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Usuario (Argentina)
“Un juego imposible: competición y coaliciones entre partidos políticos de Argentina entre 1955 y 1966”. Modernización y autoritarismo. G. O´Donnell, El artículo trata sobre la competencia y formación de coaliciones entre los distintos partidos políticos en el periodo 1955-1966 luego de la proscripción del peronismo. Estudia este proceso proponiendo un modelo basado en la “teoría del juego”, por la cual los “jugadores” (partidos políticos) compiten para obtener el máximo de votos a través de las coaliciones y así ganar el “premio” o elecciones; para esto cada jugador cuenta con una cantidad determinada de “capital” inicial y todo este conjunto se halla moderado por un “referee” que vendrían a ser los militares, que a pesar de no haber creado las reglas quieren hacerlas cumplir. Al principio del juego los distintos participantes se distribuyen de forma bimodal, es decir peronistas de un lado y antiperonistas del otro. Las reglas de este juego, según el autor, son claras: se prohíbe a los peronistas ganar elecciones importantes (por lo cual su participación pierde sentido), y cualquier partido fuera de este que las gane debe “decidir y ejecutar políticas socioeconómicas que denieguen las demandas-preferencias del modo peronista” . Se basa en este modelo para establecer un paralelismo con loa hechos acontecidos luego del derrocamiento de Perón, y todo el proceso que se abrió para contener y obtener los votos peronistas, y en particular con el gobierno de Frondizi que se encontró en la encrucijada de cumplir con su pacto y perder el juego siendo derrocado por los militares o bien traicionar a Perón y perder el apoyo obtenido perdiendo la posibilidad de ganar en las elecciones subsiguientes. Hacia el final del texto va a expresar que en condiciones de alta modernización se da el surgimiento de una demanda y activación política del sector popular urbano que el gobierno dificultosamente pueda satisfacer. Para esto es necesario el apoyo de una importante base organizacional, que el peronismo dotó a través de los sindicatos. Va a concluir que dentro del contexto analizado y con las restricciones que suponen la competencia y las coaliciones entre partidos políticos sufren distorsiones que contribuyen a la ruptura del régimen existente por uno burocrático-autoritario (O´Donnell 1972), y que una abierta competencia entre los diferentes partidos y un acceso abierto al poder político son las condiciones necesarias para la consolidación y supervivencia de la democracia política
“Estado y alianzas en la Argentina, 1956-1976” G.O’Donnell Este trabajo analiza las diferencias específicas del periodo burocrático- autoritario argentino de 1966 con los restantes (O´Donnell 1977), para ello realiza una descripción de los antecedentes históricos que llevaron a la Argentina a esta situación y va a decir que a diferencia del resto de los países de América Latina posee una temprana burguesía agraria que desarrolló prolongaciones financieras y comerciales con el sector urbano originando un crecimiento de este último y del sector industrial precoz. Esta centralidad de la burguesía pampeana y su modo de inserción en el mercado mundial fueron el ámbito principal de la internacionalización de la sociedad y la economía, y generaron a su vez un mayor nivel de homogeneidad. La gran base de acumulación local que daba el control de la tierra, sumada a las características “liberales” del estado llevó a la creación de un sector popular con mayores ingresos, lo que promovió una industrialización incipiente, (fortalecida por la Primera Guerra Mundial), lo que resultó en una clase obrera con capacidad organizativa propia. Esto, sumado al crecimiento comercial y financiero y a la conexión dependiente con el sistema mundial, constituyó un dinamismo que pasaba más por la sociedad civil que por el Estado. Va a expresar que el poder económico se haya distribuido entre dos grandes sectores, la “gran burguesía urbana” de carácter industrial y vinculada al sector interno, y la “burguesía pampeana” de corte agrario y fuertemente vinculada al sector externo, y que estas partes funcionan a veces como aliados y otras no dependiendo de las crisis de la balanza de pagos que fueron tratadas mediante abruptas devaluaciones, que implicaron en el aumento de los precios internos de las exportaciones generando redistribuciones hacia la burguesía pampeana. Estos sectores dominantes se enfrentan a los sectores subalternos, la burguesía urbana mas débil (representada en la CGE), y los sectores populares o asalariados. Durante el peronismo estos últimos coincidieron en una “alianza defensiva” frente a la alianza de las clases dominantes, y se van a transformar en la base de sustentación de este movimiento. El autor sostiene que esta alianza fue victoriosa porque “impidió que se prolongara la fusión entre las dos fracciones superiores de la burguesía”#. También va a afirmar que la incorporación de grandes capitales orientados hacia el sector industrial la gran burguesía se va a ver favorecida en detrimento de la burguesía agro pampeana, lo que rompe la alianza inicial generando así un periodo de inestabilidad. Va a concluir que lo que se intentó construir desde 1966 fue por un lado un intento de reconstruir mecanismos de acumulación que sometieran a la sociedad a la gran burguesía, y por el otro establecer un sistema de dominación política efectivo que se impusiera sobre la sociedad civil. Por otro lado, la victoria de la alianza defensiva llevó a una vuelta al nacionalismo, a la implantación de un nuevo Estado y a la intervención o disolución de las organizaciones más importantes del poder popular y de la burguesía local. De esta manera se llega a la búsqueda de una relación más igualitaria entre las fracciones superiores de la burguesía y a la dispersión de la alianza defensiva. (O´Donnell 1977)
ESTADO Y SOCIEDAD EN AMÉRICA LATINA – 1830/1930 Marcelo Carmagnani – ESTADO Y SOCIEDAD EN AMÉRICA LATINA – 1830/1930 Cap 2: Orden y progreso. La edad de oro del proyecto oligárquico Este período se caracteriza por el lema de la bandera de Brasil: orden y progreso. Las oligarquías transmitían su convencimiento de haber transformado su país salvaje a un país a la inglesa. Esta situación fue favorecida luego de 1880 cuando se insertaron las economías latinoamericanas a la economía mundial. Gracias al crecimiento económico desaparecieron las luchas interoligárquicas y se aceleró la unión de la clase dominante. Se incrementaron las exportaciones y la llegada de capitales, en especial, ingleses que dominaron el comercio exterior. La oligarquía de cada país gobernaba sin oposición. A partir de 1890 la supremacía mundial de Inglaterra empieza a decaer por la aparición de nuevas potencias. Las consecuencias del crecimiento económico son el nacimiento de capas medias y de la reducción de núcleos proletariados, asó como de una contraposición ciudad-campo. El 1880 marca el ordenamiento político, económico y social, mientras que el 1910 señala el principio del fin de la gran ilusión oligárquica (con la revolución mexicana). Factores productivos y producción Las áreas latinoamericanas se encontraban divididas en áreas exportadoras de productos agrícolas de clima templado (Argentina, Uruguay, sur de Brasil), de clima tropical (Venezuela, Caribe, Am. Central), y de productos mineros (Chile, Bolivia, Perú, México). La producción y el comercio exterior se incrementaron en las zonas de clima templado (trigo, maíz, lana, carne). También se incrementaron los bienes mineros. La economía de Argentina experimentó un gran desarrollo a comparación de las demás economías latinoamericanas. También se incrementaron las importaciones, por lo que la balanza comercial fue positiva. No es igual este crecimiento en las zonas mineras, ya que tienen un desarrollo irregular, como en México y Chile. Este desequilibrio entre regiones se debe a que surge en el sector agrario una progresiva diferenciación entre haciendas, estancias y plantaciones tradicionales y atrasadas. Entre 1880 y 1914, las unidades más productivas se encontraban en la costa, cerca de los puertos. Esto se puede ver en Perú donde las haciendas más prósperas, productoras de azúcar y algodón, se encuentran en la zona costera. El ferrocarril y la disminución de los costes de transporte crearon el clima propicio para que floreciera el latifundio en las regiones interiores. Las unidades modernas y las tradicionales coincidieron en producir a bajo costo, la agricultura fueron de tipo extensivo: precisan grandes territorios, escaso capital fijo y abundante mano de obra y barata. Gracias a los bajos costos, estas mercaderías fueron competitivas en el mercado internacional. Aparece el monocultivo debido a la existencia de inmensas superficies agrícolas no ocupadas. En Argentina, Brasil, Uruguay y Chile se expulsó a los indios de sus tierras, en Perú, México o Bolivia, expropiaron las tierras aborígenes y las convirtieron en comunidades sedentarias. Las diferencias entre el latifundio de 1820 y el de 1910 son mínimas: en 1910 se usan más las maquinarias, se intentan introducir nuevas razas de ovinos y bovinos, pero al igual que en 1820, la característica base radica en que es un voraz consumidor de grandes superficies, dado que la agricultura y la ganadería siguen siendo extensivas. En Brasil, el agotamiento del suelo debido al cultivo del café, obligó abandonar los campos explotados, ya inservibles y a trasladarse hacia el interior para cultivar. Las relaciones de producción entre la economía campesina y el latifundio se deterioraron: las condiciones de vida y de trabajo en el interior de la hacienda empeoraron. En las zonas más densamente pobladas (México, Colombia y Chile), el latifundio no llega a cubrir las exigencia de la gente, en cambio en Argentina o Brasil el crecimiento demográfico benefició mucho. En la zona andina o en México, donde la economía es próspera, la ganancia para el campesino tiene el carácter de suplementaria. En cambio, en las áreas de explotación reciente, como Argentina y Uruguay, la subsistencia de la población rural depende casi por completo de la retribución obtenida por sus servicios en el latifundio. La consecuencia de este empeoramiento de la vida campesina fue la reducción del autoconsumo. El latifundio, así, se impuso sobre la estructura agraria, lo