miserabelx
Usuario (Chile)

Durante años nos hemos visto enfrentados por diferencias en nuestras ideologías, tendencias o formas de ver el mundo y la vida. Diferencias que en últimas son insignificantes y que solo nos hacen enfrentar y crear discordia y odios entre los miembros de nuestros diferentes movimientos. Y como resultado… el fortalecimiento del enemigo, de nuestro enemigo común… el fascismo y tod@s l@s allegados a éste. La unión Anarco-Comunista busca derrotar de una vez por todas al fascismo y a todos los elementos que este crea como la miseria, el hambre, el autoritarismo, el capital, la precariedad, el nacionalismo extremo, el militarismo y un sin fin de elementos que atentan contra la libertad y la dignidad del hombre. No podemos pensar que nuestros problemas se van a solucionar por si solos, debemos luchar por lo que creemos, con orgullo, valor y convicción, sin dar el brazo a torcer, sin rendirse, mas firmes que nunca, y que mejor que unidos, compartiendo trincheras y barricadas, golpes, victorias y derrotas, pensando siempre en que nuestro día pronto llegará. Somos herman@s, y como herman@s que somos debemos luchar, hombro a hombro, codo a codo, olvidar nuestras diferencias, centrarnos en nuestros enemigos comunes como lo son el fascismo, el racismo y el capital. Unidos jamás seremos vencidos, el enemigo busca a como de lugar dividirnos, por que son concientes de nuestra invencible fuerza, le temen a nuestra unión, le temen a nuestras banderas y consignas, y ante todo le temen al daño que les podamos causar. Seamos tolerantes con nuestras diferencias políticas, abramos los ojos, unámonos, es nuestra única alternativa, nuestra mejor solución, respetemos las diferencias en nuestras posiciones, pero no dejemos pasar al fascismo, no los dejemos respirar, enterrémoslo de una vez por todas, pongámosles un alto en el camino. Dejémonos de radicalismos absurdos entre nosotros, de tener mentes cerradas, creamos en nuestras doctrinas y políticas pero no seamos esclavos de ellas, apliquémoslas a nuestra realidad, convirtamos la teoría en realidad, para que de esta forma “cualquier noche pueda salir el sol…” Escrito por un intergrante del grupo colombiano de street punk oi! VOZINTIERRA

22 de octubre de 1991 ...acabo de salir de trabaja y me dirijo a Sevilla, pues he quedado con un compañero de nombre Manuel Raya y que está afiliado al sindicato de la CNT. Al llegar me dirigí a la calle Trastamara nº 33, lugar donde estaba ubicado el local del sindicato. Cuando llegué al sitio indicado, miré hacia arriba y divisé una descolorida bandera rojinegra hondeando enunbalcón, e imaginé que todo aquel edificio era el local de la historica CNT. Subí por una vieja y extrecha escalera y en la primera planta me encontré colocado sobre una puerta, un improvisado - por no decir cutre - letrero donde ponia CNT-AIT. La puerta estaba entreabierta, yo estaba nervioso, me preguntaba cómo tendría que saludar,conun ¡hola! o con un ¡Salud!, después de un par de minutos de indecisión me decidí a entrar, saludando conun ¡Buenas! Mi impresión cambio radicalmente cuando entre en aquel local, resulta que del edificio lo único que pertenecía a la historia CNT eran tres habitaciones pequeñas, con un almacenillo y un tétrico bater. En la entrada, que era ya una de las habitaciones, se encontraba sentado tras una mesita de madera, un militante de barbas y gafas con pinta de intelectual, a su lado estaba Manuel raya. Aquel militante barbudo que me atendió se llamaba Fernando Ventura, el cual me explico el funcionamiento de la CNT en un cursillo acelerado que no duro mas de 10 minutos. Mientras me explicaba yo solo observaba aquel cuchitril, me encontraba desconcertado, confuso, ¿y aquello era un local de la CNT? ¿De la misma CNT que yo había leído en algunos libros? Cuando Fernando Ventura termino me invito a ver el local, la verdad no sabia si reírme o llorar, ¿Qué me quería enseñar, una estantería con unos pocos libros, un pequeño cuarto que era compartido con un colectivo de nombre “bandera negra”, o el fabuloso baño de azulejos rosa con la mitad de ellos partidos?. Después de aquella primera experiencia y ver el funcionamiento que había en la CNT de Sevilla, le comente a Manuel Raya que yo no me quería afiliar allí, sino que prefería constituir un sindicato en mi pueblo, donde no hacia mucho, había formado junto a unos amigos un grupo de punk-rock llamado Los Muertos de Cristo. Me llamo Lorenzo Morales Garrido, nací un 14 de octubre de 1970 en la localidad de Utrera (Sevilla), en un lugar al que llamaban “El Hospitalito”...PERO ESTO YA ES OTRA HISTORIA… dijo:Extraido del libro Rapsodia libertaria III

Extraido deRevista polémica Los sucesos relacionados con el llamado Caso Scala constituyen un proceso de capital importancia en la historia reciente del Movimiento Libertario en general y de la CNT en particular. En la CNT, una organización que se había reconstruido tan sólo dos años antes, después del largo período de la dictadura franquista, que se hallaba inmersa en una fuerte tensión entre diferentes tendencias internas que pugnaban entre sí, compuesta en su inmensa mayoría por jóvenes recién llegados a quienes sobraba entusiasmo y faltaba formación y experiencia, aquellos acontecimientos supusieron un duro golpe que no logró recuperarse. Aquellos sucesos siguen sin esclarecerse plenamente. ¡Arde el Scala! Poco después de las trece horas del domingo 15 de enero de 1978 se desencadenó un enorme incendio que destruyó por completo la sala de fiestas Scala de Barcelona. Al asombro que causó el suceso hubo que sumar el estupor por las muertes de cuatro trabajadores -Ramón Egea, Bernabé Bravo, Juan López y Diego Montoro- que se encontraban en el local en aquellos momentos, y que perecieron víctimas de las llamas o por asfixia, debido a los humos y gases provocados por el fuego. Por aquellos días los ciudadanos estaban acostumbrados a las noticias de atentados terroristas. A nadie asombraba el asesinato de policías o militares, los coches-bomba y demás actos que resultaban casi habituales en aquella época. Sin embargo, un atentado contra una sala de fiestas era algo que resultaba inverosímil por lo absurdo y disparatado de la idea. Probablemente por ello en los primeros momentos se aventuraron toda clase de hipótesis. Algunos medios achacaron el atentado a vulgares asesinos, otros lo relacionaron con cuestiones particulares relacionadas con la sala de fiestas, algunos llegaron a establecer una relación con la campaña en pro de la libertad de expresión que por aquel entonces se desarrollaba en solidaridad con el dramaturgo Albert Boadella. Pero la duda y la incredulidad siguió siendo la tónica general para la inmensa mayoría hasta que, tan sólo cuarenta y ocho horas después, el martes día 17 un comunicado de la policía informó de la detención de todos los autores del atentado, a quienes inmediatamente se relacionó con la CNT.1 Efectivamente los detenidos eran todos afiliados a la CNT y poco antes del atentado habían participado en una manifestación que esa organización había convocado para protestar contra los Pactos de la Moncloa. Al finalizar la manifestación -según la policía- los acusados se habían dirigido a la sala de fiestas lanzando contra ella seis cócteles molotov que ocasionaron el incendio y la muerte de los cuatro trabajadores que se hallaban dentro -por cierto todos ellos afiliados a la CNT-. De esta manera quedó establecida la relación de los detenidos con la CNT y el atentado con la manifestación. Sin duda lo que más sorprende es la insólita eficacia policial que había permitido encontrar a los culpables entre las 10.000 personas que aproximadamente participaron en la manifestación. Cómo consiguió la policía barcelonesa este alarde de perfección es algo que no se llegaría a saber hasta algún tiempo después. En aquel momento sólo dio lugar a toda clase de conjeturas que tenían como común denominador la sospecha de que detrás de todo había gato encerrado. Con el tiempo esa sospecha se acabaría convirtiendo en certeza. ¿Qué pasaba por aquel entonces? Pero para hacemos una idea de lo que estaba ocurriendo, es necesario analizar siquiera sea a grandes rasgos el contexto histórico en que se desarrollaban los acontecimientos. El año 1978 fue crucial en lo que se ha dado en llamar La Transición. Si los primeros años se caracterizan por una fuerte tensión generada por la presión de los distintos sectores políticos y sociales en un intento de imponer su particular punto de vista y su modelo político y social, eso va dando paso a una segunda etapa caracterizada por el consenso, en donde las fuerzas políticas imperantes se ponen de acuerdo en cuanto a la configuración del nuevo régimen y encauzan el proceso cerrando el paso a cualquier otra vía de desarrollo. El año 1978 será el año en que ese pacto se materializa en sus dos grandes vertientes: el pacto político que dará lugar a la Constitución, y el pacto social que se establecerá con los llamados Pactos de la Moncloa. Si la Constitución tiene una gran importancia en lo que se refiere a establecer las reglas básicas del juego político, el pacto social tendrá una importancia también trascendental, ya que será lo que permitirá reconstruir la paz social y la disciplina en el mundo del trabajo. Algo sin duda imprescindible en un país en donde la clase obrera había adquirido una gran capacidad de autoorganización capaz de sobrepasar a comités y burocracias sindicales, que era consciente de su fuerza real y que había adquirido una considerable experiencia de lucha en las condiciones extremadamente duras de los últimos años del franquismo. El pacto social era la herramienta necesaria para restablecer una situación de sometimiento, imprescindible para afrontar una crisis económica que se pensaba resolver con un ajuste duro que, por supuesto, debían pagar los trabajadores. Las grandes organizaciones sindicales CC OO y UGT, en perfecta sintonía con los criterios del PCE y el PSOE asumen el pacto incluso con entusiasmo y hasta lo proclaman como una gran victoria de los trabajadores. La única organización sindical importante que se opone a ese pacto es la CNT. Esta organización que se había reconstruido después de la clandestinidad, había adquirido una importante implantación en el mundo laboral y lideraba un gran movimiento social y cultural que no encajaba en el sistema que se estaba configurando. Pero lo que convertía a la CNT en un peligro potencial no era su fuerza en aquel momento, sino su posible capacidad para encauzar el descontento social que inevitablemente iba a producirse. No olvidemos que en estos años crece desorbitadamente el desempleo, se produce un fuerte incremento de la carestía de la vida y, en general, la calidad de la vida de los trabajadores y de las clases populares sufre un importante deterioro, que no tiene la debida respuesta porque las fuerzas mayoritarias de la izquierda ya han aceptado un pacto político y social y no desean poner en peligro lo logrado. Son los momentos en que se percibe con claridad la posibilidad de un golpe de Estado militar que nos devolviera a la situación anterior. Ante esa disyuntiva la izquierda mayoritaria prefirió pactar para conservar lo conquistado y el precio fue hipotecar la fuerza de los trabajadores y renunciar a la posibilidad de crear un sindicalismo fuerte y autónomo. Pero volvamos al relato de los hechos. ¡A por la CNT! Los detenidos fueron debidamente acusados y procesados, pero eso no detuvo la operación policial. Muy al contrario, en los días siguientes serían detenidos varios afiliados y militantes de la CNT. El simple hecho de aparecer en la agenda de teléfonos de algunos de los acusados o de una persona relacionada con alguno de los acusados se convirtió en motivo suficiente para ser detenido. Después de ser interrogados y pasar alguna noche en el calabozo, los detenidos eran puestos en libertad sin cargo alguno. Resultaba evidente que la policía no buscaba nada ni a nadie -ya tenían a los culpables- se trataba simplemente de amedrentar a los cenetistas y de ahuyentar de la organización a miles de trabajadores afiliados que, si bien se identificaban con la línea sindical de los anarconsindicalistas, no estaban dispuestos a llegar demasiado lejos en su adhesión, ni mucho menos a desafiar una represión policial de aquella envergadura. La cosa no era de broma, las noticias de nuevas detenciones crearon un ambiente de inseguridad en gran parte de la afiliación. Por otra parte, la certeza de la implicación de la CNT en el atentado fue afianzándose en la opinión pública, lo que provocó un serio deterioro en la imagen de la organización y de los anarquistas por extensión. Si a esto añadimos las noticias de agresiones y asaltos por parte de grupos fascistas, que en aquellos días se incrementaron de forma muy considerable, podemos hacemos una imagen aproximada de la situación. Ser libertario en aquellos momentos se convirtió en algo bastante desagradable. Los medios de comunicación lo hicieron impopular, la policía y los grupos de la ultraderecha lo hicieron peligroso. Como hemos dicho la represión no sólo fue policial. El caso Scala marca el comienzo de una intensa campaña de atentados contra el Movimiento Libertario y contra la CNT en particular protagonizada por grupos, al parecer de ultraderecha, que se escondían detrás de siglas desconocidas e indescifrables. En aquellos meses se tuvieron noticias de atentados en varias ciudades, sin que la policía demostrara la misma eficacia en detener a sus autores que había demostrado en el caso Scala. Aparece Gambín El veintidós de febrero se procesa a once personas acusadas de la autoría del atentado, además de por tenencia de explosivos. Las características de los acusados son bastante similares y responden al prototipo de millares de jóvenes que después de haber pasado su adolescencia bajo el franquismo engrosaban ahora las filas de la izquierda radical; casi todos ellos estaban entre los diecisiete y los veinte años. Pero había una excepción. Un extraño personaje que destaca claramente de los demás. Tiene cuarenta y nueve años y un historial que carece por completo de significación política o sindical, se trata de un vulgar delincuente con una larga lista de condenas -veintiocho en total- por robo, falsificación, estafa y otros delitos todos ellos con el común denominador del lucro como única motivación. Su nombre es Joaquín Gambín alias El Grillo y aunque procesado como los otros, lo será en rebeldía, ya que no ha sido detenido como los demás. Pero antes de continuar con el relato de los hechos conviene que nos detengamos en analizar a este personaje, clave sin duda en esta historia. La primera noticia que tenemos de Gambín es en el año 1977 en la cárcel Modelo de Barcelona. Allí -según declararía él mismo más tarde-2 fue reclutado por los Servicios Secretos de la Policía como confidente y colaborador, a cambio de librarse de los muchos años de condena que tenía por delante. Mediante una manipulación de su expediente judicial realizada a instancias de esos Servicios Secretos que le relacionan con un grupo de detenidos de la Federación Anarquista Ibérica,3 Gambín por arte de magia o por razones de Estado pasa de ser un vulgar chorizo a convertirse en un preso político, gracias a lo cual se beneficia del decreto de amnistía que se promulga ese mismo año y queda en libertad. De esta manera Gambín, ya libre, empieza a trabajar para la policía a cambio de un sueldo de cuarenta y cinco mil pesetas al mes, más las cantidades que recibía a cambio de las informaciones que facilitaba o de las operaciones en las que participaba. Sus primeros trabajos consistirían en infiltrarse en grupos de orientación anarquista. Hay que recordar que por aquella época el Ministerio del Interior dedicaba buena parte de su tiempo a combatir al Movimiento Libertario; el ministro titular Martín Villa llegó a decir que le preocupaba más el activismo libertario que el terrorismo de la ETA o del GRAPO,4 lo que no dejaba de ser curioso, teniendo en cuenta la larguísima lista de víctimas -algunas de ellas pertenecientes a las más altas jerarquías del Estado y del Ejército- que esas organizaciones tenían en su haber, mientras que entre las víctimas del activismo libertario no había más que algún autobús, algunos contenedores de basuras y algunas cosas más por el estilo que suelen ser las víctimas habituales de los manifestantes excesivamente fogosos. Poco después de salir de la cárcel, Gambín se infiltra en un grupo de trabajadores de la SEAT de Barcelona que se hacían llamar nada menos que Ejército Revolucionario de Apoyo a los Trabajadores (ERAT).5 Después de perpetrar algunos atracos de cierta importancia, la policía desarticula el grupo y detiene a todos sus miembros, con la obvia excepción de Gambín que desaparece oportunamente. Más tarde aparece otra vez en la cárcel Modelo de Barcelona donde se relaciona con uno de los acusados del caso