V

Vanders

Usuario (España)

Primer post: 27 abr 2009Último post: 19 may 2013
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La Letra Con Sangre Entra
La Letra Con Sangre Entra
ArteporAnónimo11/19/2009

Primera parte El conocimiento nos hace responsables. Ernesto “Che” Guevara Cuando yo estaba en la secundaria, ser buen estudiante era de muy mal gusto. Promover el caos y concentrarse en posibles amores y romances, ocupaban la pensadora de los estudiantes de bien. OK, aunque éramos jovencísimos, poseíamos cierta vanidosa erudición. Mucho nos encantaba ejercitar la curiosidad. Para nosotros, Lorenzo de Médici y la entrepierna de nuestras compañeras, tenían, acaso, la misma raíz volitiva. ¡Oh, Afrodita! Irónicamente, nuestro éxito con las niñas del colegio a las que no les interesaba leer demasiado, era notable. Por otra parte, nuestra forma de nutrir a la ninfa del conocimiento la buscábamos en bibliotecas familiares, doctos papeluchos o en conversaciones con gente digna y esclarecida en la que podíamos abrevar y solazarnos. ¿Por qué elegíamos modos alternativos de aprendizaje? La respuesta hay que buscarla en nuestras profesoras, en sus asquerosas actitudes. Ellas, nuestras profesoras, tenían la precaución de generarnos una peculiar repelencia. Eran máquinas tontas del Estado. Ineptas. Portaban ideas, claro está, pero el olor a naftalina y a bacalao putrefacto se anteponía a todo magisterio. Indefectiblemente, el desprecio por la filosofía, la ética y el arte, se reflejaban en un continuo desamor por la enseñanza. Tendían a glorificar la politiquería, la iteración vana, la fecha exacta y el gran falo de Freud. En ese ámbito de supuestas contradicciones estudiantiles, fue decidido El Cambio. Así, mi obra ofreció al mundillo educativo símbolos concretos que invitaron a reflexionar de manera en verdad sublime. Ojo, supe de antemano que sería un incomprendido. La prensa, verbigracia, me motejó de asesino serial, de psicópata y no sé cuántas cosas más. Hasta llegaron a compararme con Jack el destripador… Verdad es que, salvando las ominosas distancias, a Jack el destripador nunca lo atraparon y a mí tampoco. Sin embargo, las prostitutas del asesino inglés de seguro no ameritaron ser borradas: eran, sospecho, mujeres desprovistas de culpa. En cambio, mis especímenes encarnaron espíritus realmente jodidos que hacían mucho mal, que infectaban con el virus de la indolencia y la estupidez, y que encima obtenían sufragio de un sistema igualmente idiota y maligno. Jack el destripador fue un monstruo; yo: un Revolucionario, un intelectual comprometido hasta las últimas consecuencias. En realidad fuimos tres: Mario, Lucas y un servidor. Es cierto que ellos tenían el trabajo más ingrato y yo configuraba los planes de purificación, pero a efectos pragmáticos, perdóneseme la rústica metáfora, conformábamos una mesa de tres patas: si alguna faltaba, todo se venía abajo. De hecho, la necesaria conservación de mi integridad física determinó el fin de mis dos camaradas. Fue un gran dolor sacrificarlos por la causa. Ellos eran, lo sé, mejores que yo. Más revolucionarios y temerarios, pero más emocionales también. Sí, en ciertos menesteres la emoción juega en contra… Hay que pensar chicas, hay que pensar mucho; si pensás, la realidad cede, muestra sus rajaduras, se torna vulnerable a tu nuevo loop que la asimila y la reproduce modificada. Yo afirmo que no existe arma más poderosa que el pensamiento, excepto la belleza de una mujer adolescente. Pero mejor volvamos al relato, sin más homenajes y dilaciones inútiles. f: http://www.sursensual.com.ar

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Partido de filosofos, un golazo.
ArteporAnónimo12/11/2009

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La Letra Con Sangre Entra - (3 parte)
ArteporAnónimo11/22/2009

