InicioApuntes Y MonografiasLa reestructuración del estado neoliberal
Durante la primera década del siglo XXI, el entusiasmo por la irrupción de gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina llevó a que el análisis sobre estas experiencias de gobierno se centraran en la democratización de los regímenes políticos en los que se asimiló aparato de Estado a poder de Estado, y en los que se atribuyó autonomía a lo político, dejando fuera el análisis estructural de la reproducción y de las clases. Sin embargo, es necesario pensar más allá de lo inmediato y colocarse en los tiempos más largos en los que se dirime la disputa de proyectos.

El posneoliberalismo se presenta como crítica al neoliberalismo, pero tiene por objetivo preservar al capitalismo. Es una estrategia de control político, que comienza a implementarse cuando es evidente una crisis de gobernabilidad por el fracaso del modelo político para impedir la expresión de demandas sociales. Busca incidir en el debate de alternativas al neoliberalismo con el propósito de neutralizarlas y como resulta difícil impedir que la izquierda gane elecciones, tiene ahora por objetivo hacer que ella se haga cargo de la ejecución de esa estrategia. La apelación al Estado y la dimensión “social” son los signos distintivos del “posneoliberalismo” para presentarse como progresista y hasta de izquierda. El posneoliberalismo se plantea lograr a más largo plazo una reestructuración social profunda, como sustrato para gestar consensos sociales en torno a la reestructuración capitalista.
En América Latina, el posneoliberalismo no es más que una estrategia táctica conservadora que los ideólogos más lúcidos del sistema, encumbrados en el Banco Mundial, vienen gestando desde hace más de una década.



Se pueden reconocer tres etapas en la estrategia para reestructurar el capitalismo neoliberal en América Latina: la primera, de ajuste estabilización e inicio, se desarrolló mediante dictaduras militares y tuvo como objetivo demoler el patrón de acumulación anterior y sus relaciones sociales e institucionales; una segunda de profundización de las reformas estructurales y una tercera de consolidación de las reformas y restauración de los niveles de inversión que debían implementarse ya bajo regímenes democráticos representativos a partir de la década de 1990.



Desde comienzos de los 90, la estrategia está planteada como el camino hacia un “nuevo desarrollo” de orientación exportadora para “aprovechar las ventajas de la globalización” mediante la exportación de “lo más abundante”. Pero en realidad, tiene como objetivo convertir a América Latina en un espacio de estabilización del capital trasnacional tras las crisis financieras, haciendo que masas de capital especulativo excedente, en riesgo de desvalorización, se reciclen en la acumulación por desposesión con asiento territorial tanto en la explotación y saqueo de riquezas naturales, como en la explotación de la fuerza de trabajo.



La estrategia plantea, en el corto plazo, la implementación de un asistencialismo focalizado hacia la extrema pobreza para absorber tensiones sociales, que de paso iría liquidando la cultura de derechos, sustituyéndola por una degradada cultura mendicante. En el largo plazo, se plantea lograr una reestructuración social profunda. De una parte, el desempleo y la pobreza son la “oportunidad” para que la flexibilización laboral, el autoempleo y la tercerización laboral precaria mediante pymes fueran aceptados como medios legítimos para acceder a la “equidad”. Por otro lado, se busca eliminar la pugna distributiva mediante la utilización de “organizaciones intermedias” para la gestión de aspectos puntuales de sobrevivencia o de convivencia, echando a andar el proyecto neoconservador elaborado en los años 70, a nombre de “rescatar al individuo solitario del neoliberalismo e ir al encuentro con la comunidad perdida”. Incluso se reconoce a los sindicatos como útiles organizaciones intermedias en tanto asuman a la empresa capitalista como una “comunidad de trabajo” y de “corresponsabilidad”, en la que a los trabajadores explotados y precarizados se les llama “asociados”.



Es tan sofisticada la intervención conservadora en estos ámbitos propios de acciones de izquierda, que hoy vemos que algunas pymes que tercerizan empleo precario (por eso las destacan como generadoras de empleo) se registran como “cooperativas”, como “sociedades de solidaridad social”, y hasta como “sindicatos” y “uniones”, lo que aparentemente estaría reforzando una “economía solidaria”.



Bajo el principio de la asociación público-privada, en torno a los contratos y financiamientos estatales, surge una nueva fracción burguesa que provee de servicios al gran capital, técnicos de todo tipo, de mercadeo, de contratación precaria de personal, que por intereses económicos apoya a los gobiernos. Pero no es una nueva burguesía nacional, ya que comparte los objetivos del capital transnacional del cual es satélite.

A nombre del interés general del desarrollo, lo privado domina de manera directa, abierta y legitimada a lo público, incluso cuando financia lo social. Por eso, las asociaciones público-privadas no son sinónimo de economía mixta.



Se han construido nuevos enemigos, algunos muy difusos, la manipulación de la inseguridad se hace bajo los fundamentos de una nueva doctrina de seguridad nacional garante de los derechos del capital, ahora civil o democrática, que vuelve a dar creciente protagonismo a las fuerzas armadas.





Los logros de la estrategia de estabilización capitalista se miden por la elevación de las ganancias y por el aumento del conservadurismo en la sociedad. Avanzó más donde se ha debilitado a la izquierda como fuerza de horizonte anticapitalista y donde se debilitó la independencia de las organizaciones populares. Su ejecución consolida a la derecha que gobierna, o le permite avanzar electoralmente y reconquistar la administración del estado donde no la tenía.



El posneoliberalismo asume la crítica al neoliberalismo para corregirlo, al tiempo que rechaza al marxismo y presenta como pensamiento progresista las elaboraciones neoconservadoras.

(Resumen de un texto de Beatriz Stolowics- politóloga mexicana)
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