Escuchar el silencio y pensar. Mirar a la gente, y verte. Verte aunque no estés ahí. Ver en la multitud a la persona que falta. Escuchar en el silencio y el ruido, la música de la rutina. Y en el medio de la música, tu voz. Siempre. Abrir los ojos en medio de la noche buscando una manifestación de presencia. En el vacío, en la oscuridad, que me llene un presentimiento. Y que la habitación se llene de brillo, brillo invisible que no me deja dormir. Que me hace sonreír sin razón. Que me hace buscarte donde sé que no vas a estar. Y donde sé que no vas a estar, tu compañía. Siempre. Soñar con una realidad lejana. Una realidad paralela, lejana, cada vez más cercana. Practicamente imposible. Pero tan imposible como real. Tan cercana como lejana. Tan remota como certera. Una realidad en la que no me hacés tanta falta. Pero no porque no me hagas falta. Sino, porque estás cerca. Tan cerca como siempre. Aunque te siento lejos y te tengo cerca. O te siento cerca y te tengo lejos. Mi realidad parece un sueño, y mis sueños parecen realidad. Porque mis sueños tienen tanta fuerza, porque los quiero como nunca quise. Porque todo es tan intenso... Y en la intensidad, tu mirada. Siempre. Las notas del teclado y mi voz actuando como si sonaran bien. Intentando transmitirte todo lo que te hace falta. Quiero que estés bien. Buscando música más allá de la música que todo el mundo escucha. Música escondida, música que no existe. Música con pentagramas que ni siquiera fueron escritos, ni siquiera remotamente imaginados. Música que sólo vos puedas escuchar e interpretar, en un lenguaje secreto que inconscientemente conocés. Aunque estoy casi totalmente convencida de que si te preguntara, me dirías que no. Que no hay ningún lenguaje, ninguna canción, ninguna melodía. Nada que te transmita nada. Ningún mensaje secreto. Nada de nada, absolutamente nada. Por mi, podemos hacernos los boludos el tiempo que quieras. Ir y venir. Merodear. Jugar, histeriquear, mirarte sin mirar. Supe mirarte de reojo, sin que lo notes. Y, si lo notabas, supe confundirte. Supe quedarme callada, viéndote. Y analizarte una vida entera. Tanto como para poder explicarte todo, tanto después. No olvidar un segundo de tus pupilas sobre mi. Y en el juego tonto que estamos jugando, tu sonrisa. Siempre. Conocerme. Que me conozcas de nuevo. Y conocerte de nuevo, mientras espero un saludo insignificante. Viajar por el mundo, recordando momentos, y sin dejar atrás ni por un segundo tus palabras. Escuchar otra música, ver a otra gente, conocer otra cultura, probar otros sabores. Y no dejarte atrás. Y no poder dejarte atrás. Es algo que ya sé que pasa, que ya no intento. Es una pérdida de tiempo. No puedo, y no podés. Y no querés, y no puedo. Y no podés y no quiero. Ser diferentes y ser iguales. Como el día y la noche, como un atardecer. Como el tiempo, que pasa, pero no pasa. Como todo. Fisicamente imposible. Y en lo imposible, vos. Siempre. Lady Caroline.
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