Nace en Estocolmo, en octubre de 1888, aunque buena parte de su vida transcurrirá en Alemania. Su padre procedía de la región de Westfalia y su madre era irlandesa, pero de ascendencia sueca. Tiene cuatro hermanas más, y todas ellas sacarán el carácter soñador y romántico de la madre; el cual se pueden permitir porque no tienen preocupaciones económicas, ya que la fortuna paterna es considerable. La hermana mayor, Mary, se casa con el hijo del barón Von Rosen, y la propia Carin lo hará con el militar Erich Von Kantov, con el cual tiene a su hijo Thomas. Pero ella no es feliz, aunque su marido la ama, y ella le quiere a su manera. No está hecha Carin para ser la sacrificada esposa de un militar y seguirle fielmente, de guarnición en guarnición. Por eso, cuando pasa unas vacaciones en casa de su hermana Mary y conoce a un joven piloto, cinco años menor que ella, llamado Hermann Goering, que ha llevado en su avioneta al suegro de su hermana, se enamora perdidamente de él, y se plantea dejarlo todo para seguirle. De entrada, en el verano de 1920 viaja a Munich con él para conocer a su madre, que al saber su historia personal, todavía casada y con un hijo; la recibe de uñas. Y no tiene motivos la buena señora, porque su propio pasado no es precisamente edificante; ya que se separó de su marido y vivió muchos años con un amante. El verano de 1920 lo pasa la feliz pareja en Baviera y en los Alpes austríacos, donde alquilan una cabaña de madera que Carin bautiza como "La casita de chocolate". Su marido, mientras tanto, hace un curso de capacitación militar en Francia, y espera su vuelta con impaciencia. Pero Carin ya no volverá y le dice sin rodeos que quiere el divorcio; que por primera vez en su vida ha encontrado el amor de verdad y que no piensa renunciar a él. En Munich conocen a Hitler, y los dos se convierten en fieles seguidores de su doctrina, a la que Carin, en un arranque romántico de los suyos, bautiza como "la sagrada causa". A Hitler le interesa tener en sus filas a un héroe militar condecorado en la Gran Guerra, y a un ejemplo de la perfección aria hecha mujer como es Carin: alta, rubia, ojos azules. Después de que CArin obtiene el divorcio, dejando atrás un marido totalmente destrozado y sumido en la depresión, se casa con Goering en febrero de 1923, escoltados por los antiguos compañeros del novio en el batallón de Richtofen. Se van de luna de miel a Italia y a la vuelta, Carin se da cuenta de que tendrá que dar alguna explicación, por leve que sea, a su hijo Thomas, de once años, que se ha quedado en Suecia con su padre. Le escribe una carta diciéndole que debe estar contento, muy contento, porque mamá se ha enamorado, por primera vez en su vida, del capitán Goering, y solo podrá ser feliz a su lado. Extraña carta para un niño, al que poco menos que se le viene a decir que su padre nunca ha pintado nada en la vida de su madre. Al primer marido le toca poner dinero, según el acuerdo de divorcio, para que su esposa se compre una casa en Munich, o más bien en las afueras, rodeada de bosque, debido a la mala salud de Carin. A los 35 años es una mujer que sufre permanentemente de anemia, de asma, otras dificultades respiratorias, y leves dolencias intestinales que le dificultan la vida y le hacen guardar cama a menudo. Como la casa queda alejada del centro, el primer esposo, Von Kantov, no duda en enviar a la madre de su hijo un Mercedes con chófer, para que no tenga que usar el transporte público. El flamante marido, con cierta desgana, empieza a estudiar en Munich Historia y Economía. Y Carin se dedica a gastar dinero, en amueblar y decorar la casa, en ropa, en joyas. En su matrimonio no abundan los medios, pero siempre cabe recurrir al primer esposo o a su familia, tremendamente rica. En esta casa tendrán lugar muchas de las primeras reuniones del partido, y Carin, aún a pesar de encontrarse enferma la mayoría de las veces, hace de anfitriona, y con sumo gusto. Goering tiene una notable fama por su pasado militar al lado del Barón Rojo, y esto le sirve para atraerse a muchos jóvenes al partido, plenos de ilusión y optimismo, y dispuestos a crear una Alemania triunfante, que como el Ave Fénix, renazca de sus cenizas. El matrimonio está feliz con su nueva vida, y mientras tanto, en Suecia, Von Kantov sigue con su depresión y empeorando por momentos. Llega a agredir a alguno de sus compañeros de armas, y al final es relevado de sus funciones militares, pues intenta suicidarse varias veces. Morirá completamente enajenado; y con él se acaba la mayor parte de la financiación para el rumboso estilo de vida de que Carin gustaba tanto. Ella misma cae enferma cuando acude al entierro de su madre, y por eso vive de lejos el desastre del golpe de 1923, tras el cual se prohíbe el NSDAP, que sin embargo sigue ganando adeptos en la clandestinidad. Los Goering tienen