de la burguesía, postulando una vía nacionalista y socialmente justa de desarrollo que implicaba pasar por alto la condición ya profundamente oligopólica e internacionalizada del capitalismo del que eran sus componentes más débiles. El triunfo de esta alianza se agotaba en sí mismo sin llegar a un sistema alternativo de acumulación; todo lo que lograba era sacar el ciclo de su fase descendente y lanzarlo a su fase ascendente, en condiciones que provocaban su repetición.
3- A pesar de todo fue una alianza exitosa. Tuvo repetidas victorias de anulación de los programas de estabilización, de acotamiento de la expansión interna del capital internacional, de lanzamiento de nuevas fases de reactivación económica y de nuevos desalientos de la burguesía pampeana ante la caída de sus precios. Los picos salariales son resultado de luchas que concretaron aquellas victorias. (Aunque no tardaban en precipitarse en fuertes caídas). Los periodos de alza de salarios fueron también los de mayor tasa de crecimiento del producto nacional y en general, de mayor tasa de rentabilidad del conjunto de la burguesía industrial. La consecuencia de estos procesos puede apreciarse en la inflación, que es más notable por sus fluctuaciones que por su alto nivel tendencial. En un sentido más profundo, la alianza defensiva fue victoriosa porque impidió que se prolongara la fusión entre las dos fracciones superiores de la burguesía. La alianza defensiva, quebró una y otra vez, desde abajo (políticamente) la cohesión de las clases dominantes y (económicamente) la única alianza ofensiva que este capitalismo pudo haber implantado un sistema de acumulación que implicara la salida de sus ciclos.
4- La alianza fue poli clasista, en el sentido específico de que incluía al sector popular (con un importante peso obrero) y a un fundamental componente burgués. Esto determino que su orientación sea nacionalista y capitalista. Su carácter policlasista tuvo consecuencias fundamentales: dio base popular a las demandas de la burguesía débil, ésta con sus reclamos de aumentos salariales y sus públicos acuerdos con los sindicatos, apareció como una fracción “progresista” que, en contraste con las orientaciones “eficientistas” de la gran burguesía y con el arcaísmo de la oligarquía terrateniente, parecía encarnar la posibilidad de un desarrollo socialmente justo. Al sector popular, la alianza le dio acceso a recursos y a medios de difusión y el componente de respetabilidad burguesa hizo más difícil el control que se ha aplicado a otros sectores populares cuando han actuado aisladamente y/o en función de otras metas. Por eso el impacto de esta alianza resulto del efecto multiplicativo de la concurrencia de sujetos sociales que tienen una base propia de recursos y que pudieron coincidir en metas de corto plazo muy concretas y operacionales. En otros países, la burguesía local no tuvo un aliado popular, y en consecuencia el sector popular estaba desprotegido. En estos casos la burguesía ha avanzado arrasadoramente, encontrando protestas y conflictos pero no, como el caso argentino, los límites y pendulaciones que esta particular alianza le impuso.
5- La alianza defensiva quedo encerrada dentro de parámetros capitalistas, como resultado de su carácter intrínsecamente policlasista. Pero la activación política del sector popular atrás de las metas de la alianza defensiva implicaron un aprendizaje.
6- Este aprendizaje fue en función de la fresca memoria de anteriores movilizaciones que lograron revertir la situación salarial y el nivel general de la actividad de la economía. Esta memoria tuvo repetidas ocasiones de actualizarse cada vez que se producía un nuevo giro descendente del ciclo. Cuando el Estado, indicando un desplazamiento de las clases gobernantes, lanzaba políticas de reactivación, esto realimentaba la capacidad y la disposición de activación política del sector popular pero también llevaba a una no menos repetida experiencia de derrota: los periodos de bajas de salarios etc. Pero el momento de reversión ocurría por problemas y a través de mecanismos mucho más difíciles de captar en su funcionamiento e impactos. El beneficio de la crisis de la balanza de pagos, la devaluación y la restricción de la liquidez de la economía que traía para la burguesía pampeana, sumado al ostensible apoyo inicial que la gran burguesía le prestaba a cada reversión del ciclo hacia su fase descendente, desencadenaba la hostilidad de los sectores populares contra estos y contra lo que implicaban de internacionalizado y de big business. La alianza no salía de parámetros nacionalistas. La necesidad de triunfar una y otra vez para volver a ser derrotados se explicaba con la tendencia a una visión mítica de conspiraciones de grandes intereses que tenían una mágica capacidad para derrotar al pueblo y trabar el desarrollo. El velo que encubría las reales articulaciones del problema era que desde 1955 se había impedido que entre ellos realizaran la versión del desarrollo que puesta del lado del pueblo, y ejerciendo un amplio control del Estado, parecía ofrecer la burguesía local. La esperanza de armonización de lo popular y lo nacional contra la oligarquía terrateniente y los monopolios internacionales, se expresó en la vigencia del peronismo y formo la ola que lo devolvió al gobierno en 1973. Para que esto ocurriera fue necesario que la gran burguesía ignorara los límites de su supremacía y pretendiera imponerla unilateralmente, incluso sobre la burguesía pampeana. Las grandes explosiones sociales de 1969-1970 sellaron la derrota de este intento y forzaron el repliegue político de la gran burguesía que dejo en 1973 de ser parte de la alianza dominante.
