InicioApuntes Y MonografiasVattimo - Sociedad transparente
El termino posmoderno se enlaza con el hecho de que la sociedad en la que vivimos sea una sociedad de la comunicación generalizada, la sociedad de los mass media.
Hablamos de posmoderno porque consideramos que en algunos de sus aspectos esenciales la modernidad ha concluido. La modernidad es la época en donde ser moderno se convierte en un valor determinante. En la edad de la ilustración se considera a la historia humana como un progresivo proceso de emancipación, como la realización cada vez más perfecta del hombre ideal. Si la historia está dotada de este sentido progresivo es evidente que tendrá más valor lo más ¨avanzado¨ en el camino hacia la conclusión, aquello que esté más cerca del termino del progreso.
La condición para concebir la historia como realización progresiva de la humanidad autentica estriba en que pueda ser vista como un proceso unitario. Solo si existe la historia se puede hablar de progreso.
La modernidad se acaba cuando debido a múltiples razones deja de ser posible hablar de la historia como de algo unitario. Walter Benjamin sostiene que la historia, como curso unitario, es una representación del pasado construida por los grupos y clases sociales dominantes. Se transmite del pasado solo lo que parece ser relevante. Lo que narra la historia son los avatares de la gente que cuenta, de los nobles, de los monarcas, o de la burguesía cuando se convierte en clase de poder. Aquellos aspectos de la vida que se consideran “bajos” no hacen historia.
No hay una historia única, hay imágenes del pasado propuestas desde diversos puntos de vista, y es ilusorio pensar que haya un punto de vista supremo, comprensivo, capaz de unificar todos los restantes.
Si no hay un curso unitario de las vicisitudes humanas no podrá sostenerse tampoco que estas avancen hacia un fin. Este fin que regía el curso de los acontecimientos, en la modernidad era representado a partir del punto de vista de un determinado ideal de hombre. En la modernidad se pensaba que el sentido de la historia estaba en la realización de la civilización, su modelo era la figura del hombre europeo moderno. El progreso se concibe solo asumiendo como criterio un determinado ideal de hombre, que en la modernidad coincide siempre con el hombre moderno europeo. La crisis actual de la concepción unitaria de la historia, la consiguiente crisis del progreso y el fin de la modernidad, no son solo eventos determinados por transformaciones teóricas: los llamados pueblos primitivos colonizados por los europeos se han revelado, volviendo problemática una historia unitaria, centralizada. El ideal europeo de humanidad se vuelve un ideal más entre otros.
Hay otro factor determinante para la disolución de la idea de historia y para el fin de la modernidad: se trata del advenimiento de la sociedad de la comunicación. En el nacimiento de una sociedad posmoderna, los mass media desempeñan un papel determinante, éstos, caracterizan la sociedad no como una sociedad más transparente, mas consiente de sí misma, mas iluminada, sino como una sociedad más compleja, caótica incluso, y justamente en este caos residen nuestras esperanzas de emancipación.
La imposibilidad de pensar la historia como un curso unitario da lugar al final de la modernidad. No surge solo de la crisis del colonialismo y del imperialismo europeo; sino que es también y quizá en mayor medida resultado del nacimiento de los medios de comunicación de masas. Los medios de comunicación han sido determinantes para la disolución de los grandes relatos de los que hablaba Lyotard.
Theodor Adorno preveía que la radio (y más tarde la televisión) tendría el efecto de producir una homologación general de la sociedad a través de slogans y visiones estereotipadas del mundo. Sin embargo, lo que ha sucedido es que los medios de comunicación se han convertido en componentes de una explosión y multiplicación generalizada de visiones del mundo.
Las minorías han tomado la palabra, han salido a la palestra de la opinión pública culturas y sub-culturas de toda clase. A esta toma de la palabra no ha correspondido una autentica emancipación política: el poder económico está un en manos del capital. La misma lógica del “mercado” de la información exige que todo se convierta, de alguna manera, en objeto de comunicación.
Este “tomar la palabra” por parte de un creciente número de subculturas, constituye el efecto más evidente de los mass media, siendo a la vez el hecho que determina el tránsito de nuestra sociedad a la posmodernidad. Esta situación explosiva, esta pluralización que parece irrefrenable, torna imposible concebir el mundo y la historia según puntos de vista unitarios. Debido a estas razones, la sociedad de los mass medias es todo lo contrario de una sociedad más ilustrada. Los mass media, que teóricamente harían posible una información auténticamente a tiempo sobre todo lo que sucede en el mundo, podrían parecer una especie de espíritu absoluto hegeliano, la perfecta autoconciencia de toda la humanidad por simultaneidad de lo que acontece, la historia y la conciencia del hombre.
Adorno basa su pesimismo en el hecho de que éste modelo no se realiza como podría (en el fondo por culpa del mercado) o se realiza de un modo perverso y caricaturesco a través de la manipulación de los deseos. Pero la liberación de las muchas culturas y de las muchas visiones del mundo ha desmentido el ideal de una sociedad más transparente. La intensificación de las posibilidades de información sobre la realidad en sus más diversos aspectos vuelve cada vez menos concebible la idea misma de una realidad. "El mundo verdadero, al final, se convierte en fabula" (Nietzsche).
La realidad no es el dato objetivo que está por debajo o más allá de las imágenes que los mass media nos proporcionan. La realidad es el resultado del entrecruzarse, del contaminarse de las múltiples imágenes, interpretaciones y reconstrucciones que compiten entre sí, o que de cualquier manera, sin coordinación central alguna, distribuyen los media. En la sociedad de los media, en lugar de un ideal emancipador modelado sobre la autoconciencia sin resto, se abre camino un ideal de emancipación a cuya base misma están la oscilación, la pluralidad, y, en definitiva, la erosión del propio principio de realidad.
Por el multiplicarse de las imágenes del mundo perdemos el sentido de la realidad. Aunque quizá no se trate de una gran pérdida. El mundo de los objetos medidos y manipulados por la ciencia técnica se ha convertido en el mundo de las mercancías, de las imágenes, en el mundo fantasmático de los mass media. El posible alcance emancipador y liberador de la pérdida del sentido de la realidad, de la auténtica erosión del principio de realidad en el mundo de los mass media consiste en un extrañamiento, que es a la vez un liberarse por parte de las diferencias, de los elementos locales, de todo lo que podríamos llamar, globalmente, el dialecto. En cuanto cae la idea de una racionalidad central de la historia, el mundo de la comunicación generalizada estalla en una multiplicidad de racionalidades “locales”. La liberación de las diversidades es un acto por el que éstas “toman la palabra”, hacen acto de presencia y por lo tanto “se ponen en forma” a fin de poder ser reconocidas. El sentido emancipador de la liberación de las diferencias está más bien en el efecto añadido de extrañamiento que acompaña al primer efecto de identificación. Si hablo mi dialecto en un mundo de dialectos seré consciente de que la mía no es la única “lengua” sino un dialecto más entre otros.
Vivir en este mundo múltiple significa experimentar la libertad como oscilación continua entre pertenencia y extrañamiento. Pero nos fatiga concebir esa oscilación como libertad: la nostalgia de los horizontes cerrados, intimidantes y sosegantes a la vez sigue aún afincada en nosotros como individuos y como sociedad. El ser no coincide con lo que es estable, fijo y permanente, sino que tiene que ver más bien con el evento, el consenso, el dialogo y la interpretación. Esta experiencia de oscilación es una chance de un nuevo modo de ser (quizá, al fin) mas humano.



