arturo149
Usuario (México)
Hola a todos En mis dias de estudiante de Bachillerato que es la época que mejores recuerdos me dejó, una de las profesoras nos recomendo que escucharamos un programa de radio que se llamaba: "De puntitas", el cual era conducido por Emilio Ebergenyi por Radio Educación en el 1060 de AM de la Ciudad de México. Al escuchar la transmision de este programa la primera vez, identifique la voz inconfundible que habia escuchado en los documentales televisivos "Mexico Siglo XXI" entre otros. Desde aquellos ayeres, escuchaba las transmisiones de esta emisora (Radio Educación), dando preferencia a los programas que conducia Emilio, por que me agradaban sus enfoques y reflexiones. Algun tiempo despues, tuve la suerte de verlo en television por TV Azteca aunque no recuerdo el nombre del Programa, personificandose en la transmision. En los ultimos meses de 2005, dejamos de escuchar su voz en directo, porque mi estimado Emilio paso a mejor vida. Les dejo una pequeña recopilacion de notas referentes a nuestro apreciado Emilio Ebergenyi, como un reconocimiento postumo. Emilio te recordamos donde quiera que te encuentres........ Emilio nos reúne nuevamente y estar juntos, cerca de él, es un espléndido momento para celebrar la vida. Esa vida que supo darnos a todos quienes de muchas maneras estuvimos y estamos cerca de él. Durante mucho tiempo fue nuestra compañía desde muy temprano por la mañana, en varias ocasiones durante el día y hasta ya avanzada la noche. Podía contarnos e informarnos muchas cosas y mientras más libre se sentía, su voz era más clara, juguetona, irónica, a veces incluso desdeñosa. Su voz le permitió llegar a muchas mentes y a muchos corazones, en esa maravillosa libertad de ser él; con sus buenos y malos momentos, con sus enredos, confusiones y certezas. Emilio fue una palabra en busca de su voz, como él mismo dijera. Una voz que supo quitarse los corsets y las presiones sin que le importaran las sanciones administrativas o las imposiciones burocráticas. A muchos no les gustaba su ser desenfadado, irreverente, picante. Estoy segura que fuimos muchos más los que quedamos atrapados en su manera de comunicarse. Antes de ser mi amigo, Emilio fue una de mis mejores compañias a través de la radio, tal y como fue para tantos radioescuchas que sintieron ese roce tan simpático, íntimo, tierno y amoroso que lograba transmitir. Aunque hablara de temas muy distantes, nos conectaba con partes de nosotros con frecuencia olvidadas. Una alegría de vivir, de no tomarnos tan en serio aunque el mundo, o el país, para el caso es lo mismo, se nos viniera encima. Dejar brotar la carcajada para luego darnos una caricia, y continuar ese contacto íntimo. Contestar la llamada, relajar al entrevistado, hacerlo reir y lograr en una charla breve, o no tanto, hacer un nuevo amigo. Y cuánto nuevos amigos de tantos sitios tan dispares logró conjuntar. Emilio era inquieto, muy inquieto, y tenía una necesidad natural de comunicar no sólo lo que le ponían en un guión, ya fuera éste de radio, televisión, cine o teatro. Escribía todo el tiempo, era común que llegara con su cuaderno sin rayas y su letra redonda, a leernos algo, en la cabina, entre corte y corte, o en alguna de aquellas memorables tardes martelianas. Atleta de la vida y nadador en alberca, tuvo además su época de carpintero, traductor, director de escena, carambolero… Emilio es un río inagotable, todavía tendremos mucho por conocer, y aprender de él: están sus libros ya publicados en una colección amorosa y atinadamente editada. Para nosotros, en radio, es un faro que no debemos perder. Su creación libre, compleja y amable es una lección que debemos alimentar: para comunicar, protestar y amar. Es también una brújula loca cuya aguja nos indica sitios extraños para reencontrarnos en esta radio nuestra y seguir insistiendo en ser libres y quitarnos los afánes distractores: la fama o el control, el poder de decidir sobre los otros. Celebro su recuerdo de vida atribulada en la que el disfrute personal y compartido estuvo lleno de vivencias deliciosas: la radio, los libros, la música y como río profundo, la amistad. Por eso con los amigos vamos ahora a dialogar con este Emilio pintor, que ahora muchos descubriremos. Radio Educación nos reunió y nuestros caminos compartidos por casi 30 años tuvieron sus vaivenes, pero no dejamos nunca de estar pendiente uno del otro. Emilio, quiero agradecerte las alegrías y tristezas mutuas, la protección que le diste a mi vida sabiendo siempre que podía contar contigo. Emilio fue un hombre enamorado de la vida, cuántos suspiros compartidos, cuantos buenos deseos: si estás bien, no te preocupes por mi. Fue la confianza y el respeto el terreno que abonamos para conocernos y querernos libremente. Eso es a lo que siempre aspiraremos: a vivir en libertad. Ahora podremos conocer los colores que su paleta le dio, las formas por él elegidas, sus trazos y temas, otro Emilio más para seguir queriéndolo. Murió Emilio Ebergenyi, reconocida voz de la radio y la televisión cultural Me gustaría que se me ubicara como un ''resonador social'', dijo en entrevista reciente Sus restos serán cremados y sus cenizas esparcidas en el mar de Acapulco PABLO ESPINOSA, FERNANDO CAMACHO Y ALEJANDRO GARCIA El maestro Emilio Ebergenyi ante el micrófono, en Radio Educación, hace unos días FOTO Alejandro García Vicente El maestro Emilio Ebergengy trascendió ayer a las 11:30 horas, ''puntual como un programa de radio", según comentó su compañera, la también locutora Hilda Saray. Sus restos mortales serán cremados y lanzados al mar de Acapulco, como fue su voluntad, así como el tener una vida digna hasta el último suspiro, decisión que también se encargaron de llevar a cabo sus hijos Ingrid y Víctor y su compañera, Hilda, quienes decidieron prescindir de todo medio artificial que prolongara ''una vida limitada" la noche del sábado pasado, luego de una operación de emergencia de la cual no se pudo recuperar. Emilio Ebergengy ingresó al hospital ABC el sábado. Fue atendido por su médico de cabecera, el doctor Armando Kraus, y por el neurocirujano Roberto de Leo. Luego del diagnóstico -edema subdural: una acumulación de sangre entre la corteza cerebral y el cráneo-, programaron una intervención quirúrgica de mediano riesgo para el lunes, pero la situación se complicó la noche del sábado, cuando tuvo un derrame cerebral masivo. Consciente antes de entrar al quirófano, Hilda y Emilio bromearon: ''si me van a operar de la cabeza, al menos que no me extirpen el sentido del humor". Así será recordado