"Buenos días colegas Buenos días amigos Una historia he venido a contar Con ánimo de comprometido, Mis andanzas por la tierra me han llevado A verme por una dama, sometido. La encontré a merced del hambre Y así planeaba traerla conmigo. Puedo decir sin duda de lo hermosa que es, Chica simple y bella, de cumplidos dieciséis. ¡Si me vieran ustedes tan desolado! Que para traerla a mi lado A la vide he de vencer. Por eso a su vida hice que entrara mi hija predilecta Para que su fuerza finalmente, quebrantara. Prometió hacerla mia, Que tan sólo la dejara, Ella haría el trabajo sucio, Que yo observara por la ventana. Efectivo fue el primer ataque La primer mirada hacia el espejo Sintiéndose culpable e insegura Al mirar su propio cuerpo. Una duda razonable, que no cesó con el tiempo Ana entró en ella, para darle un escarmiento. Y sin equívocos de ninguna certeza Se limitó a implantarle un ideal de belleza. El filo empezó a actuar E incluso las miradas dolían A su soledad no le gustaba Lo que el espejo persuadía. Los días seguían pasando, ¿qué podía hacer? Un consejo simple le fue dado; "Debes dejar de comer" La primera vez fue la más extraña, La primer cena salteada por pura maña. Se acostumbró a hacerlo con el tiempo Ya no sentía los mareos, pues los sufrió solo al comienzo. El espejo cada vez Deformaba más su imagen Y cada insulto, otra excusa Para al baño hacer otro viaje. No bastaba con no comer, no bastaba con ayunar "Para seguir perdiendo peso, también debes vomitar" Acostumbrada todo el tiempo A pesarse en una balanza, Obsesionada con el número, "¡Pero con eso nunca alcanza!" Así mi amor empezó a morir por dentro Y Ana ya no era la única que actuaba Era Mia la que ahora colaboraba, Quién también se sumó a la vida de muertos. Separadas, poderosas. Juntas, casi invencibles Y para esta altura, el problema ya no era más invisible. Intentaron ayudarla, ¡es verdad! Tenía un novio, y las amigas Mas no pudieron afrontar Ver la cara de su amiga, ¡Que fatalidad! Y ese pobre chico, A quién en serio le preocupaba, Por infantil cobardía ¡No se dignó a hacer nada! Para este punto de la historia, La familia no importaba Imagínense que ni Dios Se enfrentaba a las Hermanas. Aquí es cuando forzado, esclarecí los ojos Aunque ya era tarde, quise ser tenaz, Que le devolvieran su alma Mas no había vuelta atrás. Carecía de voluntad, Cual muñeco de arcilla, Solo encontraba felicidad En ver sus propias costillas. Destrozado decidí ir a buscarla, Arrancársela de las manos A las brujas de la apariencia, No tenía caso seguir esperando, Ya estaba más que muerta. Mucho luego la lloré, no era la misma. Perdía el brillo de sus ojos, se veía a simple vista. Me preguntaba por las noches, "¿Por qué no la habrán ayudado? Fuera el novio, las amigas, ¡hasta ese chico la podría haber salvado! Por cada alma que me llevo, otra nueva veo nacer, Yo lo hago por trabajo, Ana y Mia por placer ¡Pero sigo siendo más fuerte! Muchas cosas puedo hacer Volver el tiempo y dejar que la ayuden, Tal vez. Así que suerte, chico, ¡y persuade a los demás! No dejes que las brujas ganen una vez más. Y en cuanto a ella, le dije que viva, Que cuando llegue el momento Con gusto la recibiría. Aunque los buitres no descanzan, Su alma intentarán llevar. Intentará vivir de día, Por la noche quizás, llorar. Y éste es el término de la obra, El final que al cuento le he dado. Pues me retiro amigos, me retiro colegas Mi triste historia, al fin les he relatado."
Mi triste historia (poema propio)
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