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EudoroAcevedo

Usuario (Argentina)

Primer post: 17 ene 2010Último post: 29 jun 2012
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Ernesto Guevara Lynch, un imprescindible (Parte 2)
InfoporAnónimo1/17/2010

El mate proporciona a la gente alegría y satisfacción, pero causa incontables sufrimientos a quienes lo cultivan. Los obreros de las plantaciones de yerba mate arrastraban una vida miserable, de presidiarios; el dueño de la plantación era señor de horca y cuchillo, podía apalearlos impunemente e inclusive matarlos. Ni siquiera les pagaban en dinero, sino en vales, por los cuales en el almacén del dueño les daban productos de segunda calidad y cualquier minucia, además, el dueño les vendía cualquier porquería tres veces más caro. Para colmo, los envenenaba con alcohol, del que en el almacén había reservas ilimitadas. Cualquier resistencia organizada de los obreros era aplastada bárbaramente por el dueño de la plantación y por la policía. Empecé por abolir los vales y pagar a los obreros un salario en dinero. Hasta prohibí vender alcohol en la plantación. En seguida me gané enemigos entre los dueños de las plantaciones vecinas. Primero me tomaron por loco, pero cuando se convencieron de que estaba en mi sano juicio, dijeron que era comunista. En aquel tiempo yo era partidario de la Unión Cívica Radical. Se trata de un partido democrático, cuyo líder Hipólito Yrigoyen, por entonces presidente de la nación, hizo muchas cosas útiles para el país: estaba por una política exterior independiente y respetaba la Constitución. Los dueños de las plantaciones me amenazaron con tomar represalias. Entonces en Misiones reinaba la más absoluta arbitrariedad. Los plantadores manejaban a las autoridades locales y la policía. Yo, por mi parte, no soy tímido, pero no tenía derecho a arriesgar a Celia. Decidí mudarme a Rosario, segunda ciudad de la Argentina por su importancia, y abrí un molino yerbatero. Allí nació el Che el 14 de junio de 1928, un mes antes de lo previsto, y Celia, en mi honor, le dio el nombre de Ernesto. En casa lo llamábamos Teté. Mis planes comerciales en Rosario tampoco tuvieron éxito. Justo en ese momento se desató la crisis económica mundial, que también sacudió con fuerza la economía argentina, dependiente de Nueva York y de Londres. Se redujo el comercio exterior, cayeron catastróficamente los precios de nuestras materias primas en el mercado mundial, quebraron muchísimos negocios y comenzó a haber desocupación. No pude conseguir los créditos que confiaba obtener. Tuve que renunciar a los planes de convertirme en fabricante, y volví a Misiones. Me acuerdo muy bien de esa fecha: 2 de mayo de 1930. Fuimos con Celia y Teté a la piscina. Celia era buena nadadora y le encantaba nadar. Era un día fresco, soplaba un viento frío y violento. Teté de pronto se puso a toser y sintió ahogarse. Lo llevamos en seguida al médico, que diagnosticó asma. Quizá el chico se había resfriado, quizá tenía propensión congénita a esa enfermedad, de la que Celia había padecido en la infancia. Los médicos no podían hacer nada entonces con el asma. Ahora dicen que es de origen alérgico. Pero por aquellos tiempos ni siquiera sabían eso. Lo único que pudieron aconsejarnos fue un cambio de clima. Elegimos Córdoba, nuestra provincia más “saludable”, situada en un lugar montañoso. Se considera que su aire puro y transparente, saturado del aroma de los bosques de coniferas, es curativo. Sin lamentarlo, vendimos nuestra plantación y compramos la casa “Villa Nidia”, en Alta Gracia, pueblito próximo a la ciudad de Córdoba, a dos mil metros sobre el nivel del mar. Comencé a trabajar de constructor civil, y Celia atendía a la familia. Desde ese desdichado 2 de mayo de 1930 los ataques de asma en Teté se repetían casi a diario, mejor dicho, casi todas las noches. Yo dormía junto a su cama, y cuando Teté comenzaba a sofocarse lo tomaba en brazos, lo acunaba y calmaba hasta que pasaba el ataque, y el chico se dormía agotado. Con frecuencia eso ocurría cerca del amanecer. Después de Teté tuvimos cuatro hijos: los llamamos Celia (en honor de mi esposa), Roberto (en memoria de mi padre). Ana María (en el de mi madre), Juan Martín (en honor de mi suegro). Todos, al igual que Teté, cursaron estudios superiores. Las hijas se hicieron arquitectas; Roberto, abogado, y Juan Martín proyectista. Crecieron normalmente, sin causarnos grandes preocupaciones. Con Teté era otra cosa. Al principio ni siquiera pudo ir a la escuela. Dos años la madre le dio clases en casa. Por cierto, comenzó a leer a los cuatro años, y, desde entonces, toda su vida leyó tragándose los libros. Me contaron que incluso en Bolivia, cuando combatía, perseguido por el enemigo y atormentado por el asma, se las ingeniaba para leer. ¿Qué leía? ¿Qué quiere que le diga? De todo. Tanto yo como Celia sentíamos pasión por los libros, teníamos una biblioteca de varios miles de volúmenes, el adorno principal de nuestra casa y nuestro principal tesoro. Habían libros clásicos, desde españoles hasta rusos, y de historia, filosofía, psicología, arte. Habían obras de Marx, Engels, Lenín. También de Kropotkin y de Bakunin. De los escritores argentinos, José Hernández, Sarmiento y otros. Algunos libros eran en francés, lengua que Celia conocía y que enseñaba a Teté. Claro que el Che, como cada uno de nosotros, tenía sus autores predilectos. En la infancia fueron Emilio Salgari, Julio Verne, Alejandro Dumas, Víctor Hugo, Jack London. Después se apasionó por Cervantes, Anatole France. Leía a Tolstói, Dostoievski, Gorki. No dudé que leyó todas las novelas sociales latinoamericanas en boga por aquellos años. Eran las del peruano Ciro Alegría, del ecuatoriano Jorge Icaza y del colombiano José Eustasio Rivera, en las que se describía la dura vida de los indios y el trabajo de esclavos que hacían los obreros en las haciendas y en las plantaciones. Che sintió afición por la poesía desde la infancia. Se enfrascaba en la lectura de Baudelaire, Verlaine, García Lorca, Antonio Machado, le gustaban los versos de Pablo Neruda. Sabía de memoria muchísimas poesías, y él mismo las escribía... Pero claro que mi hijo no se consideraba poeta. En cierta ocasión, dijo de sí que era un revolucionario que no había llegado nunca a ser poeta. Y en una carta al poeta republicano español León Felipe, autor de El Ciervo, libro de cabecera de Ernesto, él se llama a sí mismo “poeta fracasado”. El poeta cubano Roberto Fernández Retamar relata que poco antes de que Ernesto abandonara Cuba para siempre, le pidió una antología de poesía española y copió los versos de Neruda Farewell. Mi hijo no se separó de la poesía hasta la misma muerte. Como se sabe, junto con el célebre Diario de Bolivia, se encontró un cuaderno con sus poesías predilectas. Por eso, de Ernesto se puede decir, repitiendo las palabras de nuestro Martín Fierro: Cantando me he de morir, cantando me han de enterrar, y cantando he de llegar al pie del Eterno Padre... Ernesto también tenía afición por la pintura, conocía bien su historia y pintaba acuarelas. — Me dijeron —interrumpí a don Ernesto— que al Che no le gustaba la pintura moderna. Dicen que una vez, visitando una exposición modernista, declaró a los periodistas: “Ustedes sabrán perdonarme, pero sobre pintura moderna yo no expreso opinión alguna, porque simplemente no la entiendo; el mensaje que presumiblemente tiene no está al alcance de mi percepción”. — Mi hijo prefería a los impresionistas. Era aficionado al ajedrez. Ya después de triunfar la revolución cubana participó en torneos y competiciones. Cuando llamaba por teléfono a su casa y le decía a la esposa: “Voy a una cita”, ella sabía que iba a jugar al ajedrez con los amigos. Eso sí, no entendía absolutamente la música. No tenía oído musical. Era incapaz de percibir la diferencia entre un tango y un vals. No sabía bailar, cosa nada común en un argentino. Sabrá que cada uno de nosotros se considera gran bailarín, aunque no lo sea. — Don Ernesto, me dijeron que cuando el Che era Ministro de Industrias y le pidieron que opinara sobre la calidad de los discos nuevos, respondió: “De música no me está permitido dar ni siquiera una tímida opinión, porque mi ignorancia alcanza a —273 grados”. — Eso es propio de él. Nunca temía reconocer sus defectos. Solía burlarse de los defectos ajenos, pero tampoco se apiadaba de sí mismo. Se hacía autocrítica, yo diría que era despiadado para consigo mismo. Algunos creían ver en ello originalidad, excentricismo, pose. Pero la causa era más seria y profunda, y consistía en su extrema sinceridad, en su repulsión a la falsedad, los convencionalismos, la moral pequeño burguesa. Y la sinceridad siempre sorprende y deja pasmado a los pequeño burgueses. El pequeñoburgués sostiene que quien no se parece a él está loco o es astuto, un simulador o un mistificador. Algunos biógrafos del Che, para explicar su conducta, singular para ellos, le inventan diferentes complejos freudianos, le atribuyen al asma casi el papel decisivo en la formación de su carácter y la concepción revolucionaria del mundo. Todo eso carece de seriedad. Los revolucionarios no son producto de una enfermedad, de un defecto físico o de uno u otro estado espiritual, sino del régimen social explotador y del anhelo de justicia, natural en el hombre. A Teté no sólo le entusiasmaban las materias “sutiles”, como la poesía y el arte. De ninguna manera. Era fuerte en matemáticas y en otras ciencias exactas. Inclusive creíamos que, con el tiempo, se haría ingeniero, pero, como usted sabe, eligió la medicina. Quizá se debiera a su propio estado o a una enfermedad incurable de la abuela, la madre de Celia, a la que quería muchísimo, y quien le correspondía con el mismo cariño. Murió de cáncer, como también Celia. Bueno, creo que me estoy adelantando demasiado. Desde edad temprana comenzamos a habituar a Teté y a los otros hijos a diferentes tipos de deporte. Teté era muy aficionado al deporte, y se entregaba a él con toda abnegación, como a todo lo que se dedicaba, sin poner reparos en la enfermedad. Parecía querer demostrar que, a pesar del maldito asma, podía hacer todo lo que hacían los muchachos de su edad, pero incluso en mayor medida y mejor. Iba a la escuela cuando se inscribió en el club Atlético Atalaya y jugó en la reserva del equipo de fútbol. Era un jugador excelente, pero no podía jugar como principal del equipo del club, porque le solían dar ataques de asma y debía abandonar la cancha para aplicarse el vaporizador. Practicaba el rugby, juego de valientes y fuertes, hacía equitación, jugaba al golf y hasta se dedicó al planerismo; pero su pasión fue la bicicleta. En una fotografía que regaló una vez a su novia Chinchina (María del Carmen Ferreira), escribió: “A los admiradores de Chinchina, del Rey del Pedal”. — Si no me equivoco, don Ernesto, la primera mención de su hijo en la prensa se la debe a la bicicleta. Reviso mis apuntes, y encuentro un anuncio de la revista argentina El Gráfico, del 5 de mayo de 1950, y se lo leo al padre del Che: “23 de febrero de 1950. Señores Representantes de la firma de bicicletas a motor Micron Les remito para chequeo la bicicleta a motor Micron. En ella he realizado un viaje de cuatro mil kilómetros a través de doce provincias de la República Argentina. La bicicleta motorizada en el transcurso de todo el viaje ha funcionado irreprochablemente y no he hallado en ella la más mínima falla. Espero poder recibirla nuevamente en las mismas condiciones”. Firma “Ernesto Guevara Serna”. — Ese viaje lo hizo cuando era estudiante. La casa Micron le dio una moto con fines publicitarios y le cubrió, en parte, los gastos del viaje. En modo alguno puede decirse que estuviera pegado a la casa. Siendo estudiante universitario, se contrató de marinero en un barco de carga, en el que navegó un tiempo, llegando hasta Trinidad y la Guayana Británica. Después, junto con Granados, recorrió a pie la mitad de Sudamérica.

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¿Todavía crees en Aliens?
Ciencia EducacionporAnónimo2/22/2012