siempre uno de los protagonistas de la cultura mexicana del día a día. Emilio Ebergengy Matos, quien nació en la ciudad de México el 1º de septiembre de 1950 y durante más de tres décadas fue una de las voces más reconocidas y prestigiadas de la radio y televisión cultural del país, especialmente en Radio Educación, donde ya se prepara un homenaje en su memoria. Por lo pronto, mañana sábado a partir de las 14 horas se realizará una ceremonia informal, pues también fue voluntad de Emilio prescindir de los velorios y los actos religiosos, a manera de despedida en Camino a Santa Teresa 1651, Jardines del Pedregal, cerca del Banco de Comercio Exterior. Difícil, separarse del micrófono En una entrevista realizada hace apenas unas semanas y sin saberlo nadie, Emilio vaticinó: ''A mí me sacan de Radio Educación con los tenis por delante. Es muy difícil separarse del micrófono. Cuando me dieron el premio por los 25 años de plaza federal en Radio Educación, me acordé mucho de Chucho Elizarrarás, quien me marcó mucho. Te puedo decir entonces que a mí me sacan con los tenis por delante." La entrevista fue hecha por encargo de la Revista Tierra Adentro, para un número especial dedicado a la radio mexicana que aparecerá el 15 de diciembre. Le preguntó Alejandro García Vicente: -¿Te consideras líder de opinión? -No, en todo caso me interesaría que la gente me ubicara como un ''resonador social", eso es distinto. A mí no me interesa dictarle línea a la gente para que piense como yo. Más bien me interesa que lo que yo hago como locutor sea algo en que la gente se refleje porque es lo que nos pasa a todos. ''Comunicador" tampoco soy. Yo soy locutor, me gusta leer bien, me gusta leer correctamente, me gusta interpretar correctamente los textos, me gusta la entrevista, pero no en esta fiebre que se ha apoderado de los medios en México en las últimas décadas, en donde todo mundo tira de su ronco pecho cualquier cantidad de estupideces. En medio de la consternación por la muerte repentina de quien es reconocido como la voz cultural de México y como uno de los actores más importantes de entre el amplio panorama de las artes escénicas de nuestro país, el testimonio de sus compañeros, colegas y el amplio público y amigos que lo tenemos en elevada estima, desgranaron la valía y la trascendencia de una vida consagrada al bien común, a la concordia social, a la alegría de la vida, al develamiento de sus misterios y el gozo, siempre el gozo, la ironía amable y la sonrisa plena. Sus palabras: ''nos vemos, manito, un abrazo".
Vista exterior del bello edificio del Casino Español, ubicado sobre la calle del Puente del Espíritu Santo, hoy Isabel la Católica. Un sitio obligado en cualquier recorrido por el Centro Histórico. Crédito: INAH Casasola ca. 1923 El imponente edificio del Casino Español, levantado en el predio que ocupara alrededor del año de 1602 el Hospital del Espíritu Santo y Nuestra Señora de los Remedios, y después el templo y convento con el mismo nombre, el cual tenía como propósito brindar atención médica a enfermos de escasos recursos. Durante la expropiación de bienes de la iglesia fue demolido, el predio fraccionado y vendido a particulares. La hermosa fachada del Casino Español es un claro ejemplo del estilo ecléctico de la época porfiriana. Su interior es de aspecto sombrío y la decoración exuberante. Destacan la escalera y el Salón de los Reyes. El Casino Español se mantiene hasta nuestros días y vale mucho la pena visitarlo. La imagen fue tomada en la década de los ochenta y se conserva prácticamente igual, salvo los letreros en los comercios que aparecen en los bajos del edificio, que cambiaron de nombre pero al parecer conservan el mismo giro. Imagen: INAH Aunque investigando un poco tenemos: Hospital del Espíritu Santo y Nuestra Señora de Los Remedios Fundación de Don Alonso Rodríguez de Vado y su esposa, doña Ana Saldívar de 1602 destinada al cuidado de enfermos de origen español. En 1612 paso a Fray José Hernández, estuvo en manos de los Hermanos de la Caridad de San Hipólito conocidos también como "hipólitos" hasta que las Cortes de Cádiz suprimieron las órdenes hospitalarias en 1820. La iglesia, de un espléndido barroco, se estrenó el 19 de mayo de 1715. Posteriormente en 1833 el hospital alojó a la Escuela de Medicina y a una imprenta. Todo el conjunto desapareció en la segunda mitad del siglo XIX, en el lugar que ocupaba la iglesia en la actualidad se alza el flamante edificio porfiriano del Casino Español de 1901. La imagen que corresponde a una fotografía de 1860 vemos, en primer plano, la torre y cúpula del Hospital del Espíritu Santo que presentan un elaborado barroco, destacando el trabajo de las lucarnas de la cúpula y el de la linternilla y cupulín, entre estos, en un segundo plano, podemos ver el famoso Café de La Concordia hoy desaparecido también. A la izquierda la torres de La Profesa y al fondo Santo Domingo. (Foto: Ciudad de los Palacios, Crónica de un Patrimonio Perdido de Guillermo Tovar de Teresa)
Espléndida imagen captada durante el primer cuarto del siglo XX, de la Ermita o Cámara del Secreto, que se encuentra hasta el día de hoy en Chimalistac, donde convergen la Calle del Secreto, el Callejón Del Huerto y Fresno. Crédito imagen: Col. C. Villasana/R. Torres Lo que los carmelitas de ninguna manera hacían a solas era visitar lo que hoy se conoce como Capilla o Bóveda del Secreto. Se trata de una ermita a modo de bóveda elipsoidal en cuyo centro hay una enorme cruz. En esta obra los frailes aprovechaban su singular acústica para romper sus votos de silencio, pues al hablar, en tono moderado, casi bajo, desde uno de los extremos, se escucha con gran fidelidad en el lugar opuesto. Francisco Fernández del Castillo, en sus Apuntes Para la Historia de San Angel de 1913, cree que más bien se utilizaba para ensayar discursos, como en el púlpito del puente, pues cierta vez que paseaba por allí con su hijo de 10 años, el niño comenzó a raspar los muros y encontraron títulos de oraciones, así como restos de pintura mural, pero esto fue hacia casi 100 años, y la bóveda se cubría con cal de tanto en tanto para “borrar las indecencias que manos incultas habían escrito”. No es sorprendente que hubieran rastros de vandalismo en las obras, pues ya desde el siglo XIX, la Bóveda del Secreto era un paseo tradicional donde los amantes gustaban perderse, según Marcos Arroniz en su Manual del Viajero en México, allí “se ven enlazados el amante con su amada, y también se contemplan parejas de amigos que darían envidia a los mismos Pílades y Orestes”.
