belumira
Usuario (Argentina)
De repente una serie de preocupaciones médicas han surgido alrededor de la presidente. No se trata de inquietudes derivadas de complicaciones físicas. Todas esas turbulencias apuntan al estado emocional de la Sra de Kirchner. El ex gobernador y candidato santafecino, Hermes Binner, que es médico, dijo que necesitamos “una presidente equilibrada” y que si este es el tono con que nos vamos a manejar los dos años que faltan hasta 2015, “es para preocuparse”. Mi colega Nelson Castro, también médico y neurólogo, confirmó que los médicos presidenciales “están preocupados” por la actual situación de la presidente. Desde la pantalla le diagnosticó el “síndrome de Hubris” por el cual las personas enfermas de poder tienen una visión desvirtuada de la realidad y tienden a creer que son el centro del Universo, con toda la razón y ningún defecto o equivocación. Nelson dijo que los médicos no necesitan una consulta para advertir esos rasgos; que con solo ver a las personas que padecen el mal se dan cuenta de que han caído en él. También hay verificaciones prácticas que están al alcance de los que no somos médicos. Estos síntomas no son una novedad. Hace rato que la presidente muestra los estragos que han causado en sus facciones los remolinos de furia que sacuden su interior. Esas tensiones -que superan holgadamente aquellas a las que están normalmente sometidos los que cargan con responsabilidades públicas de primer nivel- afloran en gestos destemplados, en vulgaridades del lenguaje, en ataques feroces, sin red, sin cuidado alguno. En efecto, el equilibrio emocional es esencial para las personas que tienen la responsabilidad de la conducción. Sin esa condición las personas pierden el sentido de las proporciones y se colocan a sí mismas en una posición ajena a la realidad; los términos de sus premisas son falsos, los minuendos y cocientes por los que resuelven las sumas algebraicas de la política están distorsionados y las decisiones que toman pasan muy lejos del blanco ideal. El constante desafío al que los somete la inclaudicable realidad los enoja y enfurece y creen que todo el mundo conspira contra ellos. Al suponer conspiraciones, su ira se agiganta y se sumergen sin esfuerzo en un círculo vicioso de errores y enojos que solo profundiza su mal. El aislamiento y la desconfianza son compañeros inseparables de estos sufrimientos: “todo el mundo está equivocado y estoy rodeado de inservibles”, es la conclusión verborrágica que repiten ante un espejo que les devuelve la única imagen que reconocen como correcta y verdadera. El mundo va, poco a poco, camino a convertirse en una isla donde solo hay un habitante: yo. Es de la mayor urgencia que esta situación sea encarada y resuelta. Un país en manos de alguien que no distingue la realidad de la fantasía es un verdadero peligro. La Argentina no tiene otro presidente que no sea Cristina Fernández. Ella es única en ese sentido. Sus funciones, su poder, su legitimidad y sus responsabilidades no pueden ser reemplazadas ni transferidas. Solo ella ocupa el sitial del poder ejecutivo unipersonal que ha organizado la Constitución. Pero estas perogrulladas enfrentan un enemigo mortal: la negación propia y el miedo ajeno. El afectado negará tajantemente padecer esas perturbaciones y los que lo rodean no se animarán a sugerírselo. Se trata de un segundo círculo vicioso tan peligroso como el primero. ¿Cómo salir de esta encrucijada? Falta mucho tiempo para 2015. El país necesita calmarse, no solo desde su ánimo sino desde sus medidas. La Argentina necesita abandonar la épica y abrazar la normalidad. ¿Cómo dialogar con un exaltado? Es imperioso calmarlo antes. Pero la presidente reúne cada vez más las condiciones que Winston Churchill advirtió en un fanático: no está dispuesto a cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema. Quienes rodean a la presidente no le hacen ningún favor mostrando una condescendencia estúpida. Ese allanamiento solo puede entenderse por los bolsillos que están cuidando. Envolverse en la bandera al grito de “Argentina, Argentina…” y sobar el ego presidencial para que nadie les saque sus millonarios puestos, es una táctica vieja pero que no hace más que contribuir a que las dificultades de este tránsito hacia las elecciones presidenciales sea más árido y peligroso. Da la impresión de que gran parte de lo que pueda ocurrir queda en manos de los médicos que, en honor a su juramento, puedan hacer a un lado el servilismo y hablar con la Sra de Kirchner con la mayor seriedad, severamente. Quizás la presidente pueda reconocer en ellos a personas sin intereses políticos sino a profesionales que quieren hacer lo mejor para ella recupere su centro; el centro de su salud y de sus emociones. En esa palabra equilibrada y en su poder de convencimiento se juega gran parte del futuro de todos nosotros.

