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Caaro110980

Usuario (Argentina)

Primer post: 8 jul 2012Último post: 16 ene 2015
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Che, me gustás.
ArteporAnónimo5/22/2013

Se me parte la cabeza de pensarte, y sigo sin saber para qué lado salir. Pienso en tu reacción, en qué me dirías, en que dolería, pero a la vez sería alivio. Después de tanto tiempo de girar sobre la misma verdad, necesito terminar con este juego bizarro. Y muchas veces pienso que verte significaría la solución a todos mis problemas, y, a la vez, sé que podría no ser nada, ser un simple momento, otro momento a la lista, de vueltas y vueltas. En ese caso, te irías y yo seguiría con la misma paranoia, con las mismas interpretaciones patéticas a cada palabra que decís, con el mismo juego de mímica. Traduciendo un lenguaje que no conozco. El tuyo. Pero, ¿y si funcionara?. ¿Y si, al verme, se activara en tu cerebro la función de sinceridad? Tal vez vos también te estés aburriendo y empieces a buscar claridad. Tal vez quieras que se me escape una señal inconfundible de que nuestros sentimientos coinciden. O tal vez, nada que ver. Tal vez sea toda una película en mi imaginación. Yo escribí el guión, yo soy la productora, la directora de escenografía, la diseñadora de vestuario, la directora, e incluso la protagonista. De una película que solamente yo vería. Y, en ese caso, caería en bancarrota. Tanto trabajo para una sola fan, que viene a ser exactamente la misma persona que hizo la película. Un auto-regalo. Un desastre. Vengo hace rato procesando un "che, me gustás" en mi cerebro. Así de simple, como quien no quiere la cosa. Espontaneamente, pero a su vez planeado. Una frase simple. Algo que no me complique la vida. Y, sin embargo, me la complica demasiado. Porque ese "che, me gustás", significaría el fin de una etapa bastante extensa de caminar en la cuerda floja, entre un final y un principio, sin saber si, al caer, me salva algo o la nada misma. Será que me acostumbré a esta caminata infinita, a hacer equilibrio con frases rebuscadas. Cuánta corrupción. No estoy hablando de política, estoy hablando de mi. Estoy engañando a mis sentimientos, a mi misma, con un "si, un día le digo". Un día que nunca llega. Un día que tapo con una frase inconclusa y un final abierto. Eso es corrupción. Me espero a mi misma, y nunca llego. Siempre 5 para el peso. Y a veces, también, creo notar que te aburrís. Que necesitás claridad, y te veo en la misma situación que yo, como si fuera un espejo. Los dos ahí parados como dos idiotas, viendo quién se cae primero. Los dos percibimos que hay agua, pero es una simple interpretación. Tal vez, no haya nada. Golpe seco. Y ahí no sería tan lindo, y desearíamos seguir a lo pavote, boludeando. ¿Qué voy a hacer con vos y qué voy a hacer conmigo? Ya tengo varios 18 de abril adentro mio. Mis propias neuronas se están quejando, no puedo ignorarlas. Todo hace mucho ruido.Yo sí reconozco que me estoy chantajeando y que no puedo engañarme más. Dame una señal, aunque sea una señal de humo. Un pajarito, una nube, no sé, un ruidito, algo. Dejémonos de joder, por favor. Vivamos. Lady Caroline.

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Simplemente, voy a estar.
ArteporAnónimo7/8/2012

Cuando necesites un abrazo, voy a estar. Cuando necesites un sueño, voy a estar. Basicamente, porque con el simple hecho de mirar en tus ojos veo una guerra que terminó, veo ruinas, veo las pérdidas, y te veo a vos ahí refugiado, escondido, asustado. Es sólo una cuestión de interpretación, es sólo una cuestión de prestar atención y ver más allá de un par de pupilas, ver esa mirada cansada. Joven, pero cansada. Bien dijo Ernesto Sábato, "hasta qué punto una mirada es algo físico?". Hasta qué punto tu mirada es algo físico? Si transmite más que simplemente el sentido de la vista, si transmite sentimientos, transmite una historia, un cuento que podría escribir con una descripción indescriptible. Porque es sabido que la vida no es algo fácil de vivir, que no es simplemente estudiar, trabajar y formar una familia, que tiene obstáculos, que hay que superarlos para poder seguir, que lo que no mata fortalece. Pero qué se hace cuando te duele? Cuando se acaban las fuerzas, cuando no sabés dónde está la salida. Porque es fácil decirlo, "lo que no te mata, te fortalece", pero para que aparezcan las defensas tiene que haber una agresión, porque sin que nadie toque ese punto débil, tal vez nisiquiera te des cuenta de que existe. Y una vez que te enterás de que existe, es porque te dolió. Es dificil, porque hay obstáculos que no se pueden esquivar con una gambeteada, hay obstáculos que no se pueden simplemente saltar, esquivar y ya. Hay montañas en el camino, hay avalanchas, hay tsunamis. A nadie le preguntaron qué problemas quisiera tener, porque si nos preguntaran no quisiéramos tener problemas. A veces el destino es algo más inteligente que cualquier humano, porque los humanos nos equivocamos. Y el destino no es humano ni lo creó ningún hombre. Y leyendo lo que sentís, viendo en tus ojos, me acuerdo de todo lo que ví una vez, lo que te dije que vi, la historia que te conté. Y en tu abrazo sentí a ese nene escondido, asustado, acurrucado en un rincón. Y lo recuerdo como si lo hubiera visto ayer. Las bombas siguen resonando en tu cabeza, retumbando, y no te das cuenta. Y creés que la guerra sigue, y seguís peleando con los fantasmas que quedaron ahí. No pelees contra molinos de viento, no pelees con tu memoria, con tus recuerdos, con lo que te tocó vivir. Porque el destino es algo inteligente, más inteligente que cualquier humano. No te puedo decir porqué, no te lo puedo explicar, no puedo saber qué sentiría en tu lugar, pero si te puedo dar lo que tengo, si te puedo regalar inspiración, si te puedo regalar, desde otro punto, el cariño que necesitás, si te puedo prestar una familia y lo que me pidas. Si puedo soñar con vos y regalarte planes, bocetar un futuro perfecto con defectos, pero perfecto. Porque las contradicciones también son posibles, todo cambia según el punto de vista. Y sabiendo cómo soy y cómo funciona mi cabeza, sabrás bien que todavía creo en lo imposible, que no dejo que ese concepto me limita, que para mi los defectos son parte de la perfección, que para mi la magia es parte de la vida. Sí te puedo ayudar a ahuyentar a esos fantasmas que siguen revoloteando, sí puedo inventarte canciones y hacerte dibujos para que sonrías y, aunque sea por un ratito, sientas esa magia que nadie ve, que nadie siente. Cerrá los ojos, perdonate por tus errores, dejá que ese ave vuele. Porque a veces la gente no se desprende de sus problemas y hasta los cuida como a mascotas. Y los problemas son las heridas que nos recuerdan que nos equivocamos o que se equivocaron con nosotros, y es cuestión de que cicatricen. Es cuestión de dejarlos ir. Y yo te voy a ayudar, desde el lugar chiquito que ocupo en tu vida. Porque no te puedo dar lo que te faltó, pero sí te puedo curar, te puedo acompañar y no voy a dejarte solo entre las ruinas. Hay que salir del refugio, afrontar la realidad y reconstruir. El pasado es un lugar que recordar, pero no para vivir. El pasado es frío, incómodo, doloroso. En cambio, el presente es un poquito mejor, y la vida se trata de vivirlo e intentar construir un futuro mejor, cálido, cómodo, donde uno pueda descansar tranquilo y disfrutar. Ya sabés que nisiquiera necesitás pedírmelo, solamente mirarme a los ojos, y yo voy a saber lo que sea que necesites. Yo voy a estar para vos, ahora y siempre. Simplemente, voy a estar. Lady Caarolaain.