Un fragmento de un mapa de 1909 de A. Portilla (así aparece la abreviatura) titulado "México en 1810, 1876 y 1909. Plano de la ciudad, su progreso durante el gobierno del señor General de División Porfirio Díaz, Presidente de los EE. UU. MM", donde marcamos en azul la tribuna del Hipódromo de la Condesa y el antiguo Toreo para mayor referencia. Lo que es actualmente la embajada de Rusia, en su tiempo fue el casco de la Hacienda de Santa Catarina del Arenal o de la Condesa y años después ahí se construyó la casa de los Gómez de Parada. El Hipódromo fue otra construcción enclavada en los terrenos de dicha hacienda. Por otro lado, para ubicar la tribuna del Hipódromo, estaba en el lado poniente del mismo y su portada daba justo a la "Plaza del Hipódromo" (hoy Parque España), lugares que hoy sólo son un recuerdo pero que la calle de Ámsterdam reproduce ya que se trazó justamente sobre el circuito del citado hipódromo. Fachada exterior del Hipodromo Condesa poco antes de concluir su construcción y ser inaugurado por Don Porfirio Díaz. Imagen de Circa 1900. Crédito: La Semana Ilustrada. Una imagen del Toreo de la Condesa, construido en 1907, que estuvo en el predio donde hoy se levanta el Palacio de Hierro de Durango. En 1946 fue desarmado y trasladado a los límites con el Estado de México, donde se le conoció como el Toreo de Cuatro Caminos, demolido recientemente. Al fondo se ven los parques México y España. Plaza de toros de la Condesa hoy Palacio de Hierro de la calle de Durango Un par de corredores de autos compiten en el famoso Hipódromo de la Condesa alrededor de 1909. Esta increíble foto nos permite ver un panorama solitario, dominado por el Toreo de la Condesa al fondo; el trazo del hipódromo es actualmente la avenida Ámsterdam, y en el lugar que ocupó el toreo, trasladado a Cuatro Caminos en los cuarenta, se levanta el Palacio de Hierro de Durango. Imagen del libro "Condesa Hipódromo" Una imagen de los años treinta donde vemos la calle de Michoacán frente al apacible Parque México, en la Condesa; a la izquierda se ve el inconfundible teatro al aire libre Foro Lindbergh, en honor al famoso aviador. Afortunadamente, el encanto de esta colonia se mantiene hasta nuestros días. Crédito: INAH Las colonias Roma e Hipódromo, vistas desde las alturas en 1933. En el centro se aprecia la Avenida de los Insurgentes, y más arriba, los parques México y España y el teatro Lindbergh; hacia la izquierda, todavía no se fraccionaba la colonia Hipódromo de la Condesa. Imagen: ICA/Aerofoto Vista de la Condesa en los ochenta desde la avenida Insurgentes. El cruce con rayas amarillas corresponde a la calle de Michoacán. A la extrema derecha se distingue el Condominio Insurgentes. Más o menos al centro se ve la tienda París Londres, luego Suburbia y hoy departamentos, en Sonora y Ámsterdam A la izquierda se aprecia el parque General San Martín, mejor conocido como Parque México. Imagen: DDF (DDF/Rocío Echávarri) La Avenida de los Insurgentes a su paso por las colonias Roma e Hipódromo en una vista aérea de 1957. Del lado izquierdo se encuentra el legendario Condominio Insurgentes todavía en construcción, un año antes de ser inaugurado; hacia la derecha, sobre la calle de Yucatán, podemos ver el cine Ritz, luego llamado Gabriel Figueroa. En la parte inferior destaca el edificio de Insurgentes y Álvaro Obregón, que se desplomó en 1985. Imagen: ICA/Aerofoto Una gran foto del Condominio Insurgentes con el famoso anuncio de la zapatería Canadá en la década de los setenta. La imagen está llena de detalles: el kiosko de los Bonos del Ahorro Nacional, el letrero de la escuela de inglés Ecco Phone, el de Carta Blanca, los rieles y la catenaria del tranvía en Insurgentes... toda una época. Una vista aérea de la construcción del Multifamiliar Juárez en 1951; la calle de la derecha es Jalapa (destaca el Centro Escolar Benito Juárez) y la del centro, con el paso a desnivel, Orizaba. La perspectiva es de norte a sur, y a la izquierda se puede ver que aún no existía el Centro Médico. Imagen: ICA/Aerofoto Un par de taxis "cocodrilo" y otros automóviles pasan por la avenida Orizaba, en el cruce con la calle de Antonio M. Anza, cerca de 1960. Alrededor se aprecian los edificios B y C del Multifamiliar Juárez, que resultaron seriamente dañados con los sismos de 1985 y desaparecieron poco después. Imagen: Col. Villasana-Torres Una bella fotografía de 1940 donde podemos ver la Avenida de los Insurgentes desde el cruce con Tabasco hacia el norte. En el fondo destaca la cúpula del cine Insurgentes, además del edificio con el anuncio de Corona, en la esquina con Durango, que se derrumbó en 1985. El de la extrema izquierda todavía existe, aunque las casas de la siguiente cuadra no corrieron con la misma suerte. Los autos de la época son un detalle aparte. Una interesante postal de las primeras décadas del siglo XX que casi nos permite caminar por el cruce de Tabasco y Córdoba, en la colonia Roma. Hay que ver el poste del alumbrado público a la mitad de la calle. En la actualidad hay edificios de departamentos en ambas esquinas. Imagen: Colección Villasana-Torres Imagen del maestro Manuel Ramos del desaparecido Colegio "Bachilleratos" en la esquina de las calles de Mérida y Puebla en la Colonia Roma. El también llamado "Castillo Japonés" debido a que en un tiempo albergó unas oficinas de la Embajada de Japón, fue trasladado piedra por piedra a las Lomas de Chapultepec. Crédito INAH (Circa 1930) Colonia Roma El área que actualmente ocupa fue lo que se conoció hasta fines del siglo XIX como los Potreros de la Romita, ubicados al poniente de lo que era la Hacienda de la Romita, localizada en aquel entonces a orillas de la Ciudad de México y teniendo su origen en un barrio de Tenochtitlan llamado Aztacalco. Aquellos potreros fueron fraccionados por la Compañía de Terrenos de la Calzada de Chapultepec, S.A., cuyo accionista principal era Walter Orrin, que aparte de ser conocido por sus ideas para mejorar y renovar la Ciudad de México, era dueño de un circo famoso en el país por esos años, en el cual actuaba el célebre payaso inglés Richard Bell, que pertenecía al prestigioso Jockey Club y formaba parte de lo más destacado en la alta sociedad porfiriana. Desde aquel entonces y hasta ahora, los nombres que llevan las calles de la colonia son los de las ciudades mexicanas que el Circo Orrin visitó durante sus recorridos por el interior del país, decidiendo nombrar las calles con los nombres de los lugares en donde más aplausos recibió. Pensada para convertirse el barrio de la clase alta, la Colonia Roma fue diseñada con bulevares y amplios camellones (la avenida Álvaro Obregón es un ejemplo de un boulevard al estilo de los de