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San_Klaus

Usuario (Argentina)

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Antes que Eva, Lilith
InfoporAnónimo4/4/2011

La obsesion de Lilith: No más Violencia. Victoria Aldunate Morales Marisol en su proceso terapeutico descubrió que “vivir violencia es vivir enjaulada”. Antes lo dijo Lagarde, antropóloga: “las mujeres estamos cautivas…”. Marisol, pobladora, nunca leyó a Lagarde, pero lo comprendió porque es su vivencia… Este es un escrito recopilado gracias a mujeres consultantes en dos instancias de primera acogida a mujeres. Se inició en 2004… El alfabeto de Ben Sirah, libro judío anterior al Talmud (año 1100 al 600 antes de Cristo) relata que la primera mujer de Adán no fue Eva sino Lilita o Lilth: "Dios creó a Lilita, la primera mujer, como había creado a Adán". Estaba hecha a imagen y semejanza de Elohim (palabra que procede de Eloha que significa diosa). Lilith o Lilita fue hecha con arcilla igual que Adán y no de una de sus costillas. Era hermosa y libre por lo que no quería yacer con Adán estando debajo: "¡Fuimos creados iguales y debemos hacerlo en posiciones iguales¡ ", le reclamó. Adán no aceptó y ella lo abandonó retirándose a una cueva del Mar Rojo. Adán entonces la acusó a Elohim, quien envió a tres ángeles (Senos, Sansenoy y Semangolef) para traérsela de vuelta a Adán. Estos ángeles la encontraron y la amenazaron con que si no regresaba a Adán, morirían cien de sus niñas demoníacas cada día, pero ella prefirió ese castigo a vivir con Adán y dijo que su venganza sería matar a los hijos de Adán. En una versión del Toráh (texto ebreo sagrado) Lilith no parece ser humana, sino una bestia del Edén, la más parecida a Adán, que logra apabullarlo y demostrarle que ella es inteligente y poderosa, lo que Adán no puede soportar. En el libro Yalqut Reubeni (Libro antiguo babilónico) dice que “Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostarme debajo de ti? - preguntaba - Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual". Adán permanece intransigente, entonces Lilith “invoca el nombre mágico de Dios, quien le da alas y ella se aleja, volando, del lado de Adán”. En la Biblia, el Génesis I y II, que son historias separadas de la Creación, muestran incoherencias en el relato sobre Adán y Eva. El Génesis I (creado por la escuela Deuterónómica), dice: "Dios creó, pues, al hombre, a su imagen, conforme a la imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra" (27-28), de lo que se deduce que los creó iguales, puesto que Dios no es considerado ni masculino ni femenino sino ambos a la vez (padre y madre). No tiene justificación entonces que el Génesis II vuelva al hombre que antes ya se había nombrado – Adán- y diga: "Y dijo el Señor Dios: ’No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle una ayuda semejante a él’" ( 2,18). ¿Qué pasó entonces con la mujer creada igual a Dios del Génesis I? ¿Es Lilith, la primera, que lo abandonó por machista? Én la Biblia prácticamente no se hace mención a Lilith, excepto en Isaías 34,14 donde dice: "Los chacales se encontrarán con las hienas y el macho cabrío llamará a su compañero. Lilith morará allí tranquila y encontrará su lugar de reposo". Quizá la versión más famosa de esta Lilith cristiana es la de las pinturas de la Capilla Sixtina, de Miguel Ángel. En éstas, la supuesta Lilith es mostrada como mitad-mujer mitad-serpiente entregándole la manzana a Eva... O sea, la rebelde proponiéndole el conocimiento a la sometida. En la mitología universal a Lilith se la asimila a diferentes divinidades y monstruos femeninos, a las lamias, similares a sirenas, que por lo demás viven en el mar (como Lilith en el Mar Rojo), atraen a los viajeros y los matan, también a las xanas, bellas mujeres que viven en los ríos, son bondadosas con aquellos que las ayudan, pero muy vengativas con los que invaden sus dominios. Otras asociaciones con Lilith, son la diablesa babilonia Lilu, la Diosa Madre celta y Hécate, la diosa de la brujería adorada por hechiceras sumerias que eran partidarias de colocarse encima en el acto sexual como se les ve en representaciones sumerias. El cine serie B y los grandes éxitos de taquilla de terror se han dedicado a colocar a Lilith como la imagen de la mujer aparentemente bella, pero que se transforma en un peligroso monstruo que mata niños, que odia a las embarazadas e intenta convencer a los santos hombres de pecar. Desde allí se justifica en nuestras consciencias de Evas y Adanes, todo trato cruel contra ella, ya que generalmente en esas historias, se la vence persiguiéndola, quemándola, golpeándola y reduciéndola a polvo… Si bien es cierto ella vuelve a aparecer indomable desde hace 25 siglos. Pareciera que la Violencia contra la Mujer no es otra cosa que una expresión de terror del Patriarcado hacia la Mujer, su cuerpo y los poderes que de ese cuerpo femenino se desprende, por ejemplo su capacidad de embarazarse, parir y criar, que no es más ni menos, que la capacidad de crear y procrear, de continuar o no con la humanidad. (De hecho varios autores que hablan sobre la Violencia que ellos llaman Intrafamiliar, señalan que el golpeador, por así llamarle puede “estar más proclive” a violentar a su pareja cuando ella está embarazada). La obsesión de Lilith, al parecer fue la dignidad, por ella perdió pan y pedazo y quedó aislada y descalificada en el imaginario patriarcal. Así le respondió el Cristianismo a ella y en ella, a todas las mujeres, dedicándose a enseñar en sus libros y sus hechos la Violencia Contra las Mujeres. La Iglesia Católica cometió en la Edad Media el mayor Holocausto contra las mujeres: torturó hasta la muerte y quemó en la Hoguera entre 40 mil y 70 mil mujeres sólo en Europa, acusándolas de brujas. "Lilith en la Capilla Sixtina" Antes que Eva, Lilith Publicado en la revista Raíces - Abril 1992 por Isabel Monzon Las cuatro injurias narcisísticas Freud decía que el ser humano había sido lastimado en su amor propio en tres circunstancias. La primera, cuando Copérnico descubrió que no era la tierra el centro del universo sino el sol. La segunda ocasión fue cuando Darwin demostró que el hombre, al igual que los demás animales y que todo el resto de la naturaleza, era el producto de la evolución. La tercera herida al narcisismo humano fue provocada por el mismo Freud. Desentrañando la complejidad del psiquismo, afirmó que el hombre no conocía totalmente las motivaciones de sus conductas. Por el contrario, la mayor parte de los fenómenos psíquicos son inconscientes y, por lo tanto, resultan inaccesibles a la simple introspección. Copérnico, Darwin y Freud, de diferentes maneras, sacaron al hombre del lugar de privilegio en el que él mismo se había instalado. Aunque Freud no lo expresara tácitamente, está implícito en sus ideas que otros descubrimientos u otras concepciones científicas pueden provocar más heridas al siempre frágil amor propio del hombre. Por ejemplo, si algún día se demostrara que existe vida en otros planetas. Sin esperar ese momento, tal vez no tan lejano, hay otra evidencia que lastima de continuo el narcisismo del varón: que la mujer es su semejante. A pesar de las diferencias que los caracterizan, ella está con él en una relación de igualdad en tanto ambos son seres humanos y han sido creados de igual forma. La idea no es por cierto novedosa - igualdad en la diferencia, proclama el feminismo - y hasta parece por algunas personas aceptada. Sin embargo, esta realidad es en los hechos negada. Haciendo un trabajo similar, la mujer gana generalmente menos dinero que el hombre. No accede de la misma manera a ciertos lugares de poder, usa velos que ocultan su rostro, leva el apellido del marido, es víctima de violencia doméstica y de violaciones sexuales, etcétera. La creación del hombre La concepción de que mujer y varón son semejantes se remonta a muchos siglos antes del nacimiento del feminismo. Leyendo la Biblia nos enteramos que hay allí escritas dos versiones acerca de la creación del hombre. En el capítulo uno del Génesis, se dice: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó". Por lo tanto, la mujer y el varón fueron creados al unísono. Una segunda versión aparece relatada en el capítulo dos. Aquí se dice que luego de crear Dios a Adán y convencido de que no era bueno que el varón estuviese sólo, creó a los animales y luego, haciendo caer a Adán en un sueño profundo, "de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre". Esta fue Eva, la de la famosa manzana. Los cabalistas intentaron muchas interpretaciones para explicar la contradicción entre las dos versiones. Una sugiere que Adán fue creado inicialmente como un andrógino que poseía un cuerpo femenino y uno masculino unidos por la espalda. Luego, Dios lo dividió. Otra interpretación aparece en el Alfabeto de Ben Sirá, midrash del siglo X. Basándose en dicho texto, el mitólogo Robert Graves relata que la primera mujer de Adán no fue Eva sino Lilith: "Dios creó a Lilith, la primera mujer, como había creado a Adán, salvo que utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro. Sin embargo, tomando otra fuente, el Yalqut Reubeni, Graves nos aporta otro relato, en el que la información choca con la anterior: "Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostarme debajo de tí? - preguntaba - Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual". Como Adán permanece intransigente, Lilith invoca el nombre de Dios, quien le da alas. Ella se aleja, volando, del lado de Adán. El se queja al Creador que, condolido por el desamparo del varón, envía a tres ángeles a buscar a Lilith. Ella se niega a volver. Sabe que, por orden de Dios, a su regreso le espera hacerse cargo de todos los niños recién nacidos. Lilith quiere permanecer en el Mar Rojo, región en la que abundaban los demonios lascivos, con los que había dado a luz a varios lilim (demonios bebé). El castigo de Jehová por esta negativa de Lilith a regresar al lado de Adán consistirá en hacer perecer cada día un centenar de esos hijos. Leyendo entre líneas Entender textualmente un relato es quedarse en lo aparente. El Psicoanálisis y la Cábala nos enseñan, con su ejemplo, a ir más allá de lo manifiesto. Leyendo entre líneas enriquecemos nuestras reflexiones, pensamos con autonomía y evitamos caer en dogmatismos siempre empobrecedores. Así ubicados, vemos que las dos versiones contradictorias acerca de con qué material fue creada Lilith, nos indican dos concepciones referentes a la mujer aún vigentes hoy. Si fue hecha de polvo, es un semejante; en cambio, si los materiales que se utilizaron fueron "inmundicia y sedimento", la mujer es inferior al hombre. Desde este punto de vista, la controversia entre Lilith y Adán acerca de la posición que cada uno ocupará en la relación sexual, describe, simbólicamente, un conflicto en relación al poder. Dado que es considerada inferior, Lilith asume su propia defensa. En relación a esto, resulta muy pertinente una reflexión de Robert Graves: " Es característico de las civilizaciones en las que se trata a las mujeres como bienes muebles que deban adoptar la postura recostada durante el coito, a lo que se negó Lilith". Por otra parte, cuando ella aparece emparentada con lo demoníaco eso nos lleva a pensar, junto con Mircea Eliade, que no siempre el demonio representa al mal. Al fin de cuentas la misma Biblia nos explica que Satán significa adversario, oponente. Y oponerse puede ser necesario, por ejemplo cuando se es víctima de una injusticia. Tal era el caso de Lilith, que no quería someterse a una arbitrariedad de Adán. Si seguimos leyendo entre líneas y, tomando siempre el relato bíblico como una narración mítica, también podemos pensar que Jehová mismo es descrito de variadas maneras. Tanto aparece como un dios justo, que no hace diferencias entre sus hijos, como un padre que, tomando partido por el hijo varón, condena a su hija mujer a someterse a los caprichos de éste. Lilith y Eva Una sola vez es mencionada Lilith en la Biblia de Jerusalén y es en Job. Había que cercenar su nombre del texto sagrado, ya que ella, con su cuestionamiento, invitaba a la rebelión. Graves dice que cuando Eva es creada de la costilla de Adan, "se afirma otra vez la supremacía masculina, quedando oculta la divinidad de la mujer". Mas, parafraseando a Freud, encontramos que se produce el retorno de aquello que fuera reprimido ya que, además de la censurada Lilith, también Eva cuestiona una prohibición. Esta vez y por ser él también víctima, Adán acompaña a su mujer en la rebelión. El hijo varón y la hija mujer desafían la pretensión omnisciente del padre. Porque ellos también quieren saber. Leyendo otra vez entre líneas, decimos que no siempre la curiosidad es malsana. Y que desentrañar un mito no es herejía sino libertad de pensamiento. Bibliografia * Costas Antola, Adela; Cubiló, María: El mito de Lilith. La curiosidad, su fuga y expulsión. Publicación interna de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. 1989. * Eliade, Mircea: Mefistófeles y el andrógino. Editorial Labor. España.1984 * Graves, Robert; Patai, Rafhael: Los mitos hebreos. Alianza Editorial. Madrid. 1986. * Scholem, Gershom: La Cábala y su simbolismo. Proyectos Editoriales. Buenos Aires. 1988. Maria Aldunate Morales Chilena Integrante de Memoria Feminista Feminista autónona desde el año 94 Feminista desde el 90 Terapeuta (adhiero a la Gestalt) Escritora, comunicadora, Colaboradora de medios independientes: estocolmo.se kaosenlared.net deigualaigual.net feministastramando.cl rompiendoelsilencio.cl entre otros… Exilios: Argentina, Chile, ex URSS. Trabajos significativos: Directora del Periódico Feminista "Puntada con Hilo" 1994-1997 Coordinadora actual del Proyecto Casa de 1ª Acogida a Mujeres por Violencia de la IELCH (Iglesia Evangélica Luterana en Chile) Cuentos: "Un Angel muy particular". "Cuentos de Cine" recopilación de Jacqueline Mouesca. LOM Ediciones. Chile. "La Otra". “Cuentos de Consumo”. I. Muncipalidad de la X región de los Lagos, Chile. "La Loca". “Mujer Imágenes y testimonios”. Movimiento Manuela Ramos, Perú "Río furioso". “Mujeres tomando la palabra”, Católicas por el Derecho a Decidir. Argentina. Isabel Monzón nació en Buenos Aires en el año 1941. Psicóloga y psicoanalista. Egresada de la carrera de Psicología de la UBA y de la Escuela de Psicoterapia para Graduados. Socia fundadora del Ateneo Psicoanalítico. Se especializa en clínica psicoanalítica de adolescentes, adultos y pareja y en temas relacionados con la mujer. Fue docente universitaria y de estudios de postgrado.

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Comunidad qom Navogoh (La Primavera)
InfoporAnónimo12/29/2010

Comunidad qom Navogoh (La Primavera) La entrevista al dirigente Félix Díaz fue en 2008. Hoy todo su relato tiene una actualidad que da pavor. No es un final trágico el del reciente ataque a la comunidad La Primavera con la intención del desalojo, sino homicidio apañado por el poder. El video da cuenta de por qué se realizó el ataque. link: http://www.youtube.com/watch?v=vuv0CSZfHvY PUEBLOS ORIGIANARIOS BUENOS AIRES: CASO LA PRIMAVERA, ENTREVISTA A FELIX DÍAZ, PARTE 1 POR: EQUIPO DE COMUNICADORES DE PUEBLOS ORIGINARIOS A 14 días de haber ocurrido los hechos de atropello, violencia, muerte de hermano Qom y violación a los Derechos Constitucionales de los pueblos originarios en la comunidad Qom Navogoh (La Primavera), provincia de Formosa, el Equipo de Comunicadores (E.C.), del Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios (ENOTPO) mantuvo entrevista con el hermano Félix Díaz en Buenos Aires, donde se encuentra, desde el 1 de diciembre, con una comisión de autoridades esperando solución a la demanda que por años vienen exigiendo: la devolución de las tierras ancestrales que por derecho les corresponden. E. C.: -Hermano Félix ¿Cómo eran los días previos al martes 23, antes de que se consumaran los atropellos en la comunidad La Primavera?- F. D.: - Era terrible, hemos sufrido de todo: discriminación, desprecio, hasta los mismos médicos se burlaban de nosotros y no querían atender a nuestros hermanos, a nuestros chicos, a los ancianos. Después nos acusaban de que nosotros somos los violentos, somos los malos; sin embargo, durante cuatro meses, , todas las noches soportamos el disparo de armas de los policías, de gente civil armada; las burlas, desprecios, discriminación... E. C.: - ¿Qué es lo que les decían?- F. D.: - De todo: indios, sucios, vagos, hasta disparaban armas sobre las casas de nosotros. Y no sabíamos a donde denunciar, entonces aguantamos. Porque no es lo que molestábamos, nosotros nos quedamos ahí porque sabemos que hay una ley que nos “acompaña”, la ley de emergencia territorial (Ley 26.160 Relevamiento Territorial de los Pueblos Indígenas), porque una vez instalado ya es difícil que nos saquen, decíamos. Ahí (en la ley) no te dice si hay un convenio firmado, la ley misma establece que hay un derecho, te garantiza. Sin embargo no se respetó, el gobierno de la provincia hace lo que quiere. E. C.: -¿Ustedes hicieron denuncia respeto a esta situación?- Félix Díaz: Muchísimas veces. Hasta el juzgado provincial hemos hecho la denuncia, no sé cuántas veces ya, perdí la cuenta. E. C.: - ¿Y qué resultados tuvieron? - Félix Díaz: Nunca nos recibieron la denuncia, nunca se interesaron en los hechos. Pero si alguien denuncia en contra de nosotros, ahí sí, rápidamente lo toman y realizan las gestiones. Y cuando nos denuncian, seis o siete horas antes nos avisan. Es demasiado la presión, es difícil. E. C.: - ¿Es verdad que los Celias cuando se instalaron en el predio hicieron convenio o trato con la comunidad donde ellos se comprometían dar 20 cabezas de vacas por año a cambio del uso de las tierras? - Félix Díaz: - Eso ha sido como una mentira, porque las “autoridades comunitarias” que el mismo gobierno elije utilizaron a los hermanos para hacer un trueque. Entonces ese trueque para nosotros es nulo, porque no puede haber cambio o canje de tierras. Además ese supuesto trueque nunca se cumplió, la familia Celia nunca dio esas vacas a la comunidad. Y lo más doloroso de todo esto es que la provincia le cede a la comunidad indígena un triángulo que es propiedad de área protegida. No es provincial ese terreno. Entonces, provincia le saca un pedazo de terreno a la nación y le entrega a la comunidad, en compensación de lo que están usurpando los Celias, para justificar que esta familia se mantenga allí. Si embargo, Parques Nacionales, jamás dijo nada. Y desde 1985 hasta 2006-2007 empezamos a movilizarnos, a manifestarnos, a denunciar; porque el Gobierno de la provincia no debate las tierras indígenas, la que está garantizada en la Constitución Nacional, Provincial y Convenios Internacionales. Hasta que convencimos a Parques Nacionales para que verifique el terreno como está, y lo llevamos al director de Área Protegida en el 2008, y en el 2009 saca una resolución afirmando que esas tierras que estaban en conflicto es propiedad de la comunidad indígena (Navogoh. La Primavera). E. C.: - ¿Cómo es que llegan los Celias y se instalaron en territorio de la comunidad? - Félix Díaz.: - La familia Celias se metieron porque los caciques lo exiliaron, ellos eran perseguidos por la guerra paraguaya, al ser desertores del ejército. E. C.: - ¿Ellos (Celias) son paraguayos? - Félix Díaz: - Sí, ellos son paraguayos. Los caciques, por generosidad, permitieron que se queden en el lugar. Entonces se instalaron y desde allí empezaron a hacer sus casas, empezaron a usar manos de obra aborigen, labrando chacras, entre otras cosas. Por esos tiempos también se instaló un misionero, un evangelio, un inglés que vino de Gran Bretaña en el año 1936, pero en el año 1977 ellos se retiraron; mientras que los Celias nunca quisieron dejar ni pudimos hacer que se fueran, porque ellos son “camaleones” en la política, son gentes muy astutas, se meten con cualquier gobierno. Ellos fueron peronistas, fueron del Movimiento Integración y Desarrollo y ahora últimamente se afiliaron al justicialismo, entonces es difícil combatir con ellos, porque cuentan con el apoyo de cada gobierno. Y los papeles que ellos tienen son ocupantes arrendatarios, no son títulos de propiedad. E. C.: - ¿Y la comunidad, en qué situación legal se encuentra, tiene alguna documentación que constate que el territorio es de la comunidad? Félix Díaz: - Sí, hay un documento que se legalizó en el año 1940, donde fue creado como Reserva Indígena toda esa zona, está en el archivo de la Nación. En el año 1952 se hace un reordenamiento territorial y se volvió a reafirmar las mismas documentaciones, y en el año 1985 se hizo un último reordenamiento, ahí donde empieza el conflicto, porque ese relevamiento se hizo sin consulta a la comunidad. Pero nunca los Celias figuraron, y esa parte donde están los Celias lo pusieron como tierra fiscal, ahí es que están ocupando ellos (Celias). Pasó esto en el año 1087, 1988, 1989. Y en el año 2000, yo empecé la lucha. En el 2005 nos invitan en la Cámara de Diputados de la Nación para participar de una propuesta, sobre una ley que se estaba creando para los pueblos originarios, justamente por el tema territorial. Ahí., estuve participando en la creación de la ley de emergencia (Ley 26.160). En el año 2006 se aprueba la ley, y saltamos de alegría, porque decíamos que era la solución a nuestros problemas territoriales. Y pasó el año 2007, 2008, 2009 y mira donde estamos ahora (2010) y cómo estamos; no hay respuesta, no hay solución, los gobiernos no quieren reconocer ese derecho. Y tenemos un hermano muerto por la causa… "Estas fotos las sacamos en los momentos en que la policía se aproximaba al corte. Como se observa vinieron por la ruta nacional 86 y pasaron frente a los puestos de gendarmería que estaban a ambos lados de las cabeceras del corte. En el fondo de una de las fotos se ven los micros de policías que los traían. Todavía no habían llegado todos. La policía montada se había metido por el monte para salir por nuestras espaldas y así fue cómo nos encerraron. En la primera foto se ve al comisario a cargo Muñiz cuando insultó y amenazó a Félix Diaz diciéndole "Indio de mierda te voy a matar". ¿Alguien puede seguir dudando que la orden era desalojarnos de la ruta? " (tengo el grado de dirigirme a ud. por indicacion del sr. Felix Diaz para el proximo dia lunes 26 del corriente a las 10 horas en casa de gobierno (balcarse 50) de esta ciudad autonoma de buenos aires con el objetivo de continuar el dialogo iniciado. en el entendimiento de que el dialogo constituye el unico modo idoneo para la busqueda de soluciones a las problematicas planteadas. saludo a usted muy atentamente y ruego haga extensiva la misma al sr Fleix Diaz y a quienes lo acompañan en su reclamo) Tal como la invitación por escrito proponía Félix Diaz asistió a la Casa de Gobierno para entrevistarse con el ministro Randazzo. No obstante, al llegar allí se le informó que el ministro no lo iba atender. Luego se le dijo a Félix que la reunión sería en el INADI con algún miembro del Ministerio del Interior, probablemente con el secretario del ministro. Ante la falta de cumplimiento de la palabra dada por escrito Félix regresó al acampe y continúa la huelga de hambre a la espera de que se realice el diálogo prometido. El periodista Darío Aranda, autor del libro Argentina Originaria, escribió en la red social: "Roberto López y Sixto Gómez. Ambos originarios del pueblo Qom asesinados por defender su territorio. Ambos asesinados bajo el gobierno de Gildo Insfrán, gobernador ultra K. Increíble pero real: hoy al mediodía Canal 7 transmitió una videoconferencia donde la Presidenta lo felicitaba a Insfrán por una obra energética. Ni una alusión a la represión y asesinato de los pueblos originarios. ¿Y los derechos humanos?". Para quienes no nos quieren oir . Para quienes sostienen que no tenemos razones para reclamar. Para quienes inventan que somos violentos, violadores, abusadores, agresivos, no dialoguistas. Para quienes como el Secretario de Cultura, Coscia, consideran a Formosa un ejemplo de políticas contra la desigualdad. Para quienes nos dan la espalda cuando denunciamos que los indígenas en Formosa nos morimos de hambre, de Chagas, de tuberculosis, de falta de agua, de falta de atención en los hospitales. Nosotros, los indígenas de Formosa somos víctimas del abandono del Estado. ¿Esto no es discriminación? FUENTE http://comunidadlaprimavera.blogspot.com/

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Nuestro ideario (Errico Malatesta)
InfoporAnónimo7/27/2010

