Ayeeelencita
Usuario (Estados Unidos)

Cerré los ojos. Una, dos, tres, cuatro, infinitas lágrimas se desplomaron de mí. Esto no estaba sucediendo. Esto era imposible. Jamás imaginé que llegaría este día, donde apostaría toda mi vida por amarte, donde apostaría todo mi amor. Siempre me pregunté cómo él podría haberme elegido a mí habiendo tantas opciones mejores… Me sentía enferma, inútil, triste. Yo estaba enamorada de él. Había perdido la oportunidad… Ahora, él ya no estaba. Ahora, él se había ido… Y, esta vez, era para siempre.
A veces me gusta pensar sobre nosotros pero desde otra perspectiva. Desde el punto de vista negativo. Desde ese punto de vista que no te gusta para nada. A mí tampoco me gusta. ¿Qué es lo que hubiera pasado si yo me hubiera negado? ¿Y si nos hubiéramos perdido? ¿Mi sonrisa sería igual que ahora o sería mejor? ¿Vos serías igual que ahora o serías más feliz? ¿Qué hubiera pasado con nosotros? Me río antes estas preguntas semejantes mientras niego lentamente. Con toda seriedad admito que no imagino mi vida de otra manera. O quizás si. Miento. ¡La imagino de otra manera cada estúpido segundo de mi vida! Ya hasta sueño con los ojos abiertos. Imagino mi vida totalmente igual a la que tengo, ¿no es eso irónico? ¿para qué imaginar entonces? Sólo hay una cosa que cambiaría, una simple pero dolorosa cosa. Y no, no es ese problema que no puedo superar. Y no, no es algo de mi familia. Y no, no es alguno de mis traumas. No es nada que pueda modificar mis problemas ni mi manera, tan relevante, de ser. Es algo que lo modifica totalmente a él. No sé si le haría mejor o no, pero creo firmemente en que si. Modificando sólo esa cosa, él sería más feliz. Y yo también, pero eso no viene al caso. Deseo tanto modificarlo que daría cualquier cosa. Pero no quiero modificar desde ahora en más, no quiero desearlo y que se cumpla desde este momento para mi futuro. Quiero modificar ese simple hecho ahora, en el presente, pero que suceda en el pasado y también en el futuro. Lamentable es saber que no va a suceder. Cerrar los ojos y volver a nacer. Esperaría 11 años más de vida para volverte a conocer. Conocerte, eso nos implica a los dos, solos, en un mismo lugar, juntos. Nada de internet. Nada de distancia. Nada de complicaciones. Nada de nada.

Cuando le conocí entendí que la esperanza era algo que tenía que ver con los besos que podría darme. A veces no sé hablar de él sin sentirme estúpida. Al mirarme yo pensaba "cuando alguien me diga que la vida es una mierda, yo recordaré este momento". Ese preciso momento en el que sus ojos parecían besar los míos, y la energía entonces ni se creaba ni se destruía, sino que decidía recorrerme en forma de escalofrío todo el cuerpo. Yo me dejaba enamorar, porque la gente que está sola suele ser también a la que no le importa hacerse algo más de daño, y acelera a fondo cuando el precipicio está cerca. La verdad es que la sensación es maravillosa. Aquí estoy y soy toda tuya. No tengo mucho pero si no te tengo a ti lo poco que me queda no consigue llenarme las manos. Y mucho menos el corazón. Así que haz conmigo lo que quieras, a estas alturas hasta si me jodes la vida me va a parecer bonito. Pd: No es mío
Agarré mi celular y salí a caminar. Sola. No quería estar con nadie más. Cruzaba cada calle con algo de melancolía. No sabía a dónde estaba yendo y no me importaba. Sólo quería ir a caminar, observar, pensar y aislarme de todos por un pequeño tiempo. Así que, eso es lo que hice. El viento golpeaba todo mi cuerpo con cada paso y se llevaba las lágrimas que poco a poco iban cayendo. ¿Por qué lloraba? ¿Por qué caminaba sin rumbo? ¿Por qué había salido sola? Es que, yo nunca salgo sola a caminar porque se me da la gana. Siempre salgo con un motivo. Y, como siempre, tenía esa explicación. Justamente, mi razón era fácil de descubrir. Claro, pero nunca nadie la descubrió. Es que, desconocen mis sentimientos. Y yo no los digo, así que supongo que está bien. La verdad es que lloraba porque estaba triste, extrañaba a alguien. No sé si es debilidad mía o qué. Extrañar a alguien las veinticuatro horas del día no es para nada bonito. Y es que me pasa todos los días, sin excepciones. Caminaba por las calles mirando para abajo(es una costumbre muy mía mirar hacia abajo cuando estoy triste) mientras escuchaba los autos pasar y las voces de todo los demás. No quería mirar a nada ni nadie, es que mi imaginación vuela a cada momento del día y eso me debilita poco a poco. Siento que voy a morir. Me gustaría tener el control. Me gustaría que todo lo que imagino con él suceda. Y la verdad es que siempre lloro. Por ejemplo, estoy llorando ahora. Esto se llama ser una estúpida. Exactamente eso es lo que soy. La verdad es que caminaba sin rumbo porque no podía ir realmente a donde yo quería. Entonces iba sin rumbo tratando de, quizás, olvidarme de mis deseos por unos minutos. Y eso no era un punto a mi favor. Nunca hay puntos a mi favor. Y lo peor de todo esto es que siempre deseo ir a ese lugar. Y lo peor de lo peor de todo esto es que nunca puedo ir. Porque simplemente no puedo. Porque tendría que dar explicaciones o quizás mentir. Y aún más, tendría que conseguir dinero, mucho dinero. Y aún mucho más, es una locura. ¡Una completa locura que estaría feliz de cometer! La