París: grandes camellones con doble hilera de árboles y anchas avenidas), esquinas a 45 grados por las cuales pasaban los carruajes (que ya empezaban a caer en desuso) y terrenos amplios, que permitieron trasplantar la idea anglosajona del chalet con mansardas, lucarnas y chimenea rodeado del jardín, a la inversa del modelo de construcción tradicional español. Las casas de la Colonia Roma, aparte de haber sido grandes y ostentosas, tenían diferentes estilos arquitectónicos que iban desde el art decó hasta el extremo clásico (un ejemplo muy claro es la comparación que existe entre las farolas de la avenida Álvaro Obregón, las cuales son estilo art nouveau y las fuentes de dicha avenida, las cuales tienen estatuas con representaciones griegas y romanas). En su tiempo la colonia Roma, junto con otros fraccionamientos como la Colonia Juárez (anteriormente la Colonia Americana y hoy famosa por la Zona Rosa), La Condesa, San Rafael y Santa María la Ribera, fueron habitadas tanto por la nueva burguesía como por la aristocracia de la Ciudad de México, que debido a las condiciones sociales, económicas y políticas que imperaron durante la etapa conocida como porfiriato, buscaban imitar el refinamiento europeo que proporcionó la pax porfiriana, en una ciudad que ya empezaba a desbordar los límites que mantenía casi intactos desde el periodo colonial. En 1927 se inauguraron y entraron en funcionamiento dos rutas de la línea de tranvías de la Ciudad de México llamadas “Roma-Piedad” y “Correo-Roma”, una de las cuales atravesaba la avenida Jalisco (actualmente Álvaro Obregón). También existió una ruta de camiones llamada “Roma-Mérida”. La línea de autobuses "Hipódromo-Rastro" entraba a la colonia por la calle de Orizaba, llegaba a la Plaza Río de Janeiro, doblaba a la izquierda por Durango y salía de la colonia atravesando la Av. Cuauhtémoc. El cruce de la avenida Jalisco, hoy Álvaro Obregón, y la calle de Orizaba, en la colonia Roma de 1929. Del lado izquierdo se encuentra la casa conocida como "Villa Toscana", y a la derecha, el edificio Balmori. Aún no se construía el cine del mismo nombre. Imagen: Col. Villasana-Torres Inmuebles más significativos Fachada de El Parián. Álvaro Obregón 130, entre las calles de Jalapa y Orizaba, México DF. Colonia Roma Norte. Detalle de la fachada de El Parián sobre Av. Álvaro Obregón. Réplica de la Fuente de Cibeles de Madrid, ubicada en la plaza de Cibeles en las calles de Oaxaca, Durango, Colima y El Oro. Descriptivo de la Colonia Roma y sus estilos arquitectónicos se puede nombrar lo siguiente: El "Hotel Brick" , casona de la época Porfiriana la cual ha pasado de ser desde la casa de el presidente del Banco de Londres y del Presidente Alvaro Obregon a una casa de citas y una cerrajería. Actualmente uno de los lugares mas populares y amigables de La Colonia Roma. La ’’Iglesia de la Sagrada Familia’’, construida en 1910, localizada en las calles de Orizaba y Puebla, tiene un estilo neorrománico, neogótico y ecléctico.8 La Casa Lamm, en las calles de Álvaro Obregón y Orizaba, originalmente pensada para servir de casa-habitación y actualmente convertida en centro cultural para estudio y difusión de las Artes. El Edificio Balmori, construido en 1922 y reconstruido en 1991 localizado en Álvaro Obregón y Orizaba (frente a la Casa Lamm), siempre estuvo destinado al comercio y a la vivienda. En sus inicios también contaba con un Cine (actualmente el estacionamiento del edificio) y fue construido siguiendo un patrón afrancesado, clásico ecléctico.9 El Parián, que en sus inicios era un pasaje comercial de alta categoría, después del terremoto de 1985 se convierte en un mercado y, posteriormente, se reconstruye y se convierte en un pasaje comercial y cultural con tiendas y restoranes de prestigio y/o renombre. El Edificio Río de Janeiro, ubicado en la Plaza Río de Janeiro y mejor conocido como La casa de las brujas por su forma arquitectónica con techos de dos aguas en la parte superior y ventanas a formas de ojos. Éste edificio fue uno de los primeros edificios de departamentos de un piso (el edificio Balmori tiene departamentos de dos pisos) de la Ciudad de México. La Casa Estado-Quintana Roo, ubicada en Álvaro Obregón y Tonalá. La Casa del Libro de la UNAM, ubicada en Puebla y Orizaba (frente a la Iglesia de la Sagrada Familia), que fuese sede del Centro Asturiano hasta que este, en 1986, se trasladó a la Colonia Polanco. Fue construida a principios de siglo por Joaquín Baranda y la familia Mc Gregor, quienes la habitaron a partir de 1920. Fue ocupada en un tiempo por la Embajada de Brasil. En la década de los años treinta fue adquirida por el Centro Asturiano de México, el que la entregó a la Universidad Nacional Autónoma de México mediante contrato de comodato, celebrado en 1986, para uso gratuito durante 10 años y cinco más de prórroga. La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, una réplica de la fachada de Notre Dame, ubicada en Av. Cuauhtémoc. Esta pequeña Iglesia pertenecía a la Hacienda de la Romita y ya existía antes de que se delimitara la colonia. La Fuente de Cibeles, una réplica exacta de la Fuente de Cibeles de Madrid, obsequiada por la comunidad española como símbolo de hermandad entre ambas naciones en 1980. La secundaria diurna no.18 "soledad anaya solorzano" La Escuela Primaria "Benito Juárez". Donde cursaron sus estudios primarios, Echeverria, Lopez Portillo, El negro Durazo, Salinas de Gortari, Etc. El Instituto Renacimiento, que alberga la casa de las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, ubicada en las esquinas de Orizaba, Guanajuato y Chihuahua con una construcción de principios del siglo XX. La ampliación de la calle de Jalapa, en la colonia Roma, a la altura de la escuela Benito Juárez, obra de Carlos Obregón Santacilia construida en 1923. La imagen es de los años veinte. (INAH) Así lucía Avenida Insurgentes y parte de la esquina de la calle de Oaxaca a finales de la década de los treinta. Uno de los edificios tipo castillo a la derecha y las casas detrás de él aún existen, lo demás está muy modificado, hoy aquí se levanta la Glorieta de los Insurgentes. INAH En medio de la ancestral Plaza de Romita se encuentra la iglesia de Santa María de la Natividad, construida en 1530 en el entonces pueblo de Aztacalco ("lugar de las garzas". Increíblemente sobrevivió al trazo de la colonia Roma, a los ejes viales, al Metro y a los sismos. En esta plaza se filmaron varias escenas de "Los Olvidados", de Luis Buñuel, en 1950; a la derecha de la foto se ve el desaparecido edificio de la Secofi. "Si vas a Romita, niño..." Imagen: INAH, sin fecha Estaremos actualizando esta Post, ya que hay mucho por decir de esta colonia......

