InicioSalud BienestarMalos hábitos que te hacen engordar.





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 A veces ganamos peso porque comemos mal o vivimos mal. La alimentación es sólo una parte del asunto. Te contamos qué cosas debés desterrar para evitar los kilos de más. 







Estrés y ansiedad: son dos enemigos importantes del buen peso y la calidad de vida. Hacen que tengamos más ganas de comer y nos acercan a los dulces y la comida chatarra. Están muy asociados al "hambre emocional". Cuando te pase, tratá de retomar la calma y pensar qué te llevás a la boca y por qué. Reemplazalo por una botella de agua fresca y alguna fruta. Pronto sentirás una sensación de satisfacción y comprobarás que eran los nervios los que te estaban jugando una mala pasada.






Trasnochar y dormir mal: estirar la jornada hace que uno siga picando aún después de una buena cena. Y la falta de sueño y de descanso reparador crea un desequilibrio hormonal, que provoca que no te sientas satisfecha al comer.





Comer rápido: cuando comemos a las corridas, sin masticar bien, tenemos menos sensación de saciedad e ingerimos más alimentos de los que necesitamos.







Comer sobre platos gigantes: cuando se trata de platos, el tamaño sí importa. Nuestros comportamientos alimenticios muy a menudo se basan en lo que vemos,





No tener un plan de alimentación: Planear y estar preparado es esencial. SOLUCIÓN: Sigue un plan de alimentación saludable, ya sea que sean tres comidas principales con dos snacks





Sedentarismo: la falta de actividad física es muy perjudicial, para el peso y para la salud. Cuanto más nos movamos, mayor gasto calórico tendremos y acumularemos menos grasa. Si hacemos ejercicio podemos comer más sin ganar peso.





Comer fuera y muy seguido: En los restaurantes, las porciones tienden a ser muy grandes pero no por ello necesitas comer todo lo que te sirven en el plato. Compartir un plato con alguien es una buena opción.






Atracones: comer mucho en un sólo momento del día y mantener muchas horas de ayuno no es bueno, porque favorece los atracones. Lo mejor es fraccionar la alimentación en seis comidas diarias. Esto aumenta el funcionamiento metabólico y disminuye la probabilidad de acumular grasas, dado que la provisión de alimento constante reduce notablemente la ansiedad.






Comer distraído: ¿Twiteando? ¿enviando mensajes de texto o correos? ¿viendo TV? De acuerdo a una investigación publicada en febrero del 2013 en el Diario Americano de Nutrición Clínica (American Journal of Clinical Nutrition), quienes comen distraídos son propensos a consumir hasta 50% calorías más. Comer mientras uno está distraído hasta le causa a uno a comer más en el próximo alimento o snack porque la mente no registra por completo lo que se comió durante la comida. 





Exceso de sal: salar demasiado la comida es malo. Es conveniente disminuir el consumo de sodio para retener menos líquidos y eliminar el riesgo de presión alta. Se puede compensar agregando mayor variedad de especias en tus comidas.





No usar una balanza y consultar tu peso con regularidad: ¿Has tenido la balanza olvidada? ¿Estás convencida de que el saber cuánto pesas te desanimará? Si ese es el caso, tienes "pes-itis", la palabra que usamos para describir cuando se evita la balanza.





Poco líquido: Ingerir menos de 1 litro de agua por día hace que nuestros riñones trabajen poco y más toxinas queden en nuestro cuerpo. Los especialistas recomiendan beber a diario 2 o 3 litros de agua, soda, jugos dietéticos, gaseosas light, caldos caseros desgrasados o infusiones.





Consumir calorías líquidas: ¿Cuándo fue la última vez que pensaste, "REALMENTE necesito beber esto?" Solo con observar tus patrones de bebida, investigadores pueden decirte si estás en riesgo de subir de peso en el futuro. Demasiadas calorías líquidas se relacionan a la obesidad y diabetes tipo 2. 





Atragantones nocturnos: ¿Una caloría es una caloría? La verdad es que depende de cuándo se consume. El comer mordiscos de noche es uno de los peores hábitos. Estudios muestran que la gente que come la mayoría de sus calorías de noche son más susceptibles a estar obesos comparado con adultos que consumen la mayoría de sus calorías durante el día. De hecho, los investigadores encontraron que comer después de las 8 p.m. aumenta el peso corporal y se correlacionaba directamente con la ingesta diaria total de energía, independientemente del horario al que los sujetos se iban a la cama o la cantidad de horas que dormían.






Devorando tus emociones: ¿Tragas tus penas con comida? Quizás optas por comer snacks en el trabajo porque estás estresado o aburrido. Quizás comes de noche porque estás solo. Estas son situaciones en las que no tienes hambre, pero que acabas lidiando con tus emociones a través de la comida.










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