verdad es que había salido sola porque la persona, a la cual extrañaba, no podía salir a caminar. No es que no pueda caminar o tenga algún problema físico, simplemente no puede. No puede porque no está. Claro que puede caminar pero no conmigo. Simplemente porque no estamos en el mismo lugar. Él es un planeta y yo soy otro, totalmente lejano. Y esa es otra razón para llorar. Este es otro punto que no está a mi favor. Es gracioso ver como todo está vinculado. Y todo está relacionado con respecto a sólo una persona. Una persona que cambió mi vida y lo sigue haciendo. Esa persona que despertó en mí cosas que juré nunca jamás sentir. Esa persona que es la locura que en mi vida he cometido. Y qué, por esa persona, cometería las locuras que me pida. Llegué a mi casa, ya sin lágrimas. Me abrió la puerta mi abuela y me sonrío. Recuerdo sus palabras perfectamente. "Ay, saliste con este frío. Y encima sola." Y ella nunca se imaginaría el porque. Luego de un perfecto abrazo, perfecto porque lo necesitaba y mucho. Otra razón para llorar. Amo los abrazos de mi abuela pero, en ese momento, hubiera querido que me abrace alguien más. Una completa locura.

Te gusta la forma en que cuido de ti. Te gusta ver como te pongo en la palma de mi mano y la cierro, aislándote del mismísimo dolor, como si fueras el secreto más divino de esconder. Te gusta ver como te convierto en alguien pequeño sólo para que entres en una pequeña caja de cristal, donde yo soy todo ese cristal que te recubre. Sabes de sobra que soy ese cristal. Me conoces y me has caracterizado como alguien frágil, como un cristal. Que si intentan dañarte a ti, me dañan primero a mí. Pero también sabes que no soy nada fácil. Que soy un cristal muy frágil pero tan resistente que nadie se atreve a tocarte. Que mis ojos se transforman cuando estás triste y solo. Que soy un ángel y que puedo transformarme en tan sólo segundos. Incluso, te gusta que me gustes. Es más, te gustan cosas de mí que ni entiendes. Te gusta que sonría y más si eres el motivo de esa sonrisa. Te gusta escucharme reír porque ese sonido te hace sentir vivo. Te gustan las cosas que odio de mí. Te gusta decirme un millón de cosas lindas y hacerme sentir la chica más especial de este planeta. Te gusta hasta la imperfección de mis labios. Te gustan hasta esos defectos que dices detestar. Te gusta ver como me pones en la palma de tu mano y la cierras, aislándome de todo ese dolor, como si fuera la cosa más preciosa de robar. Te gusta ver como me conviertes en una persona pequeñita sólo para que entre en una pequeña caja de cristal, donde tú eres todo ese cristal que me recubre...

Una. No, dos. No, no dos, tres. No, ni siquiera tres. Un millón de lágrimas aparecen y se deslizan por mis mejillas mientras te miro. Es que, no entiendes. Y lo noto en tu mirada... Miras mis lágrimas y no sabes que decir ni sabes que hacer. Lo único que haces es pensar en si hiciste algo que pudo herirme de tal manera. Miras mi mirada desconsolada e intentas comprender. "¿Por qué?" es lo único que puedes pronunciar. Sientes como tu mundo se derrumba al verme devastada. Sabes que esas palabras son en vano, no voy a contestar. Miras como tiembla mi labio mientras algunas lágrimas se disuelven en él y te asustas. Es que tú, tú no entiendes. Así que sólo te miro mientras trato de limpiar esas inmaduras lágrimas de mi rostro. Y me abrazas, rodeas mi cuerpo con tus fuertes brazos y yo me dejo caer en ellos sintiendo alivio, sintiendo como me proteges otra vez, como siempre. Y más lágrimas empiezan a caer involuntariamente, no podía sacarme esa estúpida idea de la cabeza, ese estúpido sueño que me había derrumbado. Me dejas de abrazar y limpias esas lágrimas. No te gusta verme llorar, es más tus ojos se ponen brillosos, vas a llorar si sigo así. Es como cuando tu madre llora y, a pesar de la edad que tengas, sientes que tu mundo se derrumba y es tanta la tristeza que te causa que sin saber la razón por la cual ella está llorando, lloras también. Y allí es cuando me doy cuenta que estoy haciendo el peor de los pecados, que una lágrima está a punto de caer. Niego y limpio todas mis lágrimas rápidamente, intentando complacerte. Miras mis mejillas mojadas y suspiras, sabes que algo no esta bien, sabes que estoy nerviosa. Sabes de sobra que quizás estoy llorando por alguna tontería y sin embargo te quedas mirándome, esperando a que tenga el valor de hablar. "Eres perfecta incluso cuando lloras" dices sacándome una pequeña sonrisa y al ver esa insignificante mueca sientes como tu mundo comienza, poco a poco, a tomar los colores que tenía antes. Ves como los grises comienzan a transformarse en colores opacos que, luego, serán colores muy vivos como antes. Te abrazo sin poder aguantarme y me acerco a tu oído. "No quiero perderte, otra vez" susurró desde lo profundo de mi corazón y ves como todos esos colores opacos se vuelven grises de nuevo. Sientes que esas palabras han entrado como pequeñas dagas en tu corazón y me abrazas, más fuerte, dándome tu seguridad. "No esta vez..." Pronuncias cerca de mi oreja mientras acaricias mi cabello y sigues la oración: "¿Sabes algo? Estoy enamorado de ti." Y sientes un alivio al confesar tu amor. "Te amo, tonto" y sientes mi risa, el único sonido que hace que todo vuelva a tener color.