En 1852 se retiró de la Plaza de la Constitución la estatua ecuestre de Carlos IV y se planeó levantar en el mismo lugar un monumento a la Independencia, del que sólo se construyó el zócalo o base, que se ve en esta litografía publicada en 1855. De esa época es el otro nombre de la Plaza de la Constitución: Zócalo. Casimiro Castro, Jardín de la Plaza de Armas, 1855. Digitalización: Raíces. Tomada De Castro, 1855 La Plaza de la Constitución ha sido testigo de la historia de México. Probablemente usada como mercado en la época prehispánica, continuó así durante los periodos colonial e independiente. En ese espacio tuvieron lugar las fastuosas fiestas del Centenario de la Independencia, el inicio de la Revolución, la trágica asonada de Victoriano Huerta y las celebraciones del México posrevolucionario. Hoy, entre muy disímbolos propósitos, sirve también como atractivo turístico. Ahora estamos más que habituados a ver al Zócalo como un espacio monumental, y lo es en esencia por sus dimensiones y porque, salvo por el asta bandera, carece de cualquier otro elemento que no sea la gran plancha de concreto que le sirve de piso. Que no siempre fue así se ve en las imágenes que acompañan a los artículos que conforman esta edición de Arqueología Mexicana. Por medio de ellos se hace un recorrido por la antigua Plaza Mayor, desde la época prehispánica hasta la Independencia. Con este visual buscamos mostrar al lector la evolución de nuestra principal plaza, a partir de la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días. Como todo espacio social, y el Zócalo vaya que lo es, los cambios en su fisonomía estuvieron aparejados con las también cambiantes necesidades que debía cubrir: el arbolado jardín que durante más de un siglo ocupó la plaza, fue retirado definitivamente a mediados del siglo XX para ser sustituido por el piso de concreto que ahora conocemos, el que un famoso regente de la ciudad consideró más adecuado para la celebración de los ritos políticos a que era tan afecto el régimen postrevolucionario. Pensemos tan sólo en las ceremonias del 5 de mayo, la del 20 de noviembre o la tan simbólicamente asociada al Zócalo del grito de Independencia y el desfile militar del siguiente día. No tuvo que pasar mucho, tan sólo unos 15 años, para que del espacio se apropiara la sociedad y albergara las grandes concentraciones del 68. En las décadas siguientes, el Zócalo se convertiría paulatinamente en termómetro de las transformaciones sociales y arena para calar fuerzas entre grupos políticos. En los últimos tiempos, además, ha recuperado algo del espíritu lúdico que tuvo en otras épocas y se le han plantado pistas de hielo, ha recibido ferias del libro y ha sido escenario para grandes conciertos, eventos a los que asisten multitudes que aún sin saberlo recuperan para el goce colectivo el más emblemático de los espacios públicos de México. La escultura ecuestre de Carlos IV se colocó en la Plaza Mayor en un pedestal de mármol en 1803. Actualmente, está en la Plaza Manuel Tolsá de la ciudad de México. La estatua de Carlos IV, conocida popularmente como “el caballito”, permaneció en la Plaza de la Constitución entre 1803 y 1823. A partir de entonces tuvo varios traslados para finalmente ser colocada en la plaza que ahora lleva el nombre de su autor, Manuel Tolsá, justo frente al Palacio de Minería. LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ Quizás pocos saben que el Zócalo, como se conoce popularmente a la gran Plaza de la Constitución, se llama así por la Constitución de Cádiz. La razón histórica se remonta al año de 1808 en que Napoleón invadió la España gobernada por Carlos IV, quien incapaz de detener la invasión se vio obligado a abdicar en favor de su hijo Fernando VII. Éste, igualmente inútil en la defensa de su país, a su vez abdicó en favor de José, hermano de Napoleón. Esto indignó al pueblo español, que se levantó en armas decidido a oponer resistencia y tomó el gobierno en sus manos. Como resultado, se crearon nuevas instituciones, entre las que se encontraban las juntas gubernativas. En la América española se presentó una situación semejante y hubo diversas alternativas por los distintos intereses que prevalecían en la región. En la Nueva España la crisis dio cauce al descontento que había surgido por las reformas borbónicas, que habían marginado del gobierno a los nacidos en los territorios americanos. Éstos propusieron establecer una Junta de Gobierno novohispana y que fuera vocero el Ayuntamiento. Esta situación alarmó a las autoridades virreinales, particularmente a la Audiencia, que veía amenazadas sus posiciones de poder. Por su parte, en España se organizaban unas Cortes Generales y Extraordinarias y se invitaba a representantes de la Nueva España para que participaran en la reorganización política del reino. Reunidas en Cádiz, las Cortes españolas emitieron en 1812 una nueva Constitución, que recogía parte de las inquietudes de los novohispanos; fue jurada en México en septiembre de ese mismo año. La flamante carta magna establecía la monarquía constitucional con división de poderes, la abolición del tributo, la libertad de imprenta, las diputaciones provinciales y ayuntamientos en todas las poblaciones de mil o más habitantes. Se les concedió la ciudadanía a los indios, no así a los negros o castas que tuvieran sangre negra. En conmemoración de esta Constitución, se bautizó la plaza principal de México, que hasta esa fecha se llamaba simplemente Plaza Mayor. La Plaza Mayor de la ciudad española se construyó en la explanada que estaba entre los palacios de los reyes mexicas. La plaza se volvió un centro, el cuadrángulo al que llegaban las principales calles y calzadas de la nueva urbe. Este arreglo urbano fue modelo para la construcción del resto de las ciudades del país. Anónimo, Plaza Mayor de México, ca. 1562-1566. Digitalización: Raíces. Tomado De Lombardo, 1997 La Plaza Mayor fue, desde sus orígenes, el escenario privilegiado del acontecer de la ciudad. Dos actividades fueron fundamentales en ella: el comercio y la fiesta. Asimismo, la Plaza Mayor fue un espacio en el que se daban cita todos los estratos sociales bajo los dictados de las autoridades políticas y religiosas. Desde el Renacimiento y durante el Barroco, tanto las descripciones como las representaciones de ciudades podían tomar dos formas: una era como urbs, donde se mostraban sólo los edificios más importantes y las calles y las plazas de la ciudad aparecían sin gente; la otra pintaba el espacio urbano como civitas, es decir teniendo como principal centro de interés lo humano de la ciudad, las actividades y fisonomía de sus habitantes. Aquí seguiremos este mismo criterio. LOS EDIFICIOS DE LA PLAZA Y LAS INSTITUCIONES QUE REPRESENTAN Después de la violenta conquista de la ciudad, y sobre los templos y palacios semidestruidos, comenzó a construirse el nuevo centro político. El espacio sagrado indígena fue cubriéndose poco a poco mientras que la plaza mayor de la ciudad española se armaba en la explanada que se extendía entre los antiguos palacios de los reyes mexicas. Desde