Me encontraba en medio de la central izquierda del norte de tu sentra. Tenía solo un acompañante, el cuervo de un lado negro, un ala y medio pico. Caminaba, cegado. Solo mi amigo de un ala y medio pico podía guiarme.
Y es este camino que caminaba caminando el que recorría cegado. Cegado por dejar que el Mithos venciese al Logos. Cegado porque había descubierto que la bomba de mi pecho movía algo más que rubí, rubí al que ahora acompañaba una sustancia aún más pura que el éter, un nuevo elemento que nacía de aquel instrumento por el que perdía mi razón, aquel instrumento similar al mío, que uníamos gracia a un puente acuoso de papeles quemados.
Papeles quemados que flotaban, cada uno con su brillo particular, pero cada vez más apagado. Lo que acompañaba al rubí era tan luminoso, era un conjunto de luces tan acogedoras y cálidas, que no podía relucir nada cerca con la misma intensidad, solo, tal vez, el instrumento ya mencionado. Porque al igual que el ser desarrolló una locura, el Mithos ha creado otra, aún más irracional, algo que escapa de mi Psique, y que pese a temer que me tema, o a temer que lo tema, me encanta esa irracionalidad.
Y es por eso que continuo el camino que caminaba caminando, que aunque a veces se vuelva escarpado, o llueva y no pueda evitarlo, es el camino caminado más especial que he recorrido.
Caminemos juntos.
Y es este camino que caminaba caminando el que recorría cegado. Cegado por dejar que el Mithos venciese al Logos. Cegado porque había descubierto que la bomba de mi pecho movía algo más que rubí, rubí al que ahora acompañaba una sustancia aún más pura que el éter, un nuevo elemento que nacía de aquel instrumento por el que perdía mi razón, aquel instrumento similar al mío, que uníamos gracia a un puente acuoso de papeles quemados.
Papeles quemados que flotaban, cada uno con su brillo particular, pero cada vez más apagado. Lo que acompañaba al rubí era tan luminoso, era un conjunto de luces tan acogedoras y cálidas, que no podía relucir nada cerca con la misma intensidad, solo, tal vez, el instrumento ya mencionado. Porque al igual que el ser desarrolló una locura, el Mithos ha creado otra, aún más irracional, algo que escapa de mi Psique, y que pese a temer que me tema, o a temer que lo tema, me encanta esa irracionalidad.
Y es por eso que continuo el camino que caminaba caminando, que aunque a veces se vuelva escarpado, o llueva y no pueda evitarlo, es el camino caminado más especial que he recorrido.
Caminemos juntos.