putoelqueve
Usuario (Argentina)
"Buenos días colegas Buenos días amigos Una historia he venido a contar Con ánimo de comprometido, Mis andanzas por la tierra me han llevado A verme por una dama, sometido. La encontré a merced del hambre Y así planeaba traerla conmigo. Puedo decir sin duda de lo hermosa que es, Chica simple y bella, de cumplidos dieciséis. ¡Si me vieran ustedes tan desolado! Que para traerla a mi lado A la vide he de vencer. Por eso a su vida hice que entrara mi hija predilecta Para que su fuerza finalmente, quebrantara. Prometió hacerla mia, Que tan sólo la dejara, Ella haría el trabajo sucio, Que yo observara por la ventana. Efectivo fue el primer ataque La primer mirada hacia el espejo Sintiéndose culpable e insegura Al mirar su propio cuerpo. Una duda razonable, que no cesó con el tiempo Ana entró en ella, para darle un escarmiento. Y sin equívocos de ninguna certeza Se limitó a implantarle un ideal de belleza. El filo empezó a actuar E incluso las miradas dolían A su soledad no le gustaba Lo que el espejo persuadía. Los días seguían pasando, ¿qué podía hacer? Un consejo simple le fue dado; "Debes dejar de comer" La primera vez fue la más extraña, La primer cena salteada por pura maña. Se acostumbró a hacerlo con el tiempo Ya no sentía los mareos, pues los sufrió solo al comienzo. El espejo cada vez Deformaba más su imagen Y cada insulto, otra excusa Para al baño hacer otro viaje. No bastaba con no comer, no bastaba con ayunar "Para seguir perdiendo peso, también debes vomitar" Acostumbrada todo el tiempo A pesarse en una balanza, Obsesionada con el número, "¡Pero con eso nunca alcanza!" Así mi amor empezó a morir por dentro Y Ana ya no era la única que actuaba Era Mia la que ahora colaboraba, Quién también se sumó a la vida de muertos. Separadas, poderosas. Juntas, casi invencibles Y para esta altura, el problema ya no era más invisible. Intentaron ayudarla, ¡es verdad! Tenía un novio, y las amigas Mas no pudieron afrontar Ver la cara de su amiga, ¡Que fatalidad! Y ese pobre chico, A quién en serio le preocupaba, Por infantil cobardía ¡No se dignó a hacer nada! Para este punto de la historia, La familia no importaba Imagínense que ni Dios Se enfrentaba a las Hermanas. Aquí es cuando forzado, esclarecí los ojos Aunque ya era tarde, quise ser tenaz, Que le devolvieran su alma Mas no había vuelta atrás. Carecía de voluntad, Cual muñeco de arcilla, Solo encontraba felicidad En ver sus propias costillas. Destrozado decidí ir a buscarla, Arrancársela de las manos A las brujas de la apariencia, No tenía caso seguir esperando, Ya estaba más que muerta. Mucho luego la lloré, no era la misma. Perdía el brillo de sus ojos, se veía a simple vista. Me preguntaba por las noches, "¿Por qué no la habrán ayudado? Fuera el novio, las amigas, ¡hasta ese chico la podría haber salvado! Por cada alma que me llevo, otra nueva veo nacer, Yo lo hago por trabajo, Ana y Mia por placer ¡Pero sigo siendo más fuerte! Muchas cosas puedo hacer Volver el tiempo y dejar que la ayuden, Tal vez. Así que suerte, chico, ¡y persuade a los demás! No dejes que las brujas ganen una vez más. Y en cuanto a ella, le dije que viva, Que cuando llegue el momento Con gusto la recibiría. Aunque los buitres no descanzan, Su alma intentarán llevar. Intentará vivir de día, Por la noche quizás, llorar. Y éste es el término de la obra, El final que al cuento le he dado. Pues me retiro amigos, me retiro colegas Mi triste historia, al fin les he relatado."
