OneBeatleGirl
Usuario (Argentina)
Todos los días, en el mismo bar, a la misma hora, y en la misma butaca frente a la barra, se sentaba un hombre, de unos cuarenta años, con la mirada extremadamente cansada y de ceño fruncido. El hombre siempre llegaba al rededor de las 7, se sentaba en su butaca y el encargado le servía un whisky, y el hombre se quedaba una o dos horas. Todos los días era igual, como si fuera a morir si no hacía eso todos los días. Una vez me tome el atrevimiento de preguntarle al encargado si sabía porque siempre iba al bar, solo, se sentada en el mismo lugar y se quedaba allí tanto rato. El encargado me contesto que honestamente no le interesaba, pero que muchas veces, cuando se acercaba a servirle el segundo whisky sentía un horrible sensación de frío en el pecho. Al final, mi curiosidad pudo mas que yo. Al día siguiente, me senté en la mesa mas cercaba a la butaca de aquel hombre, y espere a que llegara. Llego a las 7:15 y se sentó en donde siempre. Había un aura de tranquilidad cerca de él. El encargado le sirvió su whisky, y cuando este se alejo, el hombre empezó a murmurar como si hubiera alguien en la butaca de al lado. No llegaba a entender todo, pero escuchaba frases perdidas como "¿No hay forma de no bajar allá?" o "Yo no soy así, todo fue un error, no puedo ir, llévame con vos". Al día siguiente, hice lo mismo, y esta vez sintió esa horrible sensación de frío, como si algo me estuviera quitando el alma. Ese día escuche frases como "no voy a ir con vos, no me interesa lo que hagas" o "mira HDP decile a tu jefe que no voy a bajar" Día a día me senté tras el hombre, y escuche lo que murmuraba. Había día que suplicaba con voz lastimosa que "lo llevara" que él no podía bajar, y al día siguiente casi gritaba que no iba a bajar con él, que se negaba a ir, que ese no era su lugar, como si cada día hablara con opuestos. Al final, me aburrí de no entender que pasaba por la mente de aquel hombre, y deje de sentarme cerca suyo, pero había algo dentro de mi, que me hacía desear que no bajara ...
Todavía recuerdo cuando le implantaron los botones a mi hermano menor, el día siguiente a cumplir los 18 años. Recuerdo que lo anestesiaron en tres lugares diferentes, lo acostaron en una especie de camilla de hierro, le afeitaron todo el pelo en la parte de la nuca y con un aparato, que a mi me pareció un taladro le hicieron los orificios donde los colocarían. No me dejaron ver como los conectaron a su cerebro, quien sabe porque. También recuerdo el día que lo acompañe a la charla que explica como usarlas -también recordaba la mía pero con menos detalle-. Solo tenías que visualizar el momento en tu cabeza, asegurarte que fuera el único recuerdo que tuviera tu mente es ese momento, presionar el segundo botón y listo, sin más. A todos parecía no molestarle la idea, mas a mi hermano, que inclusive parecía emocionarle la idea. Lo encontré probando como funcionaba el segundo botón dos días después de la charla. Anotaba ciertos hechos en una libreta, se sentaba, se concentraba, presionaba el botón y ¡Adiós recuerdo! No se si las cosas eran mejores o peores, eran mas fáciles, sin lugar a dudas, pero habíamos perdido una parte de nosotros. Después de todo ¿Que es el hombre sin un poco de dolor en sus recuerdos? Los errores son parte de la vida, pero no acá. En este lugar los errores son nada, no tienen significado, no existe el caer y volver a levantarse, simplemente sentarse y presionar un botón para resolver todo ¿Por que todos debían ser recuerdos felices en nuestras cabezas? No estaba seguro, quizá yo era el único que pensaba así, pero decidí que mi mente no pertenecía a este nuevo mundo. Me senté y sentí los dos botones escondidos entre mi pelo. Presione el primero.
Muchas veces, se contaban cuentos sobre él. Los abuelos contaban a sus nietos como este hombre ya era viejo cuando ellos eran jóvenes. Nadie sabía con certeza su nombre, aunque todos lo saludaban cuando lo veían, siempre sentado, con un libro diferente en las manos. Los narradores mas osados, comentaban que el hombre envejecía mas lento que la gente común. ¿Como? Magia, tal vez, un embrujo vudú, devoraba el alma de bebes. Nadie creía estas sandeces, pero es cierto que él siempre estaba. La verdadera historia detrás de ese hombre eterno, se esconde tras los libros que posee, historias que jamas mueren, y por supuesto, una pizca de magia, como en todo cuento. El hombre leía y leía, y por horas, semanas o días, se convertía es un viejo caballero andante es busca de aventuras, en el eterno amante que muere junto a su amada, en un monstruo que busca venganza contra su creador, en un conejo blanco quizá, en el habitante del asteroide B 612, en un princesa con una malvada madrastra o en una de las tantas amantes de Florentino Ariza. A veces, en el mismo día podía convertirse en un príncipe valiente que pelea para rescatar al amor de su vida y luego ser el pobre hombre que se transforma en una cucaracha. El hombre viajaba entre mundos, entre el tiempo y el espacio. Había conocido el espacio, y también el centro de la tierra. Había estado en lugares que ni siquiera el hombre mas rico del planeta podría llegar a conocer. Y si algún día moría, si su cuerpo, el de carne y hueso, el que tomaba los libros que el tanto amaba y que tanto le ofrecían ¿Que mas daba? Viviría para siempre en los cuentos que sobre él ya se contaban.
