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Mabelesp

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Los aztecas, su modo de vida
Los aztecas, su modo de vida
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/22/2012

Todo es controvertido en cuantos a los aztecas. Hasta el propio nombre, pues hay autores que creen más adecuado el de mexica. Por ejemplo, Robert Barlow aduce que los integrantes de la propia comunidad se autodenominan mexicas y no aztecas, y propone que se hable del imperio culhua-mexica, que fue el nombre que durante la conquista habían oído Cortés y Bernal Díaz del Castillo. Y ello sería así por estar emparentada esta cultura con la tolteca. Pero lo cierto es que el término azteca en sentido estricto se refería a los habitantes de Aztlán, y actualmente es usado de manera genérica, sobre todo en el mundo anglosajón, a pesar de que muchos eruditos sigan prefiriendo el de mexica. Por eso se ha llegado a la conclusión de utilizar el término azteca de manera más genérica para referirnos a todos aquellos pueblos que compartía la misma lengua-el nahualt- las mismas tradiciones y la misma cultura; pues el término mexica es más particular y se refiere solo a un pueblo. Por lo cual se habla de azteca en el sentido de un imperio completo, con una pluralidad de pueblos. Y hay incluso otros historiadores y estudiosos que pretenden hablar de la cultura nahualt, aunque resulte más práctico hablar de aztecas para referirnos a la cultura prehispánica, y quedarnos con el gentilicio de mexica para hablar exclusivamente de los habitantes de las dos ciudades gemelas, Tenotchtitlán y Tlatelolco. Los aztecas dominaban una amplia área geográfica y su capital, Tenotchitlán, era de las ciudades más grandes y pobladas del momento. Tenían una sociedad estamental, que se basaba en una agricultura intensiva, sobre todo del maíz. Otra parte de su sustento venía de los tributos que cobraban a los pueblos que habían sido sometidos mediante la conquista. El azteca era un estado de corte expansionista, que usaba la guerra para hacerse con nuevos territorios que le proporcionasen tributos y esclavos para usar en sus rituales religiosos, que exigían sacrificios humanos. En el momento en que llegan los españoles, tanto en imperio azteca como el inca, en el sur del continente, están en pleno apogeo, aunque en el caso del azteca uno de sus principales puntos flacos es el profundo descontento de muchos de los pueblos sometidos. Muchos de ellos prefieren ponerse a las órdenes de los conquistadores españoles para sacudirse el yugo azteca. En el período clásico (150-750d.C) el gran centro económico, religioso y cultural es la ciudad de Teotihuacán, al norte del valle central de México, y su influencia llegaba a la cultura maya, asentada en lo que hoy es Guatemala. El imperio azteca es deudor en buena medida de esta cultura y cuando entra en decadencia, alrededor del 950, empiezan a destacar otras ciudades como Xochicalco, Cacaxtla y Teotenango. Ahora el panorama es más disperso que cuando Teotihuacán era el centro político, y las ciudades-estado a menudo tienen un carácter más heterogéneo y multiétnico. Será en el período llamado postclásico (950-1520), cuando se desarrolle plenamente la cultura azteca. Al principio hubo una hegemonía tolteca como cultura continuadora de Teotihuacán, y será en todo caso el referente más próximo de la cultura azteca. Puede decirse que el período azteca propiamente dicho se inicia con la caída de Tollán, allá por el año 1175, y llegaría hasta la época prehispánica. La inestabilidad política y una época de malas cosechas influyen en los movimientos de la población, que emigra buscando una vida mejor. A partir del siglo XII las condiciones climáticas mejoran y muchos pueblos agricultores del norte emigran más al sur, especialmente los chichimecas. Surge en zonas como Aztlán o Teoculhuacán una alta cultura mesoamericana con la herencia tolteca. Una de las cosas que nos ayudan a distinguir las dos culturas, tolteca y azteca, es la cerámica, porque en el Altiplano central no se conocía la cerámica anaranjada de los aztecas. Ya hemos dicho que la sociedad azteca es fundamentalmente estamental y el punto más alto de la pirámide lo ocupa la nobleza, o PIPILTIN, que tenía la mayor parte de los privilegios que le estaba n vedados al pueblo llano o MACEHUALTIN. La nobleza era la poseedora de las tierras, ya por herencia o por conquista, que eran trabajadas por los campesinos, que debían pagar una renta en especie o en trabajo. Los pilpitin controlaban toda la economía, a través de la agricultura, el comercio y los tributos. Pero además los nobles componían también la clase guerrera, y disfrutaban del poder y la fuerza, por lo cual la nobleza podía identificarse con el estado. Dentro de los nobles, empero, había rangos. El principal lo ostentaba el TLATOANI, que venía a ser una especie de rey, con poder de vida y muerte sobre sus súbditos, y autoridad religiosa, militar, civil y política. Estaba al frente del palacio o tecpán. El segundo mandatario era el CIHUACOATL, que a veces sustituía al tlatoani en algunas de sus funciones. De rango menor eran los TETCUTIN, que solían ostentar cargos de menos importancia, aunque también eran nobles. Los nobles lo eran por nacimiento y tenían reservada una estancia en el tecpán. Era muy difícil en la sociedad azteca cambiar de categoría, pero podía hacerse, bien por méritos en la batalla o por ser buen comerciante. No se puede hablar realmente de una clase media azteca, aunque algunos autores han querido ver de esta forma a aquellos comerciantes muy prósperos o a los artesanos muy hábiles, que serán llamados POCHTECA. Se llamaba ALTEPETETE a un asentamiento humano, cuyo tamaño podía ser variable, pero que siempre debía tener un centro urbano, con un tecpan, residencia del Tlatoani, un templo y un mercado; así como una población compuesta de artesanos, comerciantes y campesinos. También debía incluir en las afueras una zona rural, con tierras de labor. El cargo de Tlatoani era vitalicio y para acceder a él había dos maneras fundamentales: por herencia paternofilial, que era la más común, y por herencia colateral. Generalmente era el propio Tlatoani quien designaba a su sucesor, o bien un consejo de nobles. Pero, ¿A quién se elegía? Era normal que el Tlatoani tuviera muchos hijos, y en la elección del futuro gobernante tenía mucho que ver quien era la madre. Por eso en la sociedad azteca tenían tanta importancia las alianzas matrimoniales. Generalmente se buscaba que los esposos perteneciesen a un linaje de parecida o similar importancia, para que los herederos tuviesen más posibilidades en la carrera al cargo de Tlatoani. El matrimonio y las reglas de sucesión estaban siempre al servicio del poder. El matrimonio entre los linajes dominantes de los aztecas fue un instrumento político usado a menudo para concertar importantes alianzas. Entre las ciudades-estado aliadas se intercambiaban tierras y tributos, y los grandes señores admitían en sus territorios a grupos de inmigrantes, concediéndoles tierras donde asentarse a cambio de vasallaje. Había una política consciente de intrusión étnica, que significaba un freno a rebeliones regionales. Ya se hizo lo mismo cuando algunos toltecas se adentraron en territorio chichimeca, con el fin de lograr una cierta estabilidad política. En 1428 se desata la guerra Tepaneca, que convierte a Tenochtitlán en la capital del nuevo imperio, que surgirá de la llamada “Triple Alianza” entre los mexicas de Tenochtitlán, los acolhas de Tetzcoco y los tepanecas de Hacopan. La expansión del imperio tenía como primera finalidad la económica, mediante la apropiación de tierras y el sometimiento de los pueblos vencidos a la entrega de un tributo. Por eso el imperio recurre a dos estrategias: implantar un sistema de provincias tributarias para recaudar tributos en todos los territorios bajo su dominio, y distribuir estratégicamente asentamientos militares para contener a las grandes confederaciones enemigas. Por tributo se entendía tanto la entrega de productos y mercancías como la entrega de personas, bien para realizar trabajos, para ser soldados o como víctimas de los sacrificios rituales. Los CALPIXQUE eran funcionarios encargados de recoger los tributos y que representaban en algunos actos al Tlattoani cuando recorrían las provincias. El imperio mexica de la Triple Alianza va paulatinamente acercándose a un sistema más centralizado que alcanza su punto culminante en el reinado de Moctezuma. Cada día la capital, Tenochtitlán, se convierte más en el eje central de todo el imperio y ello conlleva la ruptura con la anterior hegemonía multiétnica. La expansión imperial que habían llevado a cabo Ahuitzolt y Moctezuma redunda en un mayor beneficio y preeminencia de la capital. Moctezuma acabó apartando a los nobles que habían llegado a serlo por méritos propios en beneficio de los nobles por sangre y nacimiento, en vías de consolidar su propio poder. Quería a su lado tan solo a sus propios parientes y allegados, en una política endogámica que eleva al poder a la elite dominante. A pesar de todo hay algunos autores que niegan que a la llegada de los españoles hubiese en realidad un imperio en sentido estricto, sino tan solo una serie de confederaciones de tribus. Para otros muchos estudiosos el nivel de organización como estado era el detonante de ser o no un imperio; y por eso, aunque es indudable que el estado como tal existía, es más dudoso el término imperio. Y hay un tercer grupo, en el que se encuentra Robert Barlow, que habla de imperio como tal, y estaría dividido en 38 provincias tributarias. Una de las cosas que hacía difícil hablar de imperio era que no contaban con un ejército permanente, además de que permitían la existencia de gobiernos locales, aparte del central. De hecho, dentro de sus dominios había numerosas rebeliones. Realmente a los señores locales se les permitía cierta autonomía en todo aquello que no interfiriese en los intereses del imperio. La sociedad azteca tenía una estructura militar en cuyo vértice estaban los nobles y en la base los reclutados entre el pueblo llano como guerreros. Parece ser que también existían emplazamientos, a menudo fortificados, que se localizaban sobre todo en las zonas fronterizas y donde se colocaba a las tropas; aunque a veces estas labores eran realizadas por los pueblos sometidos como parte del pago de su tributo; con lo cual el trabajo de defensa que realizaban no siempre era el mejor. Al no haber en la época animales de tiro ni conocerse el uso de la rueda, el transporte se limitaba al que se podía hacer mediante embarcaciones, y de ahí la importancia de la capital, que estaba en una zona lacustre, y que podría explicar también la hegemonía de los mexica. La religión de los mexica era la misma que se venía practicando en Mesoamérica, aunque trasplantada y reinventada para que sirviese a la ideología del imperio. Lo que empezó como una religión de tintes agrícolas y de cultos relacionados con la tierra, se fue transformando cada vez más en una religión de corte belicista, que servía de acicate para la expansión imperial. La política y la religión estaban estrechamente unidas, y de hecho en la sociedad azteca no hay una clase sacerdotal propiamente dicha, y la mayoría de las veces es el Tlaotani quien ejerce también las funciones religiosas. El dios Huitzilopochtli, después de triunfar sobre sus enemigos, guía a su pueblo hacia donde ha de fundarse la capital, tratando de legitimar la política imperial expansionista. Este dios les enseña el arte de la guerra y necesita de sacrificios humanos para ser alimentado con su sangre y su carne. Viene a suplantar en buena medida al dios tolteca Quetzalcoatl, aunque en muchos lugares todavía se le siga venerando. En la sociedad azteca los niños acudían a una especie de templo-escuela donde aprendían las normas y el valor de la comunidad. Debían pasar por pruebas físicas de gran dureza, aprender cantos y bailes, además de técnicas de trabajo agrícola. Había dos zonas diferenciadas: donde estudiaban los niños del pueblo llano, lo que se llamaba “Casa de los Jóvenes”, y el CALMECAC, donde solo se entrenaban los hijos de nobles, que también aprendían a escribir y a usar el calendario. La figura del Tlatoani se identificaba con la del dios del sol y participaba personalmente en ceremonias que exigían sacrificios humanos. Los nobles también participaban, como parte de sus privilegios, en estas ceremonias. El pueblo tenía sus propios rituales, aunque mucho más sencillos. Los códices pictoglíficos estaban ligados a la educación, a los rituales religiosos y también a usos administrativos, como la contabilidad de los tributos, censos o delimitación de las tierras. Se estudiaban exclusivamente en el calmecac. Una de las cosas que más ha llamado la atención de la sociedad azteca siempre han sido los sacrificios humanos masivos, aunque no sea algo propio solamente de esta cultura, sino de todo Mesoamérica, al menos desde el período preclásico. Cuando más se extiende el imperio, más sacrificios se realizan, porque también había mayor cantidad de prisioneros de guerra. ¿Por qué se realizaban estos sacrificios? Una explicación simplista contesta que para aplacar a los dioses y que sigan protegiendo al pueblo, con lo cual sería ético que muriesen unos pocos para salvar a la mayoría. Como a veces se practicaba la antropofagia, también se ha intentado explicar como una necesidad extra de proteínas en la dieta. Se ha explicado también como una manera de nivelar la población, o incluso como una base de terror, para inculcar a los enemigos el miedo al poder del estado. Además, el sacrificio humano de prisioneros era una manera más de prolongar la victoria, reduciendo el riesgo de rebelión por medio del terror. Era también una demostración de poderío militar, y por eso los sacrificios se llevaban a cabo en público y alardeando de ello. Era una manera política de hacer visible el poderío de dominación sobre los enemigos. En la sociedad azteca el individuo tiene poca libertad para la iniciativa propia, al menos en las clases más desfavorecidas, y no es tan sencillo cambiar el estamento en el que se ha nacido. La propaganda del terror no sólo se dirige hacia los enemigos, sino también al pueblo llano. Cuando presenciaban los rituales de sacrificio, tanto los esclavos como los hombres libres de menor rango eran conscientes de que a la menor infracción era posible que les ocurriese otro tanto. Generalmente los rituales se hacían presentes en los relieves conmemorativos de los templos, y sobre todo en los altares y piedras de sacrificio. Las referencias históricas que los pueblos aztecas buscan se remontan a Tollán y Xoltotl. La dinastía reinante en Tenochtitlán afirma sus raíces toltecas a través de Acauanapichutl, su primer Tlatoani heredero de la tradición tolteca. La búsqueda de la legitimidad de los gobernantes se enfoca sobre la antigüedad del linaje. Otro elemento de propaganda de la cultura azteca era la GUERRA FLORIDA O XOCHIYAOLTL, un combate ritual en el que se enfrentaban dos nobles de pueblos enemigos, y cada bando intentaba conseguir prisioneros para los sacrificios rituales. En el códice Mendoza hay sobrados relatos de esta costumbre. La nobleza en su interés de mantener sus privilegios intentaba mantener por medio de alianzas matrimoniales una buena relación con los nobles de poblados vecinos. Incluso cuando había que dar muerte a un Tlaotani se hacía siguiendo unas normas y no de la misma manera que para ejecutar a un plebeyo. Se trataba de hacer diferencias incluso en la manera de morir, como ya las había en la de vivir. El concepto de deuda en la Filosofía azteca rige las relaciones entre los hombres y los dioses, y entre el Tlatoani y sus vasallos. “El vasallo lo es porque su señor lo ha merecido mediante una penitencia, por lo cual le debe la vida”. Por tanto, el Tlatoani pasa a ser el padre de sus súbditos. Es decir, los hombres le deben la vida a los dioses, que se sacrifican para merecerlos, al igual que los vasallos deben la suya a los señores. Para pagar esta deuda es necesario ofrecer el TEQUITE o tributo, y cuando no se hace así la pena puede ser el destierro o la muerte. Podía haber lo que se llama “pacto tributario” por el cual quienes son sometidos por las armas se obligan a servir a sus conquistadores y entregarles un tributo en forma de mercancías o servicios, y que se basa en el Contrato de Iztcoatl, que tiene su origen en la legitimidad de un sistema político que se basa en la victoria en el campo de batalla. Este mito viene a encajar perfectamente con el concepto de la deuda y también responde a la necesidad de un estado centralizador, para crear una ideología que legitime la posición dominante de una clase privilegiada. Generalmente cuando los mexica vencen a un enemigo dejan el gobierno a los señores locales a cambio de pagar los correspondientes tributos, pero esta no es la única posibilidad. En otras ocasiones se ejecutaba al Tlatoani vencido y se colocaba en su lugar a un noble mexica, con la consiguiente intervención en el gobierno del territorio conquistado. Y no basta con la muerte del Tlatoani, sino que también se solía ejecutar a sus descendientes para evitar rebeliones. En otras pocas ocasiones se ejecuta al Tlatoani y se coloca en su lugar a uno de sus herederos, pero casi siempre de la línea colateral y no heredero directo. Las ciudades de Tenochtitlán y Tlatelolco eran al principio simples alteptea los que un tlatoani concedió permiso para entronizar a un rey, y nace así un tlatocayotl, en el que generalmente la madre del heredero será una princesa del tlatocayotl dominante. Después de una conquista se tiende a instaurar una estructura política que permita mantener el control de la zona conquistada, y cuando no se logra de buen grado, se emplea la fuerza. A menudo se hace uso de un interregno militar hasta que las aguas vuelven a su cauce y el territorio queda totalmente pacificado. La tierra es la base del poder político y por eso cuando se hacía una nueva conquista, se repartían tierras entre los nobles, para mantenerles contentos. Además se servían de campañas de colonización para contener las fronteras ante posibles futuras invasiones. Otro punto importante en la economía eran los mercados. El imperio mexica los reordena de acuerdo al poder que desee otorgar a cada territorio, y los traslada de un lugar a otro en su propio beneficio y en aras de un mayor control político. En todas las fuentes se habla de la importancia del mercado de Tlatelolco. No sabemos exactamente si cuando se conquistan nuevas tierras se les impone la religión y la cultura azteca, aunque lo más probable es que si, porque además hay que tener en cuenta que las raíces de conquistadores y conquistados son parecidas. De hecho el nahuatl era la lengua franca de toda la zona. Algo que si parece probado es que se importó a todos los lugares del imperio el sacrificio humano de los prisioneros de guerra por medio de la evisceración, si bien es verdad que en algunos lugares ya estaba implantado. Muchas veces los señores locales eran obligados a fijar su residencia en la capital para que así el tlatoani pudiera mantenerles mejor vigilados, junto con todas sus mujeres y séquito, que pasaban al servicio del rey. Incluso a los hijos de estos señores se les educaba en la capital, y desde su más tierna infancia se les imbuía la idea de que la fidelidad al tlatoani era la razón de su vida. No queda ninguna duda, en todo caso, de que Tenochtitlán era el centro de todo el imperio y que todas las demás provincias tributarias dependían directamente de lo que allí se decidía, aunque no todas ellas eran igual de importantes. Los aztecas tenían sus propios códices, generalmente hechos con piel de animales. Los principales códices prehispánicos son: el códice Borbónico, el Tonlamatl Aubin y el códice Boturini, que cuenta el viaje del pueblo mexica desde Aztlán a Colhuacán. La gran desgracia es que los españoles destruyeron muchos templos, imágenes y códices por considerarlos obra del demonio, aunque poco a poco empezaron a darse cuenta de su valor e incluso se preocuparon de que perdurasen. El códice Mendoza fue mandado elaborar por el virrey Mendoza de Nueva España, mediante la copia de documentos que ya existían, y a los glifos indígenas se añadieron glosas en castellano para explicar su significado. El problema en alguno de estos códices es separar que elementos son puramente indígenas y cuales se añadieron después. En los primeros años los franciscanos están muy presentes en la colonización, y se destruyen importantes vestigios de la cultura azteca, e incluso algún señor local acabó en la hoguera por seguir practicando su religión. Pero a medida que pasa el tiempo se dan cuenta de que mientras ellos mismos no conozcan la cultura indígena y sepan llegar hasta ellos, poco avanzará la evangelización. Por eso se preocupan de salvaguardar los vestigios prehispánicos y de aprender ellos mismos la lengua nauhatl. Podemos hablar de los padres Alonso de Molina, Andrés de Olmos o Bernardino de Sahagún, que elaboraron gramáticas en esa lengua, y redactaron historias de gran valor para conocer la cultura azteca. Fueron los religiosos quienes crearon las escuelas de indígenas en las ciudades de Tlatelolco y Teztzcoco. La propia corona se preocupaba de conservar la cultura indígena porque pensaban que era necesario conocer la realidad para un mayor aprovechamiento de las nuevas tierras. El mejor ejemplo de esta preocupación fueron las llamadas Relaciones geográficas. Los propios indígenas, a medida que iban progresando en su alfabetización nos ofrecen obras interesantes sobre su cultura. Ejemplo de ello son Domingo Chimalpahui y Fernando Alvarado Tezozómoc. Algunos de ellos eran mestizos, hijos de padre español y madre azteca, a veces de sangre real. La nobleza indígena también escribe cartas al rey de España en donde se narran episodios de la gloria de sus antepasados y de sus costumbres, y son una importante fuente de conocimiento. Pero cuando tratamos con fuentes puramente indígenas hay que tener en cuenta, a la hora de la datación, que el calendario azteca era distinto al nuestro. El suyo giraba en torno a ciclos de 52 años, y como dificultada añadida, en los distintos altepetl podía haber diferentes maneras de medir el tiempo. En los relatos de indígenas en la época hispánica encontramos referentes e influencias frecuentes de la Biblia, porque los primeros educadores habían sido religiosos y lo normal era tratar de emular al maestro. La narrativa azteca tiende a fijarse más en lo anecdótico e individual que en lo general, y por eso dificulta el estudio del hecho histórico en si mismo, además de aludir continuamente a episodios mágicos basados en visiones o presagios. Antes de la hegemonía mexica ya hemos dicho que la etnia dominante era la tepaneca, aunque esta cultura nunca se llegó a conocer demasiado bien, quizá porque los propios mexica se preocuparon de borrar sus huellas. Sabemos que se organizaban políticamente de una manera similar a como lo hacían la mayoría de los pueblos aztecas; con un señor supremo, el Huey tlatoani de Aztcapotzalco, capital del imperio, aunque algunas fuentes cuentan que probablemente existiese una dualidad de señores en el gobierno. Otras fuentes explican que esta dualidad nace precisamente con la dominación mexica, que introdujo a su propio linaje real de tlatoani, pero a la vez permitió sobrevivir al tlatoani de los tepanecas. Parece que la sucesión era por línea paternofilial, como en los demás pueblos aztecas, y el tlatoani del que más se habla en los códices y Anales es Tezozomoc. Entre los aztecas se prohibía generalmente el matrimonio entre hermanos, pero estaba permitido entre hermanastros; y entre los toltecas eran normales las uniones entre tíos y sobrinos. Parece ser que los mexica se establecen en el siglo XIII en Chapultepec y después de 52 años aproximadamente son dispersados por una coalición de pueblos del altiplano, y les admiten como vasallos en Colhuacán. Una de las principales fuentes de estudio del imperio tepaneca son una serie de cartas de los nobles indígenas a Felipe II, escritas en latín, donde hacen un breve resumen de la historia del pueblo tepaneca. Después de la derrota de Chapultepec los mexicas que sobreviven, como hemos dicho, se establecen en Tizaapan, trabajando en la agricultura y sirviendo de guerreros en la guerra entre Colhuacán y Xoxhimilco. Pero poco a poco, aunque se inició como una relación de vasallaje, los mexicas acabarán mezclándose con sus señores, sobre todo porque los hombres reciben esposas Conhuas. Cuentan los códices que para premiar a un valiente líder mexica le entregan como esposa una princesa de sangre real, y él la desolla y entrega su piel a quien se la había dado, para indicarle que las relaciones entre ellos están rotas. A partir de este momento, como es normal, tienen que marcharse de Colhuacán y puede ser entonces cuando empiezan a gestar la ciudad de Tenochtitlán, que era un territorio deshabitado, donde los mexica tienen que partir de cero. La fecha de fundación de la ciudad está entre 1325 y 1345. Al principio serán dos ciudades: Tlatelolco al norte y Tebochtitlán al sur. No se sabe cual de las dos ciudades se fundó primero, pero si que el islote había pertenecido previamente a los tepanecas, y que en un principio los mexicas están sujetos a vasallaje con Azcapotzalco. Poco a poco los mexicas van escalando puestos en la organización política de Azcapotcalco, y desde su condición de vasallos fueron pasando a ocupar puestos importantes en el gobierno, sobre todo debido a sus buenas condiciones militares. Antes de que se estableciese el gobierno de los señores, había guerreros que ocupaban esos puestos. Dice algún códice que en Tlatelolco el primer tlatoani fue Cuapitzahuac, hijo de Tezozomoc, y en el códice Azcatitlán se muestra una lámina donde se narra la misma historia. A él le sucede su hijo Tlacateotl, que se casa con una princesa de Coatlichan, enlazando así la estirpe mexica, la tepaneca y los antepasados toltecas. Los destinos de Tenochtitlán y Tlatelolco fueron paralelos hasta que las dos ciudades se enfrentaron en una guerra y Tlatelolco se convirtió en ciudad vasalla y secundaria. Pero en el tiempo de la hegemonía tepaneca hay fuentes que confirman la preeminencia de Tlatelolco sobre Tenochtitlan, y así se refleja, por ejemplo, en el Códice García Granados. Los Anales de Tlatelolco nos informan de que los mexicas estaban obligados, al principio de su asentamiento, a entregar tributos a Azcapotzalco, y más tarde se entregaba a un recogedor de tributos que se asentaba en Tlatelolco. Otras fuentes identifican a un personaje llamado Teutlhuac con un alto mandatario de Tenochtitlán, y a decir de algunos códices podría ser hijo del tlaotani Chimalpopoca, y por tanto, descendiente de la estirpe gobernante tepaneca. En los Anales de Tlatelolco encontramos referencias a la caída de Cohuacán, poco antes de la fundación de Tenochtitlán, y se habla de una fecha aproximada al año 1363. El altepetl de Chalco era importante por su agricultura y la cercanía a las zonas de lagos; y fue una de las muchas conquistas mexicas. Se dice que sus habitantes tenían su propio tlatoani, y ejercían una importante influencia en las zonas cercanas, que les estaban sometidas. Pero se vieron despojados de su poder y sucumbieron a la alianza entre mexicas, tepanecas y la gente de Itztapalapan. Alrededor del año 1407 Chalco quedaría también obligado al pago de un tributo. El principio del fin de la civilización azteca puede fecharse hacia 1519, el año del Quetzalcoátl, cuando Cortés llega a México. Apenas transcurren dos años hasta que es arrasada Tenochtitlán, según se narra en los Anales de Tlatelolco. Y en este momento hay que hablar de dos personajes que son parientes, primos, en realidad, pero que actuaron de manera muy distinta: Moctezuma II con un miedo reverencial a los conquistadores, ofreciéndoles toda clase de regalos y prebendas, incluso alojándoles en su propio palacio hasta que fue secuestrado, y Cuauhtemoc, que lucha hasta el final contra Cortés y le pide luego, cuando es vencido, que le de muerte. Siguiendo de manera breve la vida de Cuauhtemoc podemos llegar a saber cómo vivían los aztecas y cómo se educaba a un niño cuyo porvenir y destino era la guerra. Cuando nacía un varón se situaban al lado de su cuna las armas de su padre, y su cordón umbilical era enterrado en el campo de batalla. Luego se llamaba a los augures para que indicasen qué suerte era la que le esperaba, y según lo que ellos dijesen, se elegía un nombre. A los niños de clase alta y que están destinados a ser guerreros se les educa desde su más tierna infancia de una manera severa y espartana, para que se acostumbren desde pequeños al dolor y al sacrificio. Entre los seis y los trece años se alimentan de tortilla y media de maíz al día y poco más, y deben ayudar a sus padres en los quehaceres domésticos. Cualquier desobediencia es duramente castigada, de diversas maneras: clavándoles en los pies espinas de maguey, con latigazos o haciendo que aspiren humo de chile en las brasas. Cuando alcanzan los doce o trece años deben internarse solos en los bosques a recoger leña y pescar en el lago para alimentar a toda la familia. A los quince años ingresan en el templo o Calmecac, que también hace de colegio, y aprenden sobre todo los misterios de la religión, pero también astronomía y ciencias. Se forjan en el ayuno y la abstinencia, y en el ejercicio de mortificar su cuerpo para acostumbrarse a la dureza de la vida militar. En el calmecac también se enseña a los jóvenes la historia y tradiciones del pueblo mexica desde que abandonó Aztlan, cuando eran chichimecas, hasta la llegada a Colihuacán y se mezclan con los toltecas. Cuando los aztecas hacían la guerra no era sólo para destruir a los enemigos y conquistar nuevas tierras, sino también para conseguir prisioneros que luego serían inmolados a los dioses en los teocalli o pirámides solares. Cuando un joven guerrero conseguía su primer prisionero se le entregaba una manta cuadrada tejida con cuatro rosas; y al que conseguía dos se le daba una manta de color naranja con cenefa rojiza; pudiendo también usar el atavío militar de tocado cónico y el escudo. Las ceremonias de iniciación de los jóvenes empezaban con el agujereado de orejas, labios y narices, para poder llevar las joyas de oro, jade y turquesa propios de los guerreros. Empezaban luego cuarenta días de ayuno, durante los cuales no se lavaban, y tenían que soportar toda clase de insultos y vejaciones. Luego se les entregaban públicamente las armas y se les llevaba por las calles de la ciudad con gran pompa y boato. El culto al dios Quetzacoatl, la Serpiente Emplumada, data de unos mil años antes de la fundación de Tenochtitlán y así consta en grabados de Teotihuacán y Xochichalco. Este dios en un principio se asociaba al viento y se pensaba que había dado forma al hombre robando unos huesos e impregnándolos de su propia sangre para infundirle vida. Disfrazándose luego de hormiga le habría proporcionado un grano de maíz que sirviera de semilla para tener alimento. En Teotihuacán el culto a la Serpiente Emplumada aparece asociado al culto a un dios benévolo, Tlaloc, deidad de las lluvias y de las buenas cosechas. Pero más tarde, en los templos de Tula nace un personaje al que también se le llama Quetzacoatl, que al parecer fue rey y sacerdote de Tula, y que obedece también al nombre de Topiltzin. Los Anales de Cuahtitlán le retratan como un hombre blanco y con barba, que enseñó diversos oficios a los toltecas, y que no consentía sacrificios humanos, limitándose a sacrificar aves o reptiles. Esto provocó la ira de los demás dioses, que le emborrachan y en medio de las brumas etílicas comete actos depravados. Cuando se da cuenta de que ya no es casto ni puro, huye de Tula y reaparece en lo que sería la actual Tabasco. Pero antes de desaparecer, anuncia que volverá precedido de estrellas y fenómenos atmosféricos. Por eso, cuando Cortés llega nadie duda de que se trata del mismo Quetzacoatl, y por eso Moctezuma le envía el tocado con plumas de quetzal. Dos años antes de la llegada de Cortés a México, y desde la isla de Cuba, sale una expedición capitaneada por Francisco Hernández de Córdoba; y uno de sus lugartenientes, Antón de Alaminos, arriba a una isla enfrente de las costas de Yucatán, llamada Isla Mujeres. Ven tal despliegue de riqueza y joyas en los indígenas, que se animan a seguir y Hernández de Córdoba alcanza Campeche, pero los indios le expulsan y se refugia en la Florida, y desde allí llega a Cuba. Pero Velázquez, el gobernador de Cuba, decide enviar otra expedición, esta vez al mando de Grijalva, que llega hasta Tabasco, donde termina la influencia maya. Llegan luego a Veracruz, pero temiendo el ataque de los peligrosos indios Huasteca, deciden regresar a Cuba. Estas noticias del desembarco de hombres blancos le llegan a Moctezuma, según sabemos por el Códice Ramírez, y se asombrado al oír como le cuentan que enormes moles, que podían ser casas o montañas, se movían por encima del agua. Moctezuma envía emisarios a Cotastla para que le traigan más noticias, pero ya no tiene demasiadas dudas de que está pronta la llegada de Quetzacoatl. Es este ambiente de dudas y miedo el que se encuentra Corté a su llegada. ¿Y quién era Cortés? Había nacido en Medellín, en tierras extremeñas, al parecer en una familia hidalga, pero de escasa fortuna. Es enviado a estudiar bachillerato y Leyes a la universidad de Salamanca, pero regresa a casa antes de terminar sus estudios. En 1504, cuando tiene 19 años, se embarca a las Indias, llegando primero a La Española, aunque pronto se trasladará a la isla de Cuba. El fracaso de la expedición de Grijalva hace que él se proponga llevarla a cabo con éxito. Bernal Díaz le describe como “de buenas proporciones, aunque con el rostro a menudo ceñudo, gran señor en el comer y en el vestir, travieso con las mujeres y de conversación franca y amable, además de algo poeta”. Pero es sobre todo sagaz y ambicioso. Este es el hombre que el 10 de febrero de 1519 sale de La Habana con once naves rumbo a Cozumel. Allí se entera de que hay algún cristiano en la zona, pero como no tiene más noticias embarca camino de Tabasco. Apenas ha salido tiene que regresar por un problema que hay que reparar en el barco, y no sale de su asombro cuando desde una canoa un hombre vestido a la manera indígena le saluda en español. Es Jerónimo de Aguilar, de Écija, que se libró de ser sacrificado como muchos de sus compañeros y lleva nueve años como prisionero y conviviendo con los indios, lo cual le ha servido para aprender nahualt a la perfección. Cortés le lleva consigo como intérprete. Al remontar el río Grijalva deben librar una batalla con los indios, y les vencen sin problemas. El cacique del lugar obsequia a Cortés con una veintena de mujeres, y entre ellas hay una que le cautiva, y empezará siendo su amante, para ser luego su intérprete y más tarde su mejor consejera y hasta la madre de su hijo Martín. Hablamos de una india, hija de un cacique local que es capturada como esclava, y que obedece al nombre de Malinalli o Malintzin, a la cual los españoles llaman Malinche, y que más tarde será conocida como Doña Marina. Bernal Díaz la describe como “una india de buen ver, entrometida y desenvuelta”. Cuando llegan emisarios de Moctezuma pidiendo hablar con el Tlatoani, les recibe Cortés en persona y le entregan, en nombre de su Tlatoani los atavíos sacerdotales, tocados, mantos y joyas; a la par que le piden que no siga su viaje. Cortés recibe los regalos, pero luego ordena que se ate a los embajadores y manda que disparen el cañón más grande de los que llevan. Los aztecas se desmayan del susto. Según cuentan los Anales de Tlatelolco, se le ofrece a Cortés un sacrificio humano, y él, horrorizado, mata con sus propias manos al sacerdote oficiante. Es el inevitable choque cultural entre dos mundos completamente distintos. Cuando vuelven los embajadores y cuentan su experiencia a Moctezuma, éste se queda aterrorizado y teme que ocurrirá lo peor: no podrán detener a los extranjeros. Y todavía se asustaría más si supiera que alguno de los pueblos tributarios de los mexica se ha unido a los españoles. Cortés se siente más fuerte que nunca porque ha podido ya romper los lazos con el gobernador Velázquez, con el que estaba en malas relaciones, al haber conseguido el permiso a su expedición de mano del propio emperador Carlos I. En ese buen estado de ánimo llega a la ciudad de Cempoala, capital de la tierra de los totonacas, y les reciben con gran jolgorio y alegría. Cuando llegan los calpixques, recaudadores de impuestos mexicas, son hechos prisioneros por orden de Cortés. Si otro cualquiera hubiese apresado a un mexica de alto rango, la venganza no se hubiese hecho esperar; pero en este caso se pasa por alto. Pero los totonacas ya están comprometidos en el acto de haberles apresado y no les queda más remedio que aliarse con los españoles. Salen de Cempoala unos 400 soldados españoles y 1600 totonacas, que llegan a Xicochimalco, la entrada en las tierras de los nahua, cuyo clima frío le recuerda a Cortés a las tierras castellana y extremeña, y bautiza a la región como Nueva España. Llega Cortés a la región de Tlaxcala y se aposenta en las afueras de la ciudad. Los tlaxcaltecas tenían pensado atacar a los españoles por la noche, pero éstos son avisados por los totonacas y Cortés castiga a duramente a los habitantes de la zona. El cacique de lugar acaba entregándose a las tropas extranjeras. Se decía que en las montañas de Popatepetl moraba el dios Tlaloc, y el volcán imponía respeto a todo el mundo. El español Gonzalo de Ordaz piensa en escalar la montaña y Cortés le proporciona algunos indios y también soldados. Por todo el lugar se extiende el rumor de que los extranjeros han violado la morada de los dioses. Cortés sale de Tenochtitlán con rumbo a Cholula, donde estaba el santuario de Quetzacoatl; y como los cholultecas eran enemigos de los mexicas, les reciben con alegría y honores. A poco de llegar le dan noticias a Malinche, no se sabe si verdaderas, de que amigos de Moctezuma planean una rebelión y piensan en matar a Cortés. Éste, sin detenerse a investigar más, ordena la muerte del tlatoani, de la nobleza y los sacerdotes. Fray Bartolomé de las Casas critica este acto duramente en sus escritos. Mueren más de seis mil cholultecas y cuando a Moctezuma le llega la noticia todavía se asusta más y se retira a orar al templo. Llegan los españoles al valle de México siguiendo la ruta de los volcanes y en Chalco Cortés recibe la visita de Cacamatzin, señor de Texoco, que le agasaja con regalos y viandas. Por fin llegan a su meta, Tenoctitlán, que aparece ante sus ojos como una ciudad prodigiosa, una especie de Venecia del Nuevo Mundo, con sus canales, chinampas y trajineras. En el centro de la isla se situaba el templo mayor, donde había diversas pirámides y espacios para el juego de pelota. Bernal Díaz del Castillo nos describe el palacio de Moctezuma como hecho de piedra y madera de cedro, con salas espaciosas y con grandes patios y jardines. La ciudad gemela, Tlatelolco, no desmerece a la primera. Moctezuma y otros tlatoanis, como Cuauhtémoc reciben a los extranjeros, y cuando Cortés va a estrechar la mano de Moctezuma, se lo impiden, porque no se le puede tocar. Se les aloja en el palacio imperial, y a primera rebelión de los nobles y el resto de la población contra Moctezuma tiene lugar cuando éste ordena que agasajen a los extranjeros con todo lo que pidan. Después de una semana alojados en el palacio y ante la vista de tanta riqueza, Cortés y sus hombres deciden tomar como rehén a Moctezuma y pedir por él un jugoso rescate. Lo apresan aprovechando la presentación de tributos de la ciudad de Nautla, una villa al norte de Veracruz. El tlatoani mexica solo protesta levemente cuando en el templo mayor de Tenochtitlán los españoles destruyen las imágenes de dioses aztecas y colocan un altar con una imagen de la Virgen y una cruz de madera. El 1 de diciembre de 1519 se dice la primera misa en estas tierras. Los aztecas no veían mal acoger en su seno a otros dioses, porque ya lo habían hecho antes y practicaban el politeísmo; pero sustituir y erradicar a sus dioses lo consideraban como una declaración de guerra. Mientras mantienen a Moctezuma como rehén nuevas preocupaciones acucian a Cortés, porque Velázquez no de resigna a un segundo plano y manda una expedición cuyo capitán es Pánfilo de Narváez, para arrebatar el mando a Cortés. Desembarcan en San Juan de Ulua y llegan luego a Cempoala, donde intentan atraerse a los totonacas. Deja entonces Cortés la ciudad de Tenochtitlán al mando de Pedro de Alvarado, y con la mitad de los hombres, va a enfrentarse a Narváez, que pierde un ojo en la lucha y acaba por rendirse. Además, Narváez traería consigo otro compañero de viaje, y bastante desagradable: la viruela, que mata a muchos indígenas y a algunos españoles. Emprende Cortés la vuelta a Tenochtitlán, en donde ha estallado una rebelión mexica que nace a causa de las celebraciones del mes de Txcatl, cuando se sacrifica al dios Tezcatlipoca. Los sacerdotes tenochcas piden permiso a Tonatiuh (Sol), que es así como llaman a Alvarado por su cabello rubio, para celebrar las festividades religiosas, y él pone como condición que no deben celebrarse sacrificios humanos. Los sacerdotes aceptan, pensando que llegado el momento disimularán el sacrificio. El caso es que los españoles abren fuego contra los que están en el templo, no se sabe si porque se dieron cuenta del engaño o porque les cegó la avaricia y querían apoderarse de los tesoros. Se ven obligados a refugiarse en el palacio real y Alvarado intenta negociar la paz usando a Moctezuma como moneda de cambio. Al no ser posible, comete el error de liberar al caudillo Cuitlahuac, que también estaba preso, para que negociase la paz; pero él se pone al frente del ejército mexica y se apresta a la lucha. Esto es lo que Cortés se encuentra cuando llega de Cempoala el 24 de junio de 1520. Decide el caudillo extremeño sacar a Moctezuma a las murallas para que hable a su pueblo, pero las gentes le acusan de cobarde y traidor, y se oyen voces insultándole con el epíteto de “mujer de los españoles” según cuenta Bernal Díaz del Castillo. Acaban matándole a pedradas, aunque las fuentes indígenas sostienen que le matan los españoles. La noche del 30 de junio, que en adelante será conocida como “La Noche Triste”, Cortés emprende la huida, dejando atrás muchos muertos y numerosos heridos. Se refugian en el valle de Otumba, pero a los pocos días llega un enorme ejército de indígenas a los que se tienen que enfrentar en inferioridad de condiciones. Cortés dice a sus capitanes que vayan a por los caudillos, pues su muerte desanima a los guerreros aztecas. Él mismo mata a uno de los jefes principales y cuando levanta en alto su estandarte, los mexicas huyen despavoridos. Después de la Noche Triste, aquellos heridos españoles e indígenas aliados que se quedaron en Tenochtitlán fueron sacrificados a los dioses. Se les abrió el pecho cuando todavía latía su corazón, que se arrancó de cuajo y fue ofrecido al dios Huitzlopochtli, deidad de la guerra. Sus cráneos fueron colocados en el lugar reservado para ello, el Tzompantli. Había que elegir ahora un nuevo Tlatoani, y fue Cuitlahuac, aquel valiente que había dirigido la lucha. Pero duró poco tiempo en su cargo, ya que muere aproximadamente el 23 de octubre, víctima de la viruela. De nuevo hay que elegir un sucesor, y esta vez recae en Cuauhtemoc, príncipe de Tlatelolco. Bernal Díaz del Castillo dice de él que es un gentilhombre, a pesar de ser indio, de cara alargada y alegre, y facciones correctas, con la tez un poco más clara que la mayoría de los indígenas. La primera tarea que se impone es fortificar la ciudad, ahondando acequias, levantando murallas y cavando fosos. Manda embajadores por todo el territorio ofreciendo la exención de tributos a los pueblos que ayuden a los mexicas en su lucha contra los extranjeros. Pocos se dejan convencer. Para dar mayor legitimidad a su título se casa con una hija de Moctezuma, de la que Bernal Díaz dice que es buena moza, aunque india. El Malinche, como se llama a Cortés, sigue tomando posiciones para la guerra. Para iniciar la lucha se dispone a conquistar la ciudad de Tepeaca, y la toma a sangre y fuego, valiéndose del pretexto de que los nativos practicaban la antropofagia. Traslada allí sus reales y bautiza a la villa como Segura de la Frontera. Desde allí se propone dominar todo el Anahuac. Envía a su lugarteniente Olid a que siga la ruta de los volcanes hacia Cholula, Atlixco y otras zonas vecinas. El 28 de diciembre de 1520 Cortés empieza a pensar en el regreso a Tenochtitlán y cuando llegan a la ciudad de Calpulalpan se encuentra con que una partida de españoles ha sido apresada y todos fueron sacrificados a los dioses. Llegan luego a Texcoco y se alojan en el palacio real, pero apenas durante una semana, porque planean llegar a Ixtapalapa, de donde había sido tlatoani el valiente Cuitlahuac, que se puso al frente de los mexicas. Los indígenas rompen diques y Cortés y sus huestes están a punto de perecer ahogados, como él mismo relata en una carta al emperador. Pero esta desventura no les resta prestigio, y Cortés envía a su lugarteniente Gonzalo de Sandoval a la ciudad de Chalco, donde le reciben bien. Allí hay varios prisioneros mexicas a los que Cortés libera y envía como emisarios de paz a Cuauhtemoc, ofreciéndole olvidar el pasado, siempre que los mexica se sometiesen, porque de no ser así, destruiría la ciudad de Tenochtitlán. Entretanto, las huestes de Cortés siguen avanzando y se apoderan de la ciudad de Tacuba, en donde le llegan noticias de Cuauhtemoc, quien le contesta que él no es Moctezuma, y que nunca se entregará de buen grado. Los españoles se establecen en Texcoco, preparándose para la lucha. Llegan hasta la actual Cuernavaca, o Tepoztlán, y combaten luego duramente en Xochimilco a quienes no quieren rendirse, y Cortés está a punto de caer prisionero. Es en Cayoacán donde los mexicas apresan a dos soldados españoles: Pedro Gallegos y otro a quien apodan “El Vendabal” por su carácter alocado. Se los entregan a Cuauhtemoc para que puedan ser ofrendados al dios del Sol. Conquistan primero los españoles la ciudad de Tlatelolco, y luego Cortés manda a Sandoval con doce bergantines para que ataquen el cuartel general del jefe mexica. Logran apoderarse del caudillo Cuauhtemoc y lo llevan a la presencia de Cortés, a quien pide el indígena que le mate con su propio puñal. Pero Cortés rehúsa hacerlo y dice que le respeta por su enorme valor. La ciudad se rinde el 13 de agosto de 1521, y lo primero que Cortés ordena es que se limpien las calles y canales de cadáveres. Pero a pesar de todos los buenos propósitos del comienzo, y al encontrar el esperado tesoro de Moctezuma, pronto se empieza a torturar a Cuauhtemoc para que diga en donde está escondido. El 23 de junio de 1524 doce hombres descalzos y vestidos humildemente llegan a las puertas de Tenochtitlán. Son franciscanos que vienen a predicar el Evangelio entre los indios, y aunque Cortés les da una cordialísima bienvenida, enseguida tiene que marcharse porque le llegan noticias que Cristóbal Olid se ha rebelado en Acallán. Lleva consigo a Cuauhtemoc y llegan a su destino el 25 de febrero de 1525, con un ejército mermado por las fiebres, la disentería, y sobre todo el hambre, que ha hecho que los indios cometan antropofagia con algunos de los cadáveres. Según los Anales de Tlatelolco, el rumor de que en este ejército de extranjeros llega también un caudillo azteca, hace que los indios del lugar, llamados chontales, se congreguen para rendirle pleitesía, pues habían sido vasallos de los mexicas. Él les dirige un discurso propio de un vencido que conserva todo su orgullo, recomendándoles que se sometan si quieren que su pueblo sobreviva; pues él mismo nada puede hacer por ellos, ya que es un prisionero más al que pronto llevarán a tierras castellanas. A pesar de todo, parece ser que Malintzin denunció ante Cortés que se planeaba una rebelión entre los indígenas, y el extremeño, al borde de sus fuerzas, con un ejército diezmado y cansado, decide que resulta más cómodo creer en la supuesta conjura que proceder a una investigación. Condena a muerte a Cuauhtemoc y a otros caudillos locales. Cuenta Bernal Díaz del Castillo que cuando al jefe mexica se le interrogó, afirmó haber hablado con los indígenas del lugar, pero negó haber tomado parte en conspiración alguna. No se sabe realmente como fue su muerte; en unas crónicas se dice que fue ahorcado, y en otras que se le decapitó y se clavó su cabeza en una pica en los muros de la ciudad. Bernal Díaz se hace eco de las últimas palabras que Cuauhtemoc le dirige a Cortés, cuando está a punto de ser ejecutado: “ Malinche, sabía yo que esta muerte me había de ser dada, yo había conocido ya la falsedad de tus palabras, porque me matas sin justicia. Dios te lo demande, pues yo no te la dí cuando me entregué en mi ciudad”.

