InicioApuntes Y MonografiasLa emperatriz roja


Inicios.



Nació con el nombre de Lin Yunhe, en la ciudad de Zhu, en mayo de 1914. Era hija de la última concubina de su padre, que contaba ya con sesenta años cuando nace la niña; y nunca tiene demasiada importancia en la casa. Aunque en su biografía ella habla de su padre como de un proletario, está mintiendo, como tantas veces en su vida, disfrazando la realidad de la manera que mejor le conviene. Su padre no es rico, pero tampoco pobre, pues posee negocios y una carpintería en la ciudad, donde tiene una buena casa y varias concubinas, además de la primera esposa. Pero también es un hombre cruel y violento, que se emborracha muy a menudo y maltrata a la hija y a la madre. La niña le teme, y se esconde cuando escucha sus pasos en el zaguán. Quizá uno de los motivos de las palizas se deba a que la concubina le ha dado una niña, que en la sociedad china apenas tiene el valor de un animal, y en ocasiones incluso menos. La madre intenta que la hija no sea rebelde, pero esa niña no se deja dominar fácilmente por nadie, y a los golpes furibundos de su padre borracho, se unen los escobazos de una madre que intenta domeñar la rebeldía de alguien que nació para ser sumisa y obediente con los hombres. En el fondo de su corazón, y aunque hubiese deseado tener un varón, la madre la quiere, y desea lo mejor para ella. Por eso le venda los pies cuando es aún pequeña, porque es el único camino de una niña que promete ser bonita, para convertirse en la concubina, o en el mejor de los casos, la esposa, de un hombre rico. No importa que apenas pueda caminar, o que tenga que sufrir unos horribles dolores que amenacen su cordura. El dolor pasará al cabo del tiempo, y no necesita caminar; los criados de su esposo la llevarán en un palanquín. Per Yunhe no es una niña cualquiera. No se deja dominar por el miedo, y ni las amenazas ni las palizas de su madre la someten. Le dice, por el contrario, que se dejará morir de hambre si no le sacan las vendas de los pies, que ya se han infectado y rezuman pus a través de las gasas. La madre se asusta y le quita las vendas. Pero ella recordará toda su vida, dormida y despierta, esos terribles dolores que asolaron una corta etapa de su infancia.
Más o menos cuanto tiene ocho años, ella y su madre abandonan la casa, después de una paliza especialmente brutal por parte del padre. Se mudan a otra ciudad, para evitar que las encuentren y las obliguen a volver. La madre trabaja en lo que puede, a veces de criada y en otras ocasiones no le queda más remedio que prostituirse para poder comer. Es también una época difícil e insegura en lo político, y a menudo Yunhe escucha disparos cuando se queda sola por las noches, mientras su madre trabaja. Y se tapa los oídos con las manos para no escuchar más. Con el paso del tiempo y la vida complicada que lleva, su madre enferma y se queda sin trabajo. Nadie quiere una criada que apenas se sostiene en pie, y ningún hombre desea acostarse tampoco con una mujer que se ha convertido en un saco de huesos. Aunque no tiene buena relación con su familia, no le queda más remedio que volver a su casa de origen, en la provincia de Shandung. Yunhe se encuentra con la agradable sorpresa de que su abuelo es un anciano culto y amable, que le enseña a amar la ópera, la poesía y el teatro. También la abuela se queda prendada de la niña y la trata con un cariño que ella nunca había conocido. Va a un colegio de niños ricos, aunque sus abuelos apenas se lo pueden permitir. La madre de Yunhe se recupera pronto de su enfermedad, que tal vez solo era cansancio y hastío de vivir; y se vuelve a casar, con lo cual ya se desentiende totalmente de la hija. Yunhe se siente cautivada por la ópera, y su abuelo se arrepiente de haberle abierto los ojos a este nuevo mundo cuando ella le confiesa que quiere ser artista. Como no se lo permiten, no lo piensa dos veces y se escapa de la casa de sus abuelos, que había sido la única que pudo llamar hogar. Empieza trabajando de criada en un teatro, sirviendo a las actrices principales. Y como es hermosa y muy inteligente, en una ocasión le dan un papelito sin importancia en una obra. Pero como de momento no cuenta con más oportunidades, se siente tan defraudada, que cuando su abuelo la va a buscar, accede a volver con él. Tampoco en esta ocasión resiste mucho tiempo, pues cuando se da cuenta de que pretenden concertar para ella un matrimonio, se vuelve a escapar de casa. Entra en una compañía de teatro del sur de la provincia, y no tiene reparos en compartir la cama del director teatral, un hombre casado y con edad más que suficiente para ser su padre.



