Nació el 7 de febrero de 1912, en Munich, y era la segunda hija del matrimonio formado por Friedich y Franziska Braun. Su padre era maestro y su madre modista, por tanto una pareja de la clase media bávara. Aunque el padre deseaba más que nada un hijo varón, después de Eva nace otra niña y tres serán las hijas de Herr Braun: Ilse, Eva y Margaret. El padre de Eva era protestante, y la madre católica, así que las tres hijas son bautizadas y educadas en la fe católica. Con el dinero de una herencia, pueden comprar una casa más grande, más cómoda y mejor situada, e incluso se permiten tener criada y coche; un lujo al alcance de pocos. Los padres de la futura compañera de Hitler eran muy tradicionales, monárquicos y amantes de la Alemania de los grandes ideales. Eva inicia sus estudios en un colegio de monjas cercano a su casa, y más tarde los continúa en el Liceo de Munich, donde no destaca especialmente en los estudios. Ella prefiere los deportes, y practica tenis, gimnasia, natación y sobre todo esquí. Le gusta también la música, sobre todo el jazz americano y las comedias musicales. Y adora bailar. Gana algún concurso de gimnasia, en la especialidad de barra fija. Amante de la Naturaleza y de los animales, gusta de dar largos paseos en bicicleta por el campo. Crece alta y atlética, y esto, unido a su pelo rubio y unos hermosos ojos azules, hacen de ella una perfecta representante de la doncella alemana; una aria sin tacha. No es una intelectual ni demasiado cultivada; sino que su lectura preferida son las novelas rosa. Pero tanto ella como sus hermanas gozan de una educación exquisita y saben brillar socialmente.
Cuando acaba los estudios en el Liceo, Eva se forma para poder trabajar en alguna ocupación adecuada a su clase. Aprende algo de francés, a escribir a máquinas y los rudimentos de contabilidad. Y con este bagaje cultural encuentra trabajo en el estudio de un fotógrafo llamado Heinrich Hoffmann, donde ejerce de ayudante de fotografía, secretaria en ciernes y chica de los recados. Eva sueña, mientras aprende a revelar fotos, que este trabajo será su catapulta al mundo del cine, porque adora a actrices como la Garbo. Es allí precisamente, en el taller de Hoffmann donde conoce a Hitler, ya que el fotógrafo es miembro destacado del Partido Nacionalsocialista obrero alemán. Estamos en 1929, así que Eva cuenta con 17 años, y Hitler ronda ya los cuarenta. Le es presentado como Herr Wolf, y llega a la tienda cuando ya han cerrado y Eva está haciendo inventario. Su jefe le pide que les traiga cerveza y salchichas del bar de la esquina. Cuando llega con el encargo, y antes de marcharse a su casa, Hitler habla con ella de música y de cine, y la muchacha queda impresionada, aunque todavía no conoce su verdadera identidad. Durante todo el año Adolf frecuenta el taller de su amigo, y ahora ya con su verdadero nombre, corteja a Eva con la corrección de un perfecto caballero: flores, bombones, halagos. Pero es algo completamente platónico, una relación casi como de profesor-alumna, de tío-sobrina. Sus padres no saben nada, por supuesto, y solo sus hermanas conocen la relación. Hoffmann hace de celestino en estos encuentros, pero sus lealtades están con Hitler. A Eva la desprecia secretamente; la cree demasiado joven y boba. Las cosas le van bien al jefe de Eva, que se convierte en el fotógrafo personal de Adolf Hitler, y en 1929 se muda a un local más grande y aumenta la plantilla hasta contar con 17 personas trabajando para él. Eva sigue viendo a Hitler, sobre todo en el estudio de Hoffmann, y a espaldas de sus padres, que nunca consentirían que mantuviese una relación con un hombre tan mayor. El padre de Eva era muy estricto, y controlaba las llamadas y la correspondencia de sus hijas, imponiéndoles además un horario rígido para entrar y salir de su casa. Eva se siente muy impresionada cuando su acompañante la recoge en el trabajo en un Mercedes con chófer y se la lleva de picnic, mintiendo a sus padres en el horario con pretextos de trabajos extraordinarios. Al fin y al cabo, no hace otra cosa que la mayor parte de jóvenes cuando están iniciando una relación. Hitler, según luego se pudo saber, se encarga de investigar la genealogía de Eva, pues no se podía permitir tener una relación con una muchacha que no fuese totalmente aria. El encargado de llevar a cabo las discretas averiguaciones es Martin Borman. Los padres de Eva se muestran preocupados cuando advierten que su hija, que hasta hace poco tiempo solo hablaba de música, cine y fiestas, ahora se haga eco a la hora de las comidas de incendiarias soflamas políticas. Esto fue lo que les puso sobre aviso de que las compañías de su hija estaban cambiando. Pero contra todo pronóstico, muchas de las ideas que Eva defiende, Franzoska, su madre, las comparte. Su padre siempre se opuso al antisemitismo y de hecho la propia Eva había tenido un amigo judñio, y su hermano Ilse trabaja en la consulta de un médico judío hasta que éste se ve obligado a exiliarse a Estados Unidos en 1938.