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Y yo espero.
ArteporAnónimo5/2/2013

Pasó mucho tiempo, no? Y yo tengo muchas ideas, y poco tiempo para pasarlas a escrito. Me pasa que me veo todavía escribiéndote, imaginando situaciones, soñando despierta con esa cara de ingenuidad extrema. Me pasa que, cada dos por tres, me doy cuenta de que ni siquiera lo sabés. El hecho de tenerte para charlar, para mandarte mensajes, para que cuentes conmigo, me hace bien. De eso no hay ninguna duda. Pero sé que sabés que es mucho más que eso. Me pasó de todo. Me creció el pelo, me lo corté y está volviendo a crecer. Comí dulce, comí salado. Dejé de comer dulce. Estuve gorda, fui un esqueleto y entendí que uno es perfecto como es. Estoy flaca, pero tuve que pagar un precio. Y, ni hablar, hubiese preferido seguir como estaba. Maduré, crecí, conocí gente, perdí contacto con otras personas. Escuché música de todo tipo. Fui histérica, fui una nena, fui una adolescente. Algunos me tratan de adulto ahora, pero creo que todavía me queda grande. Te hablé, te ignoré, te tiré indirectas, algunas imperceptibles, otras bastante directas. Te amé y te odié, te quise, te olvidé y te recordé más de mil veces. Dije que me rendía y volví a luchar. Y me volví a rendir, y volví a luchar. Pasaron cumpleaños, días de san valentín, navidades, pascuas, reyes, mil fechas que no significan nada, solamente representan otra tarde esperando que vengas a tomar mates. Sabés más de mi que cualquiera, y yo sé bastante de vos. Sabés a dónde va todo esto, hace años. Sabés lo que pasa, como todos lo saben. Entiendo que tengas miedo, yo también lo tenía. Hay mil cosas en el medio, no solamente vos y yo. Hay obstáculos, hay problemas. Sabés tan bien como yo que si algo se complica, se complica todo. Pero yo hace rato que no tengo miedo, los fantasmas salieron de mi cabeza, y no veo más nada. Te veo a vos, dando vueltas, indeciso, mirando el celular. Llamando mi atención cuando desaparezco e ignorándome cuando te escribo. Es un juego bastante vueltero, histérico por naturaleza, que se suele formar entre la gente. Pero me aburrí. Y, por eso mismo, es que digo que fue. Fuiste. Como ya lo dije muchas veces. Y mañana me vas a hablar, y te voy a responder, y voy a volver a dar vueltas como vos. Pero ya no voy a esperar nada. Porque, formalmente, me rindo. Tal vez, algún día el destino se encapriche con encontrarnos de nuevo, después de tanto tiempo. Sería perfecto volverte a ver. Ojalá algo toque tu voluntad y te haga verme, y darte cuenta de que siempre voy a estar. Ojalá algún día me pienses más que de costumbre, y te decidas. Una parte de mi no va a dejar de esperar, lo sé por experiencia. Porque pasaron cuántos días, cuántos meses, cuántos años?. Y yo espero. LadyCaroline.

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Tiempo.
ArteporAnónimo8/16/2013

Escribir algo sobre el tiempo. Como si fuera algo concreto, algo finito, algo limitado. El tiempo. Cómo saber el principio, cómo saber el final. Si nuestro principio es apenas otro principio entre tantos que hubo en la historia. Nacimos siendo una ínfima parte de historia. Un minúsculo átomo del universo, y un minúsculo momento en lo que es el tiempo. Es mucho, o es poco. Es relativo. Depende cómo se lo vea, desde dónde. Un minuto puede ser más largo o más corto, eso también depende. Si, mide 60 segundos. Como todos los minutos. Pero no son los mismos 60 segundos si espero algo, si espero verte, si espero tu mensaje.. que si no espero nada. No son los mismos 60 minutos a las 3 de la mañana, con tanto sueño por delante, que a las 7, una hora antes de que suene el despertador. No son los mismos 30 días en febrero que en noviembre. No es lo mismo cuando el tiempo está lleno, que cuando el tiempo está vacío. Sin embargo, siempre esperamos. Esperamos que algo empiece, o que algo termine. Esperamos que algo pase, una señal, o que no pase nada. Esperamos ruido o esperamos silencio. Esperamos que alguien llegue o que, por fin, se vaya. Esperamos una nota de un examen, que una persona nos visite, que llueva, las vacaciones, o que termine el frío. Esperamos que alguien pierda o que alguien gane. Todo eso, mientras pasa algo. Y cuando no pasa nada, también. Esperamos. Esperamos que finalmente pase algo. Que algo empiece y nos prenda fuego el alma. Esa sensación de bienestar, o un buen presentimiento. Es el entretiempo entre dos situaciones, una que terminó y una que seguramente empieza. Es tiempo en blanco. Tiempo vacío. Tiempo que no pasa. 60 minutos que son 60 días. Hasta que algo nos despierta de nuevo. En cambio, cuando el tiempo está lleno, 60 días son 60 segundos. Un año es un momento. Una vida es una porción de nada, si se la disfruta. Y lo que ya pasó puede ser poco o puede ser mucho. 20 años pasaron volando, y por momentos me suenan a muchos. Lo que pasó desde que encontré lo que buscaba. Eso también puede ser mucho o poco, según lo que nos siga. A vos y a mi. El tiempo pasa rápido y lento, y es tranquilizador y desesperante. Lo que ya pasó es mucho cuando me quejo, pero es poco cuando me acompañan buenos augurios y un buen presentimiento. Que se hace crónico, cada vez más acompañador. Y, aunque intento que pase cada vez más rápido para no esperar tanto tiempo, no puedo evitar vacíos que me hacen pensar de más. Esperar menos, aunque espere lo mismo. No es lo mismo esperar en movimiento, que esperar sentada en un banco viendo la vida pasar. Yo espero, mientras adelanto horas en la facultad, o soñando, o creando arte desde la más remota inspiración. Matando al tiempo de la forma más linda. Viviendo. LadyCaroline.