que huir a Austria, y la noche del intento del golpe, el propio Hermann es herido en una pierna. Aunque la herida, en principio, no revestía demasiada gravedad, se infecta, y le hace padecer muchos dolores. Se refugian en el Tirol austríaco, donde Goering es recibido como un héroe, y le atienden en el hospital local. Allí le administran, para paliar el dolor, morfina, y con ello sellarán su destino, porque se convierte en un adepto a esta sustancia de por vida. Se alojan en un hotel de un simpatizante del partido, que les trata a cuerpo de rey. Pero la salud de Carin sigue siendo muy precaria, siempre se encuentra fatigada e inapetente. Le detectan una enfermedad cardíaca, y ella sabe que le queda poco tiempo de vida. Aunque tienen ganas de volver a Munich, de momento es del todo imposible, porque les han confiscado la casa, el coche y las cuentas bancarias, y hay contra ellos una orden de detención. Piensan incluso, que si las cosas continúan en la misma línea, en irse a Suecia, donde la familia de Carin les ayudará. Goering odia con saña a los judíos, y su esposa comparte este sentimiento, aunque no tenga ningún motivo personal para ello, más que el amor por su esposo y la idea de compartirlo todo con él. Cuando en febrero de 1924 se inicia el proceso contra Hitler en Munich, ellos se mantienen informados de todo lo que pasa desde Austria. En realidad, se trata de un proceso amañado, en el que se ocultan pruebas y cargos; y al final, le condenan a cinco años de cárcel, de los cuales cumple sólo seis meses, y los demás serán en libertad condicional. Carin viaja a Munich esa misma primavera, intentando recaudar fondos para el partido. Pero el general Ludendorff y la mayoría a quienes pide ayuda, se la niegan. Vuelve a Austria con las manos vacías, y se encuentra con que Hitler les ha pedido que viajen a Italia a solicitar la ayuda de Mussolinni, que también se niega. Desilusionados y sin dinero, no ven otra salida que marcharse a Suecia, donde viven un tiempo de la caridad de la familia de Carin. Goering, cada vez más atado a su adicción a la morfina, ya no puede disimularlo delante de nadie, y su suegro le interna en un hospital, con el fin de que le curen. Pero una vez ingresado, en una ocasión rompe el armario de los medicamentos en busca de su droga, e incluso ataca al personal. Le dan de alta, pero está lejos de estar curado de su adicción. En 1927 viaja solo a Alemania, y en las cartas que se intercambia el matrimonio, se ve que Carin está peor de salud cada día, aunque ella se preocupa más por el problema de su esposo que por si misma, y le ruega que intente abandonar la morfina. Al año siguiente, con el NSDAP ya encauzado, Carin vuelve a Berlín, a pesar de su enfermedad, y asiste a la reapertura del Reischtag, donde el partido tiene once diputados. Las penurias económicas se han terminado, y se compran un piso en la Badenstrasse de Berlín, desde donde Carin se esfuerza en atraer a gente influyente al partido, y no escatima en atenciones en su papel como anfitriona. La vida social se intensifica incluso en los momentos peores de la enfermedad de Carin, que llega a recibir a sus invitados en la cama, cuando está demasiado débil para levantarse. En la Navidad de 1930 sabe que no le queda mucho tiempo de vida, y se preocupa de buscar los mejores regalos para su familia y sus amigos. Los malos tiempos, con Carin gravemente enferma, hacen que su marido dependa cada vez más de la morfina. En julio de 1931 Hitler les regala un Mercedes para que puedan ir de vacaciones, pensando que quizá serán las últimas de Frau Goering. Y así es, porque muere el 17 de octubre, siendo enterrada el mismo día en que cumpliría 43 años. Goering queda desolado por completo al perder a su mujer y seguirá toda su vida en contacto con la familia sueca. Para hacer más llevadera su soledad, se vuelca todavía más en las actividades del partido, que será en adelante su único norte. Hitler se sirve de la muerte de Carin y de su historia de amor por Goering para exagerarla y hacer un panegírico de la raza aria y los valores nacionalsocialistas. En 1933 profanan la tumba de Carin en Suecia y su marido decide exhumar el cuerpo y enterrarlo de nuevo en la finca que se ha comprado, bautizada con el nombre de Carinhall, que será mausoleo de la difunta y lugar de peregrinación de los fanáticos del nazismo. Pero el Ejército Rojo, al final de la guerra, profana su tumba de nuevo, y su cadáver acaba siendo incinerado en secreto y llevadas sus cenizas de vuelta a su país natal. ¿Fue Carin una nazi convencida? Seguro que sí, aunque a su manera, viendo en el nazismo un halo de romanticismo que nunca tuvo en realidad. Creía en las ideas nacionalsocialistas, aunque su repentina muerte, antes de que Hitler llegase al poder, nos impide saber de qué manera hubieran evolucionado sus ideas de seguir viva.