vierarey
Usuario (Venezuela)
Niñez y adolescencia son sinónimos de energía y actividad. A medida que crecen en peso y estatura los niños y adolescentes naturalmente se hacen más fuertes y aumentan su interés por la práctica deportiva, lo cual es muy positivo. Sin embargo, el riesgo de sufrir lesiones también se incrementa, más en los menores de ocho años cuya coordinación motora y tiempos de reacción son más lentos, porque aún están creciendo y desarrollándose. ¿Cómo catalizar esa vitalidad y prevenir las lesiones? Los diagnósticos por lesiones deportivas han aumentado en la consulta, en parte debido a que los padres no conocen a sus hijos anatómicamente o bien porque si tienen algún defecto físico, lo obvian, y muchas veces someten a los niños a excesivas actividades deportivas, algo que a estos les genera estrés y frustración. "Por ejemplo, si el paciente tiene pie plano y no se corrige y lo ponen a jugar fútbol o a correr, eso le va a pasar factura. Como médico uno tiene que evaluar al paciente de forma integral: el peso, los trastornos de alineación de las piernas, el mal uso del calzado, la mala ejecución de una actividad deportiva. Y como padres hay que conocer a los hijos y no solo desde el punto de vista osteomuscular. Es importante hacerles una revisión exhaustiva antes de iniciarlos en un deporte", advierte Ramón Vallenilla, cirujano traumatólogo, especialista en medicina deportiva y lesiones deportivas. Por otra parte, en estas edades no suele haber una percepción clara de los riesgos; todo lo contrario, mientras más adrenalina genere el deporte, mucho mejor. Esto, aunado a la presión exagerada de padres y entrenadores, puede resultar muy perjudicial y hacer que los niños y adolescentes sean más proclives a sufrir lesiones por sobreuso del músculo y/o articulación. Los tres tipos de lesiones deportivas más habituales en la población infantil son las lesiones agudas, las lesiones por sobrecarga y las lesiones reincidentes. Lesiones deportivas agudas: Se asocian a algún tipo de traumatismo o eventos puntuales y merecen que sean vistas con importancia. Las más graves que pueden ocurrir en la práctica deportiva, independientemente de la edad, son las siguientes: los esguinces, las distensiones, las fracturas de huesos (fracturas abiertas), roturas de ligamentos; las lesiones oculares (lesiones en la córnea, desprendimientos de retina y hemorragias oculares); traumatismos craneoencefálicos, incluyendo conmociones cerebrales, fracturas de cráneo, hemorragias cerebrales y lesiones medulares; luxaciones articulares, síndrome de latigazo cervical, fracturas cervicales y los traumatismos abdominales cerrados. Las lesiones agudas muchas veces ocurren por no emplear un equipo adecuado o utilizar equipos inadecuados de protección en la práctica deportiva. Lesiones deportivas por sobrecarga: Las lesiones por sobrecarga se producen a consecuencia de acciones repetitivas que fuerzan o sobrecargan determinados huesos y músculos. A pesar de que pueden ocurrir tanto en niños como en adultos, son más problemáticas en los atletas infantiles por el efecto que tienen sobre el crecimiento óseo. Cualquier niño que practica deporte con regularidad puede desarrollarlas, aunque, cuanto más tiempo lleve practicándolo, más probabilidades habrá de que sufra una lesión por sobrecarga como las que aparecen a continuación: Síndrome de Osgood Schlater: "Es una inflamación a nivel del núcleo de crecimiento, ubicado en la unión del tendón rotuliano en la tibia. Ocurre más en niñas y niños entre nueve y 12 años, cuando el núcleo de crecimiento no está todavía fusionado y por exceso de entrenamiento se produce un abuso de tracción repetida de ese tendón, lo cual produce un proceso inflamatorio. Los padres consultan porque su hijo tiene un pequeño bulto en la rodilla que les produce dolor y limitación", explica Vallenilla. Advierte el especialista que este síndrome se da por exceso de actividad deportiva, sin reposo, lo cual genera un desbalance y demasiada tracción rotuliana. Algunas veces puede convertirse en un caso quirúrgico. "Uno de los aspectos básicos es preservar el núcleo de crecimiento, porque por ahí crece el hueso y si uno trastorna ese núcleo el hueso puede crecer con alguna deformidad. Por eso, el traumatólogo, cuando atiende a un paciente con una fractura en