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FAAAK

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Primer post: 7 sept 2017Último post: 22 ago 2018
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Una historia de zombis parte 2 (lo que escribe mi cabeza)
Una historia de zombis parte 2 (lo que escribe mi cabeza)
ArteporAnónimo1/1/2018

HOLA A TODOS, ACA LES DEJO UNA NUEVA HISTORIA ESCRITA POR MI, ESPERO QUE LA DISFRUTEN, LEAN COMENTEN Y SI LES GUSTO PUNTUEN. -Buenos días señor Suarez. Dijo la doctora mientras tomaba un sorbo de café. -Buenos días. Respondió el joven viendo el vapor salir de la taza blanca, perdiéndose en el aire. -Es usted bastante joven ¿cuántos años tiene? Pregunto la mujer dejando la taza sobre la mesa de vidrio, junto al sillón en donde ella se encontraba. -Veintidós. Respondió de manera seca. -Muy bien joven, quisiera que me cuente como es que llego hasta aquí, hasta esta aldea y como se las ingenió para sobrevivir todo este tiempo. También tengo entendido que usted conocía al señor Martínez, ¿eran amigos? -A decir verdad no, no éramos amigos, pero si vivíamos a una cuadra de distancia en el barrio de Caseros. Resoplo al recordar su viejo barrio. –Yo no era una persona muy amigable, pero conocía a Martínez por haber jugado al futbol junto a él. -¿Ambos eran futbolistas? Tomo nota la doctora. -No, o no profesionales, solo jugábamos por diversión. Contesto observando como la doctora escribía a toda velocidad. -Muy bien joven, no nos desviaremos del tema, por favor empiece desde el principio, de cuando el virus a pareció por las calles del gran Buenos Aires. El joven suspiro y se tomó su tiempo antes de comenzar con su relato. Hizo una leve pausa y luego se dispuso a hablar. -Cuando todo comenzó, era una tarde de domingo, hacia frio como hoy, la diferencia era que el cielo estaba completamente cubierto por las nubes. Exclamó. –Recuerdo que me encontraba en la cocina de la casa de mis padres, sin hacer nada como todos los días. Recuerdo que las ventanas estaban empañadas y las estufas chillaban de tan viejas que eran. Por alguna razón, estaba deprimido, no sabía muy bien qué hacer con mi vida y… -¿Estaba deprimido? Interrumpió abruptamente la doctora clavando la mirada en el joven. –Dígame porque. -No suelo hablar mucho de eso, pero hare una excepción. Contesto –La chica de la cual me había enamorado se había ido con otra persona, con otro hombre y para ser honesto nunca había tenido las pelotas suficientes para decirle lo que sentía por ella. Cuando me entere que estaba con otra persona, bueno lo primero que sentí es que el mundo se venía abajo, sentí una especie de dolor en el pecho, algo que jamás había sentido y creí que mi vida era simplemente una mierda. 1 Volviendo al día en que el virus hizo su aparición, estaba sentado en la cocina mirando la televisión. Daban un capítulo de los Simpson, cuando de golpe cortaron la transmisión y apareció el noticiero para dar la información acerca del virus. -¿Qué fue lo que hizo en ese momento? Dijo la doctora dejando la lapicera y volvió a levantar la taza de café humeante para darle otro sorbo. -No le preste atención, estaba tan perdido pensando en ella, que ni siquiera escuche lo que decían. Después de almorzar, junto a mis padres, decidí dar un paseo por el centro. En ese momento pensé que era lo mejor, caminar bajo la lluvia, ir a la casa de historietas a comprar algunos comics y quizás algunas cartas yu-gi-oh para mi colección. Asique tome un baño de agua caliente y lo próximo que hice después de haberme cambiado la ropa, fue agarrar mi tarjeta sube y salir caminando hasta la parada del colectivo. Afuera todo estaba demasiado tranquilo, como todos los domingos. El asfalto estaba mojado y había una brisa fresca que me pegaba en el rostro. En ese momento los servicios aun funcionaban, por ende el colectivo no tardo demasiado en llegar. Recuerdo que estaba completamente vacío. Aunque a esa hora no viajaba mucha gente, siempre había alguien en los asientos. Al llegar a la estación de tren, me di cuenta que la ciudad parecía más vacía que de costumbre, más silenciosa y en el fondo sentí una especie de temor. No por el virus, sino por miedo a que alguien intentara robarme o lastimarme, después de todo nunca supe que la gente se convertía en zombis. La doctora volvió a poner su mirada sobre el muchacho y asintió con la cabeza mientras continuaba escribiendo. -Llegue hasta la estación del tren San Martin y ahí me quede, después de haber pagado mi boleto. Solo éramos cuatro personas esperando, una pareja de ancianos, una chica y yo. Me sentía tan mal anímicamente en ese momento, que no me había dado cuenta que la chica junto a mí me había estado observando. Me di cuenta de eso cuando escuche que el tren se acercaba. Levante la vista y ella tenía puestos los ojos en mí… -Veo joven que tiene problemas de amorío, le permitiré que cuente un poco pero le pido que no se desvié de la historia por favor. Interrumpió abruptamente la doctora. -Lo siento doctora. Respondió el muchacho. –Igualmente esa chica forma parte de la historia. -Entonces prosiga, dígame su nombre y que ocurrió luego. -Su nombre es Gisela y lo que ocurrió después fue agradable por unos segundos. Ella me miraba, cuando le devolví la mirada ella sonrió y miro hacia otro lado, por un momento tuve la sensación 2 de que se había puesto un tanto nerviosa, pero eso no viene al caso. Lo que realmente me hizo temblar era su parecido con… bueno no voy a dar su nombre pero se parecía a la otra chica. Dijo el joven mirando como la llovizna empapaba la ventana junto al sillón donde se encontraba la psicóloga. La doctora asintió con la cabeza y le pidió que continuara con su relato. -Era muy similar físicamente y su rostro me recordaba mucho a ella, la diferencia es que tenía el pelo rojizo y sus ojos eran negros, los de Gisela. En cambio… los de la otra chica eran marrones y su cabello era oscuro. Pero en fin, creo que me había gustado y yo le gustaba porque no nos dejamos de mirarnos por un buen rato, hasta que finalmente llego el tren y abrió sus puertas. -¿Y qué fue lo próximo que hizo? Imagino que se acercó a hablar con ella ¿Verdad? -Nada de eso, el miedo me paralizo las piernas y lo único que logre hacer, fue sentarme en el primer asiento que vi. Supongo que fui un idiota porque cuando me baje en la estación Palermo La chica caminó a toda velocidad y parecía ofendida. Recuerdo que resople y camine despacio por la plataforma, pase los molinetes y baje por las escaleras para así dirigirme a mi destino. Por más que fuera domingo o feriado Palermo siempre estaba lleno de autos y colectivos yendo y viniendo en todas direcciones, pero esta vez era realmente aterrador. Las calles completamente vacías, un colectivo pasaba cada tanto sin pasajeros, como si las personas hubieran desaparecido. Los locales tenían las persianas bajas, asique eso hizo que me preocupara un poco más. Sabía que algo no andaba bien, entonces saque mi teléfono celular para mandar un mensaje de WhatsApp a mis padres para preguntar si sabían algo acerca de lo que sucedía, pero fue en vano. No había señal en plena avenida pacifico, ni una raya, era algo