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dglucho

Usuario (Argentina)

Primer post: 29 jun 2012Último post: 3 feb 2014
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El día del millón de Dioses
El día del millón de Dioses
InfoporAnónimo8/2/2012

Comparto un texto propio que aporta otro punto de vista en cuanto a las religiones y creencias. ¡Comentar es agradecer! El día del millón de Dioses Todos recuerdan que aquel día fue especial, diferente al ayer y distinto al mañana. El mundo amaneció sin Dioses, quienes sin aviso se tomaron 24 horas de descanso, y en consecuencia, también cesaron las religiones. A los seres humanos no les quedó otra alternativa: o abandonaban sus creencias por un día o inventaban un Dios y una religión provisoria. Muchos optaron por creer en ellos mismos, creando, de esta manera, religiones personales e íntimas. En estos casos, los ruegos, las gracias, las esperas y las broncas iban a estar siempre dirigidas a su propia persona. Un cristiano de Roma que padecía de una grave enfermedad comenzó a orarle a su interior para que su salud mejore. Un judío de Israel que necesitaba un empleo, para poder mantener a su familia, empezó a rezarse y a comprometerse consigo mismo para que el deseo se transforme en realidad. Un budista de China se enojó con él mismo, no con alguien del más allá, luego de que su inversión económica fallara. Algo similar ocurrió con una islámica de Arabia Saudita, quien se auto culpó por quedar eliminada de un torneo de vóley. Un hinduista de la India ése día pudo conquistar a la chica que amaba, luego meses y meses de paciencia. El hombre, que se adaptó a la rareza de aquella tarde, gritó: “¡Gracias a mí!”. Al notar que la vida se desarrolló normalmente, al día siguiente varias de las personas que habían creado su propia religión siguieron con esa doctrina. Abandonaron sus creencias anteriores y se transformaron en sus Dioses definitivos. Pedro dejó de creer en Jesús y empezó a creer en Pedro. Abraham no creyó más en Yahveh y comenzó a creer en él mismo. Y así lo hicieron muchos más, a lo largo y ancho del planeta. Esa alteración en la rutina, esa anormalidad en lo normal, esa infrecuencia en lo cotidiano, a algunos les sirvió para ver a la vida de otra manera. Entendieron que primero hay que creer en uno mismo y luego, si se quiere, en un tercero. Primero hay pedirse algo que se pretende y después, si se elige, elevar el pedido a otro. Interpretaron que el “gracias a” o el “por culpa de” es sacarse méritos y limpiarse de errores propios, respectivamente. Otros, sin embargo, volvieron a lo establecido y continuaron, por el resto de sus vidas, dependiendo de alguien del más allá. Escrito por: Luciano Di Grazia. Mi pasión es poder encontrar un espejo en tu mentalidad. Mi Blog: http://unas-estrofas-mas.blogspot.com.ar/

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La primera revolución del Che Guevara
InfoporAnónimo10/10/2012