Será este director, Zhao Taimo, quien le enseñe muchas de las cosas más importantes que sobre el teatro aprendió, aunque más tarde ella se niegue a reconocerlo. Era un hombre de ideas modernas y occidentales, casado con una actriz de ópera de éxito, de nombre Yu Shan, a la que la joven principiante adora, aún a pesar de que no tiene empacho en acostarse con su marido. Es en la casa del matrimonio donde conoce a los primeros comunistas que entran en su vida, y se siente atraída por su valentía y arrojo al enfrentarse al régimen establecido. Al principio se limita a escuchar en silencio sus debates, porque no sabe apenas nada de política, pero pronto ella misma también se atreve a exponer sus ideas en público. Le gusta el teatro y se esfuerza por aprender, incluso practica artes marciales porque le han dicho que le conviene. Está tan obcecada en ser una buena actriz que actúa hasta en su vida privada, donde se muestra en todo momento teatral y exagerada. Por fin le llega una oportunidad, en una ocasión en que la primera actriz cae enferma de gripe y no hay quien la sustituya. Yunhe se ofrece a hacerlo, y aunque el director duda, no encuentra otra oportunidad mejor. Sale al escenario y la actuación es un éxito total. El público se levanta para aplaudir y varios críticos que ven la obra alaban a la joven promesa. Pero la alegría dura poco, porque en 1930 tienen que cerrar la compañía y la academia de teatro, por problemas financieros, pero también por la complicada situación política. Yunhe no sabe adonde acudir; su madre no ha dado señales de vida desde su nuevo matrimonio, y con sus abuelos no quiere volver, porque en el caso de que ellos la aceptasen, la obligarían a casarse. Consigue reunir el suficiente dinero para pagarse un billete de tren hasta Pekín, pero ni siquiera habla correctamente el chino mandarín, y no encuentra nada en la capital. A los dos meses de estar allí no tiene otra alternativa que agachar la cabeza y volver a casa de sus abuelos. Tiene 17 años cuando la casan con un pequeño comerciante llamado Fei y como es la costumbre, va a vivir a casa de sus suegros. No es feliz, no ama a su marido y ni siquiera le atrae físicamente, con los cual los encuentros sexuales son para ella una tortura. Es ahora cuando empieza a entender un poco a su madre y todo lo que ella ha tenido que pasar. Las cosas con su suegra van de mal en peor, y aunque el marido intenta mediar, no hay entendimiento. La anciana quiere una nuera sumisa, y Yunhe puede ser cualquier cosa menos eso. Se divorcia y se marcha, y en el futuro no volverá a nombrar más a su primer esposo. Tiene 18 años y ya es una mujer divorciada y desengañada de la vida. Por fin encuentra de nuevo a Zhao Taimo, que ocupa el rectorado de la universidad de Shandung; pero se niega a prestarle ayuda, y ella recurre a su esposa, quien le consigue un puesto de ayudante en la biblioteca universitaria.
Será en este trabajo y en la universidad donde conoce al hermano de su protectora, Yu Quiwei, secretario del Partido Comunista universitario. Y lo primero que le llama la atención es su elegancia y apostura. Empiezan a verse cada vez más a menudo y de vez en cuando van al teatro o salen a pasear por el campus. Se enamoran como los dos jóvenes que son, y es ahora cuando ella descubrirá por primera vez lo que es hacer el amor con un hombre a quien se ama. La situación china, por otra parte, se complica, pues ya son varias las provincias ocupadas por los japoneses; y es entonces cuando deciden casarse, aunque ya han vivido juntos durante un tiempo. Ella colabora en el partido, por amor a su marido más que por propio convencimiento; y sigue trabajando en el teatro, sobre todo en hombres que critican al invasor japonés. Ella, que ha sido siempre reivindicativa de la independencia femenina, ama tanto a este hombre que le cuida como una madre, le sirve en la cama como una amante, le acompaña como una camarada del partido; vive solo para él. Ingresa formalmente en el Partido Comunista en 1932. Pero la felicidad les dura poco, porque Yu es encarcelado. Chang Kai Chek se ha vuelto en contra de los comunistas y les persigue sin tregua. No hay noticias y su esposa cree que le han ejecutado. De hecho, se viste de blanco, el color del luto en China. Pero a Yu le ponen en libertad seis meses más tarde y decide volver a casa sin avisar, para dar una sorpresa a Yunhe. La sorpresa, y grande, se la lleva él cuando la encuentra con otro hombre. Se marcha sin decir nada, profundamente dolido al comprobar lo rápido que ella le ha olvidado. También Yunhe se siente avergonzada; tanto, que se marcha a Pekín para emprender una nueva vida. Allí se reencuentran de nuevo e intentan una reconciliación, pero solo les une el sexo, que siempre había funcionado bien entre ellos. Yu ya no la ama, aunque le ayuda a que encuentre un trabajo. Se ha enamorado de otra mujer; y hasta el último día de su vida, Yunhe la odiará, y se lamentará de lo perdido. Para intentar olvidarle, se marcha a Shanghai, que es un lugar diferente a todos los demás, donde las mujeres se visten a la moda occidental y llevan tacones. Pero a pesar de la belleza y elegancia de la ciudad, ella se aloja en un lugar inmundo, donde las cucarachas y las ratas corren por el suelo. Tiene problemas para encontrar trabajo, y aunque ha perdido interés en las soflamas comunistas, la detienen cuando camina por una calle apartada.