desesperante. Decidí apresurarme para llegar lo antes posible hasta la casa de historietas, aunque todavía tenía un buen tramo por recorrer y lo peor de todo es que debía ir a pie, debido a que los colectivos no iban para aquel lado. Se me ocurrió preguntarle a alguien que era lo que sucedía, pero el viento era mi único compañero en esa ciudad, el solo hecho de recordar ese momento se me pone la piel de gallina. Caminé hasta la calle donde debía doblar no recuerdo como se llama… bueno la realidad es que nunca supe cómo se llamaba esa calle, solo sabía que tenía que doblar y caminar unas diez cuadras hasta llegar. Caminé muy deprisa hasta que por fin logre ver a dos personas, estaban muy apuradas y parecían llevar bolsas de mercancía en las manos, intente detenerles pero solo me tomo un parpadeo y esas dos personas desaparecieron, se esfumaron enfrente mío, como si fueran dos fantasmas. Recuerdo que se me estremeció la boca del estómago y fue en ese momento en que decidí volver. El joven se tomó unos segundos antes de seguir el relato, dándole tiempo suficiente para que la doctora cambiara de página. -Continúe. Ordeno. 3 -Cuando gire sobre mis pasos ahí vi al primer zombi, tenía pinta de ser un vagabundo ebrio, muy mal vestido, muy sucio y con un hilo de baba ensangrentada corriéndole por la barba de color gris plomo. Al ver sus ojos, me quede completamente petrificado pero lo que más me asusto de él, fue verlo caminar tan despacio por el medio de la calle, como si no le importaran los autos que a veces andaban a toda velocidad. -¿Y qué fue lo que hizo? -Salí corriendo en alguna dirección. Al principio el miedo me había desorientado, pero solo me tomo unos segundos en darme cuenta que era lo que debía hacer. Sabía que probablemente los trenes ya no funcionarían y la única manera de volver con mis padres era caminando por las vías. Asique como pude, trate de tranquilizarme y luego me dirigí de vuelta a la avenida pacifico, no fue nada fácil volver, había zombis por doquier. Cada tanto veía como un patrullero o una ambulancia pasaba a toda velocidad con las sirenas encendidas, el sonido podía escucharse hasta varias cuadras y luego desaparecían. También podía escuchar disparos de armas de fuego y eso me atemorizaba, aunque quizás un disparo certero hubiera sido lo mejor para evitar toda esta mierda. Pero me preocupaba que una bala perdida diera en mi pierna o en mi rodilla, creo que no tenía miedo a morir en ese momento pero si a morir sufriendo. -Por favor no se desvié joven. -Lo siento. Después de haberme topado con el segundo infectado, logre llegar hasta la avenida pacifico, recuerdo que estaba a unas cuatro cuadras de las vías del tren, podía ver el puente de color verde. Caminé un poco más tranquilo al verlas, y fue en ese momento en que mi corazón dio un salto y casi sale por mi boca. De repente el tren San Martin apareció desde uno de los costados y comenzó a frenarse antes de llegar a la estación, imagínese el salto que di cuando lo vi. Estaba seguro que esa era mi única oportunidad de escapar de la ciudad y volver con mis padres. Pero solamente tenía un minuto para llegar hasta la estación y las cuadras eran bastante largas. La verdad es que nunca fui muy rápido corriendo pero esa vez no fue así, corrí tan rápido como me daban las piernas, lo bueno es que no tarde en llegar, lo malo es que casi me ahogo y falto muy poco para que no pudiera subir las escaleras de la estación. Recupere el aliento y vi como varios infectados se acercaban lentamente hacia mí, fue algo espantoso y gracias a eso volví a darme cuenta que tenía que subir las escaleras. Subí la primera parte, ahí estaba la boletería, generalmente esta tenía las luces encendidas, pero esta vez estaba todo oscuro y en el vidrio se podían apreciar varias manchas de sangre coagulada. Por alguna razón tuve la curiosidad de entrar, aunque sabía muy bien que el tiempo corría y si en veinte segundos no llegaba a la plataforma el tren partiría. En cuestión de segundos decidí continuar con la última escalera, decidí que lo mejor no era mirar hacia atrás y así poder subir me al tren. 4 Solo faltaban cuatro escalones, cuando sentí que algo caía detrás de mí, como si me estuvieran persiguiendo y esa vez la curiosidad o el destino me hicieron mirar. Quise continuar y subirme al tren, pero la vi ahí, con su cabello de color rojo y sus ojos oscuros suplicándome ayuda, se había caído tenía un esguince en su tobillo derecho y lo peor fue que cuando baje por ella dos muertos vivientes se acercaban directamente a devorarla. No sé de donde saque fuerzas para levantarla y subir las escaleras con ella a cuesta, fui como un rayo y al llegar a la plataforma el guarda junto a un oficial de policía esperaban, solo fue unos segundo cuando el pitido de las puertas sonaron indicando que se cerraría y diez segundos después el tren partiría. Salte el molinete de acero inoxidable haciendo que ella se pusiera de pie en el que estaba sano y saltara para detener la puerta hasta que yo lograra subir. El tren arranco, el guarda y el oficial de policía subieron al tren sin pensarlo dos veces y yo quede a pie. Sonrió el muchacho. -¿Cómo lo logro? -Corrí y salte justo a tiempo pasando entre Gisela y las puertas del tren, lo bueno es que estaba adentro, lo malo es que me había golpeado bastante las costillas y dolía al respirar. Ella me ayudo a incorporarme y me abrazo en señal de agradecimiento, que le hubiera salvado la vida. Sentí el abrazo más hermoso del mundo y duro un buen rato hasta que el oficial y el guarda llegaron hasta el furgón del tren. Recuerdo haber visto la ciudad desde ahí arriba y puedo decir que en tan solo unos minutos se fue todo al carajo. Los zombis caminaban sin rumbo por todos lados, había coches chocados bloqueando las calles, edificios incendiándose podría describir miles de cosas. -No se detenga en los detalles por favor. -Lo siguiente no fue muy agradable para ella, tenía que bajarse en Villa del Parque. La estación estaba minada de muertos vivos, asique el maquinista ni siquiera se tomó las molestias de pisar el freno. Recuerdo que ella estaba muy asustada y se aferraba a mí. Cada tanto largaba un leve y sollozo gemido, las lágrimas se le caían del rostro y yo se las secaba con el dedo índice. Solo paro en la estación Caseros gracias a que se lo pedí al guarda. Lo mejor fue que ella bajo con migo, todavía no sabía su nombre pero se había pegado a mi como una garrapata y es me encantaba. El resto no fue nada del otro mundo, lo único que tengo que resaltar es que cuando llegamos mis padres no estaban, parecía una especie de pesadilla, que al abrir la puerta de mi casa, esta estaba vacía como si nunca nadie hubiera estado ahí. Lo demás fue sobrevivir junto a ella, puedo asegurar que disfrute cada momento a su lado, desde que nos levantábamos y salíamos a buscar provisiones, hasta que por la noche nos acostábamos y hacíamos el amor por algunas horas, eso hizo que fuera todo mucho más placentero fácil de llevar. -Muy bien señor, entonces cuénteme como es que llego hasta aquí. 5 -Bueno, era de mañana, recuerdo que no teníamos tanta comida como antes y había cada vez más muertos que nos rodeaban. Ese día estábamos