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RadiaSama

Usuario (España)

Primer post: 17 ago 2012Último post: 22 ago 2012
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Hombres y mujeres.
Ciencia EducacionporAnónimo8/17/2012

ALGUNAS DIFERENCIAS RESULTAN OBVIAS Cuando un hombre va al aseo suele ir por una única razón, mientras que las mujeres utilizan los lavabos como salas sociales y habitaciones terapéuticas. Es absolutamente verosímil que dos mujeres entren en un lavabo siendo totalmente desconocidas y salgan siendo amigas íntimas y de por vida. Por el contrario, y en el caso de los hombres, la gente sospecharía si uno gritara a otro: "Hey, Frank, voy al lavabo, ¿quieres venir conmigo?". Los hombres se apoderan del mando a distancia del televisor y les encanta cambiar el canal mientras que a las mujeres les suele dar igual ver los anuncios publicitarios. Cuando están sometidos a una gran presión, los hombres beben alcohol e invaden otros países mientras que las mujeres prefieren comer chocolate e ir de compras. Las mujeres critican a los hombres por ser insensibles y descuidados, por no escuchar, por no ser afectuosos y compasivos, por no comunicarse, por no expresarles todo el amor que ellas necesitan, por no comprometerse en las relaciones, por preferir el sexo a hacer el amor y por dejar la tapa del inodoro levantada. Los hombres critican a las mujeres por su forma de conducir, por no entender las guías, por mirar los mapas al revés, por su falta de sentido de la orientación, por hablar demasiado sin ir al grano, por no tomar la iniciativa en el sexo más a menudo y por dejar bajada la tapa del inodoro. Parece que los hombres nunca son capaces de encontrar nada, pero siempre tiene ordenadores de compact-discs alfabéticamente. Las mujeres siempre se las apañan para encontrar el juego de llaves que se había extraviado, pero nunca encuentran el camino más corto para ir a su destino. Los hombres se creen el sexo más sentado. Las mujeres saben que lo son. ¿Cuántos hombres se necesitan para cambiar un rollo de papel de water? No se sabe, porque nunca se ha dado el caso. Los hombres se quedan maravillados de la capacidad de las mujeres parar entrar en una sala llena de gente y poder hacer inmediatamente un comentario sobre cada uno de los presentes. Por su parte, las mujeres no pueden creerse que los hombres puedan ser tan poco observadores. Los hombres se quedan asombrados de que una mujer no sea capaz de ver la luz roja intermitente del aceite en el cuadro del mando del coche y que, sin embargo, detecte sin problemas un calcetín sucio en un rincón oscuro a 50 metros. Las mujeres se quedan atónitas de que un hombre pueda aparcar el línea en un espacio minúsculo mirando por el espejo retrovisor y, pese a todo, nunca sepa encontrar el punto G. Si una mujer está conduciendo y se da cuenta de que está perdida, parará donde pueda y le pedirá a alguien que le indique el camino. Un hombre considera este acto una clara muestra de debilidad y por eso no le importa conducir en círculos durante horas y horas murmurando frases como: “Mira, he encontrado una nueva manera de llegar aquí”, “Sé que estoy cerca” y “Sí, me acuerdo de esa gasolinera”.

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El primer encuentro
El primer encuentro
ArteporAnónimo8/22/2012

Las primeras palabras que intenté pronunciar cuando le conocí me acercaron más a mi final, las últimas, las diré cuando mi corazón pulsante de sus últimos latidos en sus manos. No soy el típico arquetipo novelístico, mala vida (o mediocre, nunca pasando de la clase media), problemas emocionales, traumas, cargas familiares... Mis padres tenían cada uno 60 años y estaban perfectamente, mi infancia fue muy grata, aunque sin hermanos, mi ático del centro era espectacular, mi trabajo una fuente de dinero fácil y mi vida sexual... a la mínima oportunidad saltaba a por la presa, ayudado por mi labia. Todo ello no impidió que se me acercase. Eran las 7 de la mañana de un jueves cualquiera. Mis 25 años y yo estábamos perfectamente, terminando las abluciones matutinas de todo buen trabajador, cuando oí... lo oí, pero ¿qué oí? por aquel entonces no lo sabía. Terminé de arreglarme y salí. Llegué media hora después a mi trabajo. Algunos lo llamarían arte, yo lo llamaba estúpidas combinaciones aleatorias de colores con nombres rimbombantes que algunos cretinos con más dinero que frente daban su vida en comprarlo. Lo importante es que pagaba mis facturas.

