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El gato de los cuatro colmillos (lo que escribe mi cabeza)

Paranormal9/7/2017
Hola a todos, aca les dejo un nuevo cuento escrito por mi. Lean, comenten y si les gusto puntuen. SALudos



Juan era un hombre mayor, de unos sesentainueve para setenta años. Ya habían pasado cuatro años desde que dejó su empleo como mecánico en la fábrica de Peugeot y ahora se encontraba en su casa, como todos los días, acomodando el gran fondo. Estaba sacando chatarras de su viejo galpón, piezas de autos que ya solo eran estorbo y que jamás volvería a usar.
Era una mañana primaveral, no hacía calor, pero tampoco hacia frio. Una suave brisa hacia mecer las copas de los árboles y el olor a césped acariciaba las fosas nasales del viejo. El hombre saco varios bulones, tuercas y demás objetos llenos de grasa en una bolsa de nailon de supermercados cuando de la nada, apareció un viejo gato maullando. Era de color té con leche , pero a decir verdad estaba en muy mal estado y apestaba a animal muerto. Sus ojos y orejas estaban manchados con sangre, tenía varias magulladuras en las mejillas y solo contaba con cuatro dientes. Su pelo se desprendía de a pelotones, su cola además de lastimada parecía estar cubierta con alguna clase de pegamento de color negro, al igual que sus patas. El gato se acercó lentamente a Juan que lo observaba extrañado, al ver su estado deplorable. Sus maullidos eran fuertes y parecían suplicarle al hombre, que le extendiera un poco de agua limpia y un poco de carne cruda para comer.
-Pareces hambriento, viejo amigo. Dijo el hombre sonriendo.
El gato continúo maullando cada vez más fuerte, hasta que Juan decidió ir a la heladera para buscar algo de leche . La calentó en un pequeño jarro de color gris plomo y espero a que esta le pasara el hervor, un minuto después el hombre estaba caminando hacia el fondo de la casa donde el gato esperaba relamiéndose las patas delanteras.
-Aquí tienes pequeño. Le entrego el jarro quejándose de sus rodillas al agacharse.
El gato se abalanzo para tomar la leche , no duro más que unos pocos segundos en llegar al fondo del recipiente y seguir pasándole su áspera y pequeña lengua rosada. Una vez satisfecho, restregó su cabeza, su cuerpo y su cola sobre la pantorrilla de Juan, como agradeciéndole su acto de nobleza y luego se acostó haciéndose una rosca junto a él, hasta quedarse dormido.
El hombre continúo con su tarea hasta la hora del almuerzo. Su esposa Inés había preparado la sopa y la había servido en un plato hondo. El viejo Juan, estaba pellizcando un trozo de pan cuando el timbre de su casa sonó. Al abrir la puerta, su hijo esperaba en la puerta con todas sus maletas y pertenencias a su alrededor.
-¿Carlos que haces aquí? Pregunto el hombre atónito.
- Papá, he hecho una mala jugada y… no… tengo a donde ir. Respondió con voz ahogada. –Lo he perdido todo.
-Adelante, te ayudare.