Scala, con el que entabla amistad y, a través de él, con los demás acusados una vez que ambos salen en libertad. En esta época el delincuente habitual apodado El Grillo adquiere una nueva dignidad revolucionaria y pasa a apodarse el viejo anarquista. Con esta nueva imagen, Gambín se integra en el grupo con el que colabora hasta el día en que se produce el atentado. Ese mismo día, tan oportunamente como otras veces, desaparece sin dejar rastro. El proceso Tendremos que seguir inevitablemente hablando de Gambín, pero volvamos al proceso judicial que tuvo un comienzo polémico debido a la disparidad de criterios sobre quién debía hacerse cargo de él. La Audiencia Provincial de Barcelona lo traspasa a la Audiencia Nacional y ésta se declara no competente por lo que devuelve la pelota a Barcelona, donde finalmente se desarrolló el proceso. Esta discrepancia no se debía a cuestiones de simple técnica procesal, sino que tenía su origen en la calificación misma de los hechos que debían juzgarse, por lo que el asunto tuvo cierta importancia. Las pruebas aportadas por la policía eran de lo más inverosímiles: una pistola de plástico y una lata de gasolina. Si a esto sumamos el que ninguno de los testigos presenciales llegaron nunca a reconocer a ninguno de los acusados, y que el personaje clave de la trama -Gambín- estaba ausente, podemos entender perfectamente las palabras del fiscal Alejandro del Toro cuando dijo "MI problema fundamental era no cubrir el de ridículo mi carrera".6 Otro de los aspectos curiosos es que sin que se sepa por qué, el gobernador Civil de Barcelona, sin arte ni parte en el asunto, remite a los hermanos Riba, dueños de la Sala de Fiestas, un certificado en el que se establecía el carácter político del atentado. Por qué un Gobernador Civil se metía en un asunto que no le concernía y aseguraba el carácter político de un hecho que aún no había sido juzgado es algo insólito y, sin duda, una pieza a tener en cuenta a la hora de montar el rompecabezas. Pero el problema fundamental -al menos para los acusados y su defensa- consistía en que el juicio iba a celebrarse sin la presencia de Gambín, lo que impediría que se pudieran esclarecer los hechos de manera absoluta, y que se supiera si había o no una trama oculta tal como sostenía la CNT y como sospechaban muchos. Sin embargo, el 27 de octubre de 1979, cuando todo el mundo supone que la policía de todo el País está buscando a Gambín por el caso Scala, resulta que éste es detenido en Elche, pero no por la acusación de haber participado en el atentado contra la sala de fiestas, sino por un delito de estafa al parecer relacionada con cheques falsos. Unas semanas después, el 24 de enero de 1980, el fiscal del caso solicita la apertura del juicio oral para Luis Muñoz, José Cuevas, Francisco Javier Cañadas, Arturo Palma, María Rosa López y María Pilar Alvarez y libertad sin cargos para Maite Fabrés quien, después de pasar casi dos años en prisión, es puesta en libertad sin ningún cargo y sin ninguna indemnización por los dos años de presidio que sufrió, al parecer por un error de la justicia. A los tres restantes acusados se les juzga en rebeldía. De ellos dos -Jesús y Carlos- efectivamente están fuera del alcance de la justicia, pero el caso del tercero -Gambín- es algo más difícil de comprender, ya que no estaba fuera del alcance de la justicia, sino en la prisión de Elche adonde había sido conducido tras su detención. ¿Por qué no se le juzga con los demás acusados? Existía una poderosa razón para semejante disparate, aunque no se conocería hasta más tarde, en noviembre cuando estalló la noticia: Gambín ya no está en la cárcel. ¿Por qué? Otra pregunta sin respuesta. Primero se habla de fuga, después de puesta en libertad debido a un error judicial ocasionado por un incendio que, por lo visto, hubo en la prisión y en el que debió perderse algún papel trascendental que dio origen al error. En la vida carcelaria de Gambín ya se podían contar dos errores judiciales y, por suerte para él, los dos le habían permitido salir tan fresco de su celda. Tal vez ese error fue de la misma naturaleza que aquel otro que le permitió salir amnistiado en 1977 como un preso político más. Así son los errores judiciales, a algunos como es el caso de Maite Fabrés, los mete en la cárcel por error ya otros los deja en la calle. Pero la ausencia de Gambín no sería el único revés que sufriría la defensa. Su pretensión de que compareciera en el juicio como testigo del ministro Martín Villa fue desestimada por el Tribunal. De esta manera, cualquier rastro que condujera al gobierno o a los servicios de la Seguridad del Estado quedaba borrado para siempre. Se abre la vista El I de diciembre de 1980 se inicia la vista oral, y se hace en medio de un gigantesco despliegue de seguridad. La vigilancia policial en los alrededores de los juzgados es abrumadora y no deja resquicios. Pero la demostración de fuerza se corresponde con la tensión que reina en la ciudad. Miles de pasquines por todas las calles proclaman la inocencia de los acusados, exigen su libertad y denuncian el montaje policial que se esconde detrás del caso. Pese al despliegue policial, delante de los juzgados se produce una numerosa manifestación que de inmediato se convierte en batalla campal. Los enfrentamientos entre libertarios y policías duran hasta bien entrada la noche y dejan un saldo de una treintena de detenidos. Pero no acaban ahí las cosas, durante todos los días que dura el juicio se suceden las manifestaciones por toda la ciudad y la propaganda en contra del proceso. Sin embargo, los elementos que podían dar luz sobre el caso ya estaban fuera de alcance, y de nada iban a servir ni los gritos de manifestantes, ni los panfletos que recorrían la ciudad de mano en mano, ni los carteles que llenaban las paredes. Las acciones de protesta fueron numerosas y variadas: un joven que se colgó de una estructura metálica en pleno Paralelo de Barcelona, tres militantes de la CNT que se encerraron en el Consulado de Francia en Málaga o los miembros de la Federación Local también de Málaga que se colaron en la Diputación provincial y se encadenaron, un grupo de unas cincuenta mujeres de Ateneos Libertarios de Barcelona que hicieron una sentada en la Puerta del Ángel de Barcelona y un sinfín de casos más7 que dan fe de la vitalidad que aún conservaba el Movimiento Libertario en aquel entonces, pese a sus divisiones internas que habían dado lugar a la ruptura de la CNT en dos organizaciones. El Movimiento Libertario había perdido buena parte de su fuerza, pero aún era capaz de batirse con vigor. La campaña de la CNT sostiene la inocencia de los acusados y centra su denuncia en la idea de un montaje policial organizado por las máximas instancias del Ministerio del interior para acabar con la organización. En estos momentos se publican las declaraciones del Secretario del Comité Nacional de la CNT, José Bondía8 en las que proporciona todos los detalles del paradero de Gambín, quien oficialmente se encontraba en busca y captura. La información de Bondía -cierta o falsa- no despierta la más mínima atención por parte de la policía. Pero las declaraciones de Bondía no acaban ahí, denuncia una supuesta operación organizada años antes por Martín Villa en convivencia, no se sabe si consciente o inconsciente, con un histórico de la CNT. Según Bondía el gobierno inmediatamente después de la muerte de Franco estaba seriamente preocupado por el posible desarrollo de un sindicalismo fuerte organizado alrededor de CC OO y, por tanto, bajo la hegemonía comunista, lo que les llevó a la idea de promover una organización rival que tuviera el necesario prestigio entre los trabajadores, pero que no pusiera en peligro el sistema: la CNT. Los detalles de la supuesta operación no despejaban dudas de si se trataba de crear una CNT sumisa al poder, o si sólo se buscaba la desunión de los trabajadores pensando que dos sindicatos serían menos peligrosos que uno solo. El resultado -siempre según las declaraciones de Bondía- fue que la operación no resultó del agrado del gobierno, bien porque la rivalidad entre la CNT y CC OO no había dado los resultados apetecidos, o porque la CNT no sólo no se había ajustado a los planes que le tenía reservado el gobierno, sino que además había crecido demasiado hasta poner en peligro los fines de pacto social que estaba fraguando el gobierno. Ante ese fracaso el Ministerio del Interior elaboraría un plan para lograr acabar con la CNT que se materializaría en el caso Scala.9 Sobre el paradero de Gambín existe otro dato sumamente interesante. Parece ser que Gambín ofreció a la CNT, a través de dos militantes de la misma con los que al parecer tenía contacto, su disponibilidad a realizar una declaración ante notario en la que se autoinculparía del atentado como único responsable y exculparía al resto de los acusados ya la CNT como organización. A cambio pedía un pasaporte falso y que se le facilitara la salida del país. Este ofrecimiento se hizo en una reunión que tuvo lugar entre los dos militantes que portaban la oferta y algunos miembros del Comité Nacional de la CNT, quienes rechazaron el ofrecimiento por dos razones: en primer lugar porque una declaración hecha ante notario por un fugado de la justicia no tenía ninguna validez ante el Tribunal, y en segundo lugar porque ya bastante descrédito tenía la CNT, como para aparecer mezclada ante la opinión pública con un confidente de la policía, y autor además de un atentado criminal. El ofrecimiento fue rechazado y sólo quedó la duda de qué relación había entre Gambín y aquellos militantes que habían transmitido su oferta en lugar de utilizar la información que tenían de su paradero para procurar ponerlo en manos del Tribunal. Es importante reseñar que el fiscal tal como él mismo reconoció posteriormente, ante la evidente insuficiencia de pruebas (una pistola de plástico y una lata de gasolina), la falta absoluta de testigos y la ausencia bochornosa de Gambín, al que supuestamente buscaba toda la policía del País mientras se dedicaba tranquilamente a conceder entrevistas a la prensa, y las dudas que existían sobre cómo unos cócteles molotov habían podido destruir un edificio como aquel, sin que se hubiera realizado una seria investigación sobre las medidas de seguridad del local, no tuvo más remedio que rebajar considerablemente la petición inicial de penas pasando de los trescientos años que se solicitaban en un principio a las penas siguientes: ·A José, Francisco Javier y Arturo a 3, 3 y 2 años de prisión menor respectivamente, por fabricación de explosivos. ·A José, Francisco Javier y Arturo a3 años por participar con armas en una manifestación.·A José, Francisco Javier y Arturo a 7 años por estragos.·A Luis a 6 meses de arresto mayor.·A Rosa como encubridora a 6 meses de arresto mayor·A José, Arturo y Francisco Javier a 2 años de prisión como autores de homicidio involuntario.·A Luis como cómplice de homicidio, a cuatro penas de 6 meses de arresto.·Asimismo a Rosa se le pedían cuatro penas de multa. Algunos llegaron a realizar insinuaciones sobre posibles simpatías del fiscal hacia los acusados o hacia el anarquismo, pero incluso aquellas penas sensiblemente reducidas, resultaban absurdas y desproporcionadas si tenemos en cuenta la entidad real de las pruebas aportadas y de las circunstancias extrañas que rodeaban al caso. Contra escándalos y protestas el juicio continúa sus trabajos y el 8 de diciembre se hace pública la sentencia. El Tribunal presidido por el juez Alonso Hernández y asistido por los magistrados Xavier O’Callaghan y Ángel de Prada, calificó los hechos como un delito de imprudencia con resultado de cuatro muertes. Las penas impuestas fueron las siguientes: ·17 años de prisión mayor a José Cuevas, Javier Cañadas y Arturo Palma.·5 meses para Rosa López·2 años y seis meses para Luis Muñoz. Además de las penas carcelarias, se les impuso la obligación de indemnizar a los dueños de la sala de fiestas con doscientos ochenta y ocho millones de pesetas, ya las familias de víctimas con cinco millones. Siempre resulta curioso el criterio que aplica la justicia para valorar la propiedad y la vida. La CNT protestó enérgicamente contra la sentencia. Enrique Marcos, secretario de la CNT de Cataluña cuando ocurrieron los sucesos escribió lo siguiente: “La ley, la mayor parte de las veces legislada y promulgada sin aprobación de la mayoría de aquellos a quienes luego habrá de afectar, necesita cuando menos, bajo estas premisas, claridad y credibilidad. Condiciones ambas que no se han demostrado suficientemente y que me obligan a pronunciarme de forma decidida contra una sentencia basada exclusivamente en las pruebas policiales de primera hora, sin aceptar las posteriores implicaciones que han asomado durante la vista de la causa. Me atrevo a asegurar la existencia de una intencionalidad manifiesta, la de cubrir precipitadamente, lo que contrasta con los tres largos años de inactividad judicial, con una sentencia benévola, el riesgo de un proceso exhaustivo que pusiera de relieve cosas y cosillas quizás más comprometedoras que el propio peón Gambín”. Y a quien tampoco parece que satisfizo fue a la extrema derecha, quien intensificó su campaña de atentados y asaltos en toda España, como el que destruyó el local de la CNT en Valladolid. Sobre la culpabilidad o inocencia de los acusados existe desde siempre división de opiniones. Para muchos la certeza de que existió una trama policial que estaba en el origen del suceso, y la sospecha de que era imposible que unos cócteles molotov pudieran causar semejantes estragos, hacía secundaria la cuestión de quién o quiénes fueron los autores materiales del atentado. Sin embargo algún día el Movimiento Libertario debería hacer una autocrítica de aquellos años y entre las muchas cuestiones que deberían plantearse, sin duda habría que hacer hincapié en aquel culto a la violencia que se puso de moda por aquel entonces, y que acabó convirtiendo el cóctel molotov en una suerte de fetiche casi religioso, la clandestinidad en una fascinante aventura y las estancias en comisaría en medallas que se lucían con orgullo. Todo ello acabó generando un círculo vicioso sin sentido en el que el activismo servía para ganar méritos de guerra, y daba igual un autobús, un contenedor de basura o una sala de fiestas. Lo importante era la acción por la acción, los objetivos carecían de importancia y la estrategia era una pérdida de tiempo. Y si las masas no entendían nada de aquello, no importaba, porque la explicación de que estaban dormidas y embrutecidas era suficiente para despejar cualquier inquietud. El propio Javier Cañadas,10 quien rechazaba al igual que sus compañeros su participación en el atentado, reconoce que él y sus amigos se dirigieron hacia la sala con esa intención, y en respuesta a una sugerencia que les había hecho Gambín, y que sólo el casual encuentro por el camino con unos compañeros de Rubí, que les mostraron lo absurdo y disparatado de su plan, les hizo desistir de su propósito. Este era el ambiente que se respiraba en el Movimiento Libertario. Un ambiente en el que podía ocurrir algo cómo lo que cuenta Cañadas, cuando relata como Gambín les decía que si no pasa nada en la manifestación podéis tirar los cócteles en la Scala y les recriminaba sus titubeos con frases como sois unos maricones, ¡Vaya anarquistas! Eran muchos los que conocían esta situación y callaban o incluso criticaban o calificaban de reformistas a los que la denunciaban. Hoy resulta evidente que Gambín fue un provocador al servicio de la policía y el caso Scala un montaje para acabar con la CNT, pero algún día habrá que reconocer que muchos libertarios inconscientemente, por error u omisión, por comodidad o irresponsabilidad facilitaron enormemente la labor de la policía. El caso Scala no debería seguir siendo la gran coartada para explicar el fracaso histórico de una organización que no supo superar sus contradicciones y estar a la altura de las circunstancias. Resulta lamentable que aún hoy, después de tantos años, se sigan oyendo voces de acusación y reproche hacia talo cual persona en lugar de analizar en profundidad y con capacidad de autocrítica un pasado que aún pesa como una losa. Para muchos libertarios sigue siendo una asignatura pendiente saber identificar a los reales enemigos exteriores y dejar de cazar brujas dentro de casa. Hay que recordar que los sucesos relativos al caso Scala se producen en un contexto de fuerte tensión interna en la CNT dividida en dos sectores en pugna, y que el mismo caso Scala se convierte en motivo de enfrentamiento entre esos sectores. Por un lado se enfrentan en cuanto a la actitud que hay que tomar frente a la acusación policial. Para unos la defensa dependía de la inocencia o no de los acusados, para otros la culpabilidad o inocencia de los acusados carecía de importancia. En el momento del juicio también hubo enfrentamientos y mientras para un