La mantienen en una celda durante dos largas semanas y periódicamente la apalean y le sumergen la cabeza en agua hasta que casi no puede respirar. Le piden que de nombres de comunistas, pero ella no conoce a nadie. Al final la ponen en libertad, pero con la condición de que firme un papel en donde renuncia a las ideas comunistas. Firma sin la más ligera vacilación, aunque luego, cuando esté en la cumbre del poder, lo niegue. Dirá que la han puesto en libertad porque la suerte estaba de su parte. Quiere romper con todo su pasado, y para ello nada mejor que cambiarse el nombre. Adquiere uno nuevo, muy sonoro: Lan Ping, Manzana Azul. Busca trabajo desesperadamente, aunque sin demasiada suerte. En el mes de junio va a otra prueba más, esta vez para la obra de Ibsen Casa de Muñecas; y contra todo pronóstico, al director, Zhan Ming, le gusta esta joven resuelta y le da el papel de Nora, la protagonista. Se trata de un ama de casa occidental, madre de tres hijos, bajo el disfraz de la abundancia, pero que en el fondo vive supeditada a su marido, Thorval. Es una mujer, al fin y al cabo; y Lan Ping no tiene dificultades para hacer el papel. Ella sabe bien lo que es estar dominada. El papel masculino está representado por el gran actor Zho Dang, con el cual ella no se lleva bien, sobre todo porque él no cae rendido ante sus encantos y a menudo la ridiculiza. Bien caro lo pagará, bastante más tarde. La noche del estreno sorprende gratamente a la crítica, que descubren a una nueva promesa. Dicen de ella que es la voz del pueblo. Es entonces cuando conoce a Tang Nah, culto y de educación occidental, que se enamora de ella cuando la ve interpretar.
Debido al éxito de “Casa de Muñecas”, Lan Ping piensa que puede pasar a la industria del cine, pero se trata de un mundo bastante distinto en el que ella no encaja. Por otra parte, a pesar del éxito de la obra teatral, o más bien debido a ello, el gobierno la censura. Cuando Lan Ping lucha por hacerse un hueco en el cine, Tang Nah la aborda un día en la calle, y como trabaja en un periódico, ella teme despacharle con una disculpa. Empiezan a salir juntos de vez en cuando, y descubre que puede aprender mucho al lado de este hombre culto, dulce y paciente. Pero si a su segundo esposo le había amado con locura, será Tang quien la ame a ella por encima de todo lo razonable. Le presenta al director de cine Junli, y ella espera que le ofrezca una oportunidad en una de sus películas. Entre tanto, Tang procura educarla, transformarla en una mujer moderna, e incluso pretende enseñarle inglés. También la introduce en el mundo del arte, y la lleva a ver exposiciones. A pesar de que son tan distintos como el día y la noche, deciden vivir juntos, aunque pronto empezarán a sufrir las discusiones de la vida diaria. Debido a sus opiniones políticas, él se queda sin trabajo, y le cuesta mucho volver a encontrar otro. Está acostumbrado al lujo y no quiere renunciar a él; así que vive de lo que le prestan sus amigos, con lo cual ella no está de acuerdo. Lan Ping hace la maleta para dejarle, pero renuncia cuando le ve llorando como un niño pequeño, quizá porque era la primera vez que veía llorar a un hombre; esos seres que ella pensaba que carecían de sentimientos. De todos modos, poco después se da cuenta de que la convivencia es imposible. Esa será la primera vez que Tang intente quitarse la vida, y La Ping va de nuevo a vivir a su casa para cuidarle, aunque se niega a compartir su cama; y él se busca una amante que la sustituya. Lan Ping es egocéntrica y se cree insustituible y no le perdonará nunca lo que ella considera una gran afrenta; y para no pasar por la humillación de que otra la sustituya, accede a casarse con él, aunque sabe que esta boda está condenada al fracaso desde su mismo inicio.