el núcleo de crecimiento, es sumamente cuidadoso de preservar ese núcleo y que sea lo más anatómico posible para que a futuro el niño no tenga trastornos de crecimiento o un dolor residual producto de una mala intervención quirúrgica. Si no requiere cirugía, el paciente es sometido a reposo, hielo, antiinflamatorios y, muy importante, fisioterapia, la cual se hace para lograr un balance muscular y evitar la tracción excesiva" explica el cirujano. Lesión en el ligamento colateral medial del codo: Es la más frecuente en los pitchers. Hacer repetidamente el acto de lanzar a veces provoca dolor y molestias en el codo que puede afectar la capacidad de flexionar y extender el brazo. Pinzamiento subacromial o pellizcamiento del manguito rotador: Vallenilla señala que esta lesión es frecuente en los adolescentes y se da por un movimiento extremo en la rotación del hombro y la elevación del brazo por encima de la cabeza. Se ve en la natación o en los deportes en los que se lanza una pelota como en el beisbol, voleibol, basket y tenis. Puede provocar un dolor que empieza típicamente de forma intermitente, pero también puede progresar a un dolor continuo en la parte posterior del hombro. Periostitis tibial: También conocida como "síndrome de estrés de la tibia medial", la periostitis tibial se caracteriza por el dolor y las molestias en la parte anterior de la pierna. A menudo está provocado por correr repetidamente sobre una superficie dura, el uso del calzado inadecuado, la pisada inadecuada o por entrenar excesivamente al principio de la temporada de entrenamiento. Espondilolisis: A menudo está provocada por un traumatismo, flexión repetitiva, hiper-extensión y torsión de la columna. Puede provocar dolor lumbar persistente. Lesiones recidivantes Ocurren cuando la niña, niño o adolescente vuelven a practicar deporte antes de que una lesión previa esté lo suficientemente curada, esto sobrecarga la parte lesionada y fuerza al cuerpo a compensar esa debilidad, lo que expone al paciente al riesgo de volverse a lesionar. Vallenilla, quien es coordinador del comité de lesiones deportivas de la Sociedad Venezolana de Cirugía Ortopédica y Traumatología, también alerta sobre las siguientes lesiones que suelen repetirse: Esguinces de tobillos: Generalmente se producen por torsiones. Son lesiones en el ligamento, que se inflama, se distiende o se rompe. Se clasifican en esguince grado 1, grado 2 y grado 3. "Los esguinces hay que cuidarlos muy bien. Muchas veces se tratan de una forma no adecuada y pueden repetirse y generar un tobillo inestable, lo cual ocasiona que el paciente pueda sufrir entre tres y cuatro lesiones al año, esto crea inestabilidad, pero con la fisioterapia se recupera", indica el especialista. Desgarros musculares: Siempre producen hematomas, por la vascularización del músculo. ¿Cómo deben tratarse? La fisioterapia es básica en el proceso de desinflamación, de fortalecimiento muscular y de estiramiento muscular. Los desgarros musculares deben trabajarse en un período de tiempo que va de ocho días si el desgarro es leve a tres semanas si el desgarro es más severo. Hay otras herramientas que se usan en estas lesiones como el plasma rico en plaquetas, el cual permite regenerar tejidos. Lesiones tendinosas. Entre estas está la ruptura del tendón de Aquiles, que es bastante aparatosa y genera que el paciente tenga un reposo largo. Otra es la tendinitis, bastante frecuente, un proceso inflamatorio del tendón, el cual puede durar de 24 a 48 horas. "Si eso no se resuelve, ese tendón empieza a cambiar su estructura y pasa de tendinitis a tendinosis, un proceso degenerativo en el cual hay que regenerar ese tendón". ¿Cómo prevenir las lesiones? Lo ideal sería que al comenzar el año escolar los niños tuviesen un chequeo médico antes de iniciarse en alguna actividad deportiva y que las instalaciones para la práctica, así como también los equipos, fuesen los más óptimos. La orientación a los padres y representantes sobre cómo alimentar e hidratar a sus hijos, según el deporte que practiquen, es importante, ya que muchas lesiones y desgarros musculares se presentan por deshidratación. Igualmente, los entrenadores en los colegios deben ser profesionales con conocimientos certificados; sin embargo, lamentablemente sobre esto suele haber mucha improvisación. La