Hola a todos y bienvenidos a este post-respuesta. Con el mismo busco contestar un post llamado “¿Todavía no crees en Aliens?”. ¿Por qué? Simple. No creo. Sus puntos no me convencen, por tanto los intentare explicar. Lo hago en un post por la simple razón que prefiero esto quede. Usualmente cuando alguien da una respuesta no satisfactoria a un sistema de creencias arraigadas en el fanatismo obtiene la censura. Ni da que me borren el comentario como un boludo (en criollo). Todo se podría reducir a No creo ya que no existe evidencia sustancial en relación al tamaño de la afirmación. En palabras de Carl Sagan “La declaración extraordinaria no es sustentada por evidencia extraordinaria”. Si no sabes Ingles, activa los subtitulos en Español. Luego, pensa en estudiarlo. Si sabes Ingles, podrias aprender el chino. Lo vas a necesitar cuando el supermercadista se haga el gil. ¿Cómo se gesto el monstruo? El primer reporte del fenómeno ocurrió el 25 de junio, cuando Kenneth Arnold, de Boise, Idaho, piloto de negocios, contó haber visto lo que describió como “nueve de los platillos voladores” en formación a 1,200 millas por hora sobre Cascade Mountains en Washington. «Se desplazaban como platillos saltando sobre el agua», recordaba poco después. En un primer momento, Arnold temió que se trataba de aeronaves soviéticas e intentó informar al FBI; pero la oficina de Pendleton (Oregon) estaba cerrada, así que acabó contando la historia a los periodistas. La agencia de noticias Associated Press envió un despacho que dio la vuelta al mundo y, curiosamente, pronto empezaron a verse extraños ingenios volantes por todo el país. El relato de Arnold fue tomado a la ligera. Se ofrecieron varias explicaciones: “reflejos”, “visión persistente”, “ceguera de nieve”. Arnold indicó que, cuando vio los objetos, supuso que eran «aviones con propulsión a chorro». Y añadió: «Estoy convencido de que se trataba de algún tipo de avión, aunque en muchos aspectos no se ajustaban a los tipos convencionales que conocía» [Steiger, 1976]. El hombre de negocios creyó que los objetos que había visto sobre el monte Rainier eran aviones hasta que entró en escena un heterodoxo editor de ciencia ficción que vio en los platillos volantes un filón de oro. Raymond Palmerhabía asumido la dirección de Amazing Stories en 1938, el mismo año en que Orson Welles había aterrorizado a cinco millones de personas con una versión radiofónica de La guerra de los mundos (1897), de Herbert G. Wells. «Tan pronto como [Palmer ] se hizo cargo de la dirección dedicó una enorme cantidad de energía a cambiar el rumbo de la revista. Hizo bajar la calidad de las historias y aumentar la circulación» [Asimov, 1981]. Dos años antes de la observación de Arnold, Palmer abrió las páginas de Amazing Stories a Richards S. Shaver, un desequilibrado mental que decía recordar cómo Atlántida, Lemuria y Mu -los continentes míticos tan del gusto de charlatanes de todas las raleas- habían sido colonizadas por seres extraterrestres en un remoto pasado. Según Shaver, los alienígenas habían tenido que abandonar la Tierra hace miles de años, dejando en nuestro planeta dos tipos de robots que desde entonces habitan en el subsuelo: los teros, que hacen lo posible por ayudar a la humanidad, y los deros, responsables de gran parte de las desgracias del ser humano. La historia cautivó a Palmer hasta tal punto que, en junio de 1947, dedicó un número entero de Amazing Stories a lo que él denominaba el misterio Shaver. En octubre, aseguraba en un editorial escrito durante el verano que la observación de «misteriosas naves supersónicas, ya sean espaciales o procedentes de cuevas», confirmaba la autenticidad de las narraciones del mundo subterráneo [Lagrange, 1988]. Los tripulantes de los platillos volantes eran descendientes de los extraterrestres que habían colonizado nuestro planeta en un pasado remoto. Palmer fue despedido de su trabajo. Su apoyo incondicional a las estupideces propaladas por Shaver había incomodado a los propietarios de la revista. El imaginativo promotor de basura pseudocientífica entró entonces en contacto con Kenneth Arnold. Un año más tarde, aparecía en los quioscos el primer número de Fate, que con el tiempo se iba a convertir en «el principal abastecedor de tonterías paranormales» de Estados Unidos [Gardner, 1983]. El artículo de portada de la nueva revista era «I did see the flying disks» y, aunque estaba firmado por Arnold, había sido escrito por Palmer. El autor había pasado por alto todas las dudas que el testigo había reflejado en el informe al Ejército y las incongruencias del relato, contradictorio en lo que se refería al tamaño y la velocidad de los objetos volantes. Describía el suceso con un tono colorista y afirmaba, entre otras cosas, que los discos habían suscitado en Arnold «un sentimiento extraño». Al eliminar del relato original los elementos incómodos e inventarse detalles inexistentes, Palmer se convirtió en el primer ufólogo de la historia. Meses después, el 7 de enero de 1948, el capitán Thomas F. Mantell sufría un accidente de aviación cuando creía perseguir un platillo volante sobre la base aérea de Godman, en Kentucky. El piloto militar, que mandaba una escuadrilla de P-51, perdió el conocimiento tras sufrir una falta de oxígeno en la sangre al sobrepasar su avión los 6.000 metros de altitud. El caza se estrelló. Y Mantell pasó a la historia como el primer mártir de la ufología a pesar de haber muerto persiguiendo un Skyhook, un globo de grandes dimensiones utilizado para estudiar los rayos cósmicos y visible a más de 20 kilómetros. La descripción facilitada por los testigos que habían observado el extraño objeto desde tierra y aire se correspondía con la de «un helado de cucurucho con la parte superior de color rojo» [Klass, 1974]. Según se supo años después -el programa Skyhook era secreto en los años 40-, aquella semana se habían lanzado varios globos desde la base aérea de Clinton, situada al sur de Ohio, y los vientos reinantes habían llevado alguno hasta las proximidades de la base de Godman. Ejemplo de avistamiento de Ovni. Embajadores de otros mundos. Betty y Barney Hill. Allen Hynek, notable investigador de ovnis y astrónomo, ha catalogado los casos de secuestro como "encuentros cercanos del tercer tipo". Pasó poco tiempo desde que alguien con autoridad -Keyhoe era ex militar- estableció el origen extraterrestre de los platillos volantes hasta que alguien con imaginación mantuvo el primer encuentro tête-à-tête con los alienígenas. El elegido fue un cocinero de un puesto de hamburguesas de monte Palomar, GEORGE ADAMSKI. Después de ver un platillo volante en 1946 y presenciar las evoluciones de una escuadrilla de 184 naves interestelares en 1947, se encontró con Orthon, un venusiano, en el desierto californiano el 20 de noviembre de 1952. El extraterrestre le manifestó la preocupación del vecindario cósmico por la «radiación de nuestras pruebas nucleares» [Story, 1980]. Para desgracia de Adamski, el propio Ray Palmer reconoció en más de una ocasión que el cocinero le había ofrecido ya esta historia a finales de los años 40 para publicarla como un cuento de ciencia ficción en Amazing Stories. El contactado aseguraba haber viajado hasta la Luna, invitado por los alienígenas. Sin embargo, las naves extraterrestres que aparecían en sus fotografías eran en realidad vulgares tapas de aspiradora lanzadas al aire. En la cara oculta del satélite terrestre, Adamski decía haber visto ríos y florecientes ciudades pobladas por paisanos de Orthon, Firkon y Ramu, venusiano, marciano y saturniano, respectivamente. Todo el sistema solar estaba preocupado por el futuro de la humanidad, y el cocinero aprovechó la revelación para abandonar la carne picada y dedicarse a impartir conferencias bien remuneradas. Murió de ataque cardiaco en 1965, poco antes de que las primeras fotografías mostraron una cara oculta de la Luna desolada y las sondas automáticas no encontraron rastro de civilización alguna ni en Venus ni en Marte ni en Saturno. A pesar de ello, para algunos ufólogos, hay que «conceder a Adamski el beneficio de la duda, si no en la totalidad de sus afirmaciones, al menos en parte de ellas» [Ribera, 1982]. Sus dos obras, Flying saucers have landed (1953) e Inside the space ships (1955), sirvieron de inspiración a otros espabilados y místicos que convirtieron la década de los 50 en la época de mayor esplendor del movimiento contactista. Sin duda el caso más celebrado y además el rapto más completo documentado registrado es el de Betty y Barney Hill, residentes de Whitfield, New Hampshire. De acuerdo a su testimonio, estuvieron dirigiéndose hacia el norte de New Hampshire en su camino a casa de regreso de vacaciones en Montreal en la tarde del 19 de septiembre de 1961. En algún momento entre las 10 p.m. y la medianoche, captaron la atención de una luz que se movía erráticamente en el cielo, que parecía estar siguiendo a su carro. El cielo estaba claro y la luna brillaba intensamente, menos en el suroeste. Betty dijo que había visto una estrella o planeta bajo la luna, pero que pronto después, reportó, que ella vio un segundo objeto en el cielo, que era una "estrella" más grande y brillante por encima del primer objeto. Este, dijo, era un ovni. Barney al principio creyó que era un objeto ordinario, tal vez un aeroplano o satélite, pero Betty sostuvo que era un plato volador e insistió que Barney pare el carro y lo observase. "Es sorprendente", exclamó. Barney salió del carro, miró al objeto con binoculares, y pensó que vio una hilera doble de ventanas iluminadas y con alienígenas adentro, burlándose de él y volteándose para jalar palancas. El líder de los extraños seres parecía ser un "nazi", dijo. Aterrorizado saltó atrás hacia el carro y arrancó a toda prisa. Betty reportó que Barney estaba en una "condición histérica", temiendo que fueran a ser capturados3. La nave aérea, adujeron, continuó siguiendo a su carro. Fue en este punto que su viaje fue supuestamente interrumpido. De acuerdo a la historia, oyeron una serie breve de sonidos piteantes venir de la parte trasera del auto que causó que el auto vibrara. Dijeron que cayeron en somnolencia. Cuando recuperaron la conciencia, descubrieron que habían transcurrido dos horas y que estaban treinta y cinco millas al sur de donde los sonidos piteantes habían empezado Al día siguiente, Betty Hill llamó por teléfono a su hermana Janet, una apasionada de los platillos volantes, para contarle lo sucedido. La conversación sirvió para que los Hill se pusieran en contacto con la Fuerza Aérea. Betty compró el último libro de Donald E. Keyhoe, The flying saucer conspiracy (1955), y escribió al ex militar, que por aquel entonces dirigía el crédulo Comité Nacional para la Investigación de los Fenómenos Aéreos (NICAP). En el informe oficial y en la carta al ufólogo, el matrimonio sólo habló de una luz nocturna, similar a una estrella, que luego se convertía en una «torta, rodeada de ventanas en la parte delantera, a través de las cuales se veían luces azulblancas» [Fuller, 1966]. No fue hasta que Barney tuvo que acudir al psiquiatra por prescripción médica cuando el secuestro salió a la luz. De raza negra, el hombre se sentía culpable de haber abandonado a su primera esposa y a su hijo por Betty, una mujer blanca. Mediante hipnosis, el doctor BENJAMIN SIMON tuvo conocimiento de la observación del ovni, a la que, según ambos miembros del matrimonio recordaban en estado hipnótico, había seguido un secuestro y un reconocimiento médico a bordo del platillo volante. El psiquiatra, que sospechaba que el episodio del rapto era una fabulación, lo confirmó cuando la mujer le informó de las pesadillas que había tenido desde la noche del presunto secuestro. Los sueños de Betty Hill eran idénticos al relato obtenido de ambos testigos bajo hipnosis. La historia había sido inventada por la mujer, ya que sus recuerdos eran mucho más completos que los del hombre, a quien había contado las pesadillas durante meses. A juicio de Benjamin Simon, «los Hill no mentían» cuando contaban su historia, pero ésta estaba basada en los sueños de la mujer y no en un hecho real [Fuller, 1966]. El médico estaba seguro de que las pesadillas no habían sido causadas por un secuestro alienígena, ya que la exposición estaba plagada de inconsistencias. Así, por ejemplo, los extraterrestres de Betty hablaban en inglés y sabían manejar la cremallera del vestido de la mujer, mientras que los de Barney ni tenían boca ni se explicaban que el hombre utilizara dentadura postiza. Además, aunque los alienígenas ignoraban lo que era el paso del tiempo, cuando la mujer abandonaba la nave, uno le dijo: «Espera un minuto» [Klass, 1989]. ROBERT SHEAFFER, astrónomo aficionado, cree que el objeto que persiguió a los Hill fue el planeta Júpiter, excepcionalmente brillante aquella noche. De hecho, el matrimonio vio por primera vez el ovni encima de una estrella localizada bajo la Luna. En realidad, por debajo del satélite terrestre, había aquella noche dos planetas, Saturno -la estrella de los Hill- y Júpiter. «De haber existido un auténtico ovni, habría habido tres objetos cerca de la Luna: Júpiter, Saturno y el ovni» [Sheaffer, 1981]. Pero el matrimonio sólo recordaba haber visto dos. Quien crea que es difícil confundir un planeta con una nave extraterrestre tiene que saber que efectivos de la Policía autónoma vasca, de la Asociación de Ayuda en Carretera, de la Cruz Roja y de varias guardias urbanas cometieron el mismo error que los Hill en la madrugada del 11 de julio de 1985, cuando una caravana de vehículos siguió a Júpiter por las carreteras guipuzcoanas durante cinco horas. A pesar de que el planeta fue identificado como tal por un astrónomo que presenció los hechos, los testigos creyeron firmemente que lo que perseguían era un objeto «tripulado o, por lo menos, extraño a lo que conocemos en la Tierra» [Segura, 1985]. Respecto a las dos horas de retraso que los Hill achacaban al tiempo que había durado el secuestro, sólo hay que decir que, además de desviarse de la carretera principal y tomar una vía secundaria, el matrimonio circuló a baja velocidad durante buena parte del trayecto y realizó varias paradas para observar el ovni. Así se explica el famoso tiempo perdido. A pesar de las inconsistencias, la falta de pruebas y la opinión del psiquiatra que trató a Betty y Barney Hill, el caso -ampliamente difundido en libros y revistas- provocó un nuevo giro en la mitología ovni y empezaron a prodigarse los secuestros, siempre siguiendo el patrón de la experiencia del matrimonio de New Hampshire. A juicio de los ufólogos, la similitud entre la mayoría de los raptos alienígenas y el episodio de los Hill autentica los primeros. ¡Extraña lógica la de los seguidores de los platillos volantes! Las fabulaciones de una mujer ansiosa por ver marcianos sirven para legitimar los relatos increíbles posteriores porque, por supuesto, no hay ninguna prueba objetiva de la presencia de delincuentes cósmicos en nuestro planeta ¿Qué es lo que vio Aldrin en el Apollo 11? En una entrevista en Science Channel, Aldrin dijo que los tres tripulantes del Apollo 11 (entre los que él mismo estaba) vieron objetos no identificados que parecían seguir la cápsula de los astronautas. Para confirmar la historia, llamé a Buzz Aldrin, quien estaba feliz de poder explicar lo sucedido. Dijo que sus declaraciones fueron sacadas de contexto invirtiendo su sentido. Es cierto que la tripulación del Apolo 11 vio un objeto no identificado en movimiento tras la nave mientras se acercaban a la Luna. Después de verificar que este misterioso objeto no era la tercera etapa del cohete Apolo 11, que se encontraba a unas 6.000 millas de distancia en aquel momento, llegaron a la conclusión de que estaban viendo uno de los cuatro pequeños paneles que cubrían el módulo lunar y que se habían separado de la tercera fase del cohete. Estos paneles eran demasiado pequeños para que se pudiese realizar un seguimiento desde Tierra y estuvieron relativamente cerca de la nave espacial Apolo. Aldrin me dijo que optó por no hablar de esto en el canal de comunicación abierto, ya que estaban preocupados de que sus comentarios puedieran ser mal interpretadas. Esta fue la misma explicación que les dio a los periodistas de Science Channel, pero su relato fue cortado y extractado en el reportaje que finalmente se emitió, dando la impresión de que la tripulación del Apolo 11 había visto un OVNI. Aldrin me dijo que estaba enojado por la edición fraudulenta del vídeo y pidió a Science Channel que corrigiesen la distorsión de su mensaje, pero el canal se negó. Más tarde, Aldrin explicó lo que sucedió en la CNN Larry King Live, pero Larry casi ni le deja acabar antes de que terminase de aclarar lo ocurrido Es instructivo ver esta entrevista para ver las formas en que la historia se maniqueaba y manipulado en última instancia. La mayor parte de la conversación es llevada a cabo por el entrevistador se y no por Aldrin, pero aun asi sus comentarios han sido editados para crear la ilusión de una narrativa sin fisuras. A lo largo de la entrevista podemos ver un montaje de escenas breves de Apolo y otras misiones, como una imagen borrosa por la ventana tomada durante un vuelo posterior. Un espectador crítico podria distinguir lo que Aldrin dijo en realidad o el darse cuenta de que los clips de vídeo no están relacionados. El producto final es la desinformación inteligente, sugiriendo fuertemente, sin mentir de forma explícita-que el aldrín y sus compañeros de tripulación vieron una nave extraterrestre. Que yo sepa, ningún astronauta de la NASA ha reportado haber visto un OVNI en el espacio, y mucho menos tener una confrontación con los extraterrestres. Sin embargo, esto no quiere decir que no haya ningún astronauta que crea en las visitas de extraterrestres a la Tierra. Recientemente hubo informes de prensa de que el astronauta del Apolo 14 Edgar Mitchell cree en realidad en algunos informes de ovnis. Ha asistido a una serie de reuniones de los creyentes en ovnis y afirma que algunos de estos informes son ciertos, y que el gobierno de los EE.UU. y los militares son conscientes de estas visitas alienígenas. Sin embargo, Mitchell no afirman haber visto extraterrestres por sí mismo. Sus colegas astronautas dijeron que él siempre ha tenido un interés en lo oculto, e incluso intentó llevar a cabo un experimento de parapsicología en el camino hacia y desde la Luna. Es fácil para un periodista hacer caso omiso de advertencias de Mitchell sobre que la mayoría de los reportes de OVNIs son falsos, o de no encontrar a ninguno por sí mismo, para dar la impresión de que él y otros astronautas han tenido encuentros frecuentes con seres de otros mundos. ¿Quién es Maurice Chatelain? Supuestamente, un especialista en comunicaciones de la agencia espacial. Citado en Internet como “jefe de comunicaciones” durante el alunizaje. Pero en realidad su historia es tan real como la mayoria de los fraudes Ovnis. Fue un ingeniero de bajo nivel de una empresa de Los Ángeles subcontratada por la NASA. El impostor en cuestion afirmo en mas de una oportunidad que “el encuentro con ovnis era perfectamente conocido en la NASA” o que “todas las misiones Apolo fueron seguidas por ovnis”. O incluso que existian “calculadoras astronomicas” hace miles de años. Lo cierto es que todas sus declaraciones fueron muy bien recibidas entre los circulos de esta nueva secta pseudocientifica, sin que existiera evidencia alguna del o dicho. Ni de su supuestas funciones en las misiones Apolo 11 y Geminis. Chatelain es la unica fuente que confirma la veracidad de una supuesta conversación clasificada entre la tripulacion del Apolo y el control de la mision: Apolo 11: ¿Qué diablos era? Es lo que quiero saber. Estas cosas eran gigantescos, señor. ¿ ¡Dios mío, usted no lo creería! NASA: ¿Qué... ? ¿Qué diablos pasa? Apolo 11: Están aquí, bajo la superficie. NASA: ¿Qué hay ahí? Control de misión llamando a Apolo 11. Apolo 11: Estamos aquí, los tres. Pero hemos encontrado visitantes... Por las instalaciones, parece que han estado aquí desde hace mucho tiempo... Digo que ahí fuera hay aparatos espaciales. Están alineados en filas al otro lado del cráter... Sin embargo, las pruebas de este encuentro en la Luna son muy débiles. Otto Binder, ex empleado de la NASA, dijo que esta conversación fue escuchada casualmente por unos radioaficionados que pueden captar un "canal reservado" para estos mensajes. Sin embargo, Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, informó al investigador Timothy Good que no se registró, ni se encontró, ni se vio ningún objeto durante la misión Apolo 11, ni en ningún otro vuelo Apolo que no fuese natural. En una entrevista efectuada en 1979, Chatelian confirmó que un retardo de tiempo en la transmisión del diálogo entre el centro de control y el Apolo 11 permitió a la NASA censurar la información referente a los visitantes. Sin embargo, como ya se ha visto anteriormente, dada sus verdaderas funciones difícilmente haya popido ser testigo de lo que afirma sin pruevas. No hubo manera de comprobar si en la misión Apolo 11 se produjo este incidente. Muchos investigadores dudan de las afirmaciones de Binder y Chatelian, y la NASA niega que hubiese censurado transmisiones. No obstante, un caso similar referente al Discóvery no sólo originó el Watergate cósmico en 1990, sino que también dio un giro a las declaraciones de encuentros extraterrestres de astronautas. Alrededor de las 6:30 del 14 de marzo de 1990, Donald Ratsh, un radioaficionado de Baltimore, Maryland, estaba siguiendo las transmisiones del Transbordador Discovery cuando oyó la siguiente comunicación: "Houston, aquí Discovery, tenemos un problema. Tenemos un incendio". Poco después dice Ratsh, se oyó una transmisión adicional: Houston, aquí Discovery. Todavía tenemos la nave espacial bajo observación. Esta revelación animó a numerosas personas, entre ellas Bob Oeschler, ex especialista en misiones de la NASA, a hacer sus propias averiguaciones. Después de un intenso período de investigación. Oeschler llegó a la conclusión de que el mensaje no fue transmitido desde el transbordador. En cambio, aventuró que la señal pudo proceder de una zona alrededor de Fort Meade, Maryland, la sede de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU, que está involucrada desde hace tiempo en la investigación de informes de ovnis. Oeschler sólo pudo llegar a la conclusión de que la transmisión fue un fraude orquestado institucionalmente para algún sutil propósito de inteligencia. La farsa Roswell Una de las características del mercado de lo oculto y lo paranormal, especializado en aprovecharse de ciertas creencias irracionales muy difundidas, es su periódico retorno a los mismos temas, a los "clásicos", a pesar de haber sido en su momento completamente refutados por investigadores críticos y escépticos. Aún hoy en día, fraudes como el triángulo de las Bermudas o el de las piedras de Ica (Perú) son divulgados como grandes misterios del siglo XX, a pesar de que no hubo tal triángulo ni más desapariciones que las que pudieron ocurrir en cualquier otro lugar; y a pesar de que los famosos pedruscos peruanos -en los que se observan batallas entre humanos y dinosaurios, amén de otros disparates- eran tallados por los indígenas de la zona para impresionar a los turistas despistados. Roswell es todavía, para los que disfrazan su déficit de juicio crítico de "mente abierta", un enigma, como si una mentira repetida mil veces se transformase en verdad. En la práctica es así, y hay consumados maestros en tal arte. Roswell es una ciudad del estado norteamericano de Nuevo México donde, según los creyentes en platillos volantes y en conspiraciones gubernamentales, se habría estrellado una nave interplanetaria a principios de julio de 1947. Pocas semanas antes, el 24 de junio, la fiebre de los platillos volantes había saltado a la fama en la prensa norteamericana, con la observación de Kenneth Arnold en el estado de Washington, probablemente debida a la observación de ciertos prototipos aeronáuticos, entre otras posibilidades. Fue un ranchero de la zona, Willian Brazel, quien halló unos extraños restos en el rancho Foster, y quien dio aviso a la Fuerza Aérea. Rápidamente se filtró la posibilidad de lo caído podía tratarse de un platillo volante, expresión que entonces carecía de las connotaciones que actualmente posee. El comandante Jesse Marcel fue designado para investigar el asunto, junto con dos ayudantes. Por su parte, el General Roger Ramey, que había ordenado que le enviaran los restos a Fort Worth para examinarlos, ofreció una rueda de prensa, con Marcel presente, en la que anunció que los restos pertenecían simplemente a un globo meteorológico. El jefe del popular proyecto Libro Azul -del que se realizó una serie televisiva emitida en España en los años 70-, el capitán Edward Ruppelt, aseguró en 1953 que no había nada en los restos de Roswell (ni en ningún informe recibido por la Fuerza Aérea) que sugiriera la presencia de algún material u objeto desconocido. Otros organismos, como la CIA en 1952 y un informe de Inteligencia de la Fuerza Aérea de 1948, concluyeron que no hay evidencia alguna que avalara un crash en Roswell. El asunto fue olvidado durante décadas, hasta que en 1978 algunos investigadores propensos a detectar imaginarias conspiraciones divulgaron la historia, y Roswell, cual zombi, volvió a la vida del rumor y el sensacionalismo. Surgieron "testigos" como setas que se contradecían mutuamente, o que mentían sin más bajo la influencia de escritores especializados en "enigmas". Se habló entonces de un número no determinado de extraterrestres fallecidos a consecuencia del impacto, trasladados en secreto a las dependencias del Ejército norteamericano. En realidad, lo que cayó en Roswell no fue otra cosa que los restos de un globo lanzado como parte de un programa secreto bautizado como proyecto Mogul. Tras la cortina de humo del "globo meteorológico" se ocultaba un proyecto top secret con la finalidad de monitorizar posibles detonaciones nucleares soviéticas por medio de micrófonos acústicos de baja frecuencia localizados a gran altitud. La Universidad de Nueva York desarrolló los globos aerostáticos que permitieran la adecuada colocación de los micrófonos en la alta atmósfera. Los restos hallados por Brazel y llevados posteriormente a Fort Worth se corresponden con el vuelo número 4 del citado proyecto. Según las descripciones aportadas por los testigos fiables, se trataba de fragmentos de material parecido al caucho, de color gris, humeantes y malolientes, entre otros restos, lo que lleva a pensar en los globos de neopreno de la Universidad neoyorkina. Además, otros restos hallados en Roswell, como varillas de metal, láminas metálicas y papel con dibujos florales, son similares al material usado para los dispositivos reflectores de radar. Informes desclasificados por la Fuerza Aérea norteamericana en septiembre de 1994 y junio de 1997 confirmaron que los restos hallados en la localidad más popular de Nuevo México, alrededor de la cual surgió en la última década todo un mercado de productos platillistas y un museo, se debieron a la caída de uno de los vuelos del proyecto Mogul. Como es lógico, la Fuerza Aérea norteamericana no podía confesar en 1947, al inicio de la guerra fría, la auténtica naturaleza de los restos. El matemático y escéptico Dave Thomas tuvo la oportunidad de conversar con Charles B. Moore, profesor emérito de Física de la NY University que participó en el diseño de los globos que debían mantener en la atmósfera los micrófonos del proyecto Mogul, aunque éste tenía un carácter tan secreto y se hallaba por este motivo tan compartimentalizado que ni siquiera supo hasta los años 90 su nombre. Moore afirmó, en el curso de sus declaraciones sobre su participación en este proyecto, que la descripción de los restos por parte de la familia Brazel -las varillas metálicas, el papel pintado, los motivos florales, la goma quemada y maloliente, los anillos de aluminio de unos 10 centímetros de diámetro y el recipiente de color negro- coincide con los globos en cuyo diseño y fabricación participó. En 1987 el caso Roswell experimentó un nuevo empujón al divulgarse unos supuestos documentos secretos de 1947 en los que se hacía referencia a la creación de una comisión de doce científicos y militares, bajo orden directa del presidente norteamericano Harry S. Truman: el objetivo de este grupo, conocido como Majestic-12, habría sido investigar el accidente de la nave alienígena y la tecnología con que estaba construida. Fue sencillo para el escéptico Philip Klass (http://www.csicop.org/klassfiles/Home.html) poner de manifiesto las peculiaridades de los informes del pretendido proyecto secreto: incoherencias tipográficas, estilo inverosímil del presidente Truman en los fragmentos de su autoría, ausencia de numeración oficial y de filigrana, etc. Como suele ocurrir en todas las historias basadas en el rumor con cierta proyección social, las versiones han proliferado: las dimensiones del "objeto estrellado" y de los "cadáveres alienígenas" recuperados varían de unas a otras, así como el número de éstos y el punto de impacto. Lo paranormal y los pseudo-misterios del espacio gozan habitualmente de patente de corso en los medios de comunicación; si no, no se puede explicar el crédito otorgado a un burdo fraude -último capítulo de la fraudulenta historia de Roswell- que en el verano de 1995 difundieron medios de todo el mundo y desató un enorme revuelo en torno a su naturaleza. La filmación en la que se podía observar la "autopsia" a un ser extraterrestre presuntamente accidentado en el incidente de 1947 había sido comprada por un productor inglés, Ray Santilli, a un cámara retirado de la Fuerza Aérea norteamericana, contratado en su momento para rodar las imágenes. Luego habría robado la película escondiéndola en su casa durante décadas, tontería que a muchos probablemente no les llevó a sospechar de todo este asunto. Las imágenes del film son tan nebulosas como todos los productos salidos de la fábrica de ovnilandia: medias verdades, gigantescas mentiras, nada de claridad, ruido ensordecedor y ni una sóla nuez, divisa de todos los investigadores de "enigmas" radiotelevisivos y de ocultistas "vibracionales" de todo a cien. Las imágenes de la autopsia fueron contempladas por médicos especialistas en autopsias que aseguraron que el procedimiento seguido carece de rigor y profesionalidad.Había un supuesto cirujano y un patólogo examinando el cuerpo de una forma tan ineficiente, que a cualquier estudiante de medicina le causaría una risa suspicaz, por lo que pensar que solo eran actores, fue una idea que cobro relevancia y fue el primer indicio de fraude. Además, el camarógrafo fue todo menos hábil, pues los primeros planos -que pondrían en evidencia aún más el fraude- son muy breves y desenfocados. ¿Quizá porque a escasos centímetros el látex canta demasiado? Asimismo, diversos técnicos en efectos especiales cinematográficos (Pinewood Studios, Londres; FX, Argentina) opinaron que es evidente que se trata de un fraude y de la imitación de un cuerpo humano: "están cuidados todos los detalles para que no se descubra que es un muñeco a ojos inexpertos", confirmaron. Lo tercero es el reloj que se ve en la filmación no corresponde a los usados en la época, al igual que el teléfono. Secretismos que rayan en lo ridículo, "testigos" no identificados, grandilocuencia de los autodenominados "investigadores del misterio", descarado cinismo (que me perdonen los antiguos cínicos) por parte de los que han pretendido obtener rendimiento económico de toda esta infantil trama... ¿Alienígenas Ancestrales o Ignorancia contemporánea? Conocido es este dueto de palabras, que ha irrumpido actualmente en gran parte de los coloquios relacionados con OVNIs y con sus aparentes tripulantes. A partir de un tiempo, la denominada pre-ufología es la encargada de inundar todos los espacios disponibles o sin explicación que ha dejado el tema concerniente a los objetos voladores no identificados. Programas de televisión, series, reportajes y entrevistas han orientado forzadamente el debate ufológico y han legitimado, desde una visión aficionada por cierto, la propagación de las más extraordinarias y delirantes hipótesis que relacionan a casi todas las culturas primitivas, como a sus integrantes, con la presencia e interacción con seres extraterrestres. Iniciemos comentando que el estudio de los OVNIs, desde una figura ajena a la científica, alcanzó un punto concluyente, donde podemos puntualizar volublemente que el tema “toco techo”. Esta situación ocurre en estricto rigor, al no consignar una prueba categórica de la existencia o de la presencia de extraterrestres en el universo y lógicamente, de visita en nuestro planeta. Consiguientemente, por más que se exponga lo contrario, los argumentos de la ufología desde el estudio autodidacta, están extinguiéndose de forma inapelable. De esta manera los investigadores, estudiosos e interesados en el tema, acérrimos a la idea de una decadencia del maravilloso mundo de los platillos volantes y con menesterosas posibilidades de encontrar una explicación satisfactoria, asienten elucubrar una sucesión de materias alternativas, que permiten amparar sus presuntuosas hipótesis, soslayando la confirmación pública de que hasta nuestros días, no hay forma de justificar como tal, la coexistencia de los reputados OVNIs, pese a que la ciencia y en especial la aeronáutica, ya aceptan abiertamente la figura de un fenómeno aéreo no identificado o FANI. Quizás el cambio del acrónimo utilizado ó la incursión de científicos y personas relacionadas al mundo de la aviación, generan un rechazo mayor de lo previsto. Para ser sincero, a cuantiosas personas siempre cautiva la monopolización de algunos tópicos y en el caso de los ufólogos, al parecer no es de su agrado la idea que les exploten y además se indague, en su exclusiva “mina de oro”. Dando un pequeño repaso a esta nueva usanza, el estudio de los alienígenas ancestrales data de fines de la década de los 60, cuando Erich Von Daniken publicara un libro que fue todo un éxito editorial, que lleva el nombre de "Chariots of the Gods" y que diera a luz específicamente en 1968. Junto con este éxito de ventas, el Suizo ha escrito además "Return to the Stars" en 1970, "The Gold of the Gods" en 1973, y "Signs of the Gods" en 1980, entre otros. El citado autor, afirma tajantemente en sus obras, que extraterrestres con tecnología muy avanzada, visitaron nuestro planeta en la antigüedad y habrían interactuado directamente con su población No deja de llamar la atención, que para gran parte de los ufólogos que hoy asientan sus estudios en los llamados alienígenas ancestrales, Von Daniken es una reseña obligada, por no mencionar un guía intelectual dentro de esta tendencia. Ya he comentado en reiteras ocasiones que existe un libro, de nombre “Astronautas de la Antigüedad”, escrito por el profesor de la Universidad de Nueva Orleáns William Stiebing (Doctor en antropología), el cual señala que las "supuestas pruebas" que aporta Von Daniken para sus afirmaciones, son evidencias circunstanciales, como el las llama, y que las conforman sobre todo “interpretaciones personales”, basadas en historias, mitos y leyendas, relativas a enigmas arqueológicos y también a según Erich, a "curiosos" pasajes bíblicos. En efecto, Daniken cree que los extraterrestres del pasado, son los directores técnicos de varias construcciones egipcias, Incas y de otras importantes culturas. Todas estas afirmaciones del autor Suizo, se dan en un marco de tergiversación de información y hasta engaños rotundos; como sería el ejemplo de los túneles hallados en el Ecuador, que según Erich, contenían estatuas de oro, una biblioteca y mobiliario construidos con materiales parecidos al plástico, de los que no puede dar ubicación exacta para ser estudiados, solo por haber prometido a su descubridor, no revelar el secreto. Esto nos permite una pauta, para saber ubicar al menos a esta persona, dentro de la masa que no tiene la más mínima idea de lo que es la evidencia objetiva, entre otras cosas. Profundizando en los alienígenas ancestrales, hoy tenemos una serie de estudiosos, autores, comentaristas y especuladores, que se han ahondado en este contenido, teniendo a Daniken como referencia. Por mencionar algunos, tenemos a David Childrees, autor del libro (Tecnology of the Gods), el cual realiza afirmaciones donde entrega un origen común a la gran mayoría de los dioses de la antigüedad, sin escatimar en introducir incluso parte de leyendas o escritos presuntuosos de otras épocas, como es el caso de la inserción dentro de la evidencia extraterrestre, de las leyendas y mitos divinos de la antigua Grecia. Parecido es el caso de Giorgio Tsounkalos, el cual ya delirantemente afirma la intervención de extraterrestres en el ADN humano. No creo que sea necesario profundizar en otras afirmaciones de este estudioso de los OVNIs. Lo interesante es, que por demasiados o considerables que sea el abordaje de estos temas, la ciencia ha mantenido una posición imperturbable. En estricto rigor, de acuerdo a las premisas de William Stiebing relacionadas con las teorías populares, la segunda proposición de ellas afirma que este tipo de aberraciones históricas, permiten un ataque constante y directo a la institución de la ciencia. No se equivoca en absoluto, ya que parte importante de los estudiosos de los llamados alienígenas ancestrales, como por ejemplo; Philip Copeens, Michel Cremo, Jason Martell y los ya mencionados Tsounkalos y Childrees, no restringen sus embestidas y tenaces críticas a todas las ciencias en común, hablamos de historia, antropología, arqueología por mencionar algunas. Es una fortuna que estos personajes, no conozcan en profundidad la historia de la aviación. De lo contrario es probable, que también afirmen que los manuscritos de Da Vinci acerca del Ornitóptero, provenga de alguna abducción o señal que le otorgaron los “Hermanos Mayores”. Al intentar mantener un grado de objetividad, me siento un tanto decepcionado de todas las culturas ancestrales de nuestra raza humana. Lo que pretendo decir es que verdaderamente existen enigmas arqueológicos, es un hecho y no lo vamos a negar. Pero la pregunta es; ¿Son todos estos enigmas, relacionados con la presencia alienígena en el pasado?, si en nuestros días existen algunas tribus en diversas partes del mundo, las cuales se mantienen con condiciones de vida similares a la de sus respectivos ancestros, de hace 2 o 3 mil años (Shuar en el amazonas, o los Kufra en África, por ejemplo), ¿Por qué en el pasado, no hubo un desarrollo superior de algunas culturas sobre otras que habitaban la tierra?. No creo que estas preguntas sean extremadamente complejas de responder, teniendo en consideración la gran cantidad de arquitectura y desarrollo reflejado por parte de muchas civilizaciones. Quizás la responsabilidad sea nuestra al despreciar y minimizar la inteligencia humana, o por otra parte, sea una formula remota de justificar la eventual presencia alienígena, para sustentar y mantener el opio popular de una creencia sesgada en la vida extraterrestre. Bajo una perspectiva netamente antropológica, el profesor William Stiebing fue certero en las dos premisas iniciales de las teorías populares, la primera señala; “Los enigmas son universales” y la segunda complementado esta, añade que este tipo de explicación, como la de los propagadores de los alienígenas ancestrales, en vez de otorgar herramientas que cooperen con la ciencia, solo otorgan “Respuestas fáciles a las preguntas difíciles”. Debemos entonces, ser agradecidos de la providencia que en Chile parte importante de los investigadores de OVNIs, no son aficionados a la lectura, al estudio y menos a la historia. No es posible cuantificar, que habría especulado nuestra ufología criolla, si hubiesen estudiado solamente una parte de los mitos de nuestra exterminada cultura Selk’nam de la Tierra del Fuego. Más tajante y peligroso hubiese sido, si nuestros amigos ufólogos, ahondaran en sus rituales místicos de iniciación de jóvenes, llamado “Kloketen” o “Hain” y visualizaran las diversas formas como pintaban sus cuerpos, colocándose máscaras alargadas con ojos rasgados, representando a sus ancestros. Es preciso señalar que esta ceremonia data entre 5 a 9 mil años AC y los únicos registros fotográficos fueron obtenidos por el Padre Alberto María de Agostini, misionero salesiano y por Martín Gusinde, gracias a los cuales, se han logrado establecer importantes estudios antropológicos como el realizado por Anne Chapman. En este sentido, somos afortunados que nuestra delgada faja de tierra este alejada y muy fuera de la vista de los especuladores ufológicos más grandes del mundo, como así mismo, desde la cuna de los OVNIs, Estados Unidos, sea muy extraño que expandan “estudios” del tema en otras latitudes y menos países, según ellos, tercer mundistas. Por ahora y es de esperar que así permanezca, Chile no se ha visto involucrado incisivamente en el concepto de los astronautas de la antigüedad, con la salvedad de la Isla de Pascua. Nuestra suerte en ese sentido, radica en que dentro de las personas que ha investigado en “terreno” Rapa Nui, está Sixto Paz, por lo que no vale la pena profundizar por ahora a que conclusión llegó este “contactado”. En definitiva, el tema en cuestión sumado a la imposibilidad de explicar la gran cantidad de presunciones conspirativas sostenidas de supuestos gobiernos, como asimismo, que los aparentes contactados no cuenten con el sólido respaldo o evidencias categóricas de sus viajes interestelares y de sus fluidas comunicaciones con seres de otras galaxias y/o dimensiones, han forzado que los investigadores de OVNIs, bizarros de persistir con sus aficionados estudios, realicen un alto en lo que hoy concierne al fenómeno mismo y trasladen sus monografías autodidactas al pasado remoto, a las culturas milenarias, estallando el concepto que hoy está de moda, la venida y vestigios de los famosos “alienígenas ancestrales”. Autor: Rodrigo Bravo Video de un fidedigno contacto del 69 tipo