No vamos a repetir nada nuevo. La propaganda no es y no puede ser más que la repetición continua, incansable, de aquellos principios que deben servirnos de guía en la conducta que hemos de seguir en las varias contingencias de la vida. Expondremos, pues, con palabras más o menos diferentes, pero con un fondo constante, nuestro socialismo-anarquista revolucionario. Creemos que la mayor parte de los males que afligen a los hombres dependen de la mala organización social y que los hombres, queriendo y sabiendo, pueden destruirlos. La sociedad actual es el resultado de las luchas seculares libradas por los hombres. No comprendiendo las ventajas que podrían haber obtenido de la cooperación y de la solidaridad, viendo en todos sus semejantes -excepto en los más cercanos a ellos por el vínculo de la sangre- competidores y nada más que competidores, cuando no enemigos, han procurado acaparar, cada uno para sí, la mayor cantidad posible de goces sin preocuparse del interés de los demás. Dada esta lucha, naturalmente, debían salir vencedores los más fuertes o los más afortunados, sometiendo y oprimiendo a los vencidos de modos diversos y múltiples. Mientras el hombre no fue capaz de producir sino lo que necesitaba para su sostén, los vencedores no pudieron hacer otra cosa que matar al vencido y apoderarse de los productos por éste cosechados. Más tarde, cuando con el descubrimiento del pastoreo y de la agricultura un hombre pudo ya producir más de lo que necesitaba para vivir, los vencedores encontraron más ventajas en reducir a los vencidos a la esclavitud y hacerles producir para ellos, para los “dueños”. Más tarde aún, los vencedores se dieron cuenta de que era más cómodo, más productivo y más seguro explotar el trabajo ajeno con otro sistema: el de retener la propiedad exclusiva de la tierra y de todos los medios de trabajo y dejar nominalmente libres a los despojados, los cuales, no teniendo ya medios para vivir, se veían obligados a recurrir a los propietarios y a trabajar para éstos en las condiciones que éstos imponían. De este modo, poco a poco, gradualmente, a través de una red complicadísima de luchas de todo género -invasiones, guerras, rebeliones, represiones, concesiones arrancadas, asociaciones de vencidos unidos para la defensa y de vencedores unidos para la ofensa- se ha llegado al estado actual de la sociedad, en el cual unos cuantos hombres poseen hereditariamente la tierra y toda la riqueza social, mientras la gran mayoría de los individuos, desheredada de todo, se ve oprimida y explotada. De este estado de cosas depende la situación miserable en que generalmente se encuentran los trabajadores y, además, todos los males que de la miseria se derivan: ignorancia, delitos, prostitución, miseria física, abnegación moral y muertes prematuras. De este estado de cosas depende la constitución de una clase especial -el gobierno- que, provista de medios materiales de represión, tiene la misión de legalizar y defender a los propietarios contra las reivindicaciones de los proletarios, sirviéndose además de esta fuerza para crearse para sí ciertos privilegios y para someter, cuando puede, hasta a la misma clase propietaria. De este estado de cosas depende que otra clase -el clero- se haya convertido en la ayuda más eficaz para la perpetuación de la injusticia, ya que procura persuadir a los oprimidos para que soporten dócilmente al opresor, trabajando de paso, como la clase gubernamental, al propio tiempo que por el interés de los propietarios, por sus propios intereses. De este estado de cosas depende la formación de una ciencia oficial que es, en todo aquello que puede servir al interés de los dominadores, la negación de la verdadera ciencia. De este estado de cosas depende el espíritu patriótico, los odios de raza, las guerras y la paz armada, más desastrosa que todas las guerras. De este estado de cosas depende el amor convertido en tormento o en objeto vil de mercado. De este estado de cosas depende el odio más o menos intenso, la rivalidad, la desconfianza, la incertidumbre y el miedo que reina en las relaciones de todos los hombres. Este estado de cosas es el que nosotros, anarquistas, queremos cambiar radicalmente. Puesto que todos esos males que hemos mencionado son consecuencia de la lucha entre los hombres, de esa búsqueda del bienestar individual efectuada por cuenta propia y contra todos, queremos remediarlos sustituyendo al odio con el amor, a la competencia con la solidaridad, a la búsqueda exclusiva del propio bienestar con la cooperación fraterna para el bienestar de todos, a la opresión y la imposición con la libertad, a la mentira, cualquiera que sea su índole, religiosa o seudocientífica, con la verdad. Para realizar ese cambio, creemos preciso proceder a: 1. Abolición de la propiedad privada de la tierra, de las materias primas y de los instrumentos de trabajo, con el fin de que nadie pueda tener el modo de vivir explotando el trabajo ajeno y de que, teniendo todos los hombres garantizados los medios de producir y de vivir, puedan ser verdaderamente independientes y puedan asociarse con los demás libremente, conforme a las propias simpatías y con el propósito de colaborar en el interés de todos. 2. Abolición del gobierno y de todo poder que pueda dictar leyes e imponerlas a los demás, es decir abolición de las monarquías, de las repúblicas, de los parlamentos, de los ejércitos, de los policías, de las magistraturas y de todas las demás instituciones dotadas de medios coercitivos. 3. Organización de la vida social mediante la obra de asociaciones libres, de federaciones de productores y de consumidores, hechas y edificadas a tenor de la voluntad de sus componentes, guiados por la ciencia y la experiencia y libres de toda imposición que no derive de las necesidades naturales, a las cuales, vencido el hombre por el sentimiento de la misma necesidad inevitable, voluntariamente se somete. 4. Garantizar, señaladamente, los medios de vida, desarrollo y bienestar de los niños y de todos los que no estén en estado de proveerse sus necesidades. 5. Hacer la guerra a todas las mentiras, aunque se oculten bajo el manto de la ciencia y procurar la instrucción científica, hasta en su más elevado grado, para todos los hombres. 6. Acabar con el patriotismo, aboliendo las fronteras y trabajando por la confraternización de todos los pueblos. 7. Reconstituir la familia de modo que resulte de la práctica del amor, libre de todo vínculo legal, de toda opresión económica o física, de todo prejuicio religioso. Estos son los remedios que ofrece nuestro ideal. Estos son los remedios que deseamos ver realizados. Pero no basta con desear una cosa. Si verdaderamente se quiere obtenerla, es necesario emplear los medios adecuados para su realización. Estos medios existen, sin duda, y no son, de ningún modo, arbitrarios. Se derivan, naturalmente, del fin a que se tiende y de las circunstancias en las que se lucha, de modo que, si no nos engañamos en su elección, llegaremos a los fines que nos proponemos. Si llegamos a otro fin, opuesto al que deseamos, ello obedecerá, como consecuencia natural, necesariamente a que los medios escogidos no eran los adecuados. El que se pone en camino y se equivoca, no va adonde quiere, sino allí donde conduce el camino que recorre. en Malatesta, vida e ideas, 1975

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Toda historia es contemporánea (Bicentenario)
InfoporAnónimo5/26/2010

Toda historia es contemporánea Apuntes sobre los historiadores argentinos y el Bicentenario de la Revolución de Mayo El 25 de mayo de 2010, se cumplieron 200 años de la llamada Revolución de Mayo en Argentina. El país "festejo" el Bicentenario de aquel momento en que se constituyó en Buenos Aires una junta de gobierno local integrada por las élites criollas. Esta junta fue la que desconoció la autoridad del virrey del Río de la Plata y, en consecuencia, del gobierno español (que en mayo de 1810 no era otra cosa que el Consejo de Regencia de España e Indias, instalado en la isla de León ante la invasión napoleónica de la Península). De este modo, se daba comienzo al proceso conocido como "de la independencia". En este sentido, los historiadores (profesionales y amateurs), así como no pocos periodistas y escritores, están embarcados ya desde 2009 en una oleada de publicaciones, discusiones y otras actividades vinculadas con la historia argentina y, en particular, con la historia de los acontecimientos de mayo de 1810. Este hecho nos llama la atención sobre cuál es la utilidad que tiene la historia en la construcción del presente, de qué modo se la utiliza actualmente por los grupos que aparecen en escena, y de qué modo se la puede utilizar por parte de aquellos que aspiramos al cambio social y a la construcción de una sociedad libre. Partimos de la base de que toda historia es historia contemporánea, en el doble sentido que le daba el intelectual italiano Benedetto Croce al establecer que la historia se realiza desde un presente (el presente del investigador), y por lo tanto lo que hace el historiador es establecer una interpretación del pasado (y no una "reconstrucción" fiel y objetiva del pasado, cosa por demás imposible), y que además es una historia que "siempre" se construye a partir de los presupuestos y de las inquietudes que tiene el investigador en el contexto social e histórico en el que escribe (como diría Walter Benjamin, toda historia es "anacrónica", porque es "producción" desde el presente y no "reproducción" del pasado). Se deduce de esto, y dado que todo hombre está inmerso en una situación social y política determinada, que toda historia parte de un compromiso social y político, ya sea consciente o inconsciente, implícito o explícito. Este compromiso puede estar del lado de la preservación de un orden determinado (desde un conservadurismo duro a un reformismo disfrazado), o de la subversión de dicho orden. La historia argentina y la educación patriótica En Argentina, la historia como disciplina nace en la segunda mitad del siglo XIX de la mano de dos personajes de destacada actividad pública: Bartolomé Mitre, político y militar de tradición "liberal", y Vicente Fidel López, político perteneciente a una familia patricia e hijo del autor del himno nacional argentino. Ambos construyeron una historia ético-política, cada uno privilegiando distintos métodos, pero siempre haciendo hincapié en el desarrollo de los acontecimientos (particularmente la historia de la independencia) como producto de las decisiones de una serie de grandes hombres, y explicando en este sentido la existencia de una "nación argentina", siempre mirando los procesos desde las élites y nunca desde la sociedad en su conjunto y desde sus conflictos. Ambos escribieron lo más destacado de su obra histórica en el momento de la llamada "organización nacional", es decir, a la hora de establecer un orden estatal determinado y de construir una idea de unidad nacional con un claro objetivo político y económico: la legitimación histórica del Estado nacional. Es comprensible, pues, que su historia tuviera más de acción política que de trabajo erudito. Aun cuando el gesto fuera el de construir una historia despojada de las determinaciones políticas, el compromiso político estaba bien presente, lo cual confirma aquello que decíamos anteriormente de que toda historia es historia contemporánea. Esta historia se cristaliza con las lecturas de los personajes y sucesos de la llamada historia argentina, con especial énfasis en las invasiones inglesas de 1806-1807, la revolución de Mayo de 1810 y el proceso de independencia subsiguiente, que formarán parte de la educación patriótica instaurada durante las primeras décadas del siglo XX. En efecto, en pleno clima de inmigración masiva europea y de particular polarización social, el surgimiento de amplios movimientos de protesta protagonizados por los obreros y otros sectores subalternos , fundamentalmente aquellos instalados en las grandes ciudades (Buenos Aires, Rosario, entre otras), y la formación de agrupaciones sociales y políticas (anarquistas, socialistas, sindicalistas revolucionarias), obtuvieron como respuesta primordial por parte del gobierno y de las clases dominantes, la represión más feroz y leyes excluyentes como la ley de residencia de 1902 (que habilitaba la deportación de inmigrantes a sus países de origen sin juicio previo). Sin embargo, ante semejante panorama, otra arma empleada por las élites para garantizar la dominación social y política y mantener tanto el orden estatal como el sistema de acumulación imperante, fue la construcción de la "nacionalidad" a través de la llamada "educación patriótica". Uno de los principales impulsores de dicha educación fue José María Ramos Mejía, quien sostenía que una de las tareas de las élites argentinas era "civilizar" a los inmigrantes "primitivos", "argentinizar" a aquellos que traían costumbres, ideas y lealtades extranjeras que corromperían el orden político nacional (es decir, neutralizar el peligro que suponían para las élites explotadoras argentinas, los contingentes de trabajadores que, procedentes de Europa, no sentían una filiación nacional, sino filiaciones de ideas, de clase y por región de origen, y que se mostraban poco proclives a dejarse dominar y en cambio proponían la asociación como método de lucha en contra de las injusticias de la sociedad establecida). En tal sentido, fue Ramos Mejía quien, a cargo del Consejo Nacional de Educación (1908-1912), impulsó toda una serie de ceremonias, fechas y símbolos "patrios" que se buscaría implantar en los hijos de los inmigrantes a través de la escuela primaria, y que también atravesaría a la sociedad en su conjunto, para fomentar una lealtad "nacional" y así disminuir los riesgos de protesta social. En esta construcción de la "argentinidad", la enseñanza de la historia ocupó un lugar de importancia. El panteón liberal y militar, las fechas conmemorativas de los acontecimientos de la Revolución de Mayo y de la Independencia, los cantos patrióticos y toda una narración lineal y simplista (a menudo binaria: buenos contra malos, patriotas contra realistas), sin consideración por las conflictividades de clase o por el papel de los sectores subalternos a lo largo de la historia, se instituyeron oficialmente como "la historia argentina", en la búsqueda por crear una identidad y una lealtad que aseguraran la dominación de los grupos dominantes y anular las ideas radicales que apuntaban al cambio social. 1910: el año del Centenario Los hechos en torno al Centenario de la Revolución de Mayo son ilustrativos de lo que acabamos de decir. En 1910, en efecto, el gobierno nacional organizó una serie de festejos que buscaban alimentar el "furor patriótico" en contra de la avanzada de la lucha obrera, luego de un año (1909) de notable movilización obrera y de feroz represión. La actitud del gobierno apuntaba tanto a anular las ideas radicales como a exasperar la lealtad a la nación de los jóvenes afines al "orden" y al "progreso" pertenecientes a la oligarquía (que se organizaban como fuerzas de choque del nacionalismo más xenófobo). Como sostenía el periódico Tierra y Libertad de España: "los hijos de los burgueses de aquella república, se dan cuenta de que la capacidad intelectual del proletariado, pone en peligro los intereses conquistados por sus padres a costa de la miseria y hasta de la vida de los trabajadores, y ya no confían ni en la policía ni en el ejército, sino que ellos mismos acuden a apagar la llama revolucionaria" (19 mayo 1910). La movilización obrera se manifestó en el mismo año 1910, contraponiendo a las ideas de una Argentina "moderna" y democrática, la realidad de una situación social sumamente injusta, fuertemente polarizada, en la cual los trabajadores no sólo no tenían garantías laborales, sino que eran perseguidos y reprimidos, y en la cual la libertad era privilegio de unos pocos. Claramente, la lucha obrera no apuntaba solamente a una lucha por el salario y por la jornada laboral, sino a una crítica integral del sistema, lo cual explica que el movimiento anarquista (sobre todo, pero no exclusivamente, nucleado en la FORA, Federación Obrera Regional Argentina) tuviera el mayor peso entre los sectores movilizados. El desafío de los trabajadores anarquistas fue convocar para mayo a una movilización frente a la Penitenciaría Nacional y adherir a la huelga general convocada por la CORA (Confederación Obrera Regional Argentina), solicitando la abolición de la ley de residencia, la libertad a los presos por cuestiones sociales y la amnistía para los infractores de la ley militar. La Protesta, periódico anarquista de Buenos Aires, ya en marzo sostenía que "Los que gobiernan en 1910 no pueden conmemorar dignamente el hecho de 1810 (…). Protestamos contra la conmemoración del centenario de la Revolución de Mayo, que es conmemoración de libertades, porque la ley de residencia es la negación de esa libertad que se conmemora" (16 marzo 1910). Además, anarquistas, socialistas y sindicalistas denunciaban el derroche del dinero público para la celebración del Centenario, en una Argentina colmada de trabajadores pobres. La respuesta del Estado y de los grupos de civiles nacionalistas fue la misma de siempre: la represión, el decreto del estado de sitio ( en rigor, el "estado de guerra" ) por tiempo indeterminado, sumado a persecuciones políticas y al accionar violento de los grupos civiles contra los locales de los sindicatos y contra las redacciones de los periódicos anarquistas y socialistas. Como escribiera Diego Abad de Santillán: "No deja de ser una mácula (…) para la 'democracia' argentina el hecho de haberse visto obligada a festejar el Centenario de su independencia bajo la férula del estado de guerra, convirtiendo a Buenos Aires en un campamento armado" (El movimiento anarquista en la Argentina. Desde sus comienzos hasta el año 1910, Argonauta, Buenos Aires 1930, p.183). A fuerza de represión, de cooptación (sufragio, prensa, industria cultural) y de educación patriótica, y luego de al menos una década más de lucha, se fue cimentando una nueva forma de dominación centrada en la imposición de los "valores patrióticos". Esta estrategia tomó como base la construcción y la enseñanza de la "historia nacional", desde las décadas de 1920-1930 a cargo de la llamada Nueva Escuela Histórica, fundadora de la historia profesional (en un sentido más institucional que metodológico) en Argentina. Uno de sus principales exponentes, Ricardo Levene, compiló incluso una Historia de la Nación Argentina, émula de la Historia de Francia de valor "patriótico" de Ernest Lavisse, en plena década del treinta y con el financiamiento del Estado nacional, cuyo presidente conservador, general Agustín P. Justo, era íntimo de Levene. El objetivo de la Historia de la Nación Argentina de Levene era consagrar una "memoria nacional" anterior a la inmigración masiva, motivo por el cual dicha historia llegaba sólo hasta el año 1862. La Nueva Escuela Histórica recuperaba, en términos generales, la tradición mitrista de la historia, centrada en los valores liberales y en el panteón de las figuras tradicionalmente seleccionadas como "heroicas" en la historia de la independencia. Los manuales de historia de las escuelas primarias y secundarias, las notas periodísticas, los libros de síntesis y la enseñanza universitaria, estaban a cargo de los miembros de dicha escuela, quienes además ocupaban las dos instituciones de historia argentina y americana más relevantes en el país: el Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y la Junta de Historia y Numismática Americana fundada por Mitre en el siglo XIX y convertida en Academia Nacional de la Historia en 1938 por decreto del presidente Justo. Más allá de la idea de un discurso histórico "neutral", estos historiadores reconocían un valor "patriótico" y en algunos casos "democrático" a la obra histórica; lo cual no es extraño, considerando que todos los miembros de esta escuela tenían una destacada participación política en el seno del Estado nacional, ya fuera por vínculos estrechos con las personalidades del gobierno (como es el caso de Levene), u ocupando ellos mismos cargos públicos. Esto también se notará en la otra escuela histórica que surge por aquel entonces, el llamado "revisionismo histórico", que desde el principio no hará otra cosa que expresar desde el discurso histórico los intereses políticos de los grupos más extremos del nacionalismo local, incluyendo a sectores vinculados al fascismo, contraponiéndose a la Nueva Escuela Histórica sólo en su crítica al imperialismo desde una posición ultranacionalista y en su recuperación de la figura de Juan Manuel de Rosas, gobernador autócrata de la provincia de Buenos Aires durante buena parte de la primera mitad del siglo XIX. Pero fue la Nueva Escuela Histórica la que, a través de sus propios exponentes, y luego a través de sus discípulos, dominó la explicación histórica a lo largo del siglo XX. Fue su interpretación políticamente determinada de la historia la que se impuso a los jóvenes a través de la enseñanza y la que nos fue legada a través de los manuales y revistas escolares. En dicha interpretación, los hechos de mayo de 1810 representaban la épica de la libertad sin contradicciones, la gesta de los grandes hombres (políticos y militares) que sólo aspiraban a la grandeza de la patria, sin entrar en detalles sobre los conflictos sociales, sobre las distintas aspiraciones de los miembros de las élites (incluyendo la lealtad al rey Fernando VII, las mezquindades de aquellos que sólo buscaban proteger sus propios negocios, o incluso el hecho mismo de que la "revolución" no significó más que la sustitución de una élite gobernante por otra, sin que se produjera un verdadero cambio social). Por otro lado, las lecturas sobre el Centenario de 1910 sólo referían una Argentina moderna en vías de progreso, construida mediante la "conquista del desierto" del siglo XIX (reduciendo a mero paisaje inhóspito a los habitantes originales de estas tierras que fueron masacrados por las campañas del general Roca), y en la cual la economía pujante era síntoma de una nación grande, dejando en la oscuridad el conflicto social que estaba en la base misma de esa supuesta "grandeza". Significativamente, aquellos que veían (y ven) en la reforma electoral de 1912 (sufragio obligatorio y secreto) y en el radicalismo de tinte populista que llegaría al poder por primera vez en 1916, una ampliación de la participación política, lo harían sepultando la realidad de un movimiento obrero reprimido por la fuerza y cooptado mediante la ficción de la participación democrática, realidad que se manifestaría en los hechos de la Semana Trágica de 1919 y en la masacre de los trabajadores de la Patagonia en 1921 (en ambos casos, fue el mismo radicalismo el encargado de reprimir a los trabajadores, con la complicidad de la Liga Patriótica Argentina, organismo paramilitar de extrema derecha). El año del Bicentenario: la complicidad o la denuncia Llegamos al año 2010. El mercado se abre a las mercancías vinculadas con el Bicentenario; también el Estado aprovecha la ocasión para vestirse de fiesta, desconociendo interesadamente la miseria que abunda en las calles y desentendiéndose de la represión que él mismo protagoniza contra los trabajadores y luchadores sociales. Los historiadores argentinos tienen su momento, como los historiadores franceses en el año 1989, cumpliéndose doscientos años del inicio de la llamada Revolución francesa. Pero aquí hay sólo dos caminos posibles: la complicidad o la denuncia. En el camino de la complicidad estarán quienes sólo busquen lucrar con el Bicentenario, ya sea por ingresos monetarios o por obtención de prestigio. Quienes aprovechen las posibilidades ofrecidas por el mercado para escribir y vender libros a las masas consumidoras, o para renovar sus contratos editoriales con los grandes multimedios que editan fascículos o reproducciones en vídeo sobre historia argentina, sin cuestionar los esquemas tradicionales de la lectura de la historia, o invirtiendo simplemente el orden de los "buenos" y los "malos" con el argumento de la supuesta "desmitificación" de los hechos y personajes históricos, pero enmarcándose siempre en una historia "patriótica". En este camino de la complicidad, también estarán aquellos que apoyen la celebración del Bicentenario a cargo del gobierno nacional. Aquellos que festejen el "triunfo de la democracia", haciendo ver el presente como el producto lógico del proceso de "independencia" iniciado en 1810, como si el Estado nacional no estuviera sometido a los dictados de los organismos internacionales de crédito, y como si su propia lógica de funcionamiento no se sostuviera en la represión sistemática de las luchas de los trabajadores y desocupados y en la miseria de la mayor parte de la población. Incluso, no faltarán (como de hecho no faltan) quienes festejen un "gobierno del pueblo", desconociendo que el actual gobierno no es otra cosa que el nuevo color del Estado burgués que funciona de acuerdo a la lógica de la acumulación capitalista. ¿Cuál es, entonces, el otro camino posible en el momento del Bicentenario? Básicamente, aquel que adoptara Diego Abad de Santillán hacia la primera mitad del siglo XX, es decir, en lugar de celebrar la grandeza (pasada o presente) de las élites políticas y económicas y de esconder bajo la alfombra de la complicidad los conflictos sociales producto de la explotación y de la opresión, en lugar de ello, dejar al descubierto la cara más cruda del fundamento coactivo del Estado y narrar la historia de aquellos que se enfrentaron al orden imperante en vistas de construir una sociedad justa y libre. Esto es lo que hizo Abad de Santillán a partir de la década de 1920, cuando decidió historiar sobre el movimiento obrero y sobre la lucha anarquista en Argentina a fines del siglo XIX y comienzos del XX, abriendo las necesarias grietas en el seno del relato clásico sobre la Argentina del "progreso" que miraba a 1910 como el año de la fiesta del Centenario. Abad de Santillán presentó a 1910 como el año del enfrentamiento, de particular intensidad desde la década anterior, entre las fuerzas del orden y los trabajadores, grupos e individualidades que aspiraban a una sociedad basada en el principio de la libertad. A su vez, presentó los festejos del Centenario como el intento desesperado del Estado y las capas dominantes de la sociedad por disimular la polaridad social, ocultar la lucha obrera (a fuerza de propaganda, pero también de la más cruenta represión), y difundir un "sentir patriótico" que sacrificara los intereses de los trabajadores a la "grandeza de la patria", que no era otra cosa que el enriquecimiento de unos pocos. En síntesis, la historia (la actividad de los historiadores) puesta al servicio de la dominación, por un lado, denunciada por la historia al servicio de liberación (Abad de Santillán y otros que transitaron el mismo camino), por el otro. En la actualidad, el panorama es similar, aunque presenta otra complejidad. Los estudios sobre las luchas obreras en torno al Centenario son hoy una disciplina de importancia, pero en su mayor parte hegemonizada por estudiosos que sostienen una mirada entre institucionalista y paternalista, cuando no abiertamente autoritaria y evolucionista. Los historiadores conservadores presentan las luchas anarquistas que predominaron en el cambio de siglo, como el signo de lo criminal o lo equivocado en un contexto de evolución institucional, los investigadores de la "renovación" democrática de los años ochenta presentan a los anarquistas como a "rebeldes primitivos" caracterizados por alguna incapacidad por adaptarse a la "beneficiosa" evolución democrática de la sociedad y la política, y desde las izquierdas marxistas y peronistas se los presenta como niños indisciplinados o extremistas irracionales cuyo error fue no dejarse someter por los dictados de un partido autoritario o que, con suerte, formaron parte del escalón más bajo de la escalera evolutiva hacia la madurez (marxista o peronista) de la clase obrera. Como está de más señalar a esta altura, cada una de estas interpretaciones de las luchas anarquistas y de las luchas obreras en general, responde a los intereses políticos actuales de aquellos que las formulan. Por más riguroso que sea el método empleado, la intencionalidad (consciente o inconsciente) impregna la lectura histórica en su conjunto. Ninguna obra histórica es inocente. Entre aquellos que estudian la lucha obrera en torno al Centenario, muchos reproducirán el mismo esquema que ya mencionáramos de la búsqueda de beneficios monetarios o de prestigio (capital simbólico) a través de la venta de libros u otras actividades similares como fin en sí mismo, y también estarán quienes lo hagan en el marco de las celebraciones del gobierno nacional y por lo tanto legitimando el actual cercenamiento de las luchas de los trabajadores. Y por otro lado, estarán quienes busquen demostrar con sus estudios y discusiones que la razón está del lado del propio partido (izquierdas marxistas), y que la solución a todos los problemas está en afiliarse bajo su bandera. La historia, por lo tanto, se presenta como campo de batalla. Reflexiones finales A lo largo del siglo XX, el anarquismo ha contado con destacados historiadores entre sus filas. Esta situación se percibe también en lo que va del siglo XXI, en un momento de particular recuperación del movimiento anarquista a nivel mundial. Es claro que en el seno de la historiografía, el anarquismo no es, ni está cerca de serlo, dominante; sin embargo, su presencia es indiscutible y, por otro lado, diversos estudios dentro del campo de la antropología y de la sociología han demostrado ampliamente la utilidad del empleo de los conceptos y principios del anarquismo para comprender, y también para proyectar, formas alternativas de vida social. Ciertamente, un historiador anarquista no es necesariamente un historiador "del movimiento anarquista", aun cuando, ante los embates de las interpretaciones hegemónicas sobre el movimiento (por ejemplo, en torno al anarquismo en la Argentina del Centenario), los anarquistas tenemos una obligación ética con aquellos que nos precedieron, y también una obligación crítica para no cometer los mismos errores ni dejarnos traicionar como lo fuimos en el pasado ( he aquí el sentido de las palabras de Abad de Santillán cuando enunciaba hacia 1937 que "es mejor vivir de realidades que de fantasías" ). Por lo tanto, reflexionar sobre el papel del historiador, y en particular del historiador anarquista, no implica circunscribirnos al estudio histórico de los periodos que hemos visto hasta ahora. Reflexionar sobre el papel de los historiadores en el momento del Bicentenario, implica ir mucho más allá en la reflexión del historiador en tanto aquel que hace, en todo momento, historia contemporánea. Así como enseñar una cierta interpretación de los hechos de 1810 tiene una consecuencia política inmediata, en pleno año 2010, también la investigación y divulgación de la historia de cualquier parte del mundo y de cualquier momento de la historia, tiene una incidencia concreta. Comprender esto es de una importancia capital, en un contexto en el cual los estudios de pensadores afines a tendencias liberales, conservadoras o marxistas hegemonizan el espacio. Esto no quiere decir que no se deba actuar por fuera de la disciplina, pero sí deja en claro que uno de los frentes está en el seno mismo de la historiografía, del mismo modo que en la antropología y en la sociología. Esto no quiere decir que se deba forzar a las fuentes o evidencias históricas para que revelen lo que uno quiere decir de antemano; muy por el contrario, se trata de hacer una historia rigurosa, que se enriquecerá con la perspectiva libertaria del investigador, y que abrirá grietas en las historias tradicionales construidas en base a preconceptos y a justificaciones. Debemos separar el discurso histórico del discurso político, para no caer en una historia que por militante olvide la rigurosidad en la búsqueda de la comprensión y la explicación, pero no podemos obviar ni subestimar las consecuencias políticas de toda investigación y divulgación histórica, sociológica o antropológica. Lo que el investigador (historiador, sociólogo, antropólogo) anarquista debe hacer, es transmitir el hábito de cuestionamiento a la sociedad, paso indispensable para llegar a la revolución social, y para que dicha revolución sea una construcción colectiva y no la obra de una élite iluminada. Ése es el desafío. Augusto Gayubas

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Ciencia versus religión
InfoporAnónimo6/9/2010