Asociación Americana de Pediatría (AAP, según sus siglas en inglés) advierte que la mayoría de las lesiones en niños y adolescentes se deben a un ejercicio excesivo. En Estados Unidos, los diagnósticos por lesiones relacionadas con la práctica de deporte infantil ascienden a 3,5 millones al año, por lo cual mantener saludables a los niños y adolescentes se ha convertido en una prioridad para los padres, escuelas y ligas deportivas. Para reducir el riesgo de lesiones los especialistas de la AAP recomiendan: Descanso: Hay que planificar en el entrenamiento de cualquier deporte al menos un día de descanso a la semana, para que el cuerpo se recupere Utilizar el equipo adecuado. Fortalecer los músculos: Es necesario realizar ejercicios de mantenimiento durante el calentamiento para fortalecer los músculos. Utilizar la técnica adecuada: Esto debe ser reforzado por los entrenadores, para lo cual ellos deben conocer las técnicas adecuadas. Jugar de forma segura: Evitar los golpes entre los jugadores y respetar los reglamentos. Si hay dolor hay que parar. Evitar las lesiones por calor: Hidratarlos adecuadamente. Hay que beber mucho líquido antes, durante y después del ejercicio y vestir prendas ligeras y adecuadas. Cuidar el aspecto emocional: La presión por ganar puede producir estrés emocional en los niños y adolescentes. En el ejercicio y deporte debe evaluarse el esfuerzo, la deportividad y el trabajo duro. Deben ser recompensados por esforzarse y mejorar sus habilidades, en vez de castigados o criticados por perder en un juego o competencia.
La repostería -dicen los expertos- es una ciencia exacta, pues mientras en los platos salados los cocineros pueden modificar y "enderezar" muchos de ellos a mitad de la elaboración, o cambiarlos totalmente y quedar bien con los invitados con un poco de astucia, con los dulces la improvisación suele dar muy malos resultados, sobre todo en caso de principiantes. 1. Receta probada y aprobada. Aunque resulte fastidioso, si va a ensayar una receta de galletas nueva, es preferible que haga poca cantidad –una cuarta parte de la receta- por ejemplo, y hornee solo una para probarla; así podrá saber si debe ajustar las cantidad de harina, agregar algún toque de líquido o abandonar la mezcla, la opción más tajante. Una buena opción es pedir a los amigos, amantes de la cocina, alguna receta que ellos hayan realizado y certifiquen su calidad y si va a recurrir a un libro o alguna fuente de internet, trate de que sea lo más confiable posible. 2. Ingredientes exactos. Si no es un experto, no experimente con las cantidades indicadas. Debe tener tazas y cucharas de medir para los ingredientes sólidos como la harina o el azúcar y envases transparentes para los líquidos y si le es posible, adquiera un peso o balanza. Salvo que se diga lo contrario, siempre que se indiquen tazas o cucharadas son rasas, no colmadas; por eso llene la medida y nivélelos pasando un cuchillo sobre la superficie. En el caso de la margarina, mantequilla, manteca vegetal o papelón rallado, agregue cucharadas dentro de la taza y luego empuje todo firmemente, para nivelarla. 3. Mantequilla o margarina. Aunque la mayoría de las recetas de galletas sugieren mantequilla, por los costos se suelen fabricar con margarina. No obstante, los resultados pueden variar si la margarina no tiene suficiente materia grasa, por lo que nunca use productos light; de hecho los expertos indican que la margarina debe tener al menos 80% de aceite vegetal. Como la mantequilla puede agregar agua, verifique si no necesita un poco más de harina para lograr la consistencia deseada. Para cualquiera de los dos ingredientes, si se indica "a temperatura ambiente" o "pomada", no vale derretirla en un cazo o en microondas pues cambiará la textura del postre. 4. La harina. Para galletas usualmente se emplea la harina "todo uso"; así garantizará a su vez que tendrá las cantidades exactas de la levadura, en este caso polvo de hornear, si la receta así lo indica. La harina leudante puede producir galletas que crecen y crecen dentro del horno, se pegan entre sí y queden achatadas, aunque si a la receta le falta este ingrediente, también puede producirse este efecto. Si es el caso contrario, si se agrega mucha harina, resultarán galletas duras y secas, que no se desmigajan. No trabaje mucho la masa, pues el calor que se produce también endurece las galletas; éste es un consejo muy importante. 