#simpulso
Abro un ojo. Todo está oscuro. Reconozco ese olor. Sandía. Como el ambientador de mi taxi. ¿Estoy en mi taxi? Intento estirar las piernas, pero no puedo. Es estrecho. Tanteo con las manos. Toco lo que parece ser una garrafa de aceite (reconozco esa garrafa), encajada en el hueco enmoquetado del paso…

Tenía un aspecto impecable: traje italiano a medida, corbata de seda, piel bronceada y el blanco de los ojos más blanco que han visto mis ojos. Antes de tomar asiento en mi taxi se quitó la americana, la dobló con suma maestría y la posó a su lado como si de un delicado ser vivo se tratara. Cerró su…

Una tela de araña en la esquina superior derecha del techo. Mañana se lo digo a Teresa. O mejor, me ocupo yo. O mejor, se lo digo: que sepa que me fijo en todo. Yo me porto bien con ella, qué menos. Diez euros la hora está muy bien. Aunque apenas es un hilillo. ¿Seguirá la araña ahí? No la veo. ¿Las…
El joven subió a mi taxi y, nada más indicarme el destino, sacó de la mochila su PSP y comenzó a jugar. Desde ese instante no exagero al decir que perdió por completo su porción de realidad. En lo que duró el trayecto no despegó ni por un instante los ojos (como platos) de la pantalla, pulsando boto…
Dos usuarios en el asiento trasero de mi taxi. El hombre, de unos cuarenta años y aspecto casual, andaba buscando trabajo. La mujer (diez años mayor que él, vestido hippie estampado y pelo ralo) tenía, según deduje, una consulta de astrología. Eran amigos o amantes, no sé. El caso es que él le preg…