Bar del Infierno: Como quién no sabe ni le importa lo que le deparará el destino, Gonzalo caminaba por la calle, adoptando la clásica postura de los desgraciados. Cabeza gacha y manos en los bolsillos, se abría paso entre las sombras de la noche pensando en la razón de su tristeza. Una serie de eventos desafortunados lo habían conducido hasta esa noche. Su mujer había descubierto el amorío que sostenía con Alejandra, una quinielera de su barrio a quién cortejó más para saciar su necesidad de juego que por la emoción de una aventura prohibida. A su vez, Alejandra lo había abandonado hace unas tardes alegando que él no la quería. No tenía hijos, y su familia y amistades se habían alejado hace tiempo producto de su ludopatía. Lo cierto es que su ambición al póker, la ruleta y las loterías le habían nublado la vista los últimos años. Durante la caminata, quizás producto de sus recientes problemas, o por el hecho de no tener ni una moneda en el bolsillo para jugársela, esa niebla se disipó y fue espectador activo de sus desgracias. Se sintió miserable por haber engañado a la mujer que amaba y por haber malgastado su tiempo en esos antros. Por un momento se permitió pensar que quizá pudiera recuperarla, a fuerza de ruegos y así redimirse. Pensó en volver a hablar con sus amistades, con sus padres. Pensó en engendrar un hijo a quién enseñarle todo lo debía hacer para no terminar de esta forma, cosa que nadie había hecho con él. Rápidamente esos pensamientos se desvanecieron para dar cabida a otros oscuros. ¿Para qué intentar recuperarla, si ya le había hecho suficiente mal? ¿Para qué intentar reestablecer relaciones con aquellos que, con razón, ya no lo querían? ¿Y para qué traer al mundo a un niño que debía soportar tener tal persona como padre? No era justo, ya no se merecía otra oportunidad. Ni siquiera sabía si su ánimo le permitiría sobrevivir a esta noche. Siguió caminando, él pensaba, sin rumbo. Una, dos, tres cuadras más y observó un bar al que no había asistido jamás. Consciente aún del mal que le causaban sus excursiones por esos lugares, pero tratando al juego como un viejo amigo, se decidió a entrar. El lugar amplio parecía vacío con solo siete u ocho personas, algunas sentadas en las mesas, otros jugando al billar en una de las tres mesas que había. Indiferente, le llamó la atención que una de las mesas, al contrario de las otras dos de paño verde y relativamente nuevas, era de paño rojo y se encontraba muy descuidada. Nadie, durante la hora que pasó allí, se acercó a esa mesa. En realidad parecía lógico, seguramente se encontraba fuera de servicio, pensó. La barra, vacía, lo invitaba a sentarse, pero habría sido en vano sin dinero para consumición. Frío, buscó un par de contrincantes para jugar unas manos de póker y de ese modo, poniendo en juego un viejo reloj, su experiencia le permitió ganar lo suficiente como para acercarse en busca de un trago. Eligió el taburete más retirado y pidió un whisky que rondaba lo bueno y en silencio se puso a pensar. Pasó el tiempo y terminado el escocés, contaba las monedas que le sobraban con el objetivo de repetir la acción. Mientras tanto, un hombre flacucho, alto y con mirada ajena elegía el banco a su lado para sentarse y se apresuró a pedir dos tragos. Le acercó el whisky nuevo a Gonzalo y se presentó: -Buenas noches, Gonzalo, ¿me reconoce? Me alegré de verle en acción una vez más, batiendo a esos pobres infelices en el póker- El hombre soltó una sonora carcajada, luego tosió y un olor a azufre inundó el lugar. Gonzalo se inmutó pero no tardó mucho en recuperar la compostura.-Un par de manos afortunadas, ¿eh? -Discúlpeme, pero no creo conocerlo en persona.- Gonzalo hablaba serenamente, fingiendo desconocer lo que tenía a su lado. -¡Bien dicho!- Su risa volvió a resonar.-No, en persona no. Qué atrevimiento el mío, le pido disculpas.- Le extendió la mano y él la tomó. El hombre prosiguió y se presentó formalmente.