5. Una masa que le gusta el frío. Luego de integrar los ingredientes, sobre todo si se trata de una masa que extenderá y cortará con moldes, obtendrá mejores resultados si la enfría en la nevera. Hay personas que sugieren hacer una bola, envolverla en plástico y dejarla una o varias horas en la nevera, mientras que otras prefieran descansarla ya estirada sobre una bandeja, con papel de cocina doble, para luego cortarla. En algunos casos se sugiere -al menos- colocar las galletas un rato en el refrigerador luego de cortadas, dentro de la bandeja, o emplear bandejas frías. Si tiene una cantidad considerable de mezcla para cortar, trabaje solo con la mitad de la mezcla a la vez, manteniendo la masa enfriada para mejores resultados. La masa con esa temperatura permitirá que las galletas mantengan mejor su forma durante el proceso de horneado; también será más fácil cortarla que otra a temperatura ambiente. Grasa más calor, tenga en cuenta, se derrite. 6. El horneado. Respete el tiempo de horneado que suele ser breve. Las galletas estarán listas cuando los bordes comiencen a dorarse, pero el centro de ellas esté todavía blando. Si va a elaborar una buena cantidad de galletas, deberá tener suficientes recipientes para hornear, pues no debe colocarse la masa sobre superficies calientes. Los expertos sugieren bandejas con bordes muy bajos o sin ellos y hornear con un espacio ideal de 5 cm entre cada galleta. 7. Para guardar. Deje que las galletas se enfríen unos o dos minutos en las bandejas y luego retírelas con una espátula a otro recipiente plano. Deben estar totalmente frías antes de guardarlas o envasarlas, pues si no se reblandecerían. No mezcle galletas de diferentes tipos en el mismo envase. Decórelas cuando ya estén bien frías, incluso un día después. Almacene galletas crujientes y suaves en contenedores separados, pues si no, todas se suavizarán.
Pocas frutas como la patilla -sandía o melón de agua en otros países- pueden conjurar tanto el calor, tras abrir el rosado tesoro de su pulpa, rico en licopeno, un potente antioxidante de reconocidos propiedades anti cáncer, así como en betacoreno. Es la fruta más rica en agua (hasta 93 por ciento) por lo que aporta apenas calorías y carbohidratos - 20 y 4,5 cada 100 gramos, respectivamente-, lo que la hace favorita de las dietas de adelgazamiento, a lo que se suma su poder desintoxicante, al ser una fruta diurética. Es muy popular en el público infantil, por su dulzura y facilidad de comer y los hidrata con éxito en días soleados de playa o piscina, para lo que resulta útil refrigerarla antes de ser consumida como postre saludable al aire libre. La patilla proviene de las regiones tropicales de África y de ahí pasó a los países mediterráneos; a América llegó de mano de españoles y portugueses. En la cocina Más allá de constituir parte de la tradicional ensalada de frutas o tomar licuado su zumo, puede complementar otros platos como la sopa fría española llamada gazpacho, realizar una confitura con la parte blanca que se encuentra tras la corteza, convertirse en delicioso helado frutal -solo insertando un palito de madera en bloques pequeños que se refrigeran- con un toque de chocolate fundido o acompañar cocteles, sorbetes y otros preparados líquidos. Si es amante de vinos que no sean de uvas, tenga en cuenta que los rusos elaboran uno muy tradicional con su jugo. Con su pulpa procesada, azúcar, cáscara y zumo de limón, puede también preparar una salsa apta para carnes blancas. Sus numerosas semillas, ricas en vitamina E, también se consumen tostadas como alimento; molidas como cereal para acompañar una masa de pan o en infusiones diuréticas. Escoja la mejor Una patilla estará madura y en su mejor punto de dulzura si la mancha de la cáscara que ha estado en contacto con el suelo es de color amarillo cremoso; una mancha blanca o verdosa indica que se recogió antes de tiempo y resultará insípida, pues la patilla es una fruta que para que sea de buena calidad, debe recolectarse cuando está totalmente madura. También puede constatar su madurez golpeándola con los dedos o las palmas de las manos: debe sonar a "hueco". Verifique que su piel no presente cicatrices, quemaduras de sol, magulladuras u otros defectos. Luego