En el aniversario número 45 de su asesinato, comparto la nota que realicé, que intenta explicar cómo Ernesto Guevara llegó a ser el Che. La primera revolución del Che Guevara Lo malo que tienen los oídos es que ellos se fían de los otros. En cambio, lo bueno que tienen los ojos es que se afianzan de ellos mismos. A partir de estas condiciones, no sería incorrecto asegurar que no es lo mismo ver algo, con tus propios ojos, a que te lo cuenten. Con la realidad ocurre exactamente eso: para entenderla y descubrirla verdaderamente, hay que estar ahí, mirándola y viviéndola, sin que nada ni nadie la intente explicar. Ernesto Guevara siguió esas consignas. Cuando tenía 21 años, cambió de práctica: dejó de escuchar y empezó a observar. El 1 de enero de 1950, el joven estudiante de medicina emprendió su primer viaje. Tuvo tan poco como una humilde bicicleta a motor. Tuvo tanto como 4.500 kilómetros de ganas de explorar. Visitó Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, San Juan, Mendoza y San Luis. Vio lo que no le habían contado, y contó lo que vio: lejos de las anécdotas turísticas, Guevara se trajo para Buenos Aires un montón de realidades. Enfermos abandonados en hospitales, asilados en comisarías, peatones pisados por las visitas, hambre, pobreza, silencio, desigualdad. Fue el primer viaje de varios, y fueron los primeros motivos de los tantos que lo hicieron cambiar. En 1952, Guevara y Alberto Granado, un amigo suyo, se propusieron conocer Latinoamérica. El punto de partida era San Francisco, Córdoba, y el de llegada no estaba definido. Además del motor de sus ansias por indagar las tierras, sus tierras, comenzaron la aventura a bordo de una motocicleta. La moto llegó hasta Chile. Ellos, hasta Caracas, Venezuela. Desde principios de enero hasta fines de julio, conocieron Chile, Perú, Colombia y Venezuela. Las realidades de esos países transformaron a Guevara y a sus ideologías. Y, a raíz de eso, Guevara sintió la necesidad de modificar a esas realidades. Después de experimentar las miserias y las injusticias; de visitar y atender leprosos; de convivir con la guerra civil colombiana; de comprender de qué se trata el imperialismo americano y de pasar algunas horas arrestados, llegaron a las conclusiones. Alberto obtuvo un empleo en un leprosario de Venezuela y Guevara decidió volver a su país natal para terminar con una tarea pendiente: recibirse de médico. Lo hizo más por obligación que por entusiasmo. El viaje ya lo había renovado. Él estaba decidido a revolucionar a América latina, su Latinoamérica. Porque así lo entendía: las divisiones geográficas no eran más que simples líneas en los mapas. En verdad, para Ernesto, desde Argentina hasta México existía una sola raza. Ya con el título en mano, en 1953, Guevara inició su segundo viaje por el continente. Esta vez, el objetivo era otro. Ya conocía las realidades de la mayoría de las tierras, ahora su anhelo era renovarlas. Y de eso se trata una revolución: llevar a la acción los pensamientos y las ideologías. Sin embargo, hay un paso previo. No hay revolución sin revolucionarios, porque justamente es una práctica, no una teoría. Ernesto ya lo había cumplido. Él era un revolucionario, porque se había revolucionado a sí mismo. El médico ahora era un guerrillero. La revolución tenía un hombre más. Escrito por: Luciano Di Grazia Mi Blog: http://unas-estrofas-mas.blogspot.com.ar/ Mi pasión es poder encontrar un espejo en tu mentalidad.

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El mejor trueque de la historia
El mejor trueque de la historia
InfoporAnónimo6/29/2012