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Tangos de Don Discepolo (parte 1º)
ArteporAnónimo4/4/2010

Enrique Santos Discépolo (27 de marzo de 1901 – 23 de diciembre de 1951). Poeta, compositor, actor y autor teatral. Todo comentario personal, aporte informativo, es insustancial al lado de su poesia, que habla por si misma, y mucho mejor... Justo el 31 Hace cinco días, loco de contento vivo en movimiento como un carrusel... Ella que pensaba amurarme el uno, justo el treinta y uno yo la madrugué... Me contó un vecino, que la inglesa loca, cuando vio la pieza sin un alfiler, se morfó la soga de colgar la ropa (que fue en el apuro, lo que me olvidé...). Si ahorca no me paga las que yo pasé. Era un mono loco que encontré en un árbol una noche de hambre que me vio pasar. me tiró un coquito... ¡yo que soy chicato... me ensarté al oscuro y la llevé al bulín!... Sé que entré a la pieza y encendí la vela, sé que me di vuelta para verla bien... Era tan fulera, que la vi, di un grito, lo demás fue un sueño... ¡Yo, me desmayé! La aguanté de pena casi cuatro meses, entre la cachada de todo el café... Le tiraban nueces, mientras me gritaban: "¡Ahí va Sarrasani con el chimpancé"!... Gracias a que el "Zurdo", que es tipo derecho, le regó el helecho cuando se iba a alzar; y la redoblona de amurarme el uno ¡justo el treinta y uno se la fui a cortar! Malevaje Decí, por Dios, ¿qué me has dao, que estoy tan cambiao, no sé más quien soy? El malevaje extrañao, me mira sin comprender... Me ve perdiendo el cartel de guapo que ayer brillaba en la acción... ¿No ves que estoy embretao, vencido y maniao en tu corazón? Te vi pasar tangueando altanera con un compás tan hondo y sensual que no fue más que verte y perder la fe, el coraje, el ansia 'e guapear. No me has dejao ni el pucho en la oreja de aquel pasao malevo y feroz... ¡Ya no me falta pa' completar más que ir a misa e hincarme a rezar! Ayer, de miedo a matar, en vez de pelear me puse a correr... Me vi a la sombra o finao; pensé en no verte y temblé... ¡Si yo, -que nunca aflojé- de noche angustiao me encierro a yorar!... Decí, por Dios, ¿qué me has dao, que estoy tan cambiao, no sé más quien soy? Que sapa, señor La tierra está maldita, y el amor con gripe en cama... La gente en guerra grita, bulle, mata, rompe y brama. Al hombre lo ha mareao el humo al incendiar, y ahora entreverao no sabe adónde va... Voltea lo que ve, por gusto de voltear, pero sin convicción, ni fe... ¿Qué "sapa", señor... que todo es demencia! Los chicos ya nacen por correspondencia, y asoman del sobre sabiendo afanar... Los reyes temblando remueven el mazo buscando un "yobaca" para disparar... Y en medio del caos que horroriza y espanta, la paz está en yanta, y el peso ha bajao... Hoy todo dios se queja, y es que el hombre anda sin cueva... Voltió la casa vieja antes de construir la nueva! Creyó que era cuestión de alzarse, y nada más... romper lo consaqrao, matar lo que adoró. No vio, que a su pesar, no estaba preparao, y el solo se enredó al saltar... ¿Que "sapa", señor... Que ya no hay Borbones! Las minas se han puesto peor que los varones, y embrollan al hombre que tira boleao... Lo ven errar tejos a un dedo del sapo, y en vez de ayudarlo lo dejan colgao... Ya nadie comprende si hay que ir al colegio, o habrá que cerrarlos para mejorar! Quién más, quién menos Te vi saltar sobre el mantel, gritando una canción... Obscena y cruel, en tu embriaguez, ya sin control mostrar -muerta de risa- al cabaret tu desnudez. Bizca de alcohol, pisoteando al zapatear entre los vidrios tu ilusión. ¡Reconocerte fue enloquecer! Caricatura de la novia que adoré... Cuando me viste me eché a temblar, y aún oigo el grito que mordiste al desmayar. Quizá has pensao que yo me alcé, pa' maldecir tu horror y... ¡fue un error! no ves que sé que por un pan cambiaste, como yo, tus ambiciones de honradez. Me levanté pa' que vieras cómo estoy, yo, que pensaba ser un rey. Novia querida, novia de ayer... ¡qué ganas tengo de llorar nuestra niñez! Quién más... quién menos... Pa' mal comer, somos la mueca de lo que soñamos ser. Confesión Fue a conciencia pura que perdí tu amor. nada más que por salvarte. Hoy me odias y yo, feliz, me arrincono pa' llorarte. El recuerdo que tendrás de mí será horroroso. Me verás siempre golpeándote como a un malvao; y si supieras bien qué generoso fue que pagase así tu gran amor... ¡Sol de mi vida!... fui un fracasao, y en mi caída busqué echarte a un lao. porque te quise tanto, tanto... que al rodar para salvarte sólo supe hacerme odiar. Hoy, después de un año atroz, te vi pasar. me mordí pa' no llamarte. Ibas linda como un sol; se paraban a mirarte. Yo no sé si el que te tiene así se lo merece. Sólo sé que la miseria cruel que te ofrecí me justifica, al verte echa una reina que vivirás mejor lejos de mí. ¡Sol de mi vida!... fui un fracasao, y en mi caída busqué echarte a un lao. porque te quise tanto, tanto... que al rodar para salvarte sólo supe hacerme odiar. Canción desesperada ¡Soy una canción desesperada!... ¡Hoja enloquecida en el turbión!... Por tu amor, mi fe desorientada se hundió, destrozando mi corazón. Dentro de mí mismo me he perdido, ciego de llorar una ilusión... ¡Soy una pregunta empecinada, que grita su dolor y tu traición!... ¡Por qué me enseñaron a amar, si es volcar sin sentido los sueños al mar? Si el amor, es un viejo enemigo que enciende castigos y enseña a llorar... Yo pregunto: ¿por qué? ¡Sí!, ¿por qué me enseñaron a amar, si al amarte mataba mi amor? Burla atroz de dar todo por nada y al fin de un adiós, despertar llorando... ¿Dónde estaba Dios, cuando te fuiste? ¿Dónde estaba el sol, que no te vio? ¿Cómo una mujer no entiende nunca que un hombre da todo, dando su amor? ¿Quién les hace creer otros destinos? ¿Quién deshace así tanta ilusión? ¡Soy una canción desesperada que grita su dolor y tu traición!... Chorra Por ser bueno, me pusiste a la miseria, me dejaste en la palmera, me afanaste hasta el color. En seis meses me comiste el mercadito, la casiya de la feria, la ganchera, el mostrador... ¡Chorra!... Me robaste hasta el amor... Ahura, tanto me asusta una mina, que si en la calle me afila me pongo al lao del botón. ¡Lo que más bronca me da, es haber sido tan gil! Si hace un mes me desayuno con lo qu' he sabido ayer, no er'a mí que me cachaban tus rebusques de mujer... Hoy me entero que tu mama "noble viuda de un guerrero", ¡es la chorra de más fama que ha pisao la treinta y tres! Y he sabido que el "guerrero" que murió lleno de honor, ni murió ni fue guerrero como m'engrupiste vos. ¡Está en cana prontuariado como agente 'e la camorra, profesor de cachiporra, malandrín y estafador! Entre todos me pelaron con la cero, tu silueta fue el anzuelo donde yo me fui a ensartar. Se tragaron vos, "la viuda" y "el guerrero" lo que me costó diez años de paciencia y de yugar... ¡Chorros! Vos, tu vieja y tu papá, ¡Guarda! Cuidensé porque anda suelta, si los cacha los da vuelta, no les da tiempo a rajar. ¡Lo que más bronca me da, es haber estao tan gil! Sin Palabras Nació de ti... Buscando una canción que nos uniera, Y hoy sé que es cruel brutal -quizá- El castigo que te doy. Sin palabras Esta música va a herirte, Dondequiera que la escuche tu traición... La noche más absurda, el día más triste. Cuando estés riendo, o cuando llore tu ilusión. Perdóname si es dios, Quien quiso castigarte al fin... Si hay llantos que pueden perseguir así, Si estas notas que nacieron por tu amor, Al final son un cilicio que abre heridas de una historia... ¡son suplicios, son memorias... Fantoche herido, mi dolor, se alzará, cada vez, Que oigas esta canción!... Nació de ti... Mintiendo entre esperanzas un destino, Y hoy sé que es cruel, brutal -quizá- El castigo que te doy... Sin decirlo esta canción dirá tu nombre, Sin decirlo con tu nombre estaré yo. Los ojos casi ciegos de mi asombro, Junto al asombro de perderte y no morir. Tormenta Aullando entre relámpagos, perdido en la tormenta de mi noche interminable, ¡Dios! busco tu nombre... No quiero que tu rayo me enceguezca entre el horror, porque preciso luz para seguir... ¿Lo que aprendí de tu mano no sirve para vivir? Yo siento que mi fe se tambalea, que la gente mala, vive ¡Dios! mejor que yo... Si la vida es el infierno y el honrao vive entre lágrimas, ¿cuál es el bien... del que lucha en nombre tuyo, limpio, puro?... ¿para qué?... Si hoy la infamia da el sendero y el amor mata en tu nombre, ¡Dios!, lo que has besao... El seguirte es dar ventaja y el amarte sucumbir al mal. No quiero abandonarte, yo, demuestra una vez sola que el traidor no vive impune, ¡Dios! para besarte... Enséñame una flor que haya nacido del esfuerzo de seguirte, ¡Dios! Para no odiar: al mundo que me desprecia, porque no aprendo a robar... Y entonces de rodillas, hecho sangre en los guijarros moriré con vos, ¡feliz, Señor!