Llegada de Mao a su vida



Con la boda también espera Lan Ping que Junli, amigo de su esposo, la ayude para destacar en el cine, pero él la odia desde el primer momento en que la ve, porque le parece una mujer demasiado interesada. Ella se cuidará de castigarle cuando tenga el poder. Como ninguno de los recientes esposos consigue trabajo, tampoco hay dinero para pagar las facturas, y durante algún tiempo viven de la caridad de los amigos. Son infieles mutuamente y poco después de su boda, ella se va de casa y permanece escondida para que su marido no la encuentre. Aunque intenta de nuevo suicidarse, Lan Ping renunciar a volver con él. Y parece que alejarse le da suerte, porque consigue papeles para dos películas; “Sangre en la montaña del lobo” y “El viejo solterón Wang”, las dos abominando de los japoneses. Pero en el verano de 1937 la ciudad de Shanghai es ocupada por tropas niponas, y cierran todos los cines y teatros. Lan Ping se refugia en casa de Zhang Ming, y su mujer, al darse cuenta de cual es la naturaleza de su relación, le abandona. Al final, tiene que huir de la ciudad, ya no le vale ni la ayuda del director, y se refugia en Yenan, donde oye hablar por primera vez de Mao, que para muchos campesinos ya es una leyenda. Se une al Partido Comunista y por casualidad, cuando descansa en el camino junto a sus compañeros, pasa por allí el coche de Mao, y es cuando le conoce, aunque fugazmente. Hay muchas versiones de cómo fue este primer encuentro, y nunca se ha podido saber cual es la verdadera. Pero antes de tener relaciones formales con Mao, las tiene con Kan Shen, uno se sus más importantes lugartenientes, quizá el que mayor afinidad tenía con él. Cuando se conocen, ella tiene 23 años y él 52, y los dos son naturales de la provincia de Shandung. Por él se entera de que su segundo esposo, Yu Qiwei, ocupa el cargo de secretario general del Partido, pero aunque se ven a menudo, las relaciones son bastantes frías, al menos por parte de él. Kan Sheng y ella se hacen muy buenos amigos, por más que él a la hora de su muerte hable de la que fue su amiga y tal vez algo más, como una mujer despiadada y traidora. Lan Ping quiere ser como las demás muchachas campesinas, pero ha sido criada de manera distinta, y todos se burlan de ella y la llaman señorita burguesa. Pide ayuda a su amigo Kan y consigue que la trasladen a otro lugar. También le aconseja que estudie a fondo la obra de Mao para entender su pensamiento y saber la actitud correcta que debe tener una buena comunista. Actúa en una ocasión en una función donde se interpretan las obras de Mao, y lo hace ante él; e incluso, con la ayuda de Kan, le saluda cuando acaba la función.
Mao es alto y tiene aspecto de campesino; de hecho incluso lleva zapatos hechos con paja de arroz. Ella acude a todas sus conferencias y se hace visible, intentando que él repare en su presencia. Pero existe un problema, y es que Mao está casado, con una mujer que le ha acompañado en la Larga Marcha, y que le ha dado seis hijos, aunque solo una hija haya sobrevivido. El matrimonio ya está prácticamente roto, pero no encuentra la manera de librarse de Zhi zhen. Es Kang Sheng quien gestiona un encuentro privado entre Lan Ping y Mao, con que el pretexto de que hay puntos de la última conferencia que la joven no entiende. Todavía no se acuestan juntos; se limitan a cenar y charlar. El le escribe poemas y poco a poco se va enamorando; y no tardará en hacerse imprescindible. Lan Ping es lista y juega muy bien sus cartas; le enardece con caricias pero luego no le permite continuar; porque aduce que le entran remordimientos al recordar que es un hombre casado. Le dice que ella no será nunca una mera concubina. Siguen meses con este tira y afloja; y Mao no se decide a dar el paso y deshacerse de su segunda esposa, porque teme las críticas de la gente que le rodea. Cuando atacan el lugar en que se refugia, él tiene que huir de los seguidores de Chang Kai Shek, y cuando ella acude a despedirle, cede a sus deseos y acaban en la cama. Ahora ya no tiene objeto que se haga la interesante por más tiempo y se va con él. Aunque Chu Enlai y otros de sus compañeros le aconsejan que acabe con esta relación ilícita, Mao está demasiado atrapado por esta jovencita seductora y se niega a volver con Zhi zhen. A Lan Ping todo el mundo le hace la vida imposible, y aburrida, acaba marchándose; y Mao va a buscarla para que regrese a su lado. Le promete que se casarán, y es entonces cuando Kan Sheng saca a la luz aquel documento de renuncia al comunismo que firmó en 1934 para salir de la cárcel. Ella sabe que eso puede significar su fin, y acabar con los planes de boda. Se ponen de acuerdo y negocian; Kan Sheng promete hacer desaparecer el documento, pero a cambio ella deberá intervenir por él ante Mao, ya que están algo distanciados desde hace un tiempo. La joven toma nota mentalmente del peligro que esconde este hombre y se promete a si misma que intentará destruirle si algún día tiene poder. Cuando se da cuenta de que está embarazada le exige a su amante que se divorcie para poder desposarla. No quiere que su hijo crezca como bastardo. El partido no ve esta boda con buenos ojos, pero acaban cediendo, aunque imponen a la futura esposa unas duras condiciones; entre otras cosas que se aparte de los asuntos de Mao y no aparezca con él en público. Se enfurece, pero no le queda más remedio que aceptar. Mao deja constancia por escrito de sus sensaciones durante la Larga Marcha, y Lan Ping le ayuda a dar forma a esos pensamientos. Con su boda, cambia de nombre, y pasa a llamarse Jian Qing, que significa “Río Verde”. Pero la gente que la rodea la mira con prevención; para todos es una interesada que ha usurpado un puesto que le pertenecía a otra mujer. Por más que ella se esfuerce en mostrarse como una esposa sumisa y digna, los que la rodean saben que simplemente está actuando.