entonces esta plaza se volvió un centro, el cuadrángulo al que llegaban las principales calles y calzadas de la urbe y el paradigma sobre el que se construyeron las otras ciudades del país. Las sedes de las máximas autoridades de la colonia se establecieron frente a la Plaza Mayor, en los antiguos palacios de Axayácatl y Motecuhzoma, ambos propiedad de Hernán Cortés. El primero, conocido en la época como “las casas viejas”, se encontraba al poniente de la plaza, y parte de él fue vendido por el conquistador en 1530 a la Audiencia encargada de administrar justicia; desde esa fecha en adelante albergó las cámaras del tribunal, un arsenal, las habitaciones de algunos oidores, varios almacenes y talleres y, a partir de 1535, los aposentos del virrey. El otro palacio, denominado “las casas nuevas”, fue comprado por el Estado a Martín Cortés en 1562 para establecer ahí la residencia del virrey y las oficinas del gobierno virreinal, que estuvo en ese lugar durante todo el periodo colonial. Dicho palacio sufrió numerosas remodelaciones, la más importante de ellas a fines del siglo xvii pues quedó semidestruido a raíz de un tumulto popular que lo incendió en 1692. Sobre el costado sur del palacio se levantó el edificio de la Universidad, creada en 1553 bajo los auspicios de Carlos V. La institución había ocupado diversos lugares hasta que finalmente se asentó en un edificio iniciado en 1584 frente a la Plaza del Volador, hoy Suprema Corte de Justicia. El conjunto de los edificios burocráticos de la Plaza Mayor se completaba por el lado sur con las casas del Ayuntamiento, desde donde se regía la ciudad y cuyos cargos comenzaron a ser ocupados por criollos a partir de las últimas décadas del siglo XVI. Finalmente, en el costado norte de la plaza se encontraba la Catedral, sede del arzobispo de México, la máxima autoridad eclesiástica del virreinato. A pesar de la importancia de este cargo, la primera catedral era una construcción pobre y pequeña que estuvo en funcionamiento en ese estado durante todo el siglo XVI; la nueva, que se comenzó a mediados de la misma centuria, no fue consagrada sino hasta 1667. Para realizar los oficios litúrgicos, en la catedral funcionaba el cabildo eclesiástico. Sobre la calle que corría al norte del palacio virreinal estaba el palacio episcopal. En él, un provisorato regido por un vicario general se encargaba de administrar la justicia eclesiástica. Así, a diferencia de lo que pasaba en Europa, la plaza era un lugar único en el que se concentraban los poderes civiles y religiosos y, por ello, el teatro donde el espectacular despliegue de lo público tenía su representación.
Hay una estatua aun costado de la catedral metropolitana que muestra un nivel. Comentando con la gente acerca de esta estatua, me indicaban lo de la gran inundacion de la Ciudad de Mexico, derivado de lo cual, se decide desecar la gran laguna. Veamos algo de este tema, escrito por el Historiador Alejandro Rosas Robles: "El 20 de septiembre de 1629, el cielo azul y transparente del valle de México se ennegreció como nunca antes y un cúmulo nubes se agolparon sobre la capital de la Nueva España. Al caer la noche, rayos y truenos anunciaron la impresionante tormenta que se avecinaba. Durante treinta y seis horas ininterrumpidas el agua cayó sobre la ciudad de México y la tranquila vida colonial fue trastocada. Para unos, el torrencial aguacero era un castigo de la Providencia por los excesos de los españoles. Para otros, Tláloc, el antiguo dios de la lluvia de los aztecas, lloraba sobre México desde su derrota en 1521. En julio anterior había comenzado la temporada de lluvias con una intensidad inusual. Los niveles del lago de Texcoco y la laguna de México crecían precipitadamente y parecía advertirse una difícil situación: en las afueras de la ciudad las aguas avanzaban lentamente sobre las calles de tierra. Septiembre trajo consigo el momento más crítico de la temporada y la capital novohispana quedó completamente inundada. Sólo una pequeña parte de Tlatelolco y otra de la plaza mayor quedaron a salvo de las aguas. La pequeña isla que se formaba donde se erigían el palacio virreinal y la catedral se le conoció como “isla de los perros” por la gran cantidad de canes que alcanzaron su salvación al refugiarse en ella. Con la inundación de 1629, la ciudad prácticamente desapareció. Solo la plaza mayor quedó arriba del nivel de las aguas La inundación de 1629 fue considerada como una de las calamidades o plagas bíblicas. “Los estragos fueron terribles; cerráronse los templos, suspendieron sus trabajos los tribunales, arruinóse el comercio, comenzaron a desplomarse y a caer multitud de casas”. En octubre, el arzobispo don Francisco Manzo de Zúñiga, escribió al rey “que en menos de un mes habían perecido ahogados o entre las ruinas de las casas más de treinta mil personas y emigrado más de veinte mil familias”. La gente sólo encontraba consuelo en la iglesia y los oficios se realizaban en cualquier lugar disponible: En balcones –escribió Francisco Javier Alegre-, en andamios colocados en las intersecciones de las calles y aun enlos techos se levantaron altares para celebrar el santo sacrificio de la misa, que la gente oía desde azoteas y balcones, pero no con el respetuoso silencio de los templos, sino con lágrimas, sollozos y lamentos, que era un espectáculo verdaderamente lastimoso. Curiosas escenas se presentaban cotidianamente. La gente recurrió a la intercesión de la virgen de Guadalupe y las autoridades civiles y eclesiásticas acompañadas por gran cantidad de gente del pueblo, organizaron una procesión sin precedentes en la historia de México: a bordo de vistosas embarcaciones -canoas, trajineras, barcazas- la Guadalupana fue llevada desde su santuario en el cerro del Tepeyac hasta la Catedral de México. La inundación duró varios años y las pérdidas fueron cuantiosas. El otrora esplendoroso valle de México aparecía devastado por las epidemias y el hambre. Muchas de las familias españolas emigraron a Puebla de los Ángeles y propiciaron su desarrollo comercial, mientras la ciudad de México continuaba su decadencia. Las canoas que transitaban junto al palacio virreinal y cerca de la catedral, recordaban las viejas acequias de Tenochtilan, por donde corrían libremente sin que la ciudad estuviera inundada. A oídos del rey Felipe IV llegó la terrible noticia de la gran inundación de 1629 y considerando que todo remedio para salvar a la capital de la Nueva España era imposible ordenó abandonar la ciudad y fundarla nuevamente en tierra firme, en las lomas que se extendían entre Tacuba y Tacubaya. Sorprendentemente, las autoridades virreinales y las pocas familias que permanecieron fieles a la ciudad, rechazaron la idea del rey de España. El argumento económico era muy sólido: trasladar la sede del virreinato costaría cincuenta millones de pesos y desecar la laguna tres o cuatro millones de pesos. Las pérdidas ascendían a poco más de seis millones, pero aún así, la cantidad era considerablemente menor. Al igual que Cortés en 1521, en 1629 los españoles comprendieron que la