La tercera que debió escarmentar fue nuestra pretendida profesora de contabilidad de segundo año: Eleonora Guzmán. Era una mujer demasiado desagradable. Gritaba por cualquier nimiedad y le gustaba humillar en público a quienes se aburrían de sus explicaciones en tono monocorde. Era tan mala que la mayor parte de la clase no entendía la diferencia entre un activo y un pasivo. Huelga decir que se abstuvo de darnos educación financiera; le rehuyó como si fuera la peste. Gracias a ella, todos los años multitud de alumnos se “llevaban” Contabilidad a marzo. Yo también desaprobé. ¡Yo, que hice demasiados puntitos en mi test de coeficiente intelectual! Doña Guzmán era un desastre de profesora. Para colmo, se pintarrajeaba peor que un papagayo. Sospecho que maldecía su profesión. A veces, terminaba la clase faltando tres cuartos de hora, dejándonos con un gusto a tiempo perdido en la boca imposible de olvidar. Con ella no aprendimos nada, sólo un rechazo patológico por las leyes del debe y el haber. Eso, a la mayoría de los futuros esclavos de mi ciudad, le costó bastante caro. Pero no tan caro como a Doña Eleonora Guzmán. Pobre, la encontraron en el sillón de su casa mirando el techo con los ojos desorbitados y la boca llena de sustancia blanquecina. Los responsables de la autopsia revelaron a los medios de comunicación el valioso hallazgo: novecientos gramos de una mezcla de cobre, aluminio y níquel, en el estomago y el tracto digestivo. No podían creer la cantidad ingerida de moneditas de cinco centavos. En Pesos Argentinos eran doscientos veintidós con setenta y siete. Yo llevé la cuenta. Reconozco que fue un tedioso trabajo convencer a Doña Eleonora una y otra y otra y otra vez, pero cuando estaba a punto de batir un dorado record, la exánime humilladora tuvo la precaución de colapsar y vomitó ese espumarajo repugnante que brotaba a borbotones. Así las cosas, luego de la tercera reconvención educativa, cundió el pánico. Querían clausurar la escuela per secula. Todos fuimos interrogados. Evidentemente, todos éramos sospechosos, o sea: ninguno en particular. Se rumoreaba la desmayada pesquisa de algún profesor suplente con desordenes mentales, y hasta de empleados nuevos y antiguos del colegio. Mal que nos pese, nuestro sistema policial está a la altura de las otras instituciones… Infelizmente, el ruinoso templo del saber fue vetado por cuarenta días, y emprendieron toda clase de peritajes. Compulsaron datos, trazaron mapas criminológicos, tomaron huellas, en fin, investigaron muchísimo y dejaron cuenta de ello con una fastuosa campaña mediática. Yo estaba bastante tranquilo, sólo temía por la flaqueza de mis dos pares. No me decepcionaron: estoicos y discretos, acataron las necesarias recomendaciones. El Cambio, La Revolución, tenía su precio y nosotros lo sabíamos. Por cierto, cabe recordar que fueron cuarenta días de inesperadas vacaciones, repletos de optimismo. Además, gracias a mis paseos por el parque, conocí a un bioquímico jubilado y, con el tiempo, entablamos amistad. Entre partida y partida de ajedrez, logré que me enseñara buenas cosas. Merced a Don Camilo, conocí el doloroso desarraigo del pueblo gallego, y aprendí también a fabricar y manipular explosivos de alta gama. http://www.sursensual.com.ar

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Final de un escribiente (cuento viejo propio)
Final de un escribiente (cuento viejo propio)
ArteporAnónimo5/19/2013