que favoreció a la destrucción del artesanado rural. En las zonas mineras convivía el capital inglés y nacional. Las unidades productivas mineras disponían de una tecnología muy avanzada y pueden adiestrar en su manejo a un elevado porcentaje de la mano de obra total. Pero en México con la plata y en Colombia con el oro, no se daba esta generalidad, ya que siguieron usando las mismas técnicas de extracción que en la época colonial. A principios del siglo XX, la compañía americana Cerro de Pasco, instada en la sierra para la extracción de cobre, esperaba obtener la mano de obra necesaria de las aldeas indias cercanas a la mina. Esto no sucedió, por lo tanto, tuvo que recurrir al enganche (forma coactiva de reclutamiento). Esta forma de reclutamiento dio origen a sociedades mercantiles especializadas. Innovaciones y capital inglés La inserción de las economías latinoamericanas en la economía mundial dependía de la posibilidad de desarrollar las pobres estructuras comerciales existentes, los ferrocarriles y los puertos, así como los servicios bancarios y de seguro, con el fin de facilitar la salida de la producción. Las mercancías tras pasar por Inglaterra, luego eran revendidas a otros países europeos. Una de las consecuencias de este aspecto fue que la autonomía del estado oligárquico sufrió reducciones a tal punto que se habla de estados neocoloniales, incluyendo a América latina dentro del imperio británico. Debido a que el estado no quería agravar con impuesto las rentas de las oligarquías se acudió a préstamos de bancos ingleses para financiar obras públicas, instalar ferrocarriles, etc. Mediante estos préstamos el capital inglés logró dominar el aparato financiero del estado. Los ingleses invirtieron, en su mayoría, en la producción minera, más concretamente en el nitrato que había en Chile, en la zona que le ganó a Bolivia y Perú en la guerra del Pacífico. Entre 1880 y 1914 las oligarquías crearon muchos bancos, compañías de seguros, sociedades financieras e industrias. Dentro de la estructura financiera concurrían dos flujos distintos: uno interior, de origen productivo, y otro exterior, de origen no productivo (préstamos y capitales provenientes de Londres). Dicha estructura constituyó el punto donde se efectuaba el enlace entre los intereses económicos de la oligarquía y los del capital extranjero. Antes de 1880, se había desarrollado un sector bancario con capital inglés. Pero después de esa fecha, se hacen cargo los capitales nacionales. Pero los ingleses a partir del 1900 comienzan a comprar paquetes de acciones minoritarios de los bancos nacionales. Este entrelazamiento entre capitales ingleses y nacionales dio como resultado una división del trabajo en el sector financiero (pacto neocolonial). En un mapa de América Latina a principios del siglo XX se puede ver que los trenes se unen en el puerto. La excepción a la regla es México y Chile. Los tranvías llevaban los nombres de compañías inglesas, también los quioscos, había diarios en español o en portugués. Las inversiones más importantes se hicieron en los ferrocarriles. El motivo hay que buscarlo en el grado de desarrollo tecnológico a que había llegado en este campo la economía inglesa. La crisis de 1875 en Inglaterra impulsó a buscar afuera nuevos mercados. En América los encontró. Le cedieron a dichas compañías vastas extensiones de tierra en las zonas por las que pasaba el ferrocarril. En lugares como Perú, Chile y México donde lo más abundante eran los minerales, las cesiones fueron yacimientos que fueron explotados por las compañías ferroviarias. Este apuro de dar tierras a las compañías era porque deseaban que disminuyeran los costes de transportes de los productos exportables y así fueran más competitivos en el mundo. A pesar de este deseo, el tren siguió siendo caro. La causa es que los ingleses imponían los precios así que sacaran el mayor provecho a esta libertad. Capital inglés y capital nacional: la alianza imperialista La banca inglesa en América creció rápidamente. En 1870, 4 bancos ingleses operaban en América con un total de 20 sucursales, la mitad de ellas en Argentina y Brasil. En 1913, se sumó un banco más, y se llegó a 88 sucursales. Los bancos ingleses gozaron del favor del público y absorbieron una porción del ahorro acumulado en América Latina. El capital inglés logró multiplicarse sin recurrir al mercado monetario inglés y establecer una alianza con la clase dominante de los diversos países latinoamericanos. Casi de la mitad de las inversiones inglesas provenían de dos fuentes: la reinversión de los beneficios no exportados y el recurso al mercado monetario interno. Esta sustracción del ahorro nacional fue una de las causas del atraso económico de América latina. El objetivo de la clase dominante era afianzarse en su papel como centralizadora de todas las decisiones concernientes al empleo de la renta nacional. El único medio para poder controlar dichas innovaciones consistía en asociarse al capital inglés, cediendo parte de los ingresos. Las oligarquías trataron de hacer recaer sobre los grupos subalternos el coste económico de la operación. Este intento de una síntesis entre un modo de producción feudal (predominante) y de un modo de producción capitalista (nuevos técnicas importadas) estaba condenado al fracaso. El predominio de las oligarquías: aspectos sociales Las oligarquías dominan sin oposición. Su poder social se basa en la inmensa fuerza económica que posee ligada al capital inglés. En Perú la diferencia entre las oligarquías de la costa y de la sierra es clara: la de la costa participa en el proceso exportador. En el caso de Brasil es distinto: existen dos oligarquías potentes, la de San Pablo y la de Río de Janeiro. La región de San Pablo goza de la ventaja que significan los intercambios con el extranjero: la de Río tiene la capital administrativa que ya es mucho. En Colombia no hay diferencias entre la oligarquía costera y la del interior. Desde el punto de vista social, la oligarquía no es un grupo homogéneo. Existen dos mecanismo de cohesión entre los grupos fuertes: 1) alianza matrimonial: atraer a los miembros más influyentes y absorber a las personas que nacidas fuera de este círculo, habían conseguido enriquecerse. 2) mantenimiento del mayorazgo (las herencias pasaban al hijo mayor). Aparecen los clubes oligárquicos en casi todos los países que están abiertos a los representantes del capital extranjero. El lugar era un punto de encuentro para discutir en privado los negocios y proyectar matrimonios. Las oligarquías latinoamericanas no eran iguales. La uniformidad de las oligarquías está en relación directa con el estado de las exportaciones del país. Donde el incremento de las exportaciones fue menor o afectó a una mínima parte del país, la gestión del estado se convirtió en elemento de un posible acuerdo entre los grupos oligárquicos. Los grupos dominantes se hallaban obligados a establecer contactos permanentes entre sí, con el fin de eliminar las fricciones. Para esto usan las alianzas matrimoniales y los clubes. Dichos grupos delegaron una parte de su poder a una minoría representativa: oligarquía nacional. La oligarquía le garantiza al capital inglés sus negocios, mientras esta le garantiza en el exterior el poder oligárquico. La oligarquía aplicó una política represiva, desarrolló y modernizó el ejército. De una institución dedicada a defender las fronteras nacionales y dirimir conflictos entre los países, pasó a ser un instrumento para garantizar el orden en el interior del país. También tuvo la tarea de eliminar a la población india que no aceptaba a convertirse en fuerza de trabajo. La tropa se convirtió en profesional al recibir una paga. La oligarquía puso en práctica mecanismos para evitar que la clase media participase en la política. Había dos posiciones dentro de la oligarquía: 1) había que hacer concesiones a las capas medias sin comprometer el dominio del grupo dominante, 2) no hay que dar nada a las clases medias porque eran una amenaza. Estos dos puntos de vista diferentes se vieron en todos los países en que las clases medias crecían. En Argentina y México las reivindicaciones sociales de las capas medias fueron combatidas con rudeza. Hasta la segunda década del siglo XX, las capas medias no obtuvieron concesiones importantes. La oligarquía recurrió constantemente a la represión y al chantaje en sus contactos con la clase media, mitigando en parte su dureza con actitudes paternalistas y concesiones mínimas que dejaban intacto el fondo del problema, pero daban a las capas medias, la impresión de haber obtenido grandes victorias. Mutaciones en la dinámica social Surgen nuevos tipos de relación. El más importante es la relación de clase manifestándose en las capas populares urbanas y mineras. Hay una separación cada vez mayor entre el mecanismo clientelar y el de reciprocidad, de modo que el primero no tarda en ser percibido como un mecanismo opresivo. Los nuevos elementos sociales proponían una organización social basada en la flia, en las relaciones impersonales, en la regulación económica por la acción del mercado, es decir, proponían una inversión de la relación ciudad-campo. El crecimiento económico requirió en los países pocos poblados una cantidad adicional de fuerza de trabajo, por lo que surgieron las inmigraciones, mientras que otros países se vieron obligados a transferir fuerza de trabajo desde zonas no beneficiadas por el incremento productivo hacia las beneficiadas. La inmigración europea afectó al litoral atlántico sur (Arg, Uru y Brasil), las migraciones internas se vieron reflejadas en países de producción minera (Chile, Mx) y los países agrícolas del Pacífico (Perú, Colombia). Gracias a los ferrocarriles fue más fácil trasladarse de un lugar a otro. A estos fenómenos demográficos hay que añadirles el sector financiero y la administración pública como resultado de la penetración del capital extranjero: el surgimiento de una demanda de trabajo de tipo urbano. Hacia 1870, la población ascendía a 25 millones, 22 de ellos en América hispana y los restantes en Brasil. A principios del siglo XX, las cifras eran de 44.5 millones para Hispanoamérica y de 17.9 para Brasil. Este enorme crecimiento demográfico es debido a dos factores: la inmigración y la lenta reducción del índice de mortalidad. En Argentina, Uruguay y Brasil, la población se multiplicó por 10, en los