Las primeras palabras que intenté pronunciar cuando le conocí me acercaron más a mi final, las últimas, las diré cuando mi corazón pulsante de sus últimos latidos en sus manos.
No soy el típico arquetipo novelístico, mala vida (o mediocre, nunca pasando de la clase media), problemas emocionales, traumas, cargas familiares... Mis padres tenían cada uno 60 años y estaban perfectamente, mi infancia fue muy grata, aunque sin hermanos, mi ático del centro era espectacular, mi trabajo una fuente de dinero fácil y mi vida sexual... a la mínima oportunidad saltaba a por la presa, ayudado por mi labia. Todo ello no impidió que se me acercase.
Eran las 7 de la mañana de un jueves cualquiera. Mis 25 años y yo estábamos perfectamente, terminando las abluciones matutinas de todo buen trabajador, cuando oí... lo oí, pero ¿qué oí? por aquel entonces no lo sabía. Terminé de arreglarme y salí.
Llegué media hora después a mi trabajo. Algunos lo llamarían arte, yo lo llamaba estúpidas combinaciones aleatorias de colores con nombres rimbombantes que algunos cretinos con más dinero que frente daban su vida en comprarlo. Lo importante es que pagaba mis facturas.