Muchas veces te preguntas si te convendría hacer algo de meditación, si te servirá para algo o
si tan solo será una pérdida de tiempo. Sin embargo, como todo en la vida, no hay reglas fijas.
Todo depende de cómo percibes la vida, de tus metas y aspiraciones, y sobre todo de tus ideas
acerca de ti mismo y del mundo.
Hay personas que hacen meditación por un tiempo, aprenden lo que es y luego la dejan.
También hay quienes con sólo unos meses de práctica regular aprenden cosas fundamenta
les que les sirven para toda la vida. Luego, hay quienes se encuentran en una época de sus
vidas en la que necesitan hacer algo más activo y pal pable, y se ven muy lejos de ella. Tam-
bién, están quienes creen en la meditación pero se sienten incapaces de detenerse y quedarse
sentados sin hacer nada. Luego, hay quienes nunca han tenido ningún interés por meditar y
de repente la meditación les abre un mundo de posibilidades desconocidas. Además, hay
muchas personas que tienen un camino espiritual y usan la meditación como instrumento
para avanzar.
Meditar abarca muchas posibilidades. Como todo en la vida, puedes aprender mucho de ella
o puede resultarte inalcanzable. Puede que ahora sea tu momento para practicarla o puede
que sea más adelante.
Modificar la mente
Una de las razones para hacer meditación es cambiar condicionamientos y estados mentales
negativos. En este aspecto, la meditación te da herramientas y habilidades para modificar
emociones que sientes dañinas para ti y tus seres queridos, como la insatisfacción, la apatía,
los celos, la envidia, el rencor o la dependencia. Por ejemplo, un día puedes darte cuenta de
que te enfadas demasiado. Lo has hecho toda la vida y lo has visto en tu familia desde peque-
ño, de modo que te resulta natural. Pero de pronto descubres que no es tan natural y que te
perjudica, descubres que las personas a las que quieres se sienten mal contigo y te das cuenta
de que creas conflictos innecesarios. Después de un montón de años así, entiendes que se
puede vivir de otro modo, sin enfados y con más armonía. Pero te surge la duda de si es posi-
ble cambiar y te preguntas cómo podrías hacerlo.
Aquí es donde puedes usar la meditación. Si te detienes a observar tus emociones y pensa-
mientos, puedes descubrir cómo se producen y el modo de modificarlos. Meditar te ayuda a
observar la mente de un modo objetivo y sereno, con el fin de discernir cómo funciona. Con la
meditación puedes inducir estados menta les positivos en presencia de las situaciones y per-
sonas que te perturban e inquietan. Por ejemplo, lo que siempre te irrita puedes hacer que te
resulte simplemente indiferente e incluso; si eres constante en la práctica, puede llevarte a
despertar compasión o sabiduría.

Momentos difíciles
Sin embargo, el problema no siempre son las emociones destructivas. A veces la vida te trae
situaciones muy difíciles que no sabes manejar. En muchas ocasiones sientes que todo se de-
rrumba a tu alrededor, y vives una inmensa desazón, como si te quitaran el suelo bajo los pies.
Puede sucederte de muchas maneras, quizás relacionado con tu propia salud, con la pérdida
de un ser querido, con un proyecto que fracasa, etc.; el caso es que la vida te muestra su lado
más oscuro y tu fragilidad más absoluta. Meditar puede ser una herramienta fundamental para
estas situaciones.
Algunas personas piensan que cuando sucede algo así lo que hay que hacer es ser muy posi-
tivo y optimista. Pero la meditación no funciona así. Meditar puede llevarte a estados artificia-
les que te alejan de los problemas pero no es para eso. Además, esos estados son efímeros y
temporales, y no acaban resolviendo nada. La auténtica meditación, por el contrario, te aporta
la solidez necesaria para afrontar las dificultades con un talante sereno y firme.
Cuando las cosas se ponen difíciles necesitas hacerte flexible y ser capaz de adaptarte a lo
que sucede, necesitas ser consciente de que la vida es cambio y transformación, y necesitas
mantener una con ciencia amplia y generosa, así como una perspectiva abierta de la relativi-
dad de todo. Sentarte a contemplar lo que estás viviendo, sin juzgarlo ni rechazarlo, sin expec-
tativas ni temor, es la puerta que te conecta a esa nueva perspectiva que te hará estar en paz
con lo que te sucede, por muy duro que resulte. Este es quizás, uno de los mayores beneficios
de la meditación. Cuando no hay nada que hacer, sólo te queda vivir la situación con la mayor
calidad de conciencia de la que seas capaz. Necesitar dominar tu mente y evitar que te lleve a
creer cosas irracionales y absurdas, necesitas ir más allá de tu pensamiento ordinario y descu-
brir eso que está más allá de lo cambios, frustraciones y dolores de la vida.
La vida espiritual
La apertura a la experiencia espiritual es otro de los grandes beneficios de la meditación. Me-
ditar te lleva a conocer y desarrollar tu parte espiritual. Hay vivencias que no se pueden cate-
gorizar como corporales o simples pensamientos, y que transcienden la sensación de indivi-
dualidad y separación. A veces, te hacen sentirte más cerca de los demás y del universo, y te
acercan a la fuente de la creación misma. Son parte de la experiencia humana y desde siempre
han formado parte de la vida. Con frecuencia, estas inmerso en las necesidades del cuerpo y
las experiencias de los sentidos, vives en tus pensamientos, ideas y creencias. La meditación
te guía a encontrar espacios de silencio en los que dejas de invertir tu ser en todo esto y la
canalizas hacia algo más allá. Te muestra un camino que penetra y desenmascara la ilusión de
ser un individuo dueño de una vida.
La transcendencia espiritual implica traspasar los límites que te impone la noción de identi-
dad, y la meditación te ofrece el camino de la conciencia para hacerlo. Vives en tu verdad, una
verdad personal y limitada que se esfuma sin dejar huella. Pero hay una verdad por conocer,
que no es la verdad personal y narcisista. Es la verdad atemporal y eterna que no depende de
ideologías, religiones o culturas. La verdad que una y otra vez, algunos individuos más lúcidos
desvelan a lo largo de la historia. El encuentro con ella es el último regalo de la práctica de la
meditación. Gracias a ella alcanzas la sabiduría y perspicacia necesarias para percibir lo que
miles de conceptos y prejuicios culturales y sociales te impiden ver. Meditar es la mirada se-
rena que capaz de apreciar ahora lo que siempre es verdad.
Conclusión
Tal vez decidas hacer meditación o no hacerla, quizás ya la haces y necesitas dar un empujón a
tu práctica, tal vez ya la hacías y la dejaste de hacer. O quizás, puede que ya no creas en la
meditación y pienses que el camino espiritual sólo consiste en ser consciente. No importa, la
cuestión es que a lo largo de la historia la práctica de la meditación le ha sido útil a numerosas
personas y, gracias a ella, muchos han alcanzado elevados estados de lucidez, sabiduría y com-
pasión. Meditar es una herramienta más en la vida, mientras más recursos tengas más fácil
será eludir los obstáculos a lograr tus aspiraciones más nobles.
Juan Manzanera
Mis otros aportes sobre meditación:
