Hola qusiera compartir esta informacion con ustedes porque me resulto interesante, para aquel que estudie sobre el tema le vendria bien.
Indice
1 - Introducción.
2 - Errores en la alimentación.
3 - Obesidad.
4 - Falta de actividad física y sedentarismo.
5 - Vida agitada, estrés, falta de comunicación.
6 - Consumo de tabaco.
7 - Ingesta excesiva de alcohol.
8 - Para asegurar una buena salud.
9 - Normas básicas en la alimentación.
10 - Actividad física.
11 - Menos estrés, más relajación.

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Introducción
Durante los últimos años, un buen numero de investigaciones científicas realizadas en diversos centros de reconocido prestigio, han corroborado el hecho de que el cuerpo humano está capacitado para vivir una media de ciento veinte años. Alcanzar esta edad no es algo habitual en nuestro entorno porque nuestra forma de vida, hábitos y costumbres facilitan el deterioro precoz del organismo, acelerando el envejecimiento. Se ha comprobado, precisamente, que las personas de mayor longevidad no han habitado o habitan en el medio urbano, sino en zonas rurales, muchas de ellas con escaso nivel de desarrollo.
Algunos estudios médicos certifican que el 90 por ciento de las personas que viven en las ciudades no están sanas, porque, si bien es cierto que durante los últimos años los avances médicos han sido capaces de superar muchas enfermedades infecciosas que causaban grandes epidemias, ahora sufrimos el azote de las llamadas enfermedades de la civilización moderna, otras dolencias mas “silenciosas” que son fruto de nuestro tipo de vida: arteriosclerosis e infarto de miocardio, hipertensión arterial, gastritis, úlcera gástrica, estreñimiento, caries dental, sobrepeso y obesidad, alergias, cánceres , sida, sin olvidar otras patologías estrechamente ligadas a la actividad del sistema nervioso y de nuestra relación social como las depresiones, ansiedad, insomnio, cefaleas, migrañas, irritabilidad, fobias, etc.
Desde un punto de vista estrictamente médico, los datos sobre el estado de salud de las personas adultas en España son alarmantes. El 42 por 100 de las personas mayores de cincuenta años se encuentran afectadas por enfermedades crónicas como la hipertensión, falta de riego en las piernas, problemas de varices y trombo embolismos , etc. Al 45 por 100 de los miembros de este grupo de población le sobreviene la muerte por problemas derivados de la arteriosclerosis, haciendo especial referencia al infarto de miocardio y al infarto cerebral. Un 35 por 100 de los españoles adultos tienen lesiones que afectan a los huesos y a las articulaciones (artrosis, artritis reumática, lordosis, osteoporosis). Un 14 por 100 muestra problemas graves de tipo digestivo, nervioso o respiratorio.
Evidentemente, este estado de salud repercute directamente en el gasto sanitario de tal forma que en los últimos años se han invertido en España, como media, casi 500.000 millones de pesetas en productos farmacéuticos, de los cuales el 22 por 100 correspondían a medicamentos destinados al tratamiento de dolencias cardiovasculares; un 17 por 100 dirigidos a fármacos específicos para enfermedades del aparato digestivo; un 13 por 100 se invirtió en fármacos antiinfecciosos.
Muchos de los hábitos que actualmente marcan nuestra forma de vida son los responsables de esta situación, ya que deterioran lentamente el organismo y, lo que todavía es peor, a edades muy tempranas. Está demostrado que a los veinte años de edad el 100 por 100 de las personas tienen ya pequeñas estrías y placas de grasa en las grandes arterias, situación que lentamente dificulta el paso de la sangre y favorece el infarto de miocardio, la angina de pecho, la hipertensión arterial, etc.
Dentro de los enemigos de nuestra salud destacamos principalmente seis: mala alimentación, falta de actividad física y sedentarismo, vida agitada y estresante, consumo de tabaco e ingesta de alcohol en exceso.