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Marlene Dietrich
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/21/2012

Marlene Dietrich nace en Berlín el 27 de diciembre de 1901, hija de Louis Dietrich, un ofiical prusiano, pero sobre todo, “bon vivant”, al que su padre ha amenazado en muchas ocasiones con desterrarlo a la lejana y salvaje América si no sienta cabeza. Su madre era Josephine Felsing, con la que su padre se casa por imposición de la familia, pero igual podía haberlo hecho con cualquier otra. Se instalan en Shoneberg, un selecto barrio de Belín, y pronto nace una primera hija a la que llaman Elisabeth, aunque todos la conocen como Liesel. Poco después llega una segunda niña, bautizada con el nombre de María Magdalena, pero conocida familiarmente como Lena o Leni. Será la preferida de su madre, porque es un calco del infiel Louis, con su pelo rubio rojizo y unos hermosos y rasgados ojos azules. El padre se divierte mientras tanto con la amante de turno y hace poco caso de su esposa y de sus hijas. Por desgracia para ella, Josephine ama a su marido, y se convierte prematuramente en una vieja amargada, que se viste como una severa institutriz y dirige la casa con mano de hierro. La hermana mayor es todo ternura y parece mendigar un cariño que no recibe de nadie, porque es la pequeña quien se lleva todas las carantoñas. Pero nunca demuestra celos de Lena, sino que al contrario, le hará toda la vida de guardiana y criada, recogiendo sus juguetes y cargando a veces con castigos que no son suyos. Las niñas adoran al padre, aunque es más una ausencia constante que una presencia. Lena lleva un diario que le ha regalado una de sus tías y allí vierte todos sus sueños de adolescente, y cuando estalla la guerra, también los sucesos del campo de batalla, o al menos aquellos de los que ella se entera. Pero es una chiquilla rebelde, lo cual preocupa a la madre, que no duda en cargar a su hija mayor con la responsabilidad de hacerse cargo de la pequeña. Y así, la pobre Liesel tiene que pasar las tardes sobre el hielo, a pesar de que odia patinar. Lena nunca está contenta con nada ni con nadie, y para todo encuentra una protesta. Tampoco le gusta, como no podía ser menos, su nombre, le parece infantil y sin sentido. Haciendo juegos de palabras llega hasta Marlene, y ordena que en adelante todo el mundo la llame así. Si le llaman Lena, no contesta. Los primeros tiempos de la guerra no se hacen notar demasiado en Berlín, pero la desgracia pronto golpea a la familia Dietrich, porque muere en el frente el tío Otto, y su viuda va a vivir a casa de Josephine. Marlene verá muchas tardes a su tía y a su madre cosiendo y llorando. Todos los muchachos alemanes y también las chicas, se vuelven locos con el aviador de moda, que no es otro que el barón Manfred Von Richstofen, al que bautizan con el sobrenombre de “El barón Rojo”, porque en un alarde de vanidad y de provocación, hace pintar su triplano Fokker de color rojo brillante, para ser fácilmente reconocible por los aviadores ingleses. Y la desgracia se sigue cebando con la familia, pues a mediados del año 1916 cae en el frente del este el padre, el guapo e infiel Louis. Dos son ahora las viudas que lloran en la casa de Shoneberg, y los problemas económicos resultan cada vez más acuciantes. Escasean los alimentos y hay que acudir a veces al Mercado Negro cuando no alcanzan las cartillas de racionamiento. Por si fuera poco, una peligrosa gripe acecha la ciudad, y Josephine decide mudarse con sus hijas a Dessau, donde le resulta más barato vivir. La dieta casi nunca cambia y Marlene está harta de comer todos los días sopa de nabos. La suerte empieza a cambiar un poco cuando Edward Von Losch, amigo del difunto Louis, pide a Josephine que se case con él, a pesar de la oposición de su familia. Ella accede; no le ama, pero le respeta profundamente y sabe que la vida de las niñas mejorará. Liesel le acepta de buen grado, y como siempre será Marlene la fuente de todos los problemas. Ya en el otoño de 1925, Marlene vuelve al trabajo; aparece en dos películas, hace obras de teatro y revista, y poco a poco la gente del arte de la ciudad empieza a conocerla. Su hija tiene casi dos años y ella, por lo tanto, cuenta con más libertad de movimientos. Contrata a una chica para que se haga cargo de la niña, que se siente más cercana de esta muchacha que de su propia madre, que tan pronto la estruja entre sus brazos diciéndole que ella es solo suya y de nadie más, como la esclaviza con aparatos y ejercicios para unas piernas supuestamente torcidas, o simplemente la olvida en un rincón. Dos años más tarde viaja a Viena para rodar dos películas, y su amiga Tamara, a quien todos llaman Tami, pasará prácticamente el día y la noche en su casa, haciéndose cargo de los cuidados de Rudy y María. Tamara era de origen ruso, menuda, de pelo negro y con los altos y elegantes pómulos de las eslavas. No tiene nada de extraño que ella y Sieber acaben convertidos en amantes, pues desde que se supo embarazada, Marlene no ha vuelto a tener relaciones con su esposo. Ella sabe de esta relación desde el principio, y la consiente, pues son una pareja abierta y libre en sus vidas sentimentales. La única condición es que el mundo no se entere; con lo cual Tami aparecerá siempre como la amiga y secretaria personal de Marlene. Entre ella y su esposo hay y siempre habrá un profundo respeto y sobre todo una gran amistad. Rudolph la aconseja y la ayuda en su carrera, y siempre será su más fiel amigo y quien mejor vele por sus intereses. En 1929, el año de la Gran Depresión, a Marlene le llega una oferta excelente, para hacer un papel de prostituta en una película del gran director Von Sternberg. Uno y otro se quedan extasiados al conocerse, y a Marlene le dan el papel estelar, de Lola-Lola en El Ángel Azul, la primera película sonora del cine alemán. Cobraría por ella la entonces astronómica cifra de cinco mil dólares. Poco a poco Von Sternberg pasa a formar parte de la extraña familia que Marlene se ha buscado, y ella cocina típica comida alemana en su casa para todos: su marido, su hija, el director y la siempre presente Tami. Es la Paramount quien distribuye la película, y le proponen a Marlene un contrato de siete años en América, pero ella no sabe qué hacer; aunque por una parte reconoce que es una gran oportunidad, por otra está indecisa, no quiere irse de su país, y teme llevarse a una niña tan pequeña al extranjero. Con su esposo, llegan a un acuerdo intermedio; ella se irá sola, de momento, mientras Rudy y Tami se quedan en Berlín al cuidado de María. El 30 de marzo de 1930, Marlene sale hacia Estados Unidos; y ahí empieza la segunda y más interesante etapa de su vida En Estados Unidos rueda también la película Marruecos, y al acabar regresa triunfal a Berlín para pasar la Navidad. A decir de todos, se ha refinado y sobre todo está más madura como actriz. Celebran la Navidad en familia, en esa extraña familia que han creado, y de común acuerdo deciden que una vez pasadas las fiestas, la niña irá a América con su madre, y Rudy se quedará en Berlín con Tami. Marlene y su hija viajan en el “Bremen”, a todo lujo y en primera clase. El arreglo es bueno para todos. Ya en Estados Unidos, se alojan en una lujosa mansión art decó de Beverly Hills, pagada por supuesto por la Paramount. Exige la productora que la prensa saque fotos de Marlene con su hija, para que el público pueda ver el contraste entre la “femme fatale” de las películas y la madre amante de la realidad. Es en esta época cuando Marlene inicia su romance con Maurice Chevalier, al que hace el desayuno y mima, aunque en su casa también vive, en un extraño “menage a trois”, el director Von Sternberg. Cada vez que Marlene inicia una nueva película, también empieza una dieta para quitarse de encima los kilos de más que ha ganado comiendo a dos carrillos la comida de su tierra natal: pepinillos en vinagres, salchichas, chukrut, ensalada de patata y arenques. Ahora debe sustituir toda esa comida por agua, te, café y laxantes. Solo un organismo fuerte como el suyo podía resistir tamañas barbaridades nutricionales. La siguiente película es El expreso de Shangai, en donde interpreta de nuevo a una mujer fatal, Shangai Lily, porque es el papel que mejor se le da. Ante las amenazas de la esposa de Von Sternberg de un divorcio escandaloso, se decide que hay que aplacar sus ánimos haciendo venir de Berlín al socorrido Rudy, junto con la secretaria oficial, Tami. Marlene no escatima en los preparativos para que toda su familia se encuentre contenta. La nueva película es todo un éxito, pero Von Sternberg y la Dietrich tienen problemas con la productora y deciden cancelar su contrato. Y a este problema se unen las amenazas de secuestro a la pequeña, en un momento en que se acaba de llevar a cabo el secuestro y posterior asesinato del niño Lindberg. Se contratan guardaespaldas y la casa se convierte en una fortaleza. Y al final, el director y la actriz solucionan sus diferencias con la Paramount y se firma la nueva película, “La Venus rubia”, que no obtiene el éxito esperado, a pesar de que Marlene actúa con su célebre frac blanco, que tan famosa la haría en todo el mundo. Será ahora cuando comience sus relaciones con Greta Garbo y Mercedes De Acosta. Cuando a Marlene le proponen hacer la película El cantar de los cantares, entra en tantas discusiones con Von Sternberg, que el director decide que ha llegado el momento de que sus caminos se separen. Ella se queda destrozada, porque lo ve como un abandono, y teme hacer una película con otro director; pero sabe que el contrato con la Paramount debe cumplirse si no quiere que la demanden. El elegido para dirigir la película será Rouen Mamoulian; y éste será el único trabajo que van a hacer juntos. Ya durante el rodaje Marlene mantendrá a la vez un romance con Mercedes de Acosta y con su “partenaire” en el cine, Brian Aherne. En Hollywood todo el mundo estaba al tanto de la bisexualidad de Marlene, y de su gusto por la ambigüedad, que le hacía vestirse a menudo con ropa masculina, para provocar por igual a hombres y mujeres. Pero en realidad, quienes la conocían bien, decían que a Marlene no la movía el sexo, como se podría pensar, sino los inicios del idilio, del romance en el sentido más romántico del término, y que lo que ella buscaba era sentirse querida y deseada. Y si para eso había que pasar por el sexo, se pasaba. Antes de terminar el rodaje de la película llegan de Alemania Rudy y la siempre presente “secretaria” Tami. Ya la familia está al completo, y aumentada por el los dos amantes de turno de la Dietrich; el actor y la de Acosta. Aunque con Mercedes empieza a haber cierta tensión a causa del triángulo Dietrich-De Acosta-Garbo. Y las cosas empiezan a cambiar en Alemania, hasta el punto de que Rudy aconseja a Von Sternberg, que es judío, que se marche del país. En 1933, cuando Marlene viaja a París, se encuentra por problemas por vestir pantalones, pero ella sabe sacarle partido cuando la prensa se hace eco, porque aumenta su popularidad. Le llueven invitaciones de todos los modistos para que visite sus salones; todos quieren vestir a la Dietrich. La siguiente película que rueda es “Capricho imperial”, sobre la vida de Catalina de Rusia, y la hará de nuevo con Von Sterrnberg, porque ningún director la entiende como él ni sabe sacar tan a flote su talento. En su gira europea llega hasta Austria, y les paga el viaje y un lujoso hotel a su madre y hermana, a las que no ve desde hace mucho tiempo. Tiene ocasión de enterarse, por su familia, de lo que ocurre en ese Berlín de 1933, cuando Hitler es ya canciller; y le parece imposible creer lo que está oyendo. Pero hay que volver a Hollywood, porque el rodaje tiene que comenzar, con Marlene en el papel de la emperatriz. Y de nuevo, tras los excesos en el comer durante la gira europea, en donde Marlene ha estado en los mejores restaurantes de Paris, Londres y Viena y no ha tenido reparos en ir al baño a sacarse la faja a media comida, para poder seguir engullendo; vuelve a someterse a una dieta draconiana en Estados Unidos para rodar su nueva película. Ahora se va a vivir a Bel Air, con Von Sternberg, porque de nuevo han reiniciado su relación a todos los niveles. Pero debe enfrentarse a un grave problema: como es tan rígida y exigente para su maquillaje y vestuario, ninguna asistente trabaja bien con ella y la única que la atiende como ella quiere es María, su hija de tan solo diez años. Las autoridades la advierten de que si no escolariza a la niña puede acabar hasta en la cárcel; y llegan a un acuerdo; en los rodajes de las películas habrá siempre un par de profesoras para María. Cuando acaba la película “El diablo es mujer”, Von Sternberg da una rueda de prensa para anunciar que es definitiva ya la separación de su carrera profesional y de la señorita Dietrich. Ella se siente insegura cuando es otro quien la dirige. En su Alemania natal, el ministro de Propaganda, Goebbels, aprovecha la ocasión para enviar una carta a Marlene felicitándola por “haberse deshecho de ese judío indeseable”; y le ofrece ir a trabajar a Alemania, en películas que exalten la gloria del Tercer Reich. Ella se horroriza primero y luego reacciona con un monumental enfado por el atrevimiento de Goebbels. Después de hablarlo con su esposo, decide renunciar a su nacionalidad alemana y solicitar la ciudadanía americana. Al poco tiempo, jura solemnemente la constitución de los Estados Unidos de América. Solo la hija de Marlene se da cuenta de los problemas mentales que arrastra Tamara, la amante de Sieber. El mundo no puede saber qué relación les une, para proteger la reputación de Marlene; por lo tanto la pobre Tamara debe aparecer siempre en segundo lugar, como un perrito faldero. Pero sobre todo, lo que más afecta a su salud mental es que Rudolph la obliga en repetidas ocasiones a practicarse abortos para que su relación no saliese a la luz. A Marlene no le importa, ni escucha a su hija cuando le cuenta los problemas de Tami. El nuevo amante de Marlene es John Gilbert, que antes había mantenido una relación con la Garbo, por lo cual para Marlene será cuestión de honor que su idilio dure más tiempo que el de la sueca. Rodará la película “El jardín de Alá”, y cuando acaba el trabajo emprende una gira por Europa, que empieza en Londres. La Dietrich es una obsesiva de la limpieza, y cada vez que llegaba a un hotel, aunque fuese el Claridge, sacaba de su maleta los artículos de limpieza, se ponía el delantal y de rodillas fregaba todos los baños hasta dejarlos completamente desinfectados. Estaba obsesionada con la idea de pillar una enfermedad, como decía a todas horas. Tampoco quería tener criados negros, porque según ella “parece que siempre tienen las manos sucias”. En Europa presentaban a Tamara como la institutriz de la niña; y la pobre rusa estaba cada vez peor a causa de todas las pastillas que se veía obligada a tomar, que la hacían estar tanto en lo alto como abajo en los infiernos. Ya no podía disimular el temblor de sus manos delante de todo el mundo. Rudolph debe hacer el papel de amante esposo, y acompañar a la actriz a todas las fiestas a las que la invitan. Rueda en Inglaterra “LA condesa Alexandra” y tiene ocasión de conocer al efímero rey Eduardo VIII, cuando ya se hablaba de su relación con la señora Simpson. Pero Rudolph Sieber está cansado de hacer de marido y perrito faldero de la Dietrich, y paga sus resquemores y celos con quienes son más débiles que él; su hija María y la amante, Tamara, a la que trata como a una criada o a una retrasada. En esta época, mientras que la Dietrich está en Londres, decide que es la hora de enviar a su hija a un internado, y eligen Suiza; aunque no se queda demasiado tiempo, porque pronto vuelve a Estados Unidos con su madre. A finales de 1937 Marlene rompe relaciones con la Paramount y decide viajar de nuevo por Europa porque no tiene ninguna película a la vista. Tiene ocasión de conocer a Erich María Remarque, con quien mantendrá un romance primero y una buena amistad después. En 1939 se encuentra con un grave problema con el Fisco americano, que le reclama una cantidad de dinero por impuestos no pagados de los beneficios de “La condesa Alexandra”. Joe Kennedy interviene con su poderosa influencia para que se llegue a un buen acuerdo. LA convencen para que se inicie en un género nuevo para ella, como es el western, y rueda tres películas con John Wayne, pero nunca se llevarán bien, quizá porque es uno de los pocos actores que no se rinde a sus encantos. Llega el momento en que Estados Unidos entra en la guerra, después del ataque sorpresa a Pearl Harbour, y Marlene se muda a Nueva York, donde prepara un espectáculo musical con el que hacer una gira por todo el país y por todos los lugares del extranjero donde haya soldados americanos luchando. Aparece con uniforme militar y sale a la luz la herencia de oficial prusiano de su padre, pues está en su elemento y dirá, en sus últimos años de vida, que ésta había sido la mejor época. Cuando llega a Argel y actúa ante los soldados, éstos la ovacionan de una manera asombrosa. Visita en los hospitales a los heridos e intenta animarles cantando para ellos “Lily Marlene”. Mientras tanto María, la hija de Marlene, ha intentado independizarse, pero se busca las peores compañías para hacerlo, y en realidad pasa los días en una bruma etílica y de somníferos. Marlene abandona África y se va a Italia con toda su troupe, llevando alegría y consuelo a los chicos del ejército americano. Les dedicaba fotos, hablaba con ellos, les consolaba cuanto tenían miedo antes de entrar en combate o simplemente echaban de menos a sus novias o esposas. Puede que, en algunas ocasiones, el consuelo no fuese sólo espiritual, pero eso carecía de la menor importancia para ella. Estaba representando el mejor papel de su vida, el de buena patriota americana. Incluso confiesa, gajes del oficio, haber pillado “unas vulgares ladillas” y también algo más grave, pues enferma de pulmonía y ha de estar un tiempo hospitalizada en Bari. Ella es quien da, a más de mil soldados, la noticia del desembarco de Normandía; y al poco tiempo ha de volver a casa al menos unos meses; aunque lo hace de mala gana, porque disfruta enormemente del trabajo que está haciendo. Pero sigue en el ejército, y conoce al general Patton, con quien mantendrá un pasajero romance. Viaja a Francia con toda su compañía, y está contenta de permanecer junto a Patton, porque adora de él su valentía, su arrojo y a veces su carácter complicado. Cuenta, aunque no se ha podido probar que fuera verdad, que fue James Gavin, comandante de la 82 División Aerotransportada, quien la salvó en un ataque de los alemanes. De cualquier manera, ahora compartirá amoríos entre Patton y Gavin. Todo muy patriótico, como no podía ser de otra manera. Nunca le importó que sus amantes fuesen más jóvenes que ella; más bien al contrario, a medida que cumplía años, la edad de sus compañeros de cama se rebajaba. Consigue de Gavin que se le permita visitar Berlín, y allí se presenta con el uniforme del ejército americano y todas sus condecoraciones. Se entera de que los padres de su esposo están en un campo de refugiados de la zona rusa, pero poco puede hacer, porque para cuando le dan el salvoconducto para pasar, su suegra ya se ha muerto. La situación en Alemania es crítica y está contenta de poder ayudar a su madre y a su hermana. Su hija María ya ha tenido tiempo de casarse, de divorciarse, y de intentar sentar cabeza, lo cual empieza a hacer cuando conoce a William Riva, profesor de escenografía en la universidad de Nueva York. El 14 de julio de 1947 María, la hija de Marlene, se casa por segunda vez, pero no avisa a su madre, que está en Paris en ese momento. Cuando se entera, monta en cólera, aunque en privado; porque no puede consentir que todo el mundo se entere de que su hija no la hace partícipe de su vida. Una de las causas por las que no le gusta su yerno es debido a su ascendencia italiana y a su pelo y ojos negros. Para su desgracia, y lo que considera como una afrenta personal, es que sus nietos hereden los ojos de su padre, y no sus hermosos ojos azules. El departamento de guerra concede a Marlene la mayor distinción que se puede otorgar a un civil, que es la Medalla de la Libertad. En junio de 1948 se convierte en abuela, y las revistas la retratan como la abuela más sexy del mundo. Al poco de nacer su nieto, Marlene viaja a Londres porque Hitckock quiere que participe en una de sus películas. Es en esa época cuando se convierte en amante de Michael Wilding, aunque sigue frecuentando a Remarque o Gabin. Pero no le gusta el director inglés, y se niega a volver a trabajar con él. Marlene cumple con su papel de abuela como con todo en su vida; de una manera totalmente exagerada. Lleva en su bolso un babero del niño y lo enseña a todos el mundo con el que se encuentra, presumiendo que solo se duerme en sus brazos y de que no quiere a nadie más que a Massy; porque ella nunca permitirá que sus nietos la llamen abuela. Se le concede en Francia la Legión de honor, y sigue rodando películas; pero ahora entrará también en la televisión, que le proporcionará tanta o más fama que el cine. Sin embargo, nunca llegó a dominar este medio, más bien la asustaba, y en ocasiones, sobre todo en los últimos años, bebía bastante antes de hacer un programa en directo. En 1951 operan a Rudy, y su esposa, que entonces está en Paris, vuelve locos a sus médicos con llamadas de teléfono a horas intempestivas y telegramas, ordenado de qué modo atenderle. Al final, el estrés de convivir con una mujer de cuyos caprichos dependía hasta para atender a sus gastos, acaba haciendo mella en la salud de Sieber; que pide dinero prestado a un amigo para comprarse una casa en el valle de San Fernando y retirarse con Tami. Pero Marlene se enfurece, porque le gusta tener a toda la familia bajo la suela de su zapato, y controlar la situación. Ahora anda enamoriscada de Yul Brinner, hasta que él se cansa de que le asfixie con tanto amor y la deje plantada, lo cual le acarreará un odio de por vida. A tanto llega su rencor que cuando le ve en silla de ruedas, muchos años después, afectado por el cáncer que le causaría la muerte, la Dietrich no tiene reparos en decir que se alegra, y que se lo tiene merecido. Pero en 1951 Yul Brinner estaba en la cresta de la ola, a causa de su película “El rey y yo”; y Marlene no duda en alquilar un pisito en Park Avenue en donde esconder su amor. Lo decora con sedas y recrea un reino oriental para “su rey” como ella le llama. Aprovecha su estancia en la ciudad de los rascacielos para firmar un contrato de un programa diario de radio, cuya temática oscila entre el misterio y el espionaje, de título “Café Istambul”. Pero de nuevo vuelve locos a los guionistas, pues de continuo les enmienda la plana y se entromete en cómo deben hacer su trabajo. Actúa también en Las Vegas, donde todavía deslumbra al público con sus ajustados trajes de lentejuelas. Pero Marlene empieza a padecer dolores en las piernas que a veces le impiden hasta caminar; y aunque el médico le prohibe fumar, ella hace caso omiso, y se atiborra por su cuenta de toda clase de pastillas. Pese a todo, hace una gira mundial con su espectáculo, y en Tel Aviv los judíos la reciben como si ella en persona les hubiese sacado de los campos de concentración nazis. Actúa también en su patria natal, y es allí donde sufre una caída en la que se disloca un hombro. Pero lo realmente preocupante sigue siendo su sistema circulatorio, que le afecta principalmente a las piernas, y hace que éstas se le hinchen horriblemente. Ahora debe echar mano casi siempre de su famoso frac cuando actúa, para esconder sus piernas, antaño tan bellas, deformadas por la enfermedad. En 1963 hace una gira por Estados Unidos, y visita al presidente Kennedy, de cuyo padre, al parecer, había sido más que amiga. También presumirá de haberse acostado con el hijo. En Londres accede, como si fuera una reina, a retratarse con los Beatles. Pero debido a unas preocupantes hemorragias, debe pasar un tiempo hospitalizada. Marlene tiene cáncer, aunque no quiere enfrentarse a la realidad; se niega a cuidarse y acude a u espectáculo en Johanesburgo, del que sale triunfante. A los 64 años consigue vencer el cáncer, quizá porque nunca llegó a admitir que lo padecía. E incluso tiene tiempo de volver a enamorarse en Australia de un periodista, mucho más joven que ella, como era natural. En 1967 triunfa en Broadway, y consigue el Premio Tony, aunque cuando lo recoge está algo borracha. Muere Joe Kennedy, muere Erich María Remarque; los antiguos amantes de la Dietrich empiezan a abandonarla; y hasta se muere el duque de Windsor, del que ella pretendía haber sido amiga. Poco a poco va cayendo en las garras del alcoholismo y empieza a tener dificultades para que la contraten; aunque a los 72 años aún de vez en cuando se sube a un escenario para una actuación en directo. Pero vuelve a sufrir otra caída y esta vez es grave, porque se hace una enorme herida en la pierna izquierda. No quiere operarse, y la atiborrar de antibióticos para evitar la infección. Aun así, va a una actuación a Montreal, con la herida abierta, y la pierna llena de vendas. De allí vuela a Texas, aunque los médicos la avisan de que si no se opera, perderá la pierna. Al final se le practica un injerto, y mejora bastante. El tiempo que debe pasar en el hospital es un suplicio para las enfermeras, y a alguna de ellas llega a agredirla físicamente. No contribuye a mejorar su humor el que no le permitan tomar alcohol. Y en 1975 consigue hacer una gira por Japón y actuar en Toronto. En el verano de ese año, Sieber sufre un derrame cerebral, que le deja medio cuerpo paralizado y las facultades del habla muy limitadas. También Marlene debe de nuevo ser ingresada en el hospital, porque se ha roto una pierna, y todos los que allí trabajan suspiran aliviados cuando le dan el alta. Al año siguiente muere Rudolph Sieber, al que entierran en California. Poco después también muere Jean Gabin, el eterno amante de Marlene. Y en 1978 se le propone a la Dietrich que ruede una película; “Just a gigolo” en la que aparece solo en dos escenas y que será su último trabajo en el cine. Ahora vive de manera permanente en Paris, más que nada para huir del acoso de la prensa americana. Reagan la felicita por teléfono el día de su último cumpleaños, y se siente llena de orgullo. Muere en Paris, pero la entierran en Shoneberg, en su antiguo barrio, aunque su ataúd de cubre con la bandera de las barras y estrellas, que fue en realidad su patria. Descansa para siempre en su ciudad natal, al lado de la tumba de su madre. Leer más: http://www.letrasperdidas.com/news/marlene-dietrich/