Según parece, Nicolás Maduro llegará a Buenos Aires el 15 de marzo para verse con Cristina Fernández y buscar su apoyo. Puede que se trata de una visita agradable para la presidente pero es muy incómoda para el país. El mundo está observando el espectáculo dantesco de Venezuela, un país atravesado por hordas paragubernamentales que con armas y motos provistas por el gobierno aterrorizan las noches de las principales ciudades a los tiros por las calles. Es más dispongo de testimonios personales directos que dan cuenta de redadas protagonizadas por esta gente entrando a edificios a los balazos contra inocentes, para sembrar el amedrentamiento. Seguir leyendo...

Hace un par de días comentábamos aquí mismo el argumento “presentable” que hay detrás de las ideas que resultaron infectadas por el marxismo, esto es, puestos en mejor de los casos de no considerar a esas posturas como estafas lisas y llanas para hacerse del poder y desde allí usufructuar sus privilegios y sus riquezas, llegábamos a la conclusión de que se trataba de propuestas completamente sobrehumanas que proponían un cambio en la naturaleza biológica del hombre para hacer que deje de pensar primero en sí mismo y pasara a pensar primero en los demás. Se trata, decíamos, de embestidas brutales contra el sentido común humano, con la aspiración de que una arremetida feroz contra esos cimientos podrían demolerlos. Hoy nos encontramos frente a otro ejemplo similar o, si se quiere, frente a la aplicación de los mismos principios a una materia del Derecho, la criminal. Seguir leyendo...

Si alguien me pusiera frente a la disyuntiva de elegir una y sola una características del kirchnerismo, elegiría la fuerza. Cómo será de importante ese rasgo que me es suficiente para dejar de lado la soberbia, el atropello, la corrupción, el egocentrismo, la impericia, la ajuridicidad, en fin, todo un abanico de particularidades que también servirían para definir este fenómeno nacido en Santa Cruz y proyectado hace 11 años a la nación. En efecto, el kirchenrismo profesa una fe ciega en la fuerza, en la capacidad de la coerción para obtener resultados; cree fervientemente que una sociedad puede organizarse bajo el imperio permanente de la fuerza, de las sanciones y de la persecución. Seguir leyendo...
El conflicto que mantiene a casi 4 millones de chicos sin clases en la provincia de Buenos Aires no ocurre simplemente por plata. Obviamente el desastre de la inflación provocada por las políticas del gobierno nacional está en la base de esta puja, pero no se agota allí. Los gremios docentes que han estado generalmente en manos de la izquierda peronista han comenzado a perder elecciones en distritos importantes a manos de izquierdas más radicalizadas, de raíz trotskista y leninista, que han permeado las bases de esos gremios en elecciones recientes. Seguir leyendo...