Sé que cuando me quedo callada, es porque me duele. Pero eso no me preocupa. Lo que me tiene loca es que hace varios minutos él ya se fue, y yo no inmuté palabra, sigo callada. Ni siquiera para cantar parte de una canción que me gusta, ni siquiera para hablar conmigo misma, sólo sigo callada. Mi cabeza no para de pensar en que estoy haciendo las cosas mal, en que estoy hiriendo a la persona que más quiero y es que juré hasta con sangre propia vengarme de quien le hiciera daño pero nunca pensé que estaría entre esas personas. No dejo de pensar en que, quizás, el inconsciente está haciendo estas cosas, que aún no puedo olvidar, que quizás aún no puedo superar la vez que perdí, la única vez que perdí en mi vida. Que quizás el rencor sigue allí, en el fondo, oculto y yo no puedo hacer nada contra él. Que quizás no es así, pero me vuelvo a quedar muda. Si ese rencor ya desapareció, si tu perdón ya tomo valor... ¿Qué es lo que me hace provocarte daño hoy? Y no me queda otra variable que mi terrible inmadurez. Reconozco que ésta vez, me equivoque. Quizás no fue algo tan grave pero sentí que lo fue. Las lágrimas secas en mis mejillas me avisan que, una vez más, algo no está funcionando del todo bien. Y soy yo, lo que no funciona bien soy yo. Pero asusta saber que lo más queres, lo podes perder. Y es justamente lo que no quiero. Desearía que justo en este momento estuviera aquí. Quizás para besarle, acariciarle o quizás sólo para pedirle perdón y llorar en su hombro. Y recuerdo todas las cosas tontas y locas que dije.. Desearía que estuviera aquí. Haría lo que sea para estar un poco más cerca, sólo un poco más cerca. Y quizás ya he pedido perdón demasiadas veces pero no importa que hayas dicho que sólo era una situación más... Es que, me arrepiento del mal que he hecho si veo tus lagrimas caer. Es que tu llanto silencioso me atormenta y tus lagrimas caídas me torturan, es por eso que aún sigo callada.

Ahora sé que no me voy a morir jamás, me hice inmortal. Pero no fue tan fácil. Tenía tan solo 11 años, muy pequeña, pero fue la primera vez que conocí a un ángel. Tenía un nombre raro, algo de "tales". Obviamente no sabía que era un ángel y no me animaba a hablarle. Poco a poco fui conociendo a este ángel que se hacía llamar de esa forma tan extraña, pasaron varios años... Y aprendí demasiadas cosas sobre él. Él me contó sobre su verdadero nombre, sobre sus gustos y sus disgustos, sobre las cosas que amaba hacer y sus preferencias. Era una persona totalmente normal para mí y para todos, obviamente. ¿Quién podría descubrir que era un ser angelical? Afortunadamente, yo lo hice. Eramos amigos pero a medida que el tiempo pasaba yo comenzaba a conocer más a este ser, estaba conociendo algo muy valioso de él, su personalidad. Descubrí que era sensible, muy sensible, pero que aparentaba ser fuerte. También descubrí que era tímido y que no le gustaba hablar sobre él o sus cosas. Él prefería escuchar a los demás porque era muy observador. No era su hobbie pero le gustaba escribir, decía que era una manera de descargarse... Eso me interesó demasiado. El problema comenzó cuando comencé a sentirme atraída hacia este ser, que era completamente diferente a mí con respecto a gustos y disgustos. Supuse que esto se me iba a pasar pero a medida que hablábamos a mí me gustaba más y más. Era su mejor amiga, según él, y no pasaba nada más. Un día decidí contarle que es lo que sentía pero este ser no reaccionó nada bien. Incluso se molestó conmigo y dijo cosas bastantes hirientes en ese momento. Luego de todas esas bombas de cosas, me comentó que no