demás solo por 5 o 6. Gran parte de estas gentes venían a América por las tierras, pero solo una pequeña parte pudo lograr obtenerlas. Los demás se ubicaban en las ciudades. Cuando llegó acá, se dio cuenta que debía ser un trabajador más, sometido al hacendado. Los inmigrantes que no regresan a su país, luego de ver en que situación debían vivir, se sometieron a conflictos civiles. Donde la inmigración europea no fue mucha, como en el Caribe y la costa del Pacífico, las necesidades creadas por el crecimiento económico provocaron una redistribución demográfica en función de las zonas productoras de bienes exportables: los centros mineros (zonas montañosas o desérticas) y las plantaciones tropicales (en regiones costeras). En las regiones agrícolas no exportadoras se caracterizaron en algunos países (México, Guatemala, Ecuador, Perú y Bolivia) por dos formas productivas: el latifundio y las comunidades indias. Surgimiento de las clases medias y del proletariado Hay relación entre crecimiento económico y grado de alfabetización. Por eso es importante, en esta época, la educación, para que el país disponga de personas adecuadas para seguir manejando al país. La cultura llegada de Europa era de carácter humanístico y jurídico. El desarrollo de estas corrientes determinó el surgimiento de las clases medias que a finales del siglo XIX adquirieron una fisonomía social en las ciudades. Los países se caracterizaron por su multiplicidad de grupos étnicos, de modo que el surgimiento de la clase media presentó una peculiaridad étnica: grupos mestizos y mulatos. Estos grupos recibieron protección de la oligarquía y del capital extranjero. Las clases medias rechazaron la cultura popular. Se dieron cuenta que lo económico agravaba su situación particular por lo que recurrieron a la fuerza. Luego de la Primera Guerra Mundial, la clase media adquirió una autonomía política. Lo que no se modifica es la base económica. Este surgimiento y modificaciones de la clase media no se dieron, por igual, en todos los países. Esto se debió por el grado de inmigración de cada uno. Los estratos populares aparecen todavía en el último tercio del siglo XIX como una masa amorfa en la que se distingue claramente la diferencia entre un bracero del campo y un peón de la ciudad. El latifundio actuó como un freno al crecimiento y diferenciación de los estratos populares. Controló a la población interior con aspectos represivos y su contrapartida en los regalos y préstamos de bienes que hace el patrón. Otro factor que revistió gran importancia para el control de la población dentro del latifundio fue la gran fragmentación de la mano de obra. Dentro de cada unidad se distinguen dos tipos de mano de obras: los colonos, que obtenían el usufructo de un pedazo de tierra con la condición de suministrar una cantidad determinada de jornadas laborales o parte de la cosecha, y los braceros que vivían en el centro del latifundio recibiendo por cada jornada laboral un salario en metálico más la comida. Cada uno de estos grupos era vigilado por los capataces que a su vez obedecían a los mayordomos. También había gente vagabunda que no era absorbida por ninguna unidad. Estas eran atraídas por las zonas mineras. Este tipo de población fue numerosa en las zonas no indias. Las diferencias entre las zonas afectaron a la formación del proletariado en los países exportadores de productos mineros. Este proletariado debió soportar el acoso del capital extranjero y del estado oligárquico. El crecimiento del proletariado se estancó debido que en la ciudad existían muchos grupos de trabajadores. Los más numerosos fueron los albañiles. Durante el último decenio del siglo XIX estallaron en ciudades y zonas mineras huelgas para exigir medidas contra la mala calidad de vida, de los transportes y contra la baja de los salarios. Estructura y funcionamiento del estado oligárquico El período entre 1880 y 1914 representa una de las etapas de mayor estabilidad política en la historia contemporánea de América Latina. A lo largo del período 1850-1880 las oligarquías habían dado un orden institucional a sus países, favoreciendo el asentamiento de los juristas como élite intelectual. Este estado oligárquico tenía como elementos de base el poder moderador y la representación equitativa de todos los grupos. Los principios del liberalismo suministraron al estado oligárquico los fundamentos teóricos que necesitaba. Las constituciones mostraban un sistema parlamentario bicameral y la división de poderes. El presidente tenía un papel determinado y asignaba al país una organización federal. Las constituciones latinoamericanas restringieron la participación electoral. Dado que el estado había sido organizado como una república presidencial, correspondía al presidente desempeñar la función de árbitro de los distintos grupos oligárquicos. El nombramiento a la presidencia se hacía mediante elecciones indirectas. El incremento de las exportaciones privilegió a determinadas regiones, generalmente a las zona cercanas al puerto. La oligarquía intentó absorber a los grupos menos potentes gracias al estrechamiento de los vínculos sociales entre ambas e hizo posible el fortalecimiento del poder central. Esto se dio en países donde había varias oligarquías de las cuales una había crecido. En México, como en Brasil y Argentina, la cosa era distinta. En México, donde el poder central estaba en manos de Porfirio Díaz, los principios liberales había llevado a un régimen autocrático. Debido a esto se sucedieron conflictos sociales. Permitió al poder central pasar de ser mediador a ser dominador de la oligarquía. En los países unitarios, la situación era diferente. En todos ellos (Colombia y Perú) existía una mayor desigualdad entre los grupos oligárquicos. El proceso de institucionalización escogido por la oligarquía dio origen a un tipo de estado que no lograba manifestarse de modo uniforme y orgánico en todas las regiones de un mismo país. Este control de la población fue un favor importante para asegurar la renovación formal de los cargos políticos electivos. Se transformó el sufragio censatario en universal. Con esto, aumentó la cantidad de electores del campo. El latifundio adquirió un influjo mayor porque podían manipular las listas electorales incluyendo a los braceros, colonos como alfabetos y así poder votar. Todos los movimientos políticos de las clases medias tuvieron origen en la reforma electoral. El caudillismo pasó a tener nuevas características. Antes usaba la mano de obra como masa militar, ahora, la mano de obra perdía esta función para convertirse en una masa pasiva a favor del candidato que más lo beneficiaba. Así nació el antecedente del sistema clientelar que sería usado a partir de 1914. La oligarquía se valió de la compra de votos. Este período se caracteriza por la pacífica alternancia de los partidos liberales y conservadores al frente del poder ejecutivo. El liberal es el predominante. Su desacuerdo ideológico tenía que ver con la iglesia. Los liberales eran laicos y partidarios de la separación, en cambio, los conservadores eran religiosos. También deseaban una centralización acentuada, en cambio, los liberales una reducción del poder central. Los conservadores se inclinaban por dar mayor protección a las actividades económicas no vinculadas a la exportación mientras que los liberales consistían en un librecambismo. Las diferencias se reducen a un problema de actitud. La diferencia que los separa no es ideológica, sino que es por la región. Se asemejan a que pertenecen a las mismas familias, que opinan que el país es ingobernable y que el ingreso de la clase dominante terminaría pronto. Por eso se dieron, en muchos casos, gobiernos de coalición. De la división del partido liberal nació el partido radical chileno en 1862, que en un primero momento defendió a la oligarquía. El primer partido político de la clase media fue la UCR en 1892, que logró atraer a las capas medias. Esta situación no se dio en todos los países. La incorporación de las clases medias creó las premisas para el paso de un sistema político informal a uno formal: para poder controlar esta base electoral, los partidos liberales tuvieron que crear una organización con órganos centrales y periféricos. La organización de la clase obrero fue una alternativa a las existentes. En la lenta evolución del proletariado se distinguen dos variantes: la que ofrecen los países con una fuerte inmigración y la que caracteriza a los restantes. Los inmigrantes se encontraron con que el máximo grado de organización obrera eran las sociedades de socorro mutuo. Estos provocaron tensiones y así surgieron sociedades obreras anarquistas y socialistas. En Argentina, en 1870, habían fundado secciones de la Primera Internacional. En Brasil y Uruguay, en 1900 se nacionalizan las tendencias socialistas y anarquistas que se traduce en la organización sindical y en la capacidad de dirigir las huelgas. En el resto, donde la inmigración fue escasa, la evolución que transformó a las capas populares fue muy distinta. Gracias a las sociedades de socorro mutuos evoluciona el proletariado, se fueron convirtiendo en sociedades de resistencia. En este período, los partidos políticos hegemónicos se caracterizaron por su transformación en estructuras de apoyo del sistema político oligárquico al realizar la unión del elemento clientelar (unir las capas populares agrarias) con el organizativo (encausar las reivindicaciones de las clases medias). Relaciones internacionales En la década del 80 todos los países disponían de un Ministerio de Asuntos Exteriores. Las embajadas inglesas tenían un poder político que se desarrolló al incremento de las inversiones británicas y al control ejercido por la economía de su país sobre las de América latina mediante el comercio exterior. Se debieron trazar las fronteras. En este caso, una de las guerras más significativas fue la llamada “del pacífico” o “del salitre”, que estalló en 1879 y opuso a Chile contra Bolivia y el Perú por causa de la línea fronteriza entre Chile y Bolivia. El límite norte del Chile colonial estaba situado en el desierto de Atacama. Este desierto se convirtió en una zona valiosa cuando se descubrió nitrato, que es muy empleado en las industrias bélicas. En 1866, Chile le propuso un acuerdo que no fue aceptada. Bolivia recurrió a Perú. Ambos países le declararon la guerra a Chile. La guerra duró 