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Típicos piques entre amigos.
ArteporAnónimo8/17/2012

link: http://www.youtube.com/watch?v=qXGAa0863Vs&feature=relmfu

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Luces
ArteporAnónimo8/22/2012

Me encontraba en medio de la central izquierda del norte de tu sentra. Tenía solo un acompañante, el cuervo de un lado negro, un ala y medio pico. Caminaba, cegado. Solo mi amigo de un ala y medio pico podía guiarme. Y es este camino que caminaba caminando el que recorría cegado. Cegado por dejar que el Mithos venciese al Logos. Cegado porque había descubierto que la bomba de mi pecho movía algo más que rubí, rubí al que ahora acompañaba una sustancia aún más pura que el éter, un nuevo elemento que nacía de aquel instrumento por el que perdía mi razón, aquel instrumento similar al mío, que uníamos gracia a un puente acuoso de papeles quemados. Papeles quemados que flotaban, cada uno con su brillo particular, pero cada vez más apagado. Lo que acompañaba al rubí era tan luminoso, era un conjunto de luces tan acogedoras y cálidas, que no podía relucir nada cerca con la misma intensidad, solo, tal vez, el instrumento ya mencionado. Porque al igual que el ser desarrolló una locura, el Mithos ha creado otra, aún más irracional, algo que escapa de mi Psique, y que pese a temer que me tema, o a temer que lo tema, me encanta esa irracionalidad. Y es por eso que continuo el camino que caminaba caminando, que aunque a veces se vuelva escarpado, o llueva y no pueda evitarlo, es el camino caminado más especial que he recorrido. Caminemos juntos.

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Relato corto
ArteporAnónimo8/20/2012