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Evita
Evita
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/22/2012

Esta mujer ha sido siempre muy discutida, amada por unos, odiada por otros, pero en cualquier caso, nunca ha sido vista con indiferencia. Hay muchas cosas que se desconocen de su vida, algunas de ellas precisamente porque es la propia interesada quien las oculta. Por ejemplo, no se sabe a ciencia cierta su lugar y fecha de nacimiento, y hay mentiras incluso con su nombre. La propia Eva se encargó, cuando tuvo poder, de destruir o falsificar su certificado de nacimiento y el de sus hermanos. Pese a todo, a estas alturas, casi todos sus biógrafos están de acuerdo en que nació en Los Toldos, en la hacienda conocida como “La Unión”, el 7 de mayo de 1919, y a su madre la asistió en el parto una india mapuche. A la niña se la bautiza con el nombre de Eva, y lleva el apellido de su madre, Ibarguren, porque su padre, Juan Duarte, no la reconoce ni puede hacerlo, ya que está casado en Chilvicoy con Estela Grisolía, de muy buena familia, y con la que tiene varios hijos. Esto no le impide mantener una segunda familia con Juana Ibarguren, hija de un carretero vasco, con la que también ha engendrado varios retoños: Elisa, Blanca, Juancito, Arminda y Eva. Casi todas las familias de Los Toldos proceden de antepasados vascos, y el resto son indígenas. Eva siente desde muy niña la soledad, el abandono y en ocasiones el desprecio de sus semejantes. El padre será, más que una presencia, una ausencia en la vida de Eva, que apenas le ve dos veces. Y en 1926 Juan Duarte muere en un accidente de coche. Juana no duda en peregrinar hacia Cilvicoy con toda su prole, a que presenten sus respetos al padre muerto, pero la viuda no permite que los bastardos entren en el lugar en donde está expuesto el cadáver. La vida de los Ibarguren se vuelve todavía más penosa, porque con la muerte de Duarte se esfuma la ayuda económica que les prestaba. Juana trabaja como costurera, de sol a sol; su hija Elisa, la mayor, en una tienda como dependienta y Juancito entra de ayudante en Correos. Pero ni aún así se libran de las privaciones. Eva siempre recordará cuando pide a los Reyes Magos una muñeca y como su madre solo ha podido comprar una de saldo, porque tiene una pierna rota, ella recibe con cariño a la pobre tullida, porque Juana le ha contado que se cayó del camello, y por eso se rompió la pierna. Juana Ibarguren decide que será mejor para la familia que se marchen a Junin, porque ve allí más posibilidades de progreso que en Los Toldos. Y es cierto que su vida mejora algo en lo económico, pues ahora son tres los hijos que trabajan: Juancito se hace viajante de comercio, Elisa entra a trabajar en la central de Correos y Blanca es maestra. La madre puede dejar la costura, y da habitaciones y comidas en su casa. Arminda y Eva, las pequeñas, van a la escuela; donde Eva, si atendemos a las confesiones de sus maestras, no destaca especialmente, a no ser en las funciones de teatro. Dicen de ella que no tiene cabeza para las matemáticas, que comete muchos errores ortográficos, y falta demasiado a clase. La verdad es que Eva no se siente cómoda en la escuela, quizá porque en Junín también les desprecian y les hacen el vacío al saber que Juana es madre de cinco hijos sin padre conocido. Una compañera suya de colegio que se convierte en su amiga, cuenta que a veces Eva va a su casa a hacer los deberes, pero siempre a escondidas pues a sus padres y a sus hermanos mayores no les gusta que frecuente a la pequeña de los Ibarguren, por el pasado de la madre. Cuando Eva tiene quince años, en una función que se representa en Junín por un teatro ambulante, queda deslumbrada por ese mundo, y se promete a sí misma que ese será su futuro. Consigue que una pareja de actores la recomienden para hacer una prueba en Radio Belgrano, en Buenos Aires, y aunque sus hermanas mayores intentan quitarle la ilusión, ella no se amilana. Con 15 años escasos parte a la capital para hacer las pruebas, y la desilusiona sobremanera ver que Buenos Aires no es el paraíso que ella había imaginado, pues detrás de las anchas avenidas y los jardines, hay barrios miserables, donde se hacina la gente sin recursos. Eva descubre que las diferencias entre pobres y ricos están en todas partes, y en secreto se propone que ella no estará mucho tiempo en el batallón de los pobres. Vuelve a su pueblo y espera la contestación, pero no hay noticias de Radio Belgrano. Eva es inasequible al desaliento y unos meses antes de cumplir los 16 años, coge una maleta y algo de dinero que sus hermanos reunen para ella, y se marcha a la capital, con muchas ilusiones y una voluntad de hierro. Su madre se desespera, llora, pero Eva le contesta con seguridad impropia de su juventud: "Tranquila, vieja, lo mismo me voy arreglar y saldré adelante" La vida de Eva en Buenos Aires no es un camino de rosas, precisamente, ya que habita en una humilde pensión en la Boca, uno de los barrios más pobres de Buenos Aires, y trabaja en lo que puede, no en lo que quiere. Tiene que hacer frente a muchos bárbaros que la ven sola y pretenden aprovecharse de ella, pero es una muchacha que no se amilana ante el peligro, y no tiene empacho en hacerles callar y retroceder con agrias palabras. Si en este momento vendió su cuerpo o tuvo algún protector, es algo que nunca se pudo probar. Al poco tiempo viene también a Buenos Aires su hermano Juancito, a cumplir el servicio militar, y ya se encuentra un poco más acompañada. Consigue un contrato en la compañía de teatro de José Franco, aunque le dura poco, porque su esposa siente celos de las atenciones que Franco le prodiga a Eva, y acabará echándola. Vuelve a encontrar trabajo en papeles secundarios y poco después entra en Radio Belgrano, con un papel en una radionovela y haciendo cuñas publicitarias. La actriz Pierina Dealessi se convierte en su amiga y protectora; la llevará alguna vez a comer a su casa, apiadada de su extrema delgadez. Hacia 1940 es la época en que conoce a Perón, quizá debido a que su cuñado Arrieta es mayor del ejército y le presenta a alguno de sus compañeros de armas. En 1943 le sale un contrato para representar en Radio Belgrano la vida de algunas mujeres célebres, y empieza a aparecer en las revistas. Poco después lleva a la radio la vida de la emperatriz Carlota de México. El terremoto de San Juan en 1943 marca un punto de inflexión en la vida de Eva, pues es cuando empieza a trabar relación con Perón. Este había preparado una reunión de artistas para recaudar fondos a favor de los damnificados, y aunque Eva no está en la lista, si va a la fiesta en el Luna Park. Perón acude con Libertad Lamarque, pero al ver a Eva la invita a que se siente a su mesa, y le ofrece trabajo en Previsión. Al poco tiempo Libertad Lamarque queda sustituida en la vida del coronel Juan Domingo por Eva, y la actriz nunca se lo perdonará, ni a uno ni a otro. La vida de Eva no se puede entender sin la de Perón, así que también hablaremos, al menos un poco, de él y su entorno. La vida de Argentina se basaba en aquella época en un oligarquía educada, donde las mujeres no intervenían en política, al menos de manera abierta, pero en la sombra las damas argentinas de buena posición tejían y destejían poderes e incluso cambios de gobierno. Económicamente Argentina no es nadie sin Inglaterra, e incluso algún político británico ironiza diciendo que la colonia más barata que tiene el imperio es Argentina, porque se gobierna sola. En 1943 los generales Rawson, Ramírez y Farré cambian el gobierno mediante un golpe de estado. Perón no tiene especial protagonismo, al menos de cara a la galería, pero es la cabeza pensante y el teórico. Pero el coronel no ansía un puesto demasiado espectacular, sino que se contenta con el secretariado de Trabajo y Previsión, y lo hace porque maquina con atraerse desde este puesto sin demasiada importancia, a las masas obreras y a los sindicatos. Sabe que en Argentina se llega al poder mediante el ejército, pero se necesita el apoyo popular para quedarse. Y por eso quiere el humilde puesto en Previsión. Desea para su país no solo la independencia económica de Inglaterra, sino un lugar importante en el mundo, porque cree que Argentina tiene muchos recursos, pero mal explotados. Se rodea de personas como el sindicalista Cipriano Reyes, el español Figuerola, artífice de todos sus discursos y de su doctrina social; y también tiene mujeres en su gabinete de trabajo; la misma Eva trabaja allí un tiempo. Hasta importantes féminas de familias de oligarcas como los Alzaga, le apoyan. Poco a poco el coronel Perón empieza a distanciarse del general Ramírez y su gobierno, sobre todo a causa de los decretos mediante los que se prohíben los partidos políticos y se impone la enseñanza religiosa, pero sobre todo en política exterior, ya que Argentina rompe relaciones con Alemania y Japón. Al final Ramírez acaba por dimitir y Perón es nombrado ministro de Guerra. Además del apoyo de los sindicalistas, se ha metido en el bolsillo a la Prensa, y se rodea en los puestos más importantes de aquellos que sabe que le son fieles. Sin embargo, cuando en 1945 los aliados ganan la II GM, Perón sale mal parado porque los vencedores conocen su admiración por los totalitarismos. La amistad de Perón hace que Eva Duarte, como ahora se hace llamar, adoptando el apellido de su padre, trabaje en el cine, y será entonces cuando su enemistad con Libertad Lamarque llegue a su punto más álgido. La nueva diva se permite incluso, como haría hasta en la audiencia con Pío XII, llegar tarde; y en una ocasión ella y Libertad llegan a las manos, al punto que sus compañeros tienen que separarlas a viva fuerza. Pero Eva no destaca especialmente en el cine, lo suyo es la radio, en donde empieza a ejercer con maestría el don de la palabra, que le acompañaría toda su corta vida. Eva es generosa por naturaleza, sobre todo con los más débiles y con aquellos a quienes aprecia, o con los que le han hecho algún favor. Nunca olvida a alguien que la haya tratado bien, pero en el lado opuesto, tampoco olvida nunca un agravio. Y son muchos los que pagarán caro haberla ofendido. Cuando llega al poder, a algunos de sus amigos les hace préstamos sin intereses, les pone negocios, o les permite entrar en alguna importación. Cuando la relación con Perón empieza a ser pública, pues ya él la recoge en la radio, ella tiene 24 años y él 48; y es vicepresidente de la República. En aquel momento Juan Domingo vive con una muchacha de Mendoza, pero la deja plantada sin miramientos y se va a vivir con Eva a un apartamento en la calle Arenales. Desde la radio Eva empieza a hacer propaganda de la doctrina peronista, pero la situación en el país es delicada y en octubre de 1945, después de muchas revueltas de obreros y estudiantes, los militares se enfrentan a Perón, en parte debido a sus simpatías alemanas, que una vez acabada la guerra, actúan en su contra. También se le acaba el trabajo a Eva en la radio, y a Perón se le obliga a dimitir de todos sus cargos. Pero él se lo toma todo con serenidad, y se despide de más de 50.000 obreros que le aclaman, delante de la Secretaría de Previsión, prometiendo que no será un adios, sino un simple hasta luego. Les promete también una revolución social, esa que tanto temen los oligarcas y algunos militares. Pero él no ceja en su empeño, y quiere atraer a su bando a aquellos compañeros de armas que le parecen más valiosos. Eva le ayuda haciendo propaganda entre las clases populares, y no le importa ir de puerta en puerta lanzando proclamas a favor de la doctrina social de Perón. Cuanto más humilde es la gente, más se esfuerza ella y mejor la reciben. Perón se ha enamorado por completo de Eva, como un hombre maduro se enamora de una muchacha que tiene edad para ser su hija; y le pide matrimonio. Se casan el 17 de octubre de 1945, y solo gozan de unos breves días de luna de miel en la finca San Nicolás, propiedad de unos amigos. Los oligarcas se oponen a Perón y lanzan contra él una campaña de desprestigio, y los peronistas contestan de la misma manera. Le ofrecen un acta de diputado, pero es la propia Eva quien la rechaza, diciendo que su marido será presidente o nada. Eva acompaña a su esposo en la campaña electoral, aunque no participa en los mítines. El 24 de febrero de 1946 Perón gana las elecciones, y en junio asume el poder. Eva ya es primera dama. Desde que era pequeña, Eva no se conforma con el destino que parece que le han deparado los hados, y quiere cambiarlo a toda costa. Pertenece a esa extraña raza de seres humanos que se hacen el firme propósito de ser alguien, de crearse un nombre digo de ser recordado, para bien o para mal. El 4 de junio de 1946 sala al balcón de la Casa Rosada una joven mujer de 27 años, más atractiva que hermosa, que poco tiene que ver con aquella niñita famélica, nacida en los Toldos con el estigma de la ilegitimidad, criada en Junin y habitante de las pensiones de mala muerte del Boca y la calle Corrientes. Todavía se presenta vestida y peinada de sencilla manera, y ha encontrado su profesión: la de primera dama de un enorme país en donde las primeras damas procedían de otro extracto y condición social. En Argentina la clase importa mucho, o la falta de ella, y es una bofetada en pleno rostro para la buena sociedad tener que rendir pleitesía a esta bastarda que trabajó como actriz y quien sabe cómo qué otras cosas para poder sobrevivir. Los mismos militares compañeros de Perón la desprecian, y alguno de ellos, íntimo del general, le desaconseja el matrimonio. La oligarquía la odia, por debajo de su fina capa de hipocresía, a excepción de algunas familias, como la de Alberto Dodero, armador, que entabla una buena relación con Eva. Hay algunos intelectuales que están de su lado, aunque ella es cualquier cosa menos una intelectual. Se cuenta, como anécdota, que en una ocasión la visita una delegación de cineastas para pedirle una subvención, que dados los antecedentes de Eva como actriz, dan por seguro conseguir. Pero ella les contesta, con su lenguaje llano, que a veces rayaba en la vulgaridad: " ¿Y para la mierda de películas que hacen se atreven a pedirme subvenciones?". Perón, como todos los totalitarios, hace de su mandato y de su vida un espectáculo que ofrecer al pueblo, y en esa clase de teatro el personaje principal es su mujer. Eva asume las siempre difíciles relaciones con los sindicatos, como ella dirá luego "su ejército de descamisados", y sitúa cerca de sí a su hermano Juan y a sus cuñados. Perón gusta de quedarse en la retaguardia siempre que puede: es un hombre con un fino humor, que mezcla la sabiduría del campesino con el saber hacer y la cultura del hombre viajado. A pesar de ser militar, a veces despotricaba de los propios militares, y se dice que pronunció la frase " los militares hispanoamericanos tienen un gran valor para derramar la sangre de los demás". Perón y Eva no son ateos, ni mucho menos, y por lo menos hasta la muerte de Evita tienen una aceptable relación con la Iglesia. Pero tampoco son beatos y de hecho Perón dice que ha hecho más su mujer por los pobres en un día que los obispos en toda su vida. Llevaban ambos una vida bastante austera y trabajaban muchas horas. Juan Domingo empieza su jornada a las 6,30 de la mañana y acaba a las nueve de la noche, con un descanso de un par de horas para el almuerzo. La vida de Eva es mucho mas desorganizada en horarios; entra, sale, se acuesta tardísimo, lo cual no le impide levantarse temprano. A veces pasa sin ver a su marido una semana, y se comunican por medio de notas. Tanto recibe embajadores, aunque fuese éste un trabajo del presidente, como despacha con los sindicalistas en la Secretaría del Trabajo. Pero nunca ejerce lo que siempre se habían considerado funciones de primera dama: tes con las señoras de la buena sociedad, bailes, fiestas o reuniones en conciertos. Mediante el Justicialismo se propone Perón impedir que el comunismo penetre en sus fronteras, y acabar con el paro, y tiene bastante éxito en los dos objetivos. En política exterior, trata de mantener buenas relaciones con Estados Unidos, pero haciendo alarde de una gran diplomacia, también abre relaciones con la URSS. Y en Europa intenta llevar a cabo su propio Plan Marshall de ayuda a los países devastados por la II GM. Anuncia el viaje por Europa que en 1947 llevará a cabo su esposa. España envía como embajador a Buenos Aires a José María de Areilza. Y Eva prepara las maletas para su gesta europea..... En mayo de 1947 un avión de Iberia sale de Madrid en dirección a Buenos Aires, para recoger a Eva y llevarla a España. Nunca había soñado ella poner los pies en Europa, aunque fuese una Europa hambrienta y con la mayoría de los países todavía devastados por la reciente guerra. Todavía hoy no se entiende como el punto de partida de la tourné europea de Evita fue precisamente España, porque ese no era el mejor camino para congraciarse con los aliados. Pero quizá a Perón le pesaba más la afinidad de totalitarismos, y además deseaba aplicar lo que llamaba la "doctrina de tercera vía", es decir, una postura equidistante del capitalismo y del comunismo. En España se le rinden honores de Jefe de Estado, no en vano trae el trigo que saciará el hambre de muchos españoles. Eva exige a Franco, a través del embajador Areilza, que la condecoración que le han otorgado, le sea entregada en la Plaza de Oriente, y con mucho público. Siempre estaría presente su afán de protagonismo, de brillo, de lucimiento personal. Ya antes de salir de la Argentina se le han hecho homenajes e incluso se la nombrado doctora honoris causa de la Universidad del Río de la Plata. Eva se enorgullece de sus ancestros vascos, tanto de parte de madre como de padre, y desde Argentina habla por la radio para todos los españoles, y se dirige a ellos de manera pomposa y con un lenguaje florido y artificioso. Se le tributa un clamoroso recibimiento, quizá natural o quizá no, porque Franco había lanzado la consigna de que todos los madrileños tenían que salir a la calle para aclamar a la benefactora. Eva se queda en España quince días, y en ese tiempo se le rinden numerosos homenajes por allá por donde pasa. Es una mujer profundamente inculta, lo cual no sería tan grave si tuviese deseos de aprender; pero le dan igual los monumentos y las obras de arte que se encuentre a su paso; aunque cada vez que ve a un menesteroso, hace detener su coche para darle unas monedas. Como anécdota, hay que contar que llega envuelta en un pretencioso abrigo de pieles al caluroso verano madrileño, porque en Argentina es invierno, y ella ha obviado el cambio de latitud. Para desgracia de Franco, pero sobre todo de doña Carmen, se aloja en el Pardo, y vuelva la residencia patas arriba con su vitalidad. A partir de ese momento, los pocos jefes de estado que visiten el país, se alojarán en otro lugar. Franco se retuerce de impotencia ante la constante alusión de Eva a los trabajadores y a la mujer en sus discursos, pero hay que callar por el bien de España. Eva desconoce el protocolo e incluso las más elementales normas de educación, y llega tarde a una cena.....tres horas. La siguiente escala es Italia y el Vaticano. El Papa Pío XII le había proyectado honores de jefe de estado, pero cambia de idea a última hora, se supone que porque alguien le habló del pasado poco edificante de Eva. Los comunistas italianos la insultan cuando llega para alojarse a la embajada argentina. Se atreve también allí, a llegar tarde a una audiencia con el papa. En Francia las autoridades le otorgan un buen trato, pero no tanto el pueblo, ya que incluso se le hacen parodias y bromas de mal gusto. Parece ser que también se proyectaba una visita a Inglaterra, pero al final no se lleva a cabo. La conclusión que Eva extrae del viaje es que Europa está demasiado vieja, y que de los "lindos palacios españoles yo haría muchos hospitales para mis descamisados". Pero pronto será ella la que necesite de esos hospitales. ¿Qué es el Justicialismo? Una doctrina creada por Perón, es decir, personalista; lo cual siempre entraña un riesgo, sin antecedentes intelectuales, más bien un programa del todo pragmático, basado en hechos que el propio Perón había vivido. Era una rebelión contra la sociedad oligárquica argentina que siempre había gobernado en el país, y no se basaba en revoluciones anteriores ni en mártires por la causa, porque era una doctrina nueva que partía de cero. Por eso quizá hubo la tendencia a crear el mito de Eva, para tener algo a lo que aferrarse. El Justicialismo era profundamente nacionalista, y ese nacionalismo se canalizaba en el deseo de independencia económica respecto de Gran Bretaña; en el fomento de una Marina Mercante, y en la creación de unas infraestructuras. Y sobre todo Perón quería ser la tercera vía entre el capitalismo y el comunismo, a los que odiaba por igual. Pero él no era un revolucionario y quería que las grandes potencias siguieran contando con Argentina; para lo cual negociaba con lo que tenía: las riquezas naturales del país. Poco a poco va imponiendo en la sociedad argentina su Justicialismo, y cuenta para ello con el apoyo impagable de los descamisados, esos que siguiendo el ejemplo del propio general, empiezan a llamar a la primera dama con el diminutivo, algo que los argentinos les gusta tanto, con el que luego será recordada: EVITA. Ella era la que dirigía esas tropas, que se apresuraban a cumplir la más nimia de sus consignas. Perón creó el espectáculo y Eva fue la directora teatral. Se crea un plan quinquenal que mejora la sanidad, construye viviendas y eleva el nivel de vida. Pero para hacer frente a todos los gastos, se nacionalizan empresas privadas en manos extranjeras y se toca todo lo que hasta ahora había sido intocable. Se hace especial hincapié en la política de salarios y se favorece la inmigración europea, especialmente de alemanes. Se rehacen algunas leyes laborales y la prensa le baila el agua al matrimonio Perón, obviando todo lo que se cuece entre bambalinas, que no siempre es tan hermoso. Los militares y la oligarquía siguen descontentos, y Perón toma cartas en el asunto, persiguiendo a todo aquel que no cumple sus normas. Pero la corrupción del gobierno es un hecho, y uno de los principales corruptos es Juan Duarte, el hermano de Eva, que será asesinado unos años más tarde. El caso Bemberg no ayuda a Perón: se trata de un industrial judío que muere en la Argentina, y debido a los desacuerdos en la liquidación de la herencia ante la Hacienda argentina, se llega a los tribunales, y el caso permanece mucho tiempo estancado, hasta que Perón llega al poder; y obliga a los herederos a pagar una suma tan fuerte que se quedan casi en la ruina. La prensa europea se hace eco del asunto y se toma a Perón como un castigador de los judíos; y esto, con el holocausto reciente y la conocida germanofilia del general, es grave. El Justicialismo no solo divide a la Argentina, hace lo mismo incluso con miembros de una misma familia. En 1948 Eva ya se siente capaz de escribir artículos dirigidos a toda la nación, y esta afición a la pluma cristalizará en dos libros: "La razón de mi vida" y "Testamento". Los sindicados la llaman "la compañera Evita", y ella se hace eco del intento del justicialismo de equiparar oligarquía y proletariado. Las Damas de la Beneficencia que acogían a los niños expósitos, desde siempre ofrecían la presidencia de su institución a la primera dama de Argentina; hasta que llegó Eva a ese puesto. El pretexto era su extrema juventud, aunque todos sabían que en realidad era por su pasado. Así que Eva, taimadamente, les hace saber que dado que ella es demasiado joven, la presidencia la ostentará, en su nombre, su propia madre, Juana Ibarguren. Touché. Eva gustaba de provocar a todos aquellos a quienes odiaba. Ella era de distinta clase social y bastarda, lo cual ya era demasiado ofensivo, pero lo peor de todo era que no tenía ganas de cambiar y adquirir los hábitos de las grandes damas. Y eso ya era totalmente imperdonable. Ellas la despreciaban y ella les devolvía el desprecio con creces, porque ahora, en su alto puesto, se lo podía permitir. Y para colocarse por encima de esas damas, crea la Fundación Eva Perón, con la idea de ayudar a los necesitados. Llega un momento en que toda esa oligarquía que la desprecia, no tiene otro remedio que bailarle el agua, pero ella no entrará por el aro y siempre preferirá ser Evita, hermana mayor de los descamisados, que doña María Eva Duarte de Perón, primera dama argentina. En su fundación es ella quien más trabaja, pero también quien ordena todo y dice como se gasta cada peso. Lo mismo daba dinero a una madre soltera, que entregaba comida o una máquina de coser, o la libertad condicional a quien ella mejor le parecía. Areilza, embajador español, cuenta en sus memorias como eran las audiencias de Evita: la gente entraba sin orden ni concierto y ella les ponía en las manos un puñado de billetes, sin contarlos ni anotar nada. Sacaba el dinero de un maletín, y cuando se acababa, un funcionario reponía más billetes. No se sabe que la impelía a la ayuda: si el amor a los demás o que aquellos pobres desharrapados le besasen las manos, la falda, la tratasen como a un ser sobrenatural. Areilza tenía a veces que esperar horas a ser recibido, y en una ocasión en que, ya hastíado, mando recado con un funcionario, Eva dijo en voz lo bastante alta para que se oyese a través de la puerta entreabierta: decíle al gallego de mierda que ya le tocará su turno cuando yo diga". Cuando el azorado funcionario vuelve sin atinar qué decir, Areilza habla en voz bastante alta para que Eva le oiga: dígale usted a la señora que el gallego se va, pero la mierda se queda". Así era Eva Eva se siente débil y tiene que dejar de acudir a algunos actos, y es entonces cuando su marido se da cuenta de cuánta falta le hace, porque aunque él es el presidente y el político, en realidad el pueblo la sigue a ella a ciegas. Además, su pérdida de salud ocurre en el peor de los momentos, cuando se inicia la segunda presidencia de Perón y se intenta poner en marcha el segundo plan quinquenal. Perón se encuentra perdido sin Eva; y aunque es un hombre bastante culto y ella carece de cultura, es ella quien llega al pueblo, porque les habla en su mismo idioma. Eva pasaba por encima de la cultural, del protocolo, e incluso a veces de los buenos modales para entrar en línea directa con su ejército de descamisados. Y para ellos se viste con sus mejores galas, sin importarle la hora del día que sea, o a donde vaya. Se cuenta la anécdota que cuando visita Buenos Aires la infanta Cristina, hija de Alfonso XII, una mañana la infanta aparece vestida de manera sencilla, y la primera dama como un árbol de Navidad. Doña Cristina le explica que sus padres les han educado a ella y a sus hermanos para saber presentarse con sencillez dependiendo del momento. Eva le responde velozmente: "Pues ahí tiene usted, por eso su padre perdió el trono". El 17 de octubre de 1948 se planea un atentado contra Perón, que es desarticulado, pero hay algunos heridos e incluso muertos, sobre todo arrollados por la multitud, y a todos visita Eva en los hospitales. Los descamisados son quienes la convierten en la líder espiritual de la Nación. Los sindicatos y los descamisados le regalan un collar, que adquiere carácter de condecoración, y cuando lo recibe no puede evitar emocionarse y llorar en público, porque ya está enferma. La "Nación", periódico que no le tiene simpatía, publica que Eva ha encargado a Inglaterra un Rolls Royce, para desprestigiarla, pero yerran el tiro, porque los descamisados no leen esa prensa. En la huelga de ferrocarriles, solamente ella, hablando con los huelguistas, practicamente uno por uno, es capaz de pararla. Les dice: "Pero, ¿cómo me haces esto" ¿Es que no sabes que todo lo que eres y lo que tienes me lo debes a mi?". Unas formas demagógicas y populistas, pero efectivas. Cuando ya sus fuerzas han mermado bastante, al punto de que su marido la sostiene de pie, de dirige a sus descamisados desde el Balcón de la Casa Rosada, encomendándoles que apoyen al viejo general. Ella sabe que sus días se acaban. Argentina es un país latino, y como tal, profundamente machista, donde la mujer ni siquiera tiene derecho al voto, aunque algunas damas de clase alta intervengan en la política de manera solapada. Hay mujeres importantes, como Victoria Ocampo o Rosa María Oliver. Con la llegada de Perón al poder, pero por obra y gracia de Eva, se concede a la mujer el derecho al voto, y es la propia Evita quien lo comunica a toda Argentina por radio. Perón no es bobo, y sabe que ha llegado al poder aupado por los militares, se mantiene gracias a los sindicalistas, pero si quiere tener una estancia larga, debe aprovecharse del poder femenino y del ascendiente de su esposa. Es ella la que se encarga de dirigir el grupo femenino del partido peronista, aunque no sea una feminista al estilo de las sufragistas inglesas de principios de siglo, porque ella defiende sobre todo a los desfavorecidos, más que a la mujer en singular. Sobre todo, y en última instancia, se defiende a si misma y a la clase de la que proviene. Pero esto es un arma de doble filo, pues hay una señora llamada Rosa María Calviño de Gómez, que en 1951 llegará a ser senadora, que encabeza una manifestación antiperonista por la carestía de la vida, y pide condenas para la especulación. Hay sectores que desean que Eva se presente como candidata con su esposo a la vicepresidencia, pero ella ya está enferma y lo declina, quedándose con el título de Jefa Espiritual de la Nación. El 11 de noviembre de 1951 ya está bastante grave, pero como es un hecho histórico que la mujer pueda votar, Evita lo hace desde su cama de hospital. Y desde esta cama en el Policlinico Perón, seguirá escribiendo hasta el último momento incendiarias soflamas peronistas. ¿Qué le pasaba a Eva? Siempre había sido una mujer débil de salud, y la vida desordenada que lleva, en cuanto a comidas y descanso, no le favorece. Ya en el viaje por Europa se encuentra desmejorada. En 1950 empieza a tener fuertes hemorragias y son varias las veces que se desmaya. La operan, pero como no se cuida ni escucha a los médicos, no mejora. Tiene un tumor maligno en el útero y languidece a ojos vistos. La última vez que aparece en público es solo piel y huesos. El 4 de junio de 1956 el pueblo argentino en pleno empieza una serie de misas y oraciones por ella, y el propio Papa pide por su salud. Eva exhala el último suspiro el día 26 de julio de 1956 a las ocho de la tarde. Ella ha muerto, pero acaba de nacer el mito de Evita. Su cadáver se veló en la Secretaria del Trabajo, y se llamó al doctor Ara para que empezase con el trabajo de embalsamamiento del cuerpo. El desvarío era tal que se hizo un molde de escayola de una de sus manos y fue llevado por las distintas provincias, donde se hacían colas para besarla, como si fuese la reliquia de una santa. Pedro Ara cuida del cuerpo embalsamado de Evita con la diligencia con que cuidaría de su cuerpo vivo, y nadie ha visto el lugar donde se guarda excepto la familia. Cuando en 1955 la revolución acaba con el mandato de Perón, Ara espera que los restos sean por fin sepultados, pero nadie parece tomar una decisión al respecto. Al final el cuerpo de Evita se lleva al propio domicilio del oficial encargado de custodiarlo; porque para todos era una pesadilla que se le intentase sacar rédito político. Finalmente se hace un viaje a Europa y se entierra en un cementerio de Milán, bajo nombre supuesto. El día 3 de septiembre de 1971 el cádaver se devuelve, por fin, a su marido, y éste llama de nuevo al doctor Ara para que repare los daños, aunque está en general bien conservado. La momia de Evita se mantiene hasta 1974 en la residencia madrileña de Perón. En este momento es cuando la entonces presidenta y esposa del general, María Estela Martínez de Perón, envía una delegación a España para hacerse cargo de los restos y conducirlos a la Argentina, donde serán enterrados en la finca de Los Olivos, al lado de su esposo. Actualmente los restos de Eva descansan en el cementerio de Las Recoletas de Buenos Aires, en un panteón de los Duarte, entre su hermano Juancito y su cuñado Arrieta. Sigue siendo recordada, con amor por muchos, por otros muchos con odio, pero como se dijo al principio, nadie siente indiferencia hacia ella, ni siquiera los compositores de canciones, de operas o los cineastas

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La emperatriz roja
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/23/2012