-Créalo o no, y más le vale creerme, soy Astaroth, duque del Infierno. -Te creo y te reconozco. Por favor, tuteame. No hay razón para usar formalidades.- Al demonio pareció no sorprenderle tal pedido, sólo se limitó a sonreír, dejando ver sus podridos dientes.- ¿Qué te trae a este antro?, supongo que vendrás por mi alma o algo parecido.- - Iluso, tu alma ya es mía. Me gusta buscar a los hombres en tu posición, cuando ya no tienen nada que perder. Paso a explicarte, tu vida ha llegado hasta el fondo. Engañaste a tu esposa, manchaste el sacramento del matrimonio. Nadie siente compasión por vos, ni padres ni amigos que ya no lo son. Ante los ojos de Dios, ni vos ni ellos tienen salvación ya, por más injusto que parezca. Arruinaste sus vidas. Pero yo fui enviado por Satanás a proponerte algo. ¿Te interesa? - Si no me interesara, me temo que no estaríamos hablando ahora. Así que explicate.- Gonzalo notó que durante la conversación, la gente del bar fue abandonando el establecimiento hasta dejarlo vacío, exceptuándolo a él y a su infernal compañero. -Sólo porque me caés bien, vamos a entrar en tu terreno. Acompañame.- Hizo un gesto con la mano y su vaso se rellenó del líquido color cobre. Hizo una pausa, se dio vuelta y repitió el mágico ejercicio con el vaso de Gonzalo, como recordando los modales que no tenía. Como Gonzalo había previsto, se dirigieron hasta la ajada mesa de billar de paño rojo. Astaroth tomó un palo y puso las tres bochas en posición. Luego hizo una sublime demostración de talento, Gonzalo llegó a contar entre diecinueve y veintiún carambolas al hilo antes de que el demonio se cansara y le cediera el palo.-Como ves, un reto mano a mano no sería justo, así que ahora es tu turno. Vas a jugar solo. Te doy cinco tiros para salvar a cinco personas: los primeros dos por tu madre y tu padre respectivamente, quienes no te reconocen ya como hijo y viven hace meses ignorando tu existencia. El tercero por tu hermano, a quien no ves desde hace años, cuando se pelearon porque le hiciste trampa jugando a las cartas, ¿te acordás?; el cuarto por Alejandra, tu amante a quien no supiste complacer de modo alguno y a quien engañaste para sacar un par de jugadas gratis;-Gonzalo siguió escuchando y dejó pasar la ofensa.- el último, como supondrás, es por tu esposa, la más perjudicada de todas por tu vida clandestina. Vos decidirás a quien salvar. Quizás Astaroth, en su afán de querer conquistar aún más el alma del infeliz, creyó que con las ofensas y los términos despectivos con los que se refirió a sus seres amados bastarían para hundirlo en las profundidades del averno abandonando el juego antes de empezarlo, mandando a todos al olvido junto a él. Se veía en los ojos negros del demonio la esperanza de que el hombre optara por hacer sufrir a quienes lo despreciaron. Pero seguidamente, sin contestar a sus dichos y casi sin hacer mueca alguna, Gonzalo tomó el palo y realizó, sin que le temblara el pulso, cinco carambolas seguidas, casi tan impresionantes como las suyas. Terminado el juego infernal, apartó las bochas del paño y dejó el palo sobre la mesa. Luego, dijo con su voz tranquila de toda la noche: -Bueno, terminé. ¿Me conducirás a la muerte ahora? El duque del inframundo, que por primera vez en la noche mostraba un sentimiento de molestia o quizá, desilusión, contestó: -Me temo que ya no me corresponde esa tarea. Morirás esta noche, pero tu alma ya no es mía. Bastó un parpadeo para que la figura desapareciera frente a Gonzalo quien, inmutable, salió del bar dejando las monedas que le habían sobrado arriba de la barra en excusa de propina, y se aventuró nuevamente a la calle a caminar. El día siguiente, a las doce del mediodía, el velorio de Gonzalo se llevó a cabo. Y entre las tantas figuras que se dejaban ver en el lugar, al lado del ataúd se distinguía a la viuda, que lloraba amargamente.