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Tangos de Don Discepolo (parte 2º + yapa)
Tangos de Don Discepolo (parte 2º + yapa)
ArteporAnónimo4/4/2010

Soy un arlequín Soy un arlequín, un arlequín que canta y baila para ocultar su corazón lleno de pena. Me clavó en la cruz tu folletín de Magdalena porque soñé que era Jesús y te salvaba. Me engañó tu voz, tu llorar de arrepentida sin perdón Eras mujer... ¡Pensé en mi madre y me clavé! Viví en tu amor una esperanza la inútil ansia de tu salvación. ¡Perdonáme si fui bueno! Si no sé más que sufrir. Si he vivido entre las risas por quererte redimir. ¡Cuánto dolor que hace reír! Esta noche me emborracho Sola, fané, descangayada, la vi esta madrugada salir de un cabaret; flaca, dos cuartas de cogote y una percha en el escote bajo la nuez; chueca, vestida de pebeta, teñida y coqueteando su desnudez... Parecía un gallo desplumao, mostrando al compadrear el cuero picoteao... Yo que sé cuando no aguanto más al verla, así, rajé, pa' no yorar. ¡Y pensar que hace diez años, fue mi locura! ¡Que llegué hasta la traición por su hermosura!... Que esto que hoy es un cascajo fue la dulce metedura donde yo perdí el honor; que chiflao por su belleza le quité el pan a la vieja, me hice ruin y pechador... Que quedé sin un amigo, que viví de mala fe, que me tuvo de rodillas, sin moral, hecho un mendigo, cuando se fue. Nunca soñé que la vería en un "requiscat in pace" tan cruel como el de hoy. ¡Mire, si no es pa' suicidarse que por ese cachivache sea lo que soy!... Fiera venganza la del tiempo, que le hace ver deshecho lo que uno amó... Este encuentro me ha hecho tanto mal, que si lo pienso más termino envenenao. Esta noche me emborracho bien, me mamo, ¡bien mamao!, pa' no pensar Uno Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias. Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina. Uno va arrastrándose entre espinas, y en su afán de dar su amor sufre y se destroza, hasta entender que uno se ha quedao sin corazón. Precio de castigo que uno entrega por un beso que no llega o un amor que lo engañó; vacío ya de amar y de llorar tanta traición... Si yo tuviera el corazón, el corazón que di; si yo pudiera, como ayer, querer sin presentir... Es posible que a tus ojos, que hoy me gritan su cariño, los cerrara con mis besos sin pensar que eran como esos otros ojos, los perversos, los que hundieron mi vivir... Si yo tuviera el corazón, el mismo que perdí; si olvidara a la que ayer lo destrozó y pudiera amarte... Me abrazaría a tu ilusión para llorar tu amor... Pero Dios te trajo a mi destino sin pensar que ya es muy tarde y no sabré cómo quererte. Déjame que llore como aquél que sufre en vida la tortura de llorar su propia muerte. Pura como sos, habrías salvado mi esperanza con tu amor. Uno está tan solo en su dolor... Uno está tan ciego en su penar... Pero un frío cruel, que es peor que el odio, punto muerto de las almas, tumba horrenda de mi amor, maldijo para siempre y se robó toda ilusión... Sueño de juventud Sufres porque me aleja la fe de un mañana que busco afanoso tan sólo por ti. Y es un collar de estrellas que tibio desgranan tus ojos hermosos llorándome así. Sueño de juventud que muere en tu adiós, tímida remembranza que añoraré, canto de una esperanza que ambicioné acariciando tu alma en mi soledad. Mi pobre corazón no sabe pensar, y al ver que lo alejan de ti sólo sabe llorar, sólo sabe gemir, sangrando al morir en tu adiós... Lírico amor primero, caricia y tortura, castigo y dulzura de mi amanecer. Yo acunaré en un canto tu inmensa ternura buscando en mi cielo tu imagen de ayer. Qué vachaché Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida. Ya me tenés bien requeteamurada. No puedo más pasarla sin comida ni oírte así, decir tanta pavada. ¿No te das cuenta que sos un engrupido? ¿Te creés que al mundo lo vas a arreglar vos? ¡Si aquí, ni Dios rescata lo perdido! ¿Qué querés vos? ¡Hacé el favor!. Lo que hace falta es empacar mucha moneda, vender el alma, rifar el corazón, tirar la poca decencia que te queda... Plata, plata, plata y plata otra vez... Así es posible que morfés todos los días, tengas amigos, casa, nombre...y lo que quieras vos. El verdadero amor se ahogó en la sopa: la panza es reina y el dinero Dios. ¿Pero no ves, gilito embanderado, que la razón la tiene el de más guita? ¿Que la honradez la venden al contado y a la moral la dan por moneditas? ¿Que no hay ninguna verdad que se resista frente a dos pesos moneda nacional? Vos resultás, -haciendo el moralista-, un disfrazao...sin carnaval... ¡Tirate al río! ¡No embromés con tu conciencia! Sos un secante que no hace reír. Dame puchero, guardá la decencia... ¡Plata, plata y plata! ¡Yo quiero vivir! ¿Qué culpa tengo si has piyao la vida en serio? Pasás de otario, morfás aire y no tenés colchón... ¿Qué vachaché? Hoy ya murió el criterio! Vale Jesús lo mismo que el ladrón... Cafetín de Buenos Aires De chiquilín lo miraba de afuera como a esas cosas que nunca se alcanzan... la ñata contra el vidrio, en un azul de frío... que solo fue después viviendo igual que al mío... Como una escuela de todas las cosas, ya de muchacho me diste entre asombros el cigarrillo... la fe de mis sueños y esperanza de amor... ¿Como olvidarte en esta queja, cafetín de Buenos Aires? Si sos lo único en la vida que se pareció a mi vieja... En tu mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas yo aprendí filosofía...dados...timba y la poesía cruel de no pensar más en mi... Me diste en oro un puñado de amigos, que son los mismos que alientan mis horas; José el de la quimera... Marcial que aun cree y espera... y el Flaco Abel...que se nos fue... pero aun me guía... Sobre tus mesas que nunca preguntan llore una tarde el primer desengaño. Nací a las penas... bebí mis años... y me entregué sin luchar Yira Yira Cuando la suerte qu' es grela, fayando y fayando te largue parao; cuando estés bien en la vía, sin rumbo, desesperao; cuando no tengas ni fe, ni yerba de ayer secándose al sol; cuando rajés los tamangos buscando ese mango que te haga morfar... la indiferencia del mundo -que es sordo y es mudo- recién sentirás. Verás que todo el mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa... ¡Yira!... ¡Yira!... Aunque te quiebre la vida, aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda, ni una mano, ni un favor. Cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás, buscando un pecho fraterno para morir abrazao... Cuando te dejen tirao después de cinchar lo mismo que a mí. Cuando manyés que a tu lado se prueban la ropa que vas a dejar... Te acordarás de este otario que un día, cansado, ¡se puso a ladrar! Cambalache Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé... (¡En el quinientos seis y en el dos mil también!). Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, valores y dublé... Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá insolente, ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos... ¡Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor!... ¡Ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador! ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! ¡Lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao. Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, ¡da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón!... ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! ¡Cualquiera es un señor! ¡Cualquiera es un ladrón! Mezclao con Stavisky va Don Bosco y "La Mignón", Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín... Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remaches ves llorar la Biblia contra un calefón... ¡Siglo veinte, cambalache problemático y febril!... El que no llora no mama y el que no afana es un gil! ¡Dale nomás! ¡Dale que va! ¡Que allá en el horno nos vamo a encontrar! ¡No pienses más, sentate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao! Es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley... Yapa Discepolo hablando por radio, alla por los años 1951, sobre la realidad politica argentina. Si sabes escuchar bien, de seguro te resultara muy interesante. Gracias por pasar...

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Torre de Guido: ¿Iglesia, Porteñismo o Politica?
Torre de Guido: ¿Iglesia, Porteñismo o Politica?
InfoporAnónimo10/7/2011

El perfil de una ciudad que no fueSonia Helman dirige un video sobre la obra diseñada por Angel Guido, que comenzó a levantarse en 1929 pero se interrumpió. Tres años después, pese al reclamo rosarino, fue derrumbada.El perfil de Rosario desde el río Paraná podría ser muy distinto, si la torre de 80 metros que el arquitecto Angel Guido diseñó en 1929 para la sede del Correo no se hubiera tirado abajo en 1933. Con el golpe de estado de José Uriburu de por medio, la ciudad vivió entre 1929 y 1934 una situación insólita: en el edificio de Correo se levantó una torre que nunca se terminó, y fue demolida por orden del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, con argumentos presupuestarios. Pero su destrucción resultó mucho más onerosa y se cobró por lo menos una vida. Esta historia, que algunos memoriosos tienen presente, será contada en el documental La Torre de Guido, que prepara la realizadora Sonia Helman, con producción ejecutiva de Ricardo Gallo, y que recibió el premio del programa Estímulo a la producción audiovisual santafesina del Ministerio de Cultura e Innovación de la provincia.En plena etapa de producción, Helman pasa horas revisando diarios de la época, y realizando entrevistas con colaboradores de Guido, con Adriana Martínez Vivot, nieta de Guido y con el arquitecto José Jumilla, entre otros. Las hipótesis sobre las razones de la demolición de aquella torre fueron, hasta el momento, dos. "Había un problema político ideológico. Por un lado, se decía que la Iglesia no quería un edificio más alto que la Catedral, pero eso no está documentado aunque forma parte de la historia oral", indica la directora. Por otro lado, la obra primero fue aprobada por el Ministerio de Obras Públicas de la Nación, que luego ordenó su derrumbe. "Está la teoría de que el Correo de Rosario no podía ser más alto que el de Buenos Aires", agrega. Este argumento tampoco está escrito, sino que fue recogido a partir de distintos testimonios.¿Cómo nació la idea de La torre de Guido? Helman había conocido todo el episodio en 1993, cuando realizó un documental sobre el arquitecto que más de 20 años después diseñó el Monumento a la Bandera. Pero hace poco tiempo recibió una cinta de 16 milímetros para pasar a DVD, de las tantas que llegan a su estudio. Aquella película había sido filmada por el inmigrante italiano Ugo Frasinetti, pero la familia no sabía si las imágenes eran de Rosario o de Italia. Al mirarlas, Helman descubrió que se trataba de Rosario y no pudo creerlo: contaba con un documento fílmico inédito. Allí se veía la torre de 80 metros que se había levantado en 1929 en el edificio del Correo, frente a la plaza 25 de mayo.La búsqueda la llevó también a descubrir que el diario La Capital formó parte de la campaña para salvar a la torre. "La Bolsa de Comercio, la Federación Gremial del Comercio y la Industria y el diario La Capital llamaron a los legisladores a defender la torre. El intendente Esteban Morcillo viajó a Buenos Aires a pedir que no demolieran la torre. Los argumentos de las fuerzas vivas de la ciudad eran que la construcción era un punto notable visto desde el río, así como la importancia arquitectónica de una torre en la ciudad, y también que podía servir como faro", relató la directora.Pero los intentos fueron vanos. La decisión de paralizar la construcción de la torre se tomó apenas se produjo el primer golpe de Estado del siglo pasado, el 6 de septiembre de 1930. La orden del ministerio de Obras Públicas llegó en 1993, y comenzó a cumplirse en agosto de ese año. La tarea de derrumbe concluyó en mayo del año siguiente. "Una vez dinamitada la torre, años después Angel Guido la recrea en el Monumento a la Bandera, la hace debajo de la barranca para que no moleste a la Catedral, aunque nunca se haya acreditado que haya sido la Iglesia la responsable del derrumbre de la torre del correo", indicó Helman.Aunque se la llame genéricamente "la torre", en realidad eran tres. La principal, de 80 metros, y otras dos, complementarias. Allí funcionarían oficinas. Incluso, en el libro Fábula de la virgen y el bombero, la escritora Angélica Gorodischer hace referencia a las especulaciones que rodearon la destrucción de esa estructura.Desde que comenzaron a realizar el documental, los realizadores encuentran gente que puede aportar datos, ya sea porque su familia vivía en la zona del correo o por otras razones. De hecho, Helman destacó a Ernesto Scolara, "no sólo por el aporte en investigación periodística sino porque él disparó que el Correo rosarino no podía ser más alto que el de Buenos Aires, ya que su madre vivía en el barrio y esa era una de las razones que se esgrimían entonces". Por eso, convocó a las personas que tengan algún aporte a escribir a [email protected]. Para encontrar más datos, y espiar el cuaderno de bitácora de la realización del documental, se puede entrar a www.latorredeguido.blogspot.com.Fuente Una ventana al viejo RosarioLa realizadora Sonia Helman descubrió un registro fílmico tomado en los años 30 que muestra la ciudad desde el ríoUn pequeño documento sobre el pasado de Rosario. Así podría definirse la filmación recientemente descubierta por la realizadora Sonia Helman y que muestra imágenes de la ciudad y el río a principios de los años 30. Entre otros edificios de la época aparece la estructura de la torre que proyectó el arquitecto Angel Guido para el edificio del Correo Central y que fue desarmada en 1935, en medio de las polémicas que suscitó la obra.La película, de tres minutos de duración, fue rodada en 16 milímetros por Hugo Frassineti, productor agropecuario oriundo de Italia que se radicó en la Argentina. La fecha de la filmación puede datarse precisamente por el registro del frustrado proyecto para el edificio del Correo."Las hijas de Frassineti encontraron por casualidad la lata de la película -cuenta Sonia Helman- y me la dieron para que la pasara a video y tratara de ver a qué lugar correspondían las imágenes".La película muestra una larga toma de la ciudad desde el río y luego la llegada de un barco al puerto de Rosario. Pero nadie la había visto en muchos años. "Me puse a mirar y cuando aparecen las escenas de un puerto digo «qué parecido al puerto de Rosario». De repente veo la Municipalidad y la Catedral, en un ángulo que no se puede ver hoy porque lo tapa el Monumento a la Bandera, y el Correo que empezó a hacer Angel Guido".La cámara registra también a varias personas -entre ellas, se supone, el propio Frassineti- mientras paseaban en una embarcación y termina su recorrido con la llegada de un barco italiano de guerra al puerto de Rosario, "donde hoy en día están los galpones del Centro de la Juventud". Para Helman, "obviamente el dueño de la cinta, que era italiano, fue a ver el barco, junto con la gente que se observa en la orilla".Helman, que realizó videos documentales sobre Angel Guido, el Monumento a la Bandera y Lola Mora, entre otros trabajos, señala que "la torre del Correo fue desarmada por las protestas de la Iglesia, que no permitía un edificio de mayor altura que la Catedral y entonces Guido la recreó en el Monumento a la Bandera, haciéndola en la barranca, para que no sobrepasara a la Catedral".La torre abolida incluía dos estructura laterales, que también se aprecian en la película. Según el proyecto, debía alcanzar los 75 metros de altura y tendría a modo de coronación tres figuras gigantescas alusivas al comercio, la ganadería y la agricultura.Según relata María Amanda Bergnia de Córdoba Lutges, en "Origen y evolución del correo en Rosario", las obras comenzaron en 1928 y el proyecto tuvo dos reformulaciones: al año siguiente se eliminaron las figuras alegóricas y "en 1935 se desarmó completamente la estructura de hierro de la torre, operación que demandó un gasto superior al necesario para darle término. Quedó cercenado así el monumental edificio y se desmejoró una obra arquitectónica de notable concepción".Angel Guido se retiró del proyecto pero dejó su huella en el edificio. "En un vitral del techo del Correo central -agrega Helman- hay una estrella de ocho puntas que era su firma, y que está también en la torre del Monumento a la Bandera". Y ahora la película en cuestión ofrece un nuevo testimonio."No hay muchas filmaciones de Rosario en esa época -dice Helman- y menos desde el río. La cinta está en excelentes condiciones. Evidentemente el dueño cerró la lata en los años 30 y ahí quedó". Los familiares de Frassineti cedieron una copia al archivo audiovisual de la Municipalidad de Rosario.FuenteEl Documental Sinopsis.Todo comienza con un hallazgo y una pregunta. Una vieja cinta de 16 mm, filmada por un inmigrante italiano de llamado Ugo Frasinetti. Su familia, al descubrirla, se pregunta si serán tomas de Italia o de la Argentina. Y del último tramo del film surge que, efectivamente, son tomas de la Argentina de los años 30. No sólo eso, sino una toma de la ciudad de Rosario que es el disparador de toda la historia, y el hilo conductor a lo largo del documental. Porque en el perfil de la ciudad, vista desde el río, sobresale la silueta de la torre del Correo. Y éste es el tema de la historia.Porque en 1929 se comenzaron los trabajos para erigir un edificio monumental, sede del palacio de Correos y Telégrafos. Y el autor de la obra era el ingeniero y arquitecto Ángel Guido, rosarino, poseedor de una visión americanista de la arquitectura, y figura siempre polémica.El monumental Palacio de Correos se empieza a construir en la esquina de Buenos Aires y Córdoba, frente a la Plaza 25 de Mayo, en diagonal a la Catedral. Y precisamente por eso es que surge la polémica. Las autoridades de la Iglesia presionan: ¡no debe haber un edificio que sea más alto que la Catedral! Ubiquémonos en la época del principio de los años 30: fascismo ultraconservador religioso, versus progresismo acérrimamente ateo. ¡Se discutía mucho más que la altura de una torre!El documental recrea la polémica arquitectónica (e ideológica) con citas de diarios de la época, entrevistas a ciudadanos mayores que recuerdan la historia, entrevistas a ex-alumnos del arquitecto Guido, e imágenes, fotográficas y cinematográficas, de archivo, del Rosario de la época.Como conclusión: la torre finalmente es desmantelada, dinamitada, con un costo superior al que hubiera insumido construirla. Ángel Guido se retira del proyecto, y el edificio se concluye con un estilo francés que es totalmente diferente del plan original.Pero Guido no se va del todo. Construye finalmente su torre, a pocos metros de allí, bajo la barranca, en lo que será la postal definitiva de la ciudad: el Monumento a la Bandera.Y hay algo más: Guido tampoco de fue del todo del Palacio del Correo. Si uno levanta la mirada en el gran salón de atención al público, ve que en los vitrales, allá arriba, está la estrella incaica, firma de Guido, que está presente en sus edificios más característicos y que corona el Monumento a la Bandera. Es una manera de decir: estoy aquí presente. No renuncio a mis ideales. Sigo formando parte de este lugar, y no regalo mis convicciones Razones Politicas.Ya la cronología está más o menos clara.1929, arranca el Correo que tendría una torre monumental y un estilo netamente original.1930 o 31 se detiene la obra por falta de fondos.1933 llega la orden de demoler la torre. Y los rosarinos protestan.1934, el correo se sigue construyendo, ya sin torre.1938, se inaugura, con un estilo arquitectónico francés. El Correo de Rosario es un edificio majestuoso, en una escala que hoy en día asombra. ¡Tanto espacio por todos lados! No sé si con torre le hubiera hecho sombra al de Capital, que es un señor palacio. Es difícil imaginarlo. 1933: Buenos Aires vive la Década Infame, Santa Fe tiene gobierno demoprogresista. El senador Lisandro de la Torre es muy popular y respetado. El senador Bordabehere gana una segunda banca; el oficialismo hace papelerío como para que no asuma. El Gobierno parece que no quiere mandar dinero hacia Rosario. El Correo tenía 80 metros de alto, le mocharon 51 metros. terminarlo parece que hubiera costado 150.000 pesos, tirarlo abajo costó 400.000. Los cimientos del Correo son gigantes, calculados para sostener la torre. No está clara, en papel por escrito, la razón de esta medida. Arquitectónicamente, el Correo, que es un hermoso edificio académico francés (lo mas apropiado tras el golpe del 30 en manos de Felix Uriburu), hubiera sido un monumental art decó neocolonial. Proyecto premiado en la exposición internacional de arquitectura de Río de Janeiro.Maqueta digital de lo que seria, en su momento, el rascacielo art decó neocolonial de Angel Guido. El actual edificio del Correo Central con un diseño mas franchute y menos alto. Aunque en mi opinion personal mas lindo.