en silencio, abrazados el uno con el otro, podíamos escuchar sus gemidos y sus pasos merodeando por el jardín de la casa. No podíamos movernos demasiado, porque el más mínimo ruido podría atraerlos y quizás intentarían entrar y si eran demasiados lo lograrían, después de todo, la puerta no soportaría una horda completa de zombis. Para el medio día las provisiones se agotaron y no teníamos armas de fuego como para poder luchar y escapar, solo quedaba esperar a que llegara la hora. Creo que esa fue la parte más triste de la historia, el hecho de pensar que todo ese tiempo junto a ella y terminar así, era algo estresante. Llegó el atardecer y estábamos muertos de hambre, a tal punto en que pensamos en buscar insectos y comerlos, para que usted sepa, la comida del medio día había sido una rodaja de pan viejo para cada uno y un solo vaso de agua para ambos. Asique nos pusimos a buscar entre los muebles cucarachas, hormigas, arañas y todo lo que pudiéramos comer, pero tuvimos muy mala suerte, asique nos abrazamos nuevamente y nos quedamos en silencio mientras los zombis se acumulaban cada vez más en las calles. Estaba dormitando, me sentía muy mal, mi cabeza parecía estar llena de aire y mi boca estaba más seca que nunca. Gisela solo dormía, no sé porque pienso que fue muy afortunada en ese momento, hubiera deseado dormir igual que ella, pero no fue así aunque al mismo tiempo eso fue bueno, gracias a estar despierto logre escuchar el ronroneo de los camiones militares. La desperté de inmediato, recuerdo que estaba muy pálida, que sus pecas apenas se veían y sus ojos parecían un poco desorbitados, ella era delgada pero ahora estaba demasiado delgada. Nos pusimos de pie y nos acercamos a la ventana, recuerdo que temblaba demasiado y la ropa le quedaba un poco grande. Para nuestra suerte los camiones avanzaban despacio, gracias al amontonamiento de muertos vivientes que los rodeaban. Lo malo, es que la casa también estaba rodeada de caminantes y abrir la puerta era una muerte segura. En ese momento me acorde que la casa tenía un pequeño lavadero en el techo, algo que estuvo abandonado desde siempre y esa seria nuestra escapatoria. Subimos las escaleras rápido pero sigilosamente. El lavadero no era muy espacioso y tenía una sola ventana que daba hacia la calle, por suerte romperla no fue complicado, ya que estaba en muy mal estado y no necesito más que un solo golpe. Al salir al techo de la casa, vi que la situación era más complicada de lo que parecía, los infectados eran miles y no paraban de venir, parecía que el rugido de los motores los atraía y nos complicaba la llegada hasta ellos. Asique los camiones debían venir, solo que la pregunta era ¿Cómo? No había forma de llamar la atención de los soldados, estaban entretenidos disparándoles a esos malditos, fue ahí que se me ocurrió que el fuego sería una buena señal para hacer que nos vieran. Le pedí a Gisela que se quedase en el techo intentando llamarles la atención y yo baje corriendo en busca del alcohol un trapo y la caja de fósforos, con el último fosforo que nos quedaba. Al parecer, los caminantes se dieron cuenta que estábamos dentro, porque comenzaron a romper las ventanas e intentaron entrar con ferocidad. Tomé todo lo que buscaba y subí como un rayo, 6 recuerdo que había viento y ese fosforo era nuestra única oportunidad, asique solo había un intento. Rocié bien el trapo con todo el alcohol y le pedí a Gisela que se parara frente a mí lo más cerca posible del trapo para cortar el viento. Respire profundo y lo hice, logre encender el trapo en el único intento. Ardió de inmediato pero eso basto, para que los camiones pegaran la vuelta. Y Así es como logramos llegar hasta aquí. Diez minutos después los camiones habían limpiado la puerta y estábamos subiéndonos para salir de la ciudad. Una vez arriba, la bese y le dije agradecí por haberme mantenido con vida durante todo este tiempo. -Excelente señor Suarez. Eso es todo por hoy. Dijo la doctora poniéndose de pie al mismo tiempo que lo hizo el muchacho. El joven salió por la puerta y la doctora volvió a su sillón para releer lo que había anotado. Todavía tengo el recuerdo del primer zombi, el vagabundo que deambulaba por la calle, era distinto a los demás, no sé qué es lo que tenía pero sé que era distinto. E.A.CASTILLO 7 ESPERO QUE LO DISFRUTEN, DESPUES DE UN TIEMPO SIN ESCRIBIR ACA LES DEJO LA SIGUIENTE PARTE DE UNA HISTORIA DE ZOMBIS, FELIZ 2018 PARA [email protected]

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Cuento cortito
ArteporAnónimo8/22/2018

Hola acá les dejó este cuento que me hicieron escribir en un curso que esto haciendo espero que les guste saludos. -Nos quedamos encerrados-. Le dijo Miguel a Gisela viendo el patio vacío del colegio. -¿Y ahora qué hacemos?-. Gimoteó la chica. -Esperamos a que alguien se dé cuenta y nos venga a buscar-. Trató de calmarla invitándola a sentarse junto a una puerta metálica en muy mal estado. –Igual espero que lo de la historia del caníbal sea mentira. -¿Qué? ¿Qué historia?-. Su rostro se empalideció. -Cuenta la leyenda que acá vive alguien, una especie de cuidador o algo así, pero dicen que el tipo está loco y come carne humana-. Relató con la intención de que se asustara solo para poder abrazarla. –Na tranquila no pasa nada, no es la primera vez que me quedo acá encerrado, además ya lo vi un montón de veces y nunca me hizo nada-. Continuó mintiendo haciendo que Gisela se asustara aun peor. Entonces se produjo un ruido detrás de la puerta. -Ves te dije que alguien iba a venir. Al abrirse un hombre robusto de mirada asesina y cubierto de sangre apareció del otro lado. De inmediato sujetó a la joven de los pelos y con una fuerza demencial la levantó hasta hacerla ponerse de pie. Los ojos se le llenaron de lágrimas y a continuación el hombre clavó sus pequeños y afilados dientes amarillentos en el delicado cuello de Gisela. De un mordisco le arrancó la piel cortando varias venas y arterias haciendo que la sangre brotara como un manantial. Miguel gritó desaforado al ver como a su compañera se le daban vuelta los ojos y una espuma blanca le salía de la boca. -Asique la historia era una mentira-. Dijo el hombre con una voz ronca y maligna mirando al muchacho que estaba paralizado por el terror que sentía. El pantalón del joven se bañó en orina mientras que el caníbal jaló del pelo a Gisela para arrastrarla hasta el otro lado de la puerta, extendió su mano y la cerró de un golpe produciendo un ruido sordo. La chica aulló de dolor cuando el hombre volvió a morderla varias veces en el cuello, desgarrándole la carne con los dientes y Miguel se quedó inmóvil lloriqueando deseando que todo fuera una pesadilla. Lo que mi cabeza escribe. E. A. Castillo

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El gato de los cuatro colmillos (lo que escribe mi cabeza)
El gato de los cuatro colmillos (lo que escribe mi cabeza)
ParanormalporAnónimo9/7/2017

