Importante número de mujeres se someten permanentemente a dietas rigurosas para bajar de peso, pero no obtienen los resultados deseados, ya que lo hacen en forma inadecuada. La clave está en tener un balance entre la comida ingerida y el gasto energético. La obesidad se debe a factores que se heredan de los padres, pero la mayoría de las veces obedece a malos hábitos alimenticios. Es decir, no se tiene disciplina en la calidad y cantidad de lo que se come, ni en un horario para hacerlo. De manera que, si mejoran los hábitos alimenticios la predisposición genética se puede revertir. La obesidad presenta problemas desde temprana edad, como trastornos menstruales, que pueden ser causa de infertilidad y embarazos de alto riesgo. Asimismo, las mujeres obesas desarrollan hipertensión arterial, pues retienen grasa en la sangre, provocando que las arterias se obstruyan y la presión aumente. Con la obesidad la mujer también sufre trastornos cardiovasculares y se vuelve más propensa a padecer infartos del corazón, sobre todo después de la menopausia. Además, el páncreas tiende a producir menos insulina, lo cual provocará que entre 30 y 50 % de las obesas desarrollen diabetes, tercera causa de mortalidad en el Distrito Federal, y la cuarta en el país. El exceso de peso también puede ocasionar en la mujer alteraciones en la piel (acné), estrías, joroba (giba dorsal) y deformación de las rodillas, entre otras. La obesidad y tratamiento deben adecuarse a las necesidades de cada paciente, tomando en cuenta su estado de salud, edad de inicio del sobrepeso e historia familiar. También es importante saber a qué tipo de dietas y medicamentos se ha sometido quien quiere reducir su peso. Por otra parte, para que en el organismo ocurra mayor gasto de energía es necesario promover el ejercicio. Con éste, además de aumentar la definición de músculos, mejora la sensibilidad a la insulina y disminuye los niveles de colesterol. La caminata, por ejemplo, es excelente actividad deportiva, ya que no se necesita condición física ni accesorios especiales. Es interesante saber que la variedad de comida despierta en el cerebro la activación de mayor número de centros de saciedad y, por tanto, se incrementa el apetito. Es por ello que en ocasiones los médicos se auxilian de supresores que han demostrado reducir el deseo de ingerir alimentos. Otros fármacos para tratar la obesidad http://www.saludymedicinas.com.mx/centros-de-salud/obesidad son anfetaminas, hormonas tiroideas y diuréticos que tienen indicaciones precisas. En algunas ocasiones, los especialistas también prescriben relajantes para disminuir en algunas pacientes la ansiedad o depresión. Lido Corona SyM
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