Maternidad


Jiang Qing tiene una niña, a quien ponen por nombre Nah. Para ella es su primera hija, pero su marido tiene cuatro de sus dos anteriores matrimonios. Ella intenta participar en la vida política, no se resigna al papel de madre y esposa; pero Mao no le permite que se aparte un ápice de la senda que para ella ha trazado el partido. Para animarse, decide aprender a montar a caballo, y da largos paseos, para evitar así los pensamientos negativos que tanto la dañan. Empieza a echar de menos los escenarios y su antiguo trabajo de actriz. No le basta con ocuparse tan sólo de su hija. Espía los papeles del escritorio de Mao, y a escondidas sigue la trayectoria de la guerra. Pero cuando insinúa ante su marido que la señora Roosvelt aconseja al presidente, él la mira fríamente y en un gesto de desprecio, no le contesta. A veces ella se siente como si no fuese más que una doncella de servicio, una puta y un ama de cría. Quiere formar parte del congreso del Partido, pero aún siendo la mujer de Mao, se lo tiene que ganar; tienen que investigar su pasado. Teme que vuelva a salir a la luz aquel documento que firmó en la cárcel. En el interrogatorio se siente acorralada, y está a punto de dejarse vencer, pero Kang Sheng acude en su defensa, y en el discurso que pronuncia la hace quedar como una heroína que ha dejado a un lado una vida prometedora de éxitos artísticos, para luchar al lado de Mao y sus ideas, es decir, para vivir por y para el Partido Comunista. Cuando acaba la IIGM empieza en China una verdadera guerra civil, que enfrenta a Mao con Chang Kai Skek; y el primero está en inferioridad de condiciones, aún contando con el apoyo de Stalin. Jian Qiung y su hija sigue a Mao en las campañas militares; pero ella se ha sentido a menudo agraviada al comprobar que su marido no discute con ella sus proyectos militares ni políticos, pero los comparte con otras mujeres. La ofensa es mayor que si le sorprendiese en la cama con una amante. En 1948 Mao gana la guerra y se convierte en el nuevo emperador de una también nueva China. Se instalan en Pekín, al lado de la Ciudad Prohibida, y a ella le corresponde en Pabellón del Silencio. ¿Será un aviso, una premonición?
En la Ciudad Prohibida, Mao y su esposa guardan las apariencias delante de la gente, pero el hecho es que ocupan palacios separados y ella ya no sabe como llegar a su marido. Hasta el sexo con Jian Qing ha dejado de tener interés para Mao. A este tormento se suma el hecho de que se encuentra enferma; le detectan un quiste en el útero y ha de viajar a Rusia para que se lo traten. Sabe que es esencial para su salud pasar allí un tiempo, pero teme que en su ausencia Mao se vea con una mujer llamada Fairlyn, una escritora de ideas comunistas que hace tiempo ronda al presidente. Cuando vuelve de Rusia, en efecto, esta mujer es asidua visitante de Mao, y hay ocasiones en que él le muestra parajes de la Ciudad Prohibida, pero nunca la invitan a ella a que les acompañe. No puede menos que sentirse profundamente humillada, aunque no vencida. Pero está sola, sin amigos, solo cuenta con Kang Sheng, a pesar de que no se fía por completo de él. Pero a lo largo de toda la década de los cincuenta, se poyan mutuamente; y él le proporciona una lista de las personas que conspiran contra ella, para que pueda protegerse. Jian Qing puede soportar que Mao ya no la ame, pero no que la aparte de su posición de primera dama. A ella no se la puede relegar al simple papel de ama de casa y anfitriona. Poco a poco va siendo asidua en la casa de Kang Sheng y su mujer, una mansión fabulosa, que había pertenecido a uno de los eunucos más importantes de la emperatriz viuda. Kang Sheng le cuenta que Mao tiene, no una, sino múltiples amantes; jóvenes aldeanas que llegan a la ciudad y ven como un tremendo honor que sea su presidente quien las desflore. Porque ahora que se hace mayor, a Mao le pierden las muchachas vírgenes. Y es también Kang Sheng quien le confía que el presidente está afectado de sífilis, y es renuente a recibir los tratamientos preceptivos. Ella teme que le haya contagiado, a pesar de casi nunca hay ya sexo entre ellos. Pero, al menos de momento, está limpia.