Lleva ya mucho tiempo desarrollándose una lucha implacable entre la ciencia y la religión en la que durante mucho tiempo, y aún en nuestros días en amplias zonas del globo, ha vencido esta última, ejerciendo con férrea tiranía su dominio sobre la humanidad. Pero llegará el día, no muy lejano, en que la razón vencerá y, por fin, "la verdad nos hará (un poco más) libres". La religión es un magno poder que dispone de las más intensas emociones humanas. Sabido es que, en tiempos, abarcaba todo lo que en la vida humana era espiritualidad, que ocupaba el lugar de la ciencia cuando apenas existía una ciencia, y que ha creado una concepción del universo incomparablemente lógica y concreta, la cual, aunque resquebrajada ya, subsiste aún hoy en día. Si queremos darnos cuenta exacta del poderío de la religión, deberemos hacernos presente todo lo que pretende procurar a los hombres. Les explica el origen y la génesis del universo, les asegura protección y dicha final en las vicisitudes de la vida y orienta sus opiniones y sus actos con prescripciones que apoya con toda su autoridad. Cumple, pues, tres funciones. Con la primera, satisface el ansia de saber de los hombres; hace lo mismo que la ciencia intenta con sus medios y entra así en rivalidad con ella. A su segunda función es quizá a la que debe la mayor parte de su influencia. En cuanto mitiga el miedo de los hombres a los peligros y vicisitudes de la vida, les asegura un desenlace venturoso y los consuela en la desgracia, no puede la ciencia competir con ella. La ciencia enseña, desde luego, cómo es posible evitar ciertos peligros y combatir con éxito ciertos padecimientos; sería injusto negar que auxilia poderosamente a los hombres; pero, en muchas situaciones, tiene que abandonarlos a sus cuitas y sólo resignación sabe aconsejarles. En su tercera función, cuando formula prescripciones, prohibiciones y restricciones, es en la que la religión se aleja más de la ciencia. Pues ésta se contenta con investigar y fijar. Aunque también de sus aplicaciones se deriven, ciertamente, reglas y consejos para la conducta en la vida. En ocasiones, las mismas prescritas por la religión, pero, entonces, con distinto fundamento. La coincidencia de estos tres contenidos de la religión no es por completo transparente. ¿Qué puede tener que ver la explicación de la génesis del mundo con la imposición de determinados preceptos éticos? Las seguridades de protección y bienaventuranza aparecen más íntimamente enlazadas a las exigencias éticas. Son el premio al cumplimiento de tales mandamientos; sólo quien a ellos se somete puede contar con semejantes beneficios; los desobedientes son castigados. También en la ciencia hallamos algo análogo. Para ella, quienes desprecian sus aplicaciones se exponen a graves perjuicios. Para mejor comprender esta singular coincidencia de instrucción, consuelo y exigencia en la religión, basta someterla a un análisis genésico. El cual debe partir del punto más impresionante del conjunto, de la explicación de la génesis del universo, pues ¿por qué todo sistema religioso ha de integrar forzosamente una cosmogonía? La doctrina general es que el mundo ha sido creado por un ser semejante al hombre, pero amplificado en todo, poder, sabiduría e intensidad de las pasiones; por un superhombre idealizado. Es interesante comprobar que tal Creador es siempre uno solo, aun en aquellas religiones que admiten pluralidad de dioses. Y también que es casi siempre un hombre, aunque no falten casos de divinidades femeninas y algunas mitologías hagan empezar precisamente la creación del mundo con la muerte de una divinidad femenina rebajada a la categoría de monstruo, a manos de una divinidad masculina. Dicho dios creador es considerado como padre de los hombres. El hombre religioso se representa la creación del mundo a la manera de su propia génesis. Ahora se explica ya, fácilmente, cómo las seguridades consoladoras y las severas exigencias éticas concurren con la cosmogonía. Pues la misma persona a la que el niño debe su existencia, el padre (o más exactamente, la instancia parental compuesta por el padre y la madre), ha protegido y vigilado al niño, débil e inerme, expuesto a todos los peligros acechantes en el mundo exterior; bajo su guarda se sintió seguro. Adulto ya, el hombre sabe poseer fuerzas mayores, pero también su conocimiento de los peligros de la vida se ha acrecentado, y deduce, con razón, que, en el fondo, continúa tan inerme y expuesto como en la infancia; sabe que frente al mundo sigue siendo un niño. Por lo tanto, no quiere renunciar tampoco entonces a la protección de que gozó en su infancia. Pero ha reconocido tiempo atrás que su padre es un ser de poderío muy limitado y en el que no concurren todas las excelencias. En consecuencia, recurre a la imagen mnémica del padre, tan sobreestimado por él, de su niñez; la eleva a la categoría de divinidad y la sitúa en el presente y en la realidad. La energía afectiva de esta imagen mnémica y la persistencia de necesidad de protección sustentan conjuntamente su fe en Dios. También el tercer punto capital del programa religioso, la exigencia ética, se adapta sin violencia a esta situación de la infancia. El mismo padre (la instancia parental), que ha dado la vida la niño y le ha protegido de los peligros de la misma, le enseñó lo que debía hacer y lo que no debía, le indicó la necesidad de someterse a ciertas restricciones de sus deseos instintivos y le hizo saber qué consideraciones debía guardar a padres y hermanos si quería llegar a ser un miembro tolerado y bien visto del círculo familiar y luego de círculos más amplios. Todas estas circunstancias las integra luego el hombre, sin modificaciones, en la religión. Las prohibiciones y las exigencias de los padres perviven como conciencia moral en su fuero interno. Del cumplimiento de las exigencias éticas depende qué medida de protección y de felicidad sea otorgada al individuo; en el amor a Dios y en la conciencia de ser amado por él se funda la seguridad con la que el individuo se acoraza contra los peligros que le amenazan por parte del mundo exterior y del de sus congéneres. Expuesta así, a grandes rasgos, la prehistoria de la concepción religiosa del universo, atenderemos ahora a lo que ha sucedido desde entonces y sucede aún hoy ante nuestros ojos. El espíritu científico, robustecido con la observación de los procesos naturales, ha comenzado a considerar la religión como un asunto humano y a someterla a un examen crítico. Que la religión no ha podido resistir. Fueron primero sus relatos de milagros los que despertaron extrañeza e incredulidad, porque contradecían todo lo que la observación serena había enseñado y delataban manifiestamente la influencia de la fantasía de los hombres. Luego hubieron de encontrar repulsa sus doctrinas explicativas del mundo existente, pues testimoniaban de una ignorancia que llevaba impreso el sello de tiempos antiguos y a la que el hombre se sabía superior merced a su mayor familiaridad con las leyes naturales. La doctrina de que el mundo habría nacido de actos genitores o creadores, análogamente a la génesis del individuo humano, no parecía ya ser la hipótesis más inmediata y evidente. También las afirmaciones religiosas que prometen al hombre protección y dicha, en cuanto cumpla determinados mandamientos éticos, se demostraban inverosímiles. Parece más bien que los destinos del hombre no son conciliables con la hipótesis de una bondad universal, ni con la de una justicia universal, que, en parte, contradiría aquélla. La religión es una tentativa de dominar el mundo sensorial, en el que estamos situados, por medio del mundo optativo, que en nosotros hemos desarrollado a consecuencia de necesidades biológicas y psicológicas. Pero no lo consigue. Sus doctrinas llevan impreso el sello de los tiempos en los que surgieron, el sello de la infancia ignorante de la humanidad. Sus consuelos no merecen confianza. La experiencia nos enseña que el mundo no es una "nursery". La lucha del espíritu científico contra la concepción religiosa del universo no ha llegado aún a su término y sigue desarrollándose ante nuestros ojos. El pensamiento científico no es, en su esencia, distinto de la actividad intelectual normal que nosotros todos, creyentes e incrédulos, utilizamos en el despacho de nuestros asuntos en la vida. Se esfuerza en mantener alejados los factores individuales y las influencias afectivas, examina severamente la garantía de las percepciones sensoriales en las que basa sus conclusiones, se procura nuevas percepciones imposibles de lograr con los medios cotidianos y aisla las condiciones de estas nuevas experiencias en experimentos intencionadamente variados. Su aspiración es alcanzar la coincidencia con la realidad. A esta coincidencia con el mundo exterior real es a lo que llamamos verdad. Ella es la meta de la labor científica, incluso cuando prescindimos de su valor práctico. Así, pues, si la religión afirma que puede sustituir a la ciencia y que, por ser benéfica y elevadora, tiene también que ser verdadera, ello constituye una intrusión que debe ser rechazada en nombre del interés general. La prohibición de pensar que la religión decreta en servicio de su propia conservación, entraña también graves peligros, tanto para el individuo como para la comunidad humana. En las vidas de casi todos los individuos sobresalientes de tiempos pasados pueden señalarse los daños imputables a esta inhibición religiosa del pensamiento. La esencia misma de la razón garantiza que nunca dejará de otorgar su debido puesto a los impulsos afectivos del hombre y a lo que por ellos es determinado. Pero la coerción común de un tal reinado de la razón resultará el más fuerte lazo de unión entre los hombres y procurará otras armonías. Aquello que, como la prohibición religiosa de pensar, se opone a una tal evolución, es un peligro para el porvenir de la humanidad. Podemos ahora preguntar por qué la religión no pone término a esta pugna, tan sin esperanzas para ella, declarando franca y espontáneamente: "Es cierto que yo no puedo daros aquello que generalmente es llamado la verdad; para ello debéis ateneros a la ciencia. Pero lo que sí puedo procuraros es mucho más bello, consolador y elevador que todo lo que podéis recibir de la ciencia. Y por eso os digo que es también verdadero en un sentido distinto y más alto". La respuesta es fácil: la religión no puede hacer semejante confesión, porque perdería con ella toda influencia sobre la masa. El hombre común no conoce más que una verdad en el sentido común de la palabra. No puede representarse lo que pueda ser una verdad más alta o suprema. Así, pues, la pugna no ha terminado. Los adeptos de la concepción religiosa del universo, obran conforme al antiguo principio de que la mejor defensa es el ataque. Preguntan: ¿qué es esa ciencia que se atreve a desvalorizar nuestra religión que ha otorgado salvación y consuelo a millones de hombres durante millares de años? ¿Qué ha hecho por su parte? ¿Y qué podemos esperar de ella? Se confiesa incapaz de procurar consuelo y elevación. ¿Y sus doctrinas? ¿Puede decirnos cuál ha sido el origen del mundo y cuáles han de ser sus destinos? ¿Puede trazarnos siquiera una imagen coherente del mundo y mostrarnos la condición de los fenómenos inexplicados de la vida y cómo actúan las fuerzas espirituales sobre la materia inerte? No ha resuelto aún ningún problema de este orden. Reúne observaciones de regularidades en el curso de los sucesos, a las que da el nombre de leyes y las somete a sus aventuradas interpretaciones. ¡Y qué mínimo grado de seguridad atribuye a sus resultados! Todo lo que enseña es tan sólo provisional; lo que hoy es ensalzado como máxima sabiduría es rechazado mañana y sustituído por otra provisionalidad. El último error es entonces la verdad. Y a esta verdad se pretende que sacrifiquemos nuestro mayor bien. El camino de la ciencia es, en efecto, lento, penoso y vacilante. No es posible negarlo ni evitarlo. Y así, no es maravilla que disguste a los señores del otro lado, a quienes la revelación se lo ha dado todo hecho. En la crítica antes expuesta de la ciencia hay también buena parte de exageración. No es verdad que vaya ciega de un experimento a otro, que trueque un error por otro. Y, además, por lo menos en las ciencias más maduras, hay ya actualmente un sólido núcleo central que sólo es ya modificado y perfeccionado, pero no cambiado. No todo son, pues, dificultades en la actividad científica. Y por último, ¿qué se pretende lograr con tan apasionados ataques a la ciencia? A pesar de su incompletud actual y de las dificultades a ella inherentes, nos es indispensable y nada puede sustituirla. Es susceptible de insospechados perfeccionamientos, lo que no sucede con la concepción religiosa deI Universo. Esta última está ya acabada en todas sus partes; si fue un error, seguirá siéndolo siempre. Ningún empequeñecimiento de la ciencia puede modificar en nada el hecho de que intenta adaptarse a nuestra dependencia del mundo real, mientras que la religión es ilusión y extrae su fuerza de su adaptación a nuestros impulsos optativos instintivos. El pensamiento científico es aún demasiado joven entre los hombres y no ha podido dominar todavía muchos de los grandes problemas. Una concepción del Universo fundada en la ciencia tiene, fuera de la acentuación del mundo exterior real, rasgos esencialmente negativos, como el sometimiento a la verdad y la repulsa de las ilusiones. Aquellos de nuestros semejantes a quienes no satisfaga este estado de cosas y demanden algo más para su satisfacción momentánea, pueden procurárselo donde lo encuentren. No se lo tomaremos a mal, pero tampoco podemos ayudarlos a ello, ni pensar, en su obsequio, de otro modo. Sigmund Freud (Una concepción del Universo, 1932)

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En Tiempos de Elecciones
InfoporAnónimo5/26/2010