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Arte de vos.
ArteporAnónimo8/23/2013

Y todo empieza con un punto. Un punto indefinido. Simplemente, un punto. Apoyar el lápiz en un papel. Un punto, algo tan básico como eso. Un punto indeterminado en algún lugar de tus ojos. Un punto marrón. En algún lugar de tus ojos, un punto que me mira. Que me mira y no me ve. Un punto cualquiera en tu boca, que me habla y canta conmigo. Un punto abstracto en tu voz. Que me habla por hablar. Un punto invisible que yo veo. Que yo imagino. Un punto en tu mail, un punto en tu nickname, un punto donde todo empezó. Un punto que no estaba planeado. Un punto inspirador. Un punto que puse en movimiento, dibujando, a su lado, otro punto. Dándole, a cada frase, una conversación; a cada mensaje, una respuesta. A cada mirada, una sonrisa; a cada silencio, una canción; a cada cielo, un sol. Y así con todo. Y al lado de cada punto, otro punto. Hasta ir formando líneas. Y cambiar el color del acrílico, e ir formando cosas. Ir viendo, en lo abstracto, figuras indeterminadas. Armar escenas donde no había nada, en un lienzo infinito, que surgió de la nada. Un lienzo que nunca te mostré. Un lienzo escondido en lo más hondo de mi. En lo más profundo y recóndito de mi ser, ahí atrás de todo, escondidísimo de tu vista. Algo que jamás imaginaste. Ni tantito, ni cerca. Un lienzo que, de alguna forma, sabías que existía. Pero no lo sabías. Que te quise hacer adivinar de una forma muy estúpida y confusa. Un lienzo que mantuve guardado y protegí, que guardé muchos años con la idea de olvidarlo y poder tirarlo algún día. Un lienzo que me obsesiona, que no puedo dejar de mirar. Y las formas se fueron concretando, y entonces me di cuenta. Si te lo mostraba, tal vez, se rompería el hielo. Exponiendo todo lo que vi en ese primer punto, un punto cualquiera, que me atrajo a tu vida, y todo lo que siguió a eso, toda la inspiración que significó, la infinidad de la obra, de algo que nunca voy a poder desechar; exponiendo todo lo que es para mi. Mostrándote que hay cosas que son un riesgo y no son nada. Que soy valiente. Que hay mucho más en vos, de lo que vos mismo creés. Que es mucho lo que inspirás. Que a un punto siempre le sigue otro, que a una carta le sigue otra, que a una obra de arte le sigue otra. Es algo continuo, algo que fluye. La inspiración. La inspiración basada en cosas que pasaron hace tanto ya. Y hace tan poco. En la intensidad. Miralo, o no lo mires. Gira la vista, da una vuelta a la manzana. Hacé como si no hubieras visto nada. Los dos sabemos todo. Es un lienzo muy grande ya para un garage, para un sótano. Es algo que se sigue extendiendo. Y lo sabemos bien. Es algo que vas a tener en tus manos, algún día. Arte que te va a curar dolores, que te va a acompañar cuando yo no pueda, si es que algún día no puedo. Arte que lo cambia todo, que cambia estados. Arte atemporal. Arte que no se vence, que no pierde validez. Arte que derrite hielo y transforma emociones. Arte que veo en vos. Que tengo la suerte de encontrar la forma de redactarlo. Arte que ahora vos también ves. En mi, o en mis sentimientos. Arte que vos mismo hacés, y me transmitís. Sin darte cuenta de nada. O si. Jamás lo sabré. Arte de vos, y para vos. Arte de nosotros. De cada situación, buena o mala. De cada sentimiento, así, intensos como son. Fuertes como tequila, sin limón y sin sal. Fuertes, como cada mensaje entre líneas. De esos que vos y yo interpretamos, nada más. Arte de vos. Eso es lo que veo. Eso es lo que siento. Lady Caroline.

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Cierro los ojos.
ArteporAnónimo2/4/2014

Cierro los ojos, y te tengo cerca. Te tengo al lado, haciéndome reir, con tu mano en mi cintura y mi cabeza en tu pecho. Cierro los ojos y escucho tu voz, tu risa, tu canción. Y veo tu cara, esperando mi respuesta, o simplemente mirando por mirar. Cierro los ojos. Me abraza la tranquilidad, el cielo y sus colores, el pasto bajo nuestros piés, y me devolvés el mate, y me contás cómo te trata la vida. Cierro los ojos y, también, me ataca el miedo. Porque es un mero deseo el tenerte cerca, porque estás físicamente tan lejos, pero a la vez conmigo. Cierro los ojos, y me imagino si te fueras. Si me despidieras, en busca de algo mejor, porque lo único que sé es generarte problemas. Cierro los ojos, y te veo alejándote, y siento cómo todo, de alguna forma, se apaga. Porque qué quedaría dentro mio si se fuera la esperanza de, sea en el momento que sea, volver a verte?. Cierro los ojos, y no veo nada. Aunque la vida se encargaría de redecorar la realidad, no sé en qué se convertiría sin tu calma, y tu forma de salvarme de mí misma. Cierro los ojos, y siento tu abrazo. Y de nuevo, se enciende la fe, los besos, las sonrisas, las sorpresas y el mundo, todo al alcance de nuestras manos. Cierro los ojos, y venís a dormir conmigo, a tomar un café y darme besos en la espalda. Cierro los ojos, y entiendo, es tan cierto que no quiero perderte. Porque hace tanto tiempo, insospechadamente, me acompañás, que un silencio que no sea el tuyo podría causarme tanto mal. Cierro los ojos, y veo, cuántas emociones se despiertan, de repente, ante un sentimiento auténtico y firme. Qué complicado es controlar algo tan indescriptible como el amor. Cierro los ojos, y lo siento. Y te siento. Cierro los ojos, y te quiero. LadyCaroline.