Bloodstained: Prólogo: Me llamo Daniel, y así es como empieza mi historia. Antes de empezar a leer, si crees que hay algo más después de la muerte, si piensas que el alma no se acaba a la vez que nuestra envoltura carnal, lee esto atentamente (si no también, incluso yo soy algo escéptico a que no exista ninguna explicación posible). En la noche de Hallowen de 2010 un grupo de amigos y yo decidimos reírnos un poco invocando a los muertos con una “ouija”, los más escépticos, me incluyo en esta lista, pensaban que no iba a pasar nada, mientras que algunos no podían evitar cagarse en los pantalones. El lugar elegido fue la antigua cárcel de mi ciudad, lugar que prefiero no mencionar, situada en el casco antiguo, en lo alto de un acantilado, un lugar abierto en una época en la que estaba todavía en boga la pena de muerte. Además, en este mismo sitio, a principios del siglo pasado, hubo una epidemia de viruela, en la que murieron cientos de personas, sufriendo, ya sea por el dolor, o por el hecho de notar como cada día tu cara está más deformada y emites un olor nauseabundo. Normal que algunos presos odiasen este sitio, incluso que se extendiese el rumor de que ni siquiera con la muerte se podía escapar de ese infierno. La única salvación de estos desgraciados era creer que solo podían escapar vivos, ya sea fugándose o siendo indultados, algo casi imposible, pero es que ni siquiera la muerte les abría el camino, pensamiento incitado por los gritos a medianoche, de los que era imposible localizar su origen, además de figuras temblorosas a finales de los pasillos que recordaban a antiguos compañeros de celdas. Entramos alrededor de la doce de la noche, después de un pequeño botellón. Antorcha en mano, abrimos una puerta que daba a un vacío con una altura de unos cinco-seis metros de profundidad y uno tres metros de largo. Teníamos la “suerte” de contar con un tablero de madera desvencijada de cuatro metros de largo y treinta centímetros de ancho para salvar esta distancia. Tras algunos lloros, gritos de yo no me muevo más a mitad de camino y nervios a flor de piel conseguimos malamente cruzar todos. Nos esperaba la escalera. Tras introducirnos unos diez metros en las profundidades, hayamos una estancia de aproximadamente cincuenta metros cuadrados, con el techo a cuatro metros de altura. Tan solo había una ventana, que por fuera daba a ras del suelo al final del acantilado, llamada la salida de emergencia, ya que si la puerta de entrada se cerraba, por cualquier motivo, este era el agujero que permitía una salida más segura, pero solo servía para aquellos con poco volumen, ya que era bastante estrecho. También a mano derecha, nada más entrar, continuábamos con otro túnel, en pendiente hacia abajo, lo que nos introducía más aún en las profundidades y en la oscuridad, levemente desgarrada por nuestras luces. Primero a la derecha, unos metros más adelante, a la izquierda, y luego todo recto. El terreno se empinaba levemente hacia arriba y al final del túnel había una abertura pasada una escalera de piedra empinada y muy desgastada, incluso algunos escalones estaban... o mejor dicho, no estaban. La supuesta escalera más bien era una rampa con montículos para facilitar ligeramente la subida. Esta escalera daba al patio principal de la cárcel. Los que conocía la zona se aseguraron de que no teníamos compañía, ya que este emplazamiento también era conocido como comuna de sintechos, yonkis, inmigrantes... a resumir, lo que se suele considerar como los despojos de la sociedad y para lo que íbamos a hacer preferíamos no tener compañía. Después de asegurarnos de que estábamos solo nos metimos por una serie de pasillos, algún tonto (culpable) hizo la típica broma al dejar atrás las duchas de la cárcel, pero por lo demás el resto del camino fue bastante tranquilo, las chicas del grupo no podían evitar quedarse enganchadas a los chicos, mientras que nosotros nos envalentonamos y nos aprovechamos de la situación dejando que nuestras manos se fuesen un poco del sitio políticamente correcto. Llegamos a una sala con baldosas en las paredes, todas ellas pintarrajeadas, se adivinaban algunas calaveras y el dibujo de un ahorcado. Y entonces empezamos... Improvisamos un tablero y usamos una pequeña moneda, proporcionada por mí, que simulaba un sextercio conseguido de manera ilícita del mercadillo medieval celebrado cada año cerca de donde nos encontrábamos. Algunos no se atrevieron a jugar, por lo que les pedimos que saliesen de la estancia. Alumbrados tan solo con unas velas, móviles apagados y un candil improvisado con servilletas, algodón, aceite y un envase de yogur de cristal nos miramos, sintiendo que ya no podíamos echarnos atrás. Llamamos a cualquier espíritu que se dignase a hablarnos, le pedimos que se manifestase moviendo una cadena sujetada por uno de nosotros y bueno... la llamada fue contestada. La cadena se balanceó en movimientos circulares, empezando lentamente, pero luego aumento la velocidad drásticamente, como para que nos asegurásemos de que ciertamente se movía por algún motivo que no podíamos explicar. Colocamos los dedos sobre la moneda y entonces lo sentimos. Era como si algo nos presionase, nos sujetase por la cintura y no quisiese soltarnos. Todos se medio agitaron para liberarse de la presión, todos menos yo. Reconocieron que se había relajado aquello que les oprimía, mientras que yo afirmaba no haber notado nada, cuando en realidad la fuerza que nos rodeaba parecía haber concentrado toda su fuerza en mí. Entonces empezamos a oír el ruido de unas cadenas. Cuando fuimos a levantarnos para huir de aquel lugar noté un pequeño tirón que me empujaba hacia abajo y tropecé, me intente volver a levantar pero seguía notando la misma fuerza, por lo que tuve que hace un mayor esfuerzo. Una vez de pie, ante las preguntas de los que me rodeaban, alegué que probablemente sería culpa de las copas que me había tomado antes. Malamente conseguí salir de aquel lugar, solo cuando cerré las puertas de aquella prisión noté que aquello que me tenía sujetado me había soltado. Capítulo uno: Si la muerte se acerca, ¿sería mejor acortarle el camino? Creo que no. — Sí, sí, ahora mismo vamos hacia allí – y tapando el teléfono me susurra-. Daniel, ¿dónde está la Crisol? — ¿Has quedado allí con Pilar? — Sí, que se iba a quedar