quería que nada cambiara, quería que sigamos siendo mejores amigos. Eso por una parte me alegró bastante. Decidí que seguiría siendo su amiga, obviamente, y que iba a superar esta tontería que sentía. Lamentablemente no fue así. Cada vez que cruzábamos palabra mi corazón latía con gran velocidad y yo sentía la necesidad de decirle todo lo que lo apreciaba. Por lo que tomé una decisión difícil, la cual fue: no verlo más. Un día me fui sin dar explicaciones, sabiendo que ese ser no me extrañaría y que iba a superar mis sentimientos. No lo vi más por varios meses, creo que fueron unos cinco o seis meses, los cuales fueron suficientes para olvidarle. Cuando estaba segura de haber borrado cualquier tipo de sentimiento, volví. No eramos los mismos "mejores amigos" de antes pero hablábamos varias horas como solíamos hacer. Pero, ahí estaba, aún tenía esa personalidad que me encantaba y esas palabras tan finas que me calmaban. A pesar de haber sido hiriente, era muy bueno conmigo, siempre. Obviamente, volvieron los sentimientos... Pero ésta vez eran más fuertes, más intensos... Lo que era agobiante. Pero ésta vez la suerte estaba de mi lado e inesperadamente ese ser comenzó a sentir cosas por mí. Aunque eso lo descubrí meses después. Así que este ser me abrió sus alas y me arropó en ellas. Me invitó a su mundo, a disfrutar y a volar. Dijo que él no me soltaría la mano jamás, que no me haría caer del cielo de esa manera. Por lo que volamos, volamos juntos. Desgraciadamente volamos juntos unos cuatro meses, no más. Un día hizo lo que dijo que jamás iba a hacer, soltó mi mano y me dejo caer. Caí a un vacío inmenso, en el cual todo me recordaba a él. Sentí que jamás iba a superarlo, realmente lo amaba. Aún no descubría que era un ángel y menos iba a descubrirlo en ese momento, había roto mi corazón. Seguimos hablando como amigos y al poco tiempo me enteré que estaba volando con alguien más. Me sentí destrozada, aún tenía intenciones de recuperarlo. Él era muy importante para mí. Obviamente estas no son cosas que hace un ángel. Cuatro meses después le confesé que estaba locamente enamorada de él. No se molestó ni dijo cosas hirientes. Es más, dijo que también me amaba. Debido a eso volvimos a surgir, volábamos a escondidas en su mundo. Había extrañado demasiado su mundo, era totalmente perfecto para mí. Siempre a escondidas, eso lo hacía emocionante. Dos meses después dejamos de volar a escondidas y comenzamos una relación oficial. Fue luego de tres meses de eso que descubrí su secreto, que era un ángel. ¡Cómo no me había dado cuenta! Tenía una voz perfecta, suave, nada ronca, muy angelical, era obvio... Pero por supuesto, me había dejado llevar por las locas ideas que tenía, sus errores y sus vicios. Ese ángel mucho después comenzó a escribir cosas. Cosas muy lindas, desde luego. Yo también escribía, pero desde mucho antes. Y fue ahí cuando me convirtió en inmortal, en una persona que no moriría nunca. Entonces, decidí devolverle el favor y también lo convertí en una persona inmortal aunque si era un ángel, nunca moriría. Dicen que cuando un poeta escribe sobre ti, nunca mueres. Y ese ángel escribió, escribió sobre mí y de nosotros, sobre cuanto me amaba y adoraba... También escribí sobre él y sobre nosotros. Incluso ahora lo estoy haciendo. Ahora sé que a pesar de que muera, que mi cuerpo ya no viva, mis pulmones ya no funcionen, mi boca ya no hable y que mis dedos ya no escriban... Ahora sé que siempre viviré, escrita en un papel, viva en una historia escrita por él y sonriendo porque en su corazón, también, siempre viviré. 02/01/14.