Su hijo entro, con lágrimas falsas cayendo de sus ojos, dejando todas sus cosas ahí en la calle. El pobre Juan tomo un bolso en cada mano y haciendo un gran esfuerzo y maldiciendo entro a la casa, solo para escuchar a su hijo abrazarse con su madre.
Después de un rato el hombre logro entrar todo. Quejándose de un fuerte dolor de espalda camino hasta la cocina, donde su hijo esperaba a que su madre le sirviera un plato de la sopa, mientras que este contaba lo arrepentido que estaba de lo que había hecho la noche anterior. Pero Juan sabía que todo era una farsa, que su hijo había apostado hasta los papeles de su casa sin miramientos y ahora lo había perdido todo.
Resignado preparo la antigua habitación donde Carlos había dormido durante su niñez hasta convertirse en un adulto y la dejó lista para que este se ubicara ahí hasta que pudiera irse o su madre lo echara a patadas.
Cuando el atardecer llego, Juan, se encontraba junto a su gato mal oliente, en el fondo de su casa esperando a que la larva de su hijo se fuera de juergas con el dinero de la jubilación de Inés. No paraba de maldecir y mascullar bronca, pero el jamás noto que el gato color té con leche , había estado sentado mirándole y parecía haberle prestando atención a lo que él decía, como si lo entendiese.
Enojado y malhumorado, volvió a la casa cuando el sol finalmente cayo y las estrellas comenzaron a brillar. Su esposa, le había entregado todo su dinero a Carlos y esto hizo que el estómago se le revolviera por completo. Carlos llego casi a las doce de la noche completamente ebrio y sin un solo peso en el bolsillo.
Juan se había acostado hacia un buen rato junto a Inés, pero el hombre seguía despierto mirando a través de la ventana. Cuando su hijo cerró la puerta de su habitación, el gato apareció entre la oscuridad, se sentó frente a la ventana de Juan y se quedó ahí mirando al viejo totalmente inmóvil, con sus ojos amarillos brillándoles y su cola moviéndose para todos lados. Parecía ser un asesino en serie, solo esperando a que el viejo de la orden, así poder atacar y aniquilar a su víctima. El viejo que lo miraba mudo, asintió con la cabeza y cerro las cortinas antes de irse a dormir. A la mañana siguiente, Inés le despertó llorando. Su hijo estaba muerto, tendido en su cama. Con toda calma fue hasta la habitación para verle la cara antes de que su esposa llamara a la policía. Tenía abiertos los ojos, estaban enrojecidos parecían irritados, rodeados de enormes ojeras. Su piel era blanca y un espeso líquido color negro salía de su boca.
La policía acudió de inmediato, por más que buscaron e hicieron todo tipos de pruebas, el único rastro que había en el cuerpo de Carlos estaba en su cuello. Cuatro puntos rojos como picaduras de abejas, fue lo único que se pudo encontrar en tan espantoso crimen. El asesino no había dejado huellas, ni rastros pero Juan lo sabía. No había sido un hombre, él sabía que el gato té con leche había sido el autor del crimen. Inés paso el resto del día gritándole e insultándole culpando de la muerte de su hijo. Harto de toda esa porquería fue hasta el fondo, donde el gato dormía plácidamente y llevándole otro jarro con leche le dijo:




-Amigo mío, te estoy muy agradecido por esto, pero ahora necesito que la quites de encima. Ya no la aguanto.
El gato pareció sonreírle y acepto la leche como una ofrenda. El hombre espero hasta la media noche y se paró junto a la ventana. El gato salió de la oscuridad como lo había hecho la noche anterior y se quedó sentado mirándolo, esperando a que este le diera la señal para volver a actuar.
El viejo abrió la ventana y asintió con su cabeza al igual que la última vez, giro sobre sus pies y salió de la habitación donde Inés dormía plácidamente. El día siguiente no se hizo esperar. Juan despertó desesperado, pensando en lo arrepentido que estaba de haberle pedido al gato que matara a su esposa y rogo que no lo hubiera hecho. Pero fue demasiado tarde, su esposa yacía tendida en su cama con la boca abierta con el líquido negro saliéndole de adentro.
Después de que la policía se fue, decidió echar al gato de su casa. Encaro al fondo enfurecido y ahí se encontraba contento y maullando. Lanzo una patada asestándole a la pata trasera del animal, que bramo rabioso mostrando sus cuatro colmillos.
-¡Largo de aquí, gato apestoso, no quiero volver a verte! Grito con las lágrimas en los ojos.
El gato camino a toda velocidad y antes de desaparecer, posó su mirada fría en los ojos del viejo Juan lleno de resentimiento y bronca.
Juan suspiro aliviado, pensando que se había deshecho del maldito gato y volvió a su casa para preparar la cena.
Una vez que se hizo la media noche, el hombre entristecido se fue a su habitación lamentando lo que había hecho con su esposa y al mismo tiempo maldiciendo al gato del demonio. Todo ya estaba oscuro y en silencio y ahora Juan estaba acostado en su cama cuando escucho que la puerta de calle se habría y alguien entraba. Juan dio un salto y corrió hasta la cocina gritando para que quien había entrado se fuera de inmediato. Pero al llegar vio en la inmensidad de la noche, la sombra del gato, ahí sentado esperándolo, con su mirada de ojos brillantes y su sonrisa macabra esperándolo muy paciente para clavarle sus cuatro colmillos. Juan grito horrorizado, pero el gato salto como un rayo a su cuello y lo mordió, haciendo que este quedara de rodillas frente al animal suplicándole piedad, pero fue demasiado tarde, un líquido espeso y oscuro atravesó su garganta y todos los músculos de su cuerpo se paralizaran hasta que este quedo inmóvil. Lo último que logro ver fue al gato saliendo de la habitación, maullando contento por haber logrado su objetivo.



E.A.CASTILLO


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