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Errores en la alimentación
Los hábitos alimenticios que actualmente desarrollamos no son, ni mucho menos, los más adecuados. Diariamente aportamos a nuestro organismo muchas calorías y nutrientes de los que se necesita, y en exceso se acumula en forma de grasa, no sólo debajo de la piel, sino también alrededor de los órganos y en el interior de las arterias. Pero además de aportar más cantidad de comida, la calidad de la misma se encuentra desequilibrada de tal forma que lo fundamental (frutas, verduras, cereales, alimentos integrales) se utiliza mucho menos de lo necesario, y los alimentos más peligrosos (grasa de origen animal, carnes, dulces industriales, frituras, especias) los comemos varias veces al día. Por último, dentro de estos hábitos alimenticios erróneos debemos destacar que tampoco aportamos al organismo los alimentos en el momento adecuado. Generalmente, toda la comida del día se distribuye en tres tomas desequilibradas: una comida del mediodía muy copiosa, una cena menos abundante y un desayuno mínimo, muy reducido. Esto hace que durante 6-8 horas al día nuestro aparato digestivo trabaja al máximo (tarde-noche), mientras que luego discurren 14 horas de reposo. El trabajo tan intenso que se produce durante esas horas facilita que muchas personas, al tiempo que cumplen años, presenten también problemas gastrointestinales tipo acidez, gastritis, úlcera, estreñimiento, colon irritable, pólipos intestinales, etc.
Precisamente, uno de los objetivos fundamentales de este libro es poner a su disposición las reglas fundamentales de una buena alimentación, primando la ingesta de frutas, verduras, alimentos integrales, disminuyendo la grasa de origen animal, describiendo las virtudes de un buen número de alimentos que le ayudaran a conservar la salud, poniendo a su alcance conocimientos de por qué la fruta debe utilizarse entre las comidas, no dentro de ellas, etc.

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Obesidad
Precisamente como consecuencia de esta mala alimentación muchas personas adultas padecen sobrepeso u obesidad, situación que a su vez impulsa el desarrollo de un buen número de enfermedades, muchas de ellas “silenciosas”, que, sin darnos cuenta, poco a poco van deteriorando nuestro organismo. Se calcula que en España más del 50 por 100 de las personas adultas tienen sobrepeso u obesidad y que en pocos años desarrollan enfermedades como el exceso de colesterol en sangre, hipertensión arterial, artrosis, alteraciones de la vesícula biliar, problemas de páncreas, la arteriosclerosis y sus complicaciones, e incluso se facilita la aparición, años más tarde, de lesiones cancerosas que afectan al intestino grueso, la próstata o el útero. Con la particularidad, recordemos, que en el 97 por 100 de los casos el sobrepeso y la obesidad tienen su origen, simplemente, en aportar a nuestro organismo mayor cantidad de alimentos de la que verdaderamente necesitamos. Además, en muchas ocasiones, alimentos poco recomendables por su elevado contenido en grasas saturadas.

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Falta de actividad física y sedentarismo
En los párrafos precedentes ya hemos descrito, como grandes enemigos de la salud, la alimentación inadecuada y/o la obesidad, pero no es menos cierto que tan nocivo para nuestra salud es también la falta de movimiento, la inactividad, el sedentarismo. Cada vez nos movemos menos como consecuencia de la proliferación en nuestro entorno de miles de objetos mecánicos que, aunque hagan la vida más cómoda, el abuso en su empleo nos aboca a la inactividad y falta de movimiento. El coche, los ascensores, el transporte público secuestran a nuestro cuerpo muchas posibilidades de “ejercitarse”, sobre todo cuando no son imprescindibles o no dedicamos una parte de nuestro tiempo libre a la actividad física, al deporte. Baste un sencillo ejemplo: los niños de hace cincuenta años gastaban cada día el equivalente a 800 kilocalorías, mientras que los hijos de hoy en día apenas superan las 400. Si ellos, que tienen cierta actividad física por el juego, gastan tan poco, ¿Qué será de los adultos?
No nos engañemos, está más que demostrado que el movimiento, la actividad, facilita la conservación de los huesos, de las articulaciones, los músculos, los vasos sanguíneos, el corazón, posibilita la llegada de sangre al sistema nervioso. Todo esto es lo que nos estamos negando cuando subimos al segundo piso en ascensor, cuando para realizar un desplazamiento de 10 minutos utilizamos el coche, cuando ocupamos nuestro tiempo libre con la inactividad en lugar del movimiento al que nos invita el paseo, el golf, la gimnasia, el footing, etc.

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Vida agitada, estrés, falta de comunicación
Nuestra vida cotidiana es demasiado “acelerada”, queremos hacer muchas cosas en muy poco tiempo, cada día pretendemos llevar a cabo más objetivos porque, con frecuencia, esos objetivos significan una recompensa económica, una mejora material. Poco a poco, nuestra vida se llena de ansiedad, agitación, nerviosismo, estrés y, lo que es peor, falta de comunicación con los demás y aislamiento. Esta presión a la que diariamente sometemos a nuestro organismo hace de sus posibilidades, su deterioro sea más rápido.
Este tipo de situaciones facilitan incrementos notables de la tensión arterial, obligan a trabajar más al corazón, incrementan la secreción de ácidos en el estómago e intestino, deprimen las defensas de nuestro organismo, facilitan la aparición de tumores, sin olvidar los trastornos psicológicos derivados de la falta de comunicación, el aislamiento, la introversión, que fácilmente derivan en tristeza, depresiones, fricciones entre la pareja, problemas de relación familiar, etc.