Y, de repente, llega esa persona. Esa persona que rompe tus esquemas, te enamora así como así. Llega y no sabes que hacer, ni que decir. Sientes que cualquier acto incorrecto puede alejar a esa persona de ti igual de rápido de como llego a tu vida. Y enloqueces, te desbordas. Sabes que ha llegado rápidamente, así como si nada, como una persona más pero no. No es una persona más, desde el momento en que la conoces sientes una chispa... Una conexión. En el fondo de tu alma sabes que se convertirá en alguien especial. Muy especial. Y no quieres. No quieres. ¿Cuántas veces has dicho que el amor apesta? ¿Cuántas veces viste a tus amigos sufriendo por amor? ¿Cuántas veces has dicho que querías estar solo? Y claro que no piensas de esa manera... Simplemente no quieres que te hieran, que te maten en vida. Simplemente no quieres enamorarte porque sabes que sufrirás. Es tan ingenuo(y estúpido) pensar de esa manera. Es como decir "No nazcas, si vas a morir". Y sabes que a pesar de decir todas esas locuras sobre el amor, el cual nunca has experimentado verdaderamente, deseas que aparezca alguien de sorpresa, te tome así como así y te enamore. Y comienzas a hablar con esa persona, desconocidos charlando, nada más. Pero los días pasan y sigues hablando con esa persona de forma continua. Ya no son desconocidos. Pasan a la siguiente etapa: amigos. Muchos se quedan en esa etapa y es lo que deseas con tu cabeza, con tu cerebro, pero no con tu corazón. Y tienes una guerra interna: Cerebro vs corazón. ¿Qué vas a hacer? Sabes que esto no es una guerra como las que has estudiado en Historia, es algo mucho más profundo e interno. No hay un millón de soldados que pelean por cerebro ni mil soldados que pelean por corazón. No va a morir nadie. No hay alguien que liquide a sus enemigos y gane, como en una batalla. Entonces te preguntas... ¿Esto es una guerra de verdad? Y entiendes que no lo es, que es una metáfora. Entiendes que en realidad es una decisión que tienes que tomar para seguir adelante y que simplemente no puedes, te resulta difícil. Y piensas, razonas. Eliges a tu corazón. Te preguntas qué tan malo puede ser. No es que decides enamorarte, simplemente decides dejar que esa persona se introduzca en tu vida para luego ver que sucede entre ustedes. Y entonces sucede lo inevitable, te enamoras. Ya es más que un simple gusto o una simple atracción física y mental. Te gusta su cabello, su rostro, su sonrisa, sus ojos, su mirada, sí, te gusta físicamente. Pero es aún más que eso, te gusta su forma de hablar, su forma de tratarte, sus actitudes, te gusta su personalidad , su forma de ser. Te gusta incluso cuando está enojado por alguna tontería. Sientes que esa persona es única, y lo es, todos somos únicos. Esa persona te hace inmensamente feliz con sólo hablarte, con contarte algún secreto, con sólo confiar en ti. Sabes que al confiar en ti, esa persona no cree que eres alguien más y te sientes feliz. Y siguen pasando los días, claro que no vas a decirle sobre tus sentimientos, temes que esa persona te rechace, que no sienta lo mismo que ti. Pero entonces ves que hay actitudes de la otra persona que no son de muy amigos, son de algo más y sientes un alivio interno, pero aún tienes tus enormes dudas. Hay iniciativas, indirectas que te hacen sonreír ampliamente y disfrutas de ese sentimiento, de esa persona. ¿Cómo es qué antes decías que el amor apestaba? No entiendes, si te la estás pasando tan bien... Y ocurre lo imposible; hay indirectas para ti en toda red social que esa persona posee. Entonces te enteras que gusta de ti, y quizás eso te da ánimos para decirle lo mucho que sientes. Pero aún hay una pequeña duda. Muchos podrán decir cosas pero necesitas escucharlo de esa persona si no, no lo das por hecho. Y está bien. Entonces esa persona te lo cuenta, te dice de una manera muy tímida que le gustas. Y allí es cuando muere la amistad que tenían. Entonces le confiesas que sientes lo mismo. Te sientes tan feliz... No comprendes por qué todos tus amigos sufrían y te metían esas ideas tan feas en tu cabeza. Debes buscar una explicación lógica, entonces piensas que tus amigos sufrían porque con su pareja no se querían lo necesario. Y es lo mejor que puedes pensar, es tan real. Totalmente cierto en todos los sentidos. Pero claro que a ti no te pasara lo mismo, si con esa persona se gustan, se quieren. Pero, ¿esa persona está enamorada de ti o sólo le gustas? Invaden las dudas en tu ser y entonces piensas que ese es el lado negativo del amor. Las dudas. El no saber que siente el otro. Y, en parte, lo es. Deciden ponerse de novios, obviamente es un gran paso más luego de la amistad. Ya es mucho más que amistad; es amor. Ves como todos esos ingenuos de tus amigos se ríen por lo bajo y no entiendes el por qué. ¿Es qué acaso no son tus amigos? Te enfureces con ellos y decides no prestar atención a todas sus palabras tontas. Claro que entiendes ahora porque se ríen, no se están riendo de ti, se están riendo de esa persona especial. Son tus amigos y se sienten