Luis.- ¡Buen vino es éste, amigo! Carlos.- Psch, no es malo ... pero sí es caro. Luis.- ¿Caro? ¡Seguramente! Con tanto impuesto y con tantas contribuciones como se pagan al gobierno y al municipio, el litro viene a costar el doble de lo debido. ¡Y si fuese tan solo el vino! El pan, la carne, la casa todo cuesta un ojo de la cara; y si el trabajo falta no se puede pagar ni aún lo más necesario. En fin, que no hay modo de poder vivir. Sin embargo todo el mal viene de nosotros mismos. Si nosotros quisiéramos, todo se podría remediar. Precisamente, ahora es la ocasión para poner manos a la obra. Carlos.- ¿Sí? Veamos, veamos cómo. Luis.- Es una cosa muy sencilla. ¿Eres elector? Carlos.- Sí lo soy; pero como si no lo fuera, porque no he de votar. Luis.- He ahí el mal. ¡Y después nos lamentamos! ¿No comprendes que tú mismo eres tu propio asesino y el de tu familia? Tú eres uno de tantos que por su indolencia y su rebajamiento merecen la miseria en que yacen. Y todavia es poco. Tú ... Carlos.- Bueno, bueno, no te sobresaltes. A mí me gusta razonar y no quiero más que ser convencido. ¿Pero qué conseguiría si fuese a votar? Luis.- ¡Cómo! ¿Qué necesidad hay de razonar tanto? ¿Quiénes hacen las leyes? ¿No son los diputados y los ministros? Así pues, si eligiéramos buenos diputados y buenos concejales, habría buenos ministros y buenos municipios y, en consecuencia, serían mejores las leyes, se rebajarían las contríbuciones, se suprimirían impuestos tan odiosos como el de consumo, sería protegido el trabajo y, por ende, la miseria en que vivimos no sería tan espantosa. Carlos.- ¡Buenos diputados, buenos ministros y buenos concejales! ¡Bonito canto de sirena! Se necesita estar sordo y ciego para no comprender que todos son lo mismo. Como tú, hablan todos los que tienen necesidad de ser elegidos. Todos buenos, todos democráticos; nos pasan la mano por el lomo, llaman a nuestras compañeras para saludarlas, a nuestros niños para besarlos; nos prometen ferrocarriles, puentes, agua potable, trabajo, pan a buen precio, protección del Estado ... todo lo que se quiera. Y después, si te he visto no me acuerdo. Una vez elegidos, adiós promesas. Nuestras compañeras y nuestros hijos pueden morirse de hambre; nuestro país puede verse asolado por las fiebres y toda clase de calamidades; el trabajo se paraliza y pan falta para la mayor parte, y el hambre, la miseria, hacen estragos por doquier. ¡Pero qué! El diputado no se ocupa para nada de nuestros desastres. Para estas cosas está la policía. Para otro año se reanudará la burla. Por el momento, pasada la fiesta, engañado el santo. ¿Y sabes? El partido político, el color político, nada importa; todos. todos son iguales. La única diferencia es que los unos se nos presentan cínicamente como son, mientras que los otros nos llevan con su charla adonde quieren, haciéndose pagar banquetes y otras zarandajas. Luis.- Perfectamente; mas. ¿por qué elegir a los burgueses? ¿No sabes que los burgueses viven del trabajo de los demás? ¿Y cómo quieres que piensen en hacer el bien del pueblo? Si el pueblo fuera libre, se habria concluido la cucaña política para esos caballeros del bien vivir. Verdad es que si quisieran trabajar estarían aún mejor, pero esto no lo entienden; no piensan más que en sacar cuanto pueden la sangre del pobre pueblo. Carlos.- ¡Oh! Ahora sí que empiezas a hablar bien. Solamente los burgueses o los que quieren ser diputados para llegar a ser burgueses, se ocupan de los burgueses. Luis.- Pues bien, evitemos esto. Nombremos diputados a los amigos probados, consecuentes, diputados populares, y así estaremos seguros de no ser engañados. Carlos.- ¡Eh. alto! No hay tantos de esos amigos probados. Pero ya que eres curioso nombremos, nombremos esos diputados ¡como si tú y yo pudiéramos nombrar a quien mejor nos pareciera! Luis.- ¿Tú y yo? No se trata únicamente de nosotros dos. Es cierto, ciertísimo, que nosotros dos nada podemos hacer; pero si cualquiera de nosotros se esforzase por convertir a los demás, y éstos procedieran como nosotros, pronto contaríamos con la mayoría de los electores y podríamos elegir el diputado que mejor nos pareciera. Y si lo que nosotros hiciéramos aquí lo hicieran en los demás colegios electorales, llegaríamos a tener de nuestra parte la mayoría del parlamento y entonces ... Carlos.- Y entonces vuelta a la cucaña política para los que fueran al parlamento ... ¿no es verdad? Luis.- Pero... Carlos.- ¿Pero me tomas como cosa de juego? ¡Qué mal vas! No parece sino que ya cuentas con la mayoría y todo lo arreglas a tu antojo. La mayoría, amigo, la tienen los que mandan, la tienen siempre los ricos. Ahí tienes un pobre diablo, un labrador con su mujer enferma y cinco hijos chiquitillos; anda y persuádele de que debe sufrir los rigores de la miseria, de que debe consentir en verse en medio de la vía pública como un perro vagabundo, no sólo él sino también los suyos, por el placer de dar el voto a quien no sea del gusto del burgués. Anda y convence a todos los que el burgués puede hacer morir de hambre cuando le plazca. Desengáñate: el pobre nunca es libre; y por tanto no sabría por quien votar. Y si supiera y pudiera, aún tendría necesidad de votar a sus señores. Así tendrían éstos lo que desean, y buenas noches. Lo mismo en el campo que en la ciudad, el trabajador es esclavo del que manda o del que más tiene. En nuestros villorrios, en nuestras aldeas, en los más reducidos lugares, el cacique es dueño y señor de todos los electores. Un simple alcalde de barrio tiene más poder en una aldea que un banquero en la ciudad. La sola presencia de un representante de la tiranía, se lleva por delante a todos los electores habidos y por haber. Por desgracia, nuestros compañeros del campo se ven obligados a votar por quien manda el cacique, o el alcalde, o el que les presta a un interés usurario algún dinero. En las poblaciones grandes o pequeñas, el obrero industrial está totalmente supeditado al fabricante, al maestro; y cuando no al médico, o al abogado, al notario, al casero, hasta al tendero de aceite y vinagre. Ve y diles que voten, y contestarán que desgraciadamente han de votar, quieran o no, por quien les manden. ¡Pobre del que se atreve a tener opiniones propias! Luis.- Sin duda la cosa no es fácil. Se necesita trabajar, propagar para hacer comprender al pueblo cuáles son sus derechos y animarle a afrontar la ira de los burgueses. Necesitamos unirnos, organizarnos para impedir a los burgueses que coarten la libertad de los trabajadores, arrojándoles a la calle cuando no siguen sus consejos. Carlos.- ¿Y todo esto para votar por don Fulano o don Mengano? ¡Qué simple eres! Sí, todo lo que dices debemos hacerlo, pero de un modo distinto: debemos hacerlo para que el pueblo comprenda que cuanto hay en el mundo es suyo y se le roba; y que por tanto tiene el derecho, y si se quiere hasta la fuerza, de arrebatarlo, y de arrebatarlo o recuperarlo por sí mismo, sin esperar gracias de nadie. Luis.- Pero, en fin, ¿cómo hacerlo? Alguno ha de dirigir al pueblo, organizar las fuerzas sociales, administrar justicia y garantizar la seguridad pública. Carlos.- No, no. Nada de eso. Luis.- ¿Y cómo entonces? ¡El pueblo es tan ignorante! Carlos.- ¿Ignorante? El pueblo lo es, en verdad, porque si no lo fuera, pronto enviaría a paseo toda la jerigonza gubernamental. Pero yo creo que tus propios intereses te lo harán pronto comprender. Si dejáramos al pueblo obrar por su cuenta, arreglaría sus cosas mejor que todos los ganapanes que, con el pretexto de gobernarlo, lo explotan y tratan como a una bestia. Es curioso lo que te ocurre con esta historieta de la ignorancia popular. Cuando se trata de dejar al pueblo que haga lo mejor que le parezca, dices que no tiene capacidad ninguna; cuando, por el contrario, se trata de hacerle nombrar diputados, entonces se le reconoce ya una cierta capacidad ... y si nombra alguno de los nuestros, entonces se le atribuye una sapiencia estupenda ... ¿No es cien veces más fácil administrar cada uno por sí mismo lo que le pertenezca, que encontrar uno que sea capaz de hacerlo por otro? No sólo, en este último caso, se necesita conocer cómo había de hacerse todo para juzgar la idea del que se escogiese, sino también saber discernir la sinceridad, el talento y las demás cualidades del que solicitare nuestros votos. ¿Y si el diputado quisiera servir sinceramente nuestros intereses, no debería preguntar por nuestra opinión, indagar nuestros deseos, acatar nuestras decisiones? Y entonces, ¿por qué dar a nadie el derecho de obrar a su antojo y de engañarnos y traicionarnos si bien lo juzga? Luis.- Pero como los hombres no pueden hacerlo todo por sí mismos, como no sirven para todo, de aquí la necesidad de que alguno cuide de la cosa pública y arregle los asuntos de la política. Carlos.- Yo no sé qué es lo que tú entiendes por política. Si entiendes que es el arte de engañar al pueblo y robarle haciéndole gritar lo menos posible, persuádete de que haríamos nosotros mismos otra cosa. Si por política entiendes el interés general, y el modo de hacerlo todo de acuerdo con la mayor ventaja para cada uno, entonces es una cosa de la que debemos ocuparnos y entender todos, como todos, por ejemplo, sabemos acudir a la mesa de un café sin incomodarnos los unos con los otros, divirtiéndonos sin molestia para nadie. ¡Qué diantre! No parece sino que hasta para sonarnos habríamos de necesitar un especialista y darle por añadidura el derecho de arrancarnos la nariz, si no nos sonábamos a su gusto. Por lo demás, se comprende que el zapato debe hacerlo el zapatero y la casa el albañil. Pero nadie sueña en dar al zapatero y al albañil el derecho de gobernarse, administrarse ... Pero volvamos al asunto. ¿Qué han hecho a favor del pueblo los que han ido y van al parlamento y al municipio para hacer el bien general? ¿Y, aún los mismos socialistas, se han mostrado mejores que los demás? Nada, lo que te he dicho, todos son iguales. Luis.- ¿También la emprendes con los socialistas? ¿Qué quieres que hagamos, si verdaderamente no podemos hacer nada? Somos pocos, y aunque en algún municipio tengamos mayoría, estamos completamente sitiados por las leyes y la influencia de la burguesía que nos ata de pies y manos. Carlos.- ¿Y por qué vais entonces a votar? ¿Por qué insistís, si no podéis hacer nada? Será porque los elegidos podrán hacer algo para sí mismos, en su provecho propio. Luis.- Dispensa un momento: ¿Eres anarquista? Carlos.- ¿Qué te importa lo que soy? Escucha lo que digo, que si ves que mis argumentos son buenos, apruébalos, si no, combátelos y trata de convencerme. Sí, soy anarquista, ¿y qué? Luis.- ¡Oh, nada! Yo tengo mucho gusto en discutir contigo. También yo soy socialista, pero no anarquista, porque me parece que tus ideas son demasiado avanzadas. Mas, comprendo que en muchas cosas tienes razón. Si hubiera sabido que eras anarquista, no te hubiera dicho que por medio de las elecciones y del parlamento puede obtenerse el bien deseado, porque mientras seamos pobres, serán siempre los ricos los que confeccionen las leyes, y las harán siempre en provecho propio. Carlos.- ¡Pero tú eres, entonces, un embaucador! ¡Cómo! ¿Sabes la verdad y predicas la mentira? Cuando no sabías que yo era anarquista, decías que eligiendo buenos diputados y buenos concejales se convertiría la Tierra en un verdadero paraíso; ahora que ya sabes lo que soy y que no puede engañárseme en un dos por tres, dices que con el parlamentarismo nada se puede conseguir. ¿Por qué entonces, quebrarme la cabeza con la propaganda de las elecciones? ¿O es que te pagan para engañar a los infelices trabajadores? Sin embargo, yo sé que eres un buen obrero, que eres de los que viven a fuerza de mucho esfuerzo. ¿Por qué, entonces, engañas a tus compañeros haciéndoles que favorezcan los intereses de cualquier renegado, que con la excusa del socialismo lo que busca es darse tono de señor, de gran señor, de gran burgués? Luis.- No, no, amigo mío. No me juzgues tan mal. Si yo procuro que lo obreros voten, es en interés de la propaganda solamente. ¿No comprendes cuántas ventajas tiene para nosotros el que haya alguno de los nuestros en el parlamento? Puede hacer la propaganda mejor que cualquier otro, porque viaja como le parece y sin que la policía le estorbe mucho; además, cuando habla en la Cámara, todo el mundo se ocupa de las ideas socialistas y las discute. ¿No es eso propaganda? ¿No vamos ganando siempre algo? Carlos.- ¡Y para propagar te conviertes en agente electoral! ¡Bella propaganda la tuya! Anda, ve y dile a las gentes que todo han de esperarlo del parlamento, que la revolución no conduce a nada, que el obrero no tiene otra cosa que hacer más que depositar un pedazo de papel en la urna y esperar con la boca abierta a que caiga el maná del cielo. ¡Bonita, magnífica, sublime propaganda! Luis.- Tienes razón, pero ¡qué hacer! ¿Cómo decir a los trabajadores que no se puede esperar nada del parlamento, que los diputados para nada sirven, y propagarles luego que deben votar? Dirían que los tomamos como juguetes. Carlos.- Bien sé que se necesita algo para decidir a la gente a que vote y elija diputados. Y no sólo se necesita hacer algo, sino también prometer mucho que no se ha de poder cumplir; se necesita hacer la corte a los señores, ser benévolo con el gobierno, encender una vela a San Miguel y otra al diablo, y burlarse de todos. Si no, no se es elegido. ¿Y a qué me vienes a hablar de propaganda, si todo lo que hacéis es contrario completamente a ella? Luis.- No digo que no tengas razón; mas, en fin, convén conmigo que es siempre ventaja tener alguno de los nuestros que pueda levantar la voz en la Cámara, y defender las ideas de emancipación del proletariado. Carlos.- ¿Una ventaja? Para ellos y aún para alguno de sus amigos, no digo que no. Mas para la masa general del pueblo, de ningún modo. ¡Si por lo menos no fuese esto ya evidente hasta la saciedad! Allá va un año tras otro en que hemos sido bastante necios para mandar al parlamento diputados socialistas. Los hay en la Cámara francesa, los hay en la italiana, los hay en la alemana, en la española y en la argentina, en número bastante crecido y ¿qué hemos obtenido? Que los unos se hagan monárquicos, los otros se alíen con los republicanos, y nadie se ocupe de los intereses populares. ¡Pobres obreros republicanos! Creen hacer un gran bien y no reparan en que son miserablemente engañados. Volviendo a nuestro primer asunto, esto es, a lo que hemos obtenido con el nombramiento de diputados socialistas, resulta que éstos eran perseguidos y tratados como malhechores cuando decían la verdad, y hoy son muy estimados de los grandes señores, y el ministro y el consejero les tienden la mano. Y si son condenados es por cuestiones puramente burguesas que nada tienen que ver con la causa del obrero y, por tanto, no tienen excusa. Todos son perros de una misma raza, o como suele decirse, los mismos perros con distintos collares, que acaban siempre por ponerse de acuerdo para roer el hueso popular, para acabar con la sangre del pueblo. ¡No tengas cuidado, que semejantes personajes expongan sus pechos en un movimiento revolucionario! Luis.- Eres demasiado severo. Los hombres son hombres y, necesariamente, hay que disculpar sus debilidades. Por lo demás, ¿qué se puede decir si los que hemos nombrado hasta ahora, no han sabido cumplir con su deber, o no han tenido valor suficiente para cumplirlo? ¿Quién dijo que elijamos siempre los mismos? Nombremos, pues, otros mejores. Carlos.- ¡Ya! Y así el partido socialista vendrá a convertirse en una fábrica de embaucadores. ¿Crees tú que no hemos tenido ya bastantes traidores? ¿O es que hay que colocar a los demás en situación de que lo sean? En fin, ¿crees o no crees que el que al molino va, en la harina se le conoce? El que se mezcla con los burgueses, le toma gusto a vivir sin trabajar. Cuanta más gente pase por el poder, tanta más se corromperá. Aunque pasase alguno que tuviera bastante buen temple para no corromperse, sería lo mismo, porque amando la causa popular, no podría oponerse a la propaganda con la esperanza de ser útil más tarde. Yo creo firmemente en la sinceridad del que, diciéndose socialista, corre todos los riesgos, se expone a perder su jornal, a ser perseguido y encarcelado. En cambio, me inspiran poca confianza los que hacen del socialismo un oficio, que nada hacen que pueda comprometerles, que buscan la popularidad huyendo del peligro, esto es, que saben nadar y guardar la ropa, como suele decirse gráficamente. Me parece que son como los curas, que predican para su santo negocio. Luis.- Traspasas el límite de lo racional, amigo mío, porque entre los que has insultado, están los que han trabajado y sufrido por la causa común, están los que tienen un pasado ... Carlos.- No vengas ahora a romperme la cabeza con el pasado. El mismo Crispi ha sido en otros tiempos revolucionario, ha expuesto la piel y ha sufrido como tantos otros. ¿Vamos por esto a respetarlo ahora que se ha convertido en un reaccionario, en un tiranuelo de los más repugnantes? Esos individuos de quienes hablas son los mismos que deshonran y mancillan su propio pasado, y en nombre de ese mismo pasado podemos condenarlos porque han renegado de él. En todas partes hay ejemplos de lo que digo: la mayor parte de los prohombres republicanos de la republicana Francia han sido más o menos revolucionarios en otros tiempos, y hoy son unos doctrinarios de la peor estofa. Hay en el partido conservador inglés quien ha llegado en otras épocas hasta a aceptar el programa de la Internacional. En España, no sólo Castelar y Salmerón, sino también Sagasta y Cánovas, entre muchos republicanos y monárquicos, fueron, quien más quien menos, revolucionarios decididos, y hoy todos se avienen con las ideas y procedimientos más retrógrados, explotando al pueblo desde el poder unos, engañándole desde la oposición otros. Luis.- Bueno, hombre, no sé como he de convencerte. Vaya enhoramala el parlamentarismo, pero has de convenir que en cuanto al municipio ya es otra cosa. Aquí es más fácil obtener mayoría y hacer el bien del pueblo. Carlos.- ¡Pero si tú mismo has dicho que los concejales están atados de pies y manos y que al fin y a la postre, tanto en la Cámara como en el municipio, son siempre los ricos los que mandan! Por lo demás, ya hemos visto bastantes ejemplos. En la vecina ciudad lo mismo que en cualquiera, han ido los socialistas al ayuntamiento y, ¿sabes lo que han hecho? Habían prometido suprimir el impuesto de consumos y facilitar los medios para que los niños pudieran ir cómodamente a la escuela desde el pueblo a la ciudad, y nada han hecho. Y después, cuando el pueblo murmura, aquellos señores socialistas hablan en sus mismos periódicos del eterno descontento, como pudieran hacerlo los mismos representantes de la autoridad y de la burguesía. Además, cuando van al municipio, no tienen dónde caerse muertos, y luego se procuran buenas colocaciones para sí y sus parientes, de modo que puedan vivir sin trabajar, y luego dicen que quieren hacer el bien del pueblo. Luis.- ¡Pero esas son calumnias! Carlos.- Admitamos que hay algo de calumnioso, ¿y lo que yo he visto con mis propios ojos? Dicen que cuando el río suena agua lleva, y en esta ocasión no puede ser más cierto; lo cual perjudica en gran modo al partido socialista. El socialismo, que debiera ser la esperanza y el consuelo del pueblo, de la clase trabajadora, se hace objeto de sus maldiciones cuando se halla en el poder, en el parlamento o en el municipio. ¿Aún dirás que ésta es propaganda propiamente dicha? Luis.- ¡No seas así! Si no estás satisfecho de los que nos representan, nombremos otros; la culpa la tienen siempre los electores, porque son los burgueses los que nombran a los que quieren. Carlos.- ¡Y dale! ¿Hablo con una piedra o con quién hablo? Si, señor, la culpa la tienen los electores y los no electores, porque debieran prescindir de los parlamentos y de los municipios, como cosa completamente inútil para el bien del pueblo. Farsa por farsa, debemos quedarnos sin ninguna. El parlamento, las diputaciones y los municipios, son farsas que nos cuestan muy caras y que para nada sirven. Y tú, que no ignoras que aquellos de los nuestros que van al parlamento, a la diputación o al municipio, conviértanse o no en embaucadores, nada pueden hacer por la clase trabajadora, salvo echarle tierra en los ojos para mayor tranquilidad de los señores; tú debes esforzarte para destruír esa estúpida fe en el sufragío. La causa fundamental de la miseria y de todos los males sociales es la propiedad individual (a causa de la cual el hombre no puede producir sino aceptando las condiciones que le imponga el que monopoliza la tierra y los instrumentos de trabajo) y el gobierno, el cual defiende a los explotadores y explota por su propia cuenta. Y los burgueses, antes que dejen que se ponga la mano sobre estas dos instituciones: la propiedad y el gobierno, las defenderán a todo trance. Engañan, mistifican y pervierten todo, y cuando esto no basta, a la prisión, al destierro y hasta al cadalso apelan contra nosotros. ¡Si quieres mejor elección! Nosotros queremos la revolución; una revolución completa que no deje la menor memoria de la infamia actual. Se necesita declararlo todo, tierra e instrumentos de trabajo, propiedad común; se necesita, es preciso que todos tengamos pan, casa y vestidos; es indispensable que los campesinos supriman al burgués y cultiven la tierra por su propia cuenta y la de sus compañeros de trabajo; que el obrero industrial prescinda también del burgués que le explota, y organice la producción en beneficio general; y, además, es muy necesario no volverse a acordar del gobierno, no dar poder a nadie y hacer cada uno todas las cosas por sí mismo. Cada cual se entenderá dentro de un municipio o pueblo con sus compañeros de oficio y con todos los que tengan necesidad de entenderse en los pueblos más cercanos. Los municipios se entenderán unos con otros; las comarcas con las comarcas, las regiones con las regiones también. Los de un mismo oficio en diferentes localidades se entenderán entre sí, y así se llegará al acuerdo general, y se llegará ciertamente porque en ello va el interés de todos. Entonces, no nos veremos como el perro y el gato, no estaremos en guerra permanente, no pereceremos en manos de una concurrencia infame. Las máquinas ya no serán de utilidad exclusiva de los burgueses ni servirán para dejar sin trabajo y sin pan a la mayor parte de los nuestros, de los que producen y están siempre condenados a la esclavitud y a la miseria; pero servirán en cambio, para hacer el trabajo menos pesado, más útil y más ventajoso para todos. No habrá ya tierras incultas, ni sucederá que el que las cultive no produzca más que la décima parte de lo que debe producir, porque se aplicarán todos los medios ya conocidos para aumentar y mejorar la producción de la tierra y de la industria, de tal modo que el hombre podrá satisfacer siempre sus necesidades espléndidamente. Luis.- Todo lo que dices es muy bello y verlo quisiera. Yo también encuentro muy buenas vuestras aspiraciones, pero ¿cómo realizarlas? Ya sé que el único medio es la revolución, y que por muchas vueltas que se le dé, por la revolución se acabará. Mas, como por el momento la revolución no podemos hacerla, hacemos en tanto lo que podemos y no pudiendo hacer otra cosa mejor, agitamos la opinión por medio de las elecciones. Así nos movemos siempre, y siempre se hace propaganda. Carlos.- ¡Cómo! ¿Hablas ahora de propaganda? ¿No sabes qué clase de propaganda has hecho con las elecciones? Vosotros habéis dejado a un lado el programa socialista y os mezcláis con todos esos charlatanes demócratas, que no se ocupan más que de conquistar el poder y hacer luego lo que han hecho todos sus compañeros en democracia, ocuparse ante todo de sí mismos. Vosotros habéis introducido la división y la guerra personal entre los socialistas. Vosotros habéis abandonado la propaganda de los principios por la propaganda a favor de Zutano o de Mengano. Ya no habláis de revolución, y aunque habléis no pensáis, ni por asomo, en hacerla, en provocarla; y esto es natural, porque el camino del parlamento no es el de las barricadas. Habéis corrompido a un cierto número de compañeros que sin la tentación a que los sometisteis hubieran permanecido honrados. Habéis fomentado ciertas ilusiones que hicieron olvidar la revolución, y cuando se desvanecieron, nos hicieron desconfiar de todo y de todos. Habéis desacreditado al socialismo entre las masas que empezaron a considerarse como un partido de gobierno, y han sospechado de vosotros y os han despreciado, como hace siempre el pueblo con todos los que llegan o pretenden llegar al poder. Luis.- Dime, entonces, ¿qué es lo que debemos hacer? ¿Qué hacéis vosotros? ¿Por qué en vez de hacernos la guerra no tratáis de hacernos mejores? Carlos.- Yo no te he dicho que nosotros hayamos hecho y hagamos todo lo que se puede y debe hacer. Aún de esto mismo tenéis vosotros mucha culpa, porque con vuestras mistificaciones y deserciones habéis paralizado por muchos años nuestra acción, y nos habéis obligado a emplear grandes esfuerzos para combatir vuestra tendencia, que si hubiera prevalecido, no hubiera quedado del socialismo más que el nombre. Pero esto creemos que no se repetirá. Por una parte, nosotros hemos aprendido mucho y estamos en situación de aprovechar la experiencia obtenida y corregir los errores del pasado. Por otra, entre vosotros mismos la gente empieza a ver con malos ojos las malditas elecciones. La experiencia es de tantos años y vuestros representantes se han significado tan poco, que hoy todos los que aman sinceramente la causa y tienen espíritu revolucionario, tienen forzosamente que abrir los ojos. Luis.- Y bien, haced la revolución, y estad seguros que nosotros nos encontraremos a vuestro lado, cuando hagáis las barricadas. ¿Nos tomáis acaso por cobardes? Carlos.- Es una cosa muy cómoda, ¿no es verdad? ¡Haced la revolución, y luego, cuando esté hecha, nos veremos! Pero si vosotros sois revolucionarios, ¿por qué no ayudáis a prepararla? Luis.- Escucha: por mi parte, te aseguro que si viera un medio práctico para poder ser útil a la revolución, enviaría al diablo elecciones y candidatos, porque, a decir verdad, comienzo a tener yo también la cabeza llena de política, y confieso también que lo que me has dicho hoy me ha hecho un poco de impresión; no te puedo decir que no tengas razón. Carlos.- ¿No sabes lo que se puede hacer? ¡Pero si yo te digo que la práctica de la lucha electoral hace perder hasta el criterio de la buena propaganda socialista y revolucionaria! Y, sin embargo, basta saber lo que se quiere y quererlo firmemente para encontrar mil cosas útiles para hacer. Ante todo, propaguemos los verdaderos principios socialistas, y en lugar de contar mentiras y dar falsas esperanzas a los electores y a los no electores, incitemos en esas mentes el espíritu de rebelión y el desprecio al parlamentarismo. Hagamos de modo que los trabajadores no voten, y que las elecciones se las hagan ellos, gobierno y capitalistas, en medio de la indiferencia y del desprecio del pueblo; porque cuando se ha destruido la fe en las urnas, nace lógicamente la necesidad de hacer la revolución. Vayamos a los grupos y a las reuniones electorales, pero para desbaratar los planes y las mentiras de los candidatos, y para explicar siempre los principios socialistas-anárquicos, es decir, la necesidad de quitar el gobierno y desposeer a los propietarios. Entremos en todos los sindicatos obreros, hagamos otros nuevos, y siempre para hacer la propaganda y hablar de todo aquello que debemos hacer para emanciparnos. Pongámonos en la primera fila en las huelgas, provoquémoslas siempre para ahondar el abismo entre patronos y obreros y empujemos siempre las cosas cuanto más adelante mejor. Hagamos comprender a todos aquellos que mueren de hambre y de frío, que todas las mercancías que llenan los almacenes les pertenecen a ellos, porque ellos fueron los únicos constructores, e incitémosles y ayudémosles para que las tomen. Cuando suceda alguna rebelión espontánea, como varias veces ha acontecido, corramos a mezclarnos y busquemos de hacer consistente el movimiento exponiéndonos a los peligros y luchando juntos con el pueblo. Luego, en la práctica, surgen las ideas, se presentan las ocasiones. Organicemos, por ejemplo, un movimiento para no pagar los alquileres; persuadamos a los trabajadores del campo de que se lleven las cosechas para sus casas, y si podemos, ayudémoslos a llevárselas y a luchar contra dueños y guardias que no quieran permitirlo. Organicemos movimientos para obligar a los municipios a que hagan aquellas cosas grandes o chicas que el pueblo desee urgentemente, como, por ejemplo, quitar los impuestos que gravan todos los artículos de primera necesidad. Quedémonos siempre en medio de la masa popular y acostumbrémosla a tomarse aquellas libertades que con las buenas formas legales nunca le serían concedidas. En resumen: cada cual haga lo que pueda según el lugar y el ambiente en que se encuentra, tomando como punto de partida los deseos prácticos del pueblo, y excitándole siempre nuevos deseos. Y en medio de toda esta actividad, vayamos eligiendo aquellos elementos que poco a poco van comprendiendo y aceptando con entusiasmo nuestras ideas; juntémonos en pacto mutuo, y preparemos así las fuerzas para una acción decisiva y general. Ved, dentro de poco, por ejemplo, viene el asunto del Primero de Mayo. En todo el mundo los obreros se preparan a efectuar una grandiosa manifestación para ese día, no trabajando. Hay muchos que lo hacen simplemente para obtener la jornada de ocho horas de trabajo, pero hay también aquellos que no se conforman con esto. Y piensan quitarse de encima, de una manera radical, todas esas sanguijuelas que con el nombre de capitalistas o patronos, chupan la sangre a los trabajadores. Y bien, nosotros debemos aceptar este práctico terreno de acción que nos ofrecen las masas mismas. Trabajemos entonces desde ahora e incansablemente, para que el próximo Primero de Mayo nadie trabaje y nadie vuelva a hacerlo sino como trabajador libre, asociado a compañeros libres y en talleres de propiedad de todos. Y cuando venga ese Primero de Mayo, salgamos a la calle con la muchedumbre y hagamos aquello que la disposición del pueblo nos aconseje. No será quizás la revolución, porque los gobiemos están muy prevenidos y el pueblo aún no sabe luchar; pero, ¡quién sabe! ... si pudiéramos dar al movimiento una gran extensión, los gobiernos se verían impotentes para reprimirlo. De cualquier modo, el pueblo tendrá ocasión de ver y sentir su fuerza, y una vez que se haya dado cuenta de su fuerza y la haya visto desplegada, no tardará en servirse de ella. Luis.- ¡Muy bien; me gusta! ¡Al diablo las elecciones y pongámonos manos a la obra! Venga esa mano. ¡Viva la anarquía y la revolución social! Carlos.- ¡Viva! Errico Malatesta

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Pa Kin, en torno a una vida (escritor chino)
Pa Kin, en torno a una vida (escritor chino)
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"¿Por que el hombre siente la necesidad de la literatura? Necesita a la literatura para barrer la basura de nuestros espiritus. La necesita porque nos aporta esperanza,coraje, fuerza. ¿Por que siento yo la necesidad de la literatura? La utilizo para transformar mi vida, mi entorno, mi mundo mental. Cincuenta años de vida literaria me permiten decir que nunca me he reido de la vida, nunca he travestido la vida, ni tampoco he embellecido la vida. He vivido a traves de mis obras, he combatido a traves de mis obras." Escrito en torno a la vida y la obra de Pa Kin, o Ba Jin, conocido literato y militante anarquista chino. Originalmente pblicado en Le Monde Libertaire, la traducción fue publicada en "Tierra Y Libertad", órgano de la FAI, número 213, abril del 2006. Li Yaotang de estado civil, y Li Feigán de nombre social, Pa Kin nació en Chengdu, capital de Shichuán el 15 de noviembre de 1904, en una China cuyo mandato celeste de la dinastía imperial de los King se había agotado y pronto se haría republicana. Procedía de una familia mandarina originaria de Jianxing (provincia de Chekiang). Su madre murió el verano de 1914, y su padre tres años después: "El primer golpe de mi vida fue la muerte de mi madre, y después la de mi padre. Era muy joven todavía, debería haber sido un niño protegido por sus padres. Un golpe tras otro, fue demasiado difícil de soportar". El movimiento del 4 de mayo de 1919 acababa de terminar, y el país es la proa de los Señores de la guerra, cuando Pa Kin se matricula en una escuela moderna de Chengdu para seguir cursos de inglés (1920-1923). Devora febrilmente las nuevas publicaciones que van surgiendo por todas partes, y se entusiasma con las teorías anarquistas. Especialmente hay dos textos que llaman su atención, y que ejercerían sobre él un ascendente reivindicado, de los que propuso más tarde una versión china: A los jóvenes, de Kropotkin, y La gran noche, de Léopold Kampf. Abrazó el ideal y se adhirió a las filas de un grupo libertario local. A la revista de este grupo, La Quincena, entregó el primer artículo que conocemos de él, "Cómo edificar una sociedad auténticamente libre e igualitaria", que anuncia los casi trece millones de signos chinos que Pa Kin trazaría a lo largo de su vida. En 1923 viaja a Shangai con su hermano mayor, Li Yaolin, y enseguida a Nankín, donde es admitido en la escuela anexa de la universidad del Sudoeste. Con el diploma en el bolsillo, en 1925 regresa a Shanghai. No por ello colabora menos con la prensa libertaria, con su nombre verdadero o con otros prestados. Realiza también publicaciones literarias. Durante su estancia en Nankín entra en relación epistolar con Emma Goldman, su "madre espiritual", así como con Thomas Henry Keell, director de la revista londinense Freedom (1926). Al no conseguir entrar en la prestigiosa universidad de Pekín, decide, en 1927, dirigirse a Francia con el fin de realizar improbables estudios (de ciencias económicas al parecer) y de aprender francés. El asunto Sacco y Vanzetti toca a su trágico final, y las campañas en defensa de los dos obreros italianos impresionan al joven. Toma contacto con el comité de apoyo y escribe e Vanzetti, que le contesta desde la cárcel. Al mismo tiempo, traduce a Kropotkin (La conquista del pan, 1927, revisada en 1940, con el título El pan y la libertad), y Ética, su origen y su desarrollo (1927, revisada en 1941), estudiando en profundidad para ello a Aristóteles, Platón y los Evangelios. Multiplica sus intervenciones en la prensa libertaria, especialmente en La igualdad (Pingdeng, 1927-1929), revista china publicada en San Francisco -con la ayda de un obrero chino que vivía allí, Liu Zhongshu (Ray Jones)-, y publica dos libros: El anarquismo y la cuestión de la práctica (1927) con Shu Huilin y Jun Yi (Woo Yong-hao), y Los pioneros de la revolución (1928), obra en la que celebra la "intensa grandeza de los mártires anarquistas". Tiene correspondencia con figuras célebres de la causa antiautoritaria, como Emma Goldman (1927), Alexander Berkman (1928) o Max Nettlau (1928). Costumbre que conservará hasta 1950, como lo demuestran sus intercambios postales con Agnès Inglis (1948-1950), Rudolf Rocker (1948-1949), Joseph Ishill (1949), Boris Yelinsky (1949) o la Comisión de Relaciones Internacionales Anarquistas (1949), y sus intercambios de prensa con diversas publicaciones extranjeras, entre ellas, Le Libertaire en Francia. En Francia termina Destrucción, su primera novela, publicada en 1929 en forma de folletín, en la revista más prestigiosa de por entonces Xiaoshuo yuebao (La novela mensual). La acogida triunfal de los lectores, especialmente los más jóvenes, lo animó a tomar definitivamente el camino literario bajo el seudónimo Pa Kin (la primera letra fue elegida en homenaje a uno de sus compañeros, que se suicidó en París; la segunda es el último carácter de la transcripción en chino del patronímico de Kropotkin). De regreso a China en 1918, Pa Kin se instala en Shanghai y en los años siguientes compone varias de sus novelas más famosas: su trilogía El amor (Niebla, 1931; Lluvia, 1933; Resplandor, 1935) en las que participan los jóvenes intelectuales revolucionarios, y sobre todo, Familia (1933), inspirada en la vida de los suyos, considerada como su obra maestra, primera parte de otra trilogía, El torrente, que completaría más tarde. Sin embargo, no abandona sus actividades militantes. Se ocupa de las publicaciones libertarias El libertario mensual (enero-abril 1929) bajo el seudónimo de Marat, o Antes del momento (enero-julio 1931), y de una revista esperantista Verda Lumo (Luz verde), porque fue hasta el fin de su vida un partidario convencido de la lengua universal, que había descubierto a los catorce años. Publicó tres grandes obras: En el cadalso (1929), una galería de retratos de terroristas rusos del siglo XX, acompañada de estudios sobre los mártires anarquistas de Chicago o sobre la vida de Sofia Parovskaia, sobre la historia del nihilismo ruso y sobre la gesta de los anarquistas franceses de la belle époque, con textos dedicados a los mártires de Tokio o al asunto Sacco y Vanzetti, así como de una carta sobre "Anarquismo y terrorismo"; Diez heroínas rusas (1930), otra galería de retratos, entre ellos el de Vera Zassulitch y el de Vera Figner; y Del capitalismo al anarquismo (1930), una libre adaptación de la obra de Berkman, El abc del comunismo libertario (1929). En noviembre de 1934, para escapar del opresivo ambiente social que reinaba en su país (en varias ocasiones, sus escritos habían sido censurados por las autoridades del gobierno nacionalista, por juzgarlos muy subversivos), Pa Kin abandona China y se dirige a Japón, donde pasa varios meses en Yokohama y en Tokio, donde fue detenido por la policía por un corto espacio de tiempo. De regreso a Shanghai, se hace cargo de las ediciones Vida y Cultura, pero sin que ello constituya una vocación imperiosa: "Me gustaba escribir y traducir, sólo he sido editor cuando no había otro que quisiera encargarse del trabajo". Incluye en una de las colecciones que dirige uno de sus libros, Historia del movimiento social ruso (1935). La guerra chino-japonesa (1937-1945) le llevó a un errar continuo, como a muchos otros escritores. Se refugió en Cantón, en Guilin e incluso en Chongking. En Guiyang también, donde se casó, en mayo de 1944, con Chen Yunzhen (Xiao Shan, 1921-1972), con la que tuvo dos hijos, una niña, Li Xiaolín, en diciembre de 1945, y un niño, Li Xiaotang, en julio de 1950. Implicado en la oposición intelectual a la ocupación japonesa, fue uno de los dirigentes de la Asociación de Resistencia al Enemigo en los medios literarios y artísticos de toda China (marzo 1938), y de la filial de Guilin (noviembre de 1938), aportando su pluma al órgano de expresión Artes y letras de la guerra de resistencia. Paralelamente, desplegó su energía en informar a sus compatriotas sobre la situación de España mediante la revista Fuego de alarma (septiembre de 1937-octubre de 1938), de la que se encargó junto a Mao Dun, incluyendo una serie creada para la ocasión de folletos traducidos por él mismo, titulada "Pequeña colección de estudios sobre la cuestión española", en la que aparecieron de Rudolf Rocker, La lucha en España (1937); de varios autores, El combatiente Durruti (1938); de Augustin Souchy, España (1939) y Los sucesos de mayo en Barcelona (1939); de Albert Mining, Diario de un voluntario internacional (1939); y de Carlo Rosselli, Diario de España (1939). Se encargó de las versiones en chino de tres álbumes de dibujos procedentes de las oficinas de propaganda de la CNT-FAI: La sangre de España (1938) y El sufrimiento de España (1940) de Castelao, y El amanecer español (1938) de Sim. Son compromisos a favor de la revolución española, si bien el rechazo a pertenecer a la Liga de Escritores de Izquierda (1930-1936) le valió a Pa Kin la hostilidad de los comunistas, que acusaban a los anarquistas, como en todas partes, de sabotear la táctica del "Frente unido" (alianza entre comunistas y nacionalistas para combatir a Japón, o más exactamente la segunda alianza; el primer "Frente unido" se había formado con la intención de liberar a la China de los Señores de la guerra y se había saldado, en 1927, con el aplastamiento sangriento de Chang Kai Chek a sus seguidores). Pa Kin no renuncia a la creación literaria. Lo vemos a la cabeza de Selecciones literarias (marzo 1937-enero 1939), con Jin Yi, su viejo cómplice, con el que había lanzado Estación literaria (junio-diciembre 1936), y publican seis novelas: los dos últimos volúmenes de "Torrente", Primavera (1938) y Otoño (1940), los tres tomos de Fuego (1940, 1941 y 1945) y El jardín de reposo (1944). Y comenzó La sala común número 4 (1946) y Noche helada (1947), su última obra de creación importante. Entre la salida de Destrucción y la "Liberación" (1949), Pa Kin no se para. Su bibliografía, además de las obras que ya hemos citado, incluye ocho novelas más: El sol muerto (1931), Sueño en el mar (1932), Otoño en primavera (1932), Los mineros del antimonio (1933), Germinal (1933, vuelto a editar con el título Nieve), Resurrección (1933, continuación de Destrucción), La pagoda de la longevidad (1937) y Lina (1940), así como una serie de novelitas dispersas en las innumerables revistas en las que participó Pa Kin, que fue reuniendo en recopilaciones, como Venganza (1931), Claridad (1932), La silla eléctrica (1933), El paño (1933), El general (1934), El silencio (1934), Dios, demonios y hombres (1935), Inmersión (1936) e Historia de cabellos (1936). A ello se añade una gran cantidad de ensayos: "He tenido muchos amigos, para los que he escrito un montón de artículos. Eran cada vez más numerosas las personas que me pedían textos". Estos ensayos dieron lugar a una veintena de volúmenes: Viaje por mar (1932), Mis viajes al hilo del pincel (1934), Gotitas (1935), Confesiones de una vida (1936), Recuerdos (1936), Billetes breves (1937), Yo acuso (1937), El sueño y la embriaguez (1938), Cartas de un viajero (1939), Impresiones (1939), Tierra negra (1939), Sin título (1941), El dragón, los tigres, los perros (1942), La hierba que resucita (1942), Pequeñas gentes, asuntos sin importancia (1943), Notas de viajes diversos (1946), Recuerdillos (1947), La tragedia de una noche tranquila (1948). Por último, y con sólo 30 años, escribió su vida: Autobiografía de Pa Kin (1934). Como traductor tampoco se quedó corto: Vera, de Léopold Kampf (1928); Una vida proletaria, de Bartolomeo Vanzetti (1929); La Rusia subterránea, de Stepniak (1929); La danza del esqueleto, de Akita Ujaku (1930); La gran noche, de Léopold Kampf (1930), La muerte de Danton, de Alexis Tolstoi (1930); Los cuentos de la estepa, de Máximo Gorki (1931); La primavera en otoño, de Julio Baghy (1932); La flor del pasado, de Edmundo d'Amicis (1933); Memorias de un revolucionario, de Kropotkin (1933); Memorias de prisión, de Alexander Berkman (1935); El umbral (selección de obras de Jaakoff Prelooker, Léopold Kampf, Stepniak y Turgueniev, 1939); A los jóvenes, de Kropotkin (1937); Una drama familiar, de Herzen (1940); Cantos de rebeldes (antología de diversos autores, 1940); Últimas rosas, de Theodor Storm (1943); Padres e hijos, de Turgueniev (1943); Tierras vírgenes, de Turgueniev (1944); Poemas en prosa, de Turgueniev (1945); El príncipe feliz (recopilacón de cuentos y textos en prosa), de Oscar Wilde (1948); Veinte años en la cárcel, de Vera Figner (1948); La risa (antología de textos de Dobri Nemirov, A. Kuprin, Bratescu Voinesti y Vasili Eroshenko, 1948); Los seis, de Rudolf Rocker (1949); Punin y Baburin, de Turgueniev (1949), Recuerdos de Chejov, Recuerdos de Tolstoi y Recuerdos de Blok, de Gorki (1950); Recuerdos de Turgueniev, de Isaac Pavlovski (1950); La flor roja, de Vsevolod Garshin (1950); Un acontecimiento inesperado, de Vsevolod Garshin (1951) y El monigote y la rosa, de Vsevolod Garshin (1952). Cuando los comunistas tomaron el poder, aunque se había corrido el rumor de que Pa Kin había huido a Taiwan, se quedó y aceptó poner su pluma a su servicio, pero sin afiliarse al partido (sin duda los comunistas consideraron que no tenía la talla adecuada para el "tejido especial" del que hablaba Lenin). Pa Kin, que hasta ayer no había tenido más que severas palabras para el régimen soviético ¿iba a creer en la sinceridad del programa provisional de sus seguidores chinos? No era imposible, como podríamos deducir de las palabras que dirige a Agnès Inglis el 18 de septiembre de 1950: "Quizás tenga la suerte de asistir a la puesta en marcha de la reforma agraria, de la distribución de las tierras a los campesinos pobres. Es la destrucción del feudalismo en China. Una gran cosa, sin duda". A menos que hubiera sido seducido por las atenciones que rodeaban a alguien que se consideraba todavía anarquista. Porque, evidentemente, nadie ignoraba sus convicciones políticas. A los guardias rojos que lo secuestraron durante la Revolución cultural, Pa Kin reveló que, habiéndose encontrado con Mao en Chonkin en los años 40, éste le había dicho: "Es curioso, se dice que eres anarquista". A lo que respondió Pa Kin: "Es cierto. Y yo había oído decir que tú también lo habías sido hace tiempo". En julio de 1949, cuando los comunistas no son todavía dueños absolutos del país y aún no se ha proclamado la República Popular, Pa Kin se incorpora a la Federación de las Artes y las Letras de China, de cuyo presidium formará parte (octubre 1953), luego será uno de los vicepresidentes (agosto 1960). Formó parte también del comité permanente de la Asociación de Escritores de China (julio 1949), y obtuvo una de las vicepresidencias (octubre 1953). Ocupó puestos análogos en la filial de Shanghai de esos dos organismos, así como de otras instituciones nacionales menos importantes. También realizó misiones internacionales: en noviembre de 1950 asiste al II Congreso Mundial por la Paz, celebrado en Varsovia, y se aloja en Moscú; en abril de 1952 y agosto de 1953 acude a Corea del Norte; en noviembre de 1957 es invitado a las ceremonias del 40 aniversario de la Revolución de Octubre en Moscú; en octubre de 1958 dirige la delegación china que participa en la Conferencia de Escritores Afroasiáticos de Taskent, en Uzbekistán; y realiza tres viajes oficiales a Japón (marzo 1961, julio 1962 y noviembre 1963). Pa Kin fue nombrado redactor jefe del Mensual de las Letras y las Artes, órgano de la rama de Shanghai de la Asociación de Escritores, desde su creación en enero de 1953 hasta enero de 1957, pasándose luego a la dirección de un comité editorial. En julio de 1957 toma las riendas, con Jin Yi al principio y luego sólo a partir de noviembre de 1959, de una segunda publicación de la Asociación de Escritores, Cosecha, que fue una de las más influyentes de China. Entre tanto, en octubre de 1959, el Mensual de las Artes y las Letras se transforma en Literatura en Shanghai, y Pa Kin será el responsable desde noviembre de 1960. En enero de 1964, Literatura en Shanghai y Cosecha se unen, y la nueva publicación pasará a llamarse Cosecha hasta marzo de 1966, fecha en la que se interrumpe: estamos en la víspera de la Revolución cultural. Sus funciones no son sólo de índole cultural. Pa Kin forma parte de la Asamblea Nacional Popular como representante de la provincia de Sichuán (1954-1958) y como diputado de Shanghai (1959-1963 y 1964-1965). Acaparado por todas esas tareas administrativas, renuncia a su arte de mala gana: "No me gustaban las reuniones, pero no me atrevía a faltar; hacía todo lo posible por evitar alguna. No participaba verdaderamente. Hacía constantemente examen de conciencia. Así he desperdiciado de veinte a treinta años de mi vida. Cuanto más me aplicaba en los estudios políticos, menos podía escribir. Paradójicamente, el título de escritor me privaba del tiempo necesario para ejercer mi oficio". Salvo excepciones -Historias de héroes (1953), Perla brillante y Favorita de jade (dos cuentos para niños, 1957) o Li Dahai (1961), que son obras de creación- se consagrará de ahora en adelante exclusivamente a los sanwen o literatura de reportaje (relatos de sus viajes a Polonia, Corea, la URSS o Vietnam): Auschwitz: la fábrica nazi de asesinar (1951), Días de fiesta en Varsovia (1951), Cartas de ánimo y otras (1951), Vivir entre héroes (1953), Hemos encontrado al mariscal Peng Dehuai (1953), Los que salvaguardan la paz (1954), Días de alborozo (1957), Toda lucha que salva la vida (1958), Voces nuevas (1959), Amistades (1959), Canto de aclamación (1960), Un sentimiento inagotable (1963), Al borde del puente Hien Luong (1964), Viaje a la comuna Dazhai (1965). En 1954 y 1955 llegan las campañas de "rectificación". Pa Kin es uno de los intelectuales que se movilizan contra los compañeros que no tienen olor de santidad, por ejemplo Hu Feng. Sin embargo en 1956, durante el período de las Cien flores, publica una decena de ensayos que critican la realidad social, prefigurando en cierto modo sus futuros escritos Al hilo de la pluma. Pero se ve obligado enseguida, durante el movimiento antiderechista de 1957, a cantar la palinodia y a cooperar en la denuncia de los escritores que se habían comprometido más que él. Pa Kin se implicará después en todas las operaciones dirigidas contra sus colegas: "Ahora, después de tantas `luchas´, de tantos `movimientos´, cuando pienso en los papeles que he desempeñado (incluso si me hubieran sometido bajo presión), estoy asqueado, avergonzado", confesaría retrospectivamente. "Cuando releo las páginas que he escrito hace treinta años, no puedo perdonarme y no pido a las generaciones futuras que lo hagan". En octubre de 1958 le llega el turno de sentarse en el banquillo. Se había iniciado una campaña a propósito de sus libros anteriores a 1949. En efecto, había empezado a editarlos, aligerados de su contenido anarquista, bajo el título Obras de Pa Kin (14 volúmenes, 1958-1962). Y antes de eso, en abril, había cometido la imprudencia, en un artículo, de no fustigar con suficiente vigor a Howard Fast, el novelista americano que había roto con el comunismo. Los ataques se fueron haciendo más severos. De ahora en adelante, y a pesar del alegato que presentó, en mayo de 1962, para celebrar "El coraje y sentido de responsabilidad de los escritores" -aunque se trataba de un texto inscrito en una corriente general de liberalidad impulsada por el propio poder, y no de un acto de crítica por parte del escritor, pero no por ello le causó menos problemas durante la Revolución cultural- Pa Kin lo dará por dicho y no dudará en ocultar sus sentimientos y someterse a las autoridades chinas, actuando como el "loro" que ellos esperaban. Y hasta el fin de la Revolución cultural, Pa Kin persistirá en su actitud: "No he podido escapar a la tragedia de los intelectuales chinos", constatará amargamente. En 1966, con el comienzo de la Revolución cultural, Pa Kin se desvanecerá inmediatamente de la escena pública. El 16 de agosto de 1966 se coloca un cartel en la filial de Shaghai de la Asociación de Escritores que lo denigra, y se le encierra en un "establo". El 10 de mayo de 1967, un artículo del Diario del pueblo lo acusa claramente, y el 18 de septiembre los guardias rojos lo conducen a la universidad de Fudan, donde permanece secuestrado un mes y sometido a interrogatorio. En enero de 1968 se sella la puerta de su biblioteca y se le prohibe acceder a las habitaciones del piso superior de su casa; el 20 de junio es arrastrado al Circo del pueblo, en Shanghai, para una "asamblea de lucha televisada" organizada por los medios culturales de la ciudad; y en septiembre se le envía a un gran "establo" de la sede local de la Asociación de Escritores. No vuelve a su casa hasta febrero de 1969. De mayo de 1969 a febrero de 1970 es enviado al distrito de Songijang, luego a Fengxian (cerca de Shanghai), a una Escuela del 7 de mayo para algos cargos, donde debe realizar trabajos manuales. No regresará de Fengxian hasta dos año y medio después para atender a su mujer, a la que no habían curado por ser su esposa y estar a punto de morir. En julio de 1973, el comité municipal de Shanghai del Partido Comunista decretó que el caso de Pa Kin revelaba "contradicciones en el seno del pueblo" (no "contradicciones entre el pueblo y los enemigos del pueblo" ) y le quitó la etiqueta de "contrarrevolucionario" que le habían pegado a la espalda, autorizándole a retomar sus trabajos de traductor. Revisa su versión de Tierras vírgenes de Turgueniev y, en septiembre de 1974, se dedica a Pasado y pensamientos de Herzen, que terminará en abril de 1977, cuando ya hacía seis meses que Mao había ido a reunirse con Marx y la Revolución cultural, que había durado diez años, acababa de terminar. En ese momento precisamente Pa Kin vuelve a la superficie. Tiene 73 años. El 25 de mayo, el Digesto de humanidades incluye "Una carta" suya, y el 20 de octubre se reproduce una de sus novelas en Letras y artes de Shanghai, nueva fórmula de Literatura de Shanghai, que la inaugura. Pa Kin vuelve a sus funciones de vicepresidente de la Asociación de Escritores Chinos, de la que será el primer vicepresidente (noviembre de 1979), el presidente interino (abril de 1981) -el titular, Mao Dun, había desaparecido- y presidente (enero de 1985), puesto que le será confirmado en diciembre de 1996 y que ocupó hasta su muerte. Recuperó su puesto de vicepresidente de la Federación China de los Círculos Literarios y Artísticos, en el que fue reelegido en noviembre de 1979 y conservó hasta noviembre de 1988. Se le ofreció la presidencia del PEN de China y de otras instituciones. Y, en enero de 1979, cuando Letras y artes de Shanghai recupera el nombre Literatura en Shanghai, y Cosecha resurge de sus cenizas, será él quien dirija ambas revistas. Sus traducciones inéditas de Turgueniev y de Herzen aparecen en 1978 y 1979 respectivamente, a la vez que dos recopilaciones de Trabajos recientes (1979 y 1980) y una antología de escritos que van del año 1950 al 1979, titulada Resplandores (1979). A pesar de los sinsabores experimentados tras la salida de sus Obras en catorce volúmenes, permite la edición de sus Obras escogidas, en diez volúmenes, en 1982. Irán seguidas de sus Obras completas, en veintiséis volúmenes -recopiladas entre 1986 y 1994, reimpresas en 2000- y de sus Obras traducidas completas, en diez volúmenes, recopiladas en 1997. Esta vez no se expurgaron los textos anarquistas en ninguna de ellas. Pa Kin recupera también su escaño en la Asamblea Popular Nacional, y es reelegido en febrero de 1978 diputado por Shanghai. En 1983 expira su mandato y es nombrado vicepresidente del Comité Nacional de la VI Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino. Vuelven los viajes oficiales: a Francia en abril de 1979, con Gao Xinjiang, futuro premio Nobel de literatura, como intérprete; a Estocolmo en agosto de 1980 para el LXV Congreso Esperantista Internacional; a Lyón, en septiembre de 1981, para el XLV Congreso del PEN Club; luego a Zurich; y a Tokio, en mayo de 1984, para el XLVII Congreso del PEN Club. En el extranjero se le colma de honores. En 1982 recibe de Italia el Premio Dante por su trilogía El torrente, y François Mitterrand, de paso por Shanghai al año siguiente, le condecora con la cruz de comendador de la Legión de Honor (7 de mayo de 1983); en 1984 es nombrado doctor honoris causa por la Universidad China de Hong Kong (18 de octubre), y en 1985 es declarado miembro de honor de la American Academy and Institute of Arts and Letters (15 de mayo); en 1990 se le concede la medalla del Pueblo Soviético (5 de febrero), mientras que en Japón se le otorga el Fukuoka Asian Culture Prize (19 de julio). Sus compatriotas tienen también ocasión de celebrar su gloria nacional. Pa Kin se instala definitivamente en el panteón de las letras chinas y no se deja de hablar de él como candidato al Premio Nobel. Se le dedican coloquios, estudios, publicaciones especializadas, etc. En junio de 1989, el Observatorio de Pekín, que ha descubierto un nuevo asteroide, lo bautiza con su nombre, y el 25 de noviembre de 2003, el día de su 99 aniversario (el 100 para los chinos), el Consejo de Estado del gobierno chino le concede el título de "escritor del pueblo". Pa Kin, que no había escrito una sola línea desde hacía diez años, se lanza en diciembre de 1978 a una serie de sanwen bajo el título genérico de Al hilo de la pluma, ciento cincuenta en total, que serán publicados en El Imparcial de Hong Kong, antes de publicarse en cinco pequeños volúmenes, primero en Hong Kong y luego en Pekín: Al hilo de la pluma (1979), Búsquedas (1981), Palabras verdaderas (1982), En el transcurso de mi enfermedad (1984), y Sin título (1968). En ellos, Pa Kin vuelve a su pasado sin complacencia. El conjunto de sus memorias, de su testamento intelectual y de la confesión se presenta como una condena en regla de la Revolución cultural, pero partiendo del sistema que la hizo posible: "He dicho la verdad, ya puedo abandonar el mundo con el alma en paz. Hay cinco volúmenes que encierran verdades, para el `museo´ en el que se denuncia la `Revolución cultural´". Pa Kin murió el 17 de octubre de 2005. Afectado por la enfermedad de Parkinson, pedía desde hacía tiempo, en sus accesos de lucidez, que se le acortaran los sufrimientos. Sus cenizas debían arrojarse al mar de China, junto a las de su esposa, que conservó en una urna cerca de su cama. Angel Pino Una introducción al anarquismo en los albores de la revolución china De no ser por algunos cuantos acontecimientos, tales como la Larga Marcha y la Comuna de Shanghai, el desarrollo de la revolución china es relativamente ignorado por la izquierda en occidente, principalmente si se compara con el conocimiento que se tiene de revoluciones como la rusa de 1917, la española de 1936 o incluso los eventos de París en Mayo en 1968. Aquellos sectores de la izquierda influenciados por el Maoísmo o que se reclaman de esta corriente, no han ayudado en este sentido. Su versión de la historia ha tendido a centrarse simplemente en eventos que resaltan el rol de un solo hombre y vuelcan todo un siglo de historia revolucionaria hacia aquellos acontecimientos relevantes a él. El anarquismo jugó un rol central en el desarrollo del temprano movimiento revolucionario en China. Por un extenso período, hasta una fecha tan tardía como 1925, la mayoría del ala radical del movimiento revolucionario era más bien anarquista que marxista. El historiador Arif Dirlik dice “No había una ‘izquierda marxista’ a la cual referirse en China sino hasta 1920-1921… la mayoría de quienes emergerían como líderes del movimiento comunista en China pasaron por una etapa anarquista antes de hacerse marxistas”. Por la mayor parte de este período, el grueso del movimiento revolucionario era de carácter nacionalista y republicano. A fines de 1911, el régimen de los Ch’ing colapsó, no tanto por un movimiento unificado en torno a un programa de cambio, sino que por su propia falta de popularidad. El vacío que éste dejó, fue inicialmente llenado por el republicano radical Sun Yat-sen, el cual fue rápidamente reemplazado por una figura militar reaccionaria, Yuan Shih-k’ai, quien cambió de bando al dejar de ser favorecido por los Ch’ing. Durante las siguientes cuatro décadas, China se dividiría en diferentes regiones. Por los 15 años que siguieron, una multitud de caciques locales, a los cuales se hace frecuente mención como ‘caudillos’, pelearon entre sí y con los nacionalistas por el poder. Cuando el Partido Comunista comenzó a emerger en la década de 1920 como una fuerza significativa, lo hizo gracias a una exitosa alianza política y militar con los nacionalistas, una alianza que fue ahogada en sangre en 1927. Pero en la década de 1910, la lección inmediata que extrajeron muchos jóvenes revolucionarios de este caos fue que la sociedad tradicional china debía ser activamente desmantelada antes de que cualquier progreso real pudiera tener lugar. En esos años, un movimiento intelectual revolucionario de “masas”, el Movimiento por la Nueva Cultura, se desarrolló en ese 5% de la sociedad china que conformaba su élite. Este movimiento, el cual también ha sido llamado Movimiento 4 de Mayo, fue bastante occidentalizante en su lucha contra la tradición, a la vez que rabiosamente anti-imperialista en relación con la “humillación de China” llevada a cabo por Occidente y Japón. El ensayo de Ba Jin, “El Patriotismo y el camino hacia la felicidad de los chinos” es una advertencia sobre los efectos negativos de la ola patriótica desatada por el Movimiento 4 de Mayo. Él llama, en cambio, a abolir el gobierno, la propiedad privada y el Estado. Este periodo también fue testigo de los inicios del movimiento obrero organizado en China. Liang Bingxian, una persona vinculada a la organización anarquista “Sociedad para el Estudio del Socialismo” publicó el primer periódico obrero, “Trabajo”, en 1918. Guangzhou (Cantón) era el centro de este movimiento en desarrollo y los anarquistas de Guangzhou en 1918 ayudaron a organizar el Sindicato de Trabajadores de Salones de Té de Guangzhou, el cual contaba con 11.000 miembros. Hacia 1921, los anarquistas de Guangzhou habían organizado al menos 40 sindicatos, y gente como el hermano del prominente anarquista Shifu o Liu Shixin eran dirigentes obreros. Este es el contexto en el cual Ba Jin escribe “Cómo construir una sociedad de libertad e igualdad genuinas”, en el cual explica los conceptos básicos del anarquismo a sus “amigos obreros”. En China, la Revolución Rusa se entendió inicialmente como una revolución anarquista, debido principalmente a la falta de una tradición revolucionaria marxista en China. “Trabajo”, editado por anarquistas, fue el primer periódico que se dedicó a discutir la revolución en profundidad, y lo hicieron de manera tal en que, según Dirlik, se podía entender como “una revolución en perfecta armonía con las aspiraciones anarquistas” Chen Duxiu se había pasado al marxismo y en 1921 convocaba al Primer Congreso del Partido Comunista Chino (PCC). Asistieron 13 delegados que representaban a unos 57 miembros. Muchos de ellos eran, de hecho, anarquistas. La naturaleza laxa del partido en estos momentos se refleja en la incapacidad de esta conferencia, que fuera sostenida en Shanghai, para acordar un manifiesto, y aún más por el hecho de que dos de estos delegados terminaransiendo ministros del gobierno pro-japonés de Nanking durante la guerra. El número de militantes anarquistas siguió creciendo, aún a comienzos de los ’20, y gracias al Movimiento 4 de Mayo, se formaron sociedades anarquistas en Beijing, Shanghai, Nanking, Tianjin, Guangzhou, Zhangzhou, Hankou, Chengdu y Changsha, así como en Francia, Singapur, Filipinas, San Francisco (EEUU) y Vancouver (Canadá). Entre 1910 y 1928, se formaron 92 sociedades anarquistas, frecuentemente, con publicaciones independientes. El punto máximo que se alcanzó fue en el período de 1922 a 1923 en que aparecieron más de 70 publicaciones anarquistas. Sin embargo, el número de militantes nunca fue tan grande, si lo comparamos con la población: Xiao Xing escribió en la revista mensual “Apoyo Mutuo” en 1923 que estimaba en varios miles el número de anarquistas en China. No obstante su prolongado período de intensa actividad y el mayor número de anarquistas en comparación a otras tendencias, los anarquistas no pudieron establecer ninguna clase de coordinación nacional fuerte, ni siquiera a nivel regional, a excepción de una o dos conferencias y federaciones pequeñas. En parte, esto se debió a la represión gubernamental, pero el factor de mayor peso, fue el hecho de que los anarquistas chinos no tuvieron, en realidad, coherencia organizativa. Y ya que el anarquismo no les entregó una solución organizativa en momentos en que la revolución se hacía cada vez más intensa, muchos de los anarquistas que siguieron activos, terminaron en uno de los dos polos revolucionarios que crecían, el Kuomintang o el PCC. En 1922, por órdenes de Moscú, el PCC se unió al Kuomintang. Esta alianza terminó en una masacre, pero en lo inmediato, le permitió al PCC crecer de 195 miembros en Julio de 1922 a 58.000 en la primavera de 1927, cuando ya era, de lejos, la mayor fuerza revolucionaria de izquierda. Al ser la alianza exitosa, Chiang Kai-Shek, el líder del Kuomintang y del gobierno nacionalista revolucionario establecido en 1923 que desde Guangzhou lanzaba una ofensiva militar contra los caudillos del centro y del norte de China, pudo reconocer el poder creciente que tenía el PCC y resolvió aniquilarlo. El 12 de Abril, Chiang Kai-Shek, aliado con matones locales y con policías del barrio francés, lanzó un brutal ataque en Shanghai en contra del PCC y en contra de las organizaciones obreras en general. Miles de obreros y de militantes del PCC fueron asesinados en combate o ejecutados con posterioridad, siendo tanto el movimiento sindical como el PCC aplastados. Para 1927, los anarquistas eran una fuerza política más bien agotada en China. El ensayo de Ba Jin de 1927 “El Anarquismo y la Cuestión de la Práctica”, es, al menos parcialmente, una respuesta al fracaso del anarquismo chino en entregar una alternativa al PCC. En él, trata de las limitaciones de quienes se confinaban en la propaganda abstracta, diciendo “Si nos consideramos revolucionarios, no debiéramos permitirnos el lujo de la palabrería hueca ni de darnos aires desinteresados. Debemos arrojarnos al torrente revolucionario”. Cómo construir una sociedad de libertad e igualdad genuinas (1921) En estos días la “libertad” e “igualdad” se han convertido las frases predilectas de ciertas personas. Si se les pregunta qué quiere decir libertad, contestarán: “la libertad corresponde a la libertad de palabra, prensa, asociación y correspondencia”. Si se les pregunta qué quiere decir igualdad, contestarán: “todo ciudadano es igual ante la ley, sin discriminación alguna”. Y sin embargo, esto no es ni genuina libertad ni igualdad. Si está en desacuerdo con lo que afirmo, pues le ruego que escuche mis palabras. El obstáculo para la libertad del pueblo es el gobierno. Desde el nacimiento del gobierno, el pueblo ha perdido su libertad completamente, y son controlados por éste. Queremos el amor recíproco entre los hermanos y hermanas de todo el mundo, pero los gobiernos nos fuerzan al patriotismo, a convertirnos en soldados que asesinen a sus compatriotas del mundo. Aún en la misma China esta situación es terrible, y los chinos asesinan a otros chinos. En estos años, en las provincias de Hunan, Shanxi y de Sichuan, corren ríos de sangre y los cadáveres se apilan como montañas. Semejante miseria atroz es precisamente el beneficio que hemos recibido del gobierno. Los capitalistas monopolizan la propiedad común que pertenece a todo el mundo, y los pobres pierden los medios para su subsistencia. En vez de castigar a esos capitalistas, el gobierno los protege mediante las leyes. El pueblo, que carece de posesiones, debe recurrir al robo a fin de poder sobrevivir. En realidad, son forzados a esto por los capitalistas, pero el gobierno les llama ladrones, y los fusila. No es que justifiquemos el robo. Sino que queremos recuperar algunas de nuestras posesiones confiscadas. ¿Por qué merecemos nosotros ser fusilados cuando a aquellos capitalistas que roban los bienes comunes de todo el mundo se les permite una vida cómoda? Si el pueblo no recurre al robo, entonces solamente le queda mendigar. A veces, el gobierno y los capitalistas demuestran su benevolencia, y entregan al pobre una ínfima cantidad del dinero que le han robado, y llaman a este acto con el grandilocuente término de filantropía. Y falsamente nos acusan de disfrutar más la mendicidad que el trabajo. ¡Lectores! ¿No queremos trabajar? Pero la verdad es que no nos dan oportunidades de trabajo y luego abusan de nosotros. Entonces, la así llamada libertad e igualdad que hemos mencionado, ¡no tiene, al parecer, nada que ver con el pueblo! ¿Es esto genuina libertad e igualdad? No lo creo. ¿Qué, entonces, es la genuina libertad e igualdad? Creo que sólo el anarquismo significa una genuina libertad y que el comunismo significa una genuina igualdad. La única manera de construir una sociedad de una genuina libertad e igualdad es la revolución social. ¿Qué es el anarquismo? El anarquismo propone que el gobierno y todos sus organismos dependientes sean abolidos, y que todos los medios de producción y los productos pertenezcan al conjunto del pueblo. De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades. Que cada cual desempeñe aquellas tareas que se ajusten mejor a sus capacidades. Algunos serán doctores, algunos serán mineros. Los trabajos más pesados tendrán menos horas de trabajo, mientras que los más fáciles tendrán más horas. La comida, la vestimenta y la vivienda serán suministradas por ciertas instituciones. Todos tendrán igual educación, sin distinciones. Un anarquista francés dijo “si todos trabajasen dos horas diarias, las necesidades de todo el mundo se verían cubiertas”. Kropotkin también dijo: “Si todos trabajasen cuatro horas diarias, habría de sobra para satisfacer las necesidades de toda la sociedad”. Creo que nadie estaría indispuesto a trabajar tan pocas horas. Sin las leyes de la política habrá una genuina libertad; sin capitalistas, habrá una genuina igualdad. ¡Mis amigos trabajadores! ¡Por favor imaginen la libertad y la igualdad en una sociedad sin los poderes autoritarios! ¿Quieren tal sociedad? Si así lo quieren, hay que librar la revolución social y derrocar a los pérfidos políticos. La sociedad de la libertad e igualdad solamente entonces será una realidad. ¡Únanse inmediatamente con todos sus amigos! ¡Si continúan tolerando sus pesares, sencillamente estarán permitiendo que les conviertan en carne para el picadero de los capitalistas! ¡Créanme! (en revista mensual Semi, No.17, 1º de Abril de 1921) El Patriotismo y el Camino hacia la Felicidad de los Chinos (1921) I.Hoy en día vemos a China convertirse en una sociedad en tinieblas. Bajo el peso de esta obscuridad, algunos jóvenes concientes proponen que la única manera para salvar a China de esta situación miserable, es promover el “patriotismo”, tomar al “patriotismo” como el único camino hacia la felicidad de los chinos. Por lo mismo, la palabra “patriotismo” se escucha por todo el país. Este es un fenómeno terrible. Creo que el “patriotismo” es un obstáculo a la evolución humana. Como miembro de la humanidad mi conciencia me mueve a rechazar semejante falacia y a ofrecer mi propia sugerencia respecto del “camino hacia la felicidad de los chinos”. Las palabras que digo surgen de mi conciencia. Creo que en un país tan grande como lo es China, debiera haber aunque sea algunos pocos con la conciencia para apoyar mis ideas. II.¿Qué es el “patriotismo”? Tolstoi nos dice correctamente que el patriotismo es “como una máquina de muerte. Lo que practica es el arte del homicidio, lo que discute es de qué manera asesinar. No tiene nada que ver con la vida real de las masas”. Por sorprendente que suene, esta cita captura perfectamente el espíritu del “patriotismo”. A excepción de algunos caudillos crueles y de los políticos, los seres humanos se oponen y condenan las guerras, y el origen de las guerras, de hecho, es el “patriotismo”. Si los seres humanos se amaran y trabajaran juntos en paz, ¿por qué habría guerras? El “patriotismo” nació en la “Época del instinto animal”, cuando el Estado nació. El Estado se caracteriza por el egoísmo y la hipocresía. A fin de satisfacer su pasión animal, el Estado fuerza a su población a invadir otras tierras y morir. La victoria bélica trae placer a los caudillos y a los políticos, y el fracaso bélico arranca la carne y la sangre al pueblo que paga el precio de éste. ¿Beneficia la guerra de alguna manera al pueblo raso? Desafortunadamente, el pueblo raso se encuentra en total desconocimiento de que el llamado patriotismo es un arma con la cual se asesina a sus seres queridos. El “patriotismo” es una monstruosidad que asesina. Por ejemplo, a fines del siglo XIX el gobierno alemán promovió el sentimiento patriótico e implementó la conscripción. Todos los adultos, incluidos los intelectuales y sacerdotes, debían prestar el servicio militar y así asesinar según las órdenes de los militaristas y políticos. Se les ordenaba asesinar trabajadores en huelga, incluso si eran sus padres y hermanos. ¡Qué desgracia! ¿Podría haber algo más cruel y salvaje que esto? III.Creo que la promoción del patriotismo jamás podrá significar la felicidad de los chinos; en cambio, traerá más miserias. El único camino para que los chinos busquen la felicidad es la abolición de las siguientes instituciones: GOBIERNO: El gobierno es la institución del poder autoritario. Protege a las leyes, nos asesina, nos priva de los medios de vida, nos insulta y ayuda al capitalismo a asesinar a los pobres. Nosotros, los seres humanos, nacimos para ser libres por naturaleza, pero el gobierno ha creado muchas leyes con las cuales atarnos; amamos la paz, pero el gobierno nos impulsa a la guerra; supuestamente debiéramos practicar el apoyo mutuo con nuestros compatriotas de todo el mundo, pero el gobierno nos fuerza a competir. Todo cuanto el gobierno hace, contradice la voluntad de la vasta mayoría del pueblo. Por sobre todo, el gobierno es la base del patriotismo. Si queremos buscar la felicidad, nuestra prioridad debe ser derrocar al gobierno. PROPIEDAD PRIVADA: La propiedad privada es fruto del saqueo. La propiedad originalmente pertenecía a todos los seres humanos, pero un número reducido de personas, por medio de su poder y de sus conocimientos, se apropiaron de la propiedad común. Esto llevó a que los más débiles se vieran sin techo, y a que los más poderosos pudieran comprar la fuerza de trabajo ajena. Ellos disfrutan de lo que producen los trabajadores, mientras a éstos no les queda nada. La propiedad privada es la injusticia número uno en el mundo. Además, la propiedad privada ha llevado a la rivalidad, al robo, al latrocinio y a la degeneración moral. Es la propiedad privada la cual ha mantenido al gobierno por tanto tiempo. Consecuentemente, la abolición de la propiedad privada hará más fácil la abolición del gobierno. RELIGION: La religión encadena el pensamiento humano y obstaculiza la evolución humana. Mientras queremos la búsqueda de la verdad, ella nos entrega supersticiones; mientras queremos el progreso, ella nos pide ser conservadores. Algunos sacerdotes dicen: “Dios es omnipotente. Dios es la verdad, justicia, gentileza, belleza, poder y vitalidad, mientras que el Hombre es la falsedad, la injusticia, la maldad, la fealdad, la impotencia y la muerte; Dios es el amo, el Hombre un esclavo. El Hombre, por sí solo, no es capaz de alcanzar la justicia, la verdad, la vida eterna, y debe seguir las revelaciones de Dios. Dios creó al mundo, y los monarcas con sus oficiales representan a Dios y merecen ser servidos por el pueblo” (Esto es lo que Carlos I de Inglaterra ha llamado el “derecho divino de los monarcas). Esta es la esencia de la cristiandad y muchas similitudes pueden apreciarse con algunas de las religiones menos importantes. El comentario de Bakunin: “Si Dios realmente existiera, sería necesario abolirlo” es grandioso. Hay que hacerlo realidad. IV.Las instituciones discutidas son todas nuestras enemigas. Antes de tomar el rumbo por el camino de la felicidad, es preciso abolirlas. Luego, distribuiremos la propiedad, iniciaremos nuestras asociaciones libres, practicaremos los principios del apoyo mutuo, de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades, todos para uno y uno para todos. ¿No es esa una vida feliz? Sin embargo, hemos de pagar un precio para poder obtener esa felicidad. ¿Cuál es ese precio? Es la sangre caliente de mucha gente. Bakunin dijo: “¡Nada en este mundo es más excitante y placentero que la empresa revolucionaria! ¿Qué preferirías? ¿Que tu vida se pasara en tu sometimiento al poder despótico o arriesgar valerosamente tu vida en una lucha sin cuartel contra la tiranía?” ¡Qué entusiasta y valeroso! Espero que ustedes amigos se unan a nosotros y contribuyan con su sangre caliente a la más excitante y placentera de las empresas revolucionarias! ¡Marchemos juntos por el camino de la felicidad! (El Despertar del Pueblo, No.1, 1º de Septiembre, 1921) Otro articulo de Pa Kin