La situación generada en torno al fiscal José María Campagnoli y a las personas que trabajaban con él en el Juzgado, es de una gravedad extrema. Campagnoli, consciente de eso, no titubeó en definirla como propia de un “Estado totalitario”. Esta claro que nadie duda de la legitimidad de origen del gobierno de la Sra de Kirchner pero hace rato que ella misma hace esfuerzos notorios para que su legitimidad de ejercicio sea discutida seriamente. Lo que se ha hecho -o intentado hacer- con la Justicia es conmovedor. Aprovechando la salida del procurador Righi -en una movida que descabezó al juzgado que lo investigaba para proteger al vicepresidente Boudou de su persecución por corrupción, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito- la presidente copó ese lugar con una soldado a las ordenes de un régimen como es Alejandra Gils Carbó. Desde que se instaló en su oficina la nueva procurados ha tirado por la ventana su autonomía y su objetivo principal que es justamente la persecución de casos de corrupción, para ponerse bajo la venia de la presidente, formar una agrupación partidaria en el seno de la Justicia (Justicia Legitima) y desde allí politizar con un sectarismo partidario patético las funciones de su cargo. Ya sabemos lo que la presidente intentó hacer cuando los fallos intermedios la desfavorecían en su guerra con Clarín: los proyectos para agregar cámaras de casasión, copamiento del consejo de la magistratura y eliminación de las medidas cautelares contra el Estado (es decir contra ella) constituían un zafarrancho que tenía como finalidad acabar con la independencia de lo que quedaba en pie en Tribunales. Muchos acertadamente compararon la situación con la de aquel que, porque tiene un problema con su vecino del 4to piso, manda a demoler el edificio. Campagnoli investigaba al poder en dos causas. Una (a partir de la cual se llega a la otra) tiene que ver con Lázaro Báez y los dineros que este recibía de la obra pública patagónica y derivaba a alquileres pagados a empresas que gerenciaban hoteles de los Kirchner. En su trabajo, el fiscal logró desenmarañar una serie interminable de empresas fantasma en las que fluía la llamada “ruta del dinero K”. En la otra causa investigaba al hermano de la ministra de seguridad Cecilia Rodriguez cuyo teléfono fuera grabado en una conversación intervenida con autorización judicial y en la que un barrabrava de River -el mudo Penna- entusiasmaba a Rodriguez para hacerlo participar de una operación de lavado de dinero a través de facturaciones truchas de la empresa Austral Construcciones de Lázaro Báez. Por una movida incomprensible de Gils Carbó, Campagnoli fue suspendido en su cargo y sus apelaciones desechadas. Ahora su ex personal fue mandado a a acomodar expedientes en un archivo. Se trata de una acción deliberada para obstruir el funcionamiento independiente de la Justicia y para que el sistema de pesos y contrapesos previsto en la Constitución funcione correctamente y en el momento en que tiene que funcionar. De nada vale que se sigan formando filas de personas esperando vengarse de los Kirchner cuando Cristina ya no esté en el poder. La gracia del sistema armado en 1853 consiste en que los resortes institucionales de corrección puedan funcionar mientras los funcionarios ocupan sus cargos, no después, como funcionaba el colonial sistema del llamado “juicio de residencia”. El hecho de que la Justicia pueda investigar las conductas del poder ejecutivo mientras este ejerce el cargo es lo que hace eficiente el control. Si quien ejerce la presidencia puede eludir esas verificaciones y posponerlas hasta que esté fuera del poder, podrá actuar con anticipación, pensar una defensa o una eventual huida y con ello eludir las responsabilidades que deberían caberle por su accionar como administrador temporal de los fondos públicos. En ese sentido es ostensible cómo el oficialismo está tratando de preparar un terreno de inmunidad post-poder por la via de nombrar jueces “propios” en juzgados clave. Es más la reemplazante de Campagnoli es una ex funcionaria administrativa del gobierno de la Sra de Kirchner, Cristina Caamaño. Otros jueces actúan sumidos por el terror de ser despedidos y no cumplen con su deber por miedo. Obviamente con semejante escenario no se honra la República ni puede esperarse un funcionamiento correcto del sistema de relojería constitucional. Aun así, el gobierno no debería dar por seguro un futuro a salvo de respuestas en el seno de la Justicia. Son muchos los jueces en el pasado que han dado muestras de una extraordinaria versatilidad en materia de lealtades y que han dejado pagado a sus padrinos. Quizás no sean demasiados los que terminaron detrás de las rejas, pero sí muchísimos los que se cansaron de ver sus figuras desgastadas en interminables desfiles hacia y desde Comodoro PY. A juicio de la propia agrupación paragubernamental “Carta Abierta”, la Patria “está en peligro”. Claro que las concepciones por las que vemos la Patria en peligro difieren sustancialmente. Los autotitulados “intelectuales K” dicen que ello ocurre porque 11 años de gobierno absoluto no han sido suficientes para desactivar las usinas del país oligárquico y que estas aun consiguen sus designios (como la devaluación, por ejemplo) en una admisión tácita de una debilidad alarmante del gobierno que parecía a los chicos crudos. Otra parte de la sociedad ve a la Patria en peligro porque todos los diques democráticos de la Constitución han sido rebasados en un avance inédito sobre la independencia de los poderes, las libertades esenciales de los ciudadanos y los derechos civiles. El gobierno de la Sra de Kirchner no podrá ser atacado jamás por el origen legitimo de su poder pero ha arrojado a los perros la honra cotidiana que supone revalidar aquel inicio con un ejercicio regular del poder, que también debe ser legítimo. Para serlo, debería haber respetado la independencia de la Justicia y la autoridad de los jueces. La destrucción de esos controles serán la calcomanía que siempre distinguirá al kirchnerismo como un régimen bajo sospecha.

La irresponsabilidad económica está en la base del fracaso argentino. Por supuesto que, al mismo tiempo, otras calamidades concurren al mismo efecto: la corrupción, la desaparición de las instituciones, la caída en el nivel de decencia promedio de la sociedad, la acelerada desaparición de la línea que distingue lo que está bien de lo que está mal, han contribuido fuertemente a que el país cayera en una pendiente que ya lleva más de 70 años. Pero el hecho de que la sociedad empezara a creer en proyectos económicamente mágicos que vendían el supuesto acceso a una felicidad generalizada a cambio de muy pocos esfuerzos, es el ingrediente que explica mejor la decadencia argentina. Seguir leyendo...
El ministro de economía dio a conocer el nuevo indice de precios de febrero: 3,4%. La inflación acumulada en dos meses es de 7,2%, lo mismo que muchos países de la región tienen en un año y que algunos otros acumulan en dos. Se trata de una verificación repentina. Durante siete años los burócratas de la administración siguiendo órdenes presidenciales vienen mintiendo los índices reales de incremento de los precios aun a pesar de que decenas de verificaciones privadas indicaban los valores reales de los aumentos , de aquellos que todos los días los consumidores verifican en sus compras. Seguir leyendo...

Las notas publicadas por Román Lejtman contando la operación in extremis intentada por el gobierno a través de la cancillería y del embajador ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero, para bloquear la posibilidad de que Jorge Bergoglio fuera elegido Papa, han despertado repugnancia, asombro y multiplicado las profundas divisiones que la elección ha producido en el seno duro del gobierno y de sus acólitos. Luis D’Elia tuiteando suavidades después de haber dicho que Francisco era para América Latina lo que Juan Pablo II había sido para el bloque soviético (¡Dios lo escuche y le haga caso, por favor…!!!) probablemente sea la imagen más grotesca de un intento de recule al mismo tiempo desfasado e hipócrita. La presidente, que ordenó esas operaciones en base a las publicaciones del ex jefe de inteligencia de Montoneros, Horacio Verbitsky, aparecía hoy derramando lágrimas de emoción durante la ceremonia de unción de Bergoglio como Francisco. Con estos antecedentes no sería extraño que el