HOLA A TODOS, ACA LES DEJO UNA NUEVA HISTORIA ESCRITA POR MI, ESPERO QUE LA DISFRUTEN, LEAN COMENTEN Y SI LES GUSTO PUNTUEN.
-Buenos días señor Suarez. Dijo la doctora mientras tomaba un sorbo de café.
-Buenos días. Respondió el joven viendo el vapor salir de la taza blanca, perdiéndose en el aire.
-Es usted bastante joven ¿cuántos años tiene? Pregunto la mujer dejando la taza sobre la mesa de vidrio, junto al sillón en donde ella se encontraba.
-Veintidós. Respondió de manera seca.
-Muy bien joven, quisiera que me cuente como es que llego hasta aquí, hasta esta aldea y como se las ingenió para sobrevivir todo este tiempo. También tengo entendido que usted conocía al señor Martínez, ¿eran amigos?
-A decir verdad no, no éramos amigos, pero si vivíamos a una cuadra de distancia en el barrio de Caseros. Resoplo al recordar su viejo barrio. –Yo no era una persona muy amigable, pero conocía a Martínez por haber jugado al futbol junto a él.
-¿Ambos eran futbolistas? Tomo nota la doctora.
-No, o no profesionales, solo jugábamos por diversión. Contesto observando como la doctora escribía a toda velocidad.
-Muy bien joven, no nos desviaremos del tema, por favor empiece desde el principio, de cuando el virus a pareció por las calles del gran Buenos Aires.
El joven suspiro y se tomó su tiempo antes de comenzar con su relato. Hizo una leve pausa y luego se dispuso a hablar.
-Cuando todo comenzó, era una tarde de domingo, hacia frio como hoy, la diferencia era que el cielo estaba completamente cubierto por las nubes. Exclamó. –Recuerdo que me encontraba en la cocina de la casa de mis padres, sin hacer nada como todos los días. Recuerdo que las ventanas estaban empañadas y las estufas chillaban de tan viejas que eran.
Por alguna razón, estaba deprimido, no sabía muy bien qué hacer con mi vida y…
-¿Estaba deprimido? Interrumpió abruptamente la doctora clavando la mirada en el joven. –Dígame porque.
-No suelo hablar mucho de eso, pero hare una excepción. Contesto –La chica de la cual me había enamorado se había ido con otra persona, con otro hombre y para ser honesto nunca había tenido las pelotas suficientes para decirle lo que sentía por ella.
Cuando me entere que estaba con otra persona, bueno lo primero que sentí es que el mundo se venía abajo, sentí una especie de dolor en el pecho, algo que jamás había sentido y creí que mi vida era simplemente una mierda.
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Volviendo al día en que el virus hizo su aparición, estaba sentado en la cocina mirando la televisión. Daban un capítulo de los Simpson, cuando de golpe cortaron la transmisión y apareció el noticiero para dar la información acerca del virus.
-¿Qué fue lo que hizo en ese momento? Dijo la doctora dejando la lapicera y volvió a levantar la taza de café humeante para darle otro sorbo.
-No le preste atención, estaba tan perdido pensando en ella, que ni siquiera escuche lo que decían.
Después de almorzar, junto a mis padres, decidí dar un paseo por el centro. En ese momento pensé que era lo mejor, caminar bajo la lluvia, ir a la casa de historietas a comprar algunos comics y quizás algunas cartas yu-gi-oh para mi colección.
Asique tome un baño de agua caliente y lo próximo que hice después de haberme cambiado la ropa, fue agarrar mi tarjeta sube y salir caminando hasta la parada del colectivo. Afuera todo estaba demasiado tranquilo, como todos los domingos. El asfalto estaba mojado y había una brisa fresca que me pegaba en el rostro. En ese momento los servicios aun funcionaban, por ende el colectivo no tardo demasiado en llegar. Recuerdo que estaba completamente vacío. Aunque a esa hora no viajaba mucha gente, siempre había alguien en los asientos.