Jamás pensé que me iba a llegar el día. Me considero alguien inteligente, y útil, pero en un lugar como este, eso ya no sirve. Vi como uno a uno, se llevaban a mis amigos y colegas, y no se que les pasaba después, pero imagino que no era agradable. Recuerdo que los primeros fueron los de abajo, los menos importantes, a los que ignoras cuando paras en los semáforos, subiendo las ventanas polarizadas del auto. Parecía inclusive algo bueno, eran más trabajadores, más limpios, y jamás se quejaban. Con el tiempo, se volvieron más sofisticados, más agradables a la vista, mas funcionales. Algunos modelos empezaron a salir a la venta como niñeras o personal de limpieza, cosas así. Cada vez eran mas parecidos a nosotros, y hasta podías imaginar que pensaban y sentían como nosotros. Los programaron para ser “amigables” y aprendieron a descifrar nuestras emociones con tan solo mirarnos, Con el correr de los años. También aprendieron a imitarnos. Al ir por la calle, ya no se podía distinguir quién era uno de ellos y quien uno de nosotros, y poco a poco, empezaron a ocupar nuestros lugares, y apenas lo notábamos. Nuestros doctores, nuestros maestros y abogados, eran creados en un laboratorio. Sus ojos eran casi tan expresivos como los ojos humanos. Algunos incluso se enamoraron. De verdad pensé que iba a llegarme el día, como todos lo pensaban, creo, pero la realidad es que nos volvimos obsoletos.
El corazón me palpitaba mucha mas rápido de lo que debería. Estuve a punto de empezar a hiperventilar en un momento. Me sudaban demasiado las manos. Estaba seguro de que la camisa que llevaba me quedaba horrible. No podía evitar arreglarme el pelo compulsiva mente cada dos minutos. Todavía no sabía que iba a pedir para comer ¿algo elegante? No, eso no, no quiero parecer algo que no soy ... y no podía pedir pasta, parezco un bebe cuando la como, termino con la cara llena de salsa, lo se, soy un idiota. ¿Debía pagar? Si, definitivamente si. Pero ¿y si era una de esas chicas independientes? De las que no les gusta que se las invite, e insistía en pagar ¿debía dejarla? ¿o insistir mas? Quizá si debería haberle traído flores, pero no se cuales le gusta, o su le gustan siquiera. ¿De que voy a hablar mientras la cena? Política, religión y fútbol se descartan de prepo, y el clima era lo mas tonto de lo que se puede hablar en un cita ¿o era mejor que me quede callado? Seguro voy a terminar de hablar del trabajo, o el estudio, lo básico. ¿Y después? Ir a tomar un helado, o salir a caminar simplemente, odio salir a bailar, pero si me lo pide no puedo decirle que no, voy a tener que ir, poner cara de tonto feliz mientras escucho esa música de mierda, por el amor de Dios, que no le guste ir a bailar. Estuve 3 meses para que me convencieran de esto, y después estuve una semana tratando de olvidarme el día que tenía que venir, y ahora estoy acá todo nervioso como un pelotudo, el pan esta seco, el agua tibia, tiene un vestido rosa de tirante muy finos, zapatos bajitos y blancos, es muy bajita, y parece que no se peina hace meses, pero el pelo es de un naranja hermoso, y tiene la sonrisa mas linda del mundo ... - Hola! - Creo que se me paro el corazón por un minuto. - Hola! link: https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=AqnN-t-k_jk
Se llamaba “programa de adaptación social” y nadie vivía por acá sin pasar por el antes. Te instalaban una especie de bocina en la cabeza, extremadamente aguda e irritante, que sonaba cada vez que hacías algo que al resto de la sociedad le pudiera resultar desagradable. Al principio no resultaba tan molesto, no era como si la bocina sonara las 24 horas del día, pero con el tiempo el programa empezó a volverse más estricto y largo. Cosas que eran absolutamente comunes, y muchas veces necesarias en la vida diaria y social de las personas, empezaron a volverse inaceptables para el programa. Empecemos con algo básico, la mentira. Sé que no suena bien, pero son completamente necesarias. Y no hablo de mentiras serias, sino pequeñas mentirillas blancas, como cuando tu jefe te pregunta si te gusta su horrenda corbata y tienes que decir que si, y esa odiosa bocina empieza a resonar en tu cabeza y un dolor punzante e insoportable invade tu cerebro. Ahí es cuando la gente no puede evitar notar que algo anda mal en vos y saben que estas mintiendo. Lamento informárselo a la