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Fragmento de cuento de terror. (LQMCE)

Paranormal10/14/2017
Bueno gente, por algunos motivos de tiempo, no pude escribir en este último mes. Acá les traigo un fragmento de algo que escribí en estos días. Se los dejo para que lo lean, disfruten y si les gusto comenten y puntúen… Saludos y feliz día de las madres/familias.





Eso que estaba delante de su cama, comenzó a moverse de manera invertebrada, tenía forma humana pero no podía distinguir su rostro, ni ninguna otra parte de su cuerpo. Solo era una sombra con ojos brillantes y malignos. Juan podía ver como se acercaba cada vez más, sus piernas temblaban de miedo, no podía moverse y a medida que la sombra se acercaba le dolía demasiado la cabeza. Solamente podía mover los ojos, de arriba abajo y de derecha a izquierda. Intentaba gritar, pero la boca no cedía, tenía la sensación de que estuviera pegada. Podía ver a su novia con los ojos abiertos mirando lo de una forma muy extraña, su piel estaba más pálida que de costumbre y sus ojos estaban muy abiertos. Intentaba moverse con mayor brusquedad, pero solo conseguía que su cuerpo temblara.
-Necesito despertar. Pensó mientras la sombra apoyaba su mano congelada sobre su rodilla.
Apunto su mirada hacia la sombra que estaba cada vez más cerca de él, volvió a mirar a su novia y su rostro se deformo, una sonrisa macabra se dibuja en ella. Sus ojos se oscurecieron por completo como si estuvieran vacíos, su boca era sombría también, su pelo flotaba y su delicada piel comenzaba a arrugarse y a tomar un color blanco-verdoso.
Estaba aterrado y seguía sin poder despertar, sabía que estaba dormido y que todo era una pesadilla, aunque era muy real y tenebrosa. El miedo se agudizaba en él cada vez más, no encontraba la forma de quitarse a ambos de encima. La sombra era diabólica, ahora su rostro se reflejaba en la oscuridad, era mucho peor de lo que se veía y sus enormes dientes estaban muy cerca de su boca, tanto que podía sentir su aliento hediondo. Con mucho esfuerzo logro cerrar sus ojos, pero no le sirvió de nada, pudo sentir como la bestia se metía en su cuerpo y se apoderaba de él. Pudo verlo en su interior, apoderándose de su mente, de su cuerpo y despojando su alma de él. Por un momento logro ver salir algo de esa sombra, era muy grande la mitad de su cuerpo eran la de un hombre musculoso, tenía cuernos de cabra que salían de su frente y se enroscaban encima de sus orejas puntiagudas, en su espalda sobresalían un par de alas de murciélagos, sus manos eran normales a diferencia de sus dedos que en las puntas tenían huesos puntiagudos sobresalidos. Su mitad de abajo era como el de una cabra y llevaba una cola larga y fina de color negra. La bestia bramo y por fin el muchacho pudo despertar dando un salto de su cama despertando a su novia que dormía muy tranquilamente.
-¡Esta dentro de mí, está dentro de mí! Grito tomándose la cabeza. –Por favor quítenmelo de adentro. Continuo sollozante.
-¿Qué es lo que está dentro tuyo? Pregunto muy asustada la joven.