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Barrio Acindar, Rosario.
InfoporAnónimo1/28/2012

Cronología de Barrio Acindar Lo que aquí se presenta es la cronología construida en base a los sucesos e hitos relevantes de la historia de Barrio Acindar, intercalada con los acontecimientos histórico-políticos argentinos que, creíamos, ayudan a una mayor comprensión del proceso. 1942 | Mayo | Se funda Acindar Industria Argentina de Aceros, Acindar S.A. En Rosario, emplazada en la dirección original de Ov. Lagos 4250. Actualmente está hoy "geo-referenciada" con Av. Francia y Acevedo. Surgida de la mano de las empresas constructoras Acevedo y Shaw y la Compañía de Construcciones Civiles de Aguirre y Aragón, líderes en el rubro, al calor de una "apremiante" escasez nacional de acero y en el marco de un modelo económico que dominaría la Argentina por varias décadas, el modelo de sustitución de importaciones. Esta industria sumada a otras de la época, posicionarán a Rosario como una de las urbes industriales más importantes del país. 1947 | Es formulado el Plan Siderúrgico Nacional, y se firma un convenio preliminar para constituir la "Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina" (SOMISA), encargada de llevar adelante el proyecto de la "Segunda Unidad Siderúrgica"; convenio del cual surge además la decisión de formar una franja industrial que bordeará el Paraná, desde el sur de Rosario hasta San Nicolás. Presidencia de Juan D. Perón 1949 | Nace la Cooperativa de Consumo y Vivienda Limitada del Personal de Acindar S.A. a través de la cual los obreros y empleados accedieron a ropa, calzado, utensilios del hogar, alimentos y sobre todo a las viviendas. 1950 | Eva Duarte firma la sesión de terrenos fiscales a nombre de Acindar, quien después los cederá a su vez a los dueños de las viviendas. Cuantos metros cuadrados de terrenos son cedidos por Eva y cuantos adquiridos por la empresa es aún un misterio. 1951 | Avanzada en experiencia y tecnología, Acindar decide ampliar e instalar una planta en Villa Constitución, lo cual generó que los dividendos se multiplicarán, sosteniéndose por muchos años un proceso de producción conjunto de ambas plantas. 1955: (16/09) "Golpe militar: "Revolución Libertadora" a cargo de los generales Lonardi y Aramburu 1956 | 30 de noviembre | Es firmado el decreto municipal Nº 19.381 por el que 17 calles de Barrio Acindar "…que están señaladas numéricamente y considerando que con ello se logrará evocar hechos y personas representativos de una hermosa región de nuestra patria, cual es la zona patagónica…". De esta forma surgen en la "particular" fisonomía de Acindar una peculiar denominación de Calles: Ing. Cipolletti, Ramón Lista, Lacar, General Mosconi, Esquel, Villarino, Mascardi, Luis Piedrabuena, Huemul, Falkner, Plaza Huincul, Nahuel Huapi, Limay, Coronel Winter, Traful, Maiten. Gobierno de facto del general Aramburu 1957 | 29 de septiembre | Se inauguran las primeras 259 casas con techos tejados en tonos rojos, y los característicos centros de manzana que conformarán el conocido "Casco Histórico" de Acindar. Se inaugura el Club Acindar. 1958: Presidencia de Arturo Frondizzi 1961 | 11 de septiembre | Se realiza "…el acto de entrega del edificio donado a la Provincia de Santa Fe, destinado a la Escuela nº 799 "Anastasio Escudero". Esta Escuela es tan característica del Barrio como los Centros de Manzana o Parques Internos, Las Tres Chimeneas o el Tanque de Agua. 1962: Golpe de Estado General Raúl Poggi, asume José María Guido, presidente del Senado, interino hasta elecciones. 1963: Presidencia de Arturo Illia 1965 | 19 de diciembre | Nace la Vecinal de Barrio Acindar 1966: "Golpe de Estado: La Revolución Argentina", a cargo del General J.C Onganía". Gobierno de Facto 1968 | Muere Arturo Acevedo, y se decide poner su nombre a la planta de Villa Constitución. Asume la conducción de Acindar el Dr. Alfredo Martínez De Hoz, miembro conspicuo del gran empresariado vinculado al capital extranjero, quien permanecerá hasta 1976, cuando asuma el ministerio de economía de la dictadura. 1970: Gobierno de facto de Levingston 1971: Gobierno de facto de Lanusse 1973: Campora. Renuncia y asume Lastiri- Elecciones: gana Juan D. Perón 1974 | En marzo se produce el estallido conocido como "El Villazo" Una huelga que tuvo como sede la fábrica Acindar de Villa Constitución, con toma de fábricas, barricadas y grupos de obreros de autodefensa. Allí estaban los trabajadores de Acindar, de Metcon (subsidiaria de la Ford), de Marathon, de Vilber, pero también, los obreros de los pequeños talleres contratistas de la región. 1975: Muerte de Perón. Asume la presidencia Isabel M. de Perón 1976 | Se entregan las viviendas que completan el Casco Histórico. La mayoría de estas casas no poseen Parque Interno, aunque conservan las características de las unidades del primer período. 1976: "Golpe militar, a cargo de una junta que reunía las tres armas". Asume Jorge Rafael Videla 1977 a 1981 | Inicia su progresivo cierre la planta de Acindar S.A. en la ciudad de Rosario. Algunos de sus trabajadores son indemnizados o jubilados obligatoriamente, otros parten a trabajar a Villa Constitución. 1981 asume Viola 1981 | 25 de Junio | Abre sus puertas el Jardín de Infantes Nº 53 Sara Faisal. Es el primer jardín del barrio con edificio propio. 1981-2: L.F. Galtieri. Guerra de Malvinas. Comienza el debilitamiento de la dictadura, más las presiones de la sociedad, que desembocarán en el llamado a elecciones democráticas en el 83'. 1982-3: Bignone 1983 | Se instala el Complejo Educativo Esperanza en Ov. Lagos y 1211 1983: Raúl Alfonsín 1988-89 | En un año es desmantelada por vecinos de la zona la estructura de la antigua fábrica abandonada, lo que incluye no solo la planta, sino también dos chimeneas de reducido tamaño. 1989: Menem 1990 | Aún sin edificio propio -funcionó en la Escuela Escudero- se conforma la Escuela "secundaria" que en 1995 recibirá el nombre formal de Albert Sabín. 1991 | Quiebre en el Barrio. Al ingreso en Acevedo (ex Av. Acindar) y Ov. Lagos se erige el primero de una serie de conjuntos habitacionales de gran envergadura, altura y densidad poblacional. Son 256 departamentos para "los nuevos vecinos", a los que en años siguientes se sumarán al otro extremo del Barrio linderos con Bv. Avellaneda 896 departamentos más. Hay otras 272 casas de una planta que se entregaran en 1997 y destacan por su similitud o intento de aproximación a las características del Casco Histórico, con forma de "chalet". Estas casas son de una planta por estar ubicadas sobre la zona de chatarra y desperdicios de colada de Acindar, razón por la cual no podían levantarse cimientos de edificios por la "tierra de acero". 1992 | En marzo llega al barrio la Escuela Silvestre Begnis. 1995 | Inician la instalación de viviendas por plan Fonavi de los sindicatos del hielo, correo y petróleo. 1997 | Nace el Centro Crecer Nº 12 en Barrio Acindar. 2001/2 | Apertura de Av. Francia y Bv. Avellaneda. Diciembre: estallido social que desemboca en la sucesión de cinco presidentes en una semana: De la rúa, Puerta, Rodriguez Saa, Camaño, y finalmente Duhalde como presidente interino hasta el llamado a elecciones de febrero de 2003. 2005 | Último plan Habitacional en el Barrio. 60 viviendas en Francia y Acevedo, frente al CMD Sudoeste. Ya no restan lotes libres en el barrio. 2009 | Apertura del CMD Sudoeste en terrenos antes ocupados por la acería. Frente al nuevo Centro se levantan en soledad las tres insignes chimeneas, custodiando los restos derruidos de la factoría que se erosionan a sus pies en lo que hoy se volvió plaza pública. El Barrio. Arribar a este barrio es llegar a un lugar claramente especial, único en la Rosario del bicentenario. Fue planificado a partir de la instalación de la empresa Acindar en Rosario y allí comienzan a asomar las huellas de un tipo de relación específica que se articuló entre la acería y el barrio. El barrio era un pueblo dentro de la ciudad. Según los vecinos fue concebido como un pequeño espacio ideal, basado en la construcción de baja densidad, incorporando un elemento esencial y único en la historia de la construcción de la ciudad: “los centros de manzana” como espacios de uso y recreación público para sus habitantes. El origen de esta peculiar construcción puede encontrarse en el modelo urbano de la ciudad-jardín desarrollado en los albores del siglo XX en Europa. En la actualidad , uno de estos centros de manzana contiene la sede de la vecinal, que funciona desde 1965. Así era el barrio en sus primeras décadas. La fabrica. En el espacio donde se levanta el Centro Municipal Distrito Sudoeste, funcionó - hace varias décadas – Acindar . Esta acería es conocida no sólo por los niveles de producción en las décadas del 50, 60 y 70, sino también porque en marzo de 1974 en su sede de Villa Constitución se produjo la huelga que condujo rápidamente al gran estallido de toma de fábricas conocido como “El Villazo”. Desde abril de 1942 gradual pero dinámicamente y en tiempo récord, Acindar fue instalando las diversas secciones y , finalmente, en 1943 las chimeneas se pusieron en funcionamiento. La radicación de esta empresa en la ciudad formó parte del plan del Estado argentino de crear una franja industrial que bordeara el río Paraná: desde el sur de Rosario hasta San Nicolás. El primer paso, Acindar se instalaría en Rosario y Somisa en Punta Argerich, a 7 km. de San Nicolás. Durante tres décadas produjo millones de toneladas de acero y generó valiosas fuentes de trabajo y lazos de sociabilidad entre sus obreros, que fueron 453 en un principio y hacia 1954 superaban los 2.200. En el año 77, sin previo aviso, se inició el proceso de traslado de la planta a Villa Constitución, que se finalizó en 1981 con el cierre definitivo y la demolición del edificio "El libro de Barrio Acindar: Historia, Identidad y Perspectiva” El Proyecto Historia, Identidad y Perspectiva surgió por un lado de la inquietud de un grupo de vecinas de Barrio Acindar en el marco del Presupuesto Participativo 2009. Pero también, fue motorizado por la Dirección de Centro Municipal de Distrito Sudoeste junto a la Dirección de Educación de la Secretaria de Cultura de la Ciudad de Rosario. El mismo se propone lograr una “Recuperación Participativa de la Historia” de los barrios del Distrito como la posibilidad de construir un puente entre el pasado y el presente a partir no solo de la voz, sino también de la intervención activa de los propios actores de este proceso: los vecinos. Y al decir historia, no hablamos de una, sino de varias; todas aquellas que hacen a la identidad de cada barrio, rescatando la diversidad de voces, la multiplicidad de experiencias, es decir, una recuperación participativa que para nosotros significa: “ser parte”. Con la intención de reconstruir la historia simple y cotidiana, de sostener y preservar aquellos pequeños relatos atesorados por los vecinos de ayer, hoy y siempre, es que surge esta suerte de enciclopedia de historias barriales. La importancia de este sencillísimo acto, reside en que todos los habitantes del lugar podemos trabajar juntos para reconstruir la trama de la historia común que nos sustenta, de la identidad barrial que nos une y singulariza del resto de la ciudad Para ello se apuesta a recuperar la historia a través, principalmente, de la oralidad, revalorizando esa forma de aporte/construcción a la memoria colectiva. El fin es recuperar esa historia para el presente y el futuro, documentarla y exponerla como fuerza viva para las distintas generaciones. El desmantelamiento. Era 1988, y Acindar había cerrado sus puertas definitivamente seis años atrás. Las chimeneas ya no expelían humo, el murmullo típico de la época fabril se había transformado en un silencio ensordecedor, y el gigantesco predio que ocupaba la estructura de la antigua acería permanecía intacto, nadie lo reclamaba, ni Acindar, ni los Acevedo, ni el Estado. Nadie de nadie. Pero algunos vecinos nuevos -que comenzaron a llegar a finales de los 70 e instalarse sobre las vías del ex ferrocarril mitre, espacio contiguo a este terreno abandonado- encontraron allí una posibilidad de satisfacer algunas necesidades apremiantes que tenían. Rosarino de nacimiento, pero residente en Santiago del Estero, Julián llegó al barrio en 1988. Las pocas oportunidades laborales en Santiago, hicieron que, por el consejo de un primo, volviera a la ciudad y se instalara en Acindar. “Yo vine en el año 88’, del norte de Santiago del Estero. Soy rosarino, pero me había ido los años anteriores, me casé allá y me vine para acá. Y no tenía donde vivir, y justo un primo tenía una casilla hecha acá, y me dice “mira acá hay terreno”. Estaba la franja ésta que se estaba poblando al costado de la vía, y me hice una casilla ahí. Cuando llegué quedaba toda la fábrica completa. Me acuerdo bien que había una guardia privada de día, y a la noche una guardia policial. Pero la estructura estaba toda completa.A mediados del 88’ fue donde se empezó, bueno, yo necesito una chapa, entonces empezamos a saltar los tapiales, y se empieza a sacar una chapa, un tirante, y así de a poquito. Hicimos un trabajito de hormiga. Hasta que llegado un momento se pasó de la chapa a los motores, a las cosas que uno podía vender. Me acuerdo muy bien que un día vimos los puentes grúas de los motores y nos subimos para sacar los motores, y así, lentamente, fue como se llevaron la fábrica. Ya a lo último se tiro el portón de arriba, que era un tapial contra las chimeneas y quedo abierto el paso para este lado". A lo largo de la entrevista nos irá narrando el proceso mediante el cual -como si de un trabajo formal se tratara- desmantelaron la estructura de la antigua fábrica, intercalando también su propia experiencia personal: “te digo más, cuando fue el saqueo, en el 89’, nosotros ni enterados. Porque veníamos como un trabajo, veníamos 7 u 8 de la mañana y estábamos todo el día metidos acá adentro. Y no sabían que estaban saqueando Rosario. Nos enteramos cuando salimos a la tarde “-che mira están robando - ¿Qué están robando?” preguntamos nosotros. Era un trabajo, veníamos todos los días y sacábamos, o veníamos y escarbábamos la tierra, o agarrábamos las columnas de hierro y sacábamos el hierro y lo vendíamos". Apertura del CMD Sudoeste. La apertura del CMD Sudoeste completa una gran meta de impacto urbano y social que Rosario se propuso en 1995 en el marco del programa de modernización y descentralización: acercar el Estado municipal a todos los barrios de la ciudad y que cada distrito tenga su propio edificio. El edificio fue proyectado por César Pelli, arquitecto argentino nacido en Tucumán y con destacado prestigio internacional a partir de obras emblemáticas como las Torres Petronas en Malasia, y en Buenos Aires los edificios Centro República y Repsol YPF. La Municipalidad designó mediante un concurso al estudio local Faure, Malamud, Riveira, cuyos integrantes trabajaron con Pelli en el desarrollo del proyecto y seguimiento de obra. El nuevo CMD fue concebido en planta baja garantizando total accesibilidad, y sobre un solo plano horizontal. La arquitectura es simple y austera, con recursos materiales y tecnológicos corrientes en el medio, asimilada a la escala del barrio, destacándose sutilmente por la armonía y delicadeza de sus formas y proporciones. Está organizado alrededor de 3 espacios abiertos con distintas características y accesos independientes desde el exterior, que hacen que el conjunto sea totalmente atravesable en distintas direcciones dentro del barrio como si fuera una plaza. Esos espacios son un jardín interior, una plaza cívica y el área recreativa, alrededor de los cuales se organizan linealmente las distintas áreas funcionales. Alrededor del jardín interior están dispuestos los servicios administrativos y complementarios, con los espacios de circulación y espera que los vinculan, volcados hacia el mismo. Entre esos servicios, la sala del Registro Civil ocupa un lugar destacado dentro del jardín. Tiene 2 ingresos: uno, por la esquina sudoeste (Acevedo y Francia) y otro, por el pasaje Choel-Choel. Con la misma disposición alrededor de la plaza cívica, se ubican los servicios sociales y culturales, que abarcan las áreas de Promoción Social, Salud, Producción, Cultura y Deportes. La plaza cívica tiene una amplia apertura a la calle que constituye el ingreso simbólico del conjunto, sombreada por jacarandaes y flanqueada por un obelisco prismático de 30 metros de altura con tres caras que refieren metafóricamente a las tres chimeneas de la vieja acería y establece un diálogo espacial con las mismas. Finalmente, el área recreativa constituye una pradera natural arbolada parcialmente, equipada con asientos fijos y mesas para estar, con un playón para la práctica de distintos deportes. Está delimitada por una reja, con entrada desde el pasaje Choele Choel. *No inclui datos de las contrucciones de los fonavis u otros planes estatales de viviendas dado que no encontre suficiente informacion. Son viejos para estar en foros de arquitectura y no tan antiguos, ni con valor historico, como para estar en blogs u archivos.