sociedad, pero las mentiras son necesarias. Como cuando le sonríes a alguien por pura cortesía, porque no sabes que decirle, eso también estaba “mal” para el programa. O cuando sales en una cita y al despedirte le decís “yo te llamo” sabiendo que no lo harás, eso también estaba mal. Nadie puede ser 100% honesto todo el día. Pero para el programa todo lo que hacías en este maldito lugar esta mal… Ah sí, disculpen, decir “maldito” también. Lo que al principio era un programa que evitaba que tengas actitudes irrespetuosas en público, o psicópatas en los niveles más extremos, se convirtió en algo que nos volvió prácticamente no-humanos. La bocina empezó a sonar cuando estabas solo, en la tranquilidad de tu hogar, y no podías rascarte, bostezar, reírte demasiado alto o hablar con la boca llena de comida. Se decía que el programa empezó a funcionar así porque si seguías haciendo esas cosas, por más que estuvieras solo, jamás aprenderías a evitarlas estando en público, e incluso algunas personas que ya habían pasado la adaptación tuvieron que repetirla, por las nuevas reglas que imponía. El programa se volvió prácticamente permanente y el resultado final se vio cuando la gente dejo de hablarse o siquiera verse a los ojos. Las personas fijaban su vista constantemente en el suelo o en el celular, o cualquier cosa que evitara el contacto humano. Era la única manera de que la bocina no sonara de nuevo.
Tantas cosas contenidas en ese pequeño gesto, diminuto, a veces incluso imperceptible, que puede durar lo mismo que un parpadeo, o ser eterno. Que puede ser la mayor muestra de amor que hay, un acto de venganza, de egoísmo o incluso de estupidez ... Pueden interpretarse de mil y un maneras distintas, incluso pueden tener distintos significados para la persona que lo da y la que lo recibe. Ojos abiertos, ojos cerrados, aguantando la respiración, abrazando al otro, mil y un formas de hacerlo. Algo completamente universal, y a la vez único para cada uno de las personas que lo hacen. Miles de autores lo han descrito en sus obras, miles de actores lo han representado en sus escenarios, pero ninguno logra descifrar la magia que hay detrás de esta expresión, incluso para los que lo han vivido, es imposible describirlo con palabras. Hay quienes liberan todas sus emociones cuando practican este singular ritual que solo los humanos conocemos, que expulsan su alma y mas. También hay quienes no les importa. Pero nadie jamas puede negar la magia que se oculta tras un beso.
Debía estar agradecido de lo que me toco, era el mejor trabajo, el perfecto para mi, y no lo digo porque debía, sino porque de verdad lo creía. Habían llegado solo cinco personas en el día. Una chica muy bonita, de 19 años recién cumplidos, estaba conectada. Todavía tenía los ojos rojos, había llorado bastante antes de su turno. Quería ser maestra, creo, pero no tuvo suerte. En media hora ya no importaría de todas formas. La imagen de mi primer día invadió mi cabeza. - Creo que esta de mas que te explique lo que pasa acá ¿No? - Si. - Si ¿Qué? - Sí, señor - Así está mejor. Tres años estudiando y no saben hablar con un poco de cortesía. - Perdón, señor. - Ya, déjalo ahí. Los primeros días te a volver medio loco ¿Ok? Si sos muy torpe, capaz tardas meses, pero si te funciona bien la cabeza en dos semanas sacas todos, hasta te aprendes los códigos de memoria, aunque siempre tiene su grado de peligro, ¿sabes? - Sí señor. - Cuando la gente llegue, no los dejes hablar mucho, te van a confundir, revisas sus código y lo buscas en la computadora. Más de uno se va a negar a que lo revises, para eso es la pastilla blanca. No todos aceptan del todo bien la idea, ya saben que les va a tocar después, y no lo quieren. No todos tienen suerte como vos y yo, y no les toca un lindo trabajo, pero después de su día, se olvidan de eso, se olvidan de la negación que tenían, y su trabajo les parece lo más maravilloso del mundo. ¿Recordas que querías ser antes de tu día? - Creo que profesor, o algo así, ni siquiera recuerdo de que, en realidad. - ¿Lo ves? A nadie le importa realmente, la gente es más feliz después de ser conectada. - Creo que ya esta – Sus grandes ojos celestes me miraban fijo, estaba sonriendo. - Si, lo lamento ¿Cómo estás? - Feliz, más que nunca. No puedo creer que allá estado llorando. Le sonreí. La gente es más feliz después de ser conectada.