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Siempre.
ArteporAnónimo8/1/2013

Escuchar el silencio y pensar. Mirar a la gente, y verte. Verte aunque no estés ahí. Ver en la multitud a la persona que falta. Escuchar en el silencio y el ruido, la música de la rutina. Y en el medio de la música, tu voz. Siempre. Abrir los ojos en medio de la noche buscando una manifestación de presencia. En el vacío, en la oscuridad, que me llene un presentimiento. Y que la habitación se llene de brillo, brillo invisible que no me deja dormir. Que me hace sonreír sin razón. Que me hace buscarte donde sé que no vas a estar. Y donde sé que no vas a estar, tu compañía. Siempre. Soñar con una realidad lejana. Una realidad paralela, lejana, cada vez más cercana. Practicamente imposible. Pero tan imposible como real. Tan cercana como lejana. Tan remota como certera. Una realidad en la que no me hacés tanta falta. Pero no porque no me hagas falta. Sino, porque estás cerca. Tan cerca como siempre. Aunque te siento lejos y te tengo cerca. O te siento cerca y te tengo lejos. Mi realidad parece un sueño, y mis sueños parecen realidad. Porque mis sueños tienen tanta fuerza, porque los quiero como nunca quise. Porque todo es tan intenso... Y en la intensidad, tu mirada. Siempre. Las notas del teclado y mi voz actuando como si sonaran bien. Intentando transmitirte todo lo que te hace falta. Quiero que estés bien. Buscando música más allá de la música que todo el mundo escucha. Música escondida, música que no existe. Música con pentagramas que ni siquiera fueron escritos, ni siquiera remotamente imaginados. Música que sólo vos puedas escuchar e interpretar, en un lenguaje secreto que inconscientemente conocés. Aunque estoy casi totalmente convencida de que si te preguntara, me dirías que no. Que no hay ningún lenguaje, ninguna canción, ninguna melodía. Nada que te transmita nada. Ningún mensaje secreto. Nada de nada, absolutamente nada. Por mi, podemos hacernos los boludos el tiempo que quieras. Ir y venir. Merodear. Jugar, histeriquear, mirarte sin mirar. Supe mirarte de reojo, sin que lo notes. Y, si lo notabas, supe confundirte. Supe quedarme callada, viéndote. Y analizarte una vida entera. Tanto como para poder explicarte todo, tanto después. No olvidar un segundo de tus pupilas sobre mi. Y en el juego tonto que estamos jugando, tu sonrisa. Siempre. Conocerme. Que me conozcas de nuevo. Y conocerte de nuevo, mientras espero un saludo insignificante. Viajar por el mundo, recordando momentos, y sin dejar atrás ni por un segundo tus palabras. Escuchar otra música, ver a otra gente, conocer otra cultura, probar otros sabores. Y no dejarte atrás. Y no poder dejarte atrás. Es algo que ya sé que pasa, que ya no intento. Es una pérdida de tiempo. No puedo, y no podés. Y no querés, y no puedo. Y no podés y no quiero. Ser diferentes y ser iguales. Como el día y la noche, como un atardecer. Como el tiempo, que pasa, pero no pasa. Como todo. Fisicamente imposible. Y en lo imposible, vos. Siempre. Lady Caroline.

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Del otro lado del río. (cuento)
ArteporAnónimo1/29/2014