con total confianza de hablar sobre tu pareja, y no está mal pero a veces son crueles... Hablan de los defectos físicos que tiene esa persona especial y te sientes incómodo, eso no está nada bien. Si es que te tiene que gustar a ti, es tu pareja, no la de ellos, ¿cuál es el maldito problema? Enfureces, lo haces, comienzas a discutir, es que esa persona especial no es alguien más, es tu vida entera. Y no puedes soportar que estén hablando mal sobre la persona que amas, se hacen los graciosos comentando sus defectos, su manera de hablar, eso que tanto te encanta. ¿Es que quién se creen que son? Entonces se arma una discusión en la que le haces entender que son tus amigos, deberían apoyarte, no burlarse... Y entran en razón, se disculpan pero nada es igual, perdonas pero no olvidas. Wow, ya hace un par de meses que estás con esa persona y nunca te habías sentido tan feliz. Exactamente cuatro hermosos meses. Claro que ha habido peleas pero ninguna importante, discusiones tontas... Entiendes, celos, algunos problemas familiares, enojos. Sabes que cualquier pareja normal tiene sus peleitas y no te alteras, es algo totalmente normal. Amas tanto a esa persona, sientes que cada vez tu amor se va haciendo más y más grande... Y confías en que esa persona te ama de la misma manera a ti. Pero todo lo que sube, tiene que bajar. Las peleas comienzan a hacer más continuas, hay un distanciamiento y te alteras. Te niegas a perder a esa persona especial, así que haces todo lo posible para estar bien... Y lo consigues. ¡Felicidades por ti! Pero entonces comienzas a enterarte cosas sobre la persona que amas y te niegas a creer esas barbaridades, confías en ella. ¿Por qué la gente inventa cosas así? ¿Es que acaso no pueden ver feliz a alguien más? Una pequeña duda comienza a generarse... ¿Y si no estaban mintiendo? ¿Y si no eran fabuladores? Decides ignorar esta estupidez que te está sucediendo. Sabes que la relación no está en su mejor momento y no es momento para estar creyendo en pequeñeces que podrían hacer que lo suyo llegara a su fin. Entonces llega ese día. Has escuchado varias veces esa frase de la boca de esa persona pero ninguna de esas veces te preocupa tanto como esta. "Tenemos que hablar", esas tres palabras están arruinando tu felicidad. Llega el momento de hablar seriamente con esa persona, intentas relajarte, no puede ser tan malo... ¿no?. Miras a esa persona y la notas un tanto despectante, sientes tensión en el aire, una agresividad irracional de su parte, de sus palabras. Miras hacia abajo, no la estás pasando bien, una incomodidad te invade el cuerpo. "Siento que no hay que seguir más con esto, nos distanciamos mucho, vos tenes que hacer la tuya, y yo hacer la mía" Sí, te está dejando. ¿Por qué esa manera tan brusca y tan ruda de terminar lo suyo así como así? ¿Es que acaso no ha sido feliz contigo? Suspiras. ¿Qué vas a decirle? Sólo asientes y le dices "Esta bien" como si no te afectara, pero te importa y demasiado. Un nudo en la garganta aparece y te vas de allí. No entiendes como ha podido ser así contigo si es que te amaba tanto... ¿Entonces mentía? ¿Entonces aquellos fabuladores tenían razón? Lágrimas comienzan a salir y sientes que nunca van a cesar, que ese dolor lo llevarás por siempre. Y quizás lo haga. Te ha roto el corazón en miles de pedacitos y lo peor de todo es que sigues amando a esa persona con cada pedacito. Te ha decepcionada la persona que creías diferentes y aún sigues creyendo en cada palabra que te ha dicho. Ves como ya no le importas, no le interesas, sigue su vida normalmente sin ti. Pero... si ha dicho que no podía vivir sin ti. Si dijo que por siempre te querría, si ha prometido un millón de cosas para el futuro... Las cosas que te hace decir el amor, supones, ¿no? Si juraba que sin ti se moriría... ¿Por qué sigue aquí? Te ha dejado solo y con esa persona se ha ido todo el amor que te daba y todas sus promesas perfectas. Miras como sigue su vida sin importarle cómo estás. Y es que esa persona nunca entendió, no pedías siete mil promesas... Sólo un poco de amor. Pero, a pesar de todos los errores de esa persona, la sigues amando como el primer día. Sientes que nunca vas a olvidarla y lloras. Lloras en las noches antes de dormir y al otro día te despiertas con los ojos hinchados... ¿Cómo es que pudo pasarte esto? No encuentras un consuelo. Es que, sólo esa persona podría consolarte y no, no va a venir. Lo sabes de sobra. Y ahora entiendes a tus amigos, lo que decían, sus ideas raras, tenían razón. Te habían desbordado, te habían roto el corazón. "Fácil viene, fácil se va" Eso era lo que te repetían tus amigos diariamente. Pero no entendías que hacer con eso, era una frase, esa persona ya había venido y ya se había ido. ¿De qué te servia? Pero uno de tus amigos dijo una frase inteligente: "Si esa persona te pertenece, volverá, si no, nunca lo fue." Eso fue lo único que te parece útil, quizás sólo debes esperar. Entonces piensas, tu idea anterior, que la gente se hacía daño porque no se querían lo necesario