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La estrella sobre el bosque.
La estrella sobre el bosque.
ArteporAnónimo4/30/2010

"El destino me ha condenado con una mirada insobornable, una mirada dura, pero un corazón frágil." "Nací en 1881, en un imperio grande y poderoso -la monarquía de los Habsburgos-, pero no se molesten en buscarlo en el mapa: ha sido borrado sin dejar rastro. Me crié en Viena, metrópoli dos veces milenaria y supranacional, de donde tuve que huir como un criminal antes de que fuese degradada a la condición de ciudad de provincia alemana. En la lengua en que la había escrito y en la tierra en que mis libros se habían granjeado la amistad de millones de lectores, mi obra literaria fue reducida a cenizas. De manera que ahora soy un ser de ninguna parte, forastero en todas; huésped, en el mejor de los casos. También he perdido a mi patria propiamente dicha, la que había elegido mi corazón, Europa, a partir del momento en que ésta se ha suicidado desgarrándose en dos guerras fratricidas"Nacido en Viena en 1881, Stephan Zweig fue poeta, traductor, editor, pacifista, humanista y europeo. Emigró a Suiza durante la primera guerra mundial, de 1917 a 1918, y fue uno de los autores más traducidos antes de la Segunda Guerra Mundial. En 1934 emigra a Londres, en 1941 se exilia a Brasil donde, junto a su mujer, se suicida el 23 de febrero de 1942. Fue muy popular durante las décadas de 1920 y 1930. Escribió novelas, relatos y biografías, entre las más conocidas están las de María Estuardo y la de Fouché, una obra mitad biografía y mitad novela histórica muy interesante sobre un personaje que nadie ha enriquecido ni antes ni después de Zweig. Otra de sus biografías, la dedicada a María Antonieta, fue adaptada al cine en Hollywood. Hoy, todavía conocido por algunos de sus relatos, Stefan Zweig ha caido practicamente en el olvido en su faceta de personaje fundamental del exilio. En España recientemente han aparecido nuevas traducciones de sus obras más importantes. La estrella sobre el bosque Un día, cuando el diligente y apuesto camarero François se inclinó sobre el hombro de la bella condesa polaca Ostrovska, sucedió algo extraño. Sólo duró un segundo y no fue un estremecimiento o un sobresalto, un temblor o una emoción. Y, sin embargo, fue uno de esos segundos que abarcan miles de horas y de días llenos de júbilo y tormento, como el vigor vehemente de los grandes y fragorosos robles con todas sus ramas que se mecen y sus copas que se inclinan está contenido en un solo granito de semilla. En ese segundo no sucedió nada visible. François, el dúctil camarero del gran hotel de la Riviera se inclinó aún más, para presentar con mayor comodidad la fuente al cuchillo indeciso de la condesa. Pero su rostro descansó ese momento a pocos centímetros de las ondas dulcemente rizadas y perfumadas de su cabeza, y, cuando instintivamente alzó la mirada devota, sus ojos turbados vieron la suave y luminosa línea blanca con la que su cuello surgía de esa marea oscura y se perdía en el vestido rojo oscuro abullonado. Una llamarada color púrpura lo invadió. Y el cuchillo vibró suavemente en la fuente, presa de un imperceptible temblor. Aunque en ese segundo François intuyó las graves consecuencias de este repentino hechizo, dominó hábilmente su agitación y siguió sirviendo con el entusiasmo reservado y un poco galante de un garçon de buen gusto. Alargó la fuente con movimiento medido al acompañante habitual de la condesa, un aristócrata maduro dotado de una imperturbable elegancia, que relataba cosas indiferentes con entonación refinadamente acentuada y en un francés cristalino. Luego se apartó de la mesa sin alterar su mirada y su gesto. Estos minutos fueron el comienzo de un estado de ensueño muy extraño y ferviente, de un sentimiento tan impetuoso y exaltado que apenas le corresponde el término grave y noble de amor. Era ese amor, de fidelidad canina y desprovisto de deseos, que los seres humanos generalmente no experimentan en la flor de su vida, que sólo sienten las personas muy jóvenes o muy ancianas. Un amor sin reflexión, que sólo sueña y no piensa. Olvidó por completo ese injusto y, sin embargo, inalterable desprecio que incluso personas inteligentes y circunspectas manifiestan hacia seres humanos que visten el frac de camarero; no especuló sobre posibilidades y casualidades, sino que aumentó en su sangre esa extraña inclinación hasta que su profundidad escapó a toda burla y crítica. Su ternura no era la de las miradas secretamente alusivas y al acecho, la temeridad de los gestos atrevidos que de repente se desata, la pasión sin sentido de labios sedientos y manos temblorosas; era una aplicación silenciosa, un prevalecer de aquellos pequeños servicios que son tanto más excelsos y sagrados en su modestia cuanto que permanecen a sabiendas ocultos. Después de la cena alisaba las arrugas del mantel delante de la silla de la condesa con dedos tan tiernos y dulces como quien acaricia las manos queridas y plácidas de una mujer; colocaba las cosas en su proximidad con simetría devota, como si las dispusiera para una fiesta. Con el mayor cuidado llevaba las copas que habían tocado sus labios a su estrecha y poco aireada buhardilla y de noche las dejaba relucir a la luz perlada de la luna como si fueran joyas preciosas. Constantemente era, desde cualquier rincón, el secreto observador de sus movimientos y actividades. Bebía sus palabras como quien paladea lascivamente un vino dulce y de perfume embriagador. y recogía las palabras y las órdenes ávido como los niños la rápida pelota en el juego. Así su alma embelesada introdujo en su pobre e indiferente vida un brillo cambiante y opulento. Nunca se le ocurrió la sabia necesidad de trasponer todo el episodio a las palabras frías y destructivas de la realidad de que el miserable camarero François amaba a una condesa exótica y eternamente inalcanzable. Porque él no la sentía como realidad, sino como algo excelso, muy lejano, que bastaba con su reflejo de la vida. Amaba el imperioso orgullo de sus órdenes, el ángulo dominante de sus cejas negras que casi se tocaban, el pliegue indómito alrededor de la boca fina, la gracia segura de sus gestos. La sumisión le parecía a François algo natural y sentía como dicha la proximidad humillante del servicio modesto, porque gracias a ella podía entrar tan a menudo en el círculo seductor que rodeaba a su amada. Así despertó de repente en la vida de un hombre sencillo un sueño, como una flor de jardín noble y cuidadosamente criada, que florece en una carretera donde el polvo de los caminantes ahoga todos los brotes. Era el vértigo de un ser sencillo, un sueño embriagador y narcótico en medio de una vida fría y monótona. Y los sueños de seres como él son como barcas sin timón, que van a la deriva presas de una voluptuosidad fluctuante sobre aguas silenciosas y espejeantes, hasta que de pronto su quilla choca con una sacudida seca en una orilla desconocida. La realidad, sin embargo, es más fuerte y sólida que todos los sueños. Una noche el corpulento portero procedente del Waadtland le dijo a François al pasar: «La Ostrovska se marcha mañana en el tren de las ocho». Y luego añadió otros nombres sin importancia que él apenas escuchó. Porque esas palabras se habían transformado en su cerebro en un confuso remolino tumultuoso. Varias veces se pasó los dedos mecánicamente por la frente afligida, como si quisiera apartar un sedimento pesado, que allí reposaba y obnubilaba la razón. Dio unos pasos titubeantes. Inseguro y atemorizado cruzó delante de un alto espejo de marco dorado, del que le salió al encuentro un rostro mortalmente pálido y extraño. Los pensamientos no acudían a su mente, estaban por así decir aprisionados tras un muro oscuro y nebuloso. Casi inconsciente, descendió, agarrándose a la balaustrada, la amplia escalera hacia el jardín sumido en sombras, en el que los altos pinos se erguían solitarios como pensamientos sombríos. Su silueta intranquila dio unos inciertos pasos más, como el vuelo bajo y tambaleante de un ave nocturna enorme y oscura, y por fin se dejó caer en un banco, apoyando la cabeza en su frío respaldo. El silencio era absoluto. A su espalda, entre los arbustos redondeados, relucía el mar. Luces suaves y trémulas chispeaban sobre su superficie, y en el silencio se perdía la monótona cantinela murmurante de lejanos rompientes. Y de pronto todo estaba claro, muy claro. Tan dolorosamente claro que François casi sonrió. Todo había acabado, sencillamente. La condesa Ostrovska se marcha a casa y el camarero François queda atrás en su puesto. ¿Acaso era tan raro? ¿No se marchaban al cabo de dos, tres o cuatro semanas todos los extranjeros que venían? Qué tontería no haberlo pensado antes. Porque todo estaba tan claro como para reír o llorar. Y sus pensamientos bullían y bullían. Mañana por la noche, en el tren de las ocho en dirección a Varsovia. A Varsovia..., horas y horas a través de bosques y valles, a través de colinas y montañas, a través de estepas y ríos y dinámicas ciudades. ¡Varsovia! ¡Qué lejos quedaba! No podía siquiera imaginar, aunque sí sentir en lo más profundo, esa palabra orgullosa y amenazadora, dura y lejana: Varsovia. Y él... Durante un segundo aleteó una pequeña y fantástica esperanza. Podía seguirla. Y buscar empleo allí como criado, escribiente, cochero, esclavo; estar allí en la calle como mendigo, todo menos estar tan horriblemente lejos; al menos respirar el aliento de la misma ciudad, verla quizá pasar, ver su sombra, al menos, su vestido y su cabello negro. Ya surgían precipitadas visiones. Pero el momento era duro e implacable. François vio lo inalcanzable desnudo y claro. Calculó: cien o doscientos francos ahorrados, en el mejor de los casos. No bastaban ni para la mitad del camino. Y entonces ¿qué? Como a través de un velo desgarrado vio de pronto su vida, presintió lo pobre, miserable y fea que indefectiblemente sería de ahora en adelante. Años vacíos ejerciendo su profesión de camarero, torturado por un insensato deseo, esa ridiculez iba a ser su futuro. Lo recorrió un escalofrío. Y de pronto todas las cadenas de pensamientos confluyeron arrebatadas e imparables. Había únicamente una posibilidad. Las copas de los árboles se mecían en una brisa apenas perceptible. La noche oscura y negra se alzaba amenazadora ante él. Entonces se alzó, seguro y sereno, del banco y se dirigió por la grava crujiente hacia el gran edificio que dormía en blanco silencio. Debajo de una de sus ventanas hizo un alto. Estaba ciega y sin un signo brillante de luz en el que se hubiera podido encender el deseo soñador. Ahora su sangre circulaba con latidos tranquilos, y se alejó como alguien al que ya nada confunde y engaña. En su cuarto se echó sin agitación alguna sobre la cama y durmió con un sueño denso y sin imágenes hasta la señal matutina del despertar. Al día siguiente, su comportamiento se ciñó por completo a los límites de la deliberación meticulosamente definida y de la calma forzada. Con fría indiferencia cumplió con sus obligaciones, y sus gestos tenían una seguridad tan absoluta y tan despreocupada, que nadie hubiera imaginado detrás de la máscara falaz la amarga decisión. Poco antes de la hora de la cena, acudió con sus pequeños ahorros a la floristería más selecta y compró flores exquisitas que en su espléndido colorido le sugerían palabras: tulipanes del color del oro fogoso, que eran como la pasión; crisantemos blancos de amplia corola, como sueños luminosos y exóticos; finas orquídeas, las imágenes estilizadas del deseo, y unas soberbias rosas embriagadoras. Y luego compró un valioso jarrón de cristal con destellos opalescentes. Los pocos francos que aún le quedaban se los regaló al pasar, con un gesto rápido y distraído, a un niño que pedía limosna. Luego volvió al hotel. Con solemnidad melancólica colocó el jarrón con las flores delante del cubierto de la condesa, que dispuso por última vez con voluptuoso y minucioso esmero. Llegó el momento de la cena. François sirvió la mesa como siempre: reservado, silencioso y competente, sin alzar los ojos. Sólo al final envolvió la silueta cimbreante y orgullosa de la condesa con una mirada infinita, que ella no percibió. Nunca le había parecido tan bella como en esta mirada última y libre de todo deseo. Luego se apartó con serenidad de la mesa, sin gesto alguno de despedida, y abandonó la sala. Como un huésped ante el que se inclinan los criados, atravesó los pasillos y descendió la elegante escalera de recepción hasta la calle: era evidente que en ese momento dejaba atrás su pasado. Delante del hotel se detuvo un segundo, indeciso; entonces empezó a caminar, bordeando iluminadas villas y amplios jardines, siempre adelante como un paseante ensimismado, sin saber adónde se dirigía. Así vagó inciertamente hasta el anochecer en un estado de enajenación ensoñada. Ya no pensaba más en las cosas. Ni en las pasadas ni en las inevitables. Ya no le daba vueltas a la idea de la muerte, como sin duda en los últimos momentos el suicida circunspecto sopesa en la mano el brillante y amenazador revólver de profundo ojo y lo vuelve a dejar en la mesa. Hacía tiempo que se había sentenciado a sí mismo. Por su mente sólo pasaban imágenes en raudo vuelo, como golondrinas de viaje. Primero, los días de la juventud hasta aquella fatal hora de clase cuando una estúpida aventura lo propulsó violentamente desde la perspectiva de un futuro prometedor a la confusión del mundo. Luego los viajes incesantes, las dificultades por el sueldo, los proyectos, una y otra vez fracasados, hasta que la gran oleada negra, que llamamos el destino, quebró su orgullo y lo dejó abandonado en un puesto indigno. Muchos recuerdos multicolores pasaron revoloteando por su mente. Por fin relució el suave reflejo de los últimos días en sus sueños despiertos; y de nuevo abrieron violentamente la oscura puerta de la realidad que debía traspasar. Recordó que deseaba morir en ese mismo día. Durante un rato recapacitó sobre los muchos caminos que conducen a la muerte, y comparó su respectiva amargura y su definitiva prontitud. Hasta que lo traspasó un pensamiento. En su sombría cavilación se le ocurrió un funesto símbolo: así como la condesa había arrasado inconsciente y destructivamente su vida, así debía arrollar también su cuerpo. Ella misma lo llevaría a cabo. Ella misma consumaría su obra. Y ahora sus pensamientos se aceleraron con increíble seguridad. En algo menos de una hora, a las ocho, salía el expreso que la llevaba a su encuentro. Se arrojaría debajo de sus ruedas, se dejaría destrozar por la misma fuerza arrebatadora que le arrancaba a la mujer de sus sueños. Se desangraría debajo de sus pies. Los pensamientos galopaban y se perseguían jubilosos. François ya conocía el lugar. Más arriba, al borde del bosque, donde las copas frondosas de los árboles oscurecían la última vista sobre la cercana bahía. Miró el reloj: los segundos y los latidos de su sangre casi marcaban el mismo ritmo. Era hora de ponerse en camino. Y ahora, de repente, sus pasos cansinos se volvieron elásticos y decididos, con ese ritmo duro y precipitado que el sueño mata en su avance. Agitado se precipitó en el esplendoroso crepúsculo del anochecer meridional hacia el lugar en el que, entre lejanas colinas cubiertas de bosque, el cielo aparecía incrustado como una línea color púrpura. Y corrió hasta llegar a las vías del tren, que relucían como dos líneas plateadas y le mostraban el camino. Lo condujeron por una ruta sinuosa hacia la altura, a través de perfumados y profundos valles, cuyos velos de niebla atenuaban plateados la luz cansina de la luna; lo condujeron ascendiendo a las colinas, desde las que se veía lo lejos que el mar vasto y nocturno refulgía con sus brillantes luces costeras. Y le mostraron por fin el profundo bosque mecido por el inquieto viento, que sumergió las vías en las sombras que se cernían. Ya era tarde cuando François llegó con respiración entrecortada a la ladera oscura del bosque. Los árboles lo rodeaban lúgubres y negros. Sólo arriba, entre las copas transparentes, asomaba la luz temblorosa y pálida de la luna entre las ramas, que se quejaban cuando la ligera brisa de la noche las tomaba en sus brazos. De vez en cuando resonaban extrañas llamadas de lejanos pájaros nocturnos en el apretado silencio. Los pensamientos se le paralizaron por completo en esa aprensiva soledad. François sólo esperaba, esperaba y miraba fijamente si allá abajo, en la curva de la primera serpentina ascendente, asomaba la luz roja del tren. De vez en cuando consultaba nervioso el reloj y contaba los segundos. Luego volvía a prestar atención al lejano grito del tren. Pero era imaginación suya. El silencio era total. El tiempo parecía haberse congelado. Por fin brilló allá abajo la luz. En ese segundo François sintió una sacudida en el corazón, aunque no hubiera podido decir si de temor o de alegría. Con un movimiento impetuoso se tiró sobre las vías. Al principio sólo sintió un instante el agradable frío de los raíles de hierro en su sien. Luego aguzó el oído. El tren aún estaba lejos. Podía tardar algunos minutos. Ahora no se oía nada excepto el susurro de los árboles en el viento. Los pensamientos saltaban confusos. Y, de pronto, uno que permaneció clavado como una dolorosa flecha en su corazón: que él moría por ella y que ella nunca lo sabría. Que ni la más pequeña ola de su vida encrespada había tocado la de ella. Que ella nunca sabría que una vida ajena había venerado la suya y se había destrozado contra ella. Apenas perceptible y muy lejano se oía jadear por el aire casi quieto el golpeteo rítmico de la máquina que remontaba la pendiente. Pero el pensamiento seguía quemando con igual fuerza y atormentaba los últimos minutos del moribundo. El tren se aproximaba más y más con su estrépito metálico. Y entonces François abrió una vez más los ojos. Sobre él se extendía un cielo mudo de un azul casi negro y las copas intranquilas de unos árboles. Y sobre el bosque resplandecía una estrella blanca. Una estrella solitaria sobre el bosque... Los raíles empezaron a vibrar suavemente y a zumbar bajo su cabeza. Pero el pensamiento ardía como fuego en su corazón y en la mirada que abarcaba toda la intensidad y la desesperación de su amor. Todo el deseo y esta última dolorosa pregunta se volcaron en la estrella blanca y reluciente, que miraba benignamente sobre él. El tren se aproximaba más y más. Y el moribundo envolvió una vez más con una última e inefable mirada la estrella sobre el bosque. Luego cerró los ojos. Los raíles temblaron y vibraron, la marcha estrepitosa del presuroso tren se acercaba más y más y el bosque resonaba como grandes y martilleantes campanas. La tierra pareció tambalearse. Aún un aturdidor chirrido, un estruendo arremolinado, luego un estridente pitido, el grito de animal asustado del silbato del tren y la queja disonante de un freno inútil. La bella condesa Ostrovska ocupaba en el tren un compartimiento reservado. Desde el inicio del viaje leía una novela francesa, mecida suavemente por el balanceo del vagón. El aire del estrecho habitáculo era sofocante y estaba cargado del denso perfume de muchas flores a punto de marchitarse. En las magníficas cestas de despedida los racimos de lilas blancas ya dejaban caer la cabeza, cansinas como frutas excesivamente maduras, las flores colgaban flácidas de sus tallos, y los cálices pesados y dilatados de las rosas parecían consumirse en la nube caliente de los aromas embriagadores. Un atosigante bochorno calentaba las pesadas oleadas de perfume, suspendidas perezosas incluso en la presteza acelerada del tren. De pronto, la condesa dejó caer el libro con dedos fatigados. Ni ella misma sabía por qué. Una sensación misteriosa la invadió. Sintió una presión sorda y dolorosa. Un dolor repentino, inexplicable y angustioso se apoderó de su corazón. Creyó que iba a asfixiarse en el vaho turbador y cálido de las flores. Y ese aterrador dolor no cedía, sentía cada vibración de las ruedas veloces, la ciega marcha hacia delante la martirizaba indeciblemente La asaltó un deseo fulminante de parar el impulso acelerado del tren, de detenerlo ante el oscuro dolor hacia el que se precipitaba. Nunca en su vida había sentido su corazón atenazado por algo tan horrible, invisible y cruel como en esos segundos de dolor inconcebible y miedo inexplicable. Y esa sensación se hizo más y más acuciante, y más apretada la presión alrededor de su garganta. Como una plegaria surgió en ella el deseo de que el tren parara. Ahí, de repente, un estridente silbato, el grito salvaje de aviso del tren y el quejido de los frenos con su lamentable chirrido. Y el ritmo ralentizado de las ruedas aladas, más y más lento, luego un tartamudeo mecánico y un golpe brusco. Con dificultad se acercó a la ventanilla para aspirar a bocanadas el aire fresco. El cristal descendió ruidosamente. Afuera siluetas negras, corriendo... Palabras al vuelo de múltiples voces: un suicida... Bajo las ruedas... Muerto... En pleno campo... La condesa se estremece. Instintivamente su mirada se alza hacia el cielo alto y silencioso y hacia los árboles negros mecidos por el viento. Y sobre ellos una estrella solitaria sobre el bosque. La condesa siente su mirada como una lágrima refulgente. La contempla y de pronto siente una tristeza como nunca la ha sentido. Una tristeza llena de fuego y deseo, como nunca existió en su vida... El tren reanuda lentamente su marcha. La condesa se reclina en la esquina de su butaca y lágrimas silenciosas se deslizan por sus mejillas. La angustia sorda ha desaparecido, ya sólo siente un profundo y extraño dolor, cuyo origen busca explicarse en vano. Un dolor como el que tienen los niños asustados, cuando despiertan en la noche oscura e impenetrable y sienten que están por completo solos... "En el dolor uno se hace cada vez más sensible; es el sufrimiento quien prepara y labra el terreno para el alma, y el dolor que produce el arado al desgarrar el interior, prepara todo fruto espiritual." Gracias por pasar...