4 años, las tropas chilenas entraron en Lima. En esta guerra participaron diplomáticamente Inglaterra, Alemania y EEUU. Inglaterra no quería la expansión de EEUU. Este conflicto se vio en los problemas de fronteras entre Venezuela y Gran Bretaña debido a la Guyana. En 1887, Venezuela pidió la ayuda de EEUU (doctrina Monroe) para mediar con Inglaterra. Los yanquis y los europeos intervenían en América latina para defender a sus “súbditos”. En 1881, se creó un movimiento panamericano con el fin de defenderse de las potencias. Fracasó. En 1910, se creó la Unión Panamericana en Buenos Aires. La tardía formación del estado oligárquico en Bolivia Bolivia se desarrolló lentamente. La evolución política pasó por una fase de caudillismo. Lo que sí se distingue Bolivia de otros países es que en ella el estado oligárquico empezó a formase cuando los demás países se hallaba ya en fase de consolidación. Los motivos de este retraso fueron de carácter estructural. La nueva inserción de la economía en la internacional basada en la reactivación de la producción de plata, afianzó los desequilibrios entre las regiones. La estructura social interna se basaba en la diferenciación étnica de una minería, calificada de “blanca” que ejercía su dominio sobre la “cholada” y la “indiada”. Se pasó del caudillismo al estado oligárquico debido a la derrota de la guerra con Chile. Pero la verdadera causa fue la supremacía del grupo minero en la oligarquía. Durante los períodos de la oligarquía conservadora (1884-1899) y de la liberal (1899-1920) se forma y se desarrolla un sistema político basado en los partidos. Los conservadores eran los que querían la paz con Chile y los liberales los que querían restituir los territorios perdidos. Lo que los unía era su común visión al jacobismo y su fe común en el progreso material. La victoria de la llamada “oligarquía liberal” en 18990 tuvo lugar en el plano de las armas. Triunfó la tendencia unitaria, poco a poco se adherían grupos conservadores gasta tan punto que a pocos años de la victoria liberal, el partido conservador dejó de existir. La consecuencia de la crisis de la plata en los 90 fue la reconversión de la oligarquía minera a los asuntos nacionales. La internacionalización de la oligarquía minera favoreció su inhibición política. Encomendó sus funciones a personas de confianza. Este grupo intentaría impedir que el estado extendiera y fortaleciera su poder. Luego apareció la oligarquía conservadora que trató de evitar la consolidación del estado. Continuidad del estado oligárquico: Brasil En 1899 Brasil dejó de ser imperio y pasó a ser república. La proclamación de la república y la expulsión de Pedro II hay que relacionarla con la afirmación de los principios liberales y positivistas con el crecimiento económico. El imperio no lograba coordinar las diversas fuerzas del interior. La abolición de la esclavitud en 1888 significó la definitiva confirmación del predominio de la oligarquía del sur sobre las del norte. Triunfó el café y la ganadería sobre el algodón y la caña de azúcar. En el imperio existía un parlamento en que los senadores eran elegidos por el emperador y los diputados por elección indirecta. Pero por encima del parlamento el poder era del emperador. Con la república el centro del poder estaba en el parlamento, quedaba reservada al presidente la función de árbitro. Se produjeron levantamientos en el interior. El nuevo modelo de sistema político instaurado en 1891 los historiadores llaman “la vieja república. Había mucha marginación electoral. Antes de 1914, la continúa extensión de las plantaciones de café hacia el interior del país originó una crisis debido al exceso de producción: el estado se vio obligado a intervenir comprando stocks a fin de evitar que el precio disminuyera en el mercado internacional. Esta intervención federal irritó a las demás oligarquías. Rebeliones urbanas: Uruguay y Argentina En Uruguay fue en el primer lugar donde se manifestaron las capas medias. Pese a la expansión demográfica de las ciudades, la economía del país siguió siendo agraria. La historia del país se divide en 4 fases: caudillista (hasta 1875), militar (hasta 1890), presidencial (hasta 1904) y estado asistencialista (institucionalizada por la constitución de 1917). La fase final del caudillismo agrario marca la consecución de un acuerdo entre dos grupos oligárquicos: blancos y colorados. Ambos bandos firman la paz de 1872 institucionalizó el principio de repartición del poder político. La capital era poder de los colorados. Montevideo debía asegurar el libre acceso al mercado exterior de los productos que controlaban los blancos. Entre 1876 y 1886 se produjeron dos nuevos fenómenos: el incremento demográfico del área urbana de Montevideo y el refuerzo del poder económico de la oligarquía colorada. La guerra del Quebracho (1886) que fue el enfrentamiento armado definitivo entre los dos grupos oligárquicos, significó la conquista de la supremacía política por parte de los colorados. EL presidente de la república sería escogido entre las filas coloradas. Así fue como el poder central se convirtió en garante de que el parlamento estuviera representadas ambas oligarquías, blancas y coloradas. El presidente José Batlle y Ordóñez promovió una vasta reorganización del poder político al asociar a las capas urbanas a la gestión del estado. La oligarquía blanca reaccionó con una insurrección encabezada por Aparicio Saravia que los colorados no tardaron en sofocar. A principios del siglo XX, la renta per cápita uruguaya era la más alta de América Latina. El estado puso en marcha una serie de medidas asistenciales: desarrollo de la instrucción pública, del empleo, promulgación de leyes sociales, fomento de la industria, etc. La constitución de 1917 estableció un poder ejecutivo de dos órganos: la presidencia (duraba 4 años) y el consejo nacional administrativo (duraba 6 años). La elección se efectuaba por sufragio universal. El partido colorado fue el primero en dotarse de una verdadera estructura, y lo mismo tuvo que hacer el partido blanco, que para no ser derrotado se vio en la necesidad de buscar adhesiones entre las capas urbanas. En Argentina estos fenómenos se ven a grandes escalas. Los grupos oligárquicos eran más numerosos. Durante la presidencia de Roca (1880-1886) comenzó a prevalecer en el seno de la oligarquía la tendencia más conservadora. Se proponía a impedir que las nuevas fuerzas sociales tuvieran acceso al poder político. Ello significa que, a partir de 1880, el proyecto consistió en hacer que la esfera económica no fuera afectada. La consecuencia más importante fue el refuerzo del poder central. Al concebir este proyecto conservador, la oligarquía confiaba en que no encontraba frente a ella una oposición organizada, sino una masa heterogénea capas de expresar aspiraciones confusas. A diferencia de la uruguaya, la oligarquía argentina tenía la impresión de que su monopolio del poder político era la única alternativa posible. Las capas medias hicieron de la UCR su aprendizaje político. La fragilidad de este partido llevó a adoptar una línea política cuyo contenido solo cabe calificar de moderadamente progresista. Todo ella giraba alrededor de un solo tema: la libertad electoral. En este choque entre las capas medias un papel corrió a cargo del partido socialista, fundado en 1896. Este partido por un lado y diversos movimientos anarquistas por el otro organizaban el proletariado de Buenos Aires.

“Economía y política en la crisis argentina. 1958-1973” Revista Mexicana de Sociología, N°2, 1977 J.C.Portantiero El objetivo de este trabajo es analizar el comportamiento de los actores sociales institucionales y sus relaciones después de los años 60, para eso se basa en el análisis de las relaciones de fuerza políticas. El autor plantea la carencia de un verdadero “Orden Político” en la Argentina dada la incapacidad de las clases dominantes para construir una forma de dominación legítima sobre la sociedad, que es progresiva y desintegrada, y que los principales actores sociales e la época se hallaron motivados por una “lógica de empate” entre las distintas fuerzas, que resultaban capaces de impedir los proyectos de las demás pero no así de imponer los propios. Justifica esto con la presencia de un Estado aislado de la Sociedad, lo cual es atribuible a algo más que lo meramente cultural. Durante años, el peronismo había paleado esta situación dotando de una expresión política coherente a una etapa de desarrollo de la sociedad, pero luego de su caída “ninguna experiencia gubernamental logró satisfacer los requisitos mínimos necesarios para sostener un Orden estable” Es a partir de entonces donde comienzan a aparecer los rasgos del “empate”. Este se articularía con una modalidad específica de acumulación de capital que se basaba en la situación de poder económico compartida, y que alternativamente se desplazaba, entre la burguesía agraria pampeana y la burguesía industrial. Para romper con esta situación de empate se van a intentar distintos modos de acumulación alternativos con el objetivo de modernizar la estructura capitalista. Entre 1962-63 la crisis económica y su consecuente recesión, llevó a una crisis institucional y a la salida de Frondizi tras el derrocamiento realizado por las Fuerzas Armadas. Esto acarreó un intento de formular un modelo con mayor participación del capitalismo nacional pero bajo los modelos autoritarios. La tercera etapa de este proceso se da ya con Lanusse en el poder, en donde a diferencia de las etapas anteriores no se cree que la estabilidad económica generará la legitimidad necesaria, sino que un mínimo de esta podrá garantizar la solución económica; “El modelo económico pasa a un segundo plano frente al modelo político” . Para que esta nueva formulación resultara exitosa se necesitaba un consenso mínimo entre las FFAA, los partidos políticos y la burocracia sindical, lo que se logra a través de este acuerdo es la reubicación de las primeras en el poder político, aunque solo para replantear las reglas del empate ya que carecían de los recursos necesarios para implantar un proyecto hegemónico alternativo. Esta opción diseñada por Lanusse resulta superadora de las anteriores porque se enmarca en un acuerdo de la totalidad de la clase dominante y no de sus fracciones, con el fin de absorber a las fuerzas opositoras dentro del sistema (clases dominadas).
