“Economía y política en la crisis argentina. 1958-1973” Revista Mexicana de Sociología, N°2, 1977

J.C.Portantiero
El objetivo de este trabajo es analizar el comportamiento de los actores sociales institucionales y sus relaciones después de los años 60, para eso se basa en el análisis de las relaciones de fuerza políticas.
El autor plantea la carencia de un verdadero “Orden Político” en la Argentina dada la incapacidad de las clases dominantes para construir una forma de dominación legítima sobre la sociedad, que es progresiva y desintegrada, y que los principales actores sociales e la época se hallaron motivados por una “lógica de empate” entre las distintas fuerzas, que resultaban capaces de impedir los proyectos de las demás pero no así de imponer los propios. Justifica esto con la presencia de un Estado aislado de la Sociedad, lo cual es atribuible a algo más que lo meramente cultural.
Durante años, el peronismo había paleado esta situación dotando de una expresión política coherente a una etapa de desarrollo de la sociedad, pero luego de su caída “ninguna experiencia gubernamental logró satisfacer los requisitos mínimos necesarios para sostener un Orden estable” Es a partir de entonces donde comienzan a aparecer los rasgos del “empate”.
Este se articularía con una modalidad específica de acumulación de capital que se basaba en la situación de poder económico compartida, y que alternativamente se desplazaba, entre la burguesía agraria pampeana y la burguesía industrial. Para romper con esta situación de empate se van a intentar distintos modos de acumulación alternativos con el objetivo de modernizar la estructura capitalista.
Entre 1962-63 la crisis económica y su consecuente recesión, llevó a una crisis institucional y a la salida de Frondizi tras el derrocamiento realizado por las Fuerzas Armadas. Esto acarreó un intento de formular un modelo con mayor participación del capitalismo nacional pero bajo los modelos autoritarios. La tercera etapa de este proceso se da ya con Lanusse en el poder, en donde a diferencia de las etapas anteriores no se cree que la estabilidad económica generará la legitimidad necesaria, sino que un mínimo de esta podrá garantizar la solución económica; “El modelo económico pasa a un segundo plano frente al modelo político” . Para que esta nueva formulación resultara exitosa se necesitaba un consenso mínimo entre las FFAA, los partidos políticos y la burocracia sindical, lo que se logra a través de este acuerdo es la reubicación de las primeras en el poder político, aunque solo para replantear las reglas del empate ya que carecían de los recursos necesarios para implantar un proyecto hegemónico alternativo.
Esta opción diseñada por Lanusse resulta superadora de las anteriores porque se enmarca en un acuerdo de la totalidad de la clase dominante y no de sus fracciones, con el fin de absorber a las fuerzas opositoras dentro del sistema (clases dominadas).