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La Dictadura de la Afliccion - Stig Dagerman
ArteporAnónimo6/29/2012

Stig Dagerman (1923-1954) nace en Álvkarleby (Suecia). Milita en las juventudes anarco-sindicalistas y en 1943 entra en la redacción de Arbetaren (El Trabajador), el periódico de la Federación anarco-sindicalista sueca, del que ya no se separará hasta su temprana muerte. Desde 1946 es redactor de la revista 40-tal, en torno a la cual se agrupa la nueva generación de escritores suecos marcados por la guerra. Entre 1945 y 1949, entre sus 21 y sus 26 años escribe toda su obra: cuatro novelas, cuatro obras de teatro, cuentos, ensayos y poemas. La Dictadura de la Afliccion Escrito en ocasión del duelo nacional a raiz de la muerte del rey Gustavo V, este artículo constituía la editorial del Arbetaren, periódico de la Federación anarcosindicalista sueca, del 4 de noviembre de 1950. Esta última ha sido una semana muy larga para el pueblo sueco. Es normal que la aflicción haga que el tiempo transcurra despacio. Pero la que surge de manera espontánea, comparada con la aflicción organizada, no tarda en traducirse en tarea. Esta semana ha sido rica en enseñanzas en la medida en que, por primera vez, ha permitido que nos diéramos cuenta en nuestro propio país de las enormes fuerzas que se desencadenan cuando, en una sociedad moderna, todos los medios informativos se ponen al servicio de un solo objetivo: organizar la aflicción, construir un mito. Lo que acabamos de vivir no es otra cosa que el espectáculo de una dictadura en funcionamiento. Primero ha aparecido el aspecto periodístico de la dictadura, con ello ya hemos tenido bastante. Ha sido mas que suficiente. Para un demócrata, el espectáculo de una democracia que reniega de uno de sus rasgos fundamentales es más desolador que el propio duelo nacional. En ninguna circunstancia es admisible convertir el conformismo en sistema, pero lo es menos tratándose de convencionalismos. Incluso después de la muerte de un soberano debe prevalecer un respeto que favorezca el recogimiento: es el de la democracia. Pero, ¿quién puede decir que no se ha atacado este respeto cuando hemos visto los periódicos de distintas tendencias olvidar conscientemente, en un momento tan trascendental, sus habituales funciones democráticas para lanzarse plenamente a una campaña condicionada, en la que el recogimiento se hallaba mezclado íntimamente con la mentira pública? No se trata en absoluto de cuestionar el dolor espontáneo que, al igual que cualquier otro sentimiento, es plenamente respetable. Lo que realmente es detestable es la aflicción organizada porque en el fondo es falsa, fría y voraz. La última semana nos ha mostrado de qué manera la aflicción puede ser utilizada como noticia sensacionalista, como soporte publicitario y como medio de disfrute. Nos ha enseñado igualmente que, incluso una prensa democrática que pretende ser la voz del pueblo no hace otra cosa que agredir los sentimientos de este mismo pueblo. En este contexto debe pasar a la posteridad el espectáculo de Bang, el editorialista del “Dagens Nyheter” presentando al nuevo monarca a la historia, en nombre del pueblo unánime, desde lo alto de una farola del puente del Norte. Pero la dictadura de la aflicción no ha dominado exclusivamente a la prensa. Se ha extendido a muchas administraciones cuyos locales se han cubierto de negro, en los que la hipocresía vestida de negro ha triunfado sobre las buenas costumbres. Esta hipocresía la hemos visto paseando por las calles comerciales, viendo como, con la ayuda de retratos, crespones, banderas y velas, las tiendas se transformaban en capillas ávidas de negocio. La hemos oído en la radio cuando se nos comunicó durante la emisión de música grabada, que el fox-trot previsto seria sustituido por “Oh país bendecido por los dioses”. Ni el federalismo mundial ha escapado a ello. La posteridad debe saber que la velada del Movimiento para el federalismo mundial empezó el día 2 de noviembre con un discurso fúnebre en el que la memoria del símbolo supremo de la nación ¡fue aclamada por los representantes del internacionalismo! Puede afirmarse que todo esto carece de importancia, pero es un detalle muy significativo porque nos demuestra que la dictadura de la aflicción es igualmente estúpida cuando se presenta como espectáculo en una democracia. Nadie puede afirmar que el difunto fuera partidario del federalismo mundial. Entonces, ¿por qué se actúa como si su muerte representara una pérdida para el movimiento federalista? Nadie puede tampoco afirmar que detestara el fox-trot. Entonces, ¿por qué reemplazarlo por “Oh país bendecido por los dioses?” Por una sola y sencilla razón: porque lo exige la dictadura de la aflicción. Y porque el respeto que se merece la democracia parece ser de inferior rango al que se merece la monarquía. Los republicanos del pasado podrán decir que no existe ninguna contradicción entre la democracia de “la casa del pueblo” y la monarquía del “castillo del pueblo”. Esto quizás sería cierto si por democracia se entendiera solamente una técnica del ejercicio del poder o una máquina gubernamental. Pero antes, la democracia significaba algo más. Poseía una dimensión espiritual. Designaba un sentimiento y una manera de vivir, un estilo y una dignidad. Era la expresión del carácter sagrado del individuo. Si todavía existe alguien dispuesto a otorgarle este sentido debemos decirle que la semana que ha finalizado ha aportado pocas expectativas para la democracia y es muy fácil describir en qué consisten estas expectativas. Residen en el hecho de que un solo ser humano ha sido glorificado a expensas del resto, en parte debido a sus méritos pero principalmente debido a méritos que no le pertenecen. El ciudadano sueco medio ha conocido la humillación de sentirse abandonado por todos aquellos que normalmente se aprovechan de poder hablar en su nombre. La mayoría de oradores han rivalizado en esfuerzos para inculcarle la idea que lo que acababa de acontecer era una desgracia sin precedentes. Se le ha transmitido el sentimiento de que si le sucedía cualquier cosa, nadie dispondría de tiempo, lagrimas o espacio en los periódicos para consolarle. Las fuerzas que hubieran tenido que restablecer una proporción equilibrada entre la verdadera contribución del difunto y la que le atribuye esta psicosis han resultado ser muy débiles. Esta larga semana debe darnos miedo por lo que nos ha hecho aprender. Por una lado ha confirmado lo que ya se sospechaba desde hacía tiempo, a saber, que nuestra democracia sueca no posee ningún sentimiento del profundo sentido de la democracia. Por otro lado, ha mostrado que el principio de la monarquía es tan incompatible como lo era antes con la dignidad del hombre. En resumen, nos ha demostrado que en la mayor parte de los que crean la opinión democrática de este país no existe más instinto democrático del que hay en el bordillo de la acera del patio del palacio real.

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Sobre la Identidad Porteña, Rosarina, Cordobesa y Tucumana.
InfoporAnónimo7/28/2011