Inicios. Nació con el nombre de Lin Yunhe, en la ciudad de Zhu, en mayo de 1914. Era hija de la última concubina de su padre, que contaba ya con sesenta años cuando nace la niña; y nunca tiene demasiada importancia en la casa. Aunque en su biografía ella habla de su padre como de un proletario, está mintiendo, como tantas veces en su vida, disfrazando la realidad de la manera que mejor le conviene. Su padre no es rico, pero tampoco pobre, pues posee negocios y una carpintería en la ciudad, donde tiene una buena casa y varias concubinas, además de la primera esposa. Pero también es un hombre cruel y violento, que se emborracha muy a menudo y maltrata a la hija y a la madre. La niña le teme, y se esconde cuando escucha sus pasos en el zaguán. Quizá uno de los motivos de las palizas se deba a que la concubina le ha dado una niña, que en la sociedad china apenas tiene el valor de un animal, y en ocasiones incluso menos. La madre intenta que la hija no sea rebelde, pero esa niña no se deja dominar fácilmente por nadie, y a los golpes furibundos de su padre borracho, se unen los escobazos de una madre que intenta domeñar la rebeldía de alguien que nació para ser sumisa y obediente con los hombres. En el fondo de su corazón, y aunque hubiese deseado tener un varón, la madre la quiere, y desea lo mejor para ella. Por eso le venda los pies cuando es aún pequeña, porque es el único camino de una niña que promete ser bonita, para convertirse en la concubina, o en el mejor de los casos, la esposa, de un hombre rico. No importa que apenas pueda caminar, o que tenga que sufrir unos horribles dolores que amenacen su cordura. El dolor pasará al cabo del tiempo, y no necesita caminar; los criados de su esposo la llevarán en un palanquín. Per Yunhe no es una niña cualquiera. No se deja dominar por el miedo, y ni las amenazas ni las palizas de su madre la someten. Le dice, por el contrario, que se dejará morir de hambre si no le sacan las vendas de los pies, que ya se han infectado y rezuman pus a través de las gasas. La madre se asusta y le quita las vendas. Pero ella recordará toda su vida, dormida y despierta, esos terribles dolores que asolaron una corta etapa de su infancia. Más o menos cuanto tiene ocho años, ella y su madre abandonan la casa, después de una paliza especialmente brutal por parte del padre. Se mudan a otra ciudad, para evitar que las encuentren y las obliguen a volver. La madre trabaja en lo que puede, a veces de criada y en otras ocasiones no le queda más remedio que prostituirse para poder comer. Es también una época difícil e insegura en lo político, y a menudo Yunhe escucha disparos cuando se queda sola por las noches, mientras su madre trabaja. Y se tapa los oídos con las manos para no escuchar más. Con el paso del tiempo y la vida complicada que lleva, su madre enferma y se queda sin trabajo. Nadie quiere una criada que apenas se sostiene en pie, y ningún hombre desea acostarse tampoco con una mujer que se ha convertido en un saco de huesos. Aunque no tiene buena relación con su familia, no le queda más remedio que volver a su casa de origen, en la provincia de Shandung. Yunhe se encuentra con la agradable sorpresa de que su abuelo es un anciano culto y amable, que le enseña a amar la ópera, la poesía y el teatro. También la abuela se queda prendada de la niña y la trata con un cariño que ella nunca había conocido. Va a un colegio de niños ricos, aunque sus abuelos apenas se lo pueden permitir. La madre de Yunhe se recupera pronto de su enfermedad, que tal vez solo era cansancio y hastío de vivir; y se vuelve a casar, con lo cual ya se desentiende totalmente de la hija. Yunhe se siente cautivada por la ópera, y su abuelo se arrepiente de haberle abierto los ojos a este nuevo mundo cuando ella le confiesa que quiere ser artista. Como no se lo permiten, no lo piensa dos veces y se escapa de la casa de sus abuelos, que había sido la única que pudo llamar hogar. Empieza trabajando de criada en un teatro, sirviendo a las actrices principales. Y como es hermosa y muy inteligente, en una ocasión le dan un papelito sin importancia en una obra. Pero como de momento no cuenta con más oportunidades, se siente tan defraudada, que cuando su abuelo la va a buscar, accede a volver con él. Tampoco en esta ocasión resiste mucho tiempo, pues cuando se da cuenta de que pretenden concertar para ella un matrimonio, se vuelve a escapar de casa. Entra en una compañía de teatro del sur de la provincia, y no tiene reparos en compartir la cama del director teatral, un hombre casado y con edad más que suficiente para ser su padre. Será este director, Zhao Taimo, quien le enseñe muchas de las cosas más importantes que sobre el teatro aprendió, aunque más tarde ella se niegue a reconocerlo. Era un hombre de ideas modernas y occidentales, casado con una actriz de ópera de éxito, de nombre Yu Shan, a la que la joven principiante adora, aún a pesar de que no tiene empacho en acostarse con su marido. Es en la casa del matrimonio donde conoce a los primeros comunistas que entran en su vida, y se siente atraída por su valentía y arrojo al enfrentarse al régimen establecido. Al principio se limita a escuchar en silencio sus debates, porque no sabe apenas nada de política, pero pronto ella misma también se atreve a exponer sus ideas en público. Le gusta el teatro y se esfuerza por aprender, incluso practica artes marciales porque le han dicho que le conviene. Está tan obcecada en ser una buena actriz que actúa hasta en su vida privada, donde se muestra en todo momento teatral y exagerada. Por fin le llega una oportunidad, en una ocasión en que la primera actriz cae enferma de gripe y no hay quien la sustituya. Yunhe se ofrece a hacerlo, y aunque el director duda, no encuentra otra oportunidad mejor. Sale al escenario y la actuación es un éxito total. El público se levanta para aplaudir y varios críticos que ven la obra alaban a la joven promesa. Pero la alegría dura poco, porque en 1930 tienen que cerrar la compañía y la academia de teatro, por problemas financieros, pero también por la complicada situación política. Yunhe no sabe adonde acudir; su madre no ha dado señales de vida desde su nuevo matrimonio, y con sus abuelos no quiere volver, porque en el caso de que ellos la aceptasen, la obligarían a casarse. Consigue reunir el suficiente dinero para pagarse un billete de tren hasta Pekín, pero ni siquiera habla correctamente el chino mandarín, y no encuentra nada en la capital. A los dos meses de estar allí no tiene otra alternativa que agachar la cabeza y volver a casa de sus abuelos. Tiene 17 años cuando la casan con un pequeño comerciante llamado Fei y como es la costumbre, va a vivir a casa de sus suegros. No es feliz, no ama a su marido y ni siquiera le atrae físicamente, con los cual los encuentros sexuales son para ella una tortura. Es ahora cuando empieza a entender un poco a su madre y todo lo que ella ha tenido que pasar. Las cosas con su suegra van de mal en peor, y aunque el marido intenta mediar, no hay entendimiento. La anciana quiere una nuera sumisa, y Yunhe puede ser cualquier cosa menos eso. Se divorcia y se marcha, y en el futuro no volverá a nombrar más a su primer esposo. Tiene 18 años y ya es una mujer divorciada y desengañada de la vida. Por fin encuentra de nuevo a Zhao Taimo, que ocupa el rectorado de la universidad de Shandung; pero se niega a prestarle ayuda, y ella recurre a su esposa, quien le consigue un puesto de ayudante en la biblioteca universitaria. Será en este trabajo y en la universidad donde conoce al hermano de su protectora, Yu Quiwei, secretario del Partido Comunista universitario. Y lo primero que le llama la atención es su elegancia y apostura. Empiezan a verse cada vez más a menudo y de vez en cuando van al teatro o salen a pasear por el campus. Se enamoran como los dos jóvenes que son, y es ahora cuando ella descubrirá por primera vez lo que es hacer el amor con un hombre a quien se ama. La situación china, por otra parte, se complica, pues ya son varias las provincias ocupadas por los japoneses; y es entonces cuando deciden casarse, aunque ya han vivido juntos durante un tiempo. Ella colabora en el partido, por amor a su marido más que por propio convencimiento; y sigue trabajando en el teatro, sobre todo en hombres que critican al invasor japonés. Ella, que ha sido siempre reivindicativa de la independencia femenina, ama tanto a este hombre que le cuida como una madre, le sirve en la cama como una amante, le acompaña como una camarada del partido; vive solo para él. Ingresa formalmente en el Partido Comunista en 1932. Pero la felicidad les dura poco, porque Yu es encarcelado. Chang Kai Chek se ha vuelto en contra de los comunistas y les persigue sin tregua. No hay noticias y su esposa cree que le han ejecutado. De hecho, se viste de blanco, el color del luto en China. Pero a Yu le ponen en libertad seis meses más tarde y decide volver a casa sin avisar, para dar una sorpresa a Yunhe. La sorpresa, y grande, se la lleva él cuando la encuentra con otro hombre. Se marcha sin decir nada, profundamente dolido al comprobar lo rápido que ella le ha olvidado. También Yunhe se siente avergonzada; tanto, que se marcha a Pekín para emprender una nueva vida. Allí se reencuentran de nuevo e intentan una reconciliación, pero solo les une el sexo, que siempre había funcionado bien entre ellos. Yu ya no la ama, aunque le ayuda a que encuentre un trabajo. Se ha enamorado de otra mujer; y hasta el último día de su vida, Yunhe la odiará, y se lamentará de lo perdido. Para intentar olvidarle, se marcha a Shanghai, que es un lugar diferente a todos los demás, donde las mujeres se visten a la moda occidental y llevan tacones. Pero a pesar de la belleza y elegancia de la ciudad, ella se aloja en un lugar inmundo, donde las cucarachas y las ratas corren por el suelo. Tiene problemas para encontrar trabajo, y aunque ha perdido interés en las soflamas comunistas, la detienen cuando camina por una calle apartada. La mantienen en una celda durante dos largas semanas y periódicamente la apalean y le sumergen la cabeza en agua hasta que casi no puede respirar. Le piden que de nombres de comunistas, pero ella no conoce a nadie. Al final la ponen en libertad, pero con la condición de que firme un papel en donde renuncia a las ideas comunistas. Firma sin la más ligera vacilación, aunque luego, cuando esté en la cumbre del poder, lo niegue. Dirá que la han puesto en libertad porque la suerte estaba de su parte. Quiere romper con todo su pasado, y para ello nada mejor que cambiarse el nombre. Adquiere uno nuevo, muy sonoro: Lan Ping, Manzana Azul. Busca trabajo desesperadamente, aunque sin demasiada suerte. En el mes de junio va a otra prueba más, esta vez para la obra de Ibsen Casa de Muñecas; y contra todo pronóstico, al director, Zhan Ming, le gusta esta joven resuelta y le da el papel de Nora, la protagonista. Se trata de un ama de casa occidental, madre de tres hijos, bajo el disfraz de la abundancia, pero que en el fondo vive supeditada a su marido, Thorval. Es una mujer, al fin y al cabo; y Lan Ping no tiene dificultades para hacer el papel. Ella sabe bien lo que es estar dominada. El papel masculino está representado por el gran actor Zho Dang, con el cual ella no se lleva bien, sobre todo porque él no cae rendido ante sus encantos y a menudo la ridiculiza. Bien caro lo pagará, bastante más tarde. La noche del estreno sorprende gratamente a la crítica, que descubren a una nueva promesa. Dicen de ella que es la voz del pueblo. Es entonces cuando conoce a Tang Nah, culto y de educación occidental, que se enamora de ella cuando la ve interpretar. Debido al éxito de “Casa de Muñecas”, Lan Ping piensa que puede pasar a la industria del cine, pero se trata de un mundo bastante distinto en el que ella no encaja. Por otra parte, a pesar del éxito de la obra teatral, o más bien debido a ello, el gobierno la censura. Cuando Lan Ping lucha por hacerse un hueco en el cine, Tang Nah la aborda un día en la calle, y como trabaja en un periódico, ella teme despacharle con una disculpa. Empiezan a salir juntos de vez en cuando, y descubre que puede aprender mucho al lado de este hombre culto, dulce y paciente. Pero si a su segundo esposo le había amado con locura, será Tang quien la ame a ella por encima de todo lo razonable. Le presenta al director de cine Junli, y ella espera que le ofrezca una oportunidad en una de sus películas. Entre tanto, Tang procura educarla, transformarla en una mujer moderna, e incluso pretende enseñarle inglés. También la introduce en el mundo del arte, y la lleva a ver exposiciones. A pesar de que son tan distintos como el día y la noche, deciden vivir juntos, aunque pronto empezarán a sufrir las discusiones de la vida diaria. Debido a sus opiniones políticas, él se queda sin trabajo, y le cuesta mucho volver a encontrar otro. Está acostumbrado al lujo y no quiere renunciar a él; así que vive de lo que le prestan sus amigos, con lo cual ella no está de acuerdo. Lan Ping hace la maleta para dejarle, pero renuncia cuando le ve llorando como un niño pequeño, quizá porque era la primera vez que veía llorar a un hombre; esos seres que ella pensaba que carecían de sentimientos. De todos modos, poco después se da cuenta de que la convivencia es imposible. Esa será la primera vez que Tang intente quitarse la vida, y La Ping va de nuevo a vivir a su casa para cuidarle, aunque se niega a compartir su cama; y él se busca una amante que la sustituya. Lan Ping es egocéntrica y se cree insustituible y no le perdonará nunca lo que ella considera una gran afrenta; y para no pasar por la humillación de que otra la sustituya, accede a casarse con él, aunque sabe que esta boda está condenada al fracaso desde su mismo inicio. Llegada de Mao a su vida Con la boda también espera Lan Ping que Junli, amigo de su esposo, la ayude para destacar en el cine, pero él la odia desde el primer momento en que la ve, porque le parece una mujer demasiado interesada. Ella se cuidará de castigarle cuando tenga el poder. Como ninguno de los recientes esposos consigue trabajo, tampoco hay dinero para pagar las facturas, y durante algún tiempo viven de la caridad de los amigos. Son infieles mutuamente y poco después de su boda, ella se va de casa y permanece escondida para que su marido no la encuentre. Aunque intenta de nuevo suicidarse, Lan Ping renunciar a volver con él. Y parece que alejarse le da suerte, porque consigue papeles para dos películas; “Sangre en la montaña del lobo” y “El viejo solterón Wang”, las dos abominando de los japoneses. Pero en el verano de 1937 la ciudad de Shanghai es ocupada por tropas niponas, y cierran todos los cines y teatros. Lan Ping se refugia en casa de Zhang Ming, y su mujer, al darse cuenta de cual es la naturaleza de su relación, le abandona. Al final, tiene que huir de la ciudad, ya no le vale ni la ayuda del director, y se refugia en Yenan, donde oye hablar por primera vez de Mao, que para muchos campesinos ya es una leyenda. Se une al Partido Comunista y por casualidad, cuando descansa en el camino junto a sus compañeros, pasa por allí el coche de Mao, y es cuando le conoce, aunque fugazmente. Hay muchas versiones de cómo fue este primer encuentro, y nunca se ha podido saber cual es la verdadera. Pero antes de tener relaciones formales con Mao, las tiene con Kan Shen, uno se sus más importantes lugartenientes, quizá el que mayor afinidad tenía con él. Cuando se conocen, ella tiene 23 años y él 52, y los dos son naturales de la provincia de Shandung. Por él se entera de que su segundo esposo, Yu Qiwei, ocupa el cargo de secretario general del Partido, pero aunque se ven a menudo, las relaciones son bastantes frías, al menos por parte de él. Kan Sheng y ella se hacen muy buenos amigos, por más que él a la hora de su muerte hable de la que fue su amiga y tal vez algo más, como una mujer despiadada y traidora. Lan Ping quiere ser como las demás muchachas campesinas, pero ha sido criada de manera distinta, y todos se burlan de ella y la llaman señorita burguesa. Pide ayuda a su amigo Kan y consigue que la trasladen a otro lugar. También le aconseja que estudie a fondo la obra de Mao para entender su pensamiento y saber la actitud correcta que debe tener una buena comunista. Actúa en una ocasión en una función donde se interpretan las obras de Mao, y lo hace ante él; e incluso, con la ayuda de Kan, le saluda cuando acaba la función. Mao es alto y tiene aspecto de campesino; de hecho incluso lleva zapatos hechos con paja de arroz. Ella acude a todas sus conferencias y se hace visible, intentando que él repare en su presencia. Pero existe un problema, y es que Mao está casado, con una mujer que le ha acompañado en la Larga Marcha, y que le ha dado seis hijos, aunque solo una hija haya sobrevivido. El matrimonio ya está prácticamente roto, pero no encuentra la manera de librarse de Zhi zhen. Es Kang Sheng quien gestiona un encuentro privado entre Lan Ping y Mao, con que el pretexto de que hay puntos de la última conferencia que la joven no entiende. Todavía no se acuestan juntos; se limitan a cenar y charlar. El le escribe poemas y poco a poco se va enamorando; y no tardará en hacerse imprescindible. Lan Ping es lista y juega muy bien sus cartas; le enardece con caricias pero luego no le permite continuar; porque aduce que le entran remordimientos al recordar que es un hombre casado. Le dice que ella no será nunca una mera concubina. Siguen meses con este tira y afloja; y Mao no se decide a dar el paso y deshacerse de su segunda esposa, porque teme las críticas de la gente que le rodea. Cuando atacan el lugar en que se refugia, él tiene que huir de los seguidores de Chang Kai Shek, y cuando ella acude a despedirle, cede a sus deseos y acaban en la cama. Ahora ya no tiene objeto que se haga la interesante por más tiempo y se va con él. Aunque Chu Enlai y otros de sus compañeros le aconsejan que acabe con esta relación ilícita, Mao está demasiado atrapado por esta jovencita seductora y se niega a volver con Zhi zhen. A Lan Ping todo el mundo le hace la vida imposible, y aburrida, acaba marchándose; y Mao va a buscarla para que regrese a su lado. Le promete que se casarán, y es entonces cuando Kan Sheng saca a la luz aquel documento de renuncia al comunismo que firmó en 1934 para salir de la cárcel. Ella sabe que eso puede significar su fin, y acabar con los planes de boda. Se ponen de acuerdo y negocian; Kan Sheng promete hacer desaparecer el documento, pero a cambio ella deberá intervenir por él ante Mao, ya que están algo distanciados desde hace un tiempo. La joven toma nota mentalmente del peligro que esconde este hombre y se promete a si misma que intentará destruirle si algún día tiene poder. Cuando se da cuenta de que está embarazada le exige a su amante que se divorcie para poder desposarla. No quiere que su hijo crezca como bastardo. El partido no ve esta boda con buenos ojos, pero acaban cediendo, aunque imponen a la futura esposa unas duras condiciones; entre otras cosas que se aparte de los asuntos de Mao y no aparezca con él en público. Se enfurece, pero no le queda más remedio que aceptar. Mao deja constancia por escrito de sus sensaciones durante la Larga Marcha, y Lan Ping le ayuda a dar forma a esos pensamientos. Con su boda, cambia de nombre, y pasa a llamarse Jian Qing, que significa “Río Verde”. Pero la gente que la rodea la mira con prevención; para todos es una interesada que ha usurpado un puesto que le pertenecía a otra mujer. Por más que ella se esfuerce en mostrarse como una esposa sumisa y digna, los que la rodean saben que simplemente está actuando. Maternidad Jiang Qing tiene una niña, a quien ponen por nombre Nah. Para ella es su primera hija, pero su marido tiene cuatro de sus dos anteriores matrimonios. Ella intenta participar en la vida política, no se resigna al papel de madre y esposa; pero Mao no le permite que se aparte un ápice de la senda que para ella ha trazado el partido. Para animarse, decide aprender a montar a caballo, y da largos paseos, para evitar así los pensamientos negativos que tanto la dañan. Empieza a echar de menos los escenarios y su antiguo trabajo de actriz. No le basta con ocuparse tan sólo de su hija. Espía los papeles del escritorio de Mao, y a escondidas sigue la trayectoria de la guerra. Pero cuando insinúa ante su marido que la señora Roosvelt aconseja al presidente, él la mira fríamente y en un gesto de desprecio, no le contesta. A veces ella se siente como si no fuese más que una doncella de servicio, una puta y un ama de cría. Quiere formar parte del congreso del Partido, pero aún siendo la mujer de Mao, se lo tiene que ganar; tienen que investigar su pasado. Teme que vuelva a salir a la luz aquel documento que firmó en la cárcel. En el interrogatorio se siente acorralada, y está a punto de dejarse vencer, pero Kang Sheng acude en su defensa, y en el discurso que pronuncia la hace quedar como una heroína que ha dejado a un lado una vida prometedora de éxitos artísticos, para luchar al lado de Mao y sus ideas, es decir, para vivir por y para el Partido Comunista. Cuando acaba la IIGM empieza en China una verdadera guerra civil, que enfrenta a Mao con Chang Kai Skek; y el primero está en inferioridad de condiciones, aún contando con el apoyo de Stalin. Jian Qiung y su hija sigue a Mao en las campañas militares; pero ella se ha sentido a menudo agraviada al comprobar que su marido no discute con ella sus proyectos militares ni políticos, pero los comparte con otras mujeres. La ofensa es mayor que si le sorprendiese en la cama con una amante. En 1948 Mao gana la guerra y se convierte en el nuevo emperador de una también nueva China. Se instalan en Pekín, al lado de la Ciudad Prohibida, y a ella le corresponde en Pabellón del Silencio. ¿Será un aviso, una premonición? En la Ciudad Prohibida, Mao y su esposa guardan las apariencias delante de la gente, pero el hecho es que ocupan palacios separados y ella ya no sabe como llegar a su marido. Hasta el sexo con Jian Qing ha dejado de tener interés para Mao. A este tormento se suma el hecho de que se encuentra enferma; le detectan un quiste en el útero y ha de viajar a Rusia para que se lo traten. Sabe que es esencial para su salud pasar allí un tiempo, pero teme que en su ausencia Mao se vea con una mujer llamada Fairlyn, una escritora de ideas comunistas que hace tiempo ronda al presidente. Cuando vuelve de Rusia, en efecto, esta mujer es asidua visitante de Mao, y hay ocasiones en que él le muestra parajes de la Ciudad Prohibida, pero nunca la invitan a ella a que les acompañe. No puede menos que sentirse profundamente humillada, aunque no vencida. Pero está sola, sin amigos, solo cuenta con Kang Sheng, a pesar de que no se fía por completo de él. Pero a lo largo de toda la década de los cincuenta, se poyan mutuamente; y él le proporciona una lista de las personas que conspiran contra ella, para que pueda protegerse. Jian Qing puede soportar que Mao ya no la ame, pero no que la aparte de su posición de primera dama. A ella no se la puede relegar al simple papel de ama de casa y anfitriona. Poco a poco va siendo asidua en la casa de Kang Sheng y su mujer, una mansión fabulosa, que había pertenecido a uno de los eunucos más importantes de la emperatriz viuda. Kang Sheng le cuenta que Mao tiene, no una, sino múltiples amantes; jóvenes aldeanas que llegan a la ciudad y ven como un tremendo honor que sea su presidente quien las desflore. Porque ahora que se hace mayor, a Mao le pierden las muchachas vírgenes. Y es también Kang Sheng quien le confía que el presidente está afectado de sífilis, y es renuente a recibir los tratamientos preceptivos. Ella teme que le haya contagiado, a pesar de casi nunca hay ya sexo entre ellos. Pero, al menos de momento, está limpia. Jian Qing tiene un espíritu cultivado, y disfruta con el arte y las hermosas estancias de la Ciudad Prohibida. Le agrada especialmente refugiarse en la Terraza de las Peonías, mandada construir por la emperatriz Tzu Shi casi al final de su vida. En la Ciudad Prohibida Para deshacerse de sus temores y negros pensamientos, decide estudiar la historia de la Ciudad Prohibida y de las gentes que en ella moraban, al menos de los últimos. Empieza a verse a sí misma representando el papel de la poderosa emperatriz viuda; y es que echa de menos actuar encima de un escenario, sentir el calor y el aplauso del público. Por otra parte, siente envidia y celos de la esposa de Chu Enlai y de la del vicepresidente Liu, sobre todo porque son amadas por sus maridos, y ella solo tiene de Mao desprecios y humillaciones. No lo entiende; ellas no son ya jóvenes ni hermosas, pero sus maridos las siguen queriendo. La esposa de Chu Enlai no se atreve a desafiarla, y la trata como si fuese la reencarnación de la última emperatriz. No ocurre lo mismo con Wang Guang mei, la esposa del vicepresidente, que se atreve en ocasiones a usurpar las funciones de primera dama. Ella la ve como una ladrona y una usurpadora, y preparar una venganza proporcional al daño que le está causando. Kang Sheng le cuenta a Madame Mao que su marido se ha enamorado de una jovencita muy inteligente que puede resultar una amenaza para su posición. Se trata de la actriz Yun Zhu. Jiang Qing sabe que ha llegado el momento y debe empezar a mover sus hilos si no quiere perderlo todo. Pero no le resulta nada fácil. Es la época en que Mao se encuentra inmerso en el proyecto del Gran Salto Adelante, aunque a los dos años de haber comenzado; el pueblo empieza a protestar a causa del hambre y la pobreza en que se hallan inmersos. No ayudan las desgracias climatológicas, como sequías e inundaciones. Mucha gente muere de hambre, e incluso se conocen algunos casos de canibalismo. Mao se deprime, se avergüenza y hasta se retira de la política por un tiempo. Está tan desanimado que manda llamar a su esposa; necesita su ayuda. Pero entretanto es Liu, como vicepresidente, quien toma las riendas del gobierno. Jiang Qing logra convencer a su esposo de que Liu y su camarilla de adeptos pretenden quedarse con el poder usando los medios de comunicación y a escritores afines a sus ideas, que intentan lavar el cerebro de la población en contra del presidente. Entonces le propone que ellos hagan lo mismo; y le muestra algunas de las cosas que ya ha escrito. Mao le encarga que ponga en marcha sus proyectos, pero no en Pekín, sino en Shanghai; ahora confía en ella y le pide perdón por el tiempo que la ha mantenido apartada de sus asuntos. Jiang Qing siente que su pecho va a reventar de felicidad; esto es mejor que una declaración de amor. ¿Qué es el amor frente al poder, a la dicha de estar en lo más alto? Viaja a Shanghai para poner en práctica su plan. Pronuncia discursos y arenga a las masas sin cesar; usando los medios de comunicación a su alcance; en definitiva, hace lo que mejor sabe hacer: actúa, esta vez a favor de Mao, para encumbrarle de nuevo. Hay un ligero acercamiento entre ellos, aunque Jiang Qing siempre conservará en su corazón una ligera prevención, porque ya la ha traicionado una vez; ¿quién le garantiza que no volverá a hacerlo? En 1965 se empiezan a pergeñar las bases de la Revolución Cultural, y una de sus principales impulsoras es Madame Mao. Es imperativo seguir las enseñanzas de Mao, que empieza a actuar como un nuevo emperador; y se trata de limpiar al pueblo del maltito germen de las ideas burguesas. Mao ve en el vicepresidente Liu un rival; pero cree atisbar un oculto talento en el primer ministro Den Xioaping. Entre los dos, Liu y Deng, preparan un texto que luego se conocerá como “El informe”, para aclarar algunos de los escritos de la señora Mao. El presidente finge aprobar el texto que le presentan; pero en secreto está preparando su mejor baza para evitar ser desbancado. En 1966, la propia Jiang Qing es quien pronuncia un discurso ante los dirigentes de estado y los principales mandos de las Fuerzas Armadas, desmontando punto por punto el famoso informe. Se le quiere dar preponderancia al Ejército, y Madame Mao trabaja en estrecha colaboración con Lin Piao, un importante mariscal. El mismo escribe un texto con el nombre de “El compendio”, en donde hace aparecer a la camarada Jiang Qing como miembro modélico del partido. Ella está exultante; su sacrificio; sus lágrimas y todas las humillaciones soportadas están dando su fruto. El matrimonio presidencial a menudo pasea por donde antes lo había hecho Tzu Hsi; y Mao le confía a su esposa que teme a la vejez y la enfermedad. De hecho tiene muchos trastornos intestinales y está perdiendo vista. Ella finge apenarse, pero en el fondo se alegra de esta nueva dependencia de su marido. En la guerra de Corea Mao ha perdido a su hijo mayor, y es otra de las cosas que le hace envejecer y mina su salud. Influenciado por su esposa, da a conocer una serie de normas que bautiza como “Manual de la Revolución Cultural”. Las personas de mayor poder en este período son el propio presidente, su esposa, Kang Sheng y Chen Boda; pero quien realmente gobierna China, a través de Mao, es Jiang Qing. Madame Mao En 1966 Madame Mao organiza festivales de teatro y ópera por todo el país, y supervisa en persona cada detalle. El mundo de la cultura lleva su sello. Detiene a quien discute la menor de sus órdenes. No tiene piedad con quien la contradice, y se convierte en la líder del país, merced al citado manual. Es ella quien persuade a Mao de que debe ganarse a los estudiantes y a la juventud para su causa. Ellos tienen la pasión necesaria para luchar por los ideales del comunismo, y también para imponerlos a la fuerza si es necesario. Liu, en su ignorancia, no se da cuenta de que peligra su cargo, e incluso su vida. Los estudiantes encabezan marchas impulsando la revolución y Liu intenta, en vano, detenerles. El presidente se aleja un tiempo de Pekín y es su esposa quien se ocupa de todo en su ausencia. Liu empieza a preocuparse cuando los guardias de Mao le impiden la entrada a sus aposentos privados. Kuai Dafu, el líder de los estudiantes, es un icono del pensamiento maoísta, aunque la gente no sabe que habla tan solo por boca de Jiang Qing. Ha hecho de un grupo de estudiantes un ejército organizado que marchan cantando las citas de Mao. Nace la Guardia Roja, que solo obedece al presidente, es decir, a su esposa. Llenan la plaza de Tiananmen gritando LARGA VIDA AL PRESIDENTE MAO. Algunos incluso se atreven a decir “Diez Mil Años”, que era el modo en que antaño se saludaba al Hijo del Cielo, al emperador. El propio Mao, su esposa y Lin Biao, se acercan a saludar y a multitud prorrumpe en gritos histéricos y llantos. La Guardia Roja se atreve a detener a Liu en 1967, pero como parte del pueblo apoya al vicepresidente, la señora Mao todavía no se atreve a pedir su cabeza. Pero Jiang Qing continua afilando las espadas, y se entrevista con la hija del primer matrimonio del vicepresidente, que no se habla con su padre. Le hace creer que Mao y ella misma son como su familia, y que no debe olvidar que Liu abandonó a su madre por otra mujer. Por lo tanto, su deber es contar al pueblo la verdad sobre su padre, traidor a Mao por su defensa de las ideas burguesas. Ella pronuncia un discurso en el que acusa a su padre, el vicepresidente Liu, de todo eso y mucho más. Madame Mao cuenta con la Guardia Roja, que la sigue ciegamente, pero no todo el mundo la apoya; sabe que también se tiene que enfrentar a muchos enemigos que la odian. Su propia hija, Nah, se casa con un joven oficial del ejército, de 28 años, llamado Tai, sin contar para nada con su madre. Le habla de la boda cuando ya ha tenido lugar. Ahora la señora Mao se ocupa también de todas las películas que se ruedan en China; pero su marido, a pesar de haber dado un paso hacia delante en su confianza, todavía le sigue ocultando algunas cosas. Así como continúa con sus infidelidades, que ella conoce a la perfección. No es que le importe mucho, de todos modos, mientras tenga el poder político. ¿Qué interés puede tener ella en acostarse con un anciano enfermo y a veces maloliente? Le hace prometer que tendrá carta blanca en todas las producciones de cine y de ópera que se estrenen en el país. Pero pese a todo, se siente profundamente humillada cuando su esposo le pide ayuda en un problema que tiene con su última amante. ¿Se dará cuenta ese estúpido egoísta que ella todavía continúa siendo su esposa, y la primera dama de China? Comprende que su marido se ha vuelto un paranoico que desconfía de todo y de todos. Ella sabe que cuenta con muchos enemigos personales, pero ahora que tiene poder, no le tiembla la mano a la hora de hacer listas, que envía a Kang Sheng para que sean ejecutados. Teme la muerte de Mao, cuya salud es cada vez peor; y debe protegerse. No se para a pensar si las ejecuciones son o no justas, solo si a ella le favorecen o convienen a sus planes. Quizá como una señal de que su buena estrella está empezando a decaer, Jiang Qing tiene problemas para rodar algunas películas, porque a veces los actores no se dejan guiar. Entretanto, la salud de Mao empeora, y en una ocasión le confiesa que está pensando en redactar su testamento. Para acabar el rodaje de alguna película, se ve obligada a enviar a una delegación de la Guardia Roja. Pero Mao le advierte que no se crea lo que no es; que el ejército le obedece, no por ella misma, sino porque es el propio Mao quien la avala. Ella se esfuerza en mantener una actitud humilde, aunque sus impulsos la llevan a querer ahogara esa momia que se esfuerza en seguir aparentando unan fortaleza que ya no tiene. Ante el mundo, representa a Mao, pero hace ya tiempo que para ella no significa nada, o poco. Está cansada del asunto de Liu y ordena que se presenten pruebas, verdaderas o falsas, de su traición. Se tortura a muchas personas, y entre ellas a un viejo profesor de la Universidad de Pekín, que se está muriendo de cáncer de hígado. Consiguen testimonios; la gente dice cualquier cosa cuando se la tortura hasta límites de dolor insoportables. Se hace un juicio público en el campus de la Universidad de Pekín a Wang Guang mei, la esposa de Liu. En su interior, Jiang Qing no puede menos que admitir la dignidad con que esa mujer enfrenta su destino. En 1969 Liu cumple en la prisión sus setenta años; con un infarto a cuestas, diabetes y problemas respiratorios. Le notifican que su esposa ha sido condenada a muerte y que han matado de una paliza a su hijo mayor, mientras sus tres hijas están en la cárcel y su fiel amigo Deng Xiaoping ha sido condenado a un campo de trabajo. Liu muere en prisión el 12 de noviembre de 1969. La secretaria y amante de Mao es quien le da a éste la noticia de la muerte de quien ha sido por muchos años su vicepresidente. Jiang Qing ha conseguido encarcelar a su antigua enemiga y rival, la escritora Fairlynn; y ella misma sabe que al estar Madame Mao detrás, nada hay que hacer. Tiene razón, aunque sobrevive a la revolución cultural, y cuenta sus padecimientos en un libro de gran tirada que publica en 1997. Ling Biao sube puestos y Mao le convierte en ministro de Defensa; e incluso piensa en él como posible sucesor. Pero pronto descubre el presidente que su ministro y favorito pretende quebrar su poder y Mao se deshace de él en un oportuno accidente de avión cuando viajaba a Rusia, probablemente huyendo de Mao. La explicación oficial es que el avión se quedó sin combustible sobrevolando Mongolia. Jiang Qing es consciente de que su poder se acaba; porque Mao está cada vez más delicado de salud, y muchas veces, se niega incluso a verla. En 1974, para colmo de males, nombra primer ministro al antes defenestrado Deng Xioaping y publica un documento en el que critica a su esposa como cabeza de la Banda de los Cuatro. La prensa de Pekín llega a compararla con la emperatriz Wu, de la dinastía de los Han, en el año 200 d. C. la mujer más ambiciosa de China, junto con Tzu Hsi. Kang Sheng sabe que la mujer de Mao caerá, y evita que le arrastre a él. Habla con la sobrina de Mao, a la sazón jefa de la diplomacia china, y con la traductora de confianza del presidente, y le dice que hay cosas de su esposa que Mao debe saber; para después acabar acusándola a ella y a Chun Quin de traidores. Jiang Qing intenta atraer a su causa a un sobrino de su marido para que interceda por ella; para que Mao, ya muy enfermo, la nombre su sucesora. En 1976 fallece el primer ministro Chu, y Mao ordena la destitución de Deng Xiaping porque teme que le traicione. Madame Mao aprovecha, y en nombre de su esposo elige a sus acólitos para los cargos más importantes. Mao muerte el nueve de septiembre de 1976, y aunque Jiang Qing busca desesperada el testamento, no puede encontrarlo porque no existe. Se le entierra con todos los honores, como a un emperador. Ella preside el funeral, con su hija al lado. Hua Guofeng dirige ahora los destinos de China. El 6 de octubre el nuevo presidente llama a la viuda de Mao para que acuda a una reunión con él en el Palacio de la Clemencia. Se le informa de que va a ser arrestada. En la cárcel se le da como trabajo hacer muñecas para la exportación, y es lo que hace hasta 1991. Aunque en 1980 se la condena a la pena de muerte, luego le es conmutada por cadena perpetúa. Según la versión oficial, se suicidó el 14 de mayo de 1991.