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Fundamentos psicológicos de los festejos taurinos (collage)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/12/2010

"El pensamiento arcaico no funciona utilizando exclusivamente conceptos o elementos conceptuales, sino que utiliza, además y sobre todo, símbolos" (1), y "la fuerza creadora de símbolos no ha desaparecido aún en nuestros días" (2). Los orígenes En la mitología griega, un bello toro blanco enviado por Poseidón fue el padre del Minotauro cretense al poseer a Pasifae, la que sería reina de Creta, que enamorada de él se disfrazó de vaca para seducirle. Recordemos además, que "fue en forma de toro como Zeus raptó a Europa (epifanía de la madre), como se unió a Antíope e intentó violar a su hermana Demeter" (1). Pueden ser estas las más famosas menciones taurinas dentro de la mitología euro-asiática, pero no son ni las únicas, ni las más antiguas, es más, la de toro parece ser la forma primordial de representación de todos los dioses celestes -que podríamos denominar como los padres de los demás- ya desde el principio de la "Época de los Dioses" (3) nacida, quizás, en Mesopotamia, la cuna de la civilización, pues cuando el hombre descubre la agricultura y se hace sedentario, "el aprovechamiento de animales domésticos y los progresos de la ganadería parecen haber traído consigo en todas partes, el fin del totemismo puro de los tiempos primitivos" (4) para iniciar una nueva era religiosa, así, "las primeras imágenes del toro consideradas como cúlticas aparecen en el Neolítico Anatolio, en el templo subterráneo de Catal Hüyük, hace diez mil años" (5). "Los dioses celestes de las religiones indo-mediterráneas, se identifican, en una u otra forma con el toro. El Rig Veda llama a Dyaus 'toro', y (...) la mayoría de los dioses celestes egeo-orientales gozan del mismo atributo" (1). Pero al mismo tiempo, estos dioses son además descendientes de los tótem de la época anterior, "parecería, pues, natural admitir que el dios no es sino el animal totémico mismo, del cual habría nacido en una fase ulterior del sentimiento religioso" (4). Esta es posiblemente la razón del respeto en la cultura hindú por la vida de las vacas y los toros; la prohibición (el tabú), de la época totémica de matar y comer la carne del animal tótem, considerado como el padre de la estirpe. "Solo se prohíbe aquello que de alguna forma se desea o se está tentado a hacer" (6) pues, lógicamente, "lo que ningún alma humana desea no hace falta prohibirlo" (7). Con la prohibición de comer cerdo de los semitas, debió de ocurrir algo similar, pues, "en general puede decirse que todos los animales considerados como impuros fueron originalmente sagrados; la razón de no comerlos estaba en su divinidad" (8). E incluso "en el pan y el vino de la comunión late el recuerdo de la más sublime ofrenda humana que la tradición religiosa registra" (9), cuando "a pesar del temor que protegía la vida del animal sagrado, como si fuese un miembro de la tribu, se imponía de cuando en cuando la necesidad de sacrificarlo solemnemente en presencia de toda la comunidad, y distribuir su carne y su sangre entre los miembros de la tribu" (4). Era la "Comida Totémica" (10). Así, el termino sumerio que designaba a lo divino, dingir, y que significaba divinidad, cielo y brillante, podría ser el origen etimológico de las palabras Dios, Dieu, Deus, Dio, God, a través de "Diêus, el dios hipotético del cielo luminoso, común a todas las tribus arias. (...) Lo indiscutible es que el indio Dyaus, el itálico Jupiter y el heleno Zeus, así como el dios germánico Tyrzio, son formas históricas, evolucionadas, de aquella divinidad celeste primordial" (1). Y "esas creencias en seres celestes supremos representaron en otro tiempo el núcleo central de la vida religiosa (1). Vemos entonces cómo "la divinidad uránica, la misma divinidad que, en otro tiempo, hizo el universo, creó al hombre y bajó a la tierra para instaurar la cultura y los ritos de iniciación" (1), se reproduce por todas partes en la cultura indo-aria, y cómo, los distintos dioses celestes, descendientes de aquellos primigenios toros, mantienen su genealogía taurina. Nacen entonces Anú, que "es calificado en un texto invocatorio de 'diostoro misericordioso'" (11), Rudra, que "en su forma taurina se unió a una vaca de proporciones cósmicas" (12), Indra, "el de los mil testículos" (12), el "toro de la tierra" (13), su réplica irania, Verethhragna, que "se aparece a Zaratustra bajo la forma de un toro" (1), Nannar, el "poderoso toro joven de robustos cuernos" (1), "Min, que los egipcios asimilan a su deidad nacional Amón, siendo calificada de 'toro de su madre' y 'gran toro'" (11), T'ien, Varuna, Parjanya, Enlil, Bel, Arinna, "Ba´al, Hadad, Teshup y otros dioses taurinos del rayo, esposos de la gran diosa" (1). En fin, que "ese conjunto cielo lluvioso-toro-gran diosa constituía uno de los elementos de unidad de todas las religiones protohistóricas del área euro-afro-asiática" (1). "Por tanto, parece que un toro salvaje, en un principio, fue considerado como símbolo o potencia apta para fecundar perennemente a la Gran Madre, dando lugar a un mito taurino que ha llegado en jirones hasta nosotros" (11). Todos estos datos, junto con los toros rupestres -posiblemente aún tótem, y no dioses-, la abundancia de toros de piedra y bronce, y los aún presentes festejos taurinos en este extremo de Europa "hacen suponer un arcaico culto paleomediterráneo, prolongado desde la Península Ibérica hasta el subcontinente indio" (11), que llega -al menos en nuestro inconsciente- hasta nuestros días, "y es que cuando los autores clásicos relacionaron el trazado de España con la piel de toro, se refirieron tanto a las tierras como al alma" (14). Y su influencia no quedó solo en esta franja, pues incluso "las crónicas chinas declaran que cuando la tierra se solidificó, Fu Hsi, el emperador celeste gobernó sobre ellos, su cuerpo era de serpiente, con brazos humanos y cabeza de buey y, Shen Nung, su sucesor, el gigantesco emperador terrestre tenía cuerpo humano, pero con cabeza de toro" (15). La paternidad El toro es el símbolo masculino y paterno por excelencia, así "en cartas y contratos datados en la primera dinastía babilónica, y estudiados por Thureau-Dangin, encontramos que un toro es calificado 'Poder divino sarur y Padre mío'" (11) (sarur = relámpago, brillante, luminoso). O como el heleno Zeus, que "es soberano, naturalmente; pero ha conservado con más pureza que otros dioses celestes su carácter de 'padre'. Es Zeus pater, arquetipo del jefe de la familia patriarcal (...) regula las fuentes de la fertilidad, es el dueño de la lluvia. Es 'creador', puesto que es 'fecundador'" (1). Aunque al final, como todos estos dioses taurinos acabará por caer, por eso es por lo qué "en Creta se leía este extraño epitafio: 'Aquí yace el gran bovino que se llama Zeus'" (1). Esta paternidad del toro, le fue atribuida, posiblemente, por ser el animal al que más podía temer entonces el hombre en aquellas zonas. Recordemos por ejemplo que sus parientes "los búfalos tienen fama de ser los animales más peligrosos de África" (16). Y su fuerza debió impresionar tanto a nuestros antepasados, que les hizo sentirse tan indefensos como niños en comparación con su poder, y "el hombre no transforma sencillamente las fuerzas de la Naturaleza en seres humanos, a los que puede tratar de igual a igual -cosa que no correspondería a la impresión de superioridad que tales fuerzas le producen- sino que las reviste de un carácter paternal y las convierte en dioses, conforme a un prototipo infantil (...), a los que, sin embargo de temerlos, encargará de su protección" (17). También debió jugar un importante papel en su masculinización, la forma y capacidad de penetración de sus astas, pues "el pene halla en primer lugar sus sustituciones simbólicas en objetos que se le asemejan por su forma, (...) y después en objetos que tienen, como él, la facultad de poder penetrar en el interior de un cuerpo y causar heridas" (18). Y, sobre todo, porque fue el animal al que pusimos el arado para que penetrara a la Madre Tierra y que esta diera sus frutos, lo que se conseguiría por medio de su castración. La función paterna de los dioses está muy clara en la mitología griega, por ejemplo a través del mito del dios Uranos y del titán Cronos (Saturno): "La tierra (Gea) engendró primero un ser igual a ella, que pudiera cubrirla entera, el cielo (Uranos) estrellado" (19), así, "Uranos fue el primer soberano del universo" (20). "Fuera de este mito, no nos ha llegado nada de Uranos, ni siquiera una imagen" (1), pero es más que probable que su fisonomía fuera, al menos en parte, o de tiempo en tiempo, taurina, como la del resto de dioses celestes del neolítico indo-mediterráneo. "Uranos era el principio masculino y fecundador por excelencia, como lo eran todos los dioses del cielo, (...) la lluvia -'semen' del dios de la tormenta-" (1) fertiliza la tierra. "Pero a diferencia de los demás dioses celestes, Uranos tenía una fecundidad peligrosa. Sus criaturas no se parecen a las que hoy pueblan la tierra: son monstruos (con cien brazos, con cincuenta ojos, estatura gigantesca, etc.). Uranos los 'odió desde el primer día' (Hesíodo), y por eso los escondía en el cuerpo de la tierra (Gea), que sufría y gemía" (1). Pero, un día, "alentado por Gea, Cronos, el último de sus hijos, espera a que su padre se acerque a la tierra al anochecer, como los demás días, le corta el órgano generador y lo tira al mar" (1). El titán Cronos "castró a su padre con una hoz y lo levantó por los aires" (21), así "la mutilación de Uranos puso fin a sus creaciones y a la vez a su soberanía" (1), que es ocupada entonces por "Cronos, que le sucede en la soberanía universal" (1). "En la iconografía egipcia, esta posición de la pareja cósmica está invertida: el cielo es la madre, el padre es la vitalidad de la tierra; pero el patrón del mito permanece: ellos fueron separados por su hijo, el dios del aire Shu" (21). Y, también en la religión de Mitra -que en un tiempo compitió con el cristianismo-, "las imágenes que nos lo muestran sacrificando bueyes nos autorizan, quizá, a deducir que representaba al hijo que llevó a cabo, por sí solo, el sacrificio del padre" (4). En el mito de Uranos se mezclan varios sentimientos infantiles, y la realización de sus deseos, lo que nos viene a confirmar que "el simbolismo de la mitología tiene un significado psicológico" (21) y que "los mitos son una proyección de los sentimientos humanos" (22). En primer lugar, la perspectiva que aquí se tiene es la del sentimiento del niño en una familia, tristemente aún, más habitual en nuestra sociedad de lo que pudiera desearse, donde el padre dominante solamente regresa a casa al final del día, para poseer brutalmente a la madre, que es quien cuida sola de la prole -o así es como lo ve el niño-. Aunque aquí nos vamos a centrar en "un drama de tres personajes cuyos protagonistas son la madre, el padre y el niño [y donde] van a alternar constantemente movimientos donde dos de ellos se aproximan en un movimiento de deseo y de amor que excluye al tercero, considerado así como el rival a eliminar" (23). Así, Cronos, el hijo mayor -pues, "en el mito se percibe fácilmente la fantasía de la novela familiar, con una audaz inversión de las condiciones autenticas" (24), para ocultar un poco la realidad- debe de luchar -aparte de con los sentimientos de celos hacia los hermanos menores (con cien brazos, cincuenta ojos)-, por una parte, con sus deseos libidinosos hacia la madre y los hostiles hacia el padre -pues, quizás nos está "reservado a todos dirigir hacia nuestra madre nuestro primer impulso sexual y hacia nuestro padre el primer sentimiento de odio y el primer deseo destructor" (24)- y, por otro lado, con el miedo a éste y sus lógicos sentimientos de culpa por tales emociones, que le hacen verse a sí mismo como malo, feo, un monstruo. Y lo intenta proyectando sus propios sentimientos inconscientes hacia su padre, pues, "la proyección sobre el padre justifica la actitud hostil por parte del hijo" (24), que es quien en realidad odia al padre, y no al revés. Todos estos sentimientos están presentes en este mito, además el deseo inconsciente de matar al padre y quedarse con la madre -también presente en el mito de Edipo y, seguramente, si los estudiásemos en profundidad, en una gran cantidad de mitos y cuentos clásicos-, conlleva la insalvable angustia de castración o miedo al castigo paterno. Así, Cronos se venga de su padre haciéndole lo mismo que tanto temió que éste le hiciera a él por su pecadora aspiración hacia su madre, una madre que es quien, desde esta fantasía infantil, hace ver que le prefiere a él antes que a su pareja -e hijo a un tiempo, no lo olvidemos-, pues, amén de alentarle, "Gea proporciona la guadaña a Cronos con la cual le mutila" (25). Luego, su hijo Zeus (Júpiter), le destronaría a él. Vemos pues cómo son todos estos sentimientos que nos revela la mitología, los que negados primero e interiorizados luego, hallan a través de estos cuentos fantasticos, la vía de escape que ha de servir para rebajar la tensión psíquica -como mecanismo de defensa-, a que nos tienen sometidos, pues "todavía puede alcanzarse, hasta cierto punto, la paz psicológica, mediante una rehabilitación tal, a través de la proyección hacia objetos externos y remotos" (24). Y es que "a través de los cuentos fantásticos -que pretenden describir las vidas de los héroes legendarios, las fuerzas de las divinidades de la naturaleza, los espíritus de los muertos y los ancestros totémicos del grupo- se da expresión simbólica a los deseos, temores y tensiones inconscientes que están por debajo de los patrones conscientes de la conducta humana. La mitología, en otras palabras, es psicología mal leída como biografía, historia y cosmología. (...) Aquí, como en un fluoroscopio, están revelados los escondidos procesos del enigma del homo sapiens, occidental y oriental, primitivo y civilizado, contemporáneo y arcaico. El espectáculo completo está ante nuestros ojos. Solo debemos leerlo" (21). La lucha En la antigua Creta mitológica, el feroz Minotauro debe de ser vencido por el joven Teseo. El bello adolescente con la estrategia del engaño -el hilo de lino en la fábula que tanto se asemeja a la capa en el ruedo-, debe de manejarse dentro de laberinto para no perderse y así poder escapar después de vencer a la bestia, pero "no todo el mundo podía pretender entrar en el laberinto y salir de él indemne; la entrada tenía el valor de una iniciación. (...) Penetrar en un laberinto y conseguir salir de él es el rito iniciático por excelencia" (1). Dédalo, en este mito representa la inteligencia como atributo al servicio de la humanidad. Él fue el autor del disfraz de vaca para que Pasifae, la esposa de Minos y madre a la postre del Minotauro, pudiera seducir al bello toro blanco que Poseidón había hecho salir de las aguas y que Minos debió sacrificar, pero no lo hizo. Dédalo es luego el encargado de la confección del laberinto por mandato del ya rey Minos, y quien, por ruego de la princesa Ariadna, idea la estrategia del hilo, para que Teseo, su amado, después de matar al Minotauro con una espada mágica, pudiera escapar del laberinto. El laberinto -que además nos recuerda, por su forma, a la estructura fisiológica del cerebro humano- es la representación de nuestro mundo interior, y el Minotauro es el monstruo que habita dentro de nosotros, que, como un autócrata cruel domina nuestras pasiones y sentimientos y con el que debemos librar una dura batalla -la batalla de nuestra vida-, en la que somos, o nosotros, o él. Y no es otra cosa el coso taurino, donde la única diferencia es que el público no vive el drama solo con la imaginación, sino con la viva presencia, lo que le da, evidentemente, mucho más realismo al acto, y le ayudan, además, a identificarse con el héroe, que será el encargado de ejecutar sus ocultos deseos. Se está comprando de esta manera a un mercenario para que haga lo que el espectador desea, pero no se atreve a hacer. El hilo, la tela, la capa (el engaño), pretenden representar el poder de la imaginación, de la astucia; la supremacía del intelecto humano sobre el mundo animal, y ser la ayuda para salir indemne, para vencer en este laberinto interior. Así, la lucha de Teseo y el Minotauro, como la del torero y el toro, representan la lucha interior que debe pasar toda persona para hacerse adulta, matando los restos de animalidad que quedan dentro de él y que están representados por su yo infantil, pues, recordemos que "debemos recorrer en las primeras etapas de nuestra vida, incluyendo la intrauterina, toda nuestra historia evolutiva" (26). Además, y dado el carácter polisémico de los símbolos y los mitos, no existe contradicción alguna aquí con la interpretación freudiana, en la que, y según la perspectiva infantil de la natalidad, cuando aún no se adivina el verdadero alcance de ésta, "la leyenda del laberinto revela ser la representación de un parto anal; los caminos intrincados son los intestinos y el hilo de Ariadna el cordón umbilical" (27), convirtiéndose así este mito en la máxima expresión del rito iniciático; el empiece de una nueva vida. Y, bajo estos conceptos simbólicos es como "el toro divino, considerado recipiente o símbolo del poder sagrado que reina sobre la talasocracia, es elegido como protagonista de rituales que preludian quizá corridas y juegos circenses en el mundo antiguo" (11). Así, "los juegos taurinos que aún hoy se conservan en el Dekkan y en el sur de la India existían ya en la India prevédica, hace cinco mil años" (28) y "en Irán eran frecuentes los sacrificios del toro, que Zaratustra combatió incansablemente" (29), pues "en todas las culturas paleo-orientales el 'poder' estaba simbolizado sobre todo por el toro (…) y el toro era su animal sagrado" (1). Todo este juego de pruebas iniciáticas y luchas de poder ya se practicaba en todo el mundo mucho antes incluso, así, una "importante forma cultural de la época totemística, asociada también a un transcendental acontecimiento de la existencia, es la correspondiente a la fiesta de la virilidad de los jóvenes en la llamada consagración viril. La entrada del joven en la compañía de los varones" (9), donde los adolescentes debían superar difíciles pruebas, ya sean de valentía, dolor, constancia, etc. "como medio demostrativo" (9) de sus cualidades adultas. Pero no es solo con relación al toro o en la más lejana antigüedad, también en nuestros días existen pruebas de este tipo, herederas de las de antaño, que aunque las que quizás tengan una mayor similitud sean las de ingreso en una pandilla, callejera o mafiosa; las novatadas, los exámenes o las pruebas de acceso, también son ritos iniciáticos, con los que, si se consiguen superar con éxito, se accede a un nuevo status social. Como el rito que debía pasar, hasta hace bien poco, todo joven masái para ser considerado guerrero: el de matar a un león con su lanza -que nos recuerda (salvando las distancias) al de matar al toro con la espada (objetos que se le asemejan por su forma y tienen, como el pene, la facultad de poder penetrar en el interior de un cuerpo y causar heridas)-. Así, a pesar del peligro que conlleva, penetrar al león o al toro tiene el carácter de posesión sexual, para que se cumplan de esta manera los profundos y reprimidos deseos homosexuales hacia el padre, pues "las personas antes consideradas como rivales se convirtieron en los primeros objetos eróticos homosexuales" (30). "Aparece, aparece, cualquiera que sea tu forma y tu nombre, ¡Oh, Toro de la Montaña, Serpiente de las Cien Cabezas, León de la Llama Ardiente! ¡Oh, Dios, Bestia, Misterio! ¡Ven!" (31) Así es como Eurípides nos desvela los anhelos ocultos de la mente humana, donde reina Dios padre como una Bestia; es el Misterio de nuestros sentimientos ocultos lo que se ambiciona desvelar. Lo que se pretende es la comprensión de lo más profundo de Nuestro Ser. Conclusión ¡Hay que matar a la Bestia! Pues -al menos en nuestra mente-, "el dios que es el creador, se convierte al fin en destructor. Desde este punto de vista el ogro tirano no es menos representativo del padre que el anterior emperador del mundo cuya posición usurpó, o que el héroe Brillante (el hijo) que ha de suplantarlo. (...) Para decirlo en términos directos: El trabajo del héroe es exterminar el aspecto tenaz del padre (el dragón, el que pone las pruebas, el rey ogro)" (21). Y, teniendo en cuenta que "la herencia arcaica del hombre constituye el nódulo de lo inconsciente anímico" (32), llegamos a la conclusión de que el mito de Uranos, la leyenda del Minotauro, el rito masái o la "fiesta nacional", representan lo mismo, el deseo inconsciente de alcanzar la edad adulta, de hacernos hombres y, "como la mayoría de los actos que el hombre de las culturas arcaicas ejecuta no son, en su mente, sino la repetición de un gesto primordial ejecutado al principio de los tiempos por un ser divino o por una figura mítica" (1), hacemos que se cumpla el "mito del Eterno Retorno" (33) al infantilismo, no solo del individuo, sino de la humanidad en su conjunto, cuando se establecía una lucha animal por el rango social, por el poder, por el dominio, por desbancar al Macho Dominante de su trono... y ocuparlo. El público, en el circo simbólico de la plaza, no es más que el grupo de adultos -la compañía de los varones- al que el matador aspira a pertenecer, si éstos le dan su aprobación. El espectador se identifica con el torero y ve así también él cumplido su deseo inconsciente de matar al padre, al tiempo que los también inconscientes sentimientos de culpa le hacen esperar ser castigado por éste. En el fondo, el espectador, que ya no es otra cosa que el torero mismo, desea que éste sea cogido por el toro; castigado por su ambición. Sí, el respetable teme, tanto como desea, además de la del toro, la muerte del matador. Y el toreo no sería nada sin esta posibilidad. La simbología en estos actos está clara: el toro es la representación del padre y el torero la del adolescente que quiere hacerse hombre, independiente de esa autoridad opresora. Pero no lo será hasta que no consiga matar al padre, real o simbólicamente, como en el drama de Sófocles (Edipo Rey). La diferencia está en el propósito, aquí es acostarse con la madre (deseo infantil) y allí hacerse hombre (deseo juvenil); como en el caso del joven Teseo, cuyo anhelo es llevarse a la princesa Ariadna, de Creta, su casa, y hacerla su esposa. Aunque tal vez no haya tanta diferencia, pues los sentimientos y "las vivencias de los primeros cinco años de la infancia ejercen una influencia determinante sobre la vida" (34) adulta. "Lo que hoy somos descansa en lo que ayer pensamos, y nuestros actuales pensamientos forjan nuestra vida futura" (35) y, como "el primer objeto amoroso del niño es la madre; sigue siéndolo en la formación del complejo de Edipo y, en el fondo, durante toda la vida" (36), Ariadna no pasaría a representar otra cosa que a la madre misma. Lo que ratificaría también la interpretación freudiana del mito, cuando el hilo de lino conllevaría la unión entre los dos enamorados, como lo hace el cordón umbilical entre la madre y el hijo. O, dicho técnicamente: Después de un periodo de latencia, en "la pubertad y la adolescencia (...) el yo se siente invadido por una angustia pulsional frente a la cual deberá defenderse. Se describe entonces una reactivación de la problemática edípica con desplazamiento sobre sustitutos parentales idealizados (...). La adolescencia representa en alguna medida la última oportunidad espontánea para el sujeto de reparar los fracasos del periodo edípico" (37). (Estamos ahora en la característica etapa rebelde del adolescente). Así, quizás todos somos, o quisiéramos ser, un poco Cronos, Shu, Teseo, guerrero masái o torero. El simbolismo en la fiesta de los toros está más presente de lo que a primera vista podría parecer, así por ejemplo el traje de luces representa la juventud, aunque el torero haya pasado ya hace mucho tiempo esa edad. El número tres, que tres veces se repite; en los tres tercios de la lidia, en los tres pares de banderillas y en los tres matadores, que matan dos toros cada uno: ¿Uno su padre y otro el padre del público? ¿O uno el padre del hombre y otro el padre del niño? -seguramente las dos posibilidades son ciertas simultáneamente, pues "en nuestro psiquismo (...) pueden muy bien convivir las más radicales antinomias" (18)-, representa la masculinidad simbólica del acto, pues "el número tres es un comprobado símbolo de los genitales masculinos" (2). ¡Aquí están mis cojones! parece que se le pretende decir al pobre toro, que no entiende nada de esto... aunque, de alguna manera, también el torero puede ver como los cojones de la autoridad se le pueden imponer a él; con el toque de los tres avisos. Y el hecho de cortarle las orejas y el rabo, cuando la faena ha sido buena, cuando se ha dominado al animal, es la representación simbólica de la castración de éste, como en el mito de Uranos. No se le cortan orejas y rabo, sino testículos y pene; tanto como venganza por la opresión sufrida, como para determinar la supremacía del más hombre, del más macho, del único que a partir de entonces tiene la potestad de usar esos atributos. Y todas las demás tradiciones crueles que se dan en España con los toros (Toro ensogado, Toro de fuego, Toro de la Vega, Toro de San Juan...), no tienen otro significado que el de descargar con saña sádica nuestros reprimidos impulsos hostiles hacia el padre. Hasta el hecho de que en un ritual, que tenía lugar durante la primavera en Mesopotamia, donde "una adolescente, maravillosamente entrenada, torea acrobáticamente a un 'toro de Minos', tomando contacto con los cuernos, con el fin de que éstos por sus puntas le infundieran el vigor y la fertilidad en beneficio de la comunidad entera" (11), ratifica, además del carácter fálico de las astas, el paterno del toro a través de la muchacha, cuando "su complejo de Edipo culmina en el deseo, retenido durante mucho tiempo, de recibir del padre, como regalo, un niño, tener de él un hijo" (38), y nos enseña además el carácter no solo erótico, sino también sádico e infantil de estas fiestas, pues "dicho rito, al igual que los juegos taurinos cretenses, terminaría con la muerte cruenta del animal" (11) y, para el niño, "la crueldad es algo que forma parte del carácter infantil, dado que aún no se ha formado en él el obstáculo que detiene la pulsión de aprehensión ante el dolor de los demás; esto es, la capacidad de compadecer" (39). El toro es, en suma, el representante paterno fuera y dentro de nosotros mismos. Así estos ritos, vienen a representar la emancipación emocional de nuestro padre, el representante de la autoridad familiar y a quien queremos reemplazar, como se reemplazaba al viejo buey en el arado, como se reemplazaba a los efímeros dioses celestes al lado de la diosa madre que, sin embargo, permanecía. Es el toro pater el que lleva -o queremos que lleve-, los cuernos; unos atributos que en un tiempo fueron símbolos masculinos y de poder, y que se convierten ahora en la divisa del suplantado. Así pretendemos que se repita "una vez más ese destino de las divinidades celestes supremas de verse gradualmente excluidas de la actualidad religiosa y soportar usurpaciones, sustituciones y fusiones sin cuento hasta que acaban por caer en el olvido" (1), como no podía ser de otra manera, pues este es el designio de nuestros deseos. Estas son las razones por las que el torero además de desear la muerte del toro, lo ama, a pesar de que pueda destriparle. Podría decirse que, como en "la relación del niño con el padre entraña una singular ambivalencia" (17), cuando, bajo nuestra perspectiva, "el padre constituía un peligro y, en consecuencia, inspiraba tanto temor como cariño y admiración" (17). De esta manera se van transmitiendo a través de la historia toda una serie de leyendas, mitos, cuentos y costumbres de los que al final llegamos a desconocer su significado, pero que si indagamos un poco, se nos desvela claramente. Y el patrón de todos estos ritos taurinos es siempre el mismo: le hemos atribuido a un ser de la naturaleza, a un ser que nos impresionaba, una personalidad que no le es propia, pero al que hacemos que acarree con las consecuencias de nuestros reprimidos impulsos hacia ella. En una palabra, estamos descargando sobre él nuestras frustraciones infantiles. Así, todas estas tradiciones nos llevan a descubrir -como por otra parte, siempre supimos desde lo más profundo de nuestro ser- que "en realidad, el matador y el dragón, el sacrificador y su víctima, son solamente una mente detrás de bambalinas, donde no hay polaridad de contrarios, pero mortales enemigos en la escena donde se presenta la eterna guerra entre los dioses y los titanes" (21).Y que "para suavizar el terrible parricidio, la leyenda representa al padre como un tío cruel o un Nemrod usurpador. Sin embargo, permanece el hecho escondido a medias. Una vez entrevisto, surge el espectáculo completo; el hijo mata al padre, pero el hijo y el padre son uno mismo" (21). Félix Casado Notas: 1.- Mircea Eliade (Tratado de Historia de las Religiones). 2.- Sigmund Freud (La interpretación de los sueños). 3.- Giambattista Vico (Principios de Ciencia Nueva). 4.- Sigmund Freud (Totem y tabú). 5.- J. Mellaart (Earliest Civilisations of the Near East). 6.- Ángel B. Espina Barrio (Manual de Antropología Cultural). 7.- Sigmund Freud (Consideraciones sobre la guerra y la muerte). 8.- J. G. Frazer (La rama dorada). 9.- Wilhelm Wundt (Elementos de Psicología de los Pueblos). 10.- Robertson Smith (Religión of the semites). 11.- J. M. Gomez-Tabanera (Enciclopedia GER). 12.- Rig Veda. 13.- Atharva Veda. 14.- José Carlos Fernández (revista Esfinge). 15.- Giles (Rev. J. Mac Gowan, La Historia Imperial de China). 16.- Peter Bassett (Doc. BBC Lion Battlefield). 17.- Sigmund Freud (El porvenir de una ilusión). 18.- Sigmund Freud (Introducción al Psicoanálisis). 19.- Hesíodo (Teogonía). 20.- Apolodoro (Biblioth). 21.- Joseph Campbell (El Héroe de las Mil Caras). 22.- Mª Jesús García Polo (Antropología). 23.- R. Perron. 24.- Otto Rank (El mito del Nacimiento del Héroe). 25.- Mª Pilar Zapatero Lacalle (Kafka o el vínculo con el padre -El Complejo de Cronos). 26.- Ley Biogenética (Ernst Haeckel). 27.- Sigmund Freud (Nuevas aportaciones al Psicoanálisis). 28.- Autran (Prehistoria del Cristianismo). 29.- Yasna. 30.- Sigmund Freud (Sobre algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homosexualidad). 31.- Euripides (Las Bacantes). 32.- Sigmund Freud (Pegan a un niño). 33.- Mircea Eliade (El mito del Eterno Retorno). 34.- Sigmund Freud (Moisés y la Religión Monoteísta). 35.- Buda (Dhammapada). 36.- Sigmund Freud (La feminidad). 37.- Alain y Sophie de Mijoya (Fundamentos del Psicoanálisis). 38.- Sigmund Freud (El final del Complejo de Edipo). 39.- Sigmund Freud (Tres ensayos para una Teoría Sexual).