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Consumo de tabaco
Un reciente estudio certifica que si se redujera notablemente el consumo de tabaco entre los europeos, los casos de cáncer, en general, podrían disminuir a la mitad y particularmente las enfermedades de pulmón. El tabaco proporciona al organismo más de 4.000 productos diferentes, muchos de los cuales se encuentran en el papel del cigarrillo. Estos productos tóxicos no sólo afectan a la persona que fuma, sino también a las que se encuentran a su alrededor. Cada vez son más los niños que tienen problemas respiratorios y alteraciones tipo asma provocados por el humo del tabaco.
Dentro del organismo, los tóxicos del tabaco no sólo afectan a los bronquios y pulmones, sino también al corazón, facilitando el infarto de miocardio, aceleran la hipertensión arterial, impulsan alteraciones gastrointestinales como la gastritis y las úlceras, provocan enfermedades degenerativas como el cáncer de próstata, de vejiga urinaria y otros.
Lo peor de todo es que, si bien es cierto que el consumo de tabaco muy lentamente se encuentra en descenso, cada vez se comienza a fumar a edades más tempranas y sobre todo en el caso de las mujeres, lo cual hace del tabaco un enemigo más para nuestra salud.

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Ingesta Excesiva de alcohol
Algunos tipos de bebidas alcohólicas, como es el caso del vino, pueden resultar beneficiosas para el organismo siempre y cuando se utilicen en cantidades moderadas. El vino, si es natural, no mezclas químicas, contiene sustancias que nutren al organismo e incluso previenen enfermedades como el cáncer (por el llamado resveratrol). Sin embargo, también tiene alcohol etílico y otros elementos que son difíciles de metabolizar por parte del organismo y, lentamente, lo deterioran.
Se aconseja el consumo moderado de bebidas alcohólicas naturales (sidra, mosto, vino, cerveza), pero por desgracia frecuentemente sobrepasamos estos límites y con ello aparece la enfermedad, desde problemas hepáticos hasta el infarto de miocardio, pasando por alteraciones del cerebro y ciertos cánceres (laringe, faringe, estómago), sin olvidar que también facilita la obesidad y el sobrepeso.
La mayor parte de estos enemigos para la salud actúan de manera “coordinada”, esto es, uno lleva otro. Así, por ejemplo, las grandes comidas facilitan el uso de alcohol, tabaco y sedentarismo. Si nos encontramos muy “atareados”, pretendemos ahorrar tiempo comiendo rápido y mal, fumando para calmarnos y bebiendo “para relajarnos”.
Poco a poco, estas situaciones nos van minando y el deterioro del organismo se encuentra a la vuelta de la esquina. Ahora entenderemos mejor porqué son muy pocas las personas que llegan a los ciento veinte años.

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Para asegurar una buena salud
Durante nuestro ciclo vital no sólo estamos obligados a conservar la vida, sino a tratar nuestro cuerpo lo mejor posible para que no surja la enfermedad y, caso de hacerlo, lo haga los más tarde posible. Además de evitar los enemigos de la salud que anteriormente hemos citado, veamos de que manera la alimentación, la actividad física y la relajación pueden convertirse en nuestros mejores amigos para conservar la salud.

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Normas básicas en la alimentación
La regla fundamental a la hora de alimentarnos es hacerlo de la forma más natural posible, ya que las diferentes maneras de elaborar un producto también implican pérdida de parte de su valor nutritivo (cocción, asado, fritura, al horno). Todo lo que podamos consumir de forma cruda debemos hacerlo de esa manera y lo que no, elaborarlo lo menos posible. Lo mismo sucede con los productos que son muy refinados (azúcar blanco, harina blanca, pan blanco); es preferible, por tener un valor nutritivo superior, seleccionar los integrales. En general, los alimentos más recomendables y de consumo preferentemente crudo son la leche y sus derivados (kéfir, queso fresco, cuajada), cereales, fruta fresca, hortalizas (formando diferentes tipos de ensalada), verduras (verduras al cocerlas hay que hacerlo a fuego lento y con poco agua), frutos secos (desde las almendras hasta las ciruelas secas, pasando por las nueces), legumbres (garbanzos, alubias, lentejas), aceite de oliva, ajo, levadura de cerveza, limón. No olvide que las plantas naturales con carácter aromático también deben ser incluidas en la dieta (menta, perejil, laurel, tomillo).
Hay otros grupos de productos que son menos recomendables y su consumo debe reducirse al mínimo, como es el caso de la pastelería y bollería industrial, las conservas, chocolates, grasa animal, embutidos, café y bebidas alcohólica.
Recuerde que los alimentos pierden parte de sus vitaminas y minerales por efecto del calor, lo que nos debe obligar a tomar en cada comida del día varios productos crudos, dejando la fruta para los periodos de tiempo que hay entre comida y comida, ya que de ésta manera su absorción es más rápida y mayor.
Es importante realizar una buena distribución de los alimentos del día entre las comidas, procurando que el desayuno, la comida y la cena tengan una cantidad de alimentos muy parecida. Cuando menos no tan desequilibrada como sucede en nuestros días ya que, por ejemplo, el desayuno que tomamos debe ser más generoso y nutritivo. Tal y como reza el refrán hay que “desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como mendigo”.