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Los incas, su modo de vida
Los incas, su modo de vida
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/23/2012

El imperio inca abarcaba desde las sierras de la actual Colombia hasta el norte de Chile y Argentina, y desde la costa del Pacífico hasta los bosques del Amazonas. La capital del imperio Tiwantisuyo, que quería decir “las cuatro partes del mundo” era la ciudad de Cuzco, al que los incas consideraban el centro del universo. El imperio se dividía en cuatro grandes regiones, y éstas a su vez en provincias. Al frente del imperio estaba el Inca y las zonas que se iban conquistando quedaban a cargo de los curacas, una especie de gobernadores. Lo que conocemos de los incas nos ha llegado sobre todo a través de escritos de los españoles que acompañaron a Pizarro o tuvieron luego relación con esta cultura. Una de las crónicas más completas es la de Pedro Cieza de León; pero ya en la época de la captura y muerte del Inca Atahualpa en Cajamarca, se escriben al menos tres crónicas: 1. Conquista del Perú, llamada la Nueva Castilla, de autor desconocido, aunque luego se atribuye al capitán Cristóbal de Mena, escrita en 1534 2. Verdadera relación de la conquista del Perú, que al parecer es obra del que fue secretario de Pizarro, Francisco López de Xerez. 3. Carta redactada por Hernando Pizarro a los Oidores de la Audiencia de Santo Domingo, en 1533, mientras se encuentra en España para entregar al emperador el quinto real del botín de Cajamarca. Pero en realidad estas tres crónicas poco nos hablan de los incas como pueblo o como cultura y tan solo mencionan, de pasada, a Atahualpa, al que en ocasiones llaman Tubalipa, a su hermano Huáscar y al padre de ambos, Huayna Cápac, a quien llaman Cuzco el Viejo para diferenciarlo de su hijo Huáscar, que era Cuzco el Joven o simplemente Cuzco. Quizá la confusión de nombres se deba a las traducciones, porque los indios que las hacían habían aprendido un español muy rudimentario e incompleto. Será hacia el año 1542 cuando los españoles por primera vez entiendan que el término Inca se usa como sinónimo de Rey. Hacia 1550 existe también una crónica sobre los incas, escrita por Juan de Betanzos, en su obra “Suma y Narración de los Incas”. El problema de todas estas crónicas es que cuando refieren los mitos incaicos a menudo los tratan como si fuesen alegorías o fábulas. En la obra de Pedro Cieza de León, por ejemplo, el mito de Viracocha parece enraizar con una especie de apóstol llegado a América ya en tiempos de Cristo; idea muy difundida por los franciscanos para hacer más fácil la evangelización de los indios. Se trataba también de dar una cierta legitimidad a la conquista y sobre todo al vergonzoso asesinato de Atahualpa en Cajamarca. Pedro Cieza de León era sevillano y de allí sale a los trece años para embarcarse hacia las Indias. Él mismo explica en el inicio de su crónica que la escribe para mostrar al mundo como eran los indios que se encuentran a su llegada y cuan duro resulta el trabajo de los españoles para sacarles de su impiedad y desconocimiento del Dios Verdadero. Cuenta Cieza de León como de la ciudad de Panamá, situada en Tierra Firme, en lo que se dio en llamar la Castilla del Oro, salen nuevas expediciones en busca de la nueva tierra, Perú, que será conocida como Nueva Castilla. En 1499 se funda la ciudad de Antigua, en la provincia de Darién, y poco después nacerá en una zona cercana la ciudad de Urabá, de donde fue gobernador Francisco Pizarro, que tuvo que luchar con unos indios especialmente rebeldes para controlar el lugar. Los indígenas que poblaban la zona de Urabá hasta Cartagena conocían unas hierbas ponzoñosas que usaban para frotar la punta de sus flechas y causar así la muerte a sus enemigos. De la ciudad de San Sebastián de Buenavista saldrá en el año 1536 Juan de Vadillo, que era gobernador de Cartagena, para intentar abrirse camino desde al mar del Norte hasta el Sur. Cuenta en su crónica como en los bosques entre Cartagena y la ciudad de Antioquía se encuentra unas serpientes de tan enorme tamaño que pueden albergar en su interior un venado entero, y otras que hacen al arrastrarse un ruido similar al de un cascabel. Se hace mención del cacique Nutibara, que gobernaba un pueblo en la sierra de Abibe, muy rico en frutas y árboles, entre ellos una fruta a la que llaman aguacate. Estos indios tenían por costumbre exponer las cabezas de sus enemigos, una vez que habían comido todo lo que en su interior albergaban, a las puertas de su casa. Entre ellos la antropofagia era algo de lo más natural. Los primeros españoles que allí llegaron libran batalla contra los indios, que los superan en número, pero a los que vencen fácilmente, y se llevan bastante oro. Los hombres de esta zona andaban completamente desnudos, con el pelo muy largo, y se defendían con dardos, lanzas y unos bastones de gran tamaño a los que llaman macanas. Las mujeres se tapan sólo de cintura hacia abajo, con mantas muy coloreadas. Cuenta Cieza que los indios de la zona de Antioquía raptaban a las mujeres de los pueblos vecinos y procuraban dejarlas embarazadas. Cuando sus hijos tenían doce o trece años los mataban y se los comían. Narra también que cuando muere algún cacique se le entierra con toda pompa en una tumba lujosa, junto con sus armas de guerra, vino de maíz, y sus mujeres principales y sirvientes, que le acompañan y son enterrados vivos. La ciudad de Antioquía goza de abundante agua, que proviene de los ríos Darién y Santa Marta, en los cuales hay oro en abundancia. Pasa luego a describir la provincia de Popayán, ya cerca de la cordillera andina, y que alcanza en extensión hasta las costas del sur. La provincia es tan grande que hay zonas cálidas y otras mucho más frías, y por tanto una gran variedad de vegetación. En ocasiones, cuando los indios se enteran de que se acercan los españoles, prefieren quemar todo el pueblo y marcharse a otro lugar antes que ser sometidos. Los caciques viven en casas grandes y lujosas, y también exponen en la puerta las cabezas de sus enemigos vencidos. Hacía Oriente se encuentra la provincia de Cartama, descubierta por Sebastián de Belálcazar, que goza de oro en abundancia. Los indios de estos lugares tenían como principal cacique a un tan Ciricha. Al igual que los de tierras cercanas, estos indios también practican la poligamia y son antropófagos. Cuenta Cieza de León que cuando llegan a un pueblo conocido luego como Santa Ana, después de muchos días sin comer, algunos de los españoles se abalanzan sobre una olla que está al fuego y que contiene carne. Cuando ya han comido algunos pedazos se dan cuenta de que en el caldo flota un brazo humano. En la provincia de Zopia se encuentran ricas minas de oro, y allí las mujeres se adornan con collares, pendientes y joyas para la nariz. Hasta los platos y vasos de los nobles y caciques son de oro. A los españoles les llaman “tamaraca”. En la provincia de Tacuya a los muertos se les quema y cuando aún su cuerpo no se ha consumido del todo, lo envuelven en mantas y lo guardan varios años hasta enterrarlo definitivamente. Cerca del río Santa Marta habla Cieza de pequeños pueblos de gente que comercia con sal, y donde también abunda el oro. Narra Cieza que algunos indios, cuando tenían noticias de la inminente llegada de los españoles, se ahorcaban y daban muerte a sus familias antes de ser sometidos. La provincia llamada Arra la menciona como una de las más ricas de la zona, con casas de gran tamaño, hechas de madera y con cobertura de paja. Los valles y laderas estaban cubiertas de árboles frutales. Habla de una fruta que llama especialmente la atención de los españoles, la pithaya, de color morado y que produce, cuando se come, una orina de color sanguinolento. Cuenta como los habitantes de la zona acostumbraban a arrancar el corazón de sus prisioneros y luego practicar la antropofagia, como un sacrificio a los dioses. Parece ser que los habitantes de la provincia de Pozo son de costumbres similares a las de sus vecinos de Arral, y como ellos, entierran a sus muertos en sus propias casas, practican la poligamia y también en ocasiones, el canibalismo. La provincia de Quimbaya está ya próxima a la cordillera andina, y posee un volcán cercano. Habla Cieza con mucha maravilla de fuentes de agua salobre en toda la zona. Los habitantes de la zona, hombres y mujeres, se adornan en las fiestas con grandes cantidades de oro y no se alimentan de carne humana. Cerca está la ciudad de Cartago y a poco más de cincuenta leguas, la de Cali, fundada por Sebastián de Belálcazar. Narra como cuando se marchaban los españoles, los indios no querían seguir labrando las tierras, y que preferían alimentarse de lo que recogían en los bosques, pero sobre todo de carne humana. De todos modos en las cercanías de Cali se mantienen todavía algunas haciendas españolas en las que trabajan indios. Más hacia Poniente hay muchos pueblos de indios a los que describe como gente buena, sin malicia, cuyas mujeres trabajaban en casas de españoles. En este lugar cuando mataban en la guerra a sus enemigos, les llevaban a un edificio de madera y colgaban sus cuerpos en una tabla, para desollarlos y abrirlos en canal. Se comían las entrañas y rellenaban el interior con ceniza; haciéndoles luego máscaras de cera. En las manos les colocaban las armas que en vida habían usado, de tal manera que volviesen a parecer guerreros. Sin embargo, parece ser que había indios que ya habían abandonado estas costumbres y se habían convertido al cristianismo. En las zonas cercanas a Cali hay abundancia de animales salvajes, sobre todo grandes felinos que a veces atacan a los humanos. Los indios de la zona de Popayán hacían finas joyas de oro, con las cuales se adornaban tanto hombres como mujeres. Habla Cieza de los indios coconucos, que habitaban en una tierra de volcanes; y pasa luego a describir la ciudad de Quito, ya en zona andina. Ahora abundan los paisajes áridos y rodeados de altísimas montañas. Se cultiva el maíz, la patata y un cereal que se llama quinoa. Es ahora cuando comienza a hablar de los incas, siendo el primero que nombra Huayna Capac, a quien también se conoce como Cuzco el Viejo, y que no es otro que el padre de Atahualpa. Cuenta como en el imperio inca se castigaba el adulterio femenino con la horca o el enterramiento en vida. La ciudad de Cuzco, capital del imperio, fue fundada por el Inca Manco Capac, a quien la leyenda hace emerger desde el lago Titicaca, ya que procedía del linaje del dios Viracocha. La sociedad inca, poco a poco, introdujo en la capital un ejemplo de estructura social, con grandes conocimientos de saberes como la Medicina o la Arquitectura. El principal dios al que adoraban era el Sol, y en honor a él construyeron grandes templos. Los emperadores, de hecho, se consideraban descendientes directos del sol, y por tanto eran tratados como divinidades. El oro era el símbolo solar, y en lugar de usarlo como moneda, se servían de él como ornamento. El ciclo de fiestas religiosas se regía por el calendario inca, que se basaba en el ciclo agrícola de las cosechas. Al Sol se le conocía como al dios Inti, y se le hacía proceder de Viracocha. Su esposa era Mama Quila, la Luna, y ambas eran deidades benévolas. Tuvieron dos hijos: Manco Capac y Mama Oclo, que fueron enviados a la Tierra con la orden de construir la ciudad de Cuzco. La fiesta del Inti Raymi se celebraba en el solsticio de invierno, el 24 de junio, y su nombre significa Resurrección del Sol. Dura nueve días, durante los cuales se baila, se canta, y se realizan grandes sacrificios. El dios Viracocha es el gran creador, hermafrodita y que se creó a si mismo. Juan de Betanzos habla del mito según el cual Viracocha sale del lago Titicaca para traer la luz, y al escupir sobre unas enormes piedras crea una raza de gigantes, pero se arrepiente y los destruye. Hace surgir de otras piedras, esta vez más pequeñas, a la Humanidad. Viracocha desaparece en el Pacífico, avisando que regresará. Pedro Sarmiento de Gamboa se hace eco de las descripciones que los incas hacen de él: de mediana estatura, piel blanca, vestido con una túnica y portando un bastón. La Pachamama es la Madre Tierra, diosa de la fertilidad y de las buenas cosechas. Los conquistadores hacen que los indios la identifiquen con la Virgen María. Se la honra sobre todo durante el mes de agosto y los primeros viernes de cada mes. Cieza describe la ciudad de San Francisco de Quito como un sitio de clima más bien frío, asentado entre altas montañas y de tierra muy fértil. Relata como se siembra trigo y cebada, y se empiezan a cultivar algunas frutas de las que hay en España. Hace una especial mención de la canela y del algodón, que los indios usan tanto para hacer su ropa como para pagar sus tributos a los señores. Y mucho se asombra de lo que hoy conocemos como llamas o vicuñas, pero que para él son un extraño cruce entre ovejas y camellos. También habla de la quinoa y las patatas, que constituyen la alimentación básica de los indios, a los que retrata como tranquilos y buenos labradores. Pero le llama la atención que dediquen también su tiempo a hilar, un trabajo que él considera propio de mujeres. Cuenta que aunque existen muchas lenguas, los emperadores incas obligan, bajo pena de muerte, a que se hable la suya en todo el imperio. Describe la ropa de los indios como muy colorida y en forma de capa; lo que hoy conocemos como ponchos. Dice el etnohistoriador Waldemar Sipinoza, que el Inca Manco Capac era hijo del rey Abu Tambo, de la región de Tihuanaco, y que dirigió el éxodo de su etnia desde su lugar de origen hasta las tierras peruanas. Su sucesor fue Sinchi Roca, su hijo. El cuerpo de Manco Capac, que murió de muerte natural, fue momificado y conservado en el Inticancha, el templo desde el cual se adoraba al dios del Sol, Inti. Sin embargo, durante el reinado de Pachacutec, se trasladó a un templo en el lago Titicaca. Sinchi Roca nació al sur de Cuzco, y fue guerrero, luchando duramente contra los ayamarcas. Su principal esposa fue Mama Coca, hija del curaca Sutic Hamán. Fue el primer inca que usó la mascaipacha, o corona imperial, máximo signo de distinción de la soberanía inca. También fue él quien ordenó que todos los hombres de su etnia se perforasen las orejas, como señal de nobleza. No ensanchó sus dominios durante su reinado. Le sucedió su hijo, Lloque Yupanki, que mantiene el imperio en una relativa paz. El siguiente inca es Mayta Capac, que era muy pequeño a la muerte de su padre, y por eso gobierna su tío durante un tiempo. Mantuvo una prolongada guerra contra la etnia de Alcahuisa. Cede su gobierno a Tarco Huaman, que pronto sufre un golpe de estado a manos de su primo Capac Yupanki, quien emprendió expediciones para agrandar el territorio. El Inca Roca fue el primero de la dinastía Haman en Cuzco y embelleció profusamente la capital, además de firmar la paz con los ayamarcas. Para consolidarse en el poder, el Inca Roca reprimió duramente a los mascas y piraguas, que no reconocían su soberanía. Canalizó el río Huatanay y construyó una red de abastecimiento de agua para todo Cuzco. Fundó el Yachayhuasi o Casa del Saber, donde se preparaban los hijos de los nobles. De su unión con la princesa Mama Micay nació su hijo Titu Cusi Hualpa, que fue secuestrado durante un año por el rey de los ayamarcas, hasta que una princesa de esta etnia se apiadó del niño y lo devolvió a sus padres. Cuando le sucede como Inca recibe el nombre de Yahur Huaca, que significa “el que llora sangre”, porque en una ocasión sus lágrimas eran de sangre, quizá por una conjuntivitis aguda. Durante su reinado tuvo lugar la rebelión de los huayacán, que dieron muerte a su heredero. En venganza, el inca destruyó su pueblo y mató a la mayoría de sus habitantes. La posterior rebelión de los cuntis, que atacaron Cuzco por sorpresa mientras se celebraba una fiesta religiosa, llenó la capital de luto. No tuvo tiempo de elegir sucesor, y los nobles nombraron a Viracocha Inca, que se preocupó de mejorar la agricultura de la zona y viajó luego al país de los aymaras, dejando como regente a su hijo Inca Urco. Los chancas, una etnia muy poderosa, le enviaron emisarios exigiendo su rendición, y cobardemente entregó Cuzco, huyendo con sus esposas y alguno de sus hijos. Le sucede el gran Inca Pachacutec, que fue quien en realidad creó el gran imperio Tiwantisuyo. Invadió el país de los chancas y regresó con miles de prisioneros y un importante botín de guerra. Durante todo su reinado no dejó de conquistar pueblos y enriquecer el imperio, pero le quedó tiempo para dotarlo de una buena estructura administrativa y de reconstruir Cuzco. Construyó el majestuoso templo Coricancha, en donde antes se situaba el Inticancha. Y en honor al dios Viracocha hizo construir el Quishuarcancha. Implantó el sistema de mitmak, es decir, trasladar gente a los pueblos conquistados para colonizarlos. Se valió de canales de regadío y terrazas agrícolas para mejorar la producción. Conectó mediante redes viarias todo su territorio, y fue él quien dividió el imperio en cuatro regiones, y éstas en provincias. Potenció el culto al sol. Nombró sucesor a Amaru Yupanki, aunque luego se arrepintió y el elegido final sería Tupac Yupanki. Al igual que su padre, Tupac Yupanki soñó con expandir el imperio y se cree que alcanzó el poder alrededor de 1471, cuando tenía unos treinta años. Cuando todavía era príncipe se distinguió por su valentía en las campañas militares que su padre le encomendaba, y su mas meritoria conquista fue la del Imperio Chimú. Acabó con la rebelión de los collas en el Altiplano, y conquistó, hacia el sur, a tucumanes, huartes, cuyas y atacamas, en lo que actualmente es Chile y Argentina. Sin embargo, la dureza de su gobierno causaba la rebeldía de algunos curacas y fue extremadamente cruel en la represión de todo aquel que osase rebelarse. Se dice que fue él quien impuso el sistema de yanaconas, y en lugar de ejecutar a los prisioneros, se les convertía en esclavos de la nobleza inca. Murió envenenado en una conspiración palaciega que pretendía favorecer al hijo de una de las esposas secundarias, Cápac Huari. Pero se ajustició a los culpables y subió al poder quien había sido designado por su padre, Huayna Cápac. Los descendientes de Cápac Yupanki fueron una de las panacas más poderosas de todo el imperio, Cápac Ayllu. Huayna Cápac era un niño cuando asesinaron a su padre, y el regente entre tanto fue Apo Huallpaya, que no siempre actuó con la debida fidelidad. Se centró en consolidar el dominio y poderío del imperio y a terminar con todos los curacas rebeldes, como los huancos o cañaris. Engrandeció las ciudades de Tumibamba y Quito, y amplió la red viaria. En 1527 es cuando le llegan las primeras noticias de la presencia de extranjeros barbados y de piel blanca, que navegaban por el mar “en gigantescas casas de madera”. En cuzco gobernaba como regente (Inca Rantin) su hijo Huáscar, que había sido elegido Hatun Auqui, o heredero. Pero cuando el Sapa Inca está a punto de morir, no se sabe por qué motivo, cambia de idea, y nombra heredero a otro de sus hijos, Atahualpa. Cuando muere Huayna Cápac, al parecer de viruela, aunque no está del todo claro, ya los europeos habían llegado a las tierras del imperio. El reinado se inicia con una cruenta guerra civil entre Atahualpa y su hermano Huáscar, que había sido elegido heredero en primer lugar. Después de una dura lucha, con victorias y derrotas de ambas partes, todo se decidió en la batalla de Cusibamba, que ganaron las tropas leales a Atahualpa. Deja también en ruinas la ciudad de Tumbes y poco a poco se va acercando a Cajamarca, donde vuelve a derrotar a los leales a su hermano. Sin embargo, Atahualpa perdona la vida a Huáscar y prefiere mantenerle como prisionero. Pero será precisamente en Cajamarca donde Francisco Pizarro, al mando de un pequeño ejército de unos 170 hombres, apresan al Sapa Inca Atahualpa el 16 de noviembre de 1532. Le encierran en la llamada “Casa de la Serpiente”, que después se conocería con el nombre de “Cuarto del Rescate”. Como el inca sabía el amor de los españoles por el oro, les ofrece llenar la habitación de oro y plata a cambio de su libertad. Pronto llegan indios cargados de objetos hechos con metales preciosos, y también hace acto de presencia Diego Almagro, socio de Pizarro en la expedición. Con esta nueva fuerza Pizarro ya se encuentra capaz de llegar hasta Cuzco. Pero se le presenta el dilema de qué hacer con el Sapa Inca. Almagro y alguno de sus seguidores opinan que lo mejor es matarle, mientras Pizarro y Hernando de Soto prefieren enviarle a España y que sea el emperador quien decida. Cuando Atahualpa reclama su libertad, alegando que había pagado el rescate, Pizarro le retiene con la acusación de haber intentado reunir tropas para atacar a los españoles. Se le hace un juicio amañado y se le declara culpable de conseguir ilegítimamente el poder, de conspirar contra los españoles y de matar a Huáscar. Como no está bautizado la pena es morir en la hoguera. El fraile Vicente Valverde le convence para que se bautice y se le pueda conmutar la sentencia por morir en el garrote. Accede, y Pizarro le hace de padrino; por lo cual al Inca Atahualpa se le bautiza con el nombre de Francisco. Los cuzqueños no se sintieron demasiado tristes al saber que Atahualpa había sido ejecutado, pues le consideraban un traidor. Pero los indios del norte si deseaban vengar su muerte, y se enfrentan a Sebastián de Belálcazar en la ciudad de Tomebamba, donde se libra la batalla de Teocajas. Los españoles nombran inca a Tupác Huallpa, que no pasa de ser un mero títere, y muere al poco tiempo. Le sucede Manco Inca, hijo también de Huyana Capac, y en lugar de hacer frente común con los españoles, se enfrenta a Pizarro, aunque acaba pactando con él para ganar tiempo. Jura fidelidad a la corona española, y sobre la mascapaicha e colocan una espalda toledana y unas espuelas de oro. Pero la idea de una revuelta anida ya en su interior, y hace creer a los españoles que tiene escondidas varias estatuas de oro de sus antepasados, por lo cual pide permiso para ir a buscarlas con unos tres mil indios. Los españoles, inexplicablemente, le permiten que parta solamente vigilado por dos soldados. Sitian Cuzco durante más de diez meses, aunque Manco II no se anima a atacar, y poco a poco van perdiendo fuerza. Los conquistadores logran romper el asedio con las tropas de Diego de Almagro, acompañado de Paullo Inca, medio hermano de Manco y partidario de los españoles. Manco II debe huir y funda una especie de reino paralelo. La resistencia inca dura varios decenios, hasta que termina con el último emperador, Tupac Amaru, que se enfrenta a las tropas del virrey Francisco de Toledo y es derrotado. La última rebelión tiene lugar ya en 1780, con José Gabriel Condorcanqui, que se hace llamar Tupac Amaru II, pero es ajusticiado en la plaza de Cuzco en 1781. Los sacrificios religiosos eran práctica habitual en el imperio inca, y generalmente consistían en ofrendas de maíz, coca o chicha. Cada mañana en Cuzco se quemaba una llama como ofrenda al Sol, y cada primer día de mes se arrojaban al fuego cien llamas. En cuanto a los sacrificios humanos, el fraile Valverde o Bernabé Cobo hablan del sacrificio de doscientos niños para la coronación del emperador. El Inca Garcilaso de la Vega niega que se hicieran sacrificios humanos o que se practicase el canibalismo, pero puede que el suyo sea un testimonio interesado. Excavaciones arqueológicas han demostrado que los sacrificios humanos eran una práctica normal, aunque quizá no tan frecuente como en el imperio azteca. El sacrificio de niños y llamas blancas se relacionaban con la adivinación. Los incas gustaban del animismo y eran muy supersticiosos. El chamán gozaba de gran prestigio social. Una categoría de brujos muy importantes eran los huatacs, adivinos que mantenía el estado y que hacían sus predicciones examinando las entrañas de animales o las hojas de coca. Los emperadores fomentaban la adivinación para así manipular mejor lo sobrenatural y justificar muchas de sus acciones. La coca era una planta sagrada que tenía mucha importancia en la religión incaica, y era ofrecida a los dioses durante los sacrificios. También se usaba en Medicina para cataplasmas e infusiones. Creían los incas que cuando se dormía, el alma abandonaba el cuerpo y éste se paseaba por el mundo, por lo cual se veía aquello que se creía soñar. Después de la muerte, quienes habían llevado una vida recta iban a vivir junto al Sol; y los pecadores acababan en las entrañas de la Tierra. Pensaban los incas que una vez que sobrevenía la muerte, el espíritu se reunía con los antepasados y velaba por los vivos. Por eso se rendía culto a las momias, llamas mallki, y se exhibían en importantes ceremonias. Los wayke eran ídolos de oro que representaban a personajes de la nobleza o de la familia real. El sacerdote era una figura político-religiosa, y el aspirante al sacerdocio recibía una esmerada educación en la Casa del Saber. A partir del reinado de Viracocha, el sacerdocio perdió su carácter hereditario y se permitió el acceso a las clases más humildes. Había una jerarquía en función de la labor que realizaban. Cristóbal de Molina distinguía varios tipos: • Los calparicuquis, que sacrificaban animales y adivinaban el futuro examinando sus entrañas. • Los camascas, que curaban usando hierbas y ejercían la adivinación. • Los achicoc, que echaban suertes mediante granos de maíz y estiércol de carnero En cuanto a los sacerdotes oficiales, el principal era el villca humu, generalmente hermano o primo del Inca, que debía permanecer célibe, alimentándose sólo de raíces y agua y llevando una vida retirada y contemplativa. Por debajo de él estaban diez hatun villca o grandes consejeros, que podían nombrar poetas para que les hiciesen crónicas laudatorias. Los yanaconas eran la clase más ínfima entre los sacerdotes. En el sacerdocio femenino tenemos las Vírgenes del Sol, que vivían en una residencia especial y estaban a cargo de las mamacunas. Había distintos grupos; unas estaban obligadas a respetar el celibato y otras eran las esposas de los curacas y de los nobles. Los incas estaban bastante avanzados en cuanto a Medicina y dominaban el uso de las plantas curativas. Pero quizá en lo que más destacaban era en las trepanaciones craneales y en la amputación de miembros gangrenados. Usaban como anestésico la coca. Algunas de las enfermedades más repetitivas eran la epilepsia, anginas, alopecia, asma o reumatismo. Para cada mal existían distintos ritos. La base de la estructura del imperio inca era el ayllu o parentesco. La economía de los incas no conocía la moneda ni los mercados, sino que se basaba en la reciprocidad y los intercambios entre parientes. Estaban bastante avanzados en agricultura, y utilizaban terrazas para aprovechar mejor la tierra de cultivo. Conocían el regadío, y sembraban sobre todo maíz y patatas, pero también fríjoles, tomates o chirimoyas. Para el transporte usaban llamas, vicuñas y alpacas, y de éstas últimas aprovechaban también su lana. No conocían el caballo ni la rueda, pero tenían una buena red viaria que comunicaba todo el imperio. Los chasquis o mensajeros podían recorrer en un día 400 kilómetros. La sociedad inca era clasista, con el Inca en lo más alto de la pirámide social y los runa o pueblo llano en la base. Al Inca se le atribuía carácter divino por ser Hijo del Sol, y su voluntad era ley. Sus súbditos no le podían mirar a la cara. La corte imperial estaba formada por nobles, que sólo podían acercarse al Inca encorvados, para estar por debajo de él. Cuando el Inca moría le sucedía su hijo mayor, siempre que lo fuese también de la esposa legítima, y si no había, se elegía al hijo de una concubina. Al Inca se le distinguía en la manera de vestir por su tocado y la riqueza de las telas de sus trajes. Usaba dos símbolos reales: la mascapaicha o corona y el llantu, o broche del que salían unas vistosas plumas. Era privilegio del Inca y de los nobles llevar el pelo corto y trasquilado y usar orejeras; por lo cual los españoles daban a los nobles el nombre de orejones. El Inca se hacía transportar en una litera, y los criados iban limpiando el camino a su paso. A la muerte del Inca se le embalsamaba y vestía con sus mejores galas. Se le enterraba con todo su ajuar, sus esposas y criados. La familia del Inca recibía el nombre de panaca, y ocupaba el primer puesto el príncipe heredero. Una costumbre muy extendida era el incesto entre el Inca y alguna de sus hermanas para conseguir un heredero de puro linaje real. Pero también había esposas secundarias o pallas, cuyos hijos formaban parte de la panaca real. En la pirámide social la nobleza se encontraba justo por debajo del Inca, y había distintas clases: • La nobleza de sangre, de la cual formaban parte los miembros de la pacana. • La nobleza de privilegio; aquellos a quienes el Inca premiaba por haberse distinguido de alguna manera. • La nobleza territorial, que eran los curacas o jefes de los grupos étnicos conquistados por los incas e incorporados al imperio. Muchas veces, para garantizar su fidelidad, el Inca les casaba con mujeres de su propia familia. El pueblo llano o hatun runa, se dedicaba sobre todo a la agricultura, y componía la mayor parte de la población. Dentro de esta amplitud se distinguían: 1. maracunas, que recibían al nacer un lote de tierra para que lo trabajasen en su vida adulta 2. llactarunas, que sólo trabajaban en los núcleos habitados 3. mitmacunas, a los que se trasladaba desde su lugar de origen a otro lugar, como colonos, para lograr difundir la cultura incaica y asegurar el control político de las zonas conquistadas. 4. yanacunas, los inferiores entre el pueblo llano, casi todos prisioneros de guerra que eran usados como sirvientes. Los artesanos gozaban de ciertos privilegios, sobre todo los orfebres que trabajaban la plata. Los pescadores del litoral eran una clase social separada. Los mercaderes no usaban la moneda, desconocida en el mundo inca; y en el señorío de chincha formaban un grupo social distinto de los demás. Solían hacer trueques con cobre, sal, pescado seco o salado y ropa de lana. Los hijos de los nobles estudiaban en la Casa del Saber, al menos durante cuatro años, y se instruían sobre religión, lengua e historia inca. Se permitía que a esta escuela asistiesen los hijos de los curacas, sobre todo para que se empapasen de cultura inca. Parece ser que también existía una especie de escuela femenina, en donde se educaban las princesas incas. Las principales leyes del Incario se resumían en tres preceptos: 1. Ama llulla (no mientas) 2. Ama sua (no robes) 3. Ama quella ( no seas holgazán) Los castigos eran severos y se aplicaba la pena de muerte, generalmente mediante lapidación o ahorcamiento. En las faltas graves al código militar la pena era morir descuartizado, y si se atentaba contra la vida del Inca, la condena era muerte en la hoguera. El matrimonio era muy importante en esta sociedad. Entre el pueblo llanos las parejas eran monógamas; pero el Inca y los miembros de la nobleza practicaban la poligamia. La gente del pueblo se casaba siempre con alguien de su misma clase social, estaban penados los matrimonios mixtos. Cuando un indio se casaba recibía un tupu (medida de tierra) y cada vez que tenía un hijo varón, otro más. Si lo que nacía era una niña, se le entregaba medio tupu. Se podía hacer un matrimonio de ensayo, aunque después de que se hubiese consumado era bastante difícil de disolver, a no ser que la mujer fuese adúltera o estéril. Pero si de todos modos no había un buen entendimiento, la mujer volvía a casa de sus padres, y se había tenido un hijo, éste se quedaba con ella. No se valoraba la virginidad. Una de las maneras de unirse en matrimonio era el acto simbólico por el cual el marido calzaba la sandalia derecha de su mujer y ofrecía regalos a sus padres. En las familias nobles el matrimonio se regulaba por “la mano del Inca”, que se colocaba entre los novios, les llamaba por su nombre, tomaba la mano de ambos y las unía. Las familias no tenían muebles en sus casas, pues se comía en el suelo y se dormía en un lecho de piel de llama. Los enseres se guardaban en cestos, en tinajas o en nichos hechos en las paredes. La mujer paría en el lugar donde le llegase la hora, y cortaba el cordón umbilical con un trozo de cerámica o con las uñas. Las madres solían llevar a los bebés colgados a la espalda hasta que aprendían a caminar. Durante los dos primeros años la madre les daba de mamar, y se abstenía de mantener relaciones sexuales, porque pensaban que eso influía en una mala calidad de la leche. Al cumplir los dos años el niño era destetado, y se le cortaba el pelo por primera vez. Era entonces cuando se le daba un nombre. A partir de los siete años los varones eran educados por el padre y las niñas se quedaban en casa con la madre. Durante la pubertad, chicos y chicas recibían su nombre definitivo. La vida femenina difería según la clase social, aunque siempre eran inferiores al varón. Las mujeres del pueblo llano eran quienes llevaban la carga más pesada en el trabajo familiar. Solían tener su primero hijo entre los 18 o los 21 años. Las mujeres nobles tenían mucho más tiempo libre para acicalarse o divertirse con sus amigas. La coya o esposa legítima del Inca podía dirigir la ciudad de Cuzco cuando su marido tenía que ausentarse por algún motivo. La primera estructura del Tiwantinsuyo era el ayllu, que se establecía en razón del parentesco, bien patrilineal, matrilineal o dual. En la sociedad inca todos trabajaban. La minca era el trabajo que realizaban en común los miembros del ayllu a favor de la comunidad o de otra persona. La mita era el trabajo por turnos, que luego retomarían los conquistadores, y establecía las obligaciones de un miembro del ayllu a favor del estado. Cuando en el estado inca sobraban bienes, se empleaban como reservas militares o para almacenarlos en previsión de los tiempos de escasez. El hambre prácticamente estaba erradicada, quizá porque se trata de uno de los pueblos antiguos que gozaron de una agricultura más desarrollada. Las terrazas de cultivo se regaban mediante canales que recorrían kilómetros desde los lagos o ríos. Para mantener la humedad de la tierra se cubría ésta con capas de arcilla. El abono era siempre animal. Los incas creían necesaria la intervención divina para la buena marcha de la cosecha, y por eso adoraban a la Pachamama, la venerada Madre Tierra. Para el trabajo usan tan solo la fuerza humana, combinada con la animal, y el apoyo de algunas herramientas como el arado de pie o una porra de cabeza plana que se usaba a modo de martillo para disolver los terrones. Para almacenar los alimentos tenían edificios de forma circular o rectangular, y mediante un sistema de pisos y canales permitían la ventilación y el drenaje. No eran un pueblo ganadero, se limitaron a domesticar animales como la llama o la alpaca. Pero en cambio destacaban en la minería, y desarrollaron diversas técnicas para trabajar los metales. La administración del imperio era una tarea diversa y compleja por su amplitud, aunque la buena red viaria facilitaba las cosas. El Inca era la autoridad suprema, pero solía comportarse con el pueblo de forma paternal y bondadosa, aunque aplicase rectamente la ley y los castigos resultasen extremadamente duros. Vivía en un lujoso palacio en Cuzco, capital del Tiwantinsuyo, y nadie podía tocarle ni siquiera mirarle de frente. Se dejaba asesorar por un Consejo de Ancianos, y en cada provincia había un gobernador que le representaba. Los funcionarios que se conocían con el nombre de tucuyuricun (el que todo lo ve) recorrían todo el imperio vigilando que cada cual cumpliese con su deber, e informando al Inca de cualquier anomalía. Para participar en la vida activa del estado era necesario estar casado y ser padre de familia. El último escalafón lo ocupaban los curacas, que solían ser los propios señores que antes gobernaban los territorios conquistados por los incas. El ejército inca era un importante factor en la expansión del imperio. Su símbolo era una bandera con los colores del arco iris y con la imagen del Sol en uno de los costados. Como armas usaban el lanzadardos, arcos con flechas, macanas y hondas. Las fortalezas incas, llamadas pucaras, eran características de un estado defensivo, y estaban ubicadas de manera estratégica en un emplazamiento elevado. Solían ser de granito y contaban con varias dependencias para albergar a los soldados y sus víveres y enseres. Los soldados eran de dos tipos: los permanentes, que estaban al servicio del Inca en su guardia personal, y los de reclutamiento. Estos últimos formaban parte del pueblo llano, ya que todos los varones entre 25 y 50 años debían estar listos para servir al estado si era necesario. Los militares permanentes estaban mejor preparados, ya que eran profesionales que cobraban por sus servicios. Las tropas solían dividirse por su procedencia étnica, puesto que en el ejército inca también se incluían las naciones que se iban incorporando al imperio. Como medio de transporte usaban las llamas. No conocían la escritura, pero tenían un sistema de recuento a través de los quipus, conjunto de cordones de distintos tamaños, con nudos espaciados. Ya Garcilaso de la Vega los menciona en sus crónicas como instrumentos de registro y contabilidad. En la América del siglo XV se puede decir que todos los caminos llevaban a Cuzco, ya que su red viaria alcanzaba los 40.000 Kilómetros. Además de las buenas comunicaciones otro factor de unión en el Tiwantinsuyo era la lengua; porque los gobernantes fueron imponiendo poco a poco el runasimi, y todos los demás dialectos, excepto el aymará y el mochica quedaron olvidados. Durante la época colonial el runasimi pasó a llamarse quechua. Algunos de los frailes que visitaron la zona llegaron a hablar esta lengua con fluidez para convertir a los indios al cristianismo. En 1579 se creó la primera cátedra de quechua en la Universidad Nacional de San Marcos. Probablemente el origen de esta lengua se halle en el período Huari. Actualmente lo hablan unos ocho millones de personas en países como Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina y Chile. Los incas eran amantes de la música, la danza y los relatos épicos. Después de la caída del imperio hay bastantes crónicas escritas por españoles, como las ya mencionadas al principio de este trabajo, de Pedro Cieza de León y de Juan de Betanzos. Este último hablaba perfectamente la lengua quechua, y como hecho anecdótico, se casó con Angelina Yupanki, que había sido esposa del Inca Atahualpa y que fue amante de Pizarro. Quizá el legado cultural más importante que nos han dejado los incas sea su arquitectura. No conocían la regla, la escuadra ni la plomada, ni por supuesto la rueda para ayudarles en el transporte, y por eso su arte es mucho más meritorio. La elevada calidad de sus obras hidráulicas y militares nos lleva a pensar en el alto nivel técnico y organizativo del imperio. Los arquitectos incas utilizan una serie de normas y esquemas preestablecidos para lograr una homogeneidad en el conjunto del imperio. Se basan sobre todo en la austeridad y la funcionalidad de sus trabajos. Parece ser que cuando Pachacutec idea Cuzco se inspira en la ciudad de Pikillacta, creada por la civilización de Huari. Y la perfección en los bloques de piedra la deben los incas a lo que habían aprendido de los monumentos de Tiahuanaco. Utilizan la piedra en todas sus construcciones en lugar del adobe de otras culturas precolombinas, aunque con alguna excepción en la costa, donde fabrican ladrillos de adobe con tierra seca. La técnica de colocación prescinde de la argamasa. Destaca, por su perfección, la piedra del muro del Hatun Rumiyoc, del Inca Roca. La parte superior de las piedras era ligeramente cóncava y formaba una depresión en donde encajaban las otras piedras. Los españoles se quedaron sorprendidos por la perfección de la sillería, y sobre todo por el enorme esfuerzo de transportar y trabajar esos enormes bloques de piedra. Cuenta Cieza de León que cada año el estado reclutaba más de 2000 hombres para trabajar en las obras de Cuzco. La piedra se extraía de las canteras mediante palancas y cuñas de madera empapadas en agua, que se hinchaban y cuarteaban la pared. Los bloques se izaban luego mediante rampas de tierra. Para los edificios menos importantes se usaban piedras irregulares y sin tallar. Las paredes de los edificios incas eran ligeramente inclinadas, y las piedras de la base son siempre más grandes que las superiores. Las casas incas eran enormemente funcionales. Se accedía a ellas por una estrecha puerta en forma de trapecio, y cuando había ventanas también eran trapezoidales. Existían distintas clases de paredes: • La pared rústica, hecha con piedra sin pulir y con los huecos rellenos de pequeñas piedras o de barro. Se usaba para las casas más humildes y para los almacenes. • Pared celular, parecida a la estructura de una colmena, con pequeñas piedras calizas • Pared imperial, con piedras de regular tamaño en filas horizontales • Pared ciclópea, formada por enormes cantos rodados, que se encuentran sobre todo en las grandes construcciones. Cuando los españoles llegaron a Cuzco quedaron muy sorprendidos con su urbanismo. Pedro Sánchez de la Hoz, secretario de Pizarro, cuenta que en 1543 hay en la capital unas cien mil casas, y cuenta Sarmiento Gamboa que el propio Inca Pachacutec medía calles y canchas personalmente para crear la ciudad. Pero no se limitó a eso, sino que hizo que todos los curacas contribuyesen al engrandecimiento de Cuzco proporcionando hombres y materiales. Cuzco presentaba la forma de un puma recostado sobre su lado derecho. El imperio se dividía en cuatro provincias, que se conectaban con la capital por medio de redes viarias. Hasta la época de Manco Cápac el Inca residía en el Coricancha, situado en Hurin Cuzco. Pero el Inca Roca ordena dividir la ciudad en dos partes y construir un palacio real. La capital queda repartida en cuatro barrios, que representan a las cuatro regiones del imperio. Cada etnia habita en el barrio que por adscripción geográfica le corresponde. La vida social y religiosa tenía lugar en torno a la Gran Plaza, en cuyo centro se elevaba un altar desde el cual el Sapa Inca y sus sacerdotes hablaban al pueblo. Uno de los edificios más importantes era el Casana, un palacio imperial sostenido por columnas de madera, que perteneció al Inca Pachacutec. También es importante el Amaru Cancha, de Huayna Cápac, y el Kishuar Cancha del Inca Viracocha. Cada palacio ocupaba una enorme extensión de terreno porque debía albergar a la panaca real. No podemos hablar de los incas sin hacerlo también de Machu Picchu, que fue declarado en 1981 Santuario Nacional Histórico, y dos años más tarde, Patrimonio de la Humanidad. Su nombre significa “montaña vieja” y la zona está regada por el río Urubamba. Fue el Inca Pachacutec quien conquistó este valle, antes habitado por chankis y ayarmarcas. A este lugar privilegiado sólo podían acceder los nobles, los sacerdotes y las Vírgenes del Sol. Los españoles nunca llegaron a Machu Picchu, pero no fue la ciudad perdida que algunos historiadores fantasiosos nos quisieron vender. Fue descubierta el 24 de julio de 1911 por el arqueólogo Hiram Bingham, que buscaba la última capital del Incario, donde se pensaba que el Inca Manco había escondido un enorme tesoro. En octubre de 1912 consiguió del gobierno peruano el permiso para iniciar sus trabajos de recuperación e incluso se le permitió sacar del país algunas de las piezas encontradas, con el claro compromiso de devolverlas. Trabajaron allí durante cinco años y hallaron restos de cerámica, ropa y ornamentos, y también el enterramiento de unos doscientos cuerpos, la mayoría de mujer. Se piensa que podrían haber sido concubinas reales o Vírgenes del Sol. Se cree que Machu Picchu era una importante centro religioso y social, aunque dependiente de Cuzco; una especie de ciudad burocrática, de sacerdotes y altos funcionarios. Estaba extrañamente alejada del Camino Real del Incario, en un lugar inexpugnable y recóndito. Los caminos de acceso estaban vedados a los campesinos comunes. La mayoría de sus construcciones están relacionadas con la Astronomía, por la orientación de algunas de sus ventanas, que permitían ver la Cruz del Sur, o las constelaciones de la Llama o del Zorro. ¿Por qué llegó el fin de la ciudad? Se barajan varias hipótesis y una de ellas es una posible epidemia fatal o quizá la guerra civil que se desató entre el Inca Atahualpa y su hermano. Pero no se conoce con certeza. La ciudad se dividía en tres barrios: el barrio sagrado, el de los sacerdotes y nobles, y el barrio popular. Uno de los principales edificios era el Templo del Sol, en cuya pared semicircular se abrían vanos que podrían haber sido hechos para observar el curso del sol. Cerca de este templo se halla el Torreón. Y más allá el Templo del Cóndor, llamado así porque su planta presenta una forma parecida a la de esta ave. Era posible que aquí se celebrasen los rituales sagrados.

