El punto de llegada es el pueblo de El Hatillo. De allí, basta tomar la carretera Unión, a la altura del sector El otro lado. Si no le suena muy sencilla la coordenada, puede recurrir al mapa que se encuentra en www.cafedelestablo.com, el sitio web del Café del Establo, un restaurante famoso por sus cachapas en el que los mesoneros de turno hacen un trencito estilo "Hora Loca" para embochinchar a los presentes.
En esta ocasión se ve -instalados en una de las mesas más cercanas a la puerta- al cantante Roque Valero y al animador Leonardo Villalobos. Pero el aroma proveniente de la cocina distrae toda atención farandulera. Resalta en el menú una sorpresa que tiene tiempo en la carta, pero cuyo nombre enamora, a primera vista, a los que lo leen. Se trata del Fondue Criollo. A los pocos minutos de ordenarlo, aparece la camarera con una cazuela de queso derretido, rodeada por porciones de bolitas de plátano, arepitas dulces y pequeños trozos de cachapa. El paladar queda consentido.
"Más que por creativa, la idea se me ocurrió por glotona", comenta entre risas Karen Oliver, administradora de profesión y confesa aficionada a la cocina, quien regenta este local desde que abriera sus puertas hace cuatro años. "Hicimos muchísimas pruebas antes de llegar a la mezcla de quesos perfecta. No fue fácil, porque los quesos hechos acá no funden muy bien que se diga, debido a su baja composición grasa, muy distinta a la de los internacionales. Finalmente, logramos dar con una combinación del telita con el guayanés y el llanero que nos daba la consistencia perfecta para concebir la versión local del conocido plato suizo.
Karen comenta que, actualmente, el Fondue Criollo es lo más pedido de la carta. Le sigue la Degustación Mantuana, en la que se unen, en una misma orden, la mini polvorosa de pollo, el mini pastel de chucho, el mini asado negro, mini bollitos pelones de cazón, pollo y carne y yuquitas de contorno. Se suma también a lo más demandado, la Cachapa Trío, rellena de queso telita, pernil y tajadas maduras. La estancia es grata si se anda en la búsqueda de una velada estilo campestre.