Buenass, les dejo un cuento que escribí hace poco, se reciben comentarios positivos y criticos Abandonado: Si hay algo que el ser humano no puede soportar, eso es el abandono. La muerte de cada uno pasa prácticamente desapercibida, y los dolores previos a ella son saciados por el hecho de su inminente culminación y la paz que produce, pero la sensación de soledad y angustia que conlleva el abandono hace creer que se trata de una metafórica muerte, lenta y dolorosa. Él no estaba muerto. No al menos convencionalmente, pero había sido abandonado, algo que no podía permitirse perdonarle a nadie. Reflexionaba en el piso frío de una habitación sin muebles, donde las paredes blancas reflejaban la soledad que padecía. Aquella habitación inhabitada era la única de su casa en la que sentía que la angustia, a veces, se disipaba. ¿Cuánto tiempo había estado solo? Contó cinco o seis días, tal vez una semana, no estaba seguro. ¿Qué había pasado? ¿Por qué lo habían hecho? Seguía meditando en el piso de ese cuarto maligno mientras recordaba los hechos de aquel día; él nunca fue un muchacho que destacara en el colegio, no tenía muchos amigos y a veces sentía que los demás lo evitaban. Quizá eran pensamientos comunes en cualquier adolescente, pero esto siempre dio que hablar en su familia. Sus padres eran asiduos visitantes de la sala del rector, donde siempre el mismo discurso de “su hijo es especial; se comporta diferente; no encuentra lugar entre los otros chicos” se hacía presente. Su familia era otro punto, otro espacio en el que no se sentía del todo aceptado. Acostumbrado a vivir encerrado en su habitación, no cruzaba muchas palabras con sus pares. Solamente con su hermana, un año más chica. El caso de ella quizás era el que más le dolía. Aquel día (se concentra, pero no sabe por qué) se encontraba muy enojado. Tiene leves recuerdos de su caminata hacia el colegio. Se da cuenta de un dato curioso, había caminado. Usualmente su madre lo llevaba hasta la esquina de la escuela, y esperaba hasta verlo entrar. Pasa por alto ese detalle y continúa. Recuerda palpar obsesivamente su bolsillo, encontrando en cada revisión su inhalador contra el asma. No sabe por qué, pero estaba seguro de que iba a usarlo ese día. Caminó las doce cuadras correspondientes y se dispuso a entrar al establecimiento. Había llegado tarde, no vio a nadie en la entrada. Subió despacio las escaleras, saludando a una que otra profesora que, disfrutando su turno libre, paseaban por los pasillos. Sigue recordando, recuerda ver a sus compañeros a lo lejos, al final de la galería. Y recuerda el miedo mezclado con la adrenalina, una mixtura fatal en muchos casos y excitante en el momento; ve como sus compañeros lo miran, como deseándolo, así como un tigre mira a su presa calculando la ferocidad de su ataque próximo. Las paredes blancas de su habitación parecen ir cerrándose por metros y su respiración se agita a medida que afloran las remembranzas. Cierra los ojos nuevamente y ve a sus compañeros acercándose más y más, se acuerda del dolor en el pecho, vuelve a palpar su bolsillo por última vez, allí estaba su inhalador. El resto del recuerdo se le nubló, se esfumó. Por más que lo intente, se siente aliviado de no poder traer a la memoria el momento del ataque, pero puede verse corriendo hacia su casa. Golpeado y confundido, entendiendo ahora que no era aceptado en su propia escuela, las últimas dos cuadras de caminata las había dedicado a pensar tristemente en lo sucedido, y decidió decirles a sus padres que no iría más al colegio. Su respiración se había calmado, pero volvió a hacerse turbia cuando pensó en sus profesores. ¿Por qué no lo habían abandonado ese día? ¿Por qué no intervinieron? Entre pensamiento y pensamiento se presentó frente a él la puerta de su casa. La abrió, y no vio a nadie. No se oía ni el ruido de la televisión de los partidos de fútbol que miraba su papá, ni el sonido de su hermana practicando guitarra. Se sentó y esperó. Cayó la noche y el día volvió a surgir y él entendió que su familia había optado ir por el mismo rumbo que los demás: lo habían abandonado. Seguía consumiéndolo la duda y esta vez pensó que podía haber pasado más de una semana, quizás diez días incluso. Finalmente, resolvió que no importaba. Pasó el resto del tiempo hasta este momento encerrado, sin ver a nadie, quizás en el fondo esperando una