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María Estuardo
María Estuardo
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/24/2012

Escocia y Francia María Estuardo viene al mundo en Escocia, en el castillo de Linlithgow, en noviembre de 1542 y apenas un mes mas tarde su padre, Jacobo V, muere prematuramente, a la edad de treinta años. El rey recibe la noticia del nacimiento de su hija y heredera sin gran alegría, pues esperaba que fuese un varón. Escocia es un reino complicado para gobernar, y lo será más todavía si quien lleva las riendas es una mujer. Los escoceses son tercos y obstinados, y prestan fidelidad antes al jefe de su clan, a su Laird, que al rey. Además, Escocia es una tierra empobrecida por las muchas guerras, contra potencias extranjeras y entre los clanes, y su tierra, con un clima duro y difícil, no es pródiga en cosechas. ¿Podrá María de Guisa, madre de la recién nacida, velar por la seguridad de su hija en este mundo tan inestable? Los Estuardo son católicos desde siempre y mantienen buenas relaciones con Roma y también con Francia; pero la amenaza de la poderosa vecina Inglaterra siempre está latente. El cruel Enrique VIII ve la muerte del rey de Escocia y el nacimiento de la niña como la oportunidad de unir las dos dinastías: Tudor y Estuardo, y pide la mano de María para su hijo Eduardo. El conde de Arran, gobernador de Escocia, insiste en que la mano de la pequeña reina debe ser para su hijo; y María de Guisa no sabe qué hacer. Pero Enrique no ceja en su empeño, y envía a Escocia a Sir Ralph Sadler para negociar el matrimonio de los niños. Para contentar a Arran, le promete la mano de su hija Isabel para su hijo, a cambio de que éste renuncie a la pretensión de casarle con María. Pero además exige el rey inglés que la prometida de su hijo se críe en Inglaterra, en su propia corte. María de Guisa se niega a que su hija sea educada en un ambiente protestante, y sobre todo por un hombre que no ha dudado en mandar al patíbulo a la madre de su segunda hija, y a deshacerse de su primera esposa, una dama de altas prendas, buena reina y amada por sus súbditos. ¿Qué no será capaz de hacer con la pequeña reina de Escocia? Además, Enrique da un paso en falso al apoderarse de la mercancía de unos buques escoceses que van camino de Francia, y cuando Arran se lo reprocha, monta en cólera y manda saquear varias ciudades cercanas a Edimburgo. Antes las amenazas, María de Guisa se compromete a enviar a su hija a Inglaterra, pero cuando haya cumplido diez años. En el momento en que Enrique II llega al trono de Francia, pretende, ayudando a María de Guisa, atraerse el favor de esta poderosa familia francesa emparentada con la reina madre de Escocia. El partido católico escocés pretende que se rompa el compromiso con Inglaterra y que su reina se case con el Delfín de Francia. En represalia, Enrique VIII declara la guerra a Escocia, y les vence en la batalla de Pimkie Cleugh el 10 de septiembre de 1547. Con cinco años la pequeña reina ya ha estado prometida dos veces, y ahora debe dejar todo lo que conoce y a su madre, para embarcarse hacia Francia, pues Escocia no es segura para ella, a causa de la amenaza inglesa. La acompaña su hermanastro, Jacobo, hijo bastardo del difunto rey, su institutriz, y cuatro niñas de su edad, que curiosamente, se llaman todas como ella, María. Los años más felices de la vida de la reina transcurren en Francia, donde el rey la recibe como a una hija. Su prometido, el Delfín, no goza de buena salud, es un niño enclenque y enfermizo; pero los pequeños se llevan bien y se convierten en compañeros de juegos, casi hermanos. María es bonita y de carácter dócil y en la corte todos, el rey el primero, la adoran. Aprende, cuando crece un poco, algo de danza, canto, latín y griego, y habla con soltura italiano y español, además de inglés y francés. También le gusta mucho la vida al aire libre, sobre todo cabalgar y cazar. Francisco de Valois, su prometido, no es portador de tan grandes prendas y está bastante mimado por su madre, porque ha nacido con una enfermedad respiratoria que le hace débil. No le gusta estudiar, y aunque disfruta con la caza, pocas veces puede practicarla debido a su mala salud. En la corte francesa hay prisa por celebrar el matrimonio, debido a la mala salud del heredero, pero también por otros motivos. En el Parlamento escocés se había pactado que Escocia sería gobernada por la reina madre, como regente, y luego por María Estuardo, mientras que su esposo tan sólo sería el rey consorte, y si la reina moría sin herederos, el trono sería para su pariente de sangre más próximo. Pero en Francia, y espoleada por los Guisa, María firma otro pacto, de espaldas al parlamento escocés; si ella muere sin herederos, la corona de Escocia será heredada por Francia, junto con los derechos inherentes al trono de Inglaterra e Irlanda. María no es consciente de estar traicionando a su país, primero porque apenas tiene quince años, y luego porque ella considera a Francia como su patria. La boda se celebra con toda pompa y boato en Notre Dame de París. Y en noviembre de 1558, poco después de este matrimonio, se muere la reina de Inglaterra, María Tudor, hija de Enrique VIII, sin dejar herederos. Sube al trono su hermanastra Isabel, aunque hay muchos que dudan de su legitimidad, por ser hija de Ana Bolena. Los escoceses y franceses, convencidos católicos, nunca aceptaron el divorcio del rey de Inglaterra de su primera esposa, Catalina de Aragón, por lo cual para ellos Isabel no pasaba de ser una bastarda. Por tanto, María Estuardo, como biznieta de Enrique VII, tenía derecho al trono inglés. Isabel se aferra a su corona, mientras María, que prácticamente ha nacido reina y ahora es heredera con su esposo al trono de Francia, no pretende negociar ni luchar por una corona que no le importa. Prefiere brillar en la corte, ir a fiestas y bailes donde la agasajan por su belleza. Se celebran las bodas de Margarita, hermana del rey, con el duque de Saboya, y la de Isabel de Valois con Felipe II de España, a la sazón viudo de María Tudor, y entre los festejos hay numerosos torneos. En uno de ellos el rey de Francia resulta herido en un ojo, y pierde el equilibrio. Se cae del caballo y queda sin sentido, permaneciendo diez días entre la vida y la muerte. El 10 de julio de 1559 fallece, y María se convierte, a los dieciséis años, en reina de Francia. Matrimonio, viudedad y nuevo matrimonio El nuevo rey de Francia es coronado en la catedral de Reims con el nombre de Francisco II. A los quince años todavía no está preparado para reinar, y tiene pocas ganas de aprender. No es disciplinado en el trabajo y su instrucción es bastante escasa. Por tanto, no le importa dejar el gobierno del reino en manos de los Guisa, los tíos de su esposa, que luchan contra la familia Borbón, quienes también se creen con derecho a meter mano en el gobierno. Hay dudas más que fundadas de que el matrimonio real pudiera consumarse; y aunque así hubiese sido, casi nadie cree que ese pobre alfeñique que tienen por rey sea capaz de engendrar un hijo. En esta época se suceden las luchas contra los hugonotes, y cientos de ellos son condenados a muerte, pero María y Francisco no se enteran demasiado, porque están muy ocupados en fiestas y bailes. En 1560 muere la reina regente de Escocia, María de Guisa, y el Parlamento se pronuncia a favor del protestantismo, dejando de lado la autoridad del papa. Por esas fechas ya la salud del rey de Francia empieza a declinar de manera grave, y María está demasiado ocupada cuidando de su esposo para ver más allá. Apenas cumplidos los 17 años, el 6 de diciembre de 1560, Francisco II muere sin herederos. María se convierte en la reina viuda de Francia y los Guisa pierden todo su poder. Su suegra, Catalina de Médicis, se muestra hostil con ella, y María está muy abatida por la pérdida del que había sido, más que su marido, su compañero de juegos, casi su hermano. Por eso no se preocupa mucho por su propia situación. La reina tiene 18 años, y Felipe II de España piensa en ella para esposa de su hijo, don Carlos; aunque María no se encuentra demasiado dispuesta a casarse con este muchacho que es todavía más feo y enfermizo que su difunto marido. Y aunque ella hubiese deseado la boda, su suegra maquina en su contra, y convence a su hija, Isabel de Valois, y esposa de Felipe II, madrastra por tanto del príncipe, que hable con su esposo para que deseche esa idea. Por tanto, a María no le queda más remedio que volver a Escocia. Su hermanastro Jacobo, conde de Moray, viaja a Francia para convencerla de la oportunidad de su vuelta. Protestante convencido, mantiene también una sospechosa buena relación con Isabel Tudor. Cuando la reina escocesa le solicita a su prima un salvoconducto para poder viajar tranquila a su reino, Isabel se lo niega, a menos que ella firme el Tratado de Edimburgo. Mediante este tratado, el Parlamento escocés se había comprometido ya a reconocer a Isabel como legítima soberana de Inglaterra, pero carecía de validez alguna sin la firma de la reina María. Esta se niega, porque no quiere renunciar, ahora que está más madura políticamente, a sus derechos al trono inglés. Decide viajar sin salvoconducto, y el viaje transcurre sin problemas. Desembarca en el puerto de Leith y sus súbditos se quedan perplejos cuando ven a una joven muy hermosa, rubia y de tez pálida. En Escocia María se aloja en el palacio de Holyrood House, en Edimburgo, que desde luego no se parece en nada a los hermosos palacios franceses. Aquella primera noche suenan las gaitas en honor de la reina, y aunque ella prefiere otro tipo de música, recibe de buen grado el homenaje. En este momento la batalla religiosa todavía está en pleno auge y María intenta mantenerse en terreno neutral, aunque ella sea una buena católica. Su propio secretario, Maitland, es protestante, pero no un fanático, y se esfuerza en llevarse bien con la reina. Pero en cambio, María encuentra muchos problemas para entenderse con John Knox, un furibundo predicador calvinista que odia profundamente a María porque la regente, María de Guisa, había mandado ejecutar a su maestro, George Wishart. Cuando la reina va a oír misa por primera vez en su capilla privada, una multitud de protestantes se abren paso para insultarla. Ella sigue caminando, dignamente y no vuelve ni la cabeza. Knox llega a entrevistarse con la reina, y se da cuenta de que a pesar de su juventud, no podrá dominarla. Al principio María deja el gobierno en manos de su hermanastro y de su secretario, y ella se entretiene cazando, porque la vida en la corte escocesa no le ofrece muchos alicientes más. Mejora sus relaciones con su prima Isabel cuando se entera de que la reina inglesa, al final, había otorgado el salvoconducto para su viaje desde Francia. Por eso ahora se propone tratar el tema de la sucesión al trono inglés, e Isabel se limita a darle largas, aunque de la manera más amable. María envía a Londres a su mejor diplomático, Maitland, ofreciendo a su prima firmar el tratado de Edimburgo. María ha recreado en Holyrood House una pequeña réplica de la corte francesa que tanto amó, y traba amistad con el poeta Chaterlad, que le dedica versos y odas. Pero él va más allá y una noche se adentra en la cámara privada de la reina. Cuando le descubren allí escondido, estalla el escándalo, pero María le perdona. Ya cuando ocurre una segunda vez, es la propia reina quien prorrumpe en gritos de auxilio. El poeta es juzgado públicamente por haber comprometido el honor de la soberana. María necesita un heredero, y por tanto hay que casarla. Los pretendientes son, de nuevo, don Carlos de España, hijo de Felipe II, Carlos de Francia, hermano de su primer esposo, e incluso los reyes de Suecia o Dinamarca. Pero la reina Isabel decide intervenir y no aprueba a ninguno de los candidatos. Le dice a su prima que se deje aconsejar por ella, y propone a Robert Dudley, que es en realidad su propio amante, y en quien confía ciegamente. Al final quien gana la carrera hacia el corazón de María es Henry Darnley, primo lejano de la reina, puesto que es biznieto de Enrique VII. Al menos es guapo, alto y buen mozo. Sabe de música y de poesía, y es el más adecuado para saciar los anhelos femeninos de la mujer; aunque no se sabe si le conviene a la reina. Ya antes de la boda se le concede el título de duque de Albany, y después del matrimonio se le deberá llamar rey de Escocia. Isabel no está contenta con la elección de su prima, pero a María le da completamente igual; por primera vez en su vida está enamorada y no atiende a razones. La boda se celebra el 29 de julio de 1565, con el conde de Lennox actuando como padrino, y dando el brazo a su futura nuera. María tiene la delicadeza de vestir todavía de luto, dando a entender que aunque se casa, no se olvida de lo que para ella ha significado el rey de Francia. Después de la ceremonia, la reina se quita el traje de luto y se viste de fiesta para el banquete. Pero algo enturbia la alegría del día, y es que Jacobo, el hermanastro de la reina, no aprueba la boda, porque el novio también es católico, y lo ve como una afrenta en contra de la religión protestante que prima en Escocia. En realidad, la cuestión religiosa es un mero pretexto, y lo que él teme es perder el poder que tenia sobre su hermana. Cuando María le requiere para que de explicaciones ante el Parlamento, se refugia con sus seguidores en el condado de Argyll. La reina, profundamente dolida, le proclama proscrito y expropia sus bienes. Se decide a ponerse al frente del ejército para luchar contra los rebeldes. Y como éstos no han tenido tiempo de recibir la prometida ayuda inglesa, no tienen otro remedio que huir y refugiarse en Inglaterra. Isabel se alegra, pero ha de guardar las apariencias, y en público regaña a Jacobo por alzarse en armas contra “su buena hermana”. Éste agacha la cabeza, humillado, participando de la comedia. En los primeros tiempos de su matrimonio, María está completamente enamorada de su esposo, no le niega nada y sólo ve a través de sus ojos. Pero el marido es demasiado atrevido y ambicioso, y exige el derecho de soberanía que le permita gobernar junto a la reina. Mide mal sus tiempos, porque lo hace a los tres meses de la boda, y la reina monta en cólera. Se da cuenta de que se ha casado con un egoísta que solo piensa en el poder. Obra en consecuencia y le aparta de cuanto signifique estado. La venda se le ha caído de los ojos y la luna de miel se ha terminado. El heredero y de nuevo viuda María ya no tiene a su lado a su hermanastro Jacobo ni a Maitland, y aunque es mujer de carácter fuerte, toda la vida necesitará algún hombre en quien depositar su confianza. Así que, a falta de otro mejor, y con un marido inútil y ambicioso en quien ya no confía, se apoya en su secretario Rizzio, un piamontés aficionado a la música y al canto, y que por lo tanto agrada a la reina, tan amante de las artes. Rizzio pronto tiene gran influencia sobre María, a quien aconseja en los asuntos de estado, y quien le agradece sus desvelos con numerosos regalos y lisonjas. María nunca será consciente de que es peligroso, y más para una persona de su posición, mostrar a las claras sus sentimientos. Los nobles escoceses desconfían de Rizzio, de quien piensan que es un agente del Papa para practicar en Escocia la Contrarreforma. Pero al lado de la reina, además de su secretario, también se encuentra lord Bothwell, que ya había luchado al lado de la regente María de Guisa, contra los protestantes. Había tenido que huir de Escocia por miedo al conde de Moray, pero con éste en Inglaterra, vuelve al lado de la reina para prestarle su apoyo. María se siente segura con estos dos hombres a su lado, y no sabe que son muchas las fuerzas que se confabulan contra ella: su hermanastro, Maitland, su propio marido, y hasta Knox, que tanta influencia tiene en el pueblo llano. Empiezan los adversarios de la reina a meter en la cabeza de su esposo la idea de que si Rizzio no estuviera al lado de María, probablemente ella le permitiría gobernar a su lado. Además también le imbuyen la idea de que puede que la relación entre los dos no sea tan inocente como aparenta. Acaba creyéndoles y olvida que el italiano ha sido su amigo y le ha ayudado a conquistar a María. Ahora lo que desea es matarle, acabar con Rizzio, cueste lo que cueste. Se empieza a preparar una conjura de la que debe salir la muerte del piamontés y la promesa de una corona matrimonial para Darnley. En estos momentos María está en su sexto mes de embarazo, y quizá no sea descabellado pensar que en la mente de algunos ha fraguado la idea de matar también a la reina, o al menos, hacer que presencie el asesinato de su amigo, para asustarla y quizá provocar un parto prematuro. En aquellos tiempos, dar a luz era un acto peligroso, y más cuando se hacía antes de tiempo. El 9 de marzo de 1566, María cena en compañía de unas cuantas personas, entre las que está su secretario. De repente el rey entra en la estancia y todos se levantan en señal de respeto, pero también sorprendidos, porque él no suele prodigarse en las habitaciones de su esposa. Detrás de él entra lord Ruthven con la espada desenvainada, anunciando que va a matar a Rizzio, que se esconde tras la reina. Entran refuerzos y se llevan al secretario, al que acribillan a puñaladas. María le oye gritar, pero no puede hacer nada porque su marido la sujeta con fuerza para que no se mueva. Entiende la reina que nada puede hacer, y finge rendirse. Pero realmente su corazón está lleno de odio hacia su marido, y empieza a planear su venganza. En los días siguientes, hace creer a Darnley que ha vuelto a amarle e incluso le inculca la idea de que no se fíe de los lores, Finge tener dolores de parto, y con la connivencia de la comadrona, hace llegar mensajes a Lord Bothwell. Su hermanastro Jacobo aprovecha para volver a Edimburgo y María finge haberle perdonado. La reina planea su fuga y por tanto finge perdonar a todos los rebeldes, y para huir pide la ayuda del capitán Arthur Erskine, quien la saca de palacio a través de la abadía y del cementerio. Llega María al alba al castillo de Dunbar, donde cuenta con el apoyo de algunos lores que le son fieles, como Selton, Fleming, Athol o Bothwell. Desde allí envía noticias a Inglaterra de todo lo que le ha sucedido, pero antes de que su prima tenga tiempo de contestarle, se rodea de sus fieles y de más gente que se ha agregado al partido de la reina, y consigue entrar victoriosa en Edimburgo. Solo una cosa le disgusta, y es que debe tolerar la presencia de su esposo, ahora que el nacimiento de su hijo está tan cercano, porque su pueblo no lo entendería de otra manera. El heredero nace el 19 de junio de 1566; es un varón sano y rollizo que llena de orgullo a María, como reina y como mujer. Es entonces cuando, para detener las habladurías que habían tenido lugar sobre ella y su secretario, manda llamar a su marido, y ante todos los lairds de Escocia, le presenta a su hijo diciendo: “ He aquí al hijo que Dios nos ha concedido, y que nadie más que tú ha engendrado”. Antes esta situación, Darnley no es capaz de alegar nada, se limita a tomar al niño en brazos y besar su cabeza, reconociéndole así como hijo suyo. No se olvida María de enviar un emisario, lord Melville, para que de la buena nueva a su prima Isabel, que recibe la noticia en medio de un baile de la corte, y es tal su berrinche que manda suspender el baile. No concibe que a ella le sean vedadas las dulzuras de la maternidad, mientras que su odiosa prima acaba de parir. La envidia la mata, pero su sentido de la diplomacia le dice que debe disimular, y ante lord Melville se congratula de la suerte de su buena hermana, y se ofrece ser la madrina del recién nacido, a quien envía como regalo una pila bautismal de oro macizo. Será la condesa de Argyll quien represente, como madrina, a Isabel. Ahora que María ya tiene un heredero, decide prescindir del padre, y busca todos los medios para evitarle. Él, por su parte, ya ha hallado distintos brazos que le consuele. Son muchos los nobles que aconsejan a la reina que se deshaga de él, pero María no sabe como hacerlo sin dar un escándalo, y acaba proponiendo a Darnley que vivan separados, que cada uno haga su vida, y sigan representando la comedia ante el pueblo. Pero él se niega. Ya no tiene el apoyo de un marido, y en su hermano ha dejado de confiar, así que busca el hombre amigo de lord Bothwell, un hombre cultivado, pero que destaca más por su bravura y su obstinación. María le mira como al héroe valiente que la salvará de todos los peligros que la acechan, y aunque le prepara un matrimonio de conveniencia con Jane Gordon, hija del conde de Huntly, no puede evitar sentirse entusiasmada con este hombre fuerte y aventurero. Cuando le compara con quien es todavía su esposo, éste acaba perdiendo. Darnley tiene miedo de que estén preparándole una encerrona, y se refugia en Glasgow, en las tierras de su padre. Los lores quieren matar al rey, pero mientras se encuentre en Glagow, poco tienen qué hacer. Para sacarle de allí, tan sólo les queda recurrir a la reina, engañándola. Le cuentan que quizá se esté preparando una conspiración en su contra, y María se va a Glagow a visitar a su marido, poniendo como excusa una reciente enfermedad que ha padecido. Le propone que vuelva a Edimburgo, pero Darnley no quiere volver a alojarse en el palacio real, y lo hace en una casa llamada Kirk O´Field, a las afueras de la ciudad. La reina ordena que preparen para ella una habitación en la planta baja, porque desea visitar a menudo a su esposo. Quizá la convalecencia del rey conmueve el corazón de María y hace que vivan días parecidos a los de la luna de miel. Mientras tanto, los lores siguen adelante con su plan. El día en que todo ocurre, la reina asiste en el palacio a la boda de uno de sus sirvientes preferidos, y por la tarde acude a ver a su esposo, y a ayudarle a preparar las cosas para trasladarse al día siguiente al palacio. Por fin le ha convencido. Se marcha la reina al anochecer, y en la madrugada se oye una explosión en la casa que habita Darnley, aunque él había sido ya estrangulado con anterioridad. María se queda anonadada con la noticia, pero en lugar de estallar en un histérico llanto, que era lo que todos esperaban de una doliente viuda, se hunde en la apatía, y mucha gente de su entorno lo malinterpreta. De las cortes extranjeras e incluso de entre el pueblo escocés surgen voces acusadoras, y se pide a la reina que haga justicia y castigue a los culpables. Pero, ¿Quiénes son esos culpables? Se sospecha de Moray, pero a esa hora estaba en la fiesta que daban en palacio. Dada la postración de la reina, los médicos le aconsejan que descanse en el castillo de Selton, y muchos toman este necesario descanso como una afrenta a la memoria de su esposo, recién enterrado, y un quebranto del período de duelo. Las malas lenguas se desatan y se acusa a María de estar en connivencia con Bothwell para deshacerse de su marido. Ella sigue en su letargo y no se defiende. El padre del asesinado, Lennox, clama justicia, y María, por fin, accede que a se presente en el Parlamento la acusación contra Bothwell, aunque nada se puede probar, y es encontrado inocente. Los lores proponen que la reina se case de nuevo, y el propio Bothwell se apunta como el candidato ideal, a pesar de estar ya casado con Jane Gordon. Se firma el pacto de Ainsley, porque la reunión tiene lugar en esta taberna, y la mayoría de los lores, excepto Moray, que está en Londres, están de acuerdo en la boda de la reina con lord Bothwell. María, sin embargo, no quiere ni oír hablar del tema, y se va a Stirling a ver a su hijo, que está con su preceptor, el conde de Mar. Problemas Bothwell soluciona el problema a la manera escocesa, es decir, raptando a la futura novia, aunque se la acusará posteriormente de no oponer la suficiente resistencia. Para que no haya oposición a la boda, toma a la reina por la fuerza, y ya antes de común acuerdo con Jane Gordon, rompen su matrimonio, pues ella le acusa de cometer adulterio con una criada. Cuando María llega desde Dunbar a Edimburgo, va a caballo, y es Bothwell quien lleva las riendas. Los soldados, al verles, arrojan las armas al suelo, dando a entender que la reina llega con este hombre por voluntar propia. Todo esto hace que cada vez más el pueblo vea a la reina como cómplice en el asesinato de su segundo esposo. Tiene que consentir, a su pesar, que el matrimonio con Bothwell se celebre de madrugada y por el rito protestante. Pronto se dará cuenta de que su esposo no la ama, y de que sigue frecuentando a Jane Gordon. No se le permite ver a su hijo, y las potencias extranjeras la ven como la asesina de Darnley. Es Bothwell quien gobierna, y los que habían presionado a María para que se casase con él, ahora quieren saldar cuentas con el nuevo rey. Este huye de Edimburgo con María, hacia otro castillo, pero también se escapa de allí cuando ve que peligra su vida, y no tiene inconveniente en dejar sola a la reina, quien se siente como un títere usado por todos. En cuanto tiene ocasión, se disfraza de hombre y huye a Dunbar, donde sabe que se encuentra su esposo. Allí tiene lugar la batalla entre los que se declaran defensores del príncipe heredero, y los que defienden a Bothwell. La reina es un mero peón entre las dos partes. Al final María ve que no le queda más remedio que ceder, y hasta el propio Bothwell, viéndolo todo perdido, huye. María es despreciada por un ejército que ya no le es fiel, y por su pueblo, que la insulta con los epítetos de ramera y asesina. La encierran y no le permiten que se cambie de ropa en varios días para minar su moral. Hasta Maitland, que había sido su secretario y mano derecha, le da la espalda. Acaban trasladándola al castillo de Lochleven, propiedad del hijo mayor de Moray. Lo insalubre de la celda en donde se encuentra, y las penalidades, la hacen enfermar; y aunque Bothwell intenta liberarla, él también corre peligro, y se marcha a Noruega. Allí, una amante que había sido abandonada, le reconoce y le denuncia ante la Justicia. El rey de Noruega no sabe exactamente qué hacer con él, pues tener cautivo al marido de la reina de Escocia puede representar una importante baza ante las cortes de Francia y de Inglaterra. Le llevan de prisión en prisión, y acabará perdiendo la razón antes de morir. ¿Qué hacer con María? Le piden que reniegue de su matrimonio con Bothwell, los mismos que habían firmado el Pacto de Ainsley, pero ella se niega, porque está esperando un hijo, y sería como reconocer su bastardía. La reina Isabel, aunque ha apoyado todas las conspiraciones contra su prima, ahora se muestra indignada de que una testa coronada sufra prisión y vejaciones. Pero los lores escocesas se niegan a ponerla en libertad. El pueblo exige la cabeza de la reina, a quien acusan de asesina, y todo el mundo quiere que abdique en su hijo Jacobo, aunque el regente sería Moray. No es extraño que con tantos disgustos se malograse el embarazo de la reina. Por los criados se sabe que eran gemelos, y que el embarazo era de tres meses, aunque se hace creer a todos, con mentiras, que estaba más avanzado, para que pareciese que María se había acostado con Bothwell con su marido todavía vivo. Cuando todavía la reina se está reponiendo del aborto, Melville pretende que le firme unos documentos donde manifiesta que la corona se le hace pesada y desea abdicar en su hijo, con Moray como regente. Al final llegan a amenazarla para que firme, y ella, aunque teme por su vida, sigue negándose. Cuando oye que están preparando su ejecución, se aviene a firmar, porque no es tonta, y sabe que un documento firmado a la fuerza, bajo amenazas, nunca tendrá validez legal. Se trata de ganar tiempo, y de salvar la vida. El 19 de julio de 1567 se corona al pequeño rey, de trece meses, con su tío como regente. El pueblo hace grandes festejos. Cuando Moray regresa para ocupar su cargo de regente, también acude a ver a su hermana, pero en vez de consolarla como ella espera, la recrimina y la humilla. En el castillo de Lochleven los carceleros se apiadan de la reina y ella se aprovecha para enviar cartas a Inglaterra y Francia. Aunque hay fieles que planean su fuga, todos los planes fallan, y la propia María decide disfrazarse de lavandera para salir de la prisión, pero de nuevo fracasa en su intento. A la tercera vez, disfrazada de criada, logra por fin escapar, después de diez meses encarcelada. Hay escoceses que ya se han cansado de Moray y rinde de nuevo juramento a María, aunque a saber por cuanto tiempo. Al poco tiempo cuenta con seis mil hombres que pretenden colocarla de nuevo en el trono de Escocia. Se enfrentan los partidarios de María con los de Moray en Langside, pero María sale derrotada y huye, porque teme por su vida. Decide ponerse bajo la protección de su prima Isabel, y sin esperar respuesta de la reina inglesa, imprudente como siempre, se embarca hacia Inglaterra el 16 de mayo de 1568. Isabel no la quiere en su país, nunca ha tenido la más mínima intención de darle asilo, pero ahora que su presencia es un hecho consumado, y dado que son parientes, tampoco se atreve a expulsarla. No sabe que hacer; si ayudarle a recuperar el trono, enfrentándose a Moray y a todos los nobles escoceses, o dejarla que viva en Inglaterra, donde como católica podrá ser el punto de partida de alguna rebelión para los que añoren a María Tudor, su hermana muerta. Por el momento, mantienen a la reina escocesa como huésped en el castillo de Carlisle, bien atendida, pero sobre todo vigilada. Prisionera María escribe todos los días a su prima, pero nunca recibe contestación; y el único que va a verla en nombre de Isabel, es el puritano Sir Francis Knollys, que se ofrece a ayudarle. Poco tarda María en darse cuenta de que Isabel practica con ella un doble juego para ganar tiempo, sobre todo porque Knollys la comunica en nombre de la reina, que no la podrá recibir en tanto no se aclare convenientemente el asunto de la muerte de su esposo. María se enfurece y dice que a una reina solamente Dios la puede juzgar. Pide ver a su prima personalmente, pero le deniegan el permiso y su estancia en el castillo se parece cada vez más a un cautiverio. Ante el temor de que se llegue a un juicio por la muerte de Darnley, Moray y los lores empiezan a negociar en la sombra para que aparezca la reina como la única culpable. La trasladan al castillo de Bolton, más lejos de la frontera escocesa, donde se la mantiene bajo vigilancia, aunque puede ir a cacerías y cabalgar, pero con escolta. El juicio tiene lugar en York, en octubre de 1568, pero aunque se juzga a María, ella no puede asistir. Maitland y Moray proporcionarán todas las pruebas que puedan, aunque sean falsas, para inculparla. Aparecen varias cartas que pueden condenarla, y poco importa que no se ajusten a la verdad. Pero Isabel, no se sabe realmente por qué, traslada el juicio a Westminster, quizá para dominar mejor la situación. María sigue sin tener permiso para asistir y Lennox, el que antaño había sido su suegro, es uno de los principales acusadores. María sabe que está siendo objeto de una tremenda traición y deslealtad, por parte de todos, pero no tiene manera de defenderse. De todos modos, el veredicto que sale del juicio es que aunque los lores no hayan podido probar la culpabilidad de la reina, tampoco queda totalmente demostrada su inocencia; con lo cual María sigue custodiada, es decir, prisionera. Se la traslada al castillo de Tutbury, bajo la custodia de George Talbot. La insalubridad de su celda hace que contraiga un reumatismo que se hará crónico. Isabel sabe que no tiene derecho alguno a mantener cautiva a su prima, pero la considera una amenaza y no se atreve a darle la merecida libertad. El carcelero acaba tomando afecto a María, y le proporciona todas las comodidades que tiene a mano, aunque no esto no evita que ella se sepa privada del bien más preciado, que es la libertad. María intenta, por medio de subterfugios, buscar ayuda en las casas reales de España y Francia, e incluso en el Vaticano, pero no sabe que sus mensajes en clave nunca llegarán a sus destinatarios, porque son interceptados. Poco a poco, la reina se convierte de nuevo en títere de distintas ambiciones, y el propio Norfolk planea un posible matrimonio, que la reina Isabel nunca aprobará. Los lores escoceses no habían pensado en reponer en el trono a su legítima dueña, con lo cual la vuelta a Escocia es totalmente impensable. Los nobles católicos del norte de Inglaterra se sublevan tomando como pretexto el cautiverio de la reina de Escocia, pero ella desaprueba su acción, porque no quiere verse todavía más comprometida ante su prima. En Escocia asesinan a Moray. Y entretanto, el Papa excomulga a Isabel y releva a los católicos ingleses de prestarle obediencia. Norflok se propone liberar a María con la ayuda de Francia e Inglaterra, y no duda en contactar con el duque de Alba para que mande tropas desde Flandes, y con Felipe II, al que pide la intervención de la Armada española. Pero el rey de España no está por la labor, porque teme entrar en problemas con la reina de Inglaterra, por lo cual no presta la ayuda solicitada. Norfolk es descubierto, acusado de alta traición y condenado a muerte, lo cual atrae hacia María el odio de muchos ingleses, porque la culpa del derramamiento de sangre, en vez de ver la culpabilidad en quien realmente la tiene, que es Isabel. Se acusa a María de conspirar contra su prima para hacerse con el trono inglés, y a pesar de que ella pide audiencia a la reina, para justificar su inocencia, se le deniega varias veces. En toda esta maraña de sucesos, lo que más le duele a María es que la mantienen alejada de su hijo, a quien no ha visto desde que tenía diez meses. Sabe que le han educado dentro del protestantismo, lo cual la llena de congoja, y sospecha que han envenado su corazón de odio en contra de su madre. Sin embargo, le queda a María el consuelo de las cartas que se intercambia con su hijo, al que le ofrece que sea él quien reine en Escocia, a cambio de poder seguir ella también ostentando el título de reina. A la vez que se cartea con su madre, Jacobo también mantiene relación epistolar con su tía Isabel, que le convence para que no escuche los consejos maternos. Con la connivencia de la reina inglesa, es su propio hijo quien despoja a María de su condición de reina. Un problema que se suma a los muchos que la acucian es la acusación por parte de la esposa de Talbot de que María mantiene relaciones con su marido. Estas acusaciones llegan a oídos de Isabel, que no quiere escuchar las razones de defensa de su prima. Poco a poco María va siendo despojada de todos los privilegios de los que había gozado, y le ponen como guardián a un hombre que la odia; un tal Paulet; que enreda mil formas de humillarla a diario. Son muchos los fieles de Isabel que traman acusar a María de una supuesta conspiración contra la reina, y para prepararla mejor deciden su traslado a Chartley. Allí empieza a recibir de manera milagrosa, respuesta a los muchos mensajes cifrados que hacía tiempo había enviado; y que serán las pruebas que la condenen. Se le hace creer que se está fraguando un golpe de mano para liberarla y se llega a hablar incluso de un atentado. María da el visto bueno al plan, lo cual será su principal motivo de condena. No tarda en ser detenida y se la lleva a la prisión de Fotheringay, donde se entera de que todos aquellos que de alguna manera la han ayudado son sometidos a tormento. Se les condena a muerte; a ser descuartizados a ojos de un pueblo acostumbrado a ese tipo de espectáculos, pero que no resisten tamaña carnicería. Pero Isabel no descansará hasta que quite de en medio a su prima, y no le permite que la defienda ningún abogado ni siquiera que ella misma se pueda explicar o justificar. Aunque sabe que no tiene derecho a juzgar a una reina extranjera en su país, sigue adelante y hace que sus letrados busquen algún antecedente en la Historia, aunque se tengan que remontar a la época de los romanos. El único que encuentran es el de Conradino Hohenstaufen, aunque no se puede equiparar exactamente al caso de María. Ya le da igual todo a Isabel, y manda que se constituya el tribunal por pares y lores del Parlamento, sin oír las protestas de María. Cuando la reina de Escocia llega a la sala donde se celebra el juicio, no puede menos que decir que allí ve muchos juristas, pero a ninguna con capacidad para juzgarla. Los posibles testigos ya han sido ejecutados, y se suceden duros interrogatorios a María, que lo niega todo, y que les acusa de haber falsificado las cartas y todas las demás pruebas. A los diez días de este juicio, el tribunal se reúne para dirimir y se dicta sentencia. María es declarada culpable por todos, menos por un miembro del tribunal, y se la condena a muerte. Pero ahora que ya hay una sentencia, Isabel teme ejecutar a una reina, aunque sabe que si no se libra de ella, su sombra la perseguirá para siempre, junto con la amenaza de naciones católicas, como Francia o España. De entrada, Jacobo VI, el hijo de María, no se atreve a interceder por la vida de su madre, y sólo envía unas cuantas cartas de suave protesta a Isabel. El final El 4 de diciembre la reina de Inglaterra decide cumplir la sentencia de muerte, aunque para la firma se vale de un subterfugio; y ordena que la hagan llegar con otros papeles, para que pueda escudarse en la excusa que firmó sin saber exactamente qué rubricaba. El 7 de febrero le comunican a María que está condenada a muerte; pero como ella se lo espera, se mantiene completamente serena y rechaza el ofrecimiento de un pastor protestante. Se retira a escribir cartas de despedida al Papa, al rey de Francia y a Felipe II de España. Se despide, uno por uno de sus sirvientes, que lloran desconsolados. A las seis de la mañana se viste con un traje de terciopelo negro, aunque la saya es roja para evitar el contraste demasiado brusco de las manchas de sangre. No permiten que nadie la acompañe al patíbulo, y su mayordomo, que sale a despedirla a la puerta, se arroja a sus pies llorando. Los verdugos, siguiendo la costumbre, solicitan su perdón por el acto que van a realizar, y ella les perdona. Sus últimas palabras serán “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”. No acierta el verdugo en el primer golpe, ni siquiera en el segundo, y sólo a la tercera rueda la cabeza de la reina por el suelo. Cuando el verdugo la levante, se quedará con una peluca en la mano. La verdadera cabellera de María, es corta y canosa desde hace tiempo, debido a las penalidades. Pero se ve movimiento entre las faldas de la reina, y la multitud grita, asustada. Es el perrito de María, el único que se ha quedado con ella hasta el final.