sector lo importante era lograr establecer la inocencia de los acusados y de la CNT, para otros tenía más importancia convertir el proceso en un juicio político contra el Estado. En este sentido cabe recordar las críticas que uno de los acusados -Xavier Cañadas- realizó contra la organización a la que acusó de abandonar su defensa, llegando incluso a intentar sustituir al abogado que se le había asignado la organización por Solé Barberá, entonces diputado del PSUC quien no quiso saber nada del caso. El canto del Grillo El Tribunal terminó su labor, pero el caso siguió abierto. El 15 de diciembre, pocos días después de hacerse pública la sentencia, Cambio 16 publica una entrevista a Gambín. Después se sabría que la entrevista fue realizada tiempo atrás y que su publicación se había retrasado hasta que finalizara el juicio. En la entrevista Gambín no aclara nada, sino que busca simplemente quitarse el muerto de encima. Tendría que pasar un año más hasta que se decidiera a hablar más claro. En la entrevista reconoce que se afilió a la CNT poco antes del atentado, al coincidir en la cárcel Modelo con uno de los acusados -el mismo con el que compartiría piso al salir de la prisión-; dice haber estado en la manifestación que se desarrolló poco antes del atentado, pero niega que preparase todo y afirma que se enteró de lo sucedido aquella misma noche al volver a casa y reunirse con algunos de los acusados, quienes le confesaron que habían realizado el atentado contra la Scala; rechaza la acusación de ser un confidente de la policía y achaca su extraña puesta en libertad en noviembre de 1980 a un simple error burocrático sin ninguna significación. Con estas declaraciones Gambín no hacía otra cosa que ratificar la justeza de la sentencia judicial que se acaba de producir y certificar la culpabilidad de los acusados. En definitiva, algo que como acusado podría haber hecho durante el juicio en el que debería haber estado presente, pero en el juicio no hubiera podido evitar las indagaciones de la defensa sobre su posible relación con los servicios policiales. Sin embargo su suerte cambió un año después cuando en diciembre de 1981 es detenido por la policía en Valencia. Trasladado a Barcelona, es interrogado por el fiscal del caso Alejandro del Toro11 ante el que aclara -ahora sí- algunos puntos claves del caso. Según su versión, la supuesta detención no había existido nunca, sino que él voluntariamente se había entregado a la policía como única salida, dado lo apurado de la situación en que se encontraba. Al parecer el fracaso de una operación contra ETA en la que había participado y cuyo desarrollo había tenido lugar mientras se producía el juicio del caso Scala, le había acarreado la pérdida la protección de los Servicios Secretos de la que gozaba y en tal situación no había visto mejor salida que la de intentar resolver su situación entregándose a la policía. Junto con su persona entregó también varias pistolas y documentos falsos que le habían sido proporcionados por los servicios para los que trabajaba. Gambín aprovecha la ocasión para contarle su vida al fiscal. La parte que nos ocupa empieza en 1977, estando preso con largas condenas pendientes. Es aquí donde es reclutado por los Servicios Secretos para realizar una labor de confidente y colaborador. Su nuevo trabajo es lo que da origen a aquel primer error judicial que le permite salir amnistiado como preso político. Reconoce su participación en el grupo ERAT y el haberlos entregado a la policía después de realizar algunos sustanciosos atracos. En relación al caso Scala reconoce que su trabajo con los acusados tenía como objeto incitarles a cometer actos de carácter violento para luego entregarlos a la policía. Según él se trataba con ello de desactivar a potenciales elementos terroristas. Parece ser que alguien creyó ver en los acusados a un potencial grupo terrorista y pensó que lo mejor era incitar y guiar su desarrollo, bien para destruirlo después o para que cometiese algún acto que pudiera ser beneficioso para los intereses de la seguridad del Estado. Gambín negó haber incitado a los acusados a atentar contra la sala de fiestas, se mantuvo en su versión anterior según la cual se enteró de lo sucedido por la noche del mismo domingo 15 de enero, y que inmediatamente se apresuró a llamar a la policía, a los servicios para los que trabajaba para proporcionarles los nombres de los participantes. Esas podría ser una buena explicación para la rápida y brillante operación policial que resolvió el caso en cuarenta y ocho horas. Joaquín Gambín alias el viejo anarquista en los últimos tiempos vuelve a la cárcel, esta vez con su antiguo alias de el Grillo. El 5 de febrero de 1982 el fiscal presenta la acusación provisional contra Gambín, que consistía en haber enseñado a los acusados a fabricar explosivos y en haber fabricado él mismo los seis cócteles molotov que se utilizaron para atentar contra la sala de fiestas. El fiscal le exculpa de haber participado en el atentado. Gambín fue procesado con una petición fiscal de dieciséis años de prisión, pero el juicio tardaría aún dos años en producirse, exactamente hasta el15 de diciembre de 1983. Durante el juicio Gambín no duda de manifestar su condición de confidente y colaborador de la policía. De hecho meses antes, el 8 de agosto, estando en la cárcel, envió una carta al presidente de la Sala Tercera para pedirle la libertad provisional en justa correspondencia por los servicios prestados a la seguridad del Estado. Su petición no fue considerada. A Gambín no le servirían de nada los servicios prestados, al menos por esta vez.

La Banda ‘The Exploited’ Tiene Tendencia Neo Nazi Porque alguien lleve pinta de “malo”, casaca cruzada de cuero, pantalones jean desteñidos y rasgados, con imperdibles, cadenas, parches de grupos punks, no quiere decir que lo sea, tendría que tener Actitud, Ideal Punk. Wattie (cantante del grupo The Exploited) estuvo varios años en el ejercito ingles (mucho mas de lo que es obligatorio) llegando a ser un tirador de elite. ¿Que clase de punk es ese que ademas de servir al ejercito se queda mas de lo necesario por gusto? Sin duda ese es un comportamiento que nada tiene que ver con el Punk. Antes de tocar con The Exploited declaró varias veces que odiaba a los inmigrantes que acudian a Escosia, “su amada tierra”. Cuando fueron a tocar a Argentina (no tocaron) dijeron que el publico argentino les recordaba a los Pakistanies (que para ellos son una m$%”&s). Cuando tocaron en Mexico en 1986, agredieron a los miembros del grupo hc/punk Solucion Mortal, llamandolos “mejicanos de mierda” mientras les golepaban y les obligaban a comer “truñales”?. En 1993 tuvieron la cara dura de volver a Mexico, pero no fueron tan bien recibidos como la primera vez, poco les falto para conocer la muerte a los nazipunks de marras, pues cerca de mil personas boikotearon brutalmente el concierto arrasando con todo. En Alemania en 1992 mucho punks fueron al concierto que montaban y cuando The Exploited empezó a tocar, los asistentes comenzaron a quemar camisetas, parches.. de ese grupo. En Inglaterra solo tocan para “BoneHeads” (cabezas huecas, fascistas y neo nazis). Cuando fueron a Brazil destrozaron un restaurante y despues fueron en busca de unas prostitutas a las que golpearon, anarkopunks brazileños boikotearon a esta banda fascista interrumpiendo sus ruedas de prensa, conciertos. The Exploited asumió su ideal neo-fascista. A estos impresentables les molesta que existan homosexuales, bisexuales y lesbianas en la Tierra. Los cobardes una vez organizaron un recital “punk”, trampa en la cual decenas de compañeros fueron asesinados por los boneheads y semejantes. Mucha gente se sintió decepcionada y engañada con The Exploited, grupo que musicalmente suena bien, de sonido agresivo, pero despues resulta que, aunque sus letras no levanten sorpresa alguna, estan ligados al Partido Ultra Derechista Ingles. Bueno, con esto pueden forjarse una opinion al respecto y creer lo que quieran, pero lo hemos expuesto para que se enteren del tipo de actitudes que tiene este grupo: fascismo, racismo, xenofobia y machismo. La cresta no hace al punk, sino sus actos. No seamos idiotas alimentado su circo, no les des de comer comprando o grabando su musica, es mas si tienen material de ellos no lo vendas, intercambies ni regales, pues estarias difundiendolos, entierralos en el olvido o en todo caso destruyelos!. Te invitamos a boicotear a esta banda de mierda, asi como a tantas otras que bajo el cliche de “punks” esconden ideas e integrantes fascistas y neonazis. Punk es Lucha!!!. Kolectivo de Resistencia Anarko Punk Zaragoza – España Agreden al cantante de The Exploited por nazi 20/11/2008 Comunicado aclaratorio con respecto a la acción llevada a cabo contra Wattie (Exploited) Viendo la resonancia que ha tenido el suceso ocurrido antes del concierto de Exploited en Madrid, en el cual fue atacado Wattie conocido cantante de dicho grupo, vemos la necesidad de sacar este comunicado para dar respuesta a varias cuestiones. Primero. Hemos observado que tanto desde Escocia e Inglaterra como en algunos foros del Estado Español se está acusando a la organización Rash Madrid de dicha acción. Pues lo desmentimos totalmente, esta acción ha sido llevada a cabo por un grupo de compañer@s antifascistas de distintos colectivos e individualidades así que dejad de culpar injustamente y soltar falacias y calumnias sobre l@s compañer@s de Rash Madrid. La asumimos nosotr@s totalmente por las razones que damos a continuación. Este elemento provocador de toda la vida se han sabido sus andanzas, sus coqueteos con el Nacional Front y demás calaña fascista, sus amistades como las que adjuntamos fotos en las cuales se le puede ver en una foto del 2006 (si, del 2006 no de hace 20 años como nos intentan hacer ver en su patético comunicado) con un miembro de Screwdriver y Blood and Honour. En otra en una de sus última gira junto a los payasos filo-fascistas de los Haggis (por cierto tenéis nombre de pañal) haciendo el saludo fascista, haciendo el imbécil como a ellos tanto les gustaba hacer hace años como vemos en otra foto. En la última se puede ver el tatuaje con la esvástica nazi que luce el cantante en su brazo. Pues bien, si esto no os parecen razones a nosotr@s si nos lo parecieron y decidimos realizar una acción de castigo, un escarmiento para demostrar que en Madrid no queremos basura ambigua y que aquí las provocaciones fascistas no salen gratis. Segundo. Respondiendo al comunicado de Exploited, algunas cosas. No fuimos 12 personas y no pegamos por la espalda. Sabéis tan bien como nosotr@s que le enseñamos la foto y le pedimos explicaciones antes de golpear y además ni íbamos encapuchados, ni siquiera tapados, ni llevábamos palos, ni íbamos a matarlo como decís, si fuéramos a haberle matado te aseguro que lo hubiéramos hecho, así que no exageremos, repetimos que sólo es una acción de castigo, un escarmiento no pensamos que se merezca más. Un saludo antifascista compañer@s. NAZI PUNKS FUCK OFF ANTINAZIS MANDAN Antifascistas de Madrid Cada vez que la memoria extravíe la historia, una bandera roja señalará el camino...
![Historia de un anarquista. [ Tercera parte ]](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2013/12/22/Peron.jpg-POiXLcO-PAA.webp)
Tercera parte: El Vampiro Justo cuando la negrura del olvido eterno se cernía sobre mi noté el sabor de la sangre en mi boca. Estaba bebiendo directamente de una herida que se había practicado Seguí. Bebí con ansiedad hasta que me apartó con un empujón que me derribó hasta el suelo. "Ahora tienes hambre, ¿verdad?, un hambre que nunca antes has conocido, un hambre que ya no te abandonará jamás". Iba hablando mientras se acercaba a la puerta y la habría. "Pero, tranquilo, yo te enseñaré que has de hacer, yo te daré la primera comida". Llamó a Pepe, el vigilante de turno que se hallaba debajo de las escaleras. "Ven, tu jefe se encuentra mal", dijo señalándome y apartándose de la puerta. El guardia subió rápidamente y, sin dejar de apuntar al desconocido se acercó hasta mi. "¿Quien es usted?, jefe, ¿qué le ha pasado?".Se acercó más y yo ya podía oler su sangre, oír el latido de su jugo en las venas, percibir su movimiento a golpes de corazón, pom pom, pom pom. "A que esperas", dijo Seguí, "la comida esta servida". Me abalancé al cuello de Pepe, el buen Pepe que había tenido la mala fortuna de estar de guardia justo en este momento. Le podía haber tocado a cualquiera. Y sorbí la sangre a borbotones, con ansiedad y precipitación, salvajemente, para saciar un hambre infinita. Hasta que no quedó nada y solté el cuerpo sin vida de lo que antaño había sido un fiel compañero y amigo. "¿Porqué?", grité medio sollozando. "Ya te lo dije", replicó, "Para salvar a uno de los míos. Blanquet no es precisamente un amigo, ya sabes, pero es un miembro de mi clan, como tu ahora". Y me explicó a grandes rasgos que existían más vampiros agrupados en clanes que ahora estaban enfrentados. Los clanes Ventrue y Toreador eran los que estaban detrás del bando nacional mientras que nosotros, los Brujah, estabamos en el bando republicano. Habían otros clanes pero ahora no tenían importancia. Solo uno, los Tremere, que se habían declarado neutrales y ofrecido sus servicios como mediadores entre ambos bandos. "Ahora me voy a llevar a Blanquet y tu vas a seguir con tu trabajo como hasta ahora", se despidió y se fue. Solo más tarde me di cuenta de que mis sentimientos hacia Blanquet, mi fidelidad, mi simpatía, etc. Habían desaparecido. Era como si un vínculo se hubiera roto y por primera vez vi la realidad de sus acciones, la forma como me había manipulado. Una furia fría se apoderó de mí pero ya era demasiado tarde. Ahora entendía el apresuramiento de Seguí en llevarse el cuerpo de Blanquet. La guerra continuaba y parecía que duraría más de lo que al principio se podía suponer. Me centré en la consecución de la revolución colectivista que estaba al alcance de la mano dejando las estrategias militares para otros. Un día Seguí vino a verme de nuevo. Había una reunión en Francia entre las diferentes facciones Brujah y representantes Tremere a fin de plantear unos términos comunes de negociación frente a los Ventrue y Toreador. Era una buena oportunidad para presentarme formalmente al resto de Brujah y me comentó que estaba obligado en cierta manera a notificarme. Así que fuimos a esa reunión. En ella vi a mis odiados iguales que dominaban las facciones comunistas estalinistas y a los no tan odiados trotsquistas. También había algunos socialistas (despreciados por todos). Entre tanta "camaradería" no es de extrañar que la reunión fuera un fracaso. Los comunistas diciendo que lo primero era ganar la guerra y que todos nos habíamos de someter a su mandato, nosotros abogando por la revolución anarquista ¡ya! y los socialistas contemporizando. A los Tremere les dimos un penosos espectáculo. Se fueron diciendo aquello de que "Me parece que ya sabemos que bando va ha ganar, al menos los otros están unidos...". Que se vayan al cuerno, penosos burócratas, intrigantes del tres al cuarto, ¿quien los necesita?. Después de esto se inició un periodo de tensiones entre las diferentes facciones izquierdistas. En concreto hubo una especie de guerra de guerrillas entre los comunistas y los anarquistas. Desde mi punto de vista era una guerra entre unos dictadores opresores, no muy diferentes de los del bando nacional, y los verdaderos luchadores por la libertad. El caso es que al final la cosa estalló de veras. En Mayo del 27 los comunistas organizaron un golpe de estado interno y masacraron a todos los anarquistas y trotsquistas (sus enemigos naturales) que pudieron encontrar. Desde mi refugio en las montañas conseguí salvaguardar las reservas y algunos recursos poco conocidos que trasladé rápidamente. Pero la situación estaba clara: los odiados comunistas estalinistas se habían apoderado del control de la ciudad y lo ejercían de la forma absolutista que les caracterizaba. Mis amigos y los pocos infiltrados que aún me quedaban me aconsejaron muy fervientemente que abandonara la ciudad cuanto antes, que la cosa estaba muy mal y no había nada que hacer. Mientras tanto Jorge, el periodista, estaba en el frente, Jaime continuaba con su editorial y Juan, bueno, seguía con lo suyo y creo que estaba progresado mucho. Había conseguido desvincularlos de la organización ya que su único contacto era yo y nadie más sabía de su existencia. Les envié un mensaje comunicándoles que había de abandonar la ciudad y les di la orden de no hacer nada y esperar instrucciones. Me trasladé a Francia donde contacté con mis camaradas en ese país. Organicé un sistema de fugas para nuestros colegas que aún estaban en España y empecé a contactar con gente cercena a nuestras ideas de otros países. Encontré en Méjico un lugar ideal para establecer un refugio donde esconder a los elementos más problemáticos. Así que me dediqué