grandeza de la ciudad de México tenía su origen en el sitio que había ocupado la imperial Tenochtitlan. Su nombre era ya reconocido en el mundo y la historia de su grandeza ahí estaba escrita. Con la terrible inundación de 1629, la ciudad estuvo anegada durante seis años y finalmente decidió desecharse el proyecto del desagüe de Enrico Martín y sustituirlo por un tajo abierto por donde corrieran las aguas hasta Huehuetoca. Gracias a las inundaciones la producción de canoas fue el gran negocio de la primera mitad del siglo XVII. Hacia 1630, Bernabé Cobo escribió sus impresiones luego de haber visitado dos grandes aserraderos establecidos en Río Frío que se dedicaban a la tala de árboles y producción de embarcaciones para ayudar a los habitantes de la ciudad de México a sobrellevar las terribles inundaciones. Ante la desesperación de los habitantes de la capital novohispana por encontrar un remedio eficaz contra las inundaciones, se llegaron a considerar como viables, proyectos por mucho excéntricos, como fue la búsqueda de los míticos desagües naturales, -resumideros o pozos absorbentes- que se localizaban en algún punto de Texcoco y otros lagos por donde podían salir las aguas del valle de México a un costo infinitamente menor que el desagüe de Enrico Martín. Era tan grande el lago de Texcoco que no se alcanzaba a divisar la orilla, parecía mar dijeron los cronistas. Durante más de tres siglos -escribió Vicente Riva Palacio- se ha hablado constantemente en México de una salida natural que tienen las aguas de los lagos, agregándose que este secreto era conocido de los antiguos naturales que de él tenían la llave de las aguas para impedir inundaciones y que con solemne ceremonial se abría o cerraba aquella gran boca cuya puerta era una enorme piedra labrada y cubierta de jeroglíficos. La más conocida fue la leyenda del resumidero de Pantitlán: “Se recordaba que los indios tenían la costumbre de arrojar ahí los niños sacrificados en honor a Tlaloc y que sus cuerpos desaparecían para siempre. Según otras historias, eran encontrados en un pozo en las cercanías de Tula, fuera de la cuenca, lo que probaba la existencia de un pasaje desconocido”. Tras la inundación de 1629 renació la idea de buscar el resumidero de Pantitlán. Aquel lugar tenía un atractivo especial, se decía que durante los días de la conquista los indios habían arrojado oro por ese desagüe natural y que sus profundidades albergaban grandes cantidades, un tesoro nada despreciable. Todavía a finales del siglo XIX algunos aventureros continuaban la búsqueda de la mística y legendaria caverna submarina. En los siglos venideros, proyectos e ideas pasaron por los escritorios de los ingenieros novohispanos, se abrieron algunos canales, otros fueron cerrados, se desecharon obras, se reutilizaron algunas y el resultado siempre fue el mismo: la ciudad de México nunca estuvo a salvo de las inundaciones. Se redujeron los riegos y al menos no se presentó otra como la de 1629. Los gobiernos virreinales siguieron trabajando en el famoso desagüe de Huehuetoca y cuando subían las aguas tomaban medidas emergentes que sólo actuaban como paliativos remediando la situación de momento. En su afán por acabar con las aguas los españoles declararon la guerra al lago e involucraron desde luego a los indios. Antes que su vida, estaba la seguridad de la capital de la Nueva España y sus habitantes. Durante todo el siglo XVII, la palabra Huehuetoca causó horror entre los indios, era sinónimo de muerte. Los pueblos indios, vecinos del valle de México, eran obligados a trabajar en las obras del desagüe, que al proyectarse a tajo abierto -como un gran cañón- se llevó más de un siglo de construcción. Una de las causas de despoblación del Valle de México se atribuye a la obra del desagüe: obligábase a los pueblos a contribuir con su trabajo y llegaban a Huehuetoca. Las enfermedades diezmaban aquellos infelices; otros morían arrebatados por las crecientes o despedazados contra los muros del canal, porque acostumbraban ponerlos a trabajar suspendidos con cuerdas y cables de los bordes y la violencia de las aguas que llegaban repentinamente los azotaba y los estrellaba. Algunos de ellos, a costa de grandes sacrificios, enviaron procuradores a España para conseguir del monarca como recompensa de antiguos y distinguidos servicios una cédula real que los exceptuase de aquel servicio. El desagüe de la ciudad de México fue la única obra que rebasó por mucho todos los periodos de la historia mexicana. Comenzado en el siglo XVI bajo el dominio español, continuó durante los albores del México independiente en el XIX; se vio materializado con éxito durante el porfiriato y fue necesario que los gobiernos posrevolucionarios le dedicaran tiempo para su mantenimiento.

Imagen del Pabellón de México en la Exposición Universal de París en 1889. Los páneles con alto relieves que aparecen al lado izquierdo de la escalinata, realizados por el artista Jesús F. Contreras en 1888, muestran de izquierda a derecha a Nezahualcóyotl, Itzcóatl y Totoquihuatzin, señores de Texcoco, México -Tenochtitlán y Tacuba respectivamente, quienes reinaban al momento de crearse la llamada Triple Alianza en 1430. Actualmente estas esculturas se encuentran en el Jardín de la Triple Alianza a un costado del Museo del Ejército, ubicado en el antiguo templo de Betlemitas, en la esquina de Filomeno Mata y Tacuba. Foto: Library of Congress, EUA. El Jardín de la Triple Alianza es un jardín-monumento que conmemora la Triple Alianza acaecida en el año 1430 entre los pueblos de Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan, esta ubicado entre la calle Filomeno Mata y la calle Tacuba en el Centro Histórico de la Ciudad de México, fueron elaborados por el escultor mexicano Jesús F. Contreras en 1888, para formar parte de la representación de México en la Exposición Universal de 1889, el jardín también cuenta con un busto a Filomeno Mata. Nezahualcóyotl. Coyote de ayuno o coyote hambriento. Autor Jesús F. Contreras 1866-1902, procedencia: formó parte de la colección del museo nacional de la artillería. Alto relieve en bronce 1888-1889, 360 x 225 cm. Gobernante de Texcoco que de 1431 a 1472 reorganizo la leyes y la administración de su pueblo propiciando un gran florecimiento económico y cultural. Famoso también por sus poemas. Itzcóatl Itzcóatl. Serpiente de obsidiana. Autor Jesús F. Contreras 1866-1902, procedencia: formó parte de la colección del museo nacional de la artillería. Alto relieve en bronce 1888-1889, 360 x 225 cm. Gobernante mexica que de 1428 a 1440 libero a su pueblo del señorío de Azcapotzalco y dio inicio a la fase de expansión y conquista mexica. Totoquihuatzin Totoquihuatzin. Entrada de aves. Autor Jesús F. Contreras 1866-1902, procedencia: formó parte de la colección del museo nacional de la artillería. Alto relieve en bronce 1888-1889, 360 x 225 cm. Gobernante del señorío de Tlacopan (Tacuba) que junto con Itzcóatl y Nezahualcóyotl, planeo y logro la unión de Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, "La Triple Alianza". Fue autor de varios poemas.