vuelta. La última vez que se jacta de haber visto a una persona fue al segundo o tercer día de estar en su casa, cuando dos señores vestidos de blanco llamaban bruscamente a su puerta. Él se atrevió a mirar por la cerradura, distinguiendo la cara de una de las figuras, pero de ninguna manera alega haberles respondido el llamado. Luego, soledad. Pero ese día se encontraba más encendido que de costumbre. Hizo un esfuerzo por calcular la fecha y dio que era lunes, por lo que se le vino a la mente algo impensado: no solo saldría a la calle, sino que volvería a la escuela. Volvería a decirle lo que pensaba a sus compañeros. Les gritaría si era necesario, sí, y a los profesores y directivos también. Les mostraría las marcas en el cuello, las muñecas y los tobillos que seguían allí desde día de la golpiza, y les echaría la culpa. Luego se iría para siempre. Desde temprano ese día su mirada se postraba en la puerta, que distinguía abierta. No recordaba haberla abierto, siempre la sabía cerrada, excepto hoy. Hoy, como por una señal divina, allí estaba. Apenas separada del marco, como invitándolo a pasar, a dejar de ser un cobarde. Dio un salto, se incorporó y las articulaciones le dolieron. Sintió como si hubiera estado años sentado pensando en ese día, pero menospreció la dolencia y corrió hasta la puerta. Salió a la calle y las doce cuadras le parecieron infinitas, quizás hasta sintió haber recorrido más. Veinte, ¡treinta! No importaba, pues llegó finalmente a la esquina donde su mamá solía dejarlo. El recuerdo de su madre solo logró enhebrar su enojo aún más, y siguió adelante. Tenía que hacerlo, estaba escrito. Ya no era un chico. Se ubicó en el lugar donde hipotéticamente estaba la puerta, pero no había nada. Es más, el edificio no existía más. Sólo quedaban algunos escombros. Rápidamente, al ver dilapidados sus deseos de explotar, de desahogarse, pasó a formar parte de esos escombros. Se arrodilló y gritó, preguntándose qué había pasado. Al ponerse de pie, sintió un silbido que lo llamaba y le resultó familiar. Se dio vuelta y reconoció por la calle a un anciano que por allí paseaba. Éste se apresuró a decir: -Lo veo perdido amigo, ¿qué busca?- -Busco mi escuela, ¿qué le pasó a mi escuela?- preguntó con voz melancólica. -La demolieron. Después del incidente nadie quiso saber nada con ella y el Estado la cerró. Dijo el señor en medio de un suspiro. -Pero… ¿incidente? Pasaron solo diez días desde que…- -Me temo que está confundido. Yo era el rector de este colegio, fue cerrado hace trece años. Un día uno de nuestros alumnos llegó con manchas de sangre en la ropa. Había llegado tarde, subió las escaleras y nos vio. Yo estaba con dos profesores y una maestra al final del pasillo, lo vimos horrorizados y corrimos hacia él para saber qué había pasado, temíamos lo peor… y así fue.- Él fue entendiendo de a poco, recordando lo que había pasado a medida que el relato del anciano continuaba. Sus ojos se llenaron de pavor al recordar lo que había hecho hace tanto tiempo… -El acercarnos probablemente lo alteró. Yo mismo vi el sentimiento en sus ojos y divisé el momento en que palpaba su bolsillo y extraía un objeto extraño.-Recordaba su inhalador. El hombre hace una pausa esforzada en su relato y luego solo se invita a continuar.- Yo fui el único que alcanzó a darse cuenta a tiempo que lo que tenía era una pistola. Murieron dos alumnos, un profesor y la maestra en el tiroteo, después el chico salió corriendo… lo encontraron en su casa dos días después y se dieron cuenta que había matado a su familia, ese día antes de ir al colegio…- De repente lo recordó todo con claridad, su inhalador no era su inhalador, era el revolver de su padre. Se vio matando a esa gente; antes, a su familia, a su propia hermana. La desesperación lo carcomió hasta que vio a los hombres vestidos de blanco que había visto en su casa corriendo hacia él, y finalmente lo entendió todo. No opuso resistencia y dejó que lo llevaran nuevamente las treinta cuadras hasta el manicomio donde había pasado los últimos trece años y donde pasaría seguramente los próximos trece, en esa pequeña habitación fría, blanca y sin muebles. Resumen lvl 5: un pan triste cualquiera. Si llegaste hasta acá y leíste todo, desde ya gracias! Salu2