Jian Qing tiene un espíritu cultivado, y disfruta con el arte y las hermosas estancias de la Ciudad Prohibida. Le agrada especialmente refugiarse en la Terraza de las Peonías, mandada construir por la emperatriz Tzu Shi casi al final de su vida.

En la Ciudad Prohibida



Para deshacerse de sus temores y negros pensamientos, decide estudiar la historia de la Ciudad Prohibida y de las gentes que en ella moraban, al menos de los últimos. Empieza a verse a sí misma representando el papel de la poderosa emperatriz viuda; y es que echa de menos actuar encima de un escenario, sentir el calor y el aplauso del público. Por otra parte, siente envidia y celos de la esposa de Chu Enlai y de la del vicepresidente Liu, sobre todo porque son amadas por sus maridos, y ella solo tiene de Mao desprecios y humillaciones. No lo entiende; ellas no son ya jóvenes ni hermosas, pero sus maridos las siguen queriendo. La esposa de Chu Enlai no se atreve a desafiarla, y la trata como si fuese la reencarnación de la última emperatriz. No ocurre lo mismo con Wang Guang mei, la esposa del vicepresidente, que se atreve en ocasiones a usurpar las funciones de primera dama. Ella la ve como una ladrona y una usurpadora, y preparar una venganza proporcional al daño que le está causando.
Kang Sheng le cuenta a Madame Mao que su marido se ha enamorado de una jovencita muy inteligente que puede resultar una amenaza para su posición. Se trata de la actriz Yun Zhu. Jiang Qing sabe que ha llegado el momento y debe empezar a mover sus hilos si no quiere perderlo todo. Pero no le resulta nada fácil. Es la época en que Mao se encuentra inmerso en el proyecto del Gran Salto Adelante, aunque a los dos años de haber comenzado; el pueblo empieza a protestar a causa del hambre y la pobreza en que se hallan inmersos. No ayudan las desgracias climatológicas, como sequías e inundaciones. Mucha gente muere de hambre, e incluso se conocen algunos casos de canibalismo. Mao se deprime, se avergüenza y hasta se retira de la política por un tiempo. Está tan desanimado que manda llamar a su esposa; necesita su ayuda. Pero entretanto es Liu, como vicepresidente, quien toma las riendas del gobierno. Jiang Qing logra convencer a su esposo de que Liu y su camarilla de adeptos pretenden quedarse con el poder usando los medios de comunicación y a escritores afines a sus ideas, que intentan lavar el cerebro de la población en contra del presidente. Entonces le propone que ellos hagan lo mismo; y le muestra algunas de las cosas que ya ha escrito.
Mao le encarga que ponga en marcha sus proyectos, pero no en Pekín, sino en Shanghai; ahora confía en ella y le pide perdón por el tiempo que la ha mantenido apartada de sus asuntos. Jiang Qing siente que su pecho va a reventar de felicidad; esto es mejor que una declaración de amor. ¿Qué es el amor frente al poder, a la dicha de estar en lo más alto?
Viaja a Shanghai para poner en práctica su plan. Pronuncia discursos y arenga a las masas sin cesar; usando los medios de comunicación a su alcance; en definitiva, hace lo que mejor sabe hacer: actúa, esta vez a favor de Mao, para encumbrarle de nuevo. Hay un ligero acercamiento entre ellos, aunque Jiang Qing siempre conservará en su corazón una ligera prevención, porque ya la ha traicionado una vez; ¿quién le garantiza que no volverá a hacerlo?
En 1965 se empiezan a pergeñar las bases de la Revolución Cultural, y una de sus principales impulsoras es Madame Mao. Es imperativo seguir las enseñanzas de Mao, que empieza a actuar como un nuevo emperador; y se trata de limpiar al pueblo del maltito germen de las ideas burguesas. Mao ve en el vicepresidente Liu un rival; pero cree atisbar un oculto talento en el primer ministro Den Xioaping. Entre los dos, Liu y Deng, preparan un texto que luego se conocerá como “El informe”, para aclarar algunos de los escritos de la señora Mao. El presidente finge aprobar el texto que le presentan; pero en secreto está preparando su mejor baza para evitar ser desbancado. En 1966, la propia Jiang Qing es quien pronuncia un discurso ante los dirigentes de estado y los principales mandos de las Fuerzas Armadas, desmontando punto por punto el famoso informe. Se le quiere dar preponderancia al Ejército, y Madame Mao trabaja en estrecha colaboración con Lin Piao, un importante mariscal. El mismo escribe un texto con el nombre de “El compendio”, en donde hace aparecer a la camarada Jiang Qing como miembro modélico del partido. Ella está exultante; su sacrificio; sus lágrimas y todas las humillaciones soportadas están dando su fruto.