a esa actividad y comuniqué a mis amigos un lugar donde enviarme los mensajes (y el dinero) encargándoles la búsqueda de personas que necesitaran un escape. Para los camaradas anarquistas la cosa quedaba en un favor debido pero a los demás se les exigía una cierta suma de dinero (estas cosas son caras). O sea que, a medida que fueron pasando los años de guerra con la consecuente desestabilización de la situación, el número de "traslados" fue aumentando y, claro está, nuestros recursos económicos también. Creo que fue por aquel entonces que empecé a preocuparme con seriedad sobre la salvaguarda de estos recursos y su permanencia en un sitio seguro durante períodos de tiempo prolongados. Al fin y al cabo, por lo que sabía podía vivir durante mucho tiempo. Ingresé parte del dinero en cuentas suizas y compré objetos de arte, joyas, oro, etc. almacenándolo en las cajas fuertes de los bancos más seguros que conocía (americanos, suizos, etc.) con la precaución extra de ir cambiándolos una vez cada dos o tres años. Todo ello a nombre de un tal Lluís Llobet Llop. La guerra transcurría. Jorge murió en el frente y mi madre en casa sin que yo pudiera organizar las cosas para hacer una visita con tiempo de acudir a sus funerales. Al final todo se redujo a una nota, una corona y los gastos del entierro pagados. Jorge tenía un hijo de 18 años que quedaba solo así que me hice cargo de él. En realidad yo ya estaba pensando en que necesitaba a alguien de confianza a quien convertir en ghoul y este era el candidato adecuado. Así que le hice a él lo que antes me habían hecho a mi. Me presenté como amigo de su padre diciendo que éramos camaradas en la misma causa y pude comprobar con gran satisfacción que era muy receptivo a los ideales anarquistas. Buena materia para moldear, no me costó mucho introducirlo gradualmente en el secreto del vampirismo de la misma forma que había hecho conmigo Blanquet. Creo que eso hizo que perdonara a éste último en parte al comprender mejor su situación. Llegó el final de la guerra y yo mismo tuve que trasladarme a Méjico. Por fortuna tenía la ayuda de Enric, mi nuevo ghoul. Gracias a él la cosa fue como la seda. Una vez en Méjico adquirí un enorme rancho desde donde pasé a controlar mis "negocios". Nominalmente era una empresa de transportes pero con la diferencia que nuestros transportes no eran del todo legales. Pero en un país como Méjico donde podíamos comprar a cualquier funcionario fácilmente la cosa no tenía mayor problema. De todas formas evité todo contacto posible con los vampiros gobernantes del lugar ya que, según me habían advertido mis camaradas franceses, eran de una especie de secta llamada Sabbat que no dudaría en matarme o convertirme en uno de los suyos si se enteraba de mi existencia. Debido a eso nuestra red se extendió utilizando sólo métodos convencionales con Enric como única cabeza visible y vi llegar la segunda guerra mundial como espectador de segunda fila. Pero era un espectador interesado, al fin y al cabo una guerra no tiene desperdicio en estos negocios. Mantuve el contacto con mis amigos, recibía sus noticias y, como no, los envíos de dinero de Juan. No deja de sorprenderme lo que progresó ese chico (digo chico pero en ese entonces debía tener más de 50 años). Además tenía un motivo de diversión y tema de comentarios con ellos ya que se formó el Gobierno de la República en el exilio en Méjico. Formada por los ineficaces burgueses y socialistas de siempre. Aprovechaba para reírme a su costa leyendo sus inverosímiles declaraciones. Alguna vez escribí una carta a un diario, bajo el nombre supuesto de Antonio Adalid Anaya. En ellas me burlaba de lo esperpéntico de un parlamento sin país, de unos ministros sin ministerio y de un presidente sin estado. En 1947 me había convertido en una persona importante en Méjico, alguien del que se hablaba en voz baja y con temor. Don Antonio (mi nombre en ese entonces) era un jerarca terrateniente con influencias en el gobierno y la mafia locales. Pero yo estaba hastiado, aburrido, sin motivos reales para vivir. Mi existencia era una prolongación debida a la inercia y la rutina de la persona que tiene una posición no discutida en lo alto de la cúspide del poder en una localidad reducida. También sentía haber traicionado mis convicciones anarquistas. Mi búsqueda y afán de poder para la causa había desembocado en un logro de riqueza e influencia personal. El rancho donde vivía estaba aislado de la urbe y se encontraba altamente fortificado. El patio exterior estaba textualmente "tomado" por un ejército de guardaespaldas con perros y fuertemente armados. Al patio interior sólo tenían acceso contadas personas y a la casa, bueno, sólo yo y Enric. Así que la noche en que oí unos golpecitos llamando a la puerta de mi despacho, llamada totalmente distinta de la que solía hacer Enric, tendría que haberme sorprendido. Sin embargo solo pensé: "vaya, un vampiro viene a visitarme, espero que no sea del Sabbat", y dije: "pasa, la puerta no esta cerrada". Pero no pude evitar una cierta sorpresa (y alivio) cuando vi quién era mi visitante. Se trataba de Salvador Seguí, mi sire (que es como se denomina al que nos hizo vampiro). Hacía casi diez años que no lo veía y me preguntaba cuál sería el motivo de su visita. Seguí me dijo que se me necesitaba en Argentina. La organización se había reconstituido después de la guerra y ahora se encargaba de toda el área de habla hispánica. Pero no tenían ningún representante allí. A mi me pareció perfecto pero tenía algunas dudas. "De acuerdo pero, y quien cuidará de esto", dije señalando a mi alrededor. "Oh, no es problema", respondió con una sonrisa pícara, "yo me estableceré aquí con tu nombre y tu identidad". Podía ver su juego pero no me importaba. Aún tenía algunas fuentes secretas de dinero y solo yo disponía de los depósitos que había acumulado durante todos estos años . Por otra parte tampoco tenía muchas opciones ya que él era un vampiro más antiguo y poderoso que yo. Además, ya estaba harto de tanta inactividad. Así que me dispuse ha realizar el largo viaje. Antes que nada me puse en contacto con algunas personas afines de ese país y, naturalmente, con los vampiros de mi clan allí, disponiendo las cosas para que cuando llegara tuviera un refugio adecuado a mis necesidades. Escribí a mis contactos para dar mi nueva dirección y conseguí un poco de metálico de los depósitos más accesibles. Cuando llegué fundé una empresa de transporte para que sirviera de tapadera y decidí hacer algo nuevo. Ingresé en las clases nocturnas universitarias. Con ello pretendía entrar en contacto con el mundo estudiantil y fomentar las actividades de rebeldía civil. Allí me encontré con un caldo de cultivo adecuado en facciones que no eran anarquistas propiamente dichas sino más bien sindicalistas. De hecho algunas de ellas se parecían un poco a los movimientos social sindicalistas de Europa (falange, nazis, etc.) pero con un toque típicamente sudamericano. Algo más cercano al bandolerismo civil y la violencia espontánea, difícil de controlar y organizar pero útil para causar el desorden y la inestabilidad social necesarias como paso previo a la revolución. Así que me integré en estos movimientos con el objetivo de causar la mayor inestabilidad posible luchando contra la excelente máquina de propaganda del régimen peronista encabezada por su esposa, la famosa "evita" (siempre pensé que se convirtió en vampiro después de su muerte, pero no pude averiguarlo) Y la verdad es que nuestros esfuerzos por causar inestabilidad fueron grandemente recompensados. El nuevo movimiento integraba a un conjunto de personas con el denominador común del descontento favorecido por la censura y la precaria situación laboral del país bajo la férea dictadura de Perón y sus planes quinquenales. A pesar de ello tenía a su favor a buena parte de la masa obrera. El pupurri de nuestra organización allí era impresionante, se podían encontrar desde anarquistas hasta fascistas pasando por obreros sindicalistas y demás movimientos de protesta. Colaboré para acabar con la dictadura de Perón para, acto seguido, pasar a desestabilizar el nuevo gobierno de Lonardi y luego al que le siguió de Aramburu (al fin y al cabo todos eran militares). La verdad es que me lo pasé bien en esa época. Tenía la costumbre de ir en moto a todos sitios y mezclarme con la gente en actos de que estaba llegando al final de un período. Hasta ese momento aún había tenido contacto con la gente de mi época, de cuando era humano, pero poco a poco todos se habían ido muriendo. Aún cuando sus caras envejecieran, sus conductas cambiaran, tuvieran hijos, etc. Aún así eran como una especie de ancla hacia mi perdida humanidad que me daba "vida" y motivos para seguir existiendo. Para alguien como yo es importante tener la amistad de la gente que te conoció como humano e iba viendo como el paso del tiempo me robaba, migaja a migaja, los trozos de humanidad que me quedaban. Mi obsesión llegó a tal punto que indagué para conocer cómo iban evolucionando las familias de mis amigos. Iba coleccionando los árboles genealógicos que se formaban a medida que la gente se casaba tenían hijos, etc. ¿Así que éste es el nieto de aquel, verdad?, pensaba mientras lo colocaba en mi esquema. No es de extrañar entonces que cuando me enteré, en 1956, que Jaime estaba fatalmente enfermo, a punto de morir, me entrara una ansiedad indescriptible. Él era uno de mis más antiguos amigos, de los primeros que tuve, que había luchado a mi lado, que se había mantenido fiel durante décadas sin haberme vuelto a ver desde hacía más de treinta años. Algo más fuerte que el ansia de sangre, de alguna manera cercano al alma que me pudiera quedar afloró en mi y tuve la necesidad imperiosa de ir a verle. De poder decirle unas cuantas palabras antes de la muerte y poder darle las gracias por una amistad eterna. Organicé el viaje lo más rápidamente posible mientras me maldecía por los problemas que conlleva ser vampiro a la hora de trasladarse. Enric hizo todos los preparativos y fui trasladado en container por avión hacia España. Allí ya había alquilado un caserón con garaje donde se depositó el container. Esa misma noche fui hasta la casa de mi amigo. Había mucha gente allí pero inmediatamente reconocí a Juan, que ya tenía 62 años, y que me miró con insistencia, como si no comprendiera lo que veía. Estaba rodeado por sus hombres, saltaban a la vista por sus maneras y estilo de vestir que eran gente del hampa. "Buenas noches", dije dirigiéndome hacia él e intentando disimular mi voz, "soy el hijo de un viejo amigo suyo que me ha dado esta carta para usted". Cogió la carta de mis manos con pulso tembloroso, no se si por la edad o por la emoción, y leyó en voz baja. La carta decía simplemente: "Hola camarada, éste es mi hijo y te pido que le ayudes y hagas cuanto él te pida" y firmaba con el símbolo secreto. Se podía notar su emoción al mirarme mientras destruía la carta (las viejas y buenas costumbres nunca se pierden). "Pide lo que quieras", me dijo mirándome fijamente. "Solo quiero ver a Jaime a solas", respondí intentando evitar su escrutadora mirada. Me hicieron pasar a la habitación de Jaime cerrando la puerta detrás mío. Estaba en la cama, se le veía muy débil y, como suponía, apenas podía ver. Me acerqué hasta la altura de su cara y le dije: "¿Como va viejo camarada?", "¿Creías que ya no volverías a verme?". La reacción fue instantánea, intentó incorporarse mientras mencionaba mi nombre con palabras llenas de emoción. No transcribiré lo que hablamos en esos breves momentos pero la emoción que sentí fue tal que se me soltaron las lágrimas, pero eran lágrimas de sangre dada mi naturaleza. Cuando le dejé su rostro esbozaba una sonrisa y reflejaba la paz de alguien que ha llegado al final del camino. Había de abandonar la casa pero era consciente de que mi cara estaba llena de sangre así que decidí salir por el balcón de la misma habitación. Salté a la calle cubierta de nieve y me alejé rápidamente en la oscuridad de la noche. No me pude despedir de Juan pero era lo mejor. Creo que sospechaba algo. Me quedé en Barcelona hasta la muerte de Jaime y acudí por la noche al cementerio para depositar unas flores en su tumba, en el lazo había hecho grabar: "Por la causa" y firmaba con nuestro símbolo. Estaba destrozado y no puse atención a los detalles del viaje de vuelta. Se utilizó el mismo método: container por avión, pero esta vez el trayecto tenía muchas escalas. España – Colombia – Perú – Chile y, finalmente Argentina. Cuando estábamos sobrevolando los Andes se desencadenó una gran tormenta que desestabilizó el avión. Nos estrellamos en algún Accidentelugar de las montañas y lo único que sé es que Enric, que supongo murió en el accidente, se las apañó para lanzar el container cuando estábamos a poca altura con la esperanza de que resistiera la caída encima de la nieve. Desperté por la noche en medio de la oscuridad más absoluta, notando cómo un frío mortal me iba congelando poco a poco hasta quedar sumido en un sueño helado y eterno. HISTORIA DE UN ANARQUISTA PRIMERA PARTE HISTORIA DE UN ANARQUISTA SEGUNDA PARTE

Lo más probable es que ya hayas escuchado algo sobre quiénes son los anarquistas y sobre aquello en lo que supuestamente creen. Lo más probable es que todo lo que escuchaste decir sobre ellos sea falso. Mucha gente parece que piensa que los anarquistas son adeptos a la violencia, al caos y a la destrucción, que se oponen a todas las formas de orden y de organización, que son nihilistas fanáticos que quieren acabar con todo. Nada más lejos de la realidad. Los anarquistas son las personas que piensan simplemente que los seres humanos pueden comportarse de una forma razonable sin tener que ser obligados a ello. En realidad, es una noción muy simple. Pero es la noción que los ricos y poderosos siempre consideraron más peligrosa. En su expresión más simple, las creencias anarquistas giran en torno a dos premisas. La primera es que los seres humanos son, en circunstancias normales, tan razonables y decentes como les permitan ser y, por lo tanto, pueden autoorganizar sus comunidades sin necesidad de que les indiquen cómo. La segunda es que el poder corrompe. Antes de nada, el anarquismo es una cuestión de tener coraje para tomar los principios simples de la decencia común por los cuales nos guiamos y seguirlos hasta sus conclusiones lógicas. Por muy insólito que parezca, en muchos aspectos importantes, ya eres anarquista (sólo que no te das cuenta). Tal vez te ayude si analizamos algunos ejemplos del día a día: - Si hay una fila para coger un autobús casi lleno, ¿vas a esperar tu turno y contener las ganas de colarte, incluso si no hay ningún policía? Si respondiste «sí», ¡entonces estás habituado a actuar como un anarquista! El principio anarquista fundamental es «autoorganización»: el asumir que los seres humanos no necesitan que se les amenace con sanciones para que alcancen un grado de comprensión entre ellos, o para que traten a los demás con dignidad y respeto. Todas las personas creen que son capaces de comportarse de manera razonable. Si piensas que la ley y la policía son necesarias, es sólo porque no crees que otras personas lo sean. Pero si te paras a pensar, ¿no tendrán ellas derecho a pensar exactamente lo mismo en relación a ti? Los anarquistas argumentan que casi todo el comportamiento antisocial que nos hace pensar que es necesaria la existencia de fuerzas armadas, de policía, de prisiones y de gobiernos para controlar nuestras vidas es, de hecho, causado por las desigualdades sistemáticas y la injusticia que esas fuerzas armadas, policía, prisiones y gobiernos crean. Es todo un círculo vicioso. Si las personas están acostumbradas a ser tratadas como si sus opiniones no importasen, es probable que se vuelvan agresivas y cínicas, incluso violentas (lo cual, por supuesto, hace que sea fácil para los que están en el poder decir que sus opiniones no cuentan). En cuanto se dan cuenta de que su opinión es tan importante como la de cualquier otra persona, tienden a volverse muchísimo más abiertas. Para abreviar una larga historia: los anarquistas creen que, en gran medida, es el propio poder y sus consecuencias lo que vuelve a las personas estúpidas e irresponsables. - ¿Eres miembro de un club deportivo o equipo de deporte, o de cualquier otra organización voluntaria donde las decisiones no sean impuestas por un jefe, sino tomadas en base al consenso general? Si respondiste «sí», ¡entonces perteneces a una organización que trabaja de acuerdo con los principios anarquistas! Otro principio básico es la asociación voluntaria. Es sólo una cuestión de aplicar los principios democráticos a la vida diaria. La única diferencia es que los anarquistas creen que debería ser posible la existencia de una sociedad en la que cada cosa fuese organizada según esos principios, todos los grupos basados en el consentimiento libre de sus miembros y, por lo tanto, todo