Al llegar a la estación de tren, me di cuenta que la ciudad parecía más vacía que de costumbre, más silenciosa y en el fondo sentí una especie de temor. No por el virus, sino por miedo a que alguien intentara robarme o lastimarme, después de todo nunca supe que la gente se convertía en zombis.
La doctora volvió a poner su mirada sobre el muchacho y asintió con la cabeza mientras continuaba escribiendo.
-Llegue hasta la estación del tren San Martin y ahí me quede, después de haber pagado mi boleto. Solo éramos cuatro personas esperando, una pareja de ancianos, una chica y yo. Me sentía tan mal anímicamente en ese momento, que no me había dado cuenta que la chica junto a mí me había estado observando.
Me di cuenta de eso cuando escuche que el tren se acercaba. Levante la vista y ella tenía puestos los ojos en mí…
-Veo joven que tiene problemas de amorío, le permitiré que cuente un poco pero le pido que no se desvié de la historia por favor. Interrumpió abruptamente la doctora.
-Lo siento doctora. Respondió el muchacho. –Igualmente esa chica forma parte de la historia.
-Entonces prosiga, dígame su nombre y que ocurrió luego.
-Su nombre es Gisela y lo que ocurrió después fue agradable por unos segundos. Ella me miraba, cuando le devolví la mirada ella sonrió y miro hacia otro lado, por un momento tuve la sensación
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de que se había puesto un tanto nerviosa, pero eso no viene al caso. Lo que realmente me hizo temblar era su parecido con… bueno no voy a dar su nombre pero se parecía a la otra chica. Dijo el joven mirando como la llovizna empapaba la ventana junto al sillón donde se encontraba la psicóloga.
La doctora asintió con la cabeza y le pidió que continuara con su relato.
-Era muy similar físicamente y su rostro me recordaba mucho a ella, la diferencia es que tenía el pelo rojizo y sus ojos eran negros, los de Gisela. En cambio… los de la otra chica eran marrones y su cabello era oscuro. Pero en fin, creo que me había gustado y yo le gustaba porque no nos dejamos de mirarnos por un buen rato, hasta que finalmente llego el tren y abrió sus puertas.
-¿Y qué fue lo próximo que hizo? Imagino que se acercó a hablar con ella ¿Verdad?
-Nada de eso, el miedo me paralizo las piernas y lo único que logre hacer, fue sentarme en el primer asiento que vi. Supongo que fui un idiota porque cuando me baje en la estación Palermo La chica caminó a toda velocidad y parecía ofendida. Recuerdo que resople y camine despacio por la plataforma, pase los molinetes y baje por las escaleras para así dirigirme a mi destino.
Por más que fuera domingo o feriado Palermo siempre estaba lleno de autos y colectivos yendo y viniendo en todas direcciones, pero esta vez era realmente aterrador. Las calles completamente vacías, un colectivo pasaba cada tanto sin pasajeros, como si las personas hubieran desaparecido. Los locales tenían las persianas bajas, asique eso hizo que me preocupara un poco más. Sabía que algo no andaba bien, entonces saque mi teléfono celular para mandar un mensaje de WhatsApp a mis padres para preguntar si sabían algo acerca de lo que sucedía, pero fue en vano. No había señal en plena avenida pacifico, ni una raya, era algo desesperante. Decidí apresurarme para llegar lo antes posible hasta la casa de historietas, aunque todavía tenía un buen tramo por recorrer y lo peor de todo es que debía ir a pie, debido a que los colectivos no iban para aquel lado. Se me ocurrió preguntarle a alguien que era lo que sucedía, pero el viento era mi único compañero en esa ciudad, el solo hecho de recordar ese momento se me pone la piel de gallina. Caminé hasta la calle donde debía doblar no recuerdo como se llama… bueno la realidad es que nunca supe cómo se llamaba esa calle, solo sabía que tenía que doblar y caminar unas diez cuadras hasta llegar. Caminé muy deprisa hasta que por fin logre ver a dos personas, estaban muy apuradas y parecían llevar bolsas de mercancía en las manos, intente detenerles pero solo me tomo un parpadeo y esas dos personas desaparecieron, se esfumaron enfrente mío, como si fueran dos fantasmas.