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Carin Goering
Carin Goering
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/25/2012

Nace en Estocolmo, en octubre de 1888, aunque buena parte de su vida transcurrirá en Alemania. Su padre procedía de la región de Westfalia y su madre era irlandesa, pero de ascendencia sueca. Tiene cuatro hermanas más, y todas ellas sacarán el carácter soñador y romántico de la madre; el cual se pueden permitir porque no tienen preocupaciones económicas, ya que la fortuna paterna es considerable. La hermana mayor, Mary, se casa con el hijo del barón Von Rosen, y la propia Carin lo hará con el militar Erich Von Kantov, con el cual tiene a su hijo Thomas. Pero ella no es feliz, aunque su marido la ama, y ella le quiere a su manera. No está hecha Carin para ser la sacrificada esposa de un militar y seguirle fielmente, de guarnición en guarnición. Por eso, cuando pasa unas vacaciones en casa de su hermana Mary y conoce a un joven piloto, cinco años menor que ella, llamado Hermann Goering, que ha llevado en su avioneta al suegro de su hermana, se enamora perdidamente de él, y se plantea dejarlo todo para seguirle. De entrada, en el verano de 1920 viaja a Munich con él para conocer a su madre, que al saber su historia personal, todavía casada y con un hijo; la recibe de uñas. Y no tiene motivos la buena señora, porque su propio pasado no es precisamente edificante; ya que se separó de su marido y vivió muchos años con un amante. El verano de 1920 lo pasa la feliz pareja en Baviera y en los Alpes austríacos, donde alquilan una cabaña de madera que Carin bautiza como "La casita de chocolate". Su marido, mientras tanto, hace un curso de capacitación militar en Francia, y espera su vuelta con impaciencia. Pero Carin ya no volverá y le dice sin rodeos que quiere el divorcio; que por primera vez en su vida ha encontrado el amor de verdad y que no piensa renunciar a él. En Munich conocen a Hitler, y los dos se convierten en fieles seguidores de su doctrina, a la que Carin, en un arranque romántico de los suyos, bautiza como "la sagrada causa". A Hitler le interesa tener en sus filas a un héroe militar condecorado en la Gran Guerra, y a un ejemplo de la perfección aria hecha mujer como es Carin: alta, rubia, ojos azules. Después de que CArin obtiene el divorcio, dejando atrás un marido totalmente destrozado y sumido en la depresión, se casa con Goering en febrero de 1923, escoltados por los antiguos compañeros del novio en el batallón de Richtofen. Se van de luna de miel a Italia y a la vuelta, Carin se da cuenta de que tendrá que dar alguna explicación, por leve que sea, a su hijo Thomas, de once años, que se ha quedado en Suecia con su padre. Le escribe una carta diciéndole que debe estar contento, muy contento, porque mamá se ha enamorado, por primera vez en su vida, del capitán Goering, y solo podrá ser feliz a su lado. Extraña carta para un niño, al que poco menos que se le viene a decir que su padre nunca ha pintado nada en la vida de su madre. Al primer marido le toca poner dinero, según el acuerdo de divorcio, para que su esposa se compre una casa en Munich, o más bien en las afueras, rodeada de bosque, debido a la mala salud de Carin. A los 35 años es una mujer que sufre permanentemente de anemia, de asma, otras dificultades respiratorias, y leves dolencias intestinales que le dificultan la vida y le hacen guardar cama a menudo. Como la casa queda alejada del centro, el primer esposo, Von Kantov, no duda en enviar a la madre de su hijo un Mercedes con chófer, para que no tenga que usar el transporte público. El flamante marido, con cierta desgana, empieza a estudiar en Munich Historia y Economía. Y Carin se dedica a gastar dinero, en amueblar y decorar la casa, en ropa, en joyas. En su matrimonio no abundan los medios, pero siempre cabe recurrir al primer esposo o a su familia, tremendamente rica. En esta casa tendrán lugar muchas de las primeras reuniones del partido, y Carin, aún a pesar de encontrarse enferma la mayoría de las veces, hace de anfitriona, y con sumo gusto. Goering tiene una notable fama por su pasado militar al lado del Barón Rojo, y esto le sirve para atraerse a muchos jóvenes al partido, plenos de ilusión y optimismo, y dispuestos a crear una Alemania triunfante, que como el Ave Fénix, renazca de sus cenizas. El matrimonio está feliz con su nueva vida, y mientras tanto, en Suecia, Von Kantov sigue con su depresión y empeorando por momentos. Llega a agredir a alguno de sus compañeros de armas, y al final es relevado de sus funciones militares, pues intenta suicidarse varias veces. Morirá completamente enajenado; y con él se acaba la mayor parte de la financiación para el rumboso estilo de vida de que Carin gustaba tanto. Ella misma cae enferma cuando acude al entierro de su madre, y por eso vive de lejos el desastre del golpe de 1923, tras el cual se prohíbe el NSDAP, que sin embargo sigue ganando adeptos en la clandestinidad. Los Goering tienen que huir a Austria, y la noche del intento del golpe, el propio Hermann es herido en una pierna. Aunque la herida, en principio, no revestía demasiada gravedad, se infecta, y le hace padecer muchos dolores. Se refugian en el Tirol austríaco, donde Goering es recibido como un héroe, y le atienden en el hospital local. Allí le administran, para paliar el dolor, morfina, y con ello sellarán su destino, porque se convierte en un adepto a esta sustancia de por vida. Se alojan en un hotel de un simpatizante del partido, que les trata a cuerpo de rey. Pero la salud de Carin sigue siendo muy precaria, siempre se encuentra fatigada e inapetente. Le detectan una enfermedad cardíaca, y ella sabe que le queda poco tiempo de vida. Aunque tienen ganas de volver a Munich, de momento es del todo imposible, porque les han confiscado la casa, el coche y las cuentas bancarias, y hay contra ellos una orden de detención. Piensan incluso, que si las cosas continúan en la misma línea, en irse a Suecia, donde la familia de Carin les ayudará. Goering odia con saña a los judíos, y su esposa comparte este sentimiento, aunque no tenga ningún motivo personal para ello, más que el amor por su esposo y la idea de compartirlo todo con él. Cuando en febrero de 1924 se inicia el proceso contra Hitler en Munich, ellos se mantienen informados de todo lo que pasa desde Austria. En realidad, se trata de un proceso amañado, en el que se ocultan pruebas y cargos; y al final, le condenan a cinco años de cárcel, de los cuales cumple sólo seis meses, y los demás serán en libertad condicional. Carin viaja a Munich esa misma primavera, intentando recaudar fondos para el partido. Pero el general Ludendorff y la mayoría a quienes pide ayuda, se la niegan. Vuelve a Austria con las manos vacías, y se encuentra con que Hitler les ha pedido que viajen a Italia a solicitar la ayuda de Mussolinni, que también se niega. Desilusionados y sin dinero, no ven otra salida que marcharse a Suecia, donde viven un tiempo de la caridad de la familia de Carin. Goering, cada vez más atado a su adicción a la morfina, ya no puede disimularlo delante de nadie, y su suegro le interna en un hospital, con el fin de que le curen. Pero una vez ingresado, en una ocasión rompe el armario de los medicamentos en busca de su droga, e incluso ataca al personal. Le dan de alta, pero está lejos de estar curado de su adicción. En 1927 viaja solo a Alemania, y en las cartas que se intercambia el matrimonio, se ve que Carin está peor de salud cada día, aunque ella se preocupa más por el problema de su esposo que por si misma, y le ruega que intente abandonar la morfina. Al año siguiente, con el NSDAP ya encauzado, Carin vuelve a Berlín, a pesar de su enfermedad, y asiste a la reapertura del Reischtag, donde el partido tiene once diputados. Las penurias económicas se han terminado, y se compran un piso en la Badenstrasse de Berlín, desde donde Carin se esfuerza en atraer a gente influyente al partido, y no escatima en atenciones en su papel como anfitriona. La vida social se intensifica incluso en los momentos peores de la enfermedad de Carin, que llega a recibir a sus invitados en la cama, cuando está demasiado débil para levantarse. En la Navidad de 1930 sabe que no le queda mucho tiempo de vida, y se preocupa de buscar los mejores regalos para su familia y sus amigos. Los malos tiempos, con Carin gravemente enferma, hacen que su marido dependa cada vez más de la morfina. En julio de 1931 Hitler les regala un Mercedes para que puedan ir de vacaciones, pensando que quizá serán las últimas de Frau Goering. Y así es, porque muere el 17 de octubre, siendo enterrada el mismo día en que cumpliría 43 años. Goering queda desolado por completo al perder a su mujer y seguirá toda su vida en contacto con la familia sueca. Para hacer más llevadera su soledad, se vuelca todavía más en las actividades del partido, que será en adelante su único norte. Hitler se sirve de la muerte de Carin y de su historia de amor por Goering para exagerarla y hacer un panegírico de la raza aria y los valores nacionalsocialistas. En 1933 profanan la tumba de Carin en Suecia y su marido decide exhumar el cuerpo y enterrarlo de nuevo en la finca que se ha comprado, bautizada con el nombre de Carinhall, que será mausoleo de la difunta y lugar de peregrinación de los fanáticos del nazismo. Pero el Ejército Rojo, al final de la guerra, profana su tumba de nuevo, y su cadáver acaba siendo incinerado en secreto y llevadas sus cenizas de vuelta a su país natal. ¿Fue Carin una nazi convencida? Seguro que sí, aunque a su manera, viendo en el nazismo un halo de romanticismo que nunca tuvo en realidad. Creía en las ideas nacionalsocialistas, aunque su repentina muerte, antes de que Hitler llegase al poder, nos impide saber de qué manera hubieran evolucionado sus ideas de seguir viva.

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Eva Braun
Eva Braun
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/25/2012

Nació el 7 de febrero de 1912, en Munich, y era la segunda hija del matrimonio formado por Friedich y Franziska Braun. Su padre era maestro y su madre modista, por tanto una pareja de la clase media bávara. Aunque el padre deseaba más que nada un hijo varón, después de Eva nace otra niña y tres serán las hijas de Herr Braun: Ilse, Eva y Margaret. El padre de Eva era protestante, y la madre católica, así que las tres hijas son bautizadas y educadas en la fe católica. Con el dinero de una herencia, pueden comprar una casa más grande, más cómoda y mejor situada, e incluso se permiten tener criada y coche; un lujo al alcance de pocos. Los padres de la futura compañera de Hitler eran muy tradicionales, monárquicos y amantes de la Alemania de los grandes ideales. Eva inicia sus estudios en un colegio de monjas cercano a su casa, y más tarde los continúa en el Liceo de Munich, donde no destaca especialmente en los estudios. Ella prefiere los deportes, y practica tenis, gimnasia, natación y sobre todo esquí. Le gusta también la música, sobre todo el jazz americano y las comedias musicales. Y adora bailar. Gana algún concurso de gimnasia, en la especialidad de barra fija. Amante de la Naturaleza y de los animales, gusta de dar largos paseos en bicicleta por el campo. Crece alta y atlética, y esto, unido a su pelo rubio y unos hermosos ojos azules, hacen de ella una perfecta representante de la doncella alemana; una aria sin tacha. No es una intelectual ni demasiado cultivada; sino que su lectura preferida son las novelas rosa. Pero tanto ella como sus hermanas gozan de una educación exquisita y saben brillar socialmente. Cuando acaba los estudios en el Liceo, Eva se forma para poder trabajar en alguna ocupación adecuada a su clase. Aprende algo de francés, a escribir a máquinas y los rudimentos de contabilidad. Y con este bagaje cultural encuentra trabajo en el estudio de un fotógrafo llamado Heinrich Hoffmann, donde ejerce de ayudante de fotografía, secretaria en ciernes y chica de los recados. Eva sueña, mientras aprende a revelar fotos, que este trabajo será su catapulta al mundo del cine, porque adora a actrices como la Garbo. Es allí precisamente, en el taller de Hoffmann donde conoce a Hitler, ya que el fotógrafo es miembro destacado del Partido Nacionalsocialista obrero alemán. Estamos en 1929, así que Eva cuenta con 17 años, y Hitler ronda ya los cuarenta. Le es presentado como Herr Wolf, y llega a la tienda cuando ya han cerrado y Eva está haciendo inventario. Su jefe le pide que les traiga cerveza y salchichas del bar de la esquina. Cuando llega con el encargo, y antes de marcharse a su casa, Hitler habla con ella de música y de cine, y la muchacha queda impresionada, aunque todavía no conoce su verdadera identidad. Durante todo el año Adolf frecuenta el taller de su amigo, y ahora ya con su verdadero nombre, corteja a Eva con la corrección de un perfecto caballero: flores, bombones, halagos. Pero es algo completamente platónico, una relación casi como de profesor-alumna, de tío-sobrina. Sus padres no saben nada, por supuesto, y solo sus hermanas conocen la relación. Hoffmann hace de celestino en estos encuentros, pero sus lealtades están con Hitler. A Eva la desprecia secretamente; la cree demasiado joven y boba. Las cosas le van bien al jefe de Eva, que se convierte en el fotógrafo personal de Adolf Hitler, y en 1929 se muda a un local más grande y aumenta la plantilla hasta contar con 17 personas trabajando para él. Eva sigue viendo a Hitler, sobre todo en el estudio de Hoffmann, y a espaldas de sus padres, que nunca consentirían que mantuviese una relación con un hombre tan mayor. El padre de Eva era muy estricto, y controlaba las llamadas y la correspondencia de sus hijas, imponiéndoles además un horario rígido para entrar y salir de su casa. Eva se siente muy impresionada cuando su acompañante la recoge en el trabajo en un Mercedes con chófer y se la lleva de picnic, mintiendo a sus padres en el horario con pretextos de trabajos extraordinarios. Al fin y al cabo, no hace otra cosa que la mayor parte de jóvenes cuando están iniciando una relación. Hitler, según luego se pudo saber, se encarga de investigar la genealogía de Eva, pues no se podía permitir tener una relación con una muchacha que no fuese totalmente aria. El encargado de llevar a cabo las discretas averiguaciones es Martin Borman. Los padres de Eva se muestran preocupados cuando advierten que su hija, que hasta hace poco tiempo solo hablaba de música, cine y fiestas, ahora se haga eco a la hora de las comidas de incendiarias soflamas políticas. Esto fue lo que les puso sobre aviso de que las compañías de su hija estaban cambiando. Pero contra todo pronóstico, muchas de las ideas que Eva defiende, Franzoska, su madre, las comparte. Su padre siempre se opuso al antisemitismo y de hecho la propia Eva había tenido un amigo judñio, y su hermano Ilse trabaja en la consulta de un médico judío hasta que éste se ve obligado a exiliarse a Estados Unidos en 1938. Cuando se inicia la década de los años treinta, Hitler y Eva siguen manteniendo una relación, pero estrictamente dentro de un marco todavía platónico. Será dos años más tarde, según cuentan algunos amigos del entorno de ambos, cuando la relación se convierta en algo distinto. De todos modos, es siempre Adolf el que pone las limitaciones y las normas, y una de ellas es que sus encuentros deben permanecer en secreto. Eva sabe que para su amante la política siempre será lo primero, y ella debe conformarse con las migajas que queden. Ni siquiera tiene el consuelo de ser la compañera que comparte cosas o aconseja, porque Hitler opina que la mujer es un ser inferior, alguien que debe prestar belleza y comodidades a la vida de los hombres, pero no inmiscuirse en sus asuntos. Cree que las mujeres, cuanto más bellas y bobas, mejor. A pesar de sus encuentros amorosos, Eva continua viviendo en la casa de sus padres, y no ve demasiado a Hitler, que está plenamente dedicado a sus asuntos. Será la que eternamente espera el encuentro, una carta, una llamada. Aprende a ejercitar el precioso don de la paciencia, pero no por ello deja de sufrir el abandono. De hecho, a medida que transcurre el año 1932, se va sintiendo cada vez peor, y cada noche se ve a si misma más solitaria y abandonada. El 1 de noviembre se dispara con la pistola de su padre, pero solo se hiere en el cuello. Pierde mucha sangre, pero no llega a estar grave. La atiende un médico conocido de Hitler, que le informa puntualmente de lo ocurrido. A los padres de Eva se les explica que fue un accidente. En el fondo, ella no deseaba matarse, sino simplemente lanzar un toque de atención a Hitler para que no la abandonase. Reacciona teniendo más atenciones con ella, pero las peores pesadillas de Eva vuelven cuando el 30 de enero de 1933 Hitler se convierte en canciller, porque eso significa que se tendrá que trasladar a Berlín, y se verán todavía menos.Pasan dos años hasta que Hitler la invite a visitarle en Berlín; y son tiempos complicados para Eva, que no entiende por qué su amante dedica tanto tiempo a la política y a ella la deja abandonada. Sigue trabajando en la tienda de Hoffmann, y se desespera porque excepto su jefe y su esposa, nadie conoce su relación con el canciller. El opinaba que su vida privada no debía de estar expuesta, y además esto le hacía parecer más misterioso, y sobre todo, más volcado en lo único importante: ser el líder de la nueva Alemania aria. Dada su precaria situación, nuevamente Eva llama la atención con el segundo intento de suicidio; esta vez se toma veinte pastillas del bote de somníferos, y su hermana llega a tiempo de llamar al médico. Tiene solo 23 años y ya ha intentado suicidarse dos veces. Esta vez sus padres sí se enteran, y su padre monta en cólera e incluso le prohíbe que siga viviendo en la casa familiar. Su madre, en cambio, se pone de su parte, y la ayuda para que ella y su hermana pequeña se muden a un piso de tres dormitorios en una calle cercana a donde estaba la propia casa de Hitler. Cuando en el congreso del NSDAP se aprueban las Leyes de Nuremberg, que prohibían, entre otras cosas, los matrimonios mixtos, Eva está en el palco de honor, vestida con un lujoso abrigo de piel. De algo ha valido, pues, el intento de suicidio. Aunque su relación no se da todavía a conocer, Hitler se enfurece cuando Magda Goebbels habla mal de ella. Ese mismo año Eva deja el trabajo, y Hitler la acomoda en una vivienda unifamiliar en un barrio residencial de Munich; y en 1938 la casa ya figura a nombre de Eva Braun. Ella tiene carta blanca para amueblarla con alfombras de Samarcanda, tapices, ricas vajillas. Incluso Hitler le pinta un cuadro para que lo cuelgue en el salón. La casa le devuelve la alegría y la confianza en sí misma, y la compensa en cierta medida de una relación semi clandestina. Por su 27 cumpleaños, su amante le regala algo que todavía es un lujo:un televisor. Y pone a su disposición un Volkswagen escarabajo que Ferdinand Porsche le ha regalado al propio Hitler. Eva celebra muchas fiestas en su casa, aunque no las orgías de las que se habla cuando acaba la guerra, sino fiestas inocentes para sus amigas y hermanas. En público no se la ve con el canciller, pero si tiene vida social con sus amigos de siempre, y va al cine o a restaurantes de moda.Después de la forzosa unión, o mejor dicho anexión de Austria, Hitler hace testamento, dejando todos sus bienes al Partido, pero con la obligación de que de la caja del mismo se pague a Eva una pensión vitalicia de mil marcos mensuales. Y en el verano de 1938 ordena hacer, según planos trazados de su propia mano, un refugio antiaeréo en el sótano de la casa de Eva. Pero donde se verán más a menudo es en el valle del Obersalzberg, que el canciller compra por completo y lo hace cerrar con alambrada de espino. Solo se puede llegar en funicular, y es una guarida inexpugnable, aunque además de la enorme mansión hay casas también para sus más leales colaboradores, e incluso un hospital y un teatro. Eva actúa como anfitriona y señora de la casa, y atiende a aquellos íntimos como Albert Speer, Martin Borman, Rudof Hoess y en menor medida Goering, que no acudía muy a menudo. Pero la propia Eva también tiene permiso para invitar a sus amigas más íntimas, y sobre todo a su familia. Ahora a papá Braun le parece de perlas que su segunda hija esté en relaciones con el dueño de toda Alemania. En la casa se sirve buena comida alemana, aunque Hitler es de poco comer, y vegetariano. Eva le tutea, por supuesto, pero es de resaltar que siempre se dirige a él como Mein Fürher. El a ella le llama Evchen, cariñoso diminutivo de Eva, o tontita, es de esperar que como apelativo cariñoso y no como calificativo. Solían ver a menudo proyecciones de películas, sobre todo americanas, para contestar a Eva, que confesaba haber visto más de diez veces "Lo que el viento se llevó".Eva nunca tuvo gusto por la política, podríamos decir que incluso la odiaba, porque veía en ella una fuerte rival que nunca podría vencer. Nunca leyó las publicaciones dedicadas a las mujeres nacionalsocialistas e incluso en privado se burlaba de ellas. Esto, contra todo pronóstico, era lo que mantenía viva su relación con Hitler, porque él nunca hubiese soportado estar al lado de una mujer que se inmiscuyese en su mundo. Tampoco intervenía a favor de nadie ante su amante, e incluso en una ocasión en que éste y su hermana Ilse discutieron, Eva le dice a su hermana: "Si el Fürher te manda a un campo de concentración, no cuentes conmigo para que te saque. Sólo una vez rogó a Hitler que salvase a alguien, en este caso a un médico judío que había luchado por la vida de su madre. pero en cambio, Hitler seguía los consejos de Eva en cuanto a la manera de organizar la casa, e incluso su vida privada, salud, médicos y comidas. A cambio, le proporcionaba a Eva carta blanca para gastar cuanto quisiese en ella misma, y en su armario había trajes de París, zapatos de Ferragamo, pieles, joyas, perfumes franceses. La atendían las mejores peluqueras y modistas e iba siempre impecable. Aunque estaba prohibido que las mujeres fumasen en público, ella lo hacía, pero no delante del Führer. Cuando alguien se lo reprochaba, no tenía empacho en silbar "Smoke gets in your eyes". Eva era la reina del Berghof, y no se llevaba bien con la mayor parte de la servidumbre, aunque con el que peor relación tenía era con Krauser, el ayuda de cámara de Hitler. Cuando había en la mansión reuniones militares o de alta política, Eva tenía orden de no salir de su cuarto. Esto le dolió especialmente cuando los duques de Windsor visitaron a Hitler, o cuando el yerno de Mussolini, el conde Ciano, estuvo en la casa. Se entretenía sacando fotos con sus estupendas cámaras Leika, e incluso filmaba películas. En 1939 ya tiene su propia vivienda en Berlín, dentro de la cancillería, en el que había sido el dormitorio de Hindenburg; aunque debía entrar por la puerta de servicio para que nadie la viese. Eva pasará la guerra entre su casa de Munich, la cancillería y Berghof.Desde 1942 el Berghof es el cuartel general de Hitler, desde donde planea la mayor parte de sus movimientos en la guerra, a los cuales Eva es completamente ajena. En 1944 las victorias alemanas ya son historia y lo que en la Unión Soviética había comenzado como una corta campaña de verano, se convierte en una desgracia para los soldados alemanes, que dejan sus vidas en la estepa rusa. Es también en ese mismo año cuando el oficial y aristócrata prusiano Klaus Von Staunffenberg planea un atentado contra Hitler, aunque falla y acaba siendo él mismo ejecutado. El Führer le hace llegar a Eva el uniforme que lleva el día del atentado para que ella lo conserve, y será de las pocas cosas que los aliados encuentren cuando acaba la guerra. Son tiempos complicados en el frente alemán, y el propio Nido del Águila es bombardeado, aunque sus ocupantes no corren peligro alguno gracias al bunker. Eva no está enterada de todo lo que en el frente ocurre, pero tampoco quiere estarlo, aunque no es tan tonta como aparenta y sabe que todo está perdido. De hecho, a finales de 1944, cuando tiene 32 años, hace testamento, repartiendo sus bienes entre sus padres y hermanas. A sus amigas más íntimas también les lega algunas joyas. Su propio cumpleaños, a inicios de 1945, tiene aires de despedida. Eva teme por su vida e incluso manda camuflar su Mercedes, y pregunta a un oficial cual es la manera más eficaz de pegarse un tiro. Hitler pone un avión a su disposición para que huya, pero ella se niega, quiere compartir la suerte del hombre que ama. A su hermana pequeña le ordena que destruya toda su correspondencia privada, sobre todo las cartas de su amante. Y cuando el fina se acerca, cumple su deseo de convertirse en la señora Hitler. Se casan el 28 de abril de 1945, en el bunker de Berlín. A pesar de lo insólito del lugar, Eva se viste de largo y se engalana con sus mejores joyas. Incluso celebran una especie de banquete. Cuando firma el acta de matrimonio empieza a escribir Eva Braun, pero tacha la B y pone ya su nombre de casada: eva Hitler. No se avergüenza de su nuevo apellido, aunque conoce algunas de las crueldades del que ya es su esposo. De hecho, en su propia noche de bodas ordena la ejecución de Herman Fergelein, el esposo de la hermana pequeña de Eva, que está a punto de dar a luz, porque se iba a escapar. Eva no intercede, para ella la voluntad de su marido está antes que su familia de sangre. El día 30 de abril, con el Ejército Rojo a las puertas de Berlín, Hitler y Eva se suicidan y sus más fieles colaboradores rocían los cuerpos de gasolina y les prenden fuego. Algunos aprovechados que se decían amigos de Eva se inventan un fantasioso diario que nunca existíó en donde se habla de una mujer cruel que goza atormentando a animales y a personas. Eva no era así. En suma, solo fue una mujer enamorada y profundamente egoísta que intentó ver solo la parte amable de su amante, sin adentrarse en más. Cometió fundamentalmente el pecado de omitir la realidad. «Berlín, 22-IV-45. «Querida pequeña Herta: «Estas son las últimas líneas, y también la última señal de vida por mi parte. No me atrevo a escribir a Gretl; debes hacerle comprender todo esto con cuidado a causa de su estado. Voy a mandaros mis joyas, y os ruego que las distribuyáis según mi testamento, que se encuentra en la Wasserburgerstrasse. Espero que con esas joyas podáis manteneros a flote durante un tiempo. Os ruego que bajéis de la montaña, ya que es un sitio muy peligroso para vosotros, si todo debe terminar. Aquí combatiremos hasta el fin, pero temo que ese fin se acerca cada vez más peligrosamente. Lo que sufro personalmente viendo al Führer, es algo que no puedo describir. Perdóname si escribo algo confuso, pero a mi lado están los seis niños de G. y no se quedan tranquilos. ¿Qué más puedo decirte? No llego a comprender que todo esto pueda ocurrir de este modo; no se puede creer en Dios. Un hombre espera esta carta. Todo, todo el cariño y la bondad para ti, mi fiel amiga. Saluda a mi padre y a mi madre, que deben regresar a Munich o a Traunstein. Saluda a todos mis amigos. Muero como he vivido. No es una carga, tú lo sabes bien.Te saluda de todo corazón y te abraza, tu Eva. P. D. — Conserva esta carta sin divulgarla, hasta que sepas de nuestro fin. Sé que es mucho pedirte, pero eres valiente. Quizá todo pueda terminar felizmente aún, pero EL ha perdido la fe, y nosotros, me temo, aguardamos inútilmente.» «Berlín, 23-1V45. »Mi querida hermanita: No sabes cómo me apena que tengas que recibir estas líneas de mi parte. Pero no puede ser de otro modo. Con cada día, con cada hora que pasa, puede llegar el fin para nosotros, y por consiguiente debo aprovechar la última ocasión para decirte lo que hay que hacer todavía. Para empezar, Hermann no está con nosotros. Salió hacia Nauen a fin de organizar un batallón o algo por el estilo. Quiere abrirse camino luchando para continuar la resistencia en Baviera, al menos durante algún tiempo. El Führer ha perdido toda esperanza en una solución feliz del conflicto. Pero todos los que aquí estamos, incluida yo, tenemos esperanza mientras hay vida. Te ruego que mantengas en alto la cabeza y que no desesperes. Aún quedan alientos, pero es evidente que no vamos a dejar que nos capturen vivos. La fiel Liesl no quiere abandonarme. Le he dicho muchas veces que se marche. Quisiera regalarle mi reloj de oro, pero por desgracia se lo legué a Miezi. Tú podrás dar a Miezi algo de igual valor, entre mis joyas. Arregla las cosas equitativamente. Quisiera llevar hasta el fin la pulsera de oro con la gema verde. Me la quitarás, y la llevarás siempre, como yo la llevé. También eso estaba destinado a Miezi, en el testamento, así que haz igual que antes. Mi reloj de brillantes se encuentra por desgracia en reparación. Al final de la carta te pongo la dirección exacta. Tal vez tengas suerte y podrás recuperarlo. Debe pertenecerte, pues siempre te gustó. También la pulsera de diamantes y el colgante de topacio, regalo de Hitler en mí último cumpleaños, te pertenecen. Espero que mis deseos sean respetados por los otros. Por otra parte, debo rogarte que te ocupes de lo siguiente: Destruye toda mi correspondencia privada, y sobre todo los papeles de negocios. Bajo ninguna circunstancia deberán ser halladas las facturas de la Heise. Destruye también un sobre que está dirigido al Führer y que se encuentra en la caja fuerte del sótano. Ruego que no sea leído. También te pido que con las cartas del Führer y la copia de mis contestaciones (libreta de piel azul), hagas un paquete que resista a la humedad, y que por último lo entierres bajo tierra Te suplico que no lo destruyas. Debo a la firma Heise la factura que adjunto. Puede ser que haya otras cuentas, pero no son más de mil quinientos marcos. No sé lo que piensas hacer con las películas y los álbumes. En todo caso te ruego que lo destruyas sólo en última instancia, salvo las cartas privadas y el asunto del sobre dirigido al Führer. Esto último puedes quemarlo inmediatamente. Te mando para comer y fumar. Da también café a Kathl y a Linders. Entrega a Linders algunas conservas de mi bodega. El tabaco es para papá, y el chocolate para mamá. Hay chocolate y tabaco en el "Berg". Puedes tomarlo. Por el momento me dicen que la situación es mejor, y el general Burgdorf, que ayer nos daba un diez por ciento de posibilidades de salvación, hoy declara que las probabilidades son del cincuenta por ciento Entonces, tal vez todo termine bien. ¿Llegó Arndt con la carta y la maleta? Hemos sabido aquí que el avión se retrasó. Espero que Morell haya llegado a tu casa con mis alhajas. Sería tremendo que hubiera pasado cualquier cosa. Voy a escribir a mamá, a Herta y a Georg, si es posible mañana. Por hoy está bien. Ahora, querida hermanita, te deseo mucha, mucha suerte. Y no olvides que volverás a ver, sin duda, a Hermann. Con los saludos más cordiales, un beso de tu hermana, Eva. «P. D. —Acabo de hablar con el Führer. Creo que hoy se ve el futuro bastante menos sombrío que ayer. La dirección del relojero es: SS Untersharf Stegemann, SS Lager Orianenburg, evacuado a Kyritz.» Son cartas de Eva