Les compartimos esta imagen de 1975 con el titulo "Patio interior de la Hacienda de San Agustín de las Cuevas que fuera la Casa de Antonio López de Santa Anna en el Centro de Tlalpan ". Data del siglo XVIII, fue construída con piedra volcánica, actualmente pertenece a un grupo financiero, se encuentra sobre la av San Fernando 106 Esq. Madero. Foto: INAH Citar como "Casa de Santa Anna, Tlalpan Historia" — Queria aportar algo mas de esta construccion, pero no me fue posible en estos momentos, pero mas adelante lo agregare. Gracias ..
Una vista aérea de la colonia Agrícola Oriental en marzo de 1961. En primer plano se ve la Calzada Zaragoza, que sólo tenía dos carriles, y la vía del tren que corría paralela; a la izquierda está la colonia Pantitlán, y al fondo el llano donde hoy se encuentra la unidad Ejército Constitucionalista. La toma es hacia el sureste, y con una 'M' está señalada la actual estación del Metro Canal de San Juan. Imagen: ICA/Aerofoto Agrícola Oriental es una colonia del oriente de la Ciudad de México ubicada en la delegación Iztacalco. Abarca un área de 4 703 000 m2 y un perímetro de 8594 m lineales, ocupando el 20.17% de la superficie de la delegación Iztacalco, constituyendo una de las colonias más grandes del país y de América Latina. Se entiende por Colonia Agrícola Oriental al área comprendida entre la Calzada Ignacio Zaragoza al norte, el Anillo Periférico Canal de San Juan al oriente, el Eje 3 Sur al sur y el Eje 4 Oriente y la calle oriente 217 al poniente. Limita al norte con la colonia Pantitlán principalmente; con el complejo deportivo Magdalena Mixiuhca y la Colonia El Rodeo al oeste; Real del Moral y Leyes de Reforma, en Iztapalapa al sur; y al este con la colonia Tepalcates, también en Iztapalapa, entre otras. Origen y desarrollo La Agrícola Oriental no se trata de un pueblo costumbrista absorbido por la expansión urbana, sino que de una llanura salitrosa ganada al lago de Texcoco, donde fueron erigidas casas de techo de cartón en los años 40 y, más tarde, unidades habitacionales. Luego del periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, esta extensión de tierras, donde se sembró maíz y frijol, se empezó a conocer como Agrícola Oriental. Su creación es producto del crecimiento urbano en los últimos 50 años, principalmente debido a la inmigración característica de la década de 1960. Demografía Su densidad poblacional es similar a la capital de Zacatecas, con cerca de 100 000 habitantes; no registra pobreza extrema, y las familias de clase media alta son predominantes. La población económicamente activa es de 42%, de los cuales hasta 9.2% trabaja por cuenta propia y 14% ya está laborando entre los 15 y los 29 años según datos oficiales. En la colonia, 54% de la población de 18 años o más no concluyó la secundaria o una instrucción superior y 6% tiene la primaria incompleta después de los 15 años. El promedio de escolaridad es de 9.6 años. Servicios La Agrícola Oriental cuenta con todos los servicios de urbanización (agua, electricidad, drenaje, etc) además de una gran cantidad de fábricas, cinco iglesias católicas, una mormona, dos bibliotecas, una casa de la cultura y dos mercados, hoy la Agrícola goza además de servicios médicos públicos y privados; guarderias; salones de fiestas; restaurantes; cafeterías; lugares recreativos como el deportivo Leandro Valle, el Faro cultural y deportivo Iztacalco o el Parque Ecológico. Asimismo, cuenta con 64 centros escolares que se clasifican de la siguiente manera: 19 de nivel Preescolar (6 públicos y 13 privados); 29 Primarias (16 públicas y 13 privadas); 10 Secundarias (6 públicas y 4 privadas) y 6 a Nivel Medio Superior (1 público y 5 privados). Esta información nos deja ver que hay suficientes escuelas para cubrir la demanda existente. Otra vista pero desde Balbuena: La Calzada Zaragoza a la altura del actual Metro Balbuena, en 1965; al fondo se ve el Aeropuerto, y en la parte inferior los edificios de la unidad Jardín Balbuena, diseñada por Mario Pani y Agustín Landa Verdugo (ICA/Aerofoto) La avenida Zaragoza en los sesenta, al centro se ve la estatua del general (DDF) La foto es tomada dirección al Centro, nótese que en el camellón central por la izquierda se ve la vía del ferrocarril que llevaba hacia la terminal San Lázaro. También el acceso de Calz Zaragoza al Río de La Piedad (todavía hoy existe). Y pasando el Caballito, después de un bloque de casas (por la derecha) se ve un enorme terreno semiseco y baldío, ahí se construirían los Talleres Generales del Metro, junto a la estación Zaragoza. ¿Por dónde llegaron los convoyes del metro?, pues de Francia por barco a Veracruz y de ahí en tren que tenía una espuela a ese espacio de los talleres. ¡Y a meterlos a sus vía propias! (Dassaev Milseiscientos)
Les comparto algo que me gusto: La imagen es del año 1975, podemos observar la Hacienda de Parres el Guarda, la hacienda data de 1890, perteneció a Don Juan de las Fuentes Parres de ahí el nombre del pueblo donde se encuentra. Foto: INAH Citar como: "Parres el Guarda, Tlalpan Historia" Compartimos una foto de 1935 que lleva por titulo "Representación de escena religiosa de "El Calvario" en cantera en la Loma de San Andrés cercana al pueblo de San Andrés Totoltepec en Tlalpan" curiosa imagen con los alrededores llenos de campo y vegetacion. Al reverso de la imagen se encuentra un sello con la leyenda "Poder Ejecutivo Federal, México D.F., Secretaría de Educación Pública, Dep. D. Monumentos, Of. D. Monumentos Coloniales", actualmente el panorama se encuentra totalmente cambiado. Foto: INAH Citar como "Cruces del Calvario, Tlalpan Historia"