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La primera revolución del Che Guevara

Info10/10/2012


En el aniversario número 45 de su asesinato, comparto la nota que realicé, que intenta explicar cómo Ernesto Guevara llegó a ser el Che.


La primera revolución del Che Guevara


Lo malo que tienen los oídos es que ellos se fían de los otros. En cambio, lo bueno que tienen los ojos es que se afianzan de ellos mismos. A partir de estas condiciones, no sería incorrecto asegurar que no es lo mismo ver algo, con tus propios ojos, a que te lo cuenten. Con la realidad ocurre exactamente eso: para entenderla y descubrirla verdaderamente, hay que estar ahí, mirándola y viviéndola, sin que nada ni nadie la intente explicar.

Ernesto Guevara siguió esas consignas. Cuando tenía 21 años, cambió de práctica: dejó de escuchar y empezó a observar. El 1 de enero de 1950, el joven estudiante de medicina emprendió su primer viaje. Tuvo tan poco como una humilde bicicleta a motor. Tuvo tanto como 4.500 kilómetros de ganas de explorar. Visitó Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, San Juan, Mendoza y San Luis. Vio lo que no le habían contado, y contó lo que vio: lejos de las anécdotas turísticas, Guevara se trajo para Buenos Aires un montón de realidades. Enfermos abandonados en hospitales, asilados en comisarías, peatones pisados por las visitas, hambre, pobreza, silencio, desigualdad.

Fue el primer viaje de varios, y fueron los primeros motivos de los tantos que lo hicieron cambiar. En 1952, Guevara y Alberto Granado, un amigo suyo, se propusieron conocer Latinoamérica. El punto de partida era San Francisco, Córdoba, y el de llegada no estaba definido. Además del motor de sus ansias por indagar las tierras, sus tierras, comenzaron la aventura a bordo de una motocicleta. La moto llegó hasta Chile. Ellos, hasta Caracas, Venezuela. Desde principios de enero hasta fines de julio, conocieron Chile, Perú, Colombia y Venezuela. Las realidades de esos países transformaron a Guevara y a sus ideologías. Y, a raíz de eso, Guevara sintió la necesidad de modificar a esas realidades.


Después de experimentar las miserias y las injusticias; de visitar y atender leprosos; de convivir con la guerra civil colombiana; de comprender de qué se trata el imperialismo americano y de pasar algunas horas arrestados, llegaron a las conclusiones. Alberto obtuvo un empleo en un leprosario de Venezuela y Guevara decidió volver a su país natal para terminar con una tarea pendiente: recibirse de médico. Lo hizo más por obligación que por entusiasmo. El viaje ya lo había renovado. Él estaba decidido a revolucionar a América latina, su Latinoamérica. Porque así lo entendía: las divisiones geográficas no eran más que simples líneas en los mapas. En verdad, para Ernesto, desde Argentina hasta México existía una sola raza.

Ya con el título en mano, en 1953, Guevara inició su segundo viaje por el continente. Esta vez, el objetivo era otro. Ya conocía las realidades de la mayoría de las tierras, ahora su anhelo era renovarlas. Y de eso se trata una revolución: llevar a la acción los pensamientos y las ideologías. Sin embargo, hay un paso previo. No hay revolución sin revolucionarios, porque justamente es una práctica, no una teoría. Ernesto ya lo había cumplido. Él era un revolucionario, porque se había revolucionado a sí mismo. El médico ahora era un guerrillero. La revolución tenía un hombre más.



Escrito por: Luciano Di Grazia
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