de recolectada, se conserva en perfecto estado durante dos semanas si se mantiene a unos 15 grados centígrados y hasta tres semanas entre 7 a 10 grados. Después de picada, se puede mantener en la parte baja de la nevera durante cuatro a cinco días. Virutas de patilla con dados de melón Ingredientes (Para 4 personas) 500 gramos de patilla 1/2 melón 250 g de queso fresco 60 g de nueces 60 g de avellanas (opcional) Romero fresco Preparación Primero se abren el melón y la patilla, se pelan y se quitan las semillas. La patilla se corta en láminas muy finas y el melón a dados. En un plato se disponen las láminas de patilla en abanico y sobre ellas se colocan los dados de melón, unas bolitas de queso fresco y las nueces picadas. Se adorna el plato con un poquito de romero fresco y se sirve muy frío. Si se desea, además de las nueces, también se pueden salpicar avellanas por encima. Sopa de patilla y pepino (de Karlos Arguiñano) Ingredientes -2 pepinos pequeños 1 kg. de patilla 2 ramas de apio España 150 gr. de queso azul 6 rebanadas de pan duro 6 aceitunas negras 1/4 l. de caldo de verduras Aceite de oliva Vinagre y sal al gusto Perejil (para decorar) Preparación Pele y trocee la patilla y colóquela en un bol. Triture con la licuadora, pásela a una jarra y déjela enfriar en el nevera. Reserve. Ponga la miga del pan en un cuenco, vierta el caldo de verduras. Pele un pepino y deje el otro sin pelar. Trocee los dos y añádalos. Triture con la licuadora. Aliñe con una pizca de vinagre, sal y un chorrito de aceite. Páselo a otra jarra y déjelo enfriar en la nevera. Pele el apio y rellénelo con el queso azul. Pique las aceitunas negras. Sirva las sopas de pepino y de patilla en plato hondo. Coloca en el centro las aceitunas picadas y acompañe con el apio con queso. Decore el plato con una ramita de perejil. Patilla en almíbar Ingredientes 1 patilla Azúcar (el doble del peso de la pulpa de la fruta) Preparación Pele la patilla y corte en dados pequeños la pulpa; deje macerar todo un día la fruta con el azúcar. Lleve a fuego mínimo durante cuatro horas aproximadamente, hasta que la fruta tome un color oscuro y se halla cocido completamente. Guarde en la nevera, en un frasco esterilizado.
El punto de llegada es el pueblo de El Hatillo. De allí, basta tomar la carretera Unión, a la altura del sector El otro lado. Si no le suena muy sencilla la coordenada, puede recurrir al mapa que se encuentra en www.cafedelestablo.com, el sitio web del Café del Establo, un restaurante famoso por sus cachapas en el que los mesoneros de turno hacen un trencito estilo "Hora Loca" para embochinchar a los presentes. En esta ocasión se ve -instalados en una de las mesas más cercanas a la puerta- al cantante Roque Valero y al animador Leonardo Villalobos. Pero el aroma proveniente de la cocina distrae toda atención farandulera. Resalta en el menú una sorpresa que tiene tiempo en la carta, pero cuyo nombre enamora, a primera vista, a los que lo leen. Se trata del Fondue Criollo. A los pocos minutos de ordenarlo, aparece la camarera con una cazuela de queso derretido, rodeada por porciones de bolitas de plátano, arepitas dulces y pequeños trozos de cachapa. El paladar queda consentido. "Más que por creativa, la idea se me ocurrió por glotona", comenta entre risas Karen Oliver, administradora de profesión y confesa aficionada a la cocina, quien regenta este local desde que abriera sus puertas hace cuatro años. "Hicimos muchísimas pruebas antes de llegar a la mezcla de quesos perfecta. No fue fácil, porque los quesos hechos acá no funden muy bien que se diga, debido a su baja composición grasa, muy distinta a la de los internacionales. Finalmente, logramos dar con una combinación del telita con el guayanés y el llanero que nos daba la consistencia perfecta para concebir la versión local del conocido plato suizo. Karen comenta que, actualmente, el Fondue Criollo es lo más pedido de la carta. Le sigue la Degustación Mantuana, en la que se unen, en una misma orden, la mini polvorosa de pollo, el mini pastel de chucho, el mini asado negro, mini bollitos pelones de cazón, pollo y carne y yuquitas de contorno. Se suma también a lo más demandado, la Cachapa Trío, rellena de queso telita, pernil y tajadas maduras. La estancia es grata si se anda en la búsqueda de una velada estilo campestre.