a dormir en mi casa y... — No te preocupes, yo te guío. — Vale. Ya voy para allá Pili. La verdad es que el camino fue bastante tranquilo, además tampoco quedaba muy lejos de donde estábamos, un par de metros, alguna tontería de mi cosecha para hacer reír a Elena... y ya estábamos en la Crisol. —Bueno, ya hemos llegado, hasta mañana Elena, adiós Piluca. — Adiós Dani –corearon las dos. Tomamos caminos contrarios, cada uno a su casa, y de repente lo noté, un fuerte dolor que me recorría toda la espalda, rodeaba mi garganta y estallaba en mi cabeza. Caí al suelo, golpeé un coche aparcado, empezó a sonar la alarma y grité. Grité, aún así estas cinco sílabas no eran suficientes para expresar el sonido que salió de mis labios, un tono gutural que desgarró cada una de mis cuerdas vocales, tan fuerte que casi olvido las llamas que rondaban por mi cabeza. — ¡ELENA, VEEEN! Naturalmente se asustó y por un momento se quedó paralizada. Fue su amiga Pilar la primera que acudió a socorrerme, aunque haciéndole justicia a su amiga ella tampoco se retraso mucho. — Llamad a una ambulancia – me había quedado afónico y solo podía susurrar-. Y si, por algún casual muero... — ¡No vas a morir! – me dijo Elena. — Si muero... y si resulta que Dios existe no te preocupes que le escupiré en un ojo, después de preguntarle a cuantos niños ha violado nuestro queridísimo Papa. Hasta aquí es donde recuerdo. Lo último que noté fue algo ascendiendo cálidamente desde mis pies, como me embriagaba la sensación de calma y paz. Y simplemente... flotaba. Notaba el vacío a mi alrededor, cada una de las putas partículas de mi pequeño universo, de lo poco que conocía. Estoy totalmente seguro de que me mantuve en este estado durante siglos, algo totalmente imposible, pero mi mente parecía haberse acelerado, el tiempo se movía de forma diferente para mí. No vislumbre retazos de mi pasado, sino que me sentí moviéndome por el presente. Creía conocer todo lo que estaba pasando actualmente en este trozo de roca tirada en el espacio. Vi a María en Lavapiés, una chica de quince años que estaba debatiéndose si abortar o no (intente decirle que lo hiciera, espero que me escuchase), estuve con Pedro en Colombia, un chico de diez años minero, que se preguntaba porqué Evo no cumplía la promesa que les había hecho, pero si gastaba todas sus energías en mantener el consumo de hoja de coca... Vi sin parar, vi todo lo que pude, todo lo que me dio tiempo antes de volver y despertar. Antes de abrir los ojos oí un pitido, bastante arítmico, supuse que sería mi maltratado corazón, al menos una preocupación menos. Después escuché una respiración algo agitada cerca, sonreí contento de que alguien se preocupase por mi persona y abrí los ojos... Estaba solo, al parecer lo que yo supuse como sollozos eran los jadeos de mi vecino de cama intentando aferrarse a la vida (y por su aspecto parecía que llevaba mucho tiempo aferrándose). De repente entró una enfermera, bastante fea... ni siquiera tengo suerte ingresado en un hospital. — Veo que ya te has despertado, la verdad es que hemos estado tan atentos en conseguir estabilizarte que no hemos tenido tiempo de avisar a tus padres, ¿nos puedes dar algún número con el que podamos llamarles? Si es que encima tu móvil está sin batería. — Claro, coja un papel y apunte... 699438575, pregunte por mi madre, Indira. — Y si por no está... ¿cuál es el número de tu padre? — Si lo consigue hágamelo saber, simplemente llame a mi madre. — Vale..., bueno te dejaremos un par de días más en la UCI, aunque estés estable, para asegurarnos. A, fuera tienes una amiga que está deseosa por verte, ¿la dejo entrar? — Por supuesto. En tan solo un par de minuto Elena ya estaba dentro. Tenía los ojos enrojecidos y respiraba entrecortadamente, y eso la hacía aún más guapa. Se acercó e hizo el amago de abrazarme, pero tantos tubitos que me rodeaban la echaron atrás. — Anda, ven y dame un abrazo, no creo que me hagas algo peor de lo que me ha pasado, y si lo haces... bueno, estamos en un hospital, creo que me recuperaré pronto. No seas tonto –me dijo mezclando un sollozo y una risa. --- ¡Hay, con cuidado! – Estúpido Dado ese abrazo de reencuentro le pregunté: — ¿Qué me ha pasado después de desmayarme? Entre la respiración entrecortada y el tartamudeo entendí algo parecido a esto: — Em... empezaste a convulsionar, te metí la pitille... llera en la boca, para que no te mordieses la lengua. De repente paraste, pero luego empezaste a echar sangre por la nariz, la boca e incluso por la cuenca del ojo. La ambula...lancia llegó al poco tiempo y me empeñé en subir. En el camino se t...t...te paró el corazón durante un minuto, pero de repente tu cuerpo empezó a funcionar con normalidad, parecía que estabas dormido... que no había pasado nada, pero al intentar tocarte estabas ardiendo y cubierto de un sudor pegajoso. Llegamos al hospital hace un par de horas. ¿Solo ocurrió eso? ¿Pasé de debatirme entre la vida y la muerte hasta parecer que no había pasado nada? En realidad no me extrañaba tanto, en ese momento me encontraba bastante alegre, no sentía ningún dolor e incluso para demostrarme que me encontraba bien me levanté pese a los intentos de mantenerme tumbado de Elena. Cuando estuve de pie pensé que no me hacían falta

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Lo que hace el aburrimiento...
Hazlo Tu MismoporAnónimo8/17/2012

link: http://www.youtube.com/watch?v=Uxceqn3SiyM&feature=plcp Inspiración, ven a mí e ilumíname, musas de Apolo, dejad las arpas y posaros en mi regazo. Contadme trémulas historias de amentes, epopeyas de grandes héroes... Que mi muerte sea el punto y final de la narración. Embelesadme. Y son estas hermosas mujeres las que me susurraron al oído lo siguiente: Un palaciego día de otoño, cercano el crepúsculo, Delfos se encontraba desolado. Sus oráculos habían perdido la gracia que les permitía discernir el entramado tapiz de las Morias. Necesitaban romper el yugo que se había impuesto a su visión. Cuando... un estallido rompió la pena que agolpaba a estas almas en pena. Una estrelle, Ajenjo, bajaba a la Tierra para otorgarle la gracia a las sibilas, que al aspirar sus humeantes vapores, cayeron inmediatamente en trance. Y así es hasta nuestros días. Benditas drogas.

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