La figura de María en las Sagradas Escrituras y los textos apócrifos: Los Evangelios canónicos son los que la Iglesia ha reconocido como aquellos que transmiten auténticamente la tradición apostólica y están inspirados por Dios. Son cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Así lo propuso expresamente San Ireneo de Lyon a finales del s. II (AdvHae. 3.11.8- 9) y así lo ha mantenido constantemente la Iglesia, proponiéndolo finalmente como dogma de fe al definir el canon de las Sagradas Escrituras en el Concilio de Trento (1545-1563). Los evangelios apócrifos son los que la Iglesia no aceptó como auténtica tradición apostólica, aunque normalmente ellos mismos se presentaban bajo el nombre de algún apóstol. Empezaron a circular muy pronto, pues ya se les cita en la segunda mitad del s. II; pero no gozaban de la garantía apostólica como los cuatro reconocidos y, además muchos de ellos contenían doctrinas que no estaban de acuerdo con la enseñanza apostólica. “Apócrifo” significa lo que ha quedado “fuera”. Hoy se consideran portadores de una información que, distinta de la canónica ortodoxa, puede tener legitimidad histórica. Se añade una nueva valoración de la herejía o heterodoxia, no como desviación subsiguiente a la ortodoxia, sino como diversidad ya inicial. Los descubrimientos de nuevos manuscritos (Nag Hammadi) plantean un nuevo reto: estudiar, fuera de los límites canónicos y las confesiones de fe, el valor de tales documentos para la historia de Jesús y de la comunidad cristiana. Todo el proceso de formación del canon se construye sobre tres pilares básicos, primero el mensaje y la figura de Jesús tal como se manifiesta en la más antigua tradición sinóptica, segundo el kerigma más antiguo de la iglesia que remarcar la muerte y resurrección de Jesús, y tercero, la construcción teológica paulina. Entre los evangelios apócrifos, que proliferaron en la Iglesia en el s. II y posteriormente, los hay fundamentalmente de tres clases: aquellos de los que sólo han quedado algunos fragmentos escritos en papiro y se asemejan bastante a los canónicos, los que se conservaron completos y narran con sentido piadoso cosas acerca de Jesús y de la Santísima Virgen, y aquellos otros que ponían bajo el nombre de un apóstol doctrinas extrañas distintas de las que la Iglesia creía por la verdadera tradición apostólica. Los primeros son escasos y apenas dicen nada nuevo, quizás porque se conoce poco de su contenido. A ellos pertenecen los fragmentos del “evangelio de Pedro” que narran la Pasión. Entre los segundos el más antiguo es el llamado “Protoevangelio de Santiago” que narra la permanencia de la Santísima Virgen en el templo desde que tenía tres años y cómo fue designado San José que era viudo para cuidar de ella cuando ésta cumplió los doce años. En una línea parecida otros apócrifos como “la Natividad de María” se detienen en narrar el nacimiento de la Virgen de Joaquín y Ana cuando éstos eran ya ancianos. La infancia de Jesús y los milagros que hacía siendo niño los cuenta el “Pseudo Tomás”, y la muerte de San José es el tema principal de la “Historia de José el Carpintero”. En los apócrifos árabes de la infancia, ya más tardíos se fija la atención en los Reyes Magos de los que en un apócrifo etíope se dan incluso los nombres que se han hecho tan populares. Otro tipo de apócrifos son los que proponían doctrinas heréticas. Los Santos Padres los citan para rebatirlos y, con frecuencia, los designan por el nombre del hereje que los había compuesto, como el de Marción, Basílides o Valentín, o por los destinatarios a los que iban dirigidos, como el de los hebreos o el de los egipcios. Otras veces los mismos Santos Padres acusan a estos herejes de poner sus doctrinas bajo el nombre de algún apóstol, preferentemente Santiago o Tomás. Las informaciones de los Santos Padres se han confirmado con la aparición de unas cuarenta obras gnósticas en Nag Hammadi (Egipto) en 1945. Normalmente presentan presuntas revelaciones secretas de Jesús que carecen de cualquier garantía. Suelen imaginar al Dios Creador como un dios inferior y perverso (el Demiurgo), y la adquisición de la salvación por parte del hombre a partir del conocimiento de su procedencia divina. Otra característica de los Apócrifos es que no transmiten la enseñanza pública de Jesús, como los Evangelios del Nuevo Testamento, sino otra enseñanza privada, esotérica, elitista, que Jesús sólo habría comunicado a un personaje privilegiado, al que quería más que a los demás (en esto imitan al Evangelio de Juan). Ésta sería otra razón más para explicar por qué se habían dado a conocer tan tarde. Fundamentalmente, los Evangelios apócrifos encontrados a lo largo del tiempo son de dos tipos. Unos más populares y (a excepción del Proto- Evangelio de Santiago) menos antiguos que los del segundo grupo. Los más famosos entre ellos son conocidos como Apócrifos de la natividad y de la infancia de Jesús. Éstos hace ya tiempo que eran conocidos y habían sido publicados. Los otros son los conocidos como Evangelios gnósticos, más elitistas, más intelectuales y, en general, más antiguos que el grupo anterior. Prácticamente toda la información sobre María esta tomada de estos relatos, Proto evangelio de Santiago, Evangelio del Pseudo Mateo, Evangelio de la Natividad de María, Evangelio Armenio de la Infancia, entre otros. Los evangelios tradicionales apenas si la mencionan en circunstancias puntuales, como la Anunciación, las Bodas de Caná y la Crucifixión. Los textos apócrifos de la infancia relatan la historia de la Virgen, como puede ser la esterilidad de sus padres Joaquín y Ana, su Inmaculada Concepción mediante un casto beso en la Puerta Dorada, su presentación en el templo, las varas de los pretendientes, su desposorio con José, etc. Ya en el siglo II los cristianos veneraban a la Virgen llamándola Madre de Dios para resaltar la divinidad de Jesús. Durante las controversias del siglo IV respecto a la naturaleza divina y humana de Jesús, las escrituras devocionales y teológicas empezaron a referirse a la Virgen con el título de Madre de Dios, lo que se re afirmo en el Concilio de Efeso. Muy vinculado al de Virgen María, el calificativo de Madre de Dios pone de relieve la concepción virginal de Jesús (Lc. 1,35) , reafirmando que su verdadero padre es Dios y no José. Virgen santa o bendita, como se la llamó desde los siglos II y III, expresa la creencia de que su íntima unión con Dios a través del Espíritu Santo en la concepción de Jesús, la dejó libre de pecado. Un concilio romano celebrado en 680 se refirió a ella como “siempre virgen santísima e inmaculada”. Entre los siglos IV y VII surgieron en la Iglesia oriental y en la occidental festividades en honor de varios acontecimientos de la vida de María. La Natividad de la Virgen, narrada en el protoevangelio apócrifo de Santiago, se celebra el 8 de septiembre, el 25 de marzo la Anunciación, el 2 de febrero su purificación en el templo y el 15 de agosto su muerte y Asunción a los cielos. Una de las principales razones del espectacular crecimiento experimentado por la devoción a la Virgen a finales de la edad media (siglos XIII-XV) se encuentra en la imagen de Cristo que se desarrolla desde comienzos de la época medieval, María empezó a ser considerada como una figura capaz de interceder por los pecadores. El miedo a la muerte, y al Juicio Final provocado por la epidemia de peste negra del siglo XIV, convirtió a la Virgen en mediadora de la misericordia de Jesucristo. A pesar de que no se discutía dentro de las enseñanzas católica romana y ortodoxa oriental la idea de que María había ascendido al cielo, no fue hasta 1950 donde esta creencia se hizo dogma. El estudio teológico de la Virgen María, suele denominarse hoy Mariología. Esta abarca el estudio del papel que desempeña la Virgen María. No solo se trata sobre su vida sino también sobre su veneración principalmente en el catolicismo romano, la iglesia Ortodoxa, la Comunión Anglicana, y sobre su aspecto en la moderna y antigua Cristiandad. Los autores antiguos trataban las cuestiones marianas sin agruparlas entre sí formando un tratado único, sino ocupándose de ellas cuando las suscitaba la exposición de algún tema afín: por ejemplo, la Maternidad de María en el tratado del Verbo Encarnado, su Concepción inmaculada al hablar del pecado original, etc. Como ya dijimos, desde el s. XVII se tiende, en cambio, a unir las cuestiones marianas en un tratado propio, dando así origen a la M. como rama de la Teología. A partir de los siglos II-III hubo una floración de textos apócrifos marianos que tratan de dar una respuesta a los hechos pasados por alto en los Evangelios canónicos relacionados con la prehistoria de María, su educación, su conducta durante la infancia de Jesús, temas apenas tratados por Mateo o por Lucas, además de la actuación de María durante el apostolado de su Hijo y especialmente durante su pasión, muerte y resurrección. Estos temas presentan una doctrina teológica digna de consideración, en armonía con la teología oficial de la Iglesia, aunque formulada ala manera popular. Es decir, los evangelios canónicos solo proporcionan un relato fragmentado de su existencia, mencionándola en relación con los comienzos y el final de la vida de Jesús. Mateo habla de ella como esposa de José que “concibió por obra del Espíritu Santo” antes de que “conviviesen” como marido y mujer. Después de nacer Jesús, María esta presente en la vivita de los Reyes Magos, en la huida a Egipto y de regreso a Nazaret. Marcos solo habla de ella como madre de Jesús. La natividad de Lucas incluye la anunciación del ángel Gabriel a María de la llegada de Jesús, la visita a Isabel, madre de Juan el Bautista y pariente, el himno de María, el Magníficat y la visita de los pastores al portal de Belén. Lucas también se refiere a la perplejidad de María cuando encontró a Jesús en el Templo discutiendo con los doctores a los 12 años. El evangelio según Juan no habla de la infancia de Jesús ni menciona el nombre de María, a la que se refiere como “la madre de Jesús”, que esta presente en el primer milagro de Jesús en las bodas de Caná y en su muerte. Es difícil establecer si los textos escritos surgieron como consecuencia de los relatos que ya circulaban oralmente, o si las expectativas y curiosidad de los fieles fueron deliberadamente satisfechas por historias redactadas ex profeso, aunque obedecían a distintas intencionalidades doctrinarias, dogmáticas y propagandísticas. Los evangelios apócrifos complementan los que los canónicos no especifican, llenan los huecos que la memoria o el desconocimiento dejan vacíos y explican situaciones apenas insinuadas en los textos oficiales. Pero, sobre todo, pueblan sus relatos con detalles anecdóticos que darán origen a muchas expresiones plásticas, aunque ciertamente, la sobreabundancia de detalles puede llevar a un obvio escepticismo en cuanto a su autenticidad. La intencionalidad, fue la de rectificar algún dogma en peligro, como la necesidad de reafirmar la virginidad perpetua de María (antes y después del parto) para contrarrestar las numerosas menciones de los “hermanos y hermanas “de Jesús en los textos oficiales, contradicción la que hace frente el Proto evangelio de Santiago. Común a todos ellos, a diferencia de los evangelios canónicos, es su gusto, más bien ingenuo y