ese estilo de organización de arriba abajo (militar como los ejércitos, o las burocracias o las grandes corporaciones, basadas en cadenas de comandos) ya no serían necesarias. Tal vez no crea que eso llegue a ser posible jamás. Tal vez sí. Pero cada vez que llegas a un acuerdo por consenso, en vez de por una amenaza, cada vez que haces un pacto voluntario con otra persona, llegas a un reconocimiento recíproco o alcanzas un compromiso teniendo en la debida consideración la situación o las necesidades particulares del otro, estás siendo un anarquista, incluso aunque no tengas conciencia de ello. El anarquismo es sólo el modo en que las personas actúan cuando tienen libertad para hacerlo de acuerdo con su elección y cuando negocian con otros que son también libres – y por lo tanto, conscientes de la responsabilidad ante los demás que eso implica. Esto conduce a otro punto crucial: mientras las personas pueden ser razonables y tener consideración si están relacionándose con iguales, la naturaleza humana es tal que parce imposible que lo hagan cuando se les da poder sobre los otros. Dale poder a alguien y abusará de él de una forma u otra. - ¿Piensas que la mayoría de los políticos son unos cerdos egocéntricos, egoístas, a los que no les importa realmente el interés público? ¿Piensas que vivimos en un sistema económico que es estúpido e injusto? Si respondiste «sí», entonces apoyas la crítica anarquista de la sociedad contemporánea (por lo menos en sus aspectos más generales). Los anarquistas piensan que el poder corrompe y que los que pasan la vida entera en busca del poder son las últimas personas a las que debería dársele. Los anarquistas piensan que nuestro sistema económico actual tiene más probabilidades de premiar a las personas por comportamientos egoístas o sin escrúpulos que a las que son seres humanos decentes, preocupados por los demás. La mayoría de las personas tienen esos sentimientos. La única diferencia es que la mayoría de las personas cree que no hay nada que hacer en relación con eso o que (y es esto en lo que los fieles servidores del poder suelen insistir) puede llegar a hacerse algo que acabe cambiando las cosas para peor. Pero... ¿y si no fuese cierto? ¿Habrá realmente alguna razón válida para creer esto? Cuando se pueden probar, la mayoría de las previsiones sobre lo que sucedería sin estados o capitalismo acaban por demostrar que no están fundamentadas. Durante miles de años las personas vivieron sin gobiernos. En muchos lugares del mundo hay pueblos que viven fuera del control de los gobiernos, incluso hoy en día. No se dedican a matarse unos a otros. Sólo viven sus vidas, como cualquier otra persona haría. Claro que en una sociedad compleja, urbana, tecnológica... hay una necesidad mucho mayor de organización. Sin embargo, la tecnología puede hacer también que esos problemas sean más fáciles de resolver. De hecho, ni siquiera empezamos a pensar cómo serían nuestras vidas si la tecnología fuese puesta realmente al servicio de las necesidades de los humanos. ¿Cuántas horas necesitaríamos trabajar para mantener una sociedad funcional (es decir, si nos viésemos libres de las ocupaciones inútiles o destructivas como el telemarketing, los abogados, los carceleros, los analistas financieros, los expertos en relaciones humanas, los burócratas y los políticos), si enfocásemos el trabajo de nuestras mejores cabezas científicas de los sistemas de armamento espaciales o del mercado de acciones hacia la mecanización de las tareas más desagradables o más peligrosas como la minería de carbón o la limpieza del baño y si distribuyésemos el trabajo que sobrase entre todas las personas? ¿Cuatro horas al día? ¿Tres? ¿Dos? Nadie lo sabe porque nadie se hace ni siquiera ese tipo de pregunta. Los anarquistas piensan que estas son exactamente el tipo de preguntas que deberíamos empezar a hacernos. - ¿Crees realmente en las cosas que les dices a tus hijos (o que tus padres te contaron)? «No importa quién empezó». «Dos males no hacen un bien». «Limpia lo que ensuciaste». «Haz las cosas pensando en los demás». «No seas mezquino con las personas que te parece diferentes». Tal vez deberíamos decidir si estamos mintiendo a nuestros hijos cuando les hablamos del bien y del mal, o si estamos tomando realmente en serio nuestras propias sentencias. Porque si llevas estos principios morales a sus conclusiones lógicas, llegarás al anarquismo. Toma el principio de que dos males sumados no producen un bien. Si tomases eso realmente en serio, bastaría para echar por tierra casi totalmente la base de todo el sistema bélico y de justicia criminal. Lo mismo pasa con el reparto: les decimos siempre a los niños que tiene que aprender a compartir, a tener en cuenta las necesidades de unos y de otros, a ayudarse mutuamente; después, cuando estamos en el mundo real asumimos que cada uno es naturalmente egoísta y competitivo. Un anaquista asegurará siempre que, de hecho, lo que les decimos a nuestros hijos es cierto. Mucho de lo que se consiguió en la historia de la humanidad, cada descubrimiento o hecho que mejoró la vida de las personas, fue gracias a la cooperación y la ayuda mutua. Incluso ahora, la mayor parte de nosotros gastamos más con nuestra familia y con nuestros amigos que con nosotros mismos. Aunque, sin ninguna duda, siempre va a haber personas competitivas en este mundo, no es una razón para que la sociedad se base en el fomento de ese comportamiento y mucho menos para hacer que las personas compitan para alcanzar las necesidades básicas de la vida. Una sociedad que sólo fomenta la competición, sólo defiende los intereses de los que están en el poder, que quieren que vivamos con temor hacia los demás. Por eso los anarquistas proponen una sociedad basada no sólo en la asociación libre sino también en la ayuda mutua. La verdad es que la mayor parte de los niños crece creyendo en una moral anarquista y gradualmente tienen que darse cuenta de que el mundo adulto no funciona así. He ahí por qué tantas personas son rebeldes, alienadas e incluso suicidas mientras son adolescentes, y acaban por resignarse y amargarse cuando se convierten en adultos. La única recompensa es, frecuentemente, tener capacidad para educar a sus propios hijos y desear que el mundo sea justo para ellos. ¿Pero por qué no comenzamos por construir un mundo que sea realmente basado en los principios de la justicia? ¿No sería ese el mejor regalo que podríamos dar a nuestros hijos? - ¿Crees que el ser humano es fundamentalmente corrupto y malo o que algunos tipos de personas (mujeres, personas de raza negra, gente común que no es ni rica ni tiene estudios) son especímenes inferiores, destinados a ser gobernados por alguien mejor que ellos? Si tu respuesta es «sí», bueno, entonces parece que no eres anarquista al fin y al cabo. Pero si respondiste «no», entonces es posible que estés de acuerdo con el 90% de los principios anarquistas y, esperamos, estés viviendo tu vida de acuerdo con ellos. Siempre que tratas a otro ser humano con consideración y respeto estás siendo anarquista. Cada vez que resuelves tus divergencias con otros a través de un compromiso razonable y escuchas lo que cada uno tiene que decir en vez de dejar que alguien decida en nombre de los restantes, estás siendo anarquista. Cada vez que tienes oportunidad de forzar a alguien a hacer algo pero, en vez de eso, decides apelar a tu sentido de la razón y la justicia, estás siendo anarquista. Lo mismo pasa cuando compartes algo con un amigo, o decides quién va a lavar los platos, u otra cosa con un sentido de equidad. Claro, podrás objetar que todo va bien mientras se trata de pequeños grupos de personas que se relacionan mutuamente, pero para administrar una ciudad o un país, es un asunto totalmente diferente. Y, evidentemente, esto tiene su razón de ser. Incluso si se descentraliza la sociedad y se pone el mayor poder posible en manos de las pequeñas comunidades habrá (a pesar de todo), un gran número de cosas que necesiten ser coordinadas, desde administrar las vías de ferrocarril hasta decidir sobre qué aspectos debe centrarse la investigación en medicina. Pero sólo porque algo sea complicado no quiere decir que no haya manera de hacerlo. Simplemente quiere decir que será complicado. De hecho, los anarquistas tienen muchas ideas sobre cómo una sociedad saludable y democrática debería autogobernarse. Para explicarlas es necesario ir mucho más allá de este pequeño texto introductorio. De todas formas, no hay ningún anarquista que pretenda tener en sus manos el modelo perfecto. La verdad es que no conseguimos imaginar la mitad de los problemas que surgirán cuando intentemos crear una sociedad democrática. Incluso así, creemos que la capacidad de los humanos está a la altura de resolverlos mientras la humanidad se conserve dentro del espíritu de nuestros principios básicos (que son, al fin y al cabo, sólo los principios de decencia humana fundamental). Gracias a www.alasbarricadas.org
Primera parte: El hombre Nací en 1888 en Barcelona, en una de esas casas de pisos donde se hacinaban varias familias obreras para malvivir conjuntamente. Mi padre era un obrero textil de tendencias socialistas y mi madre era costurera, católica hasta la médula. No éramos pobres de los de pedir pero si de los que apenas pueden vivir. O sea, de la clase media baja, baja. Teniendo en cuenta estas circunstancias aún ahora me sorprende que se preocuparan por mi educación, pero el caso es que lo hicieron. A los doce años saltaba a la vista que era un chico despierto, aunque algo despistado, siempre enfrascado en sus pensamientos y fantasías. Mi padre decidió que yo podía intentar salir de la miseria en la que vivían y se puso en contacto con el señor Ferrer y Guardia, el fundador de la escuela moderna, para ver que se podía hacer. Éste me puso a su servicio para limpiar y barrer la escuela, como chico de los recados, ayudante, etc. A cambio me enseñaba las cuatro reglas con severidad y abnegación pero también con algo de cariño que se adivinaba más que demostraba. Fue él quien me enseño las bases teóricas del anarquismo, él quien me quitó la venda de los ojos para que viera las injusticias sociales que nos rodeaban y lo que podría ser en realidad. Pasó el tiempo, cumplí los 15 años y el señor Ferrer y Guardia decidió que estaba lo suficientemente capacitado para ingresar en los escolapios y adquirir una educación superior. Mi elección fue la química, la ciencia para manipular, transformar, sintetizar... aunque, bueno, supongo que al principio pensaba en ella más como algo alquímico que como la verdadera ciencia que es, pero eso nos ha pasado a todos. Así que pasé de mezclar potingues para ver que salía a calcular, ponderar, sistematizar, deducir, sintetizar y, en definitiva, formar un espíritu lógico, deductivo e inductivo al servicio de la ciencia. Sí, la ciencia, en ella no caben los egoísmos y las mezquindades burguesas. Las ideas solas son puras pero absurdamente irrelevantes sin el apoyo del método experimental, del criterio científico. Aquí no valen las trampas, no tiene sentido falsear los resultados porque la finalidad última de toda investigación es la verdad, el conocimiento puro y duro. Cuando salí de los escolapios a los 18 años estaba lleno de ideales. Quería ser un científico de verdad, de los que sólo se dedican a la búsqueda del conocimiento. Y claro, me estrellé contra la cruda realidad material de mi falta absoluta de recursos. Afortunadamente, mi dedicación y espíritu de trabajo habían impresionado favorablemente a mis maestros, que si bien eran curas y eclesiásticos no por ello eran menos científicos. Y es que hay que distinguir a un científico de un filósofo. Al menos el científico es sincero y lógico, consecuente por tanto con sus convicciones de una forma abierta y razonada. Muy distinto por tanto del clérigo de ideas cerradas y mente estrecha, incapaz de razonar, simple repetidor de frases y hechos de otros. Afortunadamente, decía, uno de mis profesores intercedió por mi con sus amigos capitalistas y entré a trabajar como químico en una industria textil. No vayan a pensar que los químicos de entonces vivían y trabajaban como los de ahora. En realidad no eran más que un obrero cualificado, algo parecido a los contables, secretarios y demás chupatintas de la época. Su lugar de trabajo, el laboratorio, no era más que una habitación estrecha donde se acumulaban las retortas, matraces, probetas, tubos de ensayo, el armario con los cuatro productos químicos absolutamente indispensables y una poyata que más parecía un mostrador de una pollería que otra cosa. Y su trabajo, déjenme que me ría, no era más que una serie de pruebas repetitivas, siempre las mismas, que podría haber hecho cualquier mono con delantal. Y por si fuera poco, cuando alguna prueba salía negativa y se había de rechazar la producción de un día, pues nada, se hacía la vista gorda y se dejaba pasar. ¿Dónde estaba el científico?, ¿dónde la investigación puntera?, quien sabe, el caso es que no estaba donde yo trabajaba. Quizás fue por eso por lo que comencé a rondar aquellas amistades tan inquietantes. Rondaba el año 1907 y la situación política era insostenible. La guerra entre la clase obrera y la patronal, entre la luz de la fuerza trabajadora y la oscuridad de los parásitos capitalistas estaba alcanzando su clímax. Me hundí en ese ambiente medio bohemio y conspirador, me sumergí en las conversaciones de café, donde pasábamos de las discusiones filosóficas a las más airadas arengas revolucionarias. Era una época en que la verdad se decía sin tapujos ni ambages, donde las cosas estaban claras, al pan, pan y al vino, vino. El sufrimiento y la injusticia eran tan grandes que no quedaban dudas acerca de la verdadera cara del prepotente empresario, del asesino militar o del intransigente y fanático cura. No pasó mucho tiempo antes de que me integrara en un pequeño grupo de conspiradores anarquistas, con mucho espíritu pero algo inocentes. Ya os lo podéis imaginar, reuniones nocturnas en sótanos oscuros, pequeñas acciones clandestinas, el reparto de panfletos donde se abogaba por la revuelta anarquista, etc. Pero mi condición de químico me hacía especialmente útil para las organizaciones verdaderamente peligrosas. Algunas personas se pusieron en contacto conmigo para pedirme pequeños favores: algunos explosivos caseros de poca potencia, algunos productos químicos difíciles de conseguir, etc. Al final, poco a poco, me fui haciendo un experto en la fabricación de explosivos de forma que en no pocas ocasiones me veía a mi mismo sonriendo subrepticiamente ante la noticia voceada por los vendedores de periódicos, al reconocer el origen de algún explosivo. Sentía un extraño y sin duda malsano placer al saberme responsable de tal o cual estropicio acallando fácilmente a mi conciencia cuando habían víctimas inocentes pensando "es por la causa", o "no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos" y toda esa clase de cosas. Y por fin llegó la tan esperada revolución. Era el año 1909 y la cosa estalló porque unas cuantas madres protestaran para intentar evitar que sus hijos fueran a la guerra de África. El motivo no es lo importante. El caso es que la gente se rebeló por fin contra toda la injusticia acumulada después de muchos años. Y nosotros, que tanto habíamos esperado ese momento, que propugnábamos cada día la revuelta armada, resulta que nos vimos totalmente propasados por la acción de la gente. Pero, esto ..., si claro, matar a los militares, este.., levantar barricadas, pero.., ¡Si ya lo está haciendo la gente normal!, la que se encuentra todos los días en las tiendas, la que lleva sus hijos al cole y todas esas cosas, la que nunca dice ni hace nada. Nos perdimos totalmente en discusiones acerca de lo que se había de hacer mientras las cosas sucedían atropelladamente a nuestro alrededor. Teníamos la revuelta armada montada y no supimos que hacer con ella. Yo y algunos más nos unimos al montón desorganizado de la muchedumbre en lucha. Allí es donde, una noche de fuego y pólvora, vi por primera vez a Blanquet. Sin duda era de los revolucionarios de verdad, de los que actúan en primera línea y son capaces de dirigir a la gente. En el caos de la desorganización él nos guió con su fuerza y valentía suicida hasta el final. Porque claro, acabó llegando el ejército, con su artillería y sus maniobras organizadas y, a pesar de nuestra heroica y enconada resistencia en el barrio de Gracia, acabamos sucumbiendo. Entonces, cuando ya lo dábamos todo por perdido, apareció él la última noche antes del asalto final del ejército y nos dijo que todo se había acabado y que era hora de huir para poder luchar más adelante. Que sabía una forma de huir pero que sólo nos podía llevar a nosotros, además no podríamos decir a nadie cómo habíamos escapado. La verdad es que no estábamos nosotros para sutilezas. ¿escapar dices? Ya me tardas. Nos llevó hasta una calle desierta y levantó