A vos, mi "che, me gustás" de siempre. Había una vez, un chico normal. Vivía cerca de un río normal, en un pueblo normal. Le gustaba la música, como a cualquier persona normal. Estudiaba una carrera normal (difícil, pero normal). Estudiaba cuanto podía, a veces era suficiente, a veces no. Lo normal. Salía a correr para mantener una salud normal. Los fines de semana salía con sus amigos, como cualquier persona normal. La pasaba bien, disfrutaba el hoy, se negaba a planear. Confiaba en el destino y en lo inexorable. A veces, buscaba el amor. A veces, prefería evitarlo. El amor le suponía un riesgo. Ya le había salido caro una vez. Pero, en el fondo, esperaba que llegara una chica normal que supiera quererlo. Su vida normal transcurría tranquilamente, ligada a un día a día normal y, de alguna forma, estable. Del otro lado del río, vivía una chica rara. Su vida se había convertido hacía tiempo en una serie de eventos impredecibles. Para ella, todo era raro, desde el color del cielo al amanecer hasta la forma en que el tiempo decidía transcurrir. Escuchaba música rara y hablaba un acento raro. Hasta su cultura era una fusión rara de todas las que había conocido. Tomaba cada situación que se presentaba como un reto y luchaba por sus más profundos deseos. Creía en la magia y los sueños hechos realidad. En sentimientos infinitos. Y no creía en imposibles. Cada mañana le resultaba una nueva aventura. No le temía al amor, ni a los obstáculos. Sentía una inmensa curiosidad por los sentimientos. En ella, eran intensos y puros. Raros. Dinámicos. Una mañana, la chica rara decidió salir a andar en bicicleta, con sus auriculares raros y su intrigada forma de ver el nuevo día. Había muy pocas casas como la suya, eran casas raras, un barrio raro. Recorrió lo que ya conocía casi de memoria. Odiaba volver una y otra vez a pasar por los mismos lugares. Se perdió en sus pensamientos e imaginaciones raros, hasta que llegó al río. Entonces, se sentó en la arena, con la bici a su lado. Y se detuvo a observar. Lo raro del caudal de ese río, era que era sumamente agitado hasta la mitad, y, luego, sumamente sereno. No lo había notado hasta entonces, pero estaba tan acostumbrada al movimiento que, de pronto, esa otra parte del río le transmitió algo que no conocía: tranquilidad, silencio, calma. Su vida había sido siempre tan agitada que la estabilidad le resultaba extraña, como si de pronto su mundo se acostara a dormir la siesta. Se sintió relajada, pero a la vez intrigada por lo curioso del río. Tendría alguna causa natural? Sería magia? Algo que la vida le quisiera enseñar? Se arremolinaron mil preguntas en su mente. La curiosidad le generaba entusiasmo. Lo desconocido no la asustaba, más bien le generaba interés. La agilidad del río y su tumultuoso caudal, al cual estaba acostumbradísima, de pronto se había convertido en algo usual, en comparación con esa otra mitad tan diferente. Notó que la corriente de ese otro lado también se movía en sentido inverso. Era más raro de lo que había visto jamás. Entonces, se fijó en la otra orilla. Observó al gran ciudad del otro lado, con mucha gente y autos, que transitaban lentamente por su rutina, sin sobresaltos ni movimientos exagerados. Siguió con la vista la orilla del río, y vió a un chico sentado. Estaba mirando el río, como ella, pero solamente por mirarlo. Parecía entristecido, aunque no estaba segura. En su interior, sintió un impulso intenso por comunicarse con él. Sería tranquila su vida, como el correr del río a su lado? Algo dentro de ella le exigía hacer algo. Un no sé qué le había generado curiosidad y una extraña sensación de que no podía dejarlo ir. El chico normal observó el río, con su caudal normalmente tranquilo. Estaba triste, y no sabía si había un motivo en especial, aparte de un corazón cicatrizando que, cada tanto, se quejaba. Entonces, le pasó algo inesperado y sorpresivo; salió de su ensimismamiento cuando un avión de papel le golpeó la frente con suavidad. No tenía idea de dónde había salido. El papel era violeta claro, doblado a la perfección en forma de avión. Sobresaltado, buscó a su alrededor y no encontró a nadie, más que a su propia sombra. Abrió el papel con sumo cuidado, y notó que despedía un aroma fresco. Intrigado, volvió a buscar alguna presencia. Sólo estaba él. Finalmente, leyó el papel, en pleno desconcierto. "Sonreí mucho, por favor. - ∞" Si, le robó una sonrisa. Pero quién? Quién interrumpió su día a día normal sin siquiera dar la cara? Volteó, giró y no vio a nadie. Hasta que su vista se detuvo del otro lado del río. Una chica desconocida le sonreía y agitaba las manos en forma de saludo, eufóricamente. La imagen lo divirtió, y comenzó a reir, pero no con burla, sino con ternura. Agitó la mano timidamente. Ella giró, tomó una bicicleta y desapareció. Estaba un poco aturdido, había sido totalmente raro. Pausadamente, las preguntas se le formulaban una a una. Quién era esa chica? Por qué le preocupaba su estado de ánimo? Qué había del otro lado del río, donde la corriente iba al contrario de lo normal? Cómo había conseguido que ese avioncito violeta llegara hasta él, a pesar del viento y los remolinos del río? Por qué firmaba con un símbolo como infinito? Releyó el papel, dejó que le robara otra sonrisa y lo guardó con sumo cuidado. Para la chica rara, esa noche, como cualquier otra, era diferente a todas. No podía dejar de reir ante su descarada actitud de interferir de tal forma en una realidad ajena. De cualquier manera, ese avión se podía haber perdido, pero la magia ayudó y acompañó sus buenas intenciones. Ese chico le generaba un interés desmedido, era tan diferente a lo que la rodeaba. Observándolo sonreír, sentía que una calma intensa le abrazaba el alma. Esa magia era potente y desconocida. Era como escuchar el silencio entre tanto ruido que acompañaba a sus pensamientos, hasta ahora, constantemente. Un tiempo indefinido más tarde, consiguió, entre risas, conciliar el sueño. Soñó con la luna llena y un puente que atravesaba el río. Soñó con una estrella fugaz y tres oportunidades. Y el paso relativo del tiempo, su magia. Amaneció creyendo haber entendido el mensaje del cielo y su extraña forma de manifestarse. Con urgencia y una alegre ansiedad, tomó otro papel violeta, escribió y lo dobló de la misma forma que el anterior. Asomó la vista por la ventana y susurró esperanzada: - Guialo, por favor. - Cerró los ojos con fuerza, sintió un cosquilleo, sonrió y dejó volar su pequeño avión. A su vez, el chico normal sentía intriga por alguien tan curioso. No era una persona de las que se ven todos los días, no era una persona normal. En una tarde, le había agitado la rutina de una forma muy misteriosa. Le generó movimiento, percibió dinamismo. Y, a la vez que quería saber de ella, sentía cierta desconfianza. No había tratado nunca con nadie con esa forma de aparecer, de expresarse. De vivir. Durmió normalmente, como en cualquier noche normal, y, a pesar de no haber soñado nada concreto, supo que soñó con la turbulencia de la otra parte del río, mezclado con el aroma de la chica infinito. Después de haber desayunado, se puso a tocar la guitarra. Una suerte de inspiración lo despertó un poco inquieto esa mañana. Mientras se perdía en los acordes y la armonía, un nuevo avioncito de papel aterrizó en la boca del instrumento. Cómo se maneja esta chica?. Era del mismo color que el anterior y despedía el mismo aroma. Sin molestarse en buscarla esta vez, abrió el papel y leyó: "Si en una noche de luna llena ves el cielo atravesado por una estrella fugaz, por favor, acercate al río; tengo un buen presentimiento y la fuerte sensación de que un puente une tu mundo y el mio - ∞" Sonaba realmente al delirio de un loco normal, y no le hubiera dado mayor importancia si no hubiera sido porque se sentía confundido. Creía saber que la palabra "normal" no incluía avioncitos de papel a domicilio o puentes invisibles. Había recorrido el río de punta a punta, jamás había visto un remoto puente. La mezcla de corrientes opuestas impedía la construcción de uno, por fuerte que fuera. Sin embargo, sentía que debía intentarlo, al menos una vez. Podía pasar que valiera la pena salir de lo normal. La chica rara vigilaba cada noche su calendario en busca de una luna llena. No era un calendario normal, sus lunas cambiaban aleatoriamente, así que debía prestar atención y dejarse sorprender. Confiaba en sus sueños y en que la noche de luna llena y estrella fugaz coincidiera a ambos lados del río. Cuando tocaba luna llena, pasaba la noche en vela, buscando la estrella fugaz, hasta que amanecía. A veces, la desilusión le llegaba intensamente y la agitaba hasta las lágrimas. A veces, la esperanza le pintaba ilusiones en el cielo y lograba mantener la calma y la fe. El chico normal ya no sentía tanta normalidad a su alrededor. Una oleada de encanto lo mareaba de vez en cuando. A pesar de haber decidido creer en la misteriosa chica infinito, no dejaba que eso le quitara el sueño. Sólo ojeaba el cielo cada tanto, en busca de la luna. Esperaba ser capaz de ver la estrella fugaz, por raro que sonara. Y si no la veía, tal vez fuera una señal de que debía volver a su normalidad y olvidarse de toda esa locura. Una noche normal, ordenando su habitación, se topó sin querer con los pequeños aviones violetas y su perfume. Recordó el mensaje y automaticamente miró al cielo. Lo notó un poco más violáceo de lo normal, y una gran luna llena se veía reflejada en ambas partes del río. Se detuvo, sorprendido ante la belleza del paisaje que había dejado de ser normal. Y, entonces, la vio. Una dorada estrella fugaz apareció y se desvaneció. Atónito, tardó en reaccionar y correr al río con el corazón palpitando a mil por hora ante un giro tan inesperado de su realidad, ya no tan normal. Llegó casi sin aliento, mitad creyente, mitad incrédulo. Para la sorpresa de su normalidad incrédula, efectivamente había un puente, pero para nada normal. Brillaba a la luz de la luna, como si fuera de cristal, rodeado por miles y miles de luciérnagas en movimiento. Parecía hecho por arte de magia, aunque no existiera tal cosa. O al menos eso creía. Recordó la forma en que se había topado con los avioncitos de papel hacía unos minutos, en una misteriosa y dudosa casualidad. Por si la noche no fuera suficientemente rara, llegó ella, la chica infinito, a la orilla del otro lado del puente. De pronto, sintió miedo de que, ante su peso, desapareciera, ahogándola sin remedio en un río con dos corrientes inversas. Sintió cómo la preocupación se traducía lentamente a sus facciones. Sin embargo, la chica rara parecía asombrada, alucinada, llena de felicidad. Miró al cielo, sonriendo, y, luego, nuevamente a él. Avanzó sin pensar en peligro, más bien al contrario, como si un puente inexistente fuera lo más seguro del mundo. Cuando sus zapatos nuevamente tocaron tierra firme, se le llenó el estómago de mariposas de colores que le hacían cosquillas. La chica rara, sin evaluar ni por un momento lo que estaba pasando, corrió a abrazar al chico, que observaba sorprendido. En su tímida respuesta, notó una alegría contenida y nervios, y ella no pudo evitar sonreír con más intensidad. Hablaron con ansiedad, sentados en la arena. El chico recalcaba con insistencia