Recuerdo que se me estremeció la boca del estómago y fue en ese momento en que decidí volver.
El joven se tomó unos segundos antes de seguir el relato, dándole tiempo suficiente para que la doctora cambiara de página.
-Continúe. Ordeno.
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-Cuando gire sobre mis pasos ahí vi al primer zombi, tenía pinta de ser un vagabundo ebrio, muy mal vestido, muy sucio y con un hilo de baba ensangrentada corriéndole por la barba de color gris plomo.
Al ver sus ojos, me quede completamente petrificado pero lo que más me asusto de él, fue verlo caminar tan despacio por el medio de la calle, como si no le importaran los autos que a veces andaban a toda velocidad.
-¿Y qué fue lo que hizo?
-Salí corriendo en alguna dirección. Al principio el miedo me había desorientado, pero solo me tomo unos segundos en darme cuenta que era lo que debía hacer. Sabía que probablemente los trenes ya no funcionarían y la única manera de volver con mis padres era caminando por las vías. Asique como pude, trate de tranquilizarme y luego me dirigí de vuelta a la avenida pacifico, no fue nada fácil volver, había zombis por doquier. Cada tanto veía como un patrullero o una ambulancia pasaba a toda velocidad con las sirenas encendidas, el sonido podía escucharse hasta varias cuadras y luego desaparecían. También podía escuchar disparos de armas de fuego y eso me atemorizaba, aunque quizás un disparo certero hubiera sido lo mejor para evitar toda esta mierda. Pero me preocupaba que una bala perdida diera en mi pierna o en mi rodilla, creo que no tenía miedo a morir en ese momento pero si a morir sufriendo.
-Por favor no se desvié joven.
-Lo siento. Después de haberme topado con el segundo infectado, logre llegar hasta la avenida pacifico, recuerdo que estaba a unas cuatro cuadras de las vías del tren, podía ver el puente de color verde. Caminé un poco más tranquilo al verlas, y fue en ese momento en que mi corazón dio un salto y casi sale por mi boca. De repente el tren San Martin apareció desde uno de los costados y comenzó a frenarse antes de llegar a la estación, imagínese el salto que di cuando lo vi.
Estaba seguro que esa era mi única oportunidad de escapar de la ciudad y volver con mis padres. Pero solamente tenía un minuto para llegar hasta la estación y las cuadras eran bastante largas.
La verdad es que nunca fui muy rápido corriendo pero esa vez no fue así, corrí tan rápido como me daban las piernas, lo bueno es que no tarde en llegar, lo malo es que casi me ahogo y falto muy poco para que no pudiera subir las escaleras de la estación. Recupere el aliento y vi como varios infectados se acercaban lentamente hacia mí, fue algo espantoso y gracias a eso volví a darme cuenta que tenía que subir las escaleras.
Subí la primera parte, ahí estaba la boletería, generalmente esta tenía las luces encendidas, pero esta vez estaba todo oscuro y en el vidrio se podían apreciar varias manchas de sangre coagulada. Por alguna razón tuve la curiosidad de entrar, aunque sabía muy bien que el tiempo corría y si en veinte segundos no llegaba a la plataforma el tren partiría. En cuestión de segundos decidí continuar con la última escalera, decidí que lo mejor no era mirar hacia atrás y así poder subir me al tren.