Cuando se inicia la década de los años treinta, Hitler y Eva siguen manteniendo una relación, pero estrictamente dentro de un marco todavía platónico. Será dos años más tarde, según cuentan algunos amigos del entorno de ambos, cuando la relación se convierta en algo distinto. De todos modos, es siempre Adolf el que pone las limitaciones y las normas, y una de ellas es que sus encuentros deben permanecer en secreto. Eva sabe que para su amante la política siempre será lo primero, y ella debe conformarse con las migajas que queden. Ni siquiera tiene el consuelo de ser la compañera que comparte cosas o aconseja, porque Hitler opina que la mujer es un ser inferior, alguien que debe prestar belleza y comodidades a la vida de los hombres, pero no inmiscuirse en sus asuntos. Cree que las mujeres, cuanto más bellas y bobas, mejor. A pesar de sus encuentros amorosos, Eva continua viviendo en la casa de sus padres, y no ve demasiado a Hitler, que está plenamente dedicado a sus asuntos. Será la que eternamente espera el encuentro, una carta, una llamada. Aprende a ejercitar el precioso don de la paciencia, pero no por ello deja de sufrir el abandono. De hecho, a medida que transcurre el año 1932, se va sintiendo cada vez peor, y cada noche se ve a si misma más solitaria y abandonada. El 1 de noviembre se dispara con la pistola de su padre, pero solo se hiere en el cuello. Pierde mucha sangre, pero no llega a estar grave. La atiende un médico conocido de Hitler, que le informa puntualmente de lo ocurrido. A los padres de Eva se les explica que fue un accidente. En el fondo, ella no deseaba matarse, sino simplemente lanzar un toque de atención a Hitler para que no la abandonase. Reacciona teniendo más atenciones con ella, pero las peores pesadillas de Eva vuelven cuando el 30 de enero de 1933 Hitler se convierte en canciller, porque eso significa que se tendrá que trasladar a Berlín, y se verán todavía menos.Pasan dos años hasta que Hitler la invite a visitarle en Berlín; y son tiempos complicados para Eva, que no entiende por qué su amante dedica tanto tiempo a la política y a ella la deja abandonada. Sigue trabajando en la tienda de Hoffmann, y se desespera porque excepto su jefe y su esposa, nadie conoce su relación con el canciller. El opinaba que su vida privada no debía de estar expuesta, y además esto le hacía parecer más misterioso, y sobre todo, más volcado en lo único importante: ser el líder de la nueva Alemania aria. Dada su precaria situación, nuevamente Eva llama la atención con el segundo intento de suicidio; esta vez se toma veinte pastillas del bote de somníferos, y su hermana llega a tiempo de llamar al médico. Tiene solo 23 años y ya ha intentado suicidarse dos veces. Esta vez sus padres sí se enteran, y su padre monta en cólera e incluso le prohíbe que siga viviendo en la casa familiar. Su madre, en cambio, se pone de su parte, y la ayuda para que ella y su hermana pequeña se muden a un piso de tres dormitorios en una calle cercana a donde estaba la propia casa de Hitler. Cuando en el congreso del NSDAP se aprueban las Leyes de Nuremberg, que prohibían, entre otras cosas, los matrimonios mixtos, Eva está en el palco de honor, vestida con un lujoso abrigo de piel. De algo ha valido, pues, el intento de suicidio. Aunque su relación no se da todavía a conocer, Hitler se enfurece cuando Magda Goebbels habla mal de ella. Ese mismo año Eva deja el trabajo, y Hitler la acomoda en una vivienda unifamiliar en un barrio residencial de Munich; y en 1938 la casa ya figura a nombre de Eva Braun. Ella tiene carta blanca para amueblarla con alfombras de Samarcanda, tapices, ricas vajillas. Incluso Hitler le pinta un cuadro para que lo cuelgue en el salón. La casa le devuelve la alegría y la confianza en sí misma, y la compensa en cierta medida de una relación semi clandestina. Por su 27 cumpleaños, su amante le regala algo que todavía es un lujo:un televisor. Y pone a su disposición un Volkswagen escarabajo que Ferdinand Porsche le ha regalado al propio Hitler. Eva celebra muchas fiestas en su casa, aunque no las