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Actividad física
Mover el cuerpo de forma ordenada es lo mismo que darle vitalidad y longevidad. Por eso la práctica habitual de una actividad física, aunque sea disminuyendo a lo imprescindible el uso del coche, del transporte público, del ascensor, etc., siempre se comporta como una fuente de salud. Ahora bien, resulta mucho más fácil y eficaz dedicar parte de su tiempo libre a la actividad física, partiendo de la base de que siempre hay una acción para cada edad; no son necesarias grandes instalaciones ni materiales especiales, sólo necesitamos una cosa: querer.
Siempre hay un ejercicio físico para cada gusto y edad que nos proporciona más vida, mejor estado físico, más relación con los demás, menos molestias y más ganas de vivir. Puede beneficiarse de cualquier tipo de actividad (correr, nadar, bolos, petanca, golf, tenis, fútbol, ciclismo, etc.)Siempre y cuando practique todos los días (como mínimo dos o tres días a la semana) una o varias de estas actividades.
También recuerde que en cada caso debe adaptar la actividad física a sus condiciones, no se preocupe so otras personas corren más o menos, si hacen más o menos flexiones, si nadan de forma más rápida o lenta, usted trabaja con su organismo y éste es el que marca lo que puede y no puede hacer. Por último, la actividad física, para que nos proporcione un mayor número de beneficios, debe verse acompañada de una alimentación equilibrada, sana y evitar otros factores nocivos, como es el caso del consumo de tabaco y alcohol.
Todas las personas que realizan habitualmente un poco de actividad física (sin necesidad de gastarse dinero en gimnasios, vestuarios caros o materiales costosos) ahorran millones de latidos al corazón, limpian sus arterias, agilizan y fortalecen sus músculos, dan vitalidad a sus huesos y mejoran su actividad cerebral.

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Menos estrés, más relajación
Entendemos que en nuestro tiempo el tipo de vida es mucho más agitado de lo que quisiéramos, situación que poco a poco, por efecto del estrés, falta de descanso, la ansiedad, el nerviosismo, la tristeza o la depresión va deteriorando nuestro organismo. Estas situaciones debilitan lentamente el sistema inmunitario (nuestras defensas), favorecen las enfermedades gastrointestinales, disminuyen nuestra capacidad de concentración.
Hay ciertos hábitos que son más que recomendables para favorecer nuestro estado de salud. Por ejemplo, la siesta es una costumbre beneficiosa para el organismo, ya que permite realizar con más eficacia la función digestiva que prima después de comer. Está demostrado que media hora de siesta reduce de forma considerable la probabilidad de un infarto de miocardio (nada peor que terminar de comer y trabajar con el desenfreno), al tiempo que nos ayuda a reponer las energías gastadas durante la mañana. Eso sí, no debe superar los 30 o 45 minutos y es preferible practicarla 30 minutos después de comer.
Algo similar sucede con el sueño nocturno. Nuestro cuerpo necesita de esas 7 u 8 horas de descanso para poder rehabilitar las estructuras deterioradas, renovar sustancias que trabajan a lo largo del día y eliminar los tóxicos que nuestras células, a modo de basura, han producido durante las horas de actividad (por ejemplo, los radicales libres). Para conseguir un descanso reparador hay que asegurarle una duración entre 7 u 8 horas (no acostarse demasiado tarde), evitar las cenas copiosas, retrasar el momento de acostarse hasta una hora y media hora después de la cena (mejor si se aprovecha este tiempo para andar o hacer un poco de ejercicio) y relajar el cuerpo con un baño de agua templada, un baño de pies o un vaso de leche con una cucharada de miel.
Finalmente, recuerde que debemos mostrar siempre un carácter positivo y alegre, evitando en lo posible todos los pensamientos y aptitudes negativas, como el mal humor, la ira, cólera, enfado, etc. Está demostrado que la eficacia de las funciones del organismo y de la mente es mayor cuando prima la alegría y el optimismo sobre la tristeza y la depresión (además, estas últimas situaciones provocan enfermedades como la hipertensión, el infarto de miocardio, las infecciones, etcétera).

Libro La botica de Txumari.
Eso es todo! Aguante T!
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