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Geli Raubal
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/26/2012

Nació en Linz el 2 de junio de 1908, y era hija de Angela, la hermanastra de Hitler, y de Leo Raubal, que muere cuando la pequeña tiene apenas dos años, dejando a una viuda joven con tres niños de corta edad. Por eso Angela tiene que recurrir a la familia, y quien más ayuda le presta es su cuñada, Angela Raubal, que es maestra, y se lleva a su casa a Geli. Entratanto, Angela se traslada a Viena en busca de trabajo, en una época de penurias y escaseces. En 1917 logra traer a la niña a la capital, y entra en un instituto femenino, lo cual era un privilegio en aquellos tiempos. Pero Geli no es una buena estudiante, y ante las malas notas, la madre la cambia a otro centro, donde las pésimas calificaciones se repiten. De nuevo la tía María acude en ayuda de su sobrina, y se la lleva a Linz, matriculándola en una academia donde, aunque no destaca, por lo menos consigue salir adelante. Angela consigue trabajo en el comedor para estudiantes judíos de la universidad. En Linz, Geli tiene sus primeros escarceos amorosos con uno de sus compañeros, un tal Alfred Malta. Se empieza a oír hablar, incluso en Austria, del NSDAP; pero a Geli la política no le interesa, aunque quienes la rodean parecen confabularse para que se inicie en el nacionalsocialismo. De hecho, cuando aprueba la reválida, se prepara un viaje a Munich, y su profesor de Historia le ruega que los alumnos puedan ser recibidos por su tío Adolf; quien incluso les regala uno de sus larguísimos y encendidos discursos. Ese mismo otoño de 1927 la muchacha se instala con Hitler en Munich para estudiar Medicina en la Facultad de la ciudad. Y se enamora de Emil Maurice, chófer de Hitler y sobre todo su hombre de confianza, ya que es una de las pocas personas que le tutea. El tío Adolf no sospecha que su empleado le ha pedido matrimonio a Geli, pero cuando en Navidad habla personalmente con él para pedir formalmente la mano de su sobrina, el enfado de Hiltler es memorable; tanto que le pone de patitas en la calle. Emil acude a los tribunales a causa del despido y obtiene una indemnización. A su sobrina, para calmarla, le dice que es demasiado joven y que debe esperar al menos dos años para casarse. Ella, que no debía de sentir un amor demasiado profundo, parece entenderlo. Una de las causas del enfado del tío es la diferencia de edad, pues ella tiene 19 años y el antiguo chófer, 30. La gente que les rodea empieza a sospechar que hay una relación malsana entre tío y sobrina, porque van a todos los sitios juntos; a la ópera, al cine, y Hitler la rodea de antenciones más propias de un enamorado que de un pariente. Incluso ella posa para algunos de sus cuadros, lo cual no tendría la menor importancia si no fuese por el ligero detalle de que los retratos son de desnudo. Geli acaba dejando sus estudios de Medicina y Hitler le paga profesores privados que le eduquen la voz, porque tiene inquietudes artísticas, aunque no sabemos si también dotes. No escatima gastos su tío en decorar su habitación y en darle a la niña todos los caprichos; y ella está como un pájaro en una jaula de oro, pero en una jaula al fin y al cabo, porque sale solo acompañada de Hitler y no se relaciona con nadie de su edad. No sabemos qué iba mal en la relación o cómo se sentía Geli, pero en 1931, estando Hitler de viaje, le llega la noticia de que a su sobrina le ha ocurrido una desgracia, y cuando regresa a casa, se encuentra con que la muchacha se ha disparado un tiro en el pecho. El médico, que la encuentra ya muerta, dice que se le ha perforado un pulmón y que su muerte ha sido lenta y penosa, y en solitario, porque los criados la descubren cuando todo ha terminado ya. En su mesa de trabajo hay una carta inacabada para una amiga de Viena, pero nada relativo al suicidio. Se hacen muchas hipótesis; como que ha sido Hitler quien la ha matado, porque estaba embarazada; o Himmler por orden de Hitler. En todo caso, la muerte se certifica como un suicicio, y llega Angela para hacerse cargo del cadáver de su hija y enterrarla en Viena. Adolf no asiste al entierro. De todos modos, con su hermana y sus dos sobrinos siguió manteniendo una buena relación, al menos hasta que Eva Braun se hizo más presente en su vida. El misterio de la muerte de Geli nunca se llegó a desvelar, y tampoco se sabe a ciencia cierta el tipo de relación que mantuvo con su tío

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Materiales y técnicas en arquitectura
Materiales y técnicas en arquitectura
Apuntes Y MonografiasporAnónimo5/1/2012

La construcción y los materiales. Podemos definir las técnicas de arquitectura como los métodos para la construcción con determinados materiales. Para construir existe no sólo el condicionante de los materiales usados, sino también el grado de tecnología que tenga la sociedad en cuestión, las herramientas, el tipo de transporte para los materiales y la durabilidad de éstos. La evolución de las técnicas está condicionada por la fuerza económica, que busca conseguir la mayor estabilidad y persistencia en lo que se construye, y la fuerza estética, que a veces hace florecer incluso nuevas técnicas de aplicación. Se trata siempre de construir una estructura estable; ya que sobre un edificio actúan fuerzas que lo pueden desestabilizar, como es su propio peso y las cargas. Para mantener la estabilidad hay que equilibrar estas fuerzas, lo cual se consigue con una serie de elementos arquitectónicos. 1. Construcciones, materiales y condiciones ambientales.- Los materiales, por su comportamiento pueden ser: : • Los que trabajan a comprensión o aplastamiento, como la piedra, el barro, los conglomerados o los hormigones • Los que trabajan a flexión, como la madera o el acero. Pero en la construcción además hay que tener en cuenta los procedimientos adoptados por el hombre para aplicar soluciones dedicadas a protegerse y desarrollarse socialmente. Es decir, que podemos definir la construcción como el conjunto de conocimientos sobre materiales, técnicas y medios para la ejecución del edificio ideado . Y debemos distinguir entre la construcción anterior a la etapa industrial o construcción tradicional, y la posterior, en donde se dan cita nuevos materiales como el hierro fundido, el cristal, el acero y los hormigones con base en combinados de cemento. Dentro de las construcciones anteriores a la etapa industrial se usan sobre todo materiales de origen vegetal, pétreos y terrosos, como la madera, el adobe, el ladrillo, la mampostería o la sillería. También pueden ser mixtos, como estructuras de madera y yeso, o entramados de madera y barro…Se han ido resolviendo en estas construcciones los problemas de acondicionamiento climático. La forma más sencilla de alojamiento humano fue en forma de tienda, colgando sobre un mástil las pieles. En los pueblos que practicaban el sedentarismo aparecen las primeras chozas hechas con ramas y barro. En Capadocia, por ejemplo, surgen alojamientos bastante complejos en lo funcional, tallados por el hombre en las rocas compactas, como es el caso de los “conos” en esta región de Turquía. La construcción en piedra . Es uno de los materiales mas usados. Las rocas naturales se clasifican en: Eruptivas, que a su vez pueden ser plutónicas, como la sienita o la diorita, de gran dureza y entre las que se encuentra el granito; y volcánicas, como los pórfidos, traquitas y diabasas, que se suelen usar en pavimentación o como componentes de los morteros. Los basaltos se usan en construcciones masivas de fábrica. Sedimentarias, donde destacan las areniscas, formadas por granos de cuarzo cohesionados por cementos naturales. Se pueden tallar fácilmente y por eso se usan en sillerías y en decoración. Las calizas se emplean mucho en construcción, entre ellas la grauwaca o los travertinos. Metamórficas, como el gneis o granito metamorfoseado en todas sus variantes, la serpentina o las pizarras y cuarcitas. El mármol procede de recristalizaciones de las dolomías y de las calizas. Todos estos materiales los ha empleado el hombre desde el principio, bien en casas o en cercas para encerrar ganado; e inicialmente se ejecutaban sin morteros intermedios, colocando las piedras “a hueso”. Sin embargo, pronto empezaron a usarse los primeros conglomerantes de la piedra, al principio mezclas de barro ricas en grasa que adquiría cohesión al secarse. El resultado es un material estable y bastante aislante. En Egipto se usaban los limos del Nilo como material de cohesión, con yesos y cales grasas. El yeso común se obtiene por la deshidratación del aljez, una roca sedimentaria. Los sillares de las pirámides se traban con yeso y cal. La cal aérea la usaban los griegos en sus construcciones, con morteros de cal viva o apagada, endurecidos y con gran poder conglomerante. Los conglomerantes hidráulicos, además de endurecer en el aire como los demás, lo hacen también en medios húmedos e incluso sumergidos en agua. En 1796 se usan los primeros cementos naturales, mezcla natural de arcilla y caliza y a principios del siglo XX se introducen los artificiales. Las primeras construcciones de piedra se ejecutan a hueso, unidas con los conglomerantes de que hemos hablado antes. A estas piedras colocadas de manera irregular se les da el nombre de mampuesto , dando lugar a las fábricas de mamposterí a. Al mampuesto pequeño que se usa para calzar los de mayor tamaño se le llama ripio. La cara que queda a la vista se llama mampostería careada, y cuando se trabajan las juntas para su mejor encaje, hablamos de mampostería concertada. Mampostería careada Mampostería concertada. El sillar es una pieza de grandes dimensiones tallada en todas sus caras y la fábrica de sillería es la que se realiza con sillares. El sillarejo es una pieza intermedia entre el mampuesto y el sillar. Para las piezas mayores hace falta desarrollar técnicas de extracción de grandes bloques en canteras, bien a cielo abierto, en trinchera o en mina. Ya en la cantera se hacen divisiones en bloques y se desbasta, dando una primera forma a la piedra, usando herramientas como la almadena, la escoda o las picas de desbaste. La talla servía para conseguir tanto la textura como la dimensión exigidas por la arquitectura, y se hacía con el cincel, el puntero, la gubia o la bujarda. La construcción en barro se ha extendido por todo el mundo. Con los materiales vegetales originales se creaban estructuras rígidas para cubrir los espacios de los alojamientos. Estas cubiertas vegetales ya no se apoyaban en el suelo, sino en estructuras verticales formadas por entramados de postes de madera recubiertos de barro. Se fija una empalizada al suelo sobre palos, y encima de ellos las vigas de la cubierta, que a veces se apoya en un mástil central. Luego se coloca el material de la cubierta, ramas, paja, heno, brezo, bambú…Posteriormente el barro se mezcla con la paja, con estiércol de vaca o de vaca, y se logra una mayor consistencia. Pronto se empieza a construir de modo generalizado en barro, preparado mediante mezclas de tierra, arcilla y arena con agua. Las formas más comunes son: • Adobe, que es como un ladrillo crudo oreado y secado al sol • Tapial, una especie de conglomerado monolítico compuesto por tierras arcillosas, arcilla y agua que se construye sobre zócalo estable y aislante, casi siempre de piedra, empleando moldes y encofrados paralelos dentro de los cuales se aprisiona el barro por capas. Plinio habla ya de las excelencias del tapial y Vitrubio en sus Diez libros de Arquitectura , expone el modo de construir en adobe. En el sur de Marruecos hay muchas fantásticas construcciones de narro, los Ksars, a base de tapial sobre cimentación de piedra. Y en Hispanoamérica el adobe es la principal forma de construcción, llegando hasta California y Nuevo México, donde destacan estupendos recintos amurallados prehispánicos, como los de Cajamarquilla, Pachacamac o Chan Chan. En España se usa mucho en Tierra de Campos. El último paso de la evolución de la construcción en barro es mediante el endurecimiento de mezclas arcillosas que se cuecen, lo cual ya se había hecho en Mesopotamia, Asiria y Egipto. Primero se limpia la arcilla de restos vegetales y piedras, luego se le añade agua para humedecerla y se mezcla en artesas de poco fondo. El resultado; ladrillos, tejas o baldosas se colocan en cajas llamadas gradillas, que se lleva al secadero y luego al horno. El material mas usado es el ladrillo, que ha dado lugar al estilo mudéjar. Es un prisma de arcilla cocida de gran densidad y resistencia, con propiedades aislantes, tanto térmicas como acústicas, que se adapta a cualquier forma constructiva y resulta barato. Los romanos, alrededor del siglo III a. C descubren un material que revoluciona la manera de construir. Se trata de la argamasa romana , el opus caementicium , o sea, el hormigón o cemento. Sin embargo, no es estrictamente hormigón ni cemento tal y como ahora lo conocemos. Se trataba de un material compuesto de mortero de cal, con arena volcánica y de elementos pétreos, que al fraguar adquiría una consistencia que podía usarse no solo como relleno, sino como material de construcción en si mismo. En un primer momento se usaron grandes bloques de piedra, creando un muro falso de opus quadratum, pero más tarde se buscaron soluciones más ligeras, usando piezas irregulares o mampostería de sillarejo (opus incertum) o de ladrillo (opus testaceum o lateritium), y también mampostería regular reticulada (opus reticulatum). Este último se podía combinar con ladrillo, formando el opus mixtum. Pronto se empezó a emplear como barato sustituto de la piedra y gracias a él podían sustituir los costosos techos planos de madera por sencillas bóvedas. La argamasa romana se aplicó a las nuevas tipologías como teatros, termas o anfiteatros, y hasta a los acueductos. Otro de los materiales fundamentales en la construcción es la madera, por la facilidad de transformarse, por sus propiedades y por ser un buen aislante térmico y acústico. Hay maderas muy duras como el boj, la encina, el roble; duras como el ébano, el haya o el olivo; medias son la acacia, el alerce o la caoba, el castaño, fresno, pino o nogal, y blandas como el ciprés, avellano o chopo. Hay que tener en cuenta también que se trata de un material propenso a absorber y ceder humedad, y por tanto puede sufrir transformaciones. Su coeficiente de dilatación es muy pequeño y es un excelente aislante térmico. Pero también se trata de un material orgánico, y su durabilidad va a depender de su conservación y resistencia al ataque de hongos, crustáceos, insectos…Hay especies que duran más tiempo, como el alerce, el cedro o el ciprés, por sus resinas larvicidas, y la encina, el roble o la teka porque su abundante tanino favorece su conservación. En madera se han construido muchos de los edificios clásicos, tanto como estructura horizontal, de cubierta, como zunchos o atado de muros o incluso para elementos provisionales como andamios, cimbras o encofrados. Las construcciones más primitivas en madera eran simplemente troncos adosados, inclinados y unidos en la parte superior, y apoyados en el suelo sobre grandes piedras, formando una edificación sin paredes verticales cubierta a dos aguas. También se podían colocar troncos horizontales, entrelazados a caja y espiga en las esquinas, formando una estructura más ligera de vigas inclinadas para formar el tejado. Más tarde se adoptó la llamada parhilera, que es una cubierta a dos aguas cuyo extremo inferior se apoya directamente sobre la pared o muro, mientras que el extremo superior lo hace sobre una cumbrera. Cuando aparecen los metales se aumenta la posibilidad de la madera porque se facilita su labra y ensamblaje. En Grecia aparece la carpintería de armar y las primeras herramientas especializadas, lo cual es un enorme avance en el ensamblaje de la estructura que sustenta el edificio. Una de las formas más elementales es la cubierta a la molinera, usada para pequeñas luces, formada por palos o correas en dirección perpendicular a la pendiente y que se apoya en muros piñones sobre una pieza continuada de madera o durmiente. Luego está la cubierta de par y picadero, con la cumbrera El siguiente paso son las cerchas o cuchillos , un elemento estructural formado por dos piezas inclinadas, los pares, y otra horizontal, el tirante, que triangula el conjunto y garantiza que no se deforme. Cuando las luces aumentan se pasa a fórmulas más complejas, como el cuchillo de par y pendolón o el cuchillo a la española, llamado en América el montante maestro. Las construcciones griegas desarrollan plenamente este tipo de estructura de cuchillos de armadura vertical. La cubierta, vista desde el interior, es ventilada y bastante expuesta a incendios. La cobertura es de piezas de cerámica o de piedra y se completa con cornisas decoradas. Los espacios triangulares de la fachada que proporcionan los cuchillos dan lugar a los frontones clásicos, y las puntas de las vigas y tirantes horizontales conformarán las series de triglifos y metopas. En Roma hay soluciones más complejas de estas estructuras porque se incorporan las correas y se usa el bronce como material para los tirantes. Para cubrir luces menores se usan vigas inclinadas, sin tirantes, apuntaladas sobre tornapuntas en los muros de carga. Los forjados planos se realizan sobre viguería de madera, a veces dos planos de vigas cruzadas sobre los que se clavaba un tablero de roble y sobre él barro y fragmentos de tejas mezcladas con cal, para acabar con el pavimento cerámico o de piedra. En la Edad Media el problema suele estar en el tipo de uniones, sin clavos, que en general se resuelven con los sistemas de media madera, cola de milano y cajas y espigas. No existían cerchas trianguladas, como en las construcciones clásicas. Las grandes estructuras descansan sobre manguetas y piezas en voladizo que les permiten ir construyendo una estructura escalonada, reforzada por tornapuntas verticales inclinados y por arcos de madera, sobre todo para conseguir soluciones abovedadas complejas. La técnica de las construcciones con troncos que venía de Noruega se aplicó ya en el siglo XI en las iglesias de madera, con estructura de troncos completados con entramados verticales que se cubren y se decoran con madera. También existen construcciones de este tipo en el norte de Rusia, en casas, graneros o iglesias. Las formas de la arquitectura china provienen también de las estructuras de madera, y aunque se use también la piedra, el ladrillo o la cerámica, la de madera es la estructura dominante. Se sigue el método constructivo que se conoce con el nombre de doungong , que consiste en el ensamblaje de piezas de madera que dan como resultado techumbres en forma de pirámide invertida apoyadas en pilares, con aleros pronunciados y las puntas elevadas hacia el cielo. Estas techumbres se cubrían con teja cerámica que se solía pintar con colores simbólicos alusivos a la función del edificio. El uso del entramado fue una gran evolución técnica. Se trata de pilares verticales en varias plantas, combinado con vigas horizontales, pares de cubierta inclinada y arriostrado todo por elementos horizontales e inclinados, rectos o con formas. Los materiales utilizados entre los espacios entre maderas en las fachadas, tales como barro, adobe, ladrillo o entablados, se combinan con los utilizados en la cubrición: madera, piedra, pizarra, turba, brezo. Estas construcciones se encuentran diseminadas por distintos lugares de Europa, como Inglaterra, o zonas de la Alcarria por ejemplo. La construcción preindustrial .- Podemos hablar de dos grandes grupos: • Sistemas estáticos, basados en piezas rectas de gran formato, dinteles y arquitrabes, que se apoyan en estructuras masivas de muros y pilares • Estructuras dinámicas, que transforman los esfuerzos a flexión de las piezas, a través del diseño en arco, bóveda o cúpula, que se transmiten hasta las estructuras portantes a través de los componentes verticales que absorben muros o pilares y esfuerzos horizontales que se recogen por medio de contrafuertes. Se trata en definitiva de la arquitectura adintelada y la arquitectura abovedada. La construcción arquitrabada o la abovedada conforman el espacio interior. Al ordenarse los elementos formales, espacio y masa, se crea un dominio enteramente humano y finito dentro del ambiente infinito que es la Naturaleza. Por eso se puede definir el espacio dentro de la Arquitectura como la ausencia de masa : dentro de un edificio, el suelo, las paredes, el techo, todo es tangible y definido; mientras que el espacio es el vacío. La arquitectura adintelada es cerrada y sólida, una arquitectura de volúmenes dominada por la masa y no por el espacio. Los primeros ejemplos son las formaciones megalíticas, como por ejemplo la de Stonehenge. La arquitectura religiosa o funeraria de Egipto usa el mismo sistema: inmensas salas hipóstilas, salas de enormes columnas que encierran el espacio entre muros e inmensos bloques de piedra como dinteles. Los mesopotámicos construían templos con muros exteriores de ladrillo y tejados planos sobre vigas o dinteles de madera. Las mezquitas musulmanas o los palacios persas también desarrollan una arquitectura adintelada, en la que un muro y un bosque de columnas de piedra dominan el espacio vacío. En la arquitectura griega el espacio interior se resuelve como una gran sala rectangular de techo plano sostenido por líneas de columnas regularmente dispuestas. Se preocupan de conseguir una organización armoniosa y racional del cerramiento. Las columnatas de los distintos órdenes: jónico, dórico y corintio conforman las fachadas y sustentan grandes dinteles de piedra bajo triglifos y metopas, y sobre ellos suele haber frontones y cornisas esculpidos. Ya con el imperio romano llega la arquitectura abovedada como una nueva fórmula para cubrir los espacios. Aparecen el arco, la bóveda y la cúpula, que hacen olvidar las estructuras horizontales de madera o de piedra, y por eso se pueden construir edificios mucho más grandes. Se crean espacios interiores diáfanos, cada vez más grandes y liberados de los gruesos paramentos por la apertura de grandes vanos que sirven de iluminación. Todo ello se cubre con superficies cóncavas situadas a gran altura, bóvedas y cúpulas cuyo punto focal se encuentra en el interior de la estructura y no en el exterior. Se usan en la construcción sillares, ladrillo u hormigones a base de morteros. Ejemplo de cúpula es el Panteón de Roma ., que tiene un diámetro de 43,50 metros e igual altura. Es un enorme recinto circular con gruesos muros de ladrillo para soportar los empujes horizontales, y sobre ellos se levanta la inmensa cúpula construida por sucesivos vuelos de placas de hormigones aligerados con árido de piedra pómez. Las bóvedas paralelas permiten la elevación de varias plantas sobre arquerías con un reparto de esfuerzos en pirámide, como es el caso del Coliseo de Roma o la basílica de Constantino, que consta de una gran nave central cubierta por bóveda semicircular y naves laterales con bóvedas perpendiculares a la principal para absorber los empujes horizontales, por lo cual la gran bóveda central solo necesita como apoyos verticales unas columnas adosadas reducidas a pilastras. La arquería posibilita equilibrar los empujes horizontales reduciendo los esfuerzos a verticales en las fachadas o en los espacios interiores, casi libres de estructura vertical, con enormes superficies donde el vacío domina el paramento macizo. Permiten también salvar grandes luces con estructuras conformadas por elementos portantes de secciones reducidas, como sucede en los acueductos, tales como el de Nimes o el de Segovia. Los romanos son maestros en la construcción de arcos, bóvedas y cúpulas y abrieron nuevas posibilidades espaciales que permitieron evolucionar la arquitectura durante la Edad Media. En el período románico se universaliza la sustitución de las armaduras de madera por bóvedas corridas, semicirculares o de medio cañón sobre las naves, y se adopta el arco de medio punto para las arquerías y huecos de las fachadas. Se usan de manera masiva elementos que trabajan a contrapresión. El estilo gótico no hace sino usar y desarrollar las anteriores soluciones. En esta estructura la base es la concentración de los esfuerzos de las cubiertas en puntos concretos, mientras que en el románico el peso de las bóvedas se repartía a lo largo de los muros sustentantes. El gótico usa las bóvedas nervadas que permiten liberar los muros y hacer grandes ventanales. En el Renacimiento reaparece la arquitectura clásica y se estudian de nuevo las reglas de Vitrubio. Se enfatizan las ideas modulares, las ideas de proporción y simetría, y se resucitan los órdenes clásicos. Palladio, Alberti, Serlio o Vignola son los teóricos del momento. Nacen arquitecturas horizontales, centradas y simétricas, que se resuelven mediante soluciones arquitrabadas o adinteladas, con superposición de arquerías de Tema I. Técnicas y medios artísticos. María Isabel Espiñeira Castelos. UNED curso 2011-12 16 distintos órdenes y cubriciones planas de madera. Las cúpulas se usan para cubrir los espacios centrales de las plantas o los cruceros de las iglesias. Podemos poner como ejemplo la de Brunelleschi en Santa María dei Fiori. El Barroco utiliza los mismos elementos y lenguaje de la época renacentista, básicamente. El desarrollo de la decoración se centró en el tratamiento de los yesos, estucos, pinturas, azulejos o trabajos de labrado de piedra y sillerías. Los muros de carga, arquerías o sucesiones de pilares, resueltos con lenguaje clásico, soportan techos planos de madera o cúpulas, y perviven hasta la aparición de los materiales modernos, tales como acero, hormigón… Los efectos de la revolución industrial se dejan sentir en la utilización de nuevos materiales como el hierro fundido o el hormigón, y en el desarrollo de nuevas edificaciones que pretenden dar salida a las nuevas necesidades de la población. Aparecen nuevas tipologías como fábricas, bibliotecas, museos…además de otras tipologías que evolucionan como los hospitales, cárceles, manicomios, mercados o galerías comerciales. En el siglo XIX, cuando aparecen los altos hornos, aparece el hierro fundido y cambian las estructuras portantes de los edificios, al posibilitar salvar grandes vanos con piezas rectas, lo cual permite el racionalismo constructivo. Cuando se descubren los cementos artificiales ya no existen limitaciones en el diseño de las estructuras. En el siglo XVIII aparece el hierro fundido. Aunque era un material conocido desde la Prehistoria, apenas se había usado en construcción. El mismo Alberti recomendaba en el Renacimiento usar materiales en su estado natural, como la piedra. Miguel Ángel empleó el hierro en zunchos para ensamblar la cúpula de San Pedro del Vaticano, aunque se tratase tan sólo de simples elementos de trabazón. El hecho de que apenas se haya usado el hierro en construcción se debe a que era costoso construir con él y era poco resistente a algunos cambios atmosféricos. La revolución industrial vendría a cambiar todo esto. El primer efecto de la industrialización fue la extensión del uso del ladrillo, aunque la auténtica revolución fue el hierro. Las primeras estructuras metálicas complejas se montan a mediados del siglo XIX. Después del incendio de las cubiertas del Teatro francés de Paris, Víctor Louis hace una estructura de hierro sobre la que asentar la Tema I. cubierta. Poco a poco se va usando para muchas cubiertas en edificios públicos, como teatros o grandes almacenes. En 1818 se aplicará en el Royal Pavilion de Brighton, donde Nash proyecta una fantasía de estilo indio rematada con una cúpula en forma de bulbo, sostenida por una estructura de columnas de hierro. Más tarde se realizarán estructuras como la del Hall Central de Paris o el Palacio de Cristal de Paxton, en la exposición de Londres. Ambos están construidos en hierro y cristal. El edificio londinense establece una nueva relación entre los medios técnicos y las finalidades representativas y expresivas del edificio. Se crea un nuevo espacio arquitectónico que rompe con la opacidad, y a la manera de las catedrales góticas, los muros se hacen transparentes, enlazando interior y exterior. Las bibliotecas Nacional y de Santa Genoveva en Paris, junto con la cúpula de la Ópera, además del Museo de la Universidad de Oxford o las estaciones de San Pancracio de Londes y de Atocha en Madrid son estructuras muy del momento. Pero el punto cumbre se alcanzará con la Torre Eiffel, construida para una Exposición Universal. El vidrio es un mineral que se obtiene por la fusión a altas temperaturas de una mezcla de arena y carbonato sódico o potásico, con pequeñas cantidades de carbonato cálcico, magnesio, aluminio. Se modela caliente cuando la pasta está fluida y desde el siglo XV se llamó cristal al producto más transparente y puro. Al principio su uso se limitaba a la creación de piezas artísticas, pero en el siglo XIX se incorpora a la construcción. Poco a poco van aumentando los vanos en los edificios hasta llegar a la construcción de muros de cristal. El vidrio plano es el usado en vidrieras y aparece por primera vez en la ciudad de Pompeya. Se trabajaba con la técnica del soplado, estirándolo con pinzas, o con la llamada corona de vidrio, que consiste en hacer rotar una burbuja de vidrio soplado hasta lograr una placa delgada en forma de disco. El problema era que se conseguía un vidrio de escasa calidad. En el siglo XVII se logró una nueva técnica de elaboración de vidrio, que se vertía fundido sobre un molde y se aplanaba con un rodillo metálico para luego pulirlo con arena de cuarzo. Su uso en arquitectura se hizo decisivo porque posibilitó el desarrollo de los vanos en fachadas y la mejora de los sistemas de aireamiento y luminosidad de interiores. En el siglo XIX los procesos industriales de fabricación aumentan su calidad, transparencia y dimensiones. En construcción son decisivos a este efecto Paxton y Turner, con sus invernaderos de cristal. La construcción de pabellones de cristal en las diferentes exposiciones universales o el desarrollo de los rascacielos afianzó la técnica del vidrio, mientras que las tesis de Paul Scheerbart en Arquitectura de Cristal establecen las bases teóricas de un nuevo lenguaje arquitectónico. Los paramentos se convierten ahora en “muros cortina” apoyados en estructuras de hierro y hormigón. El uso del cristal ha cambiado el concepto arquitectónico y la relación interior- exterior. El hierro fundido se desarrolló de manera notable y a finales del siglo XIX se produjo un descubrimiento trascendental, el acero, producto elástico y muy resistente, que deja atrás al hierro fundido. El hormigón aparecerá en 1849, descubierto por Monnier, aunque no se aplica en arquitectura hasta 1883. El estupendo comportamiento a flexión de los aceros hace que este material sustituya a todos los conocidos hasta el momento. Ya no existen limitaciones en el diseño de estructuras, tanto verticales como horizontales, y se construyen edificios de alturas imponentes, al tiempo que se salvan vanos con luces rectas, lo que da lugar a interiores de grandes dimensiones, libres de estructuras. El cemento artificial es obtenido por calcinación hasta el punto de fusión de mezclas de calizas y arcillas con clinker, compuesto vitrificado de silicatos, aluminatos, ferritos, cal, magnesia…Estos cementos conservan el nombre de Portland, el lugar donde se prepararon por primera vez. El tiempo de fraguado varía entre una y doce horas. Los morteros y pastas de cemento artificial han sustituido a los conglomerantes históricos anteriores. Aunque el hormigón es el compuesto que ha hecho posible el desarrollo sin límites de la construcción. El comportamiento del hormigón después de su fraguado es similar al de las piedras naturales. Dentro de los hormigones están: o Los hormigones en masa, que reúnen los componentes usuales del hormigón y se conocen con el nombre de normales cuando el árido tiene una granulometría continua, ciclópeos cuando se le mezcla con mampuestos de gran tamaño, aligerados cuando se obtienen con áridos como la piedra pómez. o Los hormigones armados están formados por la inclusión de armaduras metálicas, de aceros de resistencia normal, en su masa, destinadas a absorber los esfuerzos a tracción provocados por necesidad de esfuerzos de flexión. El descubrimiento del hormigón armado dio lugar a una enorme cantidad de investigaciones arquitectónicas, la primera de los cuales son los rascacielos de las ciudades americanas. Estos edificios cambian el concepto tradicional de vivienda y se impone la masificación. Con el nuevo siglo llega la Escuela de Chicago, que en la nueva tipología del rascacielos logra la combinación perfecta entre la mampostería de piedra en la fachada y la estructura interna de hierro. El acero se convirtió en el esqueleto de los edificios, que se levanta rápidamente y sobre él se dispone el cerramiento. Con esto se soluciona tanto la escasez de terreno de las ciudades como de tiempo. La arquitectura del siglo XX imprime las líneas definitivas de su posterior desarrollo. Establece el desarrollo sin límites de la potencia estructural de las edificaciones y consolida el racionalismo arquitectónico. BIBLIOGRAFÍA: • Técnicas y medios artísticos (UNED) • www.artehistoria.es

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