su normalidad. Pero no sabía que, para la chica rara, esa "normalidad" estaba llena de magia. Como las corrientes del río, ellos también eran opuestos en la mayoría de los sentidos. Ella habló de magia y sueños, él habló de estudios y amigos. De todas formas, por diferencias que hubiera, ella percibió cierta química, algo que no había encontrado nunca con tanta facilidad. Se llevaron bien, y la chica rara sintió mucha adrenalina al besarle los labios. Él respondió con suavidad, no tan seguro de nada. Al amanecer, se despidieron con un beso torpe y dulce, y la niña atravesó el puente con un nudo en la garganta, pero feliz. Pisar ese puente se sentía tan raro como pisar una nube. A su paso, se fue esfumando la construcción. Ella lo observó unos minutos y agitó la mano tristemente. Él le devolvió el gesto y, al mismo tiempo, se dieron la espalda y entraron cada uno a su mundo. En su rara habitación, agradeció al cielo en silencio y se acostó en su cama rara con una sonrisa de oreja a oreja. Le había resultado todo tan mágico, él era tan mágico que no podía verlo. Había magia entre ellos todo el tiempo. Lo único que le generó una tristeza rara fue saber que sólo quedaban dos encuentros más, dos oportunidades de llegar a su "normal" mágico corazón. Recordó la remota incredulidad con que reaccionó al relato de su sueño y su interpretación. Remota, porque no podía negar que el puente estaba ahí. Caminó despacio, en silencio, procesando lo que acababa de ocurrir. No lograba encontrar una explicación lógica, pero le había gustado la forma de fluir de las cosas. Tal vez sí había algo de magia del otro lado del río. De todas formas, él era un chico normal, y sus sentimientos y emociones también. Todo en su interior cambiaba con la lentitud del tiempo. Pensó en el extraño sueño y su relación con la realidad. Pensó en los próximos encuentros, y se encendió en su interior una diminuta chispa de esperanza. En el fondo, esperaba que fuera magia verdadera, y no sólo una ilusión óptica. Esperaba que no le causara daño, y que sus ojos pudieran creer, aunque sea un poco, en toda esa magia rara. El siguiente encuentro llegó tan rápido como la siguiente luna llena del calendario. Esta vez, el chico normal buscó en el cielo con regularidad hasta encontrar, de nuevo, la estrella fugaz. Todo fluyó de igual manera, aunque ella se aferrara mucho a sus brazos, y él no sintiera todavía esa confianza. Así como a él le costaba entender la magia, a ella parecía costarle entender lo más normal del mundo. El chico normal se asustó un poco ante la intensidad de sus emociones cambiantes, y se sorprendió cuando se encontró abrazándola para consolar sus lágrimas. Al amanecer, repitieron el beso con más suavidad y melancolía adelantada. La vio alejarse, arrastrando los pies tristemente. Sintió un dejo de algo raro, al no saber cuándo volvería a verla, y, a la vez, alivio de poder volver a su rutina normal. Sin embargo, ni bien desapreció del horizonte su figura rara, supo que iba a extrañarla. El estómago de la chica rara se revolvía de pensar que sólo restaba un encuentro con el chico mágico, y, luego, no tenía idea de qué haría el cielo con ella, con él. Con ellos. Todos sus sentidos recordaban cada roce, cada momento de contacto. Por momentos, deseaba que nada de eso hubiera pasado nunca. Pero se estaba mintiendo a sí misma. Amaba cada momento que había pasado con él, aunque fueran de mundos diferentes, de corrientes opuestas, aunque a veces doliera. La tercera estrella fugaz se hizo esperar bastante, habían pasado varias tormentas fuertes y el río creció, volvió a la normalidad, creció de nuevo, y volvió a la normalidad de nuevo. Normalidad era una palabra que aprendió con el chico mágico, que para ella era tan inexacta como para él era confiar en un sueño cualquiera. Esa tarde, llegó a su ventana un papel de un tono verde claro que había sido arrastrado por una extraña brisa de verano desde el otro lado del río. " Tengo ganas de verte. Acá te espero." No tenía firma, ni la necesitaba. Una llama de ternura arrasó con todo dentro suyo, con la típica intensidad de sus emociones. Sabía que al chico mágico le incomodaba hablar de sentimientos. Para sus adentros, ella tenía sus propias teorías sobre qué lo llevaba a ser así. Conocía la sensación, pero había decidido ignorarla. Al menos, el ser del otro lado del río ahora también confiaba sus mensajes al viento; así era como ella había empezado a conocer la magia. Incluso parecía que el cielo mismo había leído el mensaje, y esa misma noche dibujó el extraño puente sobre el río. Siendo consciente de que no sabía cómo iba a proceder luego de la última aparición del puente, se encargó de que todo fuera tan placentero como mágico. El cielo regaló una noche maravillosa, y no se despegaron un segundo. La magia se respiraba en el aire, ambos podían sentirla. Al amanecer, el beso fue más largo y les costó soltarse las manos. Ella comenzó a recorrer el puente con lágrimas en los ojos y un fuerte nudo en la garganta. Al llegar a su orilla del río, no volteó. Ya sentía el alma rota, prefería no despedirse. El chico normal se quedó esperando la despedida normal. De todas formas, la entendía. Sentía que la había empezado a querer, a pesar de las diferencias y el río bipolar que los separaba. Sin embargo, también le preocupaba no llegar a ver nunca la magia en ella como ella la veía en él. No sabía con exactitud qué era lo que sentía, por qué la quería, ni cómo, y eso iba a llevar tiempo. Le costaba entender, a veces, sus propios sentimientos. Le preocupaba perjudicarla, lastimarla sin querer, no quería eso. De pronto, cayó en cuenta de que ahora sólo podían enviarse cartas a través del viento. Supuso que el paso del tiempo se llevaría los encuentros al cajón de recuerdos y volvería a su vida normal con la magia en la memoria. A la noche siguiente, ambos tuvieron el mismo sueño. Soñaron que construían un puente. Más bien, cada uno medio puente desde sus respectivas orillas. Soñaron que se encontraban en el medio y el cielo les sonreía. Soñaron con arena y agua del río, con sus manos moldeando la obra y el sol protegiéndola con su color. Soñaron con la magia. Antes de que amaneciera, la chica rara despertó con euforia y ansiedad, y, sin pensarlo, corrió al río y empezó a construir, llena de entusiasmo. La arena y el agua del río formaban algo como arcilla, fácil de moldear, y tomaba un color dorado, al brillo del sol, que lentamente asomaba. Su esperanza era tan grande que apenas sintió cansancio. El puente fue tomando forma, y, tal como en el sueño, el sol y su luz le daban consistencia. Lo único que, por momentos, la atormentaba con furia incontrolablemente, era la ausencia del chico normal del otro lado del río construyendo con ella. De todas formas, continuó sin dudarlo. El chico normal amaneció con emociones desencontradas. Por un lado, estaba entusiasmado con la idea de volver a verla. Por otro, se sentía inseguro de haber interpretado correctamente el sueño. A la vez, no estaba seguro de querer armar semejante proyecto, le costaría esfuerzo, tendría que dejar cosas de lado, no eran tan consistentes sus sentimientos. Tenía, también, miedo a herirla si le explicaba su situación, y temor a perder del todo a esa persona tan diferente al resto. Caminó al río lentamente, sin saber qué iba a pasar ni qué hacer. Al llegar, para su sorpresa, ella llevaba por lo menos medio puente construído y la consistencia y el color de la obra le resultaban imposibles, aunque lo estuviera viendo con sus propios ojos. Ella le sonrió ampliamente por unos instantes, hasta que leyó su expresión. Rapidamente, una fuerte angustia se apoderó de su mirada, y él se sintió mal por haberla generado. Abrió su mochila y tomó un papel verde pálido, como el anterior, y escribió con amargura: "Todavía no sé si creo en la magia. Perdoname, necesito encontrarla en vos, dame tiempo, por favor. No quiero que esto termine." La vio, inmóvil en el extremo de su medio puente, y arrojó el papel al aire. Ella lo atrapó cuando lo tuvo a su alcance, leyó y le devolvió la mirada con lágrimas en las mejillas. Ella se esforzó en sonreir y apoyó la mano derecha en su corazón. Volvió a su orilla y, de su bolso, tomó un papel lila, lo dobló con suavidad en forma de avión y lo arrojó en su dirección. Él lo tomó, sin saber qué esperar. Su sonrisa lo había desconcertado. Hubiera esperado de ella cualquier furia repentina o una depresión inmensurable. Eso era lo que hubiera considerado una reacción normal de parte de alguien como ella. Entonces, recordó que ella no era normal. Tomó aire y leyó: "Te entiendo. Acá voy a esperarte cuanto sea necesario. Te deseo la mayor felicidad y mucha magia. Te quiero mucho. Nunca te olvides de mi. - ∞" Alzó la vista y la vio sentada en la arena, llorando pero sonriendo. Supuso que ese era su debate interno, no sabía si quererlo u odiarlo por no poder corresponderle todavía. No quería que ella se despidiera del todo, pero sabía que necesitaba ver la magia en ella antes de avanzar, no se confiaba solamente de sueños, del cielo o de un buen momento. Le preocupaban las tormentas que habían pasado por ser tan diferentes y no comprenderse sin horas de debate. No iba a olvidarse de ella, era imposible olvidarse de lo que había pasado, de los avioncitos de papel, el puente nocturno que les había permitido conocerse y el medio puente dorado que esperaba a su otra mitad. No iba a olvidarse de su sonrisa, de sus abrazos ni de sus emociones cambiantes. No iba a olvidarse de ella porque sus sentimientos hacia él eran puros y transparentes como el agua. Deseaba ver la magia por sí mismo y aprender a quererla, pero no estaba seguro de que pasara. Entrecerró los ojos y caminó a su casa de vuelta, pensativo. Al entrar en su habitación, los extraños colores del atardecer lo llevaron a la ventana. Se quedó tomando aire, repasando esa extraña mirada debatida entre la tristeza, el enojo.. y el amor. Los últimos rayos de sol iluminaban el medio puente, que parecía tan firme como cualquier otro, excepto por el brillo de la arena protegida por el cielo. Tomó un papel y escribió con prolijidad: "Yo también te quiero, boba". Lo arrojó por la ventana. Sabía que le robaría una sonrisa, o al menos eso intentaba. No pudo evitar reírse. Él siempre lo conseguía. La chica rara se sintió de nuevo esperanzada, y observó al cielo en un intento de pedir ayuda. No para ella, en realidad. Por raro que sonara, esperaba que él fuera feliz todos los días de su vida, con o sin ella a su lado. Estaba pidiendo luz y felicidad para el chico "normal" que hacía magia con su calma, ese don de la tranquilidad. Dejó rodar un par de lágrimas y sonrió a los recuerdos que le tocaron el alma. Observó ese medio puente, hasta que se quedó dormida. Desde entonces, cada noche, desde cada orilla del río, el chico normal se sentía acompañado por avioncitos de papel, y reflexionaba con la vista en el medio puente, que esperaba con firmeza; y la chica rara buscaba, esperanzada, algún indicio de la otra mitad. Tenía fe en que, un día cualquiera, cuando no lo esperara, lo vería. Al fin y al cabo, mientras llegaran avioncitos de papel verdes, la esperanza seguiría intacta. Tan intacta como la magia. - LadyCaroline.

