Inspiración, ven a mí e ilumíname, musas de Apolo, dejad las arpas y posaros en mi regazo. Contadme trémulas historias de amentes, epopeyas de grandes héroes... Que mi muerte sea el punto y final de la narración. Embelesadme.
Y son estas hermosas mujeres las que me susurraron al oído lo siguiente:
Un palaciego día de otoño, cercano el crepúsculo, Delfos se encontraba desolado. Sus oráculos habían perdido la gracia que les permitía discernir el entramado tapiz de las Morias. Necesitaban romper el yugo que se había impuesto a su visión.
Cuando... un estallido rompió la pena que agolpaba a estas almas en pena. Una estrelle, Ajenjo, bajaba a la Tierra para otorgarle la gracia a las sibilas, que al aspirar sus humeantes vapores, cayeron inmediatamente en trance.
Y así es hasta nuestros días. Benditas drogas.