una tapa de alcantarilla. Bajamos a ese submundo sucio, maloliente y asqueroso en el que él parecía moverse con toda soltura y rapidez, como si lo hubiera hecho en múltiples ocasiones. La verdad es que nos fue muy difícil seguir a su ritmo, de forma que tenía que esperarnos de tanto en tanto. Pero al final salimos por una calle más allá del cerco, se despidió de nosotros diciendo que algún día volvería para cobrarse el favor. Y llegó la mañana siguiente. Todo había acabado y nos habíamos salvado aunque permanecimos ocultos en sitios seguros. Por la noche nos reunimos en un sitio acordado para comentar los sucesos del día. Así nos enteramos de que habían detenido a cientos de personas reuniéndolas delante del castillo de Montjuic, una de ellas mi padre que sabía seguro que no había participado en nada. Lo único que hizo de sospechoso en su vida fue pertenecer al partido socialista. Nos temíamos lo peor, creíamos que habría un fusilamiento en masa. Habíamos de hacer algo, grité... Me quedé mirando la cara de mis amigos, Juan, Jorge y Jaime. Aún recuerdo su expresión. ¡Estaban esperando que les dijera qué tenían que hacer!. De repente me di cuenta que éramos los únicos supervivientes del pequeño grupo anarquista y que me había convertido sin querer en su jefe. Pero no era momento de dudas, si querían un jefe tendrían un jefe. Lo que fuera con tal de actuar. Rápidamente pensé en un plan. Sabíamos que los detenidos estaban en la explanada frente a la entrada del castillo, vigilados por algunos guardias armados. Si conseguíamos distraerles para que fueran al otro extremo quizás un pequeño grupo podría escapar aprovechando la confusión por la ladera de la montaña. Preparé una bomba de tiempo lo suficientemente potente para que el ruido hiciera temblar las paredes del castillo. Mientras yo colocaba la bomba para que estallase en el lado opuesto del castillo, mis amigos, armados con pequeñas bombas de humo arrojadizas, alentarían a los prisioneros para que aprovecharan la ocasión. Y así lo hicimos. Preparé la bomba y la deposité con cuidado en el foso del castillo, justo en el lado opuesto donde estaban retenidos los prisioneros. Me alejé rápidamente y, cuando estalló yo ya estaba a unos doscientos metros de distancia. No sabía si el plan había funcionado, sólo oí la gran explosión, gritos, disparos, más explosiones... Me alejé por la noche y acudí al refugio preestablecido. A la mañana siguiente me enteré del resultado de la operación. Lo oí de boca de mi madre, entre gritos y gemidos, maldiciendo a los criminales terroristas. Los soldados, asustados por la explosión, habían disparado sus armas contra la muchedumbre apelotonada enfrente. Sólo habían huido diez de los detenidos y, en cambio, habían muerto cincuenta, entre ellos mi padre. Además me enteré de que los prisioneros iban a ser liberados este mismo día, que sólo los habían retenido como medida preventiva. Mi primera operación como jefe del comando anarquista fue un absoluto desastre y yo me encontraba totalmente hundido y amargado. Decidí no volver a casa nunca más y me refugié en el sótano de un bar cuyo dueño era amigo de mi padre (evidentemente nadie sabía nada acerca de mi intervención en todo el asunto, mis amigos fueron discretos, más les valía). Esa misma noche recibí la visita de Blanquet. No lo oí entrar, estaba durmiendo y de repente me desperté. Él estaba ahí, en la oscuridad. Sus ojos brillaban de forma especial y me dijo que ya era hora de que fuera reclutado por alguien competente. Que no se podía ir por ahí haciendo las cosas de cualquier forma. Había que seguir unas directrices, obedecer un plan, tener una organización detrás que pensara y meditara las acciones para darles la potencia y efecto deseado. Inconscientemente agradecí todos esos reproches. Necesitaba que alguien me reprendiera, además su voz era muy convincente, me gustaba su forma de decir las cosas y le admiraba en silencio. Estuve de acuerdo en hacer todo lo que me pedía. Quedamos en que mis tres amigos y yo formaríamos una célula, conmigo como jefe y él como único contacto. Como miembro de un grupo de acción revolucionario y peligroso, me prohibió participar en acciones directas sin permiso específico. Ni tan siquiera podía relacionarme con los grupos sindicales de mi empresa. Así que comencé una doble vida, de día era un ciudadano ejemplar, buen cumplidor de las normativas y del que no salía ni una palabra de reprobación contra mis superiores y de noche era un conspirador más. Quedamos en que me reuniría con él a solas una vez al mes (él me encontraría) y que nuestras funciones de momento serían meramente informativas, aunque yo debía de tener dispuestas algunas bombas a punto por si se necesitaban. No pasó mucho tiempo antes de que mi veneración por Blanquet desapareciera. Nuestro primer roce fue a causa de Ferrer i Guardia. Éste había sido acusado injustamente de los hechos de la semana trágica (me constaba de que no había participado para nada en la revuelta). Intenté convencer a Blanquet de que había que rescatarle, que el máximo teórico del anarquismo no podía ser llevado a la picota sin que sus seguidores hicieran nada. El fusilamiento de Ferrer i GuàrdiaPero él me dijo unas palabras que aún están marcadas con sangre en mi memoria, "¿Y porqué habríamos de hacerlo?, la causa necesita mártires ...". Creo que fue en ese momento la primera vez que vislumbré las intenciones reales de Blanquet. Era una persona sin escrúpulos que luchaba por lo que en su día fue un ideal pero que ahora no era más que una forma de vida. Discutí agriamente con él pero al final me convenció aduciendo que en realidad no teníamos manera de salvarle o ¿es que no recordaba mi anterior intento de salvación?. Fue el argumento definitivo. Deje de luchar y me plegué a su voluntad, como siempre... de momento. Pasó el tiempo y nuestra relación se fue normalizando. Hicimos un buen trabajo a nivel informativo ya que Jaime había instalado una pequeña imprenta que nos hacía los "trabajitos" de propaganda clandestina, Jorge se estaba introduciendo en el mundo del periodismo (aunque desde abajo) y, finalmente, Juan se había hecho un pequeño lugar en los bajos fondos como "chapero". En esto último tuve unas palabritas con él ya que no me parecía un oficio adecuado, pero la verdad es que nos era muy útil tanto por la información que obtenía como por el dinero que nos suministraba. Además me consta que trataba muy bien a sus "empleadas", como el buen anarquista que era. O sea que, todo sea por la causa y a otra cosa. Yo seguía en la empresa textil, fabricando bombas a ratos libres. Pasaron los meses y llegó el año 1910. Blanquet vino a verme para encomendarme un trabajo especial. Dentro de dos días llegaría a Barcelona un importante cargo del gobierno. Esa persona debía morir y no tenían a nadie disponible en ese momento para tal función. O sea que, es tu momento, me dijo mirándome con esa extraña mirada suya. Me inflamé de orgullo por haber sido escogido para tan importante y delicada misión y me puse a ello con toda mi alma. Blanquet me suministró todos los detalles del recorrido en coche hasta el Ayuntamiento. Entraría por la Gran Vía hacia las 8 de la tarde, custodiado de policía en moto. Además habría parejas de la guardia civil patrullando la ruta. Decidí hacer el trabajo personalmente sin decir nada a mis compañeros de célula. Dos horas antes de la llegada del coche ministerial me desplacé a la zona disfrazado como pude de pocero del alcantarillado (con una gabardina y un gorro de pescador). Aún recuerdo aquella tarde, hacía fresco y el cielo estaba despejado y el aire era puro. Temblaba un poco bajo mi disfraz cuando bajé a la alcantarilla debajo de la Gran Vía, por donde había de pasar el coche. Allí coloqué un dispositivo explosivo de alta potencia (varios kilos de TNT) que explotarían por un percutor el cual se accionaría mediante una larga cuerda cuyo extremo sobresalía por la boca de alcantarilla de la acera. Me puse al lado de una farola para simular que estaba arreglando algo en ella mientras observaba cómo se acercaba la comitiva. Cuando calculé que habían llegado a la posición adecuada tiré de la cuerda con lo que se produjo una enorme explosión que dejó a todo el mundo medio sordo y algo atontado. Ya lo había hecho, aunque el humo tapaba toda la visión del coche, estaba bastante seguro de que nadie habría sobrevivido. Así que intenté alejarme subrepticiamente. Y en eso estaba cuando un guardia me gritó "He usted, quieto ahí, que estaba haciendo". "Nada, solo arreglando la farola", grité simulando estar asustado por la explosión (en realidad lo estaba pero del guardia). "Bueno, vale pero quédese ahí, quieto". La situación era desesperada y no sabía que hacer. Entonces vi que el guardia se dirigía a otra persona conminándole a quedarse quieta, como había hecho conmigo, y aproveché su descuido para salir corriendo. Corrí como alma que persigue el diablo, y de hecho creo que así era. Oí gritos detrás mío conminándome a que parara, pero yo los ignoré y seguí corriendo. Alcancé una calle lateral e intenté llegar hasta la próxima encrucijada y perderme. Todo parecía avanzar con demasiada lentitud. Delante tenía el final de la calle y yo avanzaba dando grandes zancadas pero no llegaba hasta mi meta. De repente oí un sonido sordo y seco y noté como un gran empujón en la espalda, justo en el centro. Caí como a cámara lenta y vi cómo el suelo se acercaba más y más. De repente, me sentí flotar, el suelo se alejaba de nuevo y yo volaba hacia atrás. Mientras la negrura se iba apoderando de mi, vi a los guardias en actitud de correr hacia el sitio donde estaba, pero parecían estatuas congeladas en su movimiento. Mientras, me iba alejando, cada vez más, flotando en el vacío, hasta que, al final, me envolvió la oscuridad... Fuente:Relatos de un anarquista
Segunda parte: El ghoul Desperté en medio de una total oscuridad. Estaba tendido en una cama y me dolía terriblemente la espalda. Me llevé un brazo hacia la herida y pude comprobar que había una enorme cicatriz justo en el centro. Me levanté con esfuerzo e intenté orientarme tanteando frente a mí. En un estado de extrema debilidad avancé tropezando y me di cuenta de que estaba en una habitación sin ventanas con una única puerta. Probé el pomo y comprobé que estaba cerrada. Sin saber que hacer me tendí de nuevo en la cama dejando pasar el tiempo, intentando dormir un poco. No sé cuanto tiempo transcurrió antes de que alguien pusiera la llave en la puerta y la abriera. A la tenue luz de una vela reconocí de inmediato la cara de mi salvador, Blanquet. En ese momento un repentino sentimiento de gratitud y admiración me poseyó con fuerza. Había arriesgado su vida para salvar la mía y me había mantenido oculto y a salvo durante ¿cuánto tiempo?. A mis débiles palabras el replicó con un sencillo "oh, eso, no es nada, no tiene importancia, por cierto, has estado tres días durmiendo". Pero yo sabía, notaba, que mi deuda con él era impagable. Me dijo que descansara y bebiera un vaso con la medicina que me traía. Era un líquido espeso y oscuro pero que tuvo sobre mi un efecto vigorizador. Al cabo de poco tiempo volví a dormirme. Caí en un profundo sueño plagado de pesadillas. En ellas yo corría y corría en medio de un paisaje dantesco lleno de sangre, ríos de sangre que iban a parar a un mar de sangre. Rojo hasta el infinito bajo un cielo encapotado y, como una luna ensangrentada que asomaba en medio de nubes cargadas del oscuro líquido, veía la faz de Blanquet, con esa media sonrisa suya dominándolo todo mientras me hundía más y más en ese denso mar sin fondo. Me despertaba brevemente, tan solo para tomar de nuevo un sorbo más de esa medicina. Pasaron los días mientras me recuperaba con rapidez. Después de una semana ya me podía valer por mi mismo. La herida había cicatrizado del todo y yo me encontraba mejor que nunca. A partir de ese momento empezó un nuevo período en mi vida. Después de la "prueba de fuego", como solía pensar en mi experiencia, Blanquet pasó a confiar mucho más en mi. Me dio cargos de mayor responsabilidad y, poco a poco, fui creando mis propias células que a su vez creaban las suyas en una estructura piramidal conmigo en la cúspide. Solo mucho más tarde comprendí el verdadero significado de la "confianza" de Blanquet en mí. La lucha obreraFue un período de crecimiento y consolidación de la organización. Pasado el momento inicial de guerra abierta de los años 1901-1910, ahora se trataba de trabajar en la oscuridad, de adquirir mayores parcelas de influencia revolucionaria ya que no éramos los únicos que se disputaban la dirección del descontento de la gente. Las cosas iban bien. Los enemigos del trabajador estaban claros y sus acciones hacían que hubiera buen terreno que sembrar. Mis antiguos camaradas también habían progresado. Jaime tenía su propia editorial, pequeña pero eficiente, Jorge había llegado a ser un reportero mediocre pero que se defendía y, sobre todo, nos informaba. Y Juan, bueno, había conseguido que su, este..., negocio progresara. De hecho era el de más éxito de los tres y contribuía a la causa con interesantes sumas de dinero. Yo seguía con mi tapadera en la empresa textil y mis reuniones clandestinas con Blanquet, una vez al mes, en las que seguía suministrándome un vaso de esa extraña medicina. Pasaron los años con esta rutina y todo parecía marchar bien, con los altibajos naturales debidos a las crisis políticas de la época, hasta que empecé a tener ciertas dudas. Me parecía evidente que me había vuelto adicto a la medicina de Blanquet. Quizás eso fuera inevitable para salvarme la vida pero, ¿porqué no me había dicho nada?. Yo lo hubiera entendido, de hecho lo consideraría lógico. Así que un día, bueno, mejor dicho, una noche (nuestras reuniones clandestinas siempre eran nocturnas) le pregunté al respecto. "¿Quieres saber que es esto?", me dijo señalándome el vaso relleno de ese líquido oscuro, "pues el mes que viene, en nuestra próxima reunión te lo mostraré".Y me dejó con esas crípticas palabras. Supongo que entenderéis que en la siguiente reunión yo estuviera ansioso. Cuando llegó Blanquet lo primero que me extraño fue que no llevara la pequeña petaca en la que me traía la medicina. "¿Hoy no me la has traído?", pregunté algo angustiado, "Claro que si", respondió él con una sonrisa maliciosa, "La llevo conmigo".Y acto seguido se arremangó la camisa y, con una uña extraordinariamente larga y afilada, se hizo un tajo a lo largo del brazo del que empezó a manar sangre en abundancia. Llenó el vaso con su sangre y luego se lamió la herida que se cerró como por arte de magia. Me quedé estupefacto mirando con la boca abierta e intentando asimilar lo que había visto mientras él, con una sonrisa de total satisfacción, me puso el vaso enfrente diciendo: "Toma, bebe". En esa ocasión me negué a beber, pero la necesidad era tan grande que en la próxima reunión me abalancé sobre el vaso lleno de sangre y apuré hasta la última gota sin importarme nada salvo saciar el ansia que sentía. Le pregunté el porqué de la adicción y me dijo: es muy sencillo, soy un vampiro y tú eres adicto a mi sangre que es la que te salvó la vida y la que te ha mantenido joven como el momento en que la probaste por primera vez, o ¿es que no te habías dado cuenta de que no envejecías?".Repliqué que todo eso era absurdo, que probablemente se había drogado con algo que pasó a su sangre y que por eso yo también era adicto y que tampoco había pasado tanto tiempo, que me conservaba en forma nada más. "Muy racional, como siempre, pero cómo explicas esto", añadió mientras veía cómo se alargaban sus dientes. La verdad se impuso a cualquier explicación lógica y acabé aceptando lo increíble cuando fue la única explicación posible. Después de esta revelación nuestra relación se afianzó aún más. Comprendí la oportunidad que se me brindaba: podíamos vivir eternamente y hacer planes a largo plazo. No teníamos porqué limitar nuestra visión a la breve existencia humana. Pero había algo que me preocupaba. "¿Qué me pasará si algo impide que me sigas dando sangre?", pregunté un día. "Mala cosa para ti, amigo",replicó,"a nadie le gusta que el tiempo le cobre de repente la renta de todos los años que no ha pagado",añadió. Comprendí que mi suerte se hallaba ligada a la suya. Si a él le pasaba algo yo moriría. Quizás por eso tenía tanta confianza en mí. El directorio militar de Primo de RiveraPasó el tiempo con un suave transcurrir del que había suprimido toda preocupación por la vejez y llegaron los años 20. Y con ellos la dictadura de Primo de Ribera y el consecuente recrudecimiento de la policía. Pero a nosotros, que movíamos los hilos en la oscuridad de la clandestinidad más absoluta poco o nada nos afectaba. De hecho esa época nos sirvió para plantar las semillas de una fuerza futura tan vigorosa que nada podría pararla. En ese momento irrumpió en escena un abogado sindicalista cuya influencia, aunque había