orgías de las que se habla cuando acaba la guerra, sino fiestas inocentes para sus amigas y hermanas. En público no se la ve con el canciller, pero si tiene vida social con sus amigos de siempre, y va al cine o a restaurantes de moda.Después de la forzosa unión, o mejor dicho anexión de Austria, Hitler hace testamento, dejando todos sus bienes al Partido, pero con la obligación de que de la caja del mismo se pague a Eva una pensión vitalicia de mil marcos mensuales. Y en el verano de 1938 ordena hacer, según planos trazados de su propia mano, un refugio antiaeréo en el sótano de la casa de Eva. Pero donde se verán más a menudo es en el valle del Obersalzberg, que el canciller compra por completo y lo hace cerrar con alambrada de espino. Solo se puede llegar en funicular, y es una guarida inexpugnable, aunque además de la enorme mansión hay casas también para sus más leales colaboradores, e incluso un hospital y un teatro. Eva actúa como anfitriona y señora de la casa, y atiende a aquellos íntimos como Albert Speer, Martin Borman, Rudof Hoess y en menor medida Goering, que no acudía muy a menudo. Pero la propia Eva también tiene permiso para invitar a sus amigas más íntimas, y sobre todo a su familia. Ahora a papá Braun le parece de perlas que su segunda hija esté en relaciones con el dueño de toda Alemania. En la casa se sirve buena comida alemana, aunque Hitler es de poco comer, y vegetariano. Eva le tutea, por supuesto, pero es de resaltar que siempre se dirige a él como Mein Fürher. El a ella le llama Evchen, cariñoso diminutivo de Eva, o tontita, es de esperar que como apelativo cariñoso y no como calificativo. Solían ver a menudo proyecciones de películas, sobre todo americanas, para contestar a Eva, que confesaba haber visto más de diez veces "Lo que el viento se llevó".Eva nunca tuvo gusto por la política, podríamos decir que incluso la odiaba, porque veía en ella una fuerte rival que nunca podría vencer. Nunca leyó las publicaciones dedicadas a las mujeres nacionalsocialistas e incluso en privado se burlaba de ellas. Esto, contra todo pronóstico, era lo que mantenía viva su relación con Hitler, porque él nunca hubiese soportado estar al lado de una mujer que se inmiscuyese en su mundo. Tampoco intervenía a favor de nadie ante su amante, e incluso en una ocasión en que éste y su hermana Ilse discutieron, Eva le dice a su hermana: "Si el Fürher te manda a un campo de concentración, no cuentes conmigo para que te saque. Sólo una vez rogó a Hitler que salvase a alguien, en este caso a un médico judío que había luchado por la vida de su madre. pero en cambio, Hitler seguía los consejos de Eva en cuanto a la manera de organizar la casa, e incluso su vida privada, salud, médicos y comidas. A cambio, le proporcionaba a Eva carta blanca para gastar cuanto quisiese en ella misma, y en su armario había trajes de París, zapatos de Ferragamo, pieles, joyas, perfumes franceses. La atendían las mejores peluqueras y modistas e iba siempre impecable. Aunque estaba prohibido que las mujeres fumasen en público, ella lo hacía, pero no delante del Führer. Cuando alguien se lo reprochaba, no tenía empacho en silbar "Smoke gets in your eyes". Eva era la reina del Berghof, y no se llevaba bien con la mayor parte de la servidumbre, aunque con el que peor relación tenía era con Krauser, el ayuda de cámara de Hitler. Cuando había en la mansión reuniones militares o de alta política, Eva tenía orden de no salir de su cuarto. Esto le dolió especialmente cuando los duques de Windsor visitaron a Hitler, o cuando el yerno de Mussolini, el conde Ciano, estuvo en la casa. Se entretenía sacando fotos con sus estupendas cámaras Leika, e incluso filmaba películas. En 1939 ya tiene su propia vivienda en Berlín, dentro de la cancillería, en el que había sido el dormitorio de Hindenburg; aunque debía entrar por la puerta de servicio para que nadie la viese. Eva pasará la guerra entre su casa de Munich, la cancillería y Berghof.Desde 1942 el Berghof es el cuartel general de Hitler, desde donde planea la mayor parte de sus movimientos en la