InicioSalud BienestarQueres mas energía? Optimiza tus mitocondrias
Las mitocondrias son pequeñas estructuras que se encuentran en el interior de nuestras células y son las encargadas de producir energía intra-celular. Las mitocondrias consumen el 90% del oxígeno que respiramos. Una sola célula de nuestro organismo contiene entre 200 y 2000 mitocondrias. Son particularmente abundantes en nuestro cerebro y en menor medida en nuestros músculos (sobre todo en el corazón). Nuestro organismo en su conjunto puede llegar a albergar cerca de cien mil trillones de mitocondrias. Las mitocondrias fabrican energía a partir dos insumos: el oxígeno que captamos a través de nuestros pulmones y las calorías que obtenemos de los alimentos que ingerimos. El oxígeno es transportado al interior de nuestras células a través de la sangre. El mismo proceso ocurre con los alimentos que luego de ingeridos son procesados por nuestro sistema digestivo. Eventualmente ambos terminan siendo descompuestos en pequeñas partículas, absorbidos a nuestro torrente sanguíneo, y transportados al interior de nuestras células donde nuestras mitocondrias las utilizan para producir un químico llamado ATP (adenosine trifosfato)…la molécula de la energía. Cada célula de nuestro organismo necesita producir energía para desarrollar sus funciones. Desde apoyar la actividad de nuestras neuronas en el cerebro hasta suministrar energía a nuestros músculos. Todo esto lo generan las mitocondrias. Es de vital importancia entonces que entendamos cómo funcionan estas diminutas “fábricas de energía”, qué factores afectan su funcionamiento, y cómo hacer para que funcionen mejor. Todo lo que contribuya a incrementar la cantidad y la salud de nuestras mitocondrias va a impactar positivamente sobre nuestra salud, energía y performance. Recordemos que nuestro cerebro necesita una fuente constante de energía para permanecer activo y para desarrollar sus funciones cognitivas más importantes. Lamentablemente, nuestro código genético esta pre-diseñado para que nuestro cuerpo envejezca, y una de las características del envejecimiento es la reducción en la cantidad de mitocondrias saludables y en su capacidad para producir ATP. A partir de los 30 años las mitocondrias en el interior de nuestras células comienzan a extinguirse, y la tasa a la cual desaparecen es mayor que la tasa a la cual se regeneran. Factores genéticos, ambientales, alimenticios y de estilo de vida interactúan y se retroalimentan para que esto sea así. No es casual entonces que a medida que pasan los años nuestra motivación y energía parecen ser cada vez más escasos. Las mitocondrias claro está no es el único factor que influye sobre este proceso que denominamos “envejecimiento” ya que hay innumerables variables que tienen un rol y que también intervienen como los niveles de nuestros neurotransmisores (en especial la dopamina), la flexibilidad de nuestras arterias, la salud en general de nuestro cerebro y de nuestros principales órganos, por nombrar algunos. Pero las mitocondrias juegan un rol fundamental. Hay alguna manera de ralentizar este proceso o incluso revertirlo? Absolutamente. En los últimos años aparecieron investigaciones desarrolladas en el campo de la medicina funcional que se enfocaron en un conjunto de condiciones que subyacen a la mayoría de las enfermedades neuro-degenerativas y asociadas con la edad. En todas estas últimas parece haber un denominador común que son: (i) el daño oxidativo, (ii) la inflamación, y las (iii) disfunciones mitocondriales. La evidencia sugiere que cuando estas tres cosas están fuera de control el proceso de envejecimiento se acelera afectando en especial nuestra capacidad para mantener la energía física y mental. Pero estas tres cosas no actúan de manera separada ya que el daño oxidativo y la inflamación se retroalimentan y son las dos principales causas que dañan nuestras mitocondrias. ¿EN QUE CONSISTE EL STRESS OXIDATIVO? De la misma forma que un motor a combustión produce humo tóxico para el ambiente, mientras hacen su trabajo nuestras mitocondrias liberan como sub-producto ciertos desechos conocidos como “radicales libres”. Los radicales libres son moléculas de oxígeno muy inestables que dañan las estructuras que componen las células y si no son neutralizadas a tiempo terminan por dañar (oxidar) las membranas que recubren nuestras células, nuestras proteínas y nuestro ADN. También pueden modificar proteínas, lípidos, hidratos de carbono, ácidos nucleicos, alterando su estructura y función. Este daño