surgido del seno de nuestra organización, considerábamos desviada y nefasta. Se trataba de Salvador Seguí, "el noi del sucre". Blanquet estaba en contra de él aunque prefería no inmiscuirse. De todas formas dejó caer el comentario de que, o cambiaba de actitud o alguien se encargaría de él. Creí necesaria mi intervención así que decidí hacerle una visita. Tuvimos una larga conversación en la que él me expuso sus principios e ideas. Salvador Seguí, "El noi del sucre"La verdad es que me pareció bastante razonable y algo en mi interior simpatizaba con sus argumentos pero la realidad es que se estaba enfrentando a la organización y que la cosa no podía seguir así. Le advertí severamente que, por su propio bien, debía cambiar de actitud y me fui. Esa misma noche fue asesinado. Esto despertó en mi algunas dudas. ¿Existían más vampiros?, y si existían, ¿Se conocían?. Ante mis preguntas Blanquet respondió de forma evasiva aunque acabó reconociendo de que quizás existieran más pero que eso era cosa suya. Cuando le comenté lo del "noi del sucre" se mostró algo irritado y puso en duda mis deducciones de que podría que ser que otro vampiro le hubiera hacho a él lo que me hicieron a mi. Lo único que dijo fue: "vaya, que fastidio, bueno es igual, tu deja ese tema".Y ya no volvimos a hablar del asunto. En 1923, el paso del tiempo, pese a todo, sí que tuvo una consecuencia para mí. Debido a la ya evidente falta de envejecimiento hube de separarme de mis amigos y abandonar mi antigua tapadera. Les comenté que debido al recrudecimiento de la situación había de permanecer totalmente oculto. Sólo sabrían de mi por misivas firmadas por mi símbolo secreto que solo ellos tres conocían. Aún así era consciente de que había de mantenerme alejado de su círculo. Blanquet me sugirió que podía darme una personalidad falsa que sería muy conveniente para la organización y que, además, haría moverme en niveles tan diferentes a los anteriores que la posibilidad de un encontronazo sería mínima. Se trataba de simular a un miembro de la clase media alta catalana lo que era perfectamente viable teniendo en cuenta los recursos económicos de los que disponía gracias a la estructura piramidal de células en las que yo estaba en la cima. De la rica burguesía que yo tanto despreciaba para poder infiltrarme en los círculos internos de los independentistas catalanes que últimamente habían cobrado mucha fuerza. Así que desapareció mi antigua personalidad y surgió una nueva: Rafel Rovira i Rius, hijo de los Rovira y Rius, prestigiosa familia barcelonense de rancio abolengo entre la burguesía catalana. Afortunadamente la familia había muerto en el Titanic hacía más de diez años y sólo hubo que arreglar la historia de que el hijo (que también había muerto) se hubía salvado y criado en Londres desde su infancia hasta ahora. El intento de golpe de MaciàCon la nueva personalidad vinieron nuevas maneras y amistades. Tuve que aprender las formas y estilos de la alta sociedad, el saber estar y comportarse. Compré una casa adecuada y me apunté a los clubes y organizaciones que se estilaban. Entre ellos el Centre Excursionista de Catalunya, del que tengo muy gratos recuerdos. Y pasé a llevar otra doble vida, culto y elegante miembro de la burguesía que se apuntaba a todas las fiestas y celebraciones de postín y miembro oscuro y secreto de una organización clandestina. Las historia de mi vida, lo de siempre, las dos caras de la misma moneda. Mediante la faceta pública de mi personalidad logré obtener algunos cargos políticos interesantes dentro del Ayuntamiento y me aproximé, políticamente hablando, a la Esquerra Republicana. Mientras, en mi faceta secreta y clandestina ejercía el mando de una sección importante de la organización, concretamente la correspondiente a la ciudad de Barcelona. Así, conjuntando una cosa con la otra, mi influencia y poder aumentaron exponencialmente. Tenía en mi mano el poder eliminar a enemigos políticos mediante los recursos de mi otra personalidad. De todas formas todo esto se había de hacer de forma discreta y solapada, no fueran a ser evidentes mis movimientos. En ese momento no era consciente de que detrás de todas estas ideas y pensamientos se hallaba la mente y la voluntad de Blanquet, que se superponía a la mía reemplazándola en parte. La firma del Estatut d'AutonomíaLlegó el año 1923. Yo ya me había aposentado en mis dos personalidades y me había acostumbrado al poder. Al final cayó la dictadura y los aires del cambio pronto volaron por el país. Los acontecimientos se precipitaron y al poco pasamos de ser monarquía a república. Y con la república nuevas oportunidades aunque habíamos de aprender a jugar en el nuevo sistema. Por de pronto y dentro de Esquerra Republicana pasé a formar parte activa en la consecución del Estatut Català y hasta estuve presente en la firma del mismo por Alcalá Zamora. Las cosas iban bien pero el avance inexorable del tiempo me hacía ver que faltaba poco para que tuviera que pasar de nuevo a la oscuridad. Mis amigos y conocidos ya empezaban a hacerme el tipo de comentarios peligrosos que ya conocía: "Oye, que bien te conservas, un día de estos me pasas la receta", o, "parece que fue ayer cuando te conocí aunque, la verdad, no has cambiado nada". Estaba llegando al límite de lo que se podía disimular. Ya hacía tiempo que había empezado a utilizar métodos de maquillaje a fin de parecer más viejo de lo que era y también para diferenciarme del aspecto de mi personalidad anterior, pero claro, todo tiene un límite. Esta vez no habría segunda personalidad. Trabajaría totalmente en la clandestinidad aunque, eso sí, recompensaron mis esfuerzos anteriores nombrándome jefe de Catalunya de la organización. Un buen día Blanquet no apareció en la reunión mensual. Al principio no me preocupe demasiado pero cuando también faltó para la segunda reunión me espanté sintiendo la necesidad urgente e inmediata de satisfacer mi ansia de su sangre. Y en este estado de cosas me encontró la guerra civil. Yo no estaba para eso, solo pensaba en localizar a Blanquet, así que, en medio del caos y la confusión reinante, utilicé todos los recursos de que disponía para localizarle. Durante una semana, en lo mas crudo de los primeros días de revuelta, todas las organizaciones anarquistas clandestinas se movilizaron con un único objetivo: encontrar a un hombre del que sólo tenían la descripción. Mientras los acontecimientos hacían historia, mientras el pueblo libraba una lucha enconada contra los militares rebeldes, las organizaciones más letales y secretas al teórico servicio de la revolución total se dedicaron a otra cosa. Al final de lo que fueron unos días angustiosos para mi, me comunicaron que habían encontrado a un hombre que correspondía con la descripción en una masía al norte del país, cerca de los Pirineos. Rápidamente me trasladé hasta allí para verificar que, efectivamente, se trataba de él. Pero se encontraba sumido en una especie de estado de sopor absoluto del que no se le podía despertar. A la vista de todo el mundo menos para mí se trataba de un cadáver. Pero yo sabía lo que era en realidad así que me aseguré de quedarme solo con él mientras los demás hacían guardia en el exterior. Una vez a solas le hice un corte en el brazo con una navaja y empecé a chupar como un desesperado hasta que el apetito fue disminuyendo y la razón se impuso. Vendé su herida como pude y, ya restablecido, decidí hacer de aquel sitio, a todas luces abandonado, mi centro de operaciones. Empecé a organizar los movimientos bajo mi mando para la lucha contra los militares rebeldes y, lo que era más importante para mi, para fomentar la revolución total empezando por la colectivización del campo y de todos los recursos sociales. ¡Queríamos la revolución ya!. Pero tenía un problema y lo sabía. De momento había conseguido sobrevivir a un seguro final pero éste solo había sido retrasado. A había comprobado que era imposible despertar a Blanquet así que tenía que encontrar otra solución. Quizás existían más vampiros, no me extrañaría que Blanquet me hubiera ocultado su existencia, así que pensé en cómo localizarles. Dediqué a los hombres más versados en los bajos fondos de la ciudad para que buscaran sitios adecuados para lo que yo pensaba que podían utilizar los vampiros. Mientras tanto iba subsistiendo con raciones "en conserva". Una noche oí como se abría la puerta de mi habitación. Yo sabía que eso no era posible, nadie podría haber pasado por las líneas de vigilancia alrededor de la masía. Nadie a menos que... La persona avanzó por la habitación tranquilamente hasta llegar a la altura de mi cama y me saludó diciendo: "Cuanto tiempo hace ¿no?, ya te dije que no tenías razón". Me quedé de piedra al reconocerle, era Salvador Seguí, que supuestamente había muerto hacía más de diez años. "¿Porqué has venido hasta aquí?" dije con voz algo trémula. ¿No lo adivinas?replicó, "A los de nuestra especie no nos gusta que la gente meta sus narices en nuestros refugios, y tu tendrías que saberlo, pero no he venido sólo a por eso, he venido a salvar a uno de los míos". Y diciendo esto se inclinó sobre mi sujetándome con fuerza mientras sus dientes se clavaban con facilidad en mi garganta extrayéndome la sangre a grandes sorbos. Sentí cómo mis fuerzas me abandonaban cada vez más y más. HISTORIA DE UN ANARQUISTA PRIMERA PARTE
Si preguntaramos a cualquiera en la calle el porqué del 1º de Mayo, probablemente muy pocos sabrían cual es el origen de su conmemoración. Desde un tiempo a la fecha, se ha obscurecido su real significado. Incluso, los medios han comenzado a hablar del día del "trabajo" en lugar del día del "trabajador". Es por eso que consideramos hoy de suma importancia el recuperar el sentido original de su conmemoración. El 1º de Mayo de 1886 fue llamada una huelga general en EEUU, en reclamo por la reducción de la jornada de trabajo a 8 horas diarias. Rol primordial en la convocatoria a esta huelga tuvo la Asociación Internacional de Trabajadores (organización asentada sólo en EEUU, heredera de la Primera Internacional, que agrupaba a trabajadores de distintas nacionalidades en ese país) y el Partido Socialista Revolucionario, de inspiración anarquista, donde militaban revolucionarios de la talla de Johann Most. Esta huelga fue enfrentada con la característica brutalidad con que los Estados y capitalistas combaten las luchas populares. Se contaron muchos muertos a raíz de la represión y tomando como excusa un confuso incidente ocurrido en la plaza de Haymarket el 4 de Mayo, en que una bomba fue arrojada en momentos en que la policía embestía contra los manifestantes, fueron apresados los principales dirigentes del movimiento anarquista en ese país. Ellos eran Albert Parsons, Luis Lingg, George Engel, August Spies y Adolf Fischer, todos condenados a la pena capital, por el cargo de ser anarquistas. Otros revolucionarios apresados, los cuales fueron condenados a distintas penas, fueron Samuel Fielden, Oscar Neebe y Miguel Schwab. Este crimen, lejos de intimidar al movimiento obrero, lo estimuló a luchar aún con más fuerzas en contra de la explotación capitalista. Desde entonces, este día ha quedado grabado profundamente en la mente y en el corazón de los luchadores de todo el mundo. El 1º de Mayo se celebra en nuestro país desde 1889, transformándose en actividad masiva desde 1900, aproximadamente. Entonces, no era un día de feriado legal; era un día en el cual los obreros se ausentaban del trabajo para manifestar, unánimemente su repudio a un sistema que no les garantiza sino explotación, miseria y embrutecimiento. Era un día en el cual enfrentaban a la brutalidad policial que los acosaba en sus manifestaciones. Fue así, como con decisión y lucha, se celebró el 1º de Mayo en todo el período de comienzos de siglo; en esta conmemoración (es necesario poner énfasis en que no se trata de una fiesta) se desplegaban las banderas de las sociedades en resistencia y las mancomunales que eran las organizaciones que agrupaban a los trabajadores como clase. Se reunía la familia proletaria en eventos culturales en los cuales se recitaba poesía, las bandas de las agrupaciones obreras tocaban canciones de protesta, se hacían desfiles, actos teatrales, en fin, se desplegaba inmensamente rica, la cultura popular. La ciudad amanecía vestida de banderas rojas y tapizada con volantes y proclamas. También se realizaban mitines en los cuales se hacían sentir fuertes y claras las demandas de los trabajadores, su lucha por conseguir las ocho horas de trabajo así como por terminar con el sistema capitalista y el Estado (recién en 1920 se conseguirán, mediante la lucha y la acción directa de los explotados, las 8 horas de trabajo). En esos mitines, los oradores gritaban a los cuatro vientos su sed de justicia social y sus ansias por ver un mundo verdaderamente libre sobre el cual crezcan sus hijos. Quienes hablaban eran hombres y mujeres que en la misma lucha, se habían ganado su legitimidad ante el resto de los trabajadores. Recién en 1925, y como una forma de neutralizar la protesta popular que se hacía sentir en este día, el 1º de Mayo fue declarado feriado legal en Chile. De ahí en adelante, la patronal y los gobernantes han intentado suprimir el verdadero sentido de esta fecha, realizando "actos oficiales", en los cuales los únicos que hablan son patrones y dirigentes sindicaleros domesticados, y llamandolo "día del trabajo". Pese a esto, los sectores más concientes y consecuentes de la clase trabajadora, han sabido mantener el espíritu original de la conmemoración. Así, en esta fecha, se han realizado tradicionalmente marchas y actos en los cuales el tenor de protesta se ha mantenido intacto. Quizás uno de los 1º de Mayo del último tiempo que más valga la pena recordar, fue el conmemorado en 1984, en el cual se congregaron 250.000 personas en el Parque O´Higgins, desafiando al régimen militar, reclamando por el término de la dictadura de Pinochet, así como haciendo sentir la voz de los golpeados trabajadores de este país ante un sistema que les arrebataba, bajo la tutela militar, progresivamente todas las conquistas logradas en un siglo de luchas (recordemos la crisis del año 1982 y la violencia con la que se ha implantado el modelo neoliberal en este país, así como en el resto de latinoamérica). Hoy debemos ser enérgicos en recuperar el espíritu original de este día de protestas. Es en este día, en el cual debemos aprovechar la ocasión para develar sin miedo y de forma frontal el real carácter de la explotación en este sistema. Hoy es más necesario que nunca, así como es necesario que sean las agrupaciones naturales de los trabajadores, los sindicatos de base, los que ocupen la tribuna. Es necesario que este día sirva para plantear nuestras necesidades y aspiraciones, para revitalizar, fortalecer y democratizar las organizaciones sindicales, en perspectivas a que no sólo impliquen respuesta al régimen capitalista, sino que sepan también plantear cual es el modelo de sociedad al cual nos queremos encaminar. Y recordar sobre todo, que en este día no se trata de conmemorar victorias del pasado; que nuestra lucha hoy está viva y nos impone la necesidad de ver nuestra realidad y hacer algo al respecto. Ya que hoy en día es cada vez menos frecuente que a los trabajadores se les respete su jornada de ocho horas. Hoy, la prepotencia patronal, alimentada por un modelo que se sustenta en la más desenfrenada explotación, a cuyos ojos el trabajador no aparece más que como una máquina para la producción de ganancias, no vacila en violar sistemáticamente esta básica conquista, que tanta sangre ha costado. Se hace cada vez más frecuente que los trabajadores tengan jornadas de 10, 12 y hasta 14 horas de trabajo. Como si esto fuera poco, el proyecto de reformas laborales que inminentemente será aprobado, contempla aspectos tan perniciosos para los trabajadores como la polifuncionalidad, con la cual un trabajador hará la pega de tres o cuatro. Es necesario que tengamos claridad frente al hecho de que no podemos esperar que las soluciones nos caigan del cielo o por voluntad del Estado, ni mucho menos de los patrones. Somos nosotros, los propios explotados, los que sufrimos en carne propia los "apretones de cinturones" en épocas de crisis y las exigencias del mercado, los que debemos hacer algo por nosotros mismos. Debemos percatarnos de que sólo mediante la acción directa y la lucha conquistaremos los beneficios que hoy se nos niegan. Ya basta de estar atrincherados en las cada vez menos regalías que tenemos. Sólo en nosotros reside el potencial para transformar a esta sociedad en una realmente libre y bella. Por tanto que este 1º de Mayo sea nuevamente un día de luchas y protesta; y que no quede como un episodio aislado que se repita todos los años, sino que se vea reproducido en la resistencia de todos los días y en la pelea concreta por crear una sociedad mejor, sin clases sociales, sin dominados ni dominadores.