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Lux Aeternum (o el elefante libertario)
Lux Aeternum (o el elefante libertario)
ArteporAnónimo10/20/2011

Lux Aeternum[1]Horacio Ricardo Silva(Este cuento de ficción, basado en la historia de Dalia, el elefante libertario, y escrito en homenaje a Haroldo Conti y su novela Alrededor de la jaula, fue publicado originalmente en el blog cubano VerbiClara, de la licenciada santaclareña Amparo Ballester).Dedicado a Meca, quien vive en el Río de la Plata y en mí; y a Haroldo Conti, cuyos relatos acompañaron mi adolescenciaDhalia con chicos en el lomo, 1942.Foto tomada de una publicación y enviada por Horacio.La división de Mastozoología, ubicada en el primer piso del Museo Argentino de Ciencias Naturales en Parque Centenario, era un lugar frío e inhóspito, donde rara vez llegaban los visitantes.Entre los restos sombríos y polvorientos se destacaba la figura de un elefante embalsamado, cuyos ojos vidriosos —igual que la Gioconda— provocaban el efecto de seguirlo a uno con la mirada por todo el recinto. Un cartel indicaba su procedencia: “Familia: Elephantidae. Orden: Proboscidea. Elefante de la India. Elepheas maximus. Distribución: Asia meridional y oriental, Cochinchina, Siam e isla de Ceilán. Pertenecen estos restos al elefante ‘Dhalia’ que durante muchos años vivió en cautiverio en el Jardín Zoológico de Buenos Aires”.Camilo, un pibe de trece años, era uno de los pocos que se llegaban hasta allí. Dejaba la fascinación por los dinosaurios a los chicos de la primaria, que se divertían comparando a la maestra con el homo neandhertalis, o pegando chicles en las vértebras del Tyrannosaurus Rex.De tanto ir al museo, Camilo se había hecho dos amigos: Sergio, el bibliotecario, y Haroldo, un empleado de maestranza que había sido durante muchos años guardián del Zoológico Municipal.Solía visitar al viejo en su covacha, una oficinita mugrienta donde guardaba sus utensilios de limpieza y contaba viejas historias del Zoo, mientras cebaba mate.Contaba, por ejemplo, cuando el rinoceronte Archibaldo arremetió contra las rejas hasta romperse el cuerno, atormentado por su reciente viudez; o cómo el cuidador Antonio logró que la mona Bobby —que se había escapado para mirar una carrera de ciclismo que se corría en la avenida Sarmiento— regresara a su jaula, simulando que la defendía de otro guardián que aparentaba atacarla.O recordaba al director Clemente Onelli, que una vez consiguió a una mujer con el coraje suficiente para amamantar a un monito huérfano, y otra vez se trajo caminando desde el puerto a la recién llegada jirafa Mimí, que no cabía dentro de ningún vehículo.Pero el relato que más le gustaba oír era el de aquel muchachito que se hizo amigo de la mangosta canina; y que un día, harto quizá de verla encerrada en una jaula triste, roñosa y solitaria, la liberó para fugarse juntos a un lugar donde no hubiera barrotes, guardianes ni amargura. Aunque todo eso terminó mal –la policía los atrapó y encerró a ambos- estas historias le encantaban a Camilo, que no decía nada cuando el viejo Haroldo las repetía, olvidando que las había contado decenas de veces.Su otro amigo, Sergio, solía darle charla y algún material sobre los animales favoritos de Camilo. Y no eran pocas las veces que éste se quedaba allí, hasta que las sombras de la noche indicaban que había llegado la hora de cerrar.La vida del chico se centraba alrededor de esas delicias. Lo demás era rutina; ir a la escuela (donde lo único que valía la pena eran las clases del maestro Mostazo, que leía cuentos de Horacio Quiroga), llegar a casa y hacer los deberes. Y luego, nuevamente la entrada a ese mundo muerto de grandes saurios y aves, que alguna vez crepitaron de vida y hoy amontonaban polvo, delante de unos visitantes que miraban todo con cara de aburridos.Una tarde de invierno, en que la lluvia hacía más lóbrego el lugar, sintió un sobresalto al mirar el elefante: le pareció percibir un levísimo movimiento en la quijada del animal embalsamado.Con el corazón en un salto, miró fijamente la imagen: no notó nada extraño.Pensó que sería su imaginación, ya fértil de por sí, y le restó importancia al asunto. Sin embargo, la impresión no le abandonó.Desde aquella vez que le pareció ver al elefante moverse, Camilo empezó a tener pesadillas.Un día soñó que era un animal enorme, y que corría a toda velocidad por una selva como la de los cuentos de Quiroga, huyendo de los cazadores.Otra noche se vio embarcado en una jaula, rumbo a un país desconocido. Y una tercera vez, soñó que quería escaparse, arremetiendo contra los barrotes como el rinoceronte Archibaldo.—Demasiadas lecturas de la selva— sentenció su madre, agregando que si seguía imaginando demasiado, le prohibiría ir al museo a escuchar las tonterías con que ese viejo loco le llenaba la cabeza. Camilo decidió no hablar más de esas cosas.Una tarde en que Sergio se quedó a hacer horas extras, el muchacho no se dio cuenta de que ya se había hecho noche cerrada. “Mamá me va a matar”, pensó, y saludando apresuradamente, salió de la biblioteca.En su camino por los pasillos ahora oscuros, donde la penumbra destacaba con sombríos relieves las siluetas inanimadas para siempre, al pasar por Mastozoología creyó ver algo que le heló la sangre.Dhalia había cambiado de posición, y lo miraba fijamente a él. Empalidecido por el terror, su mente giró entonces en un torbellino.Como en los sueños, Camilo era el elefante. Estaba en el zoológico, frente al templo hindú. Su instinto salvaje le advirtió el peligro que representaban unos policías apostados alrededor de la jaula, armados con fusiles, que le apuntaban desde distintas direcciones.Su enorme masa muscular se puso en extrema tensión. Sus ojos calcularon rápidamente la distancia que había entre él, la reja y esos hombres, y tomó la decisión de intentar escapar. Los amenazó irguiendo la trompa hacia el cielo, mientras emitía un profundo y gutural barrito, y tras ese preámbulo emprendió una feroz carrera hacia los barrotes.El impacto fue tan tremendo que logró romper uno en la embestida. Aún atontado por el golpe, su finísimo oído oyó una voz seca; sus ojos entrevieron los fogonazos, y su rugosa aunque sensible piel sintió las mordeduras del plomo en un estrépito de truenos.La sangre tibia manaba de su frente, y un furor sobrenatural lo invadió; fue entonces cuando un ser angelical se interpuso entre él y sus fusiladores, y comenzó a limpiarle la herida con suma dulzura y suavidad.En ese momento se despertó entre los brazos de Haroldo y Sergio, que llegaron corriendo al escuchar sus gritos.—¡Camilo! ¡Camilo! ¿Estás bien? ¿Qué te pasó, muchacho? ¿Qué tenés? ¡Sergio, traé un poco de agua!—El muchacho temblaba y sudaba frío. Con sus ojillos de animal asustado miraba alternativamente a sus dos amigos, hasta que al final los reconoció. Recién entonces pudo intentar explicar, entre incoherencias, lo que había vivido.El rostro de Haroldo se tornó profundamente sombrío; y, acariciando a Camilo con la ternura de un padre, le habló con una suavidad desconocida hasta entonces:“Yo quería mucho a ese animal porque era su cuidador, cuando trabajaba en el zoológico. Dhalia era amigable por naturaleza, y juntos solíamos llevar a pasear a los chicos encima de su enorme lomo. Cuando lo mataron pedí el traslado, porque no podía soportar su ausencia; y me trajeron aquí, donde está él.“En la tierra natal de Dhalia, la India, los elefantes son sagrados. Los hindúes creen en la reencarnación; que al morir, el espíritu reencarna en otro cuerpo, para enmendar los errores que cometió en vidas anteriores. Pero para poder reencarnar es preciso que su cuerpo sea cremado, es decir, purificado por el fuego.“Yo me siento en deuda con él, porque no pude evitar su muerte. Y siempre pensé que debía hacer algo para que pudiera reencarnar, pero nunca me animé. Soy viejo, y demasiado débil, o quizá cobarde. Pero la pena que tengo, me acompañará para siempre”.Camilo escuchaba todo con profunda atención. Ya no temblaba, y sus mirada había perdido ese destello salvaje, para adquirir una expresión de reconcentrada calma.Cuando regresó a su casa tuvo que soportar un tremendo escándalo por la hora de llegada y, como su madre había advertido, le prohibió volver al museo mientras sea menor de edad: —Mientras seas chico jamás volverás a ver a ese viejo loco, que quizá sea un degenerado. ¡Vaya una a saber con qué propósito te entretuvo hasta estas horas de la noche!—Desde entonces, no hubo alegría para Camilo. Todo en él era reserva y circunspección, hasta el punto de que sus compañeros del colegio preferían estar lejos de él, a quien miraban como a un bicho raro.Sin embargo, seguía imperturbable. Siempre pensaba, y pensaba. Y cuando por fin llegó a una conclusión, no miró hacia atrás.Una tarde a la salida del colegio, llamó a su madre para avisarle que se quedaba a estudiar en casa de un compañero que ella conocía, y que tal vez podría quedarse a dormir si se hacía tarde.Luego se fue a caminar por ahí, para hacer tiempo. Se entretuvo mirando comics y manga en los puestos de Parque Centenario, hasta un rato antes del cierre del museo.Entró aprovechando la confusión provocada por la salida de un grupo escolar, excitado y bullicioso.Una vez dentro, se escondió en un cuartito en desuso que Haroldo le había mostrado; y allí se durmió, mientras esperaba que se hiciera de noche.Cuando despertó, aguzó el oído para percibir cualquier síntoma de movimiento: no oyó nada y, empujando la puerta despacito, se atrevió a salir. Ocultándose como pudo entre las vitrinas, llegó finalmente a la división de Mastozoología.Saludó a Dhalia con una ternura infinita, hablándole de las mil cosas que estuvo pensando todo ese tiempo, mientras sacaba de su mochila un gran frasco lleno de kerosén. Comenzó empapando la cabeza y los costados del animal, y con gran esfuerzo consiguió arrojar el líquido sobre su lomo, que no medía menos de dos metros de altura. En la tarea, torpemente efectuada, quedó él mismo rociado con el combustible, muy a su pesar. “Ahora sí que mi vieja me mata; con este olor en la ropa, no sé cómo voy a convencerla de que estuve estudiando en lo de Carlos”, pensó.Cuando se vació el frasco sacó una caja de fósforos que llevaba en el bolsillo de su campera. Con las manos algo temblorosas, la abrió y tomó uno; y en ese momento, un grito lo sobresaltó:—¡¡Camilo!!—Miró hacia el costado, y vio al viejo Haroldo que le hacía señas desesperadas para que se detuviese.—¡Camilo, por Dios, no lo hagas!—El temblor desapareció de sus manos. Miró al viejo y recién ahí supo cuánto lo quería, y cuánto quería a esa nostalgia de tiempos antiguos que él no había vivido, pero que sentía como propios.Entonces, ante la mirada desesperada del viejo, sonrió levemente y prendió el fósforo.Al día siguiente, los diarios titularon: “NIÑO PIROMANIACO MUERE AL PRETENDER INCENDIAR MUSEO DE PARQUE CENTENARIO”. Las radios y canales de televisión dedicaron sus noticiosos a resaltar la falta de valores de la juventud y la inacción del gobierno para prevenir este tipo de atentados, reclamando mayor presencia policial en las calles y una eficaz vigilancia en los lugares de reunión de los jóvenes.La única excepción fue la nota que publicó un viejo diario anarquista, que no leyó casi nadie, y en la que un memorioso investigador transcribía algunos párrafos de La Nación, edición del 20 de mayo de 1943:SACRIFICOSE A ‘DHALIA’, EL ELEFANTE DEL ZOOLOGICO“Dhalia, el único elefante macho que había en el Jardín Zoológico, tuvo que ser ultimado a tiros.El hecho ocurrió ayer, entre las 14 y las 15. Un piquete de la Guardia de Seguridad disparó 36 balazos contra el animal enloquecido. Fue como una cacería dentro de la ciudad, en la pequeña y urbanizada selva de Palermo, alborotada por el guiriguay de los pájaros y los chillidos de los monos.Después de recibir el primer impacto en la frente, de la cual empezó a manar abundante sangre, los presentes vieron con estupor cómo su joven compañera, de nombre Cango, se cruzó en la línea de fuego tras arrancar unas matas de pasto con las que se puso a limpiar la sangre de la herida.El oficial, azorado, ordenó alto el fuego; pero ese instante mágico fue roto por el mismo Dhalia, quien resuelto a huir de la ejecución, intentó salir por el hueco abierto en la reja.Sonó otra vez la voz de fuego, y las descargas se sucedieron sin solución de continuidad, por espacio de una hora; fue entonces cuando el soldado J. Durán, campeón de tiro de fusil, disparó el tiro de gracia haciendo blanco mortal en uno de los ojos.Cuando Dhalia por fin cayó lo hizo con estilo, doblando las patas, arrodillándose sin tumbar el cuerpo, como esperando la muerte con dignidad. Y así quedó, como si estuviera en actitud de reposo, frente al pabellón indio, entre los rugidos de las fieras, la algarabía de los pájaros y el griterío de los monos, que saltaban y aplaudían en la jaula, pues había terminado la función: la cacería improvisada en la ciudad”.Muchos años después, un joven elefante y su conductor atravesaban despreocupadamente las junglas del sudoeste de la India. A su paso, los sencillos pobladores de la aldea de Bhadravati, coincidían entre sonrisas al afirmar que nunca habían visto una amistad tan pura y simple, como la existente entre aquel hijo de Ganesh y el alegre cachorro de hombre que lo guiaba. [2]Horacio Ricardo Silva, 17 de junio de 2005......................................................................................................................................................................................................................................[1] Luz eterna, en latín.[2] Las tres deidades más importantes para el hinduismo son Visnu y sus dos hijos, Brahma y Shiva. Este último tuvo con Parvati, su mujer, dos vástagos: Kartakaya y Ganesh. Debido a una confusión Shiva decapitó a Ganesh, quien protegía a su madre. El atribulado padre bajó a la Tierra, con la promesa de traer a su hijo la cabeza del primer ser que encontrara a su paso, que resultó ser un paquidermo. Su imagen se representa entonces como un hombre de gran barriga, cuatro brazos y cabeza de elefante; es el dios de la sabiduría y las letras, conocido también por su capacidad para remover obstáculos. Actualmente es la deidad más popular en la India y su hijos, los elefantes, son considerados sagrados por su origen divino.......................................................................................................................................................................................................................................Horacio Ricardo Silva: Historiador, escritor y periodista argentino, nacido en Buenos Aires en 1959. Desde 2006 reside en Alejandro Korn, Partido de San Vicente, provincia de Buenos Aires, República Argentina.