popular, por destacar la actuación maravillosa de Dios (o de Jesús) en esta etapa del niño Jesús. También sobresale el afán por explicar la niñez de María (destacando hasta lo inverosímil su separación de todo lo que pueda tener que ver con una niñez normal), y por defender su virginidad perpetua. Esto último es lo que ocurre en el Protoevangelio de Santiago (XX 1-4), que cuenta que la comadrona quiso meter la mano para constatar si María seguía virgen después del parto. La mano se le carbonizó, pero al tomar, luego, al niño se le curó. Todos estos apócrifos se distinguen por su imaginación creadora, oriental, ingenua y maravillosista, a la que encantan los rasgos legendarios, fantásticos, pues con ello cree poder destacar más el poder sobrenatural de Dios y el de Jesús. O por fomentar un tipo determinado de piedad mariana ajena al Nuevo Testamento: pues éste da una imagen mucho más humana de María, destacando su gran fe (basta con ver la María que pinta Lucas). Si las Iglesias cristianas no los aceptaron como “canónicos”, se debió, no sólo a que la mayoría de ellos son tardíos sino, sobre todo, a que la imagen de Dios y de Jesús que presentan, destaca tanto los rasgos maravillosos, poco concordes con la humanidad de Jesús, que parece contradecir el obrar de Dios tal como lo conocemos por los evangelios canónicos. En este sentido, fomentan una concepción falsa o, por lo menos, muy poco adecuada de Dios y de su actuación en el mundo. Por ello, las Iglesias no los reconocieron como inspirados por Dios. En cambio, tuvieron mucho éxito entre los grupos que negaban que Jesús fuera realmente humano. Y aprovecharon la ignorancia del pueblo sencillo (y, a veces, también del clero), para fomentar unas imágenes de Jesús y de María que no son las reveladas por Dios. El que se trate de un texto auténtico, es decir, original y antiguo, no significa automáticamente que sea verdadero o que aporte realmente hechos históricos que no conocíamos hasta ahora. Puede ser producto de la imaginación del que lo ha escrito o de los intereses del grupo que quiere defender su manera de interpretar a Jesús con este escrito. Los cuatro evangelios canónicos no son los únicos que se escribieron en los primeros siglos del cristianismo. Pero sí son los más antiguos (escritos entre los años 70 y 100, mientras que los apócrifos empezaron a escribirse a partir de la segunda mitad del siglo II). Ante su aparición, las distintas Iglesias cristianas tuvieron que dilucidar qué evangelios reflejaban con suficiente fidelidad histórica lo que había sucedido, y lo narraban de modo que expresara bien la fe apostólica de la Iglesia. Para ello elaboraron dos criterios fundamentales: la cercanía del escrito al tiempo en que se fraguó la tradición apostólica, y además, si habían sido leídos en la liturgia de las Iglesias con provecho y con la convicción de que recogían la tradición apostólica testimoniada por las comunidades. Evangelios Apócrifos: Evangelio de la natividad de María: (partes) – María y sus padres-Maldición de Joaquín por Isachar- Aparición de un ángel a Joaquín- Aparición de un ángel a Ana- Nacimiento de María- Presentación de María al templo-Negativa de la virgen a contraer matrimonio ordinario-Recae en José la elección de esposos para la virgen-Revelación hecha por un ángel a la virgen-Revelación hecha por un ángel a José. Proto evangelio de Santiago: Dolor de Joaquín- Dolor de Ana- Trenos de Ana- La promesa divina- Concepción de María- Fiesta del Primer año- Consagración de María en el templo-Pubertad de María -José guardián de María-El velo del templo- La Anunciación- La visitación- Vuelta de José- José, confrontado por un ángel- José ante el GRAN Sacerdote- La prueba del Agua-Visión de los pueblos- Pausa de la naturaleza- El hijo de María, en la gruta- Imprudencia de Santo lome-Visita de los Magos- Furor de Herodes- Muerte de Zacarías- Nombramiento de nuevo Gran Sacerdote. Evangelio árabe de la infancia: Palabras pronunciadas por Jesús en la cuna- Viaje de María y de José a Bethlehem- La partera de Jerusalén- Adoración de los pastores- Circuncisión- Presentación de Jesús en el templo- Llegada de los magos- Vuelta de los magos a su tierra- Cólera de Herodes. La huida a Egipto- Llegada de la Sagrada Familia a Egipto. Caída de los ídolos- Curación del hijo del sacerdote idólatra- Temores de María y de José- Liberación de viajeros capturados por bandidos- Curación de una poseída- Curación de una joven muda. Evangelio Canónico: Evangelio de Lucas: Introducción, Un ángel anuncia el nacimiento de Juan Bautista, la anunciación, María visita a su prima Isabel, primeros paso de Juan Bautista, Jesús nace en Belén, Jesús es presentado en el templo. Lucas, médico sirio, se convirtió a la fe cristiana cuando los primeros misioneros salieron de las comunidades de Jerusalén y de Cesárea para llevar el Evangelio más allá de las fronteras del país judío. Luego dejó su patria para acompañar al apóstol Pablo. Llegó a Roma, capital del mundo entonces conocido, donde permaneció durante dos años, por lo menos y se encontró con Pedro y Marcos, y predicaban entren los cristianos de Roma. Cuando escribió su evangelio, hacia el año 70, tenía ante su vida varios escritos que contenían hechos y milagros de Jesús, los mismos que usaron Marcos y Mateo. Pero también había recogido durante sus viajes otros relatos que provenían de los primeros discípulos de Jesús, y que guardaban las iglesias más antiguas de Jerusalén y de Cesárea. De ahí provienen los dos primeros capítulos de su evangelio, que nos habla de la infancia de Jesús, a partir de datos que le debió proporcionar su madre, María. Lucas era de cultura y escribía para griegos, no produjo como Marcos y Mateo, detalles que se referían a leyes y costumbres judías, pues no habrían sido entendibles para sus lectores. Este veía en el evangelio la fuerza que reconcilia a los hombres con Dios, y a los hombres entre si. Por eso se preocupo de transmitirnos las parábolas de la misericordia y las palabras que condenan el dinero, factor de división entre los hombres. Así mismo notó el trato tan sencillo de Jesús con las mujeres en un mundo que las tenía totalmente marginadas. En su relato describe como el Salvador ha sido deseado y acogido por una madre. Una jovencita acepta libre y conscientemente ser la servidora del Señor y llega a ser Madre de Dios. El nombre de la virgen era María. Dos veces Lucas usa la palabra virgen. ¿Por qué no dijo una joven, o una muchacha, o una mujer? Sencillamente porque se refiere a las palabras de los profetas que afirmaban que Dios sería recibido por la virgen de Israel. El Dios Salvador al llegar debería ser recibido por un pueblo virgen, es decir, que hubiera depuesto sus propias ambiciones para poner su porvenir en manos de su Dios. Dios debía ser acogido con un corazón virgen, o sea; nuevo y no desgastado por la experiencia de otros amores. Incluso en tiempos de Jesús, muchos, al leer la profecía de Isaías 7,14, sacaban la conclusión que el Mesías nacería de una madre virgen. Ahora bien; el Evangelio nos dice: María es la virgen que da luz al Mesias. ¿Cómo podré ser madre? El ángel precisa que el niño nacerá de María sin intervención de José. El que va a nacer de María en el tiempo es el mismo que ya existe en Dios, nacido de Dios, Hijo del Padre (ver Jn 1,1). Y su concepción en el seno de María no es otra cosa que una venida de Dios a nuestro mundo. El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Los libros sagrados hablaban de la nube o sombra que llenaba el Templo (1 R 8,10), signo de la presencia divina que cubría y amparaba a la Ciudad santa (Sin 24,4). Al usar esta figura, el Evangelio quiere decir que María pasa a ser la morada de Dios desde la cual obra sus misterios. El Espíritu Santo viene, no sobre su Hijo, sino primeramente sobre ella, para que conciba por obra del Espíritu, como acostumbramos decir, puesto que se excluyó toda intervención de varón. Jesús es concebido en ella por efecto de la total adhesión de María a la Palabra única y eterna del Padre. Jesús ha sido concebido de una madre virgen. Pero María, antes que viniera el ángel, ¿había pensado en consagrar a Dios su virginidad? El Evangelio no da otra precisión al respecto que la palabra de María: no tengo relación con ningún hombre. Recordemos que María está a punto de casarse y ya está comprometida con José; lo que, según la Ley judía; les da los mismos derechos del matrimonio (Mt 1,20). En estas condiciones, sus palabras no tienen sentido, o difícilmente se pueden explicar si María no estaba decidida ya a mantenerse virgen. Esto es lo que se refleja en el proto evangelio de Santiago. Virgen debía ser aquella que, desde el comienzo, fue elegida por Dios para recibir a su propio Hijo en un acto de fe perfecta. Ella, que daría a Jesús su sangre, sus rasgos hereditarios, su carácter y su educación primera, debía haber crecido a la sombra del Todopoderoso, cual flor secreta que nadie hiciera suya, y que hubiera renunciado a todo menos al Dios vivo. Y en adelante sería el modelo de todos, pues cualquier creyente, en un grado distinto según la misión de cada uno, renuncia a muchas cosas para arriesgarse en un camino en que la única recompensa es Dios. María fue la que participó a la Iglesia primitiva los secretos de la concepción de Jesús. ¿Cómo expresaría una experiencia tan interior, y cómo la relatarían? Pues Dios no suele comunicarse con sus grandes santos y profetas mediante visiones, o, si las hay, no es lo más importante. Todo se decide en un encuentro íntimo de persona a persona. El ángel fue enviado. Espíritu enviado por Dios-Espíritu; reflejo de Dios que en la aparición solamente muestra y dice lo que Dios está realizando en el alma de María. Lucas, al escribir, respeta este misterio. Nos señala un nombre, Gabriel, no porque imaginaría los ángeles en forma de hombres y llevando un nombre como nosotros. Este nombre de Gabriel tiene valor de enseñanza en la tradición bíblica. El ángel Gabriel. Según los judíos de aquel tiempo, solamente siete ángeles, más elevados en dignidad, podían entrar a la presencia de Dios, y llamaban Gabriel a uno de ellos, el cual interviene en el libro de Daniel para anunciar la hora de la salvación (Dn 8,16 y 9,24). Así, pues, al hablar de Gabriel, el Evangelio nos da a entender que para María todo empezó con la certeza de estar en el lugar y a la hora en que se decidía la suerte del mundo. Alégrate. Es el llamado gozoso que los profetas dirigían a la «hija de Sión», o sea, a la comunidad de los humildes en espera de la venida del Salvador (So 3,14; Za 9,9). Llena de gracia. La palabra que usa el Evangelio significa en forma precisa: amada y favorecida. Otros habían sido amados, elegidos, favorecidos; pero aquí viene a ser como el nombre propio de María. Estas palabras la impresionaron muchísimo. Pero no se habla de miedo, como en el caso de Zacarías (1,12). Pues desde el primer momento en que se había despertado el espíritu de María, estaba consciente de la presencia de Dios que inspiraba todas sus decisiones; así que la comunicación divina no le produce ahora temor. Pero sí le impresiona la sentencia divina que le revela su vocación sin par. Vas a quedar embarazada. Ya dijimos que esta frase se refiere a la profecía de Is 7,14. Isaías anunciaba al que sería Emanuel, o sea: Dios-con-nosotros; María lo nombrará Jesús, que significa: salvador. Gobernará por siempre el pueblo de Jacob (o sea el pueblo de Israel)]: Es una manera de decir que Jesús es el salvador, descendiente de David, anunciado por los profetas 2 Sam 7,I6; Is 9.6. Será grande, Sin más, y no grande ante Dios cómo se dice de Juan Bautista, que no era más que hombre (1,15). Hijo del Altísimo e hijo de David: estos dos calificativos designaban al Mesías o Salvador esperado (2 Sam 7,14; Sal 2,9). Debido a eso se precisó que José era de familia de David, ver comentario de Mt 1,20. LA SERVIDORA DEL SEÑOR Yo soy la servidora del Señor. Con estas palabras, María no se rebaja en un gesto de falsa humildad: expresa más bien su fe y su entrega. De ella va a nacer el que es a la vez el servidor anunciado por los profetas (Is 42,1; 50,1; 52,13) y el Hijo único (Hebr 1). Muchos se equivocan con esta palabra servidora hasta tal punto que ven a Dios como un todopoderoso que usa de sus servidores para sus propios fines sin detenerse en mirarlos y amarlos. Para ellos, Dios decaería de su grandeza si diera a María una responsabilidad verdadera en la Encarnación de su Hijo y la hiciera digna de su hijo. Según ellos lo propio de Dios es de decidir, de actuar y de crear sin nosotros, que sólo somos sus instrumentos; luego Dios solo necesitaba de María para dar un cuerpo humano a su Hijo. Pero esto es muy contrario al espíritu de la Biblia que realza los esfuerzos de Dios por convivir con los hombres (Dt 4,7; Pro 8,31). Dios no necesitaba una servidora para fabricar un cuerpo humano, sino que buscaba una madre para su Hijo y, para que María lo fuera de verdad, era necesario que Dios la hubieramirado con amor antes que a cualquier criatura. Por eso se le dijo: Llena de gracia. Llamamos gracia a ese poder que tiene Dios para sanar nuestro espíritu, para infundir en él la disposición para creer, hacer que sintonicemos con la verdad y que el gesto de amor verdadero nazca de nosotros en forma a la vez espontánea e inesperada. Llamamos gracia a eso que se desprendió del Dios vivo para germinar en nuestra tierra: Is 45,8; Sal 85,11. María es realmente llena de gracia, porque Jesús nació de ella tal como nace del Padre. No es hijo de ella solamente por la carne, hijo extraño a su madre, como creen los protestantes, sino hijo de su alma y de su fe, por ser ella la servidora del Señor, la que creyó (Lc 1,45) y en la que Dios hizo cosas grandes (Lc 1,49). Por eso la Iglesia entiende que María ocupa un lugar único en la obra de nuestra salvación. Ella es la maravilla única que Dios quiso realizar en los comienzos de una humanidad reformada a su semejanza. Al lado del Hijo de Dios hecho hombre, ella es la criatura que Dios elevó y acercó a sí mismo para poder, en ella, comunicarse al mundo. Al lado de Cristo, nuevo Adán (Rom 6,14 y 1 Cor 15,45), ella es la verdadera Madre de los vivientes, la Mujer de la nueva creación que se contrapone a Eva pecadora. María, respondiendo a la invitación discreta del ángel, ha ido a compartir su alegría con la anciana Isabel; su prima. Y se cumple lo dicho a Zacarías: «Tu hijo será lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre». Lo más importante en la historia no es lo más espectacular. El Evangelio prefiere señalar los acontecimientos que fueron portadores de vida. Algunos años después, las muchedumbres judías caminarán hacia Juan Bautista en busca de Salvación, pues, reconocerán que Dios le comunicó el fuego de su Espíritu y de su Palabra. Pero nadie se preguntará sobre cómo recibió el Espíritu de Dios. Y nadie sabrá que María, la niña humilde, puso en movimiento los resortes del plan de Dios en aquel día de la Visitación. Referente al Canto de María. Ella, tan discreta en el Evangelio, y que no tomará parte en el ministerio de Jesús, es la que proclama la revolución histórica ya empezada con la venida del Salvador: -misericordia de Dios que cumple sus promesas, -vuelco de las condiciones humanas.
Diferencia, Diversidad, Diferenciación Avtar Brah ¿Feminismo blanco, feminismo negro? Durante la década de 1970 existió un escaso compromiso y una falta de atención por parte de la academia dominante frente a las desigualdades con contemplaban tanto al género como a la raza. Esto devino en la radicalización de la subjetividad negra y blanca en el contexto específico del periodo posterior a la pérdida del Imperio y las particularidades de la opresión de las mujeres negras dentro de la teoría y la práctica feministas. Este hecho desempeñó un importante papel en la formación de organizaciones feministas negras diferenciadas del Movimiento «blanco» de Liberación de las Mujeres. Estas organizaciones emergieron en un contexto de profunda crisis económica y política y de un creciente atrincheramiento del racismo. Las comunidades negras se implicaron en una amplia variedad de actividades políticas, y Se constituyó el Movimiento de Solidaridad Sindicalista Negro para lidiar con el racismo en el empleo y en los sindicatos. Existían abundantes proyectos de autoayuda relacionados con actividades educativas, culturales y de asistencia social. Las mujeres negras estaban involucradas en todas estas actividades, pero la formación de grupos autónomos de mujeres negras a finales de la década de 1970 infundió una nueva dimensión en la escena política. Las prioridades específicas de estas organizaciones variaban en relación a las exigencias del contexto local. Pero el propósito general de todas ellas era plantear un desafío a las formas específicas de opresión a las que se enfrentaban los distintos sectores de mujeres negras. El compromiso de forjar una unidad entre mujeres africanas, asiáticas y del Caribe exigía la realización de continuados esfuerzos por analizar, comprender y trabajar tanto con lo común como con la heterogeneidad de la experiencia. Esto requería un cuestionamiento del papel del colonialismo y el imperialismo y de los procesos políticos, económicos e ideológicos contemporáneos, en el mantenimiento de divisiones sociales particulares en el seno de estos grupos. La desaparición de esta organización a principios de los 80 fue provocada por diversos factores. Las organizaciones afiliadas a esta compartían sus objetivos generales, pero entre las mujeres existían diferencias políticas en torno a distintos asuntos. Para algunas mujeres el racismo era una estructura de opresión autónoma que tenía que ser encarada como tal; para otras estaba inextricablemente conectada a la clase y otros ejes de la división social. Existían también diferencias de perspectiva entre feministas y no-feministas en la OWAAD. Para estas últimas poner el énfasis en el sexismo era desviarse de la lucha contra el racismo. Si bien la afirmación de la identidad cultural era realmente crucial, de igual importancia resultaba la necesidad de abordar las prácticas culturales en sus formas opresoras. En el movimiento de mujeres en conjunto empezaba a manifestarse, un creciente énfasis en las políticas de identidad. En lugar de embarcarse en la tarea de identificar las especificidades de las opresiones particulares, y construir políticas de solidaridad, algunas mujeres estaban comenzando a diferenciar estas especificidades en jerarquías de opresión, asociando la pertenencia a un grupo oprimido con la dignidad de autoridad moral. A pesar de la fragmentación del movimiento de mujeres, las mujeres negras de Gran Bretaña han continuado cuestionando de forma crítica la teoría y práctica feministas. Han abogado sistemáticamente en contra de la mentalidad provinciana y hemos hecho hincapié en la necesidad de un feminismo consciente de las relaciones sociales internacionales de poder. Hay una crítica de los «patriarcado », «familia» y «reproducción». Critica las perspectivas feministas que utilizan nociones como «residuos feudales» y «tradicionalismo» para crear escalas móviles de «libertades civilizadas», en las que se ve al «Tercer Mundo» en un extremo de la escala y al supuestamente progresista «Primer Mundo» en el otro. Ofrece diversos ejemplos de cómo cierto tipo de feminismo occidental puede servir para reproducir más que para desafiar las categorías a través de las cuales «Occidente» se construye y representa a sí mismo como superior a los «otros». Estos planteamientos generaron reflexiones críticas sobre su propio pensamiento. Reconocieron las limitaciones del concepto de patriarcado como la inequívoca e invariable forma de dominación masculina indiferenciada respecto a la clase o el racismo. Optaron por el uso de «patriarcal» como término que hiciera referencia al modo en que «relaciones sociales particulares combinan una dimensión pública de poder, explotación o estatus con una dimensión de servilismo personal». Pero no especificaron en qué sentido el concepto de «patriarcal» debería mostrar mayor agudeza analítica que el de «patriarcado» al abordar las interconexiones entre género, clase y racismo. La mera sustitución de un concepto por otro no puede por sí mismo responder a las acusaciones de ahistoricismo, universalismo o esencialismo que se han volcado sobre el anterior. Guardo serias reservas acerca de la utilidad analítica o política de mantener líneas de demarcación entre «patriarcado» y la particular formación socioeconómica y política en el que éste se inserta. Sería de mayor utilidad comprender cómo las relaciones patriarcales se articulan con otras formas de relación social en un determinado contexto histórico. Las estructuras de clase, racismo, género y sexualidad no pueden tratarse como «variables independientes» porque la opresión de cada una está inscrita en las otras —es constituida por y es constitutiva de la otras. Enfatizan la necesidad de analizar la construcción ideológica de la feminidad blanca a través del racismo. Las discusiones acerca del feminismo y el racismo se centran en torno a la opresión de las mujeres negras más que en explorar el modo en el que el género de las mujeres negras y blancas se construye a través de la clase y el racismo. Esto significa que la «posición privilegiada» de las mujeres blancas en los discursos racializados —incluso cuando puedan compartir una posición de clase con las mujeres negras— no está adecuadamente teorizada, y algunos procesos de dominación se mantienen invisibles. La representación de las mujeres blancas como «las guardianas morales de una raza superior», cumple la función de homogeneizar la sexualidad de las mujeres blancas al mismo tiempo que la distingue en términos de clase. En esta representación fragmentada de la mujer de clase obrera, se señala, como propensa a la degeneración a causa de su entorno de clase. Aquí vemos cómo las contradicciones de clase pueden ser ideológicamente tratadas y «resueltas» dentro de la estructuración racializada del género. El racismo ni es reductible a la clase social o al género ni es por completo autónomo. Los racismos tienen diversos orígenes históricos pero se articulan con particulares estructuras patriarcales de clase, de formas específicas, bajo unas condiciones históricas dadas. El feminismo «blanco» o «negro» no son categorías esenciales sino campos de cuestionamiento inscritos en procesos y prácticas discursivas y materiales en un terreno postcolonial. Representan una lucha por los marcos políticos del análisis, los significados de los conceptos teóricos, la relación entre teoría, práctica y experiencia subjetiva; representa una lucha por las prioridades políticas y las formas de movilización. Pero no deberían, entenderse como categorías opuestas, fijadas «esencialmente». Contribuciones más recientes se centran, en puntos diferentes y su objeto de crítica también es diferente: interrogan al feminismo negro y/o antirracista. Se afirma que, lejos de facilitar la movilización política, los discursos feministas negros/antirracistas de las décadas de 1970 y 1980 en realidad obstaculizaban el activismo político. Sostienen que el énfasis en la inscripción de la desigualdad de raza y género en los procesos del capitalismo, el colonialismo y los sistemas sociales patriarcales produjo argumentos funcionalistas —que el sexismo y el racismo eran inherentes a estos sistemas y servían a las necesidades de estos sistemas para perpetuarse. Creían que esta aproximación exigía nada menos que una lucha generalizada contra estos «ismos», y de ese modo desechaban las respuestas políticas más localizadas a pequeña escala. Sin embargo, las décadas del 70 y 80 fueron testigos de una amplia variedad de actividades políticas tanto a nivel local como nacional. Comparto las reservas acerca de las perspectivas políticas y analíticas en las que la desigualdad social llega a personificarse en los cuerpos de los grupos sociales dominantes, pero no podemos ignorar las relaciones sociales de poder que inscriben tales diferencias. Otra crítica, que se ha volcado sobre el feminismo negro desafía su capacidad para representar algo más que los intereses de las mujeres negras. Esto implica una representación del feminismo negro como sectario en comparación al feminismo radical o al socialista; comparación que resulta problemática, al construir al feminismo negro como algo externo al radical o al socialista. Podemos insistir en que el feminismo negro se constituyó en articulación con numerosos movimientos políticos, Esta multilocalidad marcó la formación de nuevas subjetividades e identidades y produjo un nuevo sujeto político poderoso, que también encarnaba su propia contradicción. En la medida en que «mujeres negras» conformaba una categoría altamente diferenciada en términos de clase, etnicidad y religión, lo negro en el «feminismo negro» implicaba una multiplicidad de la experiencia, a la par que articulaba una posición de un sujeto feminista particular. Más aún, al poner en primer plano una amplia gama de experiencias diaspóricas tanto en su especificidad local como global, representaba la vida negra en toda su amplitud, creatividad y complejidad. El feminismo negro forzó una apertura de los cercamientos discursivos que afirmaban la primacía de la clase o el género por encima de los demás ejes de diferenciación. El sujeto político del feminismo negro desestabiliza al sujeto unitario masculinista del discurso eurocéntrico, tanto como las narrativas masculinistas de «lo negro» como color político, mientras cortocircuita seriamente cualquier interpretación de «la mujer» como una categoría unitaria. Aunque se constituye en torno a la problemática de «la raza», desafía performativamente los confines de los límites de su propia constitución. Mi propuesta de que los feminismos «blanco» y «negro» sean abordados como prácticas discursivas históricamente contingentes y no esencialistas, implica que las mujeres blancas y negras puedan trabajar juntas para la creación de una teoría y práctica feministas antirracistas. El tema clave, entonces, no es la cuestión de la diferencia per se, sino que concierne al interrogante de quién define la diferencia. Diferencia: ¿qué diferencia? La cuestión no está en privilegiar el nivel macro o micro del análisis, sino en cómo la articulación de discursos y prácticas inscribe relaciones sociales, posiciones de sujeto y subjetividades. Lo que interesa, entonces, es descubrir de qué forma los niveles macro y micro son inherentes a las inscripciones mencionadas más arriba. • Diferencia como experiencia: El concepto de experiencia ha sido central para el feminismo. Los movimientos de mujeres han aspirado a dar una voz colectiva a las distintas formas personales en las que las mujeres han experimentado las fuerzas físicas y sociales que constituyen lo «femenino» en la «mujer». La cotidianeidad de las relaciones sociales de género ha adquirido una significación nueva a través del feminismo a medida que éste la ha rescatado del reino de lo «dado por supuesto» para interrogarla y desafiarla. Contrariamente a la idea de un «sujeto de experiencia» totalmente constituido a quien «las experiencias le ocurren», la experiencia es el lugar de la formación del sujeto. La experiencia como un lugar de cuestionamiento: un espacio discursivo donde se inscriben, reiteran o repudian posiciones de sujeto, subjetividades diferentes y diferenciales. Resulta fundamental, entonces, abordar la cuestión sobre qué matrices ideológicas o campos de significación y representación están en juego en la formación de sujetos que difieren, y cuáles son los procesos económicos, políticos y culturales que inscriben experiencias históricamente variables. • Diferencia como relación social: El concepto de «diferencia como relación social» hace referencia a los modos en los que la diferencia se construye y organiza en relaciones sistemáticas a través de prácticas institucionales y de discursos económicos, culturales y políticos. Es decir, subraya la sistematicidad a través de las contingencias. La diferencia y la comunidad son signos relacionales, que entretejen las narraciones de la diferencia con las de un pasado compartido y un destino colectivo. En otras palabras el concepto de «diferencia como relación social» recalca la articulación históricamente variable de regímenes macro y micro de poder en los que formas de diferenciación como el género, la clase o el racismo son instituidas en términos de formaciones estructuradas. La diferencia, en el sentido de relación social, debe entenderse como las trayectorias históricas y contemporáneas de circunstancias materiales y prácticas culturales que producen las condiciones para la construcción de identidades de grupo. Las relaciones sociales, por tanto, son constituidas y funcionan en todos los lugares de una formación social. Esto significa que, en la práctica, la experiencia como relación social y la cotidianeidad de la experiencia vivida no habitan espacios mutuamente excluyentes. Interpretada así la idea de diferencia como relación social rechaza cualquier reivindicación de privilegiar «lo estructural» como el centro de mando de una formación social, en beneficio de una perspectiva que ponga en primer plano la articulación de los diferentes elementos. • Diferencia como subjetividad: Este concepto ha sido central en el debate sobre la diversidad. Gran parte de este se centra en diversas críticas de las concepciones humanistas del sujeto: como un «punto de origen» unificado, unitario, racional y racionalista, centrado en la conciencia, en términos de la idea de un «Hombre» universal como la encarnación de una esencia histórica. Estas críticas emergieron desde diversas posiciones. Discrepan de las pretensiones de veracidad universal de las grandes narrativas de la historia que situaban al «Hombre» europeo en el centro. Pero aunque parte de estos proyectos hayan coincidido en algunos aspectos, las problemáticas que han abordado no son idénticas. Estas corrientes de la teoría y la política se entrecruzan con las del feminismo y otros proyectos similares. Juntos enfatizan la noción de que el sujeto no existe como algo eterno dado de antemano, sino que es producido en el discurso. Aún así, por muy capacitadora que haya sido esta perspectiva sobre la producción del sujeto, no podría por sí sola dar cuenta adecuadamente de operaciones no-logocéntricas de la subjetividad. Esta situación llevó a las feministas y otros grupos a regresar al psicoanálisis y a repensar su relación con las teorías de la «deconstrucción» y la «micropolítica del poder». A lo largo de los años se han llevado a cabo intentos de combinar diferentes acercamientos al estudio de la subjetividad, sin embargo necesitamos marcos conceptuales que puedan dar cuenta por completo del hecho de que los procesos de formación de la subjetividad son a la vez sociales y subjetivos; lo que puede ayudarnos a entender las inversiones psíquicas que hacemos al asumir posiciones de sujeto específicas que se producen social y culturalmente. • Diferencia como identidad: Los interrogantes acerca de la identidad están íntimamente conectados con los de la experiencia, la subjetividad y las relaciones sociales. Las identidades se inscriben a través de experiencias construidas culturalmente en las relaciones sociales. La subjetividad es la modalidad en la que naturaleza del sujeto-en-proceso se significa o experimenta como identidad. Las identidades están marcadas por la multiplicidad de posiciones de sujeto que constituyen el sujeto. Así, nunca está fija ni es singular; es más bien una multiplicidad de relaciones en constante transformación. Puede ser entendida como ese mismo proceso por el cual la multiplicidad, contradicción, e inestabilidad de la subjetividad se significa como dotado de coherencia, continuidad, estabilidad; como dotado de un núcleo que en un momento dado se enuncia como el «Yo». La identidad que se proclama es un re-hacer, una construcción contextualmente específica. La proclamación de una identidad colectiva específica es un proceso político, diferenciado de la identidad como proceso en y de subjetividad. El proceso político de proclamar una identidad colectiva específica implica la creación de una identidad colectiva a partir de la miríada de fragmentos del collage de la mente. La movilización política resulta crucial para los intentos de re-inscripción de la subjetividad mediante la apelación a la experiencia colectiva. Lo que se evoca como común solo puede volverse significativo en articulación con un discurso de la diferencia. Todas las formaciones discursivas son un lugar de poder, pero no hay un único lugar de poder general en el que la dominación, la subordinación, la solidaridad y la afiliación basada en principios igualitarios, ni las condiciones para la afinidad, convivencia y socialidad, se produzcan y garanticen de una vez para siempre. La forma precisa de interacción de este poder en instituciones específicas y relaciones interpersonales resulta difícil de predecir por adelantado. Pero si la práctica produce poder entonces es también la práctica el medio para desafiar a las prácticas opresoras de poder. El concepto de diferencia hace referencia a la variedad de formas en las que los discursos específicos de la diferencia se constituyen, cuestionan, reproducen y resignifican. Algunas construcciones de la diferencia, tales como el racismo, postulan unas fronteras fijas e inmutables entre grupos que se significan como inherentemente diferentes. Otras construcciones pueden presentar la diferencia como relacional, contingente y variable. En otras palabras, la diferencia no siempre es un indicador de jerarquía y opresión. Por lo tanto, la cuestión de si la diferencia resulta en inequidad, explotación y opresión o en igualitarismo, diversidad y formas democráticas de agencia política es contextualmente contingente.