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Solo faltaban cuatro escalones, cuando sentí que algo caía detrás de mí, como si me estuvieran persiguiendo y esa vez la curiosidad o el destino me hicieron mirar. Quise continuar y subirme al tren, pero la vi ahí, con su cabello de color rojo y sus ojos oscuros suplicándome ayuda, se había caído tenía un esguince en su tobillo derecho y lo peor fue que cuando baje por ella dos muertos vivientes se acercaban directamente a devorarla. No sé de donde saque fuerzas para levantarla y subir las escaleras con ella a cuesta, fui como un rayo y al llegar a la plataforma el guarda junto a un oficial de policía esperaban, solo fue unos segundo cuando el pitido de las puertas sonaron indicando que se cerraría y diez segundos después el tren partiría.
Salte el molinete de acero inoxidable haciendo que ella se pusiera de pie en el que estaba sano y saltara para detener la puerta hasta que yo lograra subir. El tren arranco, el guarda y el oficial de policía subieron al tren sin pensarlo dos veces y yo quede a pie. Sonrió el muchacho.
-¿Cómo lo logro?
-Corrí y salte justo a tiempo pasando entre Gisela y las puertas del tren, lo bueno es que estaba adentro, lo malo es que me había golpeado bastante las costillas y dolía al respirar. Ella me ayudo a incorporarme y me abrazo en señal de agradecimiento, que le hubiera salvado la vida. Sentí el abrazo más hermoso del mundo y duro un buen rato hasta que el oficial y el guarda llegaron hasta el furgón del tren.
Recuerdo haber visto la ciudad desde ahí arriba y puedo decir que en tan solo unos minutos se fue todo al carajo. Los zombis caminaban sin rumbo por todos lados, había coches chocados bloqueando las calles, edificios incendiándose podría describir miles de cosas.
-No se detenga en los detalles por favor.
-Lo siguiente no fue muy agradable para ella, tenía que bajarse en Villa del Parque. La estación estaba minada de muertos vivos, asique el maquinista ni siquiera se tomó las molestias de pisar el freno. Recuerdo que ella estaba muy asustada y se aferraba a mí. Cada tanto largaba un leve y sollozo gemido, las lágrimas se le caían del rostro y yo se las secaba con el dedo índice.
Solo paro en la estación Caseros gracias a que se lo pedí al guarda. Lo mejor fue que ella bajo con migo, todavía no sabía su nombre pero se había pegado a mi como una garrapata y es me encantaba.
El resto no fue nada del otro mundo, lo único que tengo que resaltar es que cuando llegamos mis padres no estaban, parecía una especie de pesadilla, que al abrir la puerta de mi casa, esta estaba vacía como si nunca nadie hubiera estado ahí. Lo demás fue sobrevivir junto a ella, puedo asegurar que disfrute cada momento a su lado, desde que nos levantábamos y salíamos a buscar provisiones, hasta que por la noche nos acostábamos y hacíamos el amor por algunas horas, eso hizo que fuera todo mucho más placentero fácil de llevar.
-Muy bien señor, entonces cuénteme como es que llego hasta aquí.
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-Bueno, era de mañana, recuerdo que no teníamos tanta comida como antes y había cada vez más muertos que nos rodeaban. Ese día estábamos en silencio, abrazados el uno con el otro, podíamos escuchar sus gemidos y sus pasos merodeando por el jardín de la casa. No podíamos movernos demasiado, porque el más mínimo ruido podría atraerlos y quizás intentarían entrar y si eran demasiados lo lograrían, después de todo, la puerta no soportaría una horda completa de zombis.
Para el medio día las provisiones se agotaron y no teníamos armas de fuego como para poder luchar y escapar, solo quedaba esperar a que llegara la hora. Creo que esa fue la parte más triste de la historia, el hecho de pensar que todo ese tiempo junto a ella y terminar así, era algo estresante. Llegó el atardecer y estábamos muertos de hambre, a tal punto en que pensamos en buscar insectos y comerlos, para que usted sepa, la comida del medio día había sido una rodaja de pan viejo para cada uno y un solo vaso de agua para ambos. Asique nos pusimos a buscar entre los muebles cucarachas, hormigas, arañas y todo lo que pudiéramos comer, pero tuvimos muy mala suerte, asique nos abrazamos nuevamente y nos quedamos en silencio mientras los zombis se acumulaban cada vez más en las calles.
Estaba dormitando, me sentía muy mal, mi cabeza parecía estar llena de aire y mi boca estaba más seca que nunca. Gisela solo dormía, no sé porque pienso que fue muy afortunada en ese momento, hubiera deseado dormir igual que ella, pero no fue así aunque al mismo tiempo eso fue bueno, gracias a estar despierto logre escuchar el ronroneo de los camiones militares.
La desperté de inmediato, recuerdo que estaba muy pálida, que sus pecas apenas se veían y sus ojos parecían un poco desorbitados, ella era delgada pero ahora estaba demasiado delgada. Nos pusimos de pie y nos acercamos a la ventana, recuerdo que temblaba demasiado y la ropa le quedaba un poco grande.
Para nuestra suerte los camiones avanzaban despacio, gracias al amontonamiento de muertos vivientes que los rodeaban. Lo malo, es que la casa también estaba rodeada de caminantes y abrir la puerta era una muerte segura. En ese momento me acorde que la casa tenía un pequeño lavadero en el techo, algo que estuvo abandonado desde siempre y esa seria nuestra escapatoria.
Subimos las escaleras rápido pero sigilosamente. El lavadero no era muy espacioso y tenía una sola ventana que daba hacia la calle, por suerte romperla no fue complicado, ya que estaba en muy mal estado y no necesito más que un solo golpe. Al salir al techo de la casa, vi que la situación era más complicada de lo que parecía, los infectados eran miles y no paraban de venir, parecía que el rugido de los motores los atraía y nos complicaba la llegada hasta ellos. Asique los camiones debían venir, solo que la pregunta era ¿Cómo?
No había forma de llamar la atención de los soldados, estaban entretenidos disparándoles a esos malditos, fue ahí que se me ocurrió que el fuego sería una buena señal para hacer que nos vieran. Le pedí a Gisela que se quedase en el techo intentando llamarles la atención y yo baje corriendo en busca del alcohol un trapo y la caja de fósforos, con el último fosforo que nos quedaba. Al parecer, los caminantes se dieron cuenta que estábamos dentro, porque comenzaron a romper las ventanas e intentaron entrar con ferocidad. Tomé todo lo que buscaba y subí como un rayo,
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recuerdo que había viento y ese fosforo era nuestra única oportunidad, asique solo había un intento. Rocié bien el trapo con todo el alcohol y le pedí a Gisela que se parara frente a mí lo más cerca posible del trapo para cortar el viento. Respire profundo y lo hice, logre encender el trapo en el único intento. Ardió de inmediato pero eso basto, para que los camiones pegaran la vuelta. Y Así es como logramos llegar hasta aquí. Diez minutos después los camiones habían limpiado la puerta y estábamos subiéndonos para salir de la ciudad. Una vez arriba, la bese y le dije agradecí por haberme mantenido con vida durante todo este tiempo.
-Excelente señor Suarez. Eso es todo por hoy. Dijo la doctora poniéndose de pie al mismo tiempo que lo hizo el muchacho.
El joven salió por la puerta y la doctora volvió a su sillón para releer lo que había anotado.
Todavía tengo el recuerdo del primer zombi, el vagabundo que deambulaba por la calle, era distinto a los demás, no sé qué es lo que tenía pero sé que era distinto.
E.A.CASTILLO
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ESPERO QUE LO DISFRUTEN, DESPUES DE UN TIEMPO SIN ESCRIBIR ACA LES DEJO LA SIGUIENTE PARTE DE UNA HISTORIA DE ZOMBIS, FELIZ 2018 PARA [email protected]