![Feliz Bicentenario Chile 2010. [Matanza de iquique.]](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2014/03/16/Escuela_Santa_Mar_C3_ADa_de_Iquique_hacia_1907.jpg-qNV-fbllKAQ.webp)
aqui tienen un regalo de mi parte, 200 años de esclabitud, reprecion, asesinatos, prohibivion, racismo, fascismo, distaduras, etc... Matanza de la Escuela Santa María de Iquique La Matanza de la Escuela Santa María de Iquique fue una masacre cometida en Chile el 21 de diciembre de 1907. En estos eventos fueron asesinados un número indeterminado de trabajadores del salitre de diversas nacionalidades que se encontraban en huelga general, mientras alojaban en la Escuela Domingo Santa María del puerto de Iquique. Los eventos que configuran los hechos, suceden durante el auge de la producción salitrera en Antofagasta y Tarapacá, bajo los gobiernos parlamentarios. La huelga, provocada por las míseras condiciones de trabajo y explotación de los trabajadores, fue reprimida por medio del indiscriminado uso de la fuerza armada por parte del gobierno del presidente Pedro Montt. El general Roberto Silva Renard, comandando las unidades militares bajo instrucciones del ministro del interior Rafael Sotomayor Gaete, ordenó reprimir las protestas, matando a los trabajadores junto con sus familias y dando un trato especialmente duro a los sobrevivientes. Habrían sido asesinados entre 2.200 y 3.600 personas, donde se estima que un alto número no determinado, eran peruanos y bolivianos quienes a pesar del llamada de sus cónsules se negaron a abandonar el movimiento . Antecedentes Sus antecedentes históricos se encuentran en el nacimiento del movimiento obrero en general, y el sindicalismo en particular. Ambos iniciaron su desarrollo dentro de los mineros del salitre, en tiempos de profunda decadencia institucional de su país. Dicha matanza provocó el aquietamiento del movimiento por cerca de diez años, ante la violencia ejercida por agentes del estado. Esta huelga y su trágico corolario fueron el fin de un ciclo huelguístico iniciado en 1902 y que tuvieron como principales protagonistas a la Huelga de Valparaíso de 1903 y la de Santiago, de 1905. Trabajadores del salitre. Geográficamente toda la zona del salitre en Chile está constituida por el Desierto de Atacama. Los territorios de Tarapacá y Antofagasta fueron obtenidos por Chile tras la Guerra del Pacífico (1879-1884), significando para Chile acceder a una zona de riqueza mineral, compuesta principalmente por grandes yacimientos de cobre y salitre. Este último se convertiría a fines del siglo XIX en el principal puntal de su economía, siendo su exclusivo productor a nivel mundial. Las tensiones provocadas por el dominio de las minas había sido una de las grandes causales de la guerra civil chilena de 1891, cuando el bando del Congreso, protegiendo los intereses chilenos y británicos de la zona, vencieron en la contienda. Los yacimientos se encontraban en la mitad de la pampa, es decir la planicie existente entre el Océano Pacífico y los faldeos de la Cordillera de Los Andes. Según el censo del 28 de noviembre de aquel año, la Provincia de Tarapacá tenía 110.000 habitantes. En esta provincia y en la de Antofagasta trabajaban cerca de 40.000 operarios, de los cuales cerca de 13.000 provenían principalmente de Bolivia y el Perú. La vida en las minas era muy dura. Las empresas ejercían un duro control sobre la vida y obra dentro de los yacimientos, lo que provocaba un alto grado de vulnerabilidad de los trabajadores ante las arbitrariedades cometidas por los dueños, ya que este control desbordaba claramente el mero ámbito laboral de los trabajadores. La concentración de poderes era inmensa. Fuera de ser dueños de las viviendas obreras, las empresas contaban con un sistema policial propio, controlaban las pulperías y a todos aquellos que se dirigían a realizar negocios en las oficinas, establecieron un sistema exclusivo de pago por medio de fichas las cuales eran exclusivamente canjeables en las oficinas y negocios de su propiedad, y no dudaban en retrasar los pagos hasta por plazos de dos o tres meses. A principios del siglo XX, la cuestión social en la región de Tarapacá empezó a manifestarse en el malestar de los obreros de las Oficinas salitreras, que en distintas peticiones reclamaban al Gobierno de Santiago atención y mejoras en sus condiciones de vida y laborales, las cuales eran deplorables. Pese a lo anterior, los gobiernos parlamentarios eran reacios a intervenir en las negociaciones entre empleadores y trabajadores. Pese a esto, tendieron a considerar a los movimientos de gran escala (especialmente si iban acompañados de demostraciones masivas) como rebeliones incipientes. La huelga y la matanza El 10 de diciembre de 1907 una huelga general se desató en la salitrera San Lorenzo y el paro amplió a la de Alto San Antonio, iniciándose la Huelga de los 18 peniques. Este nombre se debe a que los jornaleros pedían el pago de salarios a este tipo de cambio ya que el salitre era comercializado en libras esterlinas. La numerosa columna de huelguistas de Alto San Antonio llegó al puerto de Iquique, sede del gobierno regional, portando banderas de Chile, Perú, Bolivia y Argentina, alojándose en el hipódromo del puerto. A este movimiento se sumaron otras oficinas salitreras, entrando en huelga también casi todo el comercio e industria del norte del país. Las demandas publicadas el 16 de diciembre en un memorial por los pampinos eran: Aceptar que mientras se supriman las fichas y se emita dinero sencillo cada Oficina representada y suscrita por su Gerente respectivo reciba las de otra Oficina y de ella misma a la par, pagando una multa de $ 50.000, siempre que se niegue a recibir las fichas a la par. Pago de los jornales a razón de un cambio fijo de 18 peniques. Libertad de comercio en la Oficina en forma amplia y absoluta. Cierre general con reja de fierro de todos los cachuchos y chulladores de las Oficinas Salitreras, so pena de pagar de 5 a 10.000 pesos de indemnización a cada obrero que se malogre a consecuencia de no haberse cumplido esta obligación. En cada oficina habrá una balanza y una vara al lado afuera de la pulpería y tienda para confrontar pesos y medidas. Conceder local gratuito para fundar escuelas nocturnas para obreros, siempre que algunos de ellos lo pida con tal objeto. Que el Administrador no pueda hacer arrojar a la rampa el caliche decomisado y aprovecharlo después en los cachuchos. Que el Administrador ni ningún empleado de la Oficina pueda despedir a los obreros que han tomado parte en el presente movimiento, ni a los jefes, sin un desahucio de 2 a 3 meses, o una indemnización en cambio de 300 a 500 pesos. * Que en el futuro sea obligatorio para obreros y patrones un desahucio de 15 días cuando se ponga término al contrato. Este acuerdo una vez aceptado se reducirá a escritura pública y será firmado por los patrones y por los representantes que designen los obreros. El 16 de diciembre, miles de trabajadores en paro llegaron a la ciudad de Iquique, respaldando las demandas de los salitreros a la autoridad provincial, con el fin de obtener su intervención. Las solicitudes anteriores, es decir, enviar comisiones con los petitorios a la autoridad, habían fracasado en 1901, 1903 y 1904. El gobierno de Santiago, había dado ya la orden de traslado de tres regimientos para reforzar los dos que habían en Iquique y envió desde Valparaíso un crucero con tropas de desembarco: el 17 llegó desde Arica el crucero Blanco Encalada trasportando al regimiento Rancagua; el 18, anclaba en la bahía el crucero Esmeralda que traía tropas del Regimiento de Artillería de Marina. El intendente interino Julio Guzmán García, mediaba en las negociaciones con los representantes pampinos, hasta que el 19 de diciembre llegaron al puerto el Intendente titular Carlos Eastman Quiroga y el general Roberto Silva Renard, jefe de la Primera Zona Militar del Ejército, acompañados del coronel Sinforoso Ledesma. Todos ellos fueron recibidos con aclamaciones por los obreros, quienes creyeron que venían comisionados para trasladarlos y solucionar sus problemas. Recepcion de las autoridades A medida que avanzaba la huelga, más y más pampinos se unían a ella, llegándose a estimar que para el 21 de diciembre eran entre 10.000 y 12.000 los obreros en huelga en Iquique. A los pocos días de haber llegado, este gran conglomerado de trabajadores estaban reunidos en la plaza Manuel Montt y en la Escuela Domingo Santa María, pidiendo al gobierno que actuara de mediador con los patrones de las firmas salitreras extranjeras (ingleses) para solucionar sus demandas. Por su parte, los patrones se negaban a negociar mientras los obreros no reanudaran sus actividades. Órdenes oficiales desde Santiago determinaban que los huelguistas abandonaran la plaza y la escuela y se ubicaran en el Hipódromo, para luego regresar en tren a las salitreras y reanudar sus faenas. Los pampinos se negaron, pues intuían que si regresaban a sus labores, sus peticiones serían ignoradas. Frente a la creciente tensión que había ya entre los grupos, el 20 de diciembre de 1907 los dirigentes efectuaron una reunión con el intendente Eastman. En esos mismos momentos era declarado el estado de sitio, haciendo que las libertades constitucionales fueron suspendidas, todo esto por medio de un decreto publicado en la prensa. Mientras la reunión se efectuaba en la oficina salitrera Buenaventura, un grupo de obreros con sus familias trataron de abandonar el lugar y fueron acribillados en la línea férrea. Como resultado de esta acción 6 obreros murieron y los demás terminaron heridos. El 21 de diciembre de 1907 se efectuaron los funerales de los obreros, e inmediatamente después de concluir las ceremonias se les ordenó a todos los trabajadores que abandonaran las dependencias de la escuela y sus alrededores y se trasladaran a las casuchas del Club Hípico. Los obreros se negaron a ir, temiendo ser cañoneados por los barcos que apuntaban el camino que deberían recorrer hacia dicho lugar. El general Roberto Silva Renard, junto al coronel Ledesma, tenían la misión de desalojar a los trabajadores en huelga. Se señaló a las 14.30, a los dirigentes del comité de trabajadores, que si no salían del edificio abrirían fuego contra ellos. Ante la negativa de éstos, el jefe militar reiteró que abriría fuego sobre los huelguistas a las 15.30. Pese a las amenazas reiteradas, sólo un pequeño grupo de trabajadores abandonó la plaza. Relación del general Roberto Silva Renard acerca de la masacre. Colección del Archivo Nacional de Chile. A la hora señalada por Silva Renard, éste ordenó a los soldados disparar a los miembros del comité que se encontraban en la azotea de la escuela, quienes cayeron muertos con la primera descarga. La multitud, desesperada y buscando escapar, se arrojó sobre la tropa y ésta repitió el fuego al que se le añadió el de las ametralladoras. La tropa, después de lanzar fuego graneado desde la plaza, entró ametrallando por los patios y las salas de clase, matando a destajo sin reparar en las mujeres y niños que pedían a gritos clemencia. Los sobrevivientes de la matanza con posterioridad fueron llevados a sablazos hasta el Club Hípico, y desde allí a la pampa, donde se les impuso un régimen del terror. Víctimas El número de víctimas que dejó la acción es disputado.Por un lado el informe oficial del general Silva habla en un primer momento de 140 los muertos, para posteriormente ascender a 195. Ese es el número que otorga Nicolás Palacios[cita requerida], testigo de la matanza. Sin embargo, esta cifra es considerada irreal, dada la cantidad de obreros que se hallaban en el lugar. El número más alto ha sido de 3.600, aunque es considerado especulativo. La cifra más aceptada es de cerca de 2.200.Pese a lo anterior, sea cual fuere el número, al decir de Correa y otros, "nadie duda de la singular magnitud de la matanza". Cualquiera que haya sido el número de víctimas, el gobierno de la época ordenó no expedir certificados de defunción de los fallecidos, enterrándolos a todos en una fosa común en el cementerio de la ciudad. Sólo en 1940 se exhumaron sus restos, los cuales fueron enterrados nuevamente, esta vez en el patio del Servicio Médico Legal de dicha ciudad. Con motivo de conmemorarse los cien años de la matanza, el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet ordenó que se exhumaran nuevamente los restos y que fueran depositados en un monumento especialmente dedicado a ellos en el lugar del crimen. Consecuencias El general Silva Renard informó al gobierno de Santiago acerca de los hechos, minimizando su actuación y haciendo responsable de los hechos a los huelguistas. El Congreso Nacional reaccionó muy tibiamente a estas actitudes, ordenando crear una comisión investigadora, a la cual no se designó a nadie y no realizó ninguna función. Recién los hechos fueron cuestionados e investigados por una Comisión Oficial, la cual publicó un informe que comunicó a la Cámara de Diputados en una sesión del 7 de noviembre de 1913. La mejora de las condiciones de los obreros fue lenta, y no sería hasta 1920 cuando se empezaran a dictar las leyes sociales mínimas, tales como la de pago en dinero y jornada de trabajo. Por su parte, en 1914, el general Silva Renard, escapó malherido de un intento de asesinato por parte del supuesto anarquista Antonio Ramón Ramón, un español cuyo hermano Manuel Vacca fue muerto en la Santa María. El general Silva Renard moriría unos años más tarde a causa de estas heridas. La presidenta Michelle Bachelet accedió a que se decretase duelo nacional para el 21 de diciembre del 2007, con motivo de la conmemoración de los cien años de la matanza. Para dicha ocasión se creó un monumento en recuerdo de las víctimas, además de realizar exposiciones e informaciones públicas acerca de los hechos.