guerra, a los cuales Eva es completamente ajena. En 1944 las victorias alemanas ya son historia y lo que en la Unión Soviética había comenzado como una corta campaña de verano, se convierte en una desgracia para los soldados alemanes, que dejan sus vidas en la estepa rusa. Es también en ese mismo año cuando el oficial y aristócrata prusiano Klaus Von Staunffenberg planea un atentado contra Hitler, aunque falla y acaba siendo él mismo ejecutado. El Führer le hace llegar a Eva el uniforme que lleva el día del atentado para que ella lo conserve, y será de las pocas cosas que los aliados encuentren cuando acaba la guerra. Son tiempos complicados en el frente alemán, y el propio Nido del Águila es bombardeado, aunque sus ocupantes no corren peligro alguno gracias al bunker. Eva no está enterada de todo lo que en el frente ocurre, pero tampoco quiere estarlo, aunque no es tan tonta como aparenta y sabe que todo está perdido. De hecho, a finales de 1944, cuando tiene 32 años, hace testamento, repartiendo sus bienes entre sus padres y hermanas. A sus amigas más íntimas también les lega algunas joyas. Su propio cumpleaños, a inicios de 1945, tiene aires de despedida. Eva teme por su vida e incluso manda camuflar su Mercedes, y pregunta a un oficial cual es la manera más eficaz de pegarse un tiro. Hitler pone un avión a su disposición para que huya, pero ella se niega, quiere compartir la suerte del hombre que ama. A su hermana pequeña le ordena que destruya toda su correspondencia privada, sobre todo las cartas de su amante. Y cuando el fina se acerca, cumple su deseo de convertirse en la señora Hitler. Se casan el 28 de abril de 1945, en el bunker de Berlín. A pesar de lo insólito del lugar, Eva se viste de largo y se engalana con sus mejores joyas. Incluso celebran una especie de banquete. Cuando firma el acta de matrimonio empieza a escribir Eva Braun, pero tacha la B y pone ya su nombre de casada: eva Hitler. No se avergüenza de su nuevo apellido, aunque conoce algunas de las crueldades del que ya es su esposo. De hecho, en su propia noche de bodas ordena la ejecución de Herman Fergelein, el esposo de la hermana pequeña de Eva, que está a punto de dar a luz, porque se iba a escapar. Eva no intercede, para ella la voluntad de su marido está antes que su familia de sangre. El día 30 de abril, con el Ejército Rojo a las puertas de Berlín, Hitler y Eva se suicidan y sus más fieles colaboradores rocían los cuerpos de gasolina y les prenden fuego. Algunos aprovechados que se decían amigos de Eva se inventan un fantasioso diario que nunca existíó en donde se habla de una mujer cruel que goza atormentando a animales y a personas. Eva no era así. En suma, solo fue una mujer enamorada y profundamente egoísta que intentó ver solo la parte amable de su amante, sin adentrarse en más. Cometió fundamentalmente el pecado de omitir la realidad.


«Berlín, 22-IV-45.
«Querida pequeña Herta:
«Estas son las últimas líneas, y también la última señal de vida por mi parte. No me atrevo a escribir a Gretl; debes hacerle comprender todo esto con cuidado a causa de su estado. Voy a mandaros mis joyas, y os ruego que las distribuyáis según mi testamento, que se encuentra en la Wasserburgerstrasse. Espero que con esas joyas podáis manteneros a flote durante un tiempo. Os ruego que bajéis de la montaña, ya que es un sitio muy peligroso para vosotros, si todo debe terminar. Aquí combatiremos hasta el fin, pero temo que ese fin se acerca cada vez más peligrosamente. Lo que sufro personalmente viendo al Führer, es algo que no puedo describir. Perdóname si escribo algo confuso, pero a mi lado están los seis niños de G. y no se quedan tranquilos. ¿Qué más puedo decirte? No llego a comprender que todo esto pueda ocurrir de este modo; no se puede creer en Dios. Un hombre espera esta carta. Todo, todo el cariño y la bondad para ti, mi fiel amiga. Saluda a mi padre y a mi madre, que deben regresar a Munich o a Traunstein. Saluda a todos mis amigos. Muero como he vivido. No es una carga, tú lo sabes bien.Te saluda de todo corazón y te abraza, tu Eva.