Hola a todos, aca les dejo un nuevo cuento escrito por mi. Lean, comenten y si les gusto puntuen. SALudos Juan era un hombre mayor, de unos sesentainueve para setenta años. Ya habían pasado cuatro años desde que dejó su empleo como mecánico en la fábrica de Peugeot y ahora se encontraba en su casa, como todos los días, acomodando el gran fondo. Estaba sacando chatarras de su viejo galpón, piezas de autos que ya solo eran estorbo y que jamás volvería a usar. Era una mañana primaveral, no hacía calor, pero tampoco hacia frio. Una suave brisa hacia mecer las copas de los árboles y el olor a césped acariciaba las fosas nasales del viejo. El hombre saco varios bulones, tuercas y demás objetos llenos de grasa en una bolsa de nailon de supermercados cuando de la nada, apareció un viejo gato maullando. Era de color té con leche, pero a decir verdad estaba en muy mal estado y apestaba a animal muerto. Sus ojos y orejas estaban manchados con sangre, tenía varias magulladuras en las mejillas y solo contaba con cuatro dientes. Su pelo se desprendía de a pelotones, su cola además de lastimada parecía estar cubierta con alguna clase de pegamento de color negro, al igual que sus patas. El gato se acercó lentamente a Juan que lo observaba extrañado, al ver su estado deplorable. Sus maullidos eran fuertes y parecían suplicarle al hombre, que le extendiera un poco de agua limpia y un poco de carne cruda para comer. -Pareces hambriento, viejo amigo. Dijo el hombre sonriendo. El gato continúo maullando cada vez más fuerte, hasta que Juan decidió ir a la heladera para buscar algo de leche. La calentó en un pequeño jarro de color gris plomo y espero a que esta le pasara el hervor, un minuto después el hombre estaba caminando hacia el fondo de la casa donde el gato esperaba relamiéndose las patas delanteras. -Aquí tienes pequeño. Le entrego el jarro quejándose de sus rodillas al agacharse. El gato se abalanzo para tomar la leche, no duro más que unos pocos segundos en llegar al fondo del recipiente y seguir pasándole su áspera y pequeña lengua rosada. Una vez satisfecho, restregó su cabeza, su cuerpo y su cola sobre la pantorrilla de Juan, como agradeciéndole su acto de nobleza y luego se acostó haciéndose una rosca junto a él, hasta quedarse dormido. El hombre continúo con su tarea hasta la hora del almuerzo. Su esposa Inés había preparado la sopa y la había servido en un plato hondo. El viejo Juan, estaba pellizcando un trozo de pan cuando el timbre de su casa sonó. Al abrir la puerta, su hijo esperaba en la puerta con todas sus maletas y pertenencias a su alrededor. -¿Carlos que haces aquí? Pregunto el hombre atónito. - Papá, he hecho una mala jugada y… no… tengo a donde ir. Respondió con voz ahogada. –Lo he perdido todo. -Adelante, te ayudare. Su hijo entro, con lágrimas falsas cayendo de sus ojos, dejando todas sus cosas ahí en la calle. El pobre Juan tomo un bolso en cada mano y haciendo un gran esfuerzo y maldiciendo entro a la casa, solo para escuchar a su hijo abrazarse con su madre. Después de un rato el hombre logro entrar todo. Quejándose de un fuerte dolor de espalda camino hasta la cocina, donde su hijo esperaba a que su madre le sirviera un plato de la sopa, mientras que este contaba lo arrepentido que estaba de lo que había hecho la noche anterior. Pero Juan sabía que todo era una farsa, que su hijo había apostado hasta los papeles de su casa sin miramientos y ahora lo había perdido todo. Resignado preparo la antigua habitación donde Carlos había dormido durante su niñez hasta convertirse en un adulto y la dejó lista para que este se ubicara ahí hasta que pudiera irse o su madre lo echara a patadas. Cuando el atardecer llego, Juan, se encontraba junto a su gato mal oliente, en el fondo de su casa esperando a que la larva de su hijo se fuera de juergas con el dinero de la jubilación de Inés. No paraba de maldecir y mascullar bronca, pero el jamás noto que el gato color té con leche, había estado sentado mirándole y parecía haberle prestando atención a lo que él decía, como si lo entendiese. Enojado y malhumorado, volvió a la casa cuando el sol finalmente cayo y las estrellas comenzaron a brillar. Su esposa, le había entregado todo su dinero a Carlos y esto hizo que el estómago se le revolviera por completo. Carlos llego casi a las doce de la noche completamente ebrio y sin un solo peso en el bolsillo. Juan se había acostado hacia un buen rato junto a Inés, pero el hombre seguía despierto mirando a través de la ventana. Cuando su hijo cerró la puerta de su habitación, el gato apareció entre la oscuridad, se sentó frente a la ventana de Juan y se quedó ahí mirando al viejo totalmente inmóvil, con sus ojos amarillos brillándoles y su cola moviéndose para todos lados. Parecía ser un asesino en serie, solo esperando a que el viejo de la orden, así poder atacar y aniquilar a su víctima. El viejo que lo miraba mudo, asintió con la cabeza y cerro las cortinas antes de irse a dormir. A la mañana siguiente, Inés le despertó llorando. Su hijo estaba muerto, tendido en su cama. Con toda calma fue hasta la habitación para verle la cara antes de que su esposa llamara a la policía. Tenía abiertos los ojos, estaban enrojecidos parecían irritados, rodeados de enormes ojeras. Su piel era blanca y un espeso líquido color negro salía de su boca. La policía acudió de inmediato, por más que buscaron e hicieron todo tipos de pruebas, el único rastro que había en el cuerpo de Carlos estaba en su cuello. Cuatro puntos rojos como picaduras de abejas, fue lo único que se pudo encontrar en tan espantoso crimen. El asesino no había dejado huellas, ni rastros pero Juan lo sabía. No había sido un hombre, él sabía que el gato té con leche había sido el autor del crimen. Inés paso el resto del día gritándole e insultándole culpando de la muerte de su hijo. Harto de toda esa porquería fue hasta el fondo, donde el gato dormía plácidamente y llevándole otro jarro con leche le dijo: -Amigo mío, te estoy muy agradecido por esto, pero ahora necesito que la quites de encima. Ya no la aguanto. El gato pareció sonreírle y acepto la leche como una ofrenda. El hombre espero hasta la media noche y se paró junto a la ventana. El gato salió de la oscuridad como lo había hecho la noche anterior y se quedó sentado mirándolo, esperando a que este le diera la señal para volver a actuar. El viejo abrió la ventana y asintió con su cabeza al igual que la última vez, giro sobre sus pies y salió de la habitación donde Inés dormía plácidamente. El día siguiente no se hizo esperar. Juan despertó desesperado, pensando en lo arrepentido que estaba de haberle pedido al gato que matara a su esposa y rogo que no lo hubiera hecho. Pero fue demasiado tarde, su esposa yacía tendida en su cama con la boca abierta con el líquido negro saliéndole de adentro. Después de que la policía se fue, decidió echar al gato de su casa. Encaro al fondo enfurecido y ahí se encontraba contento y maullando. Lanzo una patada asestándole a la pata trasera del animal, que bramo rabioso mostrando sus cuatro colmillos. -¡Largo de aquí, gato apestoso, no quiero volver a verte! Grito con las lágrimas en los ojos. El gato camino a toda velocidad y antes de desaparecer, posó su mirada fría en los ojos del viejo Juan lleno de resentimiento y bronca. Juan suspiro aliviado, pensando que se había deshecho del maldito gato y volvió a su casa para preparar la cena. Una vez que se hizo la media noche, el hombre entristecido se fue a su habitación lamentando lo que había hecho con su esposa y al mismo tiempo maldiciendo al gato del demonio. Todo ya estaba oscuro y en silencio y ahora Juan estaba acostado en su cama cuando escucho que la puerta de calle se habría y alguien entraba. Juan dio un salto y corrió hasta la cocina gritando para que quien había entrado se fuera de inmediato. Pero al llegar vio en la inmensidad de la noche, la sombra del gato, ahí sentado esperándolo, con su mirada de ojos brillantes y su sonrisa macabra esperándolo muy paciente para clavarle sus cuatro colmillos. Juan grito horrorizado, pero el gato salto como un rayo a su cuello y lo mordió, haciendo que este quedara de rodillas frente al animal suplicándole piedad, pero fue demasiado tarde, un líquido espeso y oscuro atravesó su garganta y todos los músculos de su cuerpo se paralizaran hasta que este quedo inmóvil. Lo último que logro ver fue al gato saliendo de la habitación, maullando contento por haber logrado su objetivo. E.A.CASTILLO