y, allí, comprendes que esa persona nunca te quiso lo suficiente, que luego, tal vez, se daría cuenta de su error. Pero mientras tanto, tú lloras y te desbordas, la tristeza te invade el cuerpo y la mente, sientes que tu vida ya no tiene sentido. Y para colmo te enteras que esa persona está intentando algo con alguien más. ¿Es que tan fácil te ha reemplazado? Te enfureces. Una parte de ti desea que le vaya bien con esa persona, que realmente encuentre su felicidad, pero la otra parte desea que le vaya terriblemente mal, que sienta que esa relación no funciona, que vuelva contigo y se de cuenta de que eres el amor de su vida. "¿Recordara?" dices para ti mismo. Ya no, ya no recuerda las cosas que te decía. Ahora, esa persona está muy ocupada diciendole las mismas cosas a alguien más. Ya ni hablan, ya ni te recuerda. Pasa el tiempo, has intentado tener una relación con alguien más pero esa relación no funciona. ¿Por qué? Ríes al saber el por qué. Obviamente, buscas a alguien que sea idéntico a esa persona que se ha ido, buscas que sea igual o, al menos, parecido, que tenga sus mismos gustos musicales, su mismo color de cabello, su misma manera de hablar... Pero no. Como ya hemos dicho antes, cada persona es única. Entonces te quedas solo, como estabas inicialmente. Realmente extrañas a horrores a esa persona. Recuerdas sus palabras, sus besos, sus promesas... ¿Cómo es que pudo hacerte tanto daño? Sigue pasando el tiempo pero , por lo menos, hablan. Eso te alivia. Sólo te interesa saber cómo esta esa persona, al fin y al cabo, sólo quieres que sea feliz. Sigue pasando el tiempo, bendito sea. Aún no puedes sacarte de la cabeza a esa persona. "El error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza a aquello que aún no sale del corazón" Suspiras al leer esas frases que te dicen. Es que, tienen tanta razón. Pero, a pesar de eso, estás mejor. Has mejorado notablemente, ya casi no lloras. Hablas con esa persona todos los días. Y vuelves al primer paso. Te sientes feliz de, por lo menos, ser su amigo. Tus deseos son otros pero te conformas. Pero todo vuelve a pasar, indirecta va, indirecta viene, esa persona vuelve a gustar de ti. Y te sientes tan feliz pero ¡¿qué es lo que está pasando?! Otra guerra interna: tu corazón y tu cerebro nunca se ponen de acuerdo. Parece que tu cerebro te habla: "Mírame, tú, ¿es que acaso vas a darle otra oportunidad? Debes estar bromeando... ¿Qué hago aquí adentro? Debería salir y darte unas buenas patadas. ¡Deja de cometer errores humanos!" y por otro lado tienes a tu corazón, que también te habla: "Cerebro tiene algo de razón, sí, pero... ¿está mal intentar otra vez? Claro que no. Esa persona se equivoco y mira, está muy arrepentida de todo el daño. Además, tus amigos dijeron que si esa persona te pertenecería volvería, y aquí está. Tú querías ésto, que volviera, ¿qué estas esperando?" Y, igual que la primera vez, sigues a tu corazón. Sientes como poco a poco todo el dolor que te ocasionó esa persona se desvanece y desaparece. Es que, esa persona está perdonada. Sí, pero perdonas y nunca olvidas. A pesar de eso, es como si fueras olvidándote de aquel error poco a poco aunque lo tienes presente con tu leve desconfianza. Entonces, otra vez le das su oportunidad. Dicen que todos merecen una segunda oportunidad... ¿no? Además que te gusta cumplir tus promesas. "Por favor, no me dejes solo" dijo él desesperado. "Promete que vas a estar siempre conmigo, en las buenas y en las malas" dijo él con lágrimas en sus ojos. "Lo siento tanto, nunca quise equivocarme así contigo... No mentía cuando decía que eras el amor de mi vida". Ella cerró los ojos y le sonrío "Siempre juntos, mi amor." Aún los veo por ahí. Creo que ya ha pasado demasiado de eso... hmh, ¿medio año? Sí, creo que medio año y un día. ¿Hoy es tres? Sí, medio año y un día. Es tan placentero decir que ésta vez los dos están enamorados.

Ayer lo vi por primera vez: Habíamos quedado en que me mandaría un mensaje cuando llegará y así lo hizo. Al recibir ese mensaje, corrí a buscarlo. No podía creer que por fin lo tendría a centímetros y no a kilómetros. Estaba muy nerviosa y emocionada a la vez. Las mariposas, la emoción y los nervios se mezclaban en mi estómago rápidamente. Había planeado este encuentro millones de veces y, por fin, hoy se hacía realidad. Supliqué que ésta vez no sea un sueño pero se sentía demasiado real como para ser uno. Cada vez que pisaba el suelo, al caminar, entraba en dudas interminables sobre qué iba a decirle o qué iba a hacer. Entonces, me encontré corriendo. Quería llegar lo más rápido posible a pesar de mi guerra interna. Sentía la adrenalina correr por mis venas y ni sabía porque. Ya mismo quería sentir sus brazos protegiéndome, sus manos acariciándome y sus labios besándome. Me encontré con que ya había llegado a la terminal, que sólo debía esperar que llegará y eso no iba a tardar mucho debido a que ya había entrado en la ciudad. Entonces decidí sentarme en un banco de la plaza de enfrente para estar más cómoda. Mi