1



Giro su cabeza y trato de responder que la bestia se había metido dentro de él, pero el rostro de la chica volvió a tomar la forma maligna igual que lo había hecho en sus sueños.
Pamela miraba desorbitada y sin saber qué hacer, el joven continuaba gritando ahora con los ojos cerrados, agazapado contra la pared. Los alaridos alertaron a su madre quien acudió de inmediato a la policía. El patrullero no tardo en llegar y logro hacer que el muchacho se calmase por algunos minutos al menos.
-¿Qué es lo que te sucedió?
-No lo sé, estaba dormido y vi que algo se metía en mi cuerpo, pero creo que fue un muy mal sueño. Dijo el muchacho temblando.
-¿Consumes algún tipo de drogas? Pregunto uno de los oficiales.
El joven intento mirarlo, pero el rostro del oficial se deformo de forma automática, sus ojos y su sonrisa eran iguales a los de su novia en el sueño, tan malignos y oscuros. Se negó con la cabeza indicando que no había consumido nada de drogas y era cierto, pero los oficiales no le creían.
Esperaron que llegara la ambulancia y se lo llevaron al hospital para hacerle todos los estudios necesarios, los cuales dieron a la perfección. El médico que los atendió era un hombre alto de pelo blanco y de nariz ganchuda. Sugirió que lo llevaran a ver a un psiquiatra cerca del hospital, un viejo amigo de él, que atendía todos estos tipos de casos de demencia prematura. Y eso fue lo que hicieron.
La dirección que el doctor les había dado, indicaba que era una antigua casa en el centro, era alta de tres pisos al menos, tenía tejado negro y una decoración gótica, además de verse muy antigua. Tocaron el timbre de la gran puerta de madera y esperaron un buen rato. Juan no paraba de temblar y de balbucear palabras sin sentido, su madre y su novia se miraban extrañadas al escuchar al pobre muchacho.
Hacía frío esa noche, el cielo estaba estrellado y en la casa parecía no haber nadie. Volvieron a tocar varias veces más el timbre, hasta que un hombre mayor, encorvado, de nariz larga y ganchuda abrió la puerta, su madre pudo ver dos enormes bolsas bajos sus ojos celestes, su cabello plateado y sus arrugas le indicaban que había pasado la línea de los setenta.
-¿En qué puedo ayudarles? Pregunto el anciano con voz cansada.
-El doctor López, nos pidió que lo visitáramos con urgencia. Respondió la madre mirando a Juan.


2



-López es un buen amigo. Repuso mirando al muchacho. –Adelante debe de ser muy importante para que el los haya enviado hasta aquí.
El viejo los dejo pasar, Juan parecía muy asustado al ver la oscuridad que había en el interior de la casa. Por un momento, tuvo la sensación de ver una mujer vestida de blanco atravesar la oscura y siniestra sala de estar. Creyó sentir algo de frio, pero eso que estaba dentro de él le preocupaba mucho más que cualquier otra cosa.
Siguieron al hombre hasta la parte de arriba en donde había un consultorio, estaba bastante desordenado y había varios elementos médicos, los cuales parecían ser anticuados. Juan vio la luz blanca de las bombillas, el viejo tomo una pequeña linterna y le examino los ojos seguido de la boca. Cada tanto podía oír como las palabras que Juan emitía no tenían razón alguna, aunque al hombre no parecían preocuparle en lo más mínimo.
-Señora. Dijo el hombre con una voz calmada. –Su hijo no está loco, quizás no es una ayuda que un médico pueda proporcionarle.
-¿Qué esta insinuando? ¿Qué mi hijo Juan no tiene cura?
-Señora. Volvió a repetir. –Su hijo debe descansar y le recomiendo que rece por él, otra cosa no puedo decirle. Pídale al señor que se recupere pronto.
-Explíquese por favor. Contesto ante la sorpresa de su novia.
-No puedo explicarle bien señora, le daré algunos medicamentos para calmarlo, para que la paranoia no se haga algo insoportable y…
-Usted está diciendo que va a drogar a mi hijo. Interrumpió abruptamente la mujer.
-Lo siento pero es así como puedo ayudarle, deberían ver a otras personas no hay nada que la medicina moderna pueda hacer.
Pamela y la mujer se quedaron boquiabiertas. Por otro lado Juan ahora estaba seguro de haber visto a la mujer caminando por los oscuros pasillos de la parte superior de la casa. Era aterrador verla caminar, parecía ser la dueña de la casa y parecía que rondaba cerca del muchacho porque le atraía. Cada vez que se cruzaban esta lo miraba, sus ojos eran amarillos y brillaban como dos pequeñas lámparas, le mostraba una sonrisa, de dientes perfectos y luego continuaba con su recorrido que parecía no tener fin.
-¿Qui.. Quien es-ss la.. Esa mujer? Pregunto entre balbuceos.