El matrimonio presidencial a menudo pasea por donde antes lo había hecho Tzu Hsi; y Mao le confía a su esposa que teme a la vejez y la enfermedad. De hecho tiene muchos trastornos intestinales y está perdiendo vista. Ella finge apenarse, pero en el fondo se alegra de esta nueva dependencia de su marido.
En la guerra de Corea Mao ha perdido a su hijo mayor, y es otra de las cosas que le hace envejecer y mina su salud. Influenciado por su esposa, da a conocer una serie de normas que bautiza como “Manual de la Revolución Cultural”. Las personas de mayor poder en este período son el propio presidente, su esposa, Kang Sheng y Chen Boda; pero quien realmente gobierna China, a través de Mao, es Jiang Qing.

Madame Mao



En 1966 Madame Mao organiza festivales de teatro y ópera por todo el país, y supervisa en persona cada detalle. El mundo de la cultura lleva su sello. Detiene a quien discute la menor de sus órdenes. No tiene piedad con quien la contradice, y se convierte en la líder del país, merced al citado manual. Es ella quien persuade a Mao de que debe ganarse a los estudiantes y a la juventud para su causa. Ellos tienen la pasión necesaria para luchar por los ideales del comunismo, y también para imponerlos a la fuerza si es necesario.
Liu, en su ignorancia, no se da cuenta de que peligra su cargo, e incluso su vida. Los estudiantes encabezan marchas impulsando la revolución y Liu intenta, en vano, detenerles. El presidente se aleja un tiempo de Pekín y es su esposa quien se ocupa de todo en su ausencia. Liu empieza a preocuparse cuando los guardias de Mao le impiden la entrada a sus aposentos privados.
Kuai Dafu, el líder de los estudiantes, es un icono del pensamiento maoísta, aunque la gente no sabe que habla tan solo por boca de Jiang Qing. Ha hecho de un grupo de estudiantes un ejército organizado que marchan cantando las citas de Mao. Nace la Guardia Roja, que solo obedece al presidente, es decir, a su esposa. Llenan la plaza de Tiananmen gritando LARGA VIDA AL PRESIDENTE MAO. Algunos incluso se atreven a decir “Diez Mil Años”, que era el modo en que antaño se saludaba al Hijo del Cielo, al emperador. El propio Mao, su esposa y Lin Biao, se acercan a saludar y a multitud prorrumpe en gritos histéricos y llantos.
La Guardia Roja se atreve a detener a Liu en 1967, pero como parte del pueblo apoya al vicepresidente, la señora Mao todavía no se atreve a pedir su cabeza.
Pero Jiang Qing continua afilando las espadas, y se entrevista con la hija del primer matrimonio del vicepresidente, que no se habla con su padre. Le hace creer que Mao y ella misma son como su familia, y que no debe olvidar que Liu abandonó a su madre por otra mujer. Por lo tanto, su deber es contar al pueblo la verdad sobre su padre, traidor a Mao por su defensa de las ideas burguesas. Ella pronuncia un discurso en el que acusa a su padre, el vicepresidente Liu, de todo eso y mucho más. Madame Mao cuenta con la Guardia Roja, que la sigue ciegamente, pero no todo el mundo la apoya; sabe que también se tiene que enfrentar a muchos enemigos que la odian. Su propia hija, Nah, se casa con un joven oficial del ejército, de 28 años, llamado Tai, sin contar para nada con su madre. Le habla de la boda cuando ya ha tenido lugar.
Ahora la señora Mao se ocupa también de todas las películas que se ruedan en China; pero su marido, a pesar de haber dado un paso hacia delante en su confianza, todavía le sigue ocultando algunas cosas. Así como continúa con sus infidelidades, que ella conoce a la perfección. No es que le importe mucho, de todos modos, mientras tenga el poder político. ¿Qué interés puede tener ella en acostarse con un anciano enfermo y a veces maloliente? Le hace prometer que tendrá carta blanca en todas las producciones de cine y de ópera que se estrenen en el país. Pero pese a todo, se siente profundamente humillada cuando su esposo le pide ayuda en un problema que tiene con su última amante. ¿Se dará cuenta ese estúpido egoísta que ella todavía continúa siendo su esposa, y la primera dama de China? Comprende que su marido se ha vuelto un paranoico que desconfía de todo y de todos. Ella sabe que cuenta con muchos enemigos personales, pero ahora que tiene poder, no le tiembla la mano a la hora de hacer listas, que envía a Kang Sheng para que sean ejecutados. Teme la muerte de Mao, cuya salud es cada vez peor; y debe protegerse. No se para a pensar si las ejecuciones son o no justas, solo si a ella le favorecen o convienen a sus planes.