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Una historia de zombis (lo que escribe mi cabeza)
Una historia de zombis (lo que escribe mi cabeza)
ParanormalporAnónimo9/9/2017

HOLA A TODOS, ACA LES DEJO UNA NUEVA HISTORIA ESCRITA POR MI, ESPERO QUE LA DISFRUTEN, LENA COMENTEN Y SI LES GUSTO PUNTUEN. -Muy bien señor Martínez, cuénteme ¿cómo es que llego hasta la aldea? Dijo la doctora mientras tomaba nota. -Lo hare señorita. Respondió sonriendo. Pero dígame, ¿de dónde le gustaría que empiece? Es una historia muy larga. -Usted dijo algo acerca de una iglesia, ¿podría empezar desde allí? -En la iglesia no ocurrió demasiado, pero si usted lo desea comenzare desde ese punto. Recuerdo que todo era caótico. La gente saqueaba locales en busca de provisiones y luego se escondía en sus casas, como si eso fuera la salvación. Yo era perseguido por esos zombis, no eran muy rápido como usted sabrá, pero si eran demasiados y parecía que se multiplicaban con el correr de las horas. A donde iba, por más bien escondido que estuviera, ellos me encontraban y a lo último no tenía a donde ir. Recuerdo que era de noche y caminaba sin rumbo por las calles, hasta que me topé con la puerta de la iglesia. Tuve la esperanza de encontrar refugiados dentro, pero el lugar se hallaba vacío. Revise el lugar y encontré bastante comida no perecedera. Era suficiente como para tirar unos meses, pero no para sobrevivir hasta que esto finalizara. Tenía medio tanque de agua limpia y una cama ubicada dentro de la sacristía, además de tener un baño y una puerta segura, era la única que tenía llave, asique ahí me quede. Un día, estaba acostado en la cama, mirando al techo, viendo pasar mi vida de forma lenta y aburrida, hasta que alguien golpeo la puerta de la sacristía. -¿Y que hizo entonces? Pregunto la mujer sin levantar la vista del cuaderno. -Al principio sentí un poco de miedo, no sabía si abrir la puerta era una buena idea, pero tuve que hacerlo. Era eso o esperar a que los alimentos se terminen y morirme de hambre. Puedo decir que no fue fácil, las manos me sudaron y me temblaban las piernas. Cuando abrí la puerta me encontré con una mujer del otro lado, no estaba mal vestida y se veía confiable, aunque llevaba un revolver en su mano y no dudo en apuntarme a la cabeza. Solo di algo, me dijo frunciendo el ceño. Fue gracioso porque las palabras no me salían y la mandíbula me temblaba. Lo único que pude hacer fue levantar las manos, entonces la mujer bajo el arma. -¿Qué ocurrió luego? -La mujer me llevo hasta la puerta donde un grupo de hombres y mujeres armados esperaban. Recuerdo que al caminar por la iglesia note que estaba en muy mal estado, llena de polvo y telas de araña y no se veía bien, ya que las luces estaban apagadas. 1 Cuando salí y vi al grupo, pensé en que me iban a ejecutar. Recuerdo que lo único que se me había ocurrido en ese momento fue en golpear a uno de ellos, quitarle el arma y tomarlo como rehén para poder escapar, pero el pensamiento duro solo unos segundo, porque otra parte de mi cabeza me advertía que ellos eran demasiados. La mujer que me había encontrado le aviso a uno de los hombres acerca de las provisiones que yo conservaba en mi refugio. Entonces el hombre le ordeno a otros dos que fuera a por ellas. Lo cargaron todo en un carro y me dijeron que no tenían problema en que fuera con ellos, pero no podían dejarme con todo eso porque ellos también lo necesitaban. Accedí sin chistar y me uní al grupo de supervivientes. Me acuerdo que la ciudad estaba en muy mal estado. Había autos chocados en las calles, cristales rotos esparcidos por el piso, cada tanto veíamos cuerpo destrozados y había que dispararles en la cabeza, ya que habían vuelto a la vida. Caminamos por la calle Lisandro de la Torre hasta que al fin llegamos al refugio… -¿Dónde quedaba eso? Interrumpió la doctora. -Era la cancha de Estudiantes de Buenos Aires en el barrio de Caseros. Contesto de inmediato. –Al entrar un hombre en sillas de ruedas abrió el portón de entrada y pudimos pasar. El hombre llevaba una escopeta recortada en el regazo y casi me vuela la cabeza cuando me vio entrar. La mujer que me había encontrado, que creo que se llamaba Mirta o Marta, no estoy muy seguro. Le ordeno que bajara el arma y dijo que a partir de ese momento el estadio seria mi nuevo hogar. Había mucha gente viviendo en ese lugar y todos parecían estar muy tranquilos. Para ser honesto, nunca pude saber cómo habían conseguido para entrar al estadio y convertirlo en una fortaleza. Lo único que sé, es que todos debían trabajar para mantenerlo en buen estado, asique me consiguieron tareas para realizar a cambio de mi estadía. -Recuerda ¿qué fue lo mejor y lo peor del lugar? -Lo mejor era que no estaba solo, podía conversar con la gente y mantener largas charas contarnos anécdotas de como habíamos sobrevivido al apocalipsis zombi. Lo peor en mi punto de vista, era tener que montar guardia por las noches y tener que dispararle a los muertos vivientes, que pretendian ingresar para poder alimentarse de nosotros,o quizás lo peor venia después, cuando al día siguiente, el líder ordenaba quitar los cuerpos y llevarlos lo más lejos posible, para que cuando estos se descompusieran el estadio no hediera a muertos. -¿Sabia como era el nombre del líder? -A decir verdad no. Nunca me intereso saber el nombre de las personas que vivían ahí, no soy un hombre muy sociable. El único nombre que aprendí era el de mi compañero de cuarto Ernesto, un muchacho flacucho de unos veinte años de edad, con pelos enmarañados y nariz larga y puntiaguda. No es que tuviera lastima por él, pero sentía que ese muchacho no tendría un buen 2 futuro. Era un vago realmente, cada vez que le ordenaban hacer algo este se escondía y alguien tenía que hacer el trabajo por él. Me acuerdo que estaba enamorado de una joven un poco más joven, creo que se llamaba Tatiana o algo así, recuerdo haberla visto un par de veces, era bajita y delgadita, eso sí, tenía grandes pechos para una chica de su edad y al pobre Ernesto lo tenían como loco. El muchacho se masturbaba al menos tres o cuatro veces al día. JAJAJA. Rio el hombre con una especie de melancolía. Era gracioso verlo, pero al mismo tiempo frustrante, porque en el fondo sabia tan bien como el que no lograría nada con ella. -Por favor avance un poco más en la historia. Dijo la mujer mirándolo sobre sus anteojos. –O mejor cuénteme ¿cómo fue su estadía y como es que llego hasta aquí? -Todo iba de maravillas, la gente vivía como si nada, como si hubieran estado toda su vida ahí adentro. En la cancha ósea en el césped habían sembrado semillas de árboles y plantas por todos lados, para evitar que las tormentas no inundara el lugar. Las comidas no eran manjares, pero se podían comer y me llenaban el estómago. Por otra parte, no recibimos más ataques de zombis por unas cuantas semanas y se corrían rumores que todo iba a volver a la normalidad. Pero eso fue falso, ya todo estaba acabado. Con respecto a cómo llegue hasta aquí. Le diré que fue un día normal, como todos. Recuerdo que limpiaba el cuarto donde dormía mientras que Ernesto miraba por la ventana, de seguro recordaba a Tatiana aunque no estoy seguro de ello ya que nunca decía demasiado al respecto. Supongo que debíamos haber hablado un poco más, porque unos minutos después oímos una explosión proveniente del portón número cuatro. Me acerque a la ventana para ver, lo único que pude notar era que había mucho humo proviniendo del portón. Al principio pensé que una horda de muertos vivientes había atravesado las vallas pero era demasiado extraño porque casi nunca lograban llegar hasta ellas. Después de que el humo se disipara logre ver un cuerpo en el piso y me di cuenta que algo andaba mal. La siguiente explosión no se hizo esperar, pero esta vez provenía del interior de donde estábamos. -Antes de continuar explíqueme ¿dónde es que estaban? ¿El estadio era lo suficientemente grande que tenía un hotel propio? -No sé cómo se llama ese lugar, pero sé que estaba debajo de las plateas. Ahí estaban las oficinas, las cabinas donde se relataban los partidos, el gimnasio los vestuarios y el comedor. Nosotros usábamos una de las oficinas como habitación pero no era tan grande como para tener un hotel propio. La mujer asintió con la cabeza y continúo tomando nota. 3 -Volveré a donde me había quedado. Después de la segunda explosión, yo me escondí detrás del armario metálico que estaba junto a mi cama. Recuerdo que Ernesto estaba adormecido, cuando algo golpeo la puerta fuertemente e hizo saltar al pobre muchacho de la cama. Recuerdo haberlo visto levantado frente a la puerta, cuando de repente un estallido hizo saltar la cerradura abriéndola de lado a lado. El hombre enmudeció y la doctora levanto la vista para ver que ocurría. Al verlo, pensó que le caerían las lágrimas pero volvió a hacer una pregunta para que esto no ocurriera. -¿Y qué fue lo que sucedió con el muchacho? Antes de continuar, respiro profundo y se tomó unos segundos. -Fue otro estallido, pero esta vez era el de un arma. Recuerdo haber visto como las tripas salían por el estómago del joven y se esparcían por todo el piso. La verdad quede traumada al ver esa escena pero me quede en silencio viendo como el chico moría desangrado lentamente. Su rostro estaba tan pálido como el mismo piso en donde estaba recostado. Vi como un hombre calvo, con pinta de loco, lo observaba y al mismo tiempo se reía, como burlándose de él. Supongo que la suerte estaba de mi lado, porque ni siquiera se tomó el trabajo de entrar a la oficina. Si solo hubiera dado un paso, habría visto que el armario había sido removido de su lugar, ya que el piso estaba marcado. De seguro me habría disparado a mí también y no podría haber contado esta historia. Después que el hombre calvo saliera, tome mi revolver y me escabullí por los pasillos, había cadáveres por doquier y hedía a pólvora. Antes de salir me topé con un grupo de esos locos armados, pero mi instinto de supervivencia me hizo esconderme en un recoveco sin que me vieran. La verdad es que salí como un rayo y estaba a punto de orinarme del miedo. Cuando por fin estuve en la calle, me dirigí al centro de caseros, caminando por la avenida Urquiza. Mire hacia los edificios y casi ninguno tenía ventanas, el interior estaba oscuro y me conmovió un poco el solo hecho de pensar que antes tan solo un par de años atrás vivían familia y que quizás ahora sus huesos yacían ahí adentro. Nunca había visto a Caseros así en ese estado tan deplorable. Viví casi toda mi vida en ese barrio y lo había visto en muy mal estado, pero no así. -¿Así cómo? -Así, tan vacío que parecía muerto, con las calles llenas de coches abandonados, con basura desparramada por las veredas, con puertas y ventanas clavadas con tablas de madera. Admito que siempre soñé con ver un apocalipsis zombi en mi ciudad, pero en ese momento me di cuenta lo tan arrepentido que estaba. No era nada como lo imaginaba y era aterrador. Camine lo más rápido que pude hasta que llegue a la calle Tres de Febrero. Me encontré que el paso por la avenida Urquiza estaba cerrado y no había posibilidad de continuar, asique gire sobre mis pies e intente volver, suponiendo que los locos ya se habían esfumado. 4 Al voltear me di cuenta que no estaba solo. Ciento de miles de infectados me habían estado siguiendo en silencio y ahora estaban muy cerca de mí. Mire para el lado izquierdo y las vías del tren San Martin no se veían muy confiables además de que algunos infectados comenzaban a aparecer por ahí. Sin pensarlo dos veces, encare hacia el otro lado. Recuerdo haber visto una ametralladora sin balas, montada sobre sacos de arena, a la mitad de la cuadra. Apure el paso pero uno de esos zombis ya estaba lo tenía casi encima y tuve que correr. Solamente volteé para ver a donde estaba y cuando volví a poner la vista hacia adelante, me di cuenta que otra pared de muertos vivientes se formaba frente a mis ojos. -¿Y qué es lo que paso señor Martínez? ¿Cómo es que logro sobrevivir? -Lo primero que pensé fue en levantar una de las persianas de los negocios y meterme en el interior, pero eso solo retrasaría mi muerte y si lograba sobrevivir ahí dentro seria agónica. Después recordé que traía un arma en la mano pero tampoco me serviría de mucho, ya que solo tenía seis balas en el tambor. Me di cuenta que solo tenía dos opciones… -Cuéntemelas por favor. Interrumpió ansiosa por saber que había pasado luego. -La primera opción, era escaparme utilizando muy bien las seis balas, asestando los disparos y abrirme el camino necesario para salir con vida, pero solo era una estupidez ya que me rodearían de inmediato y me comerían vivo. -¿Y la segunda? -La segunda era quitarme la vida y era la más lógica y la más rápida de terminar con toda esa mierda. Puse el revolver a la altura de la cien y puse el dedo sobre el gatillo. Cerré los ojos mientras los muertos seguían acercándose de manera lenta. Estaba a punto de disparar, cuando volví a abrirlos. Esta vez dos zombis estaban justo frente de mí, a punto de abalanzarse. Volví a cerrar mis ojos y en ese momento, cuando estaba por hacerlo, sentí la acelerada de un camión y el rugido del motor andando a toda velocidad. Sentí el golpeteo de los cuerpos impactados por las chapas del camión y abrí los ojos. Alguien me había visto y atravesó la pared de zombis, desparramándolos