BICENTENARIO, IDENTIDAD Y PAÍS FEDERAL Introducción A cuatro años del Bicentenario de la Revolución de Mayo, se han puesto en marcha diversos actos y eventos que apuntan a repensar, actualizar y dotar de contenido la conmemoración de la efeméride fundacional de la patria. Como señala José Nun en el prólogo al libro Debates de Mayo. Nación, cultura y política(1), Durkheim hablaba del significado del festival en los aborígenes australianos, y de cómo esa festividad era concebida como un gran momento de entusiasmo colectivo, de efervescencia, donde se revisan valores y normas, donde se desrutiniza la cotidianidad y se altera la reproducción mecánica. En tal sentido, podría pensarse el Bicentenario de la Revolución de Mayo como un momento de replanteo nacional que permita quebrar definitivamente las innumerables crisis padecidas. El área de investigaciones del Laboratorio de Industrias Culturales se propuso indagar en aspectos de la identidad nacional así como de las identidades regionales y locales, que muchas veces se amalgaman y concuerdan, y otras se oponen entre sí. En línea con la puesta en discusión de ciertos principios de referencia promovidos por la Secretaría de Cultura de la Nación(2), el presente proyecto se orientó a explorar representaciones entre diversos segmentos de la ciudadanía, en particular en las provincias, desde sus habitantes y sus prácticas cotidianas. En una primera etapa, se realizaron reuniones de reflexión en centros urbanos y entrevistas a figuras claves de la cultura y otros campos en Córdoba, Rosario, Tucumán y Ciudad de Buenos Aires. (1) El libro recopila las ponencias de las primeras jornadas de debate sobre el Bicentenario organizadas por la Secretaría de Cultura de la Nación y llevadas a cabo en Biblioteca Nacional, el 19 y 20 de mayo de 2005, y fue compilado por José Nun con la colaboración de Alejandro Grimson (Gedisa, Buenos Aires, 2005). (2) Ver “Foros del Bicentenario” y ediciones especiales en http://www.bicentenario.gov.ar Juntos pero no mezclados Uno de los interrogantes que se les formuló a los entrevistados estuvo orientado a conocer cuáles son los orígenes de la Argentina. A tal fin, se solicitó que identificaran aquellos momentos que marcan nuestros inicios como país. Uno de los primeros hallazgos fue que las narraciones que se construyen alrededor del tema del origen varían sensiblemente de una región a otra, de modo que no existe un imaginario compartido acerca de cuál es nuestro momento fundacional. Tucumanos, rosarinos, cordobeses y porteños sitúan el nacimiento del país en momentos diferentes. Los cordobeses, por ejemplo, otorgan a la conquista española la categoría de momento fundacional y le atribuyen la conformación de ciertos rasgos de nuestra identidad que se proyectan hasta la actualidad. Los rosarinos, en cambio, vinculan los orígenes de la Argentina con los procesos inmigratorios europeos iniciados durante el siglo XIX, y le otorgan un estatuto único en el proceso de construcción de identidad, al tal punto que muchos de ellos llegan a definirse como una suerte de europeos lejos de su tierra. Los tucumanos, por su parte, se remontan más lejos en la historia y señalan a los pueblos originarios para marcar los orígenes del país. Entre los porteños, las luchas por la independencia mantienen su carácter de hazaña fundacional. Para éstos últimos, la resistencia a las invasiones inglesas representan, desde la perspectiva mayoritaria, la primera acción soberana, marcan el camino hacia la autonomía del país y abren la puerta a los posteriores acontecimientos de mayo. Las interpretaciones acerca de los hechos de mayo y de los movimientos independentistas varían significativamente entre los porteños y los entrevistados del resto del país. Entre los cordobeses, el 25 de mayo no es interpretado como la expresión una acción independentista sino como el primer paso hacia la consolidación del dominio del puerto de Buenos Aires sobre el Interior. Los porteños, por su parte, refutan esta posición y reivindican el rol de Buenos Aires en la activación del espíritu libertario de la época y en su difusión hacia el resto del país. Para ellos, Buenos Aires ha representado desde los inicios de nuestra historia un papel fundamental en la generación y promoción de los movimientos y acontecimientos políticos, las tendencias culturales y la innovación científica y tecnológica. Sin embargo, en muchas oportunidades Buenos Aires no es representada únicamente como un centro de irradiación de cambios sino como un espacio relativamente autónomo que poco tiene que ver con el conjunto del país, no sólo en términos culturales, sino también políticos e históricos. Esta perspectiva, no mayoritaria, sostiene la idea de que no existe en la Argentina una historia común, sino que cada provincia o cada territorio posee su propio linaje y su propia experiencia histórica no compartida. Si bien para los porteños los movimientos anticoloniales marcan el inicio de la Argentina como país, el ciclo que se abre a fin de siglo XIX con la llegada de las inmigraciones al Río de la Plata representa una suerte de “segunda fundación”. Se trata de un momento comparativamente más intenso que el primero, en términos de su influencia en la configuración de la identidad y la cultura local. Así, al igual que los rosarinos, los porteños se autodefinen como verdaderos hijos de estos procesos. Se expresa aquí otra diferencia significativa: cordobeses y tucumanos piensan nuestra identidad como el resultado de la combinación entre la herencia hispánica, el legado de los pueblos originarios y la cultura importada por la inmigración europea. En cambio, para los porteños, hablar de la historia de los pueblos originarios es hablar de una suerte de “proto-historia”, aunque reconocen que sus huellas han dejado una fuerte impronta en algunas zonas del Interior. Si la Revolución de Mayo marca el punto de partida y el origen político de la Argentina, las inmigraciones europeas implican un verdadero giro y marcan un momento fundacional en términos culturales. Aquí, la coincidencia entre rosarinos y porteños es absoluta: para ambos el arribo de inmigrantes europeos supuso, al mismo tiempo, el arribo de los valores progresivos de la cultura europea representada por la cultura del trabajo y del esfuerzo personal, el valor de la educación, la formación académica y la tradición político-sindical. En las narraciones sobre el “origen” que despliegan los cordobeses, el 25 de mayo de 1810 asume un peso relativo. Su valor simbólico es relativamente débil si se la compara con el peso que le atribuyen a la conquista española o a los procesos inmigratorios europeos como momentos fundacionales de nuestra Nación. Lo cierto es que Mayo no implica la gran ruptura como acontecimiento fundador de la identidad provincial. Toda narrativa de la historia incluye el pasado colonial como componente esencial en la formación de la peculiaridad cordobesa. De hecho, para algunos referentes culturales de la provincia, antes que la ruptura con la corona española y el inicio de la independencia, Mayo es pensado como el inicio de la imposición del dominio del puerto. Es significativo el lugar simbólico que le asignan al fundador de la provincia, don Jerónimo Luis de Cabrera. Se trata de una figura tutelar que tiene hasta hoy una presencia ostensible en la vida cordobesa, ya que no sólo es objeto de continua evocación. Se atribuyen a la proyección de sus rasgos de padre fundador y al mismo acto de fundación (en desobediencia a las órdenes virreinales) algunas de las características del cordobés actual como la “rebeldía”. Es de notar que muchos cordobeses le atribuyen a Cabrera un carácter emblemático como figura representativa del pueblo cordobés, a más de cuatro siglos de su muerte. Al considerar el peso respectivo que asumen para los cordobeses las identidades nacional y provincial, cabe la conclusión de que la identidad cordobesa adquiere primacía sobre la argentina. En efecto, entre los habitantes de la provincia mediterránea se manifiesta una estructura identitaria fuerte y autoafirmativa. Para los cordobeses pertenecientes a distintas edades y estratos socioeconómicos el ser cordobés implica en todos los casos una diferencia específica y reconocible. Se muestran muy concientes de la imagen proyectada hacia los porteños y los otros provincianos, y asumen de buen grado su tipicidad como un rasgo de diferenciación positivo, sin rechazar los estereotipos acerca de la idiosincrasia provincial. El reconocimiento de estas diferencias se traduce en un enraizado sentido de pertenencia y un orgullo por las distintas manifestaciones de lo cordobés. Los cordobeses se atribuyen un sentido del humor típico y singularizador. Además, la picaresca cordobesa no queda reservada para situaciones de diversión o momentos de ocio, sino que permea la totalidad de la vida cotidiana, sin excluir circunstancias tensas o dramáticas. No se trata, entonces, de una mera disposición festiva, sino que proyecta una modalidad desdramatizada de situarse frente a la vida. El humor resulta así coextensivo a la sociabilidad autóctona. El arraigo en la historia y el tipo de relación que establecen con el pasado histórico son otra de las marcas distintivas de los cordobeses. El marco de referencia es casi siempre la historia provincial antes que la historia argentina en su conjunto o, para el caso, las vicisitudes históricas de Buenos Aires. Vale decir que la periodización que espontáneamente establecen remite a puntos de inflexión de la historia de la provincia no necesariamente coincidentes con el conjunto del país. Se observa, además, un conocimiento de la historia comparativamente más amplio que el prevaleciente en otras provincias y un interés considerable por el conocimiento de estas temáticas. Existe cierta propensión a hablar de las dos Córdobas al pensar en las aparentes contradicciones en las que ha oscilado históricamente, aunque tienden a pensarse preferentemente en términos de coexistencia: Córdoba es una cosa y la otra, ya sea sucesiva como simultáneamente. Se trata de la Córdoba conservadora y la Córdoba rebelde o la Córdoba culta y la Córdoba popular.La primera polarización (tradición versus cambio) reenvía en uno de sus polos al ingente peso de las tradiciones (singularmente la tradición católica y clerical) y el conservadurismo social en la sociedad cordobesa y, en el otro, a una arraigada tendencia a la radicalización y la ruptura con los marcos culturales existentes, del cual la Reforma Estudiantil de 1918 y, más recientemente, el Cordobazo y el Viborazo serían expresiones paradigmáticas. Ambos serían, contradictoriamente, emergentes legítimos del más genuino espíritu cordobés. La otra de las tensiones que configurarían el “fenómeno cordobés” es la simultánea representatividad y legitimidad de instituciones de la cultura académica y expresiones de la cultura popular. Así, en un polo se sitúa a la Universidad y su esfera de irradiación, que remiten al tópico de Córdoba como “la Docta”, caracterización que es reivindicada y asumida por toda la sociedad, independientemente de su relación mediata o cercana con la universidad. Las instituciones académicas son evaluadas como formadoras de cuadros políticos e intelectuales de nivel nacional. En el otro extremo, se ubica el fenómeno cuartetero, eminentemente popular. Aun quienes rechazan la indigencia musical de esta corriente, la reconocen como un producto genuinamente autóctono y uno de los más representativos de la vida cultural cordobesa. Por último, cabe mencionar que la identidad cordobesa, aún inherentemente contradictoria, tendería a un equilibrio inestable entre opuestos, lo cual le permitiría (siguiendo esta auto-representación) postularse en el orden nacional como una suerte de punto de equilibrio entre la Capital y el Interior. Los rosarinos se refieren de manera casi exclusiva a los procesos inmigratorios europeos para señalar los orígenes de nuestra nación. Para la mayoría, las inmigraciones se configuran, además, en un momento clave del proceso de construcción de la identidad colectiva nacional. A diferencia de los cordobeses, entre quienes la identidad argentina es percibida como resultado de una compleja articulación entre la herencia colonial hispánica, el pasado indígena y las inmigraciones europeas, los rosarinos otorgan a las inmigraciones un estatuto único en el proceso de construcción de identidad. Así, hablar de la Argentina de las inmigraciones es hablar de una tierra de promesas, es evocar el florecimiento cultural y el desarrollo educativo del país. Sin embargo, la idea de pérdida se constituye como el denominador común de la lectura y del balance de nuestro pasado. La educación y la producción son señalados como los dos aspectos fundamentales que en el pasado funcionaban como vectores de la vida social de la Argentina y que en la actualidad se encuentran en crisis. Entre los representantes de los sectores medios, existe una visión en la dinámica de nuestra historia que adquiere un sentido diferente: la historia argentina es representada a través de un esquema de eslabones que se rompen. La historia de la Argentina sería una historia de rupturas, de cambios permanentes, de inestabilidad en los objetivos. Es la historia de un país sin metas colectivas. Es una historia marcada por la fragmentación, la falta de horizontes y la opción hacia las salidas cortoplacistas y oportunistas. La Argentina se representa hoy como un destino incierto y, al parecer, sólo la definición de un verdadero proyecto nacional restituiría al país de un horizonte histórico. Para los rosarinos, no es claro que exista una identidad argentina definida, con rasgos particulares y diferenciadores. La Argentina se representa como un conglomerado de identidades regionales, locales, urbanas y hasta étnicas, antes que como un colectivo con atributos propios. Sin embargo, esta diversidad no debe ser interpretada en términos de hibridez. Si bien no se reconoce un eje articulador que organice nuestra identidad, es posible identificar la existencia de un sentimiento de arraigo y pertenencia. Para los rosarinos, el legado de las inmigraciones es tan potente que muchos rasgos de la identidad nacional se explican por su persistente influencia. Para la mayoría, las inmigraciones constituyeron verdaderos vectores y organizadores de nuestra identidad. De esta manera, entre los atributos que se señalan con mayor frecuencia se destacan: la capacidad de reconstrucción («ser argentino es volver a empezar una y otra vez»), la flexibilidad y la habilidad para adaptarse a distintas situaciones, el mantenimiento de los lazos de solidaridad, la tolerancia y el respeto por la diversidad y el valor de la familia y los afectos, entre otros. Identificándose con el legado de los inmigrantes, la mayoría considera que los argentinos conservan intacta la nostalgia de sus antepasados. Nostalgia que se profundiza en cada crisis y con cada pérdida y que hace de los argentinos una especie «europeos lejos de su tierra», una suerte de desarraigados que no terminan de sentir este país como propio. Los contenidos que se le atribuyen a la identidad rosarina coinciden con los que le asignan a la identidad nacional. Rosario es representada como la ciudad de las diferencias y de la variedad, caracterizada como la ciudad de las colectividades, un espejo en donde se refleja el crisol con el que los rosarinos representan la identidad argentina. A diferencia de los cordobeses, que manifiestan una identidad fuerte y definida, los rosarinos se muestran de manera menos acabada y cerrada, por lo que resulta difícil reflejarlos a través de una simple enumeración de sus componentes. Sin embargo, prevalece un fuerte “narcisismo local” edificado sobre un intenso sentimiento de orgullo y pertenencia a su ciudad y a su comunidad, que se opone a la debilidad del vínculo que mantienen con la comunidad nacional («Es algo como lo que les pasa a los catalanes. Primero son catalanes, después españoles.»). Sin un fundador reconocido, Rosario es pensada como una ciudad «huérfana», que nace como ciudad «de paso» y que hasta hoy se encuentra en la búsqueda de sus propios mitos fundacionales. En las narraciones de los rosarinos aparece una fuerte remisión a un pasado mucho más cercano. Se trata de un momento de la historia local en el que Rosario es, por así decirlo, reinventada. Así, la Rosario de los inmigrantes habría dado paso a la Rosario de la cultura y la bohemia , de allí que la figura arquetípica que eligen los rosarinos para representar su identidad sea la de un artista. Por un lado, Rosario es señalada como una verdadera incubadora de figuras notables: la primera reacción que manifiestan los entrevistados cuando se los interroga por la identidad rosarina es enumerar una lista de personalidades tan variadas como el Che Guevara y Olmedo, Fontanarrosa o Litto Nebbia y Baglietto. Por otro lado, la creación musical y literaria son otros de los sellos que imprimen su identidad a Rosario. La Trova Rosarina, el tango y la existencia de escritores reconocidos tanto a nivel nacional como internacional aportan un elemento clave para el orgullo y la identidad rosarina. El discurso de los tucumanos acerca de la identidad nacional evidencia un carácter esencialista. Las identidades nacional y regional se encontrarían constituidas por un conjunto de rasgos y atributos permanentes e inmutables que determinan las prácticas y comportamientos colectivos lo largo de la historia y definen nuestra particularidad frente a otros pueblos y naciones. A diferencia de lo que ocurre con rosarinos y porteños, para los tucumanos la identidad constituye un dato primario y primordial, un núcleo simbólico que puede preservarse o perderse, pero que en sus lineamientos fundamentales permanece inalterado en el devenir histórico. La identidad reconoce dos fuentes esenciales: el sustrato territorial y la base étnica. La idea de enraizamiento en un espacio geográfico a lo largo de generaciones crearía, conforme a esta «ideología» esencialista, un sentimiento de pertenencia más intenso y perdurable que la de los advenedizos inmigrantes. En tal sentido, las figuras del indio y del criollo son arquetipos que se encuentran mucho más íntimamente ligados a la idea de argentinidad que los descendientes de europeos o mesorientales. Cabe señalar que los tucumanos datan el origen de la Argentina en los pueblos originarios, invistiéndolos de un pleno sentido de identidad argentina, y concibiéndolos como los verdaderos argentinos originarios. No se trata de una prehistoria o una etapa pre-fundacional, sino como el auténtico origen del pueblo argentino, previo a su constitución como nación independiente. En su balance del devenir histórico, se contrapone la acción de los caudillos federales como portadores de los valores prístinos de la argentinidad frente a la intromisión extranjerizante de los unitarios porteños. Si bien éstos –y sus continuadores portuarios: Sarmiento, Mitre, Avellaneda- representaban inequívocamente el progreso material y económico, éste se realizaría a expensas del sacrificio de la matriz nacional cultural. En el siglo XX, el peronismo se presenta no solamente como un proceso de inclusión y de reivindicación de los sectores sociales hasta entonces relegados, sino como una reprogramación de la cultura argentina que rescataría los valores permanentes de la nacionalidad, reemplazando el proyecto cosmopolizante de los gobiernos liberales. A ello atribuyen su persistente vigencia. No se trataría de una mera alternativa política sino de una modalidad de ser argentino. Entre los tucumanos, el sentimiento de pertenencia al terruño provincial se sobreimprime a la pertenencia regional (el NOA), parejamente intensa y firme. En su discurso coexisten o se superponen las autorreferencias como «tucumanos» o como «norteños». En efecto, Tucumán es pensada como una especie de «capital simbólica» de la región que a lo largo de la historia ha ejercido un potente influjo sobre las provincias del noroeste y ha irradiado a éstas los efectos de su actividad cultural y económica. Existiría para ellos una sólida identidad regional sustentada en un pasado histórico compartido (precolombino y colonial) y en un mismo tipo humano emergente del mestizaje indo-hispano que unificaría al NOA como espacio geohistórico y sociocultural (la Argentina criolla por antonomasia), más allá de las contingentes fronteras políticas y administrativas. Esta excepcionalidad le asigna a Tucumán un sitial protagónico en el marco de la región, parcialmente opacada recientemente por el crecimiento de Salta, especialmente en su desenvolvimiento como centro de atracción e interés turístico, y el relativo estancamiento tucumano. Sin embargo, la mayoría considera que esta alteración de la situación dista de significar un peligro para la supremacía de Tucumán. Los tucumanos de toda condición social se atribuyen como pueblo un alto grado de capacidad creativa, particularmente en el campo de las artes plásticas y la música, así como en el ámbito del pensamiento humanista y científico. Esta excelencia constituye uno de los motivos más sobresalientes de orgullo de la totalidad de los tucumanos, incluidos quienes no participan habitualmente de sus actividades. Para todos, especialmente para la intelectualidad y el mundo artístico, la Universidad Nacional de Tucumán ha sido el vector que ha posibilitado este notable desarrollo creativo desde la década del cincuenta. En cuanto a la rivalidad que en mayor o menor medida algunas provincias manifiestan hacia Buenos Aires, Tucumán presenta una posición particular, claramente distinguible de la que ponen de manifiesto rosarinos y cordobeses. Mientras que éstos últimos despliegan frente a la Capital una actitud desafiante y frecuentemente competitiva, los tucumanos muestran frente a porteños y bonaerenses un patrón actitudinal más complejo y ambivalente Buenos Aires es conceptuada típicamente como la megalópolis en la que predominan la anonimia y la disolución de los lazos sociales, y en la que impera un ritmo de vida vertiginoso y estresante, en contraste con la escala más humana, las menores exigencias, la preservación de los vínculos familiares y sociales y la vida más pausada que atribuyen a las sociedades provinciales. Entre los porteños de mayor edad, las inmigraciones europeas son asociadas automáticamente con una “época dorada” de la Argentina, y los años ochenta del siglo XIX vehiculizan imágenes de esplendor cultural, prosperidad económica y expectativas de futuro. En contraposición, la lectura del presente contrasta con el imaginario de un pasado mítico, marcado por la imagen de una Argentina segura y próspera. Se conforma, de esta manera, una visión decadentista, en la que la Argentina transita un camino de deterioro y pérdidas. Desde esta perspectiva, la Argentina habría vivido momentos de verdadero esplendor hasta mediados del siglo XX, mientras que a partir de la década del setenta se inicia un movimiento descendente en el que se pierden un conjunto de valores que organizaban positivamente la vida social y política del país. La mirada de los más jóvenes discrepa con la de los mayores, ya que no existe entre ellos la idea de un pasado mítico al que oponer el presente. La historia argentina se expresa como un camino sinuoso, marcado por momentos de convulsión y de relativa armonía. Existe una tercera mirada en la que la historia de la Argentina se representa como una cadena con eslabones que se rompen. Se trata de la misma visión que expresaban algunos rosarinos y que ilustra la falta de continuidad en las políticas de estado, los permanentes cambios, la ausencia de consensos y la inestabilidad de los objetivos. En este punto coinciden la mayor parte de los públicos interrogados: la historia de un país sin metas colectivas. Las argumentaciones y explicaciones que se esbozan para explicar la actual situación responden a una lógica fuertemente instalada, que se explica por la existencia de ciertos rasgos idiosincráticos negativos. Se trata de una visión esencialista que señala ciertos rasgos de la identidad nacional como los responsables de nuestros fracasos. Desde esta lógica, los argentinos estarían atados a una suerte de fatalidad de la que resulta prácticamente imposible escapar. Independientemente del tipo de lectura que se haga del pasado, los porteños expresan un fuerte sentimiento de orgullo, arraigo y pertenencia. Para ellos, la nacionalidad se configura como una instancia fuerte en la construcción de su propia identidad. Este punto marca una fuerte diferencia con respecto a los entrevistados pertenecientes a otras ciudades del interior, entre quienes la identidad nacional asume un peso relativamente débil si se la compara con la existencia de una fuerte identidad local. Por otra parte, persiste un imaginario más o menos entronizado según la edad, en el que la Argentina mantiene ciertos rasgos europeos que nos singularizan y que, al mismo tiempo, marcan fuertes diferencias con el resto de los países de la región. La ciudad de Buenos Aires es representada como un espacio abierto y cosmopolita, una zona de cruces migratorios y diferencias culturales y étnicas. Por esta razón, lo porteño se manifiesta como un espacio de mezclas, fusiones e hibridaciones antes que como un territorio homogéneo con rasgos identificatorios fuertes y claros. A pesar de ello existen ciertos elementos que hacen que «lo porteño» no carezca de especificidad. En este punto, las diferencias generacionales se hacen más claras: a medida que se asciende en la edad de los entrevistados las representaciones acerca de la identidad porteña asumen formas comparativamente más definidas. La pertenencia generacional determina un conjunto de percepciones y representaciones acerca de lo porteño y de la ciudad. Para los mayores de 35 años, lo porteño se configura como una verdadera cultura. Para ellos, ser porteño supone compartir historias, lenguaje, consumos y ritmos de vida. Esta visión del pasado implica, al mismo tiempo, un sentimiento nostálgico, marcado por una sensación de pérdida y, en algunos casos, de decadencia, que se señala como un proceso de latinoamericanización de su gente y su paisaje. Lo porteño no sólo se construye a partir de un pasado compartido. Se destaca como rasgos permanentes una literatura porteña encarnada en figuras como Jorge Luis Borges y Roberto Arlt, un género musical porteño como el tango, y hasta de una arquitectura porteña. Entre los más jóvenes, lo porteño no hace referencia a un espacio cultural compartido sino más bien a un estilo de vida marcado por la urgencia cotidiana, el anonimato, la tecnologización de la vida cotidiana y la debilidad de los vínculos interpersonales. Buenos Aires es representada unánimemente como el centro político, económico y cultural del país. Del mismo modo que los cordobeses ubican a su provincia como el centro de gravedad regional, los porteños ubican a Buenos Aires como el centro de gravedad del país. Esta centralidad se construye, según la percepción del conjunto, no sólo a través del protagonismo político, cultural y económico, sino también a través de su liderazgo y superioridad de recursos educativos, culturales y de salud, que la convierten en un sitio obligado para sus vecinos del conurbano, del interior y de países vecinos. Para los porteños, la crisis del 2001 convirtió a Buenos Aires en una suerte de refugio para los sectores de menores recursos y marginales que, desde la percepción mayoritaria, degradan el paisaje urbano. Esta nueva fisonomía social de la ciudad se opone a su anterior conformación en la que predominaban familias de clase media, descendientes de inmigrantes europeos, portadores de valores, características y modos de vida compartidos. El quiebre de esta morfología social encontraría hoy su máxima expresión en la expansión de zonas marginales y el crecimiento de actividades como el cartoneo y la venta ambulante. Esta situación es resaltada entre los sectores más altos de las capas medias, como la intrusión de elementos extraños, y es vivida de una manera perturbadora que llega, en algunas ocasiones, a adoptar contenidos xenófobos y discriminatorios. Existe, además, una fuerte conciencia acerca de la imagen que proyecta el porteño en el interior del país. Se trata de una imagen asociada con la soberbia, la pedantería y la viveza con la que los entrevistados no se sienten identificados. Muchos refutan esta imagen y la asocian con una construcción imaginaria fuertemente instalada en el interior del país que se autodefine como el reservorio de los valores nacionales y familiares más tradicionales. Si existe un rasgo idiosincrático a través del cual los porteños se autodefinen e identifican no es la falsedad ni la soberbia, sino la pretensión de «saber de todo». La figura del porteño se asocia así, no tanto con la figura del inescrupuloso sino más bien con la del «chanta» y «el sabelotodo» y tiene su máxima expresión en la figura del taxista que, para muchos, encarna una de las figuras arquetípicas de los porteños. Otro rasgo que mencionan los entrevistados y que hace a la identidad de la ciudad Buenos Aires es su tamaño y densidad de población. Esta cualidad, sin embargo, no se expresa como un obstáculo para los porteños que, a pesar de su escala, manifiestan mantener un vínculo familiar y amigable con su ciudad. Existe, entre algunos entrevistados, la idea de que Buenos Aires se manifiesta como una ciudad extraña para aquellos que la transitan pero no la viven, pero resulta un ciudad compañera y cercana para sus propios vecinos. De esta manera, Buenos Aires es representada como «un laberinto conocido», con múltiples recorridos y posibilidades. Una ciudad en la que puede ingresarse desde diferentes lugares y que permite ser explorada según el interés de cada viajero o de cada vecino. Fuente

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