producido por los radicales libres se conoce como “stress oxidativo” y es especialmente nocivo cuando ocurre en el interior de nuestro cerebro. Nuestro organismo está produciendo radicales libres constantemente como resultado de diversos procesos metabólicos, como respuesta al estrés, a dietas de mala calidad, infecciones, deficiencias nutricionales, existiendo además factores externos que los producen, como el humo del tabaco, las radiaciones ultravioletas, los herbicidas, la polución ambiental, la intoxicación por metales pesados, etc. Por default, nuestro organismo ya viene equipado con un sistema de defensa que sirve para combatir la actividad de estos radicales libres a través de la acción de “anti-oxidantes” que producimos naturalmente a partir de determinados nutrientes y gracias a la acción específica de determinadas enzimas. Sin embargo, en algunas personas con cierta predisposición genética como las que sufren de fatiga crónica y en muchas personas con condiciones neuro-degenerativas esta línea de defensa se encuentra debilitada. En estos casos, la acción de los radicales libres no puede ser controlada y terminan dañando partes constitutivas de nuestro ADN, las membranas que recubren nuestras células y deteriorando las paredes neuronales en nuestro cerebro. Esta acción continua cuando se prolonga en el tiempo ocasiona un progresivo deterioro mental y también afecta la propia capacidad del organismo para generar energía al destruir nuestras células. El stress oxidativo es una característica común a muchas personas que desarrollan demencia y se encuentra detrás de muchos síntomas relacionados con el autismo. La mayor amenaza para la salud de nuestras mitocondrias es la oxidación producida por la acción de estas moléculas rebeldes. Si los anti-oxidantes de nuestro organismo no actúan a tiempo y con la eficacia necesaria, con el tiempo nuestras mitocondrias dejan de funcionar de la misma manera que lo hace un engranaje cuando una de sus ruedas se oxida. ¿Qué podemos hacer frente a estas amenazas? Para reducir el stress oxidativo debemos reforzar el funcionamiento de nuestro sistema de defensa (a.k.a. anti-oxidantes). Los anti-oxidantes actúan como detectives que circulan por nuestro organismo en la búsqueda de radicales libres para poder eliminarlos. Cuando no existe un balance adecuado entre ambos el resultado es daño oxidativo, y en el extremo…muerte celular. Hay tres enzimas que son fundamentales para dentro de este proceso y que se conocen con el nombre de superoxide dismutase (SOD), catalase y glutatione peroxidase. Estas enzimas actúan como precursoras para disparar diversos procesos con acción anti-oxidante que mantienen los radicales libres a raya. Pero estas enzimas solo se activan y funcionan cuando cuentan con nutrientes específicos que obtenemos principalmente de nuestra alimentación. El glutatión, principal anti-oxidante de nuestro organismo, es un ejemplo. Producimos una molécula de glutatión gracias a la acción de la enzima glutatione-peroxidase y a partir de nutrientes como la vitamina C, el selenio, el acido alfa lipoico y la n-acetil-cistenína. Sin estos nutrientes no tenemos la materia prima necesaria para producir moléculas de este importante anti-oxidante. En principio todo esto no parece tan complejo, pero para apoyar la innumerable cantidad de interacciones que se producen en el interior de nuestras células es imprescindible contar con los nutrientes adecuados. Y aquí es donde aparecen los problemas. La mayoría de las personas mantiene una dieta completamente deficiente de la cual no es posible obtener todo lo que necesitamos. Para añadir más leña al fuego las mitocondrias son particularmente sensibles a los elementos tóxicos de nuestro entorno a los cuales estamos expuestos cotidianamente (i.e. pesticidas, metales pesados, toxinas ambientales e incluso el stress). Todo esto conspira para reducir lenta y progresivamente la salud y la capacidad de nuestras mitocondrias. En el límite, cuando nuestras células se extinguen porque no cuentan con la energía para funcionar, enfermamos y eventualmente morimos. No es un escenario demasiado alentador. No obstante, hay muchas cosas que podemos hacer. Las dos más importantes son mantener una dieta balanceada (y rica en anti-oxidantes) que minimice la inflamación de nuestro sistema inmune, y en segundo lugar suplementar con nutrientes específicos que apuntalen la tarea de nuestras mitocondrias. Leer el final del articulo en www.alfaser.org.
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