y destrozándolos por todos lados. Solo fue un segundo, los monstruos que tenía delante habían extendido sus brazos para tomarme de los hombros. De repente, sentí el chillido de los frenos y los dos monstruos fueron a parar casi a las vías del tren. Sonrió el hombre. -Señor Martínez, nuestra sesión ya está por terminar. Dijo la doctora mirando su reloj. –Por favor sea breve para finalizar con su historia. -Si señora. Respondió. –El hombre que me había salvado la vida era ese tal Toni. Recuerdo que bajo la ventanilla y me grito que me apresurara o quedaríamos rodeados. Corrí hasta el lado del acompañante y antes de subir, dispare mi revolver dándolo en la cabeza a uno de los infectados. Una vez que subí, recuerdo que el hombre hizo un gran esfuerzo en girar el volante para regresar y 5 unos segundos después, el camión estaba abriéndose paso nuevamente y un par de horas más tarde nos dirigíamos hacia este lugar. -Muy bien señor. Irrumpió la doctora. –Ya es la hora, pero antes de que se vaya ¿Quiere decirme si está arrepentido de algo? -La verdad es que sí, me arrepiento de no haber podido ayudar a ninguna de las personas con las que había estado conviviendo en el estadio. Dijo levantándose de la silla y un minuto después, salió del consultorio. E.A.CASTILLO 6 SI VALE LA PENA HAGANME LO SABER, YA QUE TENGO OTRAS HISTORIAS COMO ESTA, ESCRITA QUE DEJE EN EL OLVIDO, DESPUES DE HABER LEIDO GUERRA MUNDIAL Z DE MAX BROOKS. NO ES UNA COPIA, SIMPLEMENTE SE ME ADELANTO (OBVIAMENTE YO NO SABIA NADA ACERCA DE LO QUE EL HABIA ESCRITO) SALUDOS…

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Fragmento de cuento de terror. (LQMCE)
ParanormalporAnónimo10/14/2017

Bueno gente, por algunos motivos de tiempo, no pude escribir en este último mes. Acá les traigo un fragmento de algo que escribí en estos días. Se los dejo para que lo lean, disfruten y si les gusto comenten y puntúen… Saludos y feliz día de las madres/familias. Eso que estaba delante de su cama, comenzó a moverse de manera invertebrada, tenía forma humana pero no podía distinguir su rostro, ni ninguna otra parte de su cuerpo. Solo era una sombra con ojos brillantes y malignos. Juan podía ver como se acercaba cada vez más, sus piernas temblaban de miedo, no podía moverse y a medida que la sombra se acercaba le dolía demasiado la cabeza. Solamente podía mover los ojos, de arriba abajo y de derecha a izquierda. Intentaba gritar, pero la boca no cedía, tenía la sensación de que estuviera pegada. Podía ver a su novia con los ojos abiertos mirando lo de una forma muy extraña, su piel estaba más pálida que de costumbre y sus ojos estaban muy abiertos. Intentaba moverse con mayor brusquedad, pero solo conseguía que su cuerpo temblara. -Necesito despertar. Pensó mientras la sombra apoyaba su mano congelada sobre su rodilla. Apunto su mirada hacia la sombra que estaba cada vez más cerca de él, volvió a mirar a su novia y su rostro se deformo, una sonrisa macabra se dibuja en ella. Sus ojos se oscurecieron por completo como si estuvieran vacíos, su boca era sombría también, su pelo flotaba y su delicada piel comenzaba a arrugarse y a tomar un color blanco-verdoso. Estaba aterrado y seguía sin poder despertar, sabía que estaba dormido y que todo era una pesadilla, aunque era muy real y tenebrosa. El miedo se agudizaba en él cada vez más, no encontraba la forma de quitarse a ambos de encima. La sombra era diabólica, ahora su rostro se reflejaba en la oscuridad, era mucho peor de lo que se veía y sus enormes dientes estaban muy cerca de su boca, tanto que podía sentir su aliento hediondo. Con mucho esfuerzo logro cerrar sus ojos, pero no le sirvió de nada, pudo sentir como la bestia se metía en su cuerpo y se apoderaba de él. Pudo verlo en su interior, apoderándose de su mente, de su cuerpo y despojando su alma de él. Por un momento logro ver salir algo de esa sombra, era muy grande la mitad de su cuerpo eran la de un hombre musculoso, tenía cuernos de cabra que salían de su frente y se enroscaban encima de sus orejas puntiagudas, en su espalda sobresalían un par de alas de murciélagos, sus manos eran normales a diferencia de sus dedos que en las puntas tenían huesos puntiagudos sobresalidos. Su mitad de abajo era como el de una cabra y llevaba una cola larga y fina de color negra. La bestia bramo y por fin el muchacho pudo despertar dando un salto de su cama despertando a su novia que dormía muy tranquilamente. -¡Esta dentro de mí, está dentro de mí! Grito tomándose la cabeza. –Por favor quítenmelo de adentro. Continuo sollozante. -¿Qué es lo que está dentro tuyo? Pregunto muy asustada la joven. 1 Giro su cabeza y trato de responder que la bestia se había metido dentro de él, pero el rostro de la chica volvió a tomar la forma maligna igual que lo había hecho en sus sueños. Pamela miraba desorbitada y sin saber qué hacer, el joven continuaba gritando ahora con los ojos cerrados, agazapado contra la pared. Los alaridos alertaron a su madre quien acudió de inmediato a la policía. El patrullero no tardo en llegar y logro hacer que el muchacho se calmase por algunos minutos al menos. -¿Qué es lo que te sucedió? -No lo sé, estaba dormido y vi que algo se metía en mi cuerpo, pero creo que fue un muy mal sueño. Dijo el muchacho temblando. -¿Consumes algún tipo de drogas? Pregunto uno de los oficiales. El joven intento mirarlo, pero el rostro del oficial se deformo de forma automática, sus ojos y su sonrisa eran iguales a los de su novia en el sueño, tan malignos y oscuros. Se negó con la cabeza indicando que no había consumido nada de drogas y era cierto, pero los oficiales no le creían. Esperaron que llegara la ambulancia y se lo llevaron al hospital para hacerle todos los estudios necesarios, los cuales dieron a la perfección. El médico que los atendió era un hombre alto de pelo blanco y de nariz ganchuda. Sugirió que lo llevaran a ver a un psiquiatra cerca del hospital, un viejo amigo de él, que atendía todos estos tipos de casos de demencia prematura. Y eso fue lo que hicieron. La dirección que el doctor les había dado, indicaba que era una antigua casa en el centro, era alta de tres pisos al menos, tenía tejado negro y una decoración gótica, además de verse muy antigua. Tocaron el timbre de la gran puerta de madera y esperaron un buen rato. Juan no paraba de temblar y de balbucear palabras sin sentido, su madre y su novia se miraban extrañadas al escuchar al pobre muchacho. Hacía frío esa noche, el cielo estaba estrellado y en la casa parecía no haber nadie. Volvieron a tocar varias veces más el timbre, hasta que un hombre mayor, encorvado, de nariz larga y ganchuda abrió la puerta, su madre pudo ver dos enormes bolsas bajos sus ojos celestes, su cabello plateado y sus arrugas le indicaban que había pasado la línea de los setenta. -¿En qué puedo ayudarles? Pregunto el anciano con voz cansada. -El doctor López, nos pidió que lo visitáramos con urgencia. Respondió la madre mirando a Juan. 2 -López es un buen amigo. Repuso mirando al muchacho. –Adelante debe de ser muy importante para que el los haya enviado hasta aquí. El viejo los dejo pasar, Juan parecía muy asustado al ver la oscuridad que había en el interior de la