gobierno, desde aquí la las elecciones de octubre, intentara un esfuerzo de mimetización con la enorme popularidad del nuevo Papa. Exagerando, no sería de extrañar que empezáramos a escuchar de bocas oficiales (típico, por ejemplo, del jefe de la bancada oficialista en Diputados, Agustín Rossi, alguien a quien la cara le da para todo) “siempre compartimos con el Cardenal Bergoglio los mismos ideales”. Y, en efecto, hacer coincidir los hechos de Bergoglio con las palabras del gobierno puede resultar una tarea no tan complicada. Después de todo, Francisco ha hecho una opción por los pobres como el gobierno dice haberlo hecho también. ¿Cómo no encontrar, a partir de esa idea, un puente de unión que permita usufructuar electoralmente la tremenda popularidad del nuevo sucesor de Pedro? El problema es que el Papa es consistente entre sus dichos y sus procederes mientras el gobierno actúa en ese terreno con un profundo cinismo y su “opción por los pobres” se parece más a una herramienta demagogica que a una convicción. El boato que rodea cada movimiento de la presidente y su obscena riqueza, conseguida paradójicamente durante sus años (y los de su esposo) en el poder, choca contra los zapatos de Bergoglio y su tarjeta SUBE que usaba para trasladarse de un lado a otro de la ciudad en el sistema público de transporte. La pregunta es si ese intento -al que seguramente asistiremos a partir de los próximos días- va a ser creído por franjas decisivas de la sociedad. El gobierno ha demostrado ser extremadamente eficiente en el terreno de llevar a un status de credibilidad un relato fantástico. De modo que no sería de extrañar que un cambio de estrategia para con Bergoglio tenga éxito también. Si ello llegara a producirse, una vez más, las preguntas volverían a caer sobre nosotros mismos. ¿De qué material estamos hechos?, ¿tenemos capacidad para racionalizar informaciones como las que publicó Lejtman?, ¿o la posibilidad que la prensa tenga de descubrir semejantes “estofados” es inocua para nosotros? ¿Cuando nos digan poco menos que “siempre estuvimos con Bergoglio” nos servirá para medir con esa vara de mentira y de cinismo las otras aseveraciones del gobierno?, ¿o será otra más de las que le dejaremos pasar? Y si efectivamente se la dejamos pasar, ¿no deberíamos preguntarnos por qué lo hacemos?, ¿qué nos ata al gobierno?, ¿el miedo, la prebenda, los negocios, los planes, los curros…? ¿Que clase de sociedad hemos construido?, ¿qué podredumbre sube a la superficie cuando se la contrasta con el rostro de serenidad del nuevo Papa? ¿Y en qué medida esa podredumbre nos destruye el futuro? Dicen que Bergoglio eligió el nombre de Francisco porque San Francisco recibió el mandato de Jesús de salvar del desmoronamiento a su Iglesia en la Tierra. En efecto la tarea interna del Papa para terminar con los vericuetos corruptos del Vaticano y de la Curia puede ser monumental. Pero muchos están seguros de que él sabe que cuando la emprenda no solo los cimientos de aquella corrupción caerán. Otros, más cercanos a su terruño natal, también van a crujir como nunca… Quizás para empezar a caer para siempre.
La sociedad civil ha mostrado su indignación frente a varias figuras encumbradas de la política argentina como consecuencia del desatre de las inundaciones de la semana pasada. Pero no se ha escuchado ninguna autocrítica que señale la responsabilidad propia. La gente se considera completamente inocente respecto a lo sucedido. Obviamente resulta muy impolítico nuestra parte cargarle parte de responsabilidad a la gente que ha sufrido los efectos de la catástrofe, posiblemente medidos en víctimas de familiares o, cuando menos, en pérdidas materiales enormes. Pero nuestra obligación consiste en avisar que si la sociedad no modifica sus patrones de voto, seguirán llegando al gobierno un perfil de funcionarios que no han logrado mejorar la infraestryctura del país ni siquiera en la década de mayor recaudación de dinero público de la historia y en la de mayor presión impositiva. Es esa conexión maléfica entre los que votan y los que son elegidos lo que luego produce los dramas de los que votan. El distrito electoral de la tragedia platense favorece claramente al