
La irresponsabilidad económica está en la base del fracaso argentino. Por supuesto que, al mismo tiempo, otras calamidades concurren al mismo efecto: la corrupción, la desaparición de las instituciones, la caída en el nivel de decencia promedio de la sociedad, la acelerada desaparición de la línea que distingue lo que está bien de lo que está mal, han contribuido fuertemente a que el país cayera en una pendiente que ya lleva más de 70 años.
Pero el hecho de que la sociedad empezara a creer en proyectos económicamente mágicos que vendían el supuesto acceso a una felicidad generalizada a cambio de muy pocos esfuerzos, es el ingrediente que explica mejor la decadencia argentina.
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