7- El sector popular y la clase obrera encontraron en los sindicatos, y políticamente en el peronismo, modalidades de constitución organizativa, ideológica y política que correspondían cercanamente a los vaivenes y a los límites de la situación. La alianza defensiva obtuvo muchas veces un triunfo espectacular. Fue la particular combinación de una impresionante movilización popular con un economicismo de demandas, (que incluso recalcó su rechazo a todo camino que pudiera implicar un salto de afuera del capitalismo) la que al entrar en fusión con las fracciones débiles de la burguesía, permitió las reiteradas victorias defensivas. Por otro lado, los momentos de victoria política y reversión del ciclo económico eran aquellos en que los actores ganadores asaltaban el Estado buscando fortalecer allí posiciones institucionales desde las que se pudieran librar futuras luchas. Los sindicatos no fueron la excepción; extraían del Estado importantes ventajas institucionales y estas reforzaban la posibilidad de volver a movilizar al sector popular.
8- Estas fusiones multiplicativas eran las que impulsaban a la gran burguesía a abandonar a la burguesía pampeana a un solitario lamento por la caída de sus precios. Abrían el impulso hacia la reactivación económica y el abismo político de una movilización “nacional y popular” que de alguna forma tenía que ser reabsorbida. Al pendular en un momento hacia la burguesía pampeana y, momentos después al apoyar el lanzamiento de una nueva fase ascendente del ciclo, la gran burguesía no solo optimizo en cada fase sus intereses económicos de corto plazo, también logro ser el único miembro estable de la clase gobernante; claro que en una fase lo era en conjunción con la burguesía pampeana y en la otra se encaramaba sobre la alianza defensiva. Su dominación se desplazará continuamente en ese movimiento pendular. Por eso, los canales de acumulación entraban en repetidos corto circuitos.
En estas condiciones el capitalismo argentino tenía que girar mordiéndose la cola en espirales cada vez más violentas.
VII El Estado
La gran burguesía fue el miembro estable de las alianzas gobernantes, pero cada fase estaba marcada por la temporaria salida de sus anteriores “socios” y por su enganche en un diferente circuito de acumulación. Por eso las políticas estatales no solo fueron cambiantes; además casi nunca fueron realmente implementadas, porque no tardaban en ser revertidas por la dinámica de una sociedad civil que marcaba el ritmo que el Estado bailaba. Este fue un estado recurrentemente arrasado por cambiantes coaliciones de la sociedad civil. Las luchas de la sociedad civil se internalizaban en el sistema institucional del Estado en un grado que expresaba no solo el peso de las fracciones superiores de la burguesía sino también las particulares circunstancias que daban gran capacidad de resistencia y de victoria parcial a la alianza defensiva. Como consecuencia, ese Estado colonizado fue también un Estado extraordinariamente fraccionado, que reproducía al interior de sus instituciones la democratización por defecto de una sociedad civil que encontraba allí palancas para seguir empujando sus espirales. Ese estado no podía tomar distancia respecto de las demandas y de los intereses inmediatos de cada alianza gobernante, fue por eso un Estado débil. Esto determino que se bloqueara una salida para los ciclos: el capitalismo de Estado. Pero no hubo el aparato burocrático necesario para llevarlo a cabo. Otro gran obstáculo fue que en el periodo de fusión de la gran burguesía con la burguesía pampeana, los programas de estabilización entrañaban un periodo de ofensiva antiestatista y bloqueaban cualquier tendencia hacia un capitalismo de Estado. Las tendencias hacia el capitalismo de Estado que entrañaba la alianza defensiva encontraban su límite interno en las ambivalencias y la oposición del aliado estable de la clase gobernante: la gran burguesía. En sus dos planos, el Estado argentino fue un caso de baja autonomía relativa. No solo se movió al compás de las fracciones superiores de la burguesía sino que también expreso los flujos y reflujos de clases subalternas que pivoteaban en su alianza con las fracciones más débiles de las clases dominantes. El límite de esta alianza fue que debía compartir con la gran burguesía el poder y además solo podía ser defensiva. Pero en 1973 la alianza defensiva logro una extraordinaria victoria.
VIII Epilogo provisional
En 1966 se hizo el intento de reconstruir mecanismos de acumulación que subordinaran al conjunto de la sociedad a la gran burguesía. E implantar un sistema de dominación política que se impusiera conquistadoramente sobre la sociedad civil. Pero al fallar esto, la alianza defensiva conquisto el sistema institucional de Estado sin compartirlo con la gran burguesía. Esa alianza solo pudo ignorar brevemente la supremacía económica de la gran burguesía y la burguesía pampeana. La vieja crisis se reprodujo con gravedad inusitada y la burguesía local tuvo que abandonar el barco sin poder evitar que sus organizaciones se hundieran con él. El sindicalismo no pudo más que repetir las prácticas de siempre, agresivo economicismo y búsqueda de nuevas ventajas institucionales desde el corazón mismo del sistema institucional del Estado.
La muerte de Perón, la irracionalidad y la violencia contribuyeron a sacudir una sociedad que aceleraba las espirales de su crisis. Lo mismo hicieron con un Estado que fracasaba en garantizar la reproducción de ese capitalismo. Cuando la alianza defensiva logro por si sola ser la alianza gobernante, tropezó con sus propios límites; las mismas razones que la habían llevado a ese extraordinario triunfo precipitaron una inmensa catástrofe. El triunfo de la alianza defensiva condujo al momento más agudo de la crisis política y económica, al reflujo de la ideología nacionalista, a la implantación de un nuevo Estado y a la disolución o intervención de las principales organizaciones del sector popular y de la burguesía local. Los sustentos políticos, ideológicos y organizacionales de la alianza defensiva han sido puestos entre paréntesis. Actualmente las fracciones superiores de la burguesía tantean una reacomodación a largo plazo sobre las bases, que presuponen una relación más igualitaria entre ellas. Su requisito es la dispersión de la alianza defensiva.