casa. Por un momento, tuvo la sensación de ver una mujer vestida de blanco atravesar la oscura y siniestra sala de estar. Creyó sentir algo de frio, pero eso que estaba dentro de él le preocupaba mucho más que cualquier otra cosa. Siguieron al hombre hasta la parte de arriba en donde había un consultorio, estaba bastante desordenado y había varios elementos médicos, los cuales parecían ser anticuados. Juan vio la luz blanca de las bombillas, el viejo tomo una pequeña linterna y le examino los ojos seguido de la boca. Cada tanto podía oír como las palabras que Juan emitía no tenían razón alguna, aunque al hombre no parecían preocuparle en lo más mínimo. -Señora. Dijo el hombre con una voz calmada. –Su hijo no está loco, quizás no es una ayuda que un médico pueda proporcionarle. -¿Qué esta insinuando? ¿Qué mi hijo Juan no tiene cura? -Señora. Volvió a repetir. –Su hijo debe descansar y le recomiendo que rece por él, otra cosa no puedo decirle. Pídale al señor que se recupere pronto. -Explíquese por favor. Contesto ante la sorpresa de su novia. -No puedo explicarle bien señora, le daré algunos medicamentos para calmarlo, para que la paranoia no se haga algo insoportable y… -Usted está diciendo que va a drogar a mi hijo. Interrumpió abruptamente la mujer. -Lo siento pero es así como puedo ayudarle, deberían ver a otras personas no hay nada que la medicina moderna pueda hacer. Pamela y la mujer se quedaron boquiabiertas. Por otro lado Juan ahora estaba seguro de haber visto a la mujer caminando por los oscuros pasillos de la parte superior de la casa. Era aterrador verla caminar, parecía ser la dueña de la casa y parecía que rondaba cerca del muchacho porque le atraía. Cada vez que se cruzaban esta lo miraba, sus ojos eran amarillos y brillaban como dos pequeñas lámparas, le mostraba una sonrisa, de dientes perfectos y luego continuaba con su recorrido que parecía no tener fin. -¿Qui.. Quien es-ss la.. Esa mujer? Pregunto entre balbuceos. 3 -¿Qué mujer dices hijo? Contesto el anciano. –Aquí las únicas dos mujeres que hay son tu madre y tu joven novia. -Mujer, mala, mala mujer. Dijo con las lágrimas cayéndole de los ojos. Cada tanto el monstruo en su interior le daba un pellizco, haciendo que su piel se marcara dejando grandes moretones violáceos, haciéndole doler bastante, cada tanto el estómago se le revolvía y tenía ganas de devolver lo que había comido la noche anterior, antes de acostarse con Pamela. Después de haber recibido los medicamentos en un pequeño frasco de vidrio, los tres bajaron las ruidosas escaleras de madera, acompañados por el doctor y salieron por la puerta. Su madre salió furiosa de la casa del anciano, que desapareció en la oscuridad. Por un momento tuvo la sensación de que la casa estaba abandonada hacía varios años, pero solo era una sensación. Tomaron un taxi que los llevo de vuelta a los tres a su casa, le dio una pastilla del frasco e hizo que se acostara en su cama. Juan se durmió de inmediato, solo para entrar en un mundo muy extraño. Había casas antiguas con decoraciones góticas, muy similares a las del viejo doctor en la que había estado, en la ciudad donde se encontraba, las calles estaban hechas de piedra y los faroles que iluminaban parecían tener velas dentro. El sitio no solo era tenebroso, había sombras que caminaban por detrás de él y las puertas y ventanas parecían estar muy bien cerradas, además de que adentro podían oírse gritos de auxilio y alaridos de terror. Todo era muy extraño y además podía sentir el viento frio que le atravesaba la ropa que traía puesta. Pamela y Julia también se acostaron, Pamela fue a la cama de Julia y Julia fue al sillón del living. La noche estaba fría, pamela se hubo dormido de inmediato y Julia no podía hacerlo, estaba demasiado preocupada para relajarse. Se la paso un buen rato mirando al techo, pensando en que era lo que le podía haber sucedido a su hijo, la casa estaba oscura y solo la luz de la luna que atravesaba las ventanas, iluminaba el interior. El silencio era sepulcral, solo se oía el silbido del viento, el miedo se apodero de Julia, entonces decidió llamar a su exmarido, pero recordó que había dejado el celular en la mesa de luz de su habitación junto a la cama en donde dormía Pamela. No quería moverse, apenas respiraba y tenía los ojos cerrados. Las gotas de sudor frio, caían por su frete hasta llegar a su nariz haciéndole cosquillas, aunque no pretendía moverse de debajo de las frazadas. Cada tanto tenía la sensación de que algo se movía en el living, algo grande como una persona. –Solo es tu imaginación. Se dijo a sí misma. –Las puertas están cerradas con llave y aquí no hay nadie. 4 No abrió los ojos por un buen rato, aunque trataba de convencerse estaba segura que alguien merodeaba dentro de su casa. Le era imposible relajarse, hasta que decidió hablar por teléfono con su marido, asique abrió los ojos y hecho un vistazo en todas direcciones, en el living no se hallaba nadie pero eso no le quitaba la idea de que estuviera vacía. Se quitó la frazada de encima y se puso de pie de inmediato. La piel se le erizo al sentir el frio de la habitación, camino casi sin mirar atrás y sin encender las luces ya que el camino era claro. Subió las escaleras con cuidado de no caerse, tenía los ojos muy abiertos y las manos le temblaban. Todo estaba en silencio. Ya estaba a punto de llegar a la parte de arriba cuando la luz del pasillo se encendió de golpe. Sintió que el corazón le golpeaba el pecho queriendo salir de su lugar, un vacío se produjo en el estómago, y una gota de sudor frío le atravesó la espalda. Inclino su cabeza para intentar ver que era lo que sucedía y subió un escalón mas, cuando apoyo el segundo pie, Juan apareció por el pasillo, en dirección al baño. Se detuvo delante de Julia mirándola como si ella no estuviera ahí. Se quedó en silencio sin saber qué hacer, su hijo tenía la mirada completamente perdida, tenía ojeras muy grandes, su piel era tan blanca que podía confundirse con el color blanco de la pared de atrás, además, llevaba su boca entreabierta y un leve bramido salía de su interior. Ambos se quedaron varios segundos en esa posición sin hacer absolutamente nada, Julia no emitió ningún sonido solo por temor a que Juan se desquiciara y la atacara. Con movimientos extraños, Juan giro sobre sus pies y continúo con su recorrido hasta el cuarto de baño. Julia estaba muy agitada y los ojos se le llenaron de lágrimas, camino lentamente hasta el pasillo y observo hacia el lado derecho donde se hallaba el baño. La oscuridad salía de él, pero no era la misma oscuridad que se produce cuando las luces están apagadas esto era algo distinto, como si la oscuridad se apoderara de todo. Decidió apresurarse y meterse en su habitación lo más rápido posible. Al pasar por la puerta del cuarto de Juan, las piernas se le aflojaron de miedo al ver que había olvidado la llave puesta en la cerradura con media vuelta, haciendo imposible que alguien saliera o entrara de la habitación, si su hijo estaba encerrado quien o que era lo que estaba en el cuarto de baño ahora. 5 E.A.CASTILLO Indiquen si les gustó, así continúo con la historia.

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