Para entender mejor a Vattimo:

La condición necesaria para creer en el progreso de la historia es pensar una historia que involucra a toda la humanidad. (Como por ejemplo, la que pensaba Hegel, o Marx)
No es posible aceptar la idea de una historia unitaria, no podemos pensar que haya progreso en la historia. Si tuviese un curso necesario, no deberíamos hacer más que esperar.
El texto de Vattimo da argumentos para dinamitar la idea de una historia unitaria. Al no poder pensar la historia de manera unitaria cae la idea iluminista de progreso, los ideales de la modernidad han caducado. El pensamiento moderno es totalitario, con verdades universales y razones universales, la razón moderna es universalista. Para los posmodernos el ideal moderno es un ideal totalitario, violento. Toda la metafísica de occidente busca reducir lo múltiple a lo uno.
El pensamiento moderno es un pensamiento con fundamentos seguros, sistemático. Pensamiento fuerte. El pensamiento débil tiene un sujeto débil, sin certezas, sin verdades universales, se pierde la idea de un sujeto fuerte. Heidegger sostiene que el hombre fue arrojado al mundo para la muerte, el hombre es un ser posible pero esa posibilidad depende de la muerte. Vivimos una existencia inauténtica para velar la conciencia de que somos mortales. Nos hundimos en la impersonalidad. El que se muere es el se. Ser en el mundo sin haberlo pedido. La filosofía existencialista más angustiante sostiene que el hombre es finito, arrojado al mundo, destinado a la muerte.
Freud afirma que debajo de la razón está el inconsciente, Heidegger nos muestra la angustia ante la muerte, Nietzsche sostiene que la razón está al servicio de la voluntad de poder… Estas ideas descentran al sujeto. El sujeto débil no es sistemático, no tiene fundamentos seguros, no tiene verdades universales, y justamente por esto la verdadera libertad va a estar dada en un pensamiento débil. La posmodernidad es una clara herida narcisista: “hombre, no estás en una historia que garantice el progreso.”
La posmodernidad es el fin de las utopías. Es una época de distopías.
La sociedad posmoderna está configurada por los medios masivos de comunicación. No hace a la sociedad más transparente, más consiente de sí misma, sino más caótica. En este caos esta la esperanza de emancipación, es éste caos el que libera a la sociedad del pensamiento moderno que concibe una historia universal. La realidad del hombre posmoderno es caótica, fantasmática. La realidad misma es el resultado del entremezclado de mensajes que se entrechocan.
Hoy tenemos que pensar al hombre como un sujeto débil, sin certezas, ya que no está sometido a una verdad universal.
Datos archivados del Taringa! original
2puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
4visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

m
mecreomuerto🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts15
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.