3



-¿Qué mujer dices hijo? Contesto el anciano. –Aquí las únicas dos mujeres que hay son tu madre y tu joven novia.
-Mujer, mala, mala mujer. Dijo con las lágrimas cayéndole de los ojos.
Cada tanto el monstruo en su interior le daba un pellizco, haciendo que su piel se marcara dejando grandes moretones violáceos, haciéndole doler bastante, cada tanto el estómago se le revolvía y tenía ganas de devolver lo que había comido la noche anterior, antes de acostarse con Pamela.
Después de haber recibido los medicamentos en un pequeño frasco de vidrio, los tres bajaron las ruidosas escaleras de madera, acompañados por el doctor y salieron por la puerta. Su madre salió furiosa de la casa del anciano, que desapareció en la oscuridad. Por un momento tuvo la sensación de que la casa estaba abandonada hacía varios años, pero solo era una sensación. Tomaron un taxi que los llevo de vuelta a los tres a su casa, le dio una pastilla del frasco e hizo que se acostara en su cama. Juan se durmió de inmediato, solo para entrar en un mundo muy extraño. Había casas antiguas con decoraciones góticas, muy similares a las del viejo doctor en la que había estado, en la ciudad donde se encontraba, las calles estaban hechas de piedra y los faroles que iluminaban parecían tener velas dentro. El sitio no solo era tenebroso, había sombras que caminaban por detrás de él y las puertas y ventanas parecían estar muy bien cerradas, además de que adentro podían oírse gritos de auxilio y alaridos de terror. Todo era muy extraño y además podía sentir el viento frio que le atravesaba la ropa que traía puesta.
Pamela y Julia también se acostaron, Pamela fue a la cama de Julia y Julia fue al sillón del living. La noche estaba fría, pamela se hubo dormido de inmediato y Julia no podía hacerlo, estaba demasiado preocupada para relajarse. Se la paso un buen rato mirando al techo, pensando en que era lo que le podía haber sucedido a su hijo, la casa estaba oscura y solo la luz de la luna que atravesaba las ventanas, iluminaba el interior. El silencio era sepulcral, solo se oía el silbido del viento, el miedo se apodero de Julia, entonces decidió llamar a su exmarido, pero recordó que había dejado el celular en la mesa de luz de su habitación junto a la cama en donde dormía Pamela. No quería moverse, apenas respiraba y tenía los ojos cerrados. Las gotas de sudor frio, caían por su frete hasta llegar a su nariz haciéndole cosquillas, aunque no pretendía moverse de debajo de las frazadas. Cada tanto tenía la sensación de que algo se movía en el living, algo grande como una persona.
–Solo es tu imaginación. Se dijo a sí misma. –Las puertas están cerradas con llave y aquí no hay nadie.


4



No abrió los ojos por un buen rato, aunque trataba de convencerse estaba segura que alguien merodeaba dentro de su casa. Le era imposible relajarse, hasta que decidió hablar por teléfono con su marido, asique abrió los ojos y hecho un vistazo en todas direcciones, en el living no se hallaba nadie pero eso no le quitaba la idea de que estuviera vacía. Se quitó la frazada de encima y se puso de pie de inmediato. La piel se le erizo al sentir el frio de la habitación, camino casi sin mirar atrás y sin encender las luces ya que el camino era claro. Subió las escaleras con cuidado de no caerse, tenía los ojos muy abiertos y las manos le temblaban. Todo estaba en silencio. Ya estaba a punto de llegar a la parte de arriba cuando la luz del pasillo se encendió de golpe. Sintió que el corazón le golpeaba el pecho queriendo salir de su lugar, un vacío se produjo en el estómago, y una gota de sudor frío le atravesó la espalda. Inclino su cabeza para intentar ver que era lo que sucedía y subió un escalón mas, cuando apoyo el segundo pie, Juan apareció por el pasillo, en dirección al baño. Se detuvo delante de Julia mirándola como si ella no estuviera ahí. Se quedó en silencio sin saber qué hacer, su hijo tenía la mirada completamente perdida, tenía ojeras muy grandes, su piel era tan blanca que podía confundirse con el color blanco de la pared de atrás, además, llevaba su boca entreabierta y un leve bramido salía de su interior. Ambos se quedaron varios segundos en esa posición sin hacer absolutamente nada, Julia no emitió ningún sonido solo por temor a que Juan se desquiciara y la atacara. Con movimientos extraños, Juan giro sobre sus pies y continúo con su recorrido hasta el cuarto de baño. Julia estaba muy agitada y los ojos se le llenaron de lágrimas, camino lentamente hasta el pasillo y observo hacia el lado derecho donde se hallaba el baño. La oscuridad salía de él, pero no era la misma oscuridad que se produce cuando las luces están apagadas esto era algo distinto, como si la oscuridad se apoderara de todo. Decidió apresurarse y meterse en su habitación lo más rápido posible. Al pasar por la puerta del cuarto de Juan, las piernas se le aflojaron de miedo al ver que había olvidado la llave puesta en la cerradura con media vuelta, haciendo imposible que alguien saliera o entrara de la habitación, si su hijo estaba encerrado quien o que era lo que estaba en el cuarto de baño ahora.

5

E.A.CASTILLO




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