Sigo compartiendo textos literarios hechos exclusivamente por mí. ¡A ver qué les parece! El mejor trueque de la historia Dicen que fue hace muchísimos años. Comentan que sucedió en un humilde pueblo, similar al de Macondo. De lo que sí hay certeza es que ese día, todos los habitantes del lugar habían sido convocados a un gran trueque. Era un vecindario realmente pobre y, en consecuencia, los residentes no gozaban de demasiados bienes materiales para intercambiar. Pero poco les interesó y ninguno faltó a la cita. Alguien que estuvo allí contó que resultó ser un trueque improvisado, sin reglas ni autoridades. Al principio, todos permanecieron en silencio y nadie ofreció nada, ni pidió nada tampoco. Hasta que, en un momento, se oyó una voz: “señoras y señores, vine aquí para llevarme algo. Soy un hombre demasiado descarado, un desvergonzado, y eso muchas veces me juega en contra. Ofrezco un poco de valentía y de audacia, ¿hay algún interesado?”. Y unos minutos después, luego de un intenso silencio, un muchacho de unos 30 años de edad se acercó al hombre y, por lo bajo, le ofertó: “yo soy muy tímido. Te doy un poco de mi timidez y tú me das algo de tu parte descarada”. Así arrancó lo que iba a ser un gran trueque. Tras la primera operación cerrada, comenzaron a multiplicarse las ofertas. El impaciente, que lógicamente estaba apurado, pegó un grito y encontró a un paciente, e hicieron su trueque. El tramposo intercambió actitudes con el leal y el chistoso con el serio. El científico y el religioso se juntaron y ambos cambiaron fundamentos propios, coincidiendo en que no existe una sola verdad en el mundo. El sedentario obtuvo esas ganas de moverse de un nómada, y el nómada consiguió algo de esa tranquilidad que tiene un sedentario. El materialista fue con sus bienes al evento y volvió sin nada a su hogar. Es que, en el trueque, negoció con un idealista y ambos concluyeron que se necesitan de las dos partes, material y espiritual, para vivir. El testigo que estuvo allí relató que un anciano le propuso a un joven: “yo te entrego una porción de mi experiencia, que me sobra y te falta, y vos me regalás un puñado de sueños, que te abundan y se me extinguieron”. Cercano a ellos, dialogaban dos personas: un suertudo y un desafortunado. “Mi mala suerte te servirá, porque es con ella cuando más se aprende y más fuerte te hacés”, le explicó el desdichado. “Y mi buena fortuna te será útil, siempre y cuando la acompañes con tus buenos actos”, le aclaró el agraciado, y cerraron el trato. Extraño fue lo que le ocurrió al soñador, que buscó y buscó a algún Don Realidad o al San Milagro, pero nunca los encontró. Entonces, un sabio que se estaba allí le enseñó: “si querés ayudar a tu sueño y estás buscando a algún milagroso, no lo hagas más, porque vos sos el crea el sueño y solamente vos sos el que lo hará realidad”. Pasaba el tiempo y el truque no cesaba. Un reflexivo arregló con un impulsivo: “pensar mucho las cosas, a veces, me juega en contra”, sinceró el que piensa y luego actúa. “Y a mí, dejarme llevar siempre por mis impresiones y no razonar antes las cosas me ha causado más de un problema”, confesó el que actúa y después piensa. Se dieron cuenta que sus problemas eran la solución del otro y se canjearon conductas. Cuando todos habían quedado satisfechos por haber hecho su negocio, ya que habían cambiado algo que les sobraba por algo que necesitaban, el trueque finalizó. Los participantes volvieron felices a sus hogares. Salvo uno, que se lo veía caminar con la cabeza gacha, masticando bronca y pateando odio. Dicen que ese hombre se fue con las manos vacías porque él consideraba que no le sobraba nada para dar. La persona que presenció el trueque comentó que ese señor tenía cosas para ceder, pero en realidad no quería entregarlas. Sin embargo, y aunque ni él lo supo, sí se llevó algo: un nombre, ya que, desde ése día, el pueblo lo llamó “El Egoísta”. Escrito por: Luciano Di Grazia. http://unas-estrofas-mas.blogspot.com.ar/

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Resignación (poema propio)
Resignación (poema propio)
ArteporAnónimo2/3/2014

Comparto un poema, recién salido del horno, bien dominguero. Espero que guste y sirva para reflexionar. Resignación Yo no sé si la vida elige o si nosotros elegimos a la vida. Y a ese destino que nos dirige, ¿hay que dejar que siempre decida? Para ser amigo del dolor hay que ser enemigo de la felicidad. Pensar que siempre se puede estar peor, se transforma en mi debilidad. Cuando imagino, reina el optimismo. Pero imaginar y no creer es improductivo. Sin embargo, se repite el mecanismo: la desesperanza siempre encuentra un motivo. Yo ya sé quién es el culpable, no necesité ninguna investigación. Como mirarse a sí mismo es insoportable, mi remedio es aferrarme a la resignación. Mi pasión es poder encontrar un espejo en tu mentalidad. Mi Blog: http://unas-estrofas-mas.blogspot.com.ar/

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