P. D. — Conserva esta carta sin divulgarla, hasta que sepas de nuestro fin. Sé que es mucho pedirte, pero eres valiente. Quizá todo pueda terminar felizmente aún, pero EL ha perdido la fe, y nosotros, me temo, aguardamos inútilmente.»


«Berlín, 23-1V45.
»Mi querida hermanita:
No sabes cómo me apena que tengas que recibir estas líneas de mi parte. Pero no puede ser de otro modo. Con cada día, con cada hora que pasa, puede llegar el fin para nosotros, y por consiguiente debo aprovechar la última ocasión para decirte lo que hay que hacer todavía. Para empezar, Hermann no está con nosotros. Salió hacia Nauen a fin de organizar un batallón o algo por el estilo. Quiere abrirse camino luchando para continuar la resistencia en Baviera, al menos durante algún tiempo. El Führer ha perdido toda esperanza en una solución feliz del conflicto. Pero todos los que aquí estamos, incluida yo,
tenemos esperanza mientras hay vida. Te ruego que mantengas en alto la cabeza y que no desesperes. Aún quedan alientos, pero es evidente que no vamos a dejar que nos capturen vivos. La fiel Liesl no quiere abandonarme. Le he dicho muchas veces que se marche. Quisiera regalarle mi reloj de oro, pero por desgracia se lo legué a Miezi. Tú podrás dar a Miezi algo de igual valor, entre mis joyas. Arregla las cosas equitativamente. Quisiera llevar hasta el fin la pulsera de oro con la gema verde. Me la quitarás, y la llevarás siempre, como yo la llevé. También eso estaba destinado a Miezi, en el testamento, así que haz igual que antes. Mi reloj de brillantes se encuentra por desgracia en reparación. Al final de la carta te pongo la dirección exacta. Tal vez tengas suerte y podrás recuperarlo. Debe pertenecerte, pues siempre te gustó. También la pulsera de diamantes y el colgante de topacio, regalo de Hitler en mí último cumpleaños, te pertenecen. Espero que mis deseos sean respetados por los otros. Por otra parte, debo rogarte que te ocupes de lo siguiente: Destruye toda mi correspondencia privada, y sobre todo los papeles de negocios. Bajo ninguna circunstancia deberán ser halladas las facturas de la Heise. Destruye también un sobre que está dirigido al Führer y que se encuentra en la caja fuerte del sótano. Ruego que no sea leído.
También te pido que con las cartas del Führer y la copia de mis contestaciones (libreta de piel azul), hagas un paquete que resista a la humedad, y que por último lo entierres bajo tierra Te suplico que no lo destruyas. Debo a la firma Heise la factura que adjunto. Puede ser que haya otras cuentas, pero no son más de mil quinientos marcos. No sé lo que piensas hacer con las películas y los álbumes. En todo caso te ruego que lo destruyas sólo en última instancia, salvo las cartas privadas y el asunto del sobre dirigido al Führer. Esto último puedes quemarlo inmediatamente. Te mando para comer y fumar. Da también café a Kathl y a Linders. Entrega a Linders algunas conservas de mi bodega. El tabaco es para papá, y el chocolate para mamá. Hay chocolate y tabaco en el "Berg". Puedes tomarlo. Por el momento me dicen que la situación es mejor, y el general Burgdorf, que ayer nos daba un diez por ciento de posibilidades de salvación, hoy declara que las probabilidades son del cincuenta por ciento Entonces, tal vez todo termine bien. ¿Llegó Arndt con la carta y la maleta? Hemos sabido aquí que el avión se retrasó. Espero que Morell haya llegado a tu casa con mis alhajas. Sería tremendo que hubiera pasado cualquier cosa. Voy a escribir a mamá, a Herta y a Georg, si es posible mañana. Por hoy está bien. Ahora, querida hermanita, te deseo mucha, mucha suerte. Y no olvides que volverás a ver, sin duda, a Hermann. Con los saludos más cordiales, un beso de tu hermana, Eva.
«P. D. —Acabo de hablar con el Führer. Creo que hoy se ve el futuro bastante menos sombrío que ayer. La dirección del relojero es: SS Untersharf Stegemann, SS Lager Orianenburg, evacuado a Kyritz.»


Son cartas de Eva

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