kirchnerismo. Sin embargo esa fuerza política no hecho nada por ellos. Los ha engañado. Ha usado sus votos para alcanzar los sillones del Estado y luego los abandonó. Para lograr su cometido les vendió el “paquetito” de las bondades insuperables del Estado; de que el liberalismo es el mal y que el estatismo es el bien; de que bajo la sombrilla protectora del Estado vivirían mejor. Esa gente lo creyó. Lo creyó sin análisis. Lo creyó por broncas, por envidias, por rencores. Ayudó a sentar en los sillones del poder a un conjunto de aprovechadores que se valieron de las estructuras del Estado para convertirse en una casta verdaderamente desigual, que viaja, que tiene buenos autos, buenas casas, que viste bien, que frecuenta los mejores lugares, mientras sus electores mueren ahogados en una inundación. Por supuesto que la primera carga de culpa y responsabilidad está en esos inescrupulosos que no saben usar el poder más que para su propio provecho. Pero también recae tangencialmente en los incautos y en los que por ver derrotado un conjunto de ideas que no tragan, no dudan en crear las condiciones para que ellos mismos se perjudiquen. ¿Hasta cuándo la sociedad tomara decisiones movida por esa ceguera de pensamiento? Lo que provocó el desatre de la semana pasada es una concepción; una filosofía: la idea de que la sociedad debe estar en manos del Estado y no al revés. Esta idea, completamente fantástica, encumbra hombres comunes al terreno de lo sobrehumano, a la creencia de que se está en un Olimpo inimputable y desigual, desde el cual no se deben rendir cuentas y en el que solo reina su voluntad. Es la sociedad la que ha hecho posible eso. Y esa es su parte de responsabilidad en lo que pasó. Si la sociedad argentina tuviera una idea refractaria y desconfiada del Estado y buscara guardar siempre para sí el lugar de la última palabra, habrían llegado a los sillones del poder otras ideas, y esas otras ideas hubieran administrado el dinero público de manera diferente a lo que lo hicieron los funcionarios que se creen dueños y no servidores del Estado. Es muy probable que en ese contexto las obras que habrían evitado la tragedia se hubieran hecho. Pero no habiendo concluido aun las consecuencias de lo que ocurrió en La Plata y en Buenos Aires, se prepara otra andanada para justificar el poder absoluto: la presidente presenta su proyecto para “democratizar la Justicia”. Se trata de una oportunidad enorme para que la soceidad demuestre si quiere seguir siendo embaucada o si, por el contrario, por una vez aunque sea, abrirá los ojos. El proyecto ha sido vendido con el paquete típico de las demagogias: “ésta es una idea para que la Justicia esté en línea con las voluntades populares y para que no defienda intereses corporativos”, se ha dicho. Pero se trata de una trampa más. El gobierno de la Sra de Kirchner dedica las 24 hs del día a elucubrar maneras de que el mandato constitucional y republicano de la división de poderes aparezca como respetado, mientras que elípticamente se lo elude para concetrar el poder en una sola persona. Como no pueden derogar groseramente la idea, entonces establecen una forma para que -apareciendo formalmente los tres poderes divididos- todos esten copados por gente que responde a una sola orden. Se trata de una forma de volver, como diría Tocqueville, al Antiguo Régimen (el del poder absoluto de las monarquías) mientras mantengo la apariencia de la división republicana. Ya lo han hecho con el Congreso. Ahora van por la Justicia. A esa cínica estratagema pertenece el proyecto de “democratizarla” y es muy posible que parte de la sociedad se trague el sapo una vez más. Que quede avisado: después, como con las inundaciones, será tarde; la gracia es darse cuenta antes. Analicemos los 5 pilares del proyecto: 1.