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A 4 años y 8 meses sin Luciano Arruga, desaparecido por la policía el 31-1-09 Sus familiares y amigos exigimos que se respete nuestro derecho a saber qué pasó y dónde está Luciano. Porque la Justicia anunció hace un año que se comenzaría la investigación en el ex Destacamento de Lomas del mirador, donde Luciano fue desaparecido, pero continúa parada, Y porque el lugar está en manos del Municipio de La Matanza, que lo alquila a su dueño y pretende que una vez terminada la investigación funcione allí una repartición municipal, DECIMOS: Expropiación y cesión definitiva del Espacio para la Memoria a Familiares y Amigos de Luciano Que la Secretaría de Derechos Humanos de La Nación y el Juzgado Federal N°3 garanticen que la investigación en el destacamento comience YA Queremos saber qué pasó y dónde está Luciano Familiares y amigos de Luciano Arruga Contacto: 1537644360 www.lucianoarruga.com.ar www.facebook.com/lucianoarruga www.twitter.com/lucianoarruga -- Luciano dejará de estar con nosotros el día que dejemos de exigir justicia. Familiares y Amigos de Luciano Arruga lucianoarrugadesaparecido.blogspot.com - Aparición con Vida de Luciano Arruga
LA ANARQUÍA Y EL MÉTODO DEL ANARQUISMO por Errico Malatesta LA ANARQUÍA ANARQUÍA Y DESORDEN La palabra anarquía proviene del griego y significa sin gobierno; es decir la vida de un pueblo que se rige sin autoridad constituida, sin gobierno. Antes que toda una verdadera categoría de pensadores haya llegado a considerar tal organización como posible y como deseable, antes de que fuese adoptada como objetivo por un movimiento que en la actualidad constituye uno de los más importantes factores en las modernas luchas sociales, la palabra anarquía era considerada, por lo general, como sinónima de desorden, de confusión, y aún hoy mismo se toma en este sentido por las masas ignorantes y por los adversarios interesados en ocultar o desfigurar la verdad. No hemos de detenernos a profundizar en estas digresiones filológicas, por cuanto entendemos que la cuestión, más bien que de filología, reviste un marcado carácter histórico. El sentido vulgar de la palabra no desconoce su significado verdadero, desde el punto de vista etimológico, sino que es un derivado o consecuencia del prejuicio consistente en considerar al gobierno como un órgano indispensable para la vida social, y que, por tanto, una sociedad sin gobierno debe ser presa y víctima del desorden, oscilante entre la omnipotencia de unos y la ciega venganza de otros. La existencia y persistencia de este prejuicio, así como la influencia ejercida por el mismo en la significación dada por el común sentir a la palabra anarquía, se explican fácilmente. De igual modo que todos los animales, el hombre se adapta, se habitúa a la condiciones del medio en que vive, y por herencia transmite los hábitos y costumbres adquiridos. Nacido y criado en la esclavitud, heredero de una larga progenie de esclavos, el hombre, cuando ha comenzado a pensar, ha creído que la servidumbre era condición esencial de vida: la libertad le ha parecido un imposible. Así es como el trabajador, constreñido durante siglos a esperar y obtener el trabajo, es decir, el pan -de la voluntad, y a veces del humor de un amo, y acostumbrado a ver continuamente su vida a merced de quien posee tierra y capital, ha concluido por creer que era el dueño, el señor o patrono quien le daba de comer. Ingenuo y sencillo, ha llegado a hacerse la pregunta siguiente: "¿Como me arreglaría yo para poder comer si los señores no existieran?". Tal sería la situación de un hombre que hubiese tenido las extremidades inferiores trabadas desde el día de su nacimiento, si bien de manera que le consintiesen moverse y andar dificultosamente; en estas condiciones podría llegar a atribuir la facultad de trasladarse de un punto a otro a sus mismas ligaduras, siendo así que estas no habrían de producir otro resultado que el de disminuir y paralizar la energía muscular de sus piernas. Y si a los efectos naturales de la costumbre se agrega la educación recibida del mismo patrón, del sacerdote, del maestro, etc. -interesados todos en predicar que el gobierno y los amos son necesarios, y hasta indispensables-; si se añaden el juez y el agente de policía, esforzándose en reducir al silencio a todo aquél que de otro modo discurra y trate de difundir y propagar su pensamiento, se comprenderá cómo el cerebro poco cultivado de la masa ha logrado arraigar el prejuicio de la utilidad y de la necesidad del amo y del gobierno. Figuraos, pues, que el hombre de las piernas trabadas, de quien antes hemos hablado, le expone el médico toda una teoría y le presenta miles de ejemplos hábilmente inventados, a fin de persuadirle de que, si tuviera las piernas libres, le sería imposible caminar y vivir; en este supuesto, el individuo en cuestión se esforzaría en conservar sus grillos o ligaduras, y no vacilaría en considerar como enemigos a quienes desearen desembarazarse de ellos. Ahora bien, puesto que se ha creído que el gobierno es necesario, puesto que se ha admitido que sin gobierno no puede haber otra cosa sino confusión y desorden, es natural y hasta lógicoque el término anarquía, que significa la ausencia o carencia de gobierno, venga a significar igualmente la ausencia de orden. Y cuenta que el hecho no carece de precedentes en la historia de las palabras. En las épocas y países donde el pueblo ha creído necesario el gobierno de uno solo (monarquía), la palabra república, que significa el gobierno de la mayoría, se ha tomado siempre como sinónima de confusión y de desorden, según puede comprobarse en el lenguaje popular de casi todos los países. Cambiad la opinión, persuadid al público de que no sólo el gobierno dista de ser necesario, sino que es en extremo peligroso y perjudicial... y entonces la palabra anarquía, justamente por eso, porque significa ausencia de gobierno, significará para todos orden natural, armonía de necesidades e intereses de todos, libertad completa en el sentido de una solidaridad asimismo completa. Resulta impropio decir que los anarquistas han estado poco acertados al elegir su denominación, ya que este nombre es mal comprendido por la generalidad de las gentes y se presta a falsas interpretaciones. El error no depende del nombre sino de la cosa; y la dificultad que los anarquistas encuentran en su propaganda, no depende del nombre o denominación que se han adjudicado, sino del hecho de que su concepto choca con todos los prejuicios inveterados que conserva el pueblo acerca de la función del gobierno o, como se dice de ordinario, acerca del Estado. EL ESTADO Antes de seguir adelante será conveniente que nos expliquemos acerca de esta palabra, la cual, en nuestro concepto, es causa verdadera de muchas confusiones. Los anarquistas, y entre ellos nosotros, se han servido generalmente de la palabra Estado entendiendo por ella el conjunto de todas las instituciones políticas, legislativas, jurídicas, militares, financieras, etc., por medio de las cuales se arrebata al pueblo la gerencia de sus propios asuntos, la dirección de su propia seguridad, confiándolas a algunos que, por usurpación o por delegación, se hallan investidos del derecho de legislar sobre todo y para todos y de forzar al pueblo a respetarlos, valiéndose del apoyo que les presta el poder de todos. Según esta interpretación, la palabra Estado quiere decir gobierno o bien la expresión impersonal, abstracta, de aquel estado de cosas que el gobierno personifica. En este caso, las expresiones abolición del Estado, sociedad sin Estado, etc., responden exactamente al concepto que los anarquistas quieren significar de destrucción de todo orden político basado en la autoridad y de constitución de una sociedad de hombres libres e iguales, basada en la armonía de los intereses y en el concurso voluntario de todos al cumplimiento de los deberes y cuidados sociales. Pero la palabra Estado tiene otros muchos significados, entre los cuales algunos se prestan al equivoco, mucho más cuando se trata con hombres cuya triste posición social no les ha dejado acostumbrarse a las delicadas distinciones del lenguaje científico, o, peor aún, cuando se trata con adversarios de mala fe, que tienen interés en confundirlo todo y en no querer entender nada. La palabra Estado se usa, por ejemplo. con frecuencia, para indicar una determinada sociedad, cierta colectividad humana reunida en un determinado territorio, formando lo que suele denominarse un cuerpo moral, independientemente de la manera de agruparse y entenderse de sus miembros. Se usa también, sencillamente, como sinónimo de Sociedad, a causa de cuyo significado creen nuestros adversarios, o, mejor dicho, fingen creer, que los anarquistas queremos abolir toda relación social, todo trabajo colectivo, y reducir al hombre al aislamiento, o sea a una condición peor que la del salvaje. Asimismo se entiende por Estado la administración suprema de un país, el poder central diferente del poder provincial o municipal, y por este otro sentido se supone que los anarquistas queremos una simple descentralización territorial, dejando en tal estado el principio de gobierno, y se confunde así la anarquía con el comunalismo o con el cantonalismo. Estado significa, en fin, condición, manera de ser, régimen de vida social, etc., y por esto decimos, por ejemplo, que es preciso cambiar el estado económico de la clase obrera, o que el estado anárquico es el único estado social fundado sobre la base de la solidaridad, y otras frases por el estilo que, en nuestros labios, ya que por otra parte decimos que aspiramos a la abolición del Estado, pueden, a primera vista, parecer paradójicas y contradictorias. Por estas razones opinamos que es conveniente emplear lo menos posible la expresión abolición del Estado, y reemplazarla por esta otra, más clara y más concreta: abolición del gobierno. Esto es lo que haremos en el curso del presente trabajo. EL GOBIERNO Se ha dicho que anarquía significa sociedad sin gobierno. Mas, ¿es posible, es deseable, es conveniente la supresión del gobierno? Veámoslo. La tendencia metafísica (una enferme-dad por la cual el hombre, luego de haber separado, por lógico proceso de su ser, sus cualidades, experimenta una alucinación especial que le hace tomar la abstracción resultante por un ser real), la tendencia metafísica, digo, que, a pesar de los golpes de la ciencia positiva, sigue haciendo presa en el cerebro de .a mayoría de nuestros contemporáneos, es lo que determina en muchos la concepción del gobierno como un ente moral con ciertos atributos de razón, de justicia, de equidad, que son independientes de las personas encargadas de la función gubernamental. Para estas gentes. el gobierno, o, de un modo más abstracto, el Estado, es el poder social abstracto; es el representante, abstracto también, de los intereses generales; es la expresión del derecho de todos, considerado como limite del derecho de cada uno. Esta manera de comprender el gobierno, cualquiera que sea su forma, y salvo siempre el principio de autoridad, es defendida por aquellos a quienes interesa, y sobrevive a los errores de todos los partidos que se suceden en el ejercicio del poder. Para nosotros, el gobierno es el conjunto de los gobernantes; y gobernantes -rey, presidente, ministros, diputados, etc.- son todos los que poseen la facultad de hacer leyes para regular las relaciones de los hombres entre sí y hacer que se cumplan; de decretar y distribuir los impuestos; de obligarnos al servicio militar; de juzgar y castigar a los contraventores de las leyes; de someter a reglas, registrar y sancionar los contratos privados; de monopolizar ciertas ramas de la producción y ciertos servicios públicos, o, si lo desean, todos los servicios y toda la producción; de declarar la guerra o ultimar la paz con los gobiernos de otras naciones; de otorgar o negar franquicias y otra multitud de cosas por el estilo. Gobernantes son, en resumen, todos aquellos que tienen la facultad, en mayor o menor grado, de valerse de la fuerza social, es decir, de la fuerza física, intelectual y económica de todos para obligar a los demás a hacer lo que a ellos les plazca. Y esta facultad constituye, en concepto nuestro, el principio gubernamental, el principio de autoridad. Mas, ¿cuál es la razón de ser del gobierno? ¿Por qué depositar en varios individuos la libertad y la iniciativa propias? ¿Por qué proporcionarles esa facultad de valerse de la voluntad de cada uno, para que de ella dispongan según les acomode? ¿Están tan excepcionalmente dotados que puedan, con alguna apariencia de razón, reemplazar a la masa y atender todos los intereses de los hombres mejor que pudieran atenderlos ellos mismos? ¿Son infalibles e incorruptibles hasta el extremo de poderles fiar, con alguna prudencia, la suerte de cada uno y la de todos, confiando en su ciencia y en su bondad? Y aun cuando existen hombres de una bondad y un saber infinitos, y aunque, por una hipótesis que no se ha realizado nunca en la historia, y que a nosotros nos parece de imposible realización, el poder gubernativo fuese encomendado a los más capaces y mejores entre los buenos, ¿añadiría la posesión del gobierno alguna cosa a su potencia benéfica? ¿No la paralizaría y destruiría, más bien, por la necesidad en que están todos los hombres en las esferas del poder de ocuparse de innumerables cosas que no entienden, y sobre todo de emplear la mejor parte de su energía en mantener se en el poder, contentar a los amigos, tener a raya a los descontentos y someter a los rebeldes? Y no es esto todo: buenos o malos, sabios o ignorantes, ¿qué son los que gobiernan? ¿Qué es lo que los indica para función tan elevada? ¿Se imponen por sí mismos en virtud del derecho deguerra, de conquista o de revolución? En tal caso, ¿quién garantizará al pueblo que se inspirarán en la utilidad general? Pero, si todo es asunto de usurpación, no resta a los vencidos y a los descontentos otra cosa que la apelación a la fuerza para cambiar la marcha del juego. ¿Son los elegidos entre una cierta clase o partido? En este caso, triunfarán sin duda alguna los intereses y las ideas de aquella clase o de aquel partido, y la voluntad y los intereses de los demás serán sacrificados. ¿Son, en fin, elegidos por sufragio universal? El único criterio, entonces, es el número, el cual no es prueba ni de razón, ni de justicia, ni de capacidad. Los elegidos serán siempre los que mejor sepan engañar a la masa, y la minoría, que puede hallarse constituida por la mitad menos uno, quedará, lo mismo que antes, destinada al sacrificio. Y esto sin contar que la experiencia ha demostrado la imposibilidad de hallar un mecanismo electoral por el que los elegidos sean por lo menos representantes verdaderos de la mayoría. MISIÓN DEL GOBIERNO Muchas y muy diferentes son las teorías merced a las cuales se ha tratado de explicar y justificar la existencia del gobierno. Pero todas se basan en el prejuicio, fundado o no, de que los hombres tenemos intereses contrarios y que, por consiguiente, se necesita una fuerza externa, superior, para obligar a todos a respetar los intereses de todos, dictando e imponiendo aquellas reglas de conducta que mejor armonicen los intereses en lucha y permitan a cada uno hallar el máximum de satisfacción con el menor sacrificio posible. Si los intereses, dicen los teólogos del autoritarismo, las tendencias y los deseos de un individuo se hallan en oposición con los de otro individuo o con los de toda la sociedad, ¿quién tendrá derecho y suficiente poder para obligar a! uno a respetar los intereses del otro? ¿Quién podrá impedir al simple ciudadano que viole la voluntad general? La libertad de cada cual, dicen, tiene por límite la voluntad de los demás; pero, ¿quién establecerá este límite y lo hará respetar? Los naturales antagonismos de intereses y pasiones, hicieron nacer la necesidad del gobierno y justificaron la autoridad como fuerza moderadora en la lucha social y determinadora de los derechos y deberes de cada uno. Esa es la teoría; pero la teoría, para ser justa, debe fundarse en hechos y explicarlos, y no como la economía política, que con demasiada frecuencia ha inventado las teorías para justificar los hechos, es decir, para defender el privilegio y hacerlo aceptar tranquilamente por todas sus victimas. Atengámonos, pues, a los hechos. En todo el curso de la historia, lo mismo que en nuestra época, el gobierno o es la dominación brutal, violenta, arbitraria, de unos pocos sobre la masa, o bien es un instrumento pronto para asegurar el dominio y el privilegio de los que, por la fuerza, por astucia o por violencia, se han apoderado de todos los medios de vida, principalmente del suelo, con e! fin de mantener de tal modo al pueblo en la servidumbre y obligarle a trabajar para ellos. Los hombres son oprimidos de diversas maneras, o directamente, con la fuerza brutal, con la violencia física, o de un modo indirecto, despojándoles de los propios medios de subsistencia y obligándoles así a rendirse a discreción. La primera opresión dio origen al poder, o sea al privilegio político; la segunda hizo nacer el poder o privilegio económico. También se oprime a los hombres de otro modo: influyendo sobre su inteligencia y su sentimiento, lo que constituye el poder religioso o universitario. Mas como el espíritu no existe sino como resultante de las fuerzas materiales, así la mentira y las corporaciones constituidas para propagarla no tienen razón de ser sino como consecuencia del privilegio político y económico, y son un medio de defenderlo y consolidarlo. En las sociedades primitivas, poco numerosas y de relaciones poco complicadas, cuando una circunstancia cualquiera impidió que se estableciesen costumbres de solidaridad, o destruyó las que existían, estableciendo el dominio del hombre sobre el hombre, los dos poderes, el político y el económico, se hallaron reunidos en unas mismas manos, que podrían ser las de un solo hombre. Los que vencían por la fuerza, disponían de las personas y de las cosas de los vencidos y les obligaban a servirles, a trabajar para ellos y hacer en todo lo que tenían por conveniente. Eran los vencedores a la vez propietarios, legisladores, jueces y verdugos. Pero al ensancharse la sociedad, aumentan las necesidades, se complican las relaciones sociales, llega a hacerse imposible la existencia prolongada de un despotismo semejante. Los dominadores, o por seguridad, o por encontrarlo más cómodo, o por imposibilidad de proceder de otra manera, se ven en la necesidad de apoyarse, por una parte, en una clase privilegiada, en cierto número de individuos cointeresados en el dominio, y de dejar, por otra parte, que cada cual provea como le sea posible a su propia existencia, reservándose para sí el supremo dominio, que es el derecho de disfrutar lo más posible y la manera de saciar la vanidad del mando. Así, al abrigo del poder, por su protección y complicidad, y con frecuencia por su ignorancia y por causas que escapan a sus dominios, se desarrolla la riqueza privada, es decir, la clase de propietarios, la cual, concentrando poco a poco en sus manos todos los medios de producción, la verdadera fuente de la agricultura, industria, comercio, etc., acaba por constituir un poder que, por la superioridad de sus medios y la gran masa de inteligencia que abarca, concluye siempre por someter más o menos abiertamente al poder político, es decir, al gobierno, y convertirlo en su propio guardián. Este fenómeno se ha repetido en la historia con frecuencia. Una vez que por invasión, u otra cualquiera empresa militar, la violencia física, brutal, ha hecho presa en una sociedad, los vencedores han tendido siempre a concentrar en sus manos el gobierno y la propiedad. Mas siempre también la necesidad experimentada por el gobierno de conseguir la complicidad de una clase potente, las exigencias de la producción, la imposibilidad de ordenarlo y dirigirlo todo, establecieron la propiedad privada, la división de los dos poderes y con ella la dependencia efectiva entre los que tenían en sus manos la fuerza: el gobierno, y los que disponían del origen mismo de la fuerza: la propiedad. El gobierno acaba siempre, fatalmente, por constituirse en guardián del propietario. Pero este fenómeno nunca se acentúa tanto como en la época moderna. El desarrollo de la producción, la inmensa difusión del comercio, la desmesurada potencia que ha conquistado el dinero y todos los hechos económicos revocados por el descubrimiento de América, la invención de las máquinas, etc., aseguraron tal supremacía a la clase capitalista, que no satisfecha ésta con disponer del apoyo del gobierno, ha querido que éste llegue a salir de su propio seno. Un gobierno que se derivaba del derecho de conquista -derecho divino, según los reyes y sus secuaces-, por cuanto se sobreponía a la clase capitalista, conservaba siempre un continente altanero y despreciativo ante sus antiguos esclavos, luego de enriquecidos, y hacía alarde de sus inclinaciones a la independencia y a la dominación: semejante gobierno, claro está, era defensor y guardián de los propietarios, pero era de aquellos defensores y guardianes que se dan importancia y se hacen los arrogantes con los que deben escoltar y defender, cuando no los desvalijan y atormentan. La clase capitalista, naturalmente, conspiró para reemplazar tal guardián y defensor, con medios más o menos violentos, por otro salido de sus mismos medios, compuesto por miembros de su clase, siempre bajo su vigilancia y organizado especialmente para defender la clase contra las posibles reivindicaciones de los desheredados. De aquí el origen del sistema parlamentario moderno. En la actualidad, el gobierno, compuesto de propietarios y de gentes de su devoción, se halla a merced en todo de los propietarios mismos: hasta tal punto es así, que los más ricos desdeñan con frecuencia formar parte de él. Rothschild no tiene ninguna necesidad de ser diputado ni ministro: le basta tener bajo su dependencia a ministros y diputados. En muchos países, el proletariado tiene nominalmente una participación mayor o menor en la designación del gobierno. Es una concesión que la burguesía ha hecho, ya para valerse del concurso popular en la lucha contra la realeza y la aristocracia, ya para distraer al pueblo en sus deseos de emancipación, dándole una apariencia de soberanía. Mas, lo previese o no, la burguesía, cuando por primera vez concedió al pueblo el derecho al voto, la verdad es que tal derecho se ha tornado excesivamente irrisorio y bueno solamente para consolidar el poder de la burguesía, dando a la parte más enérgica del proletariado la ilusoria esperanza de ocupar el poder. Hasta con el sufragio universal, y se puede decir que especialmente por el sufragio universal, el gobierno continúa siendo el siervo y el guardián de la burguesía. Si otra cosa ocurriera, si el gobierno llegase a serle hostil, si la democracia pudiese ser otra cosa que un fuego fatuo para engañar al pueblo, la burguesía, amenazada en sus intereses, se apresuraría a rebelarse y concentraría toda la fuerza y toda la influencia que se deriva de la posesión de la riqueza para reducir al gobierno a las funciones de un simple siervo suyo. En todos los tiempos y en todos los lugares, cualquiera que sea el nombre que tome el gobierno, cualquiera que sea su origen y su organización, su función esencial es siempre oprimir y explotar a la masa y defender a los opresores y explotadores; y sus órganos principales, característicos, indispensables, son el policía y el recaudador de impuestos, el soldado y el carcelero, a los cuales se une espontáneamente el mercader de mentiras, sacerdote o profesor, pagado y protegido por el gobierno para educar los espíritus y hacerles dóciles al yugo gubernamental. Indudablemente, a aquellas funciones primitivas y a estos órganos esenciales, se han agregado en el curso de la historia otras funciones y otros órganos, pero de igual índole. Admitamos, sin embargo, que no haya habido jamás en un país algo civilizado un gobierno que desempeñase las funciones opresoras y expoliadoras sin aplicarse al propio tiempo a las verdaderamente útiles e indispensables a la vida social. Esto no destruye el hecho de que el gobierno es por naturaleza opresor y expoliador, y que por su origen y su posición, se ve inclinado fatalmente a defender y consolidar la clase dominante; por el contrario, lo afirma y lo agrava. En realidad, el gobierno toma a su cargo, en más o menos proporción, la protección de la vida de los ciudadanos contra los ataques directos y brutales; reconoce y legaliza cierto número de derechos y deberes primordiales, y usos y costumbres, sin los cuales es imposible vivir en sociedad; organiza y dirige ciertos servicios públicos, como las comunicaciones, la higiene, el reparto de aguas, la bonificación y protección forestal, etc.; funda casas de huérfanos y hospitales, y se complace con frecuencia en mostrarse sólo en apariencia, desde luego, protector del pobre y del débil. Pero basta observar cómo y por qué causa cumple el gobierno esta misión y aumenta sus funciones, para dar en seguida con la prueba experimental, práctica, de que todo lo que hace se inspira siempre en el espíritu de dominación y tiende a defender, ensanchar y perpetuar sus propios privilegios, así como los de la clase que representa y defiende. Un gobierno no puede durar mucho tiempo sin ocultar su naturaleza bajo un pretexto de general utilidad: no puede hacer respetar la vida de los privilegiados sin aparentar que hace respetar la de todo el mundo: no puede hacer aceptables los privilegios de algunos sin fingirse guardador de los derechos de todos. "La ley -dice Kropotkin- y todos los que hicieron la ley -el gobierno- utilizaron los sentimientos sociales del hombre para hacer pasar como preceptos morales, que los hombres aceptaban, lo que era útil a la minoría explotadora, contra lo cual se habría aquél rebelado ciertamente en caso contrario". No puede el gobierno desear que la sociedad se desorganice, porque a él y a la clase dominadora les faltaría entonces el material de explotación; no puede consentir que por sí misma se rija, que se gobierne sin intervención oficial, porque en ese caso el pueblo no tardaría en percatarse de que el gobierno sólo sirve para defender a los propietarios, y se apresuraría a desembarazarse del gobierno y de los propietarios. En la actualidad, frente a las insistentes y amenazadoras reclamaciones del proletariado, los gobiernos tienden a intervenir en las relaciones de obreros y patronos, con los que procuran desviar el movimiento obrero e impedir, con algunas engañosas reformas, que los pobres se tomen por sí mismos lo que es suyo, esto es, una parte de bienestar igual a la que todos disfrutan. Es preciso, además, tener en cuenta, por una parte, que los burgueses y propietarios se hallan siempre en guerra unos con otros y tratan de devorarse mutuamente, y por otra parte, que el gobierno, hijo de la burguesía y siervo protector suyo, tiende, como todo protector y todo siervo, a emanciparse y a dominar a su protegido. De aquí que el juego de prestidigitación, el tira y afloja, el acto de echar al pueblo contra los conservadores y a los conservadores contra el pueblo, que es toda la ciencia de los gobiernos, sea lo que engañe a las gentes sencillas y perezosas que esperan que la salvación les venga de lo alto. Con todo esto, la naturaleza del gobierno no cambia. Si se muestra regulador y garantía de los deberes y derechos de cada cual, pervierte el sentimiento de justicia, toda vez que califica de delito y castiga todo lo que ofende o amenaza los privilegios de los gobernantes y de los propietarios, y declara justa, legal, la más feroz explotación de los miserables, el lento y constante asesinato material y moral cometido por los que todo lo poseen en las personas de los que no poseen nada. Si se convierte en administrador de los servicios públicos, se cuida señaladamente de los intereses de su clase; de los de la clase trabajadora, nada más que lo necesario para que dicha clase consienta en pagar. Si se mete a enseñar, prohíbe la propaganda de la verdad, y tiende a preparar el cerebro y el corazón de los niños para que lleguen a ser tiranos implacables o dóciles esclavos, según la clase a que pertenezcan. En manos del gobierno, todo se convierte en medio de explotación, todo se traduce en instituciones de policía, útiles únicamente para tener dominado al pueblo. Y es natural que así sea. Si la vida de los hombres consiste en la lucha entre ellos mismos, habrá, naturalmente, vencidos y vencedores, y el gobierno es el premio de la contienda o un medio para asegurarse los vencedores el resultado de la victoria y perpetuarla, ya se libre el combate en el terreno de la fuerza física e intelectual, ya en el terreno económico. Los que intervinieran en la lucha para vencer y asegurarse mejores rendimientos que los otros y conquistar privilegios y dominios, juntamente con el poder, una vez alcanzada la victoria no harán uso de ella para defender los derechos de los vencidos y fijar límites a sus propias facultades arbitrarías y a las de sus partidarios y amigos. El gobierno, o, como suele decirse, el Estado justiciero, moderador de la lucha social, administrador desinteresado de los bienes del público, es una mentira, una ilusión, una utopía nunca realizada y jamás realizable. Si en realidad los intereses de los hombres debieran ser contrarios; si en realidad la lucha entre los hombres fuese ley necesaria de la sociedad humana y la libertad de cada uno tuviese su limite en la libertad de los demás, entonces cada uno trataría de hacer triunfar sus propios intereses sobre los intereses de los demás, cada uno procuraría hacer mayor la libertad propia a expensas de la voluntad de los otros, y existiría el gobierno, no ya porque fuese más o menos útil a la totalidad de los miembros sociales, sino porque los vencedores habrían de asegurarse los frutos de la victoria, sometiendo fuertemente a los vencidos, y librarse de la incomodidad de ocuparse constantemente de la defensa, confiando esta labor a los hombres especialmente adiestrados en el arte de gobernar. Se vería así la humanidad destinada a perecer o a agitarse eternamente entre la tiranía de los vencedores y la rebelión de los vencidos. Afortunadamente, el porvenir de la humanidad es más risueño, porque es más dulce la ley que la gobierna. Esta ley es la solidaridad. Para todo aquel interesado: continua en la página 9 del siguiente PDF: http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Malatesta_Errico-La_anarquia_y_el_m%C3%A9todo_del_anarquismo.pdf Errico Malatesta nació en Santa Maria Maggiore (hoy Santa Maria Capua Vetere), a unos 30 kilómetros al norte de Nápoles, en el seno de una familia de propietarios rurales. El padre Federico, con la mujer Lazzarina Rastoin, poseía una próspera fábrica de curtidos. Realiza estudios en una "Escuela Pía"; luego se inscribe en la Universidad de Nápoles, donde estudia medicina por tres años, sin graduarse. En edad juvenil abraza los ideales republicanos de Giuseppe Mazzini. El 25 de marzo de 1868 es requerido por la Comisaría de Nápoles a causa de una carta de carácter subversivo dirigida a Víctor Manuel II; el 19 de marzo de 1870, aún con diecisiete años de edad, sufre la primera de una larga serie de detenciones policiales, tras un motín organizado por un círculo estudiantil republicano de la Universidad de Nápoles. En el 1871, después de la Comuna de París, abandonó las ideas republicanas para abrazar el anarquismo; en el mismo año se inscribió en la federación napolitana de la Asociación Internacional de los Trabajadores. En 1872 se fue a Suiza para participar en el Congreso internacional de Saint-Imier; en aquella ocasión se hizo amigo de Mijaíl Bakunin, de quien se considerará su discípulo. Posteriormente, Malatesta inicia un período de viajes con la finalidad de participar en distintas agitaciones sociales. Entre los países en los que viajó figuran Suiza, España, Egipto, Rumanía, Francia, Bélgica e Inglaterra. En Egipto fue uno de los impulsores del movimiento anarquista local. En marzo de 1885, para evitar la persecución en Europa, decide huir a la Argentina. Allá fundará sindicatos (la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos), promoverá la organización del proletariado, y a la vez se introducirá en fuertes luchas ideológicas con anarquistas individualistas. En 1889 vuelve a Italia e inicia una larga etapa de creación y fundación de periódicos y revistas libertarias como L'Associazione (1889), L'Agitazione (1897), L'Internazionale (1901), La Rivoluzione Sociale (1902), Volontà (1913), Umanità Nova (1920), Pensiero e Volontà (1924); de las cuales, las tres últimas son las más importantes por su prestigio entre la prensa anarquista internacional de la época. En 1891, en Suiza, funda el Partido Socialista Revolucionario Anárquico, uniendo anarquistas ciprinianos y anarquistas propiamente dichos. Después de ser condenado a siete meses de cárcel en Italia y a arresto domiciliario, escapa a Inglaterra desde donde pasa pronto a Estados Unidos. En 1900 vive en La Habana, y posteriormente se traslada a Nueva York y a Londres, donde trabaja de mecánico electricista durante 13 años, atento siempre a los movimientos sociales y a mantenerse al día con el pensamiento científico y filosófico. En 1907, en el Congreso Internacional Anarquista de Ámsterdam (Actas del Congreso), vuelve a verse envuelto en pugnas contra los anarquistas individualistas. Este mismo año publicará polémicos artículos atacando el sindicalismo como cúspide del anarquismo. Entendía por tal no a la participación de los anarquistas en sindicatos sino a que los mismos se fundiesen en ellos. Sostenía la necesidad de la participación en los sindicatos (y otras organizaciones populares de lucha) pero a la vez la necesidad de la organización política de los anarquistas. En 1914 interviene en el Congreso del Fascio Comunista Anarchico, así como también participa en una campaña insurreccional dirigida contra la Monarquía de Saboya y el Vaticano. Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, Malatesta se muestra absolutamente partidario de la oposición activa al esfuerzo de guerra en todos los países por considerarla una guerra fratricida en provecho de los intereses de minorías explotadoras. Esto producirá la separación ideológica con Kropotkin (partidario de la alineación con Francia e Inglaterra). La separación se ejemplifica con la oposición de Malatesta al "Manifiesto de los 16" de Kropotkin. En 1920 se produce una ola de ocupaciones de fábricas por parte de los trabajadores donde Malatesta participa, siendo inspirador del movimiento (desde la Unione Sindicale Italiana). Con la llegada de Mussolini, Malatesta es procesado por su participación antifascista en varias revistas. Prisionero en su domicilio, aislado y reprimido por el fascismo, muere el 22 de julio de 1932 en Roma. En relación a sus teorías hay que decir que las desarrolló básicamente en un gran número de revistas y diarios que fundó y en los cuales participó activamente.
Justicia No, amigo mío, es terrible tener que admitirlo, pero no hay justicia en el mundo. Peor aún, no puede haber justicia mientras vivamos bajo condiciones que permitan que una persona se aproveche de las necesidades de otra, que saque beneficios de ello y que explote a su semejante. No puede haber justicia mientras un hombre sea gobernado por otro, mientras uno tenga la autoridad y el poder de forzar a otro contra su voluntad. No puede haber justicia entre amo y criado. Ni igualdad. Justicia e igualdad solamente pueden existir entre iguales. ¿Podemos decir que el pobre barrendero y Rockefeller son socialmente iguales? ¿Y la lavandera y la reina de Inglaterra? Hagamos que la reina de Inglaterra y la lavandera entren en cualquier lugar, privado o público. ¿Serán recibidas y tratadas igual? Simplemente sus ropas determinarán las respectivas bienvenidas. Ya que sus vestidos, en las presentes circunstancias, indican la diferente posición social de las dos, su situación en la vida, sus influencias y sus riquezas. Puede que la lavandera haya trabajado duramente durante toda su vida, puede que haya sido el miembro más laborioso y útil de la comunidad. Puede ser que la señora no haya trabajado en su vida, puede ser que nunca haya sido útil en lo más mínimo a la sociedad. Pero será la rica dama quien será bien recibida y a quien se preferirá. He escogido este ejemplo casero porque simboliza todo el carácter de nuestra sociedad, de toda nuestra civilización. Es el dinero y la infl uencia y la autoridad que trae aparejadas consigo, lo único que cuenta en el mundo. No hay justicia, sino posesión. Amplía este ejemplo hasta englobar en él tu propia vida y hallarás que justicia e igualdad son palabras huecas, mentiras con las que te adoctrinan, mientras dinero y poder son verdaderos, reales. Sin embargo, hay un profundo sentimiento de justicia en el género humano, y tu mejor naturaleza se resiente siempre que se comete una injusticia con alguien. Te sientes ultrajado y te indignas por ello porque todos nosotros tenemos una instintiva simpatía hacia nuestro semejante, pues por naturaleza y hábito somos seres sociales. Pero cuando tus intereses o tu seguridad se ven amenazados actúas siempre de diferente forma y tus sentimientos son distintos. Suponte que ves cómo tu hermano perjudica a un extraño. Le llamarás la atención, lo reprenderás por ello. Cuando ves que tu jefe comete una injusticia con otro obrero como tú, también te ves agraviado y deseas protestar. Pero probablemente evitarás expresar tus sentimientos porque podrías perder el trabajo o caer en desgracia con tu jefe. Tus intereses suprimen el mejor impulso de tu naturaleza. Tu dependencia de un jefe y su poder económico sobre ti, influyen sobre tu conducta. Suponte que ves a alguien apaleando y pateando a otro cuando yace en el suelo. Pueden ambos serte extraños, pero si no le tienes miedo al agresor lo conminarás a que deje de patear al sujeto que está tendido. Pero cuando ves que el policía hace lo mismo con un ciudadano, te lo pensarás más de dos veces antes de intervenir, porque podría apalearte a ti también y arrestarlos a los dos. Él tiene autoridad. El primer agresor, que no tiene autoridad y que sabe que cualquiera podría interponerse cuando actúa injustamente, será, por lo general, cuidadoso con lo que está haciendo. El policía, que está investido de alguna autoridad y que sabe que existen pocas probabilidades de que nadie se le interponga, actuará injustamente a placer. Aun en este sencillo ejemplo, puedes observar el efecto de la autoridad, sus efectos sobre aquel que la posee y sobre aquellos contra los que se ejerce. La autoridad tiene tendencia a hacer de quien la posee alguien injusto y arbitrario, también convierte a quienes la consienten en desatentos, subordinados y serviles. La autoridad corrompe a quien la detenta y envilece a sus víctimas. Si esto es verdad para las más sencillas relaciones de convivencia, ¿cuánto más no lo será en el campo más amplio de nuestra vida política, industrial y social? Hemos visto cómo el depender económicamente de tu jefe afectará a tus acciones. De modo semejante se verán afectados los actos de otros que también dependen de él y de su buena voluntad, siempre y cuando no estén sobre aviso y claramente decididos a no dejarse influenciar. ¿Y el jefe? ¿No estará, también, influenciado por sus intereses? Sus simpatías, su actitud y su conducta, ¿no serán el resultado de sus intereses particulares? De hecho, todo el mundo está controlado, en general, por sus intereses. Hablo de la naturaleza humana ordinaria, del hombre medio. Aquí y allá encontrarás casos que parecen excepcionales. Una gran idea, o un ideal, por ejemplo, pueden arraigar de tal forma en una persona que ésta le dedique su vida entera y, a veces, le ofrenda incluso ésta. En tal circunstancia podría parecer como si el hombre actuase contra sus propios intereses. Pensar así es un error, ya que es sólo una apariencia. Porque, en realidad, la idea o el ideal por los que el hombre vivió y dio su vida eran su interés principal. La única diferencia es que el idealista halla su máximo interés en vivir por alguna idea, mientras el más poderoso interés del hombre medio es continuar en el mundo y vivir confortablemente y en paz. Pero ambos casos están controlados por sus intereses dominantes. Los intereses de cada hombre difieren, pero nos asemejamos en que cada uno de nosotros siente, piensa y actúa en concordancia a su interés particular, al concepto que de sus intereses tiene. Ahora, ¿puedes esperar que tu jefe sienta y obre en contra de sus intereses? ¿Puedes esperar que el capitalista se deje guiar por los intereses de sus empleados? ¿Puedes pretender que los que más poseen encaminen sus negocios atentos a los intereses de los que menos poseen? Hemos visto que los intereses de patrón y empleado difieren, tanto que se oponen los unos a los otros. ¿Puede haber justicia entre ellos? Justicia significa que cada uno obtiene lo que se le debe ¿Puede el trabajador ver cumplido su derecho o hallar justicia en la sociedad capitalista? Si así fuera, el capitalismo no podría existir, porque entonces, tu patrón no podría obtener beneficios de tu esfuerzo. Si el obrero obtuviese lo que se le adeuda, los géneros que produce o su equivalente, ¿de dónde saldrían las ganancias del capitalista? Si al trabajo perteneciese la riqueza que produce, no habría capitalismo. Esto significa que el obrero no puede reivindicar para sí lo que produce, no puede obtener lo que se le debe, y, por consiguiente, no puede conseguir justicia bajo la esclavitud del salario. “Pero si ése fuese el caso –observas tú– podría apelar a la ley, a los tribunales.” ¿Qué son los tribunales? ¿A qué fi n sirven? Existen para confirmar la ley. Si alguien te ha hurtado tu abrigo y puedes probarlo, los tribunales se pronunciarán en tu favor. Si el acusado es rico o tiene un abogado hábil, lo más probable es que el veredicto establezca que todo fue una confusión o un problema mental, y nuestro hombre será absuelto. Pero si acusas a tu patrón de que te roba la mayor parte de tu trabajo, de que te explota para su provecho y beneficio personal, ¿puedes obtener lo que se te debe acudiendo a los tribunales? El juez desestimará el caso porque no va contra la ley el que tu jefe obtenga beneficios de tu trabajo. No hay ninguna ley que lo prohíba. No obtendrás justicia por esta vía. Se dice que “la justicia es ciega”, para evidenciar que no establece ninguna distinción ni reconoce diferencia alguna de posición, infl uencia, raza, credo o color. Este axioma necesita ser examinado para que se establezca su completa falsedad. Porque la justicia es administrada por seres humanos, por jueces y jurados, y todo ser humano posee intereses particulares, sin hablar de sus sentimientos personales, opiniones, gustos, antipatías y prejuicios, de los que no puede desprenderse por el mero hecho de ponerse una toga de juez y sentarse en el estrado. La actitud del juez frente a los hechos, como la de cualquiera, estará determinada, consciente e inconscientemente por su educación y formación, por el ambiente en que vive, por sus sentimientos y opiniones, y particularmente, por sus intereses y los del grupo social al que pertenece. Considerando lo expuesto, debes deducir que la pretendida imparcialidad de los tribunales de justicia es, en verdad, psicológicamente imposible. No hay tal imparcialidad ni puede haberla. Puede que, a lo mejor, el juez sea relativamente imparcial en casos que no afecten a sus opiniones ni a sus intereses, como individuo y miembro de un cierto grupo social. En tales casos podrías esperar justicia. Pero estos casos son normalmente de pequeña importancia y juegan un papel insignificante en el conjunto de la administración de justicia. Vamos a poner un ejemplo. Supongamos que dos hombres de negocios pleitean por la posesión de cierta parte de una propiedad, no teniendo el asunto ninguna clase de consideraciones políticas o sociales. En tal caso, careciendo el juez de opiniones directas o intereses personales sobre la cuestión, puede fallar sobre la esencia del caso. Y aun entonces, su actitud dependerá considerablemente del estado de su salud y de su digestión, del pie con que se levantó, de si discutió o no con su esposa y de otras insignificancias semejantes, desatinadas, pero factores humanos verdaderamente decisivos. O bien supongamos que dos trabajadores litigan sobre la propiedad de un gallinero. El juez puede decidir justamente sobre el caso, cualquiera sea el veredicto a favor de uno u otro litigante, no afecta en modo alguno a la posición, a las opiniones o a los intereses del juez. Pero suponte el caso de que ante él comparezca un obrero en litigio con su terrateniente o con su patrón. En tales circunstancias, todo el carácter y la personalidad del juez afectarán a su decisión. No es que necesariamente el juez haya de ser injusto, ya que no es este extremo el que trato de demostrar. Sobre lo que quiero llamar tu atención es que en este caso en concreto el juez no puede ser imparcial, ni lo será. Sus pareceres sobre el obrero, sus opiniones personales sobre los terratenientes o los patrones, y sus puntos de vista sociales, influenciarán su juicio, a veces inconscientemente. El veredicto puede ser justo, o puede no serlo, pero en ningún caso se basará en la evidencia. Se verá afectado y determinado por los sentimientos subjetivos y personales del juez, y por sus puntos de vista referentes a la clase trabajadora y al capital. Su actitud será, generalmente, la de su círculo de amigos y conocidos, la de su grupo social, y sus opiniones sobre la cuestión se corresponderán con los intereses de este grupo. Él mismo puede ser también un terrateniente o tener acciones de una empresa que explote al trabajador. Consciente o inconscientemente, la perspectiva del tribunal tomará el color de las opiniones y prejuicios del juez, y su veredicto será el resultado de éstos. Además, la apariencia de los dos litigantes, sus diferentes modos de expresión y conducta, y especialmente, la destreza con que utilicen la habilidad de sus respectivos asesores, tendrán una considerable infl uencia sobre las impresiones del juez, y en consecuencia, sobre su decisión. Por consiguiente, queda aclarado que en tales casos el veredicto dependerá más de la conciencia de clase del juez que del fondo del asunto. Si les interesa seguir leyendo pueden entrar en esta pagina: http://www.fondation-besnard.org/IMG/pdf/Abc_del_comunismo_libertario.pdf e ir directamente al capitulo VIII "Justicia". Viva la Anarquía!
Ante juicios de la inquisición democrática…. En permanente Actitud de Combate al poder Jornada de Agitación Solidaria Internacionalista del 14 al 25 de Marzo del 2014 ante el juicio contra los compañeros Freddy, Marcelo y Juan por el Caso Security “Porque ninguna cadena será perpetua, y ninguna cárcel de “alta seguridad” -Claudia López- Un asalto, un policía muerto y las campañas de exterminio “A veces sale caro defender a los ricos”- Alexander M. Jacob. El 18 de octubre de 2007 se produce un asalto a una entidad bancaria ubicada en pleno centro de Santiago, el Banco Security. Carabineros cierra el perímetro de la sucursal con el objetivo de dar con los participantes en el hecho. Así en un control a una motocicleta, se produce un enfrentamiento armado y Luis Moyano, cabo de Carabineros, cae muerto en el lugar. Otro funcionario policial resulta herido. Santiago Centro se convulsiona y la cacería se desata en venganza. El Departamento de inteligencia de Carabineros hace un rápido balance de la orquestación táctica del atraco, caracterización de los participantes, tipo de armamento y repliegue. Tras rápidos análisis lanzan la sentencia: los autores son ex-miembros de un grupo subversivo. Con una poderosa campaña mediática el caso se difunde rápidamente, prestando declaración ante la prensa tanto la viuda como los hijos del cabo Moyano. Los honores oficiales envuelven la figura del carabinero y las amenazas contra los participantes en el asalto van difundiéndose sin mayor disimulo. En cosa de un mes es detenido uno de los presuntos participantes en el atraco. Tres días después de la detención entrega los nombres y fotografías de los supuestos miembros del grupo. Este testimonio, construido desde, para y por los entramados del poder, es bendecido con una validez total, transformándose en prueba irrefutable ante la sociedad. Los rostros de Freddy Fuentevilla, Juan Aliste, Marcelo Villarroel y Carlos Gutiérrez Quiduleo son expuestos y analizados por la prensa, se habla de peritos biométricos y análisis criminológicos de mayor nivel. La policía hace circular teléfonos a donde llamar para entregar información, se insta a la población a delatar cualquier movimiento o aparición de los ya declarados culpables. Se lanzan amenazas por la prensa y el mensaje entre líneas es claro: los quieren muertos. Se producen allanamientos a los domicilios de los compañeros, de los familiares y parejas. Pero ni rastro de ellos. El cerco policial se extiende pero no logra encerrarlos. La consigna lanzada por el poder queda establecida, los compañeros no sobrevivirán si son encontrados.. Ordenes de captura: ¿Hacia quiénes van? “Hemos elegido el peso de nuestras elecciones y no tenemos la intención de ablandar nuestras decisiones”. -Conspiración de Células del Fuego- La lista de nombres y fotografías mostradas por los voceros del poder como partícipes del asalto al banco, busca fortalecer el imaginario de “delincuente ex -subversivo”. Eliminar cualquier motivación de lucha, aislarlos políticamente de entornos de combate y situarlos marginados y sin continuidad histórica alguna. Pero los compañeros no solo tienen pasado de lucha, sino también presente y por cierto futuro. Los 4 sindicados como partícipes en el asalto al banco son activos rebeldes que mantuvieron el combate y enfrentamiento durante la transición democrática, sin hacer distinción ante el cambio de ropajes -de uniformes a costosos trajes- a la hora de ejercer la autoridad y administrar el Estado/Cárcel/Capital. Con sus particularidades y subjetividades, cada compañero aporta a un flanco de la lucha articulándose así distintas realidades. Como ellos mismos se definen: - Freddy Fuentevilla: ex militante del MIR, activo anticapitalista autónomo. - Carlos Gutierrez Quiduleo: ex militante lautarino, activo Weichafe. - Juan Aliste: ex lautarino, activo anticapitalista subversivo. - Marcelo Villarroel: ex lautarino, subversivo autónomo y libertario Presente en mil instancias, los compañeros asumen la clandestinidad ante las amenazas de muerte lanzada por los voceros del poder y una cacería desatada por parte de las fuerzas de seguridad que orquestaban el escenario perfecto para buscar su aniquilación física y legitimar el exterminio de revolucionarios. Freddy y Marcelo son detenidos en Argentina el 15 de Marzo de 2008, siendo procesados y encarcelados por porte de arma de fuego, conociendo las prisiones argentinas. Sometidos a regimenes de castigos y aislamientos demenciales, con largos periodos de encierro revertidos con la continua resistencia manifestada en combate cotidiano y milimétrico a la locura de vivir sin luz natural, ni artificial, ni patio donde caminar… Generando la figura del aislamiento dentro del aislamiento por razones de seguridad, que es lo que posteriormente continúa en Chile, pero validado en el régimen de Máxima Seguridad invisibilizado dentro lo que generalmente se conoce como Cárcel de Alta Seguridad. Cuando los compañeros cumplen la mitad de la condena son expulsados a Chile. Por su parte Juan es detenido, también en Argentina el 9 de julio de 2010 y es expulsado inmediatamente, dejado en bandeja ante la justicia chilena. Carlos, consigue mantenerse prófugo hasta ser detenido en territorio mapuche el 28 de noviembre de 2013. Cada compañero se mantiene firme en las opciones de vida elegida, en las decisiones de combate fortalecidas por los años y trazadas por las innumerables vivencias de la dureza de la represión pero también de la alegría y el amor en revuelta. Rechazar los valores del poder y la servil monotonía no es una decisión pasajera o momentánea, sino una inquebrantable continuidad. Laberintos judiciales de un aniquilamiento burocrático. “Mi detención revela los temores al fantasma de la resistencia. Mi detención resulta de la voluntad de aniquilar todo rastro de alternativa radical a la verborrea hemipléjica y a las comedias de ruptura con el sistema y sus suplicios. A pesar de todo, la lucha continúa.” -Jean Marc Roullian- La colaboración de los Estados Chileno-Argentino para lograr la captura de Freddy, Marcelo y Juan, reflota el plan antisubversivo conocido como Operación Cóndor, implementado por las dictaduras en Latinoamérica. Así entonces con la llegada de Freddy y Marcelo a las cárceles chilenas el proceso judicial se inicia, esta vez, enmarcado en la justicia militar a cargo del funesto fiscal Reveco, reconocido compinche de torturadores y linchamientos jurídicos en dictadura. Una vez detenido Juan y expulsado a Chile, el compañero es sumado a la misma investigación que Freddy y Marcelo, todos bajo fiscalía militar. En el ámbito carcelario Juan, Freddy y Marcelo permanecen separados en los 3 módulos con que cuenta la Cárcel de Alta Seguridad, las restricciones por parte de la administración carcelaria son continuas, con incesantes allanamientos a las celdas, así como el hostigamiento a sus familias y compañerxs. El año 2010, mediante movilizaciones y huelgas de hambre de prisioneros políticos mapuche se consigue modificar la jurisdicción para que ningún civil sea juzgado por tribunales militares. Este cambio a la arquitectura del poder hizo que el proceso por el Caso Security sea llevado del circo judicial al civil, con nuevos plazos, fiscales y disposiciones. Para el poder y el dominio, el proceso judicial era un escenario no contemplado, porque en estricto rigor se perseguía e instaba al aniquilamiento físico de los compañeros, hasta ese momento prófugos. Tras ser detenidos, las balas policiales quedaban intactas en las recámaras de las pistolas, listas para ser descargadas contra otros revolucionarios, en este caso no fueron disparadas para vengar a su “compañero de armas”, el cabo Moyano…entonces el asunto se ponía engorroso. Si no los exterminaban con la brutalidad acostumbrada del aniquilamiento físico, pues tenían que ser golpeados bajo kilos de carpetas investigativas y absurdos judiciales, sepultados bajo murallas de burocracia legal y asfixiados con procedimientos sin sentido. En este escenario se desarrolla todo un entramado legal/jurídico que continuamente cruza sus propios límites y desdibuja sus normas. Juan, Marcelo y Freddy han cumplido la prisión preventiva más larga de Chile bajo la nueva reforma procesal penal, con más de 4 años en las cárceles sin recibir condena alguna. Por su parte la fiscalía ha conseguido anular y realizar en dos ocasiones la “preparación de juicio” y extender limites hasta el infinito. Aquí no hablamos de plazos justos o respeto a tratados, hablamos y evidenciamos la brutalidad del domino y la necesidad que tienen de ahogar en el olvido a los compañeros, encerrados en las trampas y el laberinto de la pantomima judicial. En medio de este proceso, el 28 de noviembre de 2013, el compañero Carlos Gutiérrez Quiduleo, hasta el momento clandestino, es detenido por las fuerzas represivas. Tras ser capturado es llevado a la Sección de Máxima Seguridad de la Cárcel de Alta Seguridad con un régimen de aislamiento. Su proceso judicial queda independiente y en paralelo al de Juan, Marcelo y Freddy. Así el compañero Carlos permanece bajo investigación y en prisión preventiva aun sin tener fecha para su juicio. Una vez finalizada todas las artimañas para la realización del gran teatro, y establecidas todas las piezas para imponer la verdad de los poderosos, se fija la fecha donde se pretende sacrificar en el altar de la democracia a los rebeldes. El 25 de Marzo, 3 jueces, 3 miserables, decidirán sobre la vida de nuestros compañeros, alzándose como semidioses para cuantificar la porción de vida que tendrán que purgar los prisioneros. La trampa judicial se extiende hasta límites groseros, en el caso de no ser condenados por los hechos que hoy se les acusa, los compañeros que se encontraban cumpliendo condenas con beneficios (por su participación en acciones de guerrilla urbana durante los 90 –Marcelo y Juan-) quedarán al caprichoso arbitrio de la administración carcelaria-jurídica, quienes decidirán si tendrían que permanecer en la cárcel cumpliendo la condena anterior o retomarían el régimen de beneficios que tenían hasta el 2007. Las armas de la democracia transformadas esta vez en papeles y sentencias buscan ser ejecutadas según las peticiones de los perseguidores. De esta forma la fiscalía solicita: · Para el compañero Juan Aliste: cadena perpetua calificada + 20 años de cárcel, acusado de 3 asaltos bancarios, la muerte de Moyano y el supuesto homicidio frustrado a otro policía durante el enfrentamiento en las inmediaciones del banco security. · Para el compañero Freddy Fuentevilla la acusación es de perpetua simple + 15 años de prisión por el homicidio de Moyano, el enfrentamiento armado con otro policía y 2 asaltos bancarios. · Por su parte al compañero Marcelo Villarroel los perseguidores pretenden condenarlo a 18 años de prisión tras indicarlo como autor de 2 atracos bancarios. En los altares de la inquisición democrática…. “…Porque la Anarquía la tenemos dentro de nuestras cabezas y ustedes nunca serán capaces de procesarla, no importa cuánto cemento nos echen encima para sepultarnos, no importa cuántas cárceles construyan para meternos dentro, a cuántos años nos condenen y cuántas leyes antiterroristas decretaran para ser aún más estrictos en sus actuaciones teatrales… Nuestra anarquía se fugará cada vez” -Giannis Mihailidis y Nikos Romanos- Los juicios son instancias culmines del monopolio de la violencia por parte del Estado, donde la inquisición democrática busca aplicar la sanción ejemplificadora. Pero en el caso de sujetxs en abierta rebeldía se agudiza y amplifica el rol de la propia justicia, transformando la instancia en una tribuna de linchamiento político. Aunque la Fiscalía se empeñe en autoproclamarse limpia y aséptica, este es y será un proceso que debe defender el orden de los ricos, este es un juicio político. Por ello las pruebas y acusaciones escapan de los meros hechos ocurridos el 2007, levantándose contra los compañeros en tanto sujetos subversivos. Con esto no estamos pidiendo igualdad ante la ley o “juicios justos”, sino que más bien buscamos develar y evidenciar cómo funciona la estructura del dominio para cargar sobre quienes se oponen y enfrentan de manera cotidiana y radical. Así entonces, a contar del 25 de Marzo, fiscales, jueces y abogadas al servicio del poder se esmerarán en la estética y la vanidad, Gendarmería exagerará hasta el ridículo las disposiciones del teatro de la seguridad y la viuda del cabo Moyano armará cuanto punto de prensa encuentre. Todos defenderán su posición de servidores del dominio y no tenemos duda de la actitud de nuestros compañeros: cabeza en alto, sin arrepentimiento de quienes decidieron ser, con tremendas fuerzas para no rendirse. Es necesario comprender el momento clave que significa un juicio, tanto para el poder que se auto arroga la oportunidad de juzgar y condenar a los revolucionarios, como a su vez el desafío y posibilidad para nosotrxs, sus eternos enemigxs, de elevar la conflictividad, llevándola a un punto de no retorno. Nuestra es la respuesta solidaria, con firmeza y en el pulso exacto de la guerra. El objetivo trascendente de los teatros jurídicos, inclusive mas allá de condenar por un hecho puntual a una persona, busca cortar y demoler el espíritu de enfrentamiento a la norma, a la regla, al poder mismo según sea el caso. Así entonces tras el escenario legal, se pretende sepultar al/la imputadx, simplemente borrarlx, anuladx, tras el peso de una condena y transformadx en un mero número dentro de la cárcel, que el mundo más allá de las rejas la/lo olvide y que el/la prisionerx asuma obediente su nuevo rol por la sociedad asignado: condenadx. Nuestros compañeros no sucumben resignados al dominio y han mantenido a lo largo de su vida la opción de lucha permanente. Trascendiendo y traspasando escenarios puntuales, dándole así una continuidad de lucha a la ruptura con el orden impuesto. Evidenciando con ello que el poder podrá cercarnos, encerrarnos, elevar los muros y disparar sanciones y venganzas, pero nuestra será la voluntad de no enfrentar desde una perspectiva de víctima cada escenario por el poder dispuesto. Nuestras manos activas siempre buscarán destruir los barrotes que pretendan encerrarnos…. No delegaremos en las disposiciones y ritmos del estado nuestra actitud de guerra. La lucha es una opción de vida hasta el final, sin espacio para los tiempos muertos. En el escenario de lo legal, los compañeros han buscado obstaculizar la “verdad” de los poderosos mediante una defensa jurídica, pero sin hacer suyas ni internalizar las categorías del lenguaje impuesto: inocentes, víctimas o culpables. ello la estrategia de defensa no se basa únicamente en evitar y entorpecer la lapidación y el secuestro de por vida que pende sobre ellos, saboteando los engranajes de las verdades judiciales, si no que al unísono proyecta tanto la lucha en la calle como una vida de combate contra la dominación. Hoy más que nunca…Palabra y Acción “Entendemos la solidaridad como la constante puesta en práctica de nuestras ideas anarquistas, en todas sus formas, que hacen entender al enemigo que acá nada termina, que todo sigue en la cárcel o en la calle. Desde donde se esté: ni un minuto de silencio y una vida de combate” -Mónica Caballero, Francisco Solar- Ante el inminente juicio contra nuestros compañeros, hacemos un ferviente llamado a luchar, elevando la voz de la guerra, convocando una vez más a una Jornada de Agitación Solidaria Internacionalista del 14 al 25 de Marzo del 2014. Asumiendo siempre un rol activo dentro de la guerra social, instamos a las diferentes individualidades a manifestar de manera concreta el apoyo y la solidaridad con los compañeros a espera de juicio. Entendiendo que el mensaje solidario será recibido de manera certera no solo por los compañeros, sino que también por los poderosos que quisieran verlos solos y derrotados. La solidaridad ofensiva hace frente al teatro de justicia y lleva el conflicto desde las oficinas estatales a la calle misma, donde queremos a nuestros compañeros, vivos, libres y rebeldes. No seremos espectadores del linchamiento de nuestros compañeros, ni aceptaremos sumisamente las condenas que puedan emanar como sanción ejemplificadora, nuestro llamado es a que nadie se reste de participar, de activar por la liberación total. La solidaridad, la fuerza común, el apoyo, traspasa los muros, burla las fronteras y une los mundos con el lenguaje común de la guerra social. Que unx guerrerx no estè solx en los salones de la justicia burguesa, solo depende de cuánto seamos capaces de crear. Todas las acciones cuentan y todas aportan a la lucha contra el poder, cuando llevan el germen solidario y de libertad. El llamado es a actuar, generando una acción solidaria multiforme, sin líderes ni dirigentes, donde cada unx aporte desde el escenario en que se encuentre, cada gesto importa. Así la acción solidaria genera, extiende y profundiza las redes de complicidad, potentes armas y herramientas para hacer frente al Poder. Este llamado es una convocatoria abierta, para que cada unx se manifieste desde la acción, desde la información descentralizada, con prácticas autónomas de expresión de rebeldía. No dejaremos solos a nuestros compañeros, por más ráfagas de amenazas que el poder dispare, nuestra es la convicción de lucha, sin treguas, hasta el final, hasta destruir el último bastión de la sociedad carcelaria. Contra toda forma de poder, contra toda forma de dominación. …en la calle, prisionerxs o en fuga, siempre estaremos en permanente actitud de combate. “Las fronteras y los idiomas diferentes son obstáculos que vamos a derrumbar para encontrarnos unx al lado del/x otrx, y para levantarnos juntos en contra de los mandatos y ordenes de este sistema y escupir con desprecio a cada una de los fieles a la ley y opciones de la vida que nos propone” –Conspiración de Células del Fuego- Solidaridad y Acción del 14 al 25 de Marzo del 2014, hasta ver a Freddy, Marcelo, Juan y Carlos en la calle, caminando libres con todxs lxs que luchan. Convocan y Solidarizan: -Familiares y compañerxs de los procesados por el Caso Security -Colectivo Anticarcelario Vuelo de Justicia -Núcleo antiautoritario de agitación y propaganda Sin Banderas Ni Fronteras y afines -81 Razones por Luchar -Individualidades Afines Santiago- Valparaíso- Buenos Aires- Neuquén- Barcelona -Viva la Anarquía -Rojoscuro -Hommodolars -Publicación Refractario -Cruz Negra Anarquista México -RadioAzione -Solidarixs en Guerra contra el Poder - Revista Infierno - Voz Como Arma ¡¡MIENTRAS EXISTA MISERIA HABRÁ REBELIÓN!!

Apología de Nikos Maziotis ante el juzgado de instrucción 7 de julio de 1999 En primer lugar, no pretendo ser el chico bueno acá donde fui forzado a venir. No voy a alegar nada, porque no me considero a mí mismo un criminal. Soy un revolucionario. No tengo nada de que arrepentirme. Estoy orgulloso de lo que hice. Lo único que lamento es el error técnico que se cometió y la bomba no explotó, por eso encontra¬ron mis huellas en esta luego y terminé aquí. Es lo único de lo que me arrepiento. Y de algo más también: todas esas cosas no deberían haber estado en mi casa, deberían haber estado en otro lugar. Ustedes deberían tener en cuenta que si bien son jueces y están sentados más altos que yo, muchas veces los revolucionarios, y yo mismo puntualmente, los juzgué mucho antes que ustedes a mí. Estamos en bandos opuestos, bandos enemigos. Los revolucionarios y la justicia revolucionaria -porque no creo que esta corte sea la justicia, es la justicia entre comillas- muchas veces juzga a sus enemigos mas despiadadamente, cuando tienen la oportunidad de imponer justicia. Voy a comenzar de muchos años atrás. No tenemos ningún crimen mío para juzgar aquí. Por el contrario, vamos a hablar acerca de crímenes, pero no míos. Vamos a hablar de los crímenes del Estado, de sus mecanismos, de la justicia y de crímenes policiales... La primera vez que se podría decir que fui politizado es cuando participé de una manifestación, en 1985. Fue el 17 de Noviembre. Tenía catorce años entonces, y un policía, el Sr. Melistas, disparó y mató a un chico de quince años, Kaltezas. No participé en los disturbios de esa noche. La misma noche después del asesinato la Escuela de Química fue ocupada y en la mañana fuerzas especiales llevaron a cabo una redada en el edificio para evacuarlo y arrestaron a los anarquistas y jóvenes que estaban dentro. Al día siguiente cinco mil personas ocuparon la Escuela Politécnica -si recuerdo bien, porque era joven en ese entonces y no tenía mucha información. Estas ocupaciones fueron precisamente una reacción al asesinato de Kaltezas por el policía Melistas. La justicia, cinco años después, en Enero de 1990, declaró a Melis-tas inocente. Lo que quiero decir con esto es que en realidad ustedes son instigadores de crímenes, por lo menos en lo que a mí respecta. Entonces, en enero y febrero del ´90 participé en la ocupación del Politécnico, que se produjo como reacción a la decisión de la corte la cual declaró a Melistas inocente por el asesinato de Kaltezas. Hubo enfrentamientos y disturbios, se destrozaron tiendas, se arrojaron piedras y cocteles molotov... Yo participé de estos hechos. De ahí en adelante pude decir concientemente que soy anarquista. Y cuando digo anarquista, me refiero a que estoy en contra del Estado y el Capital. Que nuestro propósito es subvertir el Estado y el régimen capitalista. Queremos una sociedad sin clases, sin jerarquías y sin dominación. La mayor mentira de nuestros tiempos es eso de que el Estado es la sociedad. Creo que Nietzsche ha dicho también eso, eso de la mentira del Estado. Nos oponemos a la división de la sociedad en clases, estamos en contra de una separación entre quienes ordenan y quienes obedecen órdenes. Ésta estructura autoritaria penetra la totalidad de la sociedad y es esta estructura lo que queremos destruir. Ya sea con medios pacíficos o violentos, incluso con las armas. No tengo ningún problema sobre eso. Voy a contradecir a mi hermano quien dijo antes: "el no quería las armas para hacer la guerra". Éstas eran para la guerra. Quizás solo estaban allí guardadas. Pero las armas son para la guerra, uno no las tiene simplemente para guardarlas en casa. Podría haberlas guardado así como estaban, pero son para hacer la guerra y yo hago la guerra. La bomba en el Ministerio fue un acto de guerra. Desde 1990 fui condenado muchas veces por mi actividad, por distintos tipos de acciones. Fui condenado porque me rehusé a servir al Ejército. No porque tenga algún problema con las armas o con la violencia, repetí eso en la corte militar. El hecho de que esta vez fui arrestado en posesión de armas denota que no tengo ningún problema con las armas o con la violencia, no soy pacifista en absoluto. Porque ni la sociedad ni el Estado son pacíficos. Mientras reciba violencia responderé con violencia. Pasé siete meses en una prisión militar, se me ha condenado por desertar del Ejército y por evasión de los servicios militares. La segunda vez fui liberado luego de 51 días en huelga de hambre. He sido arrestado en el ´94 en la ocupación de la universidad de Economía junto con 51 compañeros míos, cuando Giorgios Balafas y Odysseas Kampouris estaban en huelga de hambre. Esta ocupación de la Escuela de Economía fue también una acción de solidaridad. En condiciones en que no podíamos reunirnos en ningún lugar ni manifestar, decidimos okupar una universidad y usarla como centro de contrainformación a cerca de los casos de Giorgios Balafas y Odysseas Kampouris, quienes estaban encarcelados. En el ´95 fui arrestado con otras 500 personas en la revuelta del Politécnico en noviembre. Esa ocupación sucedió porque había distintos presos politicos en la cárcel -Kostas Kalaremas, Odysseas Kampouris, Giorgos Balafas quienes fueron arrestados nuevamente entretanto, Spyros Dapergolas, Christoforos Marinos y cuatro personas de Salónica fueron arrestadas cuando la manifestación en la que participaban fue atacada por la policía el 14 de noviembre-, y porque se estaba llevando adelante un motín en la cárcel de Koridallos. Por esta ocupación fui sentenciado por lo menos a un año de cárcel junto con muchos otros compañeros. En todas estas acciones yo y mis compañeros asumimos la responsabilidad completamente. Entonces, durante esta década, desde que puedo llamarme anarquista, he usado muchos métodos de acción. He escrito y distribuido panfletos, pegado carteles, participé en ocupaciones, violentas o pacíficas. Por ejemplo, la ocupación de la Escuelade Economía no tuvo ningún carácter violento pero las Unidades Especiales de la Policía y los Antidisturbios nos invadieron y nos arrestaron. Hubo hasta policías de las Unidades Especiales llevando máscaras de esquí que entraron para romper las cadenas en las puertas. En el caso de la Politécnica no pretendimos ser los chicos buenos, sin tampoco aceptar los cargos específicos por los que nos acusaban. Dijimos porque habíamos ido a la Politécnica. Un tiempo después, cuando estaba en una corte militar en febrero del ´98, tomé personalmente la responsabilidad de quemar una bandera griega. Dije que la había quemado. Considero que es un símbolo de una fuerza enemiga. En quien sea que tenga la bandera griega veo a un enemigo, porque los policías la tienen en su uniforme, los Comandantes también... Es el símbolo del enemigo. Nuestro propósito, dentro de la lucha antiestatal y anticapitalista, es conectarnos con las diferentes luchas sociales. Nuestro propósito también en el momento en que intervenimos en estas luchas es intentar que las cosas se desborden, lo que significa que el conflicto de estos sectores sociales culmine contra el Estado y la policía. Incitar a que la lucha de las personas exceda los causes institucionales, los sindicatos, las administraciones locales y todos estos manipuladores que son enemigos de la libertad humana. Muchos de mis compañeros, con sus pequeñas fuerzas, se han comprometido con tales luchas. Les hablaré de ellos más específicamente. En 1989, en una lucha ambiental en el pueblo de Aravissos, los residentes de esa zona no querían que sus recursos de agua sean explotados por la Compañía de Agua de Salónica. Se enfrentaron a la policía y los antidisturbios, quemaron bombas de riego, prendieron fuegos y barricadas... Y algunos de nuestros compañeros de Salónica participaron de esta lucha e incluso fueron arrestados. En 1990 el ataque del neoliberalismo comenzó en Grecia (un ataque que internacio-nalmente había comenzado desde los ´80 con los gobiernos de Reagan y Tatcher), incluyendo la desindustrialización, despido de trabajadores, privatización, limitación del estado de bienestar, reducción de salarios, pensiones y el tratamiento médico... Este ataque que había empezado en Europa y Norte América desde principios de los ´80, recién empezó en 1990 en Grecia. El primer proyecto fueron las compañías "problematicas". En esa parte también, durante el período de 1990-91, hubo ocupaciones en muchas fábricas del país, en Man-toudi, Lavrio, Patras. Nuevamente, algunos de nuestros compañeros, con su pequeño poder, estuvieron ahí. Mas específicamente en Matoudi y en la fábrica Piraiki-Pa-traiki la cual está ubicada en Patras. Después de eso tuvimos el movimiento de estudiantes del ´90-´91 que fue grandioso, según mi opinión. Logró subvertir la ley del ministro de Educación, Kontogianno-poulos, quien finalmente renunció. El gobierno de derecha, en su esfuerzo de reprimir el movimiento, movilizó a sus matones para aplastar la ocupación de escuelas, lo que terminó con el asesinato de un profesor, Nikos Temporeras, dentro de una escuela ocupada en Patras. Fue un crimen más del Estado. Aquí vamos a contar los crímenes del Estado, ningún crimen mío. En respuesta al asesinato de Temporeras hubo una manifestación de miles de personas. Nosotros también participamos, para agudizar la situación. Hubo enfrenta-mientos con la policía, el Politécnico fue ocupado nuevamente por dos días. Fuego, barricadas, destrozos... También hubo otro crimen aquellos días, el 10 de enero del ´91. Durante lo disturbios, bombas de gases lacrimógenos arrojados por la policía causó el incendio del edificio de K. Marousi, un shopping en la calle Panepistimiou. Cuatro ciudadanos murieron dentro debido al incendio. Nadie ha pagado aún por este delito, ni la justicia dijo nada. Lo encubrieron. Un año después, en el verano de 1992, mis compañeros -yo no personalmente pero esto no importa- participaron en los enfrentamientos alrededor de la estación de Votanikos, cuando el gobierno intentó privatizar el transporte público. Hubo en-frentamientos entre los trabajadores y la policía. Luego, algunos trabajadores del Transporte Público fueron a la cárcel acusados de sabotaje. Estaban destrozando los autobuses privados pertenecientes a los rufianes dueños que los habían comprado. Allí también, los anarquistas estuvieron presentes. Antes de referirme a la lucha de Strymonikos, quiero mencionar el más reciente ejemplo: los maestros desocupados el año pasado y el movimiento estudiantil en el invierno del ´98-´99. Estuvimos presentes allí también. Un compañero que testificó ayer, Vasilis Evagelidis, trató de hablar de esto. El fue arrestado en los enfrentamien-tos que tuvieron lugar en enero del ´99 en una manifestación estudiantil. Generalmente, donde sea que haya disturbios, donde sea que haya conflictos queremos estar ahí. Para subvertir las cosas. Para nosotros, esto no es un crimen. En realidad, estos disturbios son la "soberanía popular" de la que los políticos profesionales siguen hablando. En ésta es en donde la libertad es expresada... Ahora vamos a hablar acerca de la lucha de la gente en Strymonikos. Mucho antes de que pusiera la bomba, otros compañeros habían estado en el pueblo, habian estado hablando con la gente de ahí, habían publicado un folleto acerca de esta revuelta, acerca de los enfrentamientos en Octubre de 1996. Pero voy a hablar específicamente acerca de la lucha en Strymonikos en un rato. Antes, quiero hablar exclusivamente acerca de la acción. A decir verdad, me inspiró a poner esta bomba una razón específica: la gente del pueblo había roto los límites, por sí mismos. Si hubiese sido una lucha dentro de los cauces institucionales, en los medios en los que los sindicatos y la administración local tratan de mantener a estas luchas restringidas, si hubiese sido una protesta apacible e inofensiva, quizás no habría echo nada. Pero los compañeros allá en el pueblo -quienes no son anarquistas por supuesto, pero eso no me importa, son ciudadanos que también quieren su libertad- habían desbordado todo límite. Tuvieron enfrentamientos con la policía tres veces -el 17 de octubre de 1996, el 25 de julio del ´97 y el 9 de noviembre del ´98-, habían prendido fuego autos de la policía y camionetas de los antidisturbios, habían quemado maquinaria perteneciente a TVX, habían copado las minas de Olympiada y destruido parte de las instalaciones. Algunos de ellos también hicieron una especie de guerrilla. En las noches, salían con armas de fuego, disparando al aire para asustar a los policías. Y pensé, esta gente es piola, hasta han ido más lejos que nosotros. Y se vino la represión, especialmente en el ´97 cuando se impuso la ley marcial en la zona. El Jefe de Policía en Halkidiki dio una orden según la cual todas las reuniones y manifestaciones fueron prohibidas. También enviaron unidades especiales de la policía y tanques de policía, el cual vino a la calle por primera vez desde 1980. Y ahora lo enviaban nuevamente ahí, a los pueblos de Halkidiki. Entonces, debemos hacer algo acá, en Atenas, pensé. No es posible que los otros estén bajo represión y nos mantengamos pasivos... El Ministerio de Industria y Desarrollo, en las calles Papadiamadopoulou y Micha-lakopoulou, fue uno de los centros de este caso. La lucha en Strymonikos era una lucha contra el desarrollo, contra la modernización y toda esta basura de la que ellos hablan. Lo que se esconde detrás de estas expresiones es el beneficio de multinacionales, el beneficio de nuestros capitalistas, capitalistas Griegos, el beneficio de los funcionarios del Estado, del estado griego, de los burócratas, de todos aquellos que se quedan con la plata, de compañías técnicas... No hay relevancia entre este desarrollo y modernización del que hablan y la cobertura de las necesidades populares. Ninguna relevancia. Entonces, puse una bomba. El propósito es ese que dije en la carta con la cual tomaba la responsabilidad de la acción. En el transcurso de febrero del ´98 dije: Al colocar el artefacto explosivo mi propósito era enviar un doble mensaje político. Todo es político. Incluso si usas tales medios, los mensajes son políticos. La guerra misma es un medio de presión política. En este caso, fue también un medio político, una práctica política. Primero que nada, un mensaje para la gente de Strymonikos de no están solos, también hay otros que quizás viven a 600 km de distancia de ustedes pero les importa. No por razones personales, no conozco a nadie de allá personalmente. Otros compañeros conocen gente de allá. Yo ni siquiera he ido allá. No era mi casa la que estaba amenazada, pero ese no es el punto. Simplemente, mi principio, y generalmente el principio de los anarquistas y de otros revolucionarios no-anarquistas, es que la libertad social es una e inseparable. Entonces, si la libertad es parcialmente agraviada, en esencia es agraviada en su totalidad. Si su libertad es agraviada, la mía también lo es. Su guerra será mi guerra, especialmente en una zona donde la sobernía popular -nuevamente una expresión usada por políticos profesionales- no quiere lo que el Estado y el Capital quieren: la metalurgia de oro de TVX. Por otra parte, dije, de acuerdo, habrá algunos daños -lo sabía. Sí, tenía la intención de causar daños materiales. Entonces, que daños serían esos? En las ventanas, en determinado lugar, que clase de daño? O afuera del depósito donde coloqué la bomba? Según me parecía, los daños serían mínimos. Pero incluso si fueran más que mínimos, para mi esto no es importante en absoluto. Porque la libertad no puede ser comparada con daños materiales en alguna ventana, en algun auto del Estado o propiedad del Estado. Para mí, el ministerio no es una institución de común beneficio como dicen los cargos. De beneficio del Estado sí, pero no de beneficio social. Sin embargo, incluso si el artefacto no explotó, envié mi mensaje. Fui atrapado, porque cometí aquel error técnico y deje mi huella digital, pero incluso si no hubo daño en absoluto el mensaje fue enviado. Y ustedes lo recibieron, el Estado lo recibió, pero también la gente de Strymonikos lo recibió. Se que están diciendo que soy uno de ellos, incluso si nunca me conocieron. No hay nada mejor que eso. Y por supuesto, repito que no me arrepiento de nada. Voy a referirme un poco a las partes técnicas. Justamente porque soy un revolucionario social, y cuando uno dice eso es como hablar por el beneficio de la sociedad. No es como. Es por el beneficio social. Como tengo este principio no podría lastimar a cualquier ciudadano. Podría lastimar a un policía. Los considero mis enemigos. Y ustedes también son mis enemigos. Yo los separo. Hago una clara separación de clases. De un lado tenemos a aquellos, del otro lado tenemos a los otros. Aunque en esta ocasión no haya intentado lastimar ni al policía que vigila el Ministerio ni a nadie más; por supuesto no a un ciudadano. El procedimiento que es usado por grupos o individuos, en general, es exactamente este: primero pones la bomba en tu objetivo y luego llamas a un diario. En este caso, llamé a Eleftherotypia y dije: en media hora una bomba va a explotar allí. Exactamente lo que está escrito en la evidencia: En treinta minutos va a haber una explosión en el Ministerio de Industria y Desarrollo, por el caso de TVX en Strymonikos. En este sentido, como fue demostrado prácticamente y no hipotéticamente, la policía llegó al lugar a tiempo. El primero de ellos que llegó ahí rodeó y evacuó la zona por 200 metros alrededor del edificio, como los especialistas de la policía misma adminitieron, entonces no habría ningún auto o persona pasando accidentalmente. Quiero referirme más a lo que llamo solidaridad, a los motivos que tuve. Lo que es esta solidaridad. Creo que la persona socializada, que la sociedad humana, fue creada en base a tres componentes: solidaridad, reciprocidad y apoyo mutuo. Entonces, en esto es en lo que se basa la libertad humana. Cualquier grupo social en lucha, en diferente espacio y tiempo, ya sean estudiantes o campesinos o ciudadanos de comunidades locales, para mí y para los anarquistas éstos son muy importantes. No tiene que ver con si soy un trabajador y me identifico con los intereses de esa clase. Si alguien reclama por un mayor salario o tiene una demanda sindical para mí eso no es importante. Para mí, la solidaridad significa la aceptación incondicional y el apoyo por cualquier medio del derecho que la gente debe tener a determinar sus vidas como ellos quieran, y no permitiendo a otros que decidan en lugar de ellos, como hacen el Estado y el Capital. Eso significa que en este caso en particular, en la lucha de Strymonikos pero también en cualquier lucha social, para mí lo que cuenta principalmente es que son luchas por medio de las cuales la gente quiere decidir su propio destino. Y no teniendo algún jefe de policía o algún funcionario del estado o algún capitalista decidiendo lo que deben hacer. Pasa a segundo plano si quieren o no la fábrica, si el punto central de la lucha es ambiental. Lo que importa es que no quieren la fábrica porque no quieren algo que les es impuesto con violencia. Ahora en cuanto a la cuestión de la violencia política... Desde el principio intentaron presentar un caso de criminales repulsivos y terroristas que ponen bombas ciegas. Algo que no existe. Si teóricamente terrorismo es el ejercicio de la violencia en contra de los ciudadanos y la población civil, esto va exclusivamente para el Estado. Solo el Estado ataca contra civiles, para eso son los mecanismos represivos: los antidisturbios, unidades especiales de represión policial, el ejército, fuerzas especiales... Mecanismos que también roban a la gente. Ellos financian profesionales armados, policías. ¿No son ellos entrenados para disparar a objetivos reales? ¿No están los antidisturbios armados con gas químico? ¿Para usarlos donde? En los ciudadanos, en las manifestaciones y las protestas. Entonces, únicamente el Estado practica la violencia contra los ciudadanos. Yo no use violencia alguna contra algún ciudadano. Voy a decir exactamente lo que es terrorismo. Terrorismo es cuando ocupaciones, manifestaciones y huelgas son atacadas. Cuando los antidisturbios atacaron a los jubilados que manifestaban en las afueras de Maxi-mou cuatros años atrás. Cuando Melistas asesino a Kaltezas. Cuando Koumis y Ka-nelopoulou fueron asesinados por los antidisturbios el 16 de noviembre de 1980. Y si recuerdo bien, no les dispararon, los mataron a golpes. Terrorismo es cuando Chris-tos Kassimis fue asesinado. Pero voy a referirme más específicamente a este caso. Un grupo de revolucionarios habían intentado entonces prender fuego a la fábrica alemana de AEG, en Redi. Esta también fue una acción de solidaridad. No se si están al tanto de esto, pero se los voy a comentar. En ese entonces, en el ´77, algunas guerrillas de la RAFla RAF y también como reacción al asesinato de los militantes de la RAF en la cárcel de Stuttgart. Durante el intento, que no tuvo éxito, alguien fue asesinado. El era Christos Kassimis, baleado por los dos policías, Plessas y Stergiou, que vigilaban la fábrica. Y de acuerdo a lo que leí, no lo mataron porque sus vidas estuviesen en peligro, le dispararon por la espalda. Murió con una bala en la espalda. habían muerto dentro de las celdas blancas de Stammheim, en Stuttgart, en Alemania oriental. Las celdas blancas mismas son terrorismo. La cárcel es terrorismo. Así que, en ese entonces, algunos revolucionarios griegos fueron a incendiar la fábrica de AEG, como acción de solidaridad con Terrorismo es cuando fuerzas especiales de la policía se meten a la Escuela de Química y golpean a anarquistas y jóvenes. Terrorismo es cuando Temponeras es asesinado en Patras. Terrorismo es cuando Christos Tsoutsouvis fue asesinado en el ´85. Pero este caso también tuvo algo especial y quiero señalarlo. En Christos Tsoutsouvis encaja la expresión de Toukidides -si no lo sabían, es el más antiguo historiador que escribió la historia de la Guerra Peloponesa- aquello de "morir en batalla es un honor, seguido del aplauso de la gente". El quizá fue asesinado, pero también se llevó a tres de ellos con él. Para mí, era un combatiente, un militante. Creo que la sociedad necesita más personas como el. Terrorismo es cuando ciudadanos son asesinados por la policía por simples averiguaciones de antecedentes. Voy a mencionar algunos ejemplos. Voy a contar acerca de Christos Mouratis, un romanó en la ciudad de Livadia, que fue asesinado en un control policial en octubre de 1996. Era un civil... Esto es un crimen. Pero la justicia no dijo nada al respecto, que iba a decir? Simplemente recompenzó el crimen. En 1997, Helias Mexis estaba pasando por la calle en frente del Centro de Detención de Tranporte (para presos) y fue baleado por el policía Tsagrakos. Teodoros Giakas fue asesinado el 10 de enero de 1994 por el oficial de policía Lagogiannis de la estación de policía de Moschato. Este caso también es bastante peculiar. Era un civil. Fue parado en la calle para identificarlo. Salió corriendo y la policía le disparó. Posteriormente dijeron que habían encontrado un cuchillo entre sus cosas y otras basuras... Hasta donde sé, en principio le dispararon tres veces. Probablemente las tres veces fueron fatales. Como Giakas yacía en el piso, Lagogiannis le disparo otras dos veces e incluso después de haberlo esposado! ¿Saben lo que hizo la justicia acerca de esto? Lo sentencio a 12 años en libertad condicional. Es por eso que digo que su justicia debe ser puesta entre comillas. Terrorismo es cuando Ali Yumfraz, un musulmán búlgaro del suburbio Vrilisia de Atenas, fue arrestado estando borracho y luego fue encontrado muerto en la celda en la estación de policía. La policía dijo que sufrió un ataque al corazón y que esa era la razón de su muerte. Puedo recordar otro incidente, en enero del '91, cuando un refugiado político turco, Souleiman Akiar, fue asesinado a golpes por la policía. El ministro de Orden público dijo entonces que el hombre tenía problemas del corazón. Pero el examen médico encontró que había hematomas en todo el cuerpo. Terrorismo es esta corte, acá. Todo juicio de un militante, todo juicio de un revolucionario es terrorismo, es un mensaje de intimidación para la sociedad. Lo dije nuevamente en mis declaraciones ayer, cuando me preguntaron si aceptaba lo cargos, y lo voy a repetir. Ya que mi persecución es política, el mensaje es claro: quien luche contra el Estado y el Capital será penalizado, criminalizado y tildado de terrorista. Lo mismo para cualquier solidaridad con cualquier lucha social: será penalizada y aplastada. Este es el mensaje de este juicio y en este sentido es terrorismo. Terrorismo contra mí, terrorismo contra los anarquistas, terrorismo contra la gente de Strymo-nikos, quienes también estan recibiendo mensajes de este tipo en estos tiempos, ya que tienen juicios similares por sus movilizaciones. Esto es terrorismo. El hecho de que puse una bomba como acción de solidaridad no es terrorismo. Porque ningún ciudadano fue lastimado por esta acción. Muchas veces, especialmente los medios, incluso mas que la policía a veces, promueven una visión de cada acción diciendo, por ejemplo en ataques con bombas de gas, que "casi hubo victimas, casi, casi, casi..." Pero tal cosa nunca pasó realmente. Todo esto sucede para impresionar y dicen eso para que haya consenso social para la represión. Entonces por eso yo, por ejemplo, voy a ser condenado a una larga sentencia de cárcel. "Encontramos a alguien que cometió el error de dejar sus huellas digitales, lo atrapamos. ¿Y dice que él lo hizo? ¡Vamos a joderlo!" Mi lenguaje es un poco vulgar... Quiero hacer referencia a la lucha en Strymonikos. Incluso aunque nunca estuve allá voy a darles algunas nociones históricas. Las minas que ahora son adquiridas por la compañía multinacional TVX Gold existen desde 1927. Estas pertenecían a Bodosakis. En estas minas, donde han tenido lugar numerosos accidentes laborales y muchos mineros han sufrido neumonoconiosis, hubo una gran huelga sangrienta en 1977. La huelga demandó tales como el aumento de salarios, tratamiento médico, medidas de seguridad en las galerías. Entonces también fueron enviados tanques de la policía a la zona, hubo también arrestos y condenas, el terrorismo fue impuesto en el pueblo. A finales de los ´80 la compañía era caracterizada como problemática, como muchas otras. El Estado, a través de METVA, planea la instalación de una metalurgia de oro. En el ´92 la compañía, como problemática pasa a manos del Estado y en diciembre del ´95 este último vende las minas a TVX. Pero los habitantes de Strymonikos no quisieron la construcción de una metalurgia de oro. Más de setenta años de actividad minera ya habían causado serios problemas ambientales. Esta lucha tuvo una gran importancia, y esto fue comprobado. Por motivos internacionales. Las movilizaciones empezaron a principios del ´96. Los habitantes bloquearon la autopista nacional Salónica-Kavala, hicieron puestos de vigilancia desde donde podían supervisar las minas y parar cualquier camión de la compañía que intentara pasar o a cualquier maquinaria que pudiese empezar con perforaciones. Con estas prácticas, el bloqueo de calles y los puestos de vigilancia, la gente manifestó: Estamos acá. No van a pasar. De esta forma forzaron a la compañía a suspender temporalmente sus actividades. El 26 de octubre del ´96, TVX envió un ultimátum al Estado griego y al Ministerio de Desarrollo, diciendo que "A l menos que los trabajos empiecen ahora mismo, nos vamos". Su inversión, la cual es la privada más grande jamás hecha en el país, una inversión de 65 billones de dracmas, se marcharía de Grecia. Cuando tuvieron lugar los primeros enfrentamientos, el 17 de octubre, y los habitantes lograron repeler violentamente a las fuerzas policiales de la zona, Jason Stratos, el presidente del SEV, afirmó que "es imposible que dos mil provincianos -no digo esta descripción en mal sentido, pero así es como el ministro o el presidente del SEV los dijo. Así es como los políticos profesionales y los partidos políticos hablan acerca de la gente- vayan a destruir nuestras inversiones, no permitiendo a una compañía canadiense o a cualquier otra compañía extranjera venir aquí y hacer inversiones. Esta reacción debe terminar". Entonces, se puede entender que esta lucha no tuvo más un carácter restrictivamente local. Tuvo extensión internacional porque creó un precedente: "Si no podemos tener una inversión en Halkidiki, dondequiera que un inversor extranjero vaya, no será capaz de proceder con la inversión. Si la gente se rebela y no quiere lo que el Estado quiere, es a través de la economía." Un año después, hubo otro intento de comenzar los trabajos de instalación de la metalurgia de oro. En julio del ´97 los habitantes destruyeron un taladro perteneciente a IGME y se enfrentaron con la policía. En noviembre, se reunieron e hicieron una manifestacióna las minas. Pero unos meses antes -en septiembre, si recuerdo bien- el Estado había determinado que la respuesta de la gente debía terminar y envió cientos de policías de Salónica. También habían enviado antidisturbios de Atenas, unidades especiales de represión policial y tanques de la policía, los cuales como dije antes aparecieron en las calles por primera vez después de 1980 cuando fueron usados para suprimir las manifestaciones. Había todo un ejército de ocupación instalado allí permanentemente. La policía sabía que habría disturbios de nuevo entonces prepararon una fuerza militar para reprimir a los habitantes. Así pasó. Por supuesto, esto no sucedió completamente porque la policía fue derrotada. Los enfrentamientos tuvieron lugar el 9 de noviembre y como dije antes, autos de la policía y camionetas de los antidisturbios fueron destruidos, el taladro de la compañía fue prendido fuego y finalmente las prácticas de guerrilla tuvieron lugar, cuando hubo disparos para asustar a la policía. Como ya dije, fui muy inspirado por estos eventos para poner la bomba en el Ministerio de Industria y Desarrollo. Sobre esta base quiero repetir que esta lucha no tenia un carácter local simplemente. Lo había desbordado. Para nosotros, los anarquistas, la lucha social y la solidaridad están más allá de los límites nacionales. Para mí y para mis compañeros, luchas que tienen lugar fuera de las fronteras del Estado griego tienen una gran importancia. Para mí hay una gran importancia en la guerrilla Zapatista que estalló en Chiapas en 1994. Esta es una lucha más contra el neoliberalismo, una lucha que es llevada a cabo con las armas, con el rostro cubierto..., una guerra real. Esto es parte de la violencia política y no estoy en contra de ello. Nunca he declarado estar en contra y no quiero hacerme el chico bueno. Para mí también es de gran importancia el movimiento de campesinos brasileños sin tierra (MST), quienes ocupan terrenos estatales a fin de cultivarlos colectivamente. También es muy significativo el movimiento de personas desocupadas en Francia, quienes hacen ocupaciones en oficinas de trabajo y se enfrentaron con la policía en el invierno del ´97-´98. También es importante algo que tuvo lugar en Turquía y que es similar a lo que pasó en Strymonikos con TVX. Otra compañía multinacional, EUROGOLD, intentó hacer una inversión similar en Pergamos. Y es muy importante lo que voy a decir ahora. Esto fue en el pueblo de Ovancik de Pergamos, si recuerdo bien. Los habitantes de esa zona, campesinos turcos, frustraron la inversion de EUROGOLD, por los mismos medios que la gente de Strymonikos ha prevenido hasta ahora la instalación de la metalurgia de oro. La gente de Pergamos hizo bloqueos en la autopista Izmir - Estambul, se enfrentaron con fuerzas policiales militarizadas. Y, coincidentemente, hubo de nuevo alguien que puso una bomba en las oficinas de la compañía inversora, en Izmir. Como yo lo hice. Por lo tanto, como ustedes saben, todas estas prácticas son parte de las luchas sociales, suceden en todos lados. Y para nosotros, no sólo no son crímenes, sino que son un honor. Estamos orgullosos de estas prácticas. Con respecto a esta fábrica en Pergamos, los medios griegos, el Ministerio de Trabajo Publico y el Ministerio del Egeo dijeron hipócritamente de que en caso de que sea construida, contaminaría el Mar Egeo. Pero no dicen lo mismo de la bahía de Strymonikos. De tal manera que, la fábrica en Turquía no debe ser construida, pero en Grecia esta bien. Acá la hipocresía del Estado griego, de los medios y de los políticos es obvia. No creo que realmente ustedes me juzguen como un terrorista. No creo que ustedes me juzguen por tener el propósito de causar peligro a vidas humanas. Esto es sólo un pretexto. De hecho, ustedes me juzgan por lo que he dicho hasta ahora. Por quien soy. Por ser anarquista, por creer lo que creo, incluso por mi pasado. Porque todos estos son elementos agravantes: "Entonces, estuviste en la ocupación del Politécnico, estuviste en la ocupación de la Escuela de Economía, sos objetor del servicio militar, estuviste aquí y allá..." No tengo una anterior vida decente, de acuerdo a ustedes por supuesto, porque de acuerdo con conmigo soy una persona muy decente. En realidad, no me juzgan por supuestamente tener el propósito de causar daño a la gente. De hecho, el Estado ha demostrado que no le interesan los ciudadanos. Por el contrario, cuando su dominación se debe consolidar, el Estado quita vidas humanas, como dije en los ejemplos que di antes... La única cosa que el Estado quiere es conservar el monopolio, el monopolio de "solo nosotros, solo yo, solo el Estado, podemos quitar vidas humanas". Solo la policía uniformada, la policía secreta, los antidisturbios o la policía especial pueden quitar vidas humanas. Cualquier otro que lo haga es un criminal. Pero cuando lo hace el Estado, demuestra ser inexpugnable. Siempre que los ciudadanos fueron asesinados, la justicia ha aceptado los alegatos de la policía. No porque les crean sino por razones de intereses. Siempre aceptaron el alegato de que "la bala perdió su rumbo", de que supuestamente "el arma del policía se disparó accidentalmente" o de que suponía ser "en legítima defensa". En realidad, sin embargo, todos estos ejemplos que mencioné antes, y tengo más para mencionar, son asesinatos a sangre fría. Muy pocos policías fueron alguna vez acusados y todos ellos están fuera de la cárcel y orgullosos de lo que han hecho. ¡Orgullosos! Un testigo de mi defensa dijo algo antes acerca del caso de Alekos Panagoulis. Y es cierto que el intento de Panagoulis de asesinar al dictador Papadopoulos fue una acción aplaudida por el pueblo griego. Fue un intento de matar. ¿Y entonces qué? ¿A quien trató de matar? ¡A un dictador! Racionalmente uno puede oponer el argumento de que antes había un status de junta militar y que los medios de violencia política eran justificados para ser usados como una forma de presión política en tiempos de dictadura, pero ahora tenemos una democracia parlamentaria. Ahora tenemos libertad y tenemos derechos. Bueno, no creo que sea exactamente así... Con todo lo que he dicho no creo que haya derechos. Pueden existir en los papeles, pero en realidad no hay nada. Voy a mencionar ciertas ocasiones del período de reforma política, del tiempo de la presumida democracia, donde la gente ha sido asesinada dentro de luchas sociales. Fue demostrado de nuevo que la gente todavía no define su vida solo porque la constitución del Estado haya cambiado en 1974. Ejemplos específicos: el primer disturbio tiene lugar, hasta donde recuerdo, en Julio de 1975. También en mayo de 1976 un a vez más los tanques e la policía aparecieron en las calles de Atenas. Laskaris, el Ministro de Trabajo del gobierno de Karamanlis había hecho una nueva ley, la Ley 330, una ley antitrabajador y antihuelga. El 25 de mayo del ´76 hubo una manifestación de trabajadores. Hubo enfrentamientos con la policía, un asalto a las oficinas del diario Bradini... cocteles molotov y fuego... entonces, un tanque de la policía que estaba persiguiendo a los manifestantes asesinó a Anastasia Tsivika, una vendedora de 67 años. Nadie fue nunca acusado de este asesinato. En otros casos, hubo nuevo proyectos de leyes votados en el parlamento sin preguntarle a nadie su opinión. Por ejemplo en 1990 hubo una revisión del acuerdo considerando la continuación de la base militar de operaciones norteamericana en Grecia. El pueblo de China no acepto eso... En junio de 1990 hicieron una manifestación que fue atacada por los antidisturbios. Como respuesta, la gente se enfrento con la policía y prendió fuego la Prefectura de China. En 1991 los campesinos de la provincia de Heraklion prendieron fuego el edificio de la Prefectura de Heraklion. Como pueden ver, la violencia política es practicada por todos. Por toda la sociedad y por todo estrato social o clase que es engañada. Lo que el estado quiere es lidiar con todos por separado. Deben haber oído una expresión que el primer ministro Simitis esta usando mucho, hablando acerca de "automatismo social" cuando sea que explota la respuesta social... El usa esta expresión a fin de presentar estas repuestas sociales -los bloqueos de calles, las okupaciones de edificios públicos y todas las acciones de este tipo- como estando en contraste con los intereses del resto de la sociedad. Algo que es completamente falso. Es sólo la táctica de "divide y vencerás", lo que significa "extender la discordia para romper la solidaridad". Porque la solidaridad es muy importante por el hecho de que cualquiera que esta sólo se convierte en un blanco fácil. Cuando una huelga de trabajadores tiene lugar y no hay solidaridad es más fácil que sea atacada. Hablan de una minoría. Este es el argumento del Estado, que "es una minoría sindicalista que tiene intereses desfasados, intereses que se vuelven contra la modernización, contra el desarrollo, contra todas las reformas" y todas esas tonterías. En fin, no ha habido un estrato social o grupo social que no se haya puesto en conflicto con el Estado, especialmente durante los ´90, y que no haya sido enfrentado con el argumento de que "son solo una minoría", de que "su lucha esta en contraste con el resto de los intereses de la sociedad". Eso es exactamente lo que pasó en todos los casos. Pasó con los trabajadores en las compañías problemáticas que ocupaban las fábricas en el ´90-´91, con los estudiantes que ocuparon sus escuelas en el ´90-´91 y recientemente en el ´98-´99. Lo mismo pasó con los trabajadores del Transporte Público en el ´92, con los campesinos que bloquearon las autopistas nacionales en el ´95 y en el ´96, con las manifestaciones de los maestros en contra de la derogación del calendario y del nuevo examen. Lo mismo pasó por supuesto con el pueblo de Strymonikos. Lo que esta siendo atacado realmente es la solidaridad. Y esto es lo que es también atacado, sin ningún secreto, a través de mi juicio... El estado quiere atacar a todos por separado. Porque cuando los encuentra juntos las cosas son mucho mas difíciles. La brutalidad policial por supuesto no es suficiente para la represión. Volviendo a lo que decía antes, he llegado a la conclusión del hecho de que la diferencia entre dictadura y democracia parlamentaria -o mejor debería decir oligarquía capitalista- es que la primera es principalmente impuesta por la violencia bruta y la última, la presumida democracia, es mayormente impuesta por el control intelectual de los ciudadanos, por medio del arma de los medios masivos, a través del engaño. Porque no creo que la gente votan do a sus amos cada cuatro años tenga libertad. Ellos los votan pero cuando no hacen lo que se supone que deben hacer, el pueblo no puede librarse de ellos. En la antigua Atenas esto no pasaba. En la antigua Atenas todos podían hablar en la samblea pública. Cualquiera podía expresar su opinión, sin importar que tan modesta fuese su opinión. Y la gente que tenía una posición podía ser revocada por la gente en cualquier momento. Pero la democracia también ha demostrado que cuando el engaño y el control intelectual de los ciudadanos no son suficientes, no tiene problema en recurrir a la violencia policial, de matar, de torturar, de aterrorizar. Finalmente, no estoy en juicio porque puse una bomba, ni porque posea tres armas y diez kilos de dinamita. Después de todo, el ejército y la policía tienen muchas mas armas que yo y las usan. No se puede comparar uno con otro. No tengo nada más que decir. Lo único más que voy a decir es que sin importar la sentencia a la cual se me condene, porque es seguro que voy a ser condenado, no voy a arrepentirme de nada. Voy a seguir siendo quien soy. También puedo decir que la cárcel es siempre una escuela para un revolucionario. Sus ideas y la resistencia de su alma son experimentadas. Y si supera esta prueba se vuelve más fuerte y cree más éstas cosas por las cuales fue enviado a la cárcel. No tengo nada más para decir. JUEZ: ¡No giren las cámaras hacia el banquillo! FISCAL: Al principio de su discurso usted dijo que tenía las armas para la guerra. ¿No ve una contradicción cuando dice que no había peligro para vidas humanas? NIKOS MAZZIOTIS: Yo aclaré que ninguna de mis actividades van en contra de los ciudadanos. Ya aclaré eso. ¿Dónde está la contradicción? FISCAL: Usted dijo que las armas son para la guerra. NIKOS MAZIOTIS: Si pero no contra el pueblo. Contra mis enemigos de clase. Mire, nunca he dicho que sea humanista en general. Ni un filántropo, porque estos términos son degradantes. En todo lo que he escrito -si lo leyó- y en todo lo que dije aclaré quienes son mis amigos y quienes mis enemigos. No en lo personal sino a nivel social. Quienes son mis amigos sociales y de clase y quienes son mis enemigos de clase y sociales. En la carta con la cual me hago responsable de la acción como así también en mi defensa dije que la sociedad es otra cosa que el Estado. Voy a ser más específico para el jurado. Por un lado yo coloco al Estado, a los funcionarios del Estado, a la policía, al ejército, a las fuerzas de seguridad, a los capitalistas; y por otro lado al resto de la gente: trabajadores, campesinos, estudiantes, la totalidad de la sociedad, la mayoría de la gente, la gente oprimida. FISCAL: Usted habló de justicia, poniendo la palabra entre comillas. ¿Qué motivo tiene para quejarse contra la justicia? NIKOS MAZIOTIS: Estuve preso durante los últimos 18 meses. Yo personalmente he estado en la cárcel durante 18 meses y otros 7 meses en una prisión militar. Simples y cercanos ejemplos. ¿Esta hablando de mí, personalmente no? Estas leyes están hechas para satisfacer sus intereses. De estas leyes se están ganando el pan. Su trabajo es enviar a personas a la cárcel. Y yo he opuesto el argumento de que policías han cometido asesinatos pero no han ido a la cárcel por ello. Ya he opuesto el argumento de qué clase de trabajo es esta justicia de la que ustedes hablan. De que finalmente hay dos pesos y dos medidas. El asunto no es lo que dice la ley o lo que dice el código penal, sino lo que realmente pasa. Justo como en el caso del terrorismo. Por ejemplo, los Estados Unidos consideran que PKK es una organización terrorista, pero no UCK. En l comienzo UCK era considerada, por los Estados Unidos, una organización terrorista pero después no, porque su existencia era conveniente para sus planes. ¿No es cierto? Los Estados Unidos no consideraban a Contras como terroristas cuando iban a invadir Nicaragua, pero consideraban terroristas a todos los movimientos revolucionarios de izquierda y guerrillas. FISCAL: Voy a referirme al peligro del cual mencionó algo. ¿No sabía que la bomba podía causar peligro? NIKOS MAZIOTIS: ¿Si sabía? Sabía que NO iba a causar ningún peligro. El procedimiento está este-riotipado y va exactamente así: uno hace una llamada a algún diario para advertir, luego alguien del diario informa a la policía, la policía llega al lugar y bloquea la zona alrededor del objetivo. En mi caso, ellos bloquearon la zona y los policías especialistas en neutralización de artefactos explosivos que estaban allí presentes ya testificaron que el bloqueo era seguro en un rango de 200 metros. Entonces no había peligro para vidas humanas. Ahora, por los daños materiales, ya he dicho mi opinión acerca de éstos... Quiero completar lo que le decía antes al fiscal, acerca del terrorismo a nivel internacional. En realidad, por el momento, los Estados Unidos son el Gendarme y Terrorista global, como la única gran palabra poder permite. Lo cual significa que es lo peor sobre la tierra. Y de acuerdo a nuestra percepción -como anarquistas-, el Estado, todos los Estados y todos los gobiernos, son antisociales, mecanismos terroristas, ya que han organizado ejércitos, policías, contratado torturadores. También quiere completar lo que decía acerca de tener dos pesos y dos medidas. Por ejemplo, los Estados Unidos proveyeron armas, financiaron e instigaron cada régimen dictatorial en todo el mundo. Y también en Grecia. En Latinoamérica, Chile, Argentina, Bolivia, Perú... Esto es terrorismo. Terrorismo es armar dictadores, armar escuadrones de la muerte en Argentina o en Bolivia para que asesinen a gente de izquierda, ciudadanos, revolucionarios. Aquellos que equipan a los escuadrones de la muerte para la tortura, aquellos son los terroristas. Terrorismo es cuando bombardearon Yugoslavia durante diez días, asesinado civiles. Discúlpeme, señor Fiscal, pero los Estados Unidos son quienes dicen quien es terrorista y quien no. Su Departamento de Estado emite las líneas oficiales, asesorando a Grecia acerca de quien es terrorista. En este tiempo, presionan al Estado griego para que cree una ley antiterrorista, un modelo de ley que criminalizará a quienes luchan, para que haga leyes más draconianas [extremadamente severas] que las que ya existen... Estas son terrorismo. Los revolucionarios y los militantes no son terroristas. Terroristas son los Estados mismos. Y con esta acusación, con esta estigmatización (de terrorismo) todos los Estados y Gobiernos intentan criminalizar a los revolucionarios y a los militantes dentro de sus países. El enemigo social interno... De hecho, el Estado, la justicia y la policía me enfrentan también como este tipo de enemigo. Como a un enemigo social interno. Sobre las bases de esta división que describí antes. Así es como lo ve el Estado. Esto es lo que es puesto sobre la mesa en este juicio. FISCAL: ¿Qué es lo que tiene para oponer a lo existente? NIKOS MAZIOTIS: Revolución social. Por cualquier medio necesario. Está generalmente demostrado, ya que soy bien versado en historia social y política tanto griega como internacional, que nunca sucedió cambio alguno, nunca la huma nidad conoció algún progreso -progreso como yo lo entiendo- mendigando, rezando o sólo con palabras. En el texto que envié para hacerme responsable de la acción, cuando dije que puse una bomba y lo cual fue publicado en el diario Eleftherotypia, dije que la elite social, los mandarines del capital, los burócratas, toda esta gente inútil y parasitaria -que deberán desaparecer del proscenio de la historia-, nunca abandonará sus privilegios a través de una discusión civilizada, a través de la persuasión. No quiero tener una discusión porque no se puede discutir con esta clase de gente... Quisiera agregar algo. Justamente porque he estudiado mucho, (se que) durante los eventos de julio del ´65, un congresista conservador de la Unión Radical Nacional salió a decir a quienes habían salido a las calles y causado disturbios, cuando Petroulas fue asesinado, que "la democracia no son los vagos rojos sino nosotros, los que participamos en el parlamento", lo que significa los congresistas bien pagados. Voy a revertir eso. Soberanía popular, señor juez, es cuando son arrojadas piedras y molotovs a la policía, cuando autos del Estado, bancos, shoppings y tiendas de lujo son prendidas fuego... Así es como el pueblo reacciona. La historia misma ha demostrado que así es como el pueblo reacciona. Esto es la soberanía popular. Cuando Maziotis va y pone una bomba en el Ministerio de Industria y Desarrollo, en solidaridad con la lucha de la gente de Strymonikos. Esta es la verdadera soberanía popular y no lo que dice la Constitución... He olvidado conmemorar a militantes que han sido asesinados. Christoforos Marinos fue asesinado en el puerto de Pireos, dentro del barco Pegasus en julio del ´96. Michalis Prekas fue asesinado por las Unidades Especiales de Policía en octubre de 1987, en Kalogreza. Tsironis fue asesinado en Nea Smyrni en 1978. También quiero agregar algo con respecto a lo que el señor Fiscal dijo ayer, durante su discurso, en materia de humanismo. Voy a mencionar un evento que sucedió en el extranjero, para demostrar quienes son humanistas y quienes no lo son después de todo, quienes son los verdaderos criminales. La guerrilla Tupac Amaru ocupó la embajada japonesa de Perú, en diciembre de 1996. Capturaron más de cien rehenes y estos rehenes no eran sólo ciudadanos. Había embajadores, diplomáticos de muchos estados, hombres de negocio japoneses y oficiales del régimen peruano -el cual esta muy lejos de ser democrático. Estaban demandando la libertad de sus militantes, la liberación del líder de su organización y de otros compañeros suyos que estaban encarcelados. No solo no lastimaron a ninguno de los rehenes sino que incluso liberaron a casi todos -esto es para decir quienes son realmente los humanistas. Por el contrario, después de un sinfín de exhaustivas negociaciones, las Fuerzas Especiales peruanas invadieron la embajada y ejecutaron a cada uno de ellos a sangre fría. Cuento todo esto para que sepamos quienes son los criminales y quienes los humanistas -entre comillas, porque no me gusta este término y por eso no lo uso mucho. También quiero mencionar algunas cosas que pasaron acá, en Grecia. Quiero hablar de Charis Temperekidis, quien quizá no haya sido un militante político, pero para mí era un preso en revuelta. Estuvo encarcelado durante años. El murió también con su arma en la mano durante la persecución luego de robar el Banco de Agricultura en Klitoria, Achaia. A pesar de estar vivo cuando lo atrapó la policía, el no delató a sus compañeros. En el pasado participó en motines, como el de 1987 en Kerkyra, para cerrar este lugar de castigo. Y hay un caso más -si queremos discutir crímenes nuevamente-, el caso de Sorin Matei. Cuando Matei mantuvo a un policía de rehén, la policía no hizo ningun intento de arrestarlo. Cuando Matei tomó a civiles como rehenes, a la policía no pudo haberles importado menos sus vidas. Con el fin de fortalecer su prestigio, la policía invadió el apartamento donde Matei se había refugiado, resultando en la muerte de una joven mujer. La policía de las Unidades Especiales fueron más criminales que Sorin Matei. Tan criminal como el director del Hospital General de Nikaia, Alexiou, quien ordenó el traslado de Matei al hospital de la prisión Agios Pavlos, donde falleció ya sea por la paliza que recibió de los policías o por las drogas que le daban... Esto es para mostrar quien es el criminal... 7 de julio de 1999
LA ANARQUÍA Y EL MÉTODO DEL ANARQUISMO Errico Malatesta LA ANARQUÍA ANARQUÍA Y DESORDEN La palabra anarquía proviene del griego y significa sin gobierno; es decir la vida de un pueblo que se rige sin autoridad constituida, sin gobierno. Antes que toda una verdadera categoría de pensadores haya llegado a considerar tal organización como posible y como deseable, antes de que fuese adoptada como objetivo por un movimiento que en la actualidad constituye uno de los más importantes factores en las modernas luchas sociales, la palabra anarquía era considerada, por lo general, como sinónima de desorden, de confusión, y aún hoy mismo se toma en este sentido por las masas ignorantes y por los adversarios interesados en ocultar o desfigurar la verdad. No hemos de detenernos a profundizar en estas digresiones filológicas, por cuanto entendemos que la cuestión, más bien que de filología, reviste un marcado carácter histórico. El sentido vulgar de la palabra no desconoce su significado verdadero, desde el punto de vista etimológico, sino que es un derivado o consecuencia del prejuicio consistente en considerar al gobierno como un órgano indispensable para la vida social, y que, por tanto, una sociedad sin gobierno debe ser presa y víctima del desorden, oscilante entre la omnipotencia de unos y la ciega venganza de otros. La existencia y persistencia de este prejuicio, así como la influencia ejercida por el mismo en la significación dada por el común sentir a la palabra anarquía, se explican fácilmente. De igual modo que todos los animales, el hombre se adapta, se habitúa a la condiciones del medio en que vive, y por herencia transmite los hábitos y costumbres adquiridos. Nacido y criado en la esclavitud, heredero de una larga progenie de esclavos, el hombre, cuando ha comenzado a pensar, ha creído que la servidumbre era condición esencial de vida: la libertad le ha parecido un imposible. Así es como el trabajador, constreñido durante siglos a esperar y obtener el trabajo, es decir, el pan -de la voluntad, y a veces del humor de un amo, y acostumbrado a ver continuamente su vida a merced de quien posee tierra y capital, ha concluido por creer que era el dueño, el señor o patrono quien le daba de comer. Ingenuo y sencillo, ha llegado a hacerse la pregunta siguiente: "¿Como me arreglaría yo para poder comer si los señores no existieran?". Tal sería la situación de un hombre que hubiese tenido las extremidades inferiores trabadas desde el día de su nacimiento, si bien de manera que le consintiesen moverse y andar dificultosamente; en estas condiciones podría llegar a atribuir la facultad de trasladarse de un punto a otro a sus mismas ligaduras, siendo así que estas no habrían de producir otro resultado que el de disminuir y paralizar la energía muscular de sus piernas. Y si a los efectos naturales de la costumbre se agrega la educación recibida del mismo patrón, del sacerdote, del maestro, etc. -interesados todos en predicar que el gobierno y los amos son necesarios, y hasta indispensables-; si se añaden el juez y el agente de policía, esforzándose en reducir al silencio a todo aquél que de otro modo discurra y trate de difundir y propagar su pensamiento, se comprenderá cómo el cerebro poco cultivado de la masa ha logrado arraigar el prejuicio de la utilidad y de la necesidad del amo y del gobierno. Figuraos, pues, que el hombre de las piernas trabadas, de quien antes hemos hablado, le expone el médico toda una teoría y le presenta miles de ejemplos hábilmente inventados, a fin de persuadirle de que, si tuviera las piernas libres, le sería imposible caminar y vivir; en este supuesto, el individuo en cuestión se esforzaría en conservar sus grillos o ligaduras, y no vacilaría en considerar como enemigos a quienes desearen desembarazarse de ellos. Ahora bien, puesto que se ha creído que el gobierno es necesario, puesto que se ha admitido que sin gobierno no puede haber otra cosa sino confusión y desorden, es natural y hasta lógico que el término anarquía, que significa la ausencia o carencia de gobierno, venga a significar igualmente la ausencia de orden. Y cuenta que el hecho no carece de precedentes en la historia de las palabras. En las épocas y países donde el pueblo ha creído necesario el gobierno de uno solo (monarquía), la palabra república, que significa el gobierno de la mayoría, se ha tomado siempre como sinónima de confusión y de desorden, según puede comprobarse en el lenguaje popular de casi todos los países. Cambiad la opinión, persuadid al público de que no sólo el gobierno dista de ser necesario, sino que es en extremo peligroso y perjudicial... y entonces la palabra anarquía, justamente por eso, porque significa ausencia de gobierno, significará para todos orden natural, armonía de necesidades e intereses de todos, libertad completa en el sentido de una solidaridad asimismo completa. Resulta impropio decir que los anarquistas han estado poco acertados al elegir su denominación, ya que este nombre es mal comprendido por la generalidad de las gentes y se presta a falsas interpretaciones. El error no depende del nombre sino de la cosa; y la dificultad que los anarquistas encuentran en su propaganda, no depende del nombre o denominación que se han adjudicado, sino del hecho de que su concepto choca con todos los prejuicios inveterados que conserva el pueblo acerca de la función del gobierno o, como se dice de ordinario, acerca del Estado. EL ESTADO Antes de seguir adelante será conveniente que nos expliquemos acerca de esta palabra, la cual, en nuestro concepto, es causa verdadera de muchas confusiones. Los anarquistas, y entre ellos nosotros, se han servido generalmente de la palabra Estado entendiendo por ella el conjunto de todas las instituciones políticas, legislativas, jurídicas, militares, financieras, etc., por medio de las cuales se arrebata al pueblo la gerencia de sus propios asuntos, la dirección de su propia seguridad, confiándolas a algunos que, por usurpación o por delegación, se hallan investidos del derecho de legislar sobre todo y para todos y de forzar al pueblo a respetarlos, valiéndose del apoyo que les presta el poder de todos. Según esta interpretación, la palabra Estado quiere decir gobierno o bien la expresión impersonal, abstracta, de aquel estado de cosas que el gobierno personifica. En este caso, las expresiones abolición del Estado, sociedad sin Estado, etc., responden exactamente al concepto que los anarquistas quieren significar de destrucción de todo orden político basado en la autoridad y de constitución de una sociedad de hombres libres e iguales, basada en la armonía de los intereses y en el concurso voluntario de todos al cumplimiento de los deberes y cuidados sociales. Pero la palabra Estado tiene otros muchos significados, entre los cuales algunos se prestan al equivoco, mucho más cuando se trata con hombres cuya triste posición social no les ha dejado acostumbrarse a las delicadas distinciones del lenguaje científico, o, peor aún, cuando se trata con adversarios de mala fe, que tienen interés en confundirlo todo y en no querer entender nada. La palabra Estado se usa, por ejemplo. con frecuencia, para indicar una determinada sociedad, cierta colectividad humana reunida en un determinado territorio, formando lo que suele denominarse un cuerpo moral, independientemente de la manera de agruparse y entenderse de sus miembros. Se usa también, sencillamente, como sinónimo de Sociedad, a causa de cuyo significado creen nuestros adversarios, o, mejor dicho, fingen creer, que los anarquistas queremos abolir toda relación social, todo trabajo colectivo, y reducir al hombre al aislamiento, o sea a una condición peor que la del salvaje. Asimismo se entiende por Estado la administración suprema de un país, el poder central diferente del poder provincial o municipal, y por este otro sentido se supone que los anarquistas queremos una simple descentralización territorial, dejando en tal estado el principio de gobierno, y se confunde así la anarquía con el comunalismo o con el cantonalismo. Estado significa, en fin, condición, manera de ser, régimen de vida social, etc., y por esto decimos, por ejemplo, que es preciso cambiar el estado económico de la clase obrera, o que el estado anárquico es el único estado social fundado sobre la base de la solidaridad, y otras frases por el estilo que, en nuestros labios, ya que por otra parte decimos que aspiramos a la abolición del Estado, pueden, a primera vista, parecer paradójicas y contradictorias. Por estas razones opinamos que es conveniente emplear lo menos posible la expresión abolición del Estado, y reemplazarla por esta otra, más clara y más concreta: abolición del gobierno. Esto es lo que haremos en el curso del presente trabajo. EL GOBIERNO Se ha dicho que anarquía significa sociedad sin gobierno. Más, ¿es posible, es deseable, es conveniente la supresión del gobierno? Veámoslo. La tendencia metafísica (una enferme-dad por la cual el hombre, luego de haber separado, por lógico proceso de su ser, sus cualidades, experimenta una alucinación especial que le hace tomar la abstracción resultante por un ser real), la tendencia metafísica, digo, que, a pesar de los golpes de la ciencia positiva, sigue haciendo presa en el cerebro de .a mayoría de nuestros contemporáneos, es lo que determina en muchos la concepción del gobierno como un ente moral con ciertos atributos de razón, de justicia, de equidad, que son independientes de las personas encargadas de la función gubernamental. Para estas gentes. el gobierno, o, de un modo más abstracto, el Estado, es el poder social abstracto; es el representante, abstracto también, de los intereses generales; es la expresión del derecho de todos, considerado como limite del derecho de cada uno. Esta manera de comprender el gobierno, cualquiera que sea su forma, y salvo siempre el principio de autoridad, es defendida por aquellos a quienes interesa, y sobrevive a los errores de todos los partidos que se suceden en el ejercicio del poder. Para nosotros, el gobierno es el conjunto de los gobernantes; y gobernantes -rey, presidente, ministros, diputados, etc.- son todos los que poseen la facultad de hacer leyes para regular las relaciones de los hombres entre sí y hacer que se cumplan; de decretar y distribuir los impuestos; de obligarnos al servicio militar; de juzgar y castigar a los contraventores de las leyes; de someter a reglas, registrar y sancionar los contratos privados; de monopolizar ciertas ramas de la producción y ciertos servicios públicos, o, si lo desean, todos los servicios y toda la producción; de declarar la guerra o ultimar la paz con los gobiernos de otras naciones; de otorgar o negar franquicias y otra multitud de cosas por el estilo. Gobernantes son, en resumen, todos aquellos que tienen la facultad, en mayor o menor grado, de valerse de la fuerza social, es decir, de la fuerza física, intelectual y económica de todos para obligar a los demás a hacer lo que a ellos les plazca. Y esta facultad constituye, en concepto nuestro, el principio gubernamental, el principio de autoridad. Más, ¿cuál es la razón de ser del gobierno? ¿Por qué depositar en varios individuos la libertad y la iniciativa propias? ¿Por qué proporcionarles esa facultad de valerse de la voluntad de cada uno, para que de ella dispongan según les acomode? ¿Están tan excepcionalmente dotados que puedan, con alguna apariencia de razón, reemplazar a la masa y atender todos los intereses de los hombres mejor que pudieran atenderlos ellos mismos? ¿Son infalibles e incorruptibles hasta el extremo de poderles fiar, con alguna prudencia, la suerte de cada uno y la de todos, confiando en su ciencia y en su bondad? Y aun cuando existen hombres de una bondad y un saber infinitos, y aunque, por una hipótesis que no se ha realizado nunca en la historia, y que a nosotros nos parece de imposible realización, el poder gubernativo fuese encomendado a los más capaces y mejores entre los buenos, ¿añadiría la posesión del gobierno alguna cosa a su potencia benéfica? ¿No la paralizaría y destruiría, más bien, por la necesidad en que están todos los hombres en las esferas del poder de ocuparse de innumerables cosas que no entienden, y sobre todo de emplear la mejor parte de su energía en mantener se en el poder, contentar a los amigos, tener a raya a los descontentos y someter a los rebeldes? Y no es esto todo: buenos o malos, sabios o ignorantes, ¿qué son los que gobiernan? ¿Qué es lo que los indica para función tan elevada? ¿Se imponen por sí mismos en virtud del derecho de guerra, de conquista o de revolución? En tal caso, ¿quién garantizará al pueblo que se inspirarán en la utilidad general? Pero, si todo es asunto de usurpación, no resta a los vencidos y a los descontentos otra cosa que la apelación a la fuerza para cambiar la marcha del juego. ¿Son los elegidos entre una cierta clase o partido? En este caso, triunfarán sin duda alguna los intereses y las ideas de aquella clase o de aquel partido, y la voluntad y los intereses de los demás serán sacrificados. ¿Son, en fin, elegidos por sufragio universal? El único criterio, entonces, es el número, el cual no es prueba ni de razón, ni de justicia, ni de capacidad. Los elegidos serán siempre los que mejor sepan engañar a la masa, y la minoría, que puede hallarse constituida por la mitad menos uno, quedará, lo mismo que antes, destinada al sacrificio. Y esto sin contar que la experiencia ha demostrado la imposibilidad de hallar un mecanismo electoral por el que los elegidos sean por lo menos representantes verdaderos de la mayoría. MISIÓN DEL GOBIERNO Muchas y muy diferentes son las teorías merced a las cuales se ha tratado de explicar y justificar la existencia del gobierno. Pero todas se basan en el prejuicio, fundado o no, de que los hombres tenemos intereses contrarios y que, por consiguiente, se necesita una fuerza externa, superior, para obligar a todos a respetar los intereses de todos, dictando e imponiendo aquellas reglas de conducta que mejor armonicen los intereses en lucha y permitan a cada uno hallar el máximum de satisfacción con el menor sacrificio posible. Si los intereses, dicen los teólogos del autoritarismo, las tendencias y los deseos de un individuo se hallan en oposición con los de otro individuo o con los de toda la sociedad, ¿quién tendrá derecho y suficiente poder para obligar a! uno a respetar los intereses del otro? ¿Quién podrá impedir al simple ciudadano que viole la voluntad general? La libertad de cada cual, dicen, tiene por límite la voluntad de los demás; pero, ¿quién establecerá este límite y lo hará respetar? Los naturales antagonismos de intereses y pasiones, hicieron nacer la necesidad del gobierno y justificaron la autoridad como fuerza moderadora en la lucha social y determinadora de los derechos y deberes de cada uno. Esa es la teoría; pero la teoría, para ser justa, debe fundarse en hechos y explicarlos, y no como la economía política, que con demasiada frecuencia ha inventado las teorías para justificar los hechos, es decir, para defender el privilegio y hacerlo aceptar tranquilamente por todas sus víctimas. Atengámonos, pues, a los hechos. En todo el curso de la historia, lo mismo que en nuestra época, el gobierno o es la dominación brutal, violenta, arbitraria, de unos pocos sobre la masa, o bien es un instrumento pronto para asegurar el dominio y el privilegio de los que, por la fuerza, por astucia o por violencia, se han apoderado de todos los medios de vida, principalmente del suelo, con e! fin de mantener de tal modo al pueblo en la servidumbre y obligarle a trabajar para ellos. Los hombres son oprimidos de diversas maneras, o directamente, con la fuerza brutal, con la violencia física, o de un modo indirecto, despojándoles de los propios medios de subsistencia y obligándoles así a rendirse a discreción. La primera opresión dio origen al poder, o sea al privilegio político; la segunda hizo nacer el poder o privilegio económico. También se oprime a los hombres de otro modo: influyendo sobre su inteligencia y su sentimiento, lo que constituye el poder religioso o universitario. Mas como el espíritu no existe sino como resultante de las fuerzas materiales, así la mentira y las corporaciones constituidas para propagarla no tienen razón de ser sino como consecuencia del privilegio político y económico, y son un medio de defenderlo y consolidarlo. En las sociedades primitivas, poco numerosas y de relaciones poco complicadas, cuando una circunstancia cualquiera impidió que se estableciesen costumbres de solidaridad, o destruyó las que existían, estableciendo el dominio del hombre sobre el hombre, los dos poderes, el político y el económico, se hallaron reunidos en unas mismas manos, que podrían ser las de un solo hombre. Los que vencían por la fuerza, disponían de las personas y de las cosas de los vencidos y les obligaban a servirles, a trabajar para ellos y hacer en todo lo que tenían por conveniente. Eran los vencedores a la vez propietarios, legisladores, jueces y verdugos. Pero al ensancharse la sociedad, aumentan las necesidades, se complican las relaciones sociales, llega a hacerse imposible la existencia prolongada de un despotismo semejante. Los dominadores, o por seguridad, o por encontrarlo más cómodo, o por imposibilidad de proceder de otra manera, se ven en la necesidad de apoyarse, por una parte, en una clase privilegiada, en cierto número de individuos cointeresados en el dominio, y de dejar, por otra parte, que cada cual provea como le sea posible a su propia existencia, reservándose para sí el supremo dominio, que es el derecho de disfrutar lo más posible y la manera de saciar la vanidad del mando. Así, al abrigo del poder, por su protección y complicidad, y con frecuencia por su ignorancia y por causas que escapan a sus dominios, se desarrolla la riqueza privada, es decir, la clase de propietarios, la cual, concentrando poco a poco en sus manos todos los medios de producción, la verdadera fuente de la agricultura, industria, comercio, etc., acaba por constituir un poder que, por la superioridad de sus medios y la gran masa de inteligencia que abarca, concluye siempre por someter más o menos abiertamente al poder político, es decir, al gobierno, y convertirlo en su propio guardián. Este fenómeno se ha repetido en la historia con frecuencia. Una vez que por invasión, u otra cualquiera empresa militar, la violencia física, brutal, ha hecho presa en una sociedad, los vencedores han tendido siempre a concentrar en sus manos el gobierno y la propiedad. Mas siempre también la necesidad experimentada por el gobierno de conseguir la complicidad de una clase potente, las exigencias de la producción, la imposibilidad de ordenarlo y dirigirlo todo, establecieron la propiedad privada, la división de los dos poderes y con ella la dependencia efectiva entre los que tenían en sus manos la fuerza: el gobierno, y los que disponían del origen mismo de la fuerza: la propiedad. El gobierno acaba siempre, fatalmente, por constituirse en guardián del propietario. Pero este fenómeno nunca se acentúa tanto como en la época moderna. El desarrollo de la producción, la inmensa difusión del comercio, la desmesurada potencia que ha conquistado el dinero y todos los hechos económicos revocados por el descubrimiento de América, la invención de las máquinas, etc., aseguraron tal supremacía a la clase capitalista, que no satisfecha ésta con disponer del apoyo del gobierno, ha querido que éste llegue a salir de su propio seno. Un gobierno que se derivaba del derecho de conquista -derecho divino, según los reyes y sus secuaces-, por cuanto se sobreponía a la clase capitalista, conservaba siempre un continente altanero y despreciativo ante sus antiguos esclavos, luego de enriquecidos, y hacía alarde de sus inclinaciones a la independencia y a la dominación: semejante gobierno, claro está, era defensor y guardián de los propietarios, pero era de aquellos defensores y guardianes que se dan importancia y se hacen los arrogantes con los que deben escoltar y defender, cuando no los desvalijan y atormentan. La clase capitalista, naturalmente, conspiró para reemplazar tal guardián y defensor, con medios más o menos violentos, por otro salido de sus mismos medios, compuesto por miembros de su clase, siempre bajo su vigilancia y organizado especialmente para defender la clase contra las posibles reivindicaciones de los desheredados. De aquí el origen del sistema parlamentario moderno. En la actualidad, el gobierno, compuesto de propietarios y de gentes de su devoción, se halla a merced en todo de los propietarios mismos: hasta tal punto es así, que los más ricos desdeñan con frecuencia formar parte de él. Rothschild no tiene ninguna necesidad de ser diputado ni ministro: le basta tener bajo su dependencia a ministros y diputados. En muchos países, el proletariado tiene nominalmente una participación mayor o menor en la designación del gobierno. Es una concesión que la burguesía ha hecho, ya para valerse del concurso popular en la lucha contra la realeza y la aristocracia, ya para distraer al pueblo en sus deseos de emancipación, dándole una apariencia de soberanía. Mas, lo previese o no, la burguesía, cuando por primera vez concedió al pueblo el derecho al voto, la verdad es que tal derecho se ha tornado excesivamente irrisorio y bueno solamente para consolidar el poder de la burguesía, dando a la parte más enérgica del proletariado la ilusoria esperanza de ocupar el poder. Hasta con el sufragio universal, y se puede decir que especialmente por el sufragio universal, el gobierno continúa siendo el siervo y el guardián de la burguesía. Si otra cosa ocurriera, si el gobierno llegase a serle hostil, si la democracia pudiese ser otra cosa que un fuego fatuo para engañar al pueblo, la burguesía, amenazada en sus intereses, se apresuraría a rebelarse y concentraría toda la fuerza y toda la influencia que se deriva de la posesión de la riqueza para reducir al gobierno a las funciones de un simple siervo suyo. En todos los tiempos y en todos los lugares, cualquiera que sea el nombre que tome el gobierno, cualquiera que sea su origen y su organización, su función esencial es siempre oprimir y explotar a la masa y defender a los opresores y explotadores; y sus órganos principales, característicos, indispensables, son el policía y el recaudador de impuestos, el soldado y el carcelero, a los cuales se une espontáneamente el mercader de mentiras, sacerdote o profesor, pagado y protegido por el gobierno para educar los espíritus y hacerles dóciles al yugo gubernamental. Indudablemente, a aquellas funciones primitivas y a estos órganos esenciales, se han agregado en el curso de la historia otras funciones y otros órganos, pero de igual índole. Admitamos, sin embargo, que no haya habido jamás en un país algo civilizado un gobierno que desempeñase las funciones opresoras y expoliadoras sin aplicarse al propio tiempo a las verdaderamente útiles e indispensables a la vida social. Esto no destruye el hecho de que el gobierno es por naturaleza opresor y expoliador, y que por su origen y su posición, se ve inclinado fatalmente a defender y consolidar la clase dominante; por el contrario, lo afirma y lo agrava. En realidad, el gobierno toma a su cargo, en más o menos proporción, la protección de la vida de los ciudadanos contra los ataques directos y brutales; reconoce y legaliza cierto número de derechos y deberes primordiales, y usos y costumbres, sin los cuales es imposible vivir en sociedad; organiza y dirige ciertos servicios públicos, como las comunicaciones, la higiene, el reparto de aguas, la bonificación y protección forestal, etc.; funda casas de huérfanos y hospitales, y se complace con frecuencia en mostrarse sólo en apariencia, desde luego, protector del pobre y del débil. Pero basta observar cómo y por qué causa cumple el gobierno esta misión y aumenta sus funciones, para dar en seguida con la prueba experimental, práctica, de que todo lo que hace se inspira siempre en el espíritu de dominación y tiende a defender, ensanchar y perpetuar sus propios privilegios, así como los de la clase que representa y defiende. Un gobierno no puede durar mucho tiempo sin ocultar su naturaleza bajo un pretexto de general utilidad: no puede hacer respetar la vida de los privilegiados sin aparentar que hace respetar la de todo el mundo: no puede hacer aceptables los privilegios de algunos sin fingirse guardador de los derechos de todos. "La ley -dice Kropotkin- y todos los que hicieron la ley -el gobierno- utilizaron los sentimientos sociales del hombre para hacer pasar como preceptos morales, que los hombres aceptaban, lo que era útil a la minoría explotadora, contra lo cual se habría aquél rebelado ciertamente en caso contrario". No puede el gobierno desear que la sociedad se desorganice, porque a él y a la clase dominadora les faltaría entonces el material de explotación; no puede consentir que por sí misma se rija, que se gobierne sin intervención oficial, porque en ese caso el pueblo no tardaría en percatarse de que el gobierno sólo sirve para defender a los propietarios, y se apresuraría a desembarazarse del gobierno y de los propietarios. En la actualidad, frente a las insistentes y amenazadoras reclamaciones del proletariado, los gobiernos tienden a intervenir en las relaciones de obreros y patronos, con los que procuran desviar el movimiento obrero e impedir, con algunas engañosas reformas, que los pobres se tomen por sí mismos lo que es suyo, esto es, una parte de bienestar igual a la que todos disfrutan. Es preciso, además, tener en cuenta, por una parte, que los burgueses y propietarios se hallan siempre en guerra unos con otros y tratan de devorarse mutuamente, y por otra parte, que el gobierno, hijo de la burguesía y siervo protector suyo, tiende, como todo protector y todo siervo, a emanciparse y a dominar a su protegido. De aquí que el juego de prestidigitación, el tira y afloja, el acto de echar al pueblo contra los conservadores y a los conservadores contra el pueblo, que es toda la ciencia de los gobiernos, sea lo que engañe a las gentes sencillas y perezosas que esperan que la salvación les venga de lo alto. Con todo esto, la naturaleza del gobierno no cambia. Si se muestra regulador y garantía de los deberes y derechos de cada cual, pervierte el sentimiento de justicia, toda vez que califica de delito y castiga todo lo que ofende o amenaza los privilegios de los gobernantes y de los propietarios, y declara justa, legal, la más feroz explotación de los miserables, el lento y constante asesinato material y moral cometido por los que todo lo poseen en las personas de los que no poseen nada. Si se convierte en administrador de los servicios públicos, se cuida señaladamente de los intereses de su clase; de los de la clase trabajadora, nada más que lo necesario para que dicha clase consienta en pagar. Si se mete a enseñar, prohíbe la propaganda de la verdad, y tiende a preparar el cerebro y el corazón de los niños para que lleguen a ser tiranos implacables o dóciles esclavos, según la clase a que pertenezcan. En manos del gobierno, todo se convierte en medio de explotación, todo se traduce en instituciones de policía, útiles únicamente para tener dominado al pueblo. Y es natural que así sea. Si la vida de los hombres consiste en la lucha entre ellos mismos, habrá, naturalmente, vencidos y vencedores, y el gobierno es el premio de la contienda o un medio para asegurarse los vencedores el resultado de la victoria y perpetuarla, ya se libre el combate en el terreno de la fuerza física e intelectual, ya en el terreno económico. Los que intervinieran en la lucha para vencer y asegurarse mejores rendimientos que los otros y conquistar privilegios y dominios, juntamente con el poder, una vez alcanzada la victoria no harán uso de ella para defender los derechos de los vencidos y fijar límites a sus propias facultades arbitrarías y a las de sus partidarios y amigos. El gobierno, o, como suele decirse, el Estado justiciero, moderador de la lucha social, administrador desinteresado de los bienes del público, es una mentira, una ilusión, una utopía nunca realizada y jamás realizable. Si en realidad los intereses de los hombres debieran ser contrarios; si en realidad la lucha entre los hombres fuese ley necesaria de la sociedad humana y la libertad de cada uno tuviese su límite en la libertad de los demás, entonces cada uno trataría de hacer triunfar sus propios intereses sobre los intereses de los demás, cada uno procuraría hacer mayor la libertad propia a expensas de la voluntad de los otros, y existiría el gobierno, no ya porque fuese más o menos útil a la totalidad de los miembros sociales, sino porque los vencedores habrían de asegurarse los frutos de la victoria, sometiendo fuertemente a los vencidos, y librarse de la incomodidad de ocuparse constantemente de la defensa, confiando esta labor a los hombres especialmente adiestrados en el arte de gobernar. Se vería así la humanidad destinada a perecer o a agitarse eternamente entre la tiranía de los vencedores y la rebelión de los vencidos. Afortunadamente, el porvenir de la humanidad es más risueño, porque es más dulce la ley que la gobierna. Esta ley es la solidaridad. LA SOLIDARIDAD Tiene el hambre por propiedad fundamental, necesaria, el instinto de la propia conservación, sin el cual ningún ser vivo existiría, y el instinto de la conservación de la especie, sin el cualninguna especie se hubiese podido formar y subsistir. Se ve, pues, naturalmente impulsado a defender la existencia y el bienestar de sí mismo y de su progenie contra todo y contra todos. Dos maneras hay en la naturaleza, para los seres vivos, de asegurarse la existencia y hacerla cada vez más agradable: es la primera la lucha individual contra los elementos y contra los individuos de la misma especie, o de especie distinta: la segunda es el apoyo mutuo, la cooperación, que puede llamarse también la asociación para la lucha contra todos los factores naturales opuestos a la existencia, desenvolvimiento y bienestar de los asociados. No trataremos de indagar aquí, ni es necesario para nuestro objeto, ahora, qué parte tienen respectivamente en la evolución del reino orgánico los dos principios: el de la lucha y el de la cooperación. Basta hacer constar que en la humanidad la cooperación -forzosa o voluntaria- ha sido el único medio de progreso, de perfeccionamiento, de seguridad, y que la lucha –resto atávico- ha sido absolutamente incapaz de favorecer el bienestar de los individuos y ha causado, en cambio, el mal de todos, vencidos y vencedores. La experiencia, acumulada y transmitida de generación en generación, ha enseñado al hombre que, uniéndose a sus iguales, su conservación está mejor asegurada y su bienestar aumenta. Así, como consecuencia de la misma lucha por la vida, sostenida contra la naturaleza circundante y contra los individuos de la misma especie, se ha desarrollado en el hombre el instinto social, el cual ha transformado completamente las condiciones de su existencia. Gracias a esto mismo ha podido el hombre salir de la animalidad, adquirir gran potencia y elevarse por encima de los otros animales, tanto, que los filósofos espiritualistas han considerado necesario inventar para él un alma inmaterial e inmortal. Muchas causas han concurrido y contribuido a la formación de este instinto social que, partiendo de la base animal, del instinto de la conservación de la especie, que es el instinto social limitado a la familia natural, ha llegado a su más elevado grado de intensidad y extensión y constituye el fondo mismo de la naturaleza moral del hombre. Este, aunque descendiente de los tipos inferiores de la animalidad, débil y desarmado para la lucha individual contra las bestias carnívoras, pero con un cerebro capaz de gran desenvolvimiento, un órgano vocal apto para expresar con ayuda de varios sonidos las distintas vibraciones cerebrales, y manos especialmente adecuadas para dar forma a capricho a la materia, debía sentir muy pronto la necesidad y las ventajas de la asociación. Así cabe decir que sólo pudo abandonar la animalidad al hacerse social y adquirir el uso de la palabra, que es a la vez consecuencia y factor poderoso de la sociabilidad. El número relativamente corto de la especie humana, haciendo menos áspera, menos continua, menos necesaria la lucha por la existencia entre hombre y hombre, aun fuera de la asociación debía favorecer mucho el desarrollo de los sentimientos de simpatía y dejar tiempo para que la utilidad del mutuo apoyo se pudiese conocer y apreciar. Por último, la capacidad adquirida por el hombre, gracias a su primitiva cualidad aplicada en cooperación con un número más o menos grande de asociados, de modificar el medio ambiente externo y adaptarlo a las propias necesidades; la multiplicación de los deseos al aumentar con los medios de satisfacerlos y convertirlos en necesidades; la partición del trabajo, consecuencia de la explotación metódica de la naturaleza en provecho del hombre, han hecho que la vida social sea el ambiente necesario del individuo, fuera del cual no puede vivir, y que si vive es a costa de caer nuevamente en el estado de animalidad primitiva. Y al afirmarse la sensibilidad con la multiplicación de las relaciones por la costumbre impresa en la especie, merced a la transmisión hereditaria en millares de siglos, esta necesidad de la vida social, de cambio de pensamientos y de afectos entre hombre y hombre, se ha convertido en una manera de ser necesaria de nuestro organismo, se ha transformado en simpatía, en amistad, en amor, y subsiste independientemente de las ventajas materiales debidas a la asociación, tanto que para satisfacerla, se afrontan mil sufrimientos y hasta la muerte. En resumidas cuentas, las grandiosas ventajas que la asociación reporta al hombre; el estado de inferioridad física, por completo desproporcionado a su superioridad intelectual, en que se halla frente a los animales dañinos; la posibilidad para él de asociarse a un número cada vez mayor de individuos y en relaciones cada vez más íntimas y complejas, hasta extender la asociación a toda la humanidad y a la vida toda, y principalmente la posibilidad que tiene también de producir, trabajando en cooperación con otros, más de lo que necesita para existir, y los sentimientos de afecto que de todo esto se derivan, han dado a la lucha por la vida un carácter completamente distinto de la lucha general que tiene efecto entre los demás animales. Por otra parte, se sabe en la actualidad -y las investigaciones de los naturalistas modernos aportan de ello más pruebas cada día- que la cooperación ha tenido y tiene en el desarrollo del mundo orgánico una parte importantísima que no sospechaban los que se proponían justificar el reino de la burguesía por medio de la teoría de Darwin, bastante inútilmente, porque la distancia entre la lucha humana y la lucha animal es enorme y proporcional a la distancia que separa al nombre de las bestias. Estas combaten individualmente, y con más frecuencia en pequeños grupos fijos y transitorios, contra la naturaleza, e incluso contra los demás individuos de su propia especie. Hasta los animales más sociables, como la abeja y la hormiga, son solidarios si se encuentran en un mismo hormiguero o en una misma colmena; pero pelean o permanecen indiferentes con las demás comunidades de su misma especie. La batalla humana, en cambio, tiende siempre a ensanchar la asociación entre los hombres, a solidarizar sus intereses, a desarrollar los sentimientos de amor de cada uno hacia todos los demás, a vencer y a dominar la naturaleza externa con la humanidad y para la humanidad. Toda contienda encaminada a conquistar beneficios independientemente de los otros hombres y en su perjuicio, contradice la naturaleza sociable del hombre moderno, y tiende a devolverlo a su primitiva animalidad. La solidaridad, es decir, la armonía de los intereses y de los sentimientos, el concurso de cada uno en el bien de todos, y el de todos en provecho de cada uno, es el único estado en que el hombre puede manifestar su naturaleza y obtener el máximum de desarrollo en el máximum de bienestar. Esta es la meta hacia la cual camina la evolución humana, el principio superior que resuelve todos los actuales antagonismos de otro modo insolubles, y hace que la libertad de cada uno no halle un límite, sino un complemento, y las condiciones necesarias de existencia, en la libertad de los demás. Dejó dicho Bakunin: "Ningún individuo puede reconocer su propia humanidad, ni por consiguiente realizarla, sino reconociéndola en los demás y cooperando con ellos a su realización. Ningún hombre puede emanciparse sino emancipando a la vez a cuantos le rodean. Mi libertad es la libertad de todos, porque yo no soy realmente libre, libre no sólo en ideas, sino también en los hechos más que cuando mi libertad y mi derecho hallan su conformación y su sanción en la libertad y el derecho de todos mis iguales. "Me importa mucho lo que son los demás hombres, pues, por muy independiente que parezca o me crea ser por mi posición social, aunque sea papa, rey o emperador, no soy más que el producto incesante de lo que son los' demás hombres entre sí. Si son ignorantes, miserables y esclavos, mi existencia se determina por su ignorancia, su miseria y su esclavitud. Si yo soy ilustrado e inteligente, su estupidez me limita y me hace ignorante; si soy valeroso e independiente, su esclavitud me esclaviza; si soy rico, su miseria me inspira temor; si soy privilegiado, tiemblo ante su justicia. Quiero ser libre y no puedo, porque en mi derredor todos los hombres no quieren ser también libres, y no queriéndolo, se convierten para mí en instrumento de opresión". La solidaridad es, pues, la condición en la cual el hombre encuentra el mayor grado de seguridad y de bienestar: y por eso mismo el egoísmo, es decir, la consideración exclusiva del propio interés, empuja al hombre a la solidaridad; mejor dicho: egoísmo y altruismo, consideración de los intereses de los demás, se confunden en un solo sentimiento, como se contunden en uno el interés individual y el interés social. Pero el hombre no podía, de un salto, pasar de la animalidad a la humanidad, de la lucha brutal entre hombre y hombre a la lucha solidaria de todos los hombres contra la naturaleza exterior. Guiado por las ventajas que ofrece la asociación y consiguiente distribución de trabajos, el hombre evolucionaba hacia la solidaridad; mas esta evolución encontró un obstáculo que la desvió y la desvió aun de su finalidad; el hombre, cuando menos hasta cierto punto, por las necesidades materiales y primitivas, que eran las únicas que sentía entonces, descubrió que podía realizar las ventajas de la cooperación sometiendo a los demás hombres en lugar de asociarles; y como todavía eran potentes en él los instintos feroces y antisociales heredados de la animalidad originaria, obligó a los más débiles a trabajar para él, prefiriendo la dominación a la asociación. Tal vez en la mayoría de los casos, por la explotación de los vencidos, empezó el hombre a comprender los beneficios de la asociación, la utilidad que podía recabar de la ayuda de su semejante. Así, pues, el descubrimiento de la utilidad de la cooperación, que debía llevar al triunfo de la solidaridad en todas las relaciones humanas, nos ha conducido, por el contrario, a la propiedad privada y al gobierno, esto es, a la explotación del trabajo de todos en provecho de unos cuantos privilegiados. La asociación fue siempre la cooperación, fuera de la cual no hay vida humana posible: pero un sistema de cooperación impuesto y reglamentado por unos pocos en provecho de sus intereses particulares. De este hecho se deriva la gran contradicción -que ocupa toda la historia del género humanoentre la tendencia a asociarse y fraternizar para la conquista y la adaptación del mundo exterior a las necesidades del hombre para la satisfacción de sus sentimientos de afecto, y la tendencia a dividirse en tantas unidades separadas y hostiles cuantas son las agrupaciones determinadas por las condiciones geográficas y etnográficas; cuantas son las posiciones sociales y económicas; cuantos son los hombres que aciertan a conquistar una ventaja y quieren asegurarla y aumentarla; cuantos son los que esperan la posesión del privilegio; cuantos son los que sufren una injusticia y se revelan y tratan de redimirse. El principio cada uno para sí, que es la guerra de todos contra todos, ha venido en el curso de la historia a complicar, a desviar, a paralizar la querrá de todos contra la naturaleza en pro del mayor bienestar de la especie humana, que sólo puede tener éxito basándose en el principio: todos para uno, uno para todos. Muchos y muy grandes son los males que ha sufrido la humanidad por la intrusión de la tendencia dominadora y explotadora en la asociación humana. Mas a pesar de la atroz opresión, a pesar de la miseria, a pesar de los vicios, de los delitos, de la degradación que la miseria y la esclavitud han producido en esclavos y amos, a pesar de los odios acumulados, a pesar de la guerra exterminadora, a pesar del antagonismo de los intereses, artificialmente creados, el instinto social ha sobrevivido y se ha desarrollado. Siendo siempre la cooperación condición precisa para que el hombre pudiese luchar con éxito contra el mundo exterior, fue asimismo la causa permanente de la aproximación de los sentimientos de simpatía entre todos los hombres. La misma opresión de las masas ha hecho que los oprimidos fraternicen entre sí; y sólo merced a la solidaridad, más o menos consciente, más o menos intensa, que siempre ha existido entre los oprimidos, han podido éstos soportar la opresión, y la humanidad resistir a las causas de muerte que en ella se habían introducido. En la actualidad, el desarrollo que ha adquirido la producción, el acrecentamiento de aquellas necesidades que no se pueden satisfacer sino mediante el concurso de gran número de hombres de todos los países, los medios de comunicación, la costumbre de viajar, la ciencia, la literatura, el comercio, hasta la guerra, han estrechado y estrechan más cada vez a la especie humana en un solo cuerpo, cuyas partes, solidarias entre sí, sólo pueden hallar su plenitud y libertad de desarrollo en la salud de las otras partes y del todo. Los habitantes de Nápoles están tan interesados en la limpieza de su población como en el mejoramiento de las condiciones higiénicas de la ciudad del Ganges, de donde el cólera procede. El bienestar, la libertad, el porvenir de un montañés extraviado entre las gargantas de los Apeninos, no sólo dependen del estado de bienestar o de miseria en que se hallen los habitantes de su lugar; no sólo dependen de las condiciones generales del pueblo italiano, sino que dependen también del estado de los trabajadores en América o en Australia, de los descubrimientos que pueda hacer un hombre de ciencia de Sidney, de las condiciones morales y materiales del pueblo chino, de la guerra o de la paz en África, de toda la suma de circunstancias, grandes o pequeñas, que en cualquier lugar del universo se dan en un determinado ser humano. En las presentes condiciones de la sociedad, la vasta solidaridad que une a todos los hombres es en gran parte inconsciente, porque surge de un modo espontáneo de la rutina de los intereses particulares, mientras los hombres se preocupan poco o nada de los intereses generales, y ésta es la prueba más clara de que la solidaridad es la ley natural de la humanidad, ley que se manifiesta y se impone a pesar de todos los obstáculos, a pesar de todos los antagonismos hijos de la actual constitución social. Por otra parte, la masa oprimida, que ya no se resigna completamente a la opresión y a la miseria, y que hoy más que nunca se muestra ansiosa de justicia, de libertad, de bienestar, empieza a comprender que no podrá emanciparse sino por medio de la unión de la solidaridad entre los oprimidos, entre los explotados de todo el mundo. Y comprende también que es condición imprescindible de su emancipación la posesión de los medios de producción, del suelo y de los instrumentos de trabajo, y por consiguiente la abolición de la propiedad individual. Además, la ciencia, la observación de los fenómenos sociales, demuestra que tal abolición sería de grandísima utilidad para los mismos privilegiados con que quisieran tan sólo renunciar a su propósito de dominación y concurrir con todos al trabajo por el bienestar común. Ahora bien, si un día la masa oprimida se negara a trabajar para los demás, arrancase a los propietarios la tierra y los instrumentos de trabajo, y quisiera utilizar estos instrumentos por su cuenta y en provecho propio, es decir, en beneficio de todos; si no quisiera sufrir por más tiempo la dominación ni de la fuerza brutal ni del privilegio económico; si la fraternidad popular, el sentimiento de solidaridad humana, reforzada por la mancomunidad de los intereses, pusiere fin a la guerra y a la conquista, ¿qué razón de ser tendría el gobierno? Abolida la propiedad individual, el gobierno, que es su defensor, debería desaparecer. Si por el contrario, sobreviviese, tendería constantemente a reconstituir, bajo una forma cualquiera, una clase privilegiada y opresora. La abolición del gobierno no significa, no puede significar el rompimiento de los lazos sociales muy al contrario: la cooperación, que actualmente sólo es ventajosa para unos cuantos, sería, abolido el gobierno, libre, ventajosa y voluntaria para todos, y por eso se haría mucho más intensa y eficaz. El instinto social, el sentimiento de solidaridad se desarrollaría en su más alto grado, y cada hombre haría cuanto pudiese por el bien de los otros hombres, tanto por satisfacer sus sentimientos de afecto cuanto por bien entendido interés propio. Del libre concurso de todos, mediante la asociación espontánea de los hombres con arreglo a sus simpatías y necesidades, de abajo arriba, de lo simple a lo compuesto, partiendo de los intereses más inmediatos para llegar luego a los más lejanos y generales, surgiría una organización social que tendría por fin el mayor bienestar y la mayor libertad de todos, reuniría a toda la humanidad en fraternal lazo y se modificaría y mejoraría conforme se modificasen las circunstancias y las enseñanzas de la experiencia. Esta sociedad de hombres libres, esta sociedad de amigos, es la anarquía. PELIGRO DE CUALQUIER GOBIERNO Hasta aquí se ha considerado el gobierno tal como es, tal como ha de ser necesariamente en una sociedad fundada en el privilegio, en la explotación y en el despotismo del hombre por el hombre, en el antagonismo de intereses, en la lucha intersocial, en uña palabra, en la propiedad individual. Se ha visto que el estado de lucha, lejos de ser una condición necesaria de la vida de la humanidad, es contrario a sus intereses, a los individuos y a la especie humana; se ha visto, asimismo, que la cooperación es la ley del progreso humano; y hemos deducido de todo ello que, aboliendo la propiedad individual y todo predominio del hombre sobre el hombre, el gobierno pierde toda su razón de ser y debe abolirse. "Pero -se nos podría decir- cambiando el principio en que hoy se basa la organización social, substituida la lucha por la solidaridad, la propiedad individual por la propiedad común, el gobierno cambiaría a su vez de naturaleza, y en lugar de ser protector y representante de los intereses de una clase, sería, porque ya no habría clases, el representante de todos los intereses de toda la sociedad. Tendría la misión de asegurar y regular, en interés de todos, la cooperación social, desempeñar los servicios públicos de general importancia, defender a la sociedad de las posibles tentativas de restablecimiento del privilegio y reprimir los atentados que cualquiera cometiese contra la vida, el bienestar o la libertad de cada uno y de todos. "En la sociedad hay funciones demasiado necesarias, que requieren mucha constancia y gran regularidad, y no pueden ser abandonadas a la voluntad libre de los individuos sin peligro de que cada cosa tire por su lado, "¿Quién organizaría y quién aseguraría, de no ser un gobierno, los servicios de alimentación, de distribución, de higiene, de comunicación postales y telefónicas, de transporte, etc., etc.? "¿Quién cuidaría de la instrucción popular? "¿Quién emprendería los grandes trabajos de exploración, de bonificación, de aspecto científico, que transforman la faz de la tierra y multiplican las fuerzas humanas? "¿Quién atendería a la conservación y aumento del capital social para transmitirlo, mejorado, a la futura humanidad? "¿Quién impediría la devastación de los montes, la explotación irracional, y por consiguiente el empobrecimiento del suelo? "¿Quién tendría la facultad de prevenir y reprimir los delitos, los actos antisociales? "¿Y qué se haría con los que, faltando a la ley de la solidaridad, no quisiesen trabajar? ¿Y con los que esparciesen la infección en un país, negándose a someterse a las reglas higiénicas prescritas por los hombres de ciencia? ¿Y con los que, locos o cuerdos, intentasen prender fuego a las mieses, violar a las niñas o abusar de los más débiles por su fuerza física superior? "Destruir la propiedad individual y abolir los gobiernos existentes, sin reconstituir luego un gobierno que organizase la vida colectiva y asegurarse la solidaridad social, no sería abolir los privilegios y dar al mundo la paz y el bienestar; sería romper todo lazo social, volver a la humanidad a la barbarie, al reino del cada uno para si, que es el triunfo de la fuerza brutal primero y del privilegio económico después". He aquí las objeciones que nos hacen los autoritarios, aun cuando sean socialistas, es decir, aunque quieran la abolición de la propiedad individual y del gobierno de clase que de ella se deriva. Responderemos a esas objeciones. No es cierto, en primer lugar, que cambiando las condiciones sociales el gobierno cambie de naturaleza y de funciones. Órgano y función son términos inseparables. Quítese a un órgano su función, y o el órgano muere o la función se reconstituye. Métase a un ejército en un país en el cual no haya motivos ni asomos de guerra, interna o exterior, y ese solo hecho provocará la guerra, si dicho ejército no se disuelve. Una policía donde no haya delitos que descubrir ni delincuentes que aprehender, provocará, inventará delitos y delincuentes, o bien dejará de existir. Hay hace siglos en Francia una institución, actualmente agregada a la administración forestal -la lobeteria-, cuyos empleados tienen a su cargo la destrucción de los lobos y demás animales dañinos. Nadie se sorprenderá al saber que precisamente a causa de esta institución hay en Francia lobos que en las estaciones rigurosas hacen mil estragos. El público se ocupa poco o nada de tales Hieras, porque los empleados de la administración son los que tienen a su cargo el ocuparse de ellas; y los tales empleados, organizan la caza de los lobos; pero la organizan, naturalmente, con inteligencia, respetando sus madrigueras y dando tiempo a la reproducción, para no exponerse a destruir una especie tan interesante. Bien es verdad que los campesinos franceses tienen ya muy poca confianza en estos cazadores de lobos, y los consideran más bien como conservadores de tales animales. Y se comprende que así ocurra: ¿qué harían los jefes de la institución si no hubiera lobos en el territorio de la república? Un gobierno, o lo que es lo mismo, un cierto número de personas encargadas de dictar las leyes y de valerse de la fuerza de todos para hacerlas respetar de cada uno, constituye ya una clase privilegiada y separada del pueblo. Tratará instintivamente como todo cuerpo constituido, de aumentar sus atribuciones, de substraerse a la dirección del pueblo, de imponer sus tendencias y de hacer predominar sus intereses particulares. Colocado en una posición privilegiada, el gobierno se encuentra ya en antagonismo con la masa de cuya fuerza dispone. Por lo demás, un gobierno cualquiera, hasta queriéndolo, no podría contentar a todos los gobernados y habría de limitarse a contentar sólo a unos cuantos. Tendría, pues, que defenderse de los descontentos y cointeresar, por consiguiente, a una parte del pueblo para que le prestase su apoyo. Y así comenzaría nuevamente la vieja historia de una clase privilegiada, formándose con la complicidad del gobierno y que, si de una vez no se hacía dueño del suelo, acapararía ciertas posiciones de favoritismo, creadas con tal intención, clase que no sería menos opresora ni menos explotadora que la clase capitalista de hoy. Los gobernantes, acostumbrados al mando, no querrían volver a confundirse con la masa, y si no podían conservar el poder en sus manos, se asegurarían por lo menos la posesión del privilegio para cuando tuviesen que depositar aquél en otros individuos. Recurrirían a los medios que da el poder para que los sucesores fuesen elegidos entre sus amigos, a fin de que éstos les apoyasen y protegiesen a su vez. De este modo el gobierno pasaría de unas manos a otras, siempre las mismas en realidad, y la democracia, que es el supuesto gobierno de todos, acabaría siempre en oligarquía, es decir, en el gobierno de unos pocos, de una clase. ¡Y qué oligarquía omnipotente, opresora y absorbente sería la que tuviese a su cargo, a su disposición, todo el capital social, todos los servicios públicos, desde la alimentación hasta la confección de alpargatas, desde las universidades hasta el teatro de opereta! SUPERFLUIDAD DEL GOBIERNO Supongamos, no obstante, que el gobierno no constituyese en sí una clase privilegiada y pudiese vivir sin crear a su alrededor una nueva clase de privilegiados, permaneciendo, como se pretende, en su naturaleza de representante, de siervo, si se quiere, de toda la sociedad. ¿Para qué serviría? ¿En qué y de qué manera aumentaría la fuerza, la inteligencia, el espíritu de solidaridad, el cuidado del bienestar de todos y de la humanidad venidera, que en un momento dado existiesen en una sociedad determinada? Siempre la antigua historia del hombre con las piernas ligadas, condenado a vivir a pesar de las ligaduras y creyendo, no obstante, vivir en virtud de ellas. Estamos acostumbrados a vivir bajo la dirección de un gobierno que acapara toda la fuerza, toda la inteligencia, toda la voluntad que puede dirigir en su provecho. y que dificulta, paraliza y suprime las que le son inútiles u hostiles, y nos figuramos que todo lo que se hace en la sociedad se hace porque así lo quiere el gobierno, y que, por consiguiente, sin gobierno no habría en el cuerpo social ni fuerza, ni inteligencia, ni buena voluntad. Del mismo modo, como ya hemos dicho, el propietario se posesiona de la tierra, la hace cultivar en su provecho particular, dejando al trabajador lo estrictamente necesario para que pueda y quiera seguir trabajando, y éste piensa que no podría vivir sin el patrono, como si éste crease la tierra y las fuerzas de la naturaleza. ¿Qué, por sí, agrega el gobierno a las fuerzas morales y materiales que existen en una sociedad? ¿Será acaso el dios de la Biblia que crea el mundo de la nada? Así como nada se crea en el mundo que suele llamarse material, nada es creado tampoco en esta más complicada forma del mundo material que es el mundo social. Por eso los gobernantes no pueden disponer más que de las fuerzas existentes en la sociedad, menos las que la acción gubernativa paraliza y destruye, las fuerzas rebeldes y todas las que se pierden entre las ruinas forzosamente grandísimas de un mecanismo tan artificioso. Si de su parte ponen algo, pueden hacerlo como hombres, no como gobernantes. Más todavía. De aquellas fuerzas morales y materiales que quedan a disposición del gobierno, sólo una parte pequeña recibe un destino verdaderamente útil a la sociedad. Las otras se consumen en actividades represivas, para tener a raya a las fuerzas rebeldes, o son substraídas al interés general, para acumularlas en beneficio de unos pocos y en perjuicio de la mayoría de los hombres. Mucho se ha discurrido acerca de la parte que tiene, en la vida y en el progreso de la sociedad humana respectivamente, la iniciativa social, pero se ha embrollado tanto la cuestión, con el auxilio del artificio del lenguaje metafísico, que son muy pocos los hombres que se han atrevido a tener la osadía de afirmar que todo se rige y marcha en el mundo humano a impulsos de la iniciativa individual. En realidad, es ésta una verdad de sentido común, que aparece evidente en cuanto se trata de averiguar lo que las palabras significan. El ser real es el hombre, el individuo; la sociedad o colectividad -y el Estado o gobierno que pretende representarla-, si no son abstracciones hueras, no pueden ser más que agregaciones de individuos. Y justamente en el organismo de cada individuo tienen su origen todos los pensamientos y todos los actos humanos, los cuales de individuales se transforman en colectivos cuando son o se hacen comunes a muchos individuos. Por consiguiente, la acción social no es ni la negación ni el complemento de la iniciativa individual, sino pura y sencillamente el resultado de la iniciativa, de los pensamientos y de las acciones de todos los individuos que componen la sociedad resultado que, comparado con otro de naturaleza de la misma índole, es más o menos grande, según que las fuerzas simples concurran al mismo fin, o que sean divergentes y opuestas. Y si, como hacen los autoritarios, en vez de esto se entiende por acción social la acción gubernativa, entonces aquélla no es más que el resultado de Las fuerzas de los individuos que componen el gobierno, o que por su posición pueden influir sobre la conducta del gobierno. De aquí que la contienda secular entre la libertad y la autoridad, o, en otros términos, entre el socialismo y el Estado de clase, no sea en verdad por si se ha de aumentar la independencia individual a expensas de la limitación de la ingerencia social, o ésta a expensas de aquélla. Se trata más bien de impedir que algunos individuos puedan tiranizar a otros, de dar a todos los individuos los mismos derechos y los mismos medios de acción y de substituir con la iniciativa de todos la iniciativa de unos pocos, que produce forzosamente la opresión de los demás. Se trata, en suma, por siempre y para siempre, de destruir la tiranía y la explotación del hombre por el hombre, de manera que todos se interesen por el bien común, y de que las fuerzas individuales, en lugar de anularse por la lucha, hallen la posibilidad de un desarrollo completo y se asocien para el mayor provecho de todos. De lo dicho resulta que la existencia de un gobierno, aun cuando fuese, siguiendo nuestra hipótesis, el gobierno ideal del socialismo autoritario, lejos de ocasionar un aumento de las fuerzas productoras, organizadoras y protectoras de la sociedad, las disminuiría incesantemente, limitando a unos cuantos la iniciativa y dándoles el derecho de hacerlo todo sin poderles dar, naturalmente, la facultad de saberlo todo. En realidad, si se separa de la legislación y de la obra entera de un gobierno todo lo que tiende a defender a los privilegiados y que representa la voluntad de los privilegiados mismos, ¿qué resta que no sea el resultado de la actividad de todos? "El Estado -escribe Sismondi- es siempre un poder conservador que pone de manifiesto, regula y organiza las conquistas del progreso -y la historia agrega que las dirige en provecho propio y de la clase privilegiada-, pero no las inicia. Siempre tienen su origen abajo, nacen en el fondo de la sociedad, del pensamiento individual, que cuando se divulga se convierte en opinión, en fuerza de la mayoría; pero ha de encontrar a su paso, y combatirlos en los poderes constituidos, la tradición, la costumbre, el privilegio y el error". Para comprender cómo una sociedad puede vivir sin gobierno, basta observar un poco a fondo la misma sociedad presente, y se verá que, en realidad, la mayor parte, la más esencial de la vida colectiva, se cumple fuera de la intervención gubernamental; que el gobierno sólo interviene para explotar a la masa, para defender a los privilegiados, y que en lo demás viene a sancionar, bien inútilmente, todo lo que se ha hecho prescindiendo de él, y frecuentemente en su contra y a su pesar. Los hombres, trabajan, cambian y estudian, viajan, siguen como las entienden las reglas de la moral y de la higiene, se aprovechan de los progresos de la ciencia y del arte, tienen infinitas relaciones entre sí, sin experimentar la necesidad de que nadie les imponga un modo de conducirse. Por eso todas las cosas en que no interviene el gobierno son las que marchan mejor, las que dan lugar a menos diferencias y se acomodan, por la voluntad de todos, de tal manera que todos las encuentran útiles y agradables. No es el gobierno más necesario para las grandes empresas y para los servicios públicos, que reclaman el c
Intentando siempre hacer aportes a la lucha anarquista, es que buscamos rescatar y al mismo tiempo mantener intacta nuestra negra memoria, la que nos habla de compañerxs, grupos, acciones, que de un modo u otro determinan nuestro presente, pues nos consideramos continuidad historica, con nuestras innovaciones y nuestro contexto actual, de una lucha que no olvida ni traiciona. En esta ocasión, y aunque la idea inicial era publicar este escrito el 6 de junio (fecha de la caida en combate del compañero), gustamos de compartir un escrito recordando a Sergio Urubu Terensi, anarquista que actuo en la región argentina. Urubu nacio en la provincia de Santa Fe, a orillas del rió Paraná. Hijo de obrerxs, querido y recordado por muchxs compañerxs, no solo del ambito local, sino de otras regiones dado sus conocidos viajes. El creia en cosas que nosotrxs no compartimos, o que tal vez en algun pasado creimos pero ahora no. Sergio era un anarquista inmerso en la mas amplia y difusa lucha social, comenzó en la época del gobierno de Alfonsin con diversas actividades culturales, profundizando sus planteamientos y sus posiciones, intervino en diversas obras de teatro callejero, (por ejemplo en una oportunidad se plantó en el centro de la Plaza de Mayo disfrazado de obispo en clara provocación a la iglesia y evidenciando su complicidad con los poderes de turno) militando a su vez de manera activa en la FORA (Federación Obrera Regional Argentina), organizando actividades de difusión y mas tarde participando en choques contra lxs milicxs, se acerco a lxs presxs de la Tablada (1) cuando desde todos los sectores solo había silencio en torno a ellxs, solidarizo con diferentes causas que hoy vemos como ajenas a la ofensiva anarquica, pero que en ese contexto de la realidad socio – política argentina (época de Menem/Cavallo), tenían otra connotación. El creía en la revolución social, en el pueblo explotado, en lxs trabajadorxs, en el levantamiento de lxs pobres. Cosas, como mencionamos antes, de las cuales nosotrxs no creemos, y ademas criticamos y combatimos. Sin embargo, eso no nos ciega la posibilidad de constatar su integridad como luchador, su coherencia, su dignidad y sus convicciones…hoy día tan carentes en muchxs compañerxs que discursos incendiarios y manos gélidas… “Mientras que lxs políticxs roban a lo grande, nosotrxs vamos a la cárcel por nada…, morimos por nada, absolutamente por nada… por un “gatillo fácil” (2) planificado. Tenemos hambre de alegría, de dignidad: tenemos hambre de pasión, de amor, de justicia y de libertad… ¡tenemos hambre!”. Decía el compañero. Urubu murio en combate un frio mes de junio del año 1996. Cubriendo la retiradas de sus compañerxs durante el transcurso de una expropiación en la zona de Mataderos frente a la policia federal, que despues de balearlo lo dejo sin la mas mínima atención medica desangrándose en la calle. No podemos esperar menos de nuestrxs enemigxs, frente a ellxs solo odio y golpes certeros. Por eso es a lxs individualidades refractarias a quienes va dirigido este aporte, buscando el potenciar nuestro presente, para que los hechos en vida y la sangre derramada de lxs que nos antecedieron no sea agua que se estanca, sino manantiales que fluyen con el correr de nuestras acciones. Urubu fue consecuente hasta el final con sus elecciones, armado fue a buscar la libertad en la que creía, y pago con su vida por ella. Olvidar también es traicionar. “Aprendí aprender a estructurar mi calma soy un jaguar jadeando el sol a la sombra si este árbol ardiera mi vida será un incendio Saltando invisible entre los pajonales daré un rodeo hasta cercarlos voy a sorprender la espalda de los que matan por la espalda” ¡COMPAÑERO URUBU PRESENTE! Colectivo de Agitación y Difusión Por la Anarquia (1) El 23 de enero de 1989, diversxs integrantes de grupos guerrilleros de izquierda, esta vez nucleadxs en el MTP, atacaron y ocuparon parcialmente el regimiento militar de La Tablada, en la zona oeste de Buenos Aires. La acción se enmarcaba en un plan para evidenciar maniobras militares que apuntaban a recuperar los puestos de poder perdidos desde el fin de la dictadura reciente. En el hecho murieron 32 guerrillerxs (muchxs fusiladxs despues de ser desarmadxs o rematadxs en el piso una vez heridxs) y 11 defensorxs del orden actual (policias y militares). 13 de lxs participantes de esta acción pasaron largos años en las celdas del estado argentino. (2) “Gatillo fácil” es un término acuñado principalmente por sectores de izquierda o coordinadoras antirepresivas de la región argentina para señalar la práctica sistematica de asesinatos que la policia lleva adelante sobre todo contra la parte de la población mas marginal, esto es jovenes de barrios marginales o villas de emergencia. El significado alude a la condena del homicidio en tanto la victima es inocente, y solo se le dispara por ser negro o marginal. Nosotrxs diferimos con esta terminologia pues creemos que no hay “gatillo fácil” ni “gatillo dificil” o “blando” de parte del enemigo, solo armas dispuestas a dispararnos, no importa las razones, o si estas son justificadas o no por el codigo de convivencia de la sociedad vigilante. Por decirlo claro y con un ejemplo concreto, si solo nos posicionamos en contra del “gatillo fácil”, nada deberiamos decir del compañero Urubu, pues el cae en ocasión de un robo,al igual que tantxs otrxs seres valiosos (compañerxs o no), situación indefendible para todxs esxs defensorxs de los derechos humanos. Sin embargo, consideramos apropiado mencionarlo en el texto actual ya que contextualiza toda una epoca que se extiende claramente hasta el presente.
:: La tensión anarquista. [A. M. Bonanno] Comenzando a hablar siempre me encuentro más bien en un embarazo, por lo menos al principio. Y este embarazo aumenta respecto a lo que erróneamente se llama una conferencia, o como más modestamente se la intenta de disfrazar, una conferencia-debate. Después de todo se trata de un discurso de alguien que viene de fuera, probablemente de otra generación, como si lloviese del pasado, alguien que sale a esta cátedra, hace un discurso, y consecuentemente se asemeja extraña, y peligrosamente, a quien os machaca el cerebro con otros fines, con otras intenciones. Sin embargo, si ponéis un poco de atención, tras esta semejanza exterior, en los conceptos que ahora seguirán, habrá una considerable diferencia. El primero de estos conceptos está constituido por la pregunta: ¿qué es el anarquismo? Puesto que sé con seguridad, porque les conozco personalmente, que aquí dentro hay muchísimos anarquistas, es extraño que tome ahora un problema de este tipo. Cuando menos los anarquistas deberían saber qué es el anarquismo. Y por el contrario a cada ocasión es necesario retomar el discurso precisamente por la pregunta ¿qué es el anarquismo? Aunque sea en pocas palabras. ¿Por qué? Normalmente no sucede esto en el resto de expresiones de la vida, en el resto de actividades, en el resto de pensamientos, quien se define o se considera, y también con un cierto fundamento, algo, conoce verdaderamente ese algo. Pero mira, los anarquistas sin embargo se plantean siempre el problema: ¿qué es el anarquismo? ¿Qué significa ser anarquistas? ¿Por qué? Porque no es una definición que una vez conseguida se pueda conservar en caja fuerte, poner a parte, y considerar como un patrimonio al que sacar poco a poco. Ser anarquista no es el haber logrado una certeza, el haber dicho de una vez por todas: “Ya está, yo, finalmente, desde este mismo instante, estoy en posesión de la verdad, y como tal, por lo menos desde el punto de vista de la idea, soy un privilegiado”. Quien razona así es anarquista sólo de boca. Mientras que es realmente anarquista quien se cuestiona a sí mismo como anarquista, como persona, y quien se pregunta: ¿qué es mi vida en función de lo que hago y en relación a lo que pienso? ¿Qué relación alcanzo a mantener diariamente, cotidianamente, en todas las cosas que hago, es una manera de ser aún en acuerdos, pequeños compromisos cotidianos, etc.? El anarquismo no es por lo tanto un concepto que se sella con una palabra que hace de lápida funeraria. No es una teoría política. Es una forma de concebir la vida y la vida, jóvenes o viejos que seamos, ancianos o chavales, no es algo definitivo: es una apuesta que debemos jugar día tras días. Cuando por la mañana nos levantamos de la cama y ponemos los pies en tierra, hemos de tener un buen motivo para levantarnos, si no lo tenemos, seamos anarquistas o no, no significa nada, más vale quedarnos acostados en la cama, durmiendo. Y para tener un buen motivo debemos saber qué hacer, porque para el anarquismo, para el anarquista, no hay diferencia entre el que hacer y el qué pensar, sino que es un continuo trasvase de la teoría en la acción y de la acción en la teoría. He aquí lo que diferencia al anarquista de cualquier otra persona que tiene una concepción diferente de la vida y que cristaliza esa concepción en un pensamiento político, en una práctica política, en una teoría política. Es esto lo que normalmente no se os dice, es esto lo que no está escrito en los periódicos, es esto lo que no está escrito en los libros, es esto lo que la escuela calla celosamente porque esto es el secreto de la vida: no separar definitivamente el pensamiento de la acción, las cosas que se saben, las cosas que se comprenden, de las cosas que se hacen, de las cosas a través de las cuales actuamos. He aquí lo que diferencia a un hombre político de un revolucionario anarquista. No las palabras, no los conceptos, y, permitidme, bajo ciertos aspectos ni siquiera las acciones, porque no es su extremo concluirse en un ataque –pongamos radical- lo que las califica, sino el modo en que la persona, el compañero que realiza estas acciones, consigue convertirlas en momento expresivo de su vida, caracterización específica, valor para vivir, alegría, deseo, belleza, no realización práctica, no torva realización de un hecho que mortalmente se concluye en sí mismo y determina el poder decir: “Yo hoy he hecho esto”, lejos de mí, en la periferia de mi existencia. Aquí está, esta es una diferencia. Y de esta diferencia emerge otra, a mi parecer considerable. Quien piensa que las cosas por hacer están fuera de el y se realizan tanto con logros como fracasos –qué queréis, la vida está hecha de escalones: se baja un poco, se sube un poco, a veces las cosas van bien, a veces mal- o sea, quien piensa que la vida está hecha de estas cosas: por ejemplo, la figura clásica del político democrático (por supuesto, una persona con la que se puede discutir, un tipo simpático, tolerante, que tiene aspectos permisivos, que cree en el progreso, en el futuro, en una sociedad mejor, en la libertad), o sea, esta persona así conjuntada, vestida probablemente sin traje, sin corbata, tan sencillo, una persona que de cerca parece un compañero y que como tal se declara, esta persona también puede ser muy perfectamente un policía, no cambia nada. ¿Por qué no?, hay policías demócratas, se acabo la época de uniformidad de la represión, hoy la represión tiene aspectos simpáticos, nos reprimen con un montón de ideas brillantes. Bueno, esta persona, este demócrata, ¿cómo podemos distinguirlo, cómo podemos localizarlo, como podemos verlo? ¿Y si ante los ojos nos ponen un velo que nos impida verlo, cómo podemos defendernos de él? Identificándolo mediante este hecho: que para él la vida es realización, su vida son hechos, hechos cuantificables que se devanan ante su vista y nada más. Cuando hablamos con alguien no podemos pedirle el carnet de afiliación. Muchas veces, a través de sus ideas, acabamos en una gran confusión y no entendemos ya nada, porque somos todos habladores simpáticos y progresistas, todos elogiamos la belleza de la tolerancia y cosas por el estilo. ¿Cómo hacemos para darnos de cuenta que tenemos delante al enemigo, al peor de nuestros enemigos? Porque al menos del viejo fascista nos sabíamos defender, pegaba él y, si éramos lanzados, pegábamos también nosotros, más fuerte que él. Ahora ha cambiado la historia, ha cambiado la situación. Actualmente pescar un fascista apaleador resulta quizá difícil. Pero este sujeto que estamos tratando de delinear, este demócrata que encontramos en todos los niveles, en la escuela o el Parlamento, por la calle o en el uniforme de policía, como juez o como médico, este sujeto aquí nos es enemigo porque considera la vida de una manera diferente a como la consideramos nosotros, porque para él la vida es otra vida y no nuestra vida, porque nosotros para él somos extraterrestres y no veo porqué él debe ser considerado habitante de nuestro mismo planeta. Es ésta la línea que nos divide de él, porque su concepción de la vida es de naturaleza cuantitativa, porque él mide las cosas como éxito, o si queréis también como fracaso, pero de todos modos siempre desde un punto de vista cuantitativo y nosotros la medimos de una forma diversa, y esto es sobre lo que debemos reflexionar: de qué manera para nosotros la vida tiene algo de diferente, cualitativamente diferente. Entonces, este señor tan bien dispuesto respecto a nosotros nos vierte encima una crítica y dice: “Sí, los anarquistas son simpáticos, pero son incoherentes, ¿qué es lo que han hecho en la historia, qué Estado ha sido anarquista? ¿Han realizado alguna vez un gobierno sin gobierno? ¿No es una contradicción una sociedad libre, una sociedad anarquista, una sociedad sin poder?” Y esa roca crítica que nos llueve encima es verdaderamente de gran dimensión, porque en efecto incluso en aquellos casos en que los anarquistas han estado muy cerca de realizar sus utopías constructivas de una sociedad libre, como por ejemplo en España o Rusia, examinándolas bien, esas construcciones son bastante discutibles. Son ciertamente revoluciones, pero no son revoluciones libertarias, no son la anarquía. Por lo tanto cuando estos señores nos dicen: “Sois utópicos, vosotros los anarquistas sois ilusos, vuestra utopía no se puede realizar”, nosotros debemos decir: “Sí, es verdad, el anarquismo es una tensión, no una realización, no es un intento concreto de realizar la anarquía mañana por la mañana”. Sin embargo también debemos poder decir: pero vosotros, muy estimados señores demócratas que estáis en el gobierno, que nos reguláis la vida, que pretendéis entrar en nuestras ideas, en nuestros cerebros, que nos gobernáis por medio de la opinión cotidiana que construís en los periódicos, en la universidad, en las escuelas, etc., vosotros, señores, ¿qué habéis realizado? ¿Es un mundo digno de ser vivido? ¿O bien un mundo de muerte, un mundo en el que la vida es un suceso allanado, falto de calidad, sin significado, un mundo en el que se llega a una cierta edad, en la antesala de la jubilación, y nos preguntamos: “¿Pero qué he hecho de mi vida? ¿Qué sentido ha tenido vivir todos estos años?”. He aquí lo que habéis realizado, aquí vuestra democracia, vuestro concepto de pueblo. Estáis gobernando un pueblo, ¿pero qué quiere decir pueblo? ¿El pueblo qué es? Es quizá la pequeña parte, ni siquiera tan consistente, que va a las votaciones, a las elecciones, que vota por vosotros, que nombra una minoría, la cual nombra después otra minoría aún más pequeña que la primera y que nos gobierna en nombre de las leyes. Pero estas leyes, ¿qué son, si no expresión de los intereses de una pequeña minoría específicamente dirigida a lograr en primer lugar sus propias perspectivas de enriquecimiento, de reforzamiento del poder y este tipo de cosas? Estáis gobernando en nombre de un poder, de una fuerza que ¿de qué os viene? De un concepto abstracto, habéis realizado una estructura que pensáis puede ser mejorada... ¿mas cómo, de qué manera se ha mejorado en la historia? ¿En qué condición vivimos hoy si no en una condición precisamente de muerte, de aplastamiento de la calidad? Esta es la crítica que debemos devolver contra los sostenedores de la democracia. Si nosotros anarquistas somos utópicos, lo somos como una tensión hacia la calidad; si los demócratas son utópicos, lo son como una reducción hacia la cantidad. Y a la reducción, al apergaminamiento vivido en el ámbito de un dimensión del mínimo daño posible para ellos y del máximo daño verificable para la gran cantidad de personas que resultan explotadas, a esta realidad miserable, nosotros contraponemos nuestra utopía que al menos es una utopía de la calidad, una tensión hacia un futuro diferente, radicalmente diferente del que vivimos ahora. Por lo tanto todos los discursos que os son dirigidos por cualquiera que os habla en nombre del realismo político, cuando os hablan los hombres del Estado, los profesores, que son los servidores de los hombres del Estado, los teóricos, periodistas, todos los intelectuales que transitan por aulas como estas, con sus discursos os dirigen las palabras calmas y tolerantes del hombre realista, afirmando que no hay otra manera de actuar, que la realidad es la que es, que es necesario hacer sacrificios, aquí, esta gente os está liando. Os está liando porque es verdad que se puede actuar de forma diferente, porque es verdad que cada uno de nosotros puede alzarse en nombre de su dignidad herida ante el engaño, porque es verdad que cada uno de nosotros se puede sentir engañado porque, finalmente, ha podido tomar conciencia de lo que están haciendo en su perjuicio y alzándose cada uno puede cambiar no sólo, en los límites en que es posible conocer, la realidad de las cosas, sino que puede cambiar su vida, puede convertirla en digna de ser vivida, puede levantarse por la mañana, poner los pies en tierra, mirarse al espejo y decir: “Al final he alcanzado a cambiar las cosas, al menos en lo que a mí respecta” y sentirse un hombre digno de vivir su vida, no un títere en manos de un titiritero que ni siquiera es posible ver bien para poder escupirle a la cara. He aquí el porqué los anarquistas continuamente vuelven a hablar de qué es el anarquismo. Porque el anarquismo no es un movimiento político. También es eso, pero como aspecto secundario. El hecho de que el movimiento anarquista se haya presentado históricamente como un movimiento político no quiere decir que el anarquismo como movimiento político agote todas las potencialidades anarquistas de lo existente. El anarquismo no se resuelve en el grupo anarquista de Cúneo, Turín, Londres o de tantas otras ciudades, etc. No es eso el anarquismo. Cierto, allí también están los compañeros anarquistas y está, espero, o por lo menos se debería presumir que está, el tipo de compañero que individualmente ha comenzado su insurrección, que se ha dado cuenta, que ha tomado consciencia del contexto de obligación y coacción dentro del cual está forzado a vivir. Pero el anarquismo no es sólo eso, sino que es también la tensión de la vida, de la calidad, aquella fuerza que conseguimos sacar de nosotros mismos cambiando la realidad de las cosas. Y el anarquismo es el conjunto de este proyecto de transformación unido al proyecto que se realiza en el interior de nosotros mismos, con el progresar de nuestro cambio personal. No se trata por tanto de un hecho cuantitativamente considerable desde el punto de vista histórico, no es un hecho que se realiza simplemente con el desarrollo del tiempo y que se deja ver mediante determinadas teorías, mediante algunas personas, mediante ciertos movimientos y tampoco, porqué no, mediante bien precisas acciones revolucionarias. En esta suma de elementos hay siempre algo más, y es este algo más que hace vivir continuamente el anarquismo de forma diferente. Consecuentemente, entre esta tensión que debemos, según lo veo, conservar siempre dentro de nosotros mismos como tensión hacia lo diverso, hacia lo impensable, lo indecible, hacia una dimensión que debemos realizar y que no sabemos bien en qué modo, y la cotidianidad de las cosas que hacemos y podemos hacer, debemos mantener siempre un ligamen, una relación precisa de cambio, de transformación. El primer ejemplo que me viene en mente sobre este argumento es todavía otro elemento contradictorio. Pensad en el concepto del problema: “Hay problemas por resolver”, ésta es una frase clásica. Tenemos todos problemas por resolver, la vida es un problema por resolver, el vivir es un problema, cualquier aspecto de la realidad, desde la propia condición social, desde el deber romper un cerco que nos rodea, a la simple vicisitud que cotidianamente afrontamos, todo eso lo consideramos un problema. ¿Pero los problemas son solucionables? Y aquí hay una gran equivocación. ¿Por qué? La estructura que nos oprime sugiere la idea de que los problemas son solucionables y que es ella misma quien los soluciona. Y aún más, esta estructura sugiere el ejemplo (creo que muchos de los presentes son estudiantes) de los problemas que se resuelven en geometría, en matemáticas, etc. Pero este tipo de problema, el problema matemático, que es considerado como un ejemplo del problema solucionable, no es más que un falso problema, por lo que es posible resolverlo ya que en el momento en que afrontamos un problema matemático la respuesta al problema está ya contenido en la presentación del problema mismo, es decir la respuesta es una repetición del problema de forma diferente, o sea, como se dice técnicamente, una tautología. Se dice una cosa y se responde con la misma cosa, por lo que, a grosso modo, no hay solución al problema, sino que hay una repetición del problema de forma diferente. Ahora bien, cuando se habla de resolver un problema que afecta a la vida de todos nosotros, nuestra existencia cotidiana, se habla de problemas que tienen una complejidad tal que no se puede contener dentro de una simple repetición del problema mismo. Por ejemplo, si decimos: “El problema de la policía”, la existencia de la policía para muchos de nosotros constituye un problema. No hay duda de que el policía es un instrumento de opresión a través del cual el Estado nos impide hacer determinadas cosas. ¿Cómo se hace para resolver un problema de este tipo? ¿Existe la posibilidad de resolver el problema de la policía? La pregunta, de por sí, se revela inconsistente. No existe la posibilidad de resolver el problema de la policía. Pero desde el punto de vista del razonamiento democrático existe un problema de resolver algunos aspectos del problema de la policía, democratizando las estructuras, transformando la mentalidad del policía y cosas por el estilo. Ahora, pensar que ésta sea una solución al problema del control y de la represión es cuanto menos estúpido, además de ilógico, en efecto no es más que una forma de modular la represión según los intereses del poder, según los intereses del Estado. De hecho, si hoy sirve una policía democrática, mañana podría servir una estructura de control y represión mucho menos democrática que hoy y la policía diría de nuevo como ha hecho en el pasado: obedezco, quizá expeliendo o eliminando de su interior rarísimas y marginalísimas minorías que lo ven diferente. Cuando digo policía entiendo cualquier estructura represiva desde los carabinieri a la magistratura, cualquier expresión del Estado que sirve simplemente como aspecto de control y represión. Como veis, consecuentemente, los problemas sociales no son solucionables. El engaño, por parte de las estructuras democráticas, de pretender resolver los problemas, es un engaño que hace ver como no existe ninguna afirmación del pensamiento político democrático que se apoye en un mínimo de realidad, en un mínimo de concreción. Todo se basa en la posibilidad de jugar sobre el error de que de todas formas las cosas se pueden ajustar con el tiempo, se pueden mejorar, se pueden ordenar. Es sobre este ordenamiento en donde se basa la fuerza del poder, y es sobre este ordenamiento que los dominantes rigen a medio y largo plazo. Cambian las cartas, cambian las relaciones y nosotros esperamos que llegue lo que ellos nos han prometido, algo que no llega nunca, porque estas mejoras no se materializan nunca, porque el poder permanece, cambiando y transformándose en la historia, permanece siempre el mismo, permanece siempre: un puñado de hombres, una minoría de privilegiados que gestiona las palancas del dominio, que realiza sus propios intereses y tutela las condiciones de supremacía de quien está al mando, de quien continúa dominando. Ahora, nosotros ¿qué poseemos como instrumento para contrarrestar este estado de cosas? ¿Nos quieren controlar? Y nosotros rechazamos el control. Ciertamente esto podemos hacerlo, sin duda lo hacemos, tratamos de minimizar los daños. Pero, en un contexto social, el rechazo del control es válido hasta un cierto punto. Podemos circunscribir ciertos aspectos, podemos gritar cuando somos golpeados injustamente, sin embargo está claro que hay determinados lugares del dominio donde reglas que se llaman leyes, carteles que señalan alambradas, hombres que se llaman policías nos impiden entrar. No hay duda, probad a entrar en el Parlamento y veréis lo que pasa, no sé. No se pueden superar determinados niveles, determinados controles no pueden ser evitados. Entonces, nosotros contra esta situación, ¿qué contraponemos? ¿Simplemente un sueño? Una teoría de libertad, que encima incluso debe ser formulada bastante correctamente, porque no podemos decir: “La libertad de los anarquistas es simplemente una reducción del control”. En ese caso caeremos en el error: “¿Pero dónde se debe detener esa reducción del control? ¿Quizá en un control mínimo?” ¿Por ejemplo el Estado se volvería legítimo como Estado, para nosotros anarquistas, si en vez de ser el Estado opresor de hoy fuese, pongamos, el ideal Estado mínimo de los liberales? Evidentemente no. Por lo tanto no es éste el razonamiento a hacer. No está por lo tanto constituido por una limitación del control lo que podemos tratar de obtener y alcanzar, sino por una abolición del control. Nosotros no estamos por una mayor libertad, una mayor libertad se da al esclavo cuando se le alarga la cadena, nosotros estamos por la abolición de la cadena, consecuentemente estamos por la libertad, no por una mayor libertad. Y la libertad quiere decir ausencia de cadenas, quiere decir ausencia de límites con todo lo que de esta afirmación se desprende. La libertad es un concepto no sólo difícil y desconocido, sino que es un concepto doloroso, y por el contrario se nos vende como un concepto bellísimo, dulce, relajante, como un sueño que está totalmente lejano como para hacernos sentir bien, como todas las cosas que por lejanas constituyen una esperanza, una fe, una creencia. En otras palabras, aquello intocable que resuelve los problemas de hoy no porque en efecto los resuelva sino porque simplemente los tapa, los empaña, los modifica, impidiendo una clara visión de todas las desgracias que tenemos hoy. Bueno, un día seremos libres, bueno, estamos en dificultades, pero en estas dificultades hay una fuerza subterránea, un orden involuntario que no depende de ninguno de nosotros, que trabaja en nuestro lugar, que poco a poco hará modificar las condiciones de sufrimiento en que vivimos y nos llevará a una dimensión libre en la que viviremos todos felices. No, la libertad no es esto, esto es un engaño que se parece mucho, y trágicamente, a la vieja idea de Dios, la idea de Dios que nos ayudaba tantas veces, y ayuda también hoy a tantas personas en el sufrimiento, porque éstas se dicen: “Bueno, hoy sufrimos, pero en el otro mundo estaremos bien”, o mejor como dice el Evangelio los últimos serán los primeros, consecuentemente esta inversión anima a los últimos de hoy porque serán los primeros de mañana. Si diésemos por real un concepto de libertad de este tipo, acunaremos los sufrimientos de hoy, aplicaremos una pequeña medicación sobre las plagas sociales de hoy, exactamente del mismo modo que el cura con su sermón, con su razonamiento, aplica una pequeña mediación sobre las plagas de los pobres dispuestos a escucharle, que se ilusionan con que el reino de Dios les librará de los sufrimientos. Está claro que los anarquistas no pueden hacer el mismo razonamiento, la libertad es un concepto destructivo, la libertad es un concepto que comprende la absoluta eliminación de cualquier límite. Ahora, la libertad es una hipótesis que debe permanecer en nuestro corazón, pero dispuestos a afrontar todos los riesgos de la destrucción, todos los riesgos de la destrucción del orden constituido en que vivimos. La libertad no es un concepto que puede consolarnos en espera de que se desarrollen mejoras prescindiendo de nuestra capacidad real de intervención. Para darse cuenta de conceptos de este tipo, para darse cuenta de los riesgos que se corren manejando conceptos peligrosos de este tipo, debemos ser capaces de construir en nosotros las ideas, de tener las ideas. También sobre este punto hay equívocos considerables. Está en circulación la costumbre de considerar como idea cualquier concepto que tengamos en mente. Uno dice: “Se me ha ocurrido una idea”, y de este modo trata de identificar lo que es una idea. Esta es la teoría cartesiana que se contraponía a aquella platónica de la idea como punto de referencia abstracto, lejano, etc. Pero no es éste el concepto al que nos referimos nosotros cuando hablamos de idea. La idea es un punto de referencia, es un elemento de fuerza que transforma la vida, es un concepto que ha sido cargado de valor, es un concepto de valor que se convierte en concepto de fuerza, algo capaz de desarrollar de manera diferente nuestra relación con los demás, todo esto es la idea. Sin embargo, en efecto, la fuente a través de la que nos llegan los elementos para que podamos elaborar ideas de este tipo, ¿cual es? La escuela, la academia, la universidad, los periódicos, los libros, los profesores, los especialistas y similares, la televisión. Pero a través de estos instrumentos de información y de elaboración cultural, ¿qué nos llega? Nos llega un cúmulo más o menos considerable de informaciones que llueve sobre nosotros en cascada, hierve como en una olla, dentro de nosotros, y nos hace producir opiniones. No tenemos ideas, tenemos opiniones. Aquí la trágica conclusión. Sin embargo, ¿qué es la opinión? Es una idea allanada que ha sido uniformada para adecuarla a grandes cantidades de personas. Las ideas de masas o las ideas masificadas son opiniones. El mantener estas opiniones es importante para el poder porque es mediante la opinión, la gestión de la opinión, como se obtienen determinados resultados, sin ir más lejos, por ejemplo, el mecanismo de la propaganda a través de los grandes medios de información, la realización de los procesos electorales, etc. La formación de las nuevas élites de poder no tiene lugar por medio de las ideas, sino que tiene lugar por medio de las opiniones. ¿Contraponerse a la formación de opinión qué quiere decir? ¿Quiere decir quizá adquirir un mayor número de informaciones? Es decir, ¿contraponerse a la información con una contrainformación? No, eso no es posible, porque por más vueltas que demos al problema no podemos tener la capacidad de colocar contra el grandísimo número de informaciones por el que somos bombardeados cotidianamente, nuestra contrainformación capaz de “desvelar”, a través de un proceso de ver lo que hay detrás, la realidad que ha sido “sustituida” por la verborrea informativa. No podemos obrar en ese sentido. Cuando hacemos ese trabajo muy rápidamente vemos que es inútil, no logramos convencer a las personas. He aquí porqué los anarquistas han afrontado críticamente el problema de la propaganda. Sí, claro, como veis hay una mesita bien surtida, como sucede en todos los lugares cuando se realizan iniciativas y conferencias de este tipo. Siempre están nuestros folletos, siempre están nuestros libros. Estamos supercargados de periódicos y tenemos mucha capacidad haciendo este tipo de publicismo. Pero no es sólo ése el trabajo que debemos hacer, y cuando ese trabajo hagamos no debe contener elementos de contrainformación, o que si los contenga se trate de hechos accidentales. Este trabajo está dirigido esencialmente, o debería estar dirigido, a constituir una idea o unas pocas ideas de base, unas pocas ideas fuerza. Pongamos un único ejemplo. En los últimos tres o cuatro años se ha desarrollado el asunto que los periódicos, con una palabra horrenda, llaman de “Tangentopoli” o de Manos Limpias, y tal. Ahora, toda esta operación ¿qué ha construido en las personas? Ha construido la opinión de que la magistratura es capaz de arreglar las cosas, de hacer condenar a los políticos, de cambiar las condiciones, por lo tanto de llevarnos de las viejas concepciones típicas de la primera República Italiana a la nueva de la segunda República Italiana. Está claro que este proceso, esta opinión, es muy útil, por ejemplo ha permitido el crecimiento de una “nueva” élite de poder, que ha sustituido a la precedente. Nueva por decir algo, nueva hasta un cierto punto, se mire como se mire con ciertas características de novedad y con tristes representaciones de viejas costumbres y de viejos personajes. De esta manera funciona la opinión. Ahora comparad este proceso de formación de una opinión que ha dado beneficios considerables sólo para ellos, con la construcción de una idea fuerza como podría ser una análisis profundo del concepto de justicia. La diferencia es abismal. ¿Pero qué es justo? Por ejemplo, ha sido ciertamente justo para muchos, y lo hemos considerado justo también nosotros, que Craxi (*) haya sido obligado a recluirse en su villa tunecina. La cosa ha sido simpática, incluso nos ha hecho reír, incluso nos ha hecho sentirnos bien, porque cuando cerdos de este nivel acaban siendo apartados es algo simpático. ¿Pero es ésta la verdadera justicia? Por ejemplo, Andreotti (**) se encuentra en apuros, al parecer se ha besado en las mejillas con Riina (***). Noticias de este tipo está claro que nos inspiran simpatía, nos hacen estar mejor porque un puerco como Andreotti no hay duda de que molestaba incluso a nivel físico, simplemente con mirarlo en televisión. ¿Pero es éste el concepto de justicia? Fijaos que en lo que respecta a Di Pietro (****) y Borrelli (*****) hay un entusiasmo de estadio. ¿Qué quiere decir un entusiasmo de estadio? Quiere decir que millones de personas se han visto envueltas en el proceso de uniformación de la opinión. Mientras que el concepto de justicia sobre el que nosotros deberemos tratar de reflexionar es diferente. ¿A qué nos debería llevar el concepto de justicia? Nos debería llevar a admitir que sin son responsables Craxi o Andreotti al mismo título que ellos es responsable gente como Borrelli y Di Pietro. Porque si los primeros eran hombres políticos los otros son magistrados. Concepto de justicia significa fijar una línea de demarcación entre quién es sostén y justificación y fuerza del poder y quien a éste se contrapone. Si el poder es injusto en cuanto a su misma existencia lo vuelve injusto, y si todos los intentos para justificarse a sí mismo, algunos de los cuales hemos visto antes, se revelan timos, cualquier hombre del poder, más o menos demócrata, sea lo que sea que haga estará siempre en el extremo opuesto de la justicia. La construcción de un concepto de justicia de este tipo es evidentemente la formación de una idea, de una idea que no se encuentra sobre los periódicos, de una idea sobre la que no se profundiza en las aulas de las escuelas o en las aulas universitarias, que no puede constituir elemento de opinión, que no puede llevar a la gente a votar. Más bien, esta idea lleva a la gente a estar en contraposición consigo misma. Porque ante el tribunal de sí mismo cada uno se pregunta: “¿Pero yo, ante la idea de justicia, cuando me parece bonito lo que hace Di Pietro, cómo me coloco, también yo me dejo meter en el saco, también yo soy un instrumento de opinión, también yo soy la terminal de un enorme proceso de formación del poder y consecuentemente también yo me convierto no sólo en esclavo del poder sino en cómplice del poder?”. Por fin hemos llegado, hemos llegado a nuestras implicaciones. Porque si es cierto el concepto del que hemos partido de que para el anarquista no hay diferencia entre teoría y acción, en el momento en que esta idea de justicia se hace luz en nosotros, si esta idea ilumina sea siquiera por un instante nuestro cerebro, esta luz no podrá apagarse jamás porque cada momento, cualquier cosa que pensemos, nos sentiremos culpables, nos sentiremos cómplices, cómplices de un proceso de discriminación, represión, genocidio, muerte, proceso del que no podremos ya nunca considerarnos ajenos. ¿Cómo podemos definirnos entonces revolucionarios, anarquistas? ¿Cómo podemos definirnos sostenedores de la libertad? ¿De qué libertad hablamos si hemos dado nuestra complicidad a los asesinos que están al poder?. Mirad como es de diferente y crítica la situación de quien inmediatamente alcanza, por análisis profundo de la realidad o simplemente por casualidad o desgracia, a hacer penetrar en su propio cerebro una idea tan clara como la idea de justicia. Ideas de este tipo no hay muchísimas. La idea de libertad, por ejemplo, es lo mismo. Quien por un instante piensa en qué es la libertad, no puede contentarse con hacer algo para que se pueda aumentar un poquito las libertades de la situación en que vive. Desde aquel momento en adelante él se sentirá culpable y tratará de hacer algo para aliviar su sentido de .sufrimiento. Se sentirá culpable por no haber hecho algo hasta ese momento, y desde ese momento entrará en las condiciones de una vida diferente. En el fondo, con la formación de opinión, ¿qué quiere el Estado? ¿El poder qué quiere?. Sí, por supuesto, quieren crear una opinión media para que después a partir de ésta se puedan realizar ciertos movimientos del tipo delegación electoralista, formación de1as minorías de poder y cosas por el estilo. Pero no quieren sólo eso, quieren nuestro consenso, quieren nuestra aprobación, y el consenso es hallado mediante determinados instrumentos, especialmente de naturaleza cultural. Por ejemplo, la escuela es uno de los almacenes a través de los cuales se halla el consenso y se construye la futura mano de obra de naturaleza intelectual, y no sólo intelectual. Las transformaciones productivas del capitalismo de hoy necesitan un tipo de hombre diferente al de ayer. Ayer, hasta hace poco tiempo, había necesidad de un hombre que tuviese su capacidad profesional, su orgullo de esta capacidad, su cualificación profesional. Ahora la situación ha cambiado bastante. El mundo del trabajo pide una cualificación media, mejor incluso baja, y pide cualidades que una vez no sólo no estuvieron presentes sino que ni siquiera eran pensables, por ejemplo la flexibilidad, la adaptabilidad, la tolerancia, la capacidad de intervenir a nivel asambleario. Mientras antes; por poner un ejemplo específico, la producción de las grandes empresas se basaba en la realización de las grandes líneas de producción basadas en las cadenas de montaje, ahora se tienen estructuras diferentes o robotizadas o construidas sobre la base de las islas, de pequeños grupos que trabajan juntos, que se conocen, que se controlan mutuamente y cosas así. Este tipo de mentalidad no es sólo la mentalidad de la fábrica, no es sólo "el obrero nuevo" que están construyendo, sino que es "el hombre nuevo" que están construyendo: un hombre flexible, con ideas medias, opaco en sus deseos, con una reducción fortísima del nivel cultural, con un lenguaje empobrecido, con lecturas estandarizadas que son sólo ésas, siempre ésas, una capacidad de razonamiento circunscrita contrapuesta a una capacidad elevadísima de saber decidir con brevedad entre el sí y el no de una solución, de saber escoger entre dos posibilidades, un botón amarillo, un botón rojo; un botón negro, un botón blanco. Helo aquí, este tipo de mentalidad están construyendo. ¿Y dónde lo están construyendo? Lo están construyendo en la escuela, pero lo construyen también en la vida de todos los días. ¿Qué harán con un hombre de este tipo? Les servirá para poder realizar todas las modificaciones que son importantes para la reestructuración del capital. Les servirá para poder gestionar mejor las condiciones y las relaciones de mañana. ¿Cómo serán estas relaciones? Éstas estarán basadas en modificaciones cada vez más veloces, apelando a la satisfacción de deseos absolutamente inexistentes pero pilotados y queridos de una manera determinada en pequeños grupos paso a paso más consistentes. Este tipo de hombre nuevo es exactamente lo contrario de lo que nosotros podamos desear e imaginar, lo contrario de la calidad, lo contrario de la creatividad, lo contrario del deseo real, de la alegría de vivir, lo contrario de todo esto. ¿Cómo podemos combatir contra la realización de este hombre tecnológico? ¿Cómo podemos luchar contra esta situación? ¿Podemos esperar a que llegue un día, un hermoso día, para poner el mundo patas arriba, lo que los anarquistas del siglo pasado llamaban "la grande soirée", la gran tarde o el gran día -"le grand jour"-, en el que fuerzas que nadie puede prever acabarán por tomar las riendas y explotar en el conflicto social que todos esperamos y que se llama revolución por el que todo cambiará y será el mundo de la perfección y de la alegría?. Ésta es una teoría milenarista. Ahora que se avecina el fin del milenio podría incluso volverse a erguir. Pero las condiciones son diferentes, no es ésta la realidad, no es esta espera lo que nos puede interesar. En vez de eso nos interesa otra intervención, una intervención mucho más pequeña, más modesta pero capaz de conseguir algo. Nosotros, como anarquistas, estamos llamados a hacer algo, somos llamados por nuestras responsabilidades y por lo que decíamos antes. En el momento en que la idea se enciende en nuestra mente, no la idea de la anarquía, sino la idea de la justicia, de la libertad, cuando estas ideas se encienden en nuestra mente y cuando a través de estas ideas alcanzamos a entender cómo es el engaño que tenemos enfrente, que podremos definir, hoy como nunca, un engaño democrático, ¿qué hacemos? Nos debemos poner manos a la obra y este manos a la obra significa también organizarse, significa crear las condiciones de enlazamiento y referencia entre nosotros anarquistas que deben ser diferentes de las que eran las condiciones de ayer. Hoy la realidad ha cambiado. Como decíamos antes, están construyendo un hombre diferente, un hombre descualificado y lo están construyendo porque tienen necesidad de crear una sociedad descualificada. Pero, descualificado el hombre, han quitado del centro de la concepción de la sociedad política de ayer la que era la figura del trabajador. El trabajador ayer soportaba el peor peso de la explotación. Por este motivo se pensaba que debiese ser él, como figura social, quien diese inicio a la revolución. Basta con pensar en el análisis marxista. En el fondo, todo "El Capital" de Marx está dedicado a la "liberación" del trabajador. Cuando Marx habla del hombre, se sobreentiende el trabajador; cuando desarrolla su análisis sobre el valor, habla de tiempos de trabajo; cuando desarrolla su análisis sobre la alienación, habla del trabajo. No hay nada que no tenga que ver con el trabajo. Pero eso porque en el análisis marxista, en los tiempos en que fue desarrollado, el trabajador permanecía central, efectivamente la clase trabajadora podía ser teorizada como centro de la estructura social. Si bien con análisis diferentes, también los anarquistas se acercaron a una consideración bastante similar en lo que se refería a la posición del trabajador como centro del mundo social, la clase trabajadora como centro. Pensemos en el análisis anarco-sindicalista. Para los anarco-sindicalistas se trataba sólo de llevar a las extremas consecuencias el concepto de lucha sindical, desvincularlo de la más restringida dimensión de la reivindicación sindical, para poderlo desarrollar hasta la realización, mediante la huelga general, del hecho revolucionario. Consecuentemente la sociedad del mañana, la sociedad liberada o anarquista, según los anarco-sindicalitas, no era más que la sociedad de hoy libre del poder, con las mismas estructuras productivas que hoy, pero no ya en manos del capitalista sino en manos de la colectividad que la administraría colectivamente. Este concepto hoy es absolutamente impracticable por diversos motivos. Primero de todo, porque las transformaciones tecnológicas que se han realizado no permiten un paso simple y lineal de la sociedad precedente, actual, en que vivimos a una sociedad futura en la que desearíamos vivir. Este pase directo es imposible por un motivo muy simple, por ejemplo la tecnología telemática no podría ser utilizada de una forma liberada, de una forma liberadora. La tecnología y las implicaciones telemáticas no se han limitado sólo a realizar determinadas modificaciones en el interior de ciertos instrumentos, sino que han transformado también las otras tecnologías. Pongamos, la fábrica no es1a estructura de la fábrica dé ayer con encima la agregación del medio telemático, sino que es la fábrica telemática, que es absolutamente otra cosa. Tengamos eh cuenta que de, todos estos conceptos naturalmente podemos hablar de manera muy general porque requerirían un tiempo considerable para ser mejor profundizados. Consecuentemente la imposibilidad de utilizar este patrimonio, y por lo tanto este pase, camina paralelamente al final del mito de la centralidad de la clase obrera. Actualmente, en una situación en la que la clase obrera se ha prácticamente pulverizado, no existe la posibilidad de utilización de los denominados medios de producción que se deberían expropiar, y entonces, ¿cuál es la conclusión? No queda otra conclusión posible que esta masa de medios de producción que tenemos enfrente debe ser destruida. Sólo nos queda la posibilidad de pasar a través de una dramática realidad de destrucción. La revolución que podemos teorizar, y de la cual además no estamos seguros, no es la revolución de ayer que se imaginaba un simple hecho, que podía además acaecer sólo en un día o en una hermosa tarde, sino un largo, trágico, sangrantísimo asunto que podrá pasar por procesos inimaginablemente violentos, inimaginablemente trágicos. Y es hacia este tipo de realidad que nos acercamos. No porque este sea nuestro deseo, no porque nos gusta la violencia, la sangre, la destrucción o 1a guerra civil, las muertes, las violaciones, la barbarie, no es eso, sino porque es el único camino plausible, es el único que las transformaciones queridas por quien nos domina y por quien nos manda han convertido necesario. Se han dirigido ellos hacia este camino. No podemos ahora sólo con un simple vuelo de nuestro deseo, una simple imaginación, cambiar algo. Entonces, si en la teoría pasada, en la que existía aún una fuerte clase obrera, se nos podía ilusionar con aquel pase, se nos organizaba en consecuencia. Por ejemplo, las hipótesis organizativas del anarco-sindicalismo preveían un fuerte movimiento sindical que, penetrando en la clase obrera y organizándola casi en su totalidad, realizase esa expropiación y ese pase. No estando ya este sujeto colectivo que probablemente ha sido mítico desde su nacimiento, y que en cualquier caso ahora no existe ni siquiera en su misma visión mítica transcurrida, ¿Que sentido tendría, y que sentido tiene, un movimiento sindical anarco-sindicalista? Ningún sentido. Por lo tanto la lucha debe partir de otros sitios, debe partir con otras ideas y debe partir con otros métodos. De ahí que nosotros hayamos desarrollado desde hace aproximadamente quince años una crítica del sindicalismo y del anarco-sindicalismo, de ahí que nosotros seamos y nos definamos anarquistas insurreccionalistas. No porque pensemos que la solución sean las barricadas. Las barricadas quizá pueden ser una trágica consecuencia de elecciones que no son las nuestras, sino que somos insurreccionalistas porque pensamos que la acción del anarquismo debe necesariamente afrontar problemas gravísimos que no son queridos por el anarquismo pero que son impuestos por la realidad que los dominadores han construido, y que no podemos eliminar con un simple vuelo de nuestro deseo. Una organización anarquista que se proyecta hacia el futuro debería consecuentemente ser más ágil. No puede presentarse con las características pesadas, cuantitativamente pesadas, de las estructuras del pasado. No puede presentarse a través de una dimensión de síntesis, como por ejemplo la organización del pasado cuya estructura organizativa anarquista pretendía reasumir la realidad en su propio interior a través de determinadas "comisiones" que trataban los varios problemas, comisiones que después tomaban sus propias decisiones en un congreso periódico anual que se pronunciaba sobre la base de tesis que probab1ememe se remontaban al siglo pasado. Todo esto tuvo su época, no porque haya pasado un siglo desde que fue ideado, sino porque la realidad ha cambiado. De ahí que nosotros sostengamos la necesidad de la formación de pequeños grupos basados en el concepto de afinidad, grupos incluso minúsculos que están constituidos por pocos compañeros que se conocen, que profundizan en ese conocimiento, porque no puede haber afinidad si no nos conocemos. Nos podemos reconocer como afines sólo profundizando precisamente los elementos que determinan las diferencias, frecuentándose. Este conocimiento es un hecho personal, pero es también un hecho de ideas, de debates, de discusiones. Mas, en vigor del primer discurso que hemos hecho esta tarde, si os acordáis, no hay profundización de ideas que no sea igualmente práctica de cosas a hacer junto, de acciones, de realizaciones de hechos. Por lo tanto entre la profundización de ideas y la realización de los hechos hay un continuo trasvase mutuo. Un pequeño grupo constituido por compañeros que se conocen y que se identifican a través de una afinidad, un pequeño grupo que se reuniese solo para soltar cuatro chismes por la tarde sería un grupo no de afinidad sino un grupo de simpáticos socios que reuniéndose por la tarde pueden hablar de cualquier cosa. Por el contrario un grupo que se reúne para discutir pero que discutiendo se coloca en conjunto para hacer y que haciendo contribuye a desarrollar la discusión que llevada adelante se transforma en otras ocasiones de hacer, éste es el mecanismo de 1os grupos de afinidad. ¿Cuál puede ser despuéS el modo en que a los grupos de afinidad les sea posible entrar en contacto con otros grupos de afinidad respecto a los cuales no es necesario el conocimiento profundo que por el contrario es indispensable dentro de cada grupo? Este contacto puede ser asegurado por la organización informal. ¿Pero qué es una organización informal? Entre los diversos grupos de afinidad que entran en contacto entre si, para intercambiarse ideas y hacer cosas conjuntamente, puede haber una relación de naturaleza informal y consecuentemente la construcción de una organización, incluso amplísima a nivel territorial, incluso de decenas y, por qué no, de centenares de organizaciones, de estructuras, de grupos, que tienen una característica informal que es siempre justamente la discusión, la periódica profundización de problemas, de las cosas a hacer juntos, y cosas así. Esta estructura organizativa del anarquismo insurreccional es diferente de la organización de la que habíamos discutido antes a propósito de las formas del anarco-sindicalismo. Pero este análisis de las formas organizativas, dicho acá en pocas palabras, merecería una profundización, cosa que no puedo hacer aquí, en el ámbito de una conferencia. Una organización de este tipo, en efecto, quedaría a mi modo de ver sólo como un hecho interno al movimiento si no se realizase también en relaciones con el exterior, esto es a través de la construcción de grupos de referencia externos, de núcleos externos basados también en una característica informal. No es necesario que estos grupos de base estén constituidos sólo por anarquistas: en su interior podrá participar la gente que tiene intención de luchar para alcanzar la determinados objetivos, aunque sean circunscritos, a condición de que estén basados en algunas condiciones esenciales. Primero de todo la “conflictividad permanente”, es decir grupos que tienen la característica de atacar la realidad en la que se encuentran, sin esperar la orden de alguien. Después la característica de ser “autónomos”, esto es de no depender ni relacionarse con partidos políticos u organizaciones sindicales. Por último la característica de afrontar los problemas uno cada vez y no de proponer plataformas sindicales genéricas que inevitablemente se traducirían en la gestión de un mini-partido o un pequeño sindicato alternativo. El resumen de estas tesis puede parecer más bien abstracto y es por eso que antes de concluir quiero poner un solo ejemplo para que en la práctica algunas de estas cosas se entiendan mejor. En el intento que se hizo, en los primeros años Ochenta, buscando impedir la construcción de la base de misiles americana en Comiso fue aplicado un modelo teórico de este tipo. Los grupos anarquistas que intervinieron a lo largo de dos años construyeron las "ligas autogestionadas”. Estas ligas autogestionadas eran precisamente grupos no anarquistas que operaban en el territorio y que tenían como único objetivo el de impedir la construcción de la base destruyendo el proyecto en curso de realización. Las ligas eran por lo tanto núcleos autónomos con las siguientes características: tenían como único fin el de atacar y destruir la base. Por lo tanto no tenían una serie de problemas, porque si se hubiesen propuesto una serie de problemas se habrían convertido en grupos de sindicalistas con él objetivo, pongamos, de la defensa del puesto de trabajo, o de encontrar un trabajo, o quizá de resolver otros problemas inmediatos. En vez de eso tenían como fin sólo el de destruir la base. La segunda característica era la conflictividad permanente, esto es desde el primer momento en que estos grupos fueron constituidos (no eran grupos anarquistas, sino grupos de personas en los cuales había también anarquistas) desde el primer momento en que fueron constituidos, decía, estos grupos entraron en conflicto con todas las fuerzas que querían construir la base, sin que esta conflictividad fuese determinada o declarada por organismos representativos o responsables de los grupos mismos. Y la tercera característica era la autonomía de estos grupos, es decir que estos no dependían ni de partidos, ni de sindicatos ni similares. Las vicisitudes de la lucha contra la construcción de la base en parte son conocidas, en parte no y no se si viene al caso retomar acá su historia, quería sólo referirme a ésta a título de ejemplo. Por lo tanto el anarquismo insurreccionalista debe superar un problema esencial, para ser tal debe superar un límite, si no sólo queda la hipótesis del anarquismo insurreccionalista. Esto es, los compañeros que forman parte de los grupos de afinidad y que por lo tanto han operado lo que decíamos antes, aquella insurrección de naturaleza personal, aquella iluminación que dentro de nosotros produce .las consecuencias de-una idea fuerte que se contrapone a la verborrea de las opiniones, aquí, estos compañeros, entrando en relación con otros compañeros, también de otros sitios, a través de una estructura de tipo informal, hasta ese punto han realizado sólo una parte del trabajo. En un cierto punto deben decidirse, deben superar esta línea de demarcación, deben dar un paso del que después no es fácil dar marcha atrás. Deben entrar en relación con personas que anarquistas no son, en función de un problema que es intermedio, que está circunscrito (la destrucción de la base de Comiso, por cuanto fantástica esta idea pudiese ser, o interesante, o simpática, evidentemente no era la anarquía, no era a buen seguro la realización de la anarquía). ¿Qué habría sucedido si realmente se hubiese alcanzado a entrar en la base y destruirla? Yo no lo sé. Probablemente nada, probablemente todo. No lo se, no se puede saber, nadie puede saberlo. Pero la belleza de la realización de aquel hecho destructivo no se halla en sus posibles consecuencias. Los anarquistas no aseguran nada de las cosas que hacen, sino que identifican las responsabilidades de personas y las responsabilidades de estructuras y por lo tanto en base a una decisión se determinan a la acción y desde ese momento en adelante se sienten seguros de sí, porque aquella idea de justicia que actúa dentro de ellos ilumina la acción, hace ver las implicaciones de una persona, de más personas, de una estructura, de más estructuras y por lo tanto las consecuencias de estas implicaciones. Aquí se coloca la determinación de actuar de los anarquistas. Sin embargo una vez que actúan junto a otras personas, deben también tratar de construir organismos sobre el territorio, esto es organismos que tengan la capacidad de aguantarse, de causar consecuencias en la lucha contra el poder. No debemos olvidar en efecto, y es importante esta reflexión, que l poder se realiza en el espacio, es decir, el poder no es una idea abstracta. El control no sería posible si no estuviesen los cuarteles de policía, si no estuviesen las cárceles. El poder legislativo no sería posible si no estuviese el Parlamento, si no estuviesen los parlamentitos regionales. El poder cultural que nos oprime, que construye la opinión, no sería posible si no estuviesen las escuelas o las universidades. Ahora, las escuelas, las universidades, los cuarteles, las cárceles, las industrias, las fábricas, son lugares que se materializan en el territorio, son zonas acotadas en las que nosotros podemos movernos sólo si aceptamos determinadas condiciones, o sea si aceptamos el juego de las partes. Estamos aquí dentro porque hemos aceptado el juego de las partes, en caso contrario no habríamos podido entrar. Esto es interesante. Podemos utilizar incluso estructuras de este tipo, pero en el momento del ataque estos lugares nos son prohibidos. Si entrásemos aquí dentro con la intención del ataque, la policía nos lo habría impedido, me parece claro. Ahora, ya que el poder se realiza en el espacio, la relación del anarquista con el espacio es importante. Ciertamente la insurrección es un hecho individual y por lo tanto, en aquel sitio recóndito de nosotros mismos, por la tarde cuando nos estamos adormeciendo pensamos “...bueno, a fin de cuentas las cosas no van tan mal”, porque uno se siente en paz consigo mismo y se duerme. Aquí está, en este lugar particular que está privado de espacio, nos movemos como queremos. Pero después debemos además transitar nosotros mismos por el espacio de la realidad y el espacio, si lo pensáis bien, está casi exclusivamente bajo la tutela del poder. Consecuentemente, moviéndonos en el espacio, llevamos con nosotros estos valores de insurrección, estos valores revolucionarios, estos valores anarquistas y los medimos en un enfrentamiento en el que no estamos sólo nosotros. Debemos localizar pues los que son los objetivos significativos y si éstos están y, mira por dónde, estos objetivos están siempre y por doquier, contribuir a crear las condiciones para que la gente, los explotados, sobre cuya piel aquellos objetivos están prosperando, hagan algo para impedirlos. Este proceso revolucionario según lo veo yo es de naturaleza insurreccional. No tiene un fin (esto es importante) de naturaleza cuantitativa, porque la destrucción del objetivo o el impedimento del proyecto no puede ser medido en términos cuantitativos. Sucede que se me viene a decir: "Pero cuantas luchas hemos hecho en los últimos veinte, treinta años" y en cuántas ocasiones he hecho este discurso también yo mismo y cuántas veces me he oído decir: "¿Pero qué resultado hemos obtenido?” Incluso cuando se ha hecho algo, la gente después ni siquiera se acuerda de los anarquistas.? "¿Los anarquistas? ¿Pero quiénes son estos anárquicos, los monárquicos? Quizá los del rey". Las personas no se acuerdan bien. ¿Pero qué importancia tiene.? No es de nosotros que se deben acordar, sino que se deben acordar de su lucha porque la lucha es suya. Nosotros somos una ocasión en la lucha. Nosotros somos un algo más. En la sociedad liberada, en la anarquía ya llevada a término, o sea en una dimensión del todo ideal, los anarquistas, que en cambio son indispensables en la lucha social a todos niveles, entonces tendrían sólo el papel de llevar siempre más allá las luchas, eliminando incluso las más mínimas trazas de poder y perfeccionando cada vez más la tensión hacia la anarquía. Los anarquistas son los habitantes de un planeta incómodo en todos los casos, porque cuando la lucha va bien se les olvida, cuando la lucha va mal se les acusa de ser los responsables, de haber llevado la lucha de mala manera, de haberla llevado a un mal desenlace. Ninguna ilusión entonces respecto a posibles resultados cuantitativos: si la lucha que es realizada desde un punto de vista insurreccional es correcta, va bien, y los resultados, si los hay pueden ser útiles para la gente que la ha realizado, no desde luego para los anarquistas. No hace falta caer en la equivocación, en la que desgraciadamente muchos compañeros han caído, de pensar que el resultado positivo de la lucha pueda traducirse en un crecimiento de nuestros grupos, porque esto no es cierto, porque esto se traduce sistemáticamente en una desilusión. El crecimiento de nuestros grupos, y el crecimiento de compañeros desde un punto de vista numérico, son cosas importantes pero no pueden llegar mediante los resultados obtenidos, cuanto más bien por la construcción, la formación de aquellas ideas de fuerza, de aquellas dilucidaciones de las que hablábamos antes. Los resultados positivos de las luchas y el crecimiento también numérico de nuestros grupos son dos cosas que no pueden ligarse por un proceso de causa y efecto. Pueden estar en conexión entre ellas, pueden no estarlo. Quisiera decir aún dos palabras antes de concluir. He hablado de qué es el anarquismo, de qué es la democracia, de cuales son los equívocos que nos son colocados continuamente enfrente, de las formas en que se está transformando la estructura de poder que llamamos capitalismo moderno, capitalismo post-industrial, de unas estructuras de lucha de los anarquistas que hoy no son ya aceptables, del modo en el que hoy nos podemos contraponer a las que son las realidades de poder, y finalmente he hablado de las diferencias entre el anarquismo tradicional y el anarquismo insurreccional de hoy. Agradezco vuestra atención. Cúneo, 28 enero 1995 Alfredo Maria Bonanno ------------------------------------------------------------------ (*) Craxi: ex secretario general del PSI (Partido Socialista Italiano), ex jefe de gobierno, implicado en muchos juicios por financiación ilícita del partido, corrupción, etc. Ya condenado, en algún juicio, por la justicia italiana (8 años), se encontraba bajo varias órdenes de busca y captura. Falleció recientemente después de vivir varios años de “exilio” en su lujosa villa de Hammamet, cerca de Túnez. (**) Andreotti: miembro destacado de la DC (Democracia Cristiana) en los últimos 50 años. Varias veces jefe de gobierno, senador vitalicio, relacionado, durante el curso de su carrera, en decenas de sucesos oscuros desde la corrupción al asesinato, la asociación mafiosa y al intento de golpe de Estado. Siempre ha salido absuelto en los juicios. En el momento de darse esta charla tenía otro juicio: estaba acusado de ser quien ordenó el asesinato del periodista Pecorelli y, otra vez, de asociación mafiosa. (***) Riina: actualmente en la cárcel, está considerado, por los media y los jueces, el jefe supremo de Cosa Nostra (mafia siciliana). Fugitivo por decenas de años, ahora, algunos arrepentidos mafiosos lo relacionan con Andreotti. Al parecer los dos han sido vistos besarse en las mejillas, en el ritual mafioso sinónimo de hermandad y complicidad entre jefes. (****) Di Pietro: ex policía, ha sido el fiscal más destacado del equipo de “Mani Pulite” de Milán, el organismo que primero empezó a derribar el imperio del PSI. Exaltado por la muchedumbre como el salvador de la nación, dejó la fiscalía para entrar en política y ha sido ministro de obras públicas del gobierno durante unos meses, hasta que él mismo se ha visto involucrado en juicios por corrupción. (*****) Borrelli: fiscal jefe de Milán, coordinador del equipo de “Mani Pulite”. El presente texto es la transcripción de una conferencia titulada "Anarquismo y Democracia", celebrada en Cúneo (Italia) el 28 de enero por Alfredo M. Bonanno en la sala de reuniones del liceo científico "G. Peano". La primera edición en castellano apareció en marzo de 1997 de la mano de Arsénico. Posteriormente ha sido reeditado en fotocopia por Ediciones Luna Negra.

"Ciudadanos y ciudadanas, gracias por su atención. Después de recorrer frías montañas y atravesar cálidos desiertos, de enfrentarse con temibles monstruos antisistema y de salir victorioso de decenas de casos de corrupción, por fin ha llegado a su ciudad el inigualable, el magnífico, el incomparable.... ¡el circo político! En el circo político tendrán la oportunidad de encontrar a quienes saben qué hacer contra todos los males sociales: el paro, la crisis, los recortes, las privatizaciones... ¡qué nadie se preocupe, están en buenas manos! ¿No llega a fin de mes? ¿Le preocupa que la sanidad deje de ser pública? ¿Está toda su familia en paro? El circo político tiene todas las soluciones... tan sólo tiene que votar, vote al circo político y será feliz, vote al circo político y será un buen ciudadano, vote al circo político y todo mejorará... no se lo piense más y ¡vote de una vez!" Y entonces me desperté sobresaltado de una furtiva cabezada después de almorzar. Definitivamente no debería dormirme justamente después de ver los anuncios electorales. Pero ciertamente "ya están aquí", como si de una invasión alienígena se tratara, los políticos abandonan sus planetas natales llenos de coches oficiales, sillones de cuero y jamón del bueno para integrarse por unos días con la gente corriente. Durante este tiempo intentarán inocular su adictiva palabrería en nuestros cerebros para convencernos de que tienen el conocimiento y la capacidad para hacer de nuestra vida un fabuloso paraíso de abundancia, con agua cristalina, trabajo, dinero, mariposas y flores de colores... y claro, si esto todavía no es así, es siempre culpa de "los otros", porque ellos son magníficos, honorables, honrados y maravillosos. Entonces llamaron al portero del piso, como siempre estropeado... -¿sí? -respondí a la vez que un sonido ininteligible salía del auricular- Pues nada, les abriré que seguro que será publicidad. Al poco tocaron en mi puerta. Vaya horas -dije-, y yo aquí medio dormitando... abro la puerta y encuentro a dos personas, un hombre y una mujer. - Hola, encantados de saludarle, como bien sabrá, nuestra sociedad está aquejada de muchos males... - ¿Son ustedes Testigos de Jehová? -les pregunté- - No caballero, le venimos a presentar la candidatura de nuestro partido político para las próximas elecciones municipales, el cambio que nuestra localidad necesita... - Pues casi hubiera preferido que fueran Testigos de Jehová -pensé-. Les agradezco mucho el interés, pero es que yo no voto. Entonces clavaron su mirada en mí, entre asqueada y prepotente, para en seguida comenzar con la típica retahíla: - ¿Cómo que usted no vota, caballero? ¿Usted no sabe que si no vota se une su voto a la mayoría? ¿Usted no sabe que es un derecho conquistado con el esfuerzo de muchas personas? ¿Prefiere usted una dictadura? ¿No sabe que para cambiar la situación debe movilizarse el electorado? ¿No sabe usted que eso muestra la irresponsabilidad y pasotismo de un ciudadano poco comprometido e insolidario?... Mire, le dejamos estos panfletos y ya usted si quiere los mira tranquilamente... ¡porque el cambio sí es posible! - Pues nada, gracias... -les despedí y raudo me dirigí a tirarlos, al cubo azul, claro está- Después de esta experiencia de "campaña puerta a puerta" volví a sentir la incomprensión, intolerancia e incluso la rabia de las personas a las que expongo mi postura abstencionista. Sin duda, creo que es la postura más denostada por todos los "demócratas", de izquierda y derecha, revolucionarios y reformistas, liberales y anticapitalistas, progresistas y conservadores. Tanto es así que de vez en cuando, como me pasó ese día, me siento tranquilamente y me pregunto yo mismo: "¿Por qué será que yo no voto?" y reflexiono: ¿Será por la corrupción de los políticos? Probablemente el motivo más evidente es la podredumbre manifiesta e indisimulada de la "casta política". El mangoneo no entiende de fronteras ni de color político. FIT, PRO, FPV, FAP... todos, y cuando digo todos es todos, demuestran a rajatabla la máxima que "el poder corrompe", aunque la mayoría ya venían corruptos de casa. Pues si el poder corrompe, y así está más que demostrado, destruyamos el poder como lo conocemos ahora y creemos nuevas fórmulas de organización ("¡qué miedo, algo nuevo!", pensará alguno). Pero no sólo debemos hablar de la corrupción literal de los que roban dinero público y que, por supuesto, nunca pasan por la cárcel (que para eso ellos son los que hacen las leyes), sino de la propia estafa del aparataje político que dota de generosos sueldos y beneficios de todo tipo a los 8.112 alcaldes, 65.896 concejales, 1.206 parlamentarios autonómicos, 1.031 diputados provinciales, 650 diputados y senadores, 139 responsables de Cabildos y Consejos insulares y 13 consejeros del Valle de Arán que tenemos en el Estado español. Aquí no se contabilizan el séquito de consejeros político que todo cargo político que se precie posee para, sobre todo, mantener su privilegiado estatus, ya que, como muestran las evidencias, los políticos, en ningún caso, tienen interés en la mejora de los ciudadanos. Una vez que un político entra en la casta, hará todo lo posible por mantener sus privilegios y formar parte de la oligarquía política, convertidos en felices y complacientes títeres del capital con su parcelita de poder asegurada. Eso sí, deben cumplir un estricto requisito que nada tiene que ver con poseer un título académico, pasar por unas oposiciones o demostrar sus capacidades de gestión, el único requisito es tener la suficiente bajeza moral que te permita, por ejemplo, cantar la Internacional mientras cobras 20.000 euros al mes o poder conciliar el sueño sabiendo que eres cómplice de asesinato en múltiples guerras. ¿De verdad alguien piensa que voy a legitimar con mi voto las corruptelas de esta carroña? Lo siento mucho, pero búsquense a otro. ¿Será porque votar no ha cambiado ni cambiará nada? Uno de los argumentos más reiterados por los "defensores de la democracia" es que si no votas por uno u otro, no se cambiará nada y que al no votar se está favoreciendo el continuismo político y los que salen beneficiados son los grandes partidos mayoritarios. Estas son consignas típicas que se han difundido de forma interesada pero sin más argumentos que la rumorología y sin más fundamento que el hacer verdad una mentira mil veces repetidas. Si no votas, no votas y tu voto no va ni a la mayoría ni a la minoría. Simplemente, no se te tiene en cuenta y punto y precisamente esto está hecho así para blindar posibles protestas que mediante la abstención los ciudadanos puedan acometer contra el sistema. El encuentro se jugará, vaya un espectador o vayan mil. La diferencia es que si un partido necesita un 5% para obtener representación y de 1.000 personas, votan 100, pues con 5 personas que les voten, ya tendrán representación, mientras que si votan las 1.000 necesitarán 50, por lo que, como se puede observar y de forma indirecta, la alta abstención puede favorecer la pluralidad, aunque en ningún caso esa sea la intención de los abstencionistas. Por otro lado, a los que consideran que si no votas, nada cambiará, me gustaría que echaran la vista atrás y que corroboraran los grandiosos cambios políticos y económicos que las elecciones pasadas han favorecido en las últimas décadas.... ¡ninguno! Desde la entrada en el gobierno central del PSOE socialdemocristiano de principios de los ochenta vemos como únicamente se han conseguido ciertos avances con las movilizaciones masivas de los trabajadores, con las huelgas generales, con la presión directa hacia los mandatarios y amenazando las fuerzas económicas. Da igual qué siglas estén en el poder, que su rol siempre será el mismo. Pero todavía alguien podría pensar y argumentar que es que todavía no ha llegado el partido correcto al poder, aquel partido que, como la parusía cristiana, llegará de forma gloriosa a traer algún tipo de revolución desde las poltronas del gobierno. En primer lugar no sé qué les hace pensar que cualquier otro partido se comportará de forma diferente a los que actualmente están, qué les hace pensar que el cambio de élites se traducirá en mejores condiciones, si así lo creen, que tomen como ejemplo el mencionado PSOE(España) y su discurso antes de hacerse con el poder en 1982. En segundo lugar, es una posición bastante cómoda, pasiva, como el cristiano que cree que con rezar, todas las injusticias desaparecerán. Claro, existe otra postura más pragmática que es la del "voto útil", cuyo fundamento es votar al menos malo con la lógica de que si no votamos, la malvada derecha neoliberal vendrá a quitarnos derechos y a privatizar todo lo público, así, mejor votemos al PSOE que por lo menos defiende los valores del estado del bienestar, los derechos sociales y lo público. ¿Qué el PSOE defiende el estado del bienestar, los derechos sociales y lo público? Necesito tomar un poco el aire, ahora vuelvo... ¿Será porque el problema está en el propio sistema? Pero seamos sinceros, no podemos dejar caer toda la culpa en los sufridos políticos, en cierta manera, no son más que oportunistas que como los zorros hacen en las madrigueras de los conejos, intentan aprovecharse de los huecos que el capitalismo y el verdadero poder, el económico, les deja. El problema es que, independiente del partido que llegue al poder y por mucho programa revolucionario que se tenga en el papel, los poderes fácticos, las grandes empresas, los bancos, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Club Bilderberg son los que se encargarán de gobernar realmente y a ellos no se les puede votar ni dejar de votar. A ver si vamos desechando la incorrecta utilización de la palabra "democracia" para definir el régimen político en el que vivimos, para comenzar a utilizar otra terminología más acercada a la realidad, por ejemplo, podríamos llamarle "plutocracia parlamentaria" es decir, que el poder real reside en quienes tienen las fuentes de riqueza y la función del parlamento es hacer oficial sus decisiones, además de tomar otras medidas de carácter menor o anecdótico. ¿Será porque la democracia o es directa o no es? Y es que, efectivamente, para hablar de democracia, hay que hablar de poder del pueblo, no de una parte del pueblo (oligarquía), sino de todo el pueblo. La denominada democracia parlamentaria sólo busca la creación de burocracias que retroalimenten el propio sistema, aún siendo totalmente ajenas a las personas y sus problemas. No basta con cambiar la propia ley electoral o el sistema D'Hont, lo ideal sería buscar otros ejes de desarrollo social, mediante el apoyo mutuo, el reparto del poder y la capacidad de decisión directa sobre todo aquello que nos afecta. Ya está bien de que otros elijan por nosotros, ya esta bien de legitimar que otros, que ni tan si quiera conozco, tengan la función de gobernarme y de imponerme su discutible moralidad sin que no exista más opción que elegir entre la rata negra y la rata marrón. Ciertamente, el derecho al voto pudo considerarse un importante avance en su momento, al igual que la máquina a vapor también lo fue en el campo industrial y de los transportes y por ello nadie reivindicó que se debiera seguir utilizando de forma indefinida sin mejorar y avanzar en otras formas de producción y transporte. Por cierto, a quienes se jactan de la perfección y universalidad de nuestro sufragio, me gustaría recordarles que todavía hoy existe un importante colectivo de miles de personas con discapacidad intelectual que en nuestro país tienen vetado el derecho al voto. ¿Será porque mi libertad no cabe en un voto? En cierta ocasión, Marcuse afirmó que "La libre elección de amos no suprime ni a los amos ni a los esclavos". Aquí la cuestión no es que podamos elegir quién nos oprime, sino la propia opresión. Lógicamente, mis pretensiones son de mayores cotas de libertad en solidaridad, de decisión, de responsabilidad y de autogestión. Esta democracia no existe, es una quimera, y a quién crea que con estas palabras defiendo una dictadura, les recuerdo una cita de Durruti que sentenciaba que "Ningún gobierno lucha en contra del fascismo para destruirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se les escapa de sus manos, alzan el fascismo para mantener sus privilegios", así pues, que tenga cuidado con "su democracia" no vaya a ser que algún día le dé alguna desagradable sorpresa. Por mi parte, yo seguiré luchando, día a día, mes a mes y año a año por un mundo mejor, por crear conciencia, dar ejemplo y llevar a la práctica todo aquello en lo que creo. La revolución empieza por ti mismo, en la universidad, el tajo y la calle. Toma las riendas de tu vida y niégate a ser partícipe de la farsa electoral, sé tú el único responsable de tus actos... ¿Crees que soy utópico? Claro que sí, pero tú eres más el utópico al creer que votando cambiará algo. Corre, ve a votar y dentro de cuatro años, vuelve a reflexionar. Por lo que a mí respecta, me he vuelto a convencer. Estas elecciones, abstención activa. http://koopiloto.blogspot.com

A continuación un capitulo del libro titulado "El ABC del comunismo libertario", de Alexander Berkman. Para quien tenga ganas de leer y reflexionar Considera cómo la vida y su significado real se ha trastocado y trastornado. Mira cómo tu propia existencia está envenenada y se ha convertido en algo miserable a causa del sistema absurdo. ¿Dónde se encuentra el objetivo de tu vida, dónde el gozo de ella? La tierra es rica y hermosa, el rayo del sol brillante debería alegrar tu corazón. El genio y el trabajo del hombre han conquistado las fuerzas de la naturaleza y han utilizado la luz y el aire para el servicio de la humanidad. La ciencia y la invención, el trabajo y el esfuerzo humano han producido riquezas indecibles. Hemos tendido un puente sobre los mares in orillas, la máquina de vapor ha aniquilado la distancia, la chispa eléctrica y el motor de gasolina ha desencadenado al hombre de la tierra y ha encadenado incluso a la atmósfera para que atienda sus órdenes. Hemos triunfado sobre el espacio, y los rincones más lejanos del globo se han aproximado. La voz humana circunda ahora los hemisferios, y a través del firmamento se mueven veloces mensajeros, que portan el saludo del hombre a todos los pueblos del mundo. Sin embargo, el pueblo gime bajo unas cargas pesadas y no hay gozo en sus corazones. Sus vidas están llenas de miseria, sus almas están frías con la necesidad y la carencia. La pobreza y el crimen llenan cada país; miles de hombres son presa de la enfermedad y de la locura, la guerra destruye a millones y trae a los que viven la tiranía y la opresión. ¿Por qué existe esta miseria y estos asesinatos en un mundo tan rico y tan hermoso? ¿Por qué todo el sufrimiento y el dolor sobre una tierra tan llena de la esplendidez y de la claridad de la naturaleza? «Es la voluntad de Dios», dice la Iglesia. «La gente es mala», dice el legislador. «Tiene que ser así», dice el imbecil. ¿Es verdad? ¿Tiene realmente que ser así? Tú y yo, cada uno de nosotros, todos deseamos vivir. No tenemos sino una vida y deseamos hacerla lo mejor posible, exactamente así. Deseamos el mismo gozo y claridad mientras vivimos. No sabemos lo que ocurrirá cuando hayamos muerto. Nadie lo sabe. Las posibilidades son que una vez muertos permaneceremos muertos. Pero sea o no sea esto así, mientras vivamos todo nuestro ser tiene ansia de gozo y de risa, de claridad y de felicidad. La naturaleza nos ha hecho de esta forma. Te ha hecho y me ha hecho, y a millones como nosotros, de tal modo que anhelamos la vida y el gozo. ¿Es correcto y justo que tengamos que ser privados de ello y permanecer para siempre los esclavos de un puñado de hombres que disponen de nosotros y de nuestra vida? ¿Puede ser esto «la voluntad de Dios», como nos dice la Iglesia? Pero si hubiera un Dios, tendría que ser justo. ¿Permitiría él que seamos defraudados y despojados de la vida y de sus gozos? Si hubiera un Dios, tendría que ser nuestro padre y todos los hombres serían sus hijos. ¿Permitiría un buen padre que algunos de sus hijos sufriera hambre y miseria, mientras que los otros tienen tanto que no saben qué hacer con ello? ¿Soportaría que miles e incluso millones de sus hijos fueran asesinados y destrozados precisamente por la gloria de algún rey o por la ganancia del capitalista? ¿Sancionaría él la injusticia, el ultraje y el asesinato? No, amigo mío, no puedes creer eso de un buen padre, de un Dios justo. Si la gente te dice que Dios desea tales cosas, ciertamente te mienten. Tal vez digas que Dios es bueno, pero que la gente es mala y que esa es la razón por la que las cosas van mal en el mundo. Pero si la gente es mala, ¿quién la hizo así? Seguramente no crees que Dios hizo a la gente mala, porque en ese caso él mismo sería responsable de ello. Entonces esto significa que si la gente es mala, alguna otra cosa la hizo así. Esto pudiera ser. Vamos a examinarlo. Veamos cómo es la gente, qué es y cómo vive. Veamos como vives tú. Desde la primera infancia te han instruido que tenías que tener éxito, que debías «hacer dinero». Dinero significa comodidad, seguridad, poder. No importa quién eres, se te valora por lo que «vales», por el tamaño de tu cuenta en el banco. Así te lo han enseñado y lo mismo le han enseñado a todos los demás. ¿Te puedes extrañar de que la vida de cada uno se convierta en una caza del dinero, del dólar y que toda tu existencia se haya vuelto una lucha por la posesión, por la riqueza? El hombre de dinero crece a medida que se la alimenta. El hombre pobre lucha por vivir, por un pedazo de comodidad. El hombre acomodado desea mayores riquezas que le den seguridad y protección contra el temor del mañana, y cuando se convierta en un gran banquero no debe aminorar sus esfuerzos, tiene que mantener la mirada atenta en sus competidores por temor a perder la carrera y que le gane otro. Así, todo el mundo se ve obligado a tomar parte en la caza salvaje y el hambre por la posesión cada vez se apodera más del hombre. Se convierte en la parte más importante de la vida; cada pensamiento es sobre el dinero, todas las energías se dirigen a llegar a ser rico y actualmente la sed de riqueza se convierte en una manía, en una locura que se apodera de aquellos que tienen y de los que no tienen. De este modo la vida ha perdido su único significado verdadero de gozo y de belleza; la existencia se ha convertido en algo irracional, danzará alrededor del becerro de oro, una adoración loca del Dios Mammom. En esa danza y en esa adoración el hombre ha sacrificado todas sus cualidades más delicadas del corazón y del alma: la amabilidad y la justicia, el honor y la virilidad, la compasión y la simpatía hacia sus prójimos. «Cada uno para sí y que el diablo coja al último», esto tiene que convertirse forzosamente en el principio y acuciar a la mayoría de la gente bajo esas condiciones. ¿Se puede uno extrañar que con esa caza loca del dinero se hayan desarrollado los peores rasgos del hombre: la codicia, la envidia, el odio y las pasiones más bajas? El hombre crece corrompido y malo; se hace infame e injusto; recurre al engaño, el robo y el asesinato. Mira más cerca y considera cuantas maldades y crímenes se cometen en tu ciudad, en tu país, en el mundo en general, a cauda del dinero, de la propiedad y de la posesión. Mira lo lleno que está el mundo de pobreza y de miseria; mira a miles que caen presas de la enfermedad y la locura, del destino y del ultraje, del suicidio y del asesinato; y todo esto por las condiciones inhumanas y embrutecedoras en las que vivimos. Con toda verdad ha dicho el hombre sabio que el dinero es la raíz de todo mal. A dondequiera que mires verás el efecto corrosivo y degradante del dinero, de la posesión, de la manía por tener y por poseer. Todos están furiosos por conseguir, por apropiarse de la manera que sea, por acumular tanto como puedan, de modo que puedan disfrutar hoy y asegurarse para el mañana. ¿Pero tienes que decir por ello que el hombre es malo? ¿No se ve forzado a tomar parte en esta caza del dinero por las condiciones de la existencia, por el desatinado sistema en el que vivimos? Pues no tienes elección: tienes que participar en la carrera o sucumbir. ¿Es tu culpa entonces que la vida te fuerce a ser y a actuar de esa manera? Reflexiona y verás que en el fondo no eres en absoluto malo, sino que las condiciones te impulsan con frecuencia a hacer cosas que tú sabes que son malas. Tú más bien no las harías. Cuando te lo puedes permitir, tu impulso consiste en ser amable y ayudar a los demás. Pero si siguieras tus inclinaciones en esta dirección, descuidarías tus propios intereses y pronto estarías en la indigencia tú mismo. Por eso las condiciones de la existencia suprimen y ahogan los instintos de amabilidad y de humanidad que existen en nosotros y no nos endurecen frente a la necesidad y la miseria de nuestros prójimos. Esto lo verás en cada fase de la existencia, en todas las relaciones entre los hombres, a través de toda nuestra vida social. Por supuesto, si nuestros intereses fueran los mismos, no habría necesidad de sacar ventaja alguna de los demás. Porque lo que sería bueno para Jack lo sería también para Jim. Ciertamente, como seres humanos, como hijos de una humanidad, realmente tenemos los mismos intereses. Pero como miembros de una estructura social disparatada y criminal, nuestro sistema capitalista actual, nuestros intereses no son en modo alguno los mismos. Dé hecho, los intereses de las diferentes clases de la sociedad son opuestos; son hostiles y antagónicos, tal como he señalado en los capítulos precedentes. Esa es la razón por la que ves a los hombres aprovechándose unos de otros, cuando pueden beneficiarse con ello, cuando se lo dictan sus intereses. En el negocio, en el comercio, en las relaciones entre empresario y trabajador, en todas partes encontrarás en acción este principio. Cada uno intenta aventajar a su prójimo. La competencia se convierte en el alma de la vida capitalista, comenzando por el banquero millonario, el gran industrial y el señor de la industria, pasando por toda la escala social y económica, hasta el último obrero en la fábrica. Pues incluso los obreros se ven forzados a competir mutuamente en busca de empleos y de una paga mejor. De esta forma toda nuestra vida se convierte en una lucha del hombre contra el hombre, de una clase contra otra. En esa lucha se utiliza cualquier método para conseguir el éxito, para hundir a tu competidor, para elevarte por encima de él, mediante todos los medios posibles. Está claro que unas condiciones así desarrollarán y cultivarán las peores cualidades del hombre. Está tan claro como que la ley protegerá a los que tengan poder e influencia, al rico y al acomodado, sea cual fuere el procedimiento por el que consigan sus riquezas. El pobre tiene que llevar inevitablemente la peor parte en tales circunstancias. Intentará hacer lo mismo que hace el rico. Pero como no tiene la misma oportunidad para hacer avanzar sus intereses baja la protección de la ley, lo intentará con frecuencia fuera de la ley y caerá en sus redes. Aunque no hizo sino lo que suele hacer el rico -aprovecharse de alguien, engañar a alguien-, lo hizo «ilegalmente», y tú le llamas criminal. Mira, por ejemplo, ese pobre niño en la esquina de la calle. Está harapiento, pálido y medio muerto de hambre. Ve a otro niño, el hijo de unos padres ricos, y ese niño lleva estupendos vestidos, está bien alimentado y no se digna siquiera jugar con él. El niño harapiento está encolerizado con él, está resentido y odia al rico. Y por dondequiera que va el niño pobre experimenta lo mismo: es ignorado y escarnecido, con frecuencia le dan patadas, siente que la gente no piensa de él como del niño rico, con el que todo el mundo es respetuoso y atento. El niño pobre se amarga. Y cuando crece, ve de nuevo lo mismo: se admira y respeta al rico, se recibe a puntapiés al pobre y se le desprecia. De este modo el niño pobre odia su pobreza y piensa cómo podría llegar a ser rico, conseguir dinero e intenta conseguirlo de cualquier manera que puede, aprovechándose de los demás, lo mismo que los demás se han aprovechado siempre de él, engañando y mintiendo, y algunas veces incluso cometiendo un crimen. Entonces dices tú que es «malo». ¿Pero no ves lo que lo ha hecho malo? ¿No ves que las condiciones de toda su vida lo han hecho lo que es? ¿Y no ves que el sistema que mantiene esas condiciones es un criminal más grande que el ladrón insignificante? La ley intervendrá y lo castigará, pero ¿no es la misma ley que permite que existan esas malas condiciones y que sostiene el sistema que hace criminales? Reflexiona y mira si no es la misma ley, el gobierno, la que realmente crea el crimen al obligar a la gente a vivir en condiciones que las hacen malas. Considera cómo la ley y el gobierno sostiene y protege el crimen más grande de todos, la madre de todos los crímenes, el sistema salarial capitalista, y luego se pone a castigar al criminal pobre. Considera: ¿existe alguna diferencia si haces algo malo protegido por la ley o si lo haces al margen de la ley? La cosa es la misma y los efectos son los mismos. Peor aún: cometer una maldad legalmente es un mal mayor porque causa más miseria e injusticia que la maldad ilegal. El crimen legal prosigue todo el tiempo; no es punible y se hace fácilmente, mientras que el crimen ilegal no es tan frecuente y está más limitado en su objetivo y en su efecto. ¿Quién causa más miseria, el rico industrial que reduce los salarios de miles de obreros para engrosar sus ganancias, o el hombre que queda sin trabajo y que roba algo para no morir de hambre? ¿Quién comete una maldad mayor, la mujer del magnate industrial que gasta mil dólares en un collar de plata para su perro faldero, o la muchacha insuficientemente pagada en el almacén del magnate que es incapaz de resistir la tentación y se apropia de alguna baratija? ¿Quién es un criminal mayor, el especulador que acapara el mercado del trigo y saca un millón de dólares de ganancia elevando el precio del pan del pobre o el vagabundo sin hogar que comete algún robo? ¿Quién es un enemigo mayor, el codicioso barón del carbón responsable del sacrificio de vidas humanas en las minas malamente ventiladas y peligrosas, o el hombre desesperado culpable de asalto y de robo? No son los males y los crímenes castigados por la ley los que causan más daño en el mundo. Son los males legales y los crímenes no castigables, justificados y protegidos por la ley y el gobierno, los que llenan la tierra con la miseria y la necesidad, con la reyerta y el conflicto, con las luchas de clases, la matanza y la destrucción. Oímos mucho sobre el crimen y los criminales, sobre asaltos y robos, sobre ofensas contra las personas y la propiedad. Las columnas de la prensa diaria están llenas de esas historias. Se consideran las «novedades» del día. Pero, ¿oyes mucho sobre los crímenes de la industria y de los negocios capitalistas? ¿Te dicen los periódicos algo sobre el robo y el hurto constante que suponen los salarios bajos y los precios elevados? ¿Escriben mucho sobre la difundida miseria que causa la especulación del mercado, la adulteración del alimento, las mil y una formas de fraude extorsión y usura sobre los que florecen los negocios y el comercio? ¿Te dicen las maldades, la pobreza, los corazones rotos y arruinados, la enfermedad y muerte prematura, la desesperación y el suicidio que siguen como una procesión constante y regular al despertar del sistema capitalista? ¿Te dicen la aflicción y la angustia de los millares que son arrojados fuera del trabajo, sin que nadie se preocupe de si viven o mueren? ¿Te dicen algo sobre los salarios de hambre pagados a mujeres y muchachas en nuestras industrias, salarios miserables que las obligan directamente a prostituir sus cuerpos para ayudarse a duras penas a sobrevivir? ¿Te dicen algo sobre el ejército de parados que el capitalismo mantiene dispuesto para quitarte el pan de tu boca cuando te pongas en huelga por una paga mejor? ¿Te dicen que el paro, con toda su angustia, sufrimiento y miseria se debe directamente al sistema capitalista? ¿Te dicen cómo la fatiga y el sudor del esclavo asalariado quedan acuñados en ganancias para el capitalista? ¿Te dicen cómo la salud del obrero, su mente y su cuerpo son sacrificados a: la codicia de los señores de la industria? ¿Te dicen cómo el trabajo y las vidas, son desperdiciados en la estúpida competencia capitalista y en una producción sin plan? Ciertamente, ellos te refieren una gran cantidad de cosas sobre crímenes y criminales, sobre la «maldad« y la «perversidad» del hombre, especialmente de las clases «inferiores», de los obreros. Pero no te dicen que las condiciones capitalistas producen la mayoría de nuestros males y crímenes, y que el mismo capitalismo es el crimen más grande de todos, que devora más vidas en un solo día que todos los asesinos puestos juntos. La destrucción de vidas y propiedades que han causado los criminales en todo el mundo desde que comenzó la vida humana es mero juego de niños comparada con los diez millones de muertos y los veinte millones de heridos, y el estrago y la miseria incalculables originados por un solo acontecimiento capitalista, la reciente Guerra mundial. El enorme holocausto era el hijo legítimo del capitalismo, lo mismo que todas las guerras de conquista y de ganancia son el resultado de los intereses financieros y comerciales conflictivos de la burguesía internacional. Fue una guerra para las ganancias, como lo admitió posteriormente Woodrow Wilson y su clase. De nuevo las ganancias, como ves. Acuñando carne y sangre humanas en ganancias con el hombre de patriotismo. «¡Patriotismo!», protestas tú. «¡Y qué, esa es una causa noble! » «¿Y el desempleo?», pregunta tu amigo. «¿Es responsable el capitalismo también de eso? ¿Es la culpa de mi patrón que no tenga trabajo para mí?»