Este post, como su título lo indica, va dedicado a: Ángela Torres Si, todo genial máquina, pero, ¿por qué? Esa la estudié lince, te explico: Porque es la belleza más joven del país y el futuro de la Argentina Porque, junto a Marley, es la figura destacada de Tu Cara Me Suena Porque es una gran actriz, cantante, artista, etc Y además, bueno, juzguen ustedes, manga de vírgenes Pero siempre, los envidiosos dirán '¿Qué podría hacer un taringuero promedio como vos para merecer el amor de tan terrible lincesa de los montes fronterizos chino-mongoles?' YO: Ésto es lo que haría! Para empezar, creo que predeciblemente saldría de Taringa Me le planto a Sofovich y gano los 8 Escalones con una vida Bueno, sería adecuado cerrar mi cuenta en Poringa!, pero eso lo podemos negociar, Angie También me le paro de manos a la hinchada de Nueva Chicago Y para peor, me metería a un recital del Indio Solari con una remera de Soda Stereo ¡Cortaría este vino de US$160.000 con soda y hielo... ...Y después me lo tomo con sandía! Por último, dejaría el paco, y me empezarían a importar más las cosas... Nunca antes visto, todo ésto, ¡solo por una mina! Y claro, cuando ella acceda a relacionarse y reproducirse con este humilde taringuero... Carrió va a ser electa por el pueblo como la nueva presidente de los argentinos Es más, Macri y Cristina compartirían un buen asado con cuero y anchuras juntos! Ganaríamos los Fondos Buitres, y el Dólar volvería a estar a $3,50 Charly, Diego y el Pity entrarían y saldrían de rehabilitación... ¡limpios! Se habilitaría el GTA V para las Net del gobierno Y Máximo Kirchner largaría los choris y la play y se pondría a laburar Por último, dadas las circunstancias, los planetas se alinearían y el Pichi, nuestro querido Pichi, lamentablemente ya no sería el mas winner del país duele decirlo, duele pensarlo... Y, ¿qué méritos hice para que la mina me acepte? Bueno... Estoy casi seguro, rufián, de que hice el post más vírgen de la historia de la página (eso suma puntos con las minas) Además, soy Diamond y exijo respeto Mentira, no soy Diamond, pero merezco respeto igualmente Para finalizar, cabe destacar que tengo la misma edad que ella, no como la mayoría de los pederastas aquí presentes Si, señores!, por un taringa!, un país y un mundo mejor, Ángela y yo debemos ser novios. Los votantes lo podrán decidir en las PASO del año que viene Un saludo, y hasta mi próximo CRAP.
Bienvenidos a mi descarga emocional, o Crap basado en experiencia propia "Fuck you, society", o "Como dejé de creer en la sociedad" Aja, pero Acá Luca me da un pie: Creces y ves crecer a todos sabiendo que te convertís en eso, un muñeco. Están los forros que te quieren sumisos y sin opinión: Y más forros todavía los que te venden ésto: Y por supuesto, generan ésto: Hay buenas personas, sí, pero por cada uno de éstos... Hay 100 (me quedo corto) de éstos: La educación es una cagada, te enseñan fórmulas pero no te enseñan a pensar por vos mismo. Y también, si el sueldo de un fucking futbolista es 63 veces el de un profesor Éste perejil cobraba $4.200.000 (350.000 mensuales) Éste laburante cobra $70.000 (5.800 mensuales) Chaco: Salta: Lugar del casamiento de Macri: "Sí, re bien. toda la misma mierda de siempre, pero en el post decía 'experiencia personal'" ¿Quieren experiencia personal? yo no vine a dar lástima ni mucho menos, acá tienen: 4 amigas mías se cortan las venas, brazos y piernas. Los papás las cagan a palos, las putean, no las quieren. La gente no ayuda mucho Todos los días en la escuela les dicen "gorda, fea" y ellas se lo fuman, esbozan una sonrisa y después en la casa pum, navaja. Otras 3 amigas al borde de la anorexia. Una de ellas viviendo de lo que come: medio plato de comida a la noche porque la obligan, un té a la mañana y ocasionalmente media manzana. Las otras dos tienen muerta a la mamá y a partir de ahí, chau. "No comerás", ¿Te dio hambre?, te cagaste, a cantarle a Gardel. Y así estamos Otro amigo que al papá se lo hicieron paté, un borracho en la ruta, y ahora está estupidizado en un grupo religioso tipo mormón. Y no, ésto no se soluciona dejando de fabricar sacapuntas o haciendo más choripanes. Ya no hay más "gente despierta", son todos lo mismo. Se consume lo que se vende loco, y lo que nos venden son soretes envueltos en papel de caramelo sugus Y por ésto... Bueno, si llegaste hasta acá y leíste todo, te felicito flaco, te ganaste el derecho a opinar lo que quieran, Así que denuncien nomas, acá los espero Y como conclusión final