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Herida.
ArteporAnónimo5/4/2014

Abrí los ojos, en un sobresalto. El precipicio del que estaba cayendo se esfumó, y volví a estar sentada en un pasillo blanco, con sillas negras en hilera. La televisión encendida apenas aportaba un poco de color y movimiento, un rumor de fondo. Me había quedado dormida en la espera. Miré a mi derecha. La puerta de terapia intensiva continuaba cerrada, inmóvil, intacta, silenciosa. Más bien, el ambiente era todo lo contrario a lo que había sido mi sueño. Un sueño dinámico, hiperquinético, en el que había estado a punto de morir. Sin embargo, la muerte sólo implicaba despertar y volver a la realidad. Una realidad que no me resultaba interesante en lo más mínimo. De pronto, se abrió la puerta y un doctor me anunció con la típica tranquilidad que buscaba transmitirme que podía pasar a visitar al paciente. Esto me movilizó, y me invadió la felicidad e ilusión con la que un nene espera a Papá Noel. No era un hospital común y corriente, ni el paciente era una persona, ni tenía una enfermedad normal. El enfermo había sufrido varios cortes en varias partes de su diminuta figura, cortes provocados por un arma desconocida. Cortes pequeños en apariencia, pero profundos, que habían terminado por atravesarlo de frente a espalda, y dejarlo totalmente inconsciente. El paciente era mi amigo, mi compañero de años, que poco a poco me enseñó su idioma y aprendí a escucharlo y entenderlo. Me habló de los dolores que iba sintiendo, pero ni él ni yo jamás sospechamos un final tan trágico. Ni siquiera es que el último corte haya sido más profundo o más intenso o más intencional. En realidad, ninguno fue intencional. Pero sí había sido el que faltaba para desmayarlo. En ese momento en que se desmoronó, no supe bien que hacer, más que llorar desesperada, creyendo que no podría recuperarlo, y entonces encontré valor y sensatez suficientes para cargarlo y llevarlo rápidamente al hospital. En el transcurso de la semana que llevaba internado, había presentado varias mejorías y recaídas, sin siquiera abrir los ojos. Por momentos, hasta parecía fuerte para recibir el alta, pero no reaccionaba, lo que generaba desconfianza en los médicos, que decidieron dejarlo en observación. Fue la mejor decisión que pudieron haber tomado, ya que volvían a desaparecer los signos vitales al cabo de un par de días. Permanecí a su lado toda la semana, con sueño agitado y hambre imperceptible. Más bien, comía casi por costumbre y dormía por obligación. Esperaba con ansiedad el momento en que despertara. Entré a la habitación, y me miró con los ojos más tristes que vi en mi vida, pero felices. - No me abandonaste, creí que no me esperarías. - Cómo podría? Estos días no fui más que un ser vivo, no tuve rasgos de humanidad, no tuve sensibilidad.. me hacés mucha falta, no puedo ser la de siempre sin vos. - Sonrió con suavidad y apretó mi mano con fuerza. - Soy muy frágil, no? Más de lo que pensaba. - dijo, mientras algunas lágrimas caían por sus mejillas. - No, no lo sos. Lo serías si te hubieras dado por vencido, pero todavía tenés fuerza para vivir, vos sos el único que traduce mis sentimientos, me das sensibilidad, sin vos no puedo ser más que un robot. No supe entender por qué te dolían tanto algunas cosas, y en realidad lo que hacías era defenderme a mi, a mis emociones! Fui tan estúpida que creí que me debilitabas, cuando vos eras lo que me defendía del dolor, vos me explicaste mis propias necesidades y yo no te supe cuidar. Por favor, perdoname. Su sonrisa volvió, humildemente, y me la supo contagiar. Era ese vínculo que nos unía lo que nos transmitía todo el tiempo las emociones del otro, los sentimientos, las alegrías y los dolores. Entonces, sentí nostalgia por nuestras antiguas conversaciones y sentí la necesidad de pedirle que volviera a mi pecho para discutir algunas cuestiones y seguir nuestro camino. Pero en su mirada vi que todavía estaba débil, que sobreviviría, pero permanecería en ese silencio hospitalario un tiempo más, entre el aroma a remedio y sábanas limpias, comiendo liviano, mientras se fortalecía de nuevo. Se me escaparon esta vez a mi las lágrimas, pero unas lágrimas pacíficas, de ansiedad y espera, de dejar que transcurra el tiempo. Lo abracé con la suavidad que exigen los aparatos que controlaban sus signos vitales, y le prometí con todas mis fuerzas de ser humano con sentimientos suspendidos que no me movería del hospital si no era con su compañía y sus tiernos consejos al oído. - Yo tampoco te voy a abandonar, Caro. Todavía tenés mucho por delante, como para vivir sin amor, sin pasión, sin sentimientos. Sin corazón. Sonreí, abandoné la habitación para dejarlo descansar. Me saludó con debilidad y fuerza a la vez. Lo observé por un momento, reflexiva, hasta que un enfermero me pidió con cortesía que saliera de la habitación. Volví a sentarme en el mismo lugar, y apoyé la mano derecha en mi pecho. Se sentía vacío, sin la presencia de mi amigo de toda la vida. Sin embargo, sabía que pronto volvería, cuando recuperara su fuerza y pasión por la vida, su amor por el amor mismo, su sonrisa constante, su fe en la magia. Apoyé la cabeza contra la pared, y cerré los ojos. Mi corazón tenía razón. Todavía era joven para vivir sin corazón. LadyCaroline.

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Escribir qué?.
ArteporAnónimo8/6/2013

Escribir qué? Que estoy triste. Que está nublado. Que es de noche. Que es tarde. Que tengo frío. Para qué? Para que un par de personas me entiendan, otras se sientan identificadas. Otras me ignoren. Y hasta capaz que alguien siente pena. Escribir para desahogarme. Para tapar un poco el bache. El vacío que me deja no poder hablarte. Y saberte ahí. Que mis mensajes llegan en segundos. Que te podría escribir, si quisiera. Pero respeto tu silencio. Aunque no conozca las causas, ni el argumento de tu idea, ni las posibles consecuencias. Yo ya me siento mal. Ya me pone nerviosa. Todos saben que, al equivocarse, hay una crisis intensa hasta que las cosas se solucionan. Y si no hay posible solución, hasta llenar el bache con más asfalto. Pero eso lleva tiempo, y un presupuesto con el que no cuento. Porque no solamente tengo un problema a medio resolver, también tengo ausencias. Tu ausencia. Nada de ayuda. Mis neuronas en plena huelga, por haberlo arruinado todo. Varias calles cortadas, el cerebro bloqueado en una sola situación. En un sólo hecho. En una sola crisis. No entiendo absolutamente nada. No me puedo concentrar. No tengo luz, no tengo energía. Me hablan y no escucho. Hablo y no me sirve. Me dicen que me calme, que no pasa nada, que ya va a pasar. Escribir qué? Que no hay mal que dure 100 años. Pero unas horas son mucho para mi. Y para vos, evidentemente, no son nada. Escribir qué? Hacer qué? Hablarle a quién? Decir qué? Escuchar qué? Esperar qué? Borrarte cómo? Solucionarlo cómo? Que me quieras cómo? Seguir adelante cómo? Pensar qué? Callarme cómo? Mirarte con qué ojos?. Si no te tengo. Si tal vez no me vuelvas a hablar como antes. Si tal vez no leas nada de lo que escribo. Si tal vez ni siquiera te acuerdes de mi. Sentir qué? Tranquilidad? Cómo? Si no puedo. Escribir qué? Que te extraño. Que te quiero. Que te odié. Que necesito arreglarlo todo. Que te necesito otra vez. Escribir qué? Hablame. Hasta luego. Lady Caroline.

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