Quizá como una señal de que su buena estrella está empezando a decaer, Jiang Qing tiene problemas para rodar algunas películas, porque a veces los actores no se dejan guiar. Entretanto, la salud de Mao empeora, y en una ocasión le confiesa que está pensando en redactar su testamento. Para acabar el rodaje de alguna película, se ve obligada a enviar a una delegación de la Guardia Roja. Pero Mao le advierte que no se crea lo que no es; que el ejército le obedece, no por ella misma, sino porque es el propio Mao quien la avala. Ella se esfuerza en mantener una actitud humilde, aunque sus impulsos la llevan a querer ahogara esa momia que se esfuerza en seguir aparentando unan fortaleza que ya no tiene. Ante el mundo, representa a Mao, pero hace ya tiempo que para ella no significa nada, o poco. Está cansada del asunto de Liu y ordena que se presenten pruebas, verdaderas o falsas, de su traición. Se tortura a muchas personas, y entre ellas a un viejo profesor de la Universidad de Pekín, que se está muriendo de cáncer de hígado. Consiguen testimonios; la gente dice cualquier cosa cuando se la tortura hasta límites de dolor insoportables. Se hace un juicio público en el campus de la Universidad de Pekín a Wang Guang mei, la esposa de Liu. En su interior, Jiang Qing no puede menos que admitir la dignidad con que esa mujer enfrenta su destino.

En 1969 Liu cumple en la prisión sus setenta años; con un infarto a cuestas, diabetes y problemas respiratorios. Le notifican que su esposa ha sido condenada a muerte y que han matado de una paliza a su hijo mayor, mientras sus tres hijas están en la cárcel y su fiel amigo Deng Xiaoping ha sido condenado a un campo de trabajo. Liu muere en prisión el 12 de noviembre de 1969. La secretaria y amante de Mao es quien le da a éste la noticia de la muerte de quien ha sido por muchos años su vicepresidente.

Jiang Qing ha conseguido encarcelar a su antigua enemiga y rival, la escritora Fairlynn; y ella misma sabe que al estar Madame Mao detrás, nada hay que hacer. Tiene razón, aunque sobrevive a la revolución cultural, y cuenta sus padecimientos en un libro de gran tirada que publica en 1997.

Ling Biao sube puestos y Mao le convierte en ministro de Defensa; e incluso piensa en él como posible sucesor. Pero pronto descubre el presidente que su ministro y favorito pretende quebrar su poder y Mao se deshace de él en un oportuno accidente de avión cuando viajaba a Rusia, probablemente huyendo de Mao. La explicación oficial es que el avión se quedó sin combustible sobrevolando Mongolia.
Jiang Qing es consciente de que su poder se acaba; porque Mao está cada vez más delicado de salud, y muchas veces, se niega incluso a verla. En 1974, para colmo de males, nombra primer ministro al antes defenestrado Deng Xioaping y publica un documento en el que critica a su esposa como cabeza de la Banda de los Cuatro. La prensa de Pekín llega a compararla con la emperatriz Wu, de la dinastía de los Han, en el año 200 d. C. la mujer más ambiciosa de China, junto con Tzu Hsi.
Kang Sheng sabe que la mujer de Mao caerá, y evita que le arrastre a él. Habla con la sobrina de Mao, a la sazón jefa de la diplomacia china, y con la traductora de confianza del presidente, y le dice que hay cosas de su esposa que Mao debe saber; para después acabar acusándola a ella y a Chun Quin de traidores. Jiang Qing intenta atraer a su causa a un sobrino de su marido para que interceda por ella; para que Mao, ya muy enfermo, la nombre su sucesora. En 1976 fallece el primer ministro Chu, y Mao ordena la destitución de Deng Xiaping porque teme que le traicione. Madame Mao aprovecha, y en nombre de su esposo elige a sus acólitos para los cargos más importantes. Mao muerte el nueve de septiembre de 1976, y aunque Jiang Qing busca desesperada el testamento, no puede encontrarlo porque no existe. Se le entierra con todos los honores, como a un emperador. Ella preside el funeral, con su hija al lado. Hua Guofeng dirige ahora los destinos de China. El 6 de octubre el nuevo presidente llama a la viuda de Mao para que acuda a una reunión con él en el Palacio de la Clemencia. Se le informa de que va a ser arrestada. En la cárcel se le da como trabajo hacer muñecas para la exportación, y es lo que hace hasta 1991. Aunque en 1980 se la condena a la pena de muerte, luego le es conmutada por cadena perpetúa. Según la versión oficial, se suicidó el 14 de mayo de 1991.
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