- Voto directo de los consejeros: Hasta ahora la Constitución dispone que sean elegidos por la votación interna de cada uno de los sectores representados (abogados, jueces y academicos). El proyecto propone la inconstitucional votación “popular” con el obvio objetivo de llenar de candidatos del oficialismo las boletas electorales y con ello copar el órgano que elige y echa a los jueces. No hay dudas de que la “venta” de la idea gira alrededor del demagogico uso de la expresión “elegidos por el pueblo”. Se trata de un “gancho” para captar incautos que no advierten que el gobierno dispone de una ingente cantidad de recursos públicos (millones de pesos, en palabras simples) para imponer sus candidatos por sobre los de una escuálida oposición que no maneja las millonadas del Estado. (A esta altura creo que está demás aclarar que la separación entre el “Estado” [teoricamente "de todos"] y el “gobierno” es una inocentada que solo creen un par de estúpidos) 2.- Registro de las causas: Se pretende que haya un sistema informático que permita conocer el estado de las causas por Internet. Claramente inconstitucional habida cuenta de lo dispuesto por la Constitución respecto de derechos personalísimos y de la directa prohibición al presidente para que se arrogue el conocimiento de causas pendientes (art 109 CN). 3.- Democratizar el acceso: Una vez más bajo la máscara de la “democracia” se intentará copar la justicia con empleados “camporistas” elegidos en concursos amañados y usando la misma táctica que para la elección de los consejeros. En este caso, los “concursos” serán a los empleados lo que la “elección popular” sea a los consejeros. 4.- Nuevas Cámaras de Casación: El proyecto prevé la creación de tres cámaras para los fueros Civil y Comercial, Contencioso Administrativo y Laboral. Se trata del viejo truco comparable a cambiar la composición númerica de un tribunal (típico la Corte) para llenarlo con jueces adictos. Aqui no se “tocarían” los tribunales que son adversos al kirchneirsmo pero se crearían tribunales de alzada nuevos que se llenarán con jueces propios. Se trata de la aplicación del famoso principio “yo no estoy suprimiendo la Justicia como poder independiente del Ejecutivo. Eso es una infamia. Simplemente la lleno con funcionarios que me obedecen”. 5.- Limitar las cautelares: Se trata de la vieja aspiración de la Sra de Kirchner para que los particulares no puedan protegerse contra el Estado, es decir, contra ella. La presidente, en lugar de preguntarse por qué cada vez con más asiduidad la gente común corre desesperada a golpearle la puerta a los jueces para protegerse contra sus arbitrariedades, prefiere eliminar el sistema de protección. “A mi me molesta, lo suprimo”. ¿Hay prueba más elocuente de la desigualdad flagrante en la que gobierno coloca al Estado frente al indefenso ciudadano? ¡ Imagininense si los particulares pudieran decidir con el mismo imperio sobre la catarata de “molestias” que les genera el Estado!: “como los impuestos me molestan, los suprimo”, sería maravilloso. Pero los particulares no pueden hacerlo; Cristina sí. A ella las cautelares le resultan un incordio porque la gente anda por allí queriendo protegerse, pues las anula y listo. Es genial. El caso de la supresión de esta medida de defensa contra la arbitariedad del poder recuerda aquel chiste racista sobre el negro que es atrapado, enterrado hasta el cuello en la tierra de un Coliseo y al que le sueltan un león, para que le coma la cabeza vivo. El león antes de consumar su obra quiere entretenerse un rato con el negro y le tira algunos zarpasitos. El pobre negro, jugado por jugado, solo atina a tirarle un mordiscón a una de sus patas… En ese momento las tribunas enerdecidas le gritan: “peleá limpio, negro hijo de puta” Esto es igual: arrinconado por el poder irrefrenable del Estado, el pobre ciudadano, tira una medida cautelar como para poder protegerse aunque sea en algo. Y entonces la Sra de Kirchner le grita, “pelea limpio, ciudadano privado hijo de puta… ahora hasta las cautelares te voy a sacar”. Es lo mismo que al negro del chiste, hasta la boca le hubieran tapado. Sería interesante que si la sociedad no quiere ser “inundada” de nuevo -esta vez- por un poder omnímodo contra el que no podrá quejarse ( porque el órgano de queja también estará en manos del poder omnímodo) no se deje engañar por el “cuento democrático” y sea un poquito más inteligente y perspicaz: detrás de las dulzuras de la palabra “pueblo”se esconden las intenciones reales de un poder que no se detiene ante nada y que usa el “escudo popular” para encumbrar la voluntad de una sola persona.