Espléndida imagen captada durante el primer cuarto del siglo XX, de la Ermita o Cámara del Secreto, que se encuentra hasta el día de hoy en Chimalistac, donde convergen la Calle del Secreto, el Callejón Del Huerto y Fresno.
Crédito imagen: Col. C. Villasana/R. Torres
Lo que los carmelitas de ninguna manera hacían a solas era visitar lo que hoy se conoce como Capilla o Bóveda del Secreto. Se trata de una ermita a modo de bóveda elipsoidal en cuyo centro hay una enorme cruz. En esta obra los frailes aprovechaban su singular acústica para romper sus votos de silencio, pues al hablar, en tono moderado, casi bajo, desde uno de los extremos, se escucha con gran fidelidad en el lugar opuesto.
Francisco Fernández del Castillo, en sus Apuntes Para la Historia de San Angel de 1913, cree que más bien se utilizaba para ensayar discursos, como en el púlpito del puente, pues cierta vez que paseaba por allí con su hijo de 10 años, el niño comenzó a raspar los muros y encontraron títulos de oraciones, así como restos de pintura mural, pero esto fue hacia casi 100 años, y la bóveda se cubría con cal de tanto en tanto para “borrar las indecencias que manos incultas habían escrito”. No es sorprendente que hubieran rastros de vandalismo en las obras, pues ya desde el siglo XIX, la Bóveda del Secreto era un paseo tradicional donde los amantes gustaban perderse, según Marcos Arroniz en su Manual del Viajero en México, allí “se ven enlazados el amante con su amada, y también se contemplan parejas de amigos que darían envidia a los mismos Pílades y Orestes”.