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Stig Dagerman, El anarquista melancólico
Stig Dagerman, El anarquista melancólico
ArteporAnónimo7/18/2010

Tu ne peux refaire le monde. Calme ton "me violente ! Une seule chose tu peux faire : A un autre, du bien. Mais cela est déjà tant Que les étoiles elles-mêmes sourient. Un homme affamé de moins Est aussi un frère de plus. No puedes rehacer el mundo. ¡Calma tu alma violenta! Una sola cosa puedes hacer: A otro, del bien. Pero esto es ya tanto Qué las estrellas mismas sonrían. Un hombre hambriento por lo menos Es también un hermano además. Rescatado el testamento literario de Stig Dagerman, el considerado “niño prodigio” de la literatura escandinava Esos cinco años de escritura brillante y compulsiva (hubo noches en las que completaba cerca de sesenta cuartillas) le bastaron para alcanzar el éxito. Fue declarado el heredero de Strindberg y la crítica le emparentó con Kafka y Faulkner. En 1950 sus nervios ya estaban hechos trizas. Era incapaz de terminar los proyectos que iniciaba, pasaba las noches conduciendo por carreteras solitarias y su vida junto a su segunda mujer la actriz Anita Björk, se asemejaba a un sangriento melodrama. “La depresión es una muñeca rusa”, escribió entonces, “y en la séptima muñeca hay un cuchillo, una hoja de afeitar, un veneno, unas aguas profundas y un salto al vacío”. Con su habitual mezcla de audacia y buen gusto, la editorial Pepitas de Calabaza rescata el que se considera testamento literario de Dagerman, un breve texto titulado “Nuestra necesidad de consuelo es insaciable”. Se trata de uno de los pocos trabajos a los que el autor sueco consiguió dar forma en sus últimos años de vida : un ensayo sobre la angustia que nos hace pensar en un Cioran que desconfiase de los truenos y las metáforas, o quizá en un Camus al que le hubiesen desconectado la reverberación del micrófono. Además de cómo un sereno adiós a la vida, estas páginas pueden entenderse como una síntesis del pensamiento de su autor. En el corazón de la obra de Dagerman palpita un negrísimo átomo de opresión. Su gran tema es la imposibilidad del ser humano para ser feliz en las sociedades modernas. “Para mi, un tipo de libertad se ha perdido para siempre o por un largo tiempo : la libertad que procede de la capacidad de dominar su propio elemento”. Dagerman piensa en Thoreau y en su bosque de Walden. “¿Dónde se encuentra ahora el bosque en el que el ser humano pueda probar que es posible vivir en libertad fuera de las formas congeladas de la sociedad ?”. Esa insatisfacción, que quizá en un carácter meridional hubiese generado el enésimo existencialista ‘malgre lui’, orientó a Dagerman hacia el anarquismo. Desde muy joven frecuentó círculos libertarios y comenzó a publicar en revistas como “Storm” o “Arbetaren”. El volumen de Pepitas de Calabaza incluye a modo de anexo algunos textos que arrojan luz sobre su relación con el anarcosindicalismo. Para el lector español, el más curioso es una semblanza de Dagerman firmada en 1954 por su amiga Federica Montseny, en la que, entre exclamaciones maternales y chismorreos románticos, aparece algún párrafo revelador : « La literatura tradujo un estado de ánimo, una crisis profunda : demasiado joven para saber esperar ; demasiado absoluto en sus sentimientos y pensamientos, Stig fue de los que no pudiendo creer en Todo, no pudieron creer en Nada ». Dagerman fue un raro ejemplar político : un anarquista antirromántico. Demasiado inteligente para dejarse llevar por la propaganda, puso a prueba los clichés del pensamiento de su época, o dicho con sus palabras, cruzó « el bosque de convenciones que todo poeta debe atravesar ». En 1946, con los campos de Europa todavía humeantes, arremete contra Adam Smith, contra Churchill y contra el Papa, pero también contra Marx y Stalin. Casado en primeras nupcias con una hija de emigrantes españoles, su visión de la Guerra Civil recuerda en algo a Orwell. “En España, entre 1936 y 1939, el anarquista era considerado tan peligroso para la sociedad que se le disparaba desde ambos lados, no estuvo expuesto solamente, de frente, a los fusiles alemanes e italianos sino también, por la espalda, a las balas rusas de sus aliados comunistas" Aunque se trate de un ejercicio melancólico, es difícil no fantasear con qué habría sido capaz de hacer Dagerman sino hubiese decidido poner fin a su vida tan pronto. En pocos escritores se da la combinación de sensibilidad exacerbada y capacidad de análisis que encontramos en él. Como cualquier gran escritor, el autor sueco es, ante todo, un punto de vista, pero se diría que él es algo más : un temperamento, una peculiar energía que amalgama valores aparentemente antagónicos como la fragilidad y el arrojo, el genio y la humildad, la pasión y la inteligencia. Stig Dagerman era delgado, tímido y nervioso. Pensaba que la vida era un ‘viaje imprevisible entre dos lugares inexistentes’ y que el peor de los males era ‘tener miedo de los hombres y escribir por dinero’. Al comienzo de “Nuestra necesidad de consuelo es insaciable” encontramos un párrafo que, desde su publicación, aparece ligado a su posteridad : “No me ha sido dado en herencia ni un dios ni un punto firme en la tierra desde el cual poder llamar la atención de dios ni he heredado tampoco el furor disimulado del escéptico, ni la astucia del racionalista, ni el ardiente candor del ateo. Por eso no me atrevo a tirar la piedra a quien creé en cosas que yo dudo, ni a quien idolatra la duda como si ésta no estuviera rodeada de tinieblas. Esta piedra me alcanzaría a mi mismo ya que de una cosa estoy convencido : la necesidad de consuelo que tiene el ser humano es insaciable”. Unos años antes en uno de sus relatos más conocidos, Dagerman soñaba su propio epitafio : « Aquí descansa un escritor sueco, calido por nada, su crimen fue la inocencia, olvidadle pronto ». Ese relato, como gran parte de su obra, permanece aún inédito en español. Quienes descubran ahora el encanto de este anarquista atormentado y brillante entenderán por qué ése es un lujo que no podemos permitirnos. Reportero en Alemania En 1946 Stig Dagerman viajó a Alemania como corresponsal del periódico sueco ‘Expressen’. Ya había publicado sus dos novelas más importantes ‘La serpiente’ y ‘La isla de los condenados’ y su firma tenía el prestigio suficiente para atraer la atención de un buen número de lectores. La guerra había terminado cuatro años antes y el joven escritor aterrizó en un país en ruinas, un gran « cemen¬terio bombardeado ». Alguien le reco¬mendó que, para hacerse una idea de la situación, leyese los periódicos alema¬nes. Él prefirió pisar la calle y observar. Estuvo en Berlin, Múnich, Stuttgart y Hamburgo, se entrevistó con antiguos soldados nazis, con refugiados y super¬vivientes de los campos de concentración, asistió a juicios de desnazificación, bajó a los sótanos donde malvivían familias en condiciones miserables, viajó en trenes en “más lentos que la muerte » y vio cómo se establecían las redes del mercado negro. Su conclusión fue sencilla y comprometedora : los alemanes no eran “un bloque soldado que irradie heladas emanaciones de nazismo”, sino « una multitud variopinta de individuos hambrientos y temblorosos de frío”. La guerra no es un asunto sencillo y tampoco lo es le victoria. Las potencias aliadas no hacen demasiado por la población civil y los alemanes de a pie acumulan rencor hacia los vencedores. ‘Otoño alemán’ (Octaedro) es el libro que recoge estas crónicas de la posgue¬rra alemana. Se trata de un ejemplo de buen periodismo y alta literatura, valga la aproximada redundancia. Leyén¬dolo, uno siente ese suave estremeci¬miento físico que nos indica que esta¬mos ante una obra maestra. Es sin duda uno de los mejores reportajes escritos el siglo pasado. Por eso, el nombre de su autor merece ser pronunciado entre los de los maestros del género en la compañía de Albert Londres y Hemingway, junto a Orwell, Michael Herr y Kapuscinsky PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA Nuestra necesidad de consuelo es insaciable Estoy desprovisto de fe y no puedo, pues, ser dichoso, ya que un hombre dichoso nunca llegará a temer que su vida sea un errar sin sentido hacia una muerte cierta. No me ha sido dado en herencia ni un dios ni un punto firme en la tierra desde el cual poder llamar la atención de dios; ni he heredado tampoco el furor disimulado del escéptico, ni las astucias del racionalista, ni el ardiente candor del ateo. Por eso no me atrevo a tirar la piedra ni a quien cree en cosas que yo dudo, ni a quien idolatra la duda como si ésta no estuviera rodeada de tinieblas. Esta piedra me alcanzaría a mí mismo ya que de una cosa estoy convencido: la necesidad de consuelo que tiene el ser humano es insaciable. Yo mismo persigo el consuelo como el cazador su presa. Por dondequiera que en el bosque lo vislumbre, disparo. A menudo no alcanzo más que el vacío; pero alguna que otra vez cae a mis pies una presa. Y como sé que el consuelo no dura más que el soplo del viento en la copa del árbol, me apresuro a apoderarme de ella. ¿Y qué tengo entonces entre mi brazos? Puesto que estoy solo: una mujer amada o un desdichado compañero de viaje. Puesto que soy poeta: un arco de palabras que no puedo tensar sin un sentimiento de dicha y de horror. Puesto que soy prisionero: una súbita mirada hacia la libertad. Puesto que estoy amenazado por la muerte: un animal vivo aún caliente, un corazón que palpita sarcásticamente. Puesto que estoy amenazado por el mar: un arrecife de duro granito. Pero también hay consuelos que me llegan como huéspedes sin haberlos invitado y que llenan mi aposento de odiosos cuchicheos: Soy tu deseo - ¡ama a todo el mundo! Soy tu talento -¡abusa de él como abusas de ti mismo! Soy tu sensualidad - ¡solamente viven los sibaritas! Soy tu soledad -¡menosprecia a los seres humanos! Soy tu deseo de muerte -¡corta! El equilibrio es un listón estrecho. Veo mi vida amenazada por dos poderes: por un lado, por las ávidas bocas del exceso; y por otro, por la avara amargura que se nutre de sí misma. Pero rehuso elegir entre la orgía y la ascesis, aunque sea al precio de una confusión mental. Para mí no basta con saber que, puesto que no somos libres en nuestros actos, todo es excusable. Lo que busco no es una excusa a mi vida sino todo lo contrario a una excusa: la reconciliación. Al fin me doy cuenta que cualquier consuelo que no cuente con mi libertad es engañoso, al no ser más que la imagen reflejada de mi desespero. En efecto, cuando mi desespero me dice: Desespera, puesto que cada día no es sino una tregua entre dos noches, el falso consuelo me grita: Espera, pues cada noche no es más que una tregua entre dos días. Pero de nada le vale al ser humano un consuelo brillante; necesita un consuelo que ilumine. Y todo aquel que quiera convertirse en una persona malvada, es decir, una persona que actúa como si todas las acciones fueran defendibles, debería, al lograrlo, tener al menos la bondad de advertirlo. Son innumerables los casos en los que el consuelo es una necesidad. Nadie sabe cuándo caerá el crepúsculo y la vida no es un problema que pueda ser resuelto dividiendo la luz por la oscuridad y los días por las noches; es un viaje imprevisible entre lugares inexistentes. Puedo, por ejemplo, andar por la orilla y sentir de repente el horrible desafío que la eternidad lanza sobre mi existencia y el perpetuo movimiento del mar y la huida constante del viento. ¡En qué se convierte entonces el tiempo sino en un consuelo por el hecho de que nada de lo humano es duradero y qué consuelo tan miserable que sólo enriquece a los suizos! Puedo estar sentado ante la lumbre en la habitación menos expuesta al peligro y sentir de pronto que la muerte me rodea. Está en el fuego, en todos los objetos puntiagudos que me rodean, en la solidez del techo y en el grueso de las paredes, está en el agua y en la nieve, en el calor y en mi sangre. ¡En qué se convierte entonces el sentimiento humano de seguridad sino en un consuelo por el hecho de que la muerte es lo más cercano a la vida y qué consuelo más miserable que no hace más que recordarnos aquello que quiere hacernos olvidar! Puedo llenar todas las hojas en blanco con la más hermosa combinación de palabras que mi cerebro pueda imaginar. Puesto que deseo confirmar que mi vida no es absurda y que no estoy solo en la tierra, junto todas estas palabras en un libro y se lo ofrezco al mundo. A cambio, éste me da dinero, gloria y silencio. Pero qué me importa a mí el dinero y qué me importa contribuir al progreso de la literatura; sólo me importa aquello que nunca consigo: la confirmación de que mis palabras conmueven el corazón del mundo. ¡En qué se convierte entonces mi talento sino en un consuelo a mi soledad y qué consuelo más terrible que sólo consigue que sienta mi soledad cinco veces más fuerte! Puedo ver la libertad encarnada en un animal que atraviesa veloz un claro del bosque y oír una voz que murmura: ¡vive con sencillez, toma lo que desees y no temas las leyes! ¡Pero qué es este buen consejo sino un consuelo por el hecho de que la libertad no existe y qué implacable consuelo para quien entiende que el ser humano tarda millones de años para convertirse en lagarto! Puedo, finalmente, descubrir que esta tierra es una fosa común en la que el rey Salomón, Ofelia y Himler reposan uno junto al otro. De lo cual concluyo que el verdugo y la infeliz gozan de la misma suerte que el sabio y que la muerte puede parecer un consuelo a una vida errónea. ¡Pero qué consuelo más atroz para quien querría ver la vida como un consuelo por la muerte! No tengo filosofía alguna por la que moverme como pájaro en el aire o como pez en el agua. Todo lo que tengo es un duelo que se libra cada minuto de mi vida entre los falsos consuelos que sólo aumentan mi impotencia y hacen más profundo mi desespero, y los consuelos verdaderos que me llevan a la liberación momentánea, o mejor dicho: el consuelo verdadero, puesto que sólo existe para mí un consuelo verdadero, aquel que me dice que soy un hombre libre, un individuo inviolable, un ser soberano dentro de mis límites. Pero la libertad empieza por la esclavitud, y la soberanía, por la dependencia. La señal más cierta de mi servidumbre es mi temor de vivir. La señal definitiva de mi libertad es el hecho de que mi temor cede el sitio a la alegría de la independencia. Puede parecer que necesito la dependencia para poder conocer, al fin, el consuelo de ser un hombre libre, y seguramente es cierto. A la luz de mis actos me doy cuenta que el objetivo de toda mi vida ha sido labrar mi propia desdicha. Lo que podría traerme libertad me trae esclavitud y cargas en vez de pan. Otra gente tiene otros señores. A mí, por ejemplo, me esclaviza mi talento hasta el punto de no atreverme a utilizarlo por miedo a perderlo. Además, soy de tal modo esclavo de mi nombre que apenas me atrevo a escribir por miedo a dañarlo. Y cuando al fin llega la depresión soy también su esclavo. Mi mayor aspiración es retenerla, mi mayor placer es sentir que todo lo que yo valía residía en lo que creo haber perdido: la capacidad de crear belleza a partir de mi desesperación, de mi hastío y de mis debilidades. Con amarga dicha deseo ver mis casas caer en ruina y verme a mí mismo sepultado en las nieves del olvido. Pero la depresión es una muñeca rusa y en la séptima muñeca hay un cuchillo, una hoja de afeitar, un veneno, unas aguas profundas y un salto al vacío. Acabo por convertirme en esclavo de todos estos instrumentos de muerte. Como perros me persiguen, o yo a ellos como si fuese yo mismo un perro. Y creo comprender que el suicidio es la única prueba de la libertad humana. Pero, viniendo de un lugar insospechado, se acerca el milagro de la liberación. Puede acaecer en la orilla y la misma eternidad que, hace un momento suscitaba en mí temor, es ahora el testigo de mi nacimiento a la libertad. ¿En qué consiste este milagro? Simplemente en el súbito descubrimiento que nadie, ni ningún poder ni ningún ser humano tiene derecho a exigirme que mi deseo de vivir se marchite. Ya que si este deseo no existe, ¿qué es lo que puede existir? Puesto que estoy en la orilla del mar puedo aprender del mar. Nadie puede exigirle al mar que sostenga todos los navíos, o al viento que hinche constantemente todas las velas. De igual modo nadie puede exigirme que mi vida consista en ser prisionero de ciertas funciones. ¡No el deber ante todo, sino la vida ante todo! Igual que los demás hombres debo tener derecho a unos instantes durante los cuales pueda dar un paso al lado y sentir que no soy únicamente parte de esta masa a la que llaman población, sino una unidad autónoma. Solamente en este instante puedo ser libre ante los hechos de la vida que antes causaron mi desesperación. Puedo confesar que el mar y el viento me sobrevivirán y que la eternidad no se preocupa de mí. ¿Pero quién me pide preocuparme de la eternidad? Mi vida es corta sólo si la emplazo en el cepo del tiempo. Las posibilidades de mi vida son limitadas sólo si cuento el número de palabras o de libros que tendré tiempo de escribir antes de morir. ¿Pero quién me pide contar? El tiempo es una falsa unidad de medida para medir la vida. El tiempo, en el fondo, es una unidad de medida sin valor ya que sólo alcanza las obras avanzadas de mi vida. Pero todo lo importante que me ocurre y que da a mi vida un maravilloso contenido: el encuentro con una persona amada, una caricia, la ayuda en la necesidad, el espectáculo de un claro de luna, un paseo a vela por el mar, la alegría que se siente por un hijo, el estremecimiento ante la belleza, todo esto ocurre completamente fuera del tiempo. Da lo mismo que encuentre la belleza en el espacio de un segundo o de cien años. La dicha no solamente se sitúa al margen del tiempo sino que niega toda relación entre la vida y el tiempo. Descargo pues de mis hombros el fardo del tiempo y, a la vez, la exigencia de sacar buenos resultados. Mi vida no es algo que deba ser medido. Ni el salto del ciervo ni la salida del sol son buenos resultados conseguidos en una prueba. Tampoco una vida humana es la superación de una prueba, sino algo que crece hacia la perfección. Y lo que es perfecto no realiza pruebas con buenos resultados, lo que es perfecto obra en estado de reposo. Es absurdo pretender que el mar está hecho para sostener armadas y delfines. Ciertamente lo hace, pero conservando su libertad. Del mismo modo es absurdo pretender que el ser humano esté hecho para otra cosa que para vivir. Ciertamente aprovisiona máquinas y escribe libros, y también podría hacer otras cosas. Lo importante es que, haga lo que haga, lo hace conservando su libertad y con la plena conciencia de ser, como cualquier otro detalle de la creación, un fin en sí. Reposa en sí mismo como una piedra en la arena. Puedo incluso librarme del poder de la muerte. No es que pueda librarme de la idea que la muerte corre detrás de mis talones, y menos aún puedo negar su existencia; pero puedo reducir a la nada su amenaza dejando de apoyar mi vida en soportes tan precarios como el tiempo y la gloria. Por el contrario no está en mi poder permanecer siempre vuelto hacia el mar y comparar su libertad con la mía. Llegará el momento en que tendré que volverme hacia la tierra y encararme a los organizadores de mi opresión. Entonces me veré obligado a reconocer que el ser humano ha dado a su vida unas formas que, al menos en apariencia, son más fuertes que él. Incluso con mi libertad recientemente alcanzada no puedo destruirlas, sino solamente suspirar bajo su peso. Por el contrario, entre las exigencias que pesan sobre el hombre puedo distinguir las que son absurdas y las que son ineludibles. Para mí, un tipo de libertad se ha perdido para siempre o por un largo tiempo: la libertad que procede de la capacidad de dominar su propio elemento. El pez domina el suyo, el pájaro el suyo, el animal terrestre el suyo. Thoreau dominaba todavía el bosque de Walden. ¿Dónde se encuentra ahora el bosque en el que el ser humano pueda probar que es posible vivir en libertad fuera de las formas congeladas de la sociedad? Debo responder: en ninguna parte. Si quiero vivir libre debo hacerlo, por ahora, dentro de estas formas. El mundo es más fuerte que yo. A su poder no tengo otra cosa que oponer sino a mí mismo, lo cual, por otro lado, lo es todo. Pues mientras no me deje vencer yo mismo soy también un poder. Y mi poder es terrible mientras pueda oponer el poder de mis palabras a las del mundo, puesto que el que construye cárceles se expresa peor que el que construye la libertad. Pero mi poder será ilimitado el día que sólo tenga mi silencio para defender mi inviolabilidad, ya que no hay hacha alguna que pueda con el silencio viviente. Este es mi único consuelo. Sé que las recaídas en el desconsuelo serán numerosas y profundas, pero la memoria del milagro de la liberación me lleva como un ala hacia la meta vertiginosa: un consuelo que sea algo más y mejor que un consuelo y algo más grande que una filosofía, es decir, una razón de vivir. Stig Dagerman Matar a un Niño Es un día suave y el sol esta oblicuo sobre la llanura. Pronto sonarán las campanas, porque es domingo. Entre dos campos de centeno, dos jóvenes han hallado una senda por la que nunca fueron antes, y en los 3 pueblos de la planicie resplandecen los vidrios de las ventanas. Algunos hombres se afeitan frente a los espejos en las mesas de las cocinas, las mujeres cortan pan para el café, canturreando, y los niños están sentados en el suelo y abrochan sus blusas. Es la mañana feliz de un día desgraciado, porque este día un niño será muerto, en el tercer pueblo, por un hombre feliz. Todavía el niño está sentado en el suelo y abrocha su camisa, y el hombre que se afeita dice que hoy harán un paseo en bote por el riachuelo, y la mujer canturrea y coloca el pan, recién cortado, en un plato azul. Ninguna sombra atraviesa la cocina, y, sin embargo, el hombre que matará al niño está al lado de la bomba de bencina roja, en el primer pueblo. Es un hombre feliz que mira en una cámara, y en el cristal ve un pequeño carro azul, y a su lado a una muchacha que ríe. Mientras la muchacha ríe y el hombre toma la hermosa fotografía, el vendedor de bencina ajusta la tapa del tanque y asegura que tendrán un bonito día. La muchacha se sienta en el carro, y el hombre que matará al niño saca su billetera del bolsillo y comenta que viajarán hasta el mar, y en el mar pedirán prestado un bote y remarán lejos, muy lejos. A través de los vidrios bajados, oye la muchacha, en el asiento delantero, lo que él habla; ella cierra los ojos, ve el mar y al hombre junto a sí en el bote. No es ningún hombre malo, es alegre y feliz, y antes de entrar en el carro se detiene un instante frente al radiador que centellea al sol, y se goza del brillo y del olor de bencina y de ciruelo silvestre. No cae ninguna sombra sobre el carro, y el refulgente parachoques no tiene ninguna abolladura y no está rojo de sangre. Pero, al mismo tiempo que, en el primer pueblo, el hombre cierra la puerta izquierda del carro y tira el botón de arranque, en el tercer pueblo, la mujer abre su alacena, en la cocina, y no encuentra el azúcar. El niño, que ha abrochado su camisa y que ha amarrado los cordones de sus zapatos, está de rodillas en el sofá y contempla el riachuelo que serpentea entre los alisos, y el negro bote que está medio varado sobre el pasto. El hombre que perderá a su hijo está recién afeitado y, en ese momento, pliega el soporte del espejo. En la mesa, las tazas de café, el pan, la crema y las moscas. Sólo el azúcar falta, y la madre ordena a su hijo que corra donde los Larsson y pida prestados algunos terrones. Y mientras el niño abre la puerta, le grita el padre que se dé prisa, porque el bote espera en la ribera. Remarán tan lejos como nunca antes remaron. Cuando el niño corre a través del jardín, en todo momento piensa en el riachuelo y en los peces que saltan, y nadie le susurra que sólo le quedan 8 minutos para vivir y que el bote permanecerá allí donde está todo el día y muchos otros días. No es lejos lo de los Larsson: únicamente cruzar el camino, y mientras el niño corre atravesándolo, el pequeño carro azul entra en el otro pueblo. Es un pueblo pequeño con pequeñas casas rojas, con gente que acaba de despertar, que está en su cocina con las tazas de café levantadas y observan al carro venir por el otro lado del seto con grandes nubes de polvo detrás de sí. Va muy rápido, y el hombre en el carro ve cómo los álamos y los postes de telégrafo, recién alquitranados, pasan como sombras grises. Sopla verano por la ventanilla. Salen velozmente del pueblo. El carro se mantiene seguro en medio del camino. Están solos todavía. Es placentero viajar completamente solos por un liso y ancho camino, y a campo abierto es mucho mejor aún. El hombre es feliz y fuerte, y en el codo derecho siente el cuerpo de su futura mujer. No es ningún hombre malo. Tiene prisa por alcanzar el mar. No sería capaz de matar a una mosca, pero sin embargo, pronto matará a un niño. Mientras avanzan hacía el tercer pueblo, cierra la muchacha otra vez los ojos y juega que no los abrirá hasta que puedan ver el mar, y al compás de los muelles tumbos del carro, sueña en lo terso que estará. ¿Por qué la vida está construida con tanta crueldad, que un minuto antes de que un hombre feliz mate a un niño, todavía es feliz y un minuto antes de que una mujer grite de horror, puede cerrar los ojos y soñar en el ancho mar, y durante el último minuto de la vida de un niño pueden sus padres estar sentados en una cocina y esperar el azúcar y hablar sobre los dientes blancos de su hijo y sobre un paseo en bote, y el niño mismo puede cerrar una verja y empezar a atravesar un camino con algunos terrones en la mano derecha envueltos en papel blanco; y durante este último minuto no ver otra cosa que un largo y brillante riachuelo con grandes peces y un ancho bote con callados remos ? Después, todo es demasiado tarde. Después, está un carro azul al sesgo en el camino, y una mujer que grita retira la mano de la boca, y la mano sangra. Después, un hombre abre la puerta de un coche y trata de mantenerse en pie, aunque tiene un abismo de terror dentro de sí. Después hay algunos terrones de azúcar blanca desparramados absurdamente entre la sangre y la arenilla, y un niño yace inmóvil boca abajo, con la cara duramente apretada contra el camino. Después, llegan dos lívidas personas que todavía no han podido beber su café, que salen corriendo desde la verja y ven en el camino un espectáculo que jamás olvidarán. -Porque no es verdad que el tiempo cure todas las heridas-. El tiempo no cura la herida de un niño muerto y cura muy mal el dolor de una madre que olvidó comprar azúcar y mandó a su hijo a través del camino para pedirla prestada; e igualmente, mal cura la congoja del hombre feliz, que lo mató.. Porque el que ha matado a un niño, no va al mar. El que ha matado a un Niño vuelve lentamente a casa en medio del silencio, y junto a sí lleva una mujer muda con la mano vendada; y en todos los pueblos por los que pasan ven que no hay ni una sola persona alegre. Todas las sombras son más oscuras, y cuando se separan todavía es en silencio; y el hombre que ha matado a un niño sabe que este silencio es su enemigo, y que va a tener que necesitar años de su vida para vencerlo, gritando que no fue su culpa. Pero sabe que esto es mentira, y en sus sueños de las noches deseará en cambio tener un solo minuto de su vida pasada para "hacer este solo minuto diferente". Pero tan cruel es la vida para el que ha matado a un niño, que después todo es demasiado tarde. Stig Dagerman

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