respiración estaba algo agitada y la gente al pasar me miraba algo extrañada, quizás me veían de la misma forma que yo me sentía. Sentía miedo, nervios, emoción... Y todo a la vez. Por una parte quería que llegará ya y poder ser feliz con él pero, por otra parte, tenía miedo de verlo. Fue en ese momento cuando vi el colectivo llegar, estacionando, y sentí que las mariposas se me subían a la garganta. Podía ser él o también podía ser cualquier otro colectivo. Entonces decidí quedarme sentada y esperar, si era, él me avisaría. Sorprendentemente, sucedió. Mi celular vibró, era un whatsapp. Recuerdo que incluso tenía hasta miedo de mirar el remitente pero lo hice y si, era él. "Ya me bajé, ¿dónde estás? Ya quiero tenerte". Ya era hora de levantarse y cruzar para encontrarlo. Por alguna razón estaba paralizada, con miedo, mucho miedo. Entonces recordé una frase de uno de mis ídolos que me ayudo bastante. "Me pase la vida imaginándote, no es momento para ser cobarde". Por lo que, básicamente, crucé la calle corriendo y caminé unos pasos más yendo a la parte trasera dónde divise un gran tumulto de gente que recién había llegado. No lograba verlo con tanta gente, entonces le mandé un whatsapp: "Hay mucha gente, no te encuentro. Camina hasta la esquina, hay un quiosco azul. Voy para ahí." Así que me giré sobre mis talones y comencé a caminar hacia allí. Sentía que las cosas se estaban complicando, y sí, exageraba. No alcancé a caminar más de siete pasos que sentí que gritaron mi nombre. Volví a girarme sobre mis talones para ver de dónde provenía ese grito. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, estaba detrás a unos pocos pasos. Estaba a tres metros y no a cuatro horas y veinte minutos lejos de mí. Rápidamente corrí hacia él y lo vi extender sus brazos hacia mí. Estaba sintiendo sus brazos arroparme, me estaba abrazando. Y yo aún no lo creía. Había deseado tantas veces sentir un abrazo de él. Había deseado que tan sólo salga cinco minutos de la pantalla de mi computadora y me de un abrazo... Pero aquí estábamos, abrazándonos, de verdad. Sentía sus lágrimas caer en mi hombro, mojándome. Recuerdo que me había dicho, mucho antes, que la primera vez que nos veamos iba a llorar. Y, recordando, me entraron inevitables ganas de llorar con él, así que lo hice. No podía creer que ese abrazo fuera real y no uno de los tantos de mi imaginación. Entonces sentí que se acercaba un poco a mi oreja, aún abrazándome. Quizás iba a decirme algo o tal vez sólo se estaba acomodando. Sentí un pequeño gemido proveniente de llanto y sonreí. "Te amo" me susurró de repente y sentí un escalofrío inundarme el cuerpo. Ésto no era una nota de voz, no era una llamada, ni era un mensaje; era real. "Yo también te amo" le respondí entrecortadamente por las lágrimas y él se separo un poco de mí, dejando de abrazarme para poder mirarnos bien de cerca. Me miraba fijamente a los ojos y luego bajo su mirada a mis labios. Parecía hipnotizado, muy concentrado. Habían pasado unos minutos y él aún me seguía mirando sin decir nada, lo que hizo que me sintiera algo incómoda. "Sé que soy fea, pero tampoco para tanto, eh" Hablé para romper el hielo. No sabía que decir y fue lo primero que se me ocurrió. Acto seguido sonreí, sintiéndome una tonta. Lo vi hacer una pequeña sonrisa hacia mí y llevó una mano a mi mejilla, acariciándome. "Sos más linda de lo habitual cuando estás sonriendo" me respondió, elevándome a las nubes. Sentí fuego en mis mejillas y deducí que el color estaba subiendo a ellas. Él aún seguía acariciándome y rió levemente al ver mis mejillas coloradas. Luego, lentamente, bajo su mano hacia mis labios y acarició mi labio inferior lentamente. Nuestras sonrisas habían desaparecido rápidamente y nos miramos a los ojos al mismo instante. Entreabrió sus labios y sonrío con algo de melancolía. "Esperé toda mi vida para esto" susurró dulcemente y me besó. Era nuestro primer beso y era perfecto. Los dos habíamos esperado demasiado tiempo para esa unión. Ese beso duró varios minutos, hasta que nos separamos para poder ir a otro lado. Debíamos ir al hotel donde él se hospedaba para que deje sus cosas allí. Obviamente, íbamos a estar juntos todo el tiempo que él se quedara. "¿Vamos al hotel así dejo esto?" me preguntó antes que yo se lo dijera y asentí. Comenzamos a caminar y él comenzó a hacer chistes para hacerme reír. Recuerdo que uno fue demasiado malo y le dije "Ese te resto mil besos. Ahora tenes mil besos menos que darme" le dije riéndome a carcajadas y él hizo una mueca. "¿Mil besos? Ay, pero mi amor, mil besos no son nada... Es lo que te daría en media hora, veinte minutos, no sé, pero no son nada" Me contestó sonriendo. Todo estaba siendo muy perfecto, nada ni nadie podía arruinar ese momento que tanto había esperado. "¿Si? ¿tantos?" le respondí para seguir la conversación y él me acarició la mano caminando. "¿Querés ver?" me contestó desafiándome, cosa que siempre suele hacer. Solamente sonreí y me besó. Después me sonó el despertador. "Mierda" susurré.