A Thomas Chatterton Final De Un Escribiente Denominarlo asesinato resulta exagerado e imprudente. Decir que lo hice por piedad, sería comulgar con el santo error. Mejor digamos que este infortunado desliz se ubica entre el crimen prosaico y la eutanasia. De cualquier modo, lo curioso es el hecho infausto y el modo inelegante de ejecutarlo. Ok, en el rubro, veintidós puñaladas no es una cifra demoledora, pero tampoco es algo, digamos, baladí. ¿Por qué lo hice? Unos argumentan locura, otros: amor, amor en exceso. Afirmo que fueron las dos cosas al mismo tiempo. Aquí el escritor se detuvo, y comenzó a elucidar una continuidad más o menos digna. Buscaba una explicación sórdida y convincente, neurótica y a la vez justificada. Pero no, el cuentito estaba jodido. Quizás nació agonizando, pensó. Y el hecho de sentarse a escribir desprovisto de toda idea confirmaba de modo abyecto la sospecha. Era extraño: le había pasado dos veces en una misma semana. Diez inviernos de escritor encima y le empezaban a ocurrir cosas que, convengamos, a ciertas alturas ya son inadmisibles. Pensó en quitar la hoja de la máquina y recomenzar. Pero algo en su fuero interno le impedía deshacerse de aquella página infeliz que insistía en desconcertarlo. Soltó una puteada corta, se levantó de la silla y fue en busca de la botella de whisky sin abrir. Cuatro lunas ayunando lo habían reconstituido y autorizaban el brindis en solitario. Era un whisky español no demasiado malo. Al abrirlo, le gusto ver que el pico de la botella estuviera libre, sin el dispensador de plástico con una bolita adentro, ése que suelen traer todas las botellas de whisky. Bebió del pico uno, dos, tres, cuatro sorbos y luego de unos segundos, otro más. Ya pacifico, se asomó a la ventana y contempló el mediocre obelisco de la plazoleta que daba a su habitación. Más allá, detrás del obelisco-souvenir de la Plaza Cardenal Reig, vio muchas ventanas que daban a otras vidas. Vidas raras, pensó. La gente es rara, pensó. Yo soy bastante normal, pensó. Hizo una mueca parecida a una sonrisa, manoteó un pucho del paquete que estaba encima de la mesita de luz y lo prendió mientras se tiraba de espaldas en la cama de una plaza, de sábanas blancas de algodón. Fumaba triste, sin pensar en el puto cuento. Las volutas de humo subían caprichosas, dulcemente delineadas por el azar, perdiéndose con perfección en el oscuro del techo blanco. Una lamparita quemada colgaba de un cable. Linda metáfora, pensó, con la vista clavada en el techo. Las paredes de la habitación también eran blancas. No había ningún cuadro, ni póster, ni fotos (las fotos queman). Había otras cosas, o mejor dicho: había una sola y variada cosa: Libros, libros que pendían sobre antiguos clavos fijados a la pared. Libros abiertos por la mitad y bien pegaditos al tabique, pendiendo de esos clavos. Así, daban la dudosa impresión de caminar sobre las paredes. También había un libro abierto sobre un vidrio rectangular sostenido por una extraña estructura metálica. Otro libro cerrado en la mesa de luz y muchos otros libros en la biblioteca del cuartito contiguo donde asimismo estaban la máquina de escribir, la silla y el armario. En resumen, era una pieza llena de talismanes y poblada de una ausencia, una ausencia bendita… De modo imprevisto aquí me detuve, inútil. Apagué el cigarrillo sobre la hoja y lleno de incomunicable humillación dejé de escribir. Luego, lo sé, vinieron las pastillas que guardo en el armario. Luego las pastillas y unos cuantos tragos de whisky barato. *** Detalle cursi y romántico: al final no fueron veintidós puñaladas, al final fueron ansiolíticos mezclados con alcohol.

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La Letra Con Sangre Entra - (5 parte)
ArteporAnónimo11/26/2009

La quinta maestra que matamos, se llamaba Mirna Larroque. Era grandota, melenuda y mandona. Mirna fue nuestra profesora (es un decir) de Lengua y Literatura. La observancia de su cargo era muy floja, acomodaticia. Creo que no le gustaban los libros; lo suyo era la ingesta intensiva de tecitos con limón y la continua referencia indirecta al psicologismo pansexual. Su ramillete de vicios parecía inmarcesible. Fanática de la estrechez más empalagosa, nos martirizaba con los sutiles rigores del sujeto y el predicado. Un par de años aguantamos su presencia en la susodicha materia. Para ella, repito, lo imprescindible era infligir un tedio mortífero con las boleadoras de la oración bimembre. Vano es acordarme que jamás explicó los pingües beneficios de una gramática bien aprendida. Con todo, yo tengo para mí que deseaba con fervor la posibilidad de que alguna vez conociéramos su máximo fetiche transexual: el verboide. Pero, como estábamos en una casa de estudios que apenas rebasaba los confines del analfabetismo, su inconsciente anhelo era un real disparate. La verdad es que leíamos poquísimo. En tercer año sufrimos un acercamiento a las fastidiosas andaduras del Lazarillo de Tormes. En cuarto, nos encajó inaguantables fárragos empalagosos de un novelista peruano, amigo de cacofonías. Juro que no tuvimos noticia ni recomendaciones librescas. Una vez, por casualidad, arrimó la fotocopia de un cuento ” maldito” que nos pareció extraordinario. Pletóricos de felicidades de orden sintáctico, cada párrafo estaba cincelado con rectitud, hermosura y brillantez. La adjetivación, en aquel cuento, era única, magistral. Recuerdo lo mismo de su trama. Sin embargo, ese irrepetible acicate no funcionó: la mayoría de la clase, excepto nosotros, apenas dominaba la lectura en voz alta. Infame culpabilidad que recaía tanto en Mirna Larroque como sus predecesoras: lograron hacer de la literatura un mundo incomodo, gris, envenenado. Eso, para mí, fue un error imperdonable. Vamos, pocas cosas hay en la vida (quizás ninguna) más gratas que la dulzura de un libro abierto. Es un deleite incomparable. La posibilidad de conocer lo mejor de los mejores. La única manera de burlarse de la cronología y conversar con maestros y amigos ignotos. Cuando leemos, el tiempo parece anularse; es algo prodigioso. De acuerdo, toda explicación acerca de los beneficios que representa el goce de las letras resulta inmoral, paupérrima. La lectura, lejos de lo que puedan promover las mediocres pedagogas contemporáneas, la lectura es una de las formas de la felicidad. Sin libros la vida sería un error. ¡Tantos mentores! ¡Tantos genios negados por la estulticia de un sistema perverso e injusto! ¡Tanto Poder! Deplorablemente, Doña Mirna Larroque creyó saludable que practicáramos ayuno literario. ¡Nosotros pusimos fin a esa iniquidad! Y así, luego de agonizar diez noches en el hospital, esa vieja inservible abandonó de una vez por todas la pedagogía: el último tecito con limón, además de limón, llevaba sulfato de Talio. De acuerdo, es imposible describir el merecido sufrimiento de Doña Mirna Larroque. La cual padeció una irreparable y triste caída de cabello, y diarrea y náuseas y un soberbio destrozo neuronal. Ya absuelto de la tentación de abandonarme al detalle un tanto desagradable pero aleccionador, cabe recordar que las extraordinarias propiedades del Talio son conocidas incluso por lectores de Agatha Cristie, fabricadora de novelas de misteriosa calidad. http://sursensual.com.ar

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HPSLG: Vanguardia Argentina (lean, despues denuncien)
ArteporAnónimo4/27/2009

Manifiesto del HPSLG Reunidos y dominados bajo la superficiecongelada del mar de las ausencias, conjuramos el horror: nos hemos convertido en hombre-pez. Asi pues, con lo que resta de humana temeridad, avisoramos una caleisdoscopica espina clavada e impelida merced al pujante envion de nuestra nueva vejiga natatoria. Espina multicolor -que no se une con el bocho- fraguada en talleres argentinianos del mas puro japening. Reunidos y dominados por gusto nombramos protector y guia filcar de nuestras plumas de ganso amaestrado a Don Agustin God Popperola, L.E. 12.000. Gran curador portugues que para nosotros es la personificacion viva de POCHO, entidad re mitologica que campeara en casi todos nuestros lances venideros. Reunidos y dominados fundamos el Happening Poet Sender Luminous Group, y aclaramos lo seguienti: -Nuestra divisa heraldica es la pluma de ganso amaestrado y la sopapa de goma.-Como nuestro pulso es tardo eco de nuestras pletoricas realidadades, jamas, jamas esperen que cambiemos asolutamente nada. -La desidia, la estupidez y la neurosis pura y redonda cual cabeza de pato, sera la madre de nuestra piedra de toque vanguardiana: El japening. -Les daremos migajas de luz a las palomas ciegas. -A los colombofilos de la secta exegeta de las mancias de seguismundo, les ofreceremos grandes cantidades de huesitos de pollo. -Pocho es amor&odio en una sola unidad bien definida y solar. -La generalidad sera nuestra amiga confidente que nos expulsa del verdadero campo de vision.-Ejerceremos la pedanteria clasista, para caernos muy mal. Tirale el cuatro de bastos, tirale... -Es menester que el hpslg oscurezca su prosa lo mas posible. -Profanus venera lo ininteligible- para que aparezca interesante e inaccesible. Oscuridad y roña, ¡nunca deep diafanidad! -El hpslg abomina la sintaxis, el diccionario de la real academia celtibera y a viktor gracia de la concha, no. -El HPSLG se instituye como libertinaje destructor de cualquier literatura mas o menos razonable. -Scribimos empujado por la boludez y el desgano, desde alli combatiremosla. -Abominamos el dadaismo, el surrealismo y a los toxicomas del ´50; anhelamos ser clasicos y certeros, pero no nos da el cuero. Asado con cuero y vino tinto y un banderin de bangladesh. -Si bien sospechamos que los folletos de autoayuda en c.d. son para gente mas desesperada que nosotros intuimos que en la clausura-caricia secular esta lo mejorcito. -Adherimos a la lucha piquetera pero nunca militaremos, porque positivamente sabemos que "el piquete es para todos pero no todos somos para el piquete" -Nos instituimos locos y poetas y licenciados en comechingones y armadores de mediomundo. Instituidos, quedamos verificados y apludidos por todos los neologismos. -El Bohemio Burges sera admitido como antonomasico admirador del hpslG. -Hpslg fabricara su parafernalia textual ( plagios, biografias, epistolaje, puesia, conferencia y etchecoparilasis refalasada) con una soberbia tallarinera checoslovaca; la cual ha de funcionar bajo el metodo compositivo Libre y gratuito. -El hpslg ostentara algo de facho mal concebido y de progresista acomodaticio. - Mal que le pese al cyber- pisaverde, HPSlG no aplaudira a los putos ni a los faloperos ni los cipayos hindues. -Los modelos televisivos moldearan nuetras aletas. -Nuestro lenguaje mutilado sera la razon de los puntapies al Hombre Gutemberg conjuntamente a las ya celeberrimas concatenaciones asecuenciales; nuestros heroes de plasma seran nuestros ideologos. -Queremos el pensamiento lateral. ¡ploink! -Queremos nuestras pieles palidas y nuetras barrigas al sol: odiamos la bulimia y el concepto de belleza vivificante. Vivan los gordos, Miguel Jacson (de los Jacson Faiv), la sirenita y la dejadez. Y ni enbromurados aceptaremos las pautas publicitarias que pregonan estar feliz. -Como muestra de que seremos tolerantes, nuestra base de operaciones queda definintivamente declarada en Lousville, Kentucky (40233). -Toda semejanza con instituciones y entes ajenos a nuestra imaginationyip son mera casualidad dirigida por el inconciente. -Los sociologos y la mujer barbuda son perpetuo adolescente estupido. -Hsplg sera abusador de fraseologias: El ocio es la madre de todos los fontaneros de carapachay. -Seremos nuevos romanticos. Perseguidores de la Tutuc d´Or. -El HPSLG insistira que los balcones deben mirar siempre para alla, o sea para fuera, nunca, nunca para dentro. -Tememos la extemporaneidad. +Pomponnia sera nuestra patria.-Los integrantes del hpslg forjaran nuestro bagaje de conocimientos en manuales capelus y especiales del Discovolo veri yanel. glupglupglup. -El hpslg Reivindica el concepto de haren y serrallo persa y al sistema mormónico.-Aplaudiendo expresiones mas o menos complejas pero que no es arte ni ahi... -Sepanlon: los niños dorados de la secta moon son la alegoria depurada y el blanco movil de nuestras indecorosas invectivas. -Creemos en la asociacion fonetica y en los metempsicopatas, ya que nuetras ideas son de viejas que blandieron escobas, escobiyones y secadores de caucho, en el viejo chismodromo romano. -Nuestro traje de fajina sera la musculosa blanca de piqué, nuestro arbol el gomero y siempre que podamos iremos a mais...Si, alla vamos tiutiuc de or. -Estamos en lo falso, aun bajo la pezuña peluda de Quiron. soy lunch.23:05 